¡Hola! Resurjo de las sombras, pero antes que pasemos a más aquí algunos avisos:
La hermosísima y talentosa Dan Natsuki, conocida aquí en FF como 9-Bunny ha dibujado unos hermosos Akaashis, Hinata y Kenma de esta historia, les agradecería muchísimo que se pasaran un rato a verlos. Pondré la dirección en mi perfil (FF es una perra y no me permite subir links) Y también daré el link en mi facebook.
Una última cosa: Mañana publicaré una historia Bokuaka que consistirá en dos capítulos, será adentro del universo de Haikyuu, y les agradecería que se pasaran por ahí. Ahora a la historia:
Lo prometí y cumplí, después de dos angustiosas semanas, aquí les traigo el capítulo, espero que les guste, y cómo siempre, son libres de dejarme un pequeño review.
Gracias a mi beta Renzo S. Kuznetsov por ayudarme cada vez, estoy segura que la historia no sería lo mismo sin ella.
ADVERTENCIA: EL CAPÍTULO TIENE UN POCO DE GORE, PROCEDER CON PRECAUCIÓN SI SON SENSIBLES CON ESTE TIPO DE CONTENIDO.
»Nombres de killjoys:
Cuervo Nicotina: Daichi Sawamura.
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Ala Revólver: Koutarou Bokuto.
Histeria: Keiji Akaashi.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Gota Fantasma: Tadashi Yamaguchi
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko. «
S.C.A.R.E.C.R.O.W.
Buen día mis espinas del desierto, aquí Doctor Desafiando a la Muerte.
Dándoles las noticias desde WKL, las únicas ondas de radio que aún mantienen un poco de cerebro.
Si son cuervos madrugadores como yo, entonces escucharon la sonora explosión proveniente de Ciudad Batería. ¿Tal vez por fin esos androides les dieron la espalda a sus creadores, así como los nosotros con el nuestro?
¿O tal vez son nuestros queridos killjoys, levantando el infierno de la única manera que conocemos?
Solo nos queda esperar.
En otras noticias, Gota Fantasma está organizando una expedición nuevamente, si tienen algún pedido, lo podrán encontrar cerca de la armería a las mil trescientas horas.
Hasta la próxima vez, mis rebeldes, y esperemos no encontrarnos bajo el seno de la Bruja Fénix aún.
Kkkkkkkkkk...
Por unos segundos regresó a la cafetería en el Nido, Pantera tocaba la guitarra; Hinata veía a su madre y su hermana que estaban a su lado; ambas lucían felices al conocer los amigos que él había hecho en la base.
El golpe sobre su cabeza lo sacó de su trance, cayó sobre su espalda y golpeó su cráneo contra el suelo, no había notado cómo había retrocedido varios metros, producto del impulso de la explosión.
La resonancia masiva lo dejó sordo por unos segundos, estaba seguro que podía ver todo lo que estaba pasando lenta y tranquilamente, escuchando solamente el aire llenar y vaciar sus pulmones. Las esquirlas de cemento, madera y hierro volaban como si la gravedad se hubiera terminado; cubrió su rostro de los pedazos de vidrio de las ventanas y la puerta, sintiendo como desgarraba su piel.
Estaba muy ocupado limpiando su rostro de hollín cuando una mano se enrolló sobre su codo y lo tiró hacia arriba. Se restregó sus ojos para descubrir a Kuroo, quién lo forzaba a ponerse de pie. Parpadeó una, dos, tres veces; no podía reconocer el vestíbulo del edificio en el que se encontraban, todo el piso estaba lleno de escombros.
El sonido de una ametralladora se escuchaba en segundo plano; junto a la voz de Pantera, con cada segundo que pasaba su mente se esclarecía.
—¡Despierta! —Exclamaba Kuroo, tomándolo de la muñeca, obligándolo a correr aun cuando sentía sus piernas como gelatina— ¡Renacuajo, tenemos que correr!
Si Pantera dejaba de tirar de su brazo probablemente se perdería. En medio del desastre alcanzó a ver a Tanaka, tenía una cortada en su sien y sangre emanaba con libertad. Lentamente los sucesos de unos minutos comenzaron a tener sentido, cayendo como las piezas de un torcido rompecabezas.
Debían de crear una enorme distracción, lo suficiente para hacer retroceder a algunos de los exterminadores. Detonaron una granada fabricada por Nishinoya, ellos se escondieron en la parte trasera del edificio para evitar ser dañados por la onda expansiva pero no fue lo suficiente y fueron atrapados en los escombros.
Ahora debían correr a los motores y escapar.
Hinata encontró a Bokuto con la mirada, el killjoy corría en su dirección; su rostro estaba lleno de polvo y su máscara se había roto, dejando un ojo descubierto. Revólver metió su mano en la bolsa de su pantalón y sacó otra de las granadas especiales de Noya, llevaba la escopeta en una mano así que con sus dientes arrancó el seguro, la arrojó en dirección donde habían estado las camionetas de la policía; al lado contrario de la dirección a la que se dirigían.
Shouyou quiso cubrirse los oídos, pero fue demasiado tarde; el impacto fue masivo, lo sintió reverberar en todos sus huesos y en su pecho. Volvió a quedarse ciego; por lo que notó, Kuroo no se sentía diferente a él, pues sus labios se encrespaban en una mueca de enojo, perfilando sus grandes colmillos.
Antes de dispersarse, habían acordado en el lugar que se reunirían.
Así que ahí se encontraba, corriendo al lado de Pantera entre escombros y balas perdidas. Cada miembro de la Vanguardia se había quedado con dos granadas, las usarían para confundir y acabar con la mayoría de exterminadores.
Corrieron por algunas manzanas, con Kuroo disparándole a los policías que se atravesaban en su paso. Hinata vio hacia atrás, una enorme y siniestra nube grisácea se elevaba por los cielos de Ciudad Batería, era más alta que los rascacielos. Algo se torció en su estómago, al saber que ellos habían sido responsables de eso.
Pantera soltó su brazo cuando estuvo seguro que Shouyou no se quedaría atrás. Una oleada de caliente alivio recorrió sus venas cuando alcanzó a ver las dos motocicletas y el automóvil; ya estaban cerca de largarse de ahí. Al paso de algunos minutos, se escuchó un nuevo estruendo, tan fuerte que hizo sacudir su centro de gravedad y cayó de rodillas.
Una explosión más, ya había perdido la cuenta de cuantas habían sido.
—Ah… maldita sea, al fin —comentó Kuroo rechinando sus dientes al ver a Kyoko y Tsukishima venir desde una corredera muy estrecha.
El rostro de los dos estaba lleno de grava mezclada con sangre, el rubio tenía los anteojos rotos y su marco se había doblado. La pelinegra tenía cortes en toda la piel de sus brazos, quizás había cubierto a Ácido antes de la detonación de una bomba.
