Hola, estoy sumamente agradecida por todos los reviews que recibí! Me alegra saber que éste AU les llama tanta la atención como a mí!
Muchísimas gracias también por los favorites y followers!
Capítulo beteado por Ren S. Kutznetsov
Ahora les traigo un nuevo cap! Espero que les guste.
» Nombres de los killjoys:
Cuervo Nicotina: Daichi Sawamura.
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Ala Revólver: Koutarou Bokuto.
Histeria: Keiji Akaashi.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo. «
Bulletproof Heart
¡Aviven sus llamas, rayos de luz!
Aquí el Doctor Desafiando a la Muerte, con las palabras que los hacen levantarse cada mañana, ponerse sus máscaras y mandar al demonio a las industrias BL.
Un pequeño cuervo se unió a nuestras filas ayer, después de haberse enfrentado a seis cerdos a media carretera Guano. Je… con un poco de ayuda de Pantera Anfetamina, Ala Revólver e Histeria.
Denle la bienvenida a «Sol Inferno».
Pero cuidado con darle los cinco, en su altercado se quebró un ala. Pero no te preocupes pequeño Sol Inferno, un hermano puede prestarte una cuando la necesites.
Háganlo sentir bienvenido al Nido, Killjoys.
Y no se olviden de pisar el acelerador, cargar sus pistolas y jamás ver atrás; porque los cerdos pueden estar esperando.
A continuación, el reporte del tráfico…
Escuchó la señal de alarma, el día había comenzado y todos tenían una misión qué realizar. No importaba si parecía pequeña. Hinata todavía era nuevo, había llegado apenas dos días atrás, conocía a algunos de ellos, pero eran demasiados.
Daichi le presentó a Koushi al siguiente día, un chico con cabello como ceniza y un lunar cerca de su ojo; con una sonrisa que hacía sentir a Shouyo como si estaba en casa. Le agradaba Koushi, decidió, parecía un buen tipo.
—Puedes llamarme Suga —había ofrecido Koushi—, así me conocen todos por aquí.
Después de eso le mostró su habitación, la pieza era algo espaciosa y dos filas de cuatro literas se extendían a cada lado; a los pies de cada cama estaban las maletas y pertenencias de cada uno. El ambiente se sentía un poco saturado, pero Hinata supuso que eso pasaba cuando dieciséis personas compartían un cuarto.
Su cama sería la que se encontraba en la esquina izquierda, la de arriba, era la única que estaba libre. Miró a quien sería su compañero de litera, era un chico con cabello cayendo sobre sus mejillas, como si fuera una cascada. Hinata se preguntó porque era de dos tonos, amarillo y negro en las raíces, ¿era natural?
Luego recordó a Bokuto y pensó en lo muy idiota que habría sonado si de verdad hubiera dicho eso.
Suga le había dado una sábana pesada y áspera para dormir, Hinata la lanzó sobre su litera y se acercó al chico rubio.
—¡Hola! —Brilló—. Soy nuevo aquí, pero espero acostumbrarme y aprender a usar un arma y matar muchos dracs y poder ganar esta guerra. Vengo de la Zona veintiún mil, o espero que hubiera sido la veintiún mil… —miró hacia el suelo y sostuvo su mentón con su mano— ¡Nunca fui bueno en eso de ubicarme en las zonas! Mi madre siempre me dijo que un día acabaría perdido. Si piensas en ello, debería ser fácil memorizarse los nombres de las calles ¡porque no hay nombres! Pero eso lo hace más difícil, ¿Cómo sabes cuándo termina una zona? ¡¿Y si lees el mapa al revés?! ¡Puedes confundir la Zona seis con la Zona nueve!
El chico solo parpadeaba con ojos abiertos como platos.
—Bueno, seguro que has escuchado de mí. A menos que no… ¡Soy Shouyou Hinata! Y apenas me acabo de unir, aun no sé dónde se encuentra todo o qué haré. Quiero salir por ahí y luchar con todos los exterminadores que pueda —comenzó a lanzar puñetazos al aire—. Si me dejan elegir mi arma, creo que tomaría un hacha gigante, así todos temblarían al verme y sabrían que no deberían meterse conmigo —Hizo un puño y lo sujetó a su pecho—. En fin, espero que nos llevemos bien porque seremos compañeros de literas. ¡Y tú te ves como un buen tipo! …aunque no es como si alguien aquí se ve como si no lo fuera…Excepto tal vez ese tipo rubio y de anteojos, no sé cómo se llama, pero se ve como un tipo engreído.
¿Y si este tipo era su amigo?
—¡Aunque si eres su amigo entonces tal vez no sea tan malo! ¡Oh! Ya hablé mucho, siempre me pasa —se rascó la cabeza—, ¿tú cómo te llamas?
El killjoy lo miraba confundido y parecía genuinamente incómodo, sus ojos eran penetrantes, pero miraban a todas partes menos a él; cómo si quería asegurarse de encontrar una salida y correr hacia ella. ¿Hinata lo había intimidado?
Se sorprendió un poco, no todos los killjoys eran ruidosos o duros como los que había conocido antes.
Murmuró algunas palabras de despedida y escaló la litera, teniendo cuidado de no lastimar su mano remendada. No era nada lujoso, solo una venda alrededor de sus dedos hasta su muñeca. Trabajo del Doctor, Chikara Ennoshita o «Silencio Infeccioso».
Siguió dando vueltas en su cama, tal vez el chico de la litera inferior le hablaría al final, superando su timidez; pero nunca llegó, y Hinata terminó durmiéndose.
Y ahora ahí estaba, bajó de un salto de la cama y miró a todos los rebeldes del cuarto, cada uno parecía tener una rutina diferente. Un chico de ojos grandes pero pupilas pequeñas doblaba la endurecida sábana de manera metódica; mientras otro killjoy en la esquina opuesta se levantaba de la cama con velocidad y salía antes que todos.
Hinata reconoció al chico, era el que había explotado cuando él llegó.
Estiró sus extremidades, la articulación de su hombro hizo un suave pop, lo hizo relajarse al instante.
Cuando alcanzó la entrada se encontró con Suga.
—Buenos días.
—¡…enos …ías¡ —exclamó tropezándose con sus palabras, tenía que dejar eso de no poder hablar.
El segundo al mando de los killjoys dejó salir una risita; Hinata sintió sus mejillas calentarse de la vergüenza.
—Ven conmigo, te mostraré en donde están las duchas y luego el lugar en donde comemos.
Las duchas, descubrió Hinata, no eran nada fuera de lo común. El piso y las paredes estaban cubiertos de losetas. Había un sistema de desagüe y por lo menos diez casetas, separadas por paredes cortas. El suelo estaba resbaladizo y estuvo a punto de tropezarse como cuatro veces, pero terminó su aseo sin ningún accidente.
Koushi lo continúo guiando hasta otra estancia, esa tenía casi el triple de tamaño y estaba repleta de butacas y mesas de madera roída y vieja. El parloteo de todos los presentes hacía casi imposible escuchar la explicación de Suga del lugar. El killjoy lo dirigió hasta el final de una fila.
—¿Cuántos años tomó construir todo esto? —preguntó Hinata con curiosidad, no era bueno con fechas o cifras, pero quería saber cómo algo así de grande había escapado el ojo vigilante de las industrias Better Living.
