¡Ya nos estamos acercando al final! Capítulo siete de diez. Agárrense los calzones porque las cosas están a punto de ponerse realmente jodidas.

Agradecimientos especiales a J0nas Nagera, Sylar Díaz, Oscar Pacco 29, daglas99, la siempre entusiasta Luna PlataZ, Deadly Ice 88, Luis Carlos, nahuelvera2, KGB y andres888!


Capítulo 7:

Subestimé un poquito la situación

Mis encuentros con Tetherby y Nova me afectaron emocionalmente, al punto que tuve que dejar de patrullar antes de lo que lo habría hecho cualquier otro día. Sencillamente no podía concentrarme, y estaba tan enfadado que si me encontraba con algún criminal robando una bicicleta o algo igual de inconsecuente, era probable que descargara parte de mi frustración en ellos. Lo último que quería era acabar lastimando a alguien, incluso si no eran gente de bien.

Decidí que lo que necesitaba era una noche de sueño para desestresarme y encontrar paz interior. La situación se me hacía increíblemente injusta. En mi corazón, ya había decidido que Tetherby era la mente maestra detrás de la muerte de Ace Savvy. No tenía evidencia para soportar mi teoría, pero no la necesitaba. Todo tenía mucho sentido, y más importante aún, de ser verdad, me otorgaría una oportunidad inigualable para redimirme. Si aquel empresario era tan malvado como parecía y había orquestado la caída de mi ídolo, detenerlo y enviarlo tras las rejas sería mi forma de hacer justicia y enmendar mis errores. Se lo debía a Ace. Se lo debía a Royal Woods.

Me lo debía a mí mismo.

Deseaba que Nova me entendiera. Con ella y su hermana de mi lado, estaba convencido que podríamos conseguir grandes resultados. ¿Qué podría alguien como Tetherby hacer contra tres héroes con apegos emocionales tan grandes con Ace Savvy yendo tras él? Entendía lo que Nova me explicaba acerca de las leyes y lo heroicamente correcto… pero si tan sólo ella supiera de mis errores. Del papel que había jugado en la muerte de Ace Savvy. Quizás, entonces, entendería la tan única posición en la que me encontraba, y el por qué era tan importante para mí detener a Tetherby.

Tenía una multitud de sentimientos encontrados, y peor aún, la incertidumbre de no saber cómo continuar. Ninguna respuesta se me hacía obvia. La parte más malvada de mí quería buscar la casa de Tetherby, entrar, y extraerle la verdad a golpes. Y la parte más necesitada de contención quería hablar con Nova, quitarme la máscara y explicarle por qué era tan importante para mí resolver este caso. Ninguna de las dos me parecían las mejores opciones. Era sumamente estresante.

—Necesito dormir —pensé mientras llegaba a mi casa, ya cambiado de nuevo a mi ropa de civil—. Si sigo pensando en esto, voy a volverme loco.

Escalé sin problemas hasta la ventana del ático, ocultando mi traje de Ace Savvy, mis accesorios, y cambiándome nuevamente a mi pijama. Mientras me dirigía de regreso a mi habitación fui consciente de lo tenso que me encontraba. Mi espalda y hombros estaban contraídos, y aunque no dolían, era una sensación muy incómoda. Traté de mover mis omóplatos para descontracturarme un poco, pero no hubo caso. Suponía que era debido al estrés que esta noche me había causado, pero quizás podría ser que mi cuerpo estuviera comenzando a sufrir las consecuencias de toda la nueva actividad física que había es-

— ¡AAGH! —Dejé escapar antes de cubrir mi boca con mis manos, silenciando mi grito de dolor.

Había estado tan distraído que accidentalmente golpeé la punta de mi dedo meñique del pie con el borde de mi cama. Era curioso que incluso como un superhéroe que soportaba patadas y caídas regularmente, cosas como golpear un dedo contra un mueble seguían siendo igual de dolorosas.

— ¿L-Lincoln? —En el otro extremo de la habitación, Clyde comenzó a sentarse, frotando sus ojos sin gafas— ¿Estás bien? ¿Qué…? ¿Qué pasó?

—Lo siento, fui, uh, fui al baño —le dije, antes de fingir un bostezo.

La oscuridad no dejaba que viera su rostro del todo, pero creí ver un pequeño movimiento como si asintiera con la cabeza.

—Deberías dejar de beber tanta agua —me dijo mientras volvía a recostarse—. Todas las noches te despiertas para ir al baño.

Bostezó, girando para quedar de espaldas a mí.

—Te tardas tanto que vuelvo a dormirme antes que regreses—añadió, acomodándose una vez más en su cama, ignorando por completo cómo sus palabras me dejaron helado, el dolor en mi dedo olvidado, con frías gotas de sudor formándose en mi frente.

Me costó horrores poder dormir aquella noche.


Incluso cuando finalmente conseguí dormir, no puedo decir que haya logrado descansar. Descansar implicaría poder separarme de todo lo que me causaba estrés y recuperar las energías, tanto física como emocionalmente.

Y quizás ese habría sido el caso, si no hubiera tenido otro extraño sueño que sólo me generó más dudas y agregó más problemas a mi día.

La primera mitad de mi sueño fue normal. O por lo menos tan normal como mis sueños solían ser. Mis amigos y yo éramos todos superhéroes y habíamos formado nuestra propia asociación, recorriendo el país para atrapar a los criminales más peligrosos. Curiosamente, todos nuestros poderes y trajes eran casi iguales a los de nuestros personajes en la campaña de Calabozos y Dragones. Quizás por eso no lo sentí extraño ni nada por el estilo. Lo cual fue en sí casi irónico, pues la parte de mi sueño que me confundió y se sentía fuera de lugar no fue la fantasía heroica, sino las escenas de un día cualquiera en el campo.

Al igual que las extrañas visiones que había tenido en un sueño semanas atrás, sentí que era una cámara, un espectador con acceso a tan sólo una pequeña porción de la información. Estaba subiendo una colina con pastos muy altos. Era claramente de mañana, pues los colores del alba bañaban los cielos, y la luz matutina se reflejaba en cada gota de rocío que reposaba sobre la vegetación. El camino estaba repleto de grupos de flores silvestres, abriendo sus pétalos ante las primeras caricias del Sol.

Aves e insectos cruzaban el aire, zumbando y cantando para recibir un nuevo día. Era una escena increíblemente pacífica, y sólo faltaba alguna pieza de Edvard Grieg sonando de fondo para coronar la absoluta perfección y sublime belleza del momento. La cima de la colina continuaba acercándose a medida que la cámara avanzaba, y con las nubes enmarcando la vista, era difícil imaginarse qué clase de espectáculo se podría apreciar desde allí. No debí esperar mucho, pues enseguida llegué allí, y era, realmente, una vista maravillosa. La línea del horizonte estaba interrumpida por una línea de árboles tan altos que rompían cualquier noción de escala que uno pudiera tener, y se veían el doble de grandes debido al reflejo que generaban en un precioso lago. Era casi como una elipse de cristal que repetía no sólo los árboles, sino los colores de las nubes y el cielo. Ver los tonos de rosado, amarillo y naranja en el agua era todo un privilegio.

La brisa continuaba soplando, moviendo las copas de los árboles y arrastrando hojas de otoño de los más cálidos colores. Una pasó por delante de la cámara, flotando tan lenta y suavemente que parecía invitarme a tomarla. Quería hacerlo, quería tocarla, apreciarla mejor… por lo que estiré mi brazo y la tomé.

Y de repente ya no era una cámara, sino yo mismo, y todo a mi alrededor se veía demasiado grande. La hoja en mis manos, los pastos que rozaban mis axilas, las flores con su intoxicante aroma.

¡Lincoln!

Alguien me llamaba, pero yo estaba más interesado en el paisaje. Comenzaba a tratar de seguir con la vista los vuelos de los pájaros hasta que se perdían entre las nubes o se ocultaban en las copas de los árboles. La voz continuó llamando mi nombre, pero no parecía captar mi atención. La tranquilidad y belleza de la naturaleza cautivaron todos mis sentidos.

Ahí estás —dijo nuevamente la voz, con un inconfundible tono de alegría—. No puedes escaparte sin avisar.