—¿Dónde diablos están los demás? —preguntó con preocupación el pelinegro, Shouyou los escuchó a la lejanía.
Hinata estaba demasiado aturdido como para hablar o pensar, había pasado demasiado en tan poco tiempo.
—Vi a Revólver pero lo perdí cuando detonó la segunda granada —explicó Dulce.
—No podemos perder más tiempo, en cinco minutos nos largaremos —decidió Pantera, no sonaba nada convencido.
Tsukishima se dejó caer al lado de Hinata con una mueca de dolor y sosteniendo con su mano su brazo derecho; lo miró de reojo y comprendió cuando notó una mancha de sangre que crecía en la manga de la chaqueta gastada, color verde opaco de Ácido Lunar.
Pasos húmedos e inseguros se dirigieron hacia a ellos y antes que él pudiera subir su mirada; lo sobresaltó el resoplido asegurador de Kuroo.
—¡Ahí están! Trío de idiotas.
Shouyou miró y se preocupó cuando notó a Bokuto cargando a Tanaka en su espalda. Terror perfilaba sus dientes en señal de dolor.
—¡Terror! —se sorprendió Kyoko y caminó en su dirección al igual que Hinata.
—Escombros del edificio comenzaron a caer y una piedra enorme me cayó en la pierna, Histeria y Revólver me ayudaron a salir de ahí —explicó, mirando a los dos killjoys y recibiendo un leve movimiento de cabeza en reconocimiento—. El hueso se quebró y no puedo caminar… —bajó el rostro y no podía mirar a nadie a los ojos—, lo siento… seré peso muerto para el resto de la misión.
—Lo único que importa es que ya estamos todos, ¿de acuerdo? —aseguró el de cabello salvaje, Tanaka se relajó de hombros, Pantera podía ser un líder si se lo proponía—. El resto de la salida, Dulce tu conducirás y Terror será el que dispare.
Los dos killjoys aceptaron y Bokuto llevó a Tanaka hasta la motocicleta, posicionándolo en el asiento trasero. El rebelde sin cabello se mordía los labios con enojo; el sentimiento de impotencia y dolor pintados en sus facciones.
Trajeron los motores a la vida al mismo tiempo que vieron las luces rojas y azules pintar la esquina del pasillo, la policía estaba pisando sus talones. Cuando Kuroo presionó el acelerador, el chirrido de las llantas retumbó por toda la manzana; Hinata se movía por todo el asiento trasero; los giros eran demasiado cerrados.
El grito de las sirenas se escuchaba atrás de ellos, y con ellos los disparos de Akaashi. La sangre bombeaba sonoramente en sus orejas; Kuroo les gritó a él y a Tsukishima que tomaran una pistola y ayudaran a Histeria. El rubio lo hizo y Hinata también, salieron de la carrocería del automóvil por la ventana.
El batallón del que había hablado Daichi no se acercaba al que ahora estaba en su cola.
Parecía que toda la seguridad de Ciudad Batería estaba tras ellos, motocicletas y también automóviles. Era interminable, ellos no eran nada más que un polluelo frente las fauces de un lobo hambriento. Sin embargo, Akaashi disparaba sin parpadear, intercambiaba entre manos, dando en el blanco con cada bala.
Era increíble de ver.
Y Hinata no quería quedarse atrás; empuñó su arma y disparó.
Su tiro dio en la llanta de una motocicleta, causando al motorista caer hacia un lado.
Shouyou sonrió y lo consideró un aliento, así que volvió a disparar. Este no dio en el blanco pero no importó, siguió haciéndolo. Defendiendo el convoy como mejor podía.
Delante de ellos Tanaka disparaba hacia atrás, en el flanco derecho, con la Lee Enfield de Kyoko. Cada tiro resonaba por arriba de las demás pistolas. Dulce iba al lado del Nova, siguiendo a Kuroo; dependía del líder interino doblar las cerradas esquinas en donde no se encontrara con exterminadores. Aunque parecía una tarea imposible, todas las calles y avenidas parecían callejones sin salida.
Estaban siendo arrinconados.
Cada vez el séquito cobraba más velocidad, y los giros del Nova se hacían más y más cerrados; así que se le dificultaba a Hinata disparar en la posición que había tomado. Optó por sentarse en el marco de la ventana, apuntando con una mano y sosteniéndose con la otra.
Tiró del gatillo y le dio a un policía. Se estaba aclimatando a la escena, así que siguió disparando, uniéndose en armas con sus hermanos killjoys.
—¡Cuidado! —gritó desgarradoramente Tsukishima; haciendo que una fría corriente recorriera todo su cuerpo.
Hinata vio demasiado tarde, había un exterminador frente a ellos, tenía el cabello rubio y rapado, con dos líneas horizontales que salían desde sus sienes. Ojos hundidos, rodeados por ojeras siniestras. Shouyou tuvo un pésimo presentimiento en milisegundos.
Estaba parado en medio de la calle sin ningún tipo de escolta ni equipo. Pantalones, camisa y chaqueta blancos pero botas negras. Apuntaba con una escopeta hacia ellos, el automóvil se acercaba con velocidad pero no se inmutaba.
Todo volvió a moverse lentamente, el exterminador jaló el gatillo, produciendo un estruendo individual. Pantera intentó acelerar y pasar por encima de él, pero fue demasiado tarde y a último segundo dobló el manubrio del automóvil. Lo último que recordó fue el vidrio hacerse añicos y la bala impactar con la cabeza de Kuroo.
El Nova perdió el control y comenzó a girar en medio de la calle, logrando atropellar al exterminador, el cuerpo inerte pasó por encima de la carrocería. La fuerza con la que el carro se movió fue demasiada, Hinata perdió su agarre y fue despedido con fuerza; como si fuera un proyectil.
La caída fue absorbida por su cabeza, haciendo que perdiera el conocimiento.
Kageyama viajaba con velocidad, el zumbido del aire era apagado por el casco en su cabeza. Después de las acciones de Kyotani, que habían sido fuera del protocolo de ataque, Oikawa las recibió con una carcajada infantil, felicitando a su compañero exterminador, él había quedado con algunas extremidades rotas, pero nada que un mecánico no pudiera arreglar.
Habían arruinado la formación de los rebeldes, separando las dos motocicletas del automóvil.
El pelinegro iba atrás de toda la ofensiva, preparando el camino para el S.C.A.R.E.C.R.O.W. Ushiijma. Llegó a la intersección en donde el carro de los rebeldes había girado y los tres grupos de rebeldes se había separado. Podía escuchar a lo lejos los disparos de la policía siguiendo a la resistencia, guiándolos al punto que habían planeado.
