Salaisuuksia

.

.

4

Hyoga

.

.

.

.

"Protege moi, Protege moi..." - Placebo.

.

.

La voz de su colega seguía llamándolo, no lo había dejado en paz desde que llegara a su casa en Finlandia. ¿Qué necesitaba Hyoga que no hubieran aclarado en la reciente batalla en el templo marino?

—Ya basta —pensó irritado dejando caer una taza en el suelo de la cocina— ¡Ya déjame en paz!

—Isaak, por favor. Necesito que hablemos.

—No hay más que decir, hablamos lo necesario en nuestro ultimo encuentro y lo que menos quiero es volver a cruzar palabra contigo.

—Entiendo a la perfección que estés enfadado conmigo pero, tienes que entender que debía cumplir con mi deber, nosotros debíamos quitar a los marinos de los pilares para derrotar a Poseidón.

—Si, eso ya lo sé —respondió cortante—, lo dijiste varias veces durante la lucha y quiero que dejes de repetirlo.

La voz de Hyoga se silenció tan de repente como empezó dejando a Isaak en medio del silencio de su hogar, este se inclinó con cuidado para recoger los pedazos de la taza que se había resbalado de su mano y uno a uno los fue juntando para dejarlos sobre la mesa cercana. ¿Qué era tan urgente que Hyoga no lo dejaba en paz, qué necesitaba decirle con desesperación como para no darle ni un minuto?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido insistente de la puerta, el joven suspiró con fastidio ya que, seguramente, sería el vecino molesto con su invitación a tomar café. Por un momento considero en marcharse de Finlandia para no volver jamás o migrar hacia el norte donde no hubiera personas que lo molestaran y lo dejaran sumergirse en su miseria en paz.

Ignoró la puerta entonces esperando que quien estuviera ahí se marchara enseguida. Sin embargo volvieron a llamar.

—¡Isaak, abre! Necesitamos hablar.

La voz de Hyoga venía desde la entrada quien además llamaba a sin cesar a puerta y cada vez iba en intensidad haciendo que sus golpes retumbaran por toda la vivienda.

—¡Vamos, abre! Sé que estás ahí dentro. Tu cosmos me guio hasta acá.

El marino se quedo pensativo un momento, no tenía un cosmos así que no entendió de donde salía eso de su "cosmos". En Grecia el caballero dorado le hizo la misma observación, que con su cosmos supo que era marino y servido a Poseidón. Por un momento considero seguir ignorando a Hyoga pero el que lo hubiera encontrado en un sitio tan lejano de Grecia lo dejaba pensando en si había realmente perdido su cosmos luego de haber revivido o lo mantenía intacto.

Se acercó a la puerta con cuidado y la abrió lentamente encontrándose con el rostro preocupado de Hyoga al otro lado, este iba solo aparentemente y se le veía agitado por el largo viaje.

—Isaak… —el joven se quedo esperando alguna respuesta pero no la recibió.

El marino simplemente lo observó con indiferencia esperando que le explicara por qué había ido hasta allá.

—No eres muy buen anfitrión, ¿cierto? —le dijo suavemente esperando aminorar la tensión.

—¿Que quieres Hyoga? —el tono seco de Isaak y su mirada dura lo inspeccionaron de arriba abajo— ¿Por qué tanta insistencia en querer hablar conmigo? Has venido desde tan lejos y ¿con qué propósito? ¡solo quiero que tu y el mundo me dejen en paz!

Estaba a punto de cerrarle la puerta en las narices pero Hyoga se lo impidió energéticamente sujetando la puerta por una orilla y mirándolo con rudeza.

—No me iré hasta que me escuches... te lo pido, por favor. Será muy rápido, prometo que solo te quitaré un par de minutos de tu tiempo.

—Bien.

Se hizo a un lado dejándolo pasar cerrando la puerta detrás de ambos.

—Asi que, aqui es donde vivías antes de marcharte a Siberia —el joven observó detenidamente el lugar, como si aún percibiera el calor de hogar que hubo tiempo atrás—. Mi madre y yo vivíamos en un sitio parecido en Poliarni, no puedo creer cuán semejantes son nuestras viejas casas.

—¿Vas a decirme qué te trajo hasta acá? —le respondió descortés y sin ánimos de continuar con esa conversación.

Observó a Hoyga desde donde estaba deseando que aquella charla fuera lo más corta posible, en cambio su colega lo miraba con condescendencia y casi suplica como lo habia hecho siempre desde que eran aprendices. Esa mirada suya que le inspiraba ternura en el pasado ahora lo irritaba.

—Me dijeron que visitaste la tumba de nuestro maestro en Grecia.

—Es correcto, imagino que te lo dijo el caballero dorado ¿no es así? —Isaak sabía que fue ese hombre, el caballero dorado, quien se lo comunicó.

