¡Muchas gracias por todos los comentarios! Me alegra saber que les esté gustando hasta ahora. Me estoy divirtiendo muchísimo con esta historia. Ya quiero empezar con las demás jajaja. ¡Pero primero a terminar esta, que ya queda menos de la mitad!

Agradecimiento especiales a los amables comentarios de: Sylar Diaz, LunaPlataZ (tienes razón en casi todo lo que dijiste jajaja), Luis Carlos (mi mayor debilidad es que alargo todo jajaja), daglas99, DeadlyIce88, Kennedy G Byrns, y al grandísimo Jonas Nagera que como siempre se lleva mis más grandes respetos.


Capítulo 6:
Ser una celebridad anónima es genial

Una vez recuperado del desgaste emocional que había significado el participar de mi primera intervención como superhéroe oficial, me encontré a mí mismo navegando en un estado de euforia y adrenalina que pocas veces había experimentado. Sentía que estaba en la cima del mundo. Mi mente no paraba de recrear las sonrisas de la gente, la evidente felicidad que había generado en ellos. Pero no sólo me sentía increíblemente orgulloso por las reacciones que había obtenido por parte de los ciudadanos; ante todo, me sentía bien conmigo mismo.

Desde la fatídica noche en la que Ace Savvy había perdido la vida frente a mis ojos, sentía que había estado cargando con el peso del mundo. Una condena autoimpuesta que me oprimía física y emocionalmente. Ahora, sin embargo y por primera vez, sentía que estaba haciendo lo único que estaba a mi alcance para honrar y respetar el legado de Ace Savvy. Nunca podría ser tan buen héroe como él lo había sido, pero daría lo mejor de mí, y eso era todo lo que podía ofrecer.

Mi idea original no había sido la de usar el traje de Ace Savvy para tomar el manto. Era, simplemente, lo único que tenía para proteger mi identidad. Tras la charla que había mantenido con Jordan, sin embargo, la idea se había instaurado en mi mente, y mientras más lo pensaba, más convencido me encontraba de que era lo correcto. Ace Savvy era más que un héroe, era un símbolo. Royal Woods lo necesitaba, e incluso si yo no le llegara a los talones, haría mi mejor esfuerzo por vivir a la altura de su legado. Yo era su más grande fan, había adquirido sus mismos poderes, y su muerte pesaba en mi consciencia. No tenía duda alguna; era yo quien debía llevar el manto.

Quizás estaba equivocado. Quizás yo era la peor opción posible. Muy joven. Impulsivo. Sin experiencia. Podía entender a quien tuviera sus reparos en aceptarme como héroe, e incluso a quien no me quisiera. La única opción que tenía era dar mi mejor esfuerzo, tomar las decisiones correctas, y tratar de demostrarles a todos que estaba a la altura.

La posibilidad de hacer el bien es el gran superpoder que todos, metahumanos o no, llevamos dentro. Nuestras acciones y voluntades son lo que nos definen, por encima de nuestras capacidades.

Ace Savvy creía que la vocación por ayudar era más importante que ser o no un metahumano. Pues bien, yo estaba dispuesto a darlo todo para ser el nuevo símbolo de paz y esperanza de la ciudad. Un símbolo… sí, me agradaba la idea. Y para ser un símbolo, necesitaba mostrarme. Dejar que la ciudadanía supiera que había alguien que velaba por ellos.

Fue por ello que, tras resolver el primer crimen del día, continué patrullando, esta vez saltando de azotea en azotea, cruzando edificios y calles para cubrir más territorio y tratar de encontrar algún otro crimen a resolver.

No tuve la oportunidad de presenciar otro robo ni ninguna actividad ilegal (lo cual, claramente, era una buena noticia), pero eso no evitó que pudiera ayudar a ciudadanos comunes. Con mi idea de devolverle las sonrisas y la felicidad a los golpeados habitantes de nuestra ciudad, decidí en varias ocasiones bajar a la calle para poder dar una mano a quien la necesitase, por más pequeña que la acción fuera en el balance cósmico de las cosas.

Empecé con un grandioso cliché de televisión y películas de superhéroes: un gato atrapado en la copa de un árbol. Estaba en la azotea de un edificio bajo cuando oí a un niño llorar. Echando un vistazo, vi cómo el niño observaba impotente a una mujer subida a una escalera, tratando de llamar a un gato que, desde una rama lejana, no quería acercarse a ella. La mujer se estiraba tanto como podía, pero el gato estaba demasiado lejos, y no parecía estar dispuesto a bajar.

Con una sonrisa, salté desde la cornisa del edificio hasta un poste de luz junto al árbol.

— ¿Necesitan una mano? —Dije en cuanto estaba en posición, levantando una mano para saludar amigablemente.

La mujer, el niño, y un par de peatones voltearon a verme, jadeando y señalándome con un dedo. El llanto del infante se cortó de repente, y se quedaron boquiabiertos y anonadados, sin emitir sonido alguno.

—Descuiden, yo me encargo —aseguré, balanceándome en el poste antes de saltar hacia una rama lo suficientemente gruesa como para soportar mi peso. Algunas ramas me rasparon, pero el material de mi traje era de buena calidad, no se rompería tan fácilmente. Me moví como si los árboles fueran mi hábitat natural, llegando rápidamente al lugar donde el felino se hallaba atrapado. Era un animal joven o de una raza pequeña, pues parecía no ser más grande que mi antebrazo. Su pelaje claro era mullido y parecía un pequeño trigal.

—Ven, minino, minino —lo llamé, poniendo la misma voz que usaba para hablar con bebés—. Vamos, ¿quién es un buen chico? ¿Quién es…?

De repente, la columna del gato se arqueó, su pelaje se erizó en un instante, y dejó salir un violento bufido que lo hizo sonar como una Cobra Real hambrienta a punto de asesinar a un roedor que había insultado a su madre.

— ¿Gatito? —Dije preocupado, deteniendo mi avance. Sus pupilas se contrajeron, sus garras se desplegaron, y apenas tuve tiempo de maldecir internamente antes de que el felino se abalanzara contra mí.

— ¡AAAGH! —Grité, atrapándolo con mis manos en el aire, pero eso sólo pareció enfurecerlo más, empezando a retorcerse como una colección de cuchillas poseídas por el espíritu de un tornado con sed de sangre.

— ¡Michifús, no! —Gritó el niño desde la acera, pero la bestia en mis brazos estaba más allá del razonamiento o de una tregua. Traté de liberar un poco la presión de mi agarre sobre él para poder voltearlo, pero el bastardo aprovechó la oportunidad para volver a lanzarse contra mi pecho.

La sorpresa y el repentino asalto fueron suficientes como para ocasionar que tropezara, y de repente el mundo estaba de cabeza mientras yo me acercaba hacia el suelo (que ahora era mi techo). El gatito pareció comprender que las cosas no andaban bien, y por un segundo su boca dejó de liberar espuma, mirándome con ojos repentinamente tiernos y amables.

Fruncí el ceño, no convencido para nada de su acto de buena mascota, pero era un héroe en acción y no podía dejar que nada malo le pasara. Así que en un movimiento volví a tomarlo en manos y giré en el aire para caer de cuclillas, amortiguando la caída y resultando ambos ilesos.

— ¡Michifús! —Dijo el niño con una gran sonrisa, acercándose a mí y quitándome al demonio de Tasmania de encima, ahora tranquilo y apacible— ¡Estás bien!

Lo apretó con todas sus fuerzas, cerrando sus brazos alrededor del animal como si estuviera apunto de realizarle un suplex. De repente creía entender un poco más al gato. Tras algunos segundos, el niño volteó para mirarme con una gran sonrisa.

— ¡Estuviste genial! —Me dijo, mirándome de arriba a abajo— ¿Es verdad que eres un héroe?

— ¿Tú qué dices? ¿Parezco un héroe? —Pregunté, poniéndome de pie con la espalda derecha y mis brazos en jarra.

— ¡Sí!