—Aquí estaba situada una base militar, antes de que las guerras de helio terminaran, servía como un refugio blindado en caso que alguna bomba atómica explotara. Cuando lo hizo, cuando el mundo se vino abajo, el edificio que estaba en la superficie se desvaneció y la entrada hasta este lugar quedó sepultada. Ciudad Batería fue fundada por esta región, sin tener idea que estaban prácticamente sobre una mina de oro. Quizá si hubieran fisgoneado un poco más la habrían descubierto, pero por fortuna, no lo hicieron. Uno de los fundadores de la resistencia sabía de esta zona, y no pudo obtener algo más perfecto. —Abrió sus manos, como para hacer énfasis a su alrededor—. Claro que, el lugar estaba completamente abandonado. No era más que una estructura vacía, como el cadáver de una magnífica bestia extinta.
Era su turno de tomar la comida, cada uno tenía una bandeja de metal. Les sirvieron un cucharón de un estofado blando de color marrón, en algún día bueno no tendría ningún aspecto apetitoso, pero Hinata llevaba algunos días sin comer, así que no veía la hora de hincarle el diente.
Relativamente hablando claro, estaba seguro que el gelatinoso guiso no presentaría mayor oposición a sus dientes.
—¡Sugawara! —Llamó un chico rapado desde una mesa con sillas libres— ¡Aquí!
Koushi y Hinata tomaron asiento, el pequeño killjoy no tardó en dar el primer bocado. La sustancia pegajosa sabía un poco mejor de cómo se veía, así que siguió por el segundo, comiendo con ansias.
—Tanaka, él es Hinata, el chico nuevo del que hablamos.
—¡Oh! Sabía que no te había visto antes —se rió a carcajadas con la boca llena, terminó de tragar el alimento y se lamió los labios—. Soy Ryuunosuke Tanaka, pero allá afuera me puedes llamar Terror Ruidoso; estoy en la Vanguardia.
Shouyou se maravilló, ¿vanguardia? Ese debía ser el mejor de trabajo de todos.
—¡Ese debe ser el mejor trabajo de todos! —exclamó.
El chico sin cabello se rio estrepitosamente.
—Hinata, tu conociste a tres de ellos cuando te encontraron en el desierto —recordó Suga.
—¿Kuroo, Bokuto y Akaashi son de la Vanguardia?
El de cabello como ceniza asintió y siguió con su explicación.
—Ellos y otro más son los encargados de patrullar arriba, mantienen a los exterminadores y draculoides lejos de nuestro territorio. Son los que tienen más experiencia luchando. Mientras que otros, tenemos experiencia en otras áreas.
—Nosotros somos como el músculo de la resistencia —comentó Tanaka con aire de suficiencia.
—Sí, pero sin el cerebro no pueden funcionar —reprendió con tono desaprobador.
El rapado sonrió con una especie de respeto hacia el otro.
—¿Qué hay de ti, Suga? —Preguntó Hinata— ¿No eres parte de la Vanguardia?
—Sugawara es el segundo al mando después de Daichi —anunció Tanaka con orgullo.
—También pertenezco a los Exploradores —añadió el chico del lunar, arqueando una ceja—, hacemos redadas a pueblos en ruinas, en busca de comida, ropa, o lo que podamos encontrar.
—¡Eso se escucha genial también!
Ceniza se rió de la respuesta de Shouyou y revolvió sus rojos cabellos con afecto. Sugawara se excusó por un momento de la mesa, había recordado algunos temas que debía discutir con Daichi con respecto a la próxima salida cuanto antes.
—¿Cuál es tú historia, pequeño cuervo? —cuestionó Terror cuando estuvieron solos.
Hinata comenzó por el principio, desde su padre luchando en las guerras análogas. Tanaka lo escuchó atentamente, de vez en cuando haciendo comentarios suaves como: «¿No bromeas?» «Guau» y «Eso es genial»
Estaba detallando como era la comunidad de sus amigos, de Kouji e Izumi cuando fue interrumpido por él.
—¡Ah, demonios! —Exclamó con sorpresa y miró el reloj gastado que habían clavado a la pared—. Mi turno comienza en cinco minutos, Daichi me matará si llego tarde otra vez. ¡Hablamos luego Hinata, lo siento!
Y con eso salió corriendo de la cafetería.
¿Turno?
Se encogió de hombros y comenzó a buscar a Suga nuevamente, pero el del lunar todavía se encontraba hablando con el líder. No parecía como una buena idea ir e interrumpirlos. Debían de estar hablando de algo importante; se vería como un completo idiota si iba.
Así que comenzó a recorrer la enorme estancia con sus ojos, ladeando la cabeza. Todos parecían inmersos en sus propias pláticas, que convergían en un zumbido inteligible.
Se animó cuando notó a su compañero de litera, el chico con cabello rubio y negro en el cuero cabelludo. Ya era su conocido ¿no?, esta vez sí hablaría con él. Caminó en su dirección llevando la bandeja metálica y se sentó a su lado.
—¡Hola! —Saludó— ¿Me recuerdas? ¡Somos compañeros de literas!
El tímido chico miró a su regazo y asintió rápidamente.
—No eres muy hablador, ¿verdad?
—Pues es lo que me esperaría sabes, después de todo mi amigo es sordo —comentó otra voz.
Hinata notó a Pantera sentándose al lado del chico introvertido, poniendo en la mesa la bandeja de comida, con su sonrisa engreída y mirada perezosa; su cabello se miraba igual de salvaje que siempre.
—¡¿So-sordo?! —sentía sus mejillas arder de la vergüenza, ahora todo lo que había pasado entre ellos tenía sentido y Hinata quería enterrarse en el subsuelo.
—Pero no te preocupes, renacuajo, él puede leer los labios; solo que es muy tímido con los chicos nuevos. —Dicho eso se llevó una cuchara llena de estofado a la boca.
—¡Lo siento, lo siento! ¡Lo siento tanto! —gritaba, aunque verdaderamente no merecía el perdón.
El chico hizo un movimiento con sus manos que dejó a Shouyou en la luna.
—¿Eh?
—Dice que no te preocupes —aclaró Kuroo, con mejillas regordetas y llenas de comida—, ayer te intentó explicar pero subiste demasiado rápido a tu litera.
Cuando el killjoy tragó se comenzó a reír de Hinata.
Sus mejillas seguían ardiendo, la situación era demasiado vergonzosa. El rebelde retraído comenzó a hacer otras señas, Shouyou miró a Kuroo para que lo iluminara.
—«Mi nombre es Kenma Kozume, un gusto en conocerte, Shouyou Hinata» —tradujo el pelinegro llevando otro bocado a su boca—«, mi alias es Sombra Brillante.»
—Kenma —repitió Hinata con una sonrisa.
—¡Hinata ahí estás! —Llamó Sugawara un tanto preocupado—. Siento haberme tardado, pero ven conmigo, debo enseñarte otras cosas más —miró a sus compañeros de mesa y les sonrió—. Veo que ya conociste a Kenma y a Kuroo —Pantera saludó con un lento movimiento de su mano, tenía guantes sin dedos, mientras que el otro chico miraba con timidez a Koushi.
—Nos vemos por ahí, renacuajo —se despidió sin parar de comer—, ¡Kenma dice «adiós»! —fue lo último que exclamó, seguido por otra ruidosa carcajada seguido de un golpe sordo y el quejido de Pantera.
—Ya conociste algunos de los integrantes de la Vanguardia —explicó Sugawara mientras caminaban fuera de la cafetería, el lugar estaba casi vacío, seguramente la hora de desayunar acababa de terminar—, Daichi también forma parte de ella, pero él también realiza otros papeles, es por eso que no sube a la superficie tanto como los demás.
—Nicotina dijo algo acerca de funcionar como un cuerpo, ¿verdad? —Recordó la conversación que tuvieron cuando él llegó a la base.
