Henos aquí. Todas las lecciones que Lincoln ha aprendido lo han conducido a este punto. Es hora de que le demuestre al mundo y a sí mismo que está preparado para convertirse en el héroe que lleva dentro. ¡Qué alegría poder compartir este capítulo con todos ustedes!
Agradecimientos como siempre a los fieles lectores.
Sylar Diaz: Curioso que digas que lo sentiste corto, pues fue uno de los más largos jajaja.
J0nas Nagera: ¡Muchas gracias colega! Mucho que responder, así que sólo tocaré algunos puntos. Sentí lo mismo acerca de los McBrides. Siempre están demasiado preocupados/alegres, me parece que era interesante mostrar un lado más enfadado, considerando todo lo que ocurrió. Y con respecto a la opinión de sus amigos acerca de Ace Savvy, no me pareció necesario mostrarlo, ojalá para el final de la historia se entienda el por qué.
Jairo De la Croix: ¡Es que estaba muy emocionado! Jajaajaja, a veces me salen así rápido cuando tengo tiempo y energías. Y muchas gracias por las observaciones. Mi idea es que esta historia sea bastante arquetípica, así que es natural que haya muchos elementos ya conocidos por el lector. No me escapo de eso, al contrario, me gusta que se reconozcan estos momentos.
dagas99: Jajajaaja, pues muchas gracias! Pero prefiero ser el Shazam, ha.
Juanlo26: lol buena analogía
Deadly Ice 99: ¡Hora de rescatar a la damisela en peligro! Y sí, la verdad me encanta escribir a Jordan.
KGB: Muchas gracias, creo que resumiste la situación comprometedora de Lincoln a la perfección jajaja Ya veremos cómo se resuelve lo de su imagen.
Luis Carlos: JAJAJAJAJA me encanta que hayas reconocido la referencia a Ultron jajaja. En efecto, Lincoln está en su peor momento, pero es ahí donde el heroísmo florece. Ya veremos cómo resulta esto.
Luna PlataZ: Excelentes observaciones como siempre. No me preocupa que las cosas sean obvias siempre y cuando sean geniales jajaja. Y vamos a tener que hacer algo con tus poderes de Oráculo porque me estás arruinando las sorpresas.
nahuelvera2: Es extremadamente posible que esto se sienta apurado. Trato de que no, pero siempre es una posibilidad, así que sólo me queda dar lo mejor de mí y esperar que el resultado sea agradable jajaja.
Capítulo 9:
La batalla final.
—Rayos —maldije para mis adentros, ocultándome entre las ramas del alto árbol en el que me encontraba—, llegué demasiado tarde.
Tras despedir a Jordan, no perdí tiempo en colocarme el traje de superhéroe y dirigirme a toda velocidad y tratando de no ser visto hacia la mansión de Ace Savvy. Tenía un terrible presentimiento acerca de lo que estaba por ocurrir, y pese a que todo en lo que me basaba era una corazonada, no había querido perder ni un instante, ni arriesgarme a no ir preparado para lo peor.
Mi paranoia y corazonada se vieron totalmente justificadas cuando, llegando a la Avenida Wayne al 1900, descubrí que la calle se encontraba cerrada con unas vallas. Un par de hombres vistiendo chalecos y cascos amarillos se hallaban junto a un poste de luz, pero mientras más los observaba, más me daba cuenta de que no estaban haciendo nada realmente, sólo fingiendo que trabajaban. Más importante aún, frente a la casa de Ace Savvy había estacionadas dos camionetas blancas sin matrículas y un camión negro parecido a los que transportaban sodas hacia los comercios. Sólo que el contenido del tráiler estaba completamente oculto. ¿Qué estarían llevando?
No necesitaba ser un genio para comprender lo que estaba ocurriendo. Mi teoría había sido correcta. No había otra alternativa, estas camionetas pertenecían a Tetherby, y la única forma de que hubiera hallado la casa de Ace Savvy era a través de Katherine Mulligan. Él seguramente se encontraba ya dentro de la mansión. No podía permitirme perder ni un instante en detenerlo.
Analizando el área desde mi oculta posición, pude ver que además de los dos hombres disfrazados como obreros, había tres personas que patrullaban el jardín delantero, caminando en círculos por la reja de entrada, las escaleras, y la puerta. Si me movía con cuidado, podía entrar sin ser descubierto. Pero algo me decía que una vez allí, me sería imposible evitar una confrontación directa, y si ellos iban a pedir refuerzos, quizás lo mejor era dejarlos fuera de combate antes de llegar a ese punto.
—Muy bien, Lincoln. Eres un pícaro nivel once. Eres el maestro del sigilo. Nadie te descubrirá —me dije a mí mismo, moviendo mis hombros y cuello para entrar en calor y prepararme para lo que estaba por venir.
Esperé algunos segundos a que todos parecieran estar mirando lejos de mí antes de bajar del árbol y atravesar la calle como una sombra en dirección a las camionetas. Me deslicé a último momento, rodando debajo del auto. No sabía mucho de mecánica, pero comencé a romper silenciosamente y desarmar cuantos tubos encontraba. Cuando vi una gran cantidad de aceite comenzando a derrarmarse, asumí que las camionetas estaban lo suficientemente averiadas como para no funcionar. Con suerte.
El siguiente paso era comenzar a distraer a los guardias para lograr entrar a los terrenos de la mansión. Los primeros eran los que pretendían ser electricistas. Y ya sabía cómo distraerlos.
Me deslicé por detrás del camión, y en un rápido movimiento antes de volver a ocultarme, lancé un As metálico hacia los cables por encima del poste de luz en el cual pretendían estar trabajando. Algunos de los tantos que había allí atravesando la calle se partieron a la mitad y cayeron justo por encima de ellos, serpenteando y rodeándolos.
— ¡CUIDADO!
— ¡AAAAH, NO TOQUES A TIERRA, NO TOQUES A TIERRA!
— ¡¿QUÉ DEMONIOS SIGNIFICA ESO?!
— ¡NO LO SÉ, NO TOQUES NADA!
Los dos hombres, que claramente no sabían nada de electricidad, estarían ocupados por un tiempo.
—Espero que haya sido una línea telefónica. Ya nadie usa teléfono fijo —dije para mis adentros, aunque lo cierto es que seguramente había dejado a toda la manzana sin luz. Oh, bueno, era por una buena causa.
Los gritos de los hombres llamaron la atención de los tres guardias estacionados dentro del terreno de la mansión. Espié por un segundo, confirmando que todos estaban mirando en dirección al poste de luz, antes de escabullirme por la izquierda y trepar la reja a toda velocidad. Caí dentro del jardín, ocultándome detrás de un arbusto. Por suerte, Ace Savvy había sido un aficionado de la jardinería, o por lo menos le pagaba a un muy dedicado jardinero, por lo que había toda clase de arbustos y pequeños árboles detrás de los cuales podía ocultarme.
— ¿Qué le pasa a esos idiotas? —Preguntó el guardia del medio.
—Se suponía que sólo tenían que quedarse allí, no tenían que tocar nada.
—Ya sabes cómo es Tony, se toma todos sus papeles en serio. ¿Recuerdas cuando sólo debía pretender ser médico para sacar al jefe del hospital y acabó ayudando a dar a luz?
El guardia del medio y el de la casa parecían estar entretenidos con la conversación, por lo que aprovechando el momento, corrí en dirección al más cercano a mí. Estaba peligrosamente cerca de la visión periférica de los guardias, por lo que debía actuar rápido y con precisión.
El pobre tipo debe haber despertado un tiempo después totalmente confundido. Nunca supo qué fue lo que lo golpeó. Me acerqué por detrás, salté a último momento para ganar altura, y le propiné un golpe de karate con la palma extendida justo entre la unión de su cuello y el hombro. Cayó desplomado al suelo, y me apresuré a arrastrarlo detrás de un arbusto para que nadie lo encontrara por un tiempo.
—...lo digo en serio, me cae bien, pero siento que debería comenzar un curso de actuación y dedicarse a ello, ¿entiendes? Este no es el trabajo indicado para él. ¿Tú que crees, Joe? —Preguntó el guardia del medio, aparentemente volteando en dirección a donde su compañero se encontraba hasta hace unos segundos. — ¿Joe? ¿A dónde te fuiste?
Eché un par de miradas furtivas. Los dos guardias estaban ahora ocupados tratando de encontrar a su compañero, por lo que me sería más difícil moverme. Logré, sin embargo, avanzar por el costado hasta llegar al borde izquierdo de la casa.
