¡Feliz fin de semana!

¡Los recibo con un capi recién salido del horno!

¿Y apenas han pasado dos semanas? ¡Yay!

¡Espero que este capi les guste!

Capítulo beteado por Renzo S. Kuznetsov

»Nombres de killjoys:

Cuervo Nicotina: Daichi Sawamura.

Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.

Ala Revólver: Koutarou Bokuto.

Histeria: Keiji Akaashi.

Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.

Sombra Brillante: Kenma Kozume.

Chispa Neón: Yuu Nishinoya.

Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.

Espina de Canela: Hitoka Yachi.

Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.

Ácido Lunar: Kei Tsukishima.

Amanecer Tóxico: Asahi Azumane

Gota Fantasma: Tadashi Yamaguchi

Dulce Voraz: Shimizu Kyoko. «


SING

Una luz de esperanza se ve en el horizonte, bebés de los motores. Este día será el que cambiará la balanza, y podemos estar seguros que nuestros confiables killjoys cumplirán con lo prometido. Lo único que queda es pedir que la bruja Fénix aun no venga por nuestros cuerpos sin vida.

Puedo verlo, cuervos, el día en que la ciudad distópica caerá y nosotros estaremos sobre su cadáver tocando rock n' roll.

Buen viaje killjoys, y suerte, la podrán necesitar.

Kkkkkkkkk…

—Par de tórtolos —llamó una voz, Akaashi hizo una mueca aun con los ojos cerrados, reconociendo a Kuroo.

Se apoyó en sus codos, irguiéndose en la cama, podía divisar una tenue luz afuera de la habitación. Le tomó unos segundos desenredar sus extremidades de las piernas y brazos de Bokuto, el otro killjoy roncaba con libertad.

La litera era demasiado pequeña hasta para una persona, pero Koutarou había encontrado la manera de escabullirse a la suya todas las noches. Estiró todo su cuerpo, un dolor como ronroneo recorría sus músculos, pero no era molesto. Le servía como recuerdo de la manera que Revólver y él, compartieron su pasión la noche anterior.

Se deslizó fuera del estrecho colchón, dejando a Bokuto por sí solo. Si su pesada pareja no encararía el día, era su problema. Caminó a las duchas, pero con la esquina de su ojo pudo ver como Kuroo ocupaba su lugar, acurrucándose al lado de su amigo.

—Hola, galán —mofó el de sonrisa torcida a un Bokuto aun medio dormido—, ¿vienes por aquí a menudo?

—… ¿Akaashi? —murmuró el de cabello bicolor inconscientemente.

—Prueba de nuevo, casanova —se rió.

Imaginó el rostro alarmado de su pareja al escuchar el grito ahogado que salió de sus labios, segundos después un golpe sordo de su cuerpo cayendo al piso; seguido por las estridentes carcajadas de Pantera. Keiji resopló y dejó a los idiotas.

Afuera, en los pasillos del Nido, todo se movía igual; algunos rebeldes tomaban turnos de guardia, otros simplemente no dormían. Era difícil saber la hora del día o de la noche. Los pesados pasos que escuchaba detrás de él le indicaban que Bokuto no estaba lejos.

En el hangar de vehículos, Daichi los estaba esperando con una buena parte del inventario de armas. Sugawara estaba presente, al igual que Kyoko. Hicieron una lista de los víveres que llevarían, eran pocos, pues la misión no sería de larga duración, además, entre menos peso llevaran con ellos, sería mejor.

Akaashi tomó su par de glocks, introduciéndolas en las fundas que llevaba en su cinturón, una a cada lado. Bokuto tomó una escopeta y pasó la correa por su cuerpo, atándola a su pecho; debido a la manera que iría conduciendo, con Keiji a su espalda, pero aun así, el killjoy de cabello bicolor llevaba su bate de confianza en la parte inferior de la motocicleta.

Kyoko siempre prefería su pistola, una Lee Enfield, era clásica y lenta pero con su puntería, la convertía en mortífera. Tsukishima no tenía idea qué escoger, Kuroo le apuntó a un revólver, era pequeño y podría manejarlo con facilidad.

El último en llegar fue Ryuunosuke, Daichi lo recibió con una mirada desaprobatoria, Sugawara con una sonrisa dulce. Tomó su lugar al lado de los demás y juntos explicaron por última vez la misión, paso por paso. El líder, le entregó a cada uno un comunicador de corto alcance y a Tsukishima el único de largo alcance, con el que podría comunicarse al Nido si hubiera algún tipo de emergencia.

Fueron despedidos con un apretón de manos y una palmada en la espalda, los rebeldes tomaron sus posiciones y partieron en su camino. Kenma sería el que les abriría la compuerta ahora. Apenas pasaron unos minutos y Tsukishima ya había instalado su computadora portátil, ingresando códigos y comunicándoles algunos cambios que se habían dado en la formación de la seguridad de ese día.

Akaashi se sostenía de la espalda de Bokuto mientras salían del Nido, no porque lo necesitara, no le molestaba rodear a Koutarou con sus brazos, y sentía como él se relajaba con el contacto.

Cuando salieron de la base bajo tierra, todo el convoy posicionó sus máscaras en su lugar. Los motores rugían y el polvo se levantaba tras ellos, mantenían una rápida velocidad, pero no temeraria. Kyoko y Tanaka se adelantaron unos cuantos cientos de metros, Akaashi y Bokuto se quedaron atrás.

A juzgar por la rapidez, debían de llegar a la ciudad el día siguiente, al crepúsculo. Tomando en cuenta que en la noche debían descansar; habían programado que para ese entonces estarían cerca de un viejo comedor abandonado próximo a la carretera Guano, en la Zona 2.

De vez en cuando pasaban frente a edificios manchados de grafiti, ocupados por un puñado de adolescentes; sin ningún propósito más que el de drogarse con la radiación del sol. Otras veces, por comunidades donde familias vivían de lo que encontraban, personas demasiado cansadas como para ser parte de la resistencia, o demasiado viejas.

La carretera nunca tenía fin, y Akaashi dejaba su mente divagar; repasaba el plan una y otra vez, a veces jugaba subiendo unos dedos por los costados de Bokuto; se ganaba una risa o un escalofrío del otro. Revólver era cosquilloso y él debía aprovecharse de eso.

Divisaron una camioneta con el logo de BL/ind, una cara sonriente negra; patrullando una pequeña comunidad cerca de la Zona 5. Pero tenían órdenes de no interceptarla; necesitarían todas las municiones que podían llevar y además, el tiempo apremiaba.

Habían recorrido algunos cientos de kilómetros, el sol comenzaba a elevarse en el horizonte, y a medida pasaban las horas, mayor era su calor. Akaashi tenía su mejilla apoyada a la espalda de Bokuto, mirando los cactus y arbustos pasar ocasionalmente; ni siquiera escuchaba los motores de las motocicletas o del automóvil, estaba seguro que solo oía las respiraciones del otro.

Era relajante.