No sabía por qué, pero la voz me tranquilizaba. Era una voz que me transmitía felicidad y seguridad. Con una sonrisa en el rostro, volteé hacia ella, y comencé a correr a su encuentro. Cada paso que daba era un desafío, debiendo hacer un gran esfuerzo para no tropezar y mantener el equilibrio.

Liiiiincooooooln —cantó la voz, acercándose cada vez más hacia donde yo estaba. Y entonces, con una gran felicidad, comencé a ver la figura. Estaba subiendo por la colina, por lo que lo primero que vi fue la parte superior de su cabeza. El Sol la bañaba desde atrás, oscureciendo su silueta pero impregnando sus bordes de un radiante brillo dorado. No podía distinguir ningún detalle, pero era claro que era una mujer, y reconocerla me generaba una calidez mayor que la del mismísimo Sol.

Corrí hacia ella, estirando el brazo en el que llevaba la hoja. Su preciosa voz rió, y se agachó para estar a mi altura.

¿Para mí? ¡Qué bonito! Eres todo un explorador, Lincoln.

Tomó la hoja como si fuera un tesoro, y me oí a mí mismo riendo, pero no era mi risa normal, era una risa mucho más aguda y descontrolada.

Vamos, el desayuno está listo. Lincoln. ¿Lincoln? ¿Lincoln?

—¿Lincoln?

Una voz mucho más grave me despertó, sobresaltándome y expulsándome inmediatamente del sueño. Abrí mis ojos y ya no estaba en un campo, sino en mi habitación de todos los días, con Clyde de pie a mi lado.

Me senté, frotando mis ojos para eliminar las legañas. Mis sentidos aumentados ya me tenían alerta y despierto, incluso segundos luego de que tuvieran que interrumpir mi sueño.

—Clyde —le dije, sonriéndole—. ¿Qué ocurre?

—El desayuno está listo —me dijo, bostezando y estirando sus brazos por sobre su cabeza—. Vinieron a golpear la puerta, pero creo que estabas muy dormido.

—Sí, estaba… muy cansado.

—Debe ser el gimnasio. Pasas demasiado tiempo allí.

—Probablemente. Yo, uh… adelántate, en seguida voy a la cocina.

Clyde ladeó la cabeza mientras me observaba.

— ¿Seguro que estás bien?

—Sí, en serio. No te preocupes.

De inmediato pude ver en su rostro que ya era demasiado tarde; estaba preocupado.

—De acuerdo. Sólo recuerda, si necesitas hablar de algo, sea lo que sea… puedes contar conmigo.

Sus palabras me hacían sentir aún más culpable, pero aún así hice uso de todas mis fuerzas para sonreirle.

—Por supuesto, hermano. Y lo mismo para ti. Sabes que siempre nos tenemos el uno al otro.

—Por supuesto —aceptó, sonriéndome de regreso antes de salir de nuestra habitación.

En cuanto se fue, la sonrisa abandonó mi rostro.

¿Qué había sido ese sueño? No se sentía como un sueño. Todo parecía tan real. Los colores, los aromas, los sonidos, cada sentido de mi cuerpo se había activado como una bomba sensorial. Y era una especie de sueño en primera persona demasiado perfecto. Todo parecía salir de mis ojos, cuando muchas veces en mis sueños yo me veía a mí mismo como si de un personaje de película se tratase.

¿Y quién era esa mujer? El contraste de su silueta contra el Sol no me dejaron apreciar su rostro del todo, pero incluso así, era como si sus rasgos faciales estuvieran borrosos. En el momento no parecía extraño, pero tratando de recordar mi sueño, no podía asignarle un rostro a esa figura. Era una nebulosa en mi… memoria.

Memoria. Mi corazón tomó un vuelco cuando comprendí que mi sueño no había sido un sueño, sino un recuerdo. Una memoria demasiado lejana pero que había marcado una gran impronta en mi mente. ¿Pero qué clase de recuerdo era esto? Yo nunca había estado en una colina como aquella. Y no recordaba a ninguna mujer en mi vida. A menos… A menos que…


—Papás, ¿saben algo de cómo era mi madre? —Pregunté en medio del desayuno cuando hube reunido el suficiente valor.

Las reacciones fueron tal y como las esperaba. Howard escupió el café que bebía de regreso a su taza, y los puños de Harold se cerraron tan fuerte sobre el periódico que leía que casi lo parte en dos. Clyde bajó la cuchara con cereal de regreso al plato, observándome con una ceja alzada y echando nerviosas miradas a nuestros papás.

Rara vez sentía la necesidad de preguntar acerca de mis padres biológicos. Los McBride me habían adoptado cuando aún era un bebé, y me habían dado una vida llena de amor y cariño de la cual no podía quejarme en lo más mínimo. Los amaba a él y a Clyde con todo mi corazón, y estaba más que claro que ellos eran mi familia, lazos de sangre o no. Me habían explicado cuando era muy niño que mis papás habían muerto en un accidente, dejándome solo y sin ninguna familia que pudiera hacerse cargo de mí. Los McBride estaban en la lista de servicios sociales para recibir huérfanos hasta que el Estado lograse hallarles un hogar, pero me habían querido tanto que no tardaron en realizar los trámites necesarios para adoptarme legalmente.

Ni siquiera sabía cuál había sido mi apellido antes de convertirme en un McBride, y es que honestamente no tenía ningún interés particular en conocer más acerca de mi vida como bebé antes del accidente que me dejó huérfano. Sólo en contadas ocasiones había decidido preguntar acerca de mi pasado, queriendo saber qué clase de accidente había sido, o la edad de mis padres, o algún otro dato que la curiosidad me invitase a saber.

Siempre que preguntaba algo, sin embargo, mis papás se ponían sumamente nerviosos. En su defensa, siempre estaban sumamente nerviosos acerca de todo, así que no es que fuera algo totalmente fuera de lo esperado. Conociéndolos, probablemente tomaban mis preguntas como una señal de que no estaban haciendo un suficientemente buen trabajo como padres adoptivos. Los amaba, pero a veces deseaba que me dieran el beneficio de la duda y no que inmediatamente pensaran en el peor de los casos.

— ¿T-T-Tu madre? —Preguntó Howard, secando su boca con un pañuelo y mirando con desesperación a mi otro papá.

— ¿A qué te refieres, Lincoln?

—Me refiero a si tienen idea de cómo se veía, cómo era. ¿Les mostraron alguna fotografía o algo?

Intercambiaron una larga y nerviosa mirada antes de responder.

—Nunca los vimos. Sólo a ti —me explicó Harold un poco más rápido de lo necesario.

— ¿Por qué el repentino interés en su apariencia?

—Yo… no importa.

Continué comiendo mi cereal, sin dirigirles la mirada. No quería preocuparlos aún más al decirles que una memoria de ella había llegado a mis sueños. No entenderían. O si lo hicieran, se preguntarían cómo era posible que recordase algo de cuando tenía dos años, y no tenía ganas de explicarles que un cubo mágico me había otorgado un cuerpo y mente sobrehumanos capaces de muchas cosas fabulosas.

Por la periferia de mis ojos pude ver que Clyde resumía su desayuno con cierta timidez, y que mis papás estaban manteniendo una muy silenciosa conversación a través de sus miradas.

—Lincoln… Sé que debe ser muy difícil no haber conocido a tus padres biológicos, pero quiero que sepas que te amo igual que amo a Clyde —me aseguró Harold con extrema suavidad en su voz.

—Ustedes dos son lo mejor que nos ha pasado en nuestras vidas, y no hay nada de lo que estemos más orgullosos —agregó Howard.

—Lo sé, lo sé. Lo siento, no quería hacerlos sentir incómodos. Sólo era una pregunta.

—N-No, está bien. Entiendo que tengas curiosidad. Sólo…

—No se preocupen. No es nada importante.

No lo era realmente, pero una parte de mí se encontraba muy frustrada de repente. Una preocupación que no había tenido en once años, ahora me llegaba de repente, justo después de una muy estresante noche. Jamás me había interesado en recordar o averiguar más acerca de mis padres biológicos. Mi familia adoptiva era más que suficiente. Pero lo cierto es que nunca había tenido una memoria de ellos. La mujer en mi sueño sonaba… tan feliz. Amorosa. Parecía amarme como si yo fuera su tesoro. Y supongo que tendría que haber sido obvio, pero nunca lo había pensado así. Inconscientemente, mi razonamiento siempre había sido que si me hubiesen amado, no habrían muerto cuando era un bebé.