—Oye, esto no me gusta —dijo el guardia del medio, retrocediendo hasta la entrada de la casa junto a su colega—. ¿Por qué se fue Joe?
—No lo sé ni me importa, por mí que se vaya al diablo.
—El jefe lo va a despedir.
—Se lo merece.
— ¿Qué te hizo para que lo odies tanto?
—Nunca me deja conducir la camioneta. Siempre insiste en ser él quien maneja. ¿Qué tiene, quince años? Ni que la camioneta fuera suya.
—Huh. Iré a dar un vistazo, quizás salió o algo.
—Haz lo que quieras, por mí vete al diablo.
Escuché un bufido, y unos pasos que se alejaban lentamente. Aprovechando mi oportunidad, trepé por el techo del porche, me acerqué hasta estar justo por encima del tercer guardia que se había quedado en la entrada, y en cuanto lo vi asomarse me dejé caer sobre él, golpeándolo con ambas manos al mismo tiempo y dejándolo fuera de combate al mejor estilo ninja.
Incluso logré atajar su cuerpo antes de que cayera pesadamente sobre la entrada. Perfecto, ahora podía arrastrarlo hasta la parte de atrás para que nadie lo—
—Carajo, ya tuve suficiente —Dijo de repente el guardia del medio, deteniéndose y volteando lentamente. —No iba a decirte nada, pero alguien tiene que hacerlo. Eres un maldito desgraciado y tienes que mejorar tu acti…
Sus ojos se cruzaron con los míos. Luego desvió la mirada hacia su compañero inconsciente, a quien yo me encontraba arrastrando por los pies. Me miró una vez más.
Nos mantuvimos en silencio durante largos y tensos segundos.
— ¿Sabes qué? Odio este trabajo —dijo, mostrándome con lentitud cómo se desabrochaba el cinturón donde llevaba su arma, dejándola caer al suelo—. No me pagan lo suficiente, no me dan vacaciones, y todos mis compañeros son una basura. No voy a dispararle a un niño y preferiría que no me rompieras ningún hueso, así que no te preocupes por mí. Renuncio. Esto no vale la pena. El jefe está adentro con un par de guardias y la reportera. Haz lo que quieras con ellos. Yo me largo.
Ni siquiera me dio tiempo a que le respondiera o le agradeciera por su cooperación. El tipo sencillamente se retiró caminando, saliendo por la puerta de entrada y alejándose, ignorando por completo los pedidos de ayuda de sus dos compañeros que aún trataban de lidiar con el cable roto.
—Huh… Ok… eso acaba de pasar —me dije, sorprendido una vez más por las actitudes de los empleados de Tetherby. ¿En qué condiciones los tenía para que todos fueran tan incompetentes o desleales?
Ciertamente actuaba como un verdadero villano.
Ingresar por la puerta de entrada parecía ser, a priori, una mala decisión. Lo que necesitaba era el elemento sorpresa y escabullirme. Si me descuidaba, existía la posibilidad de que Tetherby tomara a Katherine Mulligan como rehén y la amenazara para tratar de detenerme. No podía permitir que algo así sucediera, así que, hasta que lograra poner a Katherine a salvo, no me quedaba otra opción más que permanecer oculto. Con cuidado de no hacer ruido, me dirigí a la parte trasera de la mansión y escalé hasta llegar al segundo piso. Las ventanas de lo que parecía ser una habitación de huéspedes estaban cerradas y trabadas, pero ninguna pequeña traba era rival para mi fuerza de superhéroe. Sin hacer más ruido del que era absolutamente necesario, rompí la traba y logré escabullirme dentro. Toda la casa estaba a oscuras.
—Rayos, sí era el cable de luz —dije, golpeándome la frente con mi mano—. Más vale que salve el día, o definitivamente iban a arrestarme.
Me asomé por el pasillo y oí unas voces que provenían desde abajo, la gran sala y biblioteca donde se hallaba la entrada secreta a la guarida de Ace Savvy. Dado que podía ver todos los muebles, supuse que aún no habían hallado el libro que abría la entrada.
Entonces no había llegado tan tarde después de todo. Aún estaba a tiempo de detener esto antes de que fuera demasiado tarde. Todavía tenía la oportunidad de salvar el día y evitar que Tetherby se hiciera con un peligroso artefacto. Y hablando de Tetherby, su voz pronto llegó a mis oídos.
—Podemos estar aquí todo el día y revisar cada maldito libro de la biblioteca, pero realmente nos haría un favor a todos acabar con esto cuanto antes, así que sólo dinos cuál es el que activa la entrada a la guarida secreta.
—No lo sé, nunca le presté atención a cuál era —respondió la cansada voz de Katherine Mulligan, quien sonaba mareada, arrastrando las palabras. Era raro escucharla así, tan letárgica, considerando que era conocida por su enérgica forma de hablar y transmitir noticias. Parecía como si no hubiera dormido en toda la noche, o como si hubiera bebido de más.
—Bueno, supongo que dice la verdad —dijo Tetherby, resignado— ¡Ustedes tres! ¡Más rápido!
Me moví con sigilo hasta que logré tener una visual más clara de la situación. Tetherby, con su sombrero de gala y su ridículo bastón negro, observaba con interés cómo tres guardias sacaban cada libro de las estanterías, uno por uno. Detrás de Tetherby, otros cuatro guardias se hallaban rodeando a Katherine Mulligan quien, vestida con su traje amarillo de reportera, tenía las manos atadas y parecía estar haciendo un gran esfuerzo sólo para mantenerse de pie. No parecía estar herida, pero había algo raro en su forma de pararse y en cómo hablaba. Parecía… drogada.
—El suero de la verdad —recordé.
Apreté mis puños. Había imaginado que esto ocurriría tras haber oído acerca de dicho suero la noche anterior y al atar los cabos de la desaparición de Katherine Mulligan. Verla en ese estado, sin embargo, me llenó de furia. El hecho de que Tetherby se atreviera a drogar a una persona sólo para conseguir lo que necesitaba me enfermaba. ¿Qué clase de monstruo era?
—No te vas a salir con la tuya —dijo Katherine, haciendo que Tetherby volteara.
— ¿Y quién va a detenerme? ¿Tú?
—No… Yo no puedo hacer nada —dijo, sonando ligeramente sorprendida por sus propias palabras.
—Por lo menos sé que entiendes la futilidad de tu resistencia —respondió Tetherby con una sonrisa.
—Pero… los héroes… ellos te detendrán.
— ¡Ja! No me hagas reír, mujer. Las dos rubias están ocupadas con el incendio de mi almacén, me encargué de que no estuvieran listas para detenernos en el peor de los casos. Y el pequeño entrometido de Ace Savvy Jr. es el enemigo público número uno en estos momentos. También me encargué de ello. ¿Lo ves ahora? Es por eso que tú y tu ciudad me necesitan. No puedes confiar en héroes para estar a salvo. Siempre, siempre te defraudarán.
—Yo creo en ellos.
Tetherby se acercó, colocándose peligrosamente cerca de ella. Uno de los guardias la golpeó con la parte trasera de su arma para que cayera de rodillas, quedando a la altura de Tetherby. Él puso la punta de su bastón bajo el mentón de Katherine, obligándola a mirarlo a los ojos.
—Tu fé está en el lugar equivocado.
Volteó, volviendo a supervisar a los guardias que revisaban la biblioteca.
—Si no vas a ayudarnos a acelerar el proceso, no sé qué tan útil nos sea mantenerte aquí. No me tientes a eliminar cabos sueltos.
El guardia que la había golpeado se acercó nuevamente y la empujó con cierta rudeza.
—Vamos, ponte de pie.
Katherine volteó desde el suelo para dirigirle una mirada asesina.
Y en ese instante, me puse de pie y levanté una mano para que me viera. Pareció sorprendida por verme allí, y se quedó mirándome más de lo que pretendía. Rápidamente le hice un gesto de silencio. Quería que estuviera al menos al tanto de que me encontraba allí y que la salvaría. Quería demostrarle que no estaba cometiendo un error al confiar en nosotros los héroes. En mí.
— ¡Que te pongas de pie!
Para mi sorpresa, Katherine asintió ligeramente en mi dirección, e instantes después, se dejó caer al suelo, casi desmayada.
—Wow, wow, ¿qué ocurre? —Preguntó el guardia, llamando la atención de Tetherby.