—Así es.
—Además de la Vanguardia y los Exploradores, hay otras ramas.
—Exacto.
—¿Cómo cuáles?
El de cabello como ceniza lo pensó por un momento, mirando al techo y todos los metros de tierra que se encontraban arriba de ellos.
—Sígueme.
Atravesaron un largo pasillo, Hinata lo reconoció, debía ser como la entrada principal; recordaba caminar por ahí cuando había llegado. Si seguían caminando hacia la derecha estaría el hangar de los vehículos y máquinas, y luego estaría la salida.
En lugar de eso se desviaron a la izquierda y siguieron el interminable pasillo.
—¿Siempre fue así de grande? Este lugar, quiero decir.
—No realmente —contestó Ceniza—, Ikkei Ukai fue el fundador de la resistencia, antes que tuviéramos un nombre y cuando todo esto no era más que una ilusión fantasiosa. Después de unos años, él y otros arquitectos con el mismo odio a hacia BL terminaron expandiendo la base, y se convirtió en un hogar para todos nosotros. Todos somos de orígenes diferentes —miró a Hinata con simpatía, asegurándole que, al igual que él, la mayoría había visto y vivido cosas horribles.
Quizás había otros killjoys que venían desde más lejos aún.
—Ya estamos aquí —se detuvo Suga.
En ningún lugar de la base había puertas, supuso que era más fácil movilizarse de esa manera; o tal vez eran comodidades que no se podían dar el lujo de tenerlas.
Entró y las alas de su nariz fueron asaltadas por un olor acre, lo sintió como un golpe en el rostro y sus ojos comenzaron a arder, amenazando con derramar lágrimas. Notó una serie de tubos de ensayos, o frascos de vidrio con sustancias humeantes y otras con burbujas encima de una mesa metálica que casi cubría la mitad del piso.
Frente a él estaba una figura de tamaño pequeño, tenía anteojos gigantes de plástico y guantes amarillos que lo hacían recordar a esos científicos locos de algunos libros que había leído.
—Hitoka —llamó Sugawara con un brazo cubriéndole el rostro, seguramente para evitar el hedor penetrante.
La aludida dio un respingo, el matraz que sostenía en su mano casi se le cae. Otros killjoys estaban a su espalda, cada uno se ocupaba de sus asuntos y brebajes de colores neón. La rubia de pequeño tamaño a la que Koushi había llamado dejó los químicos, se acercó a ellos y salieron.
Hinata y Sugawara irrumpieron en un ataque de tos. Su garganta picaba y ardía al mismo tiempo, todavía tenía el inmundo aroma atascado en el puente de su nariz y cerebro. ¿Qué diablos era eso?
—Hi-Hitoka —repitió Ceniza, su voz se escuchaba áspera todavía y sus ojos estaban inyectados de sangre—, este es Hinata Shouyou, nuestro nuevo miembro.
El pelirrojo extendió su mano para saludar cordialmente a su compañera y Hitoka hizo lo mismo con sus enormes guantes amarillos. Sus dedos estaban a punto de tocarse cuando la rubia aparto su mano como si Shouyou la había quemado.
—¡Oh, Dios! ¡Lo siento! —Exclamó completamente apenada—, ¡si llegaras a tocarme quemaría tu piel en segundos! No-no lo habría hecho a propósito, es el veneno con el que estoy trabajando. ¡Oh, que terrible! —Chilló— ¡Le habría destruido la mano a nuestro nuevo hermano! ¡¿Cómo me habría podido perdonar?!
—¿Eh? Hitoka, está bien —insistió Suga.
—¡Lo siento mucho, lo siento mucho, lo siento mucho! —exclamaba interminablemente.
—Ella es Hitoka Yachi —presentó Koushi, mientras la chica seguía disculpándose—, es nuestra especialista en venenos.
—¡Venenos! ¡Qué genial! —se maravilló Hinata, saltando de alegría.
—¿Eh? —Hitoka se quedó sin palabras, sus mejillas se espolvorearon de un rosa arenoso— ¿Lo crees?
—¡Sí!
—Bu-bueno —comenzó a intentar explicar—, eso nos facilita cuando nos enfrentamos con las patrullas de BL/ind, y… y además de eso, puedo fabricar fármacos o medicinas, así como antídotos también. Esto…analgésicos, antibióticos…cosas por ese estilo.
—¡Genial! ¡Genial! —celebró con estrellas en sus ojos. ¡Los killjoys realmente eran geniales!
Hitoka parecía estar en el séptimo cielo, se rascaba la cabeza y miraba en otra dirección; pero una sonrisa bobalicona se extendía por sus delicadas facciones.
—Muy bien, Hinata, aún hay otras cosas que debo mostrarte —informó Ceniza, empujando levemente al otro chico—, apuesto que Hitoka podrá hablarte un poco más de su trabajo cuando nos veamos en la cafetería.
—¡Oh! Sí, por supuesto —sonrió— ¡Nos vemos, Hinata!
Se despidió ondeando su mano en dirección de ellos dos. Shouyou se giró para hacerle una última pregunta.
—¿Cómo debo llamarte allá afuera? —ladeó su cabeza.
—Espina de Canela —respondió sonriente.
Mientras caminaban, pensó en lo inteligente que debía ser Hitoka, para saber de química y de medicinas. Él solo sabía que bayas podían comer y cuáles eran las venenosas. ¿Podría él aportar algo a la resistencia? ¿Un talento capaz facilitarle la victoria a los killjoys?
Una fuerte explosión lo sacó de su cabeza.
Él y Sugawara cayeron de espaldas.
—Ah… —se quejó el de cabello como nieve, sacudiéndose un poco de polvo de sus pantalones militares—. ¿Hinata, estás bien?
—Sí —contestó rápidamente— ¡¿Qué fue eso?! ¡¿Enemigos infiltrados?! —se puso en pie rápidamente, mirando frenéticamente para todos lados.
Ceniza se rio levemente.
—Oh, no —sonrió y tocó levemente su hombro, calmando al más bajo en el momento—. Si hubieran sido enemigos, se encendería una alarma y todos estarían aquí en un segundo.
—Oh.
—Es más… creo saber quién fue el responsable.
Él siguió al mayor y reconoció el lugar, ¡es donde el killjoy había explotado!
—Hinata —suspiró Koushi con pesadez, como un padre cansado de las travesuras de su hijo—, él es Noya.
Un rostro lleno de hollín sonrió al verlos, el killjoy tomó un retazo de tela y limpió su cara; tenía ojos avellanas, un mechón rubio y cabello puntiagudo.
—¡Hola! —saludó con energía, acercándose a sus visitantes y tomando la mano de Shouyou para sacudirla—. Me llamo Yuu Nishinoya, todos me llaman Noya, pero allá arriba —señaló el techo—, soy Chispa Neón.
—¡Tú haces explosiones!
—Sí —aceptó con orgullo, golpeó su pecho con la punta de su pulgar—, mi especialidad son los explosivos. Terminar todo con un ¡bang! Es lo mejor.
—¿Cómo lo haces?
—Solo necesitas un poco de gasolina, queroseno, y un poco de imaginación.
—Ahora solo estás siendo modesto —intervino Suga—, Noya es capaz de hacer hermosas luces en el cielo también. Además tienes cientos de sustancias aquí abajo, nos ayuda a crear nuevas armas para luchar. Ha encontrado la manera de desactivar androides con una pequeña explosión.
Nishinoya se rió.
—¡El secreto está en la onda de choque!
