¡Nuevo viernes, nuevo capítulo!

Créditos a Guille por darme el nombre de: "Fuego Radioactivo"

Y agradecimientos a Renzo S. Kuznetsov por betear la historia.

Espero que les guste el capitulo de hoy.

»Nombres de killjoys:
Cuervo Nicotina: Daichi Sawamura.
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka
Eclipse Impuro: Akiteru Tsukishima
Visaje Marfil: Kazuhito Narita
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita
Fuego Radioactivo: Sou Inuoka
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai «


Whatever gets you through the night

Kkkkkkkkk…

Interrumpo esta lista de canciones, programada por ustedes, mis bebés de las Zonas para un anuncio muy importante.

Pero no relacionado con el día del cincuenta por ciento de descuento en la tienda de Chow Mein; así que no se preocupen, profundizaré en eso dentro de unos días. ¡No! Aprovecho este boletín para cantar buenas noticias.

¡Uno de nuestros cuervos ha revivido!

¡Escapado de las dulces y suaves manos de nuestra respetada pero a veces injusta Bruja Fénix!

No es un simulacro, mis rebeldes.

¡Sol Inferno vive para luchar un día más!

Ahora, heh, no sé si es común para ustedes tener camaradas que reviven, mis fieles oyentes, ¡Pero esto merece que celebremos! Abran el whisky más viejo que tengan, pongan la música más viva que encuentren…

Y pónganse a bailar.

Porque los milagros no se ven todos los días.

Este fue, el Doctor Desafiando a la Muerte en la WKL, ciento nueve punto cero, viniendo tan caliente como la arena en la que nos paramos.

Cambio y fuera.

Kkkkkkkk…

Al siguiente día ayudaron al viejo Nekomata con algunos quehaceres.

Shouyou y Kageyama aún tenían mucho más que preguntarles a Chow Mein y Ukai. Tobio quería saber cosas como: «¿Qué dio inicio a las guerras de helio? ¿Cómo era el mundo antes de las guerras?» Hinata quería saber más acerca de la fundación de los killjoys.

Naoi le había pedido a Kageyama que le ayudara a conseguir algo de madera, Shouyou le apostó que él podía lograr el doble. El pelinegro ya se encontraba a medio camino antes de aceptar el reto. El pelirrojo lo señaló como tramposo y fue detrás de él.

Así pasaron algunas horas, recogiendo madera y regresando a la tienda de Nekomata; cada vez más lejos. Tobio estaba renovado por el impulso que le proporcionaba el plus, el jugo para robots funcionaría por algunos días antes de necesitar otra dosis.

El androide notó como Hinata se sobre esforzaba como siempre, el humano parecía nunca saber cuáles eran sus límites. Así que Kageyama dejó de poner tanta atención a la competencia de recoger leña y comenzó a echarle un ojo al cuervo.

Llegaron a alejarse más de doscientos metros de la tienda, Nekomata les había urgido que habían conseguido más que suficiente madera para el mes, pero ninguno lo escuchaba; demasiado perdidos en su competencia. Kageyama llevaba la clara delantera, eso solo hacía a Hinata encenderse más.

Pero en la naturaleza del androide no existía la palabra «perder».

Shouyou ya estaba jadeando cuando llegaron a los doscientos cincuenta metros. El sol le afectaba a gran manera y aún Tobio sentía sus sistemas cerca de sobrecalentarse. Había razones por las cuales Ciudad Batería se encontraba detrás de una barrera que cambiaba el clima. Estaba seguro que un androide como él no estaba construido para soportar las fuertes radiaciones del sol.

Y a diferencia que los humanos, los robots no se podían adaptar.

No físicamente por lo menos.

En cuanto a su manera de pensar, era algo completamente diferente. Tobio no pensaba como cuando fue creado y manipulado por Oikawa, Makki había tenido razón; los humanos no eran creaturas obsoletas y débiles. Eran seres cambiantes, curiosos… y algunos eran atrapantes.

Hinata corrió a su lado, ganándole.

El pelinegro aumentó su paso para alcanzarlo, el pelirrojo era demasiado testarudo para su bien. No sabía cuándo rendirse, su inteligencia sobrepasaba lo evidente y cuerdo. ¿Era su singularidad lo que seguía atrayéndolo hacia él? Lo… contradictorio que Shouyou era a toda la doctrina de Better Living.

Absorto en sus pensamientos, no notó que Hinata ahora estaba en el suelo; su tórax se movía con rapidez de arriba hacia abajo, tratando de hacer que el oxígeno alcanzara todo su cuerpo. Kageyama chasqueó la lengua y corrió hasta él, levantándolo de una vez, ya que el pelirrojo era liviano. El cuervo dejó salir una risilla despreocupada.

—Un poco de insolación no mata a nadie —se burló el rebelde, cerrando un ojo debido al cansancio.

—Pensé que sí lo hacía —señaló.

—Ah, me atrapaste ahí —se rio.

Kageyama lo dejó en el suelo.

—Idiota.

Miró al frente y movió su rostro con desaprobación, afortunadamente había un dispensador de bebidas abandonado cerca de una choza. La máquina de bebidas se miraba vieja pero aun parecía funcionar, ¿tal vez alguna alma sin propósito se tomaba el tiempo de llenarla? Kageyama no lo pensó más; prefiriendo acercarse y sacar una soda pop para refrescar a su idiota humano.

¿«Su»?

Frunció los labios y empujó el pensamiento a la parte trasera de su memoria.

La dispensadora hizo un sonido moribundo y tembló con fuerza, la lata cayó en la arena. Kageyama la recogió y se comenzó a acercar a Hinata, pero algo más llamó su atención.

Un… sofá en medio del desierto, estaba roto y gastado; sin embargo la insólita imagen lo dejaba sintiéndose fuera de lugar. Shouyou seguramente notó su abstracción pues llegó a su lado; Kageyama le alcanzó la lata sin poner atención.

No había nada más que la máquina expendedora y el sillón en kilómetros de distancia. ¿Alguien lo había llevado ahí? ¿Había alguien sentado ahí? ¿Recibiendo los potentes rayos del sol?

—Roboyama, déjalo —escuchó decir a Hinata—, es solo un «cabeza de onda.»

Tobio, sediento por conocer más del mundo que lo rodeaba y del que se había perdido dentro de las murallas de la Ciudad Batería, no lo escuchó. Rodeó el mueble y vio a la persona sentada ahí.

No parecía humano.

Debía ser un hombre, aunque su cabello era fino y largo hasta sus hombros, completamente blanco, duro y enfermizo. Su piel era roja, y no había lugar que no estuviera cubierto por ulceras profundas o costras; causadas por la radiación del sol. Sus labios estaban agrietados y su piel se pegaba a los huesos.

La imagen era grotesca.

Sus ojos parecían dos cuencas vacías, la figura tenía la boca abierta y se podían ver sus amarillentos y torcidos dientes. Su ropa estaba rota y parecía que lo único que hacía era empeorar las llagas que supuraban en sus piernas y brazos.