Terminé el desayuno y, aprovechando que era una mañana de Domingo y por lo tanto no tenía escuela, decidí ir al patio trasero de nuestra casa, donde la pared del garaje tenía una canasta de baloncesto. Claramente el baloncesto nunca había sido lo mío, pero incluso si apestaba, lanzar dobles y triples era siempre una forma de entretenerme y distraerme.

O al menos lo era antes. Ahora apenas si era un desafío para mí. Podía lanzar desde cualquier posición casi sin mirar, y encestar en cada ocasión. Era de todas formas una manera de mantenerme en movimiento, por lo que continué haciéndolo mientras reflexionaba acerca de todo lo que me preocupaba.

La idea de que mis padres biológicos me habían amado era realmente un giro copernicano. Era sencillo pensar en ellos como unos adultos que casualmente habían sido mis progenitores, pero que no guardaban ningún vínculo emocional fuerte conmigo. Creer que yo no había significado nada para ellos era la forma más fácil de convencerme que ellos tampoco significaban nada para mí. Y si no significaban nada para mí, entonces no había motivo por el que debiera extrañarlos. Hasta ahora, ese había sido un problema menos en mi vida.

Cerré los ojos y lancé el balón sin siquiera ver, habiendo juzgado la distancia y la fuerza desde antes. No vi el balón entrar, pero escuché el ruido del roce con la red.

—Eso fue increíble.

La voz de Clyde me quitó de mi trance. Se acercó a mí, aún vistiendo su pijama.

—Fue pura suerte —dije, restándole importancia. Él sonrió, pero era una sonrisa triste, resignada.

—Los dos sabemos que no fue suerte.

Unos pájaros en el árbol cercano aprovecharon los largos segundos de silencio para cantar una canción.

— ¿De qué hablas?

—Te estuve viendo. Lanzaste veinte veces y encestaste todas —explicó con el mismo tono que usaría si estuviese hablando de una mascota muerta—. ¿Desde cuándo eres tan bueno en el baloncesto? ¿O en todas las otras cosas en las que eres genial de repente?

Me quedé mudo. Sentía que mi garganta estaba cerrada, no pudiendo dejar salir ninguna palabra. O quizás era que mi mente no podía pensar en nada para decir. Hasta ahora, Clyde no había dado ninguna señal de que notase algo raro en mí. Seguía tratándome igual que siempre, por lo que asumí que estaba haciendo un gran trabajo manteniendo mi identidad secreta protegida. Debería haber sabido, sin embargo, que mi hermano no sería engañado como el resto de mis amigos, o incluso mis padres. Clyde me conocía mejor de lo que yo me conocía a mí mismo. Era casi inevitable que tarde o temprano se diera cuenta de que algo en mí había cambiado.

No por ello iba a confesar nada, sin embargo. Ser parte del secreto lo pondría en tanto peligro como a mí. Con mucho esfuerzo, encontré la motivación que necesitaba para responderle.

—No lo sé. Supongo que es la pubertad —dije, por más vergonzosa que la mentira fuera; no se me ocurría una mejor excusa—. Últimamente me siento con más energía, y desde que voy al gimnasio las actividades físicas se me hacen mucho más fáciles. No sé cómo explicarlo.

— ¿Estás seguro, Lincoln? Porque sé que hay algo que te molesta y que no quieres contárselo a nadie. No… no sé qué es, o ni siquiera sé si está relacionado con el hecho de que le dediques menos tiempo a tus tareas o que seas mejor en los deportes. Pero sí sé que sea lo que sea, puedes contar conmigo para ayudarte.

Lo sabía, vaya que lo sabía, pero no podía revelarle mi secreto por más que ponerlo al tanto de todo haría que mi vida fuera mucho más fácil. Hacerlo sólo lo pondría en peligro.

—No es nada, Clyde.

—Sí lo es —me desafió con gran pesar—. No sé qué es, pero ya no eres el mismo. Y… la verdad es que no sé si es algo malo o algo bueno. Te veo más feliz, todos los chicos te notamos más seguro y confiado de ti mismo. Stella dice que te ves más guapo. Quizás sea algo bueno, pero también te aleja de mí.

Perdiendo rápidamente el calor en mis mejillas que la frase acerca de Stella me generaba, me acerqué a él, colocando ambas manos sobre sus hombros.

—Clyde, ¿de qué estás hablando? ¡Nada podría alejarme de ti! ¡Eres mi hermano, mi mejor amigo! ¡Somos Clincoln McLoud, el mejor dúo del mundo!

—Lo éramos. Ahora estás siempre ocupado. Todos los días vas al gimnasio o a la biblioteca después de la escuela, y cuando llegas a casa siempre te ves distraído. Jugamos juntos, pero es como si tu mente estuviera en otro lugar.

Sus palabras me golpearon más duro que cualquier criminal lo había hecho hasta el momento.

—Yo… no tenía idea…

—Sé que no lo haces a propósito —me aseguró—. Sólo… si no te sientes listo aún para contarme… quiero que sepas que puedes hacerlo. A tu tiempo, o cuando quieras. O nunca, si no quieres.

—Yo no…

—Sólo quiero lo mejor para ti —me interrumpió, tocando suavemente mis muñecas para que lo soltara—. Ojalá resuelvas lo que sea que te está ocurriendo.

Parecía dudar un instante, pero en seguida se lanzó hacia delante para abrazarme. Yo también lo abracé, cerrando los ojos y queriendo transmitirle lo mucho que lo quería, demostrarle que mi cariño hacia él no había cambiado en lo más mínimo. Eventualmente se separó, y me deseó suerte una vez más antes de volver hacia la casa.

Suspiré, dolido por esta situación, pero también decidido. Esta charla me había demostrado un hecho innegable: mi actividad como superhéroe estaba comenzando a afectar mi vida personal. Era algo que le ocurría a todos los héroes, tarde o temprano. Tenía que empezar a tomar decisiones importantes: ¿priorizar mi vida como héroe o a mi familia y afectos cercanos? No era una decisión fácil… pero quizás habría una forma de sentirme bien con ambas.

Si lograba cumplir algún gran objetivo como héroe, asegurando que las calles fueran un lugar más seguro para la ciudadanía, entonces podría enfocarme en mi vida personal sin un sentimiento de culpa pesando sobre mí.

Y tenía una clara misión que, de resolverla tan pronto como fuera posible, lograría saciar mis ansias de justicia, al menos por un tiempo.


Cuando vi que la llamada entrante era de Jordan, mi corazón dio un vuelco. Dejé lo que estaba haciendo y tomé el teléfono tan pronto como pude.

— ¡Jordan! ¡Hola! Ehem, es decir —me recompuse, sonando menos entusiasmado y más casual, como si el hecho de que ella me llamara no fuera la mejor parte de mi día—, ¿qué tal?

Eres un tonto —dijo entre risas—. Todo bien. ¿Y tú?

—Oh, ya sabes, nada nuevo. Pasando el rato.

¿Demasiado ocupado como para revisar tus mensajes?

—Uh…

Te escribí como tres veces —me reprochó, sonando ligeramente indignada. Fue un cachetazo a mi alma, y me sentí un verdadero idiota.

—Oh, rayos. Jordan, lo siento mucho, te juro que no escuché mi teléfono —admití con gran desazón—. Estuve un poco ocupado, no estaba atento. No era mi intención ignorarte, tú sabes que eres mi amiga, yo no…

Lincoln, tranquilo —me interrumpió, sonando divertida, y tuve que preguntarme si no había estado fingiendo enfado; si así era, entonces había lanzado una excelente tirada de engaño—. No te preocupes. Sólo quería ver cómo ibas con tu parte del ensayo.

Golpeé mi frente como si una araña asesina estuviera allí posada. Deseé que el ruido no se hubiera escuchado a través de la comunicación, y que no me quedara una marca roja con la forma de mi mano izquierda en la frente.

—Oh, sí, ya casi lo tengo terminado —mentí, apretando los ojos y sintiéndome un imbécil—. Sólo tengo que retocar algunas cosas, pero lo haré esta noche.

¿Estás seguro? Hay que entregar nuestros avances mañana a la mañana. ¿Necesitas que te ayude con algo? Puedo ir a tu casa y darte una mano.