—Guau —se maravilló el pelirrojo, su atención fue arrebatada por un extraño polvo blanco en una cajita de Petri. Podría hacerse pasar hasta por azúcar— ¿Y qué es esto?
—Oh, yo que tú tendría un poco de cuidado con eso, podrías volarte una mano o hacerte una cicatriz muy fea en el costado…
El chico más bajo que él quitó el material de sus manos con cuidado y lo colocó lejos de él.
—¿Por eso conseguiste tu alias? —cuestionó curioso Hinata, cambiando el tema.
—Bueno, sí. Mi padre hacía buenas y antiguas bombas; aunque a mí me gusta subir un paso más, ¿sabes? ¡Cuidado con eso!
Corrió en dirección de Shouyou que había cogido un tubo de ensayo con un llamativo líquido violáceo, un poco alarmado se lo arrebató.
—Una gota de esto y todos aquí abajo salimos volando por los aires. Puede acabar con una tercera parte de ciudad Batería.
Shouyou sintió toda la sangre dejar su cuerpo.
—Sugawara, ¿estás aquí? —vino una voz pasiva.
—Akaashi —saludó el chico del lunar.
—Vengo a relevarte en tu trabajo de niñera —explicó monótonamente cruzándose de brazos y apoyándose en la pared.
El de cabello de ceniza se rio entre dientes, Hinata hizo un puchero. ¡Él no era un niño, demonios!
—Vamos, chico, tienes prácticas de tiro en este momento —informó Histeria.
¿Prácticas de tiro? Encogió sus hombros de emoción, ¿eso quería decir…?
—Iremos a disparar algunas latas arriba —aclaró, haciendo la información más simple para Shouyou, él no tuvo tiempo de sentirse ofendido porque ¡por fin sostendría una verdadera arma en las manos!—. Ahora, vamos.
Hinata siguió al killjoy de ojos almendrados, Akaashi no aparentaba tener intenciones de esperar por él pues su paso era firme y rápido; Shouyou definitivamente no estaba teniendo problemas con mantener el ritmo, porque eso sería patético… Aunque Histeria aumentaba la velocidad. Parecía que tenía prisa.
—Umm… esto… ¿Akaashi, tienes prisa?
—No realmente —aseguró—, solo quiero salir de la base antes que…
—¡Akaashi! —Interrumpió la escandalosa voz de Bokuto— ¡Ahí estás! Por poco te pierdo —alcanzó al par y lanzó un pesado brazo por los hombros del aludido—. Quería salir contigo y ver cómo le enseñas al pequeño cuervo a disparar.
Histeria suspiró con pesar.
—No importa —terminó.
—¿Eh? —Revólver alternaba su atención entre Hinata y Akaashi— ¿Me perdí de algo?
—No —contestó él, estoico, sacudiendo el brazo del otro y reanudando el apresurado paso—, solo sigamos adelante.
—¡Hinata! —Exclamó, como si no había visto al chico de corta estatura cuando había llegado, lo trajo a su cuerpo en una especie de abrazo incómodo y fraternal, sacudiendo sus cabellos— ¿Qué tal tú día en la magnífica vida de un killjoy?
—¡Es lo mejor!
Akaashi resopló exasperado y dejó al par un poco atrás.
Shouyou había estado tan emocionado hablando con Bokuto que olvidó el lugar en el que estaban. Rápidamente reconoció el lugar lleno de pantallas luminosas, cubrían toda la pared, apiladas uno sobre otro, formando un caos controlado.
El rubio de anteojos tecleaba, su expresión era serena pero sus dedos se movían con una destreza que parecía innata.
—Tsukishima —llamó Akaashi—, necesito que abras las compuertas, órdenes de Daichi.
—¡Tsukki! —saludó el killjoy de hombros amplios y cuadrados.
El rubio chasqueó la lengua con molestia, dedicándole unos segundos de su tiempo a mirarlos y luego reanudando su tarea.
—De acuerdo —aceptó y luego se volvió a Bokuto—, y apreciaría que no me llamaras así.
—¿Te llamo anteojos? —probó Revólver, esto solo irritó más al otro.
—Ignóralo Tsukishima, o terminará ocurriéndosele uno peor —recomendó el pelinegro.
—Solo dame la señal cuando estén listos, ¿de acuerdo? —se rindió, sus hombros cayeron y se arregló sus anteojos de montura negra.
Akaashi asintió suavemente y dio media vuelta sin aviso, confiando que el par de chicos lo seguiría. Bokuto y Hinata lo hicieron. Con rapidez llegaron al hangar de los vehículos, el piso parecía tapizado con escombros de metal, algunos oxidados y otros rotos.
El estoico de los killjoys tomó el asiento del conductor, Revólver a su lado y Hinata en el asiento de atrás. El ruidoso motor hizo que él se encogiera de hombros, las paredes eran estrechas y el sonido se atrapaba. Akaashi cambió la palanca de velocidades y el automóvil comenzó a avanzar.
Era el mismo del arácnido en el capó, la velocidad aumentaba con los segundos por el interminable pasillo a oscuras. Aunque había pequeñas luces en las paredes, a Hinata le pareció que así se debían ver las estrellas en las noches.
Histeria cambió la velocidad y la rapidez aumentó, las estrellas se convirtieron en una línea continua y bilateral. La oscuridad parecía eterna, Shouyou disfrutó el frío aire que chocaba en su rostro, el añejo aroma a tierra se sentía como aire puro en sus pulmones. Se sentía surreal, viajando en un agujero negro, los focos áureos del automóvil iluminaban meramente un par de metros frente a ellos.
Akaashi tomó un aparato viejo del tamaño de su mano con una bocina incorporada, era un intercomunicador.
—Ahora, Tsukishima —indicó.
Fue recibido por estática y luego una suave voz, que parecía aburrida: «De acuerdo».
En el horizonte, quizás a unos cien metros, lentamente se comenzó a abrir una compuerta, la oscuridad tenía fin en un cegador fulgor blanco. Lo primero que a Hinata se le vino a la mente fue el dicho de «la luz al final del tunel». Seguramente por la oscuridad y por el paisaje inalterable, no había notado la velocidad que el Nova había adquirido.
Le dio la impresión de ser una pared blanca con la que iban a colisionar, el motor rugía como un monstruo hambriento, apunto de atacar a su presa.
—Esta es la parte guay, Hinata —exclamó Bokuto con emoción, sacando su rostro por la ventana del automóvil. Su salvaje cabello parecía cobrar vida por la manera que revoloteaba por el viento.
Shouyou lo imitó, la ventisca chocó con su cara, pero él luchó por mantener los ojos abiertos. Sus mechones rojos que siempre caían en su faz eran empujados violentamente hacia atrás. Aunque se le dificultaba respirar por el peso del aire, no pretendía regresar adentro; en lugar de eso se sentó en el marco de la ventana, sacando su torso hasta sus piernas fuera del vehículo. Se aferró de la puerta con fuerza.
La pared de luz se acercaba velozmente, por un momento pensó en que era ella quien se movía, y el automóvil estaba fijo en el lugar. Escuchó el vitoreo de Bokuto distraídamente, la ventisca zumbaba en sus oídos. Sus ojos comenzaban a arder, la combinación entre penumbras y el resplandor torcían su estómago con emoción.
Colisionaron con la salida, subiendo por una plataforma con tanta rapidez que hizo sentir mariposas revoloteando dentro de él. Los rayos ardientes del sol imperdonable los bañaron con un calor sofocante; pero aun podían soportarlo, el automóvil iba a tanta velocidad que el aire aliviaba su piel. El paisaje se transformó en miles y miles de metros a la redonda de desierto, diferentes tonos azafranados reinaban el lugar.