El automóvil yacía sin vida en medio de la calle, grupos de policías comenzaban a rodearlos para capturar a los killjoys que seguían adentro. Él estaba por seguir la persecución y alcanzar al frente de la ofensiva cuando un tenue movimiento capturó la esquina de sus ojos. Cualquier humano lo hubiera pasado desapercibido, y cualquier androide hubiera confundido con cualquier ratón; pero no él.
Quiso investigar y se bajó de su motocicleta.
Se detuvo en seco cuando cayó en cuenta de qué se trataba.
Un miembro de la resistencia estaba en el suelo, inconsciente y al lado de un basurero industrial. Kageyama miró hacia la calle principal, en donde las patrullas corrían, en busca de los rebeldes escondidos por la ciudad.
Se acercó al cuerpo inmovible, tenía un charco de sangre rodeando su cabeza, humedeciendo sus cabellos y apelmazándolos a su frente. Tobio se preguntó si estaría muerto; la cantidad de sangre era demasiada. Pero un leve movimiento en su pecho le indicó que apenas y seguía vivo; y seguramente si lo dejaba ahí moriría.
Tomó una decisión.
Oikawa estaría feliz al capturar a uno de los ingenuos que pensaron poder destruir su red madre y salirse con la suya. Se acercó el cuerpo inconsciente y se dispuso a tomarlo.
Un enorme estruendo a sus espaldas lo sacudió, había provenido desde el automóvil de los rebeldes.
El aire arrojaba su cabello hacia atrás y su rostro cosquilleaba por el viento, la máscara se había roto en algún punto cuando todavía estaban adentro del edificio. Koutarou Bokuto nunca fue un admirador de seguir planes, siempre había preferido seguir su instinto ya que rara vez le había fallado.
Pero ahora, mientras conducía a más de cien kilómetros por hora, deambulando y huyendo por Ciudad Batería; preferiría mil veces, seguir un estricto set de reglas y pasos. El número de balas que tenían se acababa con los segundos, Akaashi mantenía a sus enemigos a raya pero no duraría mucho más.
Inútilmente giraba su rostro de vez en cuando para ver atrás, Kuroo había perdido el control del automóvil y todo se había ido a la mierda. Kyoko y él tomaron caminos diferentes, intentando jugar con la policía de Better Living, separándose. Fue una decisión repentina, pero Dulce y él lo pensaron al mismo tiempo. Segundos después, se produjo un estallido en el lugar que el automóvil había quedado.
Aumentó el agarre de su mano derecha en el manubrio de la motocicleta, y se acercó el intercomunicador para intentar ponerse en contacto con Pantera; pero desde varios minutos lo único que recibía como respuesta era abrumadora estática.
—Pantera Anfetamina —intentaba—, Pantera Anfetamina responde.
Sonido blanco.
—Revólver —sonó el intercomunicador, era Dulce Voraz—, debemos regresar por Pantera, Inferno y Ácido.
No podía oponerse a esa decisión así que, Bokuto dobló en la siguiente esquina, forzando a Histeria a agarrarse con fuerza para no ser arrojado a un lado. Akaashi solo continuaba disparando, a quienes se acercaban demasiado. A medida que se movían, los policías iban cerrando y cerrando las calles, limitando sus movimientos.
No lo soportaba, debía regresar y ver qué diablos había pasado con Kuroo en el Nova. Si Akaashi desaprobó de la decisión que ellos tomaron, no lo expresó. Histeria estaba tan preocupado por los demás killjoys como él.
De acuerdo con el mapa de la ciudad que habían visto, podía llegar en la intersección del choque si tomaba otra calle secundaria. Koutarou maldecía sobre su aliento, la estúpida máscara nublaba su campo de visión y se le dificultaba mantener la dirección.
Tomó la decisión sin pensar y se la quitó, arrojando la máscara hacia la calle pavimentada, mientras se mantenían a la misma velocidad. Después se encargaría de las consecuencias, además, había cosas más importantes en frente de ellos ahora.
Llegó a la intersección y frenó en seco, haciendo chillar las llantas sobre la carretera. Kyoko y Tanaka no tardaron más de dos segundos en llegar también. Better Living estaría en esa localización en minutos, la ofensiva era demasiado grande y ellos eran un blanco fácil. Tuvo que restregar sus ojos al ver la escena frente a él.
El automóvil no estaba…
¿Qué había pasado?
¿Bettter Living los había capturado?
—Tenemos que seguirnos moviendo —apresuró Akaashi a sus espaldas—. Toda Ciudad Batería puede ver tu rostro.
—Lo sé, lo sé… —murmuraba sin realmente poner atención a las palabras del otro, intentando comprender la situación.
—¡Ahora! —urgió.
Bokuto chasqueó la lengua y se decidió, lo más importante era salir de ahí, estaba seguro que Kuroo lo seguiría. Aceleró la motocicleta, marcando la calle con huellas de las llantas y produciendo humo a causa de la fricción. Le indicó al par de killjoys que hicieran lo mismo, cancelando la misión. Aumentó la velocidad, pero su camino fue cortado unas calles adelante por una barricada de policías.
Dio un brusco giro de ciento ochenta grados para tomar otro callejón, pero para su sorpresa, había otra barricada.
Diablos…
Bokuto miraba al frente, ningún policía se movía, solo estaban parados, interrumpiendo el paso. Lo único que se escuchaba en toda la ciudad eran los dos motores de las motocicletas y sus respiraciones agitadas. Podía ver el otro par de killjoys con el rabillo del ojo.
Se comenzaron a escuchar un par de pasos caminar en su dirección, asesinando el silencio sepulcral que había caído en Ciudad Batería. Rápidamente pares y pares de policías comenzaron a moverse de en medio, mientras; los pasos se hacían más fuertes, más cercanos.
Revólver hizo una mueca cuando el hombre de todos esos carteles, pantallas y anuncios regados en toda la Ciudad Batería y las metrópolis de todo el mundo, el considerado dios y salvador, libertador y dictador se paró ante ellos. Tooru Oikawa lucía igual de amenazador en persona.
Los miraba como si fueran insectos.
Bokuto quería aplastarlo.
—Bien, bien, bien, aquí nos encontramos —saludó como si fueran viejos amigos—. ¿A que eso no fue de lo más divertido de sus vidas? Gracias por el entretenimiento, la cotidianidad suele ser aburrida en una ciudad perfecta —posó el dorso de su mano sobre su rostro, fingiendo desmayarse.
Ninguno de los cuatro podía moverse.
—Pero lamento decirles que termina ahora —los miró de frente, entornando los ojos, Bokuto sintió una ola de escalofríos subir por su cuerpo.
¿Qué se creía ese tipo? Bokuto perfiló sus dientes y apuntó con su escopeta a la figura vestida de blanco de pies a cabeza. Haló el gatillo, el estruendo del arma se intensificó debido a la mudez en el aire.