Tan nervioso y angustiado con mi incompetencia estaba que fallé en detectar el mínimo dejo de esperanza que su voz ocultaba.

—No, no, no te preocupes. Tú hiciste tu parte, y prometí terminar la mía para hoy. Descuida, yo me encargo. Te prometo que estará listo a tiempo.

Hubo una pequeña pausa, y esta vez sí noté la obvia decepción en su tono de voz. Decepcionada por no tener mi parte lista aún, por supuesto.

Está bien. Pero avísame si necesitas ayuda, ¿de acuerdo? Es una entrega importante.

—Por supuesto. Tranquila, puedes confiar en mí.

Si no lo haces, Circe se encargará de matar a Hojaplateada.

Ahogué una pequeña risa.

—Si no lo hago, Hojaplateada se matará a sí mismo.

De acuerdo. Nos vemos, Linc.

—Nos vemos, Jordan.

En cuanto la llamada terminó, dejé mi teléfono sobre el suelo y me caí de espaldas, cubriendo mi rostro con mis manos y ahogando un grito. ¿Cómo podía ser tan estúpido? Tantas cosas habían ocurrido que me había olvidado por completo que teníamos una presentación de los avances de nuestro proyecto. Debíamos entregar un informe de al menos ocho páginas, y luego dar una exposición oral para explicarlo frente a la profesora y nuestros compañeros. Jordan había terminado su parte el día anterior, pero yo había estado demasiado ocupado con mis actividades heroicas como para avanzar demasiado.

Además, siendo honestos, sabía que con mi mente aguda podría escribir mi parte en un rato. No necesitaba sentarme por horas como podría haberme sucedido antes. Al apoyar mi lápiz sobre el papel, las palabras fluían desencadenadas. Estaba convencido de que podría terminar NaNoWriMo en dos semanas si me lo proponía.

Así que no estaba del todo preocupado por el tiempo, pero sí me sentía sumamente decepcionado por no haber tomado mi trabajo con Jordan con la seriedad que se merecía. Veníamos trabajando muy bien, y nuestra profesora estaba feliz con el progreso que traíamos. Pero ahora se acercaba la hora de realizar una revisión oficial de nuestro trabajo, y sería calificado. Necesitaba tomármelo en serio y realizar mi mejor esfuerzo para que Jordan y yo tuviéramos una buena calificación.

Suspiré, sentándome nuevamente. Estaba decidido; esa noche tendría que quedarme despierto sin dormir para poder terminar nuestro trabajo. Lo ideal sería poder hacerlo cuanto antes, pero podría decirse que estaba ocupado con un segundo trabajo de investigación.

Me encontraba en medio de la guarida secreta de Ace Savvy, con una enorme cantidad de carpetas, mapas, notas y hojas tiradas a mi alrededor, ocupando una gran superficie del suelo. Nova no mentía cuando decía que Ace Savvy había estado investigando a Tetherby durante años. Había varias carpetas con su nombre y fechas que iban hasta ocho años atrás. Artículos de periódicos, informes de laboratorio, resúmenes impresos de oficinas de seguridad de distintas ciudades de nuestro Estado. La información disponible era inmensa, y la única forma de encontrar lo que buscaba era leyendo por arriba y tratando de encontrar palabras claves que me ayudaran a tener una idea de la generalidad.

Hasta donde podía entender, Ace tenía la impresión de que Tetherby odiaba a los héroes y había realizado largas cruzadas para intentar que los medios de comunicación los odiaran también. Su tecnología de control de metahumanos era la mejor en el negocio, y ese era uno de los motivos por los cuales la mayoría de las prisiones lo habían contratado como su principal proveedor. Eso ya era de por sí una gigantesca fortuna que el gobierno había invertido en él, pero Tetherby quería más. De acuerdo a las pequeñas notas que Ace escribía en los márgenes de distintos documentos, parecía que la compañía estaba desarrollando un plan de tres etapas para reemplazar completamente a la policía tal y como la conocíamos.

Primera etapa: proveer a las fuerzas policiales y militares con armas de última generación designadas para neutralizar metahumanos. Segunda etapa: la creación de trajes mechas de medio tamaño para ser operados por Comandos de las Fuerzas Especiales o marines, lo cual les permitiría enfrentarse con incluso los más poderosos metahumanos en igualdad de condiciones. Tercera etapa: la creación de robots autómatas para luchar contra metahumanos, completamente reemplazando a los humanos en la lucha contra el crimen y operando con niveles de eficiencia imposibles de alcanzar de otra forma.

Las Industrias Tetherby lo llamaba el Proyecto Centinela.

Era sumamente interesante y un poco aterrador el creer que alguien tenía esta clase de planes para nuestras sociedades. De acuerdo a las notas, no había logrado aún que ninguna ciudad o estado aprobara la primera etapa para su uso, y la segunda etapa estaba aún en una fase de testeo.

Quizás esta información valiera la pena ser compartida en algún medio de comunicación o con algún periodista independiente lo suficientemente valiente como para denunciar estos planes, pero honestamente no era lo que buscaba.

Lo que buscaba me llevó mucho más tiempo de encontrar. En una carpeta donde Ace recolectaba información acerca de las armas experimentales que Tetherby se encontraba desarrollando, una fotografía de una fábrica abandonada llamó mi atención.

— "Depósito abandonado, distrito industrial, Avenida Siempreviva 742" —leí en voz alta—. "Laboratorio secreto de armamento experimental."

Sonreí. Eso era exactamente lo que estaba investigando. Ahora tenía una dirección concreta en la cual podría, potencialmente, encontrar evidencia acerca del arma que acabó con la vida de Ace. Y si se podía rastrear hacia Tetherby… entonces quizás habría una forma de condenarlo. Incluso Nova tendría que admitir el buen trabajo que había realizado.

Afortunadamente para mí, Ace tenía extensas notas acerca de aquel laboratorio, incluidos los turnos de los guardias, un plano de accesibilidad, y los puntos ciegos de las cámaras de seguridad.

Eché una mirada a mi teléfono.

—Lo siento, Jordan —murmuré para mí mismo—, te prometo que lo terminaré esta noche. Pero esto es importante.

Pasé el resto de la tarde estudiando todo lo que Ace Savvy sabía acerca del laboratorio.


Llegada la noche, mi rutina nocturna ocurrió igual que siempre. Ir a la cama temprano, esperar que todos se acostaran, y que Clyde se durmiera. Sólo que en esta ocasión debía estar completamente seguro de que mi hermano no se despertara con mi huída. Sabiendo que en otras ocasiones, aparentemente, él había sido consciente de mi salida, esta vez realicé mi mejor esfuerzo para no realizar ruido alguno. Me moví como un fantasma, cuidando cada paso, cada pequeño movimiento mientras preparaba el señuelo bajo mi cama. Antes de ir al ático, incluso, me acerqué de puntillas de pie hacia la cama de Clyde, asegurándome que no tenía ningún ojo abierto.

Todo parecía estar en orden, así que me escabullí hacia el ático, donde me cambié a ropas comunes y coloqué todo lo que necesitaría como Ace Savvy en una mochila. Tomé una vez más los pequeños papeles con mis apuntes acerca de las instalaciones. Había estudiado muy duro para recordar cuanto me fuera posible, pero por si acaso, estaba tomando los papeles con los datos más importantes y los llevaría en mi cinturón de utilidades. No tenía demasiado espacio en los pequeños compartimientos, por lo que dejé en el ático los más básicos, como la dirección del complejo, la cual había claramente memorizado.

—Hora de repartir justicia —me dije a mí mismo, levantando un puño—. Hoy descubriré el verdadero papel de Tetherby en todo esto. Descuida, Ace, todo saldrá a la luz.

Salté de la ventana del ático y me alejé de mi casa decidido y con una clara misión autoimpuesta. No había nada que pudiera cambiar mi opinión, estaba completamente enfocado en mi tarea. En ningún momento miré atrás.

Debería haberlo hecho, y lo que hubiera visto quizás me habría hecho reconsiderar mi accionar.