Hasta que escuchó el comunicador producir estática.

Chicos —era Tsukishima, sonaba inseguro—, Pantera y yo escuchamos un sonido extraño en el automóvil.

—¿Crees que sean problemas del motor? —Ofreció Bokuto, subiendo el volumen de su voz para escucharse arriba del sonido estridente de la motocicleta y el viento—. Amanecer tuvo que darle mantenimiento antes de salir.

¿No será solo su imaginación? —Opinó la chica de cabello negro—. Debo recordarles que nuestro tiempo es limitado.

Akaashi podría estar de acuerdo con ella.

Eso fue lo que le dije a Tsukki —esta vez fue Kuroo—, pero él ahora está más quisquilloso que de- ¡ow! ¡¿Por qué fue eso, Tsukki?!

Bokuto se rio entre dientes.

De acuerdo, chicos —seguía siendo Kuroo, sonaba más dócil esta vez—, pararemos por unos segundos.

Keiji arqueó una ceja pero no hizo comentarios. El convoy comenzó a disminuir la velocidad, moviéndose al borde de la carretera. Era un pésimo lugar para detenerse, el horizonte era interminable, y la carretera Guano era la única en kilómetros. No había edificios, gasolineras, ni ruinas para poder esconderse en caso de cualquier emergencia.

Los tres motores se apagaron y saltaron de las motocicletas. Kyoko y Tanaka tomaron los lugares más alejados del convoy, vigilando los alrededores por movimientos extraños.

—¡No estoy siendo paranoico! —exclamaba Tsukishima, tenía las mejillas pintadas de un rosa arenoso. No tenía idea si era por las incesantes burlas de Kuroo, o por la intensidad de los rayos solares, dado que no era común que el pálido cuervo saliera a la superficie.

—Vamos, Tsukki —se reía a carcajadas—, ¿qué piensas que es? ¿Una bomba que Better Living nos implantó? ¿Un micrófono?

—¡Eres un cabeza hueca! —Exclamó el rubio—. ¿No tienes cerebro bajo ese pésimo peinado?

Kuroo dio una bocanada de aire con sorpresa y se llevó una mano para cubrir su boca, herido por el comentario del de anteojos. Keiji puso los ojos en blanco al escuchar su parloteo, y no quiso imaginar cómo sería el largo camino a Ciudad Batería dentro del Nova.

—Acabemos con esto de una vez, caballeros —interrumpió Akaashi un poco irritado.

Bokuto apuntó al maletero con su escopeta por instinto, colocándola sobre hombro; la mayoría de las veces, todo lo que encontraban en el desierto, intentaba matarlos. Kuroo abrió la compuerta rápidamente, como si se tratara de un vendaje.

Tuvo que parpadear algunas veces, para saber que: no, sus ojos no lo engañaban.

Shouyo Hinata estaba metido en el maletero.

¿Eh?


—¡Puedo explicarlo! —vociferó el pelirrojo.

—Llamaré a Nicotina —decidió Kuroo.

—¡Espera! ¡Espera! —urgió, intentando detener a Pantera, quién ya tenía el intercomunicador en sus manos.

Había sido suficientemente difícil escabullirse a media noche, cuando todos regresaron a sus respectivas habitaciones después de la cena. Fue más difícil todavía convencer a Kenma que se adelantara a la habitación, él solo se ducharía antes de irse a la cama.

Luego de hacerlo se dirigió al hangar de vehículos, sonriendo para sí mismo cuando notó que estaba completamente desértico. Luego escabullirse dentro del Nova y esperar. Embarcándose en la misión, sin ningún tipo de armas, comida ni cambio de ropa.

¿Ya mencionó esperar? Descubrió lo condenadamente fría que era la noche solo en el automóvil.

¿Todo eso para ser regresado nuevamente al Nido? Definitivamente no.

El plan había sido el de esperar toda la noche, no hacer ruido hasta llegar a Ciudad Batería, no tenía idea qué tan largo era el camino hasta la metrópolis, pero no debía ser más de una hora, ¿verdad?; entrar a la ciudad y salir como una sorpresa para sus compañeros killjoys y patear traseros.

Lo aceptaría, no era el plan más inteligente de todos, pero estaba seguro que saldría bien… o eso pensaba hasta que la estrechez del maletero mezclada con la alta temperatura del día, multiplicada por las horas que llevaba ahí adentro; le provocó querer cambiar de posición, lo que causó el primer golpe. Esto hizo que a su pierna le diera un calambre, segundo, tercer y cuarto golpe.

Lo que condujo a que lo descubrieran.

Y ahora ahí estaba.

Fue demasiado lento para detener a Pantera, ahora él estaba a unos diez metros hablando con Nicotina. Aunque la temperatura sobrepasaba los cuarenta grados, Hinata sentía su cuerpo helado. No se había detenido a pensar en las repercusiones que tendría su comportamiento egoísta, ya no estaba solo en el desierto, y ahora tenía una familia a la que responder. Los malos hábitos son difíciles de dejar, sopesó.

Kuroo parecía ser parte de una discusión de un solo lado, sea lo que sea que hablaban, no era bonito. Pensó en acercarse al rebelde de cabellos despeinados, así sabría si valía la pena quedarse y regresar al Nido, o salir corriendo al plano vacío del desierto y esperar por una muerte lenta a manos del cruel sol.

Caminó lentamente en dirección del pelinegro pero fue detenido por una fornida mano que casi alcanzaba a cerrarse alrededor de su brazo. Miró hacia arriba y encontró los ojos amarillos de Bokuto.

—Guau, debo admitirlo pequeñín, ¿enfrentarte a Nicotina de esa manera y desobedecerlo? —silbó. La máscara no cubría hasta su boca así que podía ver la sonrisa gigante de Revólver—. Tienes agallas…

Aun así no lo soltaba de su agarre, no lastimaba a Hinata pero no lo dejaba moverse, casi como si supiera en lo que pensaba y no le daría la oportunidad para seguir espiando.

—O simplemente es un idiota —comentó Tsukishima, cortante. Mirando a cualquier lugar menos a Hinata.

—¡Tú no deberías meterte Ácido Lunar! —Gritó Shouyo, señalando al rubio con un acusador dedo índice— ¡Ni siquiera querías venir en primer lugar!

—No, de hecho, no quise —respondió, igual de molesto—. No es mi culpa que nadie pueda hacer mi trabajo —entrecerró los ojos, sus labios se torcieron en una mueca molesta—… o nadie sea lo suficientemente idiota como para tomar mi lugar.

—Deberías aprender una u otra cosa de Fantasma, ¡él pone su vida en la línea cada segundo! Tú no haces más que apretar botones en una computadora.

Tsukishima explotó, rápidamente llegó al lugar de Hinata y lo tomó de su chaleco, elevándolo de la arena. La diferencia de estatura era más allá de mesurable. Los rebeldes que los rodeaban se tensaron; con la esquina de sus ojos miró como Akaashi estaba por separarlos pero fue detenido por Bokuto.

