Nuevo viernes, nuevo capítulo. El nombre de esta vez es una canción perteneciente al grupo Coldplay, es hermosa y conmueve mucho, son bienvenidos a escucharla
Como habrán notado, la portada cambió esta vez. Pueden apreciarla ahí o si la prefieren en mayor tamaño y mirarla en toda su gloria vayan a la página de Keelita! La talentosísima artista que lo hizo; solo escriban en la barra de dirección keelita seguido por un . luego un tumblr y un .com.
No sé como agradecértelo, linda, solo me queda decir gracias y hacer lo único que puedo: seguir el fic. Gracias a ti y a todas las maravillosas artistas que han dibujado algo para esta historia, ustedes nos ayudan a todos a dejar nuestras imaginaciones volar.
Gracias, gracias, desde el fondo de mi corazón.
Esta experiencia de escribir Los Chicos del Ayer, me ha servido para llegar a conocer muchas lindas artistas, lectores y colegas escritoras, a considerarlas mis amigas. Es una oportunidad muy dulce que siempre me levanta el animo.
Así que este capítulo va para todas ustedes lindas choquitas que se toman el tiempo para compartir algunas palabras conmigo, espero que les guste.
Muchísimas gracias a mi beta Ren, quien soporta mis errores juejue
Pero ya basta de cursilerías, sigamos al capítulo de hoy.
»Nombres de killjoys:
Cuervo Nicotina: Daichi Sawamura.
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane.
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka.
Eclipse Impuro: Akiteru Tsukishima.
Visaje Marfil: Kazuhito Narita.
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita.
Fuego Radioactivo: Sou Inuoka.
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata.
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai.«
Fix You
Amarren sus botas y carguen sus pistolas, porque el Doctor está en casa. Rugiendo en sus bocinas desde la estación 109.0, volando directamente desde el cielo aquí, en la WKL.
El amor está en el aire, mis queridos cuervos, ¿pueden sentirlo? Regalen un abrazo y un beso a esa persona que les mueve el tapete como si fuera el terremoto de 1999. Guíñenle un ojo y hagan como si sus manos fueran una pistola con balas de amor.
Porque no saben si la próxima vez que agarren sus dedos estarán fríos y sin color.
En otras noticias, Ceniza Radiante está reuniendo a un grupo de habilidosos killjoys para encaminarse a la Zona 43. En dónde nuevas mediciones de estática llega hasta el espacio, casi alcanzando el ego del dictador de Better Living.
Espacio gratuito para sus risas.
De todas formas, denles una calurosa despedida y demanden un regalo para su regreso, he escuchado que en la Zona 25 hay un vendedor que cosecha semillas.
Buen viaje, cuervos, esperamos su regreso.
Kkkkkkk…
—¿Cuándo partirán? —preguntó Daichi.
Cuervo Nicotina estaba en su oscuro despacho, iluminado por algunas lámparas en el techo que se balanceaban sin ritmo. Frente a él estaban Sugawara y Kenji Futakuchi; Sawamura se cruzaba de brazos, escuchando a sus soldados informar acerca de la siguiente expedición.
Hace algunos meses Yaku había ido en la misma misión junto a Futakuchi, pero el rebelde de ojos perspicaces no tuvo suerte. La estática había estado a niveles considerados anormales, pero cuando Cianuro llegó al lugar, no encontró nada.
La misión terminó en una falsa alarma y el convoy de Yaku regresó a la base.
Ahora sin embargo, se había perdido toda la comunicación de ondas de radio, la Zona 43 fue engullida por una nube enorme de estática y si subían más, podrían haber víctimas. Así que por esa misma razón, Daichi había solicitado que esta vez fuera Sugawara; el segundo al mando imponía la misma autoridad que el líder de la resistencia. Además, no había otro explorador en quién confiara más.
—Nuestro plan es salir cuanto antes, estimamos partir mañana antes del amanecer.
Futakuchi, el chico de cabello castaño partido a un lado y expresión aburrida era un rebelde joven, pero tenía una inteligencia increíble. Él era originario de una comunidad oculta en la Zona 1, tenían tecnología de punta como el Nido, pero no eran participantes activos en la guerra. Ellos creían en la supervivencia, no la victoria.
Se especializaban en medir los niveles de la estática y la radiación, inventando maneras y artefactos para facilitar su trabajo. En una redada, los killjoys cruzaron caminos con Futakuchi y otro grupo; llegaron al acuerdo de ser iguales y compartieron anécdotas alrededor de una fogata por la noche. Daichi quedó intrigado con el grupo, si ellos se unían a la activa resistencia sus posibilidades de obtener alguna victoria aumentarían mucho más.
Sawamura había intentado convencerlos de unir fuerzas, aun manteniendo una independencia entre comunidades; todas sus proposiciones fueron fútiles y al final el otro grupo no estaba interesado en luchar en la resistencia. Prefiriendo mantener la paz que quedaba en todo el desierto. Se sintió como una derrota, hasta que al siguiente día uno de los chicos más jóvenes de la otra comunidad se acercó a él y le pidió si podía unirse a los killjoys.
Kenji Futakuchi los acompañó de regreso al Nido.
Y ahora tenían a su propio especialista en medir la radiación y la estática.
—Estamos haciendo arreglos y reclutando algunos miembros de las diferentes ramas —informó Sugawara—, así podremos contar con apoyo de todos los campos.
—¿Quiénes están previstos para acompañarlos? —cuestionó el de cabello corto.
Futakuchi fue quién respondió, tenía una página de papel en sus manos.
—Hasta el momento la lista está así: Ennoshita, Nobukuyi, Onaga, Fukunaga, Saeko, Kuroo, Sugawara y yo.