—Oh, por el amor de Dios, ¡te dije que no la golpearas fuerte!
— ¡Pero señor, yo no hice nada!
— ¡No seas idiota, te vi cuando lo hiciste! ¡La necesitamos consciente en caso de que algo ocurra! Maldito idiota, ¿por qué todos mis guardias me fallan tan seguido? ¡Siéntala en algún sillón y reza a Dios que no se desmaye, o saldré de aquí con un guardia menos de los que entraron!
El sujeto se quejó un poco, pero con cuidado tomó a Katherine Mulligan por debajo de las axilas y la arrastró suavemente a través de la sala hasta colocarla en un sofá. Ahora entendía cuál había sido el plan de Katherine. Había separado a los guardias, y sólo uno estaba con ella ahora, lo cual ayudaba a mis posibilidades para ponerla a salvo. Tenía que esperar a que el resto del grupo estuviera lo suficientemente distraído como para poder deshacerme de aquel guardia y ayudarla a escapar sin que quedase atrapada en el fuego cruzado.
La distracción, desafortunadamente, no fue ocasionada por mí, sino por el soldado que, finalmente, movió el libro rojo. Toda la habitación tembló, y las paredes se movieron, comenzando la secuencia de transformación para abrir la guarida secreta y armería de Ace Savvy. Tetherby y los guardias junto a él se sobresaltaron, y observaron con gran interés cómo la pared frente a ellos se retraía al suelo.
—Ahora —me dije, lanzando mi pistola gancho al techo.
Me moví como un péndulo por el aire en dirección al guardia que custodiaba a Katherine Mulligan. Lo golpeé con ambas piernas en la espalda, derribándolo en el acto. Sin perder el tiempo, tiré su rifle lejos de su alcance, y cuando trató de ponerse de pie, lo pateé en el estómago con la fuerza suficiente como para dejarlo fuera de combate. El tiempo estaba en mi contra, así que de inmediato rompí las ataduras en las muñecas de Katherine Mulligan.
— ¿Te encuentras bien? —Le pregunté en un susurro, aunque el sonido de toda la casa cambiando su arquitectura me hubiera permitido hablar más fuerte.
—No —me dijo con honestidad, frotando sus muñecas—. Me dio una inyección y no pude evitar decirle todo acerca de Ace Savvy.
—No te preocupes, yo me encargo. ¿Sabe de la fuente de los poderes de Ace?
— ¿El Teseracto?
—Uh… ¿el cubo rojo?
Ella asintió.
—Sí, se lo dije. No sé dónde se encuentra, pero sabe lo que busca.
—Entonces tengo que detenerlo ahora. Me encargué de los guardias en la entrada, deberías poder escapar. Llama a los bomberos y pídeles que avisen a Nova y Eclipse de lo que está pasando aquí. Yo intentaré detenerlo o al menos ganar tiempo hasta que ellas lleguen.
Me puse de pie, decidido a dar lo mejor de mí para resolver esta situación. Ella me tomó por la muñeca, deteniéndome por un segundo.
—Es como si estuviera mareada y no pudiera controlar lo que digo —me explicó—, no puedo evitar decir todo lo que siento realmente o lo que sé.
—Te dio un suero de la verdad, deberías llamar a una ambulancia por las dudas —dije, pero ella negó con la cabeza.
—Lo que quiero decir es… confío en ti. Sé que resolverás esto.
Me quedé anonadado, sin saber qué decirle. Ella me sonrió, y con un poco de dificultad, se puso de pie.
—Ve. Detén a este loco. Yo haré unas llamadas.
Con una última mirada, se alejó tan rápido como su estado le permitía.
Decidí seguir su ejemplo y no perder más tiempo. Inspirado por aquellas honestas palabras, ya no quedaba en mí ni un dejo de duda. No podía permitirme dudar, de hecho. Era yo contra seis hombres armados y Tetherby, y de mi victoria dependía que aquel villano no se hiciera con el control del… teseracto, como Katherine Mulligan lo había llamado. Todavía no tenía en claro de qué se trataba ese objeto, o qué era en verdad, pero sabía que era muy poderoso y por lo tanto peligroso si caía en las manos equivocadas. Yo no era precisamente alguien confiable, como mi corta carrera había demostrado hasta ahora, pero al menos no estaba en mis planes crear un ejército de súper soldados. Eso debía contar para algo, ¿no?
— ¡Jajajaja! ¡Al fin! ¡La armería secreta de Ace Savvy! —Celebró Tetherby, extendiendo sus brazos y riendo como un desquiciado.
Él y todos sus guardias estaban demasiado entretenidos viendo la sala que se acababa de revelar ante ellos como para prestar atención al niño de once años que se acercó por detrás. Debía eliminar la mayor cantidad de sujetos tan pronto como pudiera, pues en una batalla de puños contra armas, el juego largo los beneficiaba a ellos.
Ace Savvy me había pedido que incendiara su hogar y lo redujera a cenizas con tal de acabar con todos sus secretos y armas. Por respeto y por no ser alguien destructivo por naturaleza, parte de mí quería tratar de mantener la mayor cantidad posible de muebles y artefactos intactos. Esto era, después de todo, el legado de Ace Savvy. Pero mi prioridad era acabar con estos sujetos y no dejar que se salieran con la suya, por lo que decidí perdonarme anticipadamente por realizar daños a la propiedad.
Stella era una grandiosa DM, con una increíble capacidad para sorprendernos con sus originales y desafiantes combates. No era fanática de sencillamente soltar monstruos y atacar, no. Ella buscaba formas creativas de sorprendernos y colocarnos en extrañas situaciones, acorralándonos y haciéndonos pensar. Había aprendido una o dos cosas de ella. Como el arte de la distracción y los ataques inesperados desde arriba.
Tomé aire, preparándome para la confrontación.
—Hora de ser un héroe —me dije a mí mismo.
Empecé por lanzar tres de mis Aces verdes, creando una repentina pantalla de humo que envolvió a Tetherby y sus lacayos. Fueron tomados por sorpresa y comenzaron a toser, no estando preparados para el humo que se metía en sus pulmones. Lancé luego una carta explosiva hacia el techo de madera justo por encima de ellos. Las cabriadas estallaron, dejando caer varios trozos de madera y pizarra sobre los villanos. Uno de ellos recibió un golpe lo suficientemente fuerte como para caer desmayado, mientras que el resto fue tan sólo derribado y cubierto por una pequeña capa de escombros.
— ¡AAAGGH!
— ¡Señor, a un lado!
— ¡¿Qué es esto?!
— ¡A cubierto, estamos bajo ataque!
Dos soldados lograron quitarse los escombros de encima y, al salir gateando de la pantalla de humo, me vieron.
— ¡Es Ace Savvy! —Alertó uno de ellos, poniéndose de pie.
— ¡¿Qué?! —Dijo Tetherby, moviéndose entre el humo, agitando su mano como un abanico para buscarme— ¡Deténganlo!
Los guardias tomaron sus armas, pero fueron demasiado lentos. Antes de que pudieran quitarles los seguros, apuntarme y disparar, yo ya había accionado mi pistola gancho. La cabeza del proyectil pasó entre ambos hombres, quienes parecieron paralizarse, probablemente asustados por un instante de que les hubiera disparado a ellos. Ellos no eran mi objetivo, sin embargo. Afirmé mis pies en el suelo y me preparé para contrarrestar el fuerte empuje del mecanismo retractor. Todo mi torso se sacudió mientras me anclaba, pero logré permanecer lo suficientemente firme como para que en lugar de dirigirme hacia ellos, el gancho atrajera hacia mí la mesa a la que se había aferrado. Golpeó a los dos guardias por detrás, derribándolos al suelo y haciéndoles soltar sus armas. Corrí hacia ellas y las desarmé por el cañón, dejándolas totalmente inutilizables.
El resto de los guardias se había salido ya de entre los escombros y la pantalla de humo que comenzaba a disiparse. Tetherby se había alejado corriendo a toda velocidad hacia el otro extremo de la habitación, gritando instrucciones para sus hombres.
— ¡DISPÁRENLE! ¡DISPÁRENLE! ¡ACÁBENLO!
— ¡Ríndanse ahora! —Les grité, tratando de sonar amenazante.
Parecían temerle más a su jefe, pues enseguida tomaron sus armas y se prepararon para apuntarme. Los tenía a unos siete metros, distancia suficiente como para que me disparasen. Tenía que moverme con precisión para no morir acribillado.