Shouyou miró detrás de él, la compuerta en la arena se había cerrado detrás de ellos y, como por arte de magia, parecía que ellos habían surgido del mismo aire. Unos metros más adelante y él no estaba completamente seguro de dónde había estado la entrada.
Akaashi encontró la carretera y se incorporó.
Bokuto dejó salir otro alarido lleno de dicha, haciendo un puño y arrojándolo al aire. Se rió a carcajadas, un ruido vivaz pero contagioso; Shouyou no se había percatado que cuando lo había acompañado, uniéndose en un lago de risas. Le pareció que Akaashi estaba sonriendo ligeramente.
—De esto es de lo que hablo —exclamó Bokuto encima del sonido del viento, del motor y los neumáticos—. Esta… ¡Libertad! De esto se trata vivir. Sin paredes, sin ojos que te miran, sin… sin… esos malditos lavados de cerebro.
Histeria mantenía la vista en la carretera, pero por un segundo miró con el rabillo de su ojo a su acompañante al lado y enarcó una ceja. Hinata asumió que esa no era la primera vez que decía eso; y si tuviera que elegir, Bokuto tenía toda la razón.
En algunos lugares de las Zonas, en donde se podía obtener la señal de satélite de Ciudad Batería, él había podido vislumbrar como era la utopía que los gobernaba. Las calles de asfalto eran delimitadas por aceras seguras en donde plantas y árboles crecían cuidados, las hojas estaban perfectamente cortadas formando cubos o distintas formas. Había pinos, arbustos y otras de las que él no sabía su nombre. Tenían electricidad a su disposición absoluta; no había energía en el desierto y él se quedó boquiabierto cuando supo que en el Nido tenían un generador poderoso capaz de mantenerlos en pie; aunque claro, no podían abusar de ella. La mayoría de pasillos tenía solo un par de luces.
A veces se recordaba mirando las noticias de los Hechos, que solamente se trataban de cifras en las que Ciudad Batería había sobresalido y de cómo ellos mejoraban la calidad de vida mundial. El conductor de televisión había sonreído sin parar por más de cuarentaicinco minutos, que era lo que duraba el segmento antes de irse a comerciales; y Hinata estaba seguro que siguió sonriendo después.
La imagen había quedado grabada en su mente, esa no era felicidad, sus ojos parecieron muertos todo el tiempo. No tenían el brillo que Bokuto mostraba, o aun Akaashi. Eso no era estar vivo.
—No lo sé, hombre —continuó Revólver—, ser controlado por drogas, perderte de esa manera… eso es lo peor. Preferiría una bala en mi cabeza cualquier día.
—Lo sé —murmuró Histeria, Shouyou apenas lo escuchó detrás de todo el ruido.
Ambos killjoys se quedaron en silencio después, Hinata estaba muy ocupado mirando por la ventana, llenando sus pulmones hasta el límite. Atrás de ellos se elevaba una enorme nube de polvo, producto de su velocidad. El camino era interminable hacia adelante y hacia atrás.
Se le ocurrió preguntar ¿hacia dónde se dirigían? Pero cuando se acercó a los dos chicos pudo notar como la mano de Bokuto estaba sobre la de Akaashi encima de la palanca de velocidades. Se le ocurrió a Shouyou que el pelinegro se alejaría o empujaría al otro, pero no lo hizo; en lugar de eso Histeria mantenía su mirada en la carretera y su mano debajo.
El pelirrojo devolvió su mirada por el marco del escenario cambiante, la estática parecía estar presente en niveles bajo. Los rayos ultravioleta golpeaban su piel pero no parecía quemarlo.
Era un buen día.
Condujeron por un buen trecho y pasaron, al menos, cinco estaciones de gas; en algún punto salieron de la ruta Guano y siguieron por una pequeña corredera de tierra. La arena que se levantaba con el pasar de las llantas aumentó, el automóvil se movía de arriba hacia abajo por la vereda caprichosa.
El pelinegro comenzó a disminuir la velocidad hasta que llegaron a lo que parecían restos de una construcción pequeña de dos pisos. Rodeada de vetustos restos de arbustos y algunos cactus perseverantes pese al clima. El edificio (si se le podía llamar así), había sido desnudado de paredes y ventanas. A Hinata le dio la impresión de tratarse de un esqueleto más que de una casa.
Los pilares y paredes de concreto que aún se sostenían estaban llenos de coloridos grafitis. Aunque parecía que aquel lugar se encontraba completamente abandonado. Akaashi pareció satisfecho con el lugar y apagó el motor del automóvil.
Él y el par de killjoys se bajaron del Nova, el pelinegro sacó del compartimento para el equipaje dos Glock 18. Entraron a la edificación, el interior no estaba mejor. Había basura por todas partes, latas y bolsas de frituras, ropa roída y vieja. Probablemente había sido habitada por vagabundos sin propósito.
Akaashi recogió algunas latas de soda pop, una bebida efervescente común en la comunidad de los rebeldes. Su llamativo color rojo, naranja o morado hacía contraste con el aspecto plomizo del edificio; combinaba con las enormes letras coloridas del «arte suburbano». El pelinegro las colocó sobre un pequeño muro que rodeaba la estructura.
—Lo primero que tienes que hacer, es visualizar tu objetivo, la distancia y el tamaño.
Se paró al lado de Shouyou y le entregó una pistola. Akaashi giró un pequeño interruptor y sacó un tubo repleto de balas.
—Éste es el cartucho, con esta pistola puedes disparar treinta y tres balas. Debes quitarle el seguro cuando estés decidido a dispararle a algo. —Levantó el arma—. Éste es el gatillo.
Le dio otras instrucciones, cómo se cambiaba el cartucho o cómo pasarla de automático a manual. Mientras tanto, Bokuto estaba mirando con una sonrisa en su rostro, como si le divirtiera ver a Akaashi realizar las actividades más triviales.
—Debes sostenerla con tus dos manos —aconsejó el estoico rebelde—, el impulso del arma te mandará hacia atrás. Debes mantener el equilibrio o no podrás apuntar.
Hinata recordó a Histeria con dos pistolas la primera vez que los vio.
—De acuerdo.
Akaashi tomó los brazos de Shouyou, dándole seguridad y apuntando hacia el frente. Mantenía el agarre con su mano derecha con fuerza; la izquierda, estaba rota así que la utilizaba de apoyo y para detener la manera que la derecha tiritaba. Sentía temblar sus extremidades, no por miedo, sino por emoción. Por la expectativa de poder pelear por él mismo.
—Dispara —avisó el killjoy, su voz suave lo tranquilizó un poco.
Así que lo hizo, pero el proyectil impactó en la pared a través de ellos; fallando, por mucho, la lata colorida de sabor artificial.
—¡Ah! —Lloriqueó Hinata— ¡Diablos, pensé que lo lograría!
—Debes separar tus piernas —explicó Akaashi—, aumentar tu estabilidad ayuda a no ser empujado por el impulso de la bala.
El pelinegro retrocedió y adoptó la posición que le había indicado, sosteniendo la glock con una mano y apuntándola hacia el objetivo. Shouyou solo escuchó el ensordecedor sonido del disparo y la lata volando por los aires en fragmentos de un segundo.
Corrió hacia el blanco y lo recogió del piso, tenía un agujero en el centro del aluminio.
—¡Ge-genial, Aka-! —Se detuvo, el pelinegro lo miraba con urgencia y Hinata recordó que no estaban bajo tierra— ¡Histeria!
Akaashi asintió levemente.