Llegar hasta el distrito industrial era una importante caminata desde mi casa. Tardé más de una hora, yendo a un ritmo moderado. Afortunadamente, una vez allí fue muy fácil encontrar un lugar donde ponerme mi traje de Ace Savvy, y mi movilidad como superhéroe aumentó considerablemente. Con un poco de ingenio y un gran despliegue de agilidad y destreza, conseguí posicionarme en la azotea de un edificio cercano, observando con claridad el depósito abandonado.

Era un típico edificio industrializado, con una gran estructura de metal y un techo que cubría la totalidad del cuerpo principal, el cual parecía ocupar un poco más de una manzana. Tenía algunas chimeneas industriales, pero ningún humo salía de ellas. Todas las ventanas estaban cubiertas, y desde donde se lo mirase, el edificio parecía no estar en funcionamiento ni uso, como si hubiera estado abandonado durante meses, años incluso.

Por supuesto, bajo una mirada más atenta, uno notaría la docena de oficiales de seguridad que se movían en patrones determinados alrededor de la edificación, patrullando el perímetro en busca de intrusos. Todos llevaban pistolas en sus cinturas, y los que se hallaban en las entradas cargaban con escopetas. También era posible ver las pequeñas luces rojas de las cámaras de seguridad en cada esquina del complejo.

Infiltrarse allí sería una locura para cualquier persona, incluso para mí. Afortunadamente, Ace se había tomado su tiempo para realizar un relevamiento de todos los parámetros necesarios para poder planificar una infiltración. Conocer los patrones de movimientos de los guardias y los rangos de visión de las cámaras de seguridad era información invaluable. No tenía idea de cuánto tiempo habría dedicado Ace para poder recolectar todos estos datos.

Era, aún así, extremadamente peligroso siquiera intentarlo. No sabía cómo reaccionarían los guardias de seguridad si es que me veían, pero trabajando para una empresa que se especializa en el control de metahumanos y portando armas, supuse que probablemente no sería un encuentro amigable.

Con un último repaso de mis notas, me persigné a quienquiera que fuera el ente cósmico encargado de cuidarme, y me lancé directo hacia la acción. O, en el mejor de los casos, la falta de acción.

—La suerte está echada —dije, atravesando la calle para ocultarme detrás de un camión.

Asomé mi cabeza, buscando al guardia de seguridad que controlaba el sector por donde me infiltraría. El sujeto llevaba puestos unos audífonos, probablemente en comunicación con la central de inteligencia del edificio, listo para informar al resto de los empleados si es que notaba cualquier tipo de—

¡Ooh girl! ¡If I could…! ¡Ooh girl! ¡Give you the…!

Tuve que frotar mis ojos para asegurarme que no estaba imaginando cosas. El guardia de seguridad movía su cabeza y giraba sus caderas al ritmo de Boyz Will Be Boyz. Continué observándolo, ya no esperando el momento justo para escabullirme sin que me viera, sino sencillamente incrédulo. En especial cuando llegó el final de la canción y el sujeto derramó una lágrimas.

—Los amo tanto… —Lo oí decir. Sacó su teléfono y presionó la pantalla antes de voltear y comenzar a alejarse— ¡Ooh girl! ¡If I could…! ¡Ooh girl! ¡Give you the…!

Era el momento que esperaba. En cuanto volteó, salí de detrás del camión y me dirigí a toda velocidad hacia la cerca metálica. Con un salto para tomarme de los alambres e impulsarme con mis brazos, logré pasar por arriba de la cerca. Al momento de caer, dejé que mi cuerpo absorbiera el impacto y rodé hacia un lado para colocarme detrás de unas grandes cajas de madera. Apenas estirando mi cuello para lograr ver el resto del patio, esperé pacientemente a que la cámara de la esquina girara hacia el otro extremo de su rango de visión.

En cuanto lo hizo, salí disparado hacia la estructura del edificio, moviéndome como una sombra. Logré colocarme contra la pared antes de que la cámara regresara a su posición. Había pasado por el primer puesto de seguridad. Sólo tenía que pasar por… seis más.

—Más vale que las pistolas estén en una mesa a plena vista —murmuré para mí mismo.


Pasar por los siguientes puntos de control fue toda una Odisea. Tenía que tener un perfecto manejo de mis tiempos para coordinar los movimientos con los recorridos de las cámaras y el comportamiento de los guardias de seguridad. Quienes, como descubrí durante mi aventura, no eran tan sistemáticos y perfectos como las máquinas. Al guardia fanático de bandas pop juveniles se le sumó un guardia que estaba demasiado ocupado con su teléfono como para continuar con su ruta de patrullaje. El tiempo se me acababa, y tuve que tomar un pequeño trozo de escombro y lanzarlo hacia otra dirección para que el sonido de impacto lo pusiera en alerta y fuera a investigar. Hubo también otro guardia que aparentemente no tenía permitido abandonar su puesto para ir al baño, por lo que tuvo la desagradable idea de pintar su nombre en una de las paredes del complejo.

Ese sujeto merecía la cárcel. ¡Ni siquiera se lavó las manos!

El momento más aterrador fue, sin embargo, el último punto de control que debía pasar. Habiéndome escabullido como un espía, ya sólo me faltaba llegar a un pequeño sector de muro donde las cámaras no llegaban. Allí se hallaba un desagüe de plástico bien sujeto al muro, el cual podía utilizar para escalar hacia el techo sin necesidad de utilizar mi pistola-gancho, la cual podría llegar a ocasionar algún ruido al golpear contra la cubierta metálica. Corrí allí hacia toda velocidad evitando ser captado por una de las cámaras, y comencé mi lenta y silenciosa subida, pero cuando me encontraba a mitad de camino, dos guardias aparecieron, uno de cada lado.

Los ocho metros de altura que me separaban del suelo y el hecho de que mi capa azul se mimetizara con la noche eran las únicas esperanzas reales que tenía de que no me descubrieran. Me quedé quieto en mi lugar, con mi corazón palpitando a toda máquina, rezando porque se fueran pronto. Este no era parte de su recorrido, se suponía que sólo un guardia recorrería esta zona dentro de diez minutos. ¿Qué estaban haciendo?

Con el corazón en la garganta, los observé acercándose hacia mi posición sin levantar la vista. Se colocaron justo debajo del desagüe, enfrentados a medio metro de distancia. Si estaban acorralándome para enseguida levantar sus pistolas y dispararme, pues mala suerte. Yo ya estaba preparando mi naipe de humo para enceguecerlos y dejarme caer sobre ellos. Si colocaba mis codos en una buena posición, la fuerza de gravedad sería suficiente para que el impacto fuera lo suficientemente—

—Por el amor de… —maldije, poniendo los ojos en blanco.

Los dos guardias estaban besándose muy, muy apasionadamente, sus manos recorriendo el cuello y espalda de su colega. ¿Es que eran todos estos guardias unos incompetentes? Quizás hacía años que patrullaban sin que nada ocurriera, y ya no se tomaban su trabajo con la seriedad que se merecía. Pues bien, mejor para mí, pues no tenía tiempo que—

No debí haber mirado hacia abajo nuevamente. Estaban comenzando a quitarse sus camisas. Sin voltear atrás y ya convencido de que estaban lo suficientemente entretenidos como para no notarme, continué escalando hasta llegar al techo. Una vez allí, fue cuestión de moverme con cuidado para no hacer ningún ruido y llegar a los ductos de ventilación. Estos sí estaban funcionando, y podía notar una corriente de aire cálido saliendo de ellos. Utilicé un naipe a modo de destornillador para quitar la rejilla.

Clásico medio de infiltración. Quizás no hubiera sido del tamaño suficiente como para que el Ace Savvy original los utilizase —y quizás por ello es que nunca había logrado entrar—, pero mi tamaño de niño era perfecto para caber. Una vez dentro, maniobré mi cuerpo para poder extraer mis apuntes sobre los planos de ventilación y evacuación que Ace había preparado. No estaba del todo seguro de hacia dónde debía ir para hallar las armas, pero por lo pronto, infiltrarme dentro del complejo era un gran primer paso. Así que busqué una entrada de ventilación que daba hacia una remota esquina del hangar, donde sería más fácil para mí permanecer oculto. Había una relativamente cerca, por lo que volví a guardar los papeles y comencé a arrastrarme, teniendo que entrecerrar los ojos para moverme contra la corriente de aire caliente. No era doloroso ni nada por el estilo, pero era muy incómodo.

