¡Estoy tan feliz por poder traerles el capítulo final de esta historia, esta primera entrada en el Heroverse! Estoy tan emocionado que no voy a aburrirlos ahora con los agradecimientos, voy a dejar eso para el final.
Hay muchas cosas a las cuáles darle cierre, así que sin más, ¡comencemos!
Capítulo 10:
Un gran poder… ya sabes.
El sonido de las vigas de madera resquebrajándose por acción del fuego y finalmente cediendo ante el peso propio de la estructura fue la música que anunció lo que parecía ser mi prematura muerte como joven héroe de Royal Woods.
— ¡RUSTY! ¡NO! —Gritó Katherine, pero apenas si le presté atención.
Levanté la vista para ver cómo todo el techo por encima de donde me encontraba colapsaba y se precipitaba en mi dirección. Trozos de madera, tejas, pizarra, y llamas caían como una tormenta de fuego y destrucción dirigida específicamente hacia mí. Vi cómo todo se acercaba, algunos trozos astillados y rotos en forma de estacas, preparadas para aplastarme en el mejor de los casos, o apuñalarme si es que el universo me odiaba. Me pregunté si esto sería karma. "Felicidades, Lincoln, detuviste a Tetherby, pero no lograste salvarlo ni dejar que rindiera cuentas en la justicia. Además, por tu culpa el verdadero Ace Savvy está muerto, así que lo siento, pero también tienes que irte."
Ni siquiera sabía si aquel techo colapsando iba realmente a matarme. ¿Tal vez no? ¿Quién sabe? Lo cierto es que mi cuerpo no respondía, y aunque mis instintos me dejaron ver cómo toda aquella destrucción se acercaba cada vez más a mi posición, no pude rodar a un costado ni alejarme a tiempo. Entre el calor insoportable, el humo que invadía mis pulmones y el dolor que bañaba cada célula de mi organismo, no me sentía en condiciones de luchar. Cerré los ojos y me preparé para lo peor.
Los instantes se volvieron eternos mientras esperaba el impacto, y a medida que esa eternidad se extendía, la impaciencia me consumía como el fuego a la mansión. Llegó un momento, sin embargo, en el que fui consciente de que incluso si mis instintos y el peligro alteraban mi percepción del tiempo, ya debería haberme visto enterrado bajo una pesada capa de escombros. Fue entonces cuando volví a abrir los ojos, y al levantar la vista, noté que todo lo que debería estar aplastándome se encontraba flotando en el aire como si una red invisible lo hubiera atrapado justo a tiempo.
— ¡Ace! —Escuché, y mi corazón dio un revuelco.
Con una nueva inyección de energía, arrastré mi cuerpo hacia la izquierda, tosiendo y cubriendo mi rostro con mi codo. Oí un zumbido en el aire, y al voltear, vi cómo Nova caía desde el cielo, rodeada de un manto de energía azulada y aterrizaba junto a Katherine Mulligan.
— ¡Sujétate! —Le dijo, y luego de que la reportera rodeara los hombros de la heroína con sus brazos, las dos despegaron una vez más, alejándose a toda velocidad.
Por un momento me sentí un poco decepcionado, pero en seguida me recordé a mí mismo que ella era una civil y yo un héroe. Su seguridad valía más que la mía, e incluso si estaba comenzando a preocuparme por la falta de oxígeno, tenía que continuar priorizando la vida de gente inocente. Ella no había elegido ser secuestrada. Yo había elegido mi propio destino.
—No te preocupes, Ace —me dijo una voz desde el cielo.
Los escombros que estaban flotando sobre mi cabeza se dividieron como el Mar Rojo, y desde las alturas, la bella Eclipse descendió hasta colocarse a mi lado. Su largo cabello rubio ondeaba en el aire como serpientes vivas cual Medusa, pero su mirada, lejos de convertirme en piedra, me llenó de alegría y esperanza.
—No nos olvidamos de ti —dijo sonriendo.
Traté de sonreírle de regreso, pero comencé a toser, esta vez más fuerte. Ella se apresuró a rodearme con sus brazos y levantarme como a un niño pequeño. Fue una sensación extraña, pues sus brazos no parecían ser lo suficientemente fuertes como para cargarme, pero mientras nos elevábamos fuera de la mansión a través del techo colapsado, comprendí que utilizaba sus poderes para volverme más liviano.
Probablemente podría moverme sin tener que cargarme de esa forma, pero para ser honestos, no me molestaba. Se sentía muy bien ser llevado por una heroína como Eclipse de esa forma. Justo entonces volvió a sonreirme, y recordé que su otro superpoder era sentir los sentimientos de las otras personas. Supuse que ahora los dos nos estaríamos sintiendo avergonzados.
Creí que me llevaría fuera de la mansión y me dejaría en la acera, pero en cambio me llevó por un pequeño paseo aéreo. Todo mi cuerpo me dolía, y mis pulmones todavía ardían por dentro, pero aún así no pude evitar sentirme absolutamente maravillado por el espectáculo que fue volar por sobre la ciudad de Royal Woods. Jamás en mi vida me había subido a un avión, pero ni siquiera ello podría haber replicado la sensación del viento golpeando mi rostro y mi pecho mientras veía el lugar en el que me había criado desde una perspectiva nueva.
—Es genial, ¿no? —Preguntó Eclipse— Me encanta sobrevolar la ciudad. Es tan… relajante, ¿no crees?
—Sí, es… muy lindo.
— ¡Muy lindo! —Repitió, asintiendo enérgicamente.
Continué admirando el paisaje por algunos instantes, pero mientras más segundos pasaban, la sensación de desconcierto y ansiedad crecía en mi pecho. ¿Estaría llevándome a una prisión? ¿A interrogarme? ¿A su guarida secreta?
—Tranquilo, no estás en problemas —me aseguró de inmediato.
—Vaya, es raro no poder ocultarte nada —admití, un tanto incómodo.
—Lo sé, lo siento. No es que quiera entrometerme. Usualmente trato de no decir nada porque sé que a la gente le gusta ocultar sus sentimientos, pero creí que era peor si seguías sintiéndote ansioso.
— ¿No es algo que puedas controlar? Tus poderes, me refiero.
Ella puso una mueca como si estuviera pensando.
—No, no realmente. Siempre que estoy cerca de alguien, siento lo que ellos sienten. No es algo que pueda apagar, ¿sabes? Siempre está prendido.
—Debe ser… agotador.
—No tanto. Lo que no me gusta es tener que mentir sobre lo que sé para dejar que las personas mientan, porque no me gusta mentir. Pero sé que la gente tiene que mentir y ocultar lo que sienten todo el tiempo, porque si no lo hacen se sienten vulnerables e incómodos. Así que miento aunque me haga sentir incómoda porque sé que si los demás no mienten se sentirán incómodos, y no me gusta que la gente se sienta incómoda alrededor mío.