—Tú… no te atrevas a mencionarlo. No tienes idea de cómo es ahí afuera —la voz de Tsukishima era baja, si no fuera porque Hinata estaba a una corta distancia de su rostro, fácilmente sería enmascarada por el viento— ¿Qué puede saber un recién llegado que no conoce nada más que el desierto?

Lo arrojó al suelo, Hinata cayó sobre su trasero de golpe, levantando algunas partículas de polvo por el impacto. El de anteojos lo miraba con asco desde arriba.

Se mordió su mejilla lleno de coraje, ¿qué diablos podía saber un niño mimado como Tsukishima? Seguramente había vivido en el Nido desde pequeño.

—¿Qué hay de ti? ¡No eres nada más que…!

—¡Alto…! —Interrumpió Kuroo, con hombros caídos y una mano revolviendo sus cabellos, como si intentara aliviar una jaqueca creciente—. Diablos, empiezo a entender por qué Nicotina es tan amargo, y apenas me estoy ocupando de… —miró alrededor contando a los integrantes del convoy— seis cuervos…

—¿Qué decidió Cuervo Nicotina? —preguntó Akaashi.

—Ah… eso… —Pantera resopló con cansancio—. De acuerdo, renacuajo, así está el asunto: Nicotina está enfadado, y quiero decir verdaderamente enfadado. Digo, una vez Bo y yo por «accidente» quemamos su camisa favorita –regalo de Ceniza-. —Kuroo y Revólver se miraron con complicidad—. Y ni siquiera ahí estuvo tan furioso como lo está en este momento.

Hinata no confiaba en sus piernas para ponerse de pie, sus rodillas temblaban de miedo. El prospecto de entrar a Ciudad Batería se escuchaba mucho más fácil y sencillo que regresar al Nido y enfrentarse a la ira ardiente de Nicotina.

—… Aunque, estás de suerte —continuó Kuroo—, retornarnos ahora solo para llevarte de regreso al Nido sería una majestuosa pérdida de tiempo. Ya hemos avanzado la mitad de un día. Así que… por lo que resta de la misión: irás con nosotros.

Saltó lo más alto que pudo, gritando de felicidad y agitando sus brazos. Dejaría para después el asunto con Daichi. Ahora, un infinito camino de oportunidades se desenrollaba delante de él. Solo unos kilómetros se encontraban entre él y Ciudad Batería.

Pero… —el pelinegro cortó su tren de pensamiento— Nicotina quiere tener unas cuantas palabras contigo cuando regresemos.

Tragó con dificultad.

Salieron a la carretera una vez más, esta vez Hinata se había movido al asiento trasero. Era mucho más cómodo que el maletero, de eso estaba seguro. A veces se ponía de pie en el asiento, sacando la mitad de su cuerpo fuera de la ventana para ver a las motocicletas que los iban rodeando.

No le había dirigido la palabra a Tsukishima desde su pequeña riña, el rubio iba en el asiento del pasajero, mientras que Kuroo conducía. Ácido no hacía nada por intercambiar algunas palabras, manteniendo un silencio aburrido. Pantera a veces mencionaba comentarios para sacarlos de sus casillas, en ocasiones lo lograba con el rubio, pero Hinata no los entendía la mayoría de las veces.

Pasó los primeros treinta minutos imaginándose cómo sería Ciudad Batería, ¿sería igual de caliente que el desierto? ¿Qué ropa usarían las personas? La mayoría de killjoys usaba colores vibrantes, pantalones ajustados, guantes y botas. ¿Habría agua en todas partes? ¿Plantas? Las preguntas eran demasiadas y las respuestas eran nulas. Así que no le quedó más remedio que dejar de pensar en eso.

Cuando pasaron dos horas se quedó dormido, tumbado a lo largo del asiento trasero.

No fue hasta que escuchó un extraño timbrar que se incorporó en la silla trasera. Era una alarma y provenía de la computadora portátil de Tsukishima. Shouyou notó la pantalla volverse roja con emergencia.

—Eso suena como malas noticias —comentó Kuroo, sus palabras podían ser ligeras pero su tono era urgente.

—Lo son —Informó el rubio—, una tormenta se acerca desde el noroeste, y es una bastante mala.

—Demonios —susurró Pantera—, no podemos tener un descanso, ¿verdad? —Tomó el aparato de intercomunicador en las manos y apretó un botón, liberando estática—. Killjoys, tenemos un problema.

¿Inferno volvió a enfermarse del estómago? —vino la voz de Terror, seguido por ruidosas carcajadas que parecían pertenecer a Revólver, Kuroo se les unió en las risas.

—¡Fue una vez! —explicó el pelirrojo, sentía sus mejillas arder de la vergüenza. ¡Hasta Tsukishima se estaba riendo entre dientes!

—Una tormenta se acerca del noroeste a gran velocidad —explicó Pantera—, y digamos que esta es grande.

Diablos —murmuró Revólver.

—Mis pensamientos exactamente —concordó Kuroo—, así que convoy, ya conocen la formación.

—¿Uh? —preguntó Tsukishima, con la misma experiencia de Hinata.

—Quédense sentados, bebés cuervo; la Vanguardia tiene experiencia en estas cosas —alardeó, para luego inclinarse debajo del tablero, activando unos cuantos interruptores.

La maquinaria provocó unos cuantos chirridos y Hinata sintió cómo algo cambiaba dentro del motor. Se acercó a la ventana para ver el flanco del automóvil, se sorprendió al ver las dos motocicletas fuera de su lugar; Tanaka y Bokuto se habían movido a la parte trasera del Nova. Cerca de la compuerta del asiento del conductor, en la parte baja había protruido unos pequeños cohetes.

Shouyo corrió hacia la ventana trasera, de rodillas sobre el asiento. Revólver y Terror se habían levantado de su asiento, Akaashi y Kyoko se acercaron al manubrio y lo estabilizaban. Estaban a ras del automóvil, se preocupó por los rebeldes de afuera, pero parecía que no era la primera vez que hacían aquello.

Se acercó más y notó a los dos killjoys encadenando la motocicleta al automóvil. Cuando regresaron a sus respectivos asientos, los cuatro subieron el pañuelo que usaban en su cuello a sus bocas. Se quitaron sus máscaras y bajaron unos enormes anteojos negros de protección sobre sus ojos.

—¿Todo listo allá atrás? —preguntó Kuroo al radio comunicador.

Afirmativo —respondió Kyoko.

Tsukishima tomó el aparato:

—Tormenta de arena, tiempo de impacto en: tres…

Hinata miró al horizonte donde una enorme pared de arena se elevaba hasta los cielos. Quedó boquiabierto, no había donde escapar.

—… dos…

—Te aconsejo que te cubras renacuajo —comentó Pantera, quién ahora usaba su casco negro con orejas puntiagudas. Shouyou lo hizo con velocidad, sacando las gafas negras de elástico y una bandana que, afortunadamente, había traído consigo.

—… uno.