—Suena como un equipo bastante completo —señaló Daichi.
—Así es —concordó Ceniza.
—Me parece bien —opinó Nicotina—, comiencen de inmediato los preparativos, las provisiones y hagan un recuento de las armas que necesitaran, ¿de acuerdo?
—Entendido —Sugawara asintió con una sonrisa en sus labios y determinación brillando en ojos avellana; Futakuchi hizo lo mismo y ambos se retiraron a realizar sus tareas asignadas.
Antes de salir por la puerta, su segundo al mando le dedicó una última mirada juguetona y Daichi sin proponerlo, terminó sonriendo. Sabía que sin Ceniza a su lado, las cosas serían mucho más difíciles de manejar, Koushi podía mantener un frente duro e inmovible; pero en el fondo, él tenía más humanidad y benevolencia que todos los rebeldes combinados.
Recordaba que cuando recibieron las noticias que el pequeño Hinata estaba vivo; lo primero que salió de la boca del cuervo blanco había sido un: Por los dioses. Mientras que lo que salió de la suya fue: ¿Cómo puedes saber si ése es el verdadero? Ellos dos eran los lados de una moneda.
Él era el negro, y Suga era el blanco.
El equilibrio que ellos lograban hacía funcionar a los killjoys y era la base fundamental de su «justicia». Así como el blanco no podía prevalecer sin el negro, tampoco el negro sobreviviría sin su contraparte.
Decidió salir y supervisar la base, no podía cambiar el curso de las cosas, pero los días se le hacían largos en el Nido. Sus misiones afuera se habían disminuido considerablemente desde que lo nombraron líder. Antes pertenecía a la Vanguardia y a diferencia de todos sus demás compañeros que vivían para el enfrentamiento contra los enemigos; él no encontraba lo adictivo en sentir la sangre correr a miles de kilómetros por hora en sus venas.
Mientras caminaba, no podía dejar de pensar en la misión en la que saldrían sus cuervos. Algo no se escuchaba concordante en los informes, primero, se había encontrado una pila de metales en la Zona 43, las mediciones de estática eran demasiado altas, pero cuando Yaku llegó, no encontró más que chatarra. Ahora, nuevamente, la estática estaba por los cielos; solo que esta vez aún no se podía distinguir la exacta ubicación.
Sentía en sus huesos un extraño nerviosismo, pero sabía que no podía evitar que Suga y los demás fueran.
Sus piernas lo llevaron hasta la arena de combate, sonrió al ver algunos de los cuervos luchando ávidamente entre ellos o contra maniquíes. Sabía que los rebeldes daban su todo, para luchar contra enemigos y hasta para practicar.
Hinata estaba al lado de Akaashi, Histeria daba algunas instrucciones; frente a ellos, Kuroo e Inuoka permanecían de la misma manera. ¿Sería una lucha entre aprendices? Fuego Radioactivo era cerca de veinte centímetros más alto que el pelirrojo; pero Inferno tenía reflejos más rápidos y usaba su baja estatura para escabullirse fácilmente.
Al otro lado, se sorprendió a ver al genio de Inteligencia, Tsukishima estaba frente a Kozuma Bobata; un chico de menor tamaño pero con más años de experiencia. El rubio se acomodó los brazos y se encogió de hombros, tenía una larga vara de madera asemejando una katana, al lado del rubio estaba su hermano.
Con una señal de Konoha ambas peleas dieron inicio.
Se comenzaron a escuchar golpes siendo bloqueados y gruñidos provenir de los cuatro chicos. Daichi intercambiaba su atención de uno a otro, Inuoka todavía tenía mucho más que aprender; y era evidente que Hinata, tenía experiencia en peleas de cuerpo a cuerpo.
La arena se llenó de exclamaciones y alientos, cada uno tenía su favorito.
Se sorprendió más al ver la agilidad que tenía Kei, la forma en cómo se movía y su ritmo eran semejantes al de su hermano. Era cierto que el pequeño de anteojos llegó cuando apenas tenía diez años; junto a su hermano, mucho antes que Nicotina fuera encargado de ser el líder; el rubio tomó una facilidad y apego a la hora de descifrar códigos y manipular el ciberespacio como se le diera gana. Tuvo un don nato para comprender los tecnicismos informáticos; los años pasaron y a sus apenas diecinueve quedó como cabeza de la rama de Inteligencia.
Los Tsukishima siempre se diferenciaron de esa manera; Akiteru, el cuervo letal con katanas, que luchaba lado a lado del Pequeño Gigante y su hermano pequeño, Kei, el genio de las computadoras.
No era la primera vez que Eclipse Impuro había conseguido que Ácido Lunar aprendiera a usar la katana, aunque era la primera que Kei parecía poner todo su empeño. Lo supo al ver a Kazuma dejar de atacar, limitándose a mantener su defensa; el de anteojos lo había acorralado, y a la vez evitaba todos sus golpes. Sabía que Akiteru era un excelente maestro, pero la altura y ligera forma del menor le ayudaban a poder manejar la espada con destreza.
Un brillo de orgullo surgió en su pecho, sabía muy bien qué había catalizado el cambio en la actitud de Kei. Yamaguchi empujó al rubio a cambiar sus maneras; una metamorfosis que jamás habría pasado sin la tragedia; como si fuera un capullo floreciendo en medio del desierto.
Se entristeció al pensar que Akaashi estaba al otro extremo del espectro.
—Ahora, estás muerto —comentó el rubio de anteojos; las palabras lo sacaron de su mente y cuando miró nuevamente la arena de pelea, Tsukishima tenía la punta de su arma de madera en el centro de la espalda de Kazuma.
