Vaya, realmente tardé una eternidad en continuar con esto, lol. Ahora que el semestre de la univ terminó, espero poder actualizar más seguido. Ando inspirado últimamente con este pequeño universo que estoy tratando de crear. Me entusiasma mucho y ojalá pueda empezar pronto con las siguientes historias.

Agradecimientos especiales a: Sylar Diaz, Luna PlataZ, J0nas Nagera, Kennedy G Barnsfield, Deadly Ice 88, Luis Carlos, Luz sin vida, nahuelvera2 y Juanlo26 :D


Capítulo 5:
Mi bautismo de héroe.

A veces me siento raro hablando de mis sueños. Escucho a otras personas contando los suyos y todos parecen tan normales, lidiando con cosas comunes y corrientes, súper lineales y sonando casi como un guión para películas de Hollywood. Mis sueños no son nada como eso. No son acerca de Clyde, mis amigos y yo yendo a un campamento de verano a jugar volleybol en la playa, no. Normalmente soñaría que todos nosotros éramos elegidos por un ente cósmico para convertirnos en una patrulla de superhéroes intergalácticos, el primer grupo de superhéroes en proteger no sólo nuestra ciudad o el planeta, sino la totalidad del Sistema Solar. Y soñaría con nuestras aventuras espaciales, culminando en una batalla épica contra una ballena cósmica en la superficie del Sol. Así de ridículos suelen ser mis sueños, y por más épicos que sean, me da un poco de vergüenza contarlos en voz alta. Temo que me consideren demasiado infantil. Así que si no les cuento mis sueños, es porque normalmente son así de raros.

El sueño que tuve después de mi primera noche como superhéroe, sin embargo, fue totalmente distinto, y creo que vale la pena que lo comparta.

La principal diferencia fue que yo no era el protagonista de mi propio sueño. No me sentí identificado como un personaje, era más como una cámara, un espectador en movimiento frente a los hechos. Diría que era como si estuviese viendo una película, pero las imágenes de mis sueños no eran nada parecido a una película. Era una especie de antología de lugares y escenarios desconocidos.

No parecía haber ningún tipo de historia que seguir. Sólo paisajes. Recuerdo haber visto una especie de campo. Una suave brisa acariciaba el césped alto, empujando los pétalos de las flores para que se desprendieran y viajaran con la brisa. El fulgor del Sol pintaba toda la escena con cálidos colores, y si bien yo no parecía ser parte de la escena, un sentimiento de paz me inundó.

Otra parte de mi sueño me mostró una especie de arroyo entre árboles. El sonido del agua chocando contra rocas y moviéndose cuesta abajo se mezclaba con el de insectos y aves cantando suavemente. A diferencia de la escena anterior, en esta oportunidad la cámara pareció enfocarse en una pequeña rana que saltaba junto a la orilla del arroyo. La estaba siguiendo, observándola alejarse, tratando de mantenerla en mi campo de visión. La rana, sin embargo, decidió saltar desde la orilla a un camino de rocas que cruzaban el arroyo, alejándose. Por algún motivo, mi sueño parecía estar particularmente interesado en ella, y la cámara trató de seguirla.

Fue como si yo mismo saltara, el enfoque de mi sueño cambiando de repente a primera persona. Sentí mi pie resbalando en la superficie de la roca, y en seguida mi cuerpo cayendo al agua. Todo daba vueltas a mi alrededor, mientras trataba de volver a la superficie. Veía la luz reflejándose sobre mi cabeza, pero la corriente no me dejaba alcanzarla. Y entonces, una figura apareció. No podía verla desde debajo del agua, pero una mano en seguida tomó mis ropas y en un rápido movimiento me extrajo del arroyo.

El sueño cambió antes de que saliera del agua y viera la cara de aquella figura. De repente volvía a ser un espectador más, pero ahora lo que veía era muy distinto a lo demás. Ya no eran escenas pacíficas de la naturaleza. Lo que veía era una cabaña en medio de la noche, ardiendo en llamas. Todo se movía a mi alrededor, y una fuerte explosión dentro de la cabaña hizo que trozos de madera en llamas volaran por los aires como una tormenta de fuego. Escuchaba la respiración agitada de alguien, y juzgando por la velocidad a la que parecía estar atravesando el bosque, asumí que quien fuera que mi sueño me mostraba estaba escapando de algo, o de alguien.

El llanto de un niño comenzó a hacerse oír por encima del caos, y por algún motivo, sentí la desesperación en su voz infantil como si yo mismo la estuviera experimentando. Gritos incoherentes de dos personas sonaban a mi alrededor, confundiéndome aún más. Y entonces, una figura salió de las ruinas de la cabaña, caminando entre las llamas como si no le afectasen. Más gritos, más movimiento, destellos de colores a mi alrededor, un llanto más fuerte; el sueño se volvía cada vez más real, cada vez más peligroso. Y entonces la figura de fuego gritó algo, y un estallido de luz verde salió disparado desde él, como un tornado de muerte, envolviéndolo todo, acercándose cada vez más hacia el centro de mi sueño. Los ojos me ardían de sólo mirarlo, y mientras sentía que me arrastraba hacia el centro de aquel torbellino, el llanto y los gritos continuaban creciendo. La luz se acercaba, y toda mi existencia parecía estar reduciéndose a ese momento, esperando el impacto, que esa energía me alcanzara, consumiendo todo a mi alrededor, consumiéndome…

Y justo en ese momento, el ringtone de mi teléfono me despertó.

El ruido hizo que me sentara inmediatamente, notando el sudor que cubría mi cuerpo y al que mi pijama se pegaba. Al igual que la mañana anterior, mi mente agudizada e instintos sobrehumanos me tenían alerta y con la mente clara, como si me hubiera despertado hace una hora y no instantes atrás. Aún así, debí tomarme un par de segundos para respirar profundamente y calmar la ansiedad que mi sueño me había producido.

Estiré mi mano a un costado y tomé el teléfono. Tenía una llamada entrante de, nada más y nada menos, que Jordan. Quien, mi mente recordó, iba a venir a mi casa en la mañana para comenzar nuestro proyecto.

—Hola Jordan —dije mientras atendía en altavoz, tratando de sonar casual mientras me levantaba con una voltereta sobre mi cama, corriendo hacia mi armario para tomar la mejor ropa posible.

Hola, Lincoln —me saludó con su angelical voz—. ¿Te desperté?

—Pfft, no, estaba terminando mis, uh, ejercicios matutinos.

¿Así le dicen los chicos?

Estaba a mitad de ponerme los pantalones, y la sorpresa hizo que tropezara.

— ¿Me llamabas por algo en especial? —Pregunté, poniéndome de pie y terminando de vestirme antes de dirigirme al baño a asearme, tratando de que la vergüenza no impregnara mi voz.

Me acabo de subir al autobús, llegaré a tu casa pronto.

—Oh, de acuerdo.

