¡Buenas a todos! Espero que estén tan entusiasmados como yo por ver Kings of the Con. Ni idea cómo lo llamarán aquí. ¿"Reyes de la Convención"? Como sea, he estado planeando esto por meses, y creo que no hay mejor momento para finalmente publicarlo que ahora mismo, justo después de un especial de superhéroes.
Pues bien, les voy a compartir algunos datos sobre mí: me encantan los universos alternativos. Amo las historias de superhéroes. Amo los cómics. Amo las películas de Marvel y el MCU. Amo The Loud house.
Esto que voy a lanzar ahora mismo es mi gran, gran proyecto para el fandom. Esto va a ser más ambicioso e importante para mí que mi último gran proyecto, Réquiem por un Loud. Voy a replicar el MCU en formato de fanfiction.
Esta es la primera entrada del Heroverse. Una serie de historias interconectadas, todas ocurriendo en el mismo universo, con personajes que se encuentran los unos a los otros, haciendo equipos, viviendo sus propios arcos personales. Trato cada una de estas historias como una película, y tienen en sí una estructura muy similar a las de las películas.
Por supuesto, no podría haber iniciado esto con nada que no fuera Ace Savvy. Lincoln es nuestro pilar, y me parece bien empezar todo con él.
Dos pequeñas cosas antes de comenzar:
Uno: aunque tengo planeado que las historias estén todas interconectadas, la idea es que cada historia pueda sostenerse por sí misma. Como Marvel, básicamente, lol.
Dos: Recuerden, este es un universo alternativo. No vean Kings of the Con y el Full Deck y piensen que así es como todos van a ser en este universo. Esta es una interpretación personal y original de cada uno de los personajes, y la mayoría de ellos no tiene nada que ver con su contraparte canónica.
Así, sin más, ¡empecemos!
Capítulo 1:
Una mala tirada mató a mi héroe.
Les seré honesto: a veces desearía no ser un héroe.
Ser un héroe es complicado. Es sacrificado. Es difícil y peligroso. Tienes que ser responsable, tienes que ser un ejemplo, tienes que arriesgarte constantemente para proteger a tu comunidad. Tienes que perderte citas o reuniones con tus amigos para poder ir a ayudar a gente que no conoces. Ocupa casi todas las horas del día y ni siquiera te pagan. No es como que puedas ponerte tu capa, tu máscara, y pedir un descuento en palomitas de maíz en el cine. La gente creería que te estás aprovechando de tu reputación, y eso no es muy heroico, ¿no?
Pero al final del día sí siento que estoy haciendo algo importante. Y sí, a veces es un poco molesto, y sí, a veces uno preferiría quedarse en casa antes que evitar balas en la calle, pero tengo que admitir que incluso eso tiene su lado divertido.
Sí, ser un héroe es complicado, pero creo que no lo cambiaría por nada.
Mi nombre es Lincoln McBride, y ésta es la historia de cómo me convertí en un héroe, todo por una mala tirada. Y como toda gran historia, comenzó con nuestros héroes reunidos en una taberna.
Por supuesto, la taberna era imaginaria, y los que estaban reunidos no eran exactamente nuestros héroes, sino mis amigos y yo, pero cuando estás jugando Calabozos y Dragones está bien referirse a tí mismo por tu héroe. Estábamos todos reunidos en el sótano de mi casa, rodeando una mesa sobre la cual nuestra amiga Stella colocaba las miniaturas y dibujaba los mapas. Fue ella la que nos introdujo a Calabozos y Dragones, y es una gran DM, con sus descripciones breves pero inmersivas, su vocabulario elocuente, y su gran capacidad de improvisación. Nos motivaba a ser mejores jugadores, originales y participativos.
A todos nos encantaba meternos en personaje, actuar con voces, describir nuestras acciones y hasta hacer efectos de sonido cada vez que atacábamos con un arma o lanzábamos un hechizo. De hecho, y haciendo gala de mis habilidades de costura y diseño, hasta había hecho disfraces de tela para cada uno de nosotros, ¡y nos los poníamos sobre nuestras ropas comunes cada vez que nos sentábamos a jugar!
Ok, miren, realmente podría estar hablando durante horas acerca de la campaña que estábamos jugando y cómo el destino de los Reinos Olvidados dependían de nosotros, pero no viene al caso, así que déjenme avanzar rápido hasta el momento en el que los dados cambiaron para siempre mi vida y la de la todos en Royal Woods.
Nuestro grupo de héroes se había abierto paso a través de una gran mazmorra llena de monstruos de toda clase. El grupo estaba compuesto por Liam y su Explorador, Zach y su Brujo, Rusty y su Pícaro, Clyde y su Clérigo, Jordan y su Barda, y por supuesto, yo y mi Paladín, el Caballero Hojaplateada. Elegí su nombre porque tiene una espada plateada con bonificación de +2 contra muertos vivientes, lo cual me pareció súper genial.
Tras acabar con un puñado de arañas gigantes, dejamos atrás una habitación llena de interesantes objetos mágicos y tesoro, y nos adentramos en lo que acabaría siendo el escenario de la muerte.
—Cierran la puerta detrás de ustedes, colocando una vara de hierro para evitar que se abra desde el otro lado, y voltean para encontrarse en lo que alcanzan a entender como la ladera de un precipicio —describió Stella, poniéndome los pelos de punta—. La oscuridad es casi enloquecedora, pero el brillo de la espada de Hojaplateada les permite ver la roca tallada sobre la que se encuentran de pie. Este espacio no es natural. Más allá, dos antorchas que brillan con un fuego color verde que no alumbra demasiado flanquean el inicio de un viejo y gastado puente de soga y tablones de madera. La suave brisa que recorre la cámara lo hace tambalear, y un tenue sonido de agua en movimiento alcanza a acariciar sus oídos desde abajo, casi como el susurro de un mar de almas en pena.
Los jugadores intercambiamos una mirada.
—Hay algo en el fondo del precipicio.
—Unos tentáculos gigantes nos atacarán en cuanto lleguemos a la mitad del puente.
—Probablemente.
Stella simplemente nos sonrió, lo cual sólo hizo que nos sintiéramos aún más nerviosos.
— ¿Qué tan lejos estamos del puente? —Preguntó Liam.
—Yo diría que a unos veinte metros. Es el espacio que hay entre la pared de roca con la puerta de la que salieron y el borde del precipicio.
—Por las barbas de Merlín, eso estuvo cerca —dijo Zach, en la voz grave de su personaje—. No sé ustedes, pero yo gasté casi toda mi magia, sólo me queda un hechizo, me vendría bien un descanso corto.