Shouyou llegó a su lado.

—Esos son los cabezas de ondas —explicó, mirando la figura esquelética con lástima—, adictos que se drogan con la radiación del sol. No tienen otro propósito —Hinata se cruzó de brazos—; hay personas que no sienten la necesidad de hacer algo para salvar el futuro.

El pequeño cuervo se dispuso a irse y Kageyama lo siguió. Le recordó mucho al Lobby, las calles más pobres en Ciudad Batería, dónde fragmentos de robots obsoletos y arruinados se congregaban como pordioseros; rogando por una mísera dosis de plus y aclamando a un Dios mecánico inexistente.

—¿Te crees mejor que yo? —escucharon una gastada y carrasposa voz.

Le tomó de un momento notar que venía de la momia en el sillón. Al parecer seguía vivo.

—Estuve en tu lugar antes, niño… —sonaba como si no había ninguna gota de agua en su cuerpo— …creía que podía hacer algo para salvar el mundo, unirme a la resistencia y mágicamente podría vencer a todos esos cerdos… —irrumpió en un ataque violento de tos.

Kageyama ladeó la cabeza, la curiosidad carcomía sus pensamientos; y Hinata parecía que había caído bajo un torcido hechizo.

—… pero no existe tal cosa, no hay salvación para nadie, no aquí afuera por… lo menos. Ilusiones de niños es lo que son —se intentó aclarar la garganta, se escuchaba doloroso—. Lo único que podemos hacer es encontrar algo que nos haga sobrevivir la noche…

El «cabeza de onda» no volvió a decir nada más, y el par regresó de donde vinieron sin compartir otra palabra. Tobio entendió un poco más, los killjoys eran un grupo pequeño de personas en comparación a toda la extensión del mundo. Eran de los pocos que creían que había algo más por hacer. Por eso Better Living había tenido la ventaja desde el inicio.

«Divide y conquistarás.»

Y ahora ya era muy tarde, BL/ind era un imperio que constaba con toda la delantera posible. En armas, tecnología e inteligencia.

Lógicamente hablando, estaban peleando una guerra que no podían ganar; y, sin embargo, humanos como Hinata, absolutamente seguros de su victoria, tenían la valentía de sonreír y seguir luchando. Alcanzó al de menor tamaño, sintiendo el bosquejo de un sentimiento que halaba las esquinas de su pecho y lo hacía sentir… liviano.

Regresaron a la tienda de Nekomata para encontrar a Ukai y su acompañante; un aparentemente, desorganizado hombre de anteojos grandes y cabello despeinado, Ittetsu Takeda, se llamaba. Los dos hombres se encontraban afuera de una van, haciendo sus maletas para regresar a la carretera.

Hinata pegó un salto y corrió hasta llegar a ellos, Tobio resopló, como si el pelirrojo no se hubiera estado ahogando hace algunos minutos atrás.

—¿Te marchas? —escuchó a Shouyou preguntar cuando el pelinegro los alcanzó.

El hombre en la silla de ruedas sacó un cigarrillo, lo encendió con un pequeño mechero de bolsillo que tenía una calavera como ornamento. Le dio una calada al pequeño taco de nicotina y saludó a Hinata cuando lo miró; Ukai se empeñaba en ignorar al androide. Kageyama no se sorprendía, era la acción más… lógica de tomar cuando un ex exterminador llegaba «rogando» por un lugar al que pertenecer.

Aunque Tobio no era de los que rogaban, no estaba programado para hacerlo.

—Debo hacer algunos mandados antes de regresar a la Zona 6 —contestó el llamado «Doctor D.»—, dejé a un chico encargado y algunas listas de canciones en repetición. Si no llegó cuanto antes, los fantasmas pueden cobrar voces.

Volvió a aspirar un poco más del veneno entre sus dedos y expulsó el blanco humo por su nariz.

—Pero antes haré una parada más —sonrió, estirando más una comisura que la otra—, Inferno, es hora que regreses a casa.

Podía ver como todo el cuerpo del pelirrojo brillaba de alegría, comenzó a saltar alto y a vitorear de felicidad.

—Ya es tiempo que vuelvas al Nido —agregó Ukai.

—¡Genial! ¡Kageyama, vamos! —El pequeño pelirrojo comenzó a correr en dirección a la tienda— ¡Debemos empacar!

—Inferno —detuvo Doctor D. con voz severa, parando al más joven en el lugar—, no puedo llevar un enemigo a la base central de la resistencia, espero que…

—No puedo dejar a Kageyama aquí en el desierto —interrumpió Hinata con alarma.

—…y no lo harás —continuó Ukai—, Kageyama puede quedarse aquí, con Tommy Chow Mein. El droide le ayudará en la tienda y estará a salvo. Tendrá suficiente plus y Better Living no tendrá idea que se encuentra aquí.

—¡Aun así! —exclamó el pelirrojo en un tono tan serio que hasta sorprendió al androide— Kageyama y yo salimos juntos de la ciudad y seguiremos juntos también.

El pelinegro arqueó una ceja, sorprendido por la actitud del otro, ladeó su cabeza para verlo. Esto hizo que el rostro de Hinata se coloreara como una cereza, desde sus mejillas hasta sus orejas; cómo si no se hubiera dado cuenta de las palabras que había usado. Tobio, mientras, había sentido una calidez irradiada en su pecho; debía admitir que se sentía bien, no ser abandonado por el humano.

Ahí en el desierto podía estar alejado de su propia civilización y especie, en medio de la misma raza que él había jurado destruir y quienes, lo odiaban; pero jamás se había sentido tan… tan…

No podía encontrar la palabra, no importaba cuánto buscara en el vocabulario de todos los idiomas que tenía instalados.

Keishin aspiró más de su cigarrillo, parecía una chimenea cuando sacaba la bocanada de humo.

—Niño, lo siento, no puedo. —Se rascó su cabello decolorado—. Después de todo el esfuerzo de la resistencia, no lo botaré por la borda llevando a nuestro enemigo a las puertas.

—¡Déjame hablar con Nicotina! —ofreció el pequeño cuervo—. Estoy seguro que él entenderá… sólo… —sus hombros cayeron—… por favor.

El Doctor D. miró a Kageyama sin expresión, era evidente su desagrado por el androide. Luego le devolvió la mirada a Hinata quién lo veía con ojos más grandes y brillantes que el sol; Ukai se rascó de nuevo la cabeza, el pelinegro asumía —según lo que había observado del hombre en silla de ruedas— que era un movimiento involuntario cuando se sentía perdido.

—Me comunicaré con él —dijo, suspirando con cansancio—, la noticia que estas vivo ya corrió por todo el desierto —Hinata levantó sus ojos del suelo—; sin embargo, la noticia que tienes a… —se aclaró la garganta—… un acompañante un poco insólito, nadie lo sabe. Cuervo Nicotina querrá comunicarse cuanto antes, organizaré una reunión antes de ir al Nido, ¿Qué te parece eso?