El automóvil se movió desequilibradamente con el impacto al ser engullidos por el viento y polvo. En segundos fue imposible ver; en todas direcciones, solo había arena rodeándoles. Pantera rápidamente cambió un pequeño interruptor cerca de la palanca de velocidades y pisó el acelerador.

Un nuevo sonido tosco y ruidoso se escuchó proviniendo del motor; y el automóvil se comenzó a mover con fuerzas renovadas. De esa manera la carrocería no se balanceaba con el forcejeo de la tormenta de arena.

—Bastante genial, ¿no? —la satisfacción se podía escuchar en la voz apagada de Kuroo.

—S…sí —aceptó Tsukishima, impresionado.

La tormenta de arena duró un par de horas, la fuerza y radiación de las ondas solares disminuían siempre y cuando fueran cubiertos por la nube de polvo incesante.

Cuando las ráfagas veloces comenzaron a mermar y el automóvil dejó de moverse, Pantera apagó el motor de cohete. Aunque las dos motocicletas seguían adheridas al Nova. Hinata se quitó los enormes anteojos y bajó la bufanda; sacudió sus cabellos, creando por sí mismo una pequeña nube de arena.

El sol se ocultó en el oeste y como estaba planeado habían llegado a un restaurante viejo y aislado. Shouyou sentía sus piernas entumecidas y no podía ni siquiera comenzar a pensar cómo los killjoys de las motocicletas podían estar de pie. Sí lo sabía, la razón era porque todos en la Vanguardia eran geniales.

—Acamparemos aquí afuera —avisó Kyoko—, podemos buscar un poco de leña para hacer una fogata.

Hinata fue el primero en obedecer, no quería sentirse como un peso muerto en la misión. Se alejó algunos metros del sitio, entre la arena y arbustos consiguió madera seca y apolillada. Luego entró al desmantelado comedor y sacó algunas sillas de madera también. El lugar era inhabitable, paredes y pisos tapizados con polvo, un segundo más ahí adentro y desarrollaría asma o algo así, ahora entendía por qué pasarían la noche en la intemperie.

Shouyou regresó al lugar en el que acamparían, encontrando a Akaashi atizando la fogata y a los demás acercándose para calentarse un poco. La noche caía y los grados también, aunque la mayoría de ellos acostumbraban a usar varias prendas de ropas a la vez –desde chaquetas, botas hasta guantes-, las noches eran gélidas.

Alcanzó el cámping y se sentó al lado de Tanaka, compartiendo una gruesa frazada para sobrevivir la noche. Nunca pensó que extrañaría la litera que compartía con Kenma. Aunque la base estaba bajo tierra, el calor corporal de los rebeldes que compartían el cuarto era bienvenido y se sentía bien en sus huesos.

Terror le abrió espacio al pelirrojo en su fuerte y se acurrucó al lado del otro killjoy. No se dio cuenta cuando todos llegaron, sentándose uno al lado del otro; formando un tipo de círculo íntimo. Se escuchaba el sonido arrullador de la madera quemándose y pequeñas chispas del fuego saltar frente a ellos, haciendo sus sombras danzar.

—Pantera —llamó Tsukishima sin su tono mordaz de siempre, el killjoy de ojos entornados lo miró—, ¿cuándo aprendiste a tocar la guitarra?

Kuroo sonrió con ojos cerrados.

—Antes que nos uniéramos a los rebeldes, Sombra y yo éramos lo único que el otro tenía. Crecimos en las calles de una comunidad de rebeldes de muy mala muerte; necesitábamos ganarnos nuestra comida, de lo contrario moriríamos. Yo hacía algunas monedas tocando en las calles, él podía reparar algunos electrodomésticos.

—Pensé que habías venido de alguna fuerza especial —señaló Ácido—, eres muy bueno peleando.

Hinata jugaba con la arena, dibujando con sus dedos árboles, lunas y estrellas. Akaashi se acercó a cada uno de ellos, dándoles una lata de carne sosa, calentada en la fogata. Eso serviría de cena y seguramente desayuno.

—Me halagas, Ácido Lunar —comentó el pelinegro, Shouyou había aprendido que cuando se trataba de Pantera nunca sabría qué era lo que pensaba. Podría estar bromeando o jamás estar más serio en su vida y él jamás lo adivinaría.

Kuroo sonrió y Hinata pudo ver como sus sobre crecidos colmillos brillaban. De alguna manera, Pantera tenía rasgos felinos. A la luz de la llama, su nariz se veía respingada y sus ojos brillaban con travesura.

—Aprendes a pelear en las calles cuando tu vida está en juego —explicó el de cabellos salvajes—. Después de tantos años descubres que no vale tanto, y puedes arriesgarla sin pensarlo dos veces. Es diferente cuando la vida de alguien más lo está.

—No existe mayor aliento que el de pelear por alguien más —comentó Kyoko, quién había estado escuchando, guardando silencio.

—Exacto —aceptó el pelinegro; dejando a Hinata pensar en lo afortunado que eran ellos dos, Kuroo y Kenma habían permanecido juntos desde pequeños, cuidando la espalda del otro.

Comenzó a quedarse dormido, el desierto era silencioso; si ponía atención podía escuchar a un lobo solitario llorar a kilómetros. Tanaka fue el primero en hacer guardia, se turnarían por el resto de la noche.

Su guardia fue la última, él la compartía con Shimizu, pero estaba más seguro que se trataba de Dulce siendo su niñera durante las primeras horas del amanecer.

Cuando el sol asomó su faz por el este, supieron que era hora de continuar.

Antes de embarcarse a la carretera, Akaashi y Kyoko tomaron, cada uno, un rifle de cerrojo; les serviría para acabar con los policías que estarían arriba de la muralla. Luego empacaron las pocas pertenencias que llevaban consigo y salieron.

La temperatura se fue elevando, pero Hinata comenzó a tiritar cuando vio la señal de tráfico avisando: Zona 1.

Era lo más cerca que alguna vez había estado de Ciudad Batería, apenas y habían entrado a esa Zona cuando en el horizonte se podía apreciar la espantosa muralla de la ciudad. Más adelante se erguían los enormes edificios de la metrópolis, enmascarados como sombras vigilantes aún a medio día.

Escuchó a Kuroo exhalar profundamente en el asiento del conductor, sus nudillos estaban blancos por la fuerza con la que agarraba el volante.

—De acuerdo —dijo, al parecer a sí mismo—… aquí vamos.

Las palabras solamente parecieron asustar más al rubio de anteojos, mientras que Hinata olvidó donde había dejado el valor que trajo desde el Nido. Ciudad Batería parecía otro mundo completamente diferente, otro mundo del que no quería ser parte. Tragó pesado y un frío temblor pasó por todo su cuerpo.

Kei se colocó unos audífonos de gran tamaño con un micrófono incorporado mientras tecleaba sin parar. Hinata se acercó a su asiento y miró la pantalla de su computadora portátil, vio miles y miles de letras que no les dio ningún sentido y además de eso un plano de colores verdes y azules. Un cuadrado de gran tamaño con un círculo en medio.

