Ooooh, ¡cuántas ganas tenía de escribir este capítulo! Tuve que tomarme dos semanas para trabajar en otras cosas, en dibujos y en algunas situaciones personales, pero escribí este capítulo entero en menos de dos días. Era uno de los que más esperaba desde el inicio, y espero que eso se traslade a la calidad del mismo jejeje.
¡Capítulo ocho de diez! ¡Estamos en la recta final! Nos quedamos con Lincoln frente a frente con un robot asesino diseñado para luchar contra Metahumanos. ¿Cómo se las arreglará Ace Savvy para salir vivo de esta? ¿Logrará sortear este poderoso obstáculo? ¿Será esta misión un éxito o un fracaso? ¡Vayamos a descubrirlo!
Agradecimientos especiales como siempre a los fieles lectores. Me había acostumbrado un poco a Réquiem donde la gran cantidad de mensajes no me permitían responder uno por uno, pero creo que por ahora sí puedo darme ese lujo:
Jonas Nagera: Como siempre, muy acertados o interesantes tus análisis, me gustan esas teorías que la historia te invita a generar. Es difícil presentar líneas argumentales que tardarán varias historias en resolverse, pero me alegra ver que las semillas están planteadas para que lectores atentos como tú empiecen a dejar que su imaginación los lleve a lugares inesperados.
Sylar Diaz: No digas eso, cualquier persona que le gusten los superhéroes y en especial Shazam no puede jamás hacer nada que sea una porquería. Muchas gracias por el cumplido, sin embargo!
Sergex: Tomaré eso en cuenta acerca de la grandilocuencia de los párrafos. La idea es que sea algo narrado por Lincoln, así que tendré más cuidado al respecto. Gracias!
Deadly Ice 88: No voy a mentirte, yo también pensaba en Ant-Man & The Wasp jajajajaja.
daglas99: Muchas gracias!
Luna PlataZ: Esa frase define exactamente la relación entre los dos jajajajaja Lamento que el drama de la identidad secreta de Lincoln no se desarrolle como esperabas. Espero poder reemplazar eso con otro tipo de drama. Y tienes unas teorías muy locas, algunas de las cuales son muy ciertas jajajajaja Pero no voy a decirte en qué tienes razón y en qué te equivocaste, así que vas a tener que seguir leyendo =P
Kennedy G Byrns: Me alegra ver que todas las pequeñas partes de la historia que quedan sin resolver te generan teorías y preocupaciones. ¡Espero que las respuestas estén a la altura de las preguntas! Y sí, como dices, todo se le viene en contra a Lincoln, habrá que ver cómo es que se las arregla para salir victorioso.
Luis Carlos: Jajajaja, otro más que descubre mis inspiraciones. Sí, la escena de los Simpsons estuvo definitivamente en mi cabeza cuando escribí a esos guardias jajaja. Te estás haciendo las preguntas correctas, ya veremos cómo sigue esto.
Jairo De la Croix: Jamás me olvidaría de esto, es mi nuevo bebé después de Réquiem jejeje. ¡Dentro de poco veremos más acerca del resto de los personajes! Gracias por leer.
Capítulo 8:
Fracaso crítico.
Algunas personas sienten que obtienen mejores resultados cuando están bajo presión. Quizás están más cómodos pateando un tiro penal para definir el campeonato, o realizan un mejor trabajo en sus tareas escolares cuando las completan la noche antes de entregarlas. La presión extra es una forma de obligarse a sí mismos a dar el cien por ciento de sus capacidades, de llegar a la situación límite donde fallar no es una opción, por lo que el resultado es siempre el mejor posible, sin discusión.
Yo nunca me había considerado parte de aquel grupo de personas, pero encontrándome de pie frente a un robot anti-metahumanos de cinco metros de altura con intenciones de molerme a golpes, sólo me quedó rezar por poder reaccionar bien bajo presión.
Todo estaba ocurriendo demasiado rápido, por lo que lo primero que hice fue tratar de serenarme y analizar la situación con frialdad y objetividad, tratando de hallar el camino más lógico y sensato para salir bien parado de aquel encuentro. Muy bien, ¿qué tal era la situación? Pues mi hermano había descubierto mi identidad secreta tras seguirme hasta la mismísima guarida de un villano que posiblemente había causado la muerte de Ace Savvy, y tras neutralizar a un gran número de guardias armados, un mecha rodeado de fuego se hallaba listo para destruirme.
Rayos, ¡¿cómo podía querer serenarme?! ¡La situación se había ido al demonio! ¡Todo lo que podía haber salido mal había salido aún peor que en mis pesadillas! No tenía tiempo para serenarme, mi prioridad era poner a Clyde a salvo, asegurarme que él resultara ileso, y en la medida de lo posible, no morir en el intento.
—Última advertencia, Ace Savvy —repitió el piloto, dando un paso hacia delante, y si bien no puedo decir que haya sentido el suelo temblar cuando el pesado traje apoyó la pierna, el ruido que hizo dejó en claro que no era nada liviano—. Entrégate ahora mismo o nos veremos obligados a recurrir a medidas de fuerza.
Definitivamente no iba a entregarme. Eso estaba fuera de discusión. Y tampoco podía dejar que capturasen a Clyde, o mi identidad secreta y el bienestar de mi familia se verían comprometidos. Mis únicas opciones eran luchar o escapar. Ahora bien, ¿podría luchar realmente contra un traje robótico diseñado para eliminar a metahumanos? Hasta ahora tan sólo me había enfrentado a personas comunes. Adultos, sí, pero humanos al fin y al cabo. Ace Savvy se había enfrentado durante su exitosa carrera a todo tipo de villanos y supervillanos, algunos incluso mucho más amenazantes y poderosos de lo que este robot se veía.
Pero yo no era Ace Savvy.
Sólo una opción era la correcta, entonces. Tomando aire antes de hacer lo que quizás podría convertirse en el error más grande de mi vida, me apresuré en tomar dos cartas de humo y lanzarlas a mi alrededor, creando una gran cortina de humo para ocultar mi posición. Di varios pasos hacia el costado por si acaso, no queriendo recibir un disparo directo sólo por quedarme quieto, y de inmediato tomé cuantas cartas explosivas entraban en mis manos, y las lancé con precisión hacia mi enemigo. Sin esperar a que impactasen, tomé una más, y corrí en dirección a Clyde.
Las cartas eran pequeños proyectiles moviéndose a toda velocidad en medio de la noche, por lo que estoy seguro que el piloto no las vió hasta que fue demasiado tarde. Escuché el sonido de las explosiones, una tras otra como una rápida percusión, con el horrible sonido del impacto contra el cuerpo de acero. No quise voltear a ver el resultado; en cuanto salí de mi propia cortina de humo, encontré a Clyde, de rodillas y aterrado, cubriendo su cabeza con sus brazos.
— ¡Rápido! —Le grité, tomándolo de su muñeca y levantándolo de un tirón. Las cercas metálicas estaban justo detrás, por lo que lo arrastré hacia ellas. Lancé la carta explosiva que había preparado, causando la destrucción suficiente como para abrir una vía de escape para mi hermano y yo.
Me hubiese encantado que él fuera tan rápido como yo, pero pese a que corría como si su vida dependiera de ello (cosa que era probablemente cierta), se sentía como si estuviera más preocupado tratando de no resbalar y caer de cara al suelo. No podía hacer nada más, sin embargo, por lo que continué arrastrándolo tan rápido como podía por la calle, buscando algún callejón por donde escabullirse y desaparecer en la noche.
Oí un extraño sonido a mi espalda, como unos fuegos artificiales elevándose hacia el firmamento, con su estela de llamas impulsándolos a toda velocidad.
— ¡Cuidado! —Gritó Clyde, obligándome a voltear. Justo a tiempo para ver lo que parecían ser dos pequeños cohetes dirigiéndose hacia nosotros.