Te aviso con tiempo para que ordenes tu habitación.

—Mi habitación está impecable, Jordan —dije mientras esquivaba el campo minado que era el suelo lleno de ropa y sábanas.

No lo dudo. ¡Nos vemos, Linc!

Tras colgar, eché un vistazo a mi habitación. Con una mueca, corrí a toda velocidad hacia el baño. Tenía mucho por hacer.


Cuando oí el timbre, lancé la escoba hacia el otro extremo de la cocina, con una incalculable precisión para que acabase de pie en el lugar donde solíamos dejarla. Me dirigí hacia la puerta de entrada, acomodando mi cabello con mis manos y aclarando mi garganta. Una vez convencido de que me veía tan bien como era posible, abrí la puerta.

Allí estaba ella, su melena rubia brillando bajo el sol matutino, con la única trenza reposando sobre su hombro izquierdo. Llevaba puesta una blusa amarilla y unos leggings negros, y no había un centímetro de su cuerpo que no irradiara belleza.

Estar frente a ella era como mirar al Sol encarnado.

—Feliz Día de la Identidad Secreta —le dije, rompiendo el hielo.

—Feliz día —me respondió.

El Día de la Identidad Secreta era uno de los tantos feriados que se habían instaurado en honor a los metahumanos. La fecha conmemoraba una horrible tragedia, en la que la familia de Thornhead, una de las más famosas heroínas de la época, había sido asesinada por supervillanos luego de que se hubieran dado a conocer datos personales de ella. Tras ese incidente, el Comité Internacional de Metahumanos había dictaminado que la identidad secreta de los metahumanos sin condenas se consideraba información protegida. Como tal, era ilegal el compartir, distribuir o revelar cualquier información personal de metahumanos, quienes ni siquiera estaban requeridos de revelar su identidad secreta a la policía hasta recibir una condena firme en la justicia.

Era una medida para proteger los derechos de una minoría tan buscada, envidiada, necesitada y odiada como era la de los metahumanos. Un recordatorio que los héroes lo arriesgaban todo por nosotros, y que lo mínimo que podíamos proporcionarles era la tranquilidad de que sus vidas personales no fueran invadidas o comprometidas.

Pese a la trágica historia detrás del reconocimiento, no dejaba de ser una fecha para agradecer la labor de los héroes. Era un feriado, por lo que no había clases, lo que me daba la oportunidad de también agradecer el hecho de que Jordan estaría allí conmigo.

—Huh, te ves bien —dijo ella, ojeándome de arriba a abajo—. Estaba segura de que te había despertado.

—Pfft, claro que no —dije, trabajando muy duro para obtener una nominación al Oscar—. Pasa, el desayuno está casi listo.

Ella sonrió, alzando las cejas y mirándome impresionada.

—Vaya, qué atento.

Sin decir más, entró a mi casa, y en cuanto cerré la puerta, fui muy consciente del hecho de que estábamos solos, sin nadie que nos interrumpiera. Limpié las sudorosas palmas de mis manos en mis pantalones y en seguida la acompañé hacia la sala.

—Ponte cómoda, ya vuelvo.

Asegurándome que los muffins estuvieran a punto antes de sacarlos del horno y que la chocolatada tuviera una agradable temperatura, coloqué el rápido e improvisado desayuno sobre una bandeja y lo llevé hacia la mesa ratona frente al sofá donde Jordan se había sentado.

—No es la gran cosa —me apresuré a decir, un poco avergonzado—, pero no sabía si ya habías desayunado en tu casa y no quería hacer algo muy pesado... En fin, espero que te guste.

Ella tomó su muffin y le dió un suave mordisco, cerrando los ojos y masticando con una sonrisa.

—Nada mal, nada mal —me felicitó—. No mentías cuando dijiste que sabías cocinar.

—Yo nunca miento. El sesenta por ciento de las veces, soy siempre honesto.

Ella se rió.

—Así no es como funcionan las estadísticas.

—Pues seré honesto y diré que las estadísticas no son lo mío.

— ¿Sabes qué? Te creo.

Los dos nos sonreímos, y más que mariposas, sentí fuegos artificiales en mi estómago. Los dos siempre nos habíamos llevado en buenos términos, pero sólo desde que Stella había llegado a nuestra escuela y se había integrado a mi grupo de amigos es que Jordan había pasado más tiempo con nosotros. No era usual que estuviéramos solos, y mi mente ya estaba trabajando a toda velocidad para encontrar una forma de demostrarle lo mejor de mí, de mostrarme como una buena persona y un buen chico. Debía demostrarle que era responsable, atento, inteligente, empático, gracioso…

Mantuve una muy escueta y banal conversación mientras terminaba de completar el plan en mi mente, y cuando ella terminó su muffin y chocolatada, decidí poner la Operación Demostrarle Que Soy Un Excelente Candidato Para Novio Y Con Suerte Invitarla A Una Cita Y También Pensar En Un Nombre Más Corto Para Esta Operación en acción.

—Oye…

—De acuerdo, ya lo retrasamos demasiado, hablemos de lo importante— dijo ella, interrumpiéndome con una gran sonrisa y moviendo sus rodillas como si no pudiera contener la emoción.

—Uh… ¿lo importante?

— ¡Vamos, no te hagas el despistado! —Se inclinó hacia delante, nuestros rostros acercándose más de lo que esperaba— ¡El nuevo Ace Savvy!

Cualquier intención de mostrarme como alguien inteligente ante Jordan se esfumó de inmediato. Una mezcla de sorpresa y terror me inundó por completo, y tuve que hacer un esfuerzo consciente para no dejar que mi mandíbula cayera abierta.

— ¿Qué?

Traté de fingir ignorancia en caso de que todo fuese un malentendido, y creo haber hecho un buen trabajo, pues me miró como si fuera un idiota.

— ¿En serio no viste nada? —Dijo, frunciendo el ceño— ¡Está en todos lados! Un chico parece tener los mismos poderes y armas que Ace Savvy, y anoche atacó a unos ladrones con un traje igual a los primeros de Ace. Todo el mundo está subiendo estados e historias sobre él. ¿Qué no has revisado nada?

—N-No, no estuve… Yo no…

Frío sudor caía por mis sienes y mi espalda. Sabía que los criminales serían interrogados por la policía, pero nunca imaginé que les creerían. Según Jordan, sin embargo, parecía ser que toda la ciudad se había enterado de mis escapadas de vigilante nocturno. Eso estaba totalmente fuera de mis planes, ya que atraer atención como superhéroe en Royal Woods no era nunca una buena idea. Sólo los valientes y los estúpidos lo hacían, y yo no creía pertenecer a ninguna de esas dos categorías.

Tras unos interminables segundos de pánico, ella pareció apiadarse de mí, tomando su teléfono y buscando algo.

—Ven, mira —dijo, invitándome a que me siente junto a ella.