No pudo distinguir lo que pasó a continuación, su puntería no era mala y estaba seguro que había apuntado hacia Tooru Oikawa; sin embargo, la bala desapareció, nunca impactando en el blanco.
Koutarou tragó con dificultad, el hombre de blanco lo miraba fijamente, plenamente consciente que fue el rebelde de cabello monocromático el que le había disparado. Sin embargo, Bokuto no retrocedía, si esa bala se había esfumado en medio del aire, se aseguraría que la siguiente diera en el blanco. Sintió la mano de Akaashi en el hombro; la tensión del ambiente se podía cortar con un cuchillo; él dirigió la escopeta en la dirección del líder de Better Living otra vez.
Tooru Oikawa amplió su sonrisa.
—Me agradas —elogió tétricamente.
Un estruendo monstruoso se escuchó a sus espaldas, y en segundos la mitad de la manzana fue engullida por humo negro como el carbón. Sobresaltados, los rebeldes miraron hacia atrás; una carcajada salió de los labios de Koutarou cuando se dio cuenta que se trataba de su mejor amigo de pie al lado del automóvil, con una bazuca sobre su hombro.
Pantera mostraba sus ojos sobre el casco, había subido el visor de la pequeña ventana; el casco con orejas felinas tenía un agujero en su frente. Tsukishima estaba dentro del vehículo, sosteniendo un rifle. Había acabado con la barricada a sus espaldas y habían creado una salida temporal. Bokuto no podía esperar para usarla.
Kuroo se volvió a colocar la enorme bazuca sobre su hombro una vez cargada, apuntó en dirección del dictador de Ciudad Batería y liberó el cohete. Aire comprimido comenzó a salir impulsando el proyectil hacia adelante con velocidad. Koutarou apenas lo pudo seguir con la mirada, pero notó como Oikawa se movió unos cuantos centímetros a un lado para dejar pasarlo, evitando el impacto con facilidad.
La explosión acabó con una buena parte de la barricada remanente, el humo y el olor carbonizado enmascaró por unos minutos toda la escena. Los killjoys no necesitaron otra señal para saber que era hora de salir de la ciudad. Si Oikawa se había quedado ahí, era seguro que también toda la ofensiva de Better Living.
Huyeron lejos de la nube negruzca.
—Pantera, ¿dónde diablos han estado? —preguntó Bokuto sin pelos en la lengua.
—Un androide exterminador demente, Bo. Me disparó directo a la cabeza, el casco absorbió el impacto.
Bokuto recordaba atisbos de Kuroo explicándole algunos de los dotes del artefacto con orejas de gato. Lo habían conseguido en Ciudad Batería hace algunos años, Asahi lo había inspeccionado y se sorprendió cuando notó que estaba hecho de kevlar, el mismo material que se utilizaba en chalecos antibalas.
—Aunque el impacto me hizo perder el conocimiento por unos segundos y perdí el control del Nova, Ácido fue tan amable de acabar con los exterminadores que nos rodeaban.
—¡Guau! —tuvo que admitir Revólver.
—Tuve suerte de encontrar esa enorme arma en el asiento trasero, junto con otras —esta vez era Tsukishima—. Debemos estar atentos por ese androide exterminador; note que su modus operandi es caótico, muy diferente a todo Better Living.
—Lo intenté derribar con el automóvil, pero estoy seguro que sigue con vida —Kuroo informó—, pero basta de eso, tengo devastadoras noticias… Inferno…
—¿Pasó algo? —preguntó Kyoko
—Cuando me dispararon… —continuó Kuroo—, no lo… no lo pudimos encontrar… fue mi culpa, me distraje un momento… Vimos como un exterminador lo capturaba. Fue demasiado tarde y… no podíamos quedarnos ahí, en medio de la calle… seríamos presa fácil… Todo pasó demasiado rápido...
No encontró nada más que decir. Bokuto cerró los ojos por un momento, nunca debieron haberlo incluido en la misión; Daichi tuvo razón, debieron haberse regresado. Lo expusieron a un peligro innecesario. Quería gritar, demonios. Él había fallado en protegerlo.
Apretó el manubrio de la motocicleta con todas sus fuerzas. Era demasiado joven, para terminar así. Se sobresaltó cuando sintió el apretón de Akaashi en su espalda, no podía ver el rostro de Histeria, pero sabía que los dos compartían el sentimiento por el pequeño killjoy.
Bokuto fue sacado de sus pensamientos cuando también escuchó los tiros de Akaashi a sus espaldas. Habían tomado la misma formación de antes, Kyoko adelante, luego el automóvil, Histeria y él atrás.
—Volveremos —prometió Koutarou, exhalando con fuerza—. Regresaremos por el pequeño Sol Inferno.
—De acuerdo —juró Kuroo, la sonrisa podía escucharse aún a través del intercomunicador.
Bokuto miró hacia atrás y chasqueó la lengua con molestia, esto iba a ser más complicado de lo que habían pensado. Parecía ahora que toda la ofensiva de BL/ind iba atrás de ellos, se habían concentrado a sus espaldas, ya no intentaban acorralarlos; si no solamente atraparlos, vivos o no.
—Parece que hiciste enojar al gran Oikawa —comentó Akaashi escueto.
Bokuto no quería más que estrangular al líder de BL/ind.
Corrían en línea recta hacia la salida, habían parado con el plan de crear una distracción y concentrarse simplemente en huir. Tsukishima abriría la compuerta para ellos, en segundos serían libres y podrían comenzar a planear el rescate de Hinata.
Le rogaba a la Bruja Fénix que aún no se llevara el alma del pequeñín al más allá.
—¡Revolver, a tu izquierda! —exclamó Akaashi.
Bokuto saltó en el lugar y movió la motocicleta a tiempo de esquivar una pequeña bomba a su lado. Los perros de Better Living estaban hambrientos con su carne y harían lo que fuera para detenerlos. Salieron de la ciudad hacia el campo abierto de dos kilómetros; siguiente paso, la muralla.
—Me sacaron del sistema…
Por un par de segundos, Koutarou no pudo discernir las palabras que había escuchado, provenientes de Tsukishima.
—¿Eh?
—¡Descubrieron el virus y cerraron toda la red, reiniciándola!
—¿Eso significa que…?
—Ya no puedo controlar nada remotamente…
¿Qué había de la compuerta?
—Logré abrir la entrada, pero se ha comenzado a cerrar mientras avanzamos.
—Lo lograremos —reconoció la voz de Kuroo—, estamos a unos cuantos minutos. Lo lograremos.
Como señal, las tres máquinas aumentaron su velocidad, y en segundos ya tenían visión de la enorme compuerta metálica que bajaba con un estridente y nauseabundo chirrido.
Atrás de ellos se erguía la pared de toda la ira de Better Living que iba tras sus cabezas. Koutarou giró más el manubrio en la motocicleta, aumentando la velocidad. El viento chocaba contra sus ojos, haciendo que los entornara, y sentía su piel ser impactada con pequeñas agujas.