La escena se asemejaba a un padre cumpliendo los caprichos de su hijo.


El Doctor Desafiando a la Muerte lo hizo.

Hinata comenzó sintiéndose emocionado, ¡vería a sus camaradas de nuevo! Kenma, Tanaka, Nishinoya, Akaashi, ¡Extrañaba hasta a Tsukishima! Regresaría al Nido y no se tendría que preocupar en dónde pasaría la noche o que comería en la mañana. Podría reanudar su entrenamiento de tiros, todo se había escuchado celestial.

Hasta que escuchó las palabras de Ukai.

¿No podrían admitir a Kageyama?

La emoción se tornó en nerviosismo cuando el Dr. D. organizó la reunión que tendría con Daichi. «Reunión», la palabra se escuchaba fría. Ahora el pelirrojo se encontraba en la tienda de Nekomata, el viejo Chow Mein había cerrado por la tarde para la ocasión. Hinata estaba en el frente de la tienda al lado de Takeda, mientras que Kageyama se había quedado atrás con Ukai, Nekomata y Naoi.

Esto parecía un intercambio importante o una reunión secreta entre bandos enemigos…

La confianza había desaparecido, no tenía idea porqué, era sólo que… Daichi se veía tan serio. Agregando a eso, el hecho que la última vez que ellos dos habían hablado, Hinata desobedeció completamente las órdenes de su líder; y gracias a eso fue que terminó prisionero de Tobio en primer lugar.

No tenían una buena razón para dejarlo regresar, sopesó. Había demostrado que era un soldado desobediente que ahora regresaba con un «fragmento» de BL/ind.

La puerta se abrió de golpe, su corazón se hundió al sonar de la campanilla metálica. Tragó con fuerza cuando notó que no solo era Daichi, si no también Sugawara; se mordió el labio inferior con preocupación. Los líderes de la resistencia estaban a unos cuantos metros y comenzaron a caminar en su dirección.

Los pasos en la vacía estancia resonaban en sus orejas, y cada pisotón achicaba más su corazón.

Caminaban al mismo paso, Shouyou se encogió en el lugar y cerró sus ojos, alistándose para las duras palabras que vendrían. Tal vez su expulsión y antes de eso una golpiza.

Nada de eso vino.

En lugar sintió ser enrollado en dos pares de brazos.

Nicotina y Ceniza se habían hincado para abrazarlo, Hinata estaba congelado en el lugar. Sugawara tenía su rostro pegado a su mejilla y Daichi en su cabeza; no sabía qué hacer, su cerebro hacía cortocircuito y sentía su rostro arder, el escenario jamás se le cruzó por la mente. Sin embargo la calidez era demasiada.

Sus ojos se humedecieron y comenzó a sollozar.

No tenía sentido, él tenía veintidós años; ¡era un adulto, demonios!

—Es cierto, entonces —murmuró Suga, moviendo su mejilla para acariciar la de él—; Hinata, estás vivo.

Subió sus brazos e intentó apretar los dos cuerpos con fuerza. Patéticos hipidos salían de sus labios; era tan… tranquilizante poder volver a ver personas familiares. Había estado muerto de miedo en la ciudad, completamente solo, abandonado, bajo la vigilancia de un exterminador. Ni siquiera podía hablar sin que más sollozos salieran.

Había un nudo en su garganta que no podía tragar, tampoco podía ver nada por las lágrimas que se negaban a dejar de salir. La pesada mano de Daichi llegó a su cabeza y revolvió sus cabellos.

—Has revivido —Nicotina se reía con pura dicha.

No podía fingir ser fuerte ante esas dos figuras tan imponentes, se hundió en sus propios gimoteos. Ninguno estaba molesto por la actitud infantil que él había tenido, por haber desobedecido claras órdenes; comenzó a lloriquear hasta que sintió su nariz comenzar a correr.

Dios, estaba actuando de una manera tan patética.

—¡Lo siento! —Gritó entre gemidos—. Siento todos los problemas que les causé.

—Shh, shh —calmaba la agradable voz de Sugawara, esto solo lo hizo estallar más en lágrimas.

Diablos, los había extrañado.

.

—Huimos por toda la ciudad, cuando ayudé a escapar a Kageyama de Oikawa. Un… un exterminador, que se veía muy importante nos guio hasta que llegamos al subterráneo y salimos de Ciudad Batería.

Shouyou terminaba toda la historia desde el momento que él había salido disparado del convoy y, según el androide, se había golpeado la cabeza hasta perder el conocimiento. Suga estaba anonadado y Daichi hundido en pensamiento. El pelirrojo todavía se sentía ansioso si decía una palabra equivocada podían no dejar de ver a Kageyama como un enemigo.

Pero ellos no sabían, no tenían cómo comprender lo que ambos habían vivido y sentían.

—Pudo haber sido una treta —contempló Daichi—, hacerte pensar que ellos consideraban a Kageyama un enemigo para que confiaras en él; y así tener uno de ellos dentro de nosotros.

Hinata vio a otro lado.

—No —intentó—, él… él me dijo que lo habían reiniciado antes, no es la primera vez que trataba de escapar.

Pero sí la primera que lo lograba, pensó.

—Hinata —dijo Suga, con voz tan suave como algodón de azúcar—, confío en ti; pero… ¿no te parece una coincidencia todo esto?

Daichi arqueó una ceja, mirándolo de reojo.

—¿Coincidencia? —repitió Inferno.

—Quiero decir —el cuervo color ceniza parecía batallar con sus palabras, como un padre que no quería decepcionarlo con una mala noticia—… ¿no te parece coincidencia que el único androide capaz de sobrevivir aquí en el desierto, sin electricidad, fuera el que tuvo que capturarte, rebelarse y ayudarte a escapar?

Esto lo tomó desprevenido, cuando lo decía de esa manera… todo perdía el poco sentido que tenía.

Sí, era una masiva coincidencia.

¿O tal vez el destino?

Kageyama siempre fue extraño; para comenzar, si se hubiera tratado de otro androide Hinata habría muerto hace varias semanas. Sin embargo, el pelinegro lo llevó a su apartamento, lo alimentó y hasta le regaló chocolates; quizás Tobio ya caminaba sobre una cuerda delgada y él solo le dio el pequeño impulso para que cayera. Shouyou empujó el primer dominó, éste cayó en el siguiente y éste en el siguiente, derribando los cientos y cientos que seguían hasta formar una figura completamente diferente.

Además, ellos no estuvieron ahí; no escucharon la manera que Kageyama preguntaba por anécdotas del desierto, sediento por saber más; no vieron la manera que las usualmente tranquilas facciones del androide se contorsionaban en una mueca de crudo terror cuando el séquito de exterminadores estaban en su puerta o la golpiza mortal que le propinó el dictador de la ciudad.

Ellos no pudieron apreciar el cambio por el cual el androide había pasado, aunque él mismo no se diera cuenta, cómo sus arranques de ira fueron menguando y la sintética frialdad con la que lo miraba se había transformado en otra con algo que le daba miedo mencionar.