Moviéndome como un soldado en la trinchera, pero mucho más silencioso, me arrastré hasta encontrar dicha ventilación. Se oía el sonido de conversaciones, de soldaduras, y de elementos mecánicos moviéndose pesadamente. Todo lo que podía ver desde mi posición era una pasarela metálica que cruzaba el hangar a modo de puente, y una serie de contenedores industriales plateados, todos con un logo que parecía una letra T superpuesta con una I.

—Industrias Tetherby—reconocí de inmediato.

Sin ningún guardia en mi campo de visión, decidí que era momento de completar mi infiltración. La rejilla de ventilación era de un aluminio de baja calidad, por lo que haciendo uso de mi nueva fuerza, logré abrirla desde dentro, rompiendo las esquinas y dejando un hueco lo suficientemente grande para que pasara. Con un rápido movimiento, me deslicé fuera.

Amortigüé mi caída, silencioso como una sombra. Tenía ahora una mejor vista del complejo, pero lo primero era asegurar mi posición. El gran techo que cubría la totalidad del depósito tenía una serie de cerchas metálicas de al menos tres metros de altura, con potentes luminarias fluorescentes colocadas por debajo de ellas. Si lograba llegar allí, sería casi imposible que me detectaran. Entre la altura, el contraste de luz y los colores apagados de mi traje, no había forma que me vieran.

Debía actuar rápido, por lo que me coloqué detrás de una columna de acero que cubría mi cuerpo casi por completo, y de inmediato accioné mi pistola-gancho, elevándome hacia la estructura metálica del techo. Una vez allí, pude tomarme mi tiempo para analizar la situación.

El hangar era tan grande como se lo veía desde fuera. Las luces en la estructura del techo le daban un aire extremadamente artificial al lugar, reflejada en los pisos de cerámica blancos y las paredes recubiertas con láminas de metal. Había pasarelas y plataformas metálicas que formaban un gran anillo en el perímetro del espacio, con un centro en doble altura donde distintas plataformas y sectores se ocupaban con mesas y mesas de trabajo. Estas mesas estaban llenas de computadoras y distintas piezas de tecnología.

Al menos asumí que era tecnología. Sin saber nada de ingeniería, todo se veía como piezas de chatarra.

Decenas de personas con uniformes blancos iba de aquí a allá, leyendo tabletas, arrastrando carritos con cajas, y saludando cordialmente a guardias de seguridad con ametralladoras estacionados cada ocho metros.

—Esto no es un sencillo laboratorio. Esto es algo grande, no puedo perder el tiempo. Si fuera un magnate malvado, ¿dónde guardaría mis armas?

Dando un rápido vistazo, noté que en el otro extremo del hangar había grandes pantallas, casi una pared entera convertida en un gran monitor. Había una pequeña plataforma que daba a ella con lo que parecía ser un gigantesco panel de control, y de pie frente a las computadoras, varios hombres de traje blanco parecían estar discutiendo con un pequeño hombre, gordo y vistiendo un traje de gala.

—Tetherby.

Cerré mi puño casi dolorosamente alrededor de parte de la estructura metálica. Decidido a descubrir qué estaba ocurriendo, comencé a moverme de reticulado en reticulado, abriéndome camino a través del hangar sin que nadie me detectara. No tardé en acercarme a la posición de Tetherby, observándolo desde arriba como un ave de presa. Pese a estar varios metros por encima de ellos, el volumen de su conversación era lo suficientemente alto como para escucharlos sin problemas.

— ¿Más tiempo? ¿Es que tengo cara de relojero? ¡Les he dado tiempo de sobra! —Decía el empresario.

—Menos de dos meses difícilmente cuente como tiempo suficiente, señor —trató de decir un empleado. Pese a que era un sujeto alto, al menos un metro ochenta y algo, tenía los hombros caídos y la cabeza gacha, como si el pequeño hombre con sombrero de gala fuera en verdad el más grande de los dos.

—El estudio del genoma metahumano es un proceso delicado y de difícil interpretación —se apresuró a agregar otro hombre vistiendo el mismo uniforme que el resto.

—Créeme, Morgan, si no fuera consciente de lo estúpidamente complicado que son estos estudios, no te estaría pagando un salario con tantos ceros.

—L-Lo sé, señor, pero…

— ¡Tengo a seis de los mejores científicos dedicados al estudio de metahumanos trabajando para mi compañía, y ni siquiera así logran darme respuestas en tiempos aceptables!

De acuerdo, entonces Tetherby estaba trabajando con científicos especializados en metahumanos. Tenía sentido, ciertamente los necesitaría para poder desarrollar armas que neutralizaran a los héroes. Pero, ¿había dicho dos meses? ¿Estaba trabajando en un arma desde la muerte de Ace Savvy?

Los científicos se habían quedado en silencio tras el exabrupto de su jefe, pero una de ellos, una mujer con gafas, se llenó de valor para levantar la cabeza y responder.

—Entendemos sus necesidades, señor, pero nueve mujeres embarazadas no pueden hacer un bebé en un mes.

Un guardia de seguridad dejó escapar una minúscula risa, haciendo que Tetherby voltease con fuego en los ojos en su dirección.

—Uh, yo, uh, iré a patrullar —se apresuró a decir el hombre, marchándose a paso rápido.

Tetherby suspiró y volteó a ver a la mujer que había hablado.

—No lo entiendo. Normalmente requieren mucho menos tiempo para realizar estos estudios preliminares. ¿Por qué, con toda esta costosa tecnología que he invertido en ustedes, no pueden obtener los resultados de siempre?

—Este no es un caso como ningún otro —respondió quien aparentemente se llamaba Morgan—. Usualmente es sencillo detectar el genoma distinto que ocasiona la mutación que convierte a las personas en metahumanas. Pero en este caso… no parece ser acción de un genoma.

No entendía nada de lo que estaba ocurriendo, pero por el silencio y las miradas nerviosas que los científicos intercambiaban, aquellas palabras parecían implicar algo sumamente importante.

— ¿Estás diciendo que no era un metahumano? —Dijo Tetherby, sonando menos enfadado y más curioso.

—Oh, no, los estudios demuestran sin lugar a dudas que se trata de un metahumano —respondió la mujer—, pero creemos que la mutación no ocurrió producto de una modificación del genoma metahumano.

— ¿Y qué otra explicación hay?

Un científico que hasta ahora no había hablado llevó una mano a su mentón.

—Imposible saberlo. Siempre ha habido rumores de experimentos soviéticos y asiáticos buscando manufacturar metahumanos, pero nada que haya sido registrado en ninguna fuente de literatura científica confiable. La respuesta más segura sería suponer que habría tenido contacto directo con la explosión cósmica de los ochenta que liberó la onda de energía sobre el planeta, pero no hay registro de ningún humano que haya estado en contacto directo con la explosión misma, por lo que no es una teoría feasible. Es prematuro dar cualquier hipótesis…

Realizó una pausa, como si estuviera a punto de decir algo pero no estaba seguro de si era una buena idea hacerlo. Tetherby lo notó igual que yo.

— ¿Pero?

—Pero… la aparición del nuevo Ace Savvy resulta interesante para los propósitos de nuestros estudios.

Aquel hombre acababa de llevar mi atención hasta el punto máximo. Me incliné hacia abajo, como si ganar diez centímetros haría que escuchara mejor.

— ¿De qué manera?

—Pues bien, cualquiera sea la mutación o modificación genética que el Ace Savvy original hubiera tenido, este niño parece tenerla también. El genoma metahumano tiene cierto componente hereditario, pero los efectos suelen ser completamente aleatorios. Así que incluso si los rumores de que se trata de su propio hijo fueran ciertos, la posibilidad de que los poderes sean resultados de una modificación natural son muy escasas. Creemos… que puede existir la posibilidad de que sean alteraciones artificialmente conseguidas.

De repente comprendí que la conversación se trataba de una investigación que Industrias Tetherby realizaba acerca de Ace Savvy. Algo relacionado con el origen de sus poderes. Y de alguna forma, aquellos científicos estaban deduciendo correctamente que tanto el Ace Savvy original como yo habíamos obtenido nuestras habilidades de lo que sea que aquel cubo brillante fuera.

—Espera un momento, cerebritos —dijo Tetherby, llevando una mano a su sien, como si estuviera pensando demasiado rápido para su cerebro de anciano—. ¿Estás diciéndome que hay algún aparato que crea Ace Savvys?