El muro metálico bajaba cada vez más.
Estaban a veinte metros, ninguno de ellos hablaba y la línea de comunicación se quedó en silencio. Todos mantenían el aliento en ese momento crucial, lo lograrían, a la velocidad que todo el convoy iba pasarían al ras de la compuerta automática.
Un impacto sordo llenó sus oídos y se congeló por milisegundos, después toda la motocicleta comenzó a desbalancearse, era casi imposible mantener el control y un chillido moribundo como uñas en un pizarrón reverberó en todo su cuerpo.
Le habían disparado en su neumático trasero.
Rechinó sus dientes, moviendo con toda su fuerza el manubrio, luchando por mantenerse equilibrado mientras perdía velocidad con cada segundo que pasaba.
Miró al frente.
Kuroo y Kyoko cruzaron la compuerta al momento que se cerró; cayendo con un golpe sordo en la arena, sellando todo lo que estuviera adentro.
Incluyendo a ellos dos.
Lanzó su aliento en un soplo de aire, sabía que Akaashi pensaba lo mismo, así que giró el manillar de la motocicleta arruinada cuarenta y cinco grados, la velocidad hizo que el pedazo de chatarra impactara contra la compuerta metálica al momento que ellos dos saltaron; cada uno automáticamente tomando una posición de ataque.
Como era de esperar, el choque de la moto en la compuerta no le hizo ningún rasguño.
Ahí venía toda la formación.
Akaashi comenzó a disparar, dando en el blanco siempre, daba pequeños pasos, cubriendo más terreno aunque fuera poco. Koutarou apuntó con la escopeta y tiró del gatillo. Lo positivo de enfrentarse a policías con lavado de cerebro era que no tenían mentalidad propia. No podían idear una estrategia, solamente eran dirigidos por alguien más.
Podían contenerlos así por unos minutos.
Pero parecían interminables.
Y ahora estaban por si solos.
El sol ahí afuera era abrasador, igual al de todo el desierto, Koutarou se limpió el sudor de su frente con la manga de su desgastada camisa. Mientras halaba con fuerza el cargador, armando una nueva bala dentro de la recámara.
—Recarga —avisó Akaashi y Bokuto tomó el lugar frente a él. Brindándole a Keiji algunos segundos para volver a cargas las glocks.
Al siguiente instante, recobró el lugar al lado de él, disparando. Momentos después Koutarou hizo lo mismo, el cargar la escopeta tomaba de más segundos, cada bala debía ser introducida manualmente. Así continuaron algunas veces.
Hasta que…
—Ya no me quedan —informó el de ojos almendrados, halando el gatillo inútilmente, el sonido de la vacía recámara provenía de las dos pistolas de mano.
Bokuto le disparó a un policía en medio de los ojos, luego descubrió que tampoco tenía más; sin embargo el séquito de policías no se encogía. Miró a sus espaldas, la enorme muralla negra completamente sellada, ahora no había donde más huir. Tampoco tenían la tecnología necesaria para controlar la compuerta y volverla a abrir; dudaba que Tsukishima pudiera volver a hacerlo.
Bueno, ellos ya sabían que hacer.
Arrojó la escopeta a un lado y tomó el bate con clavos de su espalda, lo llevaba sujeto desde que había explotado el edificio de la Red. Acertó el primer golpe con un policía, justo en su sien. A su lado, Keiji sacó dos dagas de su pantalón y de un saltó llegó al rostro de un exterminador, introduciendo las dos cuchillas a cada lado de su cuello.
Impulsó el convulsionante cuerpo con sus piernas, regresando al lado de Koutarou en un momento.
Revólver no perdió tiempo y corrió hacia la figura de dos exterminadores a su derecha, pateando con todas sus fuerzas la pierna de uno; escuchó un sonido apagado proveniente del hueso. Bateó en dirección del cuerpo a su izquierda, impulsándolo con facilidad y dejándolo inconsciente.
Regresaban siempre a la misma posición, ambos killjoys dándose la espalda, sin dejar aberturas en su defensa. Lo extraño del asunto, sopesó Koutarou, era que los policías habían dejado de atacarlos con armas de fuego; limitándose solamente a la fuerza bruta.
Seguramente no era nada, solo un golpe de suerte por su parte.
No pudo evitar ver a Akaashi, para asegurarse del bienestar del otro rebelde; Keiji estaba suficientemente tranquilo. Nada parecía arrojarlo fuera de su sintonía; y Bokuto sonrió, moviendo levemente la comisura de sus labios, enamorándose un poco más del chico estoico pero mortífero.
No notó cuando un exterminador golpeó su tórax.
Lo dejó confundido unos segundos, cuando todo el aire de sus pulmones fue expulsado violentamente. Akaashi velozmente cubrió su flanco, encargándose del enemigo al cortar su garganta.
—No te distraigas —aconsejó monótonamente.
Koutarou limpió con el dorso de su mano un hilillo de saliva que había bajado por el violento impacto.
—Entonces deja de ser tan adorable —se rió, encestando otro golpe en otro policía.
Akaashi no le respondió, limitándose simplemente a chasquear la lengua. Se puso de cuclillas para esquivar el golpe de otro enemigo, y empuñó la hoja a su atacante. Bokuto por su lado, comenzaba a sentir sus músculos pesados mientras acababa con un par de policías.
Otra ola de policías y exterminadores corría en su dirección, Koutarou maldijo sobre su aliento y levantó su bate, listo para seguir luchando. Hacía lo más que podía para ignorar esa microscópica voz que repetía y repetía que ellos estaban atrapados en Ciudad Batería, los policías y exterminadores no se acabarían.
Y él, y Akaashi estaban solos.
No.
Solo era el cansancio comenzando a apoderarse de él.
No podía rendirse, sería diferente si él estuviera solo; pero Keiji estaba a su lado. Si él lo hacía significaría que se rendía por el pelinegro también.
Jamás se perdonaría si lo hiciera.
—¡Ah, diablos! —exclamó Akaashi a su lado.
Bokuto se quitó los enemigos de encima para ver a Histeria. Apretó su mandíbula tan fuerte como pudo al ver que Keiji tenía una cortada en su mejilla y su máscara estaba en el suelo, rota. El par de killjoys se miraron al rostro ahora sin ningún tipo de cubierta, completamente expuestos ante los ojos vigilantes de BL/ind.
No había vuelta atrás.
Ninguno de los dos mencionó una palabra, arremetiendo con los enemigos recién llegados. Perdió la cuenta cuando llegó a los veintitrés, estas cucarachas jamás tendrían fin, ¿verdad?