Usualmente me habría puesto un poco nervioso por estar tan cerca de la chica más bonita de la escuela, pero en aquel momento la adrenalina y el miedo que recorrían mis venas hicieron que por poco me olvidara de mi enamoramiento con Jordan. Me senté a su lado, mi corazón latiendo a toda velocidad, y pude sentir mi rostro palideciendo cuando vi el nombre del video: "Nuevo Ace Savvy niño DESTRUYE a rufianes con AGILIDAD y RECURSOS".

Y en cuanto ella le dio play, entendí de inmediato de dónde había salido el video. Era claramente una filmación de teléfono celular, casera, fuera de foco, oscura, y con el sonido de muchos jóvenes gritando. Los mismos jóvenes que habían estado jugando al baloncesto. Habían registrado toda la confrontación, aunque afortunadamente para mí, no habían logrado grabar ningún detalle incriminatorio que pudiera dar algún indicio de quién era. Aún así, era muy sencillo verme con mi traje casero de Ace Savvy, luchando contra dos hombres varias veces más grandes que yo, moviéndome con agilidad y atacando con precisión.

El video completo duraba menos de dos minutos, pero Jordan supo de inmediato que quería verlo de nuevo, reproduciéndolo sin siquiera preguntarme. Incluso en mi anonadado estado emocional, tuve que admitir que verme pelear era realmente impresionante. Claramente no estaba al nivel del verdadero Ace Savvy, pero nadie podría ver ese video y no considerarme un verdadero héroe.

Lo cual, por más genial que sonaba, no paraba de asustarme.

— ¿Y? ¿Qué te parece? —Me preguntó, guardando su teléfono pero permaneciendo a mi lado.

—Yo… no sé qué decir —dije con honestidad, pues había mil pensamientos enfrentándose en mi mente, luchando en un Battle Royale para ver cuál de todos podría ser procesado por mi sobrecargado cerebro.

—Sí, bueno, hay muchas opiniones encontradas —explicó ella, sonando un poco molesta—. Algunas personas están enfadadas porque tomara la identidad de Ace Savvy tan pronto. Y algunos dicen que es muy joven para ser héroe.

—P-Pero no sabemos si es un héroe de verdad.

— ¿Estás bromeando? ¡Persiguió a estos ladrones que habían robado los audífonos de una niña sorda, los venció, los dejó listos para la policía, y le devolvió los objetos a sus dueños! No hay nada más heroico que eso.

—Es un niño. No parece tener más de… trece o catorce años —dije, evitando deliberadamente usar nuestra edad.

—Sí… es muy peligroso. Pero por supuesto que él lo sabe, y aún así lo hizo. Algunos dicen que es el hijo del verdadero Ace Savvy.

— ¿Por qué creen eso?

— ¡Mira su traje! —Dijo, poniéndome el teléfono en la cara— ¡Sus movimientos! ¡Tiene sus mazos y su arma de garfio! Quizás no sea el hijo, pero definitivamente fue entrenado por él.

No se me ocurrió ninguna forma de argumentar contra esas ideas sin comprometer mi posición, por lo que tuve que seguirle la corriente.

—No lo sé, Jordan… Sólo porque haya hecho eso no significa que sea un héroe. ¿Qué tal si sólo lo hizo por una vez? Nadie quiere ser un héroe de verdad aquí en Royal Woods. Yo… no me imagino a un niño corriendo ese riesgo.

De ninguna forma iba a convertirme en héroe. Esto había sido un hecho aislado. Había estado allí cuando el robo había tenido lugar, y sólo por casualidad es que había escuchado los planes de los criminales. Mi idea era sencillamente rectificar ese único acto de injusticia que había presenciado. Saldar mi deuda con Ace Savvy al devolverle una sonrisa a una familia que había sufrido un acto de inseguridad.

Ir en aquella misión de justicia había sido increíblemente peligroso. Nadie tenía el derecho de pedirme que arriesgara mi integridad y la de mi familia. Yo no era un héroe, no tenía entrenamiento, no tenía experiencia, ni siquiera había tenido poderes hasta hace dos días. Nunca había sido mi intención pretender ser uno, y lamentaba profundamente que mucha gente estuviera haciéndose ilusiones.

Más que nada, sin embargo, me dolía mucho ver el rostro decepcionado de Jordan. Mis palabras parecieron desanimarla. Guardó su teléfono, y con hombros caídos, se recostó contra el sofá.

—Sí… quizás tengas razón —admitió, sonando derrotada—. Supongo que un acto heroico no hace a un héroe.

—Es decir, no lo sé, sólo digo que quizás debamos esperar antes de… ilusionarnos —dije, tratando de empatizar con ella.

—No es que me ilusione… O bueno, sí. Es sólo que… desde que Ace Savvy murió, no me he sentido muy segura. Mis papás tampoco. Incluso hablan de querer irse de la ciudad.

Escuchar esas palabras fue como tragar una esfera de plomo, pesando en mi estómago y casi literalmente empujándome hacia abajo. No sólo por el obvio hecho de que la chica que me gustaba estaba diciéndome que podría estar mudándose, sino por el terrible hecho de que era todo mi culpa.

—No tenía ni idea —admití.

—No tenemos héroes —se lamentó—. No sienten que estemos a salvo.

— ¿Y qué hay de Nova y Eclipse?

—Ellas son las únicas heroínas nuevas en demasiados años. Y han dicho que fueron inspiradas por Ace Savvy. Si no fuera por él, no estarían arriesgándose de esta forma. Pero ahora él ya no está. Ya no podrá inspirar a nadie más. Por eso me puse muy contenta cuando me desperté y vi estos videos. Sé que es muy egoísta de mi parte, pero… Me siento más segura sabiendo que hay héroes ahí fuera. Incluso si nunca he tenido que ser salvada, saber que la gente común como yo no está sola me da esperanza.

No había nada que quisiera más que consolarla, pero sus argumentos generaban un conflictivo tumulto de emociones en mí. Tenía toda la razón. Ace Savvy era el símbolo de la esperanza de Royal Woods. Una ciudad maldita donde todos los héroes perecían excepto él. Era la encarnación de la justicia, la realización del máximo potencial que cada uno de nosotros llevaba dentro. Su impacto en la vida de todos nosotros era mucho más que simplemente los crímenes que evitaba o resolvía.

Toda mi vida había admirado a los héroes no sólo por sus poderes, sino por su desinteresada voluntad por ayudar a los demás, incluso si eso significaba arriesgar su propia vida. Era realmente increíble pensar que había personas con ideales tan fuertes. Saber que ellos estaban allí fuera nos daba tranquilidad.

Pero era también una gran excusa para no ser mejores personas. No digo que yo sea un canalla, pero creo que es normal para todos nosotros el tener la oportunidad de hacer una buena acción o de poner los intereses de otras personas por sobre los nuestros, y sin embargo elegimos el beneficio individual y propio. Es incluso más fácil no ser personas ejemplares cuando no tienes poderes.

