Hola, hola.

¡Feliz viernes!

Les traigo nueva actualización, espero que les guste.

Y como siempre, si quieren compartir algunas palabras, la cajita de allá abajo está abierta.

Ah, una cosa más, la primera canción que mencionan el inicio la pueden escuchar acá: /watch?v=6mUDEBjFgm4 (solo le ponen el youtube primero)

Y el nombre del capítulo es el nombre de la canción que escuché mientras escribía todo el capi. Pueden escucharla acá: /watch?v=vbttZVTSJRU (también acá solo pongan el youtube)

Capítulo corregido y edidato por Ren S. Kutsnetzov

»Nombres de killjoys:
Cuervo Nicotina: Daichi Sawamura.
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka
Eclipse Impuro: Akiteru Tsukishima
Visaje Marfil: Kazuhito Narita
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita.«


Blackheart

Otra calurosa mañana, otra emisión bulliciosa en sus radios. ¡Doctor Desafiando a la Muerte con ustedes! Promoviendo las mejores y anarquistas melodías que no han sido olvidadas en el desierto.

Pero esta vez tengo una sorpresa para ustedes.

Tengo un invitado especial, aquí frente a mí. Creo que es conocido por todos en los interminables y ardientes kilómetros de arena y también en la caprichosa metrópolis de Ciudad Batería.

¡Pantera Anfetamina nos visita este día!

«Hola, Doctor.

Debo decirte, gracias por tenerme.»

Gracias a ti, por mantener las dunas de nuestra enorme y exiliada comunidad a salvo. Creo que es sabido por todos que tienes una voz capaz de calmar a legiones, Pantera.

«Guau, de acuerdo, aunque yo llamaría a eso un poco de exageración… »

Bien, pero eso es exactamente lo que necesitamos. Espero que hayas traído tu arma más confiable de todas, pero esta vez, me refiero a tu guitarra.

«Todo por ti, Doctor.»

Eres un buen chico, Pantera, y espero que no te moleste, después que nos cantes algunas canciones. Mis radioyentes tendrán un poco de tiempo para hacer algunas preguntas llamando a la cabina.

«Eso lo decidiré después.

De acuerdo, esta canción va por el nombre de:"Angel of small death", y trata de nadie en particular.

I watch the work of my kin bold and boyful

Toying somewhere between love and abuse

Calling to join them the wretched and joyful

Shaking the wings of their terrible youth…»

Se montó con velocidad a su motocicleta y corrió por las calles de la ciudad, ignorando las luces rojas o la acera de la calle. Le gritaba a los transeúntes que se movieran. No tenía idea si podía confiar en IEN, algo en su mente le gritaba que no era buena idea confiar en alguien adentro de la ciudad; pero no podía hacer más que llegar a su apartamento y salir de ahí.

Recibía toques de claxon al ir tan rápido, haciendo caso omiso a cualquier ley de tránsito, debía llegar antes que los exterminadores, la vida de Hinata estaba en riesgo. Maldita sea, su vida lo estaba también.

¿Qué le harían ahora?

Ya había visto cómo podían desarmarlo y jugar con cada fragmento de su cerebro o su persona. Apretó con fuerza el manubrio de la motocicleta, sus dientes castañeaban del terror. Haber visto esos videos… No quería seguir en ese lugar más tiempo, en esa ciudad, con un demonio como Tooru de líder.

No faltó mucho cuando empezó a escuchar las sirenas de los policías a sus espaldas. Ya había comenzado, entonces. IEN le había dado unos minutos de ventaja, no era mucho pero debía bastar. Los neumáticos chillaron cuando frenó bruscamente, miró a su espalda, habían mandado a los exterminadores Kunimi y Kindaichi. ¿La persecución había comenzado con los líderes de escuadrones? Rechinó los dientes y se adentró al apartamento, saltando dos y dos escalones para llegar a Hinata antes de ellos.

Llegó a la habitación introduciendo el código en el teclado numérico adherido a la pared. Entró de golpe, sin molestarse en quitarse sus zapatos y acomodarlos al lado del muro. Shouyou estaba ojeando una revista de los fármacos disponibles en las tiendas de emociones. Cerró la puerta con fuerza y premura. El cuervo levantó sus ojos y lo miró, leyendo el peligro de la situación en segundos.

—¿Kageyama? ¿Qué pasa?

Corrió a la ventana, patrullas habían comenzado a rodearlo y policías entraban al edificio. Comenzaban a sacar a todos los que vivían en los apartamentos, y corrían hasta su piso.

—Nos vamos —sentenció el pelinegro.

Los ojos de Hinata se abrieron como platos.

—Espera, ¡¿qué?!—el pelirrojo se puso de pie en segundos.

—Debemos salir de la ciudad o nos mataran a ambos.

La bomba había explotado y ahora debían largarse del lugar. El pelinegro tomó una mochila negra y blanca como su uniforme, se acercó a una pared con una pequeña mirilla.

—¿Y qué hay de lo que me dijiste? ¿Si sales de aquí tu núcleo se apagará y morirás? Afuera de Ciudad Batería no hay electricidad.

—Si voy a morir, que sea por mis propias reglas.

'No por las manos de científicos después que ellos hayan terminado de experimentar en mí' pensó, decidió no decirlo en voz alta. Hinata no tenía que saber los terrores que él había visto.

La pequeña abertura leyó su globo ocular y la pared se deslizó hacia arriba, abriendo un cuarto secreto lleno de armas de todo tipo, pulcramente ordenados en las paredes con luz blanca. Las pistolas eran blancas y todas tenían el logo sonriente de BL. Atrás de él, Hinata se maravilló sonoramente.

—¿Cómo es posible que no haya descubierto eso? ¡Estoy seguro que revise todo el apartamento! ¡Es genial!

—Porque eres un idiota —comentó Kageyama sin poner atención, sintió que era lo que debía decir, estaba demasiado ocupado llenando la mochila con algunas escopetas y pistolas de mano.

Vio a Hinata poner sus ojos en blanco, pero el cuervo no perdió tiempo y comenzó a armarse también. Mientras, Tobio pensaba en cómo salir de la ciudad, algún resquicio, una abertura que no estuviera a la vista de todos…

Recordó el viejo subterráneo por dónde pasaba el metro.

Estaba obsoleto y hace décadas que lo habían cerrado; aunque había una puerta ahí, un túnel que dirigía a las afueras de Ciudad Batería. Pero la entrada estaba al otro lado de la ciudad, tendría que recorrer diez manzanas para poder llegar ahí; y seguramente el séquito solo crecería.

Además también estaba el S.C.A.R.E.C.R.O.W. Si lo liberaban antes que ellos pudieran escapar definitivamente perdería. El sólo pensar en enfrentarse a ese monstruo… Y si llegaran al subterráneo y escaparan, solo era cuestión de tiempo que pasaran el campo electromagnético y su núcleo se apagará.