—¡Diablos!
El alto rubio fue alcanzado por los brazos de su hermano, Akiteru se reía, el orgullo rebosaba de su forma; a pesar de los quejidos molestos del menor. Mientras, el enfrentamiento de Inuoka contra Hinata seguía; aunque, el pelirrojo llevaba la ventaja. Daichi se acercó al alto rubio para felicitar su desempeño; el rubio bajó el rostro y murmuró algunas palabras de agradecimiento.
Aunque su amarga expresión no lo mostrara mucho, se veía feliz por su propio desempeño; por fin veía los frutos de su arduo trabajo. Sawamura sabía que para el chico de anteojos no había lugar al que ir sino arriba. Tsukishima, a diferencia de los chicos en la Vanguardia, pensaba antes de atacar; elegía bien sus oponentes y sin importar la situación, siempre mantenía la cabeza fría. Tsukishima era una parte importante de los rebeldes, Daichi sabía que podría llegar lejos.
Lo supo al ver como Kei actuó con Kageyama.
—¡Uno, dos, tres! —Comenzó a contar Konoha, al lado de Inuoka, quien se sostenía la nariz y estaba en el suelo, retorciéndose de dolor— ¡Cuatro y cinco! ¡Hinata eres el ganador!
El pelirrojo saltó hasta casi tocar el techo, le preguntaba a Histeria si había visto todo, o si lo había hecho bien.
—Lo siento, Pantera —llegó Fuego Radioactivo, con ojos llorosos y una nariz roja—. Te fallé.
Kuroo se rio y le dio unas cuántas palmadas en su espalda.
—El suelo está para ayudarnos a ponernos de pie, Inuoka, no lo olvides —sonrió—. Ve a darte una ducha y descansa por hoy.
Fuego se animó visiblemente, pero Tetsurou no había terminado.
—Cuando regrese de la misión te enfrentarás a mí y debes golpearme una vez, al menos.
Daichi negó con su cabeza, Kuroo y sus extraños métodos de enseñar. Aunque al final del día, era bueno en lo que hacía. También era bueno en aparentar; Akaashi pudo haber sido el que explotó el día en que llegó el androide, Sawamura se había esperado algo similar, las cosas se tornarían turbulentas. Pero al final del día, eran una unidad, confiaba en cada uno de sus soldados para seguir las reglas.
Todos sabían el precio que podían pagar al unirse a la resistencia.
Luego estaba Tetsurou, quien trataba a Kageyama con cordialidad, pero sus ojos se quedaban en el androide por más tiempo. Buscando, analizando, lo que lo hacía funcionar, lo que podría hacerlo estropear. Sin haberlo pensado o buscado, Tobio se había hecho enemigo de dos de los más peligrosos rebeldes en toda la base.
Daichi también vigilaba al androide y pedía cada vez, un reporte de los rebeldes que hacían guardia con él. El pelinegro no mostraba ningún indicio de querer hacer daño, o querer comunicarse con alguien afuera. Le daría algunos días para aclimatarse a la base, que hiciera amigos —había notado que Nishinoya y Tanaka se encargaron de eso— y descubriera si quería ser de alguna ayuda para ellos. Sawamura no dudaba que Kageyama tendría suficiente información para organizar un ataque capaz de hacer mucho daño a Better Living.
O, por lo menos, información para vencer a Oikawa.
Luego… estaba Hinata…
Él no era lo suficientemente denso de mente para no poder haber notado la manera que el pequeño Inferno lo miraba. Además, las voces corrían por toda la base al igual que los rumores. Considerar a un ser artificial el objeto de tus sentimientos… Daichi no comentaba, Shouyou era lo suficientemente adulto para descubrir esas cosas por sí mismo.
Él solo esperaba que Inferno no saliera lastimado en el camino.
El sol ya debería haberse ocultado para cuándo fue la hora de la cena, la mayoría de rebeldes estaban dentro de la base y eso de por sí, ya era una razón por la que celebrar. La comida esa noche era estofado de carne enlatada, Konoha y Sarukui fueron los responsables de hacer la comida esa vez. La textura podía ser blanda y sosa pero por lo menos las especias le daban un toque diferente.
Daichi les había pedido a todos que se reunieran en la cafetería, no lo mencionó, pero sabía que no era una solicitud. Pantera sonrió, su líder podía ser muy transparente a veces; la última semana el ambiente en el Nido había estado tenso por la presencia del droide y ahora buscaba una manera de unirlos.
—¿Qué te parece si cantas para nosotros esta noche, Pantera? —preguntó Sawamura.
Kuroo sonrió e intentó que la alegría subiera a sus ojos, no sabía si lo había logrado.
—Odio decepcionarte, Nicotina —se rascó la cabeza—, pero lo dejaremos para otro día, siento mi garganta como si fuera el desierto en la Zona 1 —Daichi sonrió empáticamente—. Pero te diré qué: convenceré a Yaku para que nos deleite con su voz, yo tocaré para él.
—Será en otra ocasión —concordó Daichi.
Sabía que el líder no se había tragado su excusa, pero simplemente desde… el incidente, no veía la necesidad para pasar un rato ameno como antes. Podría sonar egoísta, pero al menos tocaría para todos. Sawamura se retiró y él quedó sentado en la cafetería, apoyando su rostro en el dorso de su mano sobre la mesa.
Sintió un cuerpo sentarse a su lado, tan silencioso que pareció ser solo su imaginación.
—Hola, Kenma —recibió y miró a su mejor amigo.
«Te ves horrible» saludó de regreso.
—¿Es el cabello? —preguntó.
«Siempre»
Kuroo se rio entre dientes.
«¿Cómo te sientes?»