— ¡Oh, si tuviera poderes, yo también sería un héroe! —Te encontrarías diciendo. Y sin embargo, nunca tomarías las pequeñas acciones que están al alcance de tus posibilidades para ayudar a los demás. Resulta muy sencillo excusarnos de no ser la mejor versión de nosotros mismos sólo por no ser metahumanos.

Todos estos pensamientos se desarrollaban en mi mente mientras Jordan continuaba reproduciendo videos acerca del "nuevo Ace Savvy", incluyendo compilaciones de influencers locales reaccionando al video original en sus redes sociales. Debo admitir que escuchar las reacciones de tantas personas a mi actuación como héroe era extrañamente gratificante.

¡Mira esos movimientos! ¡Está en nivel asiático con esas artes marciales!

O sea, normalmente diría que es demasiado pronto como para que alguien tome el manto de Ace Savvy, ¿entienden a lo que me refiero? Pero esto también envía un mensaje a los delincuentes; no se crean que ya tendrán carta blanca para hacer lo que quieran en la ciudad.

¿Cuánto creen que aguante como héroe? Yo le doy seis meses como mucho. ¡Ojalá que me equivoque!

¡Madre mía, madre mía, ostia chaval, este chico es una bestia parda!

Eventualmente, Jordan bloqueó su teléfono y lo dejó sobre la mesa.

—Te ves muy confundido.

—Lo estoy —admití.

—Yo también. Creo. La verdad es que me siento muy feliz, pero no sé si debería. ¿Crees que es un poco malintencionado desear que se vuelva un héroe, sabiendo lo que les ocurre?

—No, para nada —dije de inmediato, sin siquiera pensar en la respuesta, sólo tratando de hacerla sentir bien.

—Quizás tengas razón y lo haya hecho por única vez y ahora vuelva a tratar de llevar una vida normal. A veces me da un poco de pena que los metahumanos tengan que ocultar sus poderes. No deber ser fácil tenerlos pero no poder usarlos por miedo a que te ocurra algo.

—Sí... imagina tener lo que se necesita para cambiar las cosas para bien, pero no poder ayudar a nadie.

Jordan se encogió de hombros y suspiró.

—En fin, no hay nada que nosotros podamos hacer al respecto. Lo que sí podemos hacer, —dijo, abriendo su mochila y sacando un cuaderno y un lápiz— es empezar a definir nuestro proyecto de investigación. ¿Tienes alguna idea? Estaba pensando que podríamos investigar acerca de la industria del entretenimiento de superhéroes antes y después de la aparición de los metahumanos. El fin de la Edad de Bronce y todo eso.

—Eso suena genial. Estudiar cómo cambiaron las historias y los poderes que se les daba a los héroes.

—Y cómo se usaban paralelismos entre héroes reales y sus contrapartes de cómics para criticarlos o defenderlos.

—Sí, y todos los problemas legales que tuvieron. ¿Recuerdas cuando la Casa de las Ideas demandó a Kenku por tener un traje muy parecido al de Halcón?

Jordan rió, anotando ese dato en su cuaderno.

— ¿Entonces te parece bien? ¿Hacemos eso?

—Sí, claro. Me gusta mucho.

— ¡Perfecto!

Ella comenzó a escribir varias ideas acerca de elementos a investigar y estudiar, preguntándome regularmente para corroborar que recordaba bien estos datos. Ella, al igual que todos los chicos del mundo, había estudiado Historia de los Metahumanos en la escuela. Siempre empezábamos por los semidioses griegos, mitos y leyendas de la antigüedad y el medioevo, y eventualmente llegábamos al siglo XX y la publicación de cómics y series de televisión. Era normal que todos tuviéramos un entendimiento al respecto, pero yo en particular tenía una fascinación casi obsesiva. Era un apasionado de los cómics, y creo que era seguro decir que sabía y recordaba más que la mayoría de los chicos de mi edad.

Estudiar a los metahumanos había sido uno de mis más grandes hobbies desde que tenía uso de razón. Clyde y yo los idolatrábamos, los teníamos en un pedestal sagrado como un modelo a seguir y un ejemplo de conducta y del potencial de todos nosotros. Ese entendimiento me llevaba siempre a fantasear con tener poderes. Con convertirme en un héroe y ayudar a los demás. Con algún día seguir los pasos de Ace Savvy y proteger Royal Woods de las fuerzas del caos y el mal. Nunca había sido más que una pequeña fantasía, un deseo que desaparecía en cuanto abría los ojos y volvía a mi realidad de humano común y corriente.

Mis ojos estaban abiertos, sin embargo, y la chispa se extendía dentro de mí como un fuego salvaje. La llama crecía y crecía, alimentándose de mis fantasías de pequeño, del aprecio que aquellas personas en redes sociales parecían tener al verme, de las palabras de Jordan, y más importante aún, de mi propia culpa. Una única buena acción quizás no sería penitencia suficiente por la muerte de Ace Savvy. Lo que le había quitado a la ciudad era mucho más que ello.

Y no quería sentirme endeudado.


— ¿A dónde vas? —Preguntó Harold.

—A la biblioteca, a buscar información para mi proyecto escolar —le respondí a mi papá, colocándome un casco rojo.

— ¿Qué no estuvieron Jordan y tú toda la mañana trabajando en ello?

—Elegimos el tema de investigación y creemos tener una idea sobre qué va a ser nuestro trabajo, pero tenemos que investigar. La profesora quiere que usemos citas y bibliógrafos.

— ¿Bibliografía?

—Uh, sí, eso.

Mis papás sonrieron ante mi ignorancia.

—Muy bien, pero cuidado en cada esquina yendo hacia allí, ¿de acuerdo? Y ten teléfono a mano para llamarnos si necesitas algo.

— ¡Ok! Díganle a Clyde que volveré para el juego de Calabozos y Dragones. ¡Nos vemos!

Se despidieron de mí con un abrazo, y enseguida salí de mi casa, subiéndome a la bicicleta que había dejado allí preparada. Con la mochila (casi) vacía en mi espalda, comencé a pedalear en dirección a la biblioteca. Era increíble lo rápido que podía andar sin cansarme ni sentir que perdía el control, y el viento en mi rostro se sentía cómodo y agradable, apaciguando los nervios y la adrenalina que recorrían mi cuerpo.

Habiendo pasado ya un par de calles, y tras mirar atrás para asegurarme que mis padres no habían decidido tomar el auto e ir a hacer las compras o algo así, giré en una esquina, desviándome del camino que ellos supondrían que tomaría si fuera a la biblioteca. Y es que ese no era allí a donde me dirigía. No, mi primera parada estaba lejos de la biblioteca.

Avenida Wayne, 1939. La casa de Nifty Spade, arqueólogo de día, super héroe y símbolo de esperanza por la noche.