Me sentí como en la clase de gimnasia el día que descubrí que tenía superpoderes. Todos sus movimientos parecían obvios y predecibles. No ocultaban sus intenciones, e instintivamente podía adivinar dónde y cuándo dispararían, por lo que podía anticiparme y evitar acabar como un colador.
Cuando la primera ronda de balas salió despedida hacia mí, lo primero que hice fue rodar hacia un costado. Un pequeño detalle pero que me pareció interesante en aquellos milisegundos fue que el sonido de sus ametralladoras disparando parecía llegarme después que las balas estuvieran moviéndose por el aire. ¿Significaba eso que si me descuidaba podría morir antes de oír qué fue lo que me había matado? Era aterrador.
Y sin embargo, en ningún momento temí por mi vida. La adrenalina que recorría mi cuerpo podía más que el miedo a la muerte. Quizás porque en aquellos momentos, mi objetivo era más importante que mi vida. El verdadero Ace Savvy había muerto con tal de protegerme, y su único pedido había sido que evitara que el cubo (¿teseracto?) cayera en malas manos. Katherine Mulligan trataría de seguir mis instrucciones y llamaría a Nova y Eclipse. Incluso si yo moría, todo estaría bien siempre y cuando lograse entretener a Tetherby y sus secuaces lo suficiente como para que ellas llegasen para salvar el día. Habían demostrado estar a la altura. Ellas eran las verdaderas heroínas que la ciudad necesitaba.
No temerle a la muerte no significaba que no entendiera que era más útil permaneciendo vivo. Rodé, salté, me deslicé y esquivé al tope de mis capacidades acrobáticas. No podía permitirme quedar inmóvil ni siquiera por un instante, y me enfoqué conscientemente en moverme de forma tal que mi capa se extendiera por el aire ocupando el mayor área posible. Al extenderse, ocultaba mi cuerpo, haciéndoles aún más difícil apuntarme directamente.
Todo funcionó a la perfección, incluso si mi capa quedó agujereada por varias balas que pasaron cerca de mí. Me movía como un tornado, girando alrededor de la habitación. El aire estaba impregnado de olor a pólvora, y astillas de madera volaban por todos lados con las balas perdidas.
— ¡ACRIBÍLLENLO! ¡ACÁBENLO! ¡NO PUEDE VIVIR! —Continuaba gritando Tetherby.
— ¡Se están quedando sin tiempo! —Les advertí, mientras daba un salto y me deslizaba por la superficie metálica de una de las mesas de Ace Savvy, derribando todos los objetos y libros que allí se encontraban.
— ¡El que se queda sin tiempo eres tú! —Respondió un soldado, mientras continuaba disparándome.
—Oh, yo tengo todo el tiempo del mundo —dije, aprovechando mi impulso para tomar un bibliorato negro y lanzárselo en la cabeza de uno de los matones.
Continuaron disparándome, pero yo sabía que sólo tenía que continuar esquivando durante algunos segundos para poder finalmente cerrar la distancia entre ellos y yo. Y una vez que lo hiciera, el peligro de las balas desaparecería, y llevaría la pelea donde a mí más me convenía: combate cuerpo a cuerpo. Así, aproveché a rodar por el suelo y lanzar un As hacia una de las lámparas de tubos fluorescentes que habían aparecido junto con la armería de Ace Savvy. Los chispazos fueron suficientes como para hacer retroceder un instante a los guardias, y darme tiempo para ponerme de pie.
— ¡No puedes correr para siempre!
—No necesito hacerlo —dije, saltando con una voltereta para evitar nuevos proyectiles—, sólo lo suficiente…
Y de repente, el sonido de los disparos se detuvo, y no más balas salieron en mi dirección.
—...hasta para que tengan que recargar —finalicé con una sonrisa, y girando mi cuello hasta hacerlo tronar.
Todos parecieron entender lo que estaba a punto de ocurrir, pero aún así me abalancé contra ellos a toda velocidad. Algunos fueron lo suficientemente inteligentes como para soltar sus armas, mientras que otros creyeron podrían ser tan rápidos como para retirar los cargadores y reemplazarlos por otros sin usar antes de que yo llegara a ellos. Grave error de cálculo.
Fue a ellos a quienes me enfoqué en desarmar primero. El soldado más cercano a mí trató de golpearme con la parte trasera de su arma, pero me moví a un lado antes de que me impactara.
— ¡Voy a necesitar eso! —Le dije, golpeándolo en la muñeca con mi antebrazo para que soltara el arma. La tomé antes de que cayera al suelo, y girando con todo mi cuerpo, la usé para golpearlo en el rostro como un bate de béisbol.
— ¡UGH! —Dijo, cayendo al suelo con el rostro lleno de sangre.
— ¡Lo siento! —Me disculpé, aunque no lo sentía realmente. Usé mi rodilla para quebrar el arma en dos y dejar los pedazos en el suelo.
Dos soldados más se acercaron, uno de cada lado, tratando de golpearme. Me cubrí de un golpe a mi derecha con mi brazo. Aunque había evitado que me golpeasen en la cabeza, me dolió muchísimo, y supuse que acabaría con un moretón allí donde me había golpeado. Al que vino por mi izquierda no me quedó más remedio que derribar antes de que me golpeara, barriendo el suelo con mi pierna derecha y haciéndolo tropezar.
Volví a mirar a mi derecha, y cuando el sujeto trató de golpearme una vez más, esta vez atrapé su puño con mi mano.
— ¡Eso fue muy rudo! —Le dije, moviendo su brazo a un lado para que perdiera el equilibrio y luego golpeándolo de lleno en el estómago.
Los últimos dos que no había golpeado aún estaban en el proceso de cargar sus armas, por lo que tuve que actuar rápido. Corrí hacia uno y salté, girando en el aire y asestándole una patada giratoria a la altura del cuello. El sujeto cayó y soltó su arma. El otro, viendo que no llegaría a dispararme, trató de usarla también para golpearme con la parte trasera de ella, pero yo simplemente me dejé caer hacia atrás para evitarlo. Lancé mis manos hacia atrás para usarlas como apoyo y dejé que el resto de mi cuerpo hiciera una vertical invertida, usando mi pierna para golpear el arma y elevarla fuera del alcance del soldado. Una vez de pie, logré mover mi rostro justo a tiempo para evitar un derechazo.
— ¡Atento! —Le grité, amagando una patada a sus rodillas.
Él trató de defenderse, moviendo sus manos hacia abajo para detener mi patada. Patada que nunca llegó, y en cambio aproveché su apertura para darle un fuerte golpe en el pecho seguido por un invertido en su rostro.
— ¡Dos por moverte!
Tomé las dos armas que había junto a mí y las lancé al otro extremo de la sala, golpeando accidentalmente en la cabeza a uno de los sujetos desmayados justo cuando parecía estar despertándose. Ya todos habían sido desarmados, y sólo quedaban dos armas en las inmediaciones.
Volteé para ubicarlas y destruirlas, pero sin siquiera darme tiempo a reaccionar, uno de los matones se lanzó encima de mí. Traté de desviarlo, pero el sujeto era mucho más pesado que yo, y caímos al suelo, rodando. Conseguí quedar encima de él y me liberé de su agarre. Lo golpeé en el pecho, e iba a golpearlo nuevamente, pero él consiguió golpearme justo por debajo de las costillas, quitándome el aire.
Aprovechando mi momentánea distracción, otro matón más apareció por detrás, cerrando sus brazos alrededor de mi pecho y evitando que pudiera moverme. Me levantó en el aire, y el resto de sus compañeros comenzaron a reagruparse.
No podía permitirme jugar limpio, había muchísimo en riesgo. Moví mi cabeza hasta que conseguí morderlo en el antebrazo.
— ¡AAAAGH!
Lo sentí inclinarse por el dolor, y fue entonces cuando lancé mi cabeza hacia atrás con todas mis fuerzas, golpeándolo en el rostro y dejándolo fuera de combate. Los otros cuatro se colocaron a ambos lados, por delante y detrás, dejándome en el centro. Levanté mis brazos en pose de boxeador, girando lentamente para mirarlos a todos.
— ¿Quién mueve primero? —Les pregunté, tratando de sonar confiado.