— ¡Ha! Sabía que no podrías seguirme el ritmo. Debería haber tomado esta misión yo solo —dijo Rusty con la voz rasposa de su asesino gótico edgy que lanza dagas y odia socializar. No es un secreto que a ninguno de nosotros nos gusta su personaje.
—Lo que Sombra Oscura trata de decir es que quizás es peligroso descansar aquí —dijo Jordan, hablando con un acento inglés sumamente estilizado y formal. No es ningún secreto tampoco que ella suele ser la voz de la razón en nuestros juegos. —Por más de que un descanso me vendría bien para recuperarme de mis heridas.
—Al escuchar eso, Hojaplateada se acerca y usa Imposición de Manos sobre Circe para que recupere quince puntos de vida —dije yo casi de inmediato, saltando ante la oportunidad de ayudar al personaje de Jordan.
Bueno, supongo que debería mencionarles que ella me gusta.
Siempre fuimos amigos en la escuela, compañeros de curso desde que teníamos seis años, pero no fue sino hasta el verano pasado que empecé a darme cuenta de que me quedaba mirándola más de lo necesario, que siempre trataba de estar en el mismo equipo que ella, y que me ponía celoso cuando Liam o Rusty se acercaban a hablarle o ponían un brazo alrededor de su hombro a modo de broma. A decir verdad, quizás no me habría dado cuenta de lo mucho que me gustaba si Clyde no hubiera sido quien, un día en nuestra habitación, me lo hubiera señalado. Nunca había entendido lo que estos sentimientos realmente significaban, y desde entonces, Clyde había tratado de convencerme de que la invitara a salir.
Por supuesto, no iba a hacer eso. No podría soportar un rechazo y que nuestra amistad cambiase para siempre. Tan sólo tenemos once años, no hay necesidad de apurarnos, ¿verdad? No, no, no quería saber nada acerca de confesar mis sentimientos. Es una responsabilidad que no estaba listo para tomar.
Pero eso no significaba que no podía gastar la mitad de la reserva de mis poderes curativos para sanar sus heridas.
—Muy bien, ¿cómo la curas? —Preguntó Stella con una sonrisa sabionda, moviendo su mano hacia mí y Jordan, quien estaba sentada al lado mío, en un inconfundible gesto de "demuéstranos".
Solía hacer ese tipo de preguntas para que nos sintiéramos "en personaje", pero yo estaba convencidísimo de que ella sabía de mis sentimientos hacia Jordan, y estaba tratando de hacerme quedar en ridículo. O quizás trataba de ayudarme, pero en ese caso, no me conocía lo suficiente.
Miré hacia la derecha, y los bonitos ojos de Jordan se cruzaron con los míos. Sentí pequeñas mariposas en mi estómago, y mi garganta se secó.
—Levanto mi mano y la coloco… s-suavemente en la mejilla de Circe —dije, levantando mi mano en el aire delante de mí, pero Stella volvió a señalar a Jordan, y mientras movía obligado mi mano hasta colocarla en su mejilla, deseé que aquel precipicio con el puente se materializara allí mismo en el sótano para que yo pudiera saltar y caer al vacío, donde mis amigos no vieran mi rostro sonrojado—. Cierro los ojos y pienso en mi juramento sagrado, y dejo que la magia la cure.
Hice como dije, cerrando los ojos, fingiendo que era para entrar en personaje, pero en verdad era para evitar la vergüenza por estar tocando el rostro de la chica que me gustaba. El contacto sólo duró unos pocos segundos, pero pude sentir perfectamente el rabillo de sus labios curvándose en una sonrisa. Y fue muy rápido para poder decirlo con certeza, pero casi podría jurar que sentí su mejilla ligeramente más cálida de lo normal.
—Gracias, Hojaplateada —dijo Jordan con una sonrisa mientras anotaba sus nuevos puntos de vida en su hoja.
Traté de responder, pero terminé tratando de disfrazar mi incoherente balbuceo con una tos fingida.
— ¿Se puede ver qué hay más allá del puente, o es sólo oscuridad? —Preguntó Clyde, quien como buen hermano, estaba tratando seguramente de desviar la atención de regreso al juego para que yo no muriera de la vergüenza.
Ok, ya, seguramente se preguntarán "¿Hermano? Pero Lincoln, él y tú… uh…" Sí, es cierto. No nos vemos como hermanos, yo con mi lacio cabello blanco, él con su rizado cabello negro. Lo cierto es que soy adoptado. El papá de Clyde y su esposo me adoptaron cuando yo tenía tres años, así que desde que tengo memoria, él ha sido mi hermano y mejor amigo. Es una inspiración para mí. Súper inteligente, súper amable, súper atento. Es definitivamente lo mejor que me pasó en la vida, y daría todo por él.
—Realiza un chequeo de percepción, por favor —pidió la DM.
Clyde tomó su dado, sopló en él, lo tiró, y gruñó decepcionado.
—Siete...
Todos nos miramos preocupados. Stella sonrió. Tragué saliva.
—Es una oscuridad total, apenas puedes ver el puente por la luz tenue de las antorchas de fuego verde. Ves que sigue unos cinco metros, pero luego de eso, nada. No sabes si el puente sigue por diez metros más, o por cincuenta.
—No podemos descansar si no sabemos qué hay al otro lado del puente —dije en voz alta, antes de mirar a Stella—. Voy a hacerles un gesto a mis compañeros para que esperen aquí y voy a tratar de cruzar el puente, ver hasta donde llega. Mientras avanzo, voy a mantener la guardia para cualquier cosa que trate de atacarme desde abajo.
La sonrisa de Stella se volvió más pronunciada, más maligna incluso, y supe que estaba cayendo en su trampa. Seguramente había algo de lo que me arrepentiría, pero mi personaje era un héroe, no huía de los problemas. Si debía exponerme a una trampa con tal de asegurar que mis compañeros de aventura estuvieran a salvo, lo haría, pues eso es lo que un buen líder hacía.
—Antes de que vaya, Circe se acerca, besa su mejilla, y le dará inspiración de bardo —dijo Jordan, anotando en su hoja el uso de su habilidad, antes de mirarme—. Puedes agregar 1d8 a… bueno, prácticamente todas tus tiradas.
¿Un beso en la mejilla? Por Dios, ¿por qué era esta chica tan buena y bonita? ¿Qué no se daba cuenta de lo loco que me ponía por ella? Le agradecí el gesto y traté de mantenerme serio mientras Stella describía a mi personaje atravesando el puente, pero no pude evitar echar furtivas miradas hacia Jordan.
