James miró su móvil por décima vez en los últimos veinte minutos.

— ¿Quieres dejar eso, por favor? —Le pidió su hermano, sentado frente a él en el salón de Grimmauld Place.

— En casa de los abuelos no hay cobertura. ¿Tú no quieres saber qué ha pasado?

Albus le miró con los entrecerrados. Mensaje captado, su hermano tenía bastante con sus propios nervios.

Un bip bip le hizo sacar rápidamente del bolsillo de la túnica el pequeño teléfono. Con dedos torpes, lo desbloqueó y abrió la aplicación de mensajes.

"Ha ido bien."

Y a continuación enviaba una foto de su padre abrazando por la cintura a Draco. Se les veía hablando con Astoria y otra mujer, que imaginó que era Silvia, con una copa en la mano libre.

Tecleó una larga fila de emoticonos de sonrisas y aplausos antes de levantarse del sillón para enseñarle la pantalla a su hermano.

— Vale, papá ha sobrevivido a las maldiciones de tres brujas. Y está tomándose una copa con dos de ellas. Esto es un buen presagio, hermano —Trató de animarle James, sentándose en el brazo del sillón que ocupaba y abrazándolo por los hombros.

— Recuérdame por qué me pareció buena idea hacer esto esta noche, James —le contestó Albus con voz ahogada.

— Porque por fin Neville está dispuesto a reconocer públicamente que tiene una relación contigo y ya habéis sobrevivido a contárselo a los abuelos. Porque estaremos Lily y yo para apoyaros, y el tío Charlie ha venido de propio porque se lo pediste. Y porque mamá tiene que entender que no tiene más remedio que aceptar a nuestras parejas si no quiere perdernos definitivamente.

Albus escondió por un momento la cara en el pecho de su hermano antes de levantar la barbilla y mirarle.

— Por si no sobrevivo a esta noche, necesito que sepas cuanto te quiero, hermano.

James lo abrazó, emocionado. Tenía la sensación de que el terremoto que había sacudido a su familia en el último año había servido, entre otras cosas, para acercarle a su esquivo hermano. Y solamente eso ya hacía que mereciera la pena la nochecita que iban a pasar en casa de los abuelos.


Cuando salieron de la chimenea de La Madriguera, la primera persona con la que se toparon fue con su tío Charlie. Que, por primera vez en la historia de las reuniones familiares, iba acompañado. Tras abrazarle, comenzaron las presentaciones.

— Otto, estos son mis sobrinos, James y Albus. Chicos, os presento a Otto, —Una gran sonrisa llenaba su cara— mi prometido.

Tras un pequeño momento de sorpresa, ambos chicos saludaron con calor a Otto y volvieron a abrazar a su tío, felices por él. Al ir a soltarse del abrazo, Charlie alcanzó a hablarle a Albus al oído.

— Lo que vas a hacer hoy es muy valiente, sobrino, tenía que estar a la altura.

Albus soltó una carcajada. Justo en ese momento, la chimenea volvió a sonar y Neville salió de ella. Caminó directamente hacia Albus, con una gran sonrisa.

— Hola amor —le saludó con un breve abrazo.

Albus se sonrojó un poco, pero miró a ambos lados y, viendo el terreno despejado, besó a su novio.

— Oooooye, un respeto a los que tenemos a la pareja lejos esta noche —oyeron lamentarse a James.

— Cállate —le contestaron al unísono Albus y Neville.

Neville liberó a Albus, aunque permaneció muy cerca de él, mientras saludaba a James y a Charlie y era presentado a Otto. Después de felicitar a la pareja, James aprovechó que aún estaban solos para ponerles al día de las novedades llegadas de París. Neville volvió a sonreír ampliamente al ver la foto de Harry con Draco.

— ¿Seguro que quieres hacer esto, Albus? Esta foto bastaría para que mi hermana implosionara de rabia —bromeó Charlie, tomando de la cintura a Otto. Después de que su sobrino le enseñara el dedo del medio, se puso serio—. Me alegro mucho por Harry, se merece ser feliz, ya ha hecho suficiente por esta familia.