—Si, también me mencionó que hablo contigo por un rato, igual referente a Camus.

—Asi es. ¿Acaso quieres saber qué me dijo?

—No, no es mi intención indagar esa información. Más bien quisiera hablar contigo de la batalla y nuestro maestro; tengo la impresión de que le guardas rencor a Camus por algo que desconozco y quisiera limpiar su memoria contigo.

Isaak lo observó con sorpresa, en realidad no esperaba que su colegia hubiera viajado desde tan lejos solo para querer limpiar la imagen del difunto maestro, realmente Hyoga tenía un fanatismo que rayaba en lo extremo, casi en lo ridículo y en ese momento Isaak supo que de no dejarlo decir todo lo que tenía que decir no se marcharía. No se iría hasta que se produjera una especie de catarsis que reparara la relación entre él y Camus.

—Continua…

—La forma en la que te expresaste de él en el pilar del Ártico, siento que estas enfadado por las cosas que pasaron durante nuestro entrenamiento y el que Milo mencionara que te veías molesto e incómodo delante de la cripta lo confirma. Seguramente has de estar molesto porque piensas que Camus se olvido de ti apenas caíste al agua a rescatarme por mi necedad.

—Si, algo así —mintió, estaba molesto con Camus pero su enfado iba más atrás en el tiempo—, aunque no tengo forma de confirmarlo ya que desapareci y a los pocos días tu obtuviste la armadura.

—Lo entiendo perfectamente pero estás equivocado… creeme Isaak estas muy equivocado, no sabes las veces que Camus trato de buscarte luego del incidente. No sabes las veces que me reprocho el haber desobedecido, el haber guardado los sentimientos por mi madre y que a él le hubiera costado un alumno.

—Hyoga…

—El me culpó Isaak, desde que desapareciste y antes de la prueba final me culpó de lo ocurrido así que el obtener la armadura de bronce no fue la gran gloria que yo hubiera imaginado. Aunque no lo pareciera el rencor de mi maestro por tu pérdida ahí estaba.

Ambos guardaron silencio por un momento, Isaak no supo que decir aunque ciertamente ese tipo de reacciones por parte de Camus eran esperables ya que él se comportaba así pero no esperaba escuchar que este se había preocupado por él. Sin decir otra cosa fue a la cocina y puso agua a calentar mientras Hoyga tomaba asiento en la mesa pidiendo al marino le pasara una taza.

—Creo que hay mucho que hablar —dijo Isaak al fin tomando asiento delante de él—, debo confesar que no me esperaba esta revelación; siempre pensé que yo le importaba más bien poco a Camus ya que solía dedicarte más tiempo que a mi.

—El tiempo que me dedicaba era para reprenderme ¿no lo recuerdas? Siempre me reprendía ya que se casó con la idea de que yo estaba gobernado por los sentimientos a mi madre y que no tenía nada más en mi mente. Estaba empeñado en hacerme como él.

—A mi me parecía que tú estabas empeñado en ser como él.

—Claro que no, yo soy yo y mi maestro es mi maestro. No somos iguales. Las cosas que logré en el entrenamiento fueron para hacerlo feliz y me validará como alumno. Eso es todo.

—¿De verdad? —Isaak se cruzó de brazos mirándolo con gravedad y algo de duda— Varias veces te vi buscando con insistencia su aprobación en todo y a mi apenas si me miraba.

—Él sabía que lo bueno que eras, de verdad lo tenía en mente todo el tiempo. Unos días después de tu desaparición me lo confirmo. Camus dijo que vio lo lejos que podrías llegar desde que vino hasta acá a buscarte, él creía firmemente que tu serías el portador de la armadura de bronce y aunque logré que me validara como alumno en la batalla de las doce casas… aun seguía ese sentimiento de culpa por tu perdida.

—¿Todo esto que dices es cierto?

—Por supuesto, no lo digo por quedar bien contigo ni por querer que por la fuerza cambies de parecer respecto a Camus; lo digo porque es la verdad. Te convertiste en otro de los fantasmas que no dejaban dormir a nuestro maestro hasta el día en que fue llamado al Santuario para luchar contra nosotros.

—No sé qué decir…

—No digas nada solo quiero que lo consideres. No vine hasta acá para forzarte a entenderlo pero si quería que lo supieras por mi boca.

Isaak le ofrecio café cosa que Hyoga acepto con agrado y ambos se quedaron en silencio por un rato, el marino miraba el contenido de la taza debatiéndose si lo dicho por Hyoga era la verdad o solo un invento para hacerle ver a la fuerza lo que no era Camus. El joven solo sabía que este había muerto a manos del Cisne aunque se pregunto si, en algún momento de esa batalla, simplemente Camus se dejaría vencer cansado de todo, de los fracasos, de la pérdida de un alumno entre otras cosas de su visa y pasado incluyendo la extraña relación entre él y Milo.