Los cuatro atacaron al mismo tiempo. Durante un minuto, mi cuerpo actuó por instinto, y me es difícil explicar cómo fue que logré repelerlos. La clave estuvo en nunca dejar de moverme. Girando como un tornado, no paré de bloquear golpes, evitar patadas, desviar puñetazos y empujar a quien se estuviera acercando demasiado. En más de una ocasión no llegué a bloquear a tiempo, y recibí más de un fuerte golpe, pero nunca lo suficiente como para derribarme. Y aunque estaba demasiado ocupado defendiéndome, aproveché cada pequeña oportunidad que tuve para dar algún golpe de mi parte. Estos sujetos sin embargo parecían ser más duros de lo que pensaba.
— ¡NO LO DEJEN RESPIRAR! ¡DETÉNGANLO! ¡ES SÓLO UN MALDITO NIÑO! —Continuó quejándose Tetherby.
— ¡Es un meta!
— ¡SIN EXCUSAS!
Si bien era cierto que yo tenía las habilidades de un metahumano, o por lo menos, había alcanzado artificialmente el límite de la capacidad humana, no era invencible ni mucho menos. Y no sabía cuánto más podía durar rodeado como me encontraba. Debía acabar con estos sujetos cuanto antes.
El Ace Savvy original los habría vencido con sus propias manos sin derramar ni una gota de sudor. Yo no era tan bueno ni hábil como él, sin embargo, por lo que dependía más de mi originalidad y astucia que de mis músculos para escapar de situaciones tan comprometedoras como aquella en la que me encontraba.
Esperé al momento justo en el que todos a mi alrededor parecían estar recuperándose de un golpe o preparando uno para intentar una idea algo alocada. Tomé uno de los Aces azules y salté tan alto como pude. Una vez en el aire, lo lancé con todas mis fuerzas hacia el punto que había estado ocupando instantes atrás, en medio de todos los sujetos. El As estalló al impactar de lleno contra el suelo metálico de la armería de Ace Savvy, y toda la carga eléctrica que llevaba dentro se liberó de repente. Dado que me encontraba en el aire sin tocar a tierra, no me vi afectado por la corriente. Los cuatro sujetos, sin embargo, debieron de haber sentido el avasallante hormigueo subiendo por sus piernas, haciéndolos caer de rodillas con fuertes calambres.
Para cuando volví a tocar el suelo, la corriente ya se había dispersado, y tenía a los cuatro soldados a mi merced.
—Esto va a dolerles mañana, muchachos —les advertí.
Golpe con la izquierda al frente. Derechazo a mi izquierda. Codazo con el mismo brazo a mi derecha. Patada hacia atrás. Uno a uno, los cuatro cayeron al suelo. Los ocho matones estaban ya todos fuera de combate, algunos desmayados, algunos conscientes pero demasiado adoloridos como para levantarse y continuar peleando.
Suspiré aliviado. No había salido ileso. Mi traje y capa tenían varias roturas producto de golpes y balas que no había llegado a evitar. Aún así, si bien no estaba cansado per se, aquella corta escaramuza había requerido demasiada concentración, y había recibido algunos golpes muy duros que me habrían noqueado si fuera mi viejo yo. Esto había resultado mucho más amenazante y peligroso de lo que habría querido.
Pero ya había pasado. Había logrado neutralizar la amenaza. Sólo quedaba una persona de pie. Volteé con una furiosa mirada hacia Tetherby, quien trataba de ocultarse detrás de un sillón, apenas asomando su feo rostro.
—Ya ríndete antes de darme una excusa para golpearte como a tus matones —le dije, dando pequeños pasos en su dirección.
— ¿Crees que te saldrás con la tuya? —Me preguntó, asomándose un poco más— ¿Qué crees que consigues con esto? ¿En serio crees que un mocoso como tú puede detenerme?
Abrí mis brazos, señalando a todos sus empleados derrotados.
—Ya te detuve. Y cuando la policía se entere de lo que hiciste, te pudrirás en la cárcel.
Estalló en carcajadas.
— ¡Me haces reir! ¿Por qué crees que esto puede cambiar las cosas? ¿Qué no te das cuenta de que todos tus esfuerzos son inútiles a fin de cuentas? ¿En serio crees que tus pequeñas aventuras de superhéroes van a acabar bien? Vas a terminar igual que el Ace Savvy original.
—Palabras muy fuertes para alguien que está acorralado. ¿Estás haciendo tiempo para que no te golpee en el rostro?
—Oh, no, al contrario —dijo, y levantó una de sus manos, mostrándome su bastón negro, el cual tenía ahora una pequeña luz roja titilando en la punta—, estoy haciendo tiempo para distraerte y que no puedas escapar.
Oí un zumbido por encima de mí, un sonido electrónico que se volvía cada vez más y más agudo. Al levantar la vista hacia el agujero que yo mismo había creado en el techo, pude ver apenas una sombra desde el cielo, imposible de discernir con precisión por culpa de la diferencia de luz entre el cielo despejado y el interior relativamente oscuro de la mansión. Pero no necesité ver aquella gran figura en detalle para reconocer aquel sonido y darme cuenta de que la situación acababa de volverse mucho más peligrosa de lo que esperaba.
Los primeros disparos me tomaron por sorpresa. Atravesaron el techo e impactaron apenas un metro a mi lado, y la fuerza de la explosión resultante me propulsó varios metros por el aire, haciéndome chocar de espalda contra una de las paredes. Quedé mareado por algunos segundos, pero me vi obligado a recomponerme tras oír el pesado ruido de varias toneladas de acero aterrizando dentro de la sala. Y al levantar la vista, me vi nuevamente frente a un traje de batalla como el que casi me había matado la noche anterior.
Tetherby volvió a estallar en una malvada carcajada.
— ¡Iluso! ¿En serio creíste que vendría en persona sin un plan de contención en caso de que los metahumanos aparecieran? ¡Eres más tonto de lo que creía!
El gran traje se arrodilló y extendió una de sus palmas. Tetherby se subió, y en seguida el piloto abrió la cabina y dejó que Tetherby se sentara en lo que parecía ser un asiento de copiloto. La semiesfera de cristal volvió a cerrarse.
— ¡Coronel, acabe con él!
—Copiado, señor —dijo el piloto a través de los parlantes, y pronto el robot extendió ambos brazos hacia mí, preparando una nueva ráfaga de disparos.
Tuvo la decencia de dejarme ponerme de pie, sacudir un poco el polvo de mi traje, tomar uno de los Aces, y colocarme en una posición de pelea. Si iba a caer, al menos lo haría con estilo, y como todo un héroe.
—Nova, Eclipse —dije en un murmullo, sabiendo que no podían escucharme—, trataré de comprarles tanto tiempo como pueda. El resto está en sus manos.
Y con un rugido de batalla, me lancé contra el robot.
En cierta forma, lo que voy a hacer ahora es algo de trampa. Verán, lo que voy a contarles no es algo que yo recuerde, ni algo que me haya pasado a mí, sino una pequeña recolección de lo que ocurrió sin que yo lo supiera ni me diera cuenta en el momento.
Por lo que pude averiguar, Katherine Mulligan salió corriendo de la mansión cuando se lo dije, e incluso se las arregló para entrar en una de las camionetas vacías y recuperar su teléfono celular. Me es imposible saber el orden de los llamados, pero lo cierto es que en algún momento logró comunicarse con el departamento de bomberos.
—Esta es Katherine Mulligan, llamando desde la Avenida Wayne 1939, con información urgente para el jefe de bomberos —debe haber dicho.
De alguna forma la habrían comunicado con la brigada que trabajaba en el incendio del almacén de Industrias Tetherby, o quizás le dejó un mensaje al cuartel general y dejó que ellos lo transmitieran. El mensaje probablemente había sido algo parecido a:
—Deben informarle a Eclipse y Nova que su presencia es requerida urgentemente en esta dirección. Tetherby me secuestró y trajo un pequeño grupo de guardias armados para robar un objeto peligroso que pertenecía al Ace Savvy original. El nuevo Ace Savvy se encuentra luchando en estos momentos por detenerlo, pero requiere refuerzos urgentes. ¡Incluso alguien tan valiente, asombroso y guapo necesita ayuda de vez en cuando!
De acuerdo, de acuerdo, quizás no tan así. Pero el punto es que transmitió el mensaje de que Nova y Eclipse eran necesitadas cuanto antes. Cómo, cuándo o dónde se los dijeron, de eso no estoy seguro, pero Katherine hizo tal y como yo le había pedido.
Lo siguiente habría sido que se alejara, pero aquel debe haber sido el momento en el que Tetherby llamó a los refuerzos. El traje mecha había estado oculto dentro del camión, y supongo que no estaba precisamente en modo sigilo al volar sobre la mansión y disparar desde el cielo.