—Siempre me preguntas eso —Kuroo se quejó.
«Me interesa, ¿cómo te sientes?»
—Ya sabes —Kuroo se encogió de hombros, prefiriendo posar su rostro en la mesa de madera, sabía que Sombra podía leer sus labios—… sigo existiendo, como siempre.
Kenma solamente se acercó a él, apoyándose sobre su hombro y descansando todo su peso en Pantera. Kuroo sonrió y pasó un brazo acercándolo más a él; sintió la silueta del rubio volverse laxa y relajarse a su lado.
«Ahora sonríes más que antes, lo noto.»
Kozume apenas y movía los dedos, obligando al pelinegro a mirar sus manos.
—¿Qué?
«Luces feliz cuando hablas con Tsukishima.»
Kuroo dejó salir un bufido.
«Me alegro.»
—Él extraña a alguien y yo también. Quizás sólo somos dos personas rotas buscando algo en las partes equivocadas del otro.
Su mejor amigo lo acarició con su nariz en su hombro, el gesto de simpatía hizo lo hizo sonreír; le recordó mucho a un felino perezoso.
«Aun así me alegro.»
—¿Me extrañarás cuando me vaya en la misión de mañana?
«No notaré que te has ido.»
Tetsurou se rio por su respuesta irguiéndose de la mesa solo para formar una palabra con sus dedos. Kozume sonreía a su lado, sus comisuras apenas se doblaban, pero él sabía que era sincera; como todas las de su mejor amigo.
«¡Cruel!»
Lo sobresaltó un golpe sordo proveniente de la puerta.
Kuroo giró su rostro con rapidez, asustando a Kenma en el camino; miraron la entrada para ver a Saeko con dos cajas de madera, una debajo de cada brazo; cada una tenía muchas botellas.
¿Esas eran…?
—¡¿Quién está listo para festejar?! —gritó la chica con el parche negro.
Todos los reunidos en la cafetería dirigieron su atención a Volumen, algunos se reían y otros la miraban con curiosidad. Quién se acercó a ella fue el médico de turno, Ennoshita.
—¿Festejar qué? —preguntó con preocupación.
La respuesta de Saeko fue darle una caja, mientras ella sacaba una botella y quitaba la tapadera con sus dientes. Escupió el tapón al piso e inclinó la botella para dar un trago, que terminó bebiéndose la mitad del líquido ámbar.
—¡Qué estamos vivos, chico! —terminó Saeko, dejó la caja en sus manos y se dirigió a la mesa donde Kuroo y Kenma estaban sentados.
—¿Y esto? ¿Y esto? —preguntó divertido, sonriendo con complicidad, como si hace un minuto su humor no había estado por el suelo.
—Tenía whisky en mi cuarto, pero salí en una misión ahora y… ¡¿Adivinen quién compró toda la bodega de cerveza casera de Nekomata?!
—¡¿Qué diablos haces, Saeko?! —Llegó su hermano— ¡Daichi nos terminará matando a ambos!
Era evidente que Ryuunosuke no era el más salvaje de los Tanaka.
—Calla y bebe, hermano —levantó una botella de una caja y la posó sobre el abdomen de Terror, con más fuerza de la necesaria, pues el chico se quedó sin aire un momento.
Como si fuera una señal, detrás de ella venía Akiteru con otras dos cajas, sonreía de oreja a oreja. Pensó en lo indudablemente claro quién era el divertido de los Tsukishima.
—No sean tímidos —decía el rubio—, después de todo, todavía tenemos el whisky de Saeko.
—¡Oye! —se rio la rubia, inclinando completamente la botella con cerveza tomando hasta la última gota.
—¿Qué me dices, gato? —le interrogó, entregándole una nueva botella sellada.
Kuroo arqueó una ceja y miró a Kenma.
«Ve, diviértete. Te irás un largo rato.»
El pelinegro lo obedeció y tomó la bebida ofrecida, con su mano agarró la tapa metálica y la torció hasta abrir la botella. Comenzó a salivar al escuchar el crepitar de la cerveza; sostuvo el envase de vidrio y lo levantó, chocándolo con el de la rubia.
—¡Salud!
El tema que estaba leyendo desde la madrugada tenía el nombre de: Composiciones Literarias. Kageyama no tenía idea que un conjunto de palabras ordenadas de una manera específica podían tener ritmo, belleza y profundidad. Aunque la mayoría de sonetos y poemas eran alusivos al amor, el androide no por eso los consideraba menos entendibles.
Si se atrevía a pensarlo, podría considerar que ahora los entendía más que antes. Sabía que si el Kageyama de hace algunos meses hubiese leído las estéticas palabras, no les hubiera encontrado sentido; sin embargo, ahora le parecían hermosas.
Comprendió que así se sentía estar enamorado.
Había concluido que, a pesar de la cultura general de los humanos en insistir que uno amaba con el corazón, el verdadero sentimiento se encontraba en el cerebro. Y qué era amor, sino la necesidad de estar con una persona, hacerla feliz, mantenerla a salvo y sobretodo… tener una conexión más allá que con otros.
Primero pensó que sus «sentimientos» dirigidos hacia Hinata eran de amistad, pero luego concluyó qué ese no era el caso; pues el apego o la atracción hacia el pelirrojo iban más profundo. Debatió que lo que «sentía» era una familiaridad; que aunque Shouyou había nacido en el vientre de su madre y él en una fría mesa metálica, Kageyama lo consideraba un hermano.
Sin embargo, después del beso, refutó su hipótesis.