—Porque entonces tú también te sientes incómoda —dije, sonriendo ante lo ridículamente complicado de la situación.
Ella rió con suavidad.
— ¡Eres muy listo!
—No tanto como quisiera —admití en voz alta, porque sabía que incluso si no lo hacía, ella lo sabría—. ¿Puedo preguntarte a dónde vamos?
—A un lugar tranquilo para hablar.
Preferí no hacer más preguntas. Me sentía un tanto inquieto y preocupado, pero hasta ahora Eclipse no me había dado ningún motivo para desconfiar de ella o para sentir que algo malo estaba por ocurrir, así que decidí confiar en ella.
El viaje fue más corto de lo que esperaba, dejándome sobre la terraza de la Torre Yates, el edificio más alto de la ciudad. No era exactamente un rascacielos ya que nuestra ciudad no era una metrópolis, pero el edificio de la familia Yates se elevaba como una aguja, un hito urbano que rompía la línea de los edificios. La altura me generaba una pequeña sensación de vértigo, y cuando me inclinaba sobre el borde para ver hacia abajo, un horrible escalofrío recorría mi columna.
—Y… ¿de qué quieres hablar? —Pregunté, tratando de romper el silencio.
—Esperemos a que vuelva Nova —me respondió—. Debe estar hablando con la reportera para dejar las cosas claras antes de venir. Mmm. ¿Cómo se llama la reportera? Olvidé su nombre.
Reí un poco, y eso me generó un gran dolor en las costillas.
— ¿Te importa si me siento?
—Para nada. Mientras esperamos, ¿cuál es tu color favorito?
Para mi sorpresa, pasamos diez minutos hablando de las cosas más banales del mundo. Colores y comidas favoritas, películas que nos gustaban, cosas sin sentido. Era una experiencia totalmente surreal estar allí, más cerca de las nubes de lo que jamás había estado, manteniendo una conversación común y corriente con nada más y nada menos que Eclipse.
Eventualmente, Nova apareció atravesando el cielo como una estrella fugaz, aterrizando junto a nosotros. Se la veía un tanto cansada, lo cual no me extrañaba. Habían estado trabajando en un incendio durante horas sólo para luego ir a toda velocidad hacia la casa de Ace Savvy para salvar mi pellejo.
—Gracias por salvarme —les dije ahora que ambas estaban presentes—. Le pedí a Katherine Mulligan que las llamara. Fue una suerte que llegaran cuando lo hicieron. Si no hubieran detenido esos escombros…
—Volviste a ir tras Tetherby —me interrumpió Nova, cruzando sus brazos sobre su pecho—. ¿Por qué lo hiciste?
Suspiré, y el cansancio de mi cuerpo me pesó más que nunca. Temía que esto ocurriera, pero sabía que seguramente vendría. Y con Eclipse a mi lado, mentir no tenía sentido.
—Nova, lamento todo lo que hice y lo que pasó anoche. Tienes razón, debería haberte escuchado. Por mi culpa, gente… gente inocente salió herida. No estaba preparado. Creí que lo estaba, pero no. Ya son dos veces las que me salvaron. Lo siento.
Nova miró a su hermana.
—Cien por ciento honesto, de corazón —le dijo con seguridad.
—Bien… mira Ace, seré honesta. Eclipse está convencida de que eres una gran persona, y ella nunca se equivoca en estas cosas. Confío en ella con mi vida, y eso hace que por ahora confíe en ti también. Creo que comenzamos con un mal pie, y eso es probablemente mi culpa. No… no estoy acostumbrada a tratar con nuevos héroes. Me gusta hacer las cosas a mi modo, y cuando atacaste el almacén de Tetherby… En fin. Lo que quiero decir es que han pasado cosas muy graves entre ayer y hoy, y me gustaría escuchar tu lado de la historia.
—No estamos culpándote de nada —se apresuró a decir Eclipse—. Sólo queremos saber qué fue lo que ocurrió, porque no estamos seguras.
Suspiré, poniéndome de pie con dificultad. Les di la espalda y volteé a ver la ciudad. En los dos extremos de mi visión, pequeñas columnas de humo se alzaban, una mucho más activa y espesa que la otra.
—Pueden sentarse si quieren —les dije, volteando a verlas—. Es… una historia bastante complicada.
Procedí a ser lo más honesto posible sin comprometer mi identidad secreta, lo cual resultó ser más complicado de lo que creí. Recordé de inmediato que, en el funeral de Ace Savvy, les había revelado mi nombre verdadero y había mencionado el hecho de que había sido el único testigo de la muerte de nuestro héroe. Sabía sin embargo que no podía mentirle a Eclipse, aparentemente, por lo que me remití a omitir la información comprometedora.
Expliqué sin entrar en demasiados detalles que me había hecho con la información de que unas armas experimentales habían acabado con Ace Savvy, y que la conversación que había tenido con Tetherby la noche que Nova me detuvo antes de que lo interrogara me había dado toda la impresión de que él había estado involucrado. Que por eso me había infiltrado en su almacén, que todo estaba saliendo bien hasta que ellos enviaron guardias a detener a un niño que se estaba infiltrando. Y que tan sólo unas horas atrás había decidido ir a detener a Tetherby porque había atado los cabos de que habían secuestrado a Katherine Mulligan para hacerse con un peligroso objeto de la armería de Ace Savvy. Tuve también que ser muy elusivo y sin entrar en muchos detalles para comentar que Ace me había pedido que, en caso de que muriera, me encargase de incendiar su hogar, cosa que no había llevado a cabo por ser muy débil y egoísta.
—No podía perder tiempo, tenía que evitar que se hiciera con el objeto. Supe de inmediato que el incendio era una distracción —expliqué—. Sólo quería eliminar su rastro y mantenerlas a ustedes ocupadas para que no lo detuvieran.
—Pero espera —dijo Nova, frotando sus sienes con sus dedos— ¿cómo sabías dónde vivía Ace Savvy? ¿Y por qué sabías de un objeto peligroso en su arsenal?
Tenía un nudo en la garganta. Sólo me quedaba una opción, y esperaba con todo mi corazón que funcionase. Volteé a ver a Eclipse.
—No puedo responder eso. Es… privado. Pero no fui allí por venganza, ni siquiera para que Tetherby recibiera lo que se merecía. Sólo quería protegerlos a todos. Asegurarme que la ciudad estuviera a salvo. Sólo hice lo que Ace Savvy habría hecho.
Eclipse me observó con interés, una mano debajo de su mentón mientras contemplaba mis palabras. Nova parecía un poco más ansiosa.
