Disclaimer: Ninguno de los personajes de Kimetsu no Yaiba me pertenece, sólo los utilizo para la creación de este fic.
ADVERTENCIA: La historia toca temas/escenas del manga que no han sido animados, por lo que deben saber que al leer esta historia se encontrarán con spoilers.
Resiliencia
Por Franela
XXI
Doble filo
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Un par de días después de la última fiesta nocturna, Sanemi sólo tenía que recordar aquella noche para sentir un malestar físico en el estómago: todo lo que había comido y bebido le estaban pasando la cuenta; demasiado, si le preguntaban a él.
Parte de sí agradecía que esta temporada de visitantes durara menos de una semana y que ya hubiera llegado a su fin, aunque la noción —o certeza— del poco aguante de su cuerpo tampoco era un panorama muy alentador, mucho menos después de aquel molesto monólogo por parte de Uzui.
No obstante, al pasear por el patio, se dio cuenta de que su estómago no era lo único que le molestaba.
Sanemi se había dado cuenta de que ningún comerciante —o hijo de— anduvo más del tiempo necesario por la finca: no hubo visitas durante el día, no hubo jóvenes rondando por el lugar o solicitando ver a alguien en especial. Sólo eran ellos. Aún así, todavía no podía descifrar aquella sensación en su pecho cuando estaba en presencia de aquella muchacha que ahora estaba de pie en medio del patio, mirando el cielo despejado.
Para el albino se hizo costumbre seguir las órdenes de Hinatsuru en la cocina, y hasta podía decir que disfrutaba de la actividad hasta el momento en el que Suma y Makio comenzaban a discutir y formar un alboroto. Como Nezuko siempre estaba presente también —y era, en general, la mediadora entre ambas mujeres—, y junto a ella estaba ese gorrión que había acogido, Sanemi estaba al tanto de la condición de aquella pequeña ave.
Por eso, no le fue difícil suponer que el día de su despedida había llegado, y que seguramente la joven seguía la travesía de aquél a quien había cuidado tanto.
El antiguo cazador se acercó, pero ella no pareció mostrar sorpresa al darse cuenta de su presencia.
¿Y por qué lo haría?
Se habían acostumbrado a la presencia del otro.
Se había hecho costumbre para ambos charlar. Cuando por las tardes se unían Uzui o Hinatsuru, rememoraban aquellos tiempos de cazadores; cuando aparecían Makio y Suma, solían ser ellas las que llevaban la palabra. Pero cuando estaban sólo ellos, no había monólogos, eran diálogos entre ambos. Ya no era sólo él quien hablaba, ella también le contaba sus vivencias, le hablaba de sus amigos, de su familia. Charlaban.
Y a Sanemi le gustaban esas charlas.
Le había encontrado cierto gusto dulce al té y a los panecillos en una fresca tarde. De alguna forma, había dejado de pensar, y sentir, aquellos dedos fantasmas sujetando la taza de arcilla. Su frente se sentía distinta, su ceño ya no estaba siempre fruncido.
Pero, con el paso de los días, algo en su estómago le comenzó a molestar.
Sanemi vio la mirada distante de la muchacha, buscando en la lejanía a aquel gorrión que ya no podía ver. Pensó en cómo los ojos de la joven habían cambiado con cada tarde, cuánto cambiarían desde ese momento en adelante, y cuándo dejaría de verlos.
¿Cuánto faltaba para que Tanjiro volviera y, con ello, Nezuko se marchara?
¿Quería que aquel día llegara? Se sorprendió a sí mismo sopesando la pregunta.
Era cierto que el antiguo cazador disfrutaba genuinamente de la compañía de la joven —también, de hecho, disfrutaba de la presencia de Uzui y sus esposas, aunque todavía no lograba congeniar del todo con dos de ellas—, pero también era consciente de que siempre supo que todo sería cosa de semanas, algunos meses como máximo. No podía, ni quería, vivir toda la vida en aquella finca.
Una vez que ambos abandonaran aquella residencia, todo acabaría.
No quería que aquello acabara.
—¿Está todo bien, Shinazugawa-san? —preguntó ella.
—Sanemi está bien —corrigió él. No hubo aviso alguno antes de que aquellas palabras salieran de su boca, sólo quería evitar que la distancia entre ambos comenzara a aparecer.
Cuando se dio cuenta de que la chica le miraba curiosa, apretó los labios.
Pero al final, Nezuko sonrió.
—Sanemi-san, entonces —dijo ella.
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¡Hola!
Me pasé por un par de cientos de palabras, pero ya saben cómo va esto, ya se quedó como viñetas y drabbles jaja :(
¡Nos leemos~!
