¡Hola de nuevo! Lamento lamento mucho la demora, pero la universidad comenzó y no he tenido ni un respiro.
Les agradezco demasiado por la respuesta que ha tenido esta pequeña historia, es como mi hijo :') y ver como va creciendo es lo mejor que me puede pasar. Gracias por cada review, favorite y follower!
Como disculpa les traigo un capi largo! El más largo hasta ahora.
Espero que lo disfruten como yo disfrute escribirlo
»Nombres de killjoys:
Cuervo Nicotina: Daichi Sawamura.
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Ala Revólver: Koutarou Bokuto.
Histeria: Keiji Akaashi.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima. «
Capítulo beteado por Renzo S. Kuznetsov
Una nota aparte, en la penúltima escena, hay un personaje que toca algunas canciones, para obtener toda la experiencia al leer el fic, me gustaría que las escucharan. En la historia, son las tres primeras canciones de la lista de reproducción, pero son bienvenid s a escucharlas todas, pues me inspiro mucho al escucharlas y creo que cada una es especial para la historia.
8 (tracks) . (c) (o) (m) / nolee (-) r / una - tarde - en - el - nido
Solo quiten los paréntesis, espero que les guste
Summertime
Levanten sus alas y vuelen, cuervos.
Esta mañana tengo una adivinanza para ustedes:
¿Qué es blanco, negro y rojo por todos lados?
Un draculoide que intentó interponerse entre mis transmisiones y ustedes. Digamos que ese cerdo no volverá a ver la luz del sol otra vez.
Reportes han llegado, la seguridad y la cantidad de polizontes ha aumentado en las fronteras de Ciudad Batería y como sabemos, su líder está decidido en cazarnos. Demostremos a esos cerdos que los killjoys somos difíciles de matar, por eso nos llaman las «cucarachas del desierto». Así que, colóquense sus máscaras y apunten con sus armas.
No hay lugar para disculpa.
Es muerte o victoria.
Pero sonrían, mis cuervos, estos viejos huesos sienten una oportunidad en el camino. Es un nuevo día, así que llenen sus pulmones con aire, y sus tanques con gasolina, porque aún no hemos muerto y siempre tendremos un último amanecer.
Kkkkkkkkk…
Hinata dio unos golpecitos a sus zapatos, balanceándose de un pie a otro, tratando de disminuir la sensación abrazadora. Akaashi cerró el maletero del automóvil de un golpe, terminaba de guardar las dos glock que habían usado para su diaria práctica de tiro. Había mejorado, después de varios días, ahora ya podía apuntar y dar en el blanco; solamente debía estar en completo silencio, inmovible y respirar profundamente.
Sin mencionar también: tomarse su tiempo.
Oh, sí, exactamente como eran los enfrentamientos con los draculoides.
Aun así no se rendía.
Akaashi, aprendió Shouyou, era el mejor tirador de todos los killjoys. Mortal con una pistola, y rara vez fallaba. También supo que Bokuto y Akaashi tenían un fuerte lazo, no tuvo el valor de preguntar detalles, solo sabía que Histeria se encontraba en muy mal estado cuando se unió a los killjoys y Bokuto, de alguna manera, lo había ayudado. No indagó más, sentía que no era su lugar preguntar.
Ésta vez, Revólver no los había acompañado, tuvo que salir de último minuto con Kyoko y Kuroo en una misión, no sabía muy bien de qué se trataba, pero no necesitaban respaldo. Así que Akaashi se quedó entrenándolo. Se quedó mudo cuando conoció a la linda chica de pelo azabache, Shimizu o Dulce Voraz, pero jamás se atrevería a acercarse a ella, era intimidante.
Siempre cambiaban de ubicación las zonas de práctica, era peligroso quedarse en un solo lugar; los killjoys eran conocidos por estar siempre corriendo. Hinata conoció muchos lugares, todos eran diferentes y, al mismo tiempo, iguales. Llenos de arena, sol y polvo.
Histeria rara vez hablaba cuando salían a la carretera, y cuando lo hacía era solo para responder una pregunta que Shouyou había hecho. No le molestaba ser él quien hablara. Cuando Revólver los acompañaba, el parloteo de él y Hinata no paraba hasta que llegaban otra vez a la base.
Con el pequeño y obsoleto aparato de comunicación avisaron de su llegada y la compuerta fue abierta para ellos solo por unos segundos. Y así de rápido, la luz terminó. Histeria llegó al hangar de vehículos y apagó el automóvil. El pelirrojo salió de un salto y estiró todos sus músculos; todo su cuerpo se entumecía cuando viajaban por horas, aunque siempre lo disfrutaba. Había algo en el monótono paisaje oxidado y cielo de metano que lo hacía relajarse.
Todo el taller fue remodelado hace algunas semanas, cuando hicieron el descubrimiento de un helicóptero. El inmenso aparato todavía se miraba inservible, pero el maquinista había puesto manos a la obra desde el primer día.
—¡Amanecer Tóxico! —saludó Hinata a un par de piernas, el mecánico estaba arriba del helicóptero trabajando en las hélices y el sistema rotatorio.
El aludido dejó sus actividades para mirar al pequeño chico enérgico, él aseguraba tener la misma edad que sus iguales; aunque Hinata no le creía completamente. El mecánico tenía un aspecto salvaje, cabello largo que caía como ondas de chocolate en sus hombros, barba, y un cuerpo bastante fornido. Se veía más viejo que Daichi.
—Hinata, puedes llamarme por mi nombre —le urgió, con voz temblorosa, como si tuviera miedo que el pelirrojo se enojara.
—¡Lo sé, Asahi! ¡Pero tú alias es tan genial, quiero usarlo!
El maquinista se rió nerviosamente, pasando un musculoso antebrazo por su frente, secando el sudor, pero solo logró llenarse de aceite negro. El gigante torpe lo notó y levantó su raída camisa sin mangas hasta su rostro para limpiarse, quedándose semidesnudo en el camino.
—¿Cómo va el progreso de la restauración del helicóptero? —preguntó Akaashi, cruzándose de brazos.
Asahi se rascó la cabeza, mirando hacia el techo, seguramente realizando las matemáticas en su cabeza. Keiji esperó pacientemente.
—Es difícil decirlo. —El de cabello largo contestó—. El rotor está averiado sin reparación, tres hélices están rotas, la cámara de propulsión tiene un agujero del tamaño de un ratón —sonrió ante el uso de sus palabras—, el compresor necesitará un repuesto y…
—En otras palabras —interrumpió Akaashi—, ¿tomará más tiempo del que esperabas?
—Tomará más tiempo del que esperaba —concordó Asahi asintiendo.
El de cabello negro resopló derrotado, no todo iba sobre ruedas y de alguna manera las cosas siempre se complicaban para ellos. Hinata miró a Keiji y le sonrió, recordando las palabras de su madre y antes que pudiera detenerse dijo:
—«Los obstáculos en el camino es lo que lo hacen más entretenido» —rápidamente sintió calidez llegar a sus mejillas. Que cliché se había escuchado, y no era como si Akaashi pudiera leer su mente para saber su línea de pensamiento.
Su respuesta fue una mano en sus cabellos despeinados, revolviendo las hebras.
—Si tan solo pudieras contagiarme de tu positivismo —le dijo con una sonrisa, mirándolo—. No es como si fuera posible, créeme, Bokuto lleva intentándolo por años.
Sintió sus mejillas arder de vergüenza, pero no duró mucho tiempo; Histeria salió del hangar con una sonrisa agridulce. Sintió curiosidad por su historia. ¿Qué había tenido que vivir Keiji antes de encontrar su lugar en el Nido, y al lado de Bokuto?
Sabía un poco de algunos killjoys. Chispa Neón había venido desde la Zona Dos mil, perdió a toda su familia en una enorme explosión que acabó con una metrópolis de Ciudad Batería. El padre de Daichi había sido uno de los mejores amigos de Ikkei Ukai, el fundador de la rebelión. Hinata notó que ninguno, o casi ninguno, de los rebeldes estaban relacionados por sangre.
—¡Hinata, Akaashi! —escuchó la característica voz de Suga. Ambos pararon y se volvieron, viendo al segundo al mando. El pelinegro asintió, saludando al de cabello como ceniza—. ¿Alguna mejora en las prácticas de tiro?
—¡Sí! —celebró Hinata.
—Es muy pronto para decir —intervino Keiji—, su puntería ha mejorado, pero tal vez debería concentrarse en otro tipo de armas para comenzar. —El pelinegro hablaba como si él no estaba presente—. Si sale al desierto en este estado será presa fácil hasta para un draculoide.
—¡¿Eh?! —gritó Hinata, esperaba haber estado en buenas condiciones para ser parte de la Vanguardia en las próximas misiones.
Ceniza pareció entrar en pensamiento.