Tal vez no se había tratado de una coincidencia, tal vez solo había sido suerte.

Mucha, mucha suerte.

—Puedo confiarle mi vida a Kageyama —informó.

Sugawara fruncía sus blancas cejas en preocupación, Daichi seguía pensando.

—¿Hay alguna probabilidad que haya un dispositivo dentro de él que BL/ind pueda rastrear? —preguntó Nicotina.

—Lo quité con mis propias manos cuando salimos al desierto.

El líder de la resistencia suspiró y hundió los talones de sus manos en sus ojos, frotando con fatiga.

—De acuerdo.

—¡¿Qué?! —cuestionaron con sorpresa al mismo tiempo Hinata y Sugawara.

—El droide puede ir al Nido.

—¡Daichi! —exclamó Ceniza.

—¡¿En serio?! —sonrió Shouyou.

—Pero —interrumpió el líder a ambos—, primero, se tomarán medidas severas. El robot no tendrá idea hacia dónde lo llevamos, así como a ti la primera vez; una vez adentro, no podrá salir a ninguna misión, no importa quién pueda acompañarlo. Tendremos a Asahi y Tsukishima registrándolo cuando llegue, mecánica combinada con informática; así veremos si no tiene otro rastreador dentro de él.

Ceniza Radiante todavía estaba asombrado por la decisión del líder, pero siguió escuchando cuidadosamente.

—Las primeras semanas, hasta que yo decida que es suficiente, alguien vigilará al droide las veinticuatro horas. Alguien que, claramente, no serás tú, Hinata —lo miró, imperturbable. Shouyou se sentía pequeño cuando Daichi concentraba sus ojos en él así—. Aunque, no te preocupes, eres libre de pasar todo el tiempo que quieras con él.

Bajó sus ojos avellana y sus mejillas se calentaron.

—Por otra parte —siguió Nicotina, Hinata disparó su mirada a él—, no puedo asegurarte que los demás actuarán de la misma manera que Suga o yo —se rascó la cabeza—; después de todo, le estaremos dando cobijo a nuestro enemigo.

—Nicotina, le debo mi vida —razonó, frunciendo sus cejas con preocupación.

—Lo sé, Hinata y por eso, todos le estamos agradecidos. Daré la orden, nadie actuará en su contra; pero… pequeño cuervo, no esperes que le darán una bienvenida con besos y brazos abiertos.

Tenía razón, Daichi tenía razón y él no podía hacer nada.

El jefe de la resistencia decidió que ya era tiempo de conocer al droide; así que dejaron a Kageyama salir de dónde estaba. Nunca había visto a Tobio actuar tan alerta; sus ojos, azules como el océano, se movían de rostro en rostro, como si estuviera estudiándolos. Una espantada creatura artificial, se veía pequeño; se le dificultaba creer que este era el robot, orgulloso que lo había mantenido prisionero los primeros días.

Kageyama era más alto que Nicotina, pero el robot no lucía tan imponente como él. Sawamura se movía con cautela y Ceniza se encontraba atrás de él; su mano estaba a sus espaldas sobre, lo que Hinata podía asumir era, su arma.

—Kageyama —llamó el líder, diciendo cada sílaba lentamente, los ojos del androide lo enfocaban con intensidad—, como esperarás, hablamos con Hinata. Ahora, pienso que es necesario presentarnos formalmente. Soy Cuervo Nicotina.

—Tobio Kageyama.

No faltaba agregarle más a eso, Shouyou deducía que el androide sabía quién era el líder de la resistencia. Antes de llamar al pelinegro, los tres cuervos decidieron que, mientras que Asahi y Tsukishima no lo registraran por otro posible rastreador, ellos no usarían sus verdaderos nombres. El pelirrojo no tenía razón para negarse.

—Quisiéramos preguntarte algunas cosas. Escuchar tu versión de la historia, si no te molesta.

No parecía una sugerencia ni una pregunta; así que Kageyama asintió.

Se llevaron al androide a otro cuarto y Hinata no escuchó más.

.

Inferno estaba tendido a sus anchas sobre un sofá para tres personas en la sala de estar del viejo Nekomata. El vendedor ya estaba al frente de la tienda, mientras que el Dr. D. estaba sentado en una silla del comedor, con una radiocasetera que tocaba viejas canciones. Las melodías eran bienvenidas en sus oídos, la música lo apaciguaba. Ukai pensaba que, si las personas escucharan más música, la violencia disminuiría en el desierto.

El olor a cigarros y el sonido de guitarras nunca se habían sentido tan pacífico.

—Oh, ahí vienen —avisó el Doctor, sacando el cigarrillo de sus labios.

Kageyama siempre mantenía su ininteligible expresión; sin embargo, él no tuvo tiempo de preguntar, porque todos se encontraban cargando los automóviles para seguir en la carretera. Hinata se despidió de Naoi y Nekomata, pues aunque el vendedor tenía fuertes lazos con la resistencia, prefería dejar la batalla a los soldados.

El hombre de ojos rasgados y felinos se despidió de Kageyama con una sonrisa, no parecía malintencionada. El androide se veía claramente incómodo con el trato amable que recibía. Ya que, aparte de Shouyou, nadie lo trataba con tanta amistad como Nekomata.

Era una buena persona.

Salieron a la carretera, en el Land Rover Defender de Nicotina y atrás de ellos la van del Dr. Desafiando a la Muerte. Shouyou no tuvo tiempo de pasar a solas con el androide para preguntarle acerca de su reunión con los altos mandos de la resistencia.

Sin embargo, cuando la pequeña caravana comenzó a disminuir la velocidad, tuvo una idea de lo que pasaría a continuación. Nunca había ido a esa parte del desierto, pero desde algunos cientos de metros divisó una enorme zona repleta de molinos de viento blanco. La brisa los movía perezosamente, en diferentes tempos.

La van de Takeda y Ukai siguió a la misma velocidad, sobrepasándolo sobre la carretera Guano. Seguramente ellos se irían directo al Nido, escuchó que el locutor de la radio pasaría la noche con ellos, después de eso se regresaría a la Zona 6. Entonces, harían una parada en el jardín de electricidad. Era una reserva de energía que alimentaba el Nido y otros lugares cercanos.

Afuera de la choza estaban Amanecer Tóxico y Ácido Lunar.

El motor del autómovil no se había apagado cuando Asahi corrió hacia ellos, Hinata lo saludó desde la ventana pero cuando acordó la puerta se abrió y fue tomado como un niño por dos pares de brazos; levantándolo con facilidad. Los sollozos de Amanecer eran ruidosos.

—¡Estás vivo! ¡Estás vivo! —gritaba. Asahi dio una vuelta con él en sus manos, lo hizo sentir mareado y se rio como un niño; el mecánico paró frente a Ácido Lunar, como si Hinata era una ofrenda para él o un padre muy orgulloso de su hijo— ¡Mira, Ácido!

—Uh… sí… —Tsukishima parecía que no tenía idea qué decir—… así veo. Bienvenido al mundo de los vivos otra vez, Inferno.