En la forma cuadrada había varios puntos rojos dispersados por algunos metros. Esos debían ser los policías de la seguridad.

—Acabo de ocuparme de las cámaras de seguridad y francotiradores automáticos —informó Ácido con petulancia.

Reanudó el sonido incesante de sus dedos impactando con el teclado, después de algunos minutos volvió a decir:

—Primer blanco: cuarenta y siete grados norte, ciento diecinueve grados este.

Lo tengo —anunció Kyoko.

Hinata la vio desde la ventana de la puerta, la rebelde pelinegra se erguía en la motocicleta, parándose sobre el bastidor del vehículo y posicionando el rifle arriba de la cabeza de Tanaka. Sin apoyarse en él. Notó como cerraba un ojo detrás de su máscara para apuntar mejor, su cabello se movía como listones negros de seda.

Se escuchó el disparo y Shimizu se movió levemente hacia atrás.

Listo.

—Muy bien —murmuró Tsukishima viendo nuevamente su pantalla—. Segundo blanco: treinta y cinco grados norte, ciento treinta grados este.

Es mío —esta vez fue Akaashi.

El ruido del tiro fue lo único que escuchó, pero Histeria informó haber dado en el blanco. Ácido continuó diciendo coordenadas, y los dos killjoys seguían disparando; mientras, el convoy seguía caminando y la ciudad se hacía más y más grande.

Le dio la impresión que Tsukishima parecía un niño jugando batalla naval, Akaashi y Kyoko eran sus disparadores. Atacando a un oponente que no se defendía.

—Esos deberían ser todos —comentó el rubio distraídamente mientras veía su computador—, siguiente paso, abrir la compuerta.

El campo a dos kilómetros a la redonda debería estar despejado —vino la voz de Kyoko en el intercomunicador.

Un chirrido metálico sobresaltó a Hinata, el killjoy rápidamente se acercó a la ventana para ver una inmensa placa de hierro levantarse lentamente, abriendo la entrada directa a la ciudad. Cruzaron el enorme marco e inmediatamente la temperatura bajó; el sol dejó de quemar su piel y sus ojos debieron aclimatarse a la opacidad.

—Todo bien hasta el momento —señaló Kuroo, viendo en todas las direcciones mientras aumentaba la velocidad.

Cruzaron el enorme claro de dos kilómetros hasta adentrarse a la ciudad. Tsukishima había tenido razón, no había nadie más que los francotiradores con los que acabaron. Cuando sus pupilas se acostumbraron a la artificial atmósfera, les era posible ver el sol sin estropearse los ojos. A su derecha e izquierda, Akaashi había cambiado de posición, dándole la espalda a Bokuto; mientras que Kyoko, atrás de Tanaka tenía los ojos al frente.

Ácido los condujo a través de las calles más pequeñas y abandonadas, en donde trozos de robots mendigaban y humanos dormían en el suelo. Hinata hizo una mueca, era la porción que BL/ind no mostraba. Ellos miraban a los rebeldes pero no les dedicaban más atención.

—Veo a uno a las tres —avisó Dulce Voraz, seguido por un disparo apagado por un silenciador.

—Un androide a las nueve —esta vez fue Bokuto quien habló.

—Es mío —Akaashi rápidamente sacó una pistola de un estuche en su cintura y disparó.

Hinata vio boquiabierto cómo la figura que parecía humana convulsionaba dando pequeños shocks y caía de lleno al piso. Las balas para detener a los androides eran especialmente diseñadas por Nishinoya, un solo impacto y desconectaba su núcleo, desactivándolos.

Llegaron a un callejón a unos cien metros del edificio que era su objetivo y escondieron las motocicletas y el automóvil. No podían llamar tanto la atención, de lo contrario serían presa fácil; así que comenzaron a caminar. Siguiendo por los pasadizos, Kei tenía un pequeño artefacto tecnológico en sus manos, en donde miraba el plano de toda la ciudad.

El pelirrojo hizo una mueca por el olor acre de las calles, como un hedor a alcantarillas y ácidos. Los flashes de pantallas gigantes y pequeñas parpadeaban artificialmente, anunciando lo que parecía ser una crema que rejuvenecía el rostro, una mujer sonreía con ojos muertos, proclamando devotar su vida al objeto milagroso. En otra pantalla más pequeña ordenaban a los niños espiar a sus padres y denunciarlos a la policía si su comportamiento era sospechoso. Otras pantallas solo producían ruido blanco, otras estaban rotas.

Un pordiosero lo miró de reojo, parecía un humano, pero Shouyou palideció cuando él giró el rostro y la mitad de su faz no era nada más que un esqueleto mecánico y ojos rojos. Inferno caminó con más rapidez alcanzando el convoy, sus pisadas producían un eco vacío, salpicando en pequeños charcos de aceite y agua sucia.

—No te distraigas —ordenó Akaashi. Hinata sintió sus mejillas arder al saber que el killjoy había notado su infantil comportamiento.

—Cuatro policías vienen desde la derecha —indicó el de anteojos, segundos después se escucharon múltiples pasos.

—Esta es la mejor parte —respiró Bokuto con voz barítona. Enrolló sus dedos en el bate y sonrió ladinamente.

Antes que alguien pudiera reaccionar Revólver golpeó al primer y distraído policía en la cabeza; fácilmente esquivó el golpe de otro policía en su costado haciéndose a un lado, aprovechando el impulso para golpearlo en su nariz con la porción inferior de su arma de madera, se hizo a un lado, dándole libertad al cuerpo de caer al piso.

Vino un tercero, irguiendo su arma para dispararle a Bokuto, Kuroo lo tomó desprevenido, asestándole un golpe mortífero en su cuello con su hacha de gran tamaño. Kyoko se ocupó del cuarto, cayendo de cuclillas para eludir el disparo, luego en un movimiento fluido, tomó la muñeca del enemigo, y subió su rodilla para actuar como fuerza bruta y quebrar el brazo en un ángulo aberrante. Antes que el policía pudiera gritar, la pelinegra ya estaba detrás de él para romper su cuello.

Hinata no estaba completamente seguro de qué había pasado cuando los cuatro enemigos ya estaban en el suelo. Como se podía esperar de los tres mejores luchadores cuerpo a cuerpo; la misión sería pan comido.

Corrieron entre los pasadizos, evitando las calles más concurridas, faltaban menos de veinte metros para llegar a su destino; Bokuto paró en seco, llamando la atención de los demás.

—Oh… eso… —miraba la pared con ojos abiertos como platos—… ¡Eso es genial!

Akaashi golpeó su rostro con la palma de la mano cuando notó que se trataba de un volante adherido a la pared. Tenía el rostro de Bokuto, una franja negra cubría sus ojos, encima decía las palabras "exterminar" y estaba cruzado por una gruesa X roja. Revólver corrió a la pared y arrancó el papel, admirándolo en sus manos, la sonrisa que se desenrollaba en sus labios era contagiosa.