— ¡Ponte a cubierto! —Le ordené, soltándolo y deteniendo mi marcha. Los cohetes se acercaban a toda velocidad, serpenteando en círculos en el aire, como si giraran alrededor de un eje imaginario hacia mí. O por lo menos uno de ellos parecía estar dirigiéndose hacia mí. El otro volaba un poco más alto y parecía ir hacia más adelante.
Ignorando al que no representaba una amenaza inmediata hacia mi vida, decidí hacer lo que tantas veces había visto a Ace Savvy hacer cuando luchaba contra enemigos con proyectiles, incluida la noche de su muerte. Extraje un As regular, y tras calcular la trayectoria y el movimiento por algunos instantes, lancé mi carta en una línea recta, colisionando con el primer proyectil.
La explosión fue mucho más fuerte de lo que hubiera imaginado, considerando que el misil no parecía ser más grande que una botella de gaseosa de dos litros. La calle entera se iluminó con el destello resultante, e instantes después lo hizo de nuevo cuando el segundo misil se estrelló contra un automóvil, volándolo en pedazos y prendiendo fuego el tanque de combustible.
— ¿Estás bien? —Pregunté, buscando desesperadamente a mi hermano.
— ¡S-Sí! —Me respondió, asomándose desde detrás de un buzón, sudando y mostrándose sumamente nervioso.
Quise ir con él, pero un nuevo sonido similar al anterior pero mucho más grave llegó a mis oídos, y tuve que voltear para asegurarme que no acababan de enviar un misil nuclear hacia donde me encontraba.
Las buenas noticias fueron que no se trataba de un misil nuclear. Las malas fueron que el maldito traje robótico tenía propulsores en la espalda y las suelas, moviéndose a una sorprendente velocidad hacia mí. Creí que se detendría a unos veinte metros frente a mí, iniciando un monólogo maquiavélico para explicarme la futilidad de mis esfuerzos y la falta de determinación que me llevaría a un anunciado fracaso. El sujeto no era tan sutil, sin embargo, por lo que continuó propulsándose a toda velocidad hacia mí, levantando uno de sus grandes y amenazadores puños.
Era inusualmente rápido para algo tan grande y robusto, pero mis reflejos y agilidad sobrehumanos fueron más que suficientes para dar un salto mortal hacia atrás y evitar con facilidad convertirme en el cráter que su golpe generó en el asfalto de la calle.
—Te seré honesto, niño— me dijo el piloto, mirándome desde la cabina mientras ponía su traje de pie—, esperaba que no te entregaras. Hace meses que quiero probar este bebé contra héroes de verdad.
— ¿Y qué tal hasta ahora?
—El tiempo de respuesta no es el ideal, para ser honesto. Hay una especie de delay entre mis comandos y el traje moviéndose.
— ¿Cuál es tu ping?
—Como de ciento sesenta.
—Tu tecnología apesta —le dije, levantando una ceja. ¿Qué clase de tiempo de respuesta era ese?
— ¡Tu máscara apesta!
Volvió a lanzarse hacia delante, intentando golpearme una vez más con el otro brazo. Esperé hasta el último momento para saltar, evitando que golpeara mis piernas. Caí sobre el puño, e inmediatamente comencé a correr a través de su brazo, dirigiéndome hacia la cabina. Eché un vistazo al traje, notando las pequeñas abolladuras y las marcas de pólvora donde mis cartas habían impactado. Lo había dañado, sí, pero quién sabe cuántas explosiones más necesitaría para poder neutralizarlo. Los Aces explosivos eran sin lugar a dudas los más dañinos elementos de mi limitado arsenal, así que si ellos no eran eficientes, la fuerza bruta no era mi mejor opción.
Mi plan era moverme por el brazo del robot para acercarme a la cabina y probar qué tan resistente era el cristal, pero no conté con que el torso del traje tuviera autonomía de la cadera y las piernas. Sin previo aviso, la parte superior del robot giró sobre su eje, utilizando la fuerza centrífuga para dispararme por el aire. Todo dio vueltas por un confuso instante donde no logré orientarme, pero mi sentido del equilibrio era más agudo de lo normal, por lo que fui capaz de girar mi torso para caer de pie, arrastrándome algunos centímetros.
Levanté la cabeza justo a tiempo para ver una pesada mano de metal cayendo sobre mí en un golpe de karate. Rodé hacia un costado, pero mientras me preparaba para tomar un As y lanzarlo a la cabina, el brazo impactó contra el suelo y barrió horizontalmente, golpeándome de lleno en el costado de mi torso.
Fue como si un carnero cargara contra mí, y me envió varios metros por el aire. Impacté de espalda contra un muro de ladrillo, pero no fue nada en comparación con el dolor que el primer golpe me ocasionó. No creía haberme roto ninguna costilla, pero pude sentir cómo mi esqueleto hacía lo posible para mantenerse firme y no ceder ante la fuerza del impacto.
— ¡Ace!
La voz de Clyde me sacudió fuera de mi doloroso estupor. Abrí los ojos y noté que el robot se acercaba con su mano abierta, probablemente tratando de atraparme. Esas manos eran gigantes, y tranquilamente podría encerrarme y restringir mis movimientos si las cerraba sobre mi cuerpo.
— ¡Te tengo! —Dijo, estirando el brazo hacia mí.
— ¡Demasiado lento! —Lo provoqué, moviéndome rápidamente para evitar que me tomara.
El piloto sonrió y volvió a repetir el movimiento anterior, girando el torso a toda velocidad para golpearme con el dorso de su mano, pero no caería dos veces con el mismo truco. Me dejé caer hacia atrás, viendo cómo el brazo pasaba por encima de mi nariz. Antes de que mi espalda tocase el suelo, estiré mis manos hacia atrás, amortiguando mi caída e impulsándome de pie una vez más. El torso y sus brazos se movían muy rápidamente, pero un traje tan pesado necesitaría prestar especial atención a que sus apoyos estuvieran firmemente apoyados.
Corrí un par de pasos antes de deslizarme por el suelo entre sus piernas, colocándome rápidamente a la espalda del traje. La parte trasera del robot era igual de robusta y protegida que la delantera, pero desde allí había acceso a unos tubos flexibles que probablemente alimentaban algún sistema hidráulico para los movimientos del traje. Si el robot tenía alguna debilidad, debía ser aquella.
— ¿Dónde te metiste?
— ¡A tu izquierda! —Le grité, moviéndome hacia la derecha.
El iluso cayó a mi truco, volteando en la dirección opuesta. Eso me dejó una rápida ventana de acción para escalar por su espalda y tomar uno de los tubos. Comencé a tirar con todas mis fuerzas, pero pese a que podía sentir que estaba llevando la resistencia del flexible al límite, no conseguía sacarlo de su lugar.
— ¡¿Qué crees que estás haciendo?!
Trató de golpearme, pero los brazos no llegaban a su espalda. Coloqué mis pies contra la espalda y comencé a tirar, usando todo mi cuerpo para tirar del tubo, y de repente una microperforación se abrió, generando una pequeña fuga de un gas frío de alta presión.
— ¡Deja eso!
Continué tirando del tubo, queriendo arrancarlo a toda costa, pero de repente el traje comenzó a temblar, y los propulsores de las plantas de los pies se activaron, enviando el traje a toda velocidad contra una pared de ladrillo de un edificio cercano. Tuve que saltar de inmediato para evitar ser aplastado por seis toneladas de acero.
El muro se destrozó por completo, con muchos ladrillos volando por el aire, algunos de ellos golpeándome dolorosamente en la cabeza. Caí de espaldas, adolorido, pero no podía permitirme desperdiciar ni un instante. Me puse de pie, y el robot salió del edificio al que había entrado.
—Debo admitirlo, Ace, eres muy hábil —dijo el piloto—. Demasiado ágil para que este prototipo te alcance en combate cuerpo a cuerpo. Desafortunadamente para ti, los científicos de Industrias Tetherby tuvieron en cuenta estos escenarios.