Estaba tan distraído que apenas si escuché cómo, a mitad de camino, un ejército de zombies apareció desde la oscuridad, acercándose rápidamente hacia mi personaje. Traté de volver, pero Stella era malvada, por lo que hizo que desde el techo de la caverna (no desde el fondo como todos imaginábamos), un Grick (un gusano gigante con pico de águila y cuatro tentáculos alrededor de su cabeza) cayera sobre el puente, interponiéndose entre mi héroe y sus amigos.
Genial.
No sólo eso, sino que, tras tirar iniciativa, mi personaje se quedó con el último turno.
Súper genial.
De nuevo, no quiero aburrirlos demasiado con esto, así que iré al grano: para cuando llegó mi momento de actuar, mis puntos de vida ya se habían reducido a un estado crítico. El Grick era un monstruo de alto nivel, y estacionado en el extremo del puente, evitaba que mis compañeros llegasen a mí. Podría seguramente tratar de acabar con uno o dos zombies, pero a menos que hiciera una jugada brillante…
Le pedí a Stella unos minutos para pensar mi jugada, y ella y mis compañeros fueron muy pacientes en esperarme. Tenía muchas ideas… Revisé mis hechizos, revisé mis puntos de vida, traté de calcular las probabilidades matemáticas de sobrevivir… Lo pensé durante mucho tiempo, pero a fin de cuentas, decidí dejar de pensar en qué era lo mejor mecánicamente hablando, y concentrarme en su lugar en qué es lo que mi personaje haría.
Hojaplateada era honorable. Creía en su causa. Era valiente, amable, determinado. Sabía que él y su grupo de aventureros estaban a punto de lograr grandes cosas. Había una misión de la cual millones de vidas inocentes dependían. Era una misión que no podía permitir que fracasase.
Incluso si él no pudiera completarla.
Suspiré, resignado, y levanté lentamente la mirada hacia Stella.
—Voy a usar una acción extra para mirar hacia atrás, a mis compañeros, a mi hermano, a Circe, a Hoja Oscura, a todos… y con mi acción, voy a cortar las sogas del puente.
Fue como si alguien lanzara el hechizo Polimorfar en el rostro de Stella, pues su sonrisa divertida y cuasi-maníaca dio paso a una mirada de sorpresa y terror que casi me dio lástima. Parpadeó incrédula, y comenzó a mirar frenéticamente sus notas, mientras el resto de mis amigos se ponía de pie para decirme que no lo hiciera, que debía haber otra forma, que cambiara de opinión. Pero no era un decisión apresurada. Eso es lo que mi personaje haría.
Lo que un verdadero héroe haría.
—Yo… uh… Todos… Todos ustedes ven cómo Hojaplateada corta las sogas del puente —relató Stella, claramente afectada por mi decisión—. La hoja brilla mientras se desplaza por el aire, formando un arco perfecto que parte primero una y luego la otra soga que mantiene colgando al puente. Durante un segundo, un instante que se estira y queda grabado en sus retinas… Todo permanece igual. La gravedad no hace efecto, el tiempo se detiene, y la mirada de todos ustedes se cruza con la de su compañero. Y luego, tras este pequeño instante… el puente cae, arrastrando consigo a la docena de zombies, al Grick frente a ustedes, y a Hojaplateada, con el resplandor de su espada perdiéndose en el vacío oscuro del precipicio, extinguiéndose como una estrella fugaz… Y-Y ahí es donde terminaremos por hoy.
Tan sólo habíamos estado jugando por dos horas, pero nadie se quejó. Todos estaban tomándose el rostro, mirándome con bocas abiertas y ojos incrédulos. Acaba de causar, prácticamente, la primera muerte de un personaje principal en nuestra campaña. Fue un momento duro para todos nosotros, especialmente para mí, pero traté de pretender que no me afectaba demasiado.
Aún así, no estuve muy animado mientras todos guardaban sus cosas y se quitaban los disfraces, y Clyde y yo ordenábamos nuestro sótano. Zach, Liam y Rusty se acercaron a despedirse y se disculparon por no haber podido ayudarme, antes de dirigirse a tomar sus bicicletas y pedalear a sus casas. Stella se acercó luego de ellos, y noté en su tono de voz que ella se culpaba a sí misma por mi decisión. Como si la trampa que ella creyó que sería un interesante desafío hubiera sido la razón por la que todos habíamos terminado el juego antes de tiempo, sintiéndonos miserables.
—Oye, no pasa nada —le aseguré, tratando de sonreír—. Creo que fue un momento súper dramático. Fue una batalla muy interesante. Además, siempre quise jugar un Monje, heh. Supongo que ahora tendré una excusa para hacerlo.
Mis intentos de bromear parecieron al menos calmarla un poco, pero aún así me pidió que no crease un personaje nuevo aún. Que le diera unos días para pensar. Nos saludó a Clyde, a Jordan y a mí, y enseguida se alejó, también en su bicicleta.
Fui consciente del hecho de que ya la única que quedaba era Jordan, y creo que mis manos comenzaron a sudar de los nervios.
—Yo también debería ir yendo —dijo ella, tomando su mochila y abrigándose con una campera.
— ¿No te vienen a buscar? —Preguntó Clyde.
—No, mis papás están ocupados a esta hora. Me tomaré el autobús en la parada aquí a unas calles.
A decir verdad, no me agradaba la idea de que ella se volviera sola ahora que ya estaba entrada la noche. Si estuviera en su bicicleta, quizás, ¿pero una niña de once años esperando sola el autobús? Llámenme anticuado, pero no me sentía confortable con esa idea.
—Iré contigo —me encontré a mí mismo diciendo antes de que mi cerebro pudiera procesar las palabras. Ella me miró, y enseguida me convertí una vez más en presa de mis nervios—. E-Es decir, a la parada de autobús. N-No estaba implicando que te iba a acompañar a tu casa, no. Es que, ya sabes, es de noche, y… pues…
—Lincoln tiene razón —intervino Clyde, probablemente evitando que cavara mi propia tumba—, no está bueno esperar solos en la parada de autobús.
Jordan rió suavemente, aunque noté cómo cambiaba el peso de una pierna a la otra, y sus manos jugaban con los tirantes de su mochila.
— ¿Se están ofreciendo a acompañarme a la parada de autobús para protegerme de cosas peligrosas? —Dijo, alzando una ceja— ¿Y cómo podrían ayudarme si es que algo pasara?
