¡Dos semanas y a tiempo! Lo logré, creo que estoy rompiendo una marca personal!

En fin, espero que disfruten el capitulo.

Renzo S. Kuznetsov gracias por soportar mis errores.

»Nombres de killjoys:
Cuervo Nicotina: Daichi Sawamura.
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Gota Fantasma: Tadashi Yamaguchi
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko. «


Planetary

Los interrumpo en esta candente hora, mis cuervos, dejen por un minuto de limpiar sus armas, de fabricar venenos y bombas, de vender bienes o hacer reparaciones.

El desierto se viste de negro otro día más.

Mientras ustedes escuchan mi voz el convoy de los killjoys regresa de su misión en Ciudad Batería; de nuevo a los brazos abiertos de nuestro hogar el Nido. Si vencimos o perdimos, no está en mi lugar decirles aún.

Lo que sí puedo relatarles, es que perdimos a nuestros Ala Revólver y Sol Inferno.

Revólver perdió su vida como la vivió, luchando y pateando traseros hasta el final. Era conocido y querido por todos. Inferno se unió a nuestras filas hace algunos días, pero creo que todos pudimos saber que el pequeño chico tenía más agallas que cualquiera.

Para los que les interese, se les guardará luto a las 1800 horas en las afueras del Nido.

Y si quieren recibir a nuestros remendados rebeldes, estarán bajo el cuidado de Silencio Infeccioso en la enfermería; después que traten sus heridas más urgentes.

Carguemos un par de balas más a nuestras armas, cuervos: Una con el nombre de Ala Revólver y otra con la de Sol Inferno. Porque recuerden, no se trata de cuantos amigos hagas, sino del grafiti que escriban en tu sepultura.

Aquí se despide el Doctor Desafiando a la Muerte. Hasta la siguiente emisión, Killjoys.

Kkkkkkkkk...

Kageyama caminaba impaciente por toda la habitación, aun no podía creer en el embrollo que se había metido. Tampoco podía creer lo poco que se arrepentía de todo el asunto.

Después de haber arrebatado el agonizante cuerpo del humano desde el callejón, lo llevó al hospital para curar sus heridas.

Los humanos eran tan frágiles, algo tan simple como un golpe en la cabeza y pérdida de sangre podían matarlos. Pero también eran fáciles de arreglar; algo sencillo como una fractura de cráneo podía ser reparado en algunas horas.

La medicina siempre fue uno de los campos más avanzados de Better Living, la tasa de mortalidad había caído abismalmente; las personas que morían lo hacían por elección, no por enfermedades o accidentes.

Cuando llegó al hospital, en medio de la situación de emergencia, pudo hacer pasar al rebelde como un ciudadano víctima de una explosión. No pensó en entregárselo a Tooru en el lugar porque, algo se le ocurrió cuando llevaba el cuerpo ensangrentado del insecto rebelde.

Podía sacar algunas respuestas acerca del mundo.

Si alguien sabía algo de afuera, eran las mismas cucarachas con las que intentaban acabar.

Fue la primera vez que desobedeció directamente las órdenes de su líder.

Nadie cuestionó cuando él demandó ayuda urgente para salvar la vida del cuerpo en sus brazos; Kageyama era un exterminador reconocido, y nadie podría dudar de él o sus propósitos.

Solo necesitaba respuestas, cuando las tuviera, él personalmente quemaría al rebelde.

Gracias al apagón y el reinicio de toda la red, pudo introducir el cuerpo del cuervo a su apartamento sin ser capturado por alguna cámara. Todavía mantuvo su radio encendida, escuchando el reporte del S.C.A.R.E.C.R.O.W. y cómo se enfrentaba a un par de cuervos que fueron atrapados.

Tooru estaba extasiado, lo único que había querido, era montar un espectáculo. Sabía lo hábiles que eran los killjoys que quedaron en su territorio, aun así mando a los siguientes exterminadores sin armas de fuego, solo para verlos luchar. Aunque no le dio las mismas órdenes al S.C.A.R.E.C.R.O.W.

Tooru Oikawa, el líder sádico de Better Living.

Aparentemente la resistencia contaba con apoyo, un viejo helicóptero había regresado para ayudarles a escapar. Pero Ushijima fue más rápido, acabando con uno antes que huyera.

Movió algunos hilos y consiguió que el cuidado del enemigo que capturó, fuera prioridad. Durante toda la batalla de Ushijima, Tooru no le prestó atención a él. Así que después consiguió llevar al rebelde inconsciente y lleno de intravenosas a su apartamento, con ayuda de los paramédicos.

Momentos después, Tooru lo estaba llamando nuevamente. Se acercó a la puerta y miró a la forma inconsciente de su nuevo y secreto prisionero. El lastimoso humano tenía una venda alrededor de su cabeza. Los doctores le habían asegurado que el momento crítico había pasado; aun así, lo más probable era que él seguiría inconsciente por algunos días más, solo para recobrar sus fuerzas.

Kageyama podía ver que todos sus signos estaban estables, así que lo dejó. No sin antes esposar su mano a una tubería que salía del suelo y seguía su camino arriba del techo.

Llegó al cuartel general en dónde estaban los demás líderes de escuadrón esperando.

La puerta se abrió de golpe.

—Caballeros, caballeros —llamó Oikawa, recibiendo una reverencia de todos los presentes—, levanto mi copa para felicitar a cada uno de ustedes. Hicieron un excelente trabajo. ¡Lo que podría esperar de mis exterminadores de mayor rango! —terminó como una cancioncita.

Iwaizumi entró detrás de él.

—Y tú… Shirabu —se acercó al mecánico con rostro solemne— ¡Exquisito trabajo con tu creación!

—Muchas gracias, líder —manifestó, inclinándose en señal de reverencia.

Atrás de él se erguía la gigante figura del S.C.A.R.E.C.R.O.W. Estaba lleno de agujeros y su ojo izquierdo había sido quebrado. Seguramente el cuervo había puesto pelea. El soldado mantenía la vista al frente, completamente vacío.

—Nuestro soldado está en buenas condiciones, espero —sonrió Tooru.

—Algunos rasguños, pero nada que lo pudiera detener —informó.

Oikawa aplaudió de felicidad.

—Tal vez no los aplastamos a todos, pero acabamos a una de las cucarachas más problemáticas, ¿Kunimi?

El exterminador llegó con premura al lado de Tooru, llevaba unos cuantos papeles en sus manos.

—Sí, Tooru: Nombre del rebelde: Koutarou Bokuto, mejor conocido como: Ala Revólver. Edad: veintiséis años. Tipo de sangre: A. Rh: (+). Estatura: ciento ochentaicinco punto tres centímetros. Se buscaba por crímenes atribuidos de: Robo, anarquía, asesinato e individualismo.

Tooru asentía con su cabeza con emoción, la sonrisa que se enrollaba en sus labios solo crecía con cada palabra de Kunimi.

—El resultado de la investigación científica, presume que el cuerpo se encontró lleno de laceraciones en brazos y piernas. Espalda, presentó múltiples lesiones de quemaduras de segundo grado; pierna derecha, fractura conminuta y cadera, fractura trans-cervical debido a la caída. Fractura de nariz y de tres costillas…

Oikawa se lamió los labios.