Estiró ambos brazos con los puños cerrados hacia mí, y los antebrazos del traje se abrieron, dejando salir lo que parecían ser dos cañones con luces brillando en su interior.
—Oh, ¡vamos! —Me quejé, abriéndome de brazos.
El exoesqueleto se encogió de hombros antes de comenzar a cargar energía. Dos pitidos comenzaron a sonar en medio de la noche, volviéndose más y más agudos, de forma muy similar a cómo se cargaban los Aces Eléctricos. Los destellos dentro de los cañones se volvieron más intensos, hasta que finalmente, con un poco de retroceso en los brazos, ambas armas dispararon rayos de energía hacia mí.
No tenía idea de cuál era la naturaleza de esos ataques, pero no era necesario ser muy inteligente para determinar que recibirlos sería, como mínimo, bastante doloroso. Logré saltar hacia un costado para evitarlos, pero la fuerza del impacto en la calle a mi lado fue suficiente como para crear pequeños cráteres y hacerme perder el equilibrio.
Deseé que necesitase más tiempo para cargar su siguiente ronda, pero apenas acabé ese pensamiento, el piloto volvió a disparar contra mí. Sin forma de saltar a tiempo, tomé mi pistola-gancho para moverme hacia el otro lado de la calle. Me impulsé a toda velocidad, pero el robot continuó disparando, destrozando por completo la calle y las fachadas de los edificios cercanos.
— ¡AAAAAAH!
El grito hizo que volteara. Clyde había saltado justo a tiempo para evitar estallar en pedazos junto con el buzón detrás del cual se había estado escondiendo. Se estaba arrastrando ahora detrás de un coche para hallar cobertura. Mi corazón latía a toda velocidad, tratando de encontrar la forma de resolver el predicamento en el que me encontraba. Cada segundo que la batalla se extendía era una nueva posibilidad para que mi hermano resultase herido. Tenía que encontrar una forma de acabar con este encuentro cuanto antes, o por lo menos, alejar el fuego cruzado de mi hermano.
Continuó disparando hacia mí, por lo que tuve que volver a usar mi pistola-gancho para elevarme hacia el tercer piso de un edificio bajo. Me coloqué en la cornisa, y me tomé un instante para escrutar a mi oponente. Los tubos eran una clara y evidente debilidad, ¿pero de qué más podía valerme para salir victorioso? Traté de pensar con lógica. La coraza de acero del traje estaba evidentemente preparada para resistir mis asaltos, pero no había forma de que todo el traje fuera indestructible. Debía ser como un típico Jefe de videojuegos, con una fuerte defensa pero puntos débiles donde debía enfocarme.
Pensé en sus movimientos. El torso giraba como un trompo de forma casi independiente a las piernas y la parte inferior de su cuerpo. La única forma de lograr movimientos tan fluidos y rápidos era con una precisa articulación entre ambas partes. Y, de hecho, podía ver una pequeña raja, un espacio entre el torso y la cintura. Demasiado pequeño como para que un puño lograra impactar allí dentro, pero con espacio de sobra para que una fina carta explosiva se infiltrara.
Era un tiro casi imposible, pero tenía que intentarlo. En las varias semanas que llevaba como superhéroe, aún no había fallado ningún tiro con las cartas de Ace Savvy. Era, quizás, mi única oportunidad de salir victorioso de esta situación.
—Sólo retrasas lo inevitable —me hizo saber el piloto, apuntándome una vez más con los cañones en su muñeca.
Tomé una carta explosiva en mi mano, entrecerrando los ojos y mirando fijamente al piloto, imaginándome su sonrisa por detrás de la máscara que llevaba puesta. ¿En serio necesitaba una de esas, como si fuera un piloto de guerra? Quizás el traje estaba diseñado para pelear bajo el agua o en la atmósfera, no lo sabía.
Tras unos largos segundos donde parecíamos estar midiéndonos, él atacó primero, lanzando dos nuevos rayos hacia la cornisa donde me encontraba de pie. Habiendo esperado eso, salté hacia delante, evitando el impacto y lanzando mi carta hacia el destino imposible. Casi podía escuchar la voz del Ace Savvy original, susurrando desde el Más Allá para ayudarme a conseguir mi objetivo.
—Lincoln, usa la Fuerza —me decía.
La carta voló por el aire, pero mi oponente no había acabado su turno.
—Te tengo ahora —dijo, y de inmediato, una placa en el pecho se abrió, dejando ver tres cañones más.
Mis ojos se abrieron de sorpresa. No me esperaba eso, y ahora me encontraba cayendo por el aire, sin forma de moverme o esquivar. El primero de los cañones disparó, enviando hacia mí un misil como el que había visto al inicio de la persecución.
El segundo y el tercer cañón se prepararon para disparar, pero mi carta llegó primero. Se infiltró por la pequeña ranura que separaba el torso de las piernas, y la explosión sacudió el cuerpo entero del traje. El piloto gritó, y el traje cayó de rodillas justo cuando los otros dos cohetes se disparaban. El segundo salió disparado hacia la calle, y el tercero golpeó justo entre las piernas del traje, estallando en una llamarada que envolvió al robot y lo derribó al suelo.
El primer cohete estaba ya llegando a mi posición, por lo que sin mucho que hacer, apenas logré tomar un As y lo lancé hacia él para que la explosión ocurriera un metro por delante de mí y no en mi cuerpo. Cubrí mi rostro con mis antebrazos y me preparé para el impacto, pero instantes antes de la explosión, un grito aterrado me heló por dentro.
— ¡CLY-! —Quise gritar por mi hermano, pero la carta interceptó el misil, y la explosión resultante me envolvió.
Sentí un calor insoportable en mis brazos y la máscara que cubría mi cabeza. La fuerza de la explosión me sacudió, y caí a toda velocidad contra el suelo, golpeando mis hombros y mi cabeza con violencia contra la acera.
El golpe me mareó, y durante varios segundos, todo a mi alrededor se redujo a una mancha negra. Ninguna forma tenía sentido, y estrellas de colores bailaban por detrás de mis párpados. No había tampoco ningún sonido, sólo un ensordecedor pitido que parecía provenir del interior de mi cráneo, el cual dolía como si me estuvieran apuñalando con cuchillas ardientes.
Todos los músculos de mi cuerpo se sentían a punto de desgarrarse, estirados dolorosamente o contraídos como piedras. Mi existencia se redujo a un constante estado de insoportable dolor, y por unos fatídicos segundos, me pregunté si estaría a punto de morir.
Ese pensamiento fue una inmediata inyección de adrenalina que me sacó de mi estado catatónico. Lentamente recuperé mi visión, las manchas negras quedando relegadas tan sólo a las esquinas de mis ojos. Parpadeé un par de veces y comencé a tomar nota de mis alrededores. Era una atmósfera de polvo y escombros, con pequeñas llamas a diestra y siniestra. Volteé, quedando boca abajo contra la acera, y con mucho dolor, me apoyé en mis antebrazos y levanté la cabeza.
— ¿C-Clyde? —Llamé en voz alta. Buscándolo con la mirada.
Rápidamente lo encontré, pero oh, cómo quisiera no haber visto lo que vi.
El cuerpo de mi hermano estaba tirado junto a un coche totalmente destruido e incendiado. No parecía moverse.
Dicen que el alma pesa veintiún gramos. No soy científico, pero estoy seguro de que el peso es mucho, mucho mayor. Mi alma abandonó me fue arrebatada cuando vi a Clyde, y en cuanto lo hice, mi cuerpo pasó de ser una carga insoportable para mis huesos a ser ligero como una pluma. Cada fibra de mi ser continuaba retorciéndose de dolor, pero ahora podía moverme una vez más, arrastrándome en su dirección mientras recuperaba la motricidad de mis piernas. Tras algunos metros, logré ponerme de pie una vez más, cogiendo con una pierna pero moviéndome rápidamente hacia mi hermano.