—Pues ahí lo tienes; soy el nuevo Ace Savvy.

—Pero eres un niño —dijo, ladeando la cabeza—. ¿No tienes miedo?

La brutal honestidad de la pregunta me tomó por sorpresa. No esperaba tener que responder algo de forma tan directa. Dejé pasar unos segundos mientras medía mis palabras, tratando de pensar en qué le diría un héroe a un niño que preguntaba algo así. Supuse que lo mejor sería siempre ser honesto.

—Claro que sí —admití—. Me da mucho miedo. Pero Ace Savvy nunca dejaría que el miedo le gane. ¡Si quiero ayudar a los demás, tengo que ser lo suficientemente valiente como para sobreponerme al miedo y actuar cuando me necesitan!

Mi respuesta pareció gustarle, pues inmediatamente después le pidió a su madre que nos sacara una fotografía juntos, y no pude negarme. Tampoco me negué a la madre que quería una foto conmigo, ni al dueño de la tienda fuera de la cual nos encontrábamos. Ni a las demás personas que se encontraban paseando por aquel lugar.

Pasé una o dos horas continuando con mi recorrido, participando de pequeñas acciones cotidianas para ayudar a quien necesitara algo. ¿Un hombre mayor necesitaba cruzar la calle y nadie lo ayudaba? Trabajo para Ace Savvy. ¿Alguien necesitaba ayuda levantando la parte trasera de su automóvil para cambiar una rueda? Perfecta oportunidad para probar mi fuerza.

Bastante fuerte, aparentemente.

Tras muchas fotografías, palabras de aliento de la gente, y agradecimientos por parte de quienes ayudaba, noté que ya habría pasado bastante tiempo, y que lo más probable era que pronto mis amigos llegaran a mi casa para jugar Calabozos y Dragones. No podía perdérmelo; mis amigos me matarían, y luego mis padres me matarían de nuevo por llegar tarde.

Todas las cosas consideradas, podía decir con confianza que mi primera tarde como héroe oficial había sido más que positiva.


Afortunadamente, logré llegar a mi casa con tiempo de sobra. Lo suficiente para poder bañarme, ayudar a preparar los bocadillos, limpiar mi cuarto, y esconder en el ático no sólo mi traje, sino también los mazos y la pistola que tanto me servían. Había incluso traído algunos mazos de más, no queriendo tener que continuar realizando viajes logísticos regulares a la mansión, lo cual podría llegar a levantar sospechas innecesarias.

Cuando llegué, Clyde ya estaba en mi casa, y hablé tanto con él como con mis padres acerca de "el nuevo Ace Savvy". Pero también lo conversé con el resto de mis amigos, así que para evitar ser redundante, déjenme pasar directo a cuando Stella, Liam, Zach, Rusty, y Jordan llegaron a nuestra casa, todos con sonrisas en sus rostros y altamente emocionados mientras nos preparábamos en el sótano.

— ¡Está en todas partes! —Dijo Liam, caminando en círculos alrededor de la mesa donde Stella estaba comenzando a colocar sus mapas y miniaturas. Parecía demasiado emocionado como para quedarse quieto en un lugar.

—Todas las noticias están hablando de él —agregó Rusty, revisando su teléfono con la sonrisa más honesta y grande que jamás le había visto—. Se pasó toda la tarde ayudando a gente común. ¡Ayudó a bajar un gato de un árbol! ¡Un gato de un árbol!

—Miren todas las fotografías que se sacó —dijo Zach, mostrándonos la pantalla de su teléfono, pasando por una galería que algún sitio web había ya armado, compilando todas las selfies que la gente se había tomado conmigo y que aparentemente habían subido a redes sociales.

—No puedo creer que esto sea cierto —dijo Clyde, pinchándose el brazo para asegurarse que no estaba soñando—. Creí que las pobres Nova y Eclipse tendrían que cargar con la responsabilidad de ser las únicas heroínas de la ciudad, ¡pero apenas han pasado unos días y alguien ya ha tomado el manto de Ace Savvy! ¡Es justo lo que necesitábamos!

Clyde me miró, pues sabía que Ace era mi más grande ídolo de la misma manera que lo era para él. Hasta este momento me había mantenido principalmente callado, tratando de ver las reacciones que mis amigos tenían a mis primeros pasos como un héroe anónimo, pero no podía permanecer en silencio todo el rato. Eso sólo levantaría sospechas.

—Obviamente él apenas está empezando, y todavía tiene un gran camino que recorrer antes de poder llegar a los talones del verdadero Ace Savvy —dije, no queriendo que ninguno de mis mejores amigos comenzara a tener expectativas demasiado altas sobre mí—, ¡pero creo que está haciendo lo correcto! Quienquiera que sea, sabe que todos estamos aún de luto por Ace, pero necesitábamos una señal para comenzar a salir de la tristeza, ¿no?

— ¡Exacto! —Dijo Stella, colocando su pantalla de DM para ocultar sus dados y notas— Algunas personas online se quejan que es irrespetuoso que tome el mismo nombre de Ace Savvy, que debería haber elegido otra identidad, pero son sólo trolls. ¿Cuántos Capitanes Marvel ha habido?

—Además, creo que está enviando un mensaje —agregó Jordan—. No creo que sea casualidad que haya elegido ser el nuevo Ace Savvy. Creo que lo hizo especialmente para que todos sepamos que aunque el original ya no esté, su legado sigue vivo. En él… pero también en nosotros.

Todos nos quedamos en silencio observando a Jordan y reflexionando acerca de sus palabras. No voy a mentir, sentí una pequeño picazón en los ojos, y tuve que mantener la respiración para no dejar caer una lágrima. El hecho de que ella, de todas las personas, entendiera a la perfección los motivos por los que me había convertido en héroe me volvía estúpidamente feliz.

Hablando de felicidad, Jordan luego volteó a verme específicamente a mí, con una sonrisa de satisfacción y alzando una ceja.

— ¿Listo para aceptar que es un héroe?

Sonreí y me encogí de hombros.

—Me convenciste —le dije, disfrutando para mis adentros el hecho de que nadie en la habitación entendía el doble significado detrás de esas palabras.


Continuamos hablando de mi alter ego durante un largo rato hasta que recordamos que teníamos una sesión de DnD para jugar. Stella se veía muy entusiasmada, y pronto entendimos qué era lo que había planeado. La primera parte de la sesión fue específicamente acerca de Hojaplateada, mi paladín que se había aparentemente sacrificado al cortar un puente para evitar que los monstruos llegasen al resto del grupo.

En resumen, al fondo del precipicio había un río que había arrastrado a todos los monstruos lejos de la escena, pero mi personaje había quedado atrapado en una gigantesca telaraña, que pertenecía nada más y nada menos que a Aracne, la reina de todas las arañas. Y lo que siguió fue un muy tenso y profundo acto de negociación. El hecho de que en la sesión anterior habíamos acabado con una cueva llena de arañas gigantes no ayudaba al temperamento de Aracne. Aún así, manteniendo la calma, utilizando la honestidad y código de honor de Hojaplateada, y con una magnífica tirada de dados a la cual agregué la inspiración bárdica que Jordan me había dado, logré salir victorioso.

Aracne no mató a mi personaje, y bajo la promesa de que Hojaplateada ayudaría a acabar con la maldición que azotaba al reino de las arañas, no sólo me dejó ir, sino que utilizó su antigua magia para enseñarme el hechizo Escalada de Arañas, que me permitió escalar por el precipicio y reunirme triunfante con el resto del grupo. La sesión continuó con normalidad, pero la alegría y diversión que todos habíamos tenido fue incomparable.

—Te pasaste —le dije a Stella cuando acabamos.

— ¡Eso fue GENIAL, Stella, tendrías que escribir un libro con tus ideas! —Agregó Zach.

Stella nos dijo que estábamos exagerando, pero el rubor en sus mejillas y la sonrisa en su rostro nos hizo saber lo mucho que apreciaba nuestros halagos. Y sí que se los merecía.