—¿Eh? Eso es demasiado fácil para ti, Histeria —denunció Revólver—, deberías intentarlo en un nivel más avanzado —haciendo referencia a los videojuegos que antes eran populares.
—Solo estoy intentando darle una explicación sencilla a Inferno.
—¡Muy sencillo! —Interrumpió en la última sílaba— ¡Demasiado!
Akaashi resopló con exasperación como, según Hinata lo había visto, normalmente lo hacía cuando se trataba del ruidoso chico de cabello blanco y negro. Aun así, le siguió el juego, como normalmente lo hacía.
—¿Qué propones? —interrogó.
Bokuto lo tomó de la muñeca y lo alejó más de la formación lineal de las latas, cerca de la pared contraria del edificio. Histeria lo miró con tranquilidad, arqueando una ceja.
—Tú me has visto disparar de una distancia más larga.
El killjoy más musculoso se cruzó de brazos y ladeó la cabeza, mirando expectante. A Hinata le recordó a un búho, silente y vigilante. Akaashi adoptó la posición de antes, apuntando con una sola mano al blanco, abriéndose de piernas y ligeramente girando su cuerpo, de modo que su brazo quedara frente al objetivo.
Como un rayo, Revólver se acercó a Histeria a la vez que este disparó, y se escuchó el sonido de un beso. Le tomó a Shouyou un momento discernir que Bokuto había besado a Akaashi en la mejilla al mismo tiempo que había pegado el tiro.
El proyectil le había dado a la lata, pero esta vez no en el centro, se había movido un poco más a la izquierda. Shouyou se quedó boquiabierto mientras el de cabello bicolor se reía a carcajadas; como si había logrado alguna meta personal: que Akaashi no diera cien por ciento en el blanco. Cada quién tenía sus metas, pensó él.
—Eres realmente insoportable —condenó el pelinegro.
Las risas de Bokuto tomaron más fuerza, como si hubiera sido elogiado. Mientras, Histeria no parecía realmente molesto, tenía un brillo en sus ojos, ¿era alegría?
—¡Yo no podré hacer eso! —exclamó él, refiriéndose a la distancia a la que Akaashi había disparado a pesar de haber sido besado en la mejilla. ¡Ni siquiera lo había podido lograr completamente concentrado!
El pelinegro se rio ligeramente y le dio palmaditas en su cabello.
—No te preocupes por eso. —Señaló las latas restantes—. Adelante, sigue practicando.
Se acercaron al punto donde antes habían estado y dejó que Hinata disparara por él solo esta vez.
No supo cuánto tiempo pasó así, él disparando y Akaashi de vez en cuando dando consejos para mejorar su puntería. Aunque aprendió que, lo esencial era la práctica y experiencia. Solo le había podido dar a una en el blanco, y eso que se había tratado de una coincidencia. Seguramente debían haber pasado varias horas, a juzgar por la intensidad del sol, ¡pero disparar era tan genial que lo había distraído completamente!
Cuando giró su cabeza, al recordar que debía estar «atento» a sus alrededores, notó que Bokuto no estaba por ninguna parte.
—¿Histeria? —preguntó, parando sus disparos.
—¿Mm?
—¿Dónde está Revólver?
—Él es un simplón así que se aburrió y quiso recorrer el lugar.
—Oh. —Se dio cuenta, probablemente él habría hecho lo mismo.
Resumió su práctica, apuntando la pistola hacia las latas, llegó a la conclusión que era imposible dar en el blanco. Aunque Akaashi aún no se había rendido con él.
Escucharon pasos dirigirse en su dirección con velocidad.
—¡Histeria! —Era la voz de Bokuto— ¡Inferno! —Su tono era de urgencia, se acercaba con los segundos.
Notó que el pelinegro sutilmente sacó su pistola y colocó su dedo en el gatillo, tomando una posición de defensa en milisegundos. Revólver apareció, deteniéndose frente a ellos, jadeando para recuperar su aliento. Estaba solo, así que no había amenaza presente.
Akaashi se relajó.
—¿Pasa algo? —preguntó tranquilamente, ignorando la urgencia de Bokuto.
—Tienen que venir conmigo —dijo entre jadeos.
Con eso, el de cabello puntiagudo comenzó a correr en la dirección que había venido. El pelinegro, parecía calmado, sin embargo corrió para alcanzar al otro, así que Hinata hizo lo mismo. Notó como el par de killjoys se colocó su respectiva máscara, él los imitó.
Nobuyuki Kai, un miembro de los Exploradores le obsequió una máscara, era negra con un patrón dorado que iba circularmente en los ojos y formaba una punta en la nariz.
Como si fuera un pico.
Recorrieron algunas galerías de concreto, doblando tantas veces que parecía haberse adentrado en un laberinto. Bokuto había estado ocupado. Salieron por la puerta trasera del edificio, los rayos radioactivos comenzaban a arder en su piel, la arena calentaba las suelas de sus zapatos y no podía ver hacia el cielo o se quedaría ciego por unos minutos. Shouyou se conformó con seguir las sombras de sus compañeros que corrían frente a él.
Llegaron a un cobertizo, plagado de grafiti y polvo, el techo estaba formado por placas de aluminio oxidadas colocadas sin cuidado. Las ventanas que todavía conservaban vidrios estaban rotas. Revólver fue el primero en llegar, utilizó la fuerza y el peso su cuerpo para forzar la pesada puerta de madera apolillada.
Entraron cubriéndose la nariz, el polvo se había levantado hasta sus hombros; y aunque se encontraban bajo sombra, el sofocante calor no había amainado. Su visión tardó unos segundos en acostumbrarse a la penumbra y algunas luces abstractas bailaban detrás de sus ojos.
Cuando pudo enfocar, Bokuto estaba frente a una pila de chatarra, abriendo los brazos como un niño que había hecho un descubrimiento increíble.
—Eso es un… —boqueó el pelinegro, cubriendo su boca con sorpresa.
—¡¿Eh?! —Exclamó— ¡¿Nada mal, verdad?!
La primera vez que lo miró, solo parecía una pila de chatarra. Posó sus ojos otra vez en el gigante artefacto que ocupaba todo el espacio del amplio cobertizo cubierto de maleza. Notó largas hélices en la parte superior, una de ellas estaba rota. La cabina parecía un bulbo con una proyección en la parte trasera, la cola tenía otro juego de hélices más pequeñas.
De abajo, salían dos asas de metal en la que se sostenía el inmenso aparato.
Era un helicóptero.
Tenía algunas abolladuras y parecía que había visto mejores días. Se veía prácticamente inutilizable.
—Tenemos que llevárselo a Nicotina —señaló Histeria todavía deslumbrado.
—Apuesto que nuestro maquinista lo puede arreglar —declaró Revólver.
Kageyama observó cómo la policía forzaba a una familia completa a la furgoneta militar. Habían sido atrapados ayudando a personas que habían tenido sospechas de tener lazos con la resistencia y a pornodroides. Les dio una última mirada a las cuatro personas que lloraban, una madre, un padre y dos hijos.
Por lo que se podía apreciar, ninguno parecía estar bajo los efectos de las drogas de la felicidad.
Otro delito más.
Sin embargo, Tobio no lo agregó a la orden judicial. No parecía importante, de todas maneras, ninguno de ellos volverían a ver a los demás en toda su vida. Si bien, los prisioneros… (No, los criminales) de las afueras eran purificados con llamas; los ciudadanos de Ciudad Batería eran llevados al Tubo, en donde los reprogramaban.