—Clyde, Clyde, ¿estás bien? —Le pregunté, cayendo de rodillas junto a él.
Pese a estar junto a un coche prendido fuego, mi cuerpo temblaba de frío, como si mi sangre hubiera sido reemplazada por nitrógeno líquido, congelando mi interior. Su chaqueta estaba totalmente destruida, rasgada y con quemaduras. Estaba boca abajo contra el suelo, dándome la espalda.
Con temor y una horrible sensación de pavor, lo tomé delicadamente por los hombros, lo coloqué sobre mi regazo, y lo volteé.
En cuanto vi su rostro, jadeé, y las lágrimas comenzaron a caer casi de repente. Tenía la boca abierta, y todo su rostro estaba lleno de pequeños cortes, moretones y quemaduras. Sus gafas, sin embargo, estaban totalmente destruidas, y su ojo izquierdo estaba hinchado y sangrando, llenando su rostro del horrible líquido carmesí.
—No, no, no, no, por favor, no —grité con el poco aliento que me quedaba. Coloqué una mano sobre su mejilla, manchando mi palma con la sangre de mi hermano—. Clyde, por favor, ¡despierta! ¡Clyde! ¡Clyde!
Ningún sonido. Ningún movimiento.
— ¡No! ¡No, no! ¡Despierta! ¡Despierta!
Un horrible sonido metálico me obligó a voltear. Aún con el inerte cuerpo de mi hermano firmemente aferrado a mi regazo, observé cómo el robot se levantaba. Los daños eran evidentes. Una de las piernas había perdido una gran parte de las piezas metálicas que lo mantenían de pie, y la placa que cubría el pecho estaba aniquilada, dejando a la vista los tres cañones de donde los misiles habían salido.
—ErReEs uNn M-maAldITO —dijo el piloto, la voz metálica del altavoz trabada y distorsionada. Levantó un antebrazo en mi dirección, con chispas saliendo de las articulaciones, y el cañón comenzó a cargar energía una vez más.
Yo ya había claudicado. No tenía ni las energías ni la voluntad para luchar ni huir. Con lágrimas cayendo por mis mejillas, me aferré al cuerpo de mi hermano, mis brazos temblando, y esperé mi final.
El pitido del arma continuó volviéndose más y más agudo hasta que se silenció. Por un instante, fue como si hubiera absorbido todo el sonido de la atmósfera. Un interminable silencio nos rodeó, hasta que el arma se disparó, y el arco de luz, energía, y muerte atravesó el aire en mi dirección.
Mientras observaba mi final acercándose a toda velocidad a mi posición, lo único que podía pensar era que le había fallado a Ace Savvy, una vez más.
Para mi total y absoluta sorpresa, sin embargo, un nuevo coche se movió desde la acera de enfrente, flotando treinta centímetros separado del suelo y colocándose como una muralla algunos metros frente a mí. El disparo impactó contra el vehículo, rompiendo las ventanillas y una de las puertas. No había nadie en su interior, y en mi estupor, no comprendía lo que estaba sucediendo.
Unos segundos después, todo cobró sentido. Cayendo desde el cielo, una figura se colocó de pie entre el coche y yo. Una chica vistiendo un traje de spandex verde y blanco, con su cabello rubio moviéndose como si tuviera vida propia, y ambas manos extendidas hacia el coche. Con un rugido, la chica tomó impulso y dio un paso hacia delante, extendiendo sus brazos con energía, como si estuviera empujando al coche.
Pese a no estar tocándolo, el coche salió catapultado contra el robot. Lo habría golpeado de lleno en la cabina, pero el piloto logró colocar los brazos metálicos para atrapar el chasis en el aire. Debió haber creído que había evitado el peligro, pero el coche que había tomado en sus manos no le permitió ver la figura cubierta de un aura de energía azul que se acercó a él como un cometa desde el cielo.
— ¡HYYYYA!
El aura de energía desapareció del cuerpo y se concentró por completo en el puño derecho de la nueva chica, que vestía un traje de spandex azul, blanco y celeste. Ella dio un increíble puñetazo que partió a la mitad al coche y desprendió una llamarada de energía que golpeó de lleno al robot, elevándolo metro y medio en el aire.
Quizás por la concusión, quizás por haberme sentido a punto de morir, pero me tomó algunos segundos el comprender lo que estaba sucediendo. Cuando lo hice, no pude creerlo.
— ¡Eclipse! ¡Nova! —Dije incrédulo, con apenas un hilo de voz.
Eclipse, todavía de pie frente a mí, volteó a verme. No vi en ella la cálida y compasiva mirada con la que me había hablado en el cementerio. Su mirada era seria y llena de determinación, totalmente enfocada en su tarea heroica.
— ¡Nosotras nos encargamos! —Me dijo, moviendo una mano en mi dirección. Todo mi cuerpo se sintió liviano de repente, y tanto Clyde como yo nos trasladamos suavemente por el aire, reposando a un lado de la acera, alejados de la acción.
El robot estaba poniéndose de pie nuevamente cuando Nova, nuevamente rodeada por su aura de poder, comenzó a propinarle golpe tras golpe. Cada impacto desprendía una pequeña ráfaga de energía, abollando ligeramente parte de la coraza metálica. El piloto intentaba contraatacar, pero Nova se movía por el aire como un ninja volador, evitando cada golpe y luego contraatacando.
Ella no conocía el funcionamiento del traje mecha, sin embargo, y tras confiarse por haber evitado un impacto directo, recibió un terrible golpe en la cabeza por parte de la otra mano luego de que el torso del robot girara sobre su eje a toda velocidad. Nova salió despedida contra la ventana de un comercio, y la habría destrozado de no ser porque Eclipse se lanzó hacia ella, extendiendo una mano y suspendiéndola en el aire centímetros antes de que impactara contra la vidriera.
— ¡Eso fue muy rudo! —Se quejó Eclipse, elevándose varios metros en el aire y moviendo ambas manos hacia arriba. De inmediato, todos los escombros que mi batalla contra el robot había generado salieron disparados desde el suelo hacia su posición. Ladrillos, partes de autos, vidrios, restos de concreto, todos la orbitaron como un cinturón de asteroides girando alrededor de un gran planeta.
El piloto elevó ambos brazos hacia Eclipse y comenzó a disparar. Ella hizo un leve gesto con su mano, como si estuviera tratando de espantar una mosca de su muñeca, y distintos escombros se movieron para interceptar los arcos de energía. Al ver que los disparos no cesaban, estiró ambas manos sobre su cabeza antes de bajarlas violentamente en dirección al villano.
Una lluvia de esquirlas, ladrillos, buzones y partes de coches en llamas cayeron sobre el traje robótico como una tormenta de destrucción y caos. Pude ver cómo una vara de acero logró penetrar en la cabina, haciendo un agujero en el cristal y quedando a centímetros del piloto, quien dejó escapar un grito asustado.
Debió haber entrado en un estado de desesperación, pues enseguida disparó los tres misiles de su pecho, todos en dirección a Eclipse. Casi de inmediato, Nova, ya recuperada del golpe que había recibido, estiró una palma, y el aura que rodeaba su cuerpo se concentró en ella para luego salir disparada como una columna de fuego azulino. Logró conectar con dos de los misiles, los cuales estallaron en el aire, pero uno de ellos continuó directo hacia Eclipse.
Ella no se movió, y creí que lo recibiría de lleno, pero apenas un metro antes de llegar a ella, el misil se detuvo en seco. La parte trasera del proyectil continuaba dejando salir humo y una pequeña llama, pero no se propulsaba hacia delante. Sin que la heroína haga movimiento alguno, el misil rotó en su eje, dando un giro de ciento ochenta grados antes de volver a salir disparado hacia el origen de su trayectoria.
El traje mecha recibió la explosión de lleno en el pecho, haciéndolo tambalear varios pasos mientras trataba de recuperar el equilibrio.
— ¡Nova, ahora!