El beso… lo había dejado ligero de cabeza, ofuscado, sus terminaciones nerviosas estaban a flor de piel y no obstante no sentía dolor. El olor de Hinata sobre su nariz se había sentido adictivo y su piel contra la suya fue celestial. Su misma naturaleza similar a la de un humano le daba la oportunidad de experimentar como una persona de carne y hueso lo haría; ahora sentía su pulso correr cuando Shouyou se acercaba, las yemas de sus dedos hacían cosquillas y sus labios también.
Aunque solamente ocurría cuando Hinata se acercaba.
Desde su llegada al Nido, solo había interactuado con humanos y… sin embargo, no sentía esa clase de deseo con otro cuervo. No era que quería besar a alguien más otra vez… sino que quería besar a Hinata.
¿El amor se podía programar?
¿O era solamente un derivado de una familiaridad con una persona?
Era sumamente diferente al «amor a primera vista» que pintaban algunas películas románticas —que continuó viendo incluso después que Hinata se fuera a la cafetería—.
Quizás lo que sentía era lo más similar a «amor» que él podría sentir.
Y suponía que tendría que bastar para él.
El chico pelirrojo seguramente no podría considerarlo seriamente, ambos eran de mundos —no—, universos completamente diferentes. Sus orígenes fueron diferentes, mientras Hinata tenía una madre y un padre, él tenía un creador. Shouyou fue criado e instruido desde la cuna, mientras que Kageyama fue programado perfectamente sobre cómo actuar, cómo hablar y cómo pensar. Biológicamente, ambos funcionaban de diferente manera.
Y, por consiguiente, la definición de «amor» sería totalmente desigual.
Hinata tenía la ventaja de poder experimentar el verdadero sentimiento; no el duplicado y artificial que él sentía. No, sabía que eso no bastaría para él, los humanos tendían a complementar sus sentimientos entre ellos; no sería suficiente ser correspondido a medias. Además el pequeño cuervo tenía la facilidad de llevarse bien con las personas, era solo cuestión de tiempo que ese espacio fuera llenado.
Se rio entre dientes.
En toda su existencia le había sido programado la lástima y disgusto hacia los humanos y ahora estaba ahí, sintiendo envidia de uno que aún no tenía rostro.
—¿De qué te ríes, Roboyama? —escuchó la voz del cuervo que le seguía dando vueltas a su cabeza.
—De nada, realmente —contestó.
Con la esquina de su mirada pudo verlo encogerse de hombros. Luego… se le ocurrió una idea.
—Hinata —comenzó, el otro se irguió poniendo atención—; hay algo… que quiero hablar contigo.
—Ah, claro —el chico le sonrió y se acercó a él.
Tal vez, tal vez solo podía repetir el beso. ¿Y qué si Hinata jamás podría devolver sus sentimientos? ¿Y qué si al final de todo este embrollo él se enamoraría de un humano? ¿Y qué si Kageyama no era más que un experimento, un pasatiempo que duraría algunos días y luego Hinata se aburriría de él? ¿Y qué si lo que fuera que lo mantenía vivo en el desierto se acabara un día y él se apagara de un segundo a otro?
Nada de eso le importaba si podía besar al humano otra vez.
—Es… acerca de lo que pasó ayer.
Los músculos de Shouyou se tensaron y su presión sanguínea comenzó a subir, al igual que su pulso.
—En la noche, después de las películas y…
—¿Eh? ¿Otro experimento? —comentó el pelirrojo, su tono de voz era más alto que lo necesario, como si había perdido la habilidad para manejar el volumen. El cuervo se rio nerviosamente.
—Sí —mintió, solo quería volver a sentirlo—, quería saber si…
—¡Shouyou! ¡Shouyou! —Interrumpió Nishinoya, Kageyama rechinó sus dientes— ¡Tienes que venir te estás perdiendo de todo!
—¿Uh? ¿Pasa algo? —El pelirrojo ladeó su cabeza.
Noya lo tomó de la muñeca y comenzó a sacarlo a rastras.
—¡Vamos, muévete!
—Espera, ¿no vienes, Kageyama? —miró al androide.
—Me quedaré aquí, Hinata —aseguró—, quería terminar este libro hoy.
—Uh… de acuerdo —aceptó, se veía un poco decepcionado—. Um… ¡después continuaremos con el «experimento»!
El pelinegro se sorprendió; sonrió con afecto y un poco de ansias debido a la promesa. Segundos después Hinata había desaparecido por la puerta.
Tobio colocó la discusión en la parte trasera de su mente, era cierto que quería terminar de leer el libro al finalizar el día y ni siquiera iba por la mitad, así que abrió el escrito y comenzó a entender más acerca de los poemas y sonetos.
No todos se trataban de romance, algunos contaban historias cortas, otros eran alusivos a grandes personajes del pasado; se remontaban a siglos atrás. Los leía y pasaba al siguiente.
Sin embargo, hubo uno que capturó su atención.
Iba por el nombre de Ozymandias y desde la primera palabra obtuvo toda su atención:
«Conocí a un viajero de una tierra antigua que dijo: "Dos enormes piernas pétreas, sin su tronco se yerguen en el desierto. A su lado en la arena, semi hundido, yace un rostro hecho pedazos cuyo ceño
Y mueca en la boca y desdén de frío dominio, cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos, a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó…"»
El soneto parecía estar describiendo al «único y suficiente libertador», al mismísimo Tooru Oikawa.
«Y en el pedestal se leen estas palabras: "Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, poderosos y desesperad!"
Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.»
Cuando llevó las yemas de sus dedos a los labios notó que estaba sonriendo. Porque… eso era; ese pequeño soneto tenía que ser una señal. Qué alguien tan inalcanzable, tan poderoso como Oikawa podía caer, de la misma manera que Ozymandias. Su agarre en el libro aumentó, había una probabilidad, lo sabía.