El mecánico lo puso en el suelo y se dirigió hacia Daichi y Sugawara, quienes se encontraban bajándose del automóvil y hablando con Kageyama. Tsukishima veía la escena, un brillo de curiosidad en sus ojos detrás de los marcos gruesos al ver al androide. Seguramente ellos dos eran de los pocos que sabían de la existencia del droide en el desierto.

—Lo siento por Yamaguchi —murmuró Hinata, mirando al rubio; sabía que ese no sería el caso, pero Shouyou estaría ahí si el más alto necesitaba un abrazo.

—Sí, bueno, no todos tienen la misma suerte de revivir que tú —comentó seco, se cruzó de brazos—. Aunque… gracias, significa mucho.

—¿Registrarán a Kageyama aquí?

—¿Ese es el nombre del droide? —preguntó el rubio—. Pero sí, Nicotina nos avisó de las… extrañas noticias; pero no especificó para qué nos necesitaría hasta hace algunos minutos. Quiso hacerlo en el Jardín de Electricidad porque aquí tendríamos energía para darle impulso a las computadoras.

—Ah.

—¿Qué le pasó a su pierna? —preguntó el chico de anteojos, Kageyama caminaba en su dirección escoltado por Nicotina, Ceniza y Amanecer. Los cuatro aun no podían escucharlos.

—Antes que pudiéramos salir de la ciudad nos topamos con algunos problemas —explicó, mirando la prótesis metálica—. Oikawa no tomó bien la renuncia de Kageyama.

—Ouch —murmuró.

—Sí —comentó el pelirrojo, recordando la paliza claramente unilateral que había recibido—, ouch.

.

—Está limpio —anunció Tsukishima saliendo de la vieja cabaña después de una hora, Asahi caminaba detrás de él—, no detecto ninguna señal proviniendo de él. Si tuvo un rastreador, Inferno fue el responsable de quitarlo. Aparte de su pésima personalidad, no tiene nada.

—Te lo dije —anunció Shouyou sin necesidad.

Ninguno de los presentes comentó que, de hecho, Tsukishima no debería señalar «pésimas personalidades»; porque hablar con él no era exactamente un paseo entre un jardín de rosas.

—Nicotina, ¿puedo hablarte de algo? —pidió el de anteojos, ignorando a Hinata, acercándose al líder; el cuervo de cabello corto aceptó y se acercaron los presentes; Daichi, Sugawara, Asahi y Hinata.

—Dime, Ácido.

—¿Crees que esto sea una buena idea? —bajo un poco la voz, para evitar que el droide lo escuchara—. Quiero decir, sé que eres el líder y si tú lo permites, no puedo decir nada; pero… ¿Crees que es sabio darle albergue a nuestro enemigo? ¿Sólo porque Inferno lo dice? —Recibió una queja del pelirrojo pero el de anteojos siguió hablando—. Digo, lo salvó y todo, ¡viva por ello! —Celebró sarcásticamente—, pero piensa, ¿las industrias BL harían eso por alguno de nosotros? No lo creo.

—Yo creo que es exactamente por eso que deberías aceptarlo —Asahi fue quien habló después. Tomó a Hinata desprevenido—. No nos haría diferentes a ellos si hacemos lo mismo con un «enemigo» que se ha arrepentido y viene pidiendo perdón.

—Amanecer tiene razón —compartió Daichi—, y tú también, Ácido —Nicotina revolvió sus cabellos como trigo, el de anteojos hizo una mueca de incomodidad—; pero hay una diferencia entre los dos bandos, y si actuamos como ellos, dejamos de ser los buenos. Después lo entenderás.

—¿Puedes perdonarlos incluso después de lo que le hicieron a Fantasma y Revólver? —interrumpió ásperamente.

—Según Inferno, él no tuvo que ver en ninguna de las dos.

—¿Cómo le puedes creer?

—Le creo a Inferno —finalizó el líder, en un tono que indicaba que la disputa había terminado. Kei no hizo más y de mala gana aceptó.

Shouyou se alegró al saber que tendría al amable gigante de su lado. Sería difícil cuando llegaran al Nido; Daichi tenía razón, pero Kageyama y él habían salido de peores situaciones.

O eso pensaba.

Cuando llegaron a la compuerta que daba a la base subterránea estaba seguro que su corazón se saldría por su boca. Un patético chillido salió de sus cuerdas bucales cuando corrieron por todo el oscuro túnel con bombillos como luciérnagas; llegando al taller y la armería.

Una multitud de rebeldes lo estaban esperando.

Algunos chicos te quisieron dar la bienvenida, Hinata —sonó la voz de Asahi en el intercomunicador; él, Tsukishima y todo el equipo que ocuparon para registrar al androide iban en un automóvil delante de ellos.

El pelirrojo mordió su labio, intentando evitar llorar otra vez. No quería que lo primero que sus camaradas volvieran a ver de él fuera algo tan patético como él llorando como bebé. El automóvil se detuvo y sintió la mano de Kageyama buscar la suya.

Fue devuelto de golpe a la realidad y miró al androide.

Tobio estaba muerto de miedo.

Era difícil notarlo, pues sus facciones lucían como siempre, serenas y concentradas; pero su ceño se fruncía levemente y sus ojos se enfocaban en los suyos con intensidad. Su mano parecía de hierro en sus dedos. Hinata comprendía que, para lo que él era su familia recibiéndolo con alegría, para el androide significaba una turba enfurecida.

Shouyou apretó de regreso.

—Llevaremos a cabo la conferencia de anuncios de inmediato —informó Nicotina—, Kageyama no te separarás de nosotros. Les haremos saber que eres un androide que apoya a la resistencia y que tienen prohibido hacerte daño, ¿está bien?

—Sí —contestó sin lugar a dudas, no obstante su mano se enrollaba con la de Inferno.

Hinata le sonrió con sinceridad, queriendo prometerle que todo estaría bien. Abrió la puerta del automóvil y sintió un peso caerle encima.

Su cuerpo chocó de golpe contra la carrocería del Land Rover, y un puñado de cabello nubló su vista repentinamente. Fue rodeado por dos brazos casi de su mismo tamaño; abrazó al rebelde sin pensar hasta que entre sus hebras amarillas miró a Pantera Anfetamina.

—Kenma quiso ser el primero en saludarte —explicó, con la misma sonrisa que Shouyou recordaba.

Sombra se separó de él, tenía los ojos llorosos y sus labios temblaban; pequeños sonidos salían de sus labios en su esfuerzo por decir algo. Sin embargo, movió sus dedos, una palabra bastante simple que Hinata pudo memorizar en sus tiempos de estudiar el lenguaje de señas.

«Bienvenido.»

Hinata lo abrazó con fuerza.

Abrió sus ojos, atrás de él estaban todos los demás; Nishinoya gritaba su nombre con una sonrisa, Tanaka lo felicitaba por su fuerza, Inuoka, Yaku, Kuroo, Ennoshita; todos estaban ahí para recibirlo.