—Tal vez debería practicar un poco —concluyó Koushi, ladeando su cabeza y sonriendo amablemente—, en una situación real, me refiero. Estaba discutiéndolo con Daichi; tal vez, Hinata debería ser parte de la siguiente redada de los Exploradores. Estamos programando la siguiente salida, la comida se está acabando y necesitamos conseguir más. Además, yo podría echarle un vistazo a nuestro pequeño cuervo —opinó, guiñando un ojo en su dirección.
Hinata vio estrellas.
—¡Sí! ¡Sí! —era todo lo que su cerebro ofrecía por el momento, saltando hasta el techo. No podía contener su emoción, finalmente podría cumplir su sueño; y si tenía suerte, podía acabar con un draculoide allá afuera, o mejor aún, con un exterminador.
—Ven conmigo, hablaremos con Daichi los detalles.
Hinata caminó en automático, mirando en su cabeza imágenes de él luchando en medio del desierto; encontrando un cobertizo lleno de comida enlatada para todo un mes. En su fantasía, un grupo de cinco dracs lo encontraban, pero él podía fácilmente deshacerse de ellos, imitando el estilo de pelea del Pequeño Gigante.
—Akaashi —llamó Koushi, el aludido lo miró con la misma expresión estoica de siempre.
—Dime —contestó.
—La Vanguardia regresó, la misión fue un éxito —fue todo lo que dijo antes de reanudar su camino.
No sabía si él lo estaba imaginando, pero le dio la impresión que Akaashi se relajó instantáneamente al escuchar las noticias de Sugawara. Hinata debatió en la razón de eso, la Vanguardia era genial y todos eran los mejores en sus diferentes campos de pelea.
Era imposible que los derrotaran.
—¡Sugawara! —exclamó una voz que el pelirrojo no reconoció.
Se sorprendió al ver el chico rubio de anteojos de los computadores. Kei Tsukishima era su nombre y, Ácido Lunar, su alias; Hinata había aprendido que él era parte de la Inteligencia, el sector de la rebelión que se encargaba de vigilar los servidores de BL/ind, también controlaban toda la tecnología del Nido, los intercomunicadores y las ondas de radio.
Generalmente el chico pedante siempre se veía genial y despreocupado. No era que a Hinata le desagradara, pero parecía lleno de sí mismo, como si se considerara más que él. Además se rehusó a compartir el último pudin que quedaba el día anterior en la cafetería (Hinata solo había pedido una cucharada).
Le pareció extraño y a la vez alarmante ver al hacker rubio lleno de sudor y blanco como una página. Kei respiraba dando grandes bocanadas de aire producto seguramente del cansancio de correr por todo el Nido en busca de Ceniza. Sugawara pensó lo mismo pues sus facciones cayeron con preocupación instantánea.
—¿Tsukishima? —preguntó, un pequeño temblor se pudo escuchar en la primera sílaba, en segundos Akaashi se les había unido— ¿Pasa algo?
—Tenemos que hablar con Nicotina, es urgente.
—Muy bien, ya estamos todos aquí —estableció su líder con grave voz—, cuéntanos Tsukishima.
Daichi los había reunido con poco aviso, Bokuto, Kuroo y Kyoko todavía estaban llenos de polvo de pies a cabeza, debido a su última salida. Akaashi notó una pequeña cortada en la mejilla de Koutarou; no hubo tiempo de ponerse al corriente de cómo les fue en la misión.
No era la primera vez que Koutarou salía sin él, y para ser honesto, la misión no era nada especial. Pero pensar que «no debía preocuparse» era lo más lógico y realmente hacerlo eran dos cosas completamente diferentes.
Además, era bastante conocido que la salida en la que el famoso Pequeño Gigante murió pareció solamente una misión de rutina. Unos cuantos dracs causando problemas en los bordes de su territorio, pero fue sorpresa para todos, (incluyendo para la Inteligencia) que lo que los recibió fue un pequeño batallón de exterminadores especializados en pelea.
Desvió su mirada del salvaje chico con cabello blanco y negro cuando Koutarou miró en su dirección. Reanudó la atención en Tsukishima, ya tendría tiempo para conversaciones tontas.
—Kenma y yo estábamos haciendo una breve exploración de los sistemas informáticos de las industrias BL, como normalmente lo hacemos —comenzó el rubio, haciendo ademanes con emoción. Era extraño ver a Kei de tan… ¿buen humor? Parecía un niño en navidad. Antes que la navidad fuera prohibida en Ciudad Batería y olvidada en el desierto—. Nada fuera de lugar, la seguridad de esos cerdos es inaccesible. Intenté algunos de mis mejores códigos para poder atravesar su firewall, pero fue en vano. Cómo siempre.
Miró a Koutarou de soslayo, el pobre y musculoso killjoy tenía su vista al frente pero no estaba prestando atención. Los tecnicismos informáticos también lo dejaban perdido, pero Keiji prestaba atención al cuadro más grande.
—He intentado por años atravesar el firewall de BL/ind, pero sin éxito. El sitio está siendo monitoreado veinticuatro siete por androides. Actualizando su sistema cada minuto que pueden, en otras palabras, BL/ind es impenetrable…
Sus ojos brillaron detrás de sus anteojos.
—… hasta ahora. —Los rebeldes reunidos, anonadados, dejaron que continuara—. Un usuario, aparentemente, importante dejó su puerto abierto. Sé que a veces la Inteligencia puede vislumbrar porciones de información de BL, pero lo más importante se encuentra clasificado. Estas migas ahora se han convertido en un banquete de secretos a los que podemos acceder.
Akaashi no se había dado cuenta cuando su boca comenzó a abrirse en sorpresa, pudo notar como todos estaban en su mismo estado. ¿Esto quería decir que…?
—Todos los secretos de BL/ind están a nuestra disposición. —Continuó Tsukishima respondiendo la pregunta no dicha de Keiji—. Aunque, el puerto no duró abierto, segundos después el usuario salió del sistema cerrando su sesión. Gracias a eso pude meterme a la base de datos, instalé un pequeño virus sin ser notado; creando un usuario para mí, en lo que a ellos les respecta, soy un androide más. Puedo ver, editar y borrar la información clasificada, pero sólo por un período corto de tiempo; antes que detecten que mi algoritmo es diferente al de ellos.
—Eso es magnífico —Daichi fue el primero en hablar después de unos segundos, mientras la información se hundía en sus cerebros—, Tsukishima esto podría darnos la ventaja contra ellos.
El rubio asentía con emoción, abriendo sus ojos como dos lunas llenas; era una de las pocas veces que verdaderamente parecía de su edad.
—Eso no es todo —prosiguió—. El modus operandi en el que BL/ind controla Ciudad Batería es por medio de escritorio remoto. Según los mapas que hemos conseguido de la ciudad, existe un edificio que no tiene nombre. Realmente es un servidor capaz de controlar todos los micrófonos, cámaras y hasta puertas de toda Ciudad Batería. Si pudiera llegar a ese lugar, podría instalar un emulador de terminal, nos daría un completo control sobre toda la ciudad, incluyendo las metrópolis dispersas por todo el mundo.
—Eso es prácticamente, ganar la guerra —susurró Kuroo maravillado, llevándose una mano a sus cabellos tratando de digerir la maravillosa información.
—¿Puedes hacerlo ahora? —preguntó Bokuto con una sonrisa de oreja a oreja.
Tsukishima negó, moviendo su cabeza.
—Puedo introducirme a su base de datos más superficial y controlar aspectos a una distancia relativamente cercana. Un candil, una puerta; para acceder a la base de datos debo introducir un virus manualmente a la computadora central. En este edificio.
El rubio desenrolló un mapa de gran tamaño que cubría todo el escritorio. Era un plano de toda la ciudad. Las calles y avenidas, hasta el nombre de los edificios. Habían conseguido el valioso artículo de contrabando directo desde la ciudad.
—Creo que nos estamos adelantando. —Suga dio un paso al frente, parando el pensamiento de todos—. ¿Cómo sabemos que esto no se trata de una trampa?
—No creo que BL/ind sepa que tenemos este tipo de tecnología —debatió Daichi, la idea era demasiado atractiva para descartarla rápido.
—Tal vez ellos esperan que tomemos el anzuelo para atraparnos —intervino Kyoko, Ceniza podría tener razón.
—Lo dudo mucho. —Esta vez fue Tsukishima quién hablo, Keiji arqueó una ceja, si era Ácido defendiendo una idea entonces debía tener fundación y sentido. El rubio no era muy conocido por su positivismo—. En los pocos minutos que me adentre a la base de datos de BL pude ver el trazado de prototipos de armas, cámaras de seguridad y hasta implementaciones de leyes futuras; fue como estar en una dulcería. Descargué a mi ordenador los que pude, pero no fueron suficientes.