Se acercó a Ushijima y pasó un dedo por su mandíbula cuadrada.

—Eres perfecto —murmuró, como si el vacío ciborg pudiera escucharlo; luego se volvió a dirigir a Shirabu—. ¿Cómo está su estado mental?

—No puede recordar nada de su estado como humano, está completamente a nuestra disposición. No hay señales de resistencia ni de individualismo.

—Excelente. ¿Y los demás modelos de S.C.A.R.E.C.R.O.W.?

—El modelo cero dos estará listo en algunos días, Satori Tendou será un verdadero monstruo.

—Eso es lo quería escuchar —se rió Oikawa—, ahora...

—To-Tooru —interrumpió la tímida y temerosa voz de Shinji Watari. Un androide exterminador que, de la misma forma que Kageyama, estaba encargado de la vigilancia en toda la ciudad; era un puesto bastante alto.

El líder, habiendo sido interrumpido, miró al más bajo con la esquina de sus ojos; sin mover su rostro. Watari tragó con dificultad visiblemente, por lo que Kageyama podía asumir llevaba malas noticias.

—Lí-líder, mientras repetíamos el reporte de los eventos de hace algunas horas… encontramos… encontramos una discrepancia.

Oikawa lo seguía mirando de soslayo, resopló como si no podía creer en sus palabras.

—¿Discrepancia? —repitió el líder de toda Ciudad Batería con una sonrisa.

Watari asintió con sus ojos cerrados fuertemente.

—Según las grabaciones de las cámaras de seguridad, siete killjoys entraron a Ciudad Batería, pero salieron solo cinco…

—¿Me estás diciendo que…? —comenzó Oikawa, esta vez miraba de lleno a Watari.

—Si descontamos a Koutarou Bokuto, hubo otro cuervo que jamás salió.

Kageyama se tensó.

La sonrisa se borró de los labios del líder, lo que causó a Kageyama ponerse más alerta. «No había manera que lo supiera, no había manera que lo supiera», se repetía. Intentó relajarse, si actuaba sospechosamente era seguro que lo descubrirían; sin embargo Tooru no dejaba de ver a Watari, el androide se encogía ante la atención.

—¿Tenemos a un grotesco rebelde dentro de mi ciudad y no tienes idea de dónde podría estar? —comenzó a acercarse al más bajo, Watari retrocedió un paso y todos los reunidos cayeron en un silencio sepulcral.

—S-s-sí, Tooru…

—¿Los mismos rebeldes que provocaron destrozos con sus asquerosas pezuñas y bombas? ¡¿Cómo pudiste dejar que pasara esto?! —Gritó con voz estridente, exaltando a todos por el rápido cambio de atmosfera—. ¡¿Tienes, por lo menos, alguna idea de dónde podría estar?! ¡Tú, Shinji Watari que cuentas con miles y miles de cámaras para ver en toda mi ciudad!

Oikawa estaba furioso, Kageyama recordaba raras veces haberlo visto tan malhumorado, el líder caminaba a paso rápido por toda la instancia, poniéndolos a todos tensos. Watari pareció querer armarse de valor, si tartamudeaba solo se vería como una muestra de debilidad.

—No, líder —respondió—, pero mientras hablamos, mi equipo…

Fue cortado cuando el brazo de Oikawa, quién estaba a través de la habitación, se había estirado; reemplazando la piel por una largo cable metálico, el miembro hacía un chirrido cuando se alargaba y tomó a Watari por el rostro. Sus dedos se habían convertido en largas garras que se hundían en la cabeza del androide; levantándolo del piso, haciendo colgar sus pies.

—Entonces no me sirves para nada.

Dichas las palabras, su mano metálica se cerró, deformando la cabeza del androide con una increíble fuerza. El cuerpo de Watari convulsionaba mientras su cerebro era destruido más allá de la reparación; todavía sostenido en el aire. Kageyama miró hacia otro lado, no quería pensar qué le podría pasar a él si su secreto se sabía.

Oikawa movió su brazo, tan largo como un flagelo metálico, agitando el cuerpo sin vida de Watari como si fuera un títere; estrellándolo contra la pared, causando una abolladura al cemento.

Todos guardaron silencio.

Las garras se transformaron en dígitos y el brazo se encogió hasta su tamaño normal. La piel lo volvió a devorar.

—¿Qué esperan? —Preguntó Oikawa, ajustando su corbata blanca, dejándola impecable, pasó una mano por sus cabellos caoba, manteniéndolos en orden —. Vayan y encuentren al insecto antes que terminen como Watari.

Kageyama miró el destrozado cráneo del exterminador, los circuitos cortados producían pequeños choques de electricidad.

Se encaminó al momento que todos salieron de la estancia de Oikawa; Iwaizumi, Shirabu y Ushijima se quedaron atrás.

Mientras él deambulaba las calles de Ciudad Batería sin ningún propósito, solo para jugar el papel, lo único que pensaba era en el rebelde al que le había salvado la vida. Sabía que estaba herido, pero no podía evitar preguntarse si se escaparía en el momento que él estuviera ahí afuera. Necesitaba llegar a su apartamento con urgencia, pero si se marchaba de la búsqueda se vería muy sospechoso.

Las horas en las que estuvo ahí afuera fueron agonizantes, pero por fin fue relevado por otros exterminadores de rango más bajo y fue libre de marcharse, por lo menos hasta la mañana próxima. Si corría todo el camino a su apartamento, levantaría sospechas y llamaría ojos curiosos, así que solo se conformó con caminar rápidamente.

Cuando alcanzó su edificio, ya no pudo soportarlo y comenzó a correr; obviando el elevador y subiendo dos escalones de las gradas con cada paso que daba.

Su mano temblaba cuando alcanzó la perilla, pensando en que el rebelde ya debería de estar a calles o peor aún había encontrado una salida de la ciudad y él lo había ayudado a escapar. Abrió la puerta de golpe para encontrar lo peor…

El rebelde seguía dormido en el sillón, en la misma posición en la que lo había dejado.

Los humanos eran muy lentos reparándose, ¿verdad?

Bueno, no importaba; eso le daba más tiempo para preparar la jaula de su cuervo prisionero. Esa fue la segunda vez que desobedeció las órdenes directas de su líder: Robó unos cuantos artefactos de los laboratorios.

Se prometió que los devolvería una vez que tuviera sus respuestas.

Los sacó de las bolsas de sus pantalones, pequeños cuadrados, no más grandes que su palma. «Lockets» se llamaban, eran dispositivos capaces de crear hologramas táctiles, tan sólidos como una pared. Kageyama los colocó estratégicamente alrededor del cuerpo inconsciente del rebelde. Diseñando la prisión.

Activó las paredes y enseguida se irguieron paneles halógenos que separaron el salón de estar a la mitad.

Ahora solo era cuestión de tiempo para que él despertara y su interrogatorio comenzara. Kageyama se acercó al rebelde, su pecho se movía lentamente, hacia arriba y luego hacia abajo. Estuvo mirándolo por varios minutos, para percibir algún cambio en su respiración, temperatura, signos vitales…

…nada.

Tobio reanudó sus actividades diarias.

Así pasó el día.