—Ace Savvy significó mucho para mí —me dijo, mirándome intensamente—. Él… Soy quien soy gracias a él. Y nunca me habló de ninguna familia, o amigo, ni… ni nadie como tú. ¿Cuál es tu relación con él? ¿Eres realmente su hijo? ¿Por qué sabes tanto de su vida personal? ¿Por qué tienes sus…?
—Nova —la interrumpió su hermana—. Déjalo.
— ¡Pero…!
—Su identidad secreta es un asunto privado. ¿Qué no dices que nuestra regla número uno es nunca revelarla?
Nova suspiró.
—De acuerdo. De acuerdo. Es cierto. Lo siento.
—No te preocupes —le dije, comprendiendo de dónde venía—. No sé cómo era tu relación con él, pero créeme, él también era mi ídolo. Todo lo que hago, todo lo que hice… sólo estoy tratando de vivir como él querría. Quiero estar a la altura de…
—De lo que él veía en todos nosotros —completó Nova.
—Exacto.
Permanecimos en silencio durante algunos segundos.
—Huh —dijo Eclipse, interrumpiendo el silencio—, ustedes dos son bastantes parecidos. ¡Eso es genial!
Los tres sonreímos. Ser comparado con una heroína mucho más experimentada que yo era un grandioso cumplido.
—Bien. Esto es mucho para comprender de inmediato —dijo Nova, acercándose a mí—. Te pedí que no te involucraras, que no era lo que un héroe haría. Me ignoraste por completo por seguir a tu corazón, y gracias a eso, detuviste lo que podría haber sido un paso en falso para toda la ciudad. Quizás eres un poco más descuidado o impulsivo de lo que a mí me gustaría… pero creo que te convertirás en un digno sucesor de Ace Savvy.
Y con ello, extendió una mano abierta hacia mí, dedicándome la sonrisa más cálida que le había visto hasta el momento en persona.
—Bienvenido al club de héroes, Ace Savvy.
Sentí que estaba a punto de llorar de alegría. Extendí una mano y se la estreché, sintiéndome increíblemente orgulloso de mí mismo.
—No será la última vez que nos encontremos. Quizás en la próxima oportunidad podamos entendernos un poco mejor. Ahora mismo hay algunas cosas un poco más importantes. Voy a dirigirme a la casa de Ace, encargarme de la prensa, y pedirle a los bomberos que dejen que todo se queme. Si Ace confiaba que un incendio sería suficiente para acabar con todo lo peligroso que se hallaba en su hogar… tenemos que confiar en él.
La energía volvió a rodearla, y se elevó algunos centímetros en el aire.
—Tú adelántate, yo te alcanzo —dijo Eclipse.
Nova le dedicó una rápida mirada, pero se encogió de hombros.
—Como quieras. Hasta luego, Ace.
Y sin más, se alejó por el cielo, dejándome solo en la altura junto a Eclipse. Volteé a verla para agradecerle por el voto de confianza, pero me detuve en seco cuando vi que se encontraba quitándose la máscara, dejándome ver su rostro adolescente sin obstrucciones. Era una chica absolutamente hermosa, pero apenas si podía notarlo por el shock de ver cómo dejaba al descubierto su identidad secreta de esa forma.
—Mi verdadero nombre es Leni —me dijo con una sonrisa.
— ¿Q-Qué estás haciendo? Eclipse, yo no, no deberías estar haciendo esto. Yo, uh, ¿quieres que me quite la máscara también? Es que... t-tengo familia y no quisiera ponerla en…
—Tranquilo —me dijo riendo un poco ante mi nerviosismo—. No tienes que decirme nada. Sólo quería que estuviéramos a mano.
— ¿A mano?
—Tú me dijiste tu nombre en el cementerio —me dijo con una intensa mirada y una cálida sonrisa.
Mi mundo pareció voltearse, y de no ser porque ni siquiera había desayunado en mi casa, quizás habría vomitado.
— ¿Cómo…?
—Noté lo nervioso que te sentías al hablar de Ace Savvy. Y la culpa. Ya lo había sentido antes.
—Vaya…
—No tienes que decirme tu apellido ni nada. Y tranquilo, no le diré a Nova ni a nadie más. Pero creo que era justo que los dos supiéramos nuestros nombres. Sé que no harás nada malo con el mío.
Volvió a colocar su antifaz, y sorprendiéndome, me tomó de la mano antes de hacer que los dos flotáramos.
—No tienes que decirme dónde vives, pero avísame dónde quieres que te deje. Estás cansado y herido, tienes que descansar.
—Uh… Sólo llévame al parque. Puedo arreglármelas desde ahí.
— ¡Perfecto! ¡Vamos entonces!
Una vez más, comenzamos a sobrevolar los cielos, esta vez tomados de la mano, haciéndome sentir aún más la sensación de que yo mismo estaba volando.
—Y sabes, no quiero meterme en cosas personales, pero en serio creo que no deberías sentirte tan culpable. No sé bien qué pasó, pero puedo asegurarte que no eres responsable. Por lo que dijiste, Tetherby estuvo detrás de todo. Y tú te encargaste de detenerlo antes de que pudiera continuar hiriendo a más gente. Estoy seguro que Ace Savvy estaría orgulloso.
— ¿En serio lo crees?
—Por supuesto —me dijo, dedicándome una nueva sonrisa—. ¡Ya sabes que no me gusta mentir!
—Lincoln. Lincoln, despierta.
Dos segundos antes de que mi papá me sacudiera, yo me encontraba en lo que era básicamente un estado de hibernación. Tras llegar a mi casa, me había dado un baño de hielo en la bañera para desentumecer mis músculos y limpiar los cortes superficiales que me había ocasionado. La mayoría había comenzado a curarse ya —lo cual era fascinante y un poco aterrador de ver—, pero aún así no quería exponerme a infecciones ni nada grave. El cansancio invadía cada lugar de mi cuerpo, sin embargo, y tras vestirme, apenas había apoyado la cabeza en la almohada antes de caer presa del sueño más profundo que alguna vez había experimentado. Era como si en lugar de apagar la computadora de la manera tradicional, cerrando las aplicaciones y luego presionando las opciones correspondientes, alguien hubiera decidido cortar la luz de la casa.
Aún así, como era costumbre desde que había obtenido mis poderes, segundos después de despertar me encontraba completamente alerta. Así fue que, en cuanto reconocí la voz y las manos de Howard sobre mis hombros, me llené de energías.
— ¡Papá! —Dije, sentándome de repente y lanzándome contra él para abrazarlo, incluso si mis músculos y huesos seguían doliéndome— ¡Papá, lo siento! ¡Lo siento mucho! ¿Cómo está Clyde? ¿Salió todo bien?