—¿Pudiste conocer el nombre del usuario que provocó el error? —Preguntó Kuroo, tenía los brazos cruzados—. Por lo que sabemos, podría reportar el error y descubrir algunos de tus rastros.
Kei lo miró con molestia, como si lo había ofendido.
—Primero, yo no dejo rastros, no hay manera que puedan localizar la fuente del virus —Kuroo codeó a Bokuto y ambos se rieron como chicos de secundaria, amaban meterse con el inteligente rubio, pero por alguna razón, amaban más recibir respuestas molestas de él. Koutarou le había dicho que era genial ver a Tsukishima con otra expresión que no fuera de completo aburrimiento.
—¿Qué hay del usuario? —recordó a Akaashi, urgiendo que no le prestaran atención al ruidoso par de killjoys.
—Un tal Tobio Kageyama.
—¿Crees que él sepa lo que ha ocasionado? —Sugawara cuestionó un poco preocupado. Cómo si valíera la pena preocuparse por un cerdo de BL.
El de anteojos movió su cabeza, meneando los cortos rizos como trigo.
—Y no creo que quiera saberlo, un error de esta magnitud… podría costarle su cabeza.
—Tienes razón, BL no acepta errores —acordó la chica de cabello largo y azabache.
—De acuerdo —Bokuto comentó esa vez—, ahora debemos usar esto para nuestro beneficio. ¿Se te ha venido algo a la mente, Nicotina?
Todos los reunidos miraron a su líder, él era el que mandaba todas las decisiones. Keiji confiaba plenamente en él. Cientos y cientos de veces él había probado ser la roca que el grupo necesitaba; mantenía los dos pies en la tierra en todo momento, y no se dejaba llevar por una victoria, ni que una derrota los definiera.
Daichi miraba a un punto en concreto, Akaashi notó que se trataba del edificio que Tsukishima había señalado antes. Podían ser visibles, los engranes ajustándose en su cerebro, ideando un oportuno pero peligroso plan.
—Tsukishima… —llamó el líder.
—Sí —contestó el aludido, como un soldado a su general.
—Si te conseguimos el acceso al edificio y puedes conseguir implantar el emulador de terminal, ¿podrías controlar toda Ciudad Batería desde el Nido?
—En teoría… —Kei se cayó de hombros, regresando a su semblante de siempre.
—Necesitaré una respuesta más segura —ordenó, Tsukishima se tensó visiblemente al igual que todos los presentes.
—Sí —aseguró determinación pincelaba sus ojos color ámbar—, puedo hacerlo. Definitivamente.
—Está decidido entonces —Daichi sonrió—, nos infiltraremos a Ciudad Batería y te conseguiremos la entrada a la base de datos.
—Eso es… —Sugawara estaba boquiabierto.
Algo se torció en el estómago de Akaashi, nunca antes habían realizado una misión de esa magnitud. Estaban hablando de correr en dirección recta hacia las fauces de un lobo que ansiaba con devorarlos. Ellos eran un pequeño grupo en comparación con todos los habitantes de la ciudad, no solo eso; también policías, androides, draculoides y exterminadores.
Maldita sea, hasta podrían encontrarse con Tooru Oikawa, en persona.
No dejó que sus pensamientos se reflejaran en su rostro ni en su boca, aceptaría todos los desafíos que vinieran con alegría. Aunque no era la misma «alegría» que Koutarou sentía; podía notarla nada más al ver la sonrisa depredadora de sus labios, los saltos que daba al lado de su co-delincuente Tetsurou. Ambos gritaban como dementes ante la noticia.
La oportunidad de acabar personalmente con la fuerza bruta de BL/ind era demasiado atractiva para ellos, para dejarla pasar. Debía ser bueno ser simple de mente.
—¡Oh, Bo! —exclamaba Tetsurou, usando el sobrenombre de cariño que había elegido para su media naranja— ¡BL temblará cuando nos vea atravesar esa compuerta!
—¡Amigo! ¡Se rendirán cuando nos vean entrar!
Aparte de los dos escandalosos idiotas, los demás reunidos sabían lo que significaba, y el peso que tenía las palabras de Daichi. Tsukishima lo disimulaba pero Keiji pudo notar un leve temblor de sus hombros, las comisuras de sus labios estaban tensas, el rubio no solía salir a la superficie ni siquiera en misiones de reconocimiento y ahora ¿iría de frente a la ciudad? Akaashi no necesitaba ser un genio para saber que el chico estaba muerto de miedo.
La misión era un suicidio.
Pero era lo que debían hacer ahora, Keiji se prometió que no dejaría solo al rubio. Silenciosamente juró encargarse de Tsukishima, tomaría el cuidado del chico en sus manos aunque fuera lo último que hiciera.
Hinata se encontraba en el cuarto de la Inteligencia; sentado sobre un escritorio mientras movía sus piernas sin ritmo, colgaban como las extremidades de una marioneta. Podía escuchar los suaves golpecitos que Kenma producía con su incesante tecleo.
El tímido chico de ojos felinos movía sus pupilas de un monitor a otro, la luz brillante se reflejaba en sus escleróticas. Para ahorrar energía, el cuarto estaba en penumbras, era iluminaba solamente por los monitores apilados por doquier.
Los primeros días le causaron a Hinata mareo, la iluminación quemaba sus retinas. No era de extrañar que Tsukishima usara anteojos. Se rio ante su propia broma, debía decirla algún día en la cafetería.
Kenma notó su arrebato repentino, abrió un bloc de notas en la pantalla y escribió:
«¿Pasa algo?»
—¿Eh? No, nada, solo estaba pensando —respondió el pelirrojo.
Habían encontrado esa manera para comunicarse, era simple pero efectiva. Aunque él quería aprender ese lenguaje de señas, por alguna razón, le parecía ser necesario. A veces practicaba con Kuroo y Kenma, ¡pero era extremadamente complicado!
—¿No te molesta que te dejen en la oscuridad? —se refería hace exactamente treinta minutos cuando fue expulsado de la habitación, debido a una reunión de emergencia. ¡Mientras que Tsukishima y los chicos más importantes de la Vanguardia discutían temas interesantes!
El sonido de las teclas regresó su atención a la pantalla.
«No realmente, sea lo que sea, si es para el bien de todos; lo compartirán.»
—Me siento inútil —aceptó Hinata haciendo pucheros.
«Hay una jerarquía, en mi opinión, es lo que nos ayuda a no volvernos contra nosotros y mantener un orden.»
—¿No es eso lo que hace BL/ind?
«Existe una diferencia entre dictadura y jerarquía.»
Shouyo intensificó su puchero, ¿Por qué siempre conseguía amigos más inteligentes que él?
—Oye, Sombra —llamó una voz desde el marco de la entrada, Kenma miró a quien había mencionado su alias—, necesito que abras la compuerta, ¡acabamos de recibir un enorme cargamento directo de Ciudad Batería!
Hinata notó que se trataba de Ryunosuke Tanaka, otro miembro de la Vanguardia. El killjoy tenía un rifle en su costado, y su máscara colgaba de su cuello.
—¡¿Puedo acompañarte?! —gritó Hinata antes que pudiera pensar en las palabras.
—¡Oh! Pequeño Inferno —Tanaka pareció por fin percatarse que él estaba allí—. Claro, no veo porque no. Solo iremos a traer un paquete.
Miró a Kenma, quien tenía una especie de mueca de decepción. En poco tiempo, se había acercado con el tímido killjoy. Hinata sintió su corazón pesar al pensar que dejaría a su amigo solo.
—Ah, quiero decir… puedo ir en otra ocasión —sonrió en dirección del rubio, rechazando a Tanaka.
«Ve.» Escribió con rapidez Kozume «Aún te falta conocer mucho más acerca de nosotros.»
—¿Estás seguro? —preguntó, mirando el rostro de su amigo, tal vez podía leer alguna muestra de tristeza de su amigo. Aunque él no era experto en leer a las personas; así que no sabía que estaba haciendo.
Kenma hizo una seña con su mano, como si él fuera un animal al que estaban ahuyentando. Shouyo sonrió, prometiéndole a su amigo que después regresaría.
La pequeña misión era bastante sencilla, alguien los estaría esperando en un punto específico, con un cargamento grande directo desde Ciudad Batería. Si todo salía bien, no deberían de encontrarse con draculoides.
Hinata descubrió que todos esos bienes habían sido sacados de la ciudad por un infiltrado; un ciudadano de Ciudad Batería que realmente era un killjoy. Debía vivir constantemente bajo el escrutinio de las industrias Better Living, haciéndose pasar por uno más. Tanaka razonaba que, algunas cosas eran imposibles de conseguir en el desierto, y así podían mantener un ojo adentro de la ciudad.