— ¿Y yo no recibo felicitaciones? —Me dijo Jordan un poco después, mientras el resto de nuestros amigos estaban ocupados hablando entre ellos.

— ¿A qué te refieres?

—Circe te dio la inspiración bárdica. Si no lo hubiera hecho, habrías fallado tu tirada de persuasión.

Mi primer instinto fue creer que estaba bromeando, pero que su broma ocultaba cierta realidad. Lo cual me preocupó, pues lo último que quería era que la chica que me gustaba sintiera que no la apreciaba lo suficiente. Pero entonces, quizás por mi nueva percepción o porque estaba comenzando a conocer más a Jordan, entendí una revelación mucho más importante: no estaba enfadada.

Estaba celosa.

La revelación me golpeó como un camión de bomberos. Me quedé unos segundos en silencio antes de activar mi modo encantador.

—Por supuesto, créeme, Hojaplateada no lo ha olvidado —le aseguré, esperando un poco antes de decidirme por agregar:—. Es más, creo que está pensando en devolverle ese beso en la mejilla la próxima vez que tenga que curarla.

El acto de falso fastidio de Jordan se cayó de inmediato, y sonrió. No segura y sarcásticamente como solía hacerlo, sino mucho más tímida. Desvió la mirada al suelo por unos segundos antes de volver a mirarme.

—Tendrá que hacer más que eso, le debe la vida.

—Tienes razón. Supongo que encontrará algo que hacer.

—Bueno, ya tengo que irme. No quiero perderme el autobús —dijo casualmente, como quien no quiere la cosa.

— ¿Quieres que te acompañe de nuevo?

—Como quieras.

—De acuerdo, vamos —dije con una sonrisa, comenzando a quitarme mi cosplay de Hojaplateada.

Nada fuera de lo ordinario ocurrió mientras la escoltaba hacia la parada del autobús. Hablamos de la sesión, de nuestro proyecto de investigación, y luego del nuevo Ace Savvy. Me hubiese gustado poder dar algún paso más, animarme a invitarla a salir o algo, pero ni siquiera como héroe era tan valiente para hacerlo. Me contenté con disfrutar cada momento que pasamos juntos, como amigos.

Por ahora, era más que suficiente.


El siguiente mes y medio fue increíble, y es difícil resumir todo lo que ocurrió. Fue, sin lugar a dudas, el período de mi vida en el que más feliz me encontraba. Todo salía a la perfección, y cada una de mis distintas facetas, héroe e identidad secreta, estaba en su mejor momento. Me sentía el rey de dos mundos.

Hablando como Lincoln McBride, mi estado de ánimo estaba alto como nunca antes. Me sentía constantemente motivado, feliz, dispuesto a todo. Me despertaba sumamente temprano y la energía me alcanzaba para todo el día y gran parte de la noche. Ni siquiera tenía que dormir demasiado para estar al cien por ciento de mis facultades. Yo solía ser bastante perezoso, durmiendo casi diez horas a la noche, y a veces incluso agregando una pequeña siesta a la tarde. Ahora, cuatro horas a la noche eran más que suficientes, y no necesitaba de ninguna siesta.

Esto me permitía ser muchísimo más productivo y hacer más cosas cada día. La tarea no era un problema. Mucho menos ahora que mi mente parecía moverse también más rápido. Mi memoria había mejorado considerablemente, y relacionaba conceptos mucho más rápido que antes. Podía acabar con mi tarea con tiempo de sobra para poder incluso disfrutar de videojuegos, donde mis reflejos también me estaban convirtiendo en una máquina. Si no fuera porque tenía honor y no quería aprovecharme de mis habilidades, habría abierto una cuenta de Twitch para convertirme en una sensación en la cultura de gamers y streaming.

Pero, como dije, mi sentido de responsabilidad y honestidad no me dejaban aprovecharme de mis nuevas habilidades. No quería comenzar a destacar en actividades donde no lo hacía antes. Era injusto para todos los demás que no estaban en igualdad de condiciones conmigo, y tampoco era correcto aprovecharse de un regalo como el que había recibido. Así que, en parte, comencé a auto-sabotearme. En los exámenes, fallaba algunas preguntas a propósito para no ser la nota más alta de la clase. En videojuegos, dejaba que mis amigos me ganaran en la misma proporción que lo hacían antes. Me permitía algunos momentos para realizar combos imposibles y luego fingir que no tenía idea de cómo había sucedido, pero no más que ello.

Donde más cuidado tuve fue en la clase de gimnasia. Era difícil pretender ser más lento, débil o enérgico de lo que era, pero no podía permitirme delatarme accidentalmente. Toda la clase tenía sus ojos en mí luego de la última vez que habíamos jugado quemados, pero tras un par de veces fingiendo que me tropezaba o intentaba saltar como lo había hecho la otra vez y caía de cara al suelo, mis compañeros y el profesor aceptaron la idea de que sólo había sido un golpe de suerte.

— ¡La suerte no te ayudará siempre, muchacho! —Me gritó el entrenador en una ocasión— ¡Puede que haya un nuevo héroe, pero no vas a tener a un vigilante enmascarado siguiéndote a donde vayas para asegurarse que estés bien, así que entrena duro o no sobrevivirás! ¡Ahora dame veinte!

Finalmente, una de las mejores decisiones que tomé fue, en mi primera semana como héroe, convencer a mis papás que me dejaran ir a un gimnasio.

— ¡Pero tienes once años!

— ¡Los gimnasios son peligrosos!

— ¡Te puedes lastimar!

— ¡Te puedes romper algo!

—No voy a hacer nada demasiado peligroso —les aseguré—. Sólo quiero correr un poco y ejercitar los músculos. Nuestro profesor de gimnasia dice que tenemos que estar preparados, y que si no mejoramos nuestro estado físico, algún día podríamos lamentarlo en la vida real y peligrosa de las calles. Además, si tengo alto colesterol y no ejercito mi corazón, ¡podría tener un paro cardíaco a los cuarenta y cinco!

Protestaron un poco más, pero fui capaz de convencerlos de que dejarme ir era saludable y por mi bien.

—Clyde, ¿quieres empezar con tu hermano? —Le preguntaron.

— ¿Transpirar en un lugar público mientras todas las personas atléticas y musculosas ven lo patético que soy? ¡No, gracias!

Ir al gimnasio cumplía con tres objetivos. El primero, me permitía medir mis habilidades. El profesor del gimnasio me dejaba tareas muy sencillas, apenas dándome el mínimo peso necesario, pero cuando él se iba a otro piso, ahí es cuando yo agregaba todo el peso extra. Con el tiempo fui subiendo hasta poder trabajar con peso muerto de ciento cincuenta kilos.

El segundo objetivo es que, pese a que sólo iba al gimnasio por media hora, había convencido a mis papás de que entre la ida, el calentamiento, el ejercicio, la relajación y la vuelta, tenía al menos tres horas para tomarme mi tiempo y hacerlo de forma segura sin lastimarme. Eso me dejaba dos horas y media a la tarde para realizar actividades mucho más… heroicas.

Y el tercer beneficio fue que me dio una excusa razonable para que, tres semanas después del incidente, pudiera justificar los músculos que mis amigos descubrieron cuando Stella trató de hacerme cosquillas antes de empezar una sesión de DnD.

— ¡Wow, wow, wow! —Dijo, retirando su mano del costado de mi estómago— Lincoln, ¿qué demonios? ¿Qué fue eso?

—N-No sé de qué hablas —dije, tratando de recuperarme de las cosquillas pero también nervioso por saber exactamente a qué se refería.

— ¡Esa no es la barriguita de antes! —Dijo, mirándome impresionada— ¡Levanta tu remera!

—Uh, Stella, ¿de qué hablas? —Dijo Liam, mientras todos mis amigos se miraban confundidos. Excepto Jordan. Ella miraba a Stella con cierto… ¿enfado?

—Lincoln, si no levantas tu remera, un meteoro golpeará a Hojaplateada en el rostro.