Excepto…

—¿Dónde está Akaashi? —se escuchó preguntar.

Kenma se separó de él y comenzó a secar sus ojos con las largas mangas de su chamarra roja. Kuroo fue el que respondió:

—Salió con Konoha y Komi a una misión ahora en la mañana, no tendría que tardar mucho en regresar.

Pantera revolvió sus cabellos y murmuró un suave «bienvenido». Shouyou sintió la mano de Kuroo congelarse, al siguiente instante; el pelirrojo giró su rostro para ver atrás de él. Pantera tenía su vista clavada en el androide y en su pierna claramente mecánica.

—Es eso…

—Killjoys —la sonora voz de Daichi llenó la armería y el taller—, sé que estamos extasiados por la llegada de nuestro hermano perdido; pero antes de hacer más, necesito darles algunas noticias a todos —la multitud se había quedado quieta, algunos ojos curiosos ya estaban en Kageyama—. Así que necesito que vayan directo a la cafetería. Ahora.

Todos comenzaron a moverse, no sin antes comenzar a halarlo, adentrándolo entre todos los reunidos. Preguntándole ¿qué diablos le había pasado? A Hinata le pareció escuchar algunos: «¿Era eso un androide?» «¿Qué diablos? ¿Viste su pierna?» «¿Un droide? ¿Aquí?»

Su corazón comenzó a acelerarse.

Estaba en medio de todos los killjoys, había olvidado que estaban compuestos por tantos número hasta verlos a todos reunidos en un mismo lugar, de nuevo. Se movía con todo el grupo de rebeldes, miró hacia atrás pero perdió a Kageyama de vista; entre todos los cuerpos chocando entre ellos. Podía escuchar a Tanaka y Nishinoya preguntándole ¿cómo había sobrevivido tanto tiempo ahí afuera? Y ¿si había visto a Oikawa en persona?

Todos se apretujaron hasta llegar a la enorme cafetería; se sorprendió al ver a Sugawara frente a todos, ¿cómo había llegado tan rápido? ¿O quizás él era quién se movía lento? Él y toda la multitud que lo rodeaba, Hinata sentía su corazón hinchado por al amor que recibía de toda su familia; eso eran todos los killjoys… su familia.

Al igual que Kageyama.

—¡Hinata¡ ¡Aquí! —llamó el cuervo blanco, agitando una mano.

Como lo hicieron la noche que Kuroo cantó para todos, los killjoys comenzaron a congregarse en todo el lugar en un semicírculo, dejando la pared del fondo para Nicotina. El pelirrojo notó que habían construido una plataforma, esta vez permanente; Hinata caminó al frente y arriba de todos, situándose al lado de Sugawara. Los demás platicaban entre sí, ansiosos y curiosos de lo que dirían; Shouyou sintió sus palmas heladas.

El sonido paró inmediatamente.

La multitud de killjoys comenzó a separarse, dejando un espacio en medio; todos se veían sorprendidos pero nadie comentaba nada.

Daichi caminaba al lado de Kageyama, atravesando la cafetería hasta llegar donde Ceniza y él estaban.

Su estómago se hundió, mientras su mente pensaba: «Aquí vamos…»

Nicotina se aclaró la garganta cuando subieron a su lado.

—Killjoys —comenzó, toda la audiencia estaba en un mortal silencio—, como ya todos sabemos; tenemos a nuestro pequeño hermano devuelta con nosotros —lo señaló, aunque Hinata no era fanático de ser llamado «pequeño»—. ¡Sol Inferno ha vuelto a la vida, hermanos!

Sintió su pecho agrandarse y sus ojos humedecerse al escuchar el clamor de sus camaradas, celebrando su llegada con júbilo. Él solo había tenido suerte que la Bruja Fénix decidió que no era su tiempo, después de todo. Pensó en los que no pudieron hacerlo, en los que no pudieron regresar otra vez a casa.

Shimada.

Yamaguchi.

Bokuto.

—Espero que le den la bienvenida como se la merece —Daichi sonrió, luego sus severas facciones regresaron a su lugar para seguir con las noticias—. Ahora, como algunos ya podrán haber escuchado, tenemos un… nuevo integrante en nuestras filas. Cabe recalcar que, gracias a este chico, es que tenemos de regreso a nuestro Inferno.

No se escuchaba ni el murmullo de pasos en toda la base, así que Daichi continuó.

—Este es Tobio Kageyama —anunció; el pelinegro dio un paso adelante, sin mostrar emoción en su rostro, hinchando el pecho para parecer más grande y orgulloso—, nuestro nuevo miembro.

La multitud comenzó a murmurar, divisó a Yachi entre todos, quién le sonreía a él y lo saludaba agitando una mano en lo alto; Hinata le devolvió el gesto.

—Y —continuó el líder de los killjoys—, para evitar cotilleos o secretos entre nosotros, acabemos con este elefante en el cuarto. Kageyama es un androide, sí; y ahora está en nuestro lado. Será un miembro importante y con su ayuda podemos aprender un poco más de…

—¿Me estás jodiendo? —interrumpió una voz.

Algunos rebeldes comenzaron a alejarse del centro y darle espacio al rebelde que acababa de llegar.

Era Akaashi.

—¿A esto hemos llegado, líder, a hincarnos y lamer los pies de nuestros enemigos? ¿A invitarlos a nuestro hogar y tratarlos como hermanos? —Su voz subía mientras se acercaba a los que estaban adelante— ¡¿Perdonándolos como perros falderos a pesar de los killjoys que han masacrado, escupido y quemado?! ¡¿Ah?!

—Histeria, suficiente —amenazó Daichi.

El otro no escuchaba, caminaba hasta llegar a la tarima, sin apartar su mirada fijada en el androide. Se acercó hasta llegar al podio, parecía que todos sus músculos se contraían con cualquier movimiento, como si estuviera a punto de explotar, sus labios se erizaban perfilando sus dientes; Hinata estaba sorprendido, sus piernas no parecían responder, todos se habían quedado petrificados, al ver a Histeria perder la cordura.

—¡¿Suficiente?! —tenía una mano sobre la pistolera en su costado, sus dedos temblaban—. ¡Tal vez deba hacer lo que tú debiste cuando viste al engendro!

Sacó una glock y le apuntó a Kageyama en la cabeza

—¡Histeria, para! —gritó Daichi, resonando en toda la cafetería.

Los killjoys reunidos comenzaron a exclamar, unos apoyando a Akaashi y otros intentando mantener la calma. Kageyama no se movía, pensando que cualquier movimiento repentino podía empeorar su situación

—Si tienes miedo, yo mismo lo haré —escupió con asco Histeria.

Shouyou regresó en sí y corrió para poder ponerse frente a Kageyama y protegerlo. Las voces y exclamaciones se encerraban en la guarida bajo tierra mientras irrumpía una disputa interna; Histeria estaba armado y veía con un odio indescriptible a Tobio.

—¡Es una orden! —rugió Nicotina, como si fuera un león en medio de un manicomio.