Debía decidir si moriría a manos de Tooru, los S.C.A.R.E.C.R.O.W. o por la falta de energía.

—¿Kageyama? —Lo sobresaltó la voz de Hinata— ¿Estás asustado?

No notó cuando sus manos se habían dejado de mover, solo tenía una pistola en su derecha y la mochila en su izquierda. Sus dedos temblaban sutilmente.

—N-no —contestó asustado.

—Lo lograremos —aseguró Shouyou y en segundos sintió una mano alrededor de la suya.

Kageyama miró la piel de Hinata sobre la de él y luego subió sus ojos para encontrarse con los del rebelde. Recibió una sonrisa de su parte, Tobio quería imitarlo pero fue interrumpido por un fuerte golpe en la puerta.

Ya estaban ahí.

—Si muero al salir de aquí —comenzó, atrapando la mano gélida de Hinata, los dedos parecían no recibir mucho riego sanguíneo debido al estrés en el que estaban—, por lo menos quiero sacarte de esta ciudad; es mi deber… después de todo, yo te atrapé aquí.

El pelirrojo abrió la boca para decir algo, pero fue cortado por los alaridos de los exterminadores.

—¡Sal en este momento, Kageyama! —gritaron desde afuera. Era la voz de Kindaichi— ¡Te tenemos rodeado!

—¿Tienes idea de cómo saldremos? —urgió Hinata.

—No…

—Bueno, eso es reconfortante —comentó.

—Ajá…

Sabía lo que seguiría ahora, usarían choques de electricidad para interferir con él código y así poder abrir la puerta. Él lo había hecho cientos de veces, con los ciudadanos para luego enviarlos al tubo y así proporcionarles su debido ajuste de pensamientos… y ahora seguía él.

Hinata comenzó a caminar de un lado a otro, como si estaba buscando algo. Detrás de la puerta se escuchaba el traqueteo de los exterminadores, venían más con los segundos.

—¡¿Qué estás haciendo, Hinata idiota?! ¡No es momento para eso!

Shouyou dejó de buscar por todos lados para encararlo, sus —generalmente— felices y vivaces facciones se contorsionaban en una expresión de suma concentración; era intensa, Kageyama retrocedió un poco.

—¿Tienes idea de cómo salir de aquí? —cuestionó, mirándolo fijamente, probándolo.

Tomó por sorpresa a Tobio y lo hizo retroceder, tragando el nudo de su garganta con dificultad. Negó, moviendo de lado a lado su cabeza.

—Bien, porque yo sí —respondió, no dejando lugar a dudas—. Ahora ayúdame a…

No escuchó las siguientes palabras pues vino un sonido sordo y eléctrico de la puerta. El panel numérico hizo cortocircuito y humo blanco comenzó a salir, al mismo tiempo la puerta se deslizó sin resistencia alguna. Hinata maldijo sobre su aliento.

—¡Cúbreme! —le gritó—. Necesito que cuando yo te diga «Ahora», les arrojes una bomba de humo a ellos —le señaló el artefacto esférico con la sonrisa escalofriante del logo—, y luego necesito que me des un arma y confíes en mí.

No se le cruzó por la mente decirle a Hinata que no.

Al instante que la melena desordenada de Shoyou salió corriendo hacia su cuarto se comenzaron a escuchar los disparos de los exterminadores. Kageyama arrojó el sillón que había sido la cama del cuervo por los últimos meses y lo volcó. Creando un muro de defensa, Tobio se arrojó al piso y comenzó el contraataque; confiando que, lo que sea que Hinata haría, sería suficiente para sacarlos de ahí.

—¡Necesitan saber algo! —exclamó el pelinegro, ocultándose de las mortíferas balas de Kunimi y Kindaichi— ¡Todo lo que sabemos es mentira! ¡Oikawa es capaz de hacernos a un lado, torturarnos, juega con nuestros recuerdos y pensamientos si no cumplimos nuestra parte!

—¡Eres una maldita sabandija! —gritó Kindaichi— ¿Hablas contra Tooru de esa manera? Mereces la muerte, me encargaré de capturarte y que jamás vuelvas a ver la luz del día.

Se estremeció ante la idea, ahora se veía mucho más real que antes.

No había manera de hacerlos cambiar de opinión, lo sabía; él había estado ahí hace unos cuantos meses. Salió de su escondite y comenzó a disparar para mantenerlos a raya; Kunimi apoyaba a Kindaichi a su espalda. Kageyama sólo necesitaba conseguirle un poco más de tiempo a Hinata. ¿Qué diablos estaba haciendo, de todas formas?

—¡Eres peor que la escoria! —gritaba Yuutarou— ¿Refugias a un traidor y traicionas a la persona que te ha creado, dado un lugar dónde vivir y un sentido a tu vida? ¿Y por qué? ¿Por una cucaracha? ¡Mereces ser fundido y enviado al espacio!

Kageyama se hincó y comenzó a disparar, callándolos con pólvora y proyectiles de plomo. Toda su sala de estar estaba de cabeza, agujeros en las paredes, como si había sido plagado por termitas en los últimos segundos, los marcos de pinturas genéricas se habían torcido, su vajilla estaba hecha trizas, el sillón había sido acribillado, retazos de algodón se habían dispersado por el suelo alfombrado.

Algo en su pecho se torcía, aunque no podía ponerle nombre, pero lo sentía más pesado cuando pensaba que en esos lugares había pasado momentos amenos con Hinata. Cuando él cocinaba y Shouyou no paraba de hablar, los últimos días que ambos habían dormido en la misma cama y el cuervo se negaba a regresar al sofá; Kageyama no volvió a dormir en su cápsula. Ahora no había manera de regresar.

¿Era eso el dolor de perder su hogar?

Fue sacado de su tren de pensamiento por una bala que casi impactó con su oreja, si bien los proyectiles no eran lo suficiente para asesinarlo —a excepción si impactaban con el núcleo en su pecho—, las balas dolían; como lo harían en un humano. Las terminaciones nerviosas de los androides eran similares, sino idénticas, a las de los humanos.

Si alguien cortara su cuello, no moriría desangrado, pero el dolor sería lo suficientemente fuerte como para desmayarlo.

Oikawa se encargó de eso, que los robots fueran semejantes a sus contrapartes humanas. Además, ¿de qué servía tener un ejército de robots si no podían controlarlos con temor y dolor? Ahora podía verlo, todo el imperio de su líder estaba intrínsecamente planeado para subyugar a todos los ciudadanos; androides y humanos.

—¡Kageyama! —vociferaba Yuutarou con ira, haciéndose escuchar arriba de los disparos.

Y luego…

—¡Ahora! —La voz de Hinata se escuchó separada de todo el ruido.

Todo a continuación pasó por sus ojos de manera gradual, se puso en pie y arrojó la granada de humo a los dos exterminadores en la puerta. Pudo discernir como sus muecas de furia se transformaban en unas de sorpresa, el pesado humo salió disparado de la lata con violencia y en fragmentos de segundos fueron engullidos por la nube sofocante.