Los droides eran un tabú en la ciudad. En los barrios más bajos, eran populares los pornodroides, seres sensibles que su única función era complacer los deseos sexuales de sus clientes. Era una actividad ilegal, tener sexo de esa manera (las relaciones sexuales eran reservadas únicamente para la procreación, el deber con el gobierno); aun así, los mismos miembros de la policía o exterminadores frecuentaban aquellos lugares.
Tooru lo sabía, se lo había dicho un día que Kageyama había llegado con la noticia de haber detenido a un exterminador en pleno acto indecente. El líder le dijo que lo liberara con una advertencia. Luego prosiguió a explicarle que los humanos eran simples de pensamientos, debían liberarse de maneras barbáricas y estúpidas. Ellos eran una raza nueva, más avanzada que debía guiar a las ovejas antes que ellas se mataran por sí solas. Tobio había asentido, sintiendo lástima por los ciudadanos.
Regresó a la realidad mientras veía la camioneta de las industrias Better Living alejándose. Había sido un día productivo, eran cerca de las 1700 horas, regresaría al edificio "A", marcaría su salida y regresaría a su apartamento. De todas formas sentía que el efecto del plus se estaba terminando.
Caminó de regreso a su motocicleta, pasando en medio de la calle, en el corazón de los distritos llenos de pordioseros. El sol no brillaba por ahí. La temperatura en toda Ciudad Batería era mediada por filtros que controlaban el clima; por eso las plantaciones podían crecer saludablemente.
Tobio había leído en libros prohibidos que algo así cubrió el planeta una vez, «Capa de Ozono», recordaba vagamente el nombre. Descartó el libro sin importancia, estuvo en una biblioteca antes que estas fueran consideradas como un acto de anarquía.
Cuando regresó nuevamente, la pequeña caseta había sido reemplazada por un edificio de servicios sociales. No le dio importancia, pero el nombre quedó grabado en su base de datos. Tal vez debería buscar ese libro y terminarlo, tal vez habría más información de la que no se tenía en cuenta, información que había sido enterrada.
En su mente volaba una pregunta que temía darle forma.
¿Por qué veían la necesidad de ocultar datos?
Incineró la idea antes que formara más raíces, ése tipo de pensamientos eran los que conducían a los ciudadanos al Tubo; y a los droides a ser reiniciados.
Debido a la falta de calor, la humedad impregnaba el aire, los androides más obsoletos no tenía la piel sintética y resistente con la que él había sido confeccionado, así que el vapor del ambiente los oxidaba drásticamente. Las pantallas gigantes y pequeñas apiladas por las paredes, repetían incansablemente anuncios de las medicinas de Better Living, otras eran publicidades de las grandes cadenas de comida. Otras solo proyectaban el sonido de estática y el logo del rostro sonriente de BL/ind, sus ojos parecían seguirte por todo el lugar.
—¿Qué es lo que se esconde en las afueras de la ciudad? Lo sabremos y no necesitaremos de la energía de la ciudad para mantenernos con vida —bramaba un pordiosero.
Cuando Tobio alcanzó la voz notó que solo se trataba del torso de un robot despedazado que todavía conservaba un poco de conocimiento. El trozo de chatarra tenía una mano para apoyarse del suelo y poder erguirse, parecía haber perdido su cabeza hace tiempo, circuitos inservibles salían del muñón en donde debería estar el otro brazo.
—«Él» vendrá y nos liberará a todos —seguía profesando; su cuerpo agonizante despedía riachuelos de aceite que eran devorados por las alcantarillas—. La profecía es real, mis hermanos, «Destroya» vendrá, y nos salvará a todos.
Kageyama caminó al lado de los pordioseros, droides que no habían tenido un propósito desde el momento que fueron creados. No sabía por qué, pero no le parecía correcto no hacer nada, ¿y no eran los exterminadores los encargados de hacer lo correcto?
Sin embargo, esas no eran sus órdenes.
Sacó cinco carbonos de su bolsa y se los dio a un robot que tenía un pequeño letrero de «Necesito plus». El ser de metal movió su cráneo con un chirrido estrepitoso, lo miró al rostro con dos luces amarillas y neones.
—Muchas gracias —se escuchó la voz artificial llena de estática.
Con el pasar de los años habían perfeccionado la manufacturación de los androides. Siendo él, uno de los modelos más avanzados y perfectos, su voz sonaba como la de un humano, sus pensamientos eran semejantes a los de uno también; tenía dudas, ideas y respuestas que le hacían rivalidad a los sentimientos de los humanos también.
No tenía aceite u otro agente que recorriera sus venas como sangre, él funcionaba completamente con baterías, electricidad que era proporcionada por plus. Era mejor que los humanos, más moderno y útil.
Estaba cerca del final de la manzana en donde los alrededores se aclaraban más y los barrios pobres terminaban. Alcanzó su motocicleta y la trajo a la vida, los transeúntes se quitaron del camino, su uniforme les avisaba que él era un exterminador, y lo respetaban como tal.
—«Él» vendrá a liberarnos —escuchó aun la voz del torso—. La ciudad no podrá controlarnos más.
Se colocó su casco y se integró a la calle principal, en donde los autos corrían con propósito, y las personas caminaban con prisa.
Debería reportar la presencia de esos pordioseros buenos para nada, chatarras inservibles como esas eran puestas a un mejor uso fundiéndolas y creando satélites que enviaban al espacio. Era un buen final que esos vagabundos no necesitaban, pero de esa manera la ciudad crecía. Droides como esos habían perdido la cordura, declamando insensateces como esas.
Un dios mecánico con el nombre de Destroya que había sido capaz de huir de Ciudad Batería y sobrevivir en el desierto. Era absurdo, afuera en el desierto no había energía, los androides simplemente no podían vivir. Al salir del campo electromagnético sus baterías estallarían y morirían.
Si se podía decir que los droides morían.
Rechinó sus dientes con molestia, y apretó el manubrio con fuerza. ¿Quién podría creerse esos cuentos imaginarios? Era cuestión de ser capaz de ver alrededor para saber que el futuro estaba en manos de Better Living. Era estúpido, era lastimero creer que podían escapar de la ciudad. Su futuro era convertirse en chatarra y ser arrojados al espacio.
Intentó ignorar el pensamiento que gritaba un mantra peligroso.
¿Y si tienen razón?
El intercomunicador en su casco dio un pitido, anunciaba una llamada entrante por su intercomunicador.
—Buenas tardes, jefe exterminador Tobio Kageyama —se sobresaltó al darse cuenta que se trataba del líder. Sus extremidades se tensaron y sintió una oleada fría recubrirlo; él siempre le había parecido intimidante.
Tal vez lo fabricaron demasiado humano.
—Sí. —Se controló para responder—. Aquí Kageyama.
—Antes que marques tu salida, necesito que pases por mi oficina. Debo hablarte de algunas nuevas formalidades. Eso es todo, ten un mejor día.
No esperó más y la comunicación fue cortada. Normalmente el mensaje lo traería sin cuidado, pero últimamente estaba teniendo muchos días extraños. ¿Qué podría desear Tooru Oikawa con él? Si se tratara de nuevas leyes o sanciones, podrían simplemente ser llegadas por su buzón; no necesitaría ver personalmente al líder.
Dobló con rapidez en la siguiente manzana, cambiando el rumbo.
¿Había sido visto regalando esos carbonos al vagabundo?
¿Sabían lo del libro prohibido?
No, no. No tenían manera de saberlo.
Se estacionó y bajó de la motocicleta cuando llegó al edificio. Era de estructura circular y completamente blanco; parecía una especie de panal de concreto. Las puertas corredizas de vidrio se abrieron cuando llegó a la entrada.