Sin desperdiciar un segundo, Nova voló hasta colocarse directamente frente al robot que trataba de mantenerse de pie. Flotando en el aire a la altura de las rodillas metálicas, juntó sus brazos y rodillas contra su pecho, casi en posición fetal. Su aura comenzó a brillar con la intensidad de un pequeño Sol, y tras unos pocos segundos, Nova extendió sus extremidades, liberando toda la energía que había acumulado en una explosión centrada en ella.
Las llamas fueron lo suficientemente intensas y poderosas como para terminar de destruir el cristal de la cabina y la rodilla que se había dañado previamente luchando contra mí. El traje cayó hacia atrás, inutilizable y derrotado.
Nova también cayó de rodillas, como si hubiera perdido el aliento. Su aura de energía desapareció por algunos segundos, y dejó de flotar. Respiraba agitadamente, y por primera vez, la noté vulnerable.
El piloto salió arrastrándose de la cabina. Quedando de pie frente a Nova y Eclipse, quien se deslizaba por el aire hacia él.
— ¿S-Saben algo? Viéndolo en retrospectiva… —Comenzó a decir, sonando absolutamente aterrado.
Eclipse movió un dedo. La máscara del piloto se separó veinte centímetros de su rostro, estirando las correas que la mantenían en su lugar. Eclipse volvió a mover su dedo, y la máscara regresó a su posición, golpeando de lleno el rostro del sujeto, noqueándolo y haciéndolo caer de espalda.
Pude ver a Eclipse suspirando, y acercándose a colocar una mano sobre la espalda de su hermana.
— ¿Estás bien?
—Sí, no te preocupes —dijo Nova, y pequeñas llamas azuladas nacieron alrededor de su cuerpo, cubriéndose nuevamente con un tenue halo de energía.
Y luego, ambas heroínas voltearon hacia mí.
Toda la acción frente a mí había ocurrido demasiado rápido, tanto que parte de mí había estado ocupada tratando de comprender lo que sucedía. Aún así, por más asombroso que fuera el despliegue de superpoderes que había presenciado, era difícil sentirme emocionado cuando cargaba con el cuerpo herido y ensangrentado de mi hermano adoptivo, mi mejor amigo. Las lágrimas nunca habían dejado de caer.
Las dos heroínas volaron hacia mí, sus melenas rubias flameando contra el viento. Las dos se arrodillaron a mi lado, observando claramente el cuerpo de un niño que cargaba en mis brazos. Nova estiró dos dedos, colocándolos sobre el cuello de Clyde.
—Eclipse, recuéstalo, rápido —ordenó.
De repente sentí que el cuerpo de Clyde se movía fuera de mi agarre. Mi reacción instintiva fue sujetarlo más fuerte, pero de inmediato comprendí que eran los poderes de Eclipse, por lo que dejé que lo maniobrara. Creí que lo apoyaría suavemente en el suelo, pero en su lugar, lo hizo flotar como si estuviera apoyado sobre una mesa invisible.
Para mi total sorpresa, Nova tomó el rostro de Clyde y comenzó a aplicar respiración boca a boca mientras una de sus manos se llenaba de energía y la apoyaba sobre el pecho inmóvil de mi hermano. Continuó durante unos segundos, hasta que movió suavemente sus dedos, y el pecho de Clyde pareció absorber la energía. Todo su cuerpo se estremeció, y Nova se separó, limpiándose los labios con el dorso de su mano.
—Eclipse, llévalo al hospital cuanto antes. Está estable pero necesita atención urgente.
Una increíble sensación de alivio recorrió mi cuerpo, y dejé escapar lo que parecía ser dos semanas de aire contenido en mis pulmones. Creí que lo había perdido. Creí que había matado a Clyde tal y como había matado a Ace Savvy.
Eclipse no parecía tan aliviada, sin embargo. Me miró con compasión y gran dolor en sus ojos, y luego volteó a ver a su hermana. La estudió por unos instantes, antes de dar un paso hacia mí y rodear mis hombros con sus brazos.
—Nova, escucha, él no…
—Eclipse, lleva este niño al hospital. Ahora —la interrumpió, poniéndose de pie. Eclipse me abrazó más fuerte.
— ¡Fue un accidente, él no quería que nada de esto ocurriera!
— ¡Dije que te lo lleves!
El aura de Nova creció como una hoguera. Eclipse me miró una última vez antes de soltarme y asentir suavemente. Movió la palma de su mano, y el cuerpo de Clyde se acercó a ella antes de que los dos se alejaran a toda velocidad por la noche, dejándome a solas con Nova.
— ¡Espera, déjame ir con él! —Grité, tratando de correr tras ellos, pero choqué contra el inamovible brazo de Nova. Giré a verla, y por primera vez, noté que tenía un gran moretón en su pómulo derecho, con un pequeño corte que dejaba caer un hilo de sangre por su mejilla.
—Te dije claramente que te mantuvieras alejado de Tetherby —me dijo con dureza—. ¿Qué rayos creíste que lograrías?
—Y-Yo… —comencé, carraspeando para aclarar mi garganta y frotando mi antebrazo contra mis ojos para limpiar las lágrimas— N-Nova, escucha, T-Tetherby t-t-tiene un plan para…
— ¡No me interesa lo que hayas descubierto! —Dijo, golpeándome en el pecho con su dedo índice, enviándome un paso hacia atrás— ¡¿Tienes una idea de lo que has hecho?!
—N-Nova…
— ¡Mira a tu alrededor!
Estiró sus brazos, señalando la calle totalmente destrozada y en llamas.
— ¡Has causado miles de dólares en daños! ¡Has alertado a Tetherby de que estamos tras él!
— ¿Estamos?
— ¡Atacaste su laboratorio secreto, así que ahora se verá obligado a buscar una nueva guarida donde guardar todos sus experimentos! ¿Cómo vamos a hacer para encontrarlo esta vez, eh? ¿Crees que esto es un juego? ¿Crees que ser un héroe es todo diversión y aventuras?
— ¡Claro que no!
— ¡Pues entonces deja de actuar como un niño! —Me gritó, y su aura aumentó de intensidad— ¡Desde el día en que te pusiste la máscara y decidiste salir a luchar, renunciaste a ser un niño! ¡Ahora eres un héroe, y tienes que comportarte como uno! ¡Este trabajo es peligroso, es demandante, y si no lo tomas en serio puedes causar la muerte de alguien! ¡Sería una tragedia si tú hubieras muerto, pero si Eclipse y yo no interveníamos, ese niño también habría muerto!
Tenía razón, por supuesto. Y esa realidad era tan pesada e innegable que me dejó sin palabras. No tenía forma de defenderme en absoluto. Mi silencio pareció molestarla aún más.
— ¿Eso es todo? ¿No vas a decir nada?
—Yo… —las palabras no me salían. Todo lo que salía de mí eran nuevas lágrimas de frustración y arrepentimiento.
Nova bufó.
—Creí que podía confiar en ti —me dijo, sonando honestamente herida—. Creí que podrías ser un digno sucesor de Ace Savvy.
Se elevó en el aire algunos metros, mirándome desde la altura.
—Supongo que los dos cometemos errores.
Y sin más, se alejó como una estrella fugaz, dejándome solo en medio de aquella calle de destrucción, reflejo de mi fracaso como héroe. Caí de rodillas, y sin nadie para oírme, dejé escapar un grito de dolor y frustración.
Las siguientes horas fueron las peores de mi vida. Todo ocurrió demasiado rápido y demasiado confuso como para que lo comprendiera. Era una gran nebulosa de eventos que se mezclaban los unos y los otros dentro de mi mente, y honestamente, es difícil tratar de organizar todo lo que ocurrió durante el resto de esa noche.
Sé que de alguna forma conseguí volver al lugar donde había dejado la mochila con mis ropas de civil. Guardé mi traje de superhéroe, y corrí a toda velocidad hacia el hospital. Una vez allí, tuve que arreglármelas para que una enfermera confirmara que Clyde estaba allí. Desafortunadamente, se negó a darme más información sin que nuestros papás estuvieran allí.