Y el siguiente.

Y el siguiente.

Al tercer día se acercó otra vez, adentrándose a la jaula del humano rebelde, su posición no había cambiado. Le dio unos leves golpecitos en el dorso, no obtuvo respuesta.

Pasó lo mismo por los siguientes dos días.

Kageyama estaba comenzando a irritarse.

Entró a la prisión de paredes halógenas y caminó en dirección a la forma inconsciente. La piel de su rostro estaba levemente pigmentada con puntos un poco más cafés, debían ser producidos por los rayos del sol. Pero… era un poco extraño, dado que los rayos ultravioleta eran mucho más débiles que en el pasado.

Por lo menos eso era lo que le habían informado.

¿No era cierto?

El cáncer de piel o quemaduras por rayos ultravioleta eran cosa del pasado… ¿verdad?

Fue tomado por sorpresa cuando, sin aviso, el rebelde se movió; Tobio dejó de respirar por unos segundos. Revisando detrás de sus ojos, los signos vitales, pulso, respiración, temperatura… el rebelde solo había cambiado de posición.

Sintió como si una vena —si tuviera venas, arterias y sangre— pulsara en su frente; hirviendo con ira. Sin calcular sus pensamientos o pasos, corrió hasta el sillón del dormilón rebelde y golpeó su cabeza, dándole un golpe con la palma de su mano.

—¡Ow! —fue despertado sin contemplaciones el rebelde de cabello como fuego.

Kageyama se congeló, eso definitivamente no era lo que había planeado.

—¿Qué diablos…? —comenzó a quejarse, su pulso comenzó a acelerarse cuando caía en cuenta de dónde se encontraba y bajo qué condiciones.

Grandes ojos avellana se posaron en su brazo, donde la intravenosa salía; sus pupilas se dilataron hasta cubrir casi todo su iris, al notar todo su alrededor y, seguramente, al repasar los eventos transcurridos hasta el momento que perdió la conciencia. Era evidente la ola de adrenalina que recorría en su cuerpo al juzgar por los latidos de su corazón y el drástico aumento de su presión sanguínea.

Los dos pares de ojos se miraron. Marrón sobre azul marino.

Cada cuerpo se movió en cuestión de segundos, Kageyama fue por la pistola en su costado y apuntó a su enemigo. El killjoy fue directo por la aguja en su mano, sacándola de la vena y apuntando al exterminador.

Era evidente quién tenía la ventaja, Tobio tenía un arma de fuego en sus manos, aun así el otro no parecía querer rendirse.

—Baja tú arma o te dispararé —amenazó con voz imperturbable, tratando de calmar al impulsivo chico de cabello rojo.

—¡Dime dónde diablos estoy! —gritó su «invitado».

—En las instalaciones secretas de Better Living —mintió—. No planeo hacerte daño, solo quiero algunas respuestas.

—¡Vete al demonio, engendro! —escupió el rebelde; enojando más a Kageyama. Eso le pasaba por querer ser civilizado con esas bestias del desierto.

Disparó al piso, cerca de los pies del otro, tuvo cuidado de no darle a él. Solo era para asustar al cuervo; y tuvo éxito, el de cabello como fuego se alejó lo más que pudo y soltó su arma.

—Sólo responde mis preguntas y te dejaré libre —mintió otra vez.

El chico lo miró a los ojos, perfilando los dientes en una mueca de ira.

—¿Y qué pasará si no lo hago? —desafió.

—Quemaremos tu cuerpo en llamas purificadoras.

El rebelde tragó con dificultad, intentando verse más amenazador aun con la bata de hospital todavía encima, descalzo y el vendaje en su cabeza. Kageyama comenzó a caminar por el reducido espacio de la jaula, intimidando al chico lastimado.

—Tuviste una contusión no muy grave, aunque perdiste mucha sangre y si no fuera por mí, hubieras muerto.

—¿Qué esperas? ¿Una carta de agradecimiento? —siseó el pequeño, Tobio apretó su puño con fuerza intentando no perder los estribos.

—¡Solo contesta las preguntas! ¡Demonios! —gritó, perdiendo los estribos.

No recibió respuesta alguna, solo la mirada llena del odio del rebelde.

Se le ocurrió una idea.

—Contesta las preguntas y te diré lo que pasó con todos tus demás compañeros.

El de cabello como llamas fue sorprendido por su declaración y miró hacia abajo mordiendo levemente su labio herido. Kageyama esperó pacientemente por su respuesta, tenía todo el tiempo del mundo para manipular a la cucaracha.

—De acuerdo… —contestó el rebelde, no se escuchaba seguro de su decisión, pero Tobio sabía que al otro no le quedaba por hacer nada más.

Inconscientemente el exterminador se lamió los labios por la anticipación, solo había una pregunta que daba vueltas en su mente. Por fin tendría la respuesta que había estado buscando; nadie en Ciudad Batería había podido contestarla.

Sintió sus dedos cosquillear, todos sus sentidos se agudizaron, sabría si el rebelde estaría mintiendo. No podía evitar sentir un poco de temor al solo pensar la palabra; respiró profundamente y miró los ojos caoba del cuervo.

—¿Qué es Destroya?

Un silencio lleno de tensión se apoderó del lugar, hasta que:

—Jamás he escuchado ese nombre… —respondió el rebelde.

—¡¿Qué?! —exclamó, el rebelde solo se encogió de hombros.

Kageyama no podía creerlo, sintiéndose traicionado por lo anticlimático del asunto. Entonces el rebelde no le servía para nada.

No, también podía aprender de otras cosas fuera de la ciudad. Optó por hacer otra pregunta.

—¿Qué fue lo que dio inicio a las guerras de helio?

—No sé —respondió.

Tobio no pudo soportarlo y sacó el arma de su bolsillo nuevamente, apuntando directo al cerebro del otro.

—¡¿Qué hay de nuestro trato?! —gritó, sabía que los incivilizados rebeldes eran barbáricos en sus costumbres, ¿pero qué mintieran de esa manera? Eran más bajos que los animales.

El chico levantó sus palmas al aire, en señal de derrota, ojos abiertos y cejas levantadas, su pulso corriendo a mil por hora.

—¡Realmente no sé! —se justificó alarmado.

Kageyama lo observó con recelo, no confiando plenamente en sus palabras, pero no había nada más por hacer. Resopló con enojo por su nariz y optó por seguir intentando.

—De acuerdo… siguiente pregunta: En el desierto, ¿se rigen por reglas y establecen un gobierno? ¿Castigan a los criminales que, según ustedes, quebrantan esas leyes?

Silencio, y luego:

—… no sé —se volvió a encoger de hombros.

Tobio intentó ordenar sus pensamientos por unos momentos, evitando explotar como hace rato; y volvió a intentar.

—Antes que Better Living llegara al mando, ¿qué gobierno regía? ¿Lo hacía en todo el mundo? ¿O cada Zona era diferente?

—No sé —repitió el cuervo, moviendo su inútil cabeza de lado a lado.

El exterminador comenzó a rechinar sus dientes, prefiriendo pasar a la siguiente cuestión.

—¿Qué era Better Living antes de gobernar la tierra?

El de cabello salvaje pareció confundido.