Fueron llegando más personas, aquella noche habían tenido que alargar mágicamente el salón porque la mesa acogía a más de treinta personas. Molly reinaba sobre todos, feliz. Teddy estaba allí, con Victoire, mientras su abuela pasaba las fiestas con su hermana en Francia. Hermione y Ron evitaban cuidadosamente cruzarse con Charlie o James, como si tuvieran alguna enfermedad contagiosa.

Lily llegó de las últimas, sonrojada y algo despeinada. Se acercó a sus hermanos para darles un rápido abrazo y preguntar las novedades acerca de la incursión parisina de su padre. Una vez tranquilizada a ese respecto, la vieron desaparecer en busca de su abuela. Al rato, la vieron colocar dos platos en la mesa, uno a cada lado de donde se suponía se iba a sentar ella.

Tras aquel cambio de lugares, los dos invitados misteriosos estaban entre Lily y sus hermanos. Junto a Albus se iba a sentar, obviamente, Neville. Junto a James, Charlie y Otto a continuación. Frente unido.

Como esperaban, Ginny llegó cuando ya estaban casi todos sentados. El divorcio le había obligado a buscarse un trabajo, estaba entrenando a un equipo de la liga infantil. Puso mala cara cuando vió que estaba sentada frente a su hermano Charlie. Su gesto ya se torció bastante al ver su hermano levantar su mano y la de Otto unidas, enseñándole los anillos que brillaban en sus anulares. Pero al ver a James bromeando con Charlie, su cara se convirtió en una mueca desagradable. Los que estaban cerca de ella pudieron escuchar claramente un "malditos pervertidos" entre dientes. La presencia de Neville fue la gota que colmó el vaso. Su antiguo amigo estaba estupendo, parecía incluso más joven que la última vez que le había visto.

— ¿Podemos empezar a cenar? —se oyó la voz de Ron desde el otro extremo de la mesa.

— Faltan los invitados de Lily —contestó su madre, sentada en una de las cabeceras de la mesa, sin perderle ojo a su hija menor.

Justo en ese momento sonó la chimenea y aparecieron los gemelos Scamander. Albus miró a James con las cejas enarcadas, sin entender aquello. La sonrisa ladeada de su hermano le dijo que él sí sabía lo que hacían allí Lorcan y Lysander. Lo tuvo claro cuando, tras un saludo general a la mesa, los dos hermanos rubios se deslizaron hasta las sillas a los dos lados de Lily. No hubo ningún tipo de rubor en ellos cuando ambos la saludaron con un ligero beso en los labios.

La cena comenzó, distendida al principio. Los hermanos trataban de no mirar a su madre, sentada prácticamente enfrente. James charlaba con su tío y con Lysander sin ningún problema, relajado. Albus a ratos sentía la mano tranquilizadora de Neville sobre su muslo y se relajaba lo suficiente como para hablar con él, con Lorcan o con su primo Hugo, sentado frente a él. Lily comía y reía, completamente tranquila. Ocasionalmente recibía un mimo de uno de los dos gemelos o se inclinaba hacia delante para hablar con su tía Fleur y su tío Bill, sentados frente a ella y aparentemente los menos impactados de entre los adultos Weasley por su actitud y sus acompañantes.

Conforme avanzaban los platos, la tensión empezó a sentirse en el ambiente. Ginny, cada vez más roja, bebía más de lo que comía, sin dejar de observar por el rabillo del ojo a su hija. Entonces, mientras comían el pescado, vió un movimiento un poco más allá de Lily que le dejó helada. Neville, el padrino de su hijo, ese hombre con pinta de respetable profesor, acababa de tomar su servilleta para limpiar una mancha de salsa de la cara de Albus. Y no era un gesto fraternal. Era un gesto íntimo.

Dejó caer su tenedor con tanto ruido sobre su plato que un silencio se hizo rápidamente en la mesa y todo el mundo se giró a mirarla. Señaló a Neville con el dedo antes de decir, con voz estridente.