—Todo está bien —me aseguró, presionándome con fuerza contra él—. La operación terminó y ya despertó. Pudimos hablar con él.
— ¿Está bien? ¿Se va a recuperar? —Pregunté, desesperado.
—Él… no está en peligro.
— ¿Pero está bien? ¿Puedo ir a verlo? ¿Por favor?
—Sí, hijo, iremos a verlo. Pero… hay algo que tenemos que hablar antes de ir al hospital.
Se separó de mí, sentándose a mi lado y colocando un brazo sobre mis hombros. Lo observé con atención. Se lo veía bastante preocupado, y mi corazón estaba comenzando a latir peligrosamente rápido.
— ¿Es sobre Clyde? ¿Le pasó algo? —Pregunté con un nudo en la garganta.
—Ya hablaremos sobre Clyde —me dijo, lo cual no ayudó a mis ánimos en absoluto—, pero antes de venir, hablamos con él. Y nos contó por qué te escapaste de casa anoche.
La mentira que había estado viviendo se desmoronó a mi alrededor, y no me quedó más opción que ver impotente cómo caía. Debería haberme sentido preocupado, asustado, confundido, pero supuse que todo esto no era más que lo que me merecía. Conociendo a mis padres, este sería el fin de mi carrera como superhéroe. No había forma que me dejaran continuar con mis andadas. Les aterraba el peligro y la idea de que algo malo pudiera ocurrirnos. Y a decir verdad, no podía sino darles la razón, pues en menos de veinticuatro horas me había encontrado al borde de la muerte en varias ocasiones, y había enviado a mi hermano a cirugía. No tenía mucho que decir en mi defensa. Sólo podía callarme y aceptar el reproche y el castigo que decidieran darme.
—Papá… yo…
—Deberías haber hablado con nosotros, no sabíamos que era tan serio.
—L-Lo siento —dije, sintiendo las lágrimas inundando mis ojos—. Sé que debería haberlo hecho. P-Pero no quería preocuparlos, y… No sabía cómo…
—No, la culpa es nuestra —dijo Howard, abrazándome contra él—. Te mentimos durante todos estos años. No deberíamos haberlo hecho. Deberías haber sabido la verdad, pero teníamos miedo de que te doliera. Creímos que te estábamos manteniendo a salvo, y sin embargo… sólo estábamos ocasionándote más dolor.
Me separé de él, las lágrimas deteniendo su caída un instante por la sorpresa y la confusión que me inundaban.
— ¿De qué hablas? —Pregunté, ya no tan seguro de que estuviéramos en la misma página.
—Ya sabes… de tus padres biológicos —me dijo, sonando realmente avergonzado.
Y una vez más, mi corazón pareció saltearse un latido.
— ¿Qué hay con ellos? —Dije con un hilo de voz.
—Clyde nos dijo que estabas investigando pistas sobre ellos. No puedo culparte. Ayer nos preguntaste sobre tu madre, y nosotros volvimos a ignorar tus preguntas. No deberíamos haberlo hecho. Es nuestra culpa.
Quería decirle que estaba equivocado, que todo había sido mi culpa, que ellos no tenían motivo para culparse ni disculparse. Parte de mí incluso quería aprovechar la ocasión para ser honesto y hablarle de mis poderes. Pero era la primera vez que alguno de ellos mencionaba a mis padres sin que yo les preguntara primero, y las palabras que había dicho antes continuaban resonando en mi mente.
— ¿A qué te refieres con que me mintieron durante años? —Pregunté, confundido.
—Tus… tus padres biológicos no murieron en un accidente.
El tiempo se detuvo. Mi corazón dejó de latir, y mi cerebro dejó de funcionar durante largos, eternos segundos. No sé si respiré, y estoy casi seguro que él tampoco lo hizo.
— ¿De qué hablas? ¿Q-Qué les ocurrió?
—No lo sabemos.
— ¿Pero cómo…?
Suspiró y me abrazó con más fuerza.
—Hace muchos años, cuando Clyde apenas era un bebé, los tres fuimos a pasar un fin de semana a la cabaña de la abuela Gayle en el bosque. Por la noche, tu papá y yo decidimos dar un paseo, queríamos encontrar un lugar donde fotografiar la luna. Estábamos buscando un buen lugar, cuando escuchamos una explosión.
— ¿De dónde?
—No lo sé. De algún lugar en el bosque. Nos asustamos, pero creímos que quizás alguien estaba en peligro. Nos acercamos para investigar… y entonces nos cruzamos con tu madre.
Todo mi cuerpo se estremeció, y una fría sensación recorrió mi espalda.
— ¿M-Mi madre?
—Sí. Era una mujer rubia, muy hermosa, pero nunca voy a olvidar lo aterrada que se veía. Vimos que cargaba a un bebé en sus brazos, un niño que no podía tener ni dos años. Eras tú, y te veías… cansado, pero no llorabas. Ella sí lo hacía, a cántaros. Le preguntamos qué ocurría, le ofrecimos ayudarla, pero…
Se detuvo, y fue en ese momento que noté que estaba haciendo un gran esfuerzo por no llorar.
— ¿Qué pasó?
—Ella… te abrazó, comenzó a llorar más fuerte aún, y luego nos dijo que te llevásemos lejos de allí. Que te protegiéramos y no le dijéramos nada a nadie. Tratamos de hacerle preguntas, pero estaba totalmente destrozada y aterrada. Miraba por encima de su hombro y nos pedía desesperada que nos fuéramos de allí cuanto antes. No… no sabíamos qué hacer. Te tomamos, ella se alejó corriendo, y esa misma noche, volvimos a casa con dos hijos en lugar de uno. Por suerte la adopción salió bien, y desde entonces has estado con nosotros. Pero… esa es la verdad. No sabemos quién fue tu madre, ni qué es lo que ocurrió esa noche, pero nos pidió que te mantuviéramos a salvo, y eso es lo que hemos hecho por diez años. Nunca te dijimos la verdad porque… temíamos que pensaras que ella te dejó porque no te amaba. Pero Lincoln, te lo juro por todo lo que es sagrado en esta vida, nunca vi a una persona llorar tanto por un hijo como tu madre aquella noche en la que se despidió de ti. Sea lo que sea que la llevó a tomar esa decisión… no fue tu culpa.
Era mucha información que asumir y procesar para mi agotada mente y mi confundido corazón. Durante toda mi vida apenas si había sentido una mínima curiosidad acerca de mis padres biológicos, creyendo que estaban muertos y que no tenía sentido querer saber más de ellos. Y ahora no sólo había tenido un sueño donde recordaba la voz de mi madre, sino que mi papá me acababa de contar la verdad acerca de las circunstancias en las que me habían conocido.