No me atreví a llamarlos. Le pasé el número de nuestra casa a la enfermera para que ella se comunicara con ellos. Me llevó a una sala de espera y hasta me ofreció una taza de chocolate caliente, la cual nunca acepté pero me trajo de todas formas. Se quedó conmigo haciéndome preguntas, tratando de averiguar qué es lo que había ocurrido, pero no tenía nada que decir. No podía hacerlo. Sólo estaba preparándome para lo que sería el peor momento de mi vida.
Supe que mis papás habían llegado al hospital mucho antes de verlos. Sus gritos se oían por encima de todo el bullicio y el caos del hospital. No quería verlos. No quería enfrentarlos. Dejé la taza de chocolate a un lado y traté de esconderme, abrazando mis rodillas contra mi pecho y bajando la cabeza.
Por supuesto, no es difícil encontrar a un niño con cabello blanco.
— ¡LINCOLN! ¡LINCOLN, OH POR DIOS!
Dos pares de brazos me rodearon, sacudiéndome de lado a lado, y con cuatro manos tocando todo mi cuerpo, como si quisieran asegurarse que estaba entero y que ninguna parte de mi cuerpo estaba faltando. Y luego, los dos comenzaron a gritarme al mismo tiempo.
— ¡¿DÓNDE ESTABAN?!
— ¡¿POR QUÉ NO ESTABAN EN CASA?!
— ¡¿QUÉ ESTABAN HACIENDO?!
— ¡¿EN QUÉ PENSABAN?!
— ¡¿CÓMO PUDIERON HACERNOS ESTO?!
— ¡¿POR QUÉ?!
— ¡¿QUÉ LE PASÓ A CLYDE?!
—N-No fue su culpa —les dije, tratando de encontrar las palabras—. F-F-Fue mi culpa… fue mi culpa. É-Él me s-siguió…
— ¡¿A DÓNDE?!
— ¡¿POR QUÉ TE FUISTE EN MEDIO DE LA NOCHE?!
— ¡¿ESTÁS LOCO, LINCOLN?!
Estaba totalmente abrumado por la situación. Había demasiadas preguntas por responder y no tenía en mí la fuerza o la mentalidad como para preparar mis respuestas. No había forma de explicar lo que había ocurrido. Sólo podía llorar mientras me bombardeaban con más preguntas, tratando de entender lo que sucedía, y su desesperación me ponía más y más nervioso, sobre todo porque entendía que era todo mi culpa.
Algo que ellos también entendieron.
— ¡¿CÓMO SE TE OCURRE ESCAPARTE?! ¡TE PUSISTE EN PELIGRO, Y AHORA TU HERMANO ESTÁ EN CIRUGÍA!
Hasta ese momento, nadie me había comunicado el estado en el que se encontraba. Por algún motivo, me había imaginado que estaría en alguna habitación, siendo tratado para curar sus cortes. Pero… ¿una cirugía? ¿Qué tan grave había sido el accidente?
¿Podría ser que no sobreviviera?
No recuerdo mucho de lo que ocurrió después. Sé que en algún momento, un médico se acercó a pedirle a mis padres que se calmaran y me dejaran en paz. Me preguntó qué es lo que había ocurrido, pero cuando no le respondí, me dejó en paz. Debe haberle dicho a mis papás que necesitaba descansar o algo así, pues una de nuestras vecinas llegó al hospital para llevarme a casa. No quería irme, quería estar junto a Clyde, pero tampoco tenía fuerzas para discutir. Ignorar a mis mayores es lo que me había puesto en esta situación en primer lugar.
No recuerdo el trayecto a casa. No recuerdo si me invitó a dormir en la casa de mis vecinos o si me negué rotundamente hasta que me dejó solo en mi habitación. Sí recuerdo a mis papás advirtiéndome que me quedara allí hasta que volvieran. Que me avisarían cuando tuvieran noticias de Clyde. No recuerdo que me dijeran que me amaban.
No pude dormir en absoluto. Pasé horas con la cabeza contra mi almohada sin éxito. Me pasé a la cama de Clyde, tratando de imaginar que él estaba allí y dormíamos juntos, como solíamos hacerlo cuando uno de los dos tenía pesadillas o un mal día, pero tampoco encontré paz. El vacío a mi lado sólo me volvía más y más miserable.
Cuando la luz de la mañana entró por la ventana, inundando mi habitación, decidí que no había sentido en intentar dormir. En cambio, me dirigí hacia la cocina para beber un vaso de agua. No me sentía hambriento, pero necesitaba algo para distraerme. Llevaba mi teléfono en mano, pues no quería perderme ningún llamado que mis padres me hicieran. Ningún llamado llegó, sin embargo, lo cual continuaba aumentando mi preocupación.
Me dirigí a la sala, me dejé caer sobre el sofá, y encendí la televisión, queriendo poner alguna caricatura para distraerme. Por supuesto, el universo no quería que me distrajera, por lo que en cuanto la televisión se encendió, lo primero que vi fueron imágenes de cámaras de seguridad que me mostraban golpeando a guardias de seguridad en el rostro.
"ESCÁNDALO: ACE SAVVY ATACA EMPRESA PRIVADA", rezaban los titulares, mientras la presentadora de noticias (que no era Katherine Mulligan, para mi sorpresa) daba una explicación que acabó de destruir cualquier atisbo de moral que aún quedase en mí.
—...traspasó sin autorización una bodega de Industrias Tetherby. Según fuentes oficiales de la empresa, la bodega se utilizaba para almacenar vacunas y alimentos que el Departamento de Acción Social de la empresa redistribuye a comedores y refugios de niños. Las imágenes de seguridad muestran claramente cómo el joven héroe identificado como Ace Savvy ataca a guardias de seguridad desprevenidos, que no se atrevieron a atacar o disparar contra un niño.
¡Vacunas y alimentos! ¡Por favor! No había forma de que pudieran demostrar eso, ¿verdad? Los medios de comunicación investigarían y llegarían a la verdad, no caerían en la bajeza de reportar una obvia mentira... ¿verdad?
—La comisaría ha lanzado una orden de captura para el nuevo Ace Savvy, quien también se encuentra acusado de daños a la propiedad, destrozando una calle entera cuando, según testigos, su mazo de cartas explosivas tuvo una falla técnica mientras escapaba de la zona.
Golpeé mi rostro. ¿Testigos? ¡No había nadie en la calle! ¡Era todo una gran mentira! ¿En serio habían lanzado una orden de captura basada en nada más que las mentiras de Tetherby y sus empleados?
—Muchas gracias, Jessica, y gracias por responder con tan poco aviso.
—Gracias a ti, David, espero que se puedan contactar con Katherine Mulligan cuanto antes.
—Nosotros también. Pasemos ahora con las noticias internacionales…
Silencié la televisión, deteniéndome a último momento antes de lanzar el control remoto contra una pared. En aquel momento, creí que había llegado al final del pozo, que había caído tan profundo como era humanamente posible resistir.
Pero luego mi teléfono comenzó a sonar, y en seguida entendí que aún había más lugar para continuar cayendo. Lo tomé con desesperación, creyendo que serían mis papás contándome cómo había salido la operación de Clyde. Estaba deseando con todo mi corazón que fueran buenas noticias, pero también trataba de prepararme para recibir… no tan buenas noticias.
Desafortunadamente, no se trataba de mis papás, sino de alguien que había vivido libre de renta en mi cabeza durante meses, pero en quien no había pensado en absoluto durante la noche.
Jordan. Y en cuanto leí su nombre, el peso de mis promesas incumplidas se sumó a la titánica carga que llevaba sobre mis hombros. No había cumplido con mi parte del proyecto. El mismo proyecto en el que habíamos estado trabajando durante casi dos meses, y para el que debíamos presentar nuestros avances esta misma mañana. El mismo proyecto que tan sólo el día anterior le había prometido terminar por mi cuenta, rechazando su ayuda, asegurándole que podía confiar en mí.