No tenía idea cómo, pero lo sabía.
Las horas pasaron y la cerveza parecía interminable, aunque no era como si Kuroo las estaba contando ya que todavía tenía la primera en su mano; la botella estaba casi vacía, pero él no tenía urgencia de tomar otra. Kenma y él estaban sentados en el suelo de la cafetería; ya que todas las mesas habían sido removidas hasta las paredes.
Él había tocado algunas canciones, aunque no había cantado; ahora Yamamoto había tomado su lugar, tocando con su guitarra canciones cortas. Su mejor amigo también tenía la primera botella en sus manos, estaba casi llena; Kozume no disfrutaba del sabor a maltosa de la cerveza, así que sabía que para ese entonces, el brebaje estaba tibio.
Fueron contadas las ocasiones que él y Koutarou se habían embriagado hasta perder el conocimiento. Llegar hasta el punto de tener lagunas mentales y despertar al siguiente día con una resaca de dioses. Se rio entre dientes sin pensarlo… Bokuto tenía que ser el ebrio más divertido de todos.
Tenía que haber sido el ebrio más divertido de todos…
Hizo una mueca cuando dio un nuevo sorbo y lo forzó a bajar por su garganta.
Prefirió pensar en los rebeldes que seguían ahí, Yamamoto seguía armonizando con algunas tonadas y pequeños y variados grupos se habían formado entre los cuervos. Todos lucían una sonrisa despreocupada y mejillas rosas, producto del alcohol haciendo efecto en sus sistemas. Daichi hablaba libremente con su segundo al mando; el mecánico y el creador de explosivos compartían risas.
Todo estaba bien en el Nido.
Sintió un pequeño toque en su costado y giró su rostro para ver a Kenma.
«Debo irme al salón de Inteligencia. El turno de Tsukishima acabó.»
—Ah, claro —murmuró decepcionado, esperaba pasar más tiempo con el pequeño rebelde, de todas maneras el siguiente día saldría en la misión que duraría quién sabe cuánto tiempo—. ¿Vendrás a despedirte antes que salga mañana?
«No tienes que preguntar.»
Kuroo sonrió con toda la inocencia que podía expresar —aunque sabía que no era mucha— y rodeó la frágil silueta de Kenma con su brazo; trayéndolo a su cuerpo y exprimiéndolo en un abrazo asfixiante. Kozume comenzó a empujarlo lejos para que parara, a lo que Tetsurou se tuvo que reír a carcajadas.
Sombra lo empujó lejos y le hizo una mueca; Pantera sonrió más.
«Idiota.»
El chico se puso de pie.
—Sé que me quieres.
Kenma puso sus ojos en blanco y se marchó.
Tetsurou notó la abandonada cerveza de su mejor amigo y se encogió de brazos, alcanzándola para darle un sorbo. Se encogió y sacó la lengua por el tibio sabor a alcohol; no era nada placentero, pero no podía echar una a perder, así que lo pasó dando un trago más grande.
Cuando la botella estaba medio vacía notó a Akaashi.
Apretó con cansancio las cuencas de sus ojos con los talones de sus dos manos, suspirando y poniéndose en pie. Supo que Keiji había notado su presencia pero no hizo señales de reconocerlo.
—Me disculpé con Hinata —dijo sin aviso, Kuroo notó que el chico de ojos rasgados veía a Inferno, quién sonreía mientras tomaba ávidamente de una botella hasta atragantarse y toser violentamente—. No podría seguir viviendo conmigo mismo si no lo hacía; el chico merecía ser recibido por sonrisas, no con mi explosión de ira.
—En eso tienes razón —concordó.
—Puede que no acepte a su… —el silencio se hizo largo—… amigo, pero él sigue siendo el mismo chico de siempre.
—Es mi opinión neutra, pero el droide aún no ha hecho nada para merecer nuestra aceptación —sintió la mirada de Akaashi en él—. No ha mostrado si verdaderamente vale la pena como killjoy.
Kuroo empinó la botella para acabarse el brebaje ámbar que quedaba, Keiji arqueó una ceja y murmuró un «A tú salud». Pantera se limpió sus labios con el brazo, llevándose algunas gotas que bajaban por su mentón; ahora comenzaba a sentir el placentero zumbido recorrer su cabeza. Decidió que era suficiente.
—Te vendría bien una de estas —movió la vacía botella frente a Histeria—. Quién sabe cuando tengamos otra oportunidad de tener alcohol en nuestras manos.
—Paso —decidió—; no lo sé, siento como si le estuviera faltando a su memoria, como si no tengo derecho a divertirme sin él.
—Él quisiera que superaras todo esto.
—Sí, pero a veces lo que las demás personas quieren y lo que nuestro corazón desea son cosas diferentes.
—¿No probarás ni una gota? —cuestionó Pantera.
—No.
—Es justo —concordó—, yo me tomaré una más en su honor.
—Es justo —repitió Akaashi.
Quedaron en silencio, porque Keiji era Keiji y Kuroo no tenía la fuerza de voluntad para caminar hacia el centro de la cafetería donde estaba la fuente del alcohol. Akiteru había mantenido su promesa y sacó el whisky de Saeko para convidar, la rubia con el parche aún estaba renuente a compartir de su tesoro, pero Tsukishima logró convencerla.
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Mientras las cervezas disminuían en número, las conversaciones se hacían más fuertes y las risotadas más prominentes. Aunque debía ser cerca de la medianoche, la temperatura se sentía alta por el número de cuerpos reunidos ahí. Cuando acordó, Nishinoya estaba sobre los hombros de Azumane; Konoha charlaba amistosamente con Kai y Yaku se reía con Sugawara. Akiteru y Saeko estaban convenciendo a un amargo Kei a tomar un poco de whisky.