Y lo que él me relataba comenzaba a coincidir con mis sueños. Una cabaña, un bosque, una tormenta de fuego, una figura en el centro, un grito desgarrador…
Durante varios minutos, ninguno de los dos habló, pero sí dejamos caer algunas lágrimas. Fueron silenciosos minutos donde yo comenzaba a lidiar con un tsunami de sensaciones y posibilidades que nunca antes había sentido. Mis padres biológicos… quizás no estaban muertos. Existía la posibilidad de que estuvieran vivos en algún lado. Y a juzgar por lo que mis sueños y lo que mi papá me contaban, algo había ocurrido para que se despidieran de mí. ¿Qué podría haber sido? ¿Qué piezas del rompecabezas me estaban faltando? ¿Cuál era mi verdadero origen?
Todas estas y muchas más preguntas recorrían mi mente, pero en aquellos momentos, rodeado por el brazo de mi padre, comprendí que había cosas más importantes. Mi pasado era una nebulosa misteriosa que me encantaría explorar, pero mi realidad era el presente, y mi familia adoptiva era aún más concreta que la que veía en mis sueños.
— ¿Cómo está Clyde? —Pregunté, tratando de volver a lo que era más inmediato e importante.
Por la sombría mirada que me dedicó y la forma en la que me abrazó con más fuerza, deseé no haberlo preguntado.
Mi regreso a la escuela no se dio sino hasta tres días más tarde, y ni siquiera para ir a clases, sino para hablar con mi maestra. Mi mente no estaba en el lugar adecuado, y eso fue suficiente como para que mis padres me permitieran pasar algunos días entre mi casa y el hospital. Lo necesitaba para reflexionar, calmarme y ganar perspectiva sobre los locos acontecimientos que me habían ocurrido en tan poco tiempo. Y, también, para que mi cuerpo se recuperara de la brutal golpiza que había recibido. Los cortes y moretones sanaron lo suficientemente rápido como para ocultar mis actividades secretas de mis padres, pero mis músculos y huesos tardaron más en recuperarse. No es que pudiera quejarme, pues de haber sido una persona común y corriente, probablemente habría muerto, así que no podía sino estar agradecido por mi cuerpo.
Aquellos pocos días de descanso me vinieron muy bien para reponerme y adaptarme a todos los cambios que mi vida había tenido. No podía continuar encerrándome en una burbuja donde sólo tenía contacto con mi familia, sin embargo, en algún momento debía volver a reinsertarme en la cotidianeidad. Ni siquiera había tenido contacto estrecho con mis amigos. Los chicos entendían que mi familia y yo necesitábamos un tiempo a solas para adaptarnos a nuestra nueva realidad. Pero ya era hora de regresar a la normalidad.
Mis papás me dejaron en la escuela para hablar con mi maestra mientras ellos iban al hospital para finalmente retirar a Clyde. Ella me recibiría durante su descanso, mientras el resto de mis compañeros tenían clase de gimnasia. Entrar a la escuela a media mañana y sin tener que asistir a clases era una sensación nueva. Me sentía como un extraño en esos pasillos, recorriéndolos vacíos y sin responsabilidades. Era una nueva perspectiva, muy interesante.
Más interesante aún fue ver todos los carteles, pósters y frases dedicadas a mí. No a Lincoln McBride, sino al nuevo Ace Savvy. Para ese entonces ya había visto los videos de YouTube y toda la cobertura que Katherine Mulligan había hecho de mi batalla con Tetherby. En cuestión de horas, había pasado de ser un enemigo público a convertirme en una verdadera revolución. Era todo de lo que la ciudad hablaba. El subreddit estaba como loco de emoción, con gente que no paraba de mencionar lo inspirados que se sentían por las palabras que le había dedicado a Tetherby. También había ayudado mucho el hecho de que Nova me hubiera defendido públicamente aquella misma mañana al ser consultada por la prensa.
—Este nuevo Ace Savvy no sólo acaba de salvar a la ciudad entera de lo que podría haber sido un oscuro panorama, sino que ha hecho algo mucho más importante. Nos recordó a todos que siempre habrá nuevos héroes que nos defenderán cuando los necesitemos. Que siempre hay esperanza.
La imagen positiva de Ace Savvy había crecido exponencialmente, pero yo no era el único en mi grupo de amigos que se había convertido en una pequeña celebridad en la escuela. Supongo que era mi culpa por haberle mentido a Katherine Mulligan y darle un nombre falso. Aquella mentira acabó salvándome, pues en un momento de desesperación y bajo los efectos de la droga de la verdad, la reportera accidentalmente "reveló" el nombre que le había dado. Era una excusa perfecta que prácticamente me liberaba de cualquier sospecha que pudiera haber cabido sobre mí.
Por supuesto, el principal beneficiario fue Rusty. Nadie en la escuela creía realmente que él fuera Ace Savvy, pero el hecho de que aparentemente compartiera nombre con el nuevo héroe lo había vuelto muy popular. Además, por más improbable que pareciera, no era exactamente imposible que fuera él. Nadie lo diría en voz alta, pero había cierto grado de especulación. ¿Qué tal si, en efecto, era él? Rusty siempre lo negaba, pero muy astutamente lo hacía con una sonrisa irónica, como diciendo "Si lo fuera, no te lo diría".
Una parte de mí temía que él llegase a tomárselo en serio y quisiera sacar provecho de ello, pero por ahora no era más que recibir un poco de atención. Ninguno de nosotros era realmente una persona popular, por lo que no veía nada malo en dejar que disfrutara su pequeño momento de fama.
Había cosas más importantes en las que debía preocuparme.
—Entiendo lo que dices —me explicó la Señora Johnson, sentada frente a mí en su escritorio—, pero en vista de las circunstancias, creo que estás exagerando. Era sólo una presentación del avance del proyecto, no voy a reprobarlos por ello, en especial teniendo en cuenta lo que le pasó a tu hermano.
Tras esperar unos veinte minutos a que acabara su almuerzo, mi maestra me había recibido en el salón de clases para que yo pudiera explicarle que no me sentía cómodo con el hecho de que, tras saberse del accidente de Clyde, Jordan y yo hubiéramos recibido una prórroga para entregar nuestro trabajo.
—Es que eso no es una excusa —argumenté—, yo podría haber terminado mi parte antes del accidente. Prometí que lo tendría listo para entonces, pero me distraje con otras cosas, y luego ocurrió el accidente. Jordan hizo todo a tiempo y me lo envió, ella sí fue responsable. Sólo… dele a ella la calificación que se merece, por favor.