—¿No deberías tú saber eso?

Kageyama se mordió la lengua por el enojo y comenzó a respirar profundamente, sin embargo, intentó que la ira no se acercara a su voz.

—No, es por eso que te lo pregunto a ti.

—¡Ah! —los ojos del rebelde brillaron y una pequeña luz de esperanza comenzó a crecer en el pecho del androide, el cuervo siguió: —… no sé

—¡Demonios, entonces dime algo que sepas! —gritó, el eco de su voz fue tan fuerte que chocó en las paredes.

¡¿Todos los rebeldes eran así de idiotas?! No era de preguntarse por qué siempre perdían en sus enfrentamientos contra ellos. Aunque…

El rebelde que fue capaz de hackear su sistema, creó un virus lo suficientemente intricado para hacerlos apagar su red. Definitivamente ése no era el idiota que tenía en frente… diablos, si tan solo lo hubiera capturado a él…

—¡Bien! ¡No te diré nada! —regresó el de cabello como llamas, como si fuera un niño haciendo una rabieta.

El pelinegro no lo podía soportar más, debería matarlo ahí, en el momento. Ni siquiera valía la pena purificar su cuerpo. Había atrapado al rebelde más idiota e inútil de todos, sí, esa era su suerte.

¿Pero que había si estaba mintiendo? Si, de alguna forma, pudo burlar su detector de mentiras con facilidad, y realmente estaba tratando con uno de los killjoys más peligrosos de todos.

Se decidió y caminó hacia la salida de la jaula, activando y sellando la puerta. Lo intentaría más tarde, el cuervo no iría a ninguna parte, de todas formas. Sin volverle a dirigir la palabra, Kageyama reanudó sus actividades diarias, dejando a su prisionero confundido.


Sentía pulsaciones dolorosas en su cabeza dentro de uno a otro minuto, le vendría de maravilla algún medicamento para el dolor; pero no estaba tan demente como para pedirle algo a su captor. Hinata estaba sentado en la esquina de la pequeña habitación, con sus rodillas arriba, se escondía mirando al androide en su hábitat natural.

El problema era que el engendro no hacía nada fuera de lo normal.

Tenía un intercomunicador en la pared, y cada vez que sonaba el exterminador era lo suficientemente inteligente para evitar que Hinata escuchara algo de lo que hablaba.

Después de algunas horas se aburrió del lugar en donde estaba sentado, además, sus piernas estaban entumecidas. Se levantó y comenzó a caminar en el reducido espacio que podía. El sitio en el que podía moverse era dividido por lo que parecían paredes hechas de hologramas brillantes de luz.

Sin embargo, al tocarlas, eran sólidas.

Hinata retrocedió y arremetió contra ellas con todas sus fuerzas.

Recibió el golpe con su hombro y cayó al piso, quejándose de dolor; ya podía sentir la marca violácea que se formaría. El altanero androide lo miró con desdén, Hinata rechinó sus dientes con rabia. Las paredes eran más fuertes de lo que parecían.

No se daría el lujo de llorar, no aun por lo menos. No tenía idea qué era lo que había pasado en todo el tiempo que estuvo dormido, lo último que recordaba era el disparo hacia la cabeza de Kuroo. ¿Había muerto?

Si lo habían capturado a él y Kuroo ya no estaba, seguramente tenían a Tsukishima.

Tal vez Akaashi, Bokuto, Tanaka y Kyoko habían podido escapar.

Se rascó la cabeza con desesperación, ¡debía salir de ahí!

Caminó al sillón que estaba en su jaula, era un poco rígido, pero no era como si él estaba acostumbrado a cosas lujosas. El inmueble olía a limpio y no tenía rastros de polvo. Atrás, había un enorme ventanal que casi medía igual que la pared; Hinata lo había pasado por alto.

Se acercó al cristal, sintiendo la superficie fría y lisa del vidrio en las yemas de sus dedos.

Miró hacia abajo y sintió sus rodillas temblar, se encontraba a más de quince pisos. Debajo de sus pies, los ciudadanos caminaban, no parecían más que insectos. Las luces de los vehículos se movían con rapidez, y en los edificios adyacentes había pantallas gigantes que repetían diferentes anuncios; personas sonreían sin alma. En otras, anunciaban unas pastillas que brindaban felicidad.

¿Podría romper el vidrio?

—No lo intentes —vino la odiosa y sosegada voz del robot—. Es vidrio reforzado y lo único que harás será golpearte la cabezota que tienes y destruir las pocas neuronas que te quedan.

—«Es vidrio reforzado» —comenzó a imitarlo haciendo su voz más fina, burlándose del androide— «Lo único que harás es bla bla bla»… pedazo de idiota.

Ninguno de los dos volvió a hablar por horas.

Hinata se distrajo viendo la ciudad, era tan diferente a todo lo que él había vivido antes. No había peleas callejeras o por comidas, los pordioseros que habían visto antes no estaban por ningún lado. El escenario de edificios, calles pavimentadas, semáforos. En medio del desierto, el panorama siempre se encontraba solitario, lo único que siempre te acompañaba, era tu sombra. La ciudad, sin embargo, era concurrida; las personas caminaban lado a lado sin hablar unas con otras.

Si tuviera que elegir un color para definir Ciudad Batería, sería el gris.

Miró de nuevo a su captor, detrás de la pared halógena, el androide se miraba azul en diferentes tonos. Estaba viendo la televisión en otro cuarto, aparentemente las máquinas se entretenían viendo otras máquinas.

Se rió de su chiste privado, el robot lo ignoró.

—¡Ey! —Gritó a todo pulmón— ¡Robot! ¡Pedazo de hojalata!

Ni siquiera sabía qué era lo que quería decirle, no importaba, solo quería hacerle la vida imposible con el ruido. Hinata sentía cómo el silencio acuchillaba sus oídos; lo llenaría aunque fuera con su voz.

No obstante su apresador no le prestaba atención, sus gritos cayendo en oídos metálicos sordos.

Aun así, siguió gritando.

Hasta que ya no.

La habitación era aburrida, y después de pasar tantos años en movimiento; las horas de quietud le daban una tranquilidad artificial; después de, lo que tenían que ser por lo menos tres horas o tres minutos, se quedó dormido.

Se despertó a una oscuridad completa, miró tras la ventana, la ciudad seguía despierta. El robot, por el contrario, no estaba por ninguna parte y la puerta a, lo que Hinata había concluido se trataba de su cuarto, estaba cerrada.

¿Los robots también dormían?

Aprovechó el momento que dejó de ser vigilado para encontrar alguna debilidad en la pared de luces. Caminando por el reducido espacio que le había sido regalado, el piso estaba tapizado por alfombras, Shouyou movió los dedos de sus pies descalzos, probándola.

Tenía una camisa blanca con unos pantalones del mismo color, la ropa le quedaba floja y parecía de hospital. No tenía un espejo así que no había manera de saber cómo lucía el vendaje de su cabeza o que aspecto tenía él después de todo lo que había pasado.

No pudo volver a dormir, así que miró el amanecer a través de la ventana

No había rastros de los destrozos que habían causado él y los demás killjoys, parecía que jamás se hubieran infiltrado; eso le causaba más rabia. Las pantallas se repetían interminablemente, había una más gigante de todas en la que Oikawa hablaba con amabilidad; no tenía idea qué podría estar diciendo, pero no parecía un mal tipo.