Cuando de reojo vio a Akaashi, comenzaba a respirar con dificultad, y su frente se perlaba de sudor. El nuevo séquito de policías y exterminadores que venían contra ellos estaban a algunos metros pero corrían con seguridad en su dirección. Bokuto se lamió sus resecos labios y esbozó una sonrisa socarrona, señaló a los enemigos entrantes con su dedo índice y lo movió, invitando a todos a intentar acabar con ellos.
—No es… —murmuró Akaashi, un poco cansado—… momento para eso, Revólver.
Koutarou estiró más su sonrisa e imaginó que el siguiente exterminador al que se enfrentó era Oikawa. Golpeándolo en su cara presumida con todas sus fuerzas. Notó que el nuevo séquito de enemigos era más pequeño ahora, y aun comenzando a cansarse, ambos pudieron contra los remanentes enemigos con facilidad.
Cuando el cuerpo del último policía remanente cayó de bruces al piso, Bokuto recorrió todo el terreno con su mirada. Los exterminadores habían parado de venir, los dos killjoys se miraron, Koutarou sintió una especie de alivio comenzar a florecer en su pecho. 'Pan comido' pensó, notaron que ellos eran oponentes formidables y ahora les tenían miedo.
—¿Qué es…? —murmuró Bokuto bajó su aliento.
Una figura estaba erguida en medio de todo el plano desértico, caminando lentamente en su dirección. Koutarou entrecerró los ojos para verlo mejor, por un minuto pensó que se podía tratar de Oikawa, pero la silueta que se acercaba a ellos parecía más grande.
¿Podría ser un exterminador?
Nadie más parecía querer acercarse a los dos killjoys, sin embargo ¿dejaban solamente a uno encargarse de ambos?
—Ten cuidado —advirtió el pelinegro a su lado.
Y Revólver dio un paso atrás cuando el extraño se acercó y pudo distinguirlo mejor.
Nunca antes había visto algo similar.
Era un hombre y podría hacerse pasar como humano si no fuera porque la mitad de su torso parecía construido de metal. No usaba camisa, pero sí pantalones de un patrón militar y gigantescas botas negras. Su brazo metálico reflejaba los rayos del sol con intensidad.
Movía los dedos mecánicos de su mano izquierda, estirándolos y moviéndolos, como si no estuviera acostumbrado a ellos. Paneles metálicos se arrastraban desde su brazo, por todo su cuello hasta llegar a su clavícula derecha. También lamían su mejilla izquierda, tornillos parecían adheridos a su pómulo.
En su rostro, específicamente el ojo izquierdo estaba cubierto por lo que asemejaba era un parche negro; solamente que en lugar de estar amarrado con lazos, era por listones de metal. Atornillado en su sien izquierda, hasta su derecha y el otro pasaba por encima de su nariz y se adhería a su mejilla justo debajo de su único ojo visible.
Cuando estuvo cerca de diez metros de distancia simplemente se detuvo. El extraño híbrido tenía una dura expresión, cejas gruesas y una mandíbula cuadrada. Era más alto que Revólver y se veía más musculoso también. El rebelde debía admitirlo, era intimidante.
Pero eso no significaba invencible.
Bokuto arrojó el primer batazo al hombro del nuevo oponente, lo suficientemente fuerte para dislocarlo.
El movimiento del híbrido fue demasiado rápido, en milisegundos esquivó el impacto, haciendo que Koutarou golpeara el aire. El impulso fue tan grande que lo hizo inclinarse, dejándolo expuesto. Fue tomado de su muñeca, acercándolo al enemigo, recibió un golpe de lleno en su mandíbula.
Ningún otro exterminador se había movido antes a esa velocidad.
A causa del impacto fue arrojado al suelo, pero rápidamente recobró su equilibrio y se alejó instintivamente de su oponente. Akaashi se incorporó a su lado.
Esto sería complicado.
El par de rebeldes hizo contacto visual, asintiendo ligeramente.
—No hay lugar para disculpas —ofreció Bokuto, todavía sentía cosquilleos de dolor en su rostro.
Akaashi le sonrió un poco agotado.
—Es muerte o victoria —acordó.
Entendiéndose sin más palabras. Corrieron a la misma velocidad en dos direcciones opuestas hacia el ciborg. Uno en su flanco derecho y el otro en el izquierdo, atacando al mismo tiempo; Bokuto lanzó su bate directo a su rostro, y como ambos habían planeado, el hibrido esquivó el impacto retrocediendo. Akaashi tomó ventaja de la posición y golpeó su metálico rostro con su pierna.
El oponente retrocedió cerca de la mitad de un metro, arrastrando sus pesadas botas por la arena del desierto y levantando una pequeña pared de polvo. Se volvió a erguir y su rostro estaba igual, no había rastros del fuerte impacto de Histeria. Como si nunca hubiera pasado.
Sería más difícil de lo que habían pensado.
Volvieron a correr hacia él, esta vez Akaashi tomó lugar deslizándose hacía una de sus piernas para hacer que cayera, levantando la arena bajo sus piernas. Bokuto saltó alto, impulsando el peso de su cuerpo a dar un giro de trescientos sesenta grados para propulsar el bate con clavos a mayor fuerza.
Koutarou apenas y notó los movimientos rápidos y cortos del ciborg; su cuerpo ya estaba puesto en marcha, no podía parar. Saltó a un lado, esquivando a Keiji, en el mismo movimiento tomó el cuello de Revólver y lo estrelló con Histeria. Ambos fueron arrojados a un lado sin cuidado, Bokuto intentó que el otro rebelde no recibiera la caída de lleno.
Había notado que el parche en el ojo izquierdo de su enemigo parecía tener una mirilla robótica. Seguramente aumentaba la percepción de cualquier vista humana. No se estaban enfrentando a cualquier peón de Better Living, pensó. Y debía ser algo grande si lo habían guardado hasta el final.
Especialmente para ellos.
Akaashi se tardó en ponerse de pie y se sostenía la muñeca con dolor.
—¿Histeria? —no pudo evitar preguntar preocupado.
—Estoy bien —aseguró, no convenciéndolo para nada.
El enemigo comenzó a cargar en su dirección, cada paso retumbaba en la arena, estremeciendo el piso. Bokuto y Akaashi no retrocedieron, aunque el más musculoso de ambos se adelantó un poco, protegiendo al otro. Un puñetazo directo a su mejilla le hizo olvidar dónde se encontraba, había venido de la nada y cuando él intentó levantar el brazo para reciprocar el golpe; sintió como si un cañón había lanzado una bala directo a su estómago.
Fue impulsado hacia atrás y su rostro violentamente se inclinó; vio fijamente cómo el puño del híbrido se había hundido en sus entrañas. Cayó al piso y se le hizo imposible volver a erguirse por unos instantes. Su boca se llenó del metálico sabor a sangre.
Eso dejaría marcas mañana.