La profesora tamborilleó su escritorio con los dedos, dedicándome una profunda mirada que parecía estar analizando mi alma misma. Estaba preparado para aceptar una mala calificación. Mi principal objetivo era asegurarme que Jordan no recibiera una, pero durante estos días había también entendido que había sido cien por ciento mi culpa el no haber acabado nuestro proyecto a tiempo, e incluso si estuvieran dispuestos a perdonarme por lo que le ocurrió a Clyde, lo correcto era no usar eso como una excusa.
—Muy bien. En ese caso, tienes hasta la semana que viene para entregar el trabajo completo. Ella recibirá la calificación como si hubiera entregado a tiempo, y tú tendrás… una reducción al puntaje como cualquier otro alumno que haya entregado tarde. ¿Te parece justo?
—Por supuesto —me apresuré a decir—. Es lo que corresponde.
—Muy bien entonces. Aprecio mucho que hayas querido hablar sobre esto, Lincoln. Es muy maduro de tu parte.
—Sólo quiero seguir las reglas. ¡Gracias, Señora Johnson!
—No hay problema. Espero verte pronto, y que Clyde se recupere.
Le dediqué una sonrisa forzada. Yo volvería al día siguiente. ¿Clyde? Difícil saberlo. Cuando estuviera listo.
Salí del salón y me dirigí hacia la salida, donde esperaría a que mis papás me recogieran. No sabía cuánto tardarían, pero con suerte, ya le habrían dado el alta a mi hermano. Necesitaba estar con él, especialmente a solas. Había muchas cosas que teníamos que discutir, pero siempre había algún médico o alguno de nuestros papás en la habitación del hospital, y no teníamos la privacidad que necesitábamos. Apenas si habíamos podido intercambiar algunas palabras.
— ¿Por qué no les dijiste la verdad? —Le había preguntado en un susurro, tomándolo de la mano.
—No sé cómo es que esto sucedió —dijo, mientras en su otra mano observaba una pelota de goma que los doctores le habían dado—. Pero ahora entiendo por qué te notaba raro. Y no te culpo por no haberme dicho nada. No sé qué hubiera hecho yo en tu lugar, probablemente lo mismo que tú. Siempre soñamos con ser héroes… ¡y ahora tú puedes vivir el sueño! No iba a exponerte así como si nada.
Me sonrió, y lanzó la pelota hacia arriba, tratando de atraparla. Falló por algunos centímetros, y tuve que estirarme para evitar que la bola cayera de la cama. La tomé y apreté, sintiéndome terrible.
—Esto es mi culpa. Tendría que haber hablado contigo. Si no lo hubiese mantenido como un secreto…
—Me hubiese encantado saberlo antes —admitió, tomando la pelota de mi mano y lanzándola al aire una vez más, volviendo a fallar en atraparla—. Pero… quizás habría reaccionado distinto. Me habría preocupado mucho. Hubiera tratado de detenerte.
— ¿Y ahora no?
—No. No después de ver esos videos —al tercer intento fallido por atrapar la pelota, suspiró y la dejó a un lado—. No me gusta la idea de que arriesgues tu vida, pero tenías mucha razón en lo que le dijiste a Tetherby. Tienes estos poderes, y no usarlos sería un desperdicio. Hay mucha gente que necesita un héroe en sus vidas, y estoy seguro que tú te convertirás en el más grande de todos. Eres una buena persona, y por eso tienes todo mi apoyo. ¡Clincoln McBride por siempre!
Su apoyo significaba todo para mí.
—Por siempre.
Habríamos continuado hablando, pero el médico encargado de la rehabilitación regresó antes de que pudiéramos seguir, y no era como que pudiéramos decirle que volviera más tarde o ignorarlo.
Había que cambiar las vendas cuatro veces al día para que la cavidad del ojo no se infectara.
Mis recuerdos y el sentido de culpa que me carcomía por dentro se vieron interrumpidos por una voz que vivía en mi cabeza libre de renta y me visitaba por las noches en mis sueños más felices.
— ¡Lincoln!
Mi corazón latió más rápido y mi garganta se secó. Y es que, superpoderes o no, héroe o niño común, todas mis fortalezas se desmoronaban en presencia de Jordan. Volteé justo a tiempo para verla acercarse corriendo, con su traje de gimnasia que la hacía ver incluso más bonita que de costumbre, si es que eso era posible. Cuando llegó a mi lado, noté que estaba ligeramente despeinada y ruborizada, probablemente por la actividad física. Algunos podrían haberla descrito como desaliñada. Para mí, se veía hermosa y auténtica.
—Jordan, ¿qué haces aquí?
Antes de responderme, ella me sorprendió cerrando la distancia entre nosotros y dándome un breve y muy sentido abrazo.
—El entrenador me envió a preguntarle a la directora si es legal que él nos lance balones sorpresa en Quemados para enseñarnos a esperar lo inesperado —explicó, poniendo los ojos en blanco—. ¿Y qué haces tú aquí?
—Yo, uh… Vine a hablar con la profesora.
— ¿Oh? —Dijo, mirándome con curiosidad— ¿De qué hablaron?
—No es importante —dije ruborizándome un poco, pues parte de mí no quería contarle aún lo que realmente había hecho para no parecer un simp—. Sólo algunas cosas sobre las tareas y, uh, nuestro proyecto.
—Lincoln, sí sabes que el proyecto no importa, ¿no? —Me preguntó, colocando una mano sobre mi brazo, presionando con suavidad.
—Es importante para mí.
—Hay cosas más importantes.
—Sí, las hay. Pero rompí mi promesa de que lo terminaría a tiempo, y no me gusta fallar a mi palabra.
Jordan suspiró, sonriéndome mientras tomaba su trenza y comenzaba a jugar con ella, peinándola.
—Paladín en la campaña y paladín en la vida real, ¿no? Siempre tan noble.
Reí un poco ante el cumplido.
—Sólo trato de ser una buena persona, ¿qué hay de malo en ello?
—Nada, no hay nada malo. Es… lindo, de hecho.
El timbre que indicaba el cambio de hora me salvó de quedar como un idiota, paralizado por el inesperado cumplido de Jordan.
—Oh, rayos, no llegué a hablar con la directora —dijo Jordan, dándose cuenta quizás de que había perdido tiempo conmigo—. Sé que estás ocupado con Clyde y todo eso, pero, uh, ¿te gustaría que nos reuniéramos el fin de semana? Cuando quieras. Puede ser en tu casa o en otro lugar si quieres.
—Jordan, tú ya terminaste tu parte del proyecto —le dije, sacudiendo la cabeza lentamente—. No tienes que preocuparte por mi parte. La terminaré como debía haberlo hecho.
—No me refería a hacer tarea… Sólo… ya sabes, pasar tiempo juntos.
Siguiendo el timbre y el cambio de período, las puertas de los salones se abrieron, y el pasillo en el que nos encontrábamos se vio ocupado por chicos y chicas de todas las edades evitando activamente chocar con los dos niños de once años que estaban de pie frente a frente, evitando contacto visual.