Giró con rapidez para ver a Hinata encorvado, abriendo una ventana y probando la resistencia de una viga. ¿Estaba haciendo lo que él creía que estaba haciendo? Retrocedió con una soga en su mano y entonces Kageyama comprendió.

—Oh… no —fue lo primero que salió de sus labios.

Shouyou sonreía como si estaban jugando en un parque.

—¿No confías en mí? —preguntó, ofreciéndole la mano, urgiéndole que se apresurara entre elegir y dar el salto de fe con él o quedarse para ser reiniciado y probablemente encarcelado de por vida.

Tomó la mano de Hinata con fuerza y se pegó a su cuerpo, ambos chicos corrieron a la ventana y saltaron del edificio, sujetándose con su vida de la soga. Kageyama ni siquiera pensó si la cuerda era lo suficientemente fuerte para ambos o si la viga los podría resistir. El androide sintió la ola de escalofríos recorrer sus venas cuando el suelo del edificio se acabó y terminó parándose en el aire.

Lo primero que vio fueron los automóviles y taxis que pasaban sin detenerse, su cabello se ondeaba con la brisa de ahí arriba y el movimiento de péndulo que ellos tenían. Movió sus pies, cayendo libremente, el aire se sentía pesado en su pecho y ardiente en su tórax; en los oídos lo único que oía era su pesada respiración y las despreocupadas carcajadas de Hinata. Kageyama se tomó una fracción de segundo para verlo, su sonrisa era tan enorme que el androide se encontró preguntándose si sus comisuras le terminaban doliendo.

Hinata soltó la soga, haciendo caer a los dos unos cuantos metros más abajo, donde la volvió a sostener; ellos quedaron frente a otro ventanal unos cuantos pisos debajo. Shouyou abrió sus enormes ojos avellana y sacó la lengua por la esquina de sus labios, concentrándose. Apuntó con la pistola y disparó al vidrio; Kageyama entendió su plan.

Tensó su cuerpo y estiró sus piernas, impulsándose de la superficie del ventanal y pateó el vidrio con agujeros; las botas hicieron añicos la ventana y ellos fueron arrojados dentro del piso. Cayeron lado a lado, deslizándose por la alfombra, el apartamento estaba desierto. Hinata se sentó inmediatamente, sacudiendo minúsculos fragmentos del vidrio de su ropa; Kageyama lo hizo después.

—No hay tiempo que perder, vamos —urgió el de cabellera naranja.

—¡Esa debería ser mi línea! —reclamó el androide poniéndose de pie y saliendo de la abandonada morada.

En el pasillo estaban algunos policías, Kageyama acabó con ellos antes que los pudieran interceptar. Los humanos bajo el efecto estupefaciente cayeron al suelo; Tobio hizo una mueca, era la primera vez que asesinaba a alguien de su lado. Hinata corrió a los escalones y el androide vio atrás una última vez.

—¿En qué piso estamos? —preguntó el pelinegro cuando comenzaron a bajar.

Hinata miró la señalización en la pared y luego dijo:

—Décimo.

Habían avanzado mucho y en poco tiempo por la idea de Hinata; así que Kageyama tuvo otra idea. Sin murmurar ni una palabra tomó a Shouyou por sus costados, rodeándolo con su brazo y cargándolo como si fuera una mascota debajo de su axila.

Recibió grititos exaltados de parte del cuervo, tomado por sorpresa, pero el androide hizo caso omiso. Kageyama se acercó a las escaleras de emergencia y saltó, cayendo pesadamente en el piso inferior.

Tobio lo hizo otra vez, hasta llegar al sótano.

Kindaichi y Kunimi debían venir cerca, pero ellos tenían la delantera, Hinata era espontáneo y su manera de pensar tomaba desprevenido a todo BL/ind. Pensó por unos instantes que quizás podrían salir vivos de esta.

Llegaron a la motocicleta y Kageyama le urgió al cuervo que condujera.

—¿Por qué? —Preguntó alarmado—. ¡Tú conoces la ciudad como la palma de tu mano!

—Alguien debe dispararle a la barricada que estará en la puerta, además, cuando salgamos —mordió su labio inferior—… si mi batería falla, necesito que tu conduzcas sin mirar atrás.

Shoyou asintió solemnemente, tomando su lugar en la motocicleta; ambos chicos se subieron, Kageyama tenía una Beretta 92 en la mano y la otra se estabilizaba en el costado del chico más bajo.

—Esto podría tornarse turbulento —prometió Shouyou.

—Desde que te encontré, mi vida no ha parado de ser turbulenta.

Hinata se carcajeó.

No había tiempo para conseguir cascos, así que sin más, avivó el motor, haciéndolo rugir. Arrancó con rapidez, Kageyama preparó otra granada de humo cuando notaron la barricada de policías en la salida.

Salieron a las calles de la ciudad, en donde el tráfico era el mismo de siempre. Hinata pasaba entre automóviles y a veces en la calzada para los peatones; la situación no era una luz roja como cuando los rebeldes se infiltraron. Quizás Tooru no quería causar tanto revuelo por un simple exterminador que se volvía loco; su captura sería silenciosa, así como su muerte.

Disparaba solo para mantener lejos a los perseguidores, no quería por error darle a un ciudadano, así que no apuntaba con libertad.

—Oye —llamó al cuervo, acercándose a su oreja para que lo escuchara sobre el zumbido de las ráfagas de viento— ¿Cómo sabes que tenía una soga? —ni siquiera él lo recordaba.

—Estaba muy aburrido en ese lugar —vino su respuesta en segundos— tienes una habitación al fondo del pasillo como un cobertor, hay destornilladores, martillos; ya sabes, cosas como esas.

—Ah.

—Santa mierda… —Hinata murmuró las palabras mirando hacia arriba.

Kageyama siguió sus ojos y una ola caliente lo recorrió, parando en su abdomen, tragó un enorme nudo que tenía en su garganta.

Porque arriba, en una enorme pantalla cambiante de más de diez metros estaba su fotografía, de la misma manera que los killjoys. Una X roja plasmada en todo su rostro con una franja negra sobre sus ojos; las palabras «Exterminar» escritas ahí. La fotografía se giró, transformándose en la de Hinata; parecía que se la habían tomado cuando salió del apartamento en la motocicleta.

Hinata dejó salir un agudo chillido al verse, como uno de los criminales con urgencia de captura.

—No te asustes —aconsejó el pelinegro.

—¿Asustarme? ¡Eso es genial! —gritó.

El androide jamás llegaría a entenderlo.


Iwaizumi conducía velozmente, el séquito de policías habían aclarado la calle, y ellos iban en la persecución de su pequeño y travieso exterminador. Oikawa iba a su lado, piernas cruzadas y ojos cerrados, sus labios siempre se estiraban levemente, revelando una pequeña sonrisa.