Había pocas casas en la manzana y no parecía haber nadie muy atento. Decidí no correr riesgos, sin embargo. Presioné la insignia que me había dado antes de morir para que la entrada de rejas se abriera, y accedí pedaleando en mi bicicleta. Nunca había intentado subir una escalera mientras andaba, pero logré hacerlo de forma natural y rápida. Llegué a la puerta, y accedí sin demorar un instante.

Una vez dentro, fui directo hacia la estantería central de libros y moví el libro rojo del tercer estante. Pivoteó en su lugar, y tras una cacofonía de engranajes encajando y moviéndose, la sala entera se estremeció como si un terremoto la azotara. Los muebles desaparecieron, las paredes se plegaron en sí mismas, y tras unos fascinantes segundos, la guarida secreta de Ace Savvy estaba a mi disposición.

Abrí mi mochila y tomé el traje que allí había guardado. Me cambié tan rápido como pude, y cinco minutos más tarde, un nuevo héroe estaba listo para salir a patrullar las calles de Royal Woods, armado con los mazos y poderes de Ace Savvy, y con una cuenta que pagar.

Me dirigía hacia la sala fuera de la guarida secreta, donde había una foto de Nifty. Su sonrisa y ojos claros me miraban casi como aprobando mi decisión, o al menos eso fue lo que esperaba en mi interior.

—No te defraudaré, Ace —le prometí a la foto, cerrando mi puño sobre mi corazón y estableciendo una promesa que no rompería.

El problema era que no tenía la más mínima idea de cómo empezar. ¿Cómo hace un héroe para patrullar la ciudad? ¿Cómo saber dónde habría crímenes? Quizás era simplemente correr por los techos de la ciudad y esperar a tener la suerte de estar en el lugar indicado en el momento justo. Eso también sonaba a una de las características de los héroes. El tener la suerte de estar allí cuando correspondía.

—Supongo que iré al distrito de negocios. Es prácticamente el centro de la ciudad, la parte más transitada… si ocurre algo, probablemente sea por allí.

Mi única preocupación era encontrar una manera de llegar hasta allí, vestido como Ace Savvy, sin que nadie me viera. No era tan sencillo como cuando había ido de noche. Moverme por la ciudad de día garantizaba que alguien me viera. Me acerqué a la mesa holográfica con el mapa de Royal Woods, buscando alguna ruta para moverme, pero no había caso. Sin importar por qué calle fuera, me estaba arriesgando a ser visto.

Y entonces, la lamparita sobre mi cabeza se encendió.

— ¿Quién dice que tenga que ir por la calle?

Con una sonrisa, me dirigí hacia la salida, satisfecho con mi genial idea, y listo para iniciar mi patrullaje.


—Esta es la peor idea que jamás he tenido —dije, tosiendo y cubriendo mi nariz con mi capa.

Mi magnífica idea había sido algo que había visto a héroes hacer en muchos cómics: moverse a través del sistema de cloacas. Sólo tenía que ir a la alcantarilla fuera de la casa de Ace, levantar la tapa con mi fuerza aumentada, y boom, ya estaba oculto de la sociedad. Por supuesto, había una muy buena razón por la que nadie se metía en las alcantarillas: apestaban.

Literalmente.

Tratando de inhalar lo menos posible y de no mirar hacia el río de agua contaminada que circulaba entre los dos caminos, avancé por los túneles, guiándome y calculando las distancias con las distintas salidas de alcantarillas que aparecían regularmente.

Nunca había estado en un laberinto, pero la red de cloacas de la cuidad me mareó y confundió como si de uno se tratara. Los caminos secundarios se abrían cada tanto, y aunque al principio era fácil seguir el camino principal, las intersecciones y los giros que parecían volverse más seguidos mientras más me alejaba de la mansión lograron desorientarme. Mi mente aguda, sin embargo, pareció muchísimo más afilada que de costumbre, y pude mantenerme en rumbo.

Eventualmente, si mis cálculos mentales no me fallaban, había avanzado lo suficiente como para llegar a la zona céntrica. Encontré una pequeña escalera metálica que llevaba a la entrada de la alcantarilla. Una vez allí, la levanté apenas una pulgada. Miré alrededor, notando que había un par de personas caminando por las aceras. Esperé pacientemente algunos segundos hasta que estaban de espaldas a mí para terminar de levantar la tapa de la alcantarilla y con cuidado, aventurarme fuera de los túneles. Fui capaz de reconocer uno de los edificios por un cartel publicitario que tenía en la azotea. Estaba, efectivamente, en el centro de la ciudad. Un lugar perfecto para comenzar a patrullar.

Actuando rápidamente, tomé la pistola-gancho de Ace Savvy, y con precisión, logré lanzarlo hasta que se aferró a una de las cornisas. Preparado para recibir el azote de la fuerza de tracción, oprimí el pequeño botón rojo, y de inmediato fui catapultado por los aires hacia mi destino. A último momento, estiré mi pie y me di un último impulso en el borde del muro para elevarme más allá de la cornisa y caer de pie sobre la azotea, con mi capa siguiendo dramáticamente el movimiento.

Ser un superhéroe era como tener mi propia aura de Paladín. Aura de Genialidad: Empezando en el nivel seis, obtienes un bonus para Tiradas de Verse Cool igual a tu bonificador de proficiencia. Hasta mis caídas eran con estilo.

Una vez en la azotea, puse de pie en la esquina, y mi capa flameó con el viento. Estacionado como una gárgola, comencé a escanear los alrededores, observando los peatones y vehículos moviéndose por la calle. Todas estas personas, sin saberlo, estaban ahora bajo mi protección, y no dejaría que nada les ocurriera. Me quedé de pie, a la espera de que algún crimen ocurriera en mi área.

Esperé pacientemente, listo para actuar ante el primer grito de auxilio. Y esperé. Y esperé. Y esperé.

Tras una hora y media, ya nada quedaba de mi pose heroica. Estaba acostado boca arriba, un pie fuera de la cornisa y colgando hacia la calle, mientras miraba las nubes y trataba de encontrar una que se pareciera a Jordan. Patrullar no era nada como me lo imaginaba. ¿Era mi estrategia equivocada? ¿Patrullar implicaba moverme por toda la ciudad, o estaba en lo correcto al estar en un lugar ocupado y alto desde el cual llegar a la acción en cuanto apareciera?

—Debería haber traído mi teléfono —me lamenté—. Podría revisar las noticias en tiempo real. O al menos ver videos para entretenerme. Incluso podría estar adelantando mi trabajo de investigación con Jordan. Tengo que hacer lo mejor que pueda, demostrarle que soy un excelente compañero y lo suficientemente inteligente como para sacarnos una gran nota. Si logro impresionarla, quizás pueda invitarla a…

¡DETÉNGANLO!

Un grito desde la acera me sobresaltó. Bufé, un poco molesto. La gente podía ser muy ruda a veces, interrumpiendo mis soliloquios mientras-

Cuando mi mente finalmente comprendió lo que estaba ocurriendo, me puse de pie con un salto y miré hacia la calle. Algunas personas parecían moverse a un lado mientras un hombre corría a toda velocidad, empujando a quien se encontrase en su camino. Tenía algo en su mano, una billetera o algo así, no pude ver bien desde la distancia. Otro hombre corría tras él, agitando los brazos.