Eso lo hacía más peligroso.

El ruido de aire comprimido siendo liberado lo sacó de sus pensamientos y cuando giró su cabeza, el androide que lo tenía enjaulado parecía reanudar su día de trabajo. No lo miró ni una vez.

Hinata sacó la lengua cuando el exterminador estaba mirando a otro lado; él podía jugar a eso también. Le dio la espalda y volvió a concentrarse en la ciudad abajo; hasta que un ruido como un zumbido estridente llamó su atención. Shouyou se giró para descubrir al androide dejándole un plato lleno de comida.

Era un plato de plástico, tenía una especie de puré y un pedazo de carne; se le hizo agua la boca al ver el gran pedazo de proteína; sus ojos se movieron hasta el androide que le había dejado la comida e hizo una mueca. Dirigió su atención a la ventana, no tocaría nada que el ser artificial le diera.

¿Tendría veneno?

No lo creía, de todas formas, si él lo quisiera muerto, Shouyou habría dejado de respirar hace días. Simplemente no le daría la satisfacción al pedazo de hojalata saber que él aceptaba su «ofrenda de buena fe». No, definitivamente no lo haría.

Se sintió tentado a escupir en el plato, pero para ese entonces, escuchó la puerta cerrarse y el androide salir del cuarto.

Así pasó las siguientes horas, él ignorando la comida, completamente solo en toda la habitación. Sus tercos ojos siempre regresaban al plato con los alimentos, en la esquina de su mente, se preguntaba si los insectos llegarían a comerla; sin embargo no parecía haber otro tipo de vida además de él. El ambiente del cuarto era tan artificial que Hinata consideraba las altas posibilidades de que él también podría estar muerto en ese medio estéril después de algunos días.

Parecía poco habitable.

Abajo en la ciudad, la conglomeración de las personas era enorme, le recordaba a los nidos de hormigas que él solía molestar con una vara de madera cuando se aburría en el desierto; que luego le hacía ganar una que otra picadura en sus piernas.

Sus ojos encontraron su camino al plato de comida.

Era carne.

Recordaba la última vez que probó carne, fue en el Nido, cuando Kuroo tocó para todos. Su pecho dio un vuelco al recordar la escena con nostalgia; sentía que habían pasado años desde la última vez que vio a Kenma. No tenía manera de recolectar información, no con ese aburrido androide limitando sus pasos y espiándolo todo el tiempo.

El tren de pensamientos fue interrumpido por un gruñido de su estómago.

Tenía hambre, mucha hambre.

No, no le daría ninguna satisfacción al horrible robot de ojos azul marino.

Su testaruda boca comenzó a producir saliva ante la expectativa y las imágenes de la comida. Se lamió los labios inconscientemente y llevó una mano a su quejumbroso estómago. La última vez que comió fue la noche antes de llegar a Ciudad Batería, la lata de comida que Akaashi le dio a cada uno en las afueras del comedor abandonado cerca de la Zona 2.

Antes que su vida diera un giro de ciento ochenta grados y terminara como un prisionero. Se comenzó a preguntar si tal vez había sido su culpa, se había infiltrado en la misión de alto riesgo, comportándose como un infante. Se frotó sus ojos con sus nudillos, comenzaban a producirle comezón. Kuroo estaba muerto y quién sabe quién más… si tan solo hubiera escuchado a Daichi.

Su estómago rugió otra vez.

El androide no parecía regresar, tal vez había salido lejos…

Mandó su orgullo al demonio y se acercó al plato de comida, hincándole el diente al pedazo de carne tierna. Tuvo que cerrar los ojos para deleitarse en el sabor, estaba delicioso. No recordaba haber comido carne tan fresca y jugosa, no podía ser real. ¿Dónde había estado esta comida durante toda su vida?

Su captor no había dejado utensilios por ninguna parte, pero Hinata no los necesitaba. Trayendo el extraño puré con sus dedos a su boca, sabía exquisito. No pudo detenerse hasta lamer el plato y dejarlo brillante de limpio.

Después de bajar de su clímax gastronómico, sintió ira consigo mismo al ser tan débil y aceptar la comida que su enemigo le había ofrecido; también estaba enfurecido con el androide, ¿cómo podía ser capaz de preparar una comida tan deliciosa? No era justo.

Pero con eso era suficiente, había recobrado sus fuerzas y arrojaría la siguiente porción de comida en la presumida y aburrida cara del exterminador.

A quién engañaba, seguramente se comería eso también.

Después de un largo tiempo escuchó la puerta corrediza de metal de la entrada abrirse automáticamente; dejando entrar al enojón exterminador de cabello azabache. Hinata se había quedado de espaldas en el piso alfombrado, viendo el techo, por más de lo que tenían que ser cerca de seis horas.

Como se esperaba, el pelinegro no lo miró ni le prestó atención.

Sin embargo, contrariado a su actitud, se acercó a la prisión de Shouyou y le dejó una botella con agua. El killjoy se relamió sus labios resecos al ver el cristalino líquido, no tenía idea de lo sediento que estaba; no lo pensó dos veces y le quitó el frasco de plástico y lo llevó a su boca.

En segundos se lo terminó todo, mojando la mitad de su rostro y su pecho.

—Gracias —murmuró sin pensarlo, su voz estaba ronca, seguramente por la deshidratación y las horas que había pasado sin hablar con nadie.

El exterminador no lo reconoció y no hizo nada más que ignorarlo; haciendo enojar al killjoy. Él salió de su prisión, aparentemente el interrogatorio no continuaría hoy.

No era su culpa no saber las respuestas a las extrañas preguntas que le hizo. ¿Qué, diablos, sabía él acerca de Better Living antes que llegara al poder? ¿No había estado siempre en el poder, luego de las guerras de helio? Se rascó la cabeza, intentando poner sus ideas en orden.

Seguramente Sugawara o Daichi tendrían las respuestas.

Sintió una leve presión en su abdomen bajo y tardó un par de minutos en darse cuenta de lo que se trataba…

Ah, diablos, el agua había comenzado a hacer efecto; sabía que no debía haber bebido demasiado.

Tenía que ir al baño.

Miró a su derecha y luego a su izquierda, su delimitado espacio contaba con un sillón para dormir pero no había baño por ninguna parte.

—¡Ey! —Llamó, intentando obtener la atención del exterminador—. ¡Ey tú!

No obtuvo respuesta.

Pero Hinata no era de los que se rendían.

—¡Ey! ¡Ey! ¡Ey! ¡Tú, exterminador de mierda! ¡Sí, tú! ¡Ey!

El androide seguía ignorándolo, pero se comenzaba a encoger de hombros; una clara muestra de enojo comenzando a hacer ebullición. Hinata tenía que reconocer la parte humana de los seres artificiales, casi se podían hacer pasar por una persona de carne y hueso.

—¡Eeeey! ¡Pedazo de hojalata! —Gritaba— ¡Escucha! ¡Tú! ¡Eeeey!

La presión en su vejiga iba en aumento, necesitaba salir urgentemente.