Tampoco se imagino que se convertiría en otro de los fantasmas que lo persiguieran dia y noche y menos que hubiera dedicado tiempo a buscarlo luego de ser arrastrado por la corriente en el helado mar de Siberia. Quizás fue más que frustrante para él no dar con el cuerpo de Isaak y luego reportar su pérdida al Santuario. ¿Se lo habría dicho a su madre a quien prometiera que el niño volvería con vida? No quería pensar en eso ultimo ya que una noticia así la habría destruido.

—Tengo que pensar y asimilar todo lo que me has dicho —respondió luego de un momento.

—Claro… lo entiendo, no es fácil luego de este tiempo —Hyoga lo volvió a mirar como antes y esta vez Isaak no encontró chocante esos ojos.

Eran los del Hyoga de siempre, su compañero de entrenamiento y casi hermano. Sin embargo, él no tenía modo de comprobar si lo que acababa de revelarle era cierto y, siendo las cosas como eran, él necesitaba confirmar toda esa información antes de agradecerle a Hyoga por decirle la verdad o tratar de matarlo por mentirle.

Lo observó por un momento viendo como este miraba de reojo las diferentes partes de la vivienda, de verdad que aunque no hubiera vivido ahí le traía buenos recuerdos ya que sonreía levemente.

—¿Cómo era la casa donde vivías con tu madre? —le pregunto rompiendo el silencio—, ¿de verdad se parecía a este lugar?

—Si, mucho. Una casa pequeña de una sola planta llena de muebles muy similares a estos. Así vivíamos mamá y yo… —se quedo ausente por un momento, era evidente que narrar aquello removía muchos sentimientos en él—. Ha pasado mucho tiempo y aún sigo sin entender el por qué ella decidió quedarse en el barco mientras naufragaba en vez de venir conmigo en el bote salvavidas… ¿por qué ella eligió ese camino? Durante todos estos años me lo he cuestionado sin saber la respuesta.

—¿Y la odias por eso?

—¿Disculpa?

—¿La odias por eso? Por abandonarte así —Isaak lo miro fijamente, ni siquiera estaba seguro del por qué habia hecho esa pregunta.

—No, aunque no lo creas, no la odio. Su partida me dio la fuerza para llegar hasta donde estoy y su recuerdo me ayuda a mantenerme en pie día a día; lo cierto es que sería mucho mejor si ella siguiera con vida aunque no sé si eso me hubiera llevado a convertirme en caballero o si Camus me hubiera ido a buscar como lo hizo contigo ya que fue la fundación Graude quien me mandó a Siberia en realidad.

—Ya veo…

Se callaron por otro minuto mientras bebían café, el silencio no era incómodo y entre pausas ambos parecían rememorar los viejos tiempos.

—Creo que es mejor que me vaya —comenzó a decir el cisne—, tu familia llegara pronto y no quiero molestar.

—No te preocupes por eso, mi madre falleció hace no mucho y nadie más vivía con nosotros. No tengo hermanos y la familia de ella está en otra ciudad creo. Nadie vendrá.

—Lo lamento.

—Creo que mi relacion con ella era igual de estrecha que la tuya y tu madre. Quizás si tu madre hubiera vivido cuando fuiste elegido para entrenar en Siberia ella lo hubiera visto como una gran oportunidad para ti así como mi madre me dijo cuando Camus vino a buscarme; que era una buena oportunidad ya que ella era demasiado mayor y no le era fácil darme algo mejor.

—Siempre percibí que te molestaba que hablara de mi madre así como a nuestro Maestro.

—No me molestaba, de hecho, a veces lo que me molestaba era como Camus te trataba por eso. Como si a él sus padres lo hubieran tratado horrible y quisiera desquitarse con nosotros, como si lo hubieran enseñado a no tener sentimientos y era indispensable que nos los quitara también.

—Quien sabe… trato de no cuestionarme nada de eso ya que él era como era y estaba entregado a su deber pese a todo.

—Eso es cierto —reconoció Isaak—, él estaba entregado a su deber pese a todo. Tenía que dar la instrucción lo mejor posible y él lo intentaba lo mejor que podía. Era muy estricto pero buen maestro a fin de cuentas.

—Me alegra escuchar eso de tu boca.

—Nunca dudé de su capacidad de enseñanza, él como maestro fue intachable siempre supo lo que quiso y lo que debía hacer para lograrlo, es una pena que le haya costado la vida esa tarea. Siempre creí que era más frio y no tan emocional en el fondo.

—Yo espero que se haya ido mas tranquilo luego de nuestro enfrentamiento, fue muy difícil y emocional como bien dices. Creo que tú y él deben entender que las emociones son parte innata del hombre, no se pueden reprimir o extirpar así como así —Hyoga lo miro serio y convencido de sus palabras.