—¿¡Eh!? ¿Ya viste Histeria? —Comenzó a restregar la hoja en el rostro impasible de Akaashi—. ¡Soy el killjoy más buscado! —se rió, ruidosas carcajadas retumbaban en las paredes del pasillo—. Los cerdos me temen, soy su peor pesadilla —las risas continuaron.

—Mira esto y llora —interrumpió Kuroo, también había arrancado de la pared una imagen de él, tachada de la misma manera, con el alias debajo de "Pantera Anfetamina"—. Yo soy la peor pesadilla de Ciudad Batería.

—Ambos se callan o conseguirán que nos descubran —reprendió el joven cuervo de anteojos gruesos.

Kuroo y Bokuto se miraron entre ellos pero escucharon al rubio, reanudando su camino; no sin antes guardar el pedazo de papel con su respectivo rostro en su bolsillo, un souvenir de Ciudad Batería. Hinata tenía un poco de celos, él también quería que Better Living supiera de su rostro, y lo considerara una suficiente amenaza para reproducir su fotografía y difundirla por todas partes. Notó también volantes con el rostro de Daichi y Sugawara.

—Oh, escuchen, deben esperarme aquí —interrumpió Kuroo con una enorme sonrisa.

No dio más explicaciones y Pantera atravesó la callé, a una un poco más concurrida.

—¡Maldito idiota! —Exclamó Tsukishima entre murmullos pavorosos— ¿Qué demonios cree que está haciendo?

Todos se quedaron sorprendidos al ver a su «líder interino» entrar a una tienda de electrónicos a través de la vitrina. Pantera tenía puesto su casco negro y levantó su pistola al vendedor, el intercambio entre los dos hombres era inteligible; la tienda estaba vacía a excepción de ellos dos.

El vendedor parecía negarse a lo que sea que Kuroo estaba demandando, esto hizo al killjoy «enojar» y pateó un estante lleno de productos. El hombre detrás del mostrador parecía casi desmayarse; ver a individuos vestidos como anarquistas robando tiendas no debía ser un evento común.

El hombre finalmente le entregó lo que aparentemente Tetsurou deseaba tanto que interrumpió la misión para obtener. En un rápido movimiento Kuroo se acercó y de un sólo salto golpeó al vendedor en un lado de la cabeza, noqueándolo al instante.

Salió del establecimiento con un paquete en las manos, mientras silbaba como si nada en medio de la calle. Cuando atravesó la corredera hasta donde los demás rebeldes se encontraban, recibió un golpe en la cabeza por Akaashi.

—¡Ow! —Kuroo exclamó, llevando una mano para inspeccionar el área de impacto.

—¡¿Qué diablos fue eso?! —demandó Tsukishima.

—Le prometí a Sombra que le traería de regreso la consola de videojuegos más moderna que Ciudad Batería podía ofrecer. —Se encogió de hombros, mostrando un pequeño artefacto portátil, guardó el paquete en la bolsa de armas que colgaba de un hombro.

Tsukishima y Akaashi pusieron los ojos en blanco al mismo tiempo.

—Tengo visión en el objetivo —llamó Tanaka, interrumpiendo la escena, entre susurros, urgiéndoles que se apresuraran.

Miraron el enorme rascacielos, una descomunal estructura construida solamente con hierros azabache. Las ventanas no reflejaban ningún tipo de luz externa, y en algunos pisos, pequeñas lucecitas intermitentes rojas resplandecían. Se veía inmaculado, sin ningún rastro de polvo; limpio y a la vez siniestro. El sol no parecía más que una inmadura estrella, Ciudad Batería parecía estar nublado todo el tiempo.

Hinata tragó un nudo en su garganta dándose cuenta que ya estaban muy lejos del desierto.

—Veo a cinco policías —Kyoko estaba inspeccionando el perímetro. Tsukishima lo hacía en su portátil—. Los tengo.

Dulce Voraz apuntó con el rifle y enfocó con la mirilla, disparando exactamente cinco veces, haciendo uso del silenciador. Las cinco figuras cayeron casi al mismo tiempo; Tsukishima, mirando desde el satélite, les dio la señal de estar despejado. Así que los rebeldes corrieron hasta la entrada del edificio.

—Desactivaré la alarma del edificio —explicó el de anteojos, instruyéndoles que guardaran su posición. Sus dedos se movían con destreza, Hinata apenas podía distinguir que teclas presionaba.

—Ácido, detesto apresurarte… pero ¿podrías apresurarte? —urgió el pelinegro, mirando nerviosamente a todos lados. Estaban en un campo abierto demasiado expuestos.

—Tú eres la última persona que puede decirme eso —siseó Tsukishima haciendo sonar las teclas bajo las yemas de sus dedos.

Kuroo miró expectante a Akaashi, apresurando al rebelde de ojos almendrados a hacer algo.

Realmente necesitamos apresurarnos, Ácido —intentó Histeria.

El de anteojos resopló molesto, sin embargo sus facciones se encrespaban en una mueca de nerviosismo, tragaba con dificultad y su frente comenzó a perlarse de sudor. Un cuadro de información verde interrumpió la pantalla, llamando la atención de la resistencia.

—¡Listo! —Exhaló Kei profundamente, con una sonrisa de alivio—. Eso debería ser todo…

Bokuto abrió la puerta, forzando la placa de vidrio hacia adentro.

Una escandalosa alarma interrumpió el silencio, Shouyo estaba seguro que el sonido podía llegar a toda la manzana.

—… O tal vez no —terminó Terror.

—Apágalo, apágalo —urgió Koutarou.

—¡¿Qué crees que intento hacer?! —Exclamó Tsukishima, parecía estar al borde de un colapso y sus dedos temblaban— ¡Diablos, diablos, diablos!

Todos alistaron sus armas, mirando a todas partes, la policía no tardaría en venir al escuchar el ruido. Hinata tenía en sus manos una glock, con la que había practicado todo el tiempo, pero ahora su mano tiritaba sin parar, intentó mantener la calma, pero fue en vano.

Después de unos segundos que se sintieron como horas, el sonido cesó.

—Nuevo plan —ordenó Kuroo con premura—, darnos prisa antes que los malditos policías vengan.

Corrieron a las instalaciones, Tsukishima iba a la cabeza y los demás seguían. Miraba la pantalla del mapa y cruzaban los estrechos pasillos, dirigiéndose a la derecha, derecha, izquierda, derecha, izquierda. Shouyou no tenía ni la menor idea en dónde se encontraban, solo seguía las espaldas de los rebeldes que podía ver.

Llegaron a un elevador, Ácido Lunar lo abrió desde el artefacto portátil. Se metieron al ascensor y la puerta se cerró.

—Eso no debió haber pasado —se excusó el rubio, caminando en círculos en el estrecho lugar, obligando a los demás a darle espacio en la pequeña cabina—. Introduje los códigos, esa alarma salió de la nada.