— ¡Deténganlo! ¡Robó mi teléfono!

Era mi oportunidad. Mi segundo robo a resolver. Temblando un poco por la ansiedad y la emoción, vi cómo el criminal giraba al llegar a la esquina. Comencé a correr hacia el otro lado de la azotea donde me encontraba, buscando poder interceptarlo antes de que se alejara demasiado. Corrí hacia el pulmón de manzana y salté tan lejos como pude, impulsándome cómodamente más de cinco metros en el aire. Aprovechando el momento de mi impulso, accioné mi pistola-gancho y en un instante logré cruzar al edificio de enfrente. Guardé la pistola en mi cinturón de utilidad y me asomé por el borde del edificio. El criminal estaba acercándose a mi posición. En pocos segundos pasaría por debajo de mí.

Calculé la distancia. Me encontraba a unos quince metros de altura, y por más que quisiera iniciar oficialmente mi carrera como vigilante con un aterrizaje de superhéroe, lo cierto es que no estaba seguro de que mis rodillas aguantasen una caída tan alta. Definitivamente no iba a presentarme al mundo rompiendo mis piernas tratando de atrapar a un criminal.

Analizando rápidamente la situación, formulé un plan. Me es difícil explicar cómo fue que mi mente realizó los cálculos físicos necesarios para asegurarme que funcionaría; sólo seguí mi instinto. Salté hacia un poste de luz frente a mí al mismo tiempo que una de mis manos presionaba el disparador del mazo de Aces verdes. En cuanto llegué al poste, me deslicé como si de un caño de bomberos se tratase, y una vez que llegué a una altura relativamente segura, lancé el As hacia el suelo al tiempo que saltaba una vez más, buscando un punto libre de la acera donde no corriera riesgo de aplastar a nadie.

Cuando el As impactó contra el concreto, la carta estalló en una nube, tomando por sorpresa a los peatones y al ladrón. La cortina de humo se expandió lo suficiente como para cubrir mi caída, mostrando quizás tan sólo una sombra que desde las alturas aterrizaba frente al criminal, interrumpiendo su huída.

Oí exclamaciones de sorpresa e incluso de miedo, pues la pequeña explosión seguramente tomó desprevenidas a las personas que se encontraban en los alrededores. Decidí no decir nada, y aprovechando que la nube de humo pronto se disiparía, acomodé mi pose para que pareciera que había hecho un aterrizaje de superhéroe de ley.

Algunos segundos después, la brisa despejó el humo, revelándome ante los ciudadanos.

— ¡Es él!

— ¡Es el niño!

— ¡Un héroe!

Los gritos de la gente de ambas aceras se mezclaban en una eufórica sinfonía de admiración y sorpresa. Levanté la vista, cruzando los ojos por primera vez con el delincuente, que se encontraba a unos cinco metros de mí. Era un chico joven, en sus veintitantos años. Llevaba puestas ropas deportivas, como si volviera del gimnasio, con sus brazos al descubierto y mostrando unos bastante bien tonificados músculos. Daba toda la apariencia de ser una persona atlética, el tipo de adulto que normalmente evitaría enfadar a toda costa.

El hombre se detuvo en seco, sus zapatillas deportivas rechinando con el súbito parate. Me observó de arriba a abajo, estudiándome y, me pareció, tratando de discernir si es que era realmente un héroe o sólo un niño con disfraz. Imaginé que seguramente me habría visto en las noticias, pero quién sabe. Quizás estaba robando un teléfono porque no tenía internet para ver videos o leer las noticias.

El tiempo se detuvo mientras nos mirábamos como en un duelo del viejo Oeste, midiéndonos y esperando a que uno de los dos hiciera el primer movimiento. Asumí que, como héroe, quizás eso era algo que me correspondía a mí, por lo que me puse de pie, abriendo mis piernas, expandiendo mi pecho y colocando mis brazos en jarra, tratando de verme más grande de lo que realmente era. Estaba buscando también verme como Ace Savvy, pero incluso yo sabía que eso no sería posible. Ace medía más de un metro ochenta, mientras que yo era todavía un niño.

No podía instaurar el mismo respeto que él desde mi presencia física… pero creía conocerlo y haberlo estudiado lo suficiente como para imitar su carisma y su forma de hablar.

—Veo que vas con prisa —le dije, sonriendo y tratando de ocultar cuán nervioso me sentía realmente—, ¿te perdiste el autobús?

Se lo veía bastante tenso, y dio un tímido paso hacia atrás. Creí detectar cautela y cierto temor, por lo que traté de capitalizar el momento y, con suerte, evitar una confrontación directa.

—O quizás necesitabas hacer una llamada urgente —mencioné, dejando que mis brazos se movieran con decisión mientras comenzaba a acercarme a paso lento—. ¿Es por eso que le pediste prestado el teléfono a aquel hombre?

—Piérdete, mocoso, no te metas donde no te llaman —me dijo con desdén, aunque su lenguaje corporal continuaba informándome de cierta reticencia, como si no se sintiera tan valiente como profesaba.

En eso estábamos iguales.

—Quizás hayas tenido un mal día —le dije, extendiendo una de mis manos—. Lo entiendo, todos cometemos errores. Dámelo y evita seguir cometiendo más.

Chequeo de persuasión. ¿O era de intimidación? A criterio del DM, supongo.

Detrás de él, vi finalmente al dueño del teléfono, habiendo alcanzado al ahora inmóvil delincuente. El rostro enfadado del hombre se transformó inmediatamente en uno estupefacto, y estoy seguro de que en aquel momento lo que más le molestaba de no tener su teléfono en mano era no poder fotografiarme.

Pude ver en los ojos del ladrón cómo analizaba la situación en la que se encontraba. Quizás habría podido escapar si corría lo suficientemente rápido como para que nadie tuviera tiempo de reaccionar, pero ahora se encontraba rodeado por un pequeño grupo de personas que nos observaban como si de un espectáculo se tratase. Y, por supuesto, me tenía a mí, dispuesto a detenerlo a cualquier precio.

Él parecía no ser muy consciente sobre esto último, sin embargo.

—Deja de fingir. Todos sabemos que no eres un héroe. ¡No engañas a nadie!

Apreté los puños, cerré mis labios, y dirigí nerviosas miradas hacia los adultos que nos miraban. Todos tenían sus ojos fijos en mí, esperando mi respuesta. ¿Creerían lo mismo que aquel sujeto? ¿Estarían preguntándose si realmente era yo alguien digno de ser llamado héroe?

—Ya lo veremos —dije, sin darme cuenta, en voz alta. Moví un pie hacia delante, girando levemente mi torso, preparándome para defenderme si me atacaba, o esprintar hacia él si es que no se rendía.