—...oh.
—Sí…
—Es decir… Yo, uh… Pues...
—Sólo piénsalo, ¿okay?
— ¡No! Es decir, sí. Sí, yo, uh, eso estaría bien —dije, tratando de no sonar desesperado.
Ella me sonrió.
— ¡Perfecto, entonces! Tengo que ir a cambiarme y prepararme para la siguiente clase. ¿Hablamos luego?
—S-Sí, claro. N-Nos vemos.
— ¡Saludos a Clyde!
Me quedé de pie, saludándola con la mano, hasta que un chico de octavo grado me golpeó accidentalmente en el hombro y me trajo de regreso a la realidad. Recordando que mis padres iban a recogerme fuera de la escuela, me dirigí hacia allí con la más estúpida sonrisa en mi rostro.
Ser un héroe es complicado. Es sacrificado. Es difícil y peligroso. No soy alguien ultra responsable, cometo errores y gente inocente es puesta en peligro por mi culpa. Llevar una doble vida era extremadamente agotador y estresante, sin mencionar que cada vez que me ponía el traje y salía a combatir el crimen, estaba arriesgando mi vida. Era una carga difícil de llevar, un peso sobre mis hombros que, a veces, sentía que no era lo suficientemente fuerte como para cargar.
Pero había comenzado a comprender que no era un peso que debía cargar yo sólo. Había mucha gente a mi alrededor dispuesta a ayudarme con la carga, quizás no sosteniéndola por mí, pero sí volviéndola más ligera. Leni… Es decir, Eclipse y Nova me habían aceptado como un nuevo héroe. Mis padres me recordaban cada día que era amado, lo cual puede no sonar como mucho, pero para mí significaba todo. Mi hermano me apoyaba incondicionalmente, incluso si yo le había fallado, y esa seguridad me daba fuerzas para continuar y aprender de mis errores. Mis amigos, y Jordan en particular, me recordaban por qué es que había tomado el manto. Para ayudar a proteger a aquellos que hacían de mi vida una agradable experiencia. Para devolverle a la ciudad un poco de lo que me daba.
Sí, ser un héroe no era fácil. Era un trabajo a tiempo completo muy demandante y estresante. Y sin embargo, no se me cruzaba por la cabeza renunciar a él.
Y es que un gran poder…
Ya saben.
.
.
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Y ahora sí, con esto, doy por terminada la primera entrada del Heroverse.
Me llevó más tiempo del que esperaba, jajajaja, no voy a mentirles. Es muy complicado. Muchas veces pienso en dejar de escribir en español y solamente hacerlo en inglés para ahorrarme el tedioso, largo, lento y aburrido proceso de traducción. Pero la verdad es que a pesar de que los números no son los mejores, disfruto enormemente de leer cada uno de los comentarios que ustedes me dejan, y son ellos los que hacen que continúe con todo el tedioso proceso con tal de poder seguir interactuando con esta parte del fandom.
Escribir esta historia me enseñó muchas cosas. Cosas que espero poder aplicar en la siguiente entrada que se enfocará en Luna y Sam. Antes de comenzar a escribir esa historia voy a terminar la segunda parte del final no-oficial de Réquiem, así que atentos!
Como siempre, agradecimientos especiales a los lectores que comparten sus críticas y opiniones:
Sylar Diaz: Soy alguien a quien le encanta hacer referencias, y en historias más ligeras y divertidas como esta, no me guardé ninguna jajaja ¡Gracias por el apoyo!
Mauro Loud: Detecto cierta argentinindad en tus comentarios jajajaja Bien ahí. Muchas gracias por los cumplidos, en serio. Con respecto a Clyde, sigue sin gustarme del todo como personaje, pero su historia va de la mano de la de Lincoln así que no es que me moleste escribirlo ni nada. Y la secuela de Ace Savvy vendrá justo antes del gran crossover.
Luna PlataZ: Pues ya te comenté algo por privado así que sólo diré que sí, bajo los efectos de la adrenalina, la velocidad de procesamiento mental de Lincoln es tal cual lo describes. Lo que no aclaré es que esa es la capacidad a la que su mente piensa, pero no por ello es que puede moverse a esa velocidad obviamente. No tiene entrenamiento formal de ningún tipo, por lo que muchas veces puede ver algo venir pero no llega a moverse a tiempo. Al menos así lo visualizo yo jajajajaja No digo que esté bien.
nahuelvera2: ¿Pero es realmente el final de ambos? *música dramática*
daglas99: ¡Muchas gracias! Ese es un gran cumplido, me pone muy feliz leer eso.
J0nas Nagera: Muchas gracias como siempre, colega. Me parecía más interesante que los guardias tuvieran personalidades entretenidas más que sencillamente sacos de boxeo monocromáticos jajaja. Interesantes teorías, quizás no se hayan respondido del todo aquí, pero tenemos más historias para ver cómo se desarrolla eso. Gracias, y yo también estoy a la espera de cómo sigue tu historia!
Rigerhit047: ¡Muchísimas gracias por tan amables palabras! Trato de mantener un balance entre seriedad y… pues no comedia, pero sí algo más ligero. Ojalá este final te haya gustado.
Y con eso terminan los comentarios. Muchas gracias a todos, ya pueden retirarse.
…
Esperen, ¿por qué siguen apgadas las luces del cine? ¿Por qué hay gente que no se levanta?
¿Es que acaso…?
¿Puede ser…?
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—Recuerda, si necesitas algo, sólo llámanos, ¿de acuerdo? —Me dijo Howard, mirándome desde el asiento de acompañante.
—Y si pasa algo urgente o necesitas compañía, puedes golpear en la casa de los vecinos —agregó Harold.
—Sí, no hay problema —les respondí, saludando a Clyde con un golpe de puños y bajándome del auto con la mochila de la escuela sobre mis hombros.
—Volveremos en cuanto los doctores terminen con el chequeo de rutina, no tardaremos más de una hora, ¿está bien?
— ¡De acuerdo! ¡Suerte!
Saludé a mi familia mientras se alejaban en dirección al hospital, y en cuanto doblaron en la esquina, me dirigí a mi casa con una gran sonrisa en el rostro. Durante el almuerzo, Jordan me había separado a un lado para preguntarme si este viernes me interesaba ir al centro comercial con ella luego de la escuela. Era la segunda vez que me invitaba a salir, y teniendo en cuenta lo mucho que había disfrutado la primera vez, estaba más que ilusionado en volver a pasar una tarde juntos. Una nueva posibilidad para conocernos un poco mejor, hablar de nuestros gustos, de las nuevas series que habíamos comenzado a ver… en fin, sencillamente, disfrutar de nuestra mutua compañía.