—Si esto fuera al revés, constituiría acoso —mencionó Clyde, pero Stella sólo le sacó la lengua.

Tras una breve discusión acerca de roles de género, tuve que tomar aire, esperar por lo mejor, y levantar mi remera lo suficiente como para mostrar los abdominales que el cubo me había dado junto con mis poderes.

La mesa se volvió loca. Los chicos y Clyde se pusieron de pie y perdieron la cabeza, tratándome como si fuera un gorila macho alfa lomo plateado.

— ¡Por la Liga de Vengadores! —Dijo Rusty— ¿Qué has estado comiendo?

—Yo, uh… el gimnasio parece estar haciendo efecto —dije, volviendo a cubrirme y sentándome, avergonzado. No eran abdominales de adultos, estaban bien proporcionados a mi cuerpo, pero aún así era raro ver en alguien tan chico como yo la clara definición de los músculos.

Se mantuvieron algunos minutos discutiendo entre ellos si valía la pena que ellos también comenzaran el gimnasio, e incluso discutieron acerca de la pubertad y lo que eso significaba. Sólo por curiosidad, traté de echar vistazos a Stella y Jordan, quienes permanecían calladas. Cada vez que volteaba a verlas, las dos desviaban la mirada, con cierto rubor en sus mejillas.

Por suerte todo se calmó algunos minutos más tarde, y la sesión comenzó. Para cuando habíamos terminado de jugar, mi estado físico pasó a ser nada más que algo con lo que los chicos bromeaban de vez en cuando. Nada cambió por suerte, especialmente con Jordan.

Continuamos realizando nuestro trabajo, juntándonos una o dos veces por semana en la biblioteca o en mi casa, y allí sí permitía que mis habilidades nos ayudaran. Quería obtener la mejor calificación posible para ella. Jordan parecía impresionada acerca de mi conocimiento sobre héroes, y eso me ponía muy feliz. Nada remarcable ocurrió, pero pasar tanto tiempo junto a ella fue como echar combustible al fuego en mi corazón que ardía por ella. Cada día parecía ser más bonita, y por suerte, nos fuimos volviendo más cercanos.

Entre tanto trabajo e investigación, encontrábamos momentos para hablar de nosotros. Nuestras películas favoritas, nuestros videojuegos preferidos, qué opinábamos acerca de ciertas comidas… Sentí que la estaba conociendo más que nunca, y eso me ponía muy feliz.

La vida de Lincoln McBride era maravillosa.


La vida de Ace Savvy estaba también yendo a la perfección. Mi popularidad crecía a pasos agigantados. Había canales de YouTube dedicados a hablar de mí. Nuevos artículos de especulación surgían cada día. ¡Incluso habían abierto mi propio subreddit! Lo revisaba casi todos los días, leyendo las distintas opiniones. Había muchas que eran negativas. Algunas con argumentos, otras claramente obras de trolls. Pero la inmensa mayoría eran positivas, y eso continuaba motivándome para seguir adelante con mi carrera como vigilante nocturno.

Había empezado una rutina. Después de la cena, me acostaba temprano y fingía dormir casi inmediatamente. Nunca pasaba mucho tiempo hasta que el resto de mi familia seguía mis pasos. Esperaba algunos prudentes minutos para asegurarme que todos estuvieran profundamente dormidos, y enseguida me levantaba. Colocaba almohadas y ropa debajo de mis sábanas para dar la apariencia de que había alguien en mi cama, durmiendo. Luego tomaba mi mochila, subía al ático, la llenaba con mi traje y artefactos, y me escapaba por la ventana.

Caminaba hacia algún callejón donde pudiera cambiarme sin ser visto, y mi patrullaje nocturno como Ace Savvy daba inicio. Salía a patrullar cada noche, durante varias horas, tomando distintos recorridos y buscando crímenes que detener o gente a quien ayudar. Había muchas noches en las que nada ocurría, lo cual se volvía un poco aburrido, pero era siempre el mejor de los casos.

Sin embargo, hubo muchísimas noches donde tuve que actuar. Robos. Asaltos. Gente tratando de entrar a una tienda o de llevarse un auto. Intervení siempre que pude, y mi porcentaje de efectividad nunca bajó del cien por ciento. Muchos ladrones se rendían cuando me veían. Otros trataban de huir, pero no había caso. Algunos testarudos no tenían reparos en luchar contra mí, pero nunca les di la mínima oportunidad. Si sólo tenían sus puños, era fácil usar mi agilidad y reflejos para esquivar todos los golpes y reducirlos en seguida. Si llevaban un cuchillo, me volvía un poco más agresivo, desarmándolos cuanto antes.

Y aquellos que tenían pistolas, los más peligrosos de todos, era a quienes menos oportunidades les daba. En lo posible, entraba con una pantalla de humo y les propinaba una única patada para noquearlos. Si ya me habían visto, utilizaba mis naipes, neutralizándolos desde la distancia. En un par de ocasiones tuve que verme forzado a evitar balas, lo cual fueron siempre momentos muy tensos, pero el saber que alguien dispuesto a dispararle a un niño estaba allí fuera con un arma era toda la motivación que necesitaba para dejar salir todo mi potencial y detenerlo. No podía dejar que alguien así estuviera libre.

Todos en la escuela, internet y las noticias estaban extasiados con mi performance como héroe. Es difícil explicar la genial sensación que sentía al sencillamente caminar por los pasillos de la escuela, pretendiendo estar pensando en algo, y oír los comentarios que la gente hacía.

— ¡Salvó a mi tío de un robo la otra noche! ¡Me dijo que se movía como un rayo, que los delincuentes no podían siquiera seguirlo!

—Escuché rumores de que se crió en un monasterio de artes marciales y que fue enviado aquí para finalizar su entrenamiento junto con Ace Savvy.

—El otro día se peleó con una banda de motociclistas que estaban ocasionando problemas en un bar. ¡Eran siete contra uno y aún así perdieron! Aunque dicen que estaban bastante ebrios y apenas podían mantenerse de pie...

— ¡No sé cómo se ve detrás de la máscara pero apuesto a que es hermoso!

Todos esos comentarios positivos me llenaban de alegría y motivación, pero como dije, no todo era color de rosas. Había algunos medios de comunicación que no se mostraban tan felices conmigo.

¿Qué hace un niño patrullando hasta altas horas de la madrugada? —Se preguntaba un periodista— ¿Qué no va a la escuela en la mañana? ¿Es que habrá decidido que el sistema educativo no es lo suficientemente interesante o atractivo como para un superhéroe? Algunos dicen que atiende a clases a la tarde o que es un autodidacta. No lo sé, Rick, parece falso. Hablo por mí mismo, pero tengo que decir que no me siento cómodo dejando mi seguridad en manos de un niño que no termina la secundaria.

No sólo eso, sino que mi aparición había revivido un debate que hacía mucho que no se daba, y era el debate acerca de si estaba bien que el Estado le permita a niños arriesgarse en la calle y combatir el crimen. El Comité Internacional de Metahumanos había resuelto que la responsabilidad individual de los metahumanos a la hora de realizar sus tareas de héroes estaban fuera del alcance del Estado mientras no se rompiera ninguna ley o se ocasionara daño a la propiedad privada producto de mala praxis heróica. Pero aún así había debates de índole filosóficos acerca de la naturaleza de permitir que un niño luchara las batallas de los adultos.

Por suerte, no todos los periodistas estaban en mi contra. Y la opinión popular parecía manifestarse detrás de la posición de la periodista que nuestra ciudad más confiaba cuando se trataba de Ace Savvy, Katherine Mulligan. Ella me defendía, hablando del legado de Ace Savvy y cómo él era un firme creyente que cualquiera podía ser un héroe sin importar la edad o los poderes. Que ser un héroe era sólo una cuestión de preocuparse por los demás.