Llegaron al lugar en una furgoneta, otro edificio desmantelado y abandonado en medio de la nada. Apagaron el motor y por unos segundos, una nube de polvo se levantó. Se bajaron del automóvil y entraron al lugar, esta vez había recorrido más kilómetros que antes, pero Hinata no pudo notar señales de que otro grupo hubiera llegado también.
El edificio parecía completamente abandonado.
El interior era un poco más diferente, el piso estaba húmedo y, en algunas zonas, sus pisadas eran ensordecidas por charcos. Las columnas metálicas estaban llenas de óxido, producto del ambiente impregnado con humedad. Sin embargo, la temperatura era abrasadora, como si el agua repitiera el sofocante ciclo en el que se evaporara cada segundo sin poder escapar, convirtiéndose en gotas adheridas al techo que luego caerían al suelo y se evaporarían nuevamente.
Tanaka se acercó a la tapadera oxidada de una alcantarilla, cerca de la entrada, el charco de agua se profundizaba. Sus pasos eran más lentos, sus botas se mojaban hasta los talones. Terror golpeó con su puño cerrado cinco veces y paró, se llevó un dedo a los labios, indicándole que guardara silencio; rato después se escucharon dos golpes, luego silencio y después dos golpes nuevamente.
Terror llamó a Shouyou para ayudarle y quitar la pesada cubierta metálica, él usó toda su fuerza para mover el masivo artefacto, pero sintió que Tanaka realizó casi todo el trabajo. Con curiosidad, el pelirrojo miró hacia abajo del túnel en penumbras.
Un chico estaba ahí abajo.
—¡Fantasma! —gritó Ryuunosuke, saludándolo.
Fue recibido por un gesto de su mano. El miembro de la Vanguardia comenzó a bajar por la larga escalera hacia abajo, Hinata lo imitó. Cuando llegó al final de la escalerilla dio un salto para caer en el piso de la alcantarilla; se estremeció cuando el agua llegó hasta sus talones.
Ahora vio a Fantasma al rostro, era más joven de lo que Shouyou hubiera imaginado, tenía cabello castaño oscuro y ojos oliva. Pero lo que lo hacía lucir más joven eran las pecas de sus mejillas. Tanaka lo trajo a su cuerpo en un abrazo fraternal, sacudiendo su cabello, sonriéndole de oreja a oreja.
—Soy Gota Fantasma —se presentó con Hinata.
Atrás de él se encontraban varios sacos enormes llenos hasta el borde. Notó que más adelante, en la oscura cripta se encontraban tres motocicletas, en buen estado. Le preguntó a Terror sobre ellas.
—Si sigues por ese camino, llegarás a Ciudad Batería.
Después de meter la carga a la camioneta, emprendieron su camino de regreso al Nido. Fantasma los acompañaba, le había dicho que su nombre era Tadashi Yamaguchi y que se tomaría algunos días en el Nido, pero debía regresar a la ciudad antes que los policías o las personas con las que él trabajaba notaran su ausencia y lo reportaran a las autoridades.
Él se estremeció, Tadashi lo hacía escuchar tan simple, como si se tratara de jugar a las escondidas con niños; y no de engañar completamente a una dictadura con tendencias al genocidio y al lavado de cerebro. Shouyou le preguntó si no tenía miedo, de ser descubierto, de ir a parar al Tubo o peor, ahogado en llamas ardientes.
—Solo hago lo que creo correcto —explicó.
No podía entender, lo correcto para él era acabar con sus enemigos usando sus propias manos.
—Nunca he disfrutado usar armas, correr y gritar hacia un enemigo para derribarlo. Toda mi vida he pasado desapercibido, ha sido mi mejor cualidad desde que he sido un niño.
¿Qué había de la gloria? Qué sus enemigos supieran el nombre de quien había acabado con ellos.
Yamaguchi lo pensó por un rato.
—No planeo convertirme en un mártir. —Negó con su cabeza—. Cuando tenía dieciséis años, antes de unirme a la resistencia, mis padres vivían en una metrópolis cerca de la Zona Cincuenta. No consumían las drogas para la felicidad, pero jugaban su parte, fingían ser ciudadanos, reportaban a los que rompían las reglas; trabajaban y ayudaban a los androides y exterminadores en todo lo que podían. Mientras, me enseñaban como sobrevivir sin que me descubrieran. Duró por un tiempo, engañar al gobierno…
Miró hacia el piso del automóvil, bajando su rostro; sus ojos se ensombrecieron, recordando imágenes que seguramente había tratado de olvidar.
—… hasta que ya no. Un vecino los delató, los había visto mostrándose cariño, abrazándose y diciendo cosas como «te amo». Cosas de esa naturaleza no son bien vistas en Ciudad Batería; son consideradas innecesarias. Ya que ¿por qué necesitarías el calor de otro ser humano cuando las drogas de la felicidad te llenan? Descubrieron que más de la mitad de los habitantes del edificio en el que vivíamos cometían los mismos delitos. No tomar las medicinas y conservar su personalidad, así que fuimos castigados.
Hinata recordó las palabras de Sugawara y cómo muchos de los rebeldes habían venido de lugares lejanos a la Zona 1. Nunca había escuchado algo semejante a lo que Yamaguchi le decía.
—Éramos demasiados, y cuando una extremidad es infectada hasta su muerte, lo mejor es amputarla, simple como eso. Lo recuerdo demasiado bien, nos sacaron de nuestros hogares a las primeras horas de la madrugada, cuando las luces de las grandes compañías patrocinadoras se miran más nauseabundas de lo normal. Nos hicieron formar un círculo, y los policías abrieron fuego antes que pudiéramos pensar en otra cosa. No sé cómo, ni quién, pero yo fui empujado hacia adelante, en medio de la formación. Las luces cegadoras de las balas, eran demasiadas, se miraban como si fueran luciérnagas mortíferas. Cierro mis ojos y todavía puedo verlas detrás de mis párpados.
Tadashi tenía los ojos cerrados, sus cejas se fruncían y el puente de su nariz se arrugaba, como si todavía pudiera oler el repulsivo aroma a pólvora.
—Me desconecté. Seguramente por el shock o por el estrés. Pensé que había muerto, estaba seguro de eso. No sé cuánto tiempo estuve ahí, hasta que abrí los ojos y noté que seguía vivo. Solamente enterrado por los cadáveres de mis vecinos y padres, lentamente me abrí un camino para salir de ese macabro lugar. Una bala había impactado contra mi brazo, pero lo único que sentía era miedo y nauseas. Deambulé por algunas semanas en los barrios bajos de Ciudad Batería, entre androides descompuestos y pordioseros. Hasta que afortunadamente conocí a Makoto Shimada, él me habló de la resistencia, de los killjoys. Sin pensarlo dos veces, quise unirme; tenía todas las credenciales para seguir siendo un ciudadano; y así como mis padres, puedo jugar mi parte.
Miró a Hinata y sonrió.
—Logré sobrevivir, porque puedo pasar desapercibido; y de esa misma forma, ayudo a nuestra causa.
—¡Ge-genial! —gritó Hinata, sus ojos brillaron. Yamaguchi de verdad era genial.
El chico de pecas miró hacia otro lado, intentando esconder el color rosáceo que se formaba en su morena piel, avergonzado.
—Muy bien —musitó Daichi después de varios minutos, apoyándose en sus brazos sobre el mapa que se extendía en la enorme mesa. Akaashi arqueó una ceja—, esta es la formación.
Pasaron algunas horas sin llegar a algo concreto, arrojando ideas ingenuas al azar –Bokuto- y proponiendo misiones imposibles -Bokuto, otra vez-; Daichi terminó cansándose. Akaashi se llevó al gran killjoy de cabello bicolor fuera del lugar. Lo siguieron Tsukishima y Kyoko.
Kuroo, Daichi y Sugawara eran buenos estrategas, junto con Ennoshita. Ellos encontrarían la manera de lograrlo, de la manera más óptima.
Entonces, ahí estaban; Daichi miraba a cada uno de ellos con una sonrisa de satisfacción, sabía cuál sería su papel en esto y estaba seguro que cada uno de ellos cumpliría con lo prometido. Sabía que Sugawara no iría, él era parte de los Exploradores y además, si Akaashi estaba siendo completamente honesto, el de cabello ceniza era demasiado gentil.
Y allá afuera, en el desierto, solo las espinas sobrevivían.
Llamaron a Ryuunosuke Tanaka, otro de los mejores conductores de la resistencia y miembro de la Vanguardia. Interceptaron a Terror cuando terminaba de llegar nuevamente al Nido luego de encontrar a Fantasma y transportar el contrabando a la base. El pequeño Hinata iba con ellos, y visiblemente su corazón se partió al no ser invitado a "La genial y secreta reunió para derrotar a BL/ind". Histeria no tuvo idea cuando una sonrisa se enroscó en sus labios, Inferno le recordaba mucho al ruidoso de Revólver, pensó con un sentimiento cálido en su pecho.