Cualquier persona en su sano juicio habría escapado cuanto antes. Katherine Mulligan, sin embargo, era la ciudadana con más experiencia en cuanto a metahumanos y situaciones heroicas, y dentro de ella ardía una llama de coraje y valentía como ninguna otra. Quizás fue algo de eso lo que Nifty Spades vio en ella. Algo que ambos compartían. Así que en lugar de escapar, ella regresó a la mansión.
Tampoco estoy del todo seguro de cómo fue que lo hizo, pero imagino que en algún momento debió llamar a uno de los productores del canal de noticias locales.
— ¿Katherine? ¿Dónde has estado? ¡Estamos muy preocupados, no contestabas las…!
— ¡No hay tiempo para explicar! —Habría dicho, quizás— ¡Acepta la videollamada y ponme al aire!
— ¿Al aire? ¿De qué…?
— ¡Sólo hazlo!
No sé cómo funcionan las noticias. Sólo sé que eventualmente vería los videos por YouTube, y la grabación comenzaría así:
—Mi nombre es Katherine Mulligan, —dijo ella, apuntando a su rostro con el teléfono, escondiéndose detrás de una estantería pero tratando de permanecer inmutable ante el peligro— reportando en vivo para el canal 7. Tras haber sido secuestrada por nada más y nada menos que Lord Tetherby, CEO de Industrias Tetherby, he sido liberada por el joven y flamante Ace Savvy, quien actualmente se encuentra luchando contra lo que parece ser un traje de batalla anti-héroes diseñado por el mismísimo Tetherby. La situación es crítica para nuestro héroe mientras esperamos la llegada de las fuerzas de seguridad y el dúo de heroínas Nova y Eclipse. Ace Savvy es por ahora el único que puede hacerle frente a esta sorpresiva amenaza, ¡y es él en quien reside nuestra esperanza!
Ella procedería luego a mover su teléfono para capturar la pelea casi en su totalidad. La voz se corrió a la velocidad de la interconectividad, y por azares del destino, mi confrontación contra Tetherby y su piloto estaba siendo transmitida en vivo y en directo a la ciudadanía entera.
Pero como les dije, yo estaba al tanto de que esto estaba ocurriendo…
Como esperaba, en cuanto me moví hacia él, el piloto disparó contra mí. Habiendo previsto ello, salté en zig-zag para evitar quedar pulverizado. Lancé un As regular, el cual rebotó sin efecto alguno contra la cabina. Continué avanzando, queriendo acortar la distancia entre ambos para que ya no fuera tan útil para él usar sus armas de largo alcance. Si bien era rápido y muy, muy poderoso, me sería más fácil evitar sus puños.
Cayó en mi juego, y tan pronto como logré acortar la distancia entre nosotros, el robot guardó sus armas y cerró los puños. Se movía rápido, sí, pero el gran tamaño de cada una de sus articulaciones hacía fácil el leer los movimientos. Cuando lanzó el primer golpe, me detuve en seco, dejando que se estrellara en el piso frente a mí, destrozándolo por completo y dejando un pequeño cráter. Algunas de las astillas que salieron despedidas me dejaron pequeños cortes en la pantorrilla, pero en el momento ni siquiera los sentí. Amagué a pasar por la izquierda del puño, engañándolo para que hiciera su ya clásico movimiento de trompo, girando todo el torso para barrerme con el brazo. Por supuesto, yo cambié mi dirección y me moví contrario a él. Aprovechando el instante de desconcierto, corrí por debajo del traje y lancé tres Aces explosivos, uno a cada rodilla y uno a la parte baja del cuerpo principal.
El traje entero tembló, y por un instante las rodillas parecieron a punto de ceder, pero se recuperó más pronto de lo que pensaba, y volviendo a girar su torso, se colocó una vez más frente a mí.
— ¡No puedes detenerme! —Gritó Tetherby a través de los parlantes.
El traje levantó ambos brazos y los bajó con furia, como un gorila tratando de asestar un golpe de gracia. Logré saltar a último segundo y evitar ser reducido a una mancha roja en el suelo.
— ¡Sólo eres un mocoso! ¡Un insolente!
El traje avanzó y comenzó a liberar una cadena de golpes que carecían de sentido o coordinación, pero que de todas formas formaban una tormenta de destrucción que me envolvía dejándome casi sin lugar a dónde moverme. Tuve que activar mi Ultra Instinto para poder sobrevivir. No paré de saltar de izquierda a derecha, de rodar, de apoyarme en mis manos para impulsarme hacia atrás a último momento, de lanzar cartas explosivas a los brazos para tratar de detenerlos, de dejarme caer para que un golpe horizontal no me arrancase la cabeza. Y tan imparables como los azotes, las frases amenazantes de jefe final de Tetherby continuaron.
— ¡Te has metido con el hombre equivocado! ¡No eres nadie, no eres nada! ¡Un miserable desgraciado! ¡Una mancha insignificante de escoria podrida!
No tenía ninguna posibilidad de réplica o contraataque. Sólo podía esquivar, tratando de ganar tiempo.
Desafortunadamente, mientras más tiempo pasaba, más me exponía al error, y fue así como eventualmente no llegué a moverme a tiempo, y recibí un puñetazo metálico en el costado de mi cuerpo. Fue como si un rinoceronte me embistiera. El aire dejó mis pulmones, mi brazo izquierdo pareció quedar a punto de romperse en mil pedazos, y todo mi cuerpo voló por los aires como un muñeco de trapo. Golpeé de espaldas contra una estantería, destrozándola y cayendo al suelo con todos los libros sobre mí.
— ¡Lamentarás el día en el que te metiste con Lord Tetherby! —Gritó.
Sentí que me quedaba ciego, pues todos los músculos de mi cuerpo ardían como si hubiera caído en un charco de ácido, y por varios instantes sólo pude ver manchas negras y de colores en mis ojos. Con algunas lágrimas ya cayendo por mi rostro, logré levantar la vista justo a tiempo para ver un sofá que se dirigía hacia mí por los aires. Me puse de rodillas, pero apenas pude atinar a cruzar los brazos sobre mi rostro y torso. El mueble se estrelló contra mí, golpeándome la cabeza y derribándome contra la pared. Parecía que me asfixiaba, y cuando tosí, sentí algo de sangre saliendo de mi boca.
— ¡Acábalo, Coronel! ¡Que arda como el legado de esta maldita ciudad!
—A sus órdenes.
Oí un sonido metálico, y haciendo un esfuerzo sobrehumano, logré quitarme los pedazos de escombros y ponerme de pie. Mi rodilla izquierda me dolía como si estuviera manteniéndose unida por cinta adhesiva. Me hubiese encantado haber podido tirarme al suelo para llorar, pero recibí una pequeña dosis de adrenalina cuando vi que la placa del pecho del traje se abría para dejar salir tres pequeños misiles. Con sus estelas de humo por detrás, atravesaron la sala en mi dirección.
Mis piernas no parecían responder, pero tuve la claridad mental suficiente como para apuntar mi pistola-gancho hacia la sala de trofeos y moverme justo a tiempo para evitar la explosión directa. La onda de choque sin embargo me impulsó por el aire más fuerte que mi pistola-gancho, haciendo que perdiera mi agarre sobre ella, y que mi trayectoria se desviara lo suficiente como para impactar de lleno contra uno de los pedestales donde Ace Savvy guardaba los recuerdos de sus batallas.
Escuché algunos gritos, y aunque mi cerebro estaba demasiado ocupado tratando de mantenerme despierto al apuñalar cada nervio de mi cuerpo con un insoportable dolor que nublaba mi juicio, llegué a entender que algunos de los guardias estaban tratando de tomar a sus compañeros caídos y sacarlos de la mansión. Cuando mi visión dejó de estar tan borrosa, vi algunos resplandores anaranjados en el techo metálico de la sala de trofeos, y entre eso y el olor, comprendí de repente que los misiles habían desatado un fuego.
Entre tanto sufrimiento, una parte de mí se sintió sorpresivamente… aliviada.
—Ahí lo tienes, Ace —dije con la mirada perdida hacia el cielo. Sentía que mi alma estaba luchando por no abandonar mi cuerpo, y estando tan cerca de la muerte, quizás era más fácil que él me escuchara— El incendio en tu casa. Tal y como lo prometí.