Y así es como yo trataba de verme. Sólo era alguien que salía por las noches a velar por la seguridad de los ciudadanos comunes, tratando de devolverles un poco de la tranquilidad y seguridad que el Ace Savvy original nos transmitía.


Fue en uno de esos patrullajes nocturnos que una serie de encuentros cambió para siempre mi carrera como héroe. O, por lo menos, cambiaron la forma en la que la vivía, en cómo entendía y sentía la vocación de vigilante y todo lo que conlleva. Una vez que Clyde había caído presa del sueño, preparé mi señuelo, tomé mis cosas y me dirigí hacia la ciudad. En cuanto encontré un callejón donde esconder mis ropas de civil, dejé de ser Lincoln McBride y me transformé en Ace Savvy, el nuevo fenómeno de popularidad en Royal Woods.

Recorrí las calles durante unos cuarenta minutos sin nada especial que reportar, hasta que finalmente una oportunidad para ser un héroe se me presentó.

— ¡Ayuda! ¡Ayuda por favor! —Escuché mientras recorría las calles. Me dirigí rápidamente hacia la fuente del pedido de socorro, viendo a un hombre que se hallaba en el suelo, con una mano sobre su pecho.

¿Un paro cardíaco? ¿Un asalto? Parecía serio, así que sin dudarlo encontré un techo bajo desde el cual saltar hacia la acera. Amortigüé el impacto, sintiendo la energía expandiéndose por mis piernas y al resto de mi cuerpo. No dolió, pero era siempre una sensación peculiar.

— ¿Se encuentra bien? —Pregunté, acercándome rápidamente— ¿Qué le ocurre?

—A-Ayuda, por favor… —me pidió, extendiéndome una mano.

El hombre no parecía tener ninguna herida en sí, y no había señales de lucha o violencia alrededor. No dudé sin embargo en extender mi mano, tomar la suya, y ayudarlo a ponerse de pie.

— ¿Qué ocurrió? ¿Lo asaltó alguien? Dígame y…

Noté en su mirada una pizca de miedo, y de repente, sin dirigirme la palabra, se lanzó a correr hacia la calle contraria. No parecía haber nada malo en él, corría como si no le doliera nada en absoluto.

— ¡Señor, espere! —Le pedí, pero antes de que pudiera comenzar a correr en su dirección, una fuerte luz se encendió detrás de mí, casi como un gran reflector.

Volteé, debiendo cubrir parte de mis ojos con mi mano, pero en seguida noté que se trataba de un automóvil que había estado estacionado a pocos metros del hombre. El conductor bajó la intensidad de las luces delanteras, y comenzó a moverse lentamente. Era un auto de alta gama, negro, con vidrios polarizados en todas las ventanas. ¿Era legal que ocultaran al conductor? No me parecía, como tampoco me parecía legal que tuviera una matrícula en blanco.

La situación era muy extraña y me tenía alerta, preparado quizás para utilizar por primera vez los Ases explosivos si es que algo ocurría. Pero no había nada que pudiera ponerme en peligro, por ahora. El automóvil continuó moviéndose hasta que la puerta trasera quedó frente a mí, momento en el que se detuvo. Podía ver una silueta detrás del vidrio, una mancha negra y difusa. La tensión aumentaba dentro mío, pero no tuve que esperar demasiado para que aquella persona se revelara.

La ventanilla bajó automáticamente, mostrándome primero un largo y estrecho sombrero de gala, dejando paso luego a una gran y redonda cabeza, caricaturesca en sus proporciones. Era mayoritariamente grasa, con un pequeño porcentaje para su rostro, con ojos como botones y una protuberante nariz de la cual un bigote blanco nacía. Parecía un muñeco de nieve gordinflón, y era tan exagerado en su silueta que lo reconocí instantáneamente.

—Tetherby —dije en voz alta, recordando la aparición en los canales de noticias y su discusión con Katherine Mulligan.

Lord Tetherby, de hecho —me corrigió con una gran y falsa sonrisa—. Fui condecorado por la Reina de Inglaterra.

—Inglaterra no tiene reyes —dije, frunciendo el ceño, haciendo que el hombre riera.

—Los tenía, jovencito —me explicó, suspirando y mirando a la distancia, como si estuviera recordando bellas épocas—. Era una de las monarquías más grandes y poderosas del mundo. El Imperio donde nunca se pone el Sol, le llamaban. Y luego… luego llegaron los héroes, y todo el maldito mundo cambió.

Continuó perdido en sus recuerdos hasta que sacudió levemente la cabeza, como recordando que yo estaba allí.

—Lo siento, lo siento, los viejos a veces nos perdemos en el pasado.

—No hay problema —dije, sin siquiera tratar de ocultar la confusión en mi voz.

—Es una alegría que nos hayamos encontrado, estaba deseando poder hablar con el heredero de Ace Savvy, nuestro fantástico héroe.

Había algo extraño en toda la situación. El feliz tono en el que hablaba no se correspondía con las emociones que sus ojos transmitían, enfocados casi con furia en mí. Estaba comenzando a creer que nuestro encuentro no había sido fortuito.

— ¿De qué quiere hablar? —Respondí sin embargo, cruzando mis brazos sobre mi pecho. A fin de cuentas, incluso si este hombre era un millonario dueño de una empresa de seguridad, continuaba siendo un ciudadano de Royal Woods. Merecía el mismo respeto que yo le daría a cualquier otra persona.

—Sólo quería felicitarte por tu… valentía para tomar el lugar de Ace Savvy —me respondió, con una mínima reverencia de su cabeza. No sonaba como una felicitación.

—Trato de hacer lo que él haría. Si tengo la posibilidad de ayudar a quienes lo necesitan… no puedo quedarme de brazos cruzados.

Sólo por un instante, cruzó por mi cabeza el hecho de que, en aquellos momentos, me encontraba efectivamente con los brazos cruzados. Casi los muevo, pero decidí no hacerlo. Quizás él no lo había notado…

—Muy noble de tu parte. Es ciertamente inspirador ver a un nuevo héroe cuando hace mucho tiempo que nadie más lo hace. Entre tú y el joven dúo de heroínas, hemos tenido más héroes nuevos en dos años que en los últimos ocho. Curioso, ¿no? Todos niños. ¿Por qué crees que sea?

A decir verdad, no tenía idea de qué era lo que había motivado a Nova y Eclipse a convertirse en héroes. No solían dar reportajes. Sus declaraciones públicas usualmente eran dadas en la escena del crimen mientras esperaban a que la policía llegase, o respondiendo a fans que lograban cruzarse con ellas. No podía hablar por ellas. Y tampoco podía explicar los motivos que me habían llevado a mí a convertirme en un héroe.

Tendría que improvisar.

—Quizás los adultos se han acostumbrado a vivir en una ciudad donde no se puede tener nuevos héroes. Quizás se hayan rendido, pero nosotros los niños todavía guardamos la esperanza de que las cosas puedan ser mejor.

Pese a que era todo una gran bola de excusas que se me ocurrieron en el momento, parte de mí creía que podía llegar a haber algo de verdad en ello. La sonrisa de Tetherby, forzada y más grande de lo normal, se estiró aún más.

—Ya veo, qué… inspirador. Quizás tengas razón, sí… Oh quizás… no lo sé… quizás los adultos hayan aprendido que ser un héroe en Royal Woods es muy peligroso. ¿No crees que sea peligroso salir de noche buscando criminales?

—Por supuesto que es peligroso —repliqué de inmediato—, pero no porque sea peligroso significa que no valga la pena hacerlo.

—Vivimos en Royal Woods, pequeño, no en cualquier otra ciudad. Aquí no hay supervillanos. No necesitamos héroes, necesitamos policías. Fuerzas de seguridad.

— ¿A usted? —Ataqué, intuyendo la intencionalidad detrás de las implicaciones del hombre que controlaba la seguridad privada de Michigan.

La sonrisa de Tetherby cayó.