—Es sólo una hipótesis —explicó la mujer—, y ni siquiera podemos decir que se trate de una máquina. Podría ser cualquier cosa.

—Una cámara que logre manipular la energía cósmica residual de la atmósfera.

—Un elemento radioactivo.

—Un suero de supersoldado.

—Ya deja de leer cómics, Morgan.

— ¡Silencio! ¿Por qué es esto una teoría y no algo que encontraron en sus análisis?

—La muestras que recibimos no fueron lo suficientemente amplias como para explorar todas las posibilidades, tuvimos que limitarnos a los exámenes estándar. Si tan sólo pudiéramos acceder a más muestras…

—Eso está fuera de discusión —dijo Tetherby, sonando muy enfadado—. Me costó una fortuna y tuve que pedir muchos favores para obtener esos cabellos. Tienen que trabajar con lo que tengan.

—Si ese es el caso, me temo que no hay mucho que podamos hacer —se lamentó Cerebritos.

El jefe dejó escapar un bufido de enfado y comenzó a caminar en círculos por la plataforma, con una mano detrás de su espalda y la otra acariciando su papada.

—En todos estos años, nunca se supo que Ace Savvy tuviera un compañero. Es posible que lo haya entrenado en secreto, pero ese no es su estilo. Aunque si los rumores de que sea su hijo son ciertos… ¿dicen que es poco probable que haya heredado sus poderes?

—Es ciertamente posible, pero altamente improbable.

—De acuerdo… De acuerdo… Si Ace Savvy y este nuevo mocoso no obtuvieron sus poderes naturalmente… ¿Podría explicar eso por qué nunca le afectó la maldición de Royal Woods?

Los científicos se movieron incómodos en su lugar.

—Pues… no nos gusta hablar de ninguna maldición —explicó la mujer—. No hay ninguna base científica para explicar lo que ocurre, pero otorgarle una explicación paranormal va en contra de…

—Sí, sí, no me aburras con tu retórica —la interrumpió Tetherby—. El punto es que eso podría tener sentido. Y si es cierto que existe algún medio por el cual generar nuevos metahumanos con las habilidades de Ace Savvy… Maldita sea, ¡eso es una mina de oro!

—Señor, es sólo una teoría, no podemos…

—Creí que estudiar unas muestras de Ace Savvy podría arrojar algún dato interesante, pero nunca imaginé esto —continuó—. Oh, Ace, y yo que creía que nuestra relación había acabado cuando el bastardo de William acabó contigo. ¿Quién diría que tu muerte me abriría tantas posibilidades?

Frotó sus manos como si estuviera preparándose para un banquete. Casi podía ver la saliva cayendo de sus labios.

—Esto lo cambia todo. Tenemos que averiguar cuál es la fuente de este poder. ¡Morgan!

— ¿Señor?

—Prepara algunas dosis del suero de la verdad.

—Técnicamente no es un suero de la verdad, es sólo un inhibidor de…

— ¡Tú sabes de qué hablo! —Lo interrumpió, poniendo los ojos en blanco y negando con la cabeza— Malditos científicos y sus tecnicismos… Sólo hazlo. Si vamos a desenterrar el pasado de Ace Savvy, hay alguien a quien debemos visitar primero.

Estaba comenzando a inquietarme. Esto definitivamente no era a lo que esperaba enfrentarme esta noche. Mi intención había sido sencillamente infiltrarme y tratar de descubrir las armas que habían matado a Ace. Nunca me había imaginado que me entrometería en una conversación como esta. Científicos estudiando el ADN de Ace Savvy. La correcta teoría de que había obtenido sus poderes de alguna fuente artificial. Y esas ominosas palabras, presagiando quizás un nuevo objetivo para Industrias Tetherby.

Parte de mí estaba considerando que quizás había algo de razón en las palabras de Nova, quizás estaba comenzando a involucrarme con cosas demasiado grandes y más allá de mis capacidades para resolver. Evidentemente, Tetherby tenía proyectos y ambiciones que me precedían por muchas décadas, y lo que para mí había sido un momento pivote en mi vida, para él sólo había sido un día más. Yo no era más que un peón dentro del gran juego que el hombre se encontraba jugando, y quedarme a jugar podría ser un error fatal.

Sí, creo que es justo decir que lo más probable era que, en aquel momento, hubiera dado media vuelta atrás y habría seguido el consejo de Nova, distanciándome de Tetherby. Lo habría hecho, en serio, de no haber sido porque las sirenas comenzaron a sonar.

ALERTA. ALERTA. INTRUSO DETECTADO. INTRUSO DETECTADO.

Mientras la voz artificial de una computadora resonaba por todo el hangar, sentí que me helaba. Mi chequeo de sigilo había fallado. Miré a mi alrededor. Los guardias estaban corriendo a sus posiciones, colocándose frente a cada entrada y resguardando a Tetherby. Uno de ellos, que no llevaba ningún arma, se dirigió a toda velocidad hacia un gran contenedor cuadrado, y comenzó a ingresar un código en el panel que lo desbloqueaba.

Curiosamente, nadie parecía estar mirándome a mí.

—Muéstramelo —dijo sencillamente Tetherby, sus manos cerrándose sobre su bastón y volteando hacia las computadoras.

La gran pantalla mostró una señal de una cámara de seguridad, y de inmediato sentí que estaba a punto de desmayarme.

La cámara estaba realizando un zoom para enfocarse en una pequeña figura que, con mucha dificultad, terminaba de trepar el alambrado perimetral del terreno, cayendo pesadamente sobre el suelo. La cámara no captaba su rostro, pero yo no necesité verlo para reconocerlo. Ese cabello, esa ropa…

Clyde estaba tratando de escabullirse dentro del complejo.

—Es sólo un niño —dijo un guardia de seguridad que se hallaba junto a Tetherby—. Probablemente quiera pintar alguna pared o robar alguna caja de herramientas.

—Malditos mocosos. Envía a alguien a que se encargue.

—Sí, señor —dijo el guardia, acercando su radio hacia su boca—. James, Hiro, diríjanse al sector seis a lidiar con un niño, cambio.

Unos segundos de silencio.

—James, Hiro, ¿me reciben? Cambio.

Más silencio. Tetherby levantó una ceja. El guardia se encogió de hombros.

—James, Hiro, diríjanse al sector seis, hay un intruso, cambio.

¡J-James aquí! —Respondió finalmente una voz agitada— Estamos viniendo. ¡Quiero decir! Estamos en camino. Cambio.

—Apúrense. Cambio y fuera.

Esto era malo, esto era muy, muy malo. Dos guardias armados estaban siendo enviados para "encargarse" de mi hermano. ¿Qué demonios hacía Clyde allí? ¿Por qué no estaba durmiendo? ¿Cómo había llegado allí? ¿Qué estaba intentando hacer? Todo era extremadamente surrealista, no entendía nada. Era como en mis sueños: yo no era más que un espectador pasivo.

Sólo que esto no era un sueño. Esta era la realidad, y mi hermano estaba a punto de ser confrontado por guardias armados de Industrias Tetherby. Debía llegar cuanto antes. No había otra opción. Busqué alguna salida rápida, una ventana quizás, pero las únicas ventanas estaban cerca del techo, y todas se hallaban tapadas con hileras de ladrillos.

—Adiós a pasar desapercibido —dije resignadamente, poniéndome de pie sobre la estructura metálica del techo.

Con una mano, activé mi pistola gancho, lanzándola hacia otra cercha, pero no activé el mecanismo que me llevaba hacia allí, sino que salté, utilizando el largo del cable como un columpio, dirigiéndome a toda velocidad hacia una de las ventanas tapadas. Una vez que estaba a mitad de camino, tomé una carta explosiva y la lancé hacia mi objetivo.

La pequeña explosión pareció sacudir el muro. No hizo un agujero entre los ladrillos como esperaba, pero el daño era evidente, con varios ladrillos rotos en varias partes, y algunos hoyos que daban hacia el exterior. Suficiente para mí.

Desafortunadamente, la explosión fue lo contrario a lo sutil.

— ¡Allí, en el techo! —Gritó una voz.

— ¡Es Ace Savvy!

— ¡Código rojo!

— ¡Deténganlo! ¡No dejen que escape! —Ordenó Tetherby.