—¡Chikara! —Tanaka arrastraba cada sílaba con torpeza, parecía que Ryuunosuke había bebido más de la cuenta.
El único médico de turno se miraba irritado ante la insistencia del borracho. Terror parecía ignorar completamente su alrededor, aunque no era silencioso, Kuroo estaba seguro que todos los de la cafetería veían la graciosa escena que estaba pasando.
Ennoshita no contestó así que Ryuu lo siguió hasta halar su camisa; Terror tenía las mejillas rosáceas y su rostro hacía las muecas más graciosas.
—¡Doctor Chikara! —murmuraba las palabras pegadas y descuartizadas.
Agarró al pelinegro de su mano, eso logró sacar un sonrojo de las mejillas del médico; Tetsurou no sabía si era por el toque de Tanaka o por ser el centro de atención de todo el Nido.
—Vete, Ryuunosuke, ¡estás ebrio! —ordenó desaprobatoriamente Ennoshita, murmurando las palabras para que nadie más en la cafetería las escuchara. Aunque el intento era fútil y lo único que lograba era aumentar lo gracioso de la escena— ¿Cuánta cerveza tomaste?
—¡Ryuu, sé cómo tu hermana mayor y aguanta más tu alcohol! —gritó Saeko desde su lugar.
Todos se rieron, incluyendo a Kuroo; Akaashi solamente miraba la escena con su permanente expresión estoica.
—¡Cállate Saeko! —chilló Terror y luego regresó su atención al pelinegro y se hincó frente a él— ¡Doctor! —exclamó alargando la última «O»—. ¡Quiero mi consulta ahora, antes que te marches mañana!
Eso le regresó un poco la seriedad a Chikara.
—¿Cómo te sient…-? —El pelinegro fue interrumpido por un…
—¡Tengo una enfermedad incurable que solo se cura con un beso tuyo!
…
Todos en la cafetería irrumpieron en carcajadas, a excepción de Ennoshita que tenía una expresión mortificada y se miraba más rojo que un tomate.
—¡Entonces no es incurable, pedazo de idiota! —gritó el médico con desesperación.
Akaashi se rio entre dientes a su lado y Kuroo sonrió con calidez, Tanaka a veces le hacía recordar a un Koutarou más joven y con menos experiencia.
—Espero que tengas un buen viaje, Pantera —deseó Keiji, su tono de voz era baja, a Kuroo se le dificultaba un poco entenderlo debajo de las risas y los gritos de todos.
—Sí, yo también.
—Ah, diablos —murmuró bajo su aliento, el ruido se ahogaba debajo del zumbido producido por las conversaciones diferentes, pequeños grupos de tres a cinco rebeldes se formaban y luego se disolvían para crear nuevos—, Daichi me está llamando, debo irme.
—Es una pena —Kuroo hizo una pequeña mueca de decepción.
—Pero no te preocupes, sé que eres un blandengue así que llegaré a despedirme mañana antes que te marches.
Pantera, conmovido, posó una mano en su pecho, esto le ganó un codazo en el costado por Histeria. El chico de ojos como avellanas se puso de pie y comenzó a irse, dirigiéndose hacia Nicotina. Mientras al lado de ellos, Kei estaba con Nishinoya y Hinata, tomaba de una botella libremente, habiendo perdido todas sus inhibiciones.
Ah, juventud, se rio.
Mientras, al lado de ellos podía escuchar bocetos de la conversación entre Saeko y Akiteru. La chica rubia tenía sus mejillas rosas y también él, Tsukishima se acercaba un poco mientras ambos estallaban en risillas, cada killjoy original tenía un vaso de plástico en su mano, de la que cada cierto tiempo daban pequeños sorbos.
«Vamos…» escuchaba «… divirtámonos esta noche, Saeko, después de todo te marchas mañana.»
«¿De verdad?» decía la chica, con una sonrisa llena de picardía «¿Qué propones? ¿Eh?»
«Tengo algunas ideas.»
Kuroo se rio entre dientes y optó por dirigirse al centro de la cafetería a tomar una cerveza más. Le había prometido a Akaashi que se tomaría una en honor a él. En su camino, se encontró a Yaku quién lo saludó con una botella, el de cabello corto le preguntó algunas cosas sobre la misión de mañana, haciendo pequeña charla; Pantera terminó despidiéndose y tomó la botella por la que había llegado.
La abrió y le dio un sorbo, tal vez se sentía más deliciosa que la anterior, pero hacía cosas extrañas a su estado de ánimo; un extraño sentimiento de nostalgia enrollaba las orillas de su pecho y su corazón se sentía más pesado que antes. Y en segundos sentía que ya no pertenecía a esa escena, en donde los amigos se reían entre sí y las miradas coquetas se robaban el suspiro de unos.
Desasociándose, salió con su bebida lejos de la cafetería.
Quizás era el alcohol en su cuerpo que lo hacía sentir así; ya no quería pensar en eso.
Sus piernas lo llevaron hasta el oscuro taller, Pantera encendió algunas luces y deambuló por los fragmentos de metales y esqueletos de vehículos; parecía una selva mecánica ahí adentro. Kuroo encontró su casco con orejas de gato, pasó una mano sobre las prominencias puntiagudas, presionando una con su dedo.
Luego pasó sus yemas por el agujero de la bala arriba del visor, directo en la frente; por impulso llevó su otra mano a su rostro, donde la herida que había sufrido por el golpe ya había sanado. Se llevó el casco y se adentró más al vacío taller, dándole otro sorbo a la cerveza en el camino. Cuando acordó estaba sentado en el polvoso suelo, con la pared a sus espaldas, oculto en la oscuridad de esqueletos mecánicos.