—He dedicado mi vida a construir una red de seguridad privada que sea capaz de proteger a las personas comunes. Sin depender de héroes ni metahumanos. ¿Qué no entiendes que estás destinado a desaparecer tarde o temprano? Los humanos normales no podemos permitirnos el lujo de depositar nuestra confianza y seguridad en sus manos. En especial en las manos de niños.

Cualquier sentido de diplomacia que el hombre hubiera tratado de mantener se había evaporado. Había una clara y evidente animosidad de él a mí, y honestamente, el sentimiento era mutuo.

—Si tanto le importa la seguridad de las personas, ¿cuál es el problema de que nosotros ayudemos?

—El mensaje —respondió—. La gente ya no respeta a los policías o el ejército como lo hacían antes. Ya no los consideran los bastiones de la ley y el orden. Es como si sólo les importaran los metahumanos. ¿Por qué ellos? La humanidad había avanzado a pasos gigantescos antes de que aparecieran. ¡Llevamos gente a la Luna! El progreso tecnológico nos llevaba camino a una nueva edad de oro.

—Ser héroes va más allá de tener poderes o no, ser un héroe significa poner la seguridad y bienestar de los demás antes que uno mismo —le dije, comenzando a cansarme de su retórica—. Un policía o un bombero es tan heroico y necesario como cualquier héroe con poderes.

—Y sin embargo, desde que Ace Savvy murió estamos "indefensos", ¿no es así?

No tenía forma de refutar esa declaración, lo cual me hacía enfadar. No era como que no apreciáramos a los policías. Lo hacíamos, o por lo menos yo lo hacía. Es sólo que… era distinto. Los héroes representaban algo más que sólo seguridad, eran un espejo de quienes deseábamos ser. No era como Tetherby lo planteaba, y sin embargo, no se me ocurría cómo articular una respuesta.

—Tengo que seguir patrullando —le dije, volteando y comenzando a caminar lejos de él.

—Esta ciudad es peligrosa para los héroes, niño —repitió—. Si sigues así, podría pasarte lo mismo que a tu predecesor.

Me detuve en seco, girando sobre mis talones para dedicarle una mirada muy enfadada.

— ¿Es eso una amenaza?

—Estoy informándote de lo que le ocurre a todos los héroes —me dijo con veneno en su voz—. Todos los héroes de esta ciudad desaparecen. La única excepción, lo único que mantenía a la población en contra de equipar a nuestras fuerzas de seguridad era Ace Savvy. Y ahora él tampoco está. ¿Crees que el arma que acabó con su vida no encontrará su camino hacia ti?

Sentí un escalofrío recorriendo mi cuerpo, y por un instante quedé paralizado. Había estado siguiendo las noticias de la investigación de la muerte de Ace Savvy casi obsesivamente. Había leído todos los artículos escritos al respecto en internet, siempre con la Espada de Damocles colgando sobre mí que era el miedo a que de alguna forma se descubriera que yo había sido parte del incidente. Estaba al tanto de todas las actualizaciones del caso.

Hasta donde yo sabía, Wild Card Willy no había admitido el haber recibido ningún tipo de arma especial o diferente a lo que siempre usaba. ¿Estaba leyendo demasiado en esto? ¿O Tetherby acababa de hablar de las armas que Willy había usado?

— ¿Cómo sabe del arma? —Pregunté entre dientes, con mi mandíbula apretada y mis puños cerrados.

La confianzuda y arrogante expresión de Tetherby se desvaneció en un instante. Sus ojos me miraron con terror por el más breve de los momentos, como si lo hubiera atrapado en una situación embarazosa. En seguida trató de recomponerse, pero algo en su forma de sentarse y de mirarme había cambiado.

—No sé de qué estás hablando. Dije arma por decir algo genérico, todos sabemos que Wild Card Willy se especializaba en…

— ¡¿Cómo sabe del arma?! —Lo interrumpí, gritando. Sentía que por mis venas corría un río de lava, quemando mis interiores y avivando una furia flamígera. Si Tetherby había estado involucrado de alguna forma en la muerte de Ace...

— ¡Tranquilízate!

— ¡No me digas qué hacer! ¡¿Qué fue lo que hizo?!

— ¡Arranca, idiota! —Le gritó a su conductor, y de inmediato el auto comenzó a moverse.

No podía permitir que se alejara. Tetherby claramente estaba ocultando algo, y yo tenía que saber qué era. Ace había estado dispuesto a dejar ir a Wild Card a cambio de poder examinar las armas. ¿Qué había visto? ¿Qué es lo que sabía que generaba tanto interés en él? Willy había mencionado un sponsor secreto que se las había proporcionado. ¿Había estado Tetherby involucrado? ¿Por qué? ¿Qué pensaba lograr?

Necesitaba encontrar respuestas. Necesitaba resolver el caso de Ace Savvy, no sólo para que se hiciera justicia, lo cual era obviamente muy importante, sino… sino porque quizás podría descubrir que no había sido todo mi culpa.

Pero no podría obtener ninguna respuesta si es que Tetherby se alejaba. No sabía dónde vivía ni dónde encontrarlo. Necesitaba detenerlo allí mismo e interrogarlo, a cualquier costo. Debía detener el auto.

Sin siquiera pensarlo, presioné la insignia del mazo rojo. Una carta explosiva saltó a mi mano. En mis ojos tenía apuntada ya una de las ruedas traseras. Realicé el cálculo de trayectoria en un instante: la velocidad a la que podía lanzar la carta, la velocidad actual del vehículo, la posible aceleración que tendría. Supe instintivamente a dónde debía lanzar mi naipe.

No había nada que importase más en aquel momento que detener a Tetherby. No me interesaba nada más, tenía visión de túnel y todo lo que veía era el vehículo que estaba a punto de averiar. Fue por eso quizás que no noté un resplandor detrás de mí, ni escuché el ruido del aire siendo atravesado a gran velocidad. No fui consciente de mis alrededores hasta que estiré mi brazo hacia atrás, preparado para lanzar la carta, y justo cuando estaba a punto de liberar la energía que estaba preparando y atacar, una mano se cerró sobre mi muñeca.

La sorpresa hizo que casi soltara la carta explosiva. Volteé a ver a quién pertenecía aquella mano, y decir que quedé anonadado es quedarme corto.

La mano en cuestión estaba cubierta por un guante azul que continuaba transformándose en un traje de cuerpo completo con zonas blancas y otras de distintos tonos de azul. Una máscara cubría casi la totalidad de su rostro, protegiendo su identidad secreta, y todo su cuerpo estaba rodeado por un aura azulada que parecía estar formado por inocuas llamas.

Pese a que ya me había encontrado con ella en una oportunidad, semanas atrás, no pude sino sentirme pequeño como una hormiga junto a la imponente, poderosa figura de Nova. Quien, dicho sea de paso, me miraba con desapruebo, como una madre viendo a su hijo comiendo dulces antes de la cena.

— ¿Nova? —Dije en voz alta, sorprendido. Ella soltó mi muñeca, dejándome mover una vez más, y fue en ese momento que recordé lo que había estado a punto de hacer.

Miré hacia la calle, pero el auto de Tetherby estaba ya alejándose, a punto de doblar en la esquina.

— ¡Tenemos que ir tras él! —Le advertí a Nova— ¡Hay que atraparlo! ¡Vamos!

No entendía por qué ella me había detenido, pero de repente estaba emocionado ante la posibilidad de formar un equipo temporal con una de las dos heroínas de la ciudad. ¿Quién sabe qué podríamos lograr si uníamos nuestras fuerzas?

Ella no parecía compartir mi entusiasmo, sin embargo. Dejó salir un suspiro, y el aura de energía que la rodeaba se extinguió.

—No lo persigas —me dijo sencillamente, negando con la cabeza—. Lord Tetherby no es alguien con quien quieras meterte.

— ¡Pero él…!

—Y mucho menos alguien a quien debieras lanzarle una carta explosiva —agregó, esta vez con un claro tono de reproche en su voz.