—¡Exterminador de mierda! ¡Sí, te hablo a ti!

—¡¿Qué diablos quieres, maldita sea?! —exclamó el pelinegro, prestándole atención después de dos días.

—Necesito ir al baño.

—¿No eres una bestia? ¿Por qué no haces ahí al lado de tu comida?

—¡Eso es asqueroso y vulgar! —Regresó— Además, al final del día quién se perjudicará serás tú, todo el lugar no va a oler bonito, ¿sí?

El exterminador enrolló sus dedos en un puño y sus labios se tensaban en una delgada línea. Hinata no podía evitar sentir la alegría de hacer enojar de esa manera al idiota ese. El androide comenzó a acercarse y Shouyou retrocedió un poco.

—No intentes nada extraño o te mataré con mis propias manos —amenazó.

Hinata tragó el nudo en su garganta.

Un panel refulgente se apagó y se abrió una salida, Shouyou caminó con cautela, alejándose lo más que podía del extraño ser. Nunca antes había estado así de cerca de un androide; el solo pensar que él lo había cargado todo el camino hasta aquí…

Era extraño, muy extraño.

No confiaba en darle su espalda al exterminador así que Hinata prefirió encararlo mientras caminaba hacia atrás; de vez en cuando giraba su cabeza para asegurarse que iba en la dirección correcta. El androide lo miraba con sospecha pero no dijo nada, hasta que:

—¡Espera, cuidado con-!

Fue demasiado tarde y Hinata se tropezó con el desayunador de porcelana en medio de la cocina. Se deslizó y cayó sentado en el suelo y con él, una pila de platos. '¿Quién ponía platos tan cerca de la orilla? ¡Un robot, él lo hacía!' Pensó el rebelde con enojo.

Por lo menos tuvo la cortesía de acercarse al killjoy de cabello naranja y ayudarlo a ponerse en pie. Su cabeza había comenzado a pulsar otra vez, algunas porciones de la vajilla le habían caído en su injuria después de todo. Subió una mano para inspeccionar el dolor y se sostuvo con la otra en el suelo. Su palma entró en contacto con una superficie metálica y fría.

Un cuchillo.

Lo tomó del filo con sus dedos y lo metió con velocidad en su ropa interior bajo la bata de hospital. El androide agarró su brazo y con facilidad lo puso de pie, sin notar lo que Hinata acababa de hacer. Shouyou se alejó con rapidez del cuerpo del otro, si encontraba su nueva arma, seguramente lo mataría.

—¡Bien, bien! Retrocede un poco, grandote, yo puedo arreglármelas solo.

—Según lo que acaba de pasar, eso no parece ser cierto —contestó, sin ningún tipo de malicia en su voz.

Ah, el robot era ocurrente, entonces…

Hinata hizo una cara y caminó a la pequeña habitación en donde estaba el excusado. Cerró la puerta de golpe antes que el exterminador se acercara un poco más, rápidamente hizo una búsqueda del lugar. Nada fuera de lo común, debajo del lavabo estaba un pequeño mueble en donde guardaba papel higiénico y artículos de limpieza.

Pensó que, tal vez podría hacer una mezcla de químicos y volar el apartamento.

Solo necesitaba el cerebro de Nishinoya…

Diablos.

—Apresúrate, rebelde —vino la apagada voz del robot detrás de la puerta.

—En un momento.

Había una ventana cerca del techo, pero seguramente tenía el mismo tipo de vidrio reforzado que los demás. Y de todas formas estaba a cientos de metros del suelo, tachó esa ruta de escape de una vez. Se conformó con seguir con su cometido y usar el excusado.

—¿Cuál es tu nombre, robot? —dijo, subiendo el tono de su voz para hacerse escuchar afuera.

Pasaron unos momentos sin obtener respuesta.

—… Kageyama —respondió, parecía un poco… ¿tímido?—, Tobio Kageyama.

—Gusto en conocerte, Tobio Kageyama —intentó usar la voz más agradable que pudiera formular, mientras pasaba sus dedos, acariciando el filo del cuchillo. Esperaría el mejor momento para atacar—. Yo me llamo Shouyou Hinata.


No era el primer hermano que perdía.

No era el primer hermano que perdía, se repetía mientras le daba una calada a su cigarrillo; esperando que tal vez el veneno de nicotina mataría el sentimiento de su pecho. Y cómo se contraía en todas las maneras equivocadas y cómo, sus expresiones querían retorcerse en una mueca para intentar hacerle frente a la situación.

Kuroo nunca se daba el lujo de fumar, cada rollo de tabaco era condenadamente caro. Pero decidió que esa tarde lo haría, en honor a su hermano caído; la nicotina era de las pocas cosas que, en el pasado, llegaban a calmar a Bokuto.

Además de Akaashi.

Mordió el interior de su mejilla y arrojó la colilla al desierto para luego pisarla, quizás con más fuerza de la que era necesaria. Su cabeza punzaba, llevó una mano al vendaje que Ennoshita le había colocado; la bala que había recibido había atravesado el casco pero solo lo suficiente para rasguñarlo.

Sacó otro cigarrillo, mandando al demonio su dinero, solo esa noche se daría el lujo; uno para él y el otro en honor de Koutarou. Lo encendió en la antorcha que Kenma sostenía; su amigo hizo una cara, Kuroo solo se encogió de brazos y miró a otro lado.

Kozume, él y la mayoría de los rebeldes estaban arriba en el desierto; las horas eran altas y la temperatura baja. Cada cuervo reunido tenía una antorcha, iluminando la negra noche. Las estrellas y la luna habían huido desde hace décadas.

El chico a su lado solo miraba el suelo; Kuroo también sentía pena por él. No era común para el tímido killjoy encontrar alguien con quien congeniara en tan poco tiempo y Hinata nunca pareció un mal tipo. Una espina en su cerebro le gritaba que había sido su culpa, él era el líder interino y se descuidó de Inferno por unos minutos. También le gritaba que había abandonado a su mejor amigo.

Maldijo sobre su aliento y se frotó los ojos, limpiando lágrimas antes que se formaran.

El más bajo pareció verlo pues llamó su atención y comenzó a mover sus dedos con rapidez.

«No fuiste responsable de lo que pasó.»

—Lo sé —mintió Tetsurou.

«Tsukishima intentó hacer su trabajo. Imposible. Los francotiradores atacaron.»

—Lo sé —aseguró; aunque Kenma no se miraba convencido.

Kuroo miró el pedazo de la máscara de Koutarou en su mano, le faltaba casi la mitad. Él lo había encontrado en la carretera cuando regresó con el automóvil, y cuando pasaron cinco minutos ya había planeado cuatro de las jugarretas que le diría a su amigo y cómplice, acerca de lo torpe y olvidadizo que era.

Nunca pensó que la habría rescatado para enterrarla.

No tenían un cuerpo, pero ahí en el desierto rara vez lo tenían.

Sabía que no era su lugar enterrarla, pero cuando se la mostró a Akaashi, supo que él no podría hacerlo. Keiji perdió el brillo de sus ojos en el momento que fue rescatado en el helicóptero. Daichi estuvo ahí para escuchar el lastimoso sonido de un amante gritando por su otra mitad al momento que fue arrancada de su cuerpo.