Alguien más a quien había fallado. No tuve el valor de atender el llamado. Cancelé la llamada, y sólo por si acaso, silencié nuestro chat. No me atrevía a hablarle, a aceptar que le había fallado, y que el trabajo de arduas semanas de trabajo había sido en vano, ganándonos posiblemente una pésima calificación en esta pre-entrega.
Era el peor ser humano de la historia.
Debo haber pasado un par de horas hundiéndome en una espiral de depresión y culpa. No sentía apetito, ni sueño, ni cansancio. No sentía nada que no fueran emociones negativas chocando unas contra otras en mi interior, como olas en medio de una tempestad. Incluso en ese estado, comprendía que no podía permanecer así. Que debía hacer algo para distraerme, para sentirme al menos un poco mejor.
Sin ninguna otra idea, tomé nuestro balón de baloncesto y me dirigí al patio trasero de nuestra casa para lanzar algunas canastas. Incluso sin estar del todo concentrado, mi efectividad era de un rotundo cien por ciento. Cada tiro era una canasta.
Debí haber sabido que eso no era una buena idea. El hecho de que no necesitaba concentrarme demasiado para encestar significaba que tenía mi mente libre para divagar y llenarse de pensamientos negativos. Mi principal preocupación era con respecto a si estaba en condiciones de continuar siendo un superhéroe o si acababa de renunciar a esa posibilidad. Realmente no sabía cómo permitirme continuar trabajando como vigilante nocturno. La policía tenía una orden de arresto en mi contra. La opinión pública sobre mi accionar seguramente cambiaría luego de lo que las noticias reportaban. Mi hermano había estado a punto de morir. Le había fallado a mis seres queridos. Le había fallado a Nova y Eclipse, arruinando sus chances de ser verdaderas heroínas y capturar a Tetherby como correspondía.
¿Todo para qué? ¿Qué había conseguido? Definitivamente no las pruebas definitivas de que él le había proporcionado las armas a Wild Card Willy. Sólo me había enterado que Tetherby tenía algunos grandes planes en marcha para hacerse con el control de las fuerzas de seguridad y que estaba desarrollando todo tipo de armamentos para combatir superhéroes. ¿Proyecto Centinela se llamaba?
Pensar en ello me hizo entender que el traje al que me había enfrentado no era más que parte de la segunda fase de ese proyecto. Un traje capaz de enfrentarse a cualquier metahumano. Era definitivamente una fuerza a respetar, una que casi había acabado conmigo y mi hermano. La oportuna intervención de Nova y Eclipse fue lo que me había salvado de una muerte segura.
Segundo cabo atado: Tetherby había inventado la historia de que mi mazo de cartas había causado toda esa destrucción porque no quería que se supiera que tres héroes adolescentes habían aniquilado su supuesta solución para luchar contra metahumanos. No era buena publicidad para un proyecto que aún no había logrado vender a las ciudades y Estados.
Lo último que había descubierto es que estaba interesado en conocer más acerca del pasado y origen de Ace Savvy. Había mencionado algo sobre un suero de la verdad y de tener que visitar a alguien para poder acceder al pasado de Ace Savvy. ¿A quién podría estar refiriéndose?
— ¡Ahí estás!
La voz había sonado justo cuando estaba a punto de lanzar un nuevo tiro hacia la canasta de baloncesto. No necesité voltear para reconocer esa preciosa voz que ahora sonaba más enfadada de lo que jamás la había oído. No quería verla a la cara, era la última persona a quien quería enfrentarme.
— ¡Si estás bien como para jugar al baloncesto, podrías al menos responder mis mensajes y explicarme por qué no fuiste a clase, o por qué no me enviaste tu parte del trabajo!
Dejé que el balón se escapara de mis manos, rodando lejos de mí. Mis brazos pesaban una tonelada, de repente, y lo único que podía hacer era bajar la cabeza y dejar que el peso de mi vergüenza me hundiera, recibiendo todas las bien merecidas críticas que Jordan quisiera darme. Ni siquiera estaba molesto porque hubiera entrado al patio trasero de mi casa sin preguntar. Probablemente había escuchado el ruido de las canastas.
— ¡La profesora nos reprobó! —Estalló, aparentemente deteniéndose algunos metros detrás mío— ¡Al menos Clyde le envió su parte a Stella! ¡Si tenían algo que hacer, podrías haberme avisado! ¡Te ofrecí mi ayuda! ¿Tienes idea de todos los problemas en los que me voy a meter con mis padres por esta calificación? ¡Voy a tener suerte si me dejan reunirme a jugar Calabozos y Dragones de nuevo!
Genial. Podía agregar todos los problemas que le había causado a la chica que me gustaba a la lista de grandes decepciones que había provocado por ser un irresponsable. Otro ser querido a quien había causado problemas. Apreté mis puños, y mis ojos ardían por tratar de contener más lágrimas.
— ¿Eso es todo? ¿No vas a decir nada? Lincoln, sólo dime qué pasó. ¿Por qué no me hablaste? ¿Por qué no fuiste a la escuela? ¿Lincoln? ¡Lincoln! ¡Al menos mírame!
Supuse que al menos eso le debía. Tomando aire, me llené de valor para voltear y mirarla a los ojos. Lo mínimo que podía hacer era aceptar todas las merecidas críticas de frente.
Estaba preparado para que me insultara, para que me golpeara, para que me dijera que no quería volver a verme o que ya no podíamos ser amigos. Cualquiera fuera el castigo que me esperaba, lo aceptaría y toleraría con valor. La miré a los ojos, y tuve que admitir que incluso enfadada, se veía preciosa. El enfado pareció no durarle demasiado, sin embargo, y un manto de preocupación la cubrió en cuanto me vio.
—Lincoln… ¿qué te pasó?
Tardé un poco en entender a qué se refería. Creí que quizás eran mis ojos rojos por llorar o las ojeras por no dormir, pero el leve gesto de dolor que cruzó su rostro hizo que recordara que mi batalla me había dejado con muchos cortes pequeños alrededor de mis mejillas, mentón y frente. Nada serio, de hecho me había olvidado que los tenía.
No quise responderle. Esto no era acerca de mí, era acerca de lo mucho que le había fallado como compañero y como amigo.
—Jordan, yo… Lo siento, no quise…
Mi garganta estaba seca e irritada de tanto llorar durante la noche y la mañana. Me oí a mí mismo y no podía creer lo patético que sonaba. Quería mostrarme como alguien entero y bajo control frente a Jordan, pero una vez más fui consciente de lo débil y patético que realmente era. Creí que a estas alturas no tendría más lágrimas por derramar, que ya habría cumplido mi cuota por el día, pero no pude evitarlo.
Cubrí mi rostro con ambas manos, no queriendo que ella me viera llorar, que me viera en tan vulnerable estado. Era como si mi día continuara yendo de mal a peor. ¿Qué no podía tener un descanso?
—Lincoln, ¿estás bien? ¿Qué ocurre?
Se acercó a mí, colocando sus suaves manos sobre mis hombros. Ante mi silencio —roto únicamente por mis sollozos—, me rodeó con sus brazos y me llevó a un abrazo el cual me encontraba demasiado débil como para resistir. La abracé, llorando aún más fuerte, abriendo mi corazón a ella, incluso a riesgo de verme como un debilucho.
Incluso si no quería hacerlo, necesitaba desesperadamente poder descargarme con alguien.
—...y todavía no me llamaron o escribieron en todo el día para decirme cómo está —terminé de explicarle, mirando con ojos perdidos el vaso de agua que Jordan me había traído desde la cocina.
Nos encontrábamos en la sala de estar, sentados frente a la televisión silenciada. Me había llevado hasta allí, tratando de tranquilizarme, hablándome con suavidad como si fuera un niño pequeño. Ante sus preguntas acerca de qué había ocurrido, no pude sino contarle parte de la verdad.