Observé el proyectil que tenía en mis manos. Conocía el poder de las cartas de Ace Savvy. No iba a destruir el auto. Mi intención era simplemente romper su rueda trasera para que no pudiera escapar. No es como que lo fuera a matar o torturar para obtener información. Sólo quería respuestas.

Sin embargo, escuchando su advertencia no pude sino considerar la situación para los ojos de un tercero. Desde una óptica neutral, entendía lo mal que podía verse. Y a decir verdad, me sentí bastante avergonzado de mí mismo. Había dejado que mis emociones me controlaran, y por culpa de ello casi había hecho algo digno de un villano.

Guardé la carta en el mazo sin devolverle la mirada a Nova.

—Lo siento, yo no… no estaba pensando con claridad.

—Aparentemente.

—Es sólo que… Tetherby…

—Vayamos a un lugar más privado —me dijo con seriedad—. Creo que es hora que tengamos una charla.


No recordaba haber estado tan nervioso como lo estuve durante aquellos minutos de silencio que viví junto a Nova mientras buscábamos una terraza en la cual hablar sin miedo a ser interrumpidos. Supuse que cualquiera bastaría, pero Nova continuaba moviéndose por el aire, yendo de edificio a edificio, buscando quién sabe qué. Pese a no poder volar, no tuve inconvenientes en seguirle el paso, aunque parte de mí se preguntaba si no estaría probándome en cierta forma. Ver si era capaz de moverme a su ritmo.

Eventualmente llegamos a un edificio que tenía vallas publicitarias en casi todas las direcciones, y entre ellas y los tanques de agua, la azotea parecía ser una guarida secreta de palomas. Había varias de ellas, de hecho, pero se alejaron volando de inmediato cuando dos héroes interrumpieron en su territorio. Una vez que nos acomodamos, Nova dejó de volar, quedando de pie frente a mí, a tan sólo unos cuatro metros de distancia.

—Hace tiempo que quería hablar contigo —me dijo sin más preámbulos.

— ¿Oh?

—Sí. Para ser… completamente honesta, esta no es la primera vez que te observo mientras patrullas.

Sentí sonrojarme al oír que Nova, la heroína más poderosa de la ciudad en quién sabe cuántos años, había estado observándome mientras patrullaba. Supongo que eso explicaba cómo es que me había tomado de la muñeca justo cuando estaba por atacar al auto de Tetherby.

— ¿Observarme?

—Sí. No es tan raro como suena, lo juro. Sólo estaba tratando de ver si podía descifrarte.

— ¿En qué sentido?

—Ver qué clase de héroe eres. Qué te motiva. Cómo te comportas con los ciudadanos. Ese tipo de cosas. Quería ver si te tomabas este trabajo en serio.

No pude evitar sentirme un poco ofendido ante ese comentario.

—Por supuesto que me tomo esto en serio —le aseguré, dando un paso hacia delante—. ¿Por qué me arriesgaría si no fuera porque de verdad lo siento?

—Tal vez no aquí, pero muchos héroes en el mundo sólo quieren fama y dinero. Y desde tu primer día, has estado muy preocupado en tomarte fotografías con tus fans, en responder sus preguntas…

Parte de mí se sintió ligeramente avergonzada. Lo cierto es que en más de una ocasión, la fama y la exposición se me habían subido a la cabeza. No podía negarlo. Leía los comentarios en YouTube, revisaba los likes que las fotografías que otras personas tomaban de mí recibían, oía lo que las noticias opinaban. Me ponía muy feliz cuando leía cosas positivas, y me arruinaba el día cuando leía comentarios negativos, incluso si los malos eran una muy pequeña fracción comparados con los buenos. Me encantaba ver la forma en la que la gente reaccionaba a mi presencia. Me motivaba a continuar siendo un héroe.

Pero esos pequeños placeres no eran por lo que lo hacía. No arriesgaría mi vida sólo por tener un poco más de influencia en redes sociales. Jamás sería tan tonto.

—Lo hago porque siempre fue mi sueño poder fotografiarme con el Ace Savvy original —respondí, antes de dirigirle una mirada cargada de sentimientos—. O contigo y Eclipse. Cuando era un niño normal, no un héroe, lo que más deseaba era poder acercarme a ustedes, los superhéroes, y decirles cuánto los admiro, darles las gracias por todo lo que hacen, demostrarles el aprecio que les tengo. Cuando veo personas que me llaman para pedirme una foto, me veo a mí mismo, y hago lo que me gustaría que un héroe hiciera en esa situación. Ace Savvy era más que un guerrero de la justicia. Era un símbolo de paz y esperanza. Yo… estoy tratando de convertirme en eso mismo.

Nova desvió la mirada hacia el cielo con una expresión que delataba los pensamientos profundos que estaba teniendo. Permanecimos en silencio durante unos largos segundos.

—Te creo —me dijo, tras la larga pausa—. Perdón si esto fue demasiado repentino o si te incomodé. Yo sólo… quiero estar segura de que sabes a lo que te estás metiendo.

—Lo sé.

—Lo siento, pero no creo que te hayas enfrentado aún a la verdadera gravedad que implica ser un héroe.

Nova se acercó, y en un gesto muy humanizante, se arrodilló para estar a mi altura y colocó una mano en mis hombros. Sus ojos azules no estaban rodeados de su característica energía flameante, pero aún así brillaban con la intensidad de una estrella. Había oído varias veces a gente refiriéndose a los ojos como las ventanas al alma, y mientras más me internaba en la eterna laguna de los de Nova, más convencido estaba de que había algo de verdad en aquella trillada frase.

—Has hecho un gran trabajo hasta ahora, pero ser un héroe no es fácil ni es todo color de rosas. Es un trabajo muy peligroso, y el mínimo error puede tener consecuencias catastróficas. Puede poner en peligro nuestras vidas, o peor aún, las de gente inocente.

—Yo… soy consciente de eso —respondí, sobrecargado de emociones encontradas entre su punzante mirada y la suavidad de su mano sobre mi hombro—. Por eso doy mi mejor esfuerzo.

—A veces nuestro mejor esfuerzo no es suficiente —me dijo con tristeza—. A veces creemos estar preparados para enfrentarnos a lo que sea, pero lo cierto es que no lo estamos. Puede ser una experiencia muy dolorosa cuando nos enfrentamos a ese tipo de situaciones.

— ¿Por qué me dices esto?

—Porque necesito que entiendas lo que está en juego. No voy a decirte que no te conviertas en un héroe porque imagino que eres consciente de lo peligroso que es ser uno en esta ciudad. Literalmente todos los héroes desaparecen tarde o temprano. Si eso no te asusta lo suficiente, muy bien, es tu elección. Pero tienes que entender que hay algunas cosas que pueden escapar de tu control y con las cuales no deberías meterte. Y Lord Tetherby es una de ellas.

Separó su mano de mi hombro y se puso de pie, comenzando a dar pasos nerviosos alrededor de la azotea.

—Ace Savvy ha estado investigándolo durante años. Tetherby es un millonario corrupto y peligroso. Tiene muchísimas influencias y controla más de lo que te imaginas. Royal Woods es una de las pocas ciudades donde no ha podido acabar de consolidar sus negocios de seguridad privada. Sabe cubrir sus huellas y mantenerse entre las sombras moviendo los hilos. Ni siquiera Ace logró encontrar evidencia para condenarlo en todos los años que ha estado siguiéndolo de cerca. No te metas con él. No te arriesgues.

¿Ace había estado investigándolo? ¿Por qué? ¿Qué clase de maldades habría cometido como para que un superhéroe como Ace dedicara años a tratar de hallar evidencia incriminatoria contra él? No podía imaginarlo, pero no sonaba para nada bueno. Y sin embargo, mi mente estaba comenzando a atar cabos.

Tetherby se dedicaba a la industria de la seguridad privada. Sus negocios involucraban cárceles de alta seguridad para criminales y supervillanos, y estaba tratando de iniciarse en la coordinación y mejora de las fuerzas policiales. Su fuente de dinero estaba directamente relacionada con la seguridad. Y Royal Woods hasta ahora nunca lo había necesitado por un sólo motivo: Ace Savvy. Él era toda la seguridad que necesitábamos. Nos sentíamos más que protegidos mientras él estuviera vivo. Mientras él estuviera vivo.