Cuando Akaashi vio la máscara solo la miró como si fuera un objeto extraño. Comenzó a decirle cosas como que él era la persona indicada para dar el elogio para Koutarou, alegando que no era bueno para las palabras y para hablar en público.

No se atrevería a llevarle la contraria, así que lo aceptó.

Desde que habían llegado, Keiji pasaba metido en la enfermería, sus heridas eran más graves que las de él y si a Kuroo le preguntaban; estaba seguro que él también estaría afectado por lo que sea a lo que ellos se enfrentaron.

Tetsurou tuvo que escuchar cada agonizante minuto del relato una vez que regresaron al Nido. Tuvo que dar un informe de toda la misión, desde el momento que pisaron el desierto, hasta cuando la pesada compuerta cayó a sus espaldas.

Tsukishima fue el primero en notar que la tercera parte del convoy desapareció. Kuroo sintió sus dedos temblar y por segundos no lo pudo creer, Ácido debía estar viendo mal, cuando movió su retrovisor su garganta se secó al no ver a Akaashi ni Bokuto por ninguna parte.

Aunque había llamado por refuerzos desde el momento que fueron descubiertos en la base de datos; Daichi le dijo que estarían ahí cuanto antes. Solo debían mantenerse con vida hasta entonces.

Ninguno contó con la presencia de esa máquina.

Kei, quién logró mantener su falso perfil en la red, luego les informó que se había tratado de un S.C.A.R.E.C.R.O.W. La última y novedosa arma de Better Living, ciborgs. Es decir, creaturas híbridas mitad robot y mitad humanos. Los documentos a los que pudo acceder eran limitados y solo supieron pocas cosas más.

Pero por lo que Akaashi había relatado, eran aterradores.

Miró a Histeria. El chico se encontraba a unos buenos diez metros de él, Sugawara estaba a su lado, ayudándolo a movilizarse por toda la base; sus heridas aún estaban recientes. El pelinegro no hablaba con nadie y mantenía su vista a la pequeña fogata que habían construido en el centro de la conglomeración.

Tetsurou supo no acercársele, estar con Akaashi le hacía recordar a Koutarou, y sabía que para el otro era igual. Cuando eso pasaba, toda la esperanza que le quedaba amenazaba con quebrarse. Si Bokuto no era merecedor de un futuro en esos horridos días, entonces nadie lo era.

Ah, otra vez esas cobardes lágrimas.

Se frotó los ojos.

—Todo listo —anunció Nishinoya, alejándose de los extraños artefactos enterrados en la arena.

Un silbido en el aire, segundos después una pequeña resonancia: luciérnagas efímeras de colores brillantes volaron por la negrura del firmamento. Planeando hacia abajo para luego desaparecer. Sus ojos brillaron por el fuerte fulgor pero no dejó de ver.

Luego se repitió.

Todos levantaron una antorcha en nombre de los caídos mientras las luces iluminaban los cielos abandonados.

Caminó en donde Asahi había cavado un agujero, de pie delante de todos los reunidos. La ceremonia siempre era de la misma manera, uno de los rebeldes, generalmente el más allegado el killjoy caído, se paraba frente a todos y daba algunas palabras, luego enterraban su máscara.

No tenían nada para recordar a Shouyou Hinata, pero Kenma quería dar algunas palabras frente a todos los reunidos en honor al pequeño Sol Inferno.

Miró a su alrededor, varios rebeldes derramaban lágrimas. Bokuto era llevadero, nadie tenía nada malo qué decir acerca de él; ni siquiera Tsukishima. Todo se sentía surreal, la arena bajo sus pies, la fría atmosfera.

Se paró en frente de toda la conglomeración y aclaró su garganta para subir el volumen de su voz.

Vio a Akaashi.

Histeria le devolvía la mirada.

Keiji pasaba todos sus días en la enfermería; Kuroo nunca lo vio llorar, aunque cada vez que iba a visitarlo para saber el estado de sus injurias notaba los ojos inyectados con sangre, cansados y vacíos. Entendía entonces que no era su incumbencia el luto del otro.

Abrió su boca y no reconoció el sonido que salió de ella.

Hablaba automáticamente, sobre lo buen soldado que fue Bokuto. No mencionó nada personal; las pequeñas bromas privadas de ambos: cómo cuando la camisa de Daichi había sido quemada debido a un cálculo erróneo de su parte mientras manejaba un lanzallamas en la lavandería.

Y cómo a los dos los dejaron en los deberes de limpieza por tres semanas.

Cómo los dos habían descubierto una pasión compartida por jugar voleibol cuando encontraron una pelota en medio de la basura mientras limpiaban. Crearon una cancha improvisada en medio de la cafetería y comenzaron a jugar como les complacía. Lentamente se les fueron uniendo cuervos, hasta que completaron los dos equipos. Jugaron hasta que Nicotina los descubrió pero Sugawara aplacó su ira y los dejaron terminar su partido.

Los recuerdos no dejaron de venir.

Jamás compartiría algunas cosas, ni siquiera con Keiji. Como por ejemplo la manera que Bokuto le había prometido al pelinegro de ojos entornados que se casaría con Akaashi. Kuroo pensó primero que debía estar bromeando, estaba en pleno apocalipsis, ¿quién tendría tiempo para eso?

Pero Koutarou parecía hablar en serio.

Keiji podía vivir sin saber eso, era evidente que el chico tenía suficientes demonios por el momento.

Kenma fue el siguiente en tener la palabra, moviendo sus dedos para indicarle a Kuroo qué era lo que debía decir. Habló del pequeño rayo de sol que fue Hinata, pudiendo hacer sonreír hasta al killjoy más amargado de la base.

La ceremonia terminó y todos se encaminaron nuevamente bajo tierra; Kenma se pegó a su lado. Quería compartir algunas palabras con Akaashi, pero el chico fue unos de los primeros en entrar, caminaba con dificultad y necesitaba de alguien más para caminar.

Sabía muy bien en dónde podría encontrarlo así que se dirigió primero a la cafetería; tomó una porción de la cena y fue en línea recta al ala de enfermería. Podría apostar sus dos brazos que Histeria no había comido nada ese día. Fue recibido por la apacible sonrisa de Ennoshita.

Kuroo sentía cierta responsabilidad por Akaashi. De todas formas, era la persona más importante para su mejor amigo y… Koutarou había muerto a su cargo.

Tetsurou estaba seguro que podía ser fuerte por ambos.

No.

Podía ser fuerte por Akaashi, luego se ocuparía de él mismo.

Llevó un tazón de estofado grisáceo y blando con un cucharón de madera. Con una mano hizo a un lado la vieja cortina que separaba la enfermería del consultorio de Ennoshita. Como lo esperaba, Keiji estaba sentado en la cama mirando a la nada otra vez.

—Tienes que comer —lo saludó Kuroo, alcanzándole el bol.

—Acabo de cenar —explicó.

—Tonterías, sé que no has comido nada —movió el plato—. Toma.

Akaashi no dijo nada más pero tomó el ofrecimiento. Kuroo lo tomó como una pequeña victoria aunque Histeria no lo probó. Tetsurou tragó con dificultad el nudo que se ataba en su garganta cuando hablaba con el pelinegro y abría la herida fresca para hurgar un poco más, cada vez más adentro.