Creo que sería correcto decir que aquel error fue producto de mi inexperiencia. Quizás mi cambio de postura se vio demasiado agresivo, pues de inmediato el ladrón me lanzó con lo único que tenía en sus manos: el teléfono del pobre hombre al que había robado. Claramente tenía mucha fuerza en su brazo, pues el teléfono voló por los aires a una tremenda velocidad, pero lamentablemente, su energía no estaba bien direccionada, y el teléfono iba directo a una colisión fatal con el suelo de concreto un metro a mi derecha.

En ese instante, mis reflejos e instintos estallaron a la máxima potencia, y me lancé hacia el costado con una voltereta en mente. Mi mano izquierda apoyó primero, mientras el resto de mi cuerpo se levantaba casi en forma vertical a la vez que realizaba un giro de ciento ochenta grados. Con mi mano libre, logré atrapar el teléfono -de última generación, dicho sea de paso-, aprovechando mi giro para que el brazo tuviera recorrido de amortiguación y no se dañase en lo más mínimo.

El show de destreza fue acompañado con el rápido y flamante movimiento de mi capa, la cual me siguió mientras me impulsaba con la única mano que tenía de soporte para volver a una posición de pie.

— ¡Deténganlo!

Tan sólo me había demorado un par de segundos, pero el delincuente aprovechó la distracción para intentar huir. El dueño del teléfono y otro hombre de los espectadores trataron de detenerlo, quizás actuando por vocación heroica, o quizás queriendo mostrarse valientes frente a un héroe. Podría decirse que mi presencia los inspiraba, lo cual alegró mi corazón.

Corazón que casi se detuvo al ver que el joven logró darle un potente gancho con el puño izquierdo a uno de los hombres, sonando con un doloroso golpe seco y enviándolo trastabillando hacia la calle, donde un auto se acercaba sin tiempo a detenerse.

Una vez más, mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, en un estado de alerta y adrenalina que nunca antes había experimentado.

Con el teléfono celular aún firmemente sostenido en mi mano, me lancé a toda velocidad hacia el hombre, moviéndome como una saeta roja. Todo parecía moverse en cámara lenta mientras veía cómo él continuaba tratando de mantener el equilibrio y no caer, lo cual irónicamente lo hacía tambalearse más lejos en dirección a la calle, donde el vehículo continuaba avanzando sin darse cuenta de lo que estaba por ocurrir. Nadie alrededor atinó o tuvo tiempo de reaccionar, e incluso tuve que perder algunos imprescindibles instantes en rodear a algunas personas para no chocarlas.

Finalmente, el pie del hombre resbaló por el cordón de la calle, terminando de hacerlo tropezar e iniciando su caída justo hacia donde el automóvil se dirigía. Yo me encontraba ya casi junto a él, por lo que salté para ganar los últimos y necesarios centímetros que necesitaba. Estiré mi mano, tratando de tomarlo por su traje o su camisa… pero no fui lo suficientemente rápido.

El tiempo se detuvo por unos eternos momentos, en los cuales absorbí todos los detalles a mi alrededor, como si mi cerebro fuera una supercomputadora procesando una increíble cantidad de información, buscando algo, una solución, una oportunidad. El auto se acercaba. El hombre, a quien yo veía como si se encontrase suspendido en el aire, tenía su boca abierta y ojos cerrados, recuperándose del golpe recibido. No podía permitir que sufriera un accidente. No en mi guardia. No podía dejar que nada le ocurriera. Debía haber algo que pudiera hacer, algo de lo que aferrarme…

Y fue entonces que, en una chispa de inspiración, noté que su corbata estaba separándose de la camisa debido a la inercia de su caída. Imaginé que podría dolerle, pero entre un hematoma en el cuello e impactar contra un auto, supuse que podría perdonarme. Con un rápido y desesperado movimiento, mis dedos lograron estirarse y cerrarse alrededor de su corbata, tirando de inmediato con toda mi fuerza hacia mí.

Como si hubiera estado atado a mi pistola-gancho, el hombre fue impulsado de regreso hacia la acera, con un auto pasando detrás de él tan sólo un momento después. Los dos caímos sobre la acera, mientras las personas a nuestro alrededor jadeaban, muchos de ellos notando tan sólo entonces la peligrosa situación que había evitado. Me permití una respiración, agradeciendo a mis nuevos poderes el haber podido reaccionar a tiempo.

Jamás me perdonaría si algo malo hubiera sucedido.

Aquello me dejó algo en claro: la gente estaba en riesgo, y ya no podía darme el lujo de permitir que ningún otro peatón resultase herido o puesto en peligro. Había tratado de negociar o de resolver esto sin tener que enfrentarme, pero ahora estaba decidido a tener que neutralizar las amenazas cuanto antes para evitar daños colaterales.

Con un movimiento digno de una batalla de breakdance, mis piernas giraron como un trompo y me impulsaron para ponerme de pie. Pese a todo lo que había ocurrido dentro de mi mente, la realidad es que no más de algunos segundos habían transcurrido, y de inmediato pude ver en dónde se hallaba el delincuente, corriendo a toda velocidad lejos de mí.

Sintiéndome un ninja de la aldea oculta entre las hojas, comencé a perseguirlo, moviéndome como un rayo mientras la gente a mi alrededor comenzaba a aplaudir y felicitarme.

— ¡Bien hecho!

— ¡Ve por él!

Pasé junto al dueño del teléfono y se lo di en la mano. El hombre estaba demasiado sorprendido como para reaccionar, apenas atinando a tomarlo.

— ¡Atrápalo, Ace! —Me dijo, finalmente.

Fue como si el apoyo de la gente me llenara de combustible, impulsando mis piernas para que me deslizara por la acera tan rápido como me era posible. Con los ojos fijos en mi objetivo, esta vez tenía más claro que nunca que no podía permitirme ni el más mínimo error. Una nueva determinación había florecido en mí, el entendimiento de que mi responsabilidad era la de proteger y cuidar a todas las personas de la ciudad. Yo era su nuevo héroe, su protector. Su faro de esperanza en la oscura noche de incertidumbre que todos vivíamos.

El hombre echó una mirada por encima de su hombro, sus ojos cruzándose con los míos.

— ¡Tienes derecho a permanecer callado! —Le grité, esperando que entrase en razón y se detuviera.

No lo hizo.

Nuevas personas desde ambas aceras aparecían mientras corríamos, y todos parecían señalarme emocionados o al menos intrigados.

Durante la persecución, me sentía imparable, como una lanza imposible de detener o desacelerar. Él trató de detenerme, de obstaculizar mi paso. En cuanto pasó por un cesto de basura, rápidamente lo tomó con ambos brazos y lo lanzó en mi dirección, como si de Donkey Kong se tratara. El cesto, bastante cargado por cierto, se trasladó en el aire antes continuar rodando hacia mí.