Akaashi no parecía él, no era el mismo que había conocido antes de abandonar el Nido. El cariño en sus facciones había desaparecido y sus ojos eran duros y fríos. No estaba escuchándolo y no pararía hasta ver a Kageyama muerto.

Kuroo se lanzó sobre él, Histeria no disparó al ser arrojado al suelo; sin embargo arrojó su codo y golpeó el rostro del otro rebelde. Pantera batalló para inmovilizarlo, hasta que logró tenerlo sobre el piso. La mejilla de Akaashi estaba sobre el polvo y el pelinegro encima de él.

Era un completo pandemonio, se escuchaba la voz de Nicotina arriba de todas las demás, intentando mantener el orden; Asahi ayudó a Pantera a mantener inmóvil a Akaashi, poniéndolo de pie y manteniendo sus manos detrás de su espalda, como si no se tratara de uno de ellos.

—¡Alto! ¡Ahora! —ordenó Nicotina, con una voz tan potente que los hizo quedarse congelados, parando en lo que hacían. Siguió hablando en el mismo tono, como si tuviera un altavoz—. ¡Todos ustedes tienen prohibido hacerle algún daño al droide; es nuestro hermano y lo tratarán como uno! ¡¿De acuerdo?! ¡No es una sugerencia, no es un favor; es una orden! ¡¿Me escucharon?!

Completo silencio.

—¡He dicho! —repitió, elevando más su voz— ¡¿Me escucharon?!

Para entonces, Hinata sentía que sus oídos estaban cerca de explotar.

—¡Sí, señor! —respondieron todos al unísono.

Akaashi estaba muy ocupado intentando zafarse del agarre de Kuroo mientras veía con odio puro a Kageyama; incluso Shouyou se sintió helado ante esa mirada.

Esto no iba a ser nada fácil.

—Y tú —llamó Daichi acercándose a Histeria, el más joven no lo miraba a los ojos—; a mí despacho, ahora —gruñó—. Tenemos que hablar.

—¡¿Qué diablos fue eso?! —Daichi caminaba de lado a lado, mientras Akaashi estaba en silencio en medio del despacho del líder.

Kuroo estaba cruzado de brazos en la puerta, su labio inferior estaba roto, producto del forcejeo de Histeria; aunque había parado el sangramiento. Asahi estaba a su lado.

—¡Esto es ridículo! —Regañaba Nicotina— ¡Y está muy por debajo de ti, Akaashi! Desobedeciste mis órdenes, atacaste a uno de nosotros.

—¡Esa cosa no es uno de nosotros! Jamás lo será —sentenció—. Nicotina, ¿qué demonios haces? ¡¿Aceptar un droide, como parte de los killjoys?!

—Akaashi —comenzó Daichi.

—¿Tú estás de acuerdo con esto? —miró a Kuroo, quién solo bajó la mirada— ¡¿Jugar a la familia con los mismos demonios nos matan todo el tiempo?! ¿Qué pasará si esa cosa se vuelve demente un día y nos comienza a asesinar uno por uno?

—Tsukishima y Asahi le hicieron algunas pruebas…

—No tenemos idea si está siendo controlado por BL/ind, ¿qué tal si se convierte en un S.C.A.R.E.C.R.O.W.? ¿Tienes idea de lo horribles que son esas creaturas?

—Según Tsukishima, esos son híbridos, una mezcla entre humanos y robots; Kageyama es solo un droide.

Toda la situación era ridícula, insultante, le estaban escupiendo a la memoria de él. Se sentía impotente, sabía que no estaba actuando como sí mismo, tranquilo y sereno. Pero no podía quedarse de brazos cruzados, mirando solamente al mismo responsable de haberle arrebatado el hombre que amaba de sus brazos.

Se mordió su mejilla hasta que sintió el sabor de sangre.

—Akaashi, necesito que seas fuerte, a todos nos afectó lo que pasó, pero esto sólo te está carcomiendo por dentro. Escúchame: Kageyama no fue el responsable.

Él no lo sabía, nadie en el maldito Nido lo sabía, solo el demoníaco androide.

Al diablo con ser fuerte.

Al diablo con todos.

Pensaba que lo había superado, que el fuerte Histeria podía sobrellevar la muerte de su amante con la frente en alto. Haciendo bromas de viudos y repitiéndose día con día que la vida sigue adelante y que él no necesitaba amor en su vida; que esas inutilidades no le proporcionaban alimento en su estómago o armas en sus manos.

No lo había hecho.

No lo había superado.

Y jamás lo haría.

Dolía demasiado.

Dolía cada vez que miraba la cara de Kuroo, dolía cada vez que despertaba en las noches sin ese pesado cuerpo encima de él, dolía cada vez que recordaba el dulce sonido de su risa despreocupada, dolía cuando respiraba, dolía cuando hablaba.

Tenía que salir de ahí.

Se comenzó a dirigir a la puerta pero Asahi lo bloqueó, su enorme cuerpo en comparación con sus facciones llenas de preocupación y ojos rojos hacían una paradoja risible. Antes que Akaashi pudiera obligarlo a moverse, escuchó la voz de Daichi.

—No te puedo dejar ir sin que me prometas que no le harás nada al chico.

Escupió la sangre de la herida que había hecho cuando mordió su mejilla.

—No lo haré, líder.

Amanecer vio detrás de él, pidiendo confirmación del líder; segundos después el gigante cuerpo se movió hacia un lado.

Caminó hasta poner un buen trecho entre el despacho de Nicotina y él, cerca de las duchas comunales; no había nadie ahí. Golpeó las gastadas y amarillentas baldosas con su puño; descargando lo que fuera que sentía con violencia. Imaginando el rostro del androide, el de Oikawa…

Cuando acordó, la pared estaba manchada de sangre… su sangre.

Había roto la piel de sus nudillos, pero continuó golpeando.

El golpe sordo de su piel contra la porcelana callaba sus llantos.

Pero los gritos rugían en sus oídos.

«¡Koutarou! ¡Koutarou, no!»

«Sigue corriendo, conejito»

Su puño chocó contra una superficie suave, abrió sus ojos para ver la mano de Kuroo frente a él. Sus ojos también estaban inyectados de sangre y las comisuras de sus labios temblaban.

—Él… él… —Akaashi intentaba luchar, su tráquea se cerraba con fuerza, dolía como su pecho.

—Lo sé —La voz de Pantera se quebraba—, él está muerto… lo sé.

Se dejó abrazar por Kuroo, las dos personas rotas que Koutarou había dejado, haciendo lo único que podían para sobrellevar el dolor. Todavía se sentía como el primer día que había regresado de Ciudad Batería sin su mitad.

No estaba bien.

Nada de esto iba a estar bien.

Y ahora necesitaba encarar a ese androide que le recordaba al S.C.A.R.E.C.R.O.W. que le arrebató su corazón y que personificaba todo lo que Better Living significaba.