—¿No deberías estar más preocupado? —comentó Iwaizumi con un tono desaprobatorio; a veces actuaba como su madre.

—No —respondió—, quiero disfrutar esto. ¿Quién diría que Tobio sería capaz de hacerme esto? ¿A mí? Considera esto, podemos matar a dos cuervos de un solo tiro, el pequeño Tobio tiene problemas de anarquía, pero sigue siendo un imbécil. ¿Guardando a la asquerosa cucaracha en su propio apartamento? ¿Qué estaba pensando?

Oikawa se echó a reír, Iwaizumi arqueó una ceja, sobrepasando a otra motocicleta.

—Quiero que sufra antes de reiniciarlo. —Plantó ambos pies en el suelo del automóvil blanco, inclinándose hacia adelante, encogiéndose de hombros por la emoción—. Que sepa lo que es el crudo y horripilante sentimiento de desesperación. Sus adorables ojos azules llenos de sufrimiento, dolor y terror.

—¿Y qué hay del killjoy?

—Lo despellejaré vivo y luego lo quemaré.

—De acuerdo —aceptó su primer oficial—, ¿me dejarás manejarlo? Se me ocurren unas cuantas ideas…

—No.

—¿Dejamos encargarse al S.C.A.R.E.C.R.O.W.?

—No, mi adorado Iwaizumi —Oikawa se rió entre dientes, Hajime lo vio irritado—. Me encargaré personalmente de Tobio esta vez, me aseguraré de encerrarlo por siglos.

—Como quieras —fue su respuesta, introdujo la quinta velocidad en el automóvil, llegando a más de ciento veinte kilómetros por hora, buscando a los dos fugitivos. El androide rebelde y la cucaracha del desierto.

—Desde aquí está bien —comentó el castaño, indicándole a su segundo al mando que comenzara a bajar la velocidad.


Hinata frenó bruscamente, haciendo lloriquear las llantas, giró el manubrio y la motocicleta dobló una curva cerrada, la moto se inclinó cerca de la carretera. Kageyama veía hacia atrás para contraatacar a los pocos perseguidores que tenían, el número de ellos le pareció sospechoso pero no dijo nada, y cuando miró al frente entendió por qué.

El mismísimo Tooru Oikawa y Hajime Iwaizumi estaban a la par suya, conduciendo un Chrysler 200 tan blanco como todo lo que rodeaba al líder. Antes que pudiera gritarle a Shouyou, sintió la maniobra violenta del pelirrojo, alejándose de sus depredadores. Oikawa tenía la vista clavada en él, pero rápidamente un automóvil particular pasó entre ellos.

Hinata logró separarse de Tooru cruzándose un bloque, poniendo un edificio entre ellos. Oikawa yendo detrás de él… eso pintaba problemas. Debían llegar al subterráneo con velocidad; aun no sabía cómo burlaría la seguridad cuando llegara ahí, pero supuso que se las ingeniarían.

Siempre lo hacían.

La motocicleta seguía hundiéndose más y más en el tráfico de la ciudad, escabulléndose entre camiones y automóviles, a lo lejos podía escuchar el gemir de las sirenas. Las ráfagas de viento empujaban su cabello hacia atrás, el de Hinata apuntaba a todas partes.

Sintió como dos ganchos se enterraron en su espalda.

Sin más aviso fue tirado hacia atrás, alejándose velozmente de la motocicleta, lo último que vio fue a Shouyou girando su rostro para verlo; luego un enorme golpe en su espalda lo dejó retorciéndose del dolor, un ruido sordo y piedra cediendo detrás de él le hizo saber que había sido una pared de cemento que había atravesado.

Luego le siguió madera, vidrios; algo lo arrastraba con fuerza inmensurable. Estaba dentro de un edificio ahora, un segundo podía vislumbrar a los trabajadores asustados por un androide al que tiraban, lo único constante que podía ver eran sus miembros, piernas y brazos extendidos como si nadara en el aire. Su cabeza dolía y apenas podía pensar, cada golpe, cada pared que atravesaba lo dejaba más mareado que el anterior.

Su esqueleto mecánico hizo un sonido como crujido cuando atravesó otra pared de cemento.

Un humano no podría haber sobrevivido eso.

Los ganchos enterrados en su piel seguían arrastrándolo hasta que ya no; fue arrojado hacia una zanja, su cráneo golpeó contra la acera. Oikawa estaba de pie frente a él, sonriendo de oreja a oreja, sus manos eran garras negras que volvían a su largo normal y eran engullidas por piel. Ahí, Tobio cayó en cuenta que el líder lo había alcanzado aun cuando una manzana estuvo entre ellos, haciéndolo atravesar los edificios.

—¡Ya-hoo! —canturreó juguetonamente.

Su única respuesta fue un gruñido; se intentaba sostener sobre sus codos para poder ver que había a su alrededor. Toda su ropa se había ensuciado, lleno de escombros de polvo y vidrio, apenas y podía poner atención. Le tomó de unos segundos escuchar la voz de Tooru, quién lo seguía llamando como si fuera un niño buscando la atención de sus padres.

—¡Tobio! —Llamaba—, ¡oh! Al fin me ves, ¡estaba a punto de quebrar tu mano para que lo hicieras!

Ah, diablos, debía salir de ahí. Recuperar a Hinata y largarse de la ciudad, sus piernas se tambaleaban pero logró ponerse de pie. Un puñetazo a su estómago lo sorprendió, arrojándolo hacia adelante, cayó de lleno a la calle con un golpe sordo.

—Me duele que me traiciones, Tobio —Oikawa se atrevía a verse herido, su sonrisa había desaparecido y lo miraba hacia abajo; Kageyama respiraba con dificultad, retorciéndose del dolor.

Una mano lo tomó de su cuello y lo levantó, haciendo colgar sus pies, cerrando su tráquea, la respiración no le faltaba, pero podía escuchar su cuello comenzando a crujir. Inútilmente llevó sus manos para ayudarse, pero el agarre era de acero.

—¿Después de todo lo que he hecho por ti? Me hieres.

—¿Hecho… —se volvió a poner de pie— por mí? Jamás has hecho nada por nadie más, eres ególatra, tirano, cruel, ¡Eres todo lo que está mal en el mund…!

Fue cortado por un golpe en su mejilla, el puño cerrado de Oikawa vino sin aviso, impactando en su rostro en milisegundos; su quijada resonó, y luego salió impulsado varios metros lejos de él.

Logró incorporarse, tomando una posición de defensa aun cuando iba impulsado, sus botas se arrastraron por el asfalto.

—Esa no es manera de hablarme —corrigió, sus ojos tenían un brillo leve, enfocado en su presa y sus labios sonreían.

—Muere —escupió el pelinegro.

La sonrisa se borró de sus labios y comenzó a acercarse a él, Kageyama quiso mantener su estancia de defensa, ambos puños frente a él, un pie más atrás que el otro. No quería demostrar miedo, pero titubeó por una fracción de segundo…

Y Oikawa lo notó.