— ¡No tiene caso que resistas! —Me gritó Tetherby con un desagradable tono de felicidad— ¡Incluso alguien tan necio e insensato como tú debe darse cuenta de que estás perdido!
Y sí, el bastardo tenía razón. Pese a que de a poco recuperaba el aliento, me sentía como un castillo de naipes al borde del colapso. Era como si todas mis energías y mi fuerza de voluntad estuvieran puestas en mantenerme en una pieza, en no desarmarme. Cada uno de mis huesos parecía estar rodeado por veneno corrosivo, y las fibras de mis músculos estaban tensas al límite de su resistencia.
Moví mi cabeza, y fue entonces cuando lo vi. Tirado en el suelo, resplandeciendo con un brillo rojizo, el cubo. La razón por la cual había obtenido mis poderes y habilidades. El objeto que Tetherby buscaba, incluso si no sabía lo que era. Y allí estaba. A plena vista, y todo lo que literalmente se interponía entre eso y el villano era yo. No podía depender de nadie más. Toda la responsabilidad y el destino de Royal Woods estaba sobre mis hombros.
Miles de imágenes recorrieron mi mente, fugaces destellos de mi memoria. Mis papás, mi hermano, mis amigos, Jordan, Nova, Eclipse, Ace Savvy… Sentí que todos y cada uno de ellos me miraba desde algún lugar, dándome ánimos para levantarme, para ponerme de pie una vez más y defender lo importante.
Cerré mis puños, y empujado plenamente por mi fuerza de voluntad y mi espíritu, logré mover mi cuerpo hasta quedar boca abajo.
—Soy un héroe —me dije a mí mismo, apretando los dientes mientras mis brazos hacían lo imposible para levantar mi torso.
— ¿En serio? ¿Aún crees poder detenerme? —Me provocó Tetherby, riendo mientras veía cómo mi patético cuerpo hacía lo imposible por ponerse de pie sin desarmarse en el proceso— No engañas a nadie, niño. No hay un escenario aquí donde ganes. Nunca lo ha habido. Royal Woods es una ciudad maldita, una ciudad sin héroes. La gente fue estúpida al poner toda su fe en Ace Savvy. Sólo tuve que enviarle un paquete anónimo a Wild Card Willy para acabar con él. ¡La humanidad ha puesto sus esperanzas en el lugar equivocado! ¡Y con tu muerte tras haber arruinado tu reputación, finalmente se me habrán abierto las puertas para controlar la seguridad de todos nosotros! ¡Acéptalo! ¡Hubieras vivido una vida más larga de no haberte dejado llevar por tus delirios de grandeza!
Sus carcajadas se perdieron entre los sonidos de las maderas crepitando, al tiempo que el humo comenzaba a inundar la mansión y las llamas se extendían imparables. Toda la escena era una viva imagen del pandemonio, y la sensación de que el fin estaba cerca se acrecentaba a cada segundo. Y sin embargo, cada entrecortada respiración llenaba mi pecho no solo de aire, sino de una renovada motivación y propósito. Al igual que las llamas a mi alrededor, un fuego se esparció dentro de mí, consumiendo las dudas y el dolor mismo, dándome las últimas reservas de energía que necesitaba para sobreponerme a la adversidad y ofrecer mi vida con tal de ganar más tiempo.
Es en este punto que volveré a hacer trampa una vez más para recordarles que, sin que yo lo supiera, la valiente Katherine Mulligan se hallaba filmandome desde algún lugar de la mansión, exponiéndose al peligro de la batalla y del incendio con tal de transmitirle la verdad a la población de Royal Woods. De haber sabido que literalmente toda la ciudad me escucharía, quizás me habría dado vergüenza dar un pequeño monólogo, pero en aquellos momentos necesitaba dos cosas. En primer lugar, entretenerlo con palabras por algunos segundos más mientras mi cuerpo recuperaba sus fuerzas para evitar que me disparara. Y en segundo lugar, más importante aún, necesitaba demostrarle a ese megalómano lo terriblemente equivocado que se encontraba.
— ¡No entiendes nada! —Le grité, alzando la vista e inflando el pecho para demostrarle que no le temía— ¡Todos tuvimos nuestra fe en Ace Savvy porque él representaba lo mejor de nosotros! No fue el metahumano más fuerte. No era indestructible ni el más peligroso. Cada día que salía a defendernos apostaba con su vida. ¡Pero jamás le importó, porque eso es lo que los héroes hacen!
Di un paso hacia delante, asegurándome de que no tuviera ningún esguince ni nada que pudiera comprometer mi movilidad. Cada pequeño movimiento muscular me dolía como el diablo, pero podía seguir. Podía aguantarlo. Y mientras continuaba con mi discurso, comencé a analizar el lugar en el que me encontraba. La sala de trofeos de Ace Savvy, con casi todos los pedestales destruidos y los objetos tirados en el suelo. Estos eran recuerdos de villanos a los que Ace había derrotado. Muchos de ellos, poderosas armas que yo había estudiado y analizado para discutir en el subreddit the Ace Savvy.
Un plan comenzó a gestarse en mi cabeza.
—No le temo ni a la muerte ni a ti. No tienes ese poder sobre mí. Tampoco hago esto por la fama o el poder, lo cual es algo que tú nunca podrás entender. Crees que lograrás controlarnos a todos con el miedo y la fuerza, ¡pero estás equivocado! Quizás la Maldición de Royal Woods sea verdadera, y quizás ser un héroe no sea seguro, pero ¿en serio crees que nadie se levantará y hará lo correcto? Cuando más asustados y desprotegidos estamos, allí es donde los héroes nacen.
Extendí un brazo, sacudiendo mi capa y haciendo que esta flamee, y lo apunté con un dedo.
—Estoy aquí para detenerte porque es lo correcto. Sólo tengo dos alternativas con estos poderes: esconderlos y llevar una vida de secretos y mentiras, o usarlos para hacer el bien y defender a mi ciudad y a mis amigos. Crees que venciéndome acabarás con los héroes, pero eso es porque eres un empresario tan codicioso y vacío por dentro que no entiendes que la esperanza nunca muere. Quizás yo sí lo haga aquí y ahora, pero detrás de mí vendrán otros héroes. La esperanza no murió con Ace Savvy, porque por más que intentes acabar con todos nosotros, siempre habrá alguien que haga lo correcto.
Mis músculos continuaban acalambrados, pero mis propias palabras me habían motivado. Yo ya no estaba luchando por mi vida. Estaba luchando por las de todos los demás. Por el honor de Ace Savvy. Por el concepto mismo de heroísmo y todo lo que ello implicaba. Había muchísimo en juego, y no me quedaba más que desear que mi plan funcionase.
Y si no lo hacía… pues con suerte Nova y Eclipse no estarían demasiado lejos y ellas podrían terminar el trabajo.
Los brazos del traje robótico se movieron. Creí que me dispararía de inmediato, pero en lugar de ello, tan sólo me aplaudió un par de veces, el golpe metálico de las manos resonando con fuerza.
—Te felicito Ace, casi me haces llorar.
—Dudo que una persona tan vil como tú sea capaz de expresar ese tipo de emociones.
—Sí, sí, soy terrible, ya lo has dicho. Muy bien, si ya terminaste con tu pequeño discurso, creo que es hora de que mueras.
—No —le dije, preparando mi siguiente movimiento y dedicándole una sonrisa desafiante—, es hora de repartir justicia.
Salté hacia delante, rodando por el suelo para amortiguar la caída. Mientras lo hacía, tomé un objeto que había quedado a mi alcance, y en cuanto me arrodillé, moví mi brazo con todas mis fuerzas, lanzando lo que había tomado como una jabalina. El pequeño trofeo atravesó el aire como una flecha y golpeó de lleno el pecho del traje… quedando pegado a él sin causar daño alguno.
— ¡JAJAJAJA! ¿En serio? —Se burló Tetherby, asomándose desde la cabina para ver por encima de los hombros del piloto— ¿Un destapador de inodoro? ¿Es esto lo mejor que puedes hacer?
—No es un simple destapador —le expliqué con una sonrisa—, ¡es el arma secreta del Excusator! ¡Excusado!
En cuanto pronuncié la palabra activadora, una luz verde se encendió en el extremo del palo de madera, y la sopapa del destapador comenzó a vibrar. Instantes después, la cabeza del objeto comenzó a girar sobre su propio eje, y al hacerlo, destruyó por completo la armadura del traje, retorciendo las placas de acero como si fuera un sencillo papel. El Excusator había sido un villano bastante ridículo, pero contaba con los medios necesarios como para destruir las puertas blindadas de los bancos.