—Oh, no, yo no voy a salir —dijo Clyde, levantando las manos y dando un paso hacia atrás—. Si no dejamos el sótano y nuestra habitación impecables para cuando nuestros papás lleguen del trabajo, van a matarnos. Metafóricamente hablando.
Oh, genial, eso me dejaba solo con Jordan, lo que significaba que mis probabilidades de comportarme como un idiota y arruinarlo todo se habían multiplicado por diez. Ella me miró, esperando una respuesta a su provocativa pregunta. Traté de responder con ingenio y confianza.
—Bueno, si algo llegase a ocurrir, estoy seguro de que yo podría gritar por ayuda más fuerte que tú —le dije, tratando de burlarme de lo suave que ella hablaba y-
Espera, ¡rayos! Eso no era para NADA valiente. ¿Acababa de burlarme de mí mismo? Pues así lo pareció tomar ella, pues rió.
—No puedo decirle que no a eso —admitió—. ¿Vamos, entonces?
Tomé mi sudadera naranja con mangas negras y cierre al medio y la coloqué sobre mi remera favorita. Los dos nos despedimos de Clyde, quien, en cuanto ella volteó, me sonrió y levantó ambos pulgares. Me sonrojé un poco, lo admito, y traté de hacerle un gesto de desimportancia.
Salimos de mi casa y nos adentramos en las afortunadamente iluminadas calles de un bonito barrio semi-residencial cerca del centro de Royal Woods. La mayoría de las manzanas estaban conformadas por viviendas individuales, con árboles en las aceras y jardines al frente y al fondo, pero tras caminar tan sólo un par de calles alcanzábamos una zona más central, con edificios de dos o tres pisos y negocios en planta baja. La parada de autobús que llevaba a la casa de Jordan estaba a unas ocho calles, lo cual nos dejó con varios minutos de caminata hasta llegar allí.
Los primeros metros fueron un incómodo silencio. Bueno, en verdad, el silencio no era incómodo para mí. Quizás suena muy cursi, pero el simple hecho de estar caminando con ella a mi lado era suficiente para mantenerme feliz y contento. Pero seguramente ese no era el caso para ella, así que me apresuré en iniciar una conversación para que ella no creyera que yo era mala compañía o un aburrido.
— ¿Te divertiste esta noche? —Pregunté.
—A decir verdad, fue súper divertido. No me esperaba entrar a una habitación llena de arañas gigantes —reconoció, riendo ante la memoria, aunque luego me miró a los ojos con una pícara sonrisa—. Pero obviamente no podías desaprovechar la oportunidad de causar drama, ¿no?
Bufé, poniendo las manos en los bolsillos de mi sudadera y fingiendo enfado.
—Lo dices como si lo hubiera hecho a propósito.
—Oh, vamos, Pelo de Algodón, tú sieeeempre estás buscando el momento para destacar. ¿Por qué otro motivo te ofrecerías a ir primero a explorar el puente?
Mi sonrisa flanqueó un poco. ¿Es así como ella pensaba de mí? ¿Como alguien siempre buscando ser el centro de atención?
—Mi clase de armadura es la más alta del grupo —expliqué, tratando de justificarme—. Y soy el que menos daño había recibido en la batalla anterior. Si Clyde hubiese ido y había una trampa que hiciera daño, probablemente habría caído inconsciente. No lo hice para destacar.
Quizás me puse demasiado a la defensiva, porque la sonrisa juguetona de ella también se desdibujó un poco, y comenzó a caminar más lento junto a mí. Oh, rayos, lo había arruinado una vez más, ¿no?
—Lo sé, lo sé, lo siento —se disculpó, hablando más suavemente—. La verdad no sé qué decir. No esperaba que te… sacrificaras así.
—No estaba en mis planes cuando pedí ir a explorar el puente —admití, tratando de sonar un poco más animado para que ella no se sintiera mal—. Pero bueno, supongo que ya podré crear un nuevo personaje. Quizás lo vuelva un cobarde, para que nunca se ofrezca a ir primero.
Los dos reímos un poco.
—Es una lástima, me gustaba tu personaje.
—A mí también. La verdad, no tenía muchas ganas de sacrificarlo.
— ¿Y por qué lo hiciste? —Preguntó, genuinamente curiosa— No sabemos qué hubiera pasado si seguíamos. Quizás hubiera habido una posibilidad de salvarte. ¿Por qué no te arriesgaste?
Me tomé unos segundos para considerar su pregunta, pero no los necesité para saber la respuesta. Lo había tenido sumamente claro cuando tomé la decisión.
—Porque eso es lo que Ace Savvy haría —le dije con una gran sonrisa mientras levantaba la vista hacia las estrellas. Ella asintió suavemente, sonriendo también, y noté que sus ojos se desviaron hacia la remera roja que llevaba debajo de mi sudadera abierta, dejando ver el logo negro del último gran protector de Royal Woods.
Oh, cierto, quizás debería explicarles quién es Ace Savvy, en caso de que ustedes no vivan aquí en Royal Woods.
Pues bien, como todos sabemos, a principios de los ochenta hubo una explosión cósmica en la atmósfera de la Tierra, justo por encima de Norteamérica. No se sabe con exactitud qué es lo que la causó, o qué fue lo que realmente ocurrió. Lo que sí sabemos, es que liberó una increíble cantidad de energía que se expandió por todo el planeta. La mayoría de las personas no lo sintieron, pero esta energía causó cambios en el 0,01% de la población mundial. De un día para el otro, estas personas obtuvieron habilidades de todo tipo, distintas para cada uno. Antes de que la humanidad pudiera reaccionar, había superhéroes entre nosotros, o como los medios los llaman, "metahumanos". Muchos se transformaron en el momento de la explosión, pero de alguna forma que la ciencia no puede explicar, el resto de la humanidad quedó impregnada con potenciales genes metahumanos, por lo cual incluso hasta el día de hoy hay una mínima chance de que un bebé nazca con superpoderes que usualmente se manifiestan en los primeros dos años de vida.
Por supuesto que esto tuvo sus repercusiones geopolíticas a nivel global (el final de la Guerra Fría, la caída de la bolsa de valores, los países sudamericanos y del oeste de África alzándose como las nuevas superpotencias y la desaparición del K-Pop entre otros géneros musicales inferiores), pero dudo que eso les importe demasiado, así que volvamos a lo que nos compete.