La historia que le había dicho era que me había escapado en medio de la noche (me rehusé a explicar qué es lo que estaba tratando de hacer), que Clyde me había seguido sin que yo lo supiera, y nos habíamos visto envueltos en un accidente (del cual no di detalles).
—Oh por Dios… —Dijo ella, cubriendo su boca con sus manos antes de lanzarse contra mí y darme un abrazo de costado, su cabeza apoyada contra mi hombro—. Oh, Lincoln, ¡perdón! ¡No tenía ni idea! Yo… estaba tan enfocada en el proyecto… debí saber que algo te habría ocurrido para que no fueras a clases…
—No trates de justificarme —le dije, apoyando mi cabeza sobre la suya y cerrando los ojos para disfrutar del suave olor de su shampoo—. Todo esto es mi culpa. Debería haber terminado mi parte a tiempo. Debería haberla enviado anoche. No debería haber salido. Y ahora… ahora tú reprobaste y C-Clyde… Clyde…
—Lincoln, sufrieron un accidente —me dijo, abrazándome más fuerte—. No es tu culpa.
— ¡Sí lo es! —Dije, un poco más fuerte de lo que pretendía— Jordan, no lo entiendes. Me metí en lugares donde no debería. Tendría que haberme quedado en casa y cumplir con mis promesas. Fui egoísta y pensé en mí antes que en otras personas. Les fallé a todos. A Clyde, a mis papás, a mí mismo… Te fallé a ti.
Jordan se separó de mí, y de inmediato extrañé el calor de su cuerpo contra el mío. Se arrodilló sobre el sofá, me quitó el vaso de agua, y tomó una de mis manos. Con la otra, recorrió suavemente mi rostro, acariciando mi mejilla y las pequeñas costras de los cortes que había sufrido.
—Lincoln, no eres perfecto —me dijo, sus ojos verdes mirándome con la profundidad del océano—. Cometes errores, te equivocas, y te lastimas. ¿Sabes en qué te convierte eso?
— ¿Un idiota?
—En una persona igual al resto de todos nosotros —me corrigió, apretando mis manos más fuerte—. No eres invencible. Nadie lo es. Y sí, quizás a veces las cosas no salgan exactamente como quieres, ¿sabes? Te entiendo. Todos tomamos riesgos, y a veces… a veces las cosas no salen como esperamos. Pero el hecho de que fracases no te define.
Cerró sus ojos por un instante, suspirando, como si ella también estuviera teniendo un momento muy emocional, por algún motivo.
—Lo que te define es que siempre te esfuerzas por mejorar, por ser una mejor persona. Y eso es todo lo que alguien puede pedirte. Que des lo mejor de ti. Siempre pones a tus amigos y seres queridos por delante, y eso es algo que te hace especial y diferente al resto.
—No… no sé de qué hablas. No me siento así para nada.
—Pues así es como todos nosotros te vemos. Así es como yo te veo.
— ¿En serio?
— ¡Por supuesto! Lincoln, tú eres el que estaba dispuesto a sacrificar a Hojaplateada sólo para que el resto del grupo tuviera la posibilidad de escapar. Si eso no es heroico… pues no sé qué sea.
Con mi estado de ánimo tan bajo como estaba, aquellas simples palabras eran una caricia a mi alma, una pequeña hoguera en medio del helado glaciar que rodeaba a mi corazón. Pese a que parte de mí no se sentía digna de recibir cumplidos, no pude evitar alegrarme.
—Heroico o estúpido, una de dos —dije, haciendo que los dos riéramos—. Nunca me imaginé que una horda de zombies nos atacaría desde el otro extremo del puente y que un gusano asesino caería desde el techo.
—Bueno, ese es el poder de las distracciones. Stella hizo que nos enfocáramos tanto en mirar hacia el fondo del precipicio que no revisamos el techo.
—Es una gran DM.
—Y tú, una gran persona. Que no se te olvide.
Si hubiera sido más valiente, si hubiera dejado que mi corazón me guiara y se sobrepusiera a mis temores, si no fuera el cobarde inseguro que era, probablemente habría tratado de besarla. Pero por desgracia, ese no era yo. Y la idea de que me rechazara era demasiado dolorosa como para atreverme a tomar ese riesgo.
Así que, sonrojándome ligeramente por los cumplidos recibidos y por la imagen mental de reducir la distancia entre nosotros hasta que nuestros labios estuvieran juntos, volteé la cabeza, demasiado avergonzado como para verla a los ojos.
Y fue entonces cuando vi el edificio en llamas.
—Wow, ¿qué pasó? —Dije, rompiendo el hechizo que nos había conectado.
—Wow —dijo ella, tomando el control remoto y subiendo el volumen.
"ÚLTIMO MOMENTO: EXPLOSIÓN EN ALMACENES DE INDUSTRIAS TETHERBY".
La manzana entera del laboratorio secreto de Tetherby estaba en llamas, con algunos edificios linderos incendiándose también. Un joven reportero se encontraba narrando los sucesos a una calle de distancia, con el fuego y la destrucción de fondo.
—El equipo de bomberos está trabajando a toda velocidad para contener las llamas, pero nos confirman que la principal hipótesis es que los daños causados durante la noche por el hasta ahora considerado héroe Ace Savvy acabaron por comprometer el sistema de cañerías de gas. Hace poco menos de quince minutos que la bodega estalló en pedazos, esparciendo escombros y llamas por doquier. Hasta ahora se reportan quince heridos, y las fuerzas de seguridad trabajan a toda velocidad para acceder a los edificios y rescatar a cuantos civiles puedan. Se estima que… ¡Atención! ¡Atención! ¡El joven dúo de heroínas Nova y Eclipse acaban de llegar y se suman a los trabajos de rescate!
La cámara se movió rápidamente hacia el cielo para enfocar a las dos chicas que me habían salvado la noche anterior, internándose en los edificios en llamas para actuar como verdaderos héroes.
— ¡Es increíble! ¡Las dos heroínas han acudido al rescate! ¡No lo puedo creer, esto es fabuloso!
—Ese sujeto parece muy emocionado —dijo Jordan, alzando una ceja.
—Sí, parece como si nunca hubiera hecho un reportaje a héroes.
—La periodista que se viste de amarillo suele ser la que cubre todas estas noticias. ¿Cómo se llama? No recuerdo, pero es raro no verla aquí.
—Sí, es bastante…
No acabé mi oración, pues acababa de atar el último cabo de lo que había presenciado la noche anterior. Tetherby dijo que necesitaba el suero de la verdad para obtener respuestas de una persona que podría guiarlos hacia la vida de Ace Savvy, y sólo había una persona que lo conocía personalmente: Katherine Mulligan, quien casualmente no podía ser contactada por el canal de noticias para el que trabajaba.
Ella y yo éramos los únicos que conocíamos la casa de Ace Savvy, el lugar donde se encontraba el Cubo que me había dado mis poderes. El mismo hogar que mi predecesor me había pedido que destruyera, pedido que me había negado a cumplir. Y ahora existía la posibilidad de que un malvado empresario con planes para construir un ejército anti-metahumanos se hiciera con el objeto que transformaba personas comunes en superhéroes.
Mi carrera como superhéroe estaba acabada. Le había fallado a mis padres, a mi hermano, a mis amigos, a la chica de mis sueños, a la ciudad, a las heroínas. Le había fallado a todos.
Pero no podía fallarle a Ace Savvy una vez más.
—Jordan, gracias por venir, pero necesito estar a solas.
—No quiero que te quedes solo —me dijo, aún sosteniendo mis manos entre las suyas—, sé que necesitas…
—Por favor.
Ella se mordió un labio.
— ¿Estás seguro?
Por primera vez en todo el día, la chispa de determinación y convencimiento se había encendido dentro de mí una vez más.
—Sí. Sé lo que tengo que hacer.
Era hora de repartir justicia.