Y, aunque Isaak no quisiera reconocerlo del todo, tenía razón.

Se quedaron charlando un rato más sobre la batalla de Hyoga con Camus tanto en la casa de libra como en el onceavo templo. El joven le narro todos los detalles del enfrentamiento con entusiasmo y tristeza.

—No tenía idea de que el Patriarca del Santuario era un hombre tan cruel y corrupto.

—Bueno, conociste a su hermano gemelo quien manipuló a un dios entonces era de esperarse que él también tuviera planes iguales de malignos; lo importante es que detuvimos a ambos hombres a pesar de lo cruel que eran. El Patriarca cayó y su gemelo malvado también.

Fue Sorrento el que le confió una parte importante de los planes del Dragón Marino así que ambos sabían al respecto, sabían de sus planes y sus negras intenciones: estaba comprobado que no obraba en pos del Emperador sino en satisfacer sus ambiciones personales. Isaak lo odiaba por eso, por pensar solo en sí mismo y no en la causa el Emperador, en ese momento el joven se cuestionó si realmente fue algo noble seguir con esa causa en vez de revelar esas intensiones a Poseidón en persona. Ahora ya no importaba.

—Me alegra que siga vivo —respondió de pronto—, vivirá con lo amargo de la derrota en vida. Debieron eliminarlo sabes.

—Nos concentramos más en el dios quien despertó de repente, resulta que estaba dormido en realidad. Por eso pudo ser manipulado tan fácilmente. Así que Dragon Marino ya no fue importante.

—Ya veo —respondió indiferente.

—¿Qué harás a partir de ahora?

—No lo sé y, siendo honestos, no quiero pensar en eso ahora —dejo la taza sobre la mesa sin querer añadir nada más.

Pensar en el futuro no se le antojaba agradable ni prometedor.

Hyoga se despidió de él pasados unos 40 minutos y ambos prometieron mantener el contacto. Isaak estaba algo renuente a reconocer que aquella plática le había venido bien, que las cosas no siempre eran lo que parecían ya que su idea de que Camus lo había olvidado y hecho a un lado era falsa; Hyoga suponía un discípulo complicado y por eso le dedicaba más tiempo esto lo sabía bien y ya estaba confirmado.

Al recordar a su maestro pensó, por un momento, en ir a Viena a visitar a Sorrento pero desechó la idea tan pronto como se generó en su cabeza. No sabía si volvería a interesarse por alguien tal cual le paso con él, realmente no estaba interesado en buscarse otra persona; por ahora prefería estar solo. Era verdad que no deseaba parecerse a su maestro en ese aspecto.

Salio de casa un momento al caer la tarde caminando hacía los bosques cercanos, se sentía menos miserable que hacia unas horas aunque no del todo bien. La parte difícil sería asimilar que ya no servía a ninguna causa importante ni haría algo más; le era difícil no pensar que solo fue a Siberia a perder el tiempo por cinco años. Lo cierto era que debía encontrar otra motivación para seguir adelante algo que le impulsara así como Sorrento tenía su música y sus sueños él tenía que conseguir algo más, algo propio.

Quizás retomar el camino donde lo dejo no sería mala idea pero no estaba convencido.

De pronto sus pensamientos fueron interrumpidos por una presencia, alguien a quien no esperaba ver a unos metros de su hogar en Finlandia. Isaak giro sobre sus talones para encontrarse con el recién llegado a quien miro con poca sorpresa. Aquel hombre no iba a darse por vencido hasta tener todas las respuestas que quería aunque fuera casi imposible. Aunque responder a sus preguntas no fuera fácil él iba a persistir. El joven no estaba seguro si tanta insistencia le seguía pareciendo fastidiosa pero ahí estaba.

Milo lo miraba con gravedad caminando hacia él con paso firme.

—Seguí a Hyoga hasta aquí.

—Bueno pues llegas tarde, él se marcho hara unos veinte minutos —Isaak lo miro con cierto desden ya que no iba a darle al caballero dorado el gusto de intimidarlo.

Ahora no estaba en su territorio.

—Se fue por allá —indicó Isaak—, si gustas seguirlo.

—Ya he hablado con él —indicó el caballero dorado— y no tiene las respuestas que busco o no todas.

—¿Qué quieres saber caballero? Ya te hemos dicho lo que conocemos sobre Camus, ¿qué otra cosa necesitas de él, de su memoria?

—Ya no estoy seguro… no sé que estoy buscando —confesó.

—Bueno ya que estás aquí, quiero que me cuentes tu parte de la historia.

Ahora él haría las preguntas, Milo le había sembrado la idea en la cabeza y le tocaba saciar su curiosidad.

.

.

.

Continuará…

.

.

Gracias por leer.