Los superhéroes comenzaron a dominar las ciudades. Se convirtieron en figuras públicas, símbolos de respeto y esperanza, alcaldes, gobernadores. Abrieron sus propias compañías, sus propios canales de televisión, sus marcas de ropa. Pero obviamente, así como algunos decidieron utilizar sus poderes para el bien, muchos otros (la gran mayoría, desafortunadamente) decidieron usar sus poderes para el mal. Los supervillanos también aparecieron. ¿Pueden imaginarse lo que eso significó para ciudades como Nueva York? De un día para otro, más de ocho mil personas con superpoderes comenzaron a dominar las calles de la ciudad. La mayoría con intenciones egoístas, la minoría queriendo ayudar a restaurar el orden.
En un pueblo pequeño como Royal Woods, el impacto no fue tan grande. Creo que durante las primeras décadas sí se notó un mayor impacto. Pero a partir de los años 2000, nuestra ciudad comenzó a hacerse famosa en lo que quedó de los Estados Unidos del Norte (el país se dividió en cuatro, por cierto) por el… alto índice de desaparición de metahumanos. Uno a uno, los héroes protectores de la ciudad comenzaron a desaparecer junto con los villanos. Es el gran misterio de nuestra ciudad. Nadie sabe por qué, pero ningún metahumano dura más de cuatro o cinco años antes de desaparecer en misteriosas circunstancias y que nunca más se sepa de ellos. Es por eso que la mayoría de los villanos sólo atacan un par de veces nuestra ciudad antes de dirigirse a otros pueblos o ciudades, incluso si ellas son más grandes y llenas de héroes. Prefieren no arriesgarse. Todos los héroes que alguna vez decidieron defender a Royal Woods desaparecieron, uno por uno.
Todos menos uno.
Ace Savvy, el Vigilante Nocturno, es prácticamente el último héroe que nos queda (no exactamente, pero no nos adelantemos). Inició su carrera en los años noventa, y desde entonces ha protegido a todos los ciudadanos de nuestra ciudad. Es mi héroe personal, mi ídolo, mi inspiración. Hojaplateada estuvo claramente influenciado por él. Un hombre valiente, talentoso, que no duda en arriesgarse por los demás, que ha estado siempre dispuesto a repartir justicia y proteger a los más débiles. Más aún, es el único héroe que ha logrado sobrevivir durante casi treinta años en esta ciudad que parece tener una maldición contra metahumanos.
Todavía recuerdo esa vez en la que Katherine Mulligan le preguntó acerca de por qué continúa defendiéndonos, y su respuesta quedó grabada en mi mente.
"Porque puedo. Y mientras pueda ayudar a otros, será esa mi tarea por el resto de mis días."
¡Dios, lo amo! Una vez estuve junto a él en un acto de apertura de una peluquería. Bueno, no exactamente "junto a él". Había unas doscientas personas entre él, la periodista Katherine Mulligan (quien más entrevistas y primicias tenía acerca de Ace Savvy) y yo, ¡pero si miras los videos, hay un momento en el que puedes ver mi cabello blanco en el fondo! ¡Ace Savvy y yo en un mismo cuadro en una grabación! Es mi mayor inspiración, y estoy convencido que de no ser por él, tampoco tendríamos a Nova y Eclipse.
Ellas son dos jóvenes heroínas, lo cual es sumamente raro. Verán, en otros lugares del mundo, los metahumanos comienzan su vida pública como héroes o villanos tan pronto como se sientan listos. La mayoría suele comenzar a usar sus poderes públicamente durante la adolescencia, aunque no es raro que haya metahumanos de diez años o incluso menos que se paseen por las calles salvando gatos o robando golosinas. ¿En Royal Woods, sin embargo? Si usas tus poderes, para bien o para mal, es probable que acabes siendo otro más de los metahumanos desaparecidos. Por eso ya no hay nuevos héroes, y sólo Ace Savvy quedaba de la vieja camada. Según las estadísticas, debería haber unos treinta metahumanos en Royal Woods, la mayoría de ellos menores de veinticinco años, y sin embargo los únicos que se conocen son Ace Savvy y, desde hace un año y medio, Nova y Eclipse.
En cierta parte es un alivio que yo no haya nacido con superpoderes. No me imagino lo feo que debe sentirse tener poderes pero no usarlos nunca por miedo a ser raptado, o morir, o lo que sea que le pasa a los metahumanos. Es por eso que le estoy tan agradecido a Eclipse, Nova, y por supuesto a Ace Savvy.
No le temen a nada, y arriesgan sus vidas sólo porque creen que es lo correcto.
—Por eso es que Hojaplateada se sacrificó —comenté—. Si los zombies y el Grick los acorralaban contra la entrada, era muy probable que todos muriéramos. Pero él tuvo la opción de detenerlo todo antes. Sacrificarse, llevándose consigo a todos los enemigos, y asegurarse de que ustedes estuvieran listos para completar la misión y salvar a los Reinos Olvidados.
—Vaya… ahora me siento un poco mal por burlarme de tu egoísmo—dijo Jordan, dándome un suave golpe en el hombro—. Creo que no te doy suficiente crédito.
—Sí, bueno, quizás no me conoces tanto como crees.
Llegamos a la parada de autobús, y nos detuvimos bajo la luz de la farola.
— ¿Qué significa eso, Mr Misterioso? —Preguntó ella.
—Significa que quizás hay más de Lincoln McBride de lo que ves a simple vista.
— ¿Ah, sí? ¿Cómo qué? —Dijo, cruzando sus brazos sobre su pecho y recostándose contra la farola.
Su cabello rubio brillaba como el vellocino de oro bajo la luz de la lámpara, y sus ojos se veían tan bonitos y cautivantes como siempre. Sentí que se me secaba la garganta, y tuve que hacer un esfuerzo consciente para no quedarme mirándola.
—Tengo muchas habilidades que no conoces.
—Me imagino.
—Lo digo en serio. No me gusta presumir al respecto, pero soy un fantástico cocinero.
Quizás fue mi sonrisa traviesa, o quizás creyó que estaba bromeando (no lo estaba, me encanta cocinar), pero dejó salir una hermosa risita que trató de ocultar colocando un puño delante de su boca.
—Vaya, qué vergüenza. Tengo un amigo varón que sabe confeccionar ropa y cocinar mejor que yo. Mi mamá estaría decepcionada.
—Eso es sexista.
—Pero bueno, imagino que debe ser peor para ti saber que incluso siendo chica soy mucho mejor deportista que tú.
No pude evitar reír ante eso.
—Eso es aún más sexista.
—Pero es cierto.
—Lo es, sí.