— Neville Longbotomm, ¿te estás follando a mi hijo?

El silencio se hizo más denso. Una parte de la mesa aguantó la respiración. Los tres Potter respiraron hondo.

— Ginebra Weasley, no creo que ese sea el lenguaje apropiado para esta mesa —Le renegó su madre, sonrojada.

Ginny ignoró a su madre y siguió señalando a Neville con el dedo, mientras con la otra mano buscaba la varita entre los pliegues de su túnica. Por suerte, junto a ella estaba sentado Teddy, perfectamente al tanto de lo que ocurría, y se apoderó de la varita antes de que Ginny pudiera apuntar a Neville y que aquello se convirtiera realmente en una batalla.

— No creo que sea asunto tuyo, madre —respondió Albus, con la barbilla alta y la mano de Neville en la suya dándole fuerza bajo la mesa.

— Es asunto mío si ese hombre que podría ser tu padre está abusando de ti.

Entonces fue Neville el que se puso muy rojo y necesitó el apretón de Albus para calmarse.

— Por suerte para mí, no es mi padre, sino mi pareja. —Un "ahhhh" recorrió la mesa— Nadie abusa de nadie aquí.

La serie de blasfemias que salieron de la boca de Ginny en aquel momento hicieron que fuera su padre el que golpeara la mesa y la llamara al orden, pero Ginny ya estaba desatada.

— ¿Tú también? los Potter están podridos, primero vuestro padre, luego James, ahora tú también. —Se giró a mirar a su hija, escoltada por los dos gemelos, los tres con el gesto más serio que nunca— ¿Y tú qué, Lily? ¿Te gustan los hombres como a tu padre y tus hermanos? ¿A pares, por lo que hemos visto todos?

Lily se levantó de la silla y se giró hacia su madre.

— Aquí la única que está podrida eres tú. Somos tus hijos, ¿este es tu amor de madre? Sí, les quiero a los dos. Alégrate por mí, que soy doblemente querida. ¿O es que ya no recuerdas lo que es eso? Querer y que te quieran.

— ¡Maldita seas!

Ginny se levantó también para gritarle lo más cerca posible, pero su hermano Bill se había colcado tras ella y la obligó a sentarse con una mano en el hombro. Lily, con los gemelos tironeándole de los brazos, volvió a sentarse también. La tensión en la mesa se podía masticar.

— Yo solo quería una familia normal —sollozó falsamente Ginny—. ¿Qué hice mal con vosotros?

— Déjame que te diga una cosa, madre.—La voz de Lily sonó esta vez totalmente controlada— La normalidad está sobrevalorada. No hay nada de malo en nosotros, simplemente hemos elegido vivir fuera de norma, y estamos terriblemente orgullosos de ello. Y si no puedes querernos como somos, ahí está la puerta, sal de nuestras vidas, no iremos a buscarte.

El aplauso que siguió a las palabras de Lily ahogó cualquier réplica que Ginny fuera a hacer. Lorcan y Lysander se abalanzaron sobre ella para besarle cada uno en una mejilla. James golpeó la mesa con una mano mientras con la otra sostenía el móvil con el que estaba grabando todo para que lo vieran Scorpius y Harry después. Charlie aplaudió y se inclinó a besar a su futuro marido. Neville aplaudió a rabiar, hasta que Albus lo distrajo tomándolo por las solapas de la túnica para besarle hasta dejarle sin aliento. Molly y Arthur aplaudieron, orgullosos. Ron fue a replicar a su sobrina, a defender a su hermana, pero su mujer le hizo sentar sujetándole de la manga. El resto de los jóvenes presentes aplaudió, apoyando a sus primos, y contagiando con sus aplausos a sus padres. Y Ginny se quedó allí, roja, furiosa, a punto de explotar. En un momento, su mirada se cruzó con la de su padre, que le miró mortalmente serio antes de señalarle con un gesto la puerta. Se levantó y salió, despidiéndose para siempre de sus hijos.