Por dentro era igual de amplio, el piso, las paredes, las ventanas eran del mismo color siempre; inmaculadamente níveo. Los pisos eran corredores que rodeaban el lobby, desde el primer nivel se podía ver hasta el penúltimo; ya que en el último piso era en el que se encontraba Oikawa. En medio del salón se erguía una figura de porcelana, tenía una silueta humana pero carecía de rostro y cabello.
Rápidamente fue interceptado por el capitán de la escolta del líder. Era alto, de piel morena y cabello negro; su expresión amarga era conocida por todos en las industrias BL. Nadie podía ver a Tooru sin antes pasar por su guardián personal.
—Iwaizumi —saludó Tobio, asintiendo con respeto.
—Kageyama —devolvió, tomándolo desprevenido, no sabía porque una de las personas más importantes sabía su nombre de memoria—. Ven conmigo, él te espera.
Lo siguió, mirando al piso, concentrándose en como las botas negras de Iwaizumi hacían eco. No podía deshacerse del nerviosismo que lo había llenado desde que lo llamaron. Se intentaba convencer que estaba comportándose como un tontuelo; este era su líder, la persona más noble de todo este mundo. En donde la corrupción y la inmundicia los acechaban desde afuera, él era el faro que los guiaba a todos.
Dos puertas corredizas blancas se deslizaron abriéndoles paso cuando Iwaizumi introdujo un código en un pequeño bloc en la pared. Kageyama no intentó mirar, no tenía necesidad de hacerlo; él era un droide y un exterminador. Conocía muy bien cuál era su lugar. No era la primera vez que terminaba ahí, pero siempre sentía su aliento dejarlo cuando Tooru lo convocaba.
La pieza era bastante grande, tres paredes inmensas, blancas y sin ninguna mancha, a la izquierda, derecha, atrás; y una frente a ellos, completamente de cristal, los rostros de los rascacielos de Ciudad Batería parecían pintados en un cuadro gigantesco. Había una pequeña sala de estar, a un lado de la entrada; con bebidas, sillones y una pantalla grande adherida a la pared.
Y en medio estaba él, Tooru Oikawa inclinado sobre su escritorio cristalino, mirando a Iwaizumi y Kageyama con cada paso que daban. Le recordó que el líder veía todo en todo momento.
—Gracias, Iwaizumi —despidió a su escolta personal—, un magnífico trabajo como siempre.
Él asintió y se retiró de la habitación.
Escuchó la puerta cerrarse. Tooru se giró, mirando hacia la enorme ventana, como si pensara que se había quedado solo. Kageyama pensó en cómo deberían verse todas las personas desde aquella altura; seguramente como hormigas. ¿Así los consideraba su líder?
No, no. Eso no podía tener sentido.
El silencio se prolongó entre los dos, el sentimiento de inquietud comenzó a crecer en su estómago.
—Líder —comenzó, intentando no murmurar, tartamudear ni balbucear.
—Llámame Oikawa —ofreció, pero logró que se escuchara como una orden, todavía mirando hacia afuera.
—Oikawa —se corrigió—, ¿hay alguna razón por la…?
—¿Has tenido algo en la mente? —interrumpió, tomándolo desprevenido.
—Umm… —balbuceó sin intención. Comenzó a recordar los extraños pensamientos que había tenido últimamente.
—He estado vigilándote, tu desempeño ha disminuido últimamente y parece que algo te tiene preocupado.
Se debatió en confesar.
—Me siento honrado que nuestro líder tome de su glorioso tiempo para preocuparse por mi bienestar —dijo, no era una mentira. Se había sorprendido que Tooru se tomara el tiempo para ver como él estaba.
—Eres mi exterminador favorito —explicó con una sonrisa que solo causó escalofríos en Kageyama—. Tienes los mejores récords en toda la división y eres uno de los más leales, es de esperar que me preocupe por ti.
—Me siento honrado —repitió. La inquietud lo envolvía dejándolo helado.
—Si algo te preocupa o no está funcionando normalmente, puedes decirlo y podemos arreglarlo. Ocuparnos de la maleza antes que termine contaminando el jardín.
Eso tenía sentido, era completamente comprensible. Kageyama no era más que un engrane dentro de una masiva máquina. Si había algo malo con él, debían repararlo de inmediato antes de que provocara un daño a todo el mecanismo.
Arrancar el problema de raíz.
—Estoy bien, Oikawa —mintió.
El líder de ojos avellana lo miró con recelo, claramente no confiaba en las palabras de Tobio. Sin embargo, las comisuras de sus labios se estiraron.
—De acuerdo —volvió a sonreír de la misma manera que ponía sus pelos de punta—. Si sientes que algo va mal dime y con una llamada juntos podemos deshacernos de pensamientos extraños.
—Estoy bien —reiteró.
—¿Seguro?
—Sí.
La sonrisa desapareció, pero sus ojos brillaban llenos de una oscuridad indescifrable.
—Eres mi exterminador favorito, pero no eres irremplazable. —Su voz había bajado varias octavas, no era el mismo líder que hablaba en los hologramas acerca de lo perfecta que era Ciudad Batería—. No puedes ocultarme nada; así que espero, por tu bien, que no lo hagas.
—Sí, Oik…
—Y recuerda, las baterías no sangran y los robots no lloran, Tobio —sentenció, resumiendo su atención a la enorme pared de vidrio, mirando la interminable Ciudad Batería. El sol se había marchado y ahora las luces de los edificios se miraban como las luciérnagas inmóviles pertenecientes a pinturas de óleo—. Ten un mejor día.
Fue lo suficiente para saber que lo había dejado irse. Así que con una última reverencia, se dirigió a la salida. Se despidió de Iwaizumi que estaba esperando afuera de la puerta.
Él, notó Kageyama, no estaba bajo los efectos de las drogas fabricadas por BL/ind; ni siquiera sabía si el primer oficial de Oikawa era un humano o un droide. Pero, de nuevo, en Ciudad Batería a nadie le importaba una mierda acerca de tu vida.
A menos, claro, si esa mierda de alguna manera iba en contra de las leyes y entonces debías ser castigado. Nadie bateaba una pestaña cuando compañeros de trabajo o familiares desaparecían, todos asumían que habían sido atrapados haciendo algo que no debían.
Si tenían suerte y regresaban a sus puestos cotidianos, no era la misma persona de antes. Sus memorias habían sido controladas y borradas, se comportaban como vasijas vacías, miradas perdidas y movimientos robóticos. El vacío era llenado después con las pastillas para la felicidad. Los droides, por el contrario, al ser producidos en masa, eran simplemente descartados y mandados al espacio.
—Cruel —se deslizó por sus labios sin darse cuenta.
Alarmado miró a todos lados, si Iwaizumi lo había escuchado estaba perdido. Dejó salir un resoplido al notar que ya estaba fuera del edificio, últimamente hacía eso mucho, espaciándose de la realidad y hundiéndose en sus pensamientos. Demasiado sospechoso.
Demasiado humano.
Le dio una última mirada al rascacielos, el logo del rostro feliz de las industrias BL lo miraba fijamente, como si supiera todos sus pensamientos; Kageyama se tuvo que convencer que eso no podía ser posible; en lo que a él le respectaba. Se subió a su motocicleta y la encendió, intentando olvidar el robot pordiosero, al líder y su amenaza, y la palabra que más le asustaba de todas:
Destroya.
Espero que les haya gustado.
Sus comentarios siempre me hacen sonreír, los reviews son bienvenidos aunque sea solo un pequeño "hola!"
Nos leemos luego