Se movía, paso a paso, disfrutando el rítmico sonido de sus zapatos sobre la porcelana blanca del suelo. Su cabello rebotaba con cada pisotón, llevó una mano a la nívea pared y pasó sus dedos por el muro de cartón yeso, acariciando la inerte materia; como si se trataba de un amante.

Luchó contra la necesidad de mandarla a volar con sus falanges.

Acomodó un mechón de su cabello detrás de su oreja, avanzando más por la infinita galería del Tubo. Tenía una reunión con el ajustador de pensamientos, Daishou. Le daría su recopilación semanal de datos; proveniente de todos los ciudadanos que necesitaban ser reiniciados.

Shirabu, el mecánico que mantenía a los S.C.A.R.E.C.R.O.W. estaba ahí, para sorpresa de Tooru. Todos los ciborgs se mantenían en el Laboratorio 7. El castaño, al ver a su líder, rápidamente hizo una reverencia; Oikawa ladeó la cabeza, apreciando la fidelidad del chico.

Habían pasado algunos días desde la huida del androide exterminador y la traición de Takahiro Hanamaki; pero según todos sus ciudadanos, exterminadores y policías, eso nunca había pasado.

Con un pequeño movimiento de sus dedos y sin decir una palabra, había borrado la existencia de los dos; sus orígenes, sus logros, sus estatus. Para lo que a toda Ciudad Batería le correspondía, ellos jamás vivieron. No importaban los años que habían servido a BL/ind.

La razón era simple.

Tooru Oikawa nunca perdía.

Él estaba por sobre todo eso; más arriba que cualquier asqueroso humano, ciborg y androide. Nadie era más fuerte que él, porque se había asegurado de ser la forma de vida más fuerte del planeta. Que Tobio viniera con cualquier armada remendada que encontrara, Oikawa lo mataría antes que llegaran a cien metros de la entrada de su ciudad.

—Líder, qué grata sorpresa —comentó Shirabu—; debo reportar, los ciborgs están en buen estado físico. Pero desde hace veinticuatro horas, uno de ellos ha… reaccionado negativamente al suministro diario de drogas y…

—Tooru, siempre nos bendices con tu presencia —saludó Suguru, interrumpiendo al mecánico—; ¿vienes a supervisar a los humanos que están bajo el ajuste de pensamientos?

—Sí, aunque siempre me terminas haciendo esperar, Daishou —reprochó, sin embargo el hombre de ojos rasgados y sonrisa ladina no parecía asustado.

—Mis más sinceras disculpas —estableció, sonriendo con ojos cerrados—, agradecería que pudieras seguirme, líder.

Oikawa le indicó a Shirabu que se uniera, después de su recorrido por el Tubo dejaría que el mecánico le dijera su informe. Pasaron a otro pasillo casi idéntico, con la diferencia que éste estaba repleto de puertas metálicas reforzadas, que tenían una pequeña ventana de vidrio esmerilado arriba y una trampilla abajo en donde les alcanzaban su alimento dosificado a los pacientes.

Caminaba de largo, mirando de reojo cada celda; las personas eran vestidas con batas blancas. Encerradas en un minúsculo cuarto blanco, hasta que era su turno de llevarlas al salón de Lealtad, les hacían preguntas y los electrocutaban hasta cambiar su manera de pensar; a veces los sumergían en un contenedor de agua hasta que no podían aguantar más y respiraban bajo agua si no respondían como debían.

Además de siempre recibir su dosis obligada de pastillas para la felicidad.

Recordó los momentos que Bokuto visitó las habitaciones, los gemidos que salían de sus labios cuando sentía que estaba a punto de ahogarse. Claro que en su caso, el procedimiento fue más invasivo y rápido, como a todos los S.C.A.R.E.C.R.O.W. Sentándolos en su cama para recibir en repetición, de principio a fin las grabaciones de su doctrina, reducir su mente a plastilina; lista para ser moldeada por él.

Causando experiencias traumáticas como amputaciones conscientes para inducir un estado de catatonia; y así, limpiar su mente para introducir lo que a Oikawa le daba la gana.

Esos fueron días gloriosos.

—Cómo puedes apreciar —informó Suguru—, todo está en perfecto orden. No hay sujetos que presenten dificultades o se rehúsen al ajuste.

—Debo admitir —Tooru se rio entre dientes—, me gusta lo que veo, Daishou. Mantienes todo en perfecto…

Una serie de carcajadas lo interrumpieron.

Las risas descontroladas se escuchaban sordas, como si vinieran de una de las celdas.

—… perfecto estado —continuó—; las celdas se ven inmaculadas y no hay nadie más experto en…

El estridente sonido del hilarante cacareo lo volvió a interrumpir; sin embargo el ruido carecía de felicidad, solo eran risotadas que se escuchaban dolorosas para su garganta. Sintió un minúsculo tic halar su ceja, molestándolo.

Se aclaró la garganta y siguió.

—… lograr un ajuste de pensamiento como tú; si necesitas más fondos, puedes…

Las carcajadas cobraron más fuerzas, como si alguien estaba perdiendo el último fragmento de cordura que le quedaba; el sonido era tan fuerte que atravesaba las paredes metálicas. Fue la tercera vez que se había atrevido a interrumpirlo; Suguru y Shirabu se tensaron, miedo recorriendo todo su cuerpo visiblemente.

—¿Qué es eso? —preguntó, manteniendo su voz neutra.

—Lo siento mucho, Tooru —se disculpó el mecánico, hablando encima de las maníacas carcajadas—; es el tercer S.C.A.R.E.C.R.O.W. Satori Tendou, comenzó a mostrar efectos secundarios a las drogas de la felicidad. Perdió toda sensatez y no para de reírse; ninguno de los otros dos han mostrado efectos adversos antes…

—Comenzamos a intentar mantenerlo bajo control hace un par de horas —explicó Daishou, tomando su tiempo para dar explicaciones—, no deja que nadie se le acerque, ya asesinó a dos de mis científicos. La droga de incremento, lo hace ridículamente fuerte; su cerebro perturbado muestra una necesidad incomparable de hacer daño.

Las paredes rebosaban con carcajadas forzadas.

—Este evento no se pudo predecir, ya que no sucedió lo mismo antes; pero ya lo estamos controlando.

—Según Daishou, no lo hacen —. Entrecerró los ojos, Shirabu se tensó; las risas seguían y comenzaban a cansarlo.

—Aunque —esta vez habló Suguru—, ya probamos amputando su otro brazo… no para de reírse.

Resopló, conteniendo el impulso de estrellar la cabeza del siguiente que le hablara directo a la pared. Solo quería callar esas ruidosas carcajadas, se estaba cansando de escucharlas. Su sed de sangre le traía sin cuidado.

—Cosan su boca —ordenó.

Comenzó a caminar al cuarto del demente S.C.A.R.E.C.R.O.W. para supervisar a sus hombres al tratarlo. Le hizo una señal a Iwaizumi quién guardaba sus espaldas; con él tendrían suficiente fuerza bruta para contenerlo.


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Nos leemos luego~