Para cuando me notaron, sin embargo, yo ya estaba impulsado a toda velocidad hacia los ladrillos dañados. Deseando que mis cálculos fueran correctos, crucé mis brazos en forma de X sobre mi rostro, y en el último instante, pateé con todas mis fuerzas. La mezcla de velocidad y energía en el golpe bastaron para desarmar la pared, y la inercia de mi movimiento me permitió atravesarla. Algunos ladrillos me golpearon en los antebrazos y parte de mi cabeza, pero estaba demasiado asustado y desesperado como para sentir dolor.

Apenas si logré escuchar un último grito mientras dejaba el hangar detrás.

— ¡Activen el MetaBasher! ¡DETÉNGANLO A TODA COSTA!

La caída fue muy, muy dolorosa. Rodé para tratar de reducir el impacto, pero aún así sentí que los huesos de mis piernas, brazos, y tórax se comprimían hasta llegar casi a su límite. Dejé escapar un muy breve quejido, pero no tenía tiempo que perder. Comencé a correr a toda velocidad hacia el sector que había visto en las cámaras.

Al girar en una esquina del complejo me encontré con dos guardias que se acercaban, probablemente atraídos por el ruido de la explosión.

— ¡Es Ace Savvy!

— ¡Alto ahí!

Elevaron sus armas a mí, pero no fueron lo suficientemente rápidos. Corrí en medio de ambos y me deslicé como si estuviera barriendo para llegar a tocar la base en un partido de béisbol. Mientras lo hacía, estiré mis manos y tomé a ambos por las muñecas, inmediatamente tirando hacia mí con todas mis fuerzas. No estaban preparado para ello, por lo que se precipitaron en mi dirección, chocando sus cabezas con violencia y cayendo desmayados detrás de mí.

— ¡Hey, detente donde estás!

Otro guardia de seguridad se acercaba desde la distancia. No llegaría a su posición para luchar cuerpo a cuerpo antes de que me disparara, por lo que simplemente tomé una carta eléctrica, la dejé cargando unos instantes mientras continuaba corriendo hacia mi objetivo, y en cuanto el zumbido del aparato me indicaba que ya contaba con una fuerte descarga eléctrica almacenada, la lancé tan fuerte como pude. El sujeto trató de evitarla, pero la carta impactó en su estómago, y lo vi retorcerse por unos segundos antes de caer al suelo completamente paralizado.

Continué corriendo, neutralizando a todos los guardias que, sorprendidos, no llegaban a reaccionar a tiempo para detenerme. Así fue como seguí avanzando, y rápidamente localicé a Clyde. Estaba de espaldas contra unas cajas de madera, viéndose completamente aterrado. Vestía sus pantalones de pijamas, unas zapatillas comunes, y una chaqueta de abrigo. ¿En qué demonios estaba pensando?

Había dos guardias frente a él, y aunque los veía de perfil pude reconocerlos, muy a mi pesar. Eran los dos tipos que se habían puesto muy apasionados el uno con el otro justo debajo de donde yo estaba. Se los veía despeinados, y sus uniformes estaban completamente desprolijos, con partes de sus camisas sobresaliendo de sus pantalones. Uno de ellos parecía haberse olvidado las medias.

— ¡Esto es propiedad privada, niño!

— ¡Lo que estás haciendo es ilegal, puedes meterte en problemas con la policía!

—Y-Y-Yo n-no, no sabía, n-no tenía idea…

— ¡No hay excusas!

Uno de los sujetos dio un paso hacia delante y estiró un brazo para tomar a Clyde por los hombros, y eso fue todo lo que necesitaba para ir al cien por ciento. No iba a dejar que nadie tocase a mi hermano. Mucho menos esas manos sucias, que no quería ni pensar en qué habían estado tocando minutos antes.

El primer hombre nunca supo qué lo golpeó. Mi puño derecho se estrelló contra el lateral de su rostro, enviándolo varios pies de distancia, completamente fuera de combate. El otro sujeto trató de reaccionar, pero fui más rápido. Girando sobre mi eje, di una patada circular a la mano que sostenía su arma, evitando que accidentalmente apuntase a Clyde y enviando la pistola por los aires. Luego le di otra pequeña patada en la rodilla para que perdiera el equilibrio, dos rápidos golpes en el pecho, y sólo por si acaso, un brutal gancho al mentón.

En cuestión de segundos, los dos guardias estaban noqueados. La amenaza inmediata a Clyde había acabado, pero quién sabe cuántos guardias más llegarían para enfrentarse a nosotros.

— ¡T-Tú! —Dijo Clyde, mirándome con sorpresa.

Lo tomé por los hombros y lo conduje detrás de las cajas, obteniendo algo de privacidad.

— ¡¿Qué estás haciendo aquí?! ¡Esto es muy peligroso!

— ¿E-Eres tú, Lincoln?

La pregunta me destruyó por dentro. Cerré los ojos y dejé escapar un gran quejido, mirando hacia el cielo. ¿Por qué todo tenía que salirme mal?

— ¡Pero claro! —Dijo Clyde, de repente sonando un poco más animado, aunque claramente estresado y ansioso— ¡Todo tiene sentido!

Supuse que mi secreto ya estaba arruinado. Semanas de mentir sin parar estaban volviéndose en mi contra, en la peor demostración de karma del universo. ¿Por qué ahora? ¿Por qué aquí? No tenía ni la imaginación ni el tiempo suficiente como para inventar nuevas mentiras.

—Clyde, ¿por qué no estás en casa? —Le pregunté, totalmente mortificado.

— ¡Quería saber a dónde te habías ido! ¡Últimamente noté que siempre te levantas en la noche, y hoy decidí buscarte pero no estabas en la casa! ¡Estaba preocupado!

— ¿Pero cómo me encontraste aquí?

—Encontré esta dirección en el ático.

Golpeé mi rostro con ambas manos, queriendo que la tierra me tragase y acabara con esta patética excusa de héroe.

—Esto es malo, esto es muy malo…

— ¿Cómo es que te convertiste en un héroe? ¿Cómo…? ¿Cómo es posible?

—Clyde, escúchame, no hay tiempo para hablar, tenemos que…

Una explosión sacudió la noche. Las llamas iluminaron momentáneamente las nubes, tiñendo la noche de tonos anaranjados y rojos. Instintivamente tomé a Clyde por su chaqueta y lo atraje contra mí.

— ¿Qué fue eso?

No le respondí. Asomé mi cabeza justo a tiempo para ver un arco de luz acercándose a toda velocidad hacia nuestra posición.

— ¡CUIDADO!

Usando todas mis fuerzas, lancé a Clyde lejos de mí, justo a tiempo para que evitara la explosión de las cajas detrás de las cuáles nos estábamos ocultando. La fuerza del impacto me propulsó por el aire varios metros, estrellándome de espaldas contra un container metálico. Algunas astillas y trozos de madera golpearon mi cuerpo, pero apenas sufrí unos cortes superficiales en mi rostro.

Me había quitado el aire, sin embargo, por lo que caí de rodillas mientras tomaba unos segundos para recuperar el aliento. Cuando levanté la vista, la imagen que vi fue absolutamente aterradora.

Uno de los muros del hangar estaba completamente destruido, y en el proceso algunos caños de gas deben de haber estallado, pues la zona estaba en llamas. Éstas daban una atmósfera tétrica y destructiva, reflejándose e iluminando a la figura que se encontraba allí de pie como si de un enviado del infierno se tratase.

La figura en sí era un hombre con un traje. Sólo que no era un traje de vestir, sino un traje robótico de cinco metros de altura, como un tanque humano. Tenía cuatro extremidades robóticas, con unas especies de brazaletes increíblemente anchos que parecían contener distintas armas en su interior. El torso del exoesqueleto era bastante circular en la parte superior, y claramente era la cabina desde donde el piloto lo controlaba. Podía ver el rostro del sujeto, pues la parte de los hombros y cabeza era sencillamente una cúpula de cristal.

Dio un paso hacia delante, y el piloto me habló a través de unos altavoces.

Ace Savvy. Estás bajo arresto por invasión y daños a propiedad privada, asalto agravado, y abuso de poderes bajo el artículo 7.B del Código Penal de Metahumanos. Entrégate ahora mismo o enfréntate a las consecuencias.