—La informática no es una ciencia exacta —intentó calmar Bokuto.

—¡El problema es que sí lo es! —Contraatacó el cuervo de la Inteligencia—. Esto no está bien, hemos llamado la atención suficiente, los exterminadores vendrán a averiguar de qué se trató eso.

—Ya basta —intervino Kuroo—, concentrémonos en la misión en frente. Bajaremos al sótano, plantaremos el virus y Ácido, tú nos guiarás por una nueva salida, ¿de acuerdo?

Kei chasqueó la lengua con molestia, pero aceptó la tarea. El ascensor timbró, avisando la llegada de su destino, Tsukishima revisó que no se encontrara nadie en el pasillo. Cuando la costa fue asegurada, el grupo de rebeldes salió.

Akaashi y Bokuto se posicionaron fuera de las puertas del ascensor, haciendo guardia mientras los demás interrumpían la red de Better Living. Ellos mantendrían las puertas abiertas y la vía de escape permeable; además que si se formaban problemas, avisarían a los demás.

El sótano estaba engullido en penumbras, cientos y cientos de pasillos se formaban por los ordenadores que controlaban la actividad informática de una buena parte del mundo. Los ordenadores emitían una cegadora luz azul que llenaban toda la estancia. Borraba todos los demás colores, Hinata miró sus manos pintadas con el fulgor halógeno; sus ojos ardían, mientras miraba el camino frente a él.

Ácido Lunar caminaba mirando solamente en la pantalla el mapa del edificio. Los demás killjoys mantenían sus armas arriba, preparados para cualquier enfrentamiento. Kei se encargó de elegir el camino más vacío de todos, se encontraron solamente con un trabajador del lugar; Kyoko se encargó de él con rapidez, dejándolo inconsciente.

Siguieron el corredor, sus pasos hacían eco en el piso de cerámica y si guardaban silencio, podían escuchar el respirar de todas las máquinas. Enfriándose de vez en cuando. Shouyou jamás había visto algo similar, el lugar parecía siniestro y le ponía los pelos de punta.

—Este es —avisó Tsukishima, parando en seco frente una máquina de casi dos metros y medio, que producía el mismo resplandor artificial. Era similar a todas las que estaban a su lado, tal vez solo algunos centímetros más alta.

Rápidamente el de anteojos tomó algunos cables que Kuroo cargaba en la bolsa de tela en su hombro. Conectó todo desde el servidor hasta su portátil, abriendo el aparato mientras se sentaba en el suelo y comenzaba a presionar teclas, digitalizando algunos códigos.

Kuroo miraba de reojo la salida, atento a cualquier cambio.

La estática del intercomunicador se escuchó, recibiendo una llamada.

Chicos, tenemos compañía —advirtió Bokuto, al fondo se comenzaron a escuchar disparos. Al mismo tiempo que se escucharon viniendo desde la salida—. La bestia está abriendo las fauces.

El sonido de balas aumentó, Kuroo hizo una mueca de enojo.

—Es demasiado temprano —negó con la cabeza, encerrando sus manos en la pistola en su costado—. Fue esa maldita alarma.

—Necesito más tiempo —pidió Tsukishima—, estoy descargando el virus a la red.

Tanaka, Kyoko y Hinata miraron a su líder. Kuroo parecía indeciso, alternando sus ojos entre el sonido de disparos y el chico sentado en el piso.

—De acuerdo —decidió resoplando, frunciendo el ceño, empuñando su hacha—; tiempo quieres, tiempo tendrás. ¡Vamos!

Llamó a los rebeldes remanentes, las manos de Hinata comenzaron a tiritar, ya antes había matado a un par de draculoides; los que habían irrumpido en su hogar y asesinaron a su familia. Pero había sido una erupción de desesperación e ira; esto era diferente.

Aun así siguió los pasos de la chica y los dos rebeldes, por el monótono pasillo de máquinas. La penetrante luz sintética le daba vueltas a su estómago. El ruido de disparos iba creciendo con cada paso, y el olor a pólvora llenaba todos sus sentidos. Su respiración sonaba fuerte en sus orejas: inhalaba, exhalaba, inhalaba, exhalaba.

Giró para llegar al lugar y su sangre se volvió gélida.

Nada se comparaba con estar en medio de un enfrentamiento, la resonancia de los disparos era ensordecedora. Bokuto tenía la escopeta en sus manos, disparó una vez, causando un estruendo en el encerrado sótano, lo primero que vio fue la figura de un policía arrojado con fuerza hacia atrás; como si no pesaba nada; Shouyo escuchó un timbrar en sus oídos por los siguientes segundos, mareándose.

Akaashi mantenía su estancia, disparando con sus dos manos.

Los policías disparaban también, Hinata se arrojó al piso detrás de un pequeño mural. Kyoko llegó a su lado, oculta de rodillas; tomó el inmenso mosquete y giró un pequeño perno en su superficie, cargando la pistola. Se levantó del lugar, apuntó y disparó.

Shouyo no era capaz de hacerlo, de disparar. A su lado podía ver como las balas volaban como moscas mortales, buscando acribillar a un objetivo. Dulce Voraz lo veía, muerto de miedo, pero no dijo nada, concentrándose en disparar.

—¡¿Esto es todo lo que tienen?! —Exclamó Bokuto—. ¡Si quieren un pedazo de esto, cerdos, deben esforzarse un poco más!

—¡Ah! —Resopló Kuroo, cayendo de lleno en el suelo al lado de Hinata—. Cabeza dura… —comentó, refiriéndose al arrebato de Bokuto—. El maldito toro nos ataca con los cuernos y él va a conseguirse una manta más roja…

—No sé cuánto más tiempo podamos contenerlos —señaló Kyoko, reanudando su ataque arriba del mural.

—Lo sé, lo sé —respondió, antes de adoptar la misma posición de Shimizu y disparar con un revólver.

El intercomunicador sonó en el bolsillo de Pantera.

Una nueva horda se acerca —anunció Akaashi—, esta vez más armada.

—Mierda —murmuró el pelinegro.

Nuevos y envigorizados tiros vinieron de la puerta, esta vez traían metralletas. Si seguían ahí atrapados morirían. Pantera Anfetamina atrajo el intercomunicador a sus labios.

—¡Retirada, ahora!

Dicho esto, el killjoy de cabello salvaje se puso de pie corriendo en la dirección de Tsukishima; Hinata y Kyoko lo siguieron de cerca. Giraron entre los altos y siniestros servidores, no eran libres de disparar aquí, no sin comprometer la pesada maquinaria y comprometer la red de Better Living.

—Ácido, nos vamos —avisó.

—¡¿Qué?! —exclamó—. No, aun no puedo, el virus no está completo.

—¡No podemos pasar más tiempo aquí abajo, moriremos!

Se escucharon pasos que corrían en su dirección, cuando Hinata miró hacia arriba, notó que se trataba de Akaashi.

—Más vale que nos apresuremos —razonó Histeria.