El sentimiento de estar en casa.
Lo miró de soslayo, estaba cruzado de brazos y tenía el ceño fruncido. Koutarou podía irradiar temor cuando se lo proponía, o cuando realmente se enfurecía. Akaashi siempre preferiría verlo con su sonrisa de bufón.
Después de todo, fue de esa misma sonrisa de la que se enamoró.
Kuroo sonreía con socarronería, como si le divirtiera todo el asunto de ir conduciendo hasta su muerte a Ciudad Batería. Akaashi nunca lo entendería. Tsukishima, el pobre chico, quería parecer el inteligente y estoico rebelde, pero su nuez de Adán se movía cada vez que tragaba con nerviosismo.
—El convoy consistirá en tres motores —anunció el líder—, un automóvil y dos motocicletas. —Se dirigió a Pantera—. Kuroo tu conducirás el Nova y Tsukishima irá contigo. —El rubio se tensó al ser aludido—. Ustedes dos serán el centro de la formación. Tetusurou tú serás el líder interino.
—De acuerdo, jefe —aceptó Kuroo con su sonrisa torcida, haciendo un gesto con su mano como si fuera un soldado.
—De… de acuerdo —imitó el de anteojos con voz más silenciosa.
—Tanaka y Bokuto —llamó luego; el par de killjoys lo miraron expectante—, ustedes dos conducirán las motocicletas. Kyoko y Akaashi irán detrás de ustedes respectivamente; ellos cubrirán la formación y sus espaldas. Son los mejores tiradores que tenemos.
Las motocicletas eran cruisers, capaces de llevar un pasajero más en un pequeño asiento trasero. Uno de ellos conduciría mientras que el otro acabaría con los enemigos, era una formación que solamente usaban cuando estaban rodeados, ya que, el rebelde que iba disparando debía dar la espalda al conductor para encarar a los enemigos.
Ya era suficientemente difícil poder disparar cuando el blanco se movía, pero hacerlo mientras el tirador se encontraba en un objeto movible era bastante molesto.
—Entiendo —aceptó Akaashi, Kyoko asintió levemente.
—¿Escuchaste eso? —preguntó Koutarou, como si él no acabara de responderle a Daichi, Keiji solo se calmó al ver que el otro había regresado a su actitud despreocupada. Lo acercó a su cuerpo, pasando un brazo por la espalda baja de Akaashi, hasta que sintió una pesada mano descansar en su costado—. Seremos equipo, Akaashi, ¡juntos! ¡Será divertido!
No tuvo el corazón de decirle a Bokuto que él estaba a menos de dos metros de Daichi así que era evidente que había escuchado y que debería de comenzar a ponerse serio, el asunto era bastante delicado. En lugar de eso dijo:
—Sí, lo escuché, será interesante.
Kyoko miró a Tanaka y asintió, Terror se coloreó como un tomate al saber que haría equipo con la chica pelinegra.
—S-s-s-s-s-será… —comenzó, temblando hasta las piernas, Akaashi podía jurar que veía humo saliendo de sus orejas—… ¡Será un placer trabajar contigo! —gritó, sobresaltando a todos en la habitación incluyendo a la de anteojos.
—Kyoko —interrumpió Daichi, el líder parecía levemente irritado por lo simple de mente que eran algunos –muchos- integrantes de la Vanguardia—, tú y Tanaka irán cuidando el flanco derecho; la parte delantera del vehículo estará bajo su responsabilidad también. Bokuto y Akaashi, el flanco izquierdo y la parte trasera será toda suya.
—¡Genial! —Celebró Koutaru— ¡Mirar el alboroto cuando salimos siempre es lo mejor!
—Entrarán por aquí —señaló Nicotina en el mapa.
—Esa es la entrada principal —observó Akaashi, intentando enmascarar la preocupación que floreció—. Es imposible, sus francotiradores acabarán con nosotros antes que nos acerquemos a cinco metros.
En lugar de responder, Sawamura miró a Tsukishima; como señal, el rubio explicó.
—Puedo dirigir a control remoto todas las cámaras y pistolas cuando estemos a un rango, relativamente cerca. Cerca del setenta y cinco por ciento de la seguridad en Ciudad Batería es controlada por la red. Según la información escrita ahí, los androides francotiradores son muy pocos y están situados con coordenadas específicas.
—Es lo que esperarías de un montón de culos apretados, como esos nerds —se rió Kuroo, luego pareció recordar algo—. Oh, pero no como tú Tsukki, tú eres un nerd genial —ladeó su rostro y arqueó una ceja—, aunque no puedo realmente hablar si tu culo es apretado o no.
—Si puedo indicar el lugar determinado, Akaashi o Kyoko pueden acabar con ellos fácilmente—terminó el rubio de anteojos ignorando completamente al killjoy de cabellos salvajes. Tetsurou pareció herido, pero intentó ocultarlo, Koutarou le dio los cinco sutilmente.
—¿No sería más fácil utilizar la entrada secreta bajo tierra? —cuestionó Bokuto, refiriéndose a la entrada por la cual interceptaban el contrabando de Yamaguchi—, tenemos unas cuantas motocicletas ahí abajo.
Sugawara negó con su cabeza.
—La entrada es muy estrecha y ustedes estarían demasiado descubiertos, sin mencionar que sería demasiado sospechoso; y si descubren que tenemos ese pequeño acceso: adiós contrabando de bienes.
—Ahí lo tienes —continuó Daichi—. La compuerta gigante puede ser activada a control remoto también; y Tsukishima puede manipular todas las cámaras para que en ese instante estén enfocadas en otro lugar.
—Seremos invisibles —concluyó Akaashi.
—Ahora, una vez adentro es donde se vuelve complicado —hizo saber Sawamura—, seguramente habrán policías en cada manzana, ustedes deberán acabar con ellos antes que puedan reportar la presencia de traidores en la ciudad; Kyoko y Akaashi, deben estar atentos. Tsukishima los guiará a este edificio.
Señaló la estructura de la que antes había hablado el rubio de anteojos.
—Tsukishima logró conseguir el plano frontal de la estructura, la computadora central se encuentra en el sótano. —Explicó Ceniza—. Él los guiará dentro del complejo. Estamos seguros que para ese entonces ya habrán sido notados, y su presencia ya habrá sido difundida; deberán ocuparse de una pequeña caballería, pues no tienen manera de saber el grado de amenaza que representan.
—En lo que a ellos les respecta —ofreció Kuroo—, nosotros solo somos un puñado de adolescentes rebeldes sin idea de dónde nos encontramos.
Better Living no podía reconocer una máscara, pensó Akaashi, no podrían saber que se trataba de los buscados, Pantera Anfetamina y Ala Revólver.
—Deberán moverse con rapidez —prosiguió Daichi—, una vez que BL sepa nuestras intenciones y lo que acaban de hacer, probablemente la seguridad aumente y el pelotón se agrande. Tsukishima tiene un plano de la ciudad, se refugiaran en las calles y avenidas más estrechas. Los edificios los ayudarán a esconderse. El verdadero reto es aquí.
Sawamura señaló en el mapa un campo descubierto, sin edificios ni estructuras cerca. Ciudad Batería mantenía un enorme espacio entre la verdadera entrada a la ciudad, rodeada de edificios, y la enorme muralla que los resguardaba del desierto.
Dos kilómetros de un campo abierto, sin lugar en dónde esconderse por ninguna parte y aun estarían dentro del territorio de Better Living.
—Una vez completen la misión, tienen la orden de salir de ahí lo más rápido que puedan, ¿de acuerdo? Los quiero a todos en una pieza.
Kuroo y Bokuto sonrieron, con miradas determinadas, aceptando el desafío.
—¿Cuándo saldremos? —cuestionó Histeria, debía hacer varios preparativos, contar los víveres, municiones, el camino hacia Ciudad Batería no era corto.
—Mañana antes del amanecer.
—¡Que bien! —rugió Bokuto arrojando un puño al aire. No había terminado de explicar la misión y Koutaru comenzaba a sentirse cada vez más inquieto.
—¿No es muy repentino? —Kyoko señaló, Akaashi tenía que coincidir con ella.
—Cada minuto que pasa es crítico —esta vez fue Tsukishima quien explicó—, el virus que implanté no es perfecto, en cualquier momento podrían descubrirlo y nuestra ventana de oportunidad pasaría.
—Me encargaré de los preparativos para mañana —Nicotina miró un lugar en el techo, seguramente haciendo el inventario de lo que necesitarían—. Descansen, mañana nos espera un largo día.
Los killjoys, ahora despedidos, caminaron hacia la puerta.