— ¡Quítalo, quítalo! ¡Está destruyendo el traje! —Comenzó a gritar Tetherby con desesperación. El piloto comenzó a maniobrar los brazos del traje, pero era complicado para esas grandes manos cerrarse sobre el pequeño destapador.
Mientras ellos se mantenían ocupados con ello, yo me acerqué a tomar otro objeto de la colección de trofeos de Ace Savvy. Es este caso, una espada que parecía estar hecha imitando un estilo de 8-bits, plana y con una hoja de color turquesa. Nada más y nada menos que la espada de diamante del infame Niño Rata.
Me lancé directo hacia el robot, que logró quitarse el destapador antes de que lo dejara inutilizable, pero aún así habían sufrido graves daños, dejando todo el interior de la armadura al descubierto. La lanzadora de misiles parecía estar completamente inutilizable, lo cual era un gran alivio para mí. Había también una pequeña manguera rota de la cual parecía estar derramándose aceite.
— ¡Pagarás por esto, desgraciado! —Me gritó el piloto en esta ocasión. Parecía totalmente enfadado, como si acabara de chocar su auto favorito.
A estas alturas yo ya estaba muy cerca de él, por lo que me lanzó un puñetazo a toda velocidad. Salté hacia un costado, y me apresuré a realizar un arco con la espada de diamantes. No le arranqué el brazo de un tajo como esperaba, pero sí logré ocasionar un profundo corte de varios centímetros. La hoja provocó un terrible chillido al cortar el acero, como alguien arrastrando las uñas por un pizarrón.
El piloto giró el torso del traje, pero yo ya había previsto ese movimiento. Me agaché justo a tiempo y me metí entre las piernas del robot, donde pude dar dos espadazos a la rodilla izquierda antes de que intentara pisarme. Logré cortar parte de la articulación, y el enorme peso del traje aplastó otra parte más. El robot quedó inclinado, su pierna derecha varios centímetros más alta que la izquierda.
— ¡Sólo espera a que te ponga las manos encima! —Gritó, buscándome mientras me escabullía por la parte de atrás del traje.
Utilicé una de enormes pantorrillas como una plataforma sobre la cual saltar para ganar altura. Levanté ambos brazos y bajé la espada en un arco vertical, logrando conectar con uno de los dos tubos flexibles que sobresalían por la espalda. En cuanto lo corté, una pequeña ráfaga de aire comenzó a escapar por el extremo abierto, y el traje entero se sacudió, con uno de los brazos perdiendo temporalmente el control y cayendo tieso.
— ¡Estamos perdiendo presión! —Dijo el piloto, sonando alarmado.
— ¡APLASTA A ESE INSECTO!
El único inconveniente de mi pequeña maniobra era que no me podía mover mientras estaba en el aire. Esos segundos donde no pude moverme por el aire redujeron mi ventana de reacción a una fracción de segundo, y lamentablemente no logré moverme a tiempo. Apenas puse un pie en el suelo, el torso del robot giró a toda velocidad, y el brazo inmóvil se movió como un péndulo, golpeándome de lleno.
Perdí mi agarre sobre la espada de diamantes y volé entre medio de las llamas, golpeando contra una pared que, consumida por las llamas, se quebró por todas partes, permitiéndome atravesarla. Los trozos de madera carbonizada cayeron sobre mí, y tuve que apresurarme a quitármelos antes de que me quemara.
Tetherby y su piloto continuaban gritando insultos y amenazas. Estudié el traje de batalla por unos segundos, y estaba claro que tenía todas las de ganar. El frente estaba completamente destruido y cubierto de aceite negro que continuaba derramándose por la manguera rota. Uno de los brazos ya no funcionaba. La rodilla dañada se veía al borde del colapso. Se lo veía en muy, muy mal estado. No es que yo estuviera mucho mejor, pero al menos había logrado equilibrar la situación.
Estiró el brazo que aún le funcionaba para dispararme, pero era el mismo al que le había causado daños con la espada. Tras unos segundos cargando su disparo, un estallido de chispas lo cubrió por completo, y el rayo salió despedido hacia cualquier dirección, destrozando parte del techo.
— ¡Maldito! ¡Atrápalo!
El traje dio un paso hacia delante, lo cual acabó siendo un error fatal. Al apoyar todo el peso del traje sobre la rodilla dañada, esta acabó por quebrarse, y el traje cayó de lleno sobre el suelo, con un brazo inutilizado y una pierna destruída.
— ¡NOO! ¡NOOO! ¡ELIMÍNALO! ¡NO DEJES QUE ESCAPE! ¡DISPÁRALE!
Con algunas complicadas maniobras, el piloto logró que el torso se elevase algunos centímetros y pudiera volver a extender el brazo. Ellos no lo notaron, pero en aquellos momentos, habiendo caído de frente al suelo, todo el frente, la cabina y los brazos del traje se habían cubierto por una muy espesa capa de aceite negro.
— ¡Esperen! ¡No disparen! ¡Tienen que salir del traje ahora!
Traté de advertirles… juro que traté de hacerlo.
— ¡SILENCIO! ¡NO ME DETENDRÁS!
Caído en el suelo, con dos extremidades destrozadas, y rodeado por llamas que habían ya crecido hasta el segundo piso, Tetherby parecía aún obstinado en acabar conmigo. No estaba midiendo las consecuencias.
— ¡No lo hagas!
— ¡ACABA CON ÉL!
El piloto cumplió con sus órdenes. El brazo del traje comenzó a temblar mientras cargaba energía, pero dañado como estaba, no podía apuntar en absoluto. El disparo se perdió hacia el techo, destrozándolo una vez más. Desafortunadamente y para mi gran horror, los daños en la armadura también provocaron un cortocircuito, estallando una vez más en chispas.
Chispas que cayeron de lleno en el gran charco de aceite sobre el que el robot se encontraba tirado. Las llamas se expandieron en un instante, ardiendo con tonos azules por un segundo antes de estallar en un resplandor anaranjado. Se metieron por dentro del pecho, y vi con mis propios ojos cómo algo allí dentro parecía detonar como una bomba.
El interior de la cabina resplandeció por unos instantes antes de que la presión acabara por romper el cristal que lo cubría. No oí ningún grito, ni vi ningún movimiento. Segundos después, el traje cayó inerte, con la cabina completamente cubierta en llamas sin dejar ver nada más que la destrucción que la codicia había causado.
Alguien podría pensar que un héroe se sentiría aliviado en un momento así. No fue mi caso. Sentí que estaba a punto de vomitar. Mis rodillas flaquearon y casi caigo al suelo. Me quedé observando atónito la escena que se desenvolvía frente a mí, esperando alguna señal de vida, de que hubieran logrado escapar…
Pero ni el piloto ni Tetherby aparecieron fuera del traje.
El calor a mi alrededor estaba volviéndose insoportable, y me costaba respirar. Todo a mi alrededor era destrucción y devastación. Esto era lo que Ace Savvy me había pedido, y debería haber estado feliz por ello, pero lo cierto es que no podía evitar cierta desazón viendo como toda la vida de Nifty Spades era consumida por el fuego.
Pese a lo extremadamente peligroso que el escenario en el que me encontraba era, no me sentía con demasiada prisa para irme. Ahora que la adrenalina comenzaba a abandonarme, cada nervio de mi cuerpo volvía a llenarse de cansancio y dolor. Me dejé caer de rodillas, y suspiré. Apenas si podía levantar mis brazos. Mi pecho ardía, y mi cabeza me pedía a gritos acostarme, incluso si me encontraba en medio de un incendio.
Una voz en mi cabeza, sin embargo, trataba de traerme de regreso a la realidad.
— ¡Ace! ¡Tienes que moverte!
La voz era insistente, pero mi cuerpo no respondía del todo. Permanecí allí durante unos segundos, suspirando una vez más. Y la voz...
— ¡Ace! ¡No puedes quedarte ahí, es muy peligroso!
… ¿no estaba en mi cabeza? Volteé a mi derecha, y de pie entre dos columnas que aún no se encontraban consumidas por las llamas, se hallaba nada más y nada menos que Katherine Mulligan, apuntándome con su teléfono y mirándome con deseperación.
Y antes de que pudiera reaccionar, lo que quedaba del techo en llamas colapsó sobre mí.