El líder aumentó su paso, corriendo hacia él con ojos demoníacos, riéndose al momento que asestó un puñetazo; ésta vez Kageyama lo vio venir y lo esquivó. Él era uno de los más fuertes exterminadores, después de todo —razón por la que Kindaichi y Kunimi siempre tuvieron celos, había deducido—. Esto solo hizo la sonrisa de Tooru crecer más, comenzado a usar su otro puño para atinarle.

Apenas y podía mantenerse de esa manera, moviéndose con tanta agilidad, pero sabía que si Oikawa lo golpeaba aprovecharía el impulso para contraatacar con todo lo que tenía.

Se mantenía completamente a la defensiva, no tenía otro plan.

Sintió un golpe en su estómago, Tooru lo había golpeado con su rodilla; su mente se puso en blanco mientras caía al suelo. Escuchó la risa de Oikawa de manera opaca, esto no era más que un juego para él, no estaba luchando realmente; solo se entretenía un rato.

Y ahora se había cansado de jugar.

—¡Vamos, vamos! —Alentaba—. Levántate, Tobio. No me digas que eso es lo único que tienes —ladeó su cabeza e hizo un puchero.

Se alejó de él y le dio la espalda, Tobio se puso en pie, el dolor irradiaba en su estómago, caliente como lava; era difícil mantenerse erguido. Atrás de Oikawa no estaba Iwaizumi, su mente se alarmó, ¿había ido por Hinata?

—¡Pon atención! —regañó, golpeando de lleno su mandíbula.

Kageyama cayó otra vez.

Ahora no esperó que se levantara y lo irguió del piso, las puntas de sus pies apenas y tocaban el suelo. Iba a subir sus manos cuando un puñetazo acertó en su nariz, se quejó del dolor, ya no podía gritar.

—¿Me estás mirando ahora, Tobio?

Movió su pierna y pateó el estómago de Oikawa, la fuerza que usó fue risible y Tooru solo retrocedió un poco, aun lo tenía en sus manos; Kageyama se estremeció cuando el castaño arqueó una ceja. Lo siguiente que sintió fue ser arrojado hacia un edificio, con fuerza.

La pared se hundió con el golpe, el androide hizo una mueca de dolor.

Notó que no había sido arrojado, las garras metálicas y negras lo tenían aprisionado. Lo arrastraron nuevamente y lo golpearon contra el asfalto, causando otra abolladura ahí, Oikawa se estaba divirtiendo como un niño. Daba vueltas, golpeándolo como títere en cualquier superficie que encontrara, Kageyama intentaba sostenerse de cualquier lugar que podía, intentaba enterrar sus dedos en el pavimento.

—Tobio —llamó, trayéndolo a sus pies, Kageyama apenas y seguía consciente, recibió un golpe en su rostro—, Tobio —dijo de nuevo, con otro golpe— ¡Tobio! —golpe.

—… ah… —era difícil mantener sus ojos abiertos.

—Sé que me odias, pero esto es por tu bien —ladeó su cabeza—, cuando termine contigo besarás el piso donde camino.

—… ¿no lo entiendes?... —Tobio sentía como si un elefante le había pateado su cabeza junto con todo su cuerpo—. No… importa cuántas veces me reinicies, me hagas amarte, me hagas obedecerte… —tosió, sentía como si su garganta era un desierto—… el resultado será el mismo.

La sonrisa de Oikawa falló, siendo reemplazada por una cara de desprecio, perfiló sus colmillos con asco.

—¿Crees que me puedes derrotar? Aquí, sin mis policías, ni exterminadores, ni Iwaizumi.

Lo acercó a su rostro hablando casi en sus labios.

—Demuéstramelo entonces, pequeño androide.

Empujó a Kageyama y pateó su rostro en el siguiente segundo, cayó en el asfalto, dando vueltas. No le quedaba tiempo, en segundos Tooru ya lo tenía otra vez; lo acercaba para golpearlo, hundía su nariz con sus nudillos, el metal debajo de la piel crujió, reverberando en todo su esqueleto.

Se golpeó la cabeza cuando cayó al asfalto otra vez, garras lo sujetaron, elevándolo a casi cinco metros para luego estrellarlo al piso. Todos sus sistemas estaban chocando, sus signos estaban en rojo; muy pronto haría cortocircuito.

Oikawa evitaba el núcleo de su pecho a propósito; era evidente que no quería que muriera, solo hacerlo sufrir.

—Vamos, estoy aquí; mírame, Tobio —canturreaba, Tooru estaba de pie frente a él, una alarma sonaba en su sistema, alertándolo del inminente cierre si no recibía ayuda inmediata—, ¿no vas a derrotarme?

Kageyama tenía los ojos apuñados cuando escuchó un chirrido metálico, seguido por un grito que le tomó segundos saber que se trataba de su propia voz. Sentía su pierna en llamas, seguía dejando salir alaridos hasta que su garganta terminó seca e inflamada.

Abrió los ojos para ver que Oikawa le había destrozado la pierna.

—Mírame, pedazo de basura —gruñó el dictador, su voz era tan fría que lo dejó temblando.

Sus garras se habían cerrado alrededor de su pierna, reduciendo su esqueleto mecánico a añicos. Sin embargo, Kageyama lo hizo, miró a Tooru a los ojos, desafiándolo, odiándolo cada segundo.

—¿Qué me dices ahora? ¿Eh? ¿Aun crees que puedes ganarme?

Sin cuidado agarró un puñado de sus cabellos negros y los haló, haciendo que Kageyama lo encarara, el dolor no fue nada comparado con el que empezaba desde su rodilla hacia abajo. Sus respiraciones eran sibilancias, pero se mordió la lengua, obligándose a hablar.

—… lo… sé…

—Te encerraré y esta vez me aseguraré que no vuelvas a ver la luz del día —decidió, luego su vista se apagó al ser golpeado nuevamente.

Fue arrojado algunos metros, abrió los ojos lentamente; Oikawa se veía satisfecho por su fuerza. Pero el dictador no perdió tiempo, ya comenzaba otra vez a acercarse cuando…

Le tomó de unos segundos discernir lo que pasó a continuación.

Velozmente un camión de carga embistió a Oikawa, enterrándolo en la pared de un edificio. Pudo ver como el cuerpo del dictador era empujado con violencia, el motor del camión rugía con enojo, avanzando más y más adentro de la pared.

Le tomó de más segundos notar el cuerpo de Hinata que había saltado del automóvil en movimiento.

Y ahora corría hacia él.

—Hi… Hinata —su voz se escuchaba forzada y débil.

—Vamos, Roboyama, puse una piedra en el acelerador pero no creo que lo detenga por más tiempo.

Pasó un brazo por sus hombros y ayudó a levantarlo, su pierna era inservible ahora; solo podía movilizarse con la que le quedaba.

—¿Dónde está la motocicleta? —preguntó, estremeciéndose del dolor.