Volvió a intentar tomar su postura, ahora con dificultad; mientras Histeria intentaba esquivar frenéticamente los golpes certeros como hierro del enemigo. Akaashi era más ágil que él, pero no lo podría soportar por largo rato. Keiji se movió a su espalda y lo atacó por detrás, intentando llegar hasta sus ojos, subiendo a su enorme cuerpo y cerrando sus piernas en el cuello de este.
Un chirrido metálico se escuchó venir desde el ciborg, su brazo mecánico se comenzó a mover, los paneles de metal se levantaban automáticamente como si fueran escamas robóticas. Sus dedos se doblaron perturbadoramente hacia atrás, convirtiéndose en un arma, su palma en un cañón.
Bokuto intentó advertir pero fue demasiado tarde, una enorme llamarada salió de su brazo.
Afortunadamente Akaashi había logrado escapar a último segundo, dejándose caer en el suelo a sus pies.
¿A qué diablos se estaban enfrentando?
No importaba, ese Don Nadie pagaría por haber intentado lastimar a Akaashi. Lastimarlo a él era una cosa, pero nadie podía acercarse al otro rebelde. Se puso de pie, todavía podía sentir el dolor de su abdomen, pero lo podía ignorar. Corrió a unírsele a Histeria, propinó un golpe a su costado, debería ser el punto ciego, debido a que le estaba dando la espalda.
Sin embargo fue detenido por su antebrazo metálico, había regresado a su forma anatómica normal. Akaashi intentó nuevamente saltar y atacar sus ojos, dejándolo indefenso, pero falló. Fue demasiado tarde y el oponente logró sujetarlo de su hombro, asestando un golpe sordo en su espalda.
En milisegundos escuchó el impacto contra el cuerpo de Akaashi, luego la forma del otro killjoy salir disparada a más de cinco metros.
Esa fuerza era inmensurable.
La forma de Keiji se quedó en el lugar.
—¡Bastardo! —gritó Koutarou, molería su rostro a golpes con su bate.
La ira comenzaba a cegarlo, y no calculaba bien sus movimientos, no era como si importara; ya había quedado clara la diferencia en la que se encontraban con este nuevo oponente. Bokuto quiso ir por su rostro metálico, agitando su arma con las fuerzas que aun podía formular.
Se preocupó cuando el híbrido tomó con fuerza el arma de madera con su mano, lo acercó a él y le propinó un golpe de lleno a su nariz. Escuchó el crujir del cartílago, seguido por la oleada de dolor; instintivamente llevó su mano al área donde fue el impacto, apenas y miró sus dedos llenos de sangre oscura cuando vino el puñetazo a su ojo.
Vio oscuridad y el dolor se intensificó, haciéndolo tropezar en la arena del desierto.
Un peso se posó sobre él, cuando pudo discernir, supo que el pesado cuerpo del enemigo estaba encima. Una pierna a cada lado, limitando todos sus movimientos, Koutarou estaba atrapado; débilmente se intentó mover para huir pero era imposible. Sus brazos estaban aprisionados.
Sintió un golpe en su mejilla derecha, su lengua se llenó de saliva mezclada con sangre. Otro golpe y luego otro. Apenas podía abrir levemente sus ojos, pudo mirar atisbos de la extraña criatura que estaba acabando con él. La parte mecánica parecía atornillada a su caja torácica y en dónde comenzaba la parte humana, la piel se veía de color violácea, debido seguramente al maltrato cuando lo crearon.
Escuchó un disparo y los golpes cesaron.
Koutarou abrió los ojos y miró un agujero debajo del ojo derecho del híbrido; con dificultad vio atrás, el trayecto del origen de la bala. Akaashi tenía la escopeta en sus manos, había encontrado un proyectil más al final.
Sin embargo, el enemigo parecía no detenerse, abandonó el maltratado cuerpo de Bokuto para dirigirse al otro killjoy. Revólver intentó ponerse de pie para ayudar a Histeria, sintió dos pequeñas rocas dentro de su boca y las escupió. Se sorprendió al ver que un par dientes habían caído.
Escuchó nuevamente el chirrido mecánico del brazo del ciborg, se estremeció; el siniestro ruido solo podía significar más llamas mortíferas. Él no parecía detenerse y corría en dirección recta hacia Akaashi; Bokuto escupió sangre en la arena y comenzó a correr con pasos largos.
Histeria todavía sostenía la escopeta en sus manos, el híbrido lo señaló con su brazo.
Ninguna llamarada salió, en su lugar se escuchó el ruido sordo de una bala; Keiji gruñó y fue impulsado hacia atrás. Bokuto rechinó sus dientes cuando notó que le habían disparado arriba de la clavícula izquierda y ahora su ropa se comenzaba a manchar con sangre; Histeria cayó sentado en el suelo, deteniéndose la herida.
Nuevamente el estridente ruido metálico, como uñas en un pizarrón; los dedos del ciborg tomaban la artificial posición y un enorme agujero se abría en su palma. Apuntaba el lanzallamas al cuerpo herido de Akaashi. Bokuto difícilmente podía mantener una dirección recta cuando corría y su ojo en donde había recibido los golpes comenzaba a nublarse. Le dolía también cuando respiraba, seguramente una o dos costillas rotas.
Dio un último salto y cubrió con su cuerpo a Keiji, recibiendo la pared del furioso fuego en su espalda.
Fue lo más insoportable que alguna vez había sentido, abrió su boca y gritó del dolor; el cuerpo de Keiji se estremecía debajo del suyo. Sentía cada nervio de su piel ser arrancado en carne viva, su cuerpo rugía por la intensidad del dolor. Sentía como si por unos segundos todos sus miembros habían sido sumergidos en hielo y luego el sentimiento infernal.
Todos sus poros gritaban y lo único que podía hacer era cerrar fuertemente los ojos, escuchaba sus gritos como si vinieran de la lejanía.
El ardor paró y el fuego también.
Había llegado a su límite, Koutarou no tenía idea si podía hacer más. Miró el cielo oxidado lleno de metano y por fin comprendió: nunca tuvieron alguna probabilidad con ese enemigo. Había sido diseñado especialmente para acabarlos sin ninguna piedad; era la primera vez que lo sentía.
Tenía miedo, por los cuervos, por el Nido…por Akaashi.
—Revólver —decía Histeria con un hilillo de voz.
—Llámame por mi nombre —pidió.
Ahí en medio del desierto, frente a todas las cámaras que quisieran ver. Había sentido todo el dolor que podía experimentar, y dudaba sí podrían salir de esto. Además, Better living no tenía usos para cadáveres. Así que se maldeciría si lo último que escuchara venir de Keiji no fuera su nombre; golpearía a la Bruja Fénix si no dejara que él fuera llamado por la voz de su ángel por última vez.
—Koutarou… —obedeció Akaashi, su voz era queda pero no temblaba; no era el tono de una súplica sino de una despedida.