Compartimos una muy animada risa, y me sentí como el rey del mundo en aquel momento. Casi no pude evitar mostrar mi rostro decepcionado cuando vimos acercarse el autobús que la llevaría a su casa. Ella se separó del poste de luz y acomodó su ropa.
—Gracias por acompañarme, Lincoln —me dijo, ya sin burla en su voz, regalándome una agradecida mirada—. La pasé muy bien hoy.
—No es nada. Yo también la pasé bien.
—Ahora que me dijiste que sabes cocinar, vas a tener que prepararme algo uno de estos días —añadió, su cabeza inclinándose ligeramente hacia el suelo, pero con sus ojos fijos en mí.
—Yo, uh…
¿Qué decir? ¿Debía decir que no y hacerme el difícil? ¿Bromear y seguirle el juego? Espera, ¿estaba bromeando o lo decía en serio? ¿Me estaba pidiendo que le cocinara algo? ¿Que le llevara algo a la cafetería? ¿Debía invitarla a comer a mi casa? ¿Aceptaría la invitación si es que la hacía o se reiría de mí?
—...no sé —acabé diciendo, en lo que fue probablemente la más grande oportunidad desperdiciada de mi vida.
Noté de inmediato que no era la respuesta que ella esperaba. Su sonrisa se deshizo un poco, y nos quedamos en silencio hasta que el autobús se detuvo frente a ella.
—Nos vemos luego —me dijo, no tan animada como hacía un minuto.
—Nos vemos, Jordan.
Y sin más, la puerta del autobús se cerró, dejándome solo en la oscuridad de la silenciosa noche. Me maldije a mí mismo mientras daba media vuelta y comenzaba a caminar de regreso a mi casa. Todo había salido casi a la perfección. Había tenido diez minutos a solas con la chica que me gustaba, y había sido genial. Y justo al final… justo cuando ella quizás me había dado la oportunidad perfecta para invitarla a salir, o por lo menos a que nos viéramos solos, mis miedos e inseguridades me habían dominado. A veces odiaba ser tan tímido. Vi una lata vacía de soda en la acera, y la pateé con fuerza para desquitar parte de mi frustración conmigo mismo.
Cuando la lata golpeó el suelo, produjo un estruendoso ruido que rompió el silencio de la noche, como si un cubo de basura lleno de ladrillos y copas de vidrio hubiera caído sobre un gong. Fue tan atronador que me quedé helado durante unos segundos, hasta que caí en cuenta de que no había forma que la lata hubiera causado tal conmoción, y una nueva explosión ocurrió hacia mi izquierda. Levanté la mirada, y allí fue cuando los vi.
Saltando entre los techos de los edificios, moviéndose por encima de las luces, envuelto en un manto de misterio y oscuridad, se encontraba un hombre vestido como un cowboy del Viejo Oeste, con sus botas de cuero negro con espuelas, chaqueta negra sobre un chaleco azul, guantes burdeos, un pañuelo burdeos que cubría la mitad inferior de su rostro, y un sombrero alto de ala ancha. Como si temiera que estuviera siendo demasiado sutil en su disfraz, cargaba también sobre uno de sus hombros un gran saco de arpillera lleno de vaya uno a saber qué, y en su mano libre empuñaba una pistola.
Mis músculos se congelaron como una liebre en la carretera, e instintivamente retrocedí hacia la pared más cercana, apoyando mi espalda allí como si quisiera traspasarla.
—Wild Card Willy —susurré para mí mismo.
No había dudas, este era uno de los villanos más famosos de Royal Woods. Me refiero a él como villano y no supervillano porque no era un metahumano. Es la misma diferencia entre los héroes y los superhéroes. No todos los que se ponen un uniforme y salen a ayudar a los demás son súper. Durante mucho tiempo se discutió si el motivo por el que Ace Savvy no había desaparecido como el resto de los superhéroes era porque no tenía poderes, pero su fuerza, destreza y reflejos sobrehumanos demostraron lo contrario.
Y hablando de ello…
Observé cómo Wild Card Willy miraba por encima de su hombro y disparaba con su arma. Esperé una bala, pero lo que salió del cañón fue un resplandor de un rojo que me recordó a los blasters láser de Star Wars. Atravesó el aire casi más rápido de lo que mis ojos pudieron captar, pero tras recorrer unos quince metros, un pequeño rectángulo blanco con un As de Pica grabado en el centro lo interceptó en medio del aire, causando una pequeña explosión similar a las dos que me habían asustado hace algunos instantes.
En cuanto reconocí aquel rectángulo, mi corazón se convirtió en un rinoceronte en medio de una estampida, tratando de escapar de mi pecho. Giré la cabeza hacia mi izquierda, y ahí estaba, moviéndose con la determinación y agilidad de una pantera, Ace Savvy.
Incluso con la poca luz con la que contaba pude identificar su traje rojo oscuro, sus braceletes, su cinturón de utilidad, su antifaz negro protegiendo su identidad secreta, y su ondeante capa azul nocturno. Se movía a través de la azotea, siguiéndole el paso al villano de turno, listo para repartir justicia y hacerlo pagar por sus crímenes.
Nunca jamás en mis once años de vida había tenido una vista en vivo tan clara de él. Aquella vez en la peluquería apenas si había podido ver flashes de su cabello o su capa. Ahora podía verlo a cuerpo entero, con ese spandex, como el que mis papás usaban para sus diseños de ropa, corriendo bajo la tenue luz de las estrellas tras uno de sus más clásicos enemigos. Ace Savvy ya había puesto a Wild Card Willy tras las rejas en trece ocasiones.
Pueden confiar en los datos que les digo. No en vano soy moderador del subreddit de Ace.
Lo sensato hubiera sido que volviera a mi casa, le contara a Clyde lo que acababa de ver, los dos habláramos entusiasmados acerca de nuestro héroe favorito, y quizás, mientras él estaba ocupado con videojuegos, yo pudiera ir a mi atelier secreto en el ático para continuar con mi cosplay ultra realista de Ace, en vista de la próxima Comic Con. Lo sensato hubiera sido quedarme con el recuerdo, grabarlo en mi retina, atesorarlo por siempre, y continuar con mi vida.
Pero, como podrán confirmar mientras más me conozcan, la sensatez no es una de mis virtudes.
No queriendo perderme la oportunidad de ver a mi héroe en acción, y quizás grabarlo con mi teléfono celular, comencé a correr tras las figuras en los tejados. Wild Card era peligroso, claramente, pero no había forma de que presentara una amenaza para Ace. En ningún momento pensé que mi integridad pudiera correr peligro alguno.