—No te preocupes Tsukki —sonrió Kuroo, una comisura estirándose más que la otra, mirando al rubio de anteojos—, quédate atrás de mí y te protegeré.
—No gracias, no quiero ser parte cuando tú y el idiota de Revólver busquen ser asesinados.
Kuroo fingió un puchero exagerado y Koutarou no prestó atención a la ofensa; prefiriendo pasar un pesado brazo por los hombros de Akaashi. Él prefirió mantenerse fuera de la pequeña riña y tomó el pomo de la puerta.
Cuando abrió, un pequeño y muy asustado Shouyou Hinata cayó al piso.
Había estado escuchando todo…
El pelirrojo sonrió, nervioso y completamente aterrorizado.
Pudo ver una contracción nerviosa en la ceja de Daichi, y casi se rió entre dientes. Nicotina era un líder y padre a la vez, para ser un grupo de rebeldes con su vida en la línea y conviviendo con la muerte, la mayoría podían ser tan inmaduros como unos adolescentes.
—Hinata… —comenzó Sawamura, con amenaza en su tono.
—¡¿Puedo ir?! —preguntó el pequeño cuervo, olvidando todo su miedo— ¡Seré de gran ayuda! Quiero unirme a la Vanguardia y esta oportunidad es perfecta. ¡He hecho muchos avances y puedo defenderme ahora!
Sintió los enormes ojos avellana de Hinata puestos en él, después de todo, Keiji había sido su tutor de tiros. Él solo miraba a Nicotina, Inferno no podía ser su responsabilidad ahí afuera. Ya tenía las manos ocupadas con Tsukishima.
Aunque nadie lo había dicho, todos sabían que la naturaleza de la misión era bordeando a lo suicida.
—Hinata… —repitió.
—¡Prometo que no seré una molestia! Ayudaré en lo que pueda, haré guardia cuanto ustedes duerman, no me meteré en el camino, ¡y mataré muchos dracs!
—Hinata… —dijo otra vez, Tanaka, Kuroo y Bokuto solo miraban con ojos abiertos, no era común que Daichi se repitiera tantas veces, solo para ser interrumpido otra vez.
—Apuesto que puedo usar cuchillas, soy pequeño y nadie me verá venir. ¡Vamos! Es una de las razones por las que me uní a la resistencia, ¡para ser parte de misiones como esta! ¿Entrar a Ciudad Batería? ¿De encubierto? ¿Salir con un ¡bang!? ¡Quiero ser parte! ¡Por favor, déjame ser parte de ella!
Un golpe sordo aturdió a todos los reunidos, miró hacia atrás donde estaba Daichi, el líder había golpeado la mesa de madera con ambas palmas, interrumpiendo a Hinata con el impacto. Al parecer, funcionó, el pequeño cuervo estaba muerto de miedo, mirando a Nicotina.
—Hinata —comenzó por tercera vez—, eres apenas un novicio. No, no puedes defenderte allá afuera, y yo no seré responsable que tengas una muerte prematura. No has salido ni siquiera una vez en una redada, y esto es completamente diferente. No puedo tener a uno de ellos cuidando de ti; el riesgo es demasiado grande.
—Pero… pero… —Hinata trató, sus ojos comenzaron a tornarse vidriosos—… la venganza… contra mi familia…
Daichi suspiró con pesar.
—Todos tenemos a alguien a quién vengar, no eres el único, pero no debemos ser idiotas al respecto. Si algo sale mal en esta misión, podría resultar desde muertes innecesarias hasta que el enemigo sepa la ubicación del Nido. ¿Te das cuenta de lo que significaría eso? Todo por lo que hemos trabajado será perdido, ¡así de arriesgada es la situación! Y no dejaré que eso pase solo por los caprichos de un recién llegado.
Nicotina le dio un apretón a su hombro y Shouyou miró hacia abajo; Akaashi sintió pena por él. Desde que había llegado, Inferno no había parado de hablar de cómo él sería parte de la Vanguardia y saldría a luchar. Mencionando ideas fantasiosas de escabullirse a Ciudad Batería y asesinar a Tooru Oikawa en su cama mientras dormía.
Y ahora que por fin esas ideas comenzaban a parecer realidad, le era negada la oportunidad. Era una cruel ironía. Pero si él estuviera en el lugar de Nicotina, era seguro que también tomaría la misma decisión.
—¡Prometo no ser una carga! ¡Solo dame esta oportunidad! —exigía, comenzando a respirar con dificultad, aunque su voz no se quebraba.
—No —sentenció, su barítona voz no dejaba lugar a dudas—. Es una orden, no tienes permitido acompañarlos.
Shouyou no miró a nadie más, comenzó a correr, alejándose rápidamente de ellos. Sugawara gritó su nombre e intentó ir tras él, pero fue demasiado tarde, luego giró hacia Daichi, mirándolo con desapruebo.
—Pudiste ser un poco más gentil con él.
Ya era hora de la cena, los killjoys se comenzaban a reunir en la cafetería con estómagos despiertos. Esta vez había más chicos desesperados por comer. Habían recorrido el rumor como pólvora, el grupo de Exploradores de Yaku se había encontrado con una jauría de zorros del desierto; consiguiendo por primera vez en mucho tiempo, carne fresca.
Akaashi estaría mintiendo si dijera que su boca no se le hizo agua, el pensamiento de hincar sus dientes en algo que no fuera pastoso con sabor a conservadores químicos y a latas era atrayente. Pero sabía que otros chicos más jóvenes merecían el regalo.
Buscó a Hinata después del altercado con Daichi; por alguna razón sentía que él lo había traicionado, al no apoyarlo con su petición. Solamente quería arreglar las cosas antes de partir el día siguiente.
Entró a la enorme cafetería y encontrar a un buen grupo moviendo mesas y sillas; arreglando de una manera improvisada una pequeña tarima de madera roída adherida en la pared del fondo.
Entonces, sería una de esas noches.
Tenían carne fresca, hicieron un enorme descubrimiento y Yamaguchi estaba en la base, supuso que debían celebrar. Divisó a Kuroo ayudando con la plataforma, tenía su guitarra atada a una correa alrededor de su torso. Era una manera de relajar a todos, Pantera se dedicaba a tocar y a cantar pequeñas melodías, canciones perdidas en el pasado.
Eran de las pocas distracciones que tenían, y eran bienvenidas de vez en cuando. El pelinegro tenía el rostro y la ropa llena de polvo, al igual que todos los que instalaban la tarima, era pequeña y apenas se podía ver desde el otro lado de la cafetería. La mayoría se sentaba alrededor de Kuroo, escuchando la música y bailando.
—Hey —saludó, Pantera lo recibió con su sonrisa torcida. Aunque se veía malintencionado, Akaashi había aprendido que sólo se trataba del físico de Kuroo, en el fondo era un blandengue como Bokuto.
—Hey para ti —contestó Tetsurou—, ¿vienen ustedes dos a mi concierto? Al final de la función regalaré camisas complementarias. Tendrán mi rostro estampado, serán el último grito de la moda.
Keiji sonrió. Como si él y Koutarou alguna vez faltaran al concierto de su amigo.
—Nunca nos lo perderíamos —aseguró.
—Bien, porque he reservado un asiento especial para Bo —señaló un espacio a meros metros de la tarima.
—A veces pienso que si no tengo cuidado, lo robarás de mis brazos —bromeó Akaashi, la amistad entre esos dos idiotas era una de las más genuinas que él había visto.
—¿De qué hablas?, nos amamos, la otra semana escaparemos para estar juntos. Como Romeo y Julieta, Annakin y Padmé, Katniss y Peeta… ¡Amantes prohibidos!
Esa vez no pudo evitar la risa que salió.
—Sabes demasiada cultura popular, y dos de esos tres resultaron en muertes. Buena suerte con eso.
—Sólo bromeo contigo —rió Kuroo—, dejaré que te quedes con Bokuto.
—Gracias por eso, eres un buen amigo —Akaashi se cruzó de brazos—, ¿has visto a Hinata?
—No, no después del desastre con Daichi.
—Si lo ves, dile que quiero hablar con él.
—De acuerdo —se despidió de él, uniéndose a los demás nuevamente.
Las preparaciones estuvieron listas para cuando la mayoría de killjoys estuvieron reunidos en el lugar y muy pronto el zumbido inteligible de voces avivó las cuatro paredes. Sugawara, Yaku, Kai y otros miembros de los Exploradores comenzaron a repartir el premio que habían cazado en la tarde, ahora. Se le hizo agua la boca, hace años que no probaba carne. Probablemente todos pensaban lo mismo, pues rodeaban a los Exploradores como coyotes hambrientos.
Akaashi se sentó en el lugar que Kuroo había «reservado» para ellos. Muy pronto los espacios comenzaron a ser llenados, las sillas habían sido apiladas a un lado y todos se sentaban en el suelo con la comida en sus regazos. Los ánimos de todos estaban altos, era evidente, la comida y la compañía siempre eran motivos para celebrar.