No sé qué estaba pensando, pero no tuve problema alguno en realizar un salto mortal para evitarlo, pudiendo incluso permitirme estirar mi mano para tomar el cesto por el borde, detenerlo, y aprovechar mi voltereta para volver a colocarlo de pie en la acera.

— ¡Wooo! ¡De eso estoy hablando! —Celebró la gente, ocasionándo que sonriera satisfecho, pero también determinado.

¿Robar un teléfono? Un delito, sí, pero de la clase de delitos que uno podría entender si es que alguien necesitaba dinero para alimentar a su familia. ¿Contaminar las calles tirando basura? Un crimen imperdonable.

— ¡Todo lo que digas puede y será usado en tu contra! —Continué, ganando un importante avance sobre él tras su pausa para lanzarme un cesto— ¡Tienes derecho a un abogado!

— ¡Ya cállate! —Me gritó, volviendo a lanzarse a la huída

No continué recordándole sus derechos, ¡pero no porque él me lo dijera! Honestamente, sólo sabía hasta esa parte. ¿Era parte del trabajo de un superhéroe aprender derecho y las leyes, o podía evitar tener que estudiar todo aquello?

Ya tendría tiempo para preocuparme por los requerimientos académicos de mi nuevo trabajo. Lo importante era que mi perseguido acababa de cruzar por la mitad de la calle, generando bocinazos y haciendo que vehículos se detuvieran para no arrollarlo. No queriendo alterar el tráfico más de lo necesario, usé mi pistola-gancho para colgarme de un poste de luz en la acera de enfrente, deslizándome por el aire con mi capa ondeando tras de mí mientras bajaba del poste tal y como había hecho tan sólo unos minutos atrás.

La distancia entre nosotros era ahora mucho más escasa, y en aquel momento, ya no había gente entre él y yo. Tenía unos quince metros libres entre él y yo.

—Hora de acabar con esto —murmuré, mientras presionaba el mazo de cartas azules.

Un As con el símbolo y bordes de un brillante azul eléctrico salió disparado hacia la palma de mi mano. Comencé a apretar el centro de la carta, y mientras lo mantenía presionado, un pequeño zumbido comenzó a resonar desde dentro de la carta, cada vez más y más agudo. Esperé algunos segundos, dejándolo cargar, antes de tomar impulso con mi brazo y lanzar la carta en una fuerte, rápida, contundente y precisa trayectoria recta.

El naipe voló por el aire zumbando como un dron, golpeando de lleno en la espalda al criminal. En cuanto se produjo el contacto, la descarga eléctrica que había estado generando se liberó, paralizándolo en medio de su huída y haciéndolo tropezar.

Satisfecho con mi puntería, me acerqué a él. Estaba tratando de ponerse de pie, sus músculos aparentemente aún entumecidos por la pequeña corriente eléctrica. Cuando Ace Savvy los lanzaba, usualmente sus objetivos quedaban paralizados por al menos un minuto. ¿Lo había cargado demasiado poco, o no había logrado golpear en un punto nervioso importante?

—No hagas esto más difícil de lo que es —le advertí, tratando de sonar sereno.

Moviéndose más rápido de lo que anticipé, se puso de pie y volteó tratando de lanzarme un golpe. Tan sólo di un paso al costado para evitarlo. Lo tomé de la muñeca y giré su brazo con un movimiento ágil y contundente, desequilibrándolo. Aprovechando su pésima posición, no tuve más que barrer el suelo con mi pie para que cayera estrepitosamente de espaldas al suelo.

— ¡Ugh!

Trató de levantarse una vez más, pero coloqué un pie sobre su pecho, mirándolo con seriedad.

—Ya terminamos. No me obligues a noquearte —le advertí.

Algunas personas nos habían seguido, y otros se encontraban caminando con normalidad hasta cruzarse con nosotros, por lo que nuevamente un pequeño grupo de espectadores nos estaban observando. Y como si el destino estuviera tratando de darme una mano, una sirena de policías sonó cerca nuestro, y pronto unos oficiales se acercaban, pistola en mano, hacia donde nos encontrábamos.

El ladrón reconoció su situación, y tras tratar de moverse un poco pero sufriendo la presión de mi pie sobre su pecho para detenerlo, acabó por rendirse. Me miró estupefacto, como si no pudiera dar crédito a sus ojos.

—Estás loco, niño —me dijo, y extrañamente, sonaba preocupado—. ¿Qué haces tratando de ser un héroe? ¿Qué no sabes que ninguno sobrevive en Royal Woods?

—Por supuesto que lo sé.

— ¿Y por qué lo haces?

Miré a mi alrededor. Los oficiales de policía se acercaban, mirándome sorprendidos. La gente tenía sus teléfonos fuera, tomando fotografías y grabando videos. Vi sus expresiones de asombro. Su evidente entusiasmo. El hecho de que estaban dispuestos a poner en pausa lo que fuera que se encontraban haciendo o hacia donde se dirigían para verme. Y, ante todo, vi las sonrisas en sus rostros. El brillo en sus ojos.

¿Por qué lo hacía, me preguntaban?

—Porque es lo correcto —respondí.

— ¿Qué ocurre aquí? —Dijo una oficial, su pistola en mano pero apuntando al suelo.

—Detuve a un ladrón en pleno robo —le dije.

— ¡Y me hubiera salido con la mía de no ser por este mocoso y sus artefactos raros!

Dándole una última mirada de advertencia, removí mi pie de su pecho, y aproveché a recuperar el As eléctrico del suelo. Ace quizás era un poco más descuidado con ellas, pero yo tenía municiones limitadas, y no me sentía en posición de poder usarlas como material de descarte.

—Niño… ¿quién eres? —Me preguntó el segundo policía.

Por supuesto, no estaba preguntándome mi identidad secreta. No en Día de la Identidad Secreta, de todos los días. El oficial estaba sólo buscando una confirmación de lo que suponía. Lo que todos suponían.

Pues bien, estaba dispuesto a dárselas.

—Soy Ace —dije, sonriendo y tomando mi pistola-gancho una vez más—. Ace Savvy.

Y sin más preámbulo, disparé hacia la cornisa del edificio más cercano, elevándome en el aire y dejando atrás a las personas. Oí a muchos celebrando y vitoreando mi salida. Una vez llegué al techo donde nadie me vería, mis piernas finalmente se convirtieron en gelatina y me recosté, mirando al cielo. Suspiré como si hubiera estado conteniendo el aliento por una hora.

—No puedo creerlo —dije, con un hilo de voz—. ¡Detuve un crimen!

Me quedé allí, escuchando y regocijándome en el sonido de la gente celebrando y hablando emocionados entre ellos. Era como música para mis oídos, y no pude evitar tener una estúpida sonrisa en mi rostro, incluso mientras oía a los policías discutir con el delincuente.

Tiene derecho a permanecer callado. Todo lo que…

¡Ya dejen de leerme mis derechos!