—Espera, espera, espera —intentaba retardar el de anteojos, sus dedos se movían frenéticamente—… No seré capaz de descargar el virus perfeccionado, pero el prototipo tendrá que bastar.

—¿Será igual de bueno? —cuestionó la chica de anteojos.

—Tendrá que bastar —repitió, encogiéndose de hombros.

Podía escuchar algunos disparos intercambiados entre Bokuto y Tanaka, para mantener a raya a Better Living. Kei resopló con resignación, y se levantó del piso, guardando los artefactos electrónicos que había usado y comenzaron a correr.

—Ahora, acerca de esa salida que hablamos —le recordó Kuroo—, ¿descubriste alguna?

—Sí, hay una escalera en una salida de emergencia a la derecha, pero debemos subir por diez pisos hasta alcanzar un nuevo ascensor.

—Deberá bastar —resopló el líder interino.

Revocaron a Terror y Revólver de sus posiciones y siguieron a Tsukishima.

—Esos cerdos no se andan con juegos —escupió Tanaka—, trajeron una buena parte de su fuerza bruta.

—Pero nada que no pudiera manejar —comentó Bokuto con aire de suficiencia.

—No es momento para eso, Revólver —reprendió Akaashi.

Llegaron a la puerta, Tetsurou la detuvo para que todos salieran, él siendo el último en cruzarla. Alcanzaron las escaleras y comenzaron a subir, sus pisadas llenaban la salida de emergencia; pasos resonantes que solo lo ponían más nervioso.

—Seré feliz cuando salgamos de este maldito edificio —hizo saber Tanaka, respirando forzosamente.

—Seré feliz cuando salgamos de esta maldita ciudad —estableció Kuroo de la misma manera.

Llegaron al piso que Tsukishima había señalado antes, abrieron la puerta y la entrecerraron, mirando cómo formaciones de policías caminaban por los pasillos oscuros. Demonios, pensó Shouyou, los superaban en números.

Cuando la costa estuvo libre, Pantera dio la señal. Entraron a otro ascensor, este era hecho de cristal polarizado. No reflejaba ninguna luz por fuera, pero por dentro tenían una visión oscurecida.

Hinata se entumeció al ver por la ventana, y sintió sus rodillas temblar, escuchó a Pantera respirar forzosamente por la nariz y Bokuto maldijo sobre su aliento.

Estaban rodeados.

Grupos de exterminadores llegaban con los segundos sobre motocicletas, camionetas se aparcaban alrededor del edificio, haciendo un círculo; los policías establecían un perímetro, alejando a los ciudadanos del lugar. Las luces rojas y azules brillaban intermitentes provenientes de los vehículos.

Todas las pantallas en las que habían anunciado productos ahora reproducían las mismas fotografías de los volantes. Eran enormes, se encontraron con una imagen de la sonrisa de Kuroo de tres metros y por un momento, Hinata dejó de tenerles celos. No tenían manera de saber quiénes eran, así que intercambiaban también entre las demás. Urgiendo su captura, dejándolos expuestos.

—Mierda… —volvió a comentar Pantera y Shouyou no podía estar más de acuerdo con él.


La noticia se regó más rápido que el viento y como era de esperarse Kageyama fue llamado para una reunión de emergencia. Rebeldes se habían infiltrado a Ciudad Batería, toda la metrópolis debía cerrarse para atrapar a las cucarachas.

Se encontraría con el líder y otros exterminadores en la sala de control, en donde se encontraban todas las grabaciones captadas por las cámaras de la ciudad.

Alcanzó a Oikawa cuando caminaba por los pasillos, atrás de él iban otros líderes de escuadrones, un chico de cabello negro y corto que caía hasta sus pómulos: Akira Kunimi, y otro con cabello puntiagudo Yuutarou Kindaichi; reportaban la situación hasta el momento. Un grupo de rebeldes habían infectado el edificio de Información.

Tooru caminaba a paso rápido, dejando a los demás la tarea de seguir con él. Miraba solamente hacia adelante, con el cuello erguido y con una postura altanera. Movía su cabeza al caminar, como si tarareara una canción con todo su cuerpo, agitando los rizos de un lugar a otro, sin embargo sus pies se movían sin vacilar, pisadas resonando por todo el pasillo.

Sonreía sin preocupación, como si no estuvieran en medio de una situación crítica y tampoco parecía escuchar a los dos exterminadores poniéndolo al corriente. Llegó a la sala de vigilancia, arrojando las dos puertas hacia atrás de una vez.

Todas las cámaras tenían en primer plano al edificio en donde los rebeldes se encontraban. Los siete sujetos usaban diversas máscaras para ocultar su rostro. No tenían manera de escapar, decidió Tobio. Aquí terminaría todo para ellos.

Oikawa se acercó a una pantalla, abriendo los ojos con curiosidad, la cámara capturaba a un rebelde que usaba un casco negro.

—Dime —decía como una cancioncita al rostro del rebelde como si pudiera escucharlo—, ¿eres tú, Cuervo Nicotina?

La cámara filmó a otro killjoy, con una máscara gris y con listones negros, cubría la coronilla y luego aditamentos monocromáticos salían, imitando el cabello bicolor que salía detrás de ésta. Le recordó a Kageyama a un búho cornudo.

—¿O tal vez eres tú? —Probó el de rizos avellana—. Escuché cuando dijiste algo acerca de cómo debemos esforzarnos más —se rió, un sonido gutural y bajo; poniéndole los pelos de punta a Tobio—. Te enseñaré, asquerosa cucaracha.

—¿Líder? —Preguntó Kunimi—. ¿Cómo debemos proseguir?

Oikawa siguió mirando fijamente las cámaras, después de varios segundos contestó.

—Liberen a los S.C.A.R.E.C.R.O.W.

—Pero no están listos… —Señaló Kindaichi—. Aún falta la primera prueba de los prototipos en el campo.

Tooru puso los ojos en blanco y sus labios se erizaron en una mueca de disgusto y aburrimiento; el exterminador dejó salir un lloriqueo en su garganta, paralizado por el miedo.

—No hay mejor manera de probarlos que en el verdadero campo —canturreó el líder, pero el tono no pareció amigable en lo absoluto—. Quiero aplastar a esos cuervos antes que tengan la oportunidad de volar —su voz bajó varias octavas.

—S-sí, Oikawa. Enseguida.

El líder se alejó de la pantalla para ver las demás. Todas las paredes estaban llenas, con capturas de toda la Ciudad Batería.

—Muéstrenme de lo que están hechos —murmuró Tooru bajo su aliento, Kageyama no sabía si se refería a los rebeldes o a los S.C.A.R.E.C.R.O.W.

Uno de los científicos fue el siguiente en hablar, anunciando por el intercomunicador a los sujetos de prueba.

—Prototipo S.C.A.R.E.C.R.O.W. número cero uno —comunicaba—: Wakatoshi Ushijima, programando para atacar.


¿Qué les pareció?

Por cada review doy una galleta y mi amor *3*)/

Nos leemos luego