Pese a que eran adultos, y el atletismo nunca había sido algo en lo que me destacase, el hecho de que ellos tuvieran que ir saltando de azotea en azotea me ayudó a mantenerles el paso. Y no fue difícil seguirlos con las grandes explosiones que su persecución causaba. Conocía estas calles muy bien debido a la cercanía que tenían a mi casa, por lo que pude encontrar algunos callejones por los que acortar las distancias. Miraba hacia arriba cada tanto, tratando de ver más de mi superhéroe favorito, y de hecho logré ver fugaces imágenes de su capa y su cabello.
Tras unos cincuenta segundos persiguiéndolos, noté que estarían por llegar a la esquina. Los dos eran grandes acróbatas, pero no había forma de que lograran saltar de una acera a la otra. Pensando rápido, imaginé que tratarían de hacer un giro en noventa grados, dirigiéndose hacia la izquierda. Si tomaba el primer callejón hacia el pulmón de manzana, acortaría el camino, y podría llegar a colocarme justo por debajo de ellos mientras saltaban de un lado a otro.
Confié en mi instinto, y eso fue justo lo que hice. El callejón era oscuro, con paredes de ladrillo sucio y lleno de arte callejero no muy bueno. El olor de un par de bolsas de basura abiertas y olvidadas desde hace algunos días invadió mi nariz, pero decidí ignorarlo y continuar hacia delante. Llegué a una intersección de dos callejones que se encontraban en un ángulo recto en el pulmón de la manzana.
Las buenas noticias fueron que mis cálculos habían sido correctos, y yo había llegado justo a tiempo para interceptar la persecución.
Las malas noticias fueron que el saco de arpillera cayó unos metros por delante de mí, y tras escuchar unas maldiciones, vi que Wild Card Willy comenzaba a descender por una escalera de incendios, bajando al nivel donde yo me encontraba.
Mi primer pensamiento fue una palabra que mis papás no hubiesen estado orgullosos de escuchar. Mi segundo pensamiento fue mucho más concreto y útil: "Escóndete". Miré a mis alrededores. Podía retroceder hacia el callejón por el que había llegado, pero Willy estaba a punto de voltear, y lo último que quería era acabar acribillado por un villano de poca monta. Mis ojos se enfocaron en un contenedor de basura lo suficientemente amplio como para cubrirme por completo, y casi sin pensarlo, me lancé hacia allí, haciéndome lo más pequeño posible y tratando de calmar mis piernas temblorosas.
Wild Card Willy parecía estar a punto de llegar al nivel del suelo, pero entonces una figura cayó ágilmente justo por delante de mi escondite, y pude ver a Ace Savvy con un nivel de detalle que nunca había soñado.
En persona parecía incluso más impresionante que en mis pósters y fotografías. Era alto, midiendo probablemente casi un metro noventa. El spandex se aferraba a sus músculos, enfatizando desde sus poderosos gemelos, tan grandes como mis dos piernas juntas, hasta los pequeños músculos debajo de las axilas. Su pecho ancho estiraba el logo del As de Picas, negro con la A blanca en el centro, y su mandíbula ancha y rectangular acababa con una barbilla en punta que enfatizaba su sonrisa sarcástica.
Una sonrisa que flaqueó durante unos segundos cuando sus ojos se cruzaron con los míos. El tiempo se detuvo, y mi corazón casi lo hizo también. Deseé haber tenido mi teléfono a mano para poder sacarle una foto, pero probablemente no hubiera sido el mejor momento para pedir un autógrafo.
No sé qué vio en mi cara. Probablemente una mezcla de terror absoluto por estar en una situación que debería haber considerado con mayor detenimiento, mezclado con adoración y fascinación por estar frente a mi ídolo. No era fácil leer su rostro, pero me pareció verlo pasar por sorpresa, confusión, y finalmente resolución. El contacto visual duró tan sólo unos instantes, y en seguida él se paró erguido, mirando con una nueva sonrisa socarrona a donde, imaginé, Wild Card se encontraba tratando de llegar a su saco.
— ¿Robando perfumerías otra vez? Vamos, Willy, creí que habías jurado no robar más —dijo Ace, con su voz grave y amena sonando como si estuviera charlando con un taxista en medio de un largo viaje al centro.
— ¡Juré que sólo le robaría a los que se lo merecen! —Lo desafió Wild Card, a quien no podía ver desde mi posición. — ¡El dueño de este lugar tiene cinco empleados en condiciones precarias! ¡Les niega sus vacaciones y los hace trabajar horas extra los fines de semana! ¡Debe pagar por su insensibilidad!
—Sí sabes que su negocio está probablemente asegurado, ¿verdad? No está perdiendo dinero.
— ¡Pero la burocracia lo aburrirá! —Retrucó Wild Card, como si acabara de desbaratar los argumentos de su contrincante— ¡Imagínatelo pasando seis horas asegurándose de tener todos sus papeles en regla, lidiando con los secretarios lentos de las empresas aseguradoras! ¡Eso le enseñará una lección!
Ace Savvy rió suavemente, y casi pasó desapercibido para mí, pero mientras tenía la vista fija en el villano, su mano derecha me hizo un claro gesto para que me quedara quieto en mi lugar. Perfecto, pensé. No pensaba moverme de todas formas.
—Willy, tú sabes que te aprecio. Si no fueras un ladrón crónico fanático de los cowboys, probablemente podríamos ser amigos. Pero no puedes seguir así. Tienes que dejar de robar a todos los malos empleadores.
—Oh, claro, está mal que yo robe a los empresarios viles, pero ellos pueden robarle a los trabajadores y nadie bate un ojo. Sólo porque la ley los protege de sus actos de villanía.
Curiosamente, fue en ese momento que comprendí que Wild Card no era tan villano como yo creía. Era más un caótico neutral, me pareció.
—Las leyes son las que mantienen el orden y la estructura, Willy —mencionó Ace, claramente legal bueno, en términos de D&D—. En fin, los dos sabemos cómo va a acabar esto. Ríndete, deja que te espose, y hablaré con la policía para que consideren reducir tu sentencia. O al menos darte televisión satelital en tu celda para ver Los Siete Magníficos.
—Esta vez las cosas son distintas, Ace —dijo, con una seguridad que me desconcertó.
Hubo un silencio durante algunos segundos, pero noté los ojos de Ace entrecerrándose.
—Sí, lo noté. ¿De dónde sacaste esa arma?