—Inservible —respondió el cuervo, manteniendo todo su peso en su hombro—, fue rodeada por exterminadores cuando tomé el camión de carga.

—¡Hinata idiota! —Regañó, gritando, luego se encogió, su pecho ardía, tosió con fuerza— ¿Por qué… por qué hiciste eso? Todos los ojos estaban en mí, pudiste haber huido sin problemas.

—¿Estás de broma? Vi como Oikawa te pateaba el trasero, si no intervenía de alguna manera te mataría.

—No creo… ah… no creo que su objetivo fuera matarme…

No, Tooru tenía otro destino para él, uno peor que morir.

—Deberías estarme agradeciendo, no insultándome, salvé tu mecánico trasero, ¡de nada!

—Idi…

—¡Kageyama! —fue interrumpido por una voz, alarmado, el pelinegro vio en la dirección para descubrir a…

Takahiro Hanamaki lo llamaba, facciones sosegadas e inteligibles; Tobio le urgió a Hinata que corrieran lejos, él era peligroso, su fuerza se comparaba con la de Iwaizumi. Seguramente el par de fugitivos se veían patéticos cojeando de esa manera, pero no se rendirían por nada del mundo.

Escuchó el motor de la motocicleta del jefe exterminador y paró frente a ellos.

—Kageyama —llamó, esta vez con calma—, vengan conmigo. Los ayudaré.

¿Qué?

Debían tener una expresión de incredulidad pues el mayor los zarandeó.

—¡Ahora es cuando, no hay tiempo que perder!

Kageyama preguntó lo único que se vino a la mente.

—¿IEN?

Su respuesta fue una mano revolviendo sus cabellos y no necesitó más.

—Tú puedes ayudarme, Kageyama, tú puedes encontrar a Destroya.

—¿Qué? ¿Qué es Destroya? —urgió.

—Ven conmigo, tenemos un largo camino que recorrer.


Comenzó a golpear el pesado vehículo que lo seguía hundiendo más y más en el cemento. Su pierna atravesó el chasis y por fin destruyó el motor, parando el gigante camión de carga. Rechinó sus dientes con ira cuando, como broma, el logo sonriente de BL/ind lo miraba en la punta.

Sus puños atravesaban el metal como si fuera mantequilla, hizo su propia salida y levantó el pesado vehículo arrojando el pedazo de lata inservible a un lado. El agujero de cemento estaba estrecho a su alrededor, esto estaba tomando demasiado tiempo…

La pared explotó a su alrededor y la vía estuvo libre.

Había tenido que usar más que sus propias manos y ahora su chaqueta blanca estaba arruinada. Chasqueó la lengua, ese Tobio lo pagaría caro, había pensado en darle un descanso, pero ahora vería.

Mataría a ese cuervo frente a sus ojos y luego lo reiniciaría.

Iwaizumi estaba frente a él, ofreciéndole la mano para ayudarle a levantarse.

Casi se conmovió, su segundo al mando siempre lograba eso.

—¿A esto le llamas «encargarte personalmente de Tobio»? —se burló; pero, de todas maneras, tomó su mano con fuerza.

—No estoy de humor, Iwaizumi —gruñó, perfilando sus dientes de rabia.

—Déjame encargarme de ellos —ofreció.

—Si alguien acabará con esa cucaracha seré yo —decidió comenzando a correr—, le mostraré a ese rebelde lo cruel que puedo ser.


Hanamaki conducía una motocicleta mientras él y Hinata habían adquirido otra —provista por el jefe exterminador— y ahora viajaban por las manzanas para llegar al subterráneo. Había demasiadas cosas que Kageyama necesitaba preguntarle a Takahiro, pero primero debían alcanzar la meta.

El rebelde de cabello naranja conducía, en su estado sin una pierna, por sí solo estaría perdido.

Llegaron a la entrada del metro abandonado, y como era de esperarse ahí se congregaban un enorme grupo de policías y exterminadores. Lado a lado, Kindaichi y Kunimi lo miraban con odio, y delante de ellos, Kyotani. Apodado por Oikawa como «Perro loco».

Hanamaki se adelantó a ellos y arrojó una granada a los exterminadores.

Corrientes eléctricas se apoderaron de todos los exterminadores presentes y cayeron al suelo sin aviso. Tobio se estremeció, ¿todos estaban muertos?

—No te preocupes, solo los desmayé, dentro de unos minutos recobraran la conciencia otra vez. Después de todo, son mis iguales y los tuyos. No arreglaremos nada en este mundo si solo fomentamos…

Fue interrumpido cuando Perro loco se abalanzó a él, trayéndolo al suelo.

Takahiro usó sus piernas para arrojarlo lejos, Kyotani recobró su postura y volvió a cargar contra él; pero Hanamaki estaba listo, sacó una pequeña vara de hierro y comenzó a girarla entre sus dedos.

Cada vuelta que daba la vara crecía y crecía hasta llegar a medir cerca de un metro. Era un mástil de hierro que en la punta tenía una cuchilla, aguda por un lado y en forma de media luna en el otro, los giros se tornaron lentos hasta que tomó la alabarda en su mano, empuñándola con seguridad.

Kyotani enseñó sus dientes como si fuera una bestia y corrió hacia Kageyama, pero Hanamaki fue más rápido y golpeó su tórax con la parte del mástil sin la cuchilla. Debió usar mucha fuerza, pues el excéntrico exterminador cayó de espaldas, gruñó de dolor.

—Adelante. Sigan ustedes, los alcanzaré luego —aseguró.

Kageyama no estaba convencido y Hanamaki no sonaba seguro.

—Espera, necesito saber, ¿no moriremos cuando salgamos del campo en Ciudad Batería?

Takahiro vio a Hinata y luego a él.

—Deja que conduzca él y estarás bien; ahora apresúrate, nuestro líder nos alcanzará en cualquier momento, solo me encargaré de este cachorrito. Sigan corriendo y no vean atrás.

Hinata lo tomó como señal y aceleró en instantes, adentrándose a la entrada del subterráneo; Perro loco los enfocó y corrió hacia ellos, pero Hanamaki fue más veloz y lo golpeó con su alabarda.

—Yo seré tu contrincante, Kyotani —hizo saber.

El exterminador rapado gruñó.

Kageyama se sujetó con las fuerzas que le quedaban del costado de Hinata. Dentro del abandonado subterráneo la temperatura era baja y el ambiente cargado, lleno de polvo y soledad. Shouyou bajó hasta los rieles con la motocicleta y comenzaron a dirigirse en la única dirección que había.

Tobio miró atrás.

Era imposible que Kyotani pudiera derrotar a alguien como Hanamaki.

¿Verdad?

—¿Dentro de cuánto tiempo pasaremos el campo electromagnético, Kageyama? —Hinata lo sacó de sus pensamientos.

—Algunos metros —susurró, temía que su núcleo se apagara, pero ahora estaban lejos de las garras de Oikawa.