Los que ocupaban los lugares más cerca siempre eran los más jóvenes, notaba, los líderes de escuadrones preferían ver todo el espectáculo desde lejos.
Miró hacia atrás y encontró a Hinata, estaba sentado al lado de Kenma, Yamaguchi y Tsukishima. Akaashi se puso de pie, para dirigirse en su dirección cuando una mano lo tomó de la muñeca. Se giró solo para encontrarse con los ojos color trigo de Bokuto.
—¡Aquí estás! Te he buscado por toda la base —sonreía hasta las orejas y tenía restos de comida en sus mejillas.
Keiji miró que en su otra mano estaba un plato lleno de comida.
—Eres un glotón —señaló, ahí iba todo su plan de dejar los alimentos para los chicos más jóvenes.
—¿Eh? —Bokuto fue tomado por sorpresa, por un momento se vio herido, y por un momento Akaashi se arrepintió—. Pero traje esto para compartirlo contigo. ¡Apuesto que no ibas a comer! ¡Pensaste en dejarlo para los demás!
Había sido atrapado, no tenía idea de cuándo Koutarou había aprendido a leerlo así, o tal vez se había tratado de una coincidencia. Revólver le ofreció el alimento, y Keiji no tuvo el valor de rechazar la muestra de afecto, así que lo tomó. Buscó nuevamente a Shouyou, quién seguía hablando ávidamente con los otros chicos, decidió no meterse en el asunto. Podría hablar con él cuando regresara.
—¿Kuroo reservó los lugares? —preguntó, mirando los espacios libres detrás de Keiji.
Y por un momento Akaashi pensó que esto se trataba de un concierto, arriba de la tierra, en el que podían sentarse en el suave césped y cuando terminara, podrían regresar a sus vidas normales. Sin draculoides, ni exterminadores, ni killjoys, ni Better Living.
—Si —respondió—, es muy considerado de su parte.
Nishinoya terminaba de preparar mezclas de químicos de colores neones, era costumbre colocar linternas detrás de los frascos; de esa manera, las paredes se pintaban de sombras psicodélicas, dando un aire más surreal a la habitación. Era todo un espectáculo.
Le dio una mordida a la sutilmente carbonizada carne, masticando suavemente, recordando el sabor en su lengua y la resistencia que ponían contra sus dientes. Con la esquina de sus ojos, notó a Bokuto mirándolo. Tragó y lamió sus labios.
—¿Tengo algo en el rostro?
Fueron interrumpidos, por una nota de música. Miraron a Kuroo, practicaba acordes aleatorios para afinar la guitarra. Como señal, todos los rebeldes comenzaron a guardar silencio, la mayoría había terminado su plato de comida, satisfechos, comenzaron a escuchar las armonías que Pantera tocaba.
"When the lights go out,
Will you take me with you?"
Estaba sentado sobre un taburete, cruzado de piernas y la guitarra descansando en su regazo. El killjoy de cabello salvaje miraba sus dedos mientras tocaba, familiarizándose con el instrumento musical. La voz de Pantera hacía maravillas calmándolos, tal vez, en un mundo diferente, el pelinegro pudo haber tenido un futuro en la música. Hizo una mueca de amargura, ojalá Kenma pudiera escuchar a su amigo, aunque estaba seguro que Sombra ya estaba orgulloso de él.
"And if you stay, I will even wait all night
Or until my heart explodes"
Terminó su porción y se limpió los dedos en sus pantalones. Daba la impresión que Kuroo podía mover las luces multicolores con su voz. La melodía era suave, Pantera cantaba con ojos cerrados. Las notas barítonas entonaban el ambiente. No era la primera vez que él escuchaba la canción, era una de sus favoritas. Dudaba que alguien supiera como se llamaba, o quién había sido su autor; pero siempre una línea de la melodía se quedaba con él.
"You can run away with me, anytime you want."
Yamamoto se unió a él, tomando un cubo viejo de madera y comenzando a usarlo como percusión. Acompañando el ritmo de la canción, era improvisado, pero solo lo hacía parecer más real. Kuroo sonrió cuando notó a su amigo acompañándolo, tocando con más energías.
La canción terminó y todos los cuervos comenzaron a aplaudirle, Pantera, súbitamente consciente de sí mismo, sonrió con timidez. Comenzó a acallar a su público iniciando una nueva canción, ésta era más alegre. Nobuyuki Kai fue el segundo en unirse a él, de la misma manera que Yamamoto, ayudó con la percusión, avivando más la melodía.
Akaashi fue tomado por sorpresa cuando una mano se cerró en su muñeca, otra en su espalda y fue alzado sobre sus pies con facilidad. Bokuto lo había puesto en pie. No necesitaba ser un genio para saber exactamente que estaba pensando Revólver.
—No —fue su respuesta.
Bokuto no se dio por vencido, acercando a Keiji de golpe a su duro torso. Koutarou tomó su mano, mientras que la otra se encontraba en su costado; comenzó a moverlo, balanceándolo de lado a lado con el ritmo de la canción. Su sonrisa no disminuía, así que Histeria no se dio cuenta de cuando dejó de oponerse a él y, de hecho, unirse al baile.
Cuando Revólver alzó sus manos entrelazadas sobre su cabeza y giró a Akaashi trescientos sesenta grados, no pudo evitar reírse a carcajadas; Bokuto era un idiota sin remedio. Un diferente tipo de adrenalina corrió por sus venas y lo hizo sentir liviano, apretó el hombro de Koutarou, mirando los enérgicos pies de él para intentar seguirlos.
Levantó nuevamente su mirada y se sorprendió al ver a la mayoría de rebeldes a su alrededor, unidos en el improvisado baile. Rara vez coincidían con el ritmo, pero todos tenían una sonrisa despreocupada. Alcanzó a ver hasta a Sugawara, que sacaba a Daichi a bailar; su líder se movía con dificultad, parecía que tenía dos pies izquierdos.
Al otro lado de la cafetería, un enérgico Nishinoya llevaba de la mano al gigante de Asahi, obligándolo a moverse. Era evidente que el pequeño lideraba el paso entre los dos.
Pocos eran los que se habían quedado sentados. Kuroo se había puesto en pie, moviéndose levemente al ritmo, sonriendo al ver que su música había llegado a todos los rebeldes.
Akaashi se dedicó a ver a Koutarou al rostro, quien le devolvía el gesto, mirándose como si no había nadie más en la habitación. Revólver se rió, tramando algo por sí mismo, y Keiji descubrió de qué se trataba cuando sintió ser empujado hacia abajo, él mantenía una mano en su espalda, inclinándolo hacia atrás. El pelinegro se aferró a su brazo, pero no hizo movimiento para impedirlo o alejarlo de él, sabía que Bokuto no lo soltaría.
Aun así, el movimiento repentino lo hizo sentir ligero de cabeza.
Cuando regresó, acercó a Revólver y lo besó en sus labios. El otro pareció sorprendido al inicio, pero rápidamente se incorporó y respondió con anhelo, llevando una áspera mano a su rostro para sostenerlo en el lugar, fue solo un toque de labios; pero Akaashi no pedía más. Bokuto suspiró, lo que le provocó al pelinegro una sonrisa.
Koutarou tenía los labios agrietados, pero se sentían perfectos. Se separaron cuando escucharon que la canción terminó. Revólver miraba sus labios y Keiji no pudo evitar morderlos ante la atención, esto hizo que el otro los lamiera sin cuidado.
Kuroo comenzó una nueva melodía, esta vez más lenta. Bokuto lo abrazó hacia él, enterrando su rostro en el cuello de Keiji, comenzando a moverse, balanceándose de lado a lado. Akaashi podía sentir al otro sonriendo en su piel y aunque él no lo podía ver, el pelinegro la devolvió.
Podía sentir la respiración de Bokuto, la manera en que su torso se movía en un ritmo cautivante. El pelinegro sonrió levemente al ver a todos los reunidos de la misma manera. Akaashi se dejó imaginar, un baile, en una fiesta de alguna festividad; él y Koutarou estarían vestidos de traje, el suelo podía ser de porcelana, tal vez habría una ventana en la que podía ver la luna, seguramente algunas estrellas.
Comenzó a acariciar la amplia espalda del otro, la melodiosa voz de Kuroo haciendo todo más real. El de cabello puntiagudo se separó de él, mirándolo a los ojos, Akaashi podía leerlo como la palma de su mano, antes que dijera algo, Keiji ya lo tenía de su muñeca guiándolo fuera de la gran estancia.
Pasaron al lado de los cuerpos de los rebeldes, algunos que se movían perezosamente al ritmo de la canción, otros sentados en el suelo disfrutando de la tranquilidad.