— ¡Ja! ¡Como si fuera a decírtelo tan fácil! —Rió Wild Card— Digamos que un patrocinador secreto cree que tengo razón en mi búsqueda de justicia social. Me dio estas dos armas para que pudiera salirme con la mía.
— ¿Y qué es lo que hacen? —Preguntó Ace con cautela.
—Yo… Bueno, la roja parece ser un tipo de disparo de contusión —dijo, sonando un tanto confundido—. La verde… No sé qué es lo que hace. ¡Pero la nota decía que la usara en caso de emergencia!
Hubo lo que pareció ser un duelo de miradas, y el silencio me crispaba los nervios. ¿Qué no podía Wild Card rendirse y terminar con todo esto antes de que mojara mis pantalones?
—Willy, no sé quién te envió esas armas, pero no creo que estén de tu lado. Déjalas a un lado antes de que hagas algo de lo que te arrepientas.
— ¡No tengo que arrepentirme de nada si es que tú no intervienes!
—Tengo que hacerlo —dijo Ace con solemnidad—. Es mi deber como héroe.
El callejón tenía unos cinco metros de ancho. Desde mi posición tan sólo podía ver lo que Ace Savvy hacía, pero por la forma en la que se movía, me pareció que estaban manteniendo sus distancias, girando circularmente en un duelo de miradas. Ace se alejaba de mí, lo cual significaba que Wild Card estaba probablemente acercándose, lo cual me puso casi tan nervioso como esa vez en la que Rusty me convenció de entrar al baño de chicas a escribir el número de teléfono de Liam en el espejo. Sentía que iba a ser descubierto en cualquier momento, y que ese sería mi fin.
—Deja el botín —ofreció Ace Savvy—. Déjalo aquí, tira tus armas, y vete. Ni siquiera voy a arrestarte. Esto no tiene por qué escalar.
— ¿Y desde cuándo dejas escapar a un criminal? —Preguntó Wild Card.
—No te estoy dejando escapar, estoy haciendo un trato. Esas armas… algo no está bien. Dime quién te las dio, y a cambio de tu colaboración en mi investigación, te ofrezco la posibilidad de disfrutar de tu libertad condicional por más tiempo.
Hoy en día, con más experiencia bajo mi cinturón, soy capaz de comprender cuál era el plan de Ace. Estaba tratando de dialogar con Wild Card, de mantenerlo concentrado en él, de evitar que se fijara en sus alrededores. Estaba haciéndolo girar para que acabase dándome la espalda, lo cual me daría la oportunidad perfecta para escabullirme sin que me viera, sano y salvo.
Era un buen plan, pero en mi estado asustado e hipertenso, no lo entendí. Lo único que vi era cómo Ace se alejaba de mí, y escuchaba al villano acercándose hacia mi posición. Wild Card no era un asesino, era un ladrón, pero aún así estaba cargado con armas, y tenerlo cerca no me producía ninguna gracia. Me asusté, entré en pánico. Escuchaba los latidos de mi corazón en mis oídos, mis dedos temblaban, y un frío sudor caía por mi frente.
Giré a mi izquierda, hacia el callejón por el que había llegado. La esquina estaba a unos cuatro metros. Calculé mis distancias. Si ganaba un buen impulso, podría saltar hacia delante, rodar, empujarme con mis talones y salir del callejón en un segundo. No le daría tiempo a Wild Card de reaccionar, y en el peor de los casos, Ace reaccionaría antes.
Respiré hondo un par de veces antes de decidirme, y en un acto de estúpida valentía, me abalancé hacia mi salida.
Y esa tirada demostró ser el punto de quiebre en la historia de Royal Woods.
Por supuesto, había sobreestimado mis capacidades acrobáticas. Mi idea de tirarme hacia delante y rodar tomaba por sentado de que yo era a) capaz de lanzarme casi paralelamente al suelo y b) lo suficientemente ágil como para iniciar el giro en el aire y continuar el momento en tierra.
No fui capaz de hacer ninguna de las dos cosas. Mi pechó golpeó contra el suelo duro de concreto, y mi cabeza rebotó, haciendo que mis dientes se cerraran dolorosamente sobre mi lengua. Inmediatamente sentí el sabor metálico de mi sangre, pero no fue nada comparado con el inmenso terror que me envolvió en aquel instante. Decir que me sentí congelado funciona en más de un sentido, pues no sólo noté que mi cuerpo entero se bloqueaba, dejándome inmóvil, sino que una fría sensación de terror me inundó, como si alguien hubiera dejado caer una cubeta de hielo debajo de mi camisa.
Todo sucedió tan extremadamente rápido que lo viví en cámara lenta. No sé cómo explicarlo. Es como si la información hubiera sobrecargado mi cerebro, y en lugar de vivirlo en tiempo real, mi organismo tuvo que tomarse unos segundos y analizar cuadro por cuadro la secuencia que acababa de entrar por mi retina, para asegurarse de que era real.
Lo primero que oí fue un grito de sorpresa y una voz mucho más grave exclamando "¡DETENTE!". Sentí un cosquilleo en cuello, como si todos los vellos de mi nuca se estuvieran erizando. En el poco tiempo que le llevó a mi cabeza girar hacia atrás, noté cómo todo el callejón se iluminaba, y cuando giré, vi que el arma de Wild Card Willy me estaba apuntando, y un rayo de luz verde comenzaba a ocupar todo mi campo de visión.
En ese momento, recordé.
Era un recuerdo tan extraño, tan lejano, que durante mucho tiempo creí que se trataba sólo de una pesadilla. Una pesadilla recurrente que solía tener cuando era niño, esos meses que pasé en el orfanato, y los primeros años que pasé en la casa de mi nueva familia, los McBride. Lo había olvidado por completo, pero en ese instante la memoria me golpeó como un rayo. Imágenes rápidas de dos personas corriendo, sonidos vivos de mí llorando, un grito de mujer, y una luz verde cegadora…
Incluso si mi cuerpo no estuviera congelado, el shock que aquel recuerdo me trajo me hubiera dejado paralizado, sin darme tiempo a reaccionar. Y así fue como sucedió. No pude moverme. No pude salvarme. No pude defenderme a mí mismo.
Y fue mi inutilidad lo que llevó a que Ace Savvy saltara. A que él se interpusiera entre el arma y yo. A que se colocara con los brazos abiertos. A que el destello y la explosión cuando el rayo de luz impactó con su pecho dejara ver su silueta a través de la capa azul.
La secuencia entera duró tan sólo unos instantes, pero para mis ojos todo sucedió en cámara hasta el momento en el que el cuerpo de Ace Savvy cayó humeando frente a mí.