El chirrido del brazo mecánico, adquiriendo la forma de una pistola.
La mano de Keiji se cerró en la suya derecha y se estremeció de dolor, las llamas lo habían alcanzado ahí; incinerando la piel. Se negó a mirar al ciborg, no les daría la satisfacción a las cámaras implantadas en él, que Oikawa pudiera ver el rostro de Ala Revólver e Histeria una última vez.
El disparo nunca vino.
En lugar de eso escucharon un motor ruidoso acercarse con velocidad, al mismo tiempo que una ventisca caliente comenzaba a ondear sus cabellos, el estrepitoso sonido parecía…
No podía ser…
¡Las hélices de un helicóptero!
¿Podrían ser ellos?
Una ola de disparos comenzó a atacar al híbrido sin misericordia, ningún proyectil podía derribarlo pero lo detenían por segundos. Bokuto había perdido la visión de un ojo, debido a la inflamación, así que solo pudo preguntar.
—¿Son ellos?
—Sí… lo son —dijo, Bokuto creyó ver una sonrisa en sus labios—. Ven debemos irnos.
—Maldita sea, lo pudieron reparar —se rió entre dientes, ignoró el intenso dolor en su espalda calcinada y con la ayuda de Akaashi se pudo poner de pie.
Daichi estaba en la enorme puerta del helicóptero viéndolos. A su lado Taketora tenía una ametralladora que escupía furiosamente más de mil balas por minuto. No obstante, el híbrido, detenía los mortíferos proyectiles con sus palmas como si se trataran de insectos voladores, aun así lo detenían. Lo suficiente para que dejara de prestarles atención a ellos dos.
Akaashi y Bokuto caminaron apoyándose uno sobre otro para poner mantenerse en pie. Koutarou escuchaba un chillido preocupante en su pecho cada vez que respiraba, sin mencionar el dolor que lo embargaba; quiso pensar en otra cosa para no asumir que sus costillas habían perforado algún pulmón.
Si se movía más podía sentir la tela que se había adherido a su piel quemada, su nariz todavía sangraba y sentía su rostro pesar varias libras demás; Bokuto comenzaba a visualizar los moretes que florecían en su piel.
Debajo de sus pies, la arena se manchaba con gotas gruesas de sangre que caían del cuerpo de Akaashi. El chico respiraba con dificultad a su lado; ambos, caminando lado a lado apenas manteniéndose de pie.
El helicóptero producía una estridencia a metros, Sugawara fue quien dejó caer una escalera hecha de cuerdas; el killjoy de cabellos como ceniza comenzó a bajar para ayudarlos. Taketora seguía atacando al ciborg con toda la fuerza bruta que ellos tenían, desatando la ira de la resistencia sobre su más fuerte soldado.
Koutarou puso su mano sobre el costado que chillaba, decidiendo por primera vez que había tenido suficiente por un día.
No tenían tiempo que perder, Bokuto le urgió a Akaashi que se sujetara primero y comenzara a escalar. Él lo hizo y Revólver lo siguió. Las hélices del enorme aparato creaban oleadas de viento artificial, creando una pequeña barrera de polvo circular.
Miró a Sugawara mover su brazo, indicando al piloto que los comenzara a elevar. En segundos Koutarou dejó de sentir el suelo bajo sus pies, siendo levantado con facilidad; su fuerza había disminuido en gran manera, pero se sostenía con todo lo que le quedaba todavía; subiendo paso por paso hacia la cabina.
—¡Maldita sea, ese monstruo no muere con nada! —escuchó el grito de Taketora.
Mientras subía, notó el rostro de Ceniza Radiante palidecer, mirando algo o alguien debajo de ellos.
Bokuto siguió su línea de visión con el único ojo que funcionaba.
Al parecer no tendrían ninguna clase de descanso…
El ciborg pareció comenzar a ignorar las balas y corrió en su dirección, la piel de su lado humano estaba llena de agujeros, que revelaban porciones de un esqueleto mecánico.
¿Qué tanto habían experimentado con ese humano?
Koutarou supo lo que pasaría en los próximos minutos en una porción de un milisegundo.
Todo se puso en marcha cuando escuchó los chirridos del híbrido exactamente debajo de ellos, la manera como sus piernas se flexionaron para saltar varios metros en el aire.
—No… —le pareció escuchar la voz de su Histeria.
Cerró los ojos al sentir el agarre de acero alrededor de su pierna, intentó ignorar el crujido que hizo su hueso y el dolor agonizante que siguió. Apenas y podía seguir sosteniendo su peso más el de la criatura mitad androide y humano; sus dedos comenzaban a deslizarse y su piel se quemaba por el roce de la áspera soga.
Si veía hacia abajo, el híbrido seguía escalando su cuerpo y se seguían alejando del suelo. Espero un poco más; quería darle al helicóptero la mayor ventaja posible.
—¡Koutarou! ¡Koutarou, no! —gritó Akaashi, intentando darle órdenes, Bokuto lo conocía tan bien que podía escuchar el pequeño quiebre de su voz.
No se necesitaba ser un genio para saber qué era lo que seguía.
—Sigue corriendo, conejito —murmuró para Keiji, como despedida.
El ciborg había escalado hasta su torso y estaba por tomar la escalera.
—¡No hay lugar para disculpa! —exclamó hasta escuchar su voz volverse ronca.
—¡No!
Bokuto abrió sus dedos y comenzó a sentir la adrenalina de caer al vacío.
De repente, todo sonido se comenzó a oír en segundo plano; escuchó solamente el golpe sordo de un peso muerto sobre el suelo, le tomó de unos segundos entender que se había tratado de él. Todos sus nervios estaban en llamas y ya no podía moverse, solo miraba los cielos de metano; el helicóptero alejándose en silencio y el lindo rostro de Akaashi contorsionándose en lo que parecía un grito.
Le pareció encontrarse en un pequeño y cálido lago, «Que extraño» pensó «¿De dónde ha salido? »
Vio las botas del ciborg, que se encontraba de pie al lado de su cabeza, llenas de sangre.
«Oh, es mía. Maldito engendro. » Insultó en su mente, ya no tenía energías para decirlo en voz alta.
Una hoja de papel sucia revoloteaba desde arriba, perdiendo altura cada vez que se movía de lado a lado, siendo llevada por el viento como una mariposa; o quizás estaba viendo cosas. Se intentó reír cuando notó que se trataba de su fotografía con la X roja que había guardado en su bolsillo antes.
Sonreía triunfante y altanero.
No quería saber qué aspecto tenía ahora.
Lo último que escuchó fueron las pesadas botas moverse en su dirección. Pensó en la sonrisa de Keiji, cuando el sueño se apoderó de él y la Bruja Fénix lo tomó en sus brazos.
No me odieeen! D:
Nos leemos en la próxima.