Miró su intercomunicador, en el cual veía la posición que ellos tenían dentro de la ciudad. Estaban por cruzar el borde.

Treinta metros.

—¿Estás bien? —chequeó Shouyou, doblando su cabeza para mirarlo de soslayo.

—Sí, demonios, sí, enfócate en el camino, Hinata idiota, puedes chocar.

—¡Oh, guau! Sabes, Roboyama, tienes razón, mira como colisiono con ¡ningún otro puto carro a la redonda! —Explotó, pero el enojo no duró mucho, su ceño se fruncía en genuina preocupación—, ese Oikawa de verdad te lastimó allá atrás.

Veinte metros.

Miró su pierna, estaba arruinada por completo, chispas saltaban de los cables, la piel estaba rota. Necesitaba repararla urgentemente, si bien no había riesgo de infección, el dolor sería permanente hasta arreglarla.

—Ya estamos lejos de él —Tobio se enfocaba en lo bueno—, tú solo sigue conduciendo.

Sus ojos buscaron el intercomunicador.

Diez metros.

Cinco metros.

Posó su mejilla en la espalda de Hinata, podía escuchar el rápido tamborileo de su corazón y la respiración agitada en sus pulmones. Pensar que eso sería lo último que escucharía, no sonaba tan mal. Él apuñó sus ojos y esperó.

Con un suave «beep» el intercomunicador se apagó.

Levantó su rostro, habían pasado el campo electromagnético y su núcleo seguía funcionando.

—¿Qué fue eso? —preguntó Shouyou, alarmado— ¡Kageyama! ¡¿Kageyama, estás bien?! —gritaba, su voz se comenzaba a quebrar.

—Yo… sí, sí lo estoy —aseguró, aunque escuchaba a Hinata comenzar a sollozar—; lo… logré, lo logramos, salimos de Ciudad Batería…

El cuervo comenzó a vitorear, arrojando su puño al aire; Tobio miró atrás, preguntándose cómo le iría a Hanamaki, ¿podría él también salir de la ciudad y cruzar el campo electromagnético?

Volvió a posar su rostro en la cálida espalda de Hinata.

—¿A dónde iremos? —preguntó, ahora que se había quedado sin hogar, sin trabajo, sin lugar al que regresar.

—¿Qué? ¿No es obvio? —El rebelde parecía incrédulo—. ¡Al Nido, por supuesto!

Supuso que no había de otra, tal vez a los rebeldes no les importaría darle cobijo a un exterminador que por años se había empeñado en asesinarlos… Comenzó a morder su labio inferior con preocupación.

Era un exiliado, ahora; no tenía opción.

—Aunque hay un problema… —comentó el de menor tamaño, riéndose tímidamente entre dientes—… no tengo idea dónde está…

—¡Hinata idiota! —rugió.


Llegó para ver al androide golpear el suelo, completamente derrotado; el otro exterminador se erguía frente al caído, sin ningún rasguño alguno. Hacía ver al otro como un debilucho, Oikawa se sentía orgulloso por el poder que él mostraba y al mismo tiempo lo detestaba.

Detestaba que lo hubiera traicionado.

—¡Maki! —exclamó, saludándolo con una palma en alto— ¡Maki, Maki, Maki Maki! —repetía.

Cada nombre igualaba un paso más.

Perro loco estaba en el suelo, no se movía, pero su pecho subía y bajaba. Hanamaki siempre había sido blando, pero Oikawa siempre pensó que su amigo se encontraba en el bando correcto.

Cerró su puño con fuerza, intentaba sonreír pero sus labios parecían no obedecerle.

Había confiado en Takahiro Hanamaki, se conocían desde décadas; él, Iwaizumi y Matsukawa.

Siempre pensó que era blando, pero no estúpido.

Hanamaki no lo miraba con odio, ladeaba su cabeza y le sonreía, como si estaba emocionado por probar su fuerza con él; giró la larga vara de hierro con guadaña entre sus dedos, el zumbido violento llenaba sus oídos, la alabarda se detuvo súbitamente y se preparó para la batalla.

A su lado Iwaizumi parecía haber perdido las palabras, veía con odio a Hanamaki, la traición de su «viejo amigo» lo había tomado por sorpresa. Oikawa lo vio de soslayo y luego regresó su mirada a Takahiro.

—Vamos, Oikawa —Hanamaki hablaba sin malicia, le hacía sentir más enojo y odio—, siempre fui el diferente de los cuatro.

—Y el más estúpido también —comentó seco.

Takahiro se rió entre dientes de manera despreocupada, pero así era él, siempre tranquilo, siempre pacífico. Confiaba que su fuerza siempre era suficiente para hacer retroceder a un enemigo pero nunca terminarlo. Tenía talento, Oikawa lo admitía.

Se conocían desde antes que él gobernara el mundo.

¿Y ahora lo quería ver caer?

—¿No me darás la oportunidad de ver si tengo lo necesario para vencerte?

—No lo tienes —escupió con asco.

—¿Iwaizumi? —Preguntó—, de acuerdo, siempre quise saber cuál era su fuerza.

—Iwaizumi te daría una muerte limpia —decidió—. No, tengo otros planes para ti. Espero que sepas que estás a punto de morir.

—Eso lo supe desde que me decidí a ayudar a ese pequeño androide.

Oikawa rechinó los dientes, quería matarlo, quería destruirlo, quería explotar y llevarse a todo el mundo con él. Prefirió arreglar sus cabellos, todavía estaba mugroso después de haber sido arremetido por ese camión de carga. Se giró y esbozó una sonrisa.

Encaró a Hanamaki nuevamente, una caprichosa idea se le vino a la mente, y coincidentemente los refuerzos que había llamado Iwaizumi estaban llegando.

—Un traidor merece ser acabado por mis sabuesos.

Como señal, se comenzaron a escuchar los pesados pasos metálicos de Ushijima.

Sacaría algo entretenido por haber dejado a Kageyama escapar; Hanamaki seguía sonriendo perezosamente, nunca preocupándose por nada. Cuando él diera la orden, el S.C.A.R.E.C.R.O.W. atacaría.

Pero ya había decidido que era momento de probar su nueva arma.

Nuevos pasos se escucharon y Hanamaki se alertó visiblemente, esto hizo la sonrisa de Tooru crecer.

Oh, sí, esto sería divertido.

Koutarou Bokuto caminaba atrás de Ushijima, las mejoras se veían exquisitas y él había dejado de ser un humano con éxito. Su cabello blanco y negro seguía parado en puntas, Oikawa quiso mantenerlo, porque ¿de qué servía tener a un killjoy entre sus filas si éste dejaba de parecerlo? Excepto arriba de su oreja derecha donde dos tubos salían de su cráneo y se unían a un tanque de gas en su espalda.

Sus ojos grandes y amarillos eran rodeados por profundas ojeras, y su boca estaba cubierta por una máscara de gas que le proporcionaba la medicina de felicidad, controlando su cerebro. Respiraba con dificultad alrededor de la negra máscara, llegaba hasta el puente de su nariz y cubría la mitad de su rostro.