Se sentó en la cama, pies firmes sobre la tierra y codos apoyados en sus piernas.

—Debiste decir algo allá afuera —dijo, el silencio era tan ruidoso en sus oídos que debía pararlo—. Es lo que todos estaban esperando, es lo que él…

—Nunca me importó lo que los demás pensaran —cortó—, además; ya te dije, nunca fui bueno con palabras. No me gusta ser el centro de atención.

«Sí, ese siempre fue él.» Pensó.

—Aun así, deberías cuidarte un poco, recobrar tus fuerzas. Más adelante se nos ocurrirá algo para golpearle los dientes a Better Living y vengarlo.

Keiji no dijo nada más; dejando a Kuroo solo y con sus pensamientos.

En la pared a través de la cama, había un pequeño ventilador moribundo, parecía que cada vuelta que daba sería su última. Servía para darle un poco de comodidad a los heridos; aunque el sonido siempre lo hacía quererse arrancar los ojos de su cabeza. Tanaka seguramente pensó lo mismo, Terror pasó solamente los primeros días ahí; un par de días después que le pusieron un yeso, ya había encontrado la manera de movilizarse alrededor de la base.

Así que Keiji era el único que quedaba.

—Voy a matarlo —Comenzó Akaashi sin aviso, Kuroo seguía enfocando en el ventilador—. Lo mataré con mis propias manos.

—Sí, Oikawa nos ha quitado muchas cosas, pero nos vengaremos juntos. Te lo prometo, pero es muy pronto, debemos reagruparnos.

—No me puedo quedar aquí de brazos cruzados… no cuando le hicieron eso a… —su voz comenzó a quebrarse, era la primera vez que lo escuchaba así.

Está vez Kuroo tuvo que encararlo, se encontró con ojos hundidos y vacíos.

—Lo sé —se limitó a decir Pantera.

—… ese ciborg solo jugueteo con nosotros. —Notó como el otro enrollaba sus dedos en la sábana, sus nudillos volviéndose blancos— Cómo si fuera un gato con unos patéticos ratones…

Tetsurou asintió, era lo único que podía hacer.

—Koutarou no merecía morir así, no hubo gloria, no hubo triunfo… Solo dos niños jugando a ser adultos…

—Akaashi…

Su rostro se volvió sereno en segundos, quizás sus lágrimas se habían acabado. Miró a Kuroo directo a los ojos, con tanta intensidad que casi lo hizo ver hacia otro lado.

—No puedo quedarme aquí, no hay lugar para mí en el Nido, ni en otro lugar en la tierra.

—¿De qué hablas? Para Akaashi.

—Pero no me iré solo, oh no… —Kuroo sintió su cuerpo ser cubierto por una ola de escalofríos—. Me encargaré de llevarme a Oikawa conmigo.

—Es suficiente —ordenó el alto pelinegro poniéndose de pie—. Para esto antes que avance.

No lo dejaría continuar, esas eran las palabras de alguien que había perdido toda esperanza. Habían perdido un gran atributo de sus líneas y no dejaría que perdieran otro.

—Es la única manera, Kuroo —sentenció—. La única.

Akaashi solo era el caparazón de Histeria.

No podía asegurar que volvería.

Tetsurou tuvo suficiente de escucharlo por ahora, regresaría mañana para llevarle un poco de comida. Sentía sus piernas pesadas con cada paso que avanzaba, saludó a Ennoshita sin prestarle atención y salió.

Kuroo se sorprendió al descubrir al cuervo con menos probabilidades de encontrarse ahí.

—¿Tsukishima?

El rubio parecía un ciervo en los faros, sus extremidades eran tan largas que lo hacían moverse con torpeza. Había recibido un balazo en su brazo y ahora lo tenía vendado. Kei parecía igual de incómodo al verlo, pues se acomodó sus lentes en el lugar.

—Kuroo —comenzó, no parecía seguro si debía seguir hablando—. Hola…

—¿Vienes a visitar a Akaashi? —Tetsurou miró hacia abajo, una manzana estaba en su mano.

En lugar de contestar, Ácido solo asintió con su cabeza.

Tetsurou supo que no podría hacer todo él solo.

—¿Tsukishima? —llamó antes de pasarle de largo.

El otro chico lo vio.

—Habla con Akaashi, él… —no sabía cómo ponerlo en palabras—… él no está completamente bien. Sólo… sólo habla con él. ¿Sí?

—Lo intentaré —respondió.

Kuroo lo tomó como suficiente respuesta y estuvo decidido a seguir con su camino. Hasta que…

—¿Sabes? —lo detuvo Tsukishima, sin verlo al rostro o dedicarle atención. Como si sólo necesitaba sacar lo que fuera de su pecho.

—Dime.

—Sé que no te importa, pero… siempre he pensado que es estúpido —Tsukishima parecía querer buscar las palabras en el suelo lleno de arena—; amar a alguien en pleno apocalipsis.

Kuroo apoyó su espalda en la pared y dejó que el otro siguiera.

—Perder la cabeza por alguien cuando el mundo se está yendo o se fue a la mierda —El de anteojos jugaba con la manzana en sus manos, como un infante queriendo mantener su atención en otro lugar—. Te ahorras todo este tipo de dolor.

La imagen del Akaashi de ahí adentro atacó su mente, una sombra de lo que antes era; pero luego… Bokuto siempre le había parecido la persona más feliz del planeta, cuando estaba al lado de Keiji. Los dos lo parecían.

—Es por eso que no lo entiendes, Tsukki —regresó Tetsurou.

El rubio hizo una mueca, arrugando el puente de su nariz.

—No me digas así.

Tetsurou se rio entre dientes, moviendo su cabeza de lado a lado, recordando a Histeria y Ala Revólver.

—En estos momentos, cuando el mundo se haya ido a la mierda, y tú te encuentres luchando una guerra que no ganarás —Tetsurou lo miró a los ojos—. Tal vez lo único que necesitas para sobrevivir esta locura es la mano de alguien más cubriendo la tuya.

Kei miró al piso, no sabía si estaba satisfecho con esa respuesta; pero Tetsurou comenzó a caminar, despidiéndose del otro killjoy.

—Iré a ver a Kenma.

Se alejó de la enfermería lo más que pudo.

Los pasillos estaban vacíos, seguramente todos se habían ido a dormir. Kuroo no pudo soportarlo, ya había sido fuerte por todos por el día.

Sus ojos comenzaron a arder y su visión se tornó borrosa.

Retrocedió unos pasos, hasta que sintió la pared a sus espaldas y se dejó caer en el piso, deslizándose. Cubrió sus ojos con el dorso de su mano para intentar callar los llantos, escondiéndose detrás de sus rodillas como lo hacía cuando era un niño.

No hizo ningún ruido y secó sus lágrimas con sus guantes, regularizando su respiración agitada; recordando que mañana era un nuevo día.

Y que él aún no estaba muerto.

Necesitaba un cigarrillo.


Como siempre, me encanta leer sus comentarios, así que no duden en dejar algún pequeño Review.

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Nos leemos luego~