Estaba prácticamente saltando de alegría, radiando felicidad, cuando entré a mi casa, cerré la puerta detrás de mí, y finalmente me dirigí a mi habitación, abriendo la puerta ya pensando en qué cosas podríamos hacer con Jordan el viernes.
Y fue por esa distracción y el buen humor en el que me encontraba que, al entrar a mi habitación, casi sufro un paro cardíaco.
—Buenas tardes, Ace Savvy, te estábamos esperando.
Mi habitación estaba ocupada por dos figuras, dos chicas. Una de ellas, de mi edad o quizás un poco mayor, vestía shorts deportivos y una camiseta sin mangas, recostada casualmente en mi cama mientras lanzaba y atrapaba la pelota de goma que Clyde usaba para sus ejercicios de percepción de profundidad. Tenía cabello castaño largo y recogido en una cola de caballo que estaba actualmente desparramada sobre mi almohada, y en cuanto me vio, se sentó y me sonrió con curiosidad e intriga.
La otra niña, quien me había saludado por mi nombre de superhéroe, era mucho más pequeña, salida del jardín de niños. Tenía cabello castaño también, pero corto y totalmente despeinado. Llevaba puesto un sweater verde y unas grandes gafas redondas. Lo que inmediatamente llamaba la atención, sin embargo, era el hecho de que se hallaba sentada en una especie de asiento metálico semicircular con luces de led y tableros digitales que parecían salidos de una película de ciencia ficción.
Ah, y flotaba a un metro del suelo.
Tuve que pensar rápido. No conocía a ninguna de estas dos personas, y ellas de alguna manera habían descubierto mi identidad secreta y estaban esperándome en mi propia habitación sin aviso alguno. ¿Y esa silla levitante? Lo único que se me ocurrió fue que debía ser tecnología de Industrias Tetherby. Si mi identidad secreta estaba comprometida, también lo estaba mi familia. Esto era malo, muy, muy malo.
Sin siquiera pensar, tomé un pequeño trofeo de matemáticas de Clyde y lo lancé a toda velocidad y fuerza contra la silla, esperando averiarla antes de que activase un arma o algo.
Hubo una especie de destello castaño y rojo, y de repente la temperatura en la habitación aumentó al menos un grado centígrado. En un pestañeo, la chica que había estado acostada en mi cama pareció teletransportarse, y sin que yo pudiera entender cómo, se encontraba ahora de pie frente a mí, con el trofeo en su mano.
— ¡Wowowo, tiempo fuera! —Dijo, alzando una ceja y lanzando suavemente el trofeo sobre mi cama— Tranquilízate, Copo de Nieve. No vamos a lastimarte.
—Tienes poderes —dije, comprendiendo que la situación era más complicada de lo que creía.
Ella sonrió con orgullo, colocando sus manos en su cintura y ladeando la cabeza ligeramente.
— ¡La número uno de Royal Woods! Créeme, no quieres pelearte conmigo.
Quizás no. No tenía información acerca de cuáles eran exactamente sus poderes ni qué es lo que buscaban. Luchar no parecía ser muy inteligente, lo cual sólo me dejaba una opción. Correr. Volteé y traté de dirigirme hacia la entrada de mi casa tan rápido como mis piernas me permitieran.
Una vez más, sin embargo, una ráfaga de viento cálido sacudió mi rostro, y la mano derecha de la chica evitó que me estrellara contra ella, ahora que estaba de pie frente a mí en el pasillo fuera de mi habitación.
— ¡Sólo cálmate! —Me dijo, sonando un poco fastidiada, y empujándome suavemente hacia atrás.
Golpeé la mano que tenía en mi pecho con mi antebrazo y me preparé para tomarla y realizarle una simple llave para quitarla del camino, pero era respondió bloqueando mi agarre, tomándome de la muñeca, empujándome hacia abajo para que perdiera el equilibrio, y aplicarme ella misma una llave que me lanzó al suelo de mi habitación. Traté de ponerme de pie, pero ella colocó su pie sobre mi espalda, anclándome contra la alfombra.
—Eso es suficiente, Lynn —dijo la niña en la silla, y fue allí cuando noté que ceceaba.
— ¡Aw, pero sólo estamos jugando!
—Si así lo desea, podrá entretenerte con una sesión de lucha y prácticas más tarde. Tenemos cosas más importantes que hablar.
La adolescente, Lynn, gruñó y me quitó el pie de encima. Se arrodilló junto a mí y me extendió una mano, con una sonrisa juguetona.
— ¡Eso fue divertido! Hay que hacerlo de nuevo. Al mejor de cinco.
—Sé que tienes muchas preguntas, pero te prometo que no venimos con intenciones de antagonizarte ni ponerte en peligro a ti o tu familia —me aseguró la niña, quien parecía usar palabras muy grandes para alguien tan joven.
Estaba sumamente confundido y asustado, pero al mismo tiempo, entendí que estaba en inferioridad numérica y, a diferencia de ellas, me faltaba información. Con un nervioso suspiro, acepté la mano que Lynn me ofrecía, y ella me ayudó a colocarme de pie.
—Bien hecho, Brainiac —dijo a la niña, guiñándole un ojo.
—No me llames así —le reprochó, antes de mirarme—. Seguramente te preguntas por qué te he convocado aquí…
— ¿De qué hablas? ¡Esta es mi casa!
—...pues bien, mi nombre es Lisa, y ella es Lynn —anunció, ignorando por completo mis quejas—. Las dos somos metahumanas y ciudadanas de Royal Woods. Hemos estado viviendo por nuestra cuenta durante los últimos dos años, informándonos y estudiando todo lo que ocurre en esta ciudad desde el anonimato y las sombras. Y es con cierta preocupación que he de decir que, desde la muerte del Ace Savvy original, el clima político y el balance de poderes en la ciudad se ha visto comprometido. Tiempos oscuros se acercan, y sin nuestro más importante protector, estimo que la ciudad posee pocas posibilidades de sobrevivir y mantener el estatus quo.
—Ve al grano —la interrumpió Lynn, mirando impaciente sus uñas.
Lisa la fulminó con la mirada antes de suspirar.
—Lincoln McBride, sé que tú eres nada más y nada menos que el nuevo Ace Savvy, y has demostrado estar interesado en ayudar a proteger la ciudad. Esa es una tarea demasiado grande para que tú lo hagas solo, ¿no crees?
—Pues… sí, supongo —dije, cruzándome de brazos y tratando de discernir las intenciones de la niña—. ¿Por qué?
Lisa me sonrió, y su silla se acercó a mí, quedando más cerca y mirándome a los ojos mientras cruzaba los dedos de su mano.
—Quisiera hablarte de la Iniciativa L.O.U.D.