Su vida era el gran obstáculo que Tetherby no conseguiría nunca superar para vender sus servicios a nuestra ciudad. Lo único que necesitaba era deshacerse de él para que sus planes avanzaran.

Por eso sabía del arma. Alguien experto en detener y neutralizar supervillanos seguramente tendría armas aptas contra ellos, y si podían detener metahumanos que usaban sus poderes para el mal, definitivamente podrían detener a un metahumano que usara sus poderes para el bien como Ace Savvy. Él le había proporcionado a Wild Card Willy los medios necesarios para acabar con Ace, engañándolo para que no lo supiera. Willy no había sido más que un peón.

Todo tenía sentido. Sentía que había resuelto un rompecabezas de mil piezas.

—Nova… Él estuvo involucrado en la muerte de Ace Savvy.

Ella se puso alerta. Frunció el ceño y se acercó más a mí, mirándome con seriedad.

— ¿A qué te refieres? —Preguntó con cautela— Wild Card Willy admitió haberlo matado.

Debía tener cuidado con mi elección de palabras. No podía admitir que yo había estado allí cuando Ace Savvy había muerto. Ya se lo había comentado semanas atrás, en el funeral, antes de convertirme en héroe y cuando sólo era Lincoln McBride. Si se lo decía ahora, ella ataría los cabos, y sabría que era el mismo niño de cabello blanco que se había encontrado en el funeral de Ace Savvy. Y peor aún, quizás recordaría que le había dado mi nombre real.

No podía arriesgarme a dar a conocer mi identidad secreta de esa forma, incluso si ella era una heroína en quien confiaba.

Así que debiendo excluir el dato acerca de las armas de Wild Card Willy, le comenté todo mi razonamiento deductivo. Expliqué todo lo que suponía acerca de la motivación que Tetherby tendría para acabar con Ace Savvy, de lo conveniente que las circunstancias serían, y repetí las curiosas frases que el empresario me había dicho tan sólo algunos minutos atrás.

—Está desesperado por cerrar su trato con la ciudad, pero mientras Ace estuviera vivo, no podría hacerlo. Wild Card se había retirado de la escena del crimen luego de su última condena. ¿Qué tal si Tetherby envió a alguien para convencerlo de hacer un último robo? ¿O si lo engañó y le dio algún arma especial para acabar con Ace? Cuando me amenazó, pareció decir algo como "Oh, ahora hay armas que pueden acabar con héroes". Nova… él tiene que estar involucrado.

Ella escuchó toda mi explicación, y sus ojos se movían de lado a lado mientras su mente trabajaba por atar cabos y conectar las distintas piezas de información.

—Tiene sentido… Suena como algo que una persona como él haría.

— ¡Entonces tenemos que interrogarlo! —Le dije con decisión, golpeando un puño sobre mi palma abierta— Nova, si tú, Eclipse y yo nos unimos, podríamos ir a buscarlo ahora mismo y hacer que confiese lo que…

—No —dijo terminantemente, sin dejarme acabar la proposición—. Así no es como funcionan las cosas, héroe. No somos policías ni fiscales, somos vigilantes. No tenemos autorización legal para allanar la casa de nadie ni interrogarlos. Sería ilegal y operar con el miedo. No es lo que un héroe haría.

— ¿Y qué se supone que hagamos entonces? —Pregunté exasperado— No podemos dejar que continúe como si nada. Tenemos motivos suficientes para creer que él ha estado involucrado en el incidente. ¡No hay nada ilegal en ir a su casa, golpear la puerta, y pedir hablar con él!

— ¿Y qué haremos cuando diga que no tuvo nada que ver? —Me respondió, sonando también molesta— ¿En serio crees que sólo porque le digamos que sabemos lo que hizo se quebrará y admitirá sus crímenes? Nos mentirá, sabrá que no tenemos forma de probar nada en un juicio, y ahora estará al tanto de que estamos tras él. Eliminará todas las pruebas y cuidará sus pasos aún más. Sólo le estaríamos haciendo un favor.

Quería protestar, pero por más que yo sabía en mi corazón que tenía razón, los argumentos de Nova eran muy sólidos. No podía pensar en una refutación. Me sentía furioso, no con ella, sino con la situación. La realidad de un sistema burocrático regido por leyes y normas se interponía en mi búsqueda.

— ¿Qué no quieres que haya justicia por la muerte de Ace?

Me arrepentí de haber pronunciado aquellas palabras en cuanto salieron de mi boca. Nova dio un paso atrás e inconscientemente llevó una mano a su pecho, mirándome con dolor, como si mis palabras genuinamente la hubieran herido. Pero no tardó más que unos segundos en recomponerse, y su dolor dio lugar a un fuerte enfado. Apretó sus puños, y de repente todo su cuerpo fue rodeado por un aura de llamas cerúleas que ardían sin emitir calor. Aún así, viendo a una chica encendida como una hoguera andante, iluminando toda la azotea con el brillo azul de su energía, era más que aterrador.

—Ace Savvy salvó mi vida y la de mi hermana —me dijo con un claro intento por controlar sus emociones—. Estoy aquí gracias a él. Le debo más de lo que puedes imaginarte. Él era más que un héroe para mí, él... él era...

Se detuvo, cerrando los ojos y desviando la mirada. Su cuerpo pareció temblar por un instante, y la intensidad de su aura creció, separándose ya unos treinta centímetros de su cuerpo. De repente entendí el origen de su nombre de superhéroe, pues parecía una estrella a punto de estallar. Tuve que entrecerrar los ojos y desviar la mirada para no enceguecerme.

— ¡Por supuesto que quiero justicia por él! —Me gritó— Pero él era quien más respetaba las leyes, y me enseñó que el objetivo de un héroe no es atrapar villanos sino proteger inocentes. Encerrar a Tetherby no lo traerá de regreso, niño.

Brillaba demasiado como para poder mirarla directamente, pero me pareció notar que movía su antebrazo hacia su rostro, como si estuviera refregándolo contra sus ojos. Tras algunos segundos, la intensidad de su aura disminuyó hasta que no era más que una fina capa de energía que serpenteaba a su alrededor, dándole un contorno de luz etérea a su figura. Me miró, aún con cierto reproche, y sin mover su cuerpo, comenzó a elevarse en el aire.

—Tienes un buen corazón —me dijo, tratando de sonar serena—. Tienes el potencial para convertirte en un un gran héroe. Pero aún tienes mucho que aprender.

Sonaba como si estuviera tratando de enseñarme una lección, pero su figura era tan poderosa e intimidante que me costaba verla como una maestra en aquella situación.

—Mantente alejado de Tetherby. Es literalmente muy peligroso para que tú o yo nos involucremos con él. Si él tuvo algo que ver con lo que le ocurrió a Ace… ya llegará el día en que se las verá conmigo.

—Nova, nosotros podemos…

—Mantente. Alejado —me repitió—. Creo que ya te entretuve demasiado esta noche. Gracias por hablar conmigo. Hay muchas más cosas que quiero preguntarte, pero tendrá que ser en otra oportunidad. Como dónde conseguiste las armas de Ace Savvy.

Hizo una pausa, como si esperara que le respondiera en el momento, pero no sabía cómo responder sin mentir u ocultar las condiciones en las que Ace Savvy realmente había muerto.

Viendo que no iba a responder, Nova suspiró.

—Estoy segura de que Ace significaba mucho para ti. También significaba mucho para mí. Pero si dejamos que nuestras pasiones guíen nuestras acciones, literalmente no somos mejor que los villanos. Buena suerte, héroe.

Y sin nada más que decir, su aura brilló con más intensidad y se alejó como un cometa, dejándome solo en la azotea y con mi corazón lleno de dudas.