Cuando llegaron a los dormitorios, se giró para mirar al otro y fue atacado por los hambrientos labios de Bokuto y sus curiosas manos que subían por sus lados, metiéndose dentro de su camisa. El toque le hizo respirar con dificultad, provocando pequeños resoplidos.
Esto solo motivó más al de cabello bicolor, bajó su rostro y comenzó a besar su cuello. Lo trajo a su cuerpo, juntando ambas figuras íntimamente, Akaashi podía sentir como se flexionaban sus músculos bajo sus manos. Arqueó su espalda cuando Bokuto introdujo el lóbulo de su oreja entre sus labios y lo mordisqueó levemente.
En segundos, Keiji sintió la superficie de la cama a sus espaldas, y a Koutarou encima de él. Sus ojos ámbar brillaban en la noche, Akaashi bajó su mano y acarició la piel desnuda de Bokuto, él se estremeció.
Los dos se perdieron entre movimientos de vaivén y caricias secretas. Akaashi prefirió no estar en ningún otro lugar, que en los brazos del hombre al que amaba. Bokuto lo sostenía con fuerza, prometiendo felicidad y seguridad. Un futuro del que ambos serían parte.
Todo estaría bien.
Mañana sería un nuevo día y todo estaría bien.
'Interminable' Pensaba Tobio de los pasillos del laboratorio 7. Miles y miles de expedientes de investigaciones, experimentos, y los sujetos de prueba con ellos. Información apilada desde que Ciudad Batería fue fundada, estaban sumamente ordenados, cómo se esperaría de Better Living, alfabética y cronológicamente, así como el tipo de experimento que fue llevado acabo: orgánico, inorgánico, armas biológicas, inteligencia artificial.
Verdaderamente interminable.
Él había sido fabricado aquí, pero no sentía ningún tipo de apego al lúgubre y cromado lugar. El término «hogar», era misterioso en sí mismo. Apretó levemente el pasamano en el que sus manos descansaban mientras veía el piso de abajo. En donde estaba la cámara de experimentos, que se asemejaba más a un quirófano. La habitación era circular, y carecía de un techo, Kageyama se encontraba al lado de Oikawa en el piso de arriba, en dónde podían apreciar a los científicos trabajando en los sujetos de prueba. Cómo un enfermizo coliseo disfrazado de hospital.
Tooru lo había convocado nuevamente, últimamente el líder hacía mucho eso; Tobio no tenía nada que ocultar, en lo que a ellos les respectaba, pero no podía evitar sentirse inquieto. Tener el ojo vigilante de Oikawa sobre él, todo el tiempo, era intimidante.
El androide miraba hacia abajo, formas humanas acostadas en camillas; estaban inconscientes y cada uno tenía un atril a un lado, recibiendo sangre por intravenosa, mientras que al otro lado, una máquina contaba su frecuencia cardíaca. Todos estaban estables.
—Tobio —llamó Oikawa, él desvió su mirada para apreciar el perfil de su líder—, infórmame: ¿Cómo han sido las cifras de tu escuadrón este día?
No tenía razón por la cual llamarlo, debatió Kageyama. Al final de cada día, él y sus subordinados llenaban un informe que luego pasaba a un exterminador de mayor rango y luego a alguien más arriba. Oikawa no tenía por qué hacerle esa pregunta; no era necesario. No pudo aceptar ese argumento como razón de ser convocado en primer lugar.
A menos que…
¿El líder había estado vigilándolo?
—Seiscientas horas: un grupo de doscientos androides fueron fundidos para manufacturar otro satélite, está provisto su lanzamiento para la semana próxima. Mil doscientas horas: trece ciudadanos fueron acusados por la posesión de un libro prohibido; se sometieron a ser reprogramados en el Tubo. Mil quinientas horas…
Así siguió, automáticamente. Oikawa no parecía siquiera escucharlo, mantenía su mirada hacia el piso de abajo, en donde se podía escuchar el chirrido de maquinarias y sierras. Los científicos modificando a los sujetos de prueba. Tobio podía ver pequeñas chispas saltar en la esquina de sus ojos.
El androide con cabello negro omitió una pequeña parte en su reporte, después de las mil setecientas horas él se separó de su escuadrón. Ordenó a sus subordinados patrullar la zona que estaba apuntada en su horario, y él no los acompañó. Kageyama condujo hasta el edificio de Información, en donde se ubicaban toda la base de datos de Ciudad Batería. No había podido quitarse de la cabeza ese libro que leyó, de cómo era el mundo antes de las Guerras de Helio.
Toda esa información había sido erradicada, los edificios con los archivos, nombres y fechas fueron destruidos y con ellos, el pasado del planeta. Tobio no lo podía creer y pensaba que si quedaba algo, debía estar en el edificio de Información.
Era inocente curiosidad, pero sabía que si el líder lo descubría, él no compartiría la misma opinión que Kageyama. Cuando llegó al edificio, entró con facilidad, él tenía un rango bastante alto, nadie lo cuestionaba cuando lo miraban. Solicitó el lugar para él solo, así que cuando estuvo en el sótano, pudo ingresar a una de las computadoras madre con su información.
Para su sorpresa, cuando buscó acerca de la historia antes de Ciudad Batería, fue bloqueado. Un enorme cuadro de dialogo rojo con las palabras: «Información Clasificada».
No, no… algo debía andar mal. Él era un exterminador, y uno muy bueno, no podía simplemente ser detenido así. El líder confiaba en él, sus récords eran impecables y superiores a los de sus iguales. ¿Qué le estaban ocultando?
Lo intentó nuevamente, asegurándose de haber puesto su usuario y contraseña dos veces más.
«Información Clasificada».
¿Oikawa no confiaba en él? ¿Qué había ahí afuera que él no podía saber?
Lo sobresaltó el ruido de su comunicador, era el líder convocándolo. Olvidó la información, la computadora y su sesión, salió con rapidez sin mirar atrás.
Kageyama volvió a mirar al perfil de Tooru, el intimidante hombre de rizos caoba mantenía sus ojos en un sujeto de prueba en especial. Tobio notó que se trataba de un hombre, con aspecto fornido y cejas fuertes. Estaba cubierto por una fina sábana blanca, un científico inyectó un extraño líquido en el delgado conducto de su intravenosa.
—Muy bien, Tobio —elogió cuando él terminó de describir su día de trabajo—. Has hecho un magnífico trabajo; no puedo esperar menos de mi exterminador favorito.
Kageyama escuchó lo último como una amenaza.
—Muchas gracias —respondió aun así.
El de ojos avellana ladeó su rostro y sonrió levemente, vestía su usual traje inmaculado. Blanco de pies a cabeza, como la pureza que representaba. Sus manos se entrelazaban a su espalda, el líder no solía tocar nada a su alrededor.
—¿Sabes por qué has venido hasta aquí?
Sintió un gélido viento envolverlo en garras, ¿había sido posible que él lo supiera? Bien era dicho que el líder podía verlo todo, no había nada que podía esconderse dentro de los muros de Ciudad Batería. Kageyama solo tenía curiosidad por el pasado, eso no era un delito.
—N-no, Oikawa —tartamudeó levemente, su garganta se secó, pedía a cualquiera que lo escuchara que Tooru no se hubiera dado cuenta.
—Mira —dijo, evitando abordar el tema de la inquietud del androide—, ellos son el futuro de Better Living.
El pelinegro miró a los sujetos de estudio, eran inspeccionados como objetos. Tobio ni siquiera sabría si estaban vivos si no fuera por el electrocardiograma. Tooru se mantenía erguido, su postura era perfecta, mantenía su rostro altanero, aun cuando sus ojos se enfocaban hacia abajo.
—Conoce a los S.C.A.R.E.C.R.O.W. —alardeó Oikawa, sus ojos brillaban pero no con felicidad. Dejó a Tobio sintiéndose helado—, lindo nombre, ¿verdad? Fue idea de Iwaizumi, estos soldados aplastarán a esos cuervos con facilidad. Serán más rápidos y fuertes que un humano, con la inteligencia de un androide, nadie será capaz de detenerlos.
Notó como uno de los científicos desmembraban el brazo de uno de ellos.
—¿Q-q-qué…? —No tenía palabras… ¿Qué diablos estaba pensando el líder?
—Serán artificialmente mejorados y responderán solamente a mis órdenes.
Kageyama estaba horrorizado, estaban convirtiendo a estos humanos en otra cosa totalmente diferente. Oikawa sonreía, mofándose con ojos demoníacos.
—Más les vale a esos rebeldes seguir corriendo.
Comentarios y reviews siempre son bienvenidos, me encanta saber sus opiniones y pensamientos. :)
Hasta un pequeño saludo estaría bien uwu
Intentaré tener el siguiente capítulo dentro de poco.
Nos leemos luego