Le habían cortado su brazo derecho hasta el hombro y su pierna derecha hasta la rodilla.

Claro que fue reemplazado por una mano metálica, el nuevo ciborg movía sus falanges, adecuándose a ellos. Sus ojos solo se mantenían en el único objetivo.

Hanamaki.

Su jefe exterminador tragó con dificultad, Oikawa sonrió, por fin obtenía las expresiones que quería del otro. Estaba rodeado por los dos S.C.A.R.E.C.R.O.W. No tenía donde huir. Tooru se cruzó de brazos.

Takahiro comenzó a girar su alabarda.

—Acaben con él —ordenó.

Ushijima cargó contra él, abalanzando su brazo metálico, pero Hanamaki estaba listo; paró su brazo con el mástil y lo empujó con su cuerpo. El ciborg arrojó su pierna para quebrar sus costillas, Takahiro lo evitó y golpeó a Wakatoshi con la vara, directo en el rostro.

El S.C.A.R.E.C.R.O.W. retrocedió.

Bokuto le encestó un puñetazo por atrás, el jefe exterminador arqueó su espalda al momento que el aire era expulsado con brusquedad. Maki saltó, girando en el aire y cayó de pie, empuñando su larga alabarda ante los dos humanos modificados.

Takahiro tenía talento y su velocidad mostraría problemas hasta para Iwaizumi, pero no al tener dos S.C.A.R.E.C.R.O.W. como oponentes.

Koutarou abrió sus entornados y cansados ojos, entrando al modo de pelea y empezó la persecución por querer asesinar al jefe exterminador. Ushijima estaba esperándolo, Hanamaki saltó, apoyado de su larga arma y pateó la quijada de Bokuto, por encima de máscara.

El ex killjoy se deslizó sobre sus pesadas botas y arremetió nuevamente; Wakatoshi logró golpearlo en su costado, tan fuerte que seguramente había roto un par de costillas, lo supo por la manera en como Takahiro se contrajo del dolor.

Bokuto paró y su brazo metálico comenzó a perder la forma, desarmándose con un chirrido mecánico y formó una nueva arma. Grande, negra y pesada.

La metralleta que le habían instalado comenzó a rugir, disparando cientos y cientos de balas en segundos. Hanamaki comenzó a correr para evitar el impacto; el S.C.A.R.E.C.R.O.W. lo seguía, moviendo su brazo en su dirección, alcanzó a darle en una pierna.

Las comisuras de los labios de Tooru se estiraron en una sonrisa.

El jefe exterminador fue recibido por una pared de fuego, creada por Ushijima, se cubrió con su mano para evitar ser quemado. Dejó de poner atención una fracción de segundo y el otro ciborg lo había tomado por el cuello, agarró su brazo y lo torció, haciendo crujir el metal, deformándolo. Hanamaki empuñó su alabarda e hirió con el mortal filo de su guadaña el rostro humano de Koutarou.

Wakatoshi ya estaba detrás de él.

La imagen asemejaba a dos perros rabiosos acabando pedazo por pedazo a su presa.

Ushijima golpeó su rostro con su mano metálica, hundiendo su mejilla, desfigurando su cráneo. Hanamaki lo golpeó con su pierna, haciendo al ciborg caer, aunque su rostro era impasible. Los S.C.A.R.E.C.R.O.W. estaban demasiado perdidos como para sentir dolor.

El exterminador quiso atacar a Koutarou al cuello pero el ex killjoy saltó hacia atrás, golpeando con su pierna metálica la alabarda de Hanamaki arrebatándola de sus manos; Ushijima la alcanzó en el aire, la giro unas cuantas veces y la ensartó en su pecho, en dónde se encontraba su núcleo.

Hanamaki dejó de moverse, sus ojos sin embargo se dirigieron hacia Oikawa.

El líder lo miró hacia abajo.

—Koutarou —llamó.

El ciborg obedeció sin dudar y acercó su pesada metralleta apuntándola contra su pecho. El cañón descansaba en su uniforme, lo siguiente que se escuchó fue el estruendo del arma, acribillando el torso de Hanamaki a quemarropa como si fuera un acerillo.

El cuerpo de su amigo se movía como un títere por la fuerza de las balas atravesando su cuerpo.

Bokuto paró el tiroteo.

Hanamaki dejó de moverse; su cadáver tenía la mirada fija sobre el suelo. Ushijima soltó la alabarda y con él al jefe exterminador.

Iwaizumi veía fijamente el cuerpo del traidor.

—¿Qué hacemos con él? —preguntó.

—Cuélgalo de sus brazos en el edificio de Información hasta que se oxide.

Su segundo al mando asintió con dureza y enojo, moviéndose para tomar el cuerpo de Hanamaki. Mientras, Oikawa se acercó a su nueva arma; debía admitir que Bokuto había sobrepasado sus expectativas, Koutarou era fuerte y despiadado, justo como lo quería.

Y lo más importante, sólo le escuchaba a él.

Tooru acarició con suavidad su rostro y su tosca máscara de gas, los ojos amarillos del S.C.A.R.E.C.R.O.W. lo siguieron, pero su cuerpo se quedó estático, esperando por sus órdenes.

—Daishou hizo un excelente trabajo —comentó Iwaizumi.

—Exquisito, diría yo —se rió entre dientes y luego se dirigió a Bokuto—. Te dije que me agradabas, ¿recuerdas? —el ciborg parecía no escucharlo, su mirada era vacía—. Debía tenerte y ahora aquí estás, asesinando a uno de los más poderosos traidores.

Koutarou solo respiraba el gas.

Oikawa bajó su máscara y dejó ver sus labios, estaba violáceos y pálidos como toda su piel. El líder de BL/ind pasó su pulgar por la suave superficie y luego se acercó, besándolo suavemente. Tooru respiró por su nariz, disfrutando el olor de las drogas de la felicidad y cómo los labios del S.C.A.R.E.C.R.O.W. sabían a eso.

Sonrió en sus labios y movió su rostro, profundizando el beso, Bokuto estaba estático, no respondía porque ni siquiera tenía idea de lo que pasaba. Eso solo extasiaba más a Oikawa, gimió y dejó salir una risita quedamente. Era delicioso pensar lo mucho que el ex killjoy había gritado que lo odiaba y ahora ahí estaba, era un peón más.

Se separó de Koutarou y lamió sus labios.

Volvió a colocar su máscara y limpió la comisura de sus labios un remanente de saliva. Miró a Iwaizumi.

—No te preocupes, Iwa, tú sigues siendo mi favorito —aseguró, acercándose a su segundo al mando y posando su palma en su pecho.

Hajime tomó la mano de Oikawa de su pecho y besó su dorso.

El líder solo pudo sonreír.


¿Acertaste Dan-taleeon? xD

Nos leemos luego~