Un estruendo metálico lo tomó por sorpresa, sintió el efecto alcoholizante dejarlo por un momento, aclarando todos sus sentidos mientras entraba en alerta. Había alguien más ahí.
¿El androide?
¿Había aprovechado la oportunidad en la que todos los cuervos se habían distraído para hacer su movida?
Dejó el casco a un lado y se puso de pie, escondiéndose detrás de una montaña de escombros. El androide se acercaba, Kuroo podía escuchar sus pasos, con sus dedos alcanzó un martillo y lo empuñó. Escuchó otro estruendo mayor que el anterior, el chirrido de metales chocando entre ellos y cayendo en el piso llenando todo el taller.
Pero ahora Kuroo sabía dónde estaba.
El droide seguía caminando, exactamente detrás del escondite de Pantera, el pelinegro lo tenía atrapado.
Tetsurou pateó la pared de escombros metálicos causando una distracción para atrapar al ser artificial. Pantera Anfetamina se lanzó sobre él, sosteniendo un brazo en el cuello del androide, el martillo lo sostenía en la otra mano.
Lo tenía bajo su dominio.
Solamente que… no era el androide.
—¡¿Tsukishima?! —se sorprendió.
Kei luchaba fútilmente contra su agarre, Kuroo se alejó del rubio como si lo había quemado. Ácido comenzó a toser, después de todo, el pelinegro había estado oprimiendo su tráquea por unos momentos.
—¿Qué diablos…? —intentaba decir entre un serio ataque de tos— ¿Qué diablos te pasa? ¡Kuroo, demonios… estás en la maldita base! ¿Es… eso un maldito martillo? ¿En serio?
—Tsukki, lo lamento —intentó remediar el de cabello negro—. Me asustaste.
—¿Eso haces con las cosas que te asustan? —Se burló incrédulo—. Demonios, Kuroo, tienes problemas.
A eso, Tetsurou se rio.
—¿Qué haces aquí, de todas formas? —preguntó Pantera.
—Yo… —Tsukishima parecía perdido de palabras, como un ciervo encandilado por faros—… no lo sé, vi que te dirigías hacia acá y… —su voz se hacía más callada cada vez—… te seguí.
Kuroo notó un vaso vacío en su mano.
—¿Estás ebrio?
—No… —dejó la frase en el aire, la continuó cinco segundos después—… lo estoy.
—Estás ebrio —concluyó Pantera.
—¿Y qué si lo estoy?
El rubio se intentó poner en pie, parecía un ciervo recién nacido, con sus dos piernas separadas y rodillas de frente. Tsukishima por fin terminó de erguirse y caminó un poco.
Aún estaba a un metro cuando sus fosas nasales fueron atacadas por un estéril y penetrante olor a alcohol.
—Mierda, Tsukki, ¿cuánto bebiste?
Kei comenzó a contar con sus dedos, enumerando en su mente, hasta que se dio por vencido y encaró a Kuroo, rubias cejas fruncidas y boca contorsionada en una mueca de molestia.
—…Eso no importa.
—De acuerdo, digamos que no —concordó Pantera—, ¿qué haces aquí, entonces?
Tsukishima no se podía quedar en un solo lugar, su cabeza parecía que pesaba una tonelada con la manera que se movía de un lado a otro y sus ojos no se quedaban fijos en ninguna parte del rostro de Kuroo.
—Yo… —se veía sorprendido, como si había logrado ver un atisbo de claridad en su estupor alcoholizado—… no lo sé. Mi hermano y Saeko desaparecieron y Noya, Hinata y Tanaka son unos idiotas. Es peor cuando beben…
Kuroo se rio entre dientes y Kei siguió hablando.
—Idiotas elevados a la décima potencia.
Tetsurou continuó hundiéndose en risillas tontas, con la esquina de su ojo notó que Tsukishima se unió a él, perfilando sus blancos dientes en una sonrisa un poco torpe; sus mejillas parecían cálidas. Parecía que el enojo de Kei se había esfumado, olvidado completamente que Kuroo casi lo ahorcaba hacía algunos minutos. El chico comenzó a caminar con piernas temblorosas hacia una pared cercana, se apoyó, deslizándose sobre la superficie para sentarse en el piso.
Kuroo decidió que podía soportar el olor etílico y lo acompañó.
—¿Cuánto… bebiste? —preguntó el rubio, no articulaba bien su boca y las palabras se escuchaban adheridas entre sí.
El pelinegro vio la botella que tenía en su mano, solo había dado unos pocos sorbos de esta.
—Dos —contestó—, no quería ser aguafiestas por eso me fui. Todos parecían que se divertían, no quería deprimirlos a todos con mi patética tristeza.
Tsukishima se rascaba la cabeza, moviéndose como siempre.
—No creo… que tú alguna vez puedas ser un aguafiestas… —se rio entre dientes—. Ése es como mi trabajo…
Kuroo resopló.
—De todas maneras… —siguió el rubio— yo pienso… yo pienso que todos ahí afuera piensan lo mismo que tú e… intentan fingir que están felices.
—Eres un ebrio pesimista —clasificó el otro.
Se ganó un empujón de Tsukishima.
—Siempre soy así —se defendió, esto hizo al otro reír pero Kei no se unió—. Y solo soy honesto.
—Claro que lo eres.
—Además, esto —movió su larguirucho dedo entre ellos, de ida y vuelta rápidamente—… nuestros casos… son completamente diferentes —hizo énfasis en la palabra y Kuroo arqueó una ceja.
—¿Diferentes? —repitió— ¿A qué te refieres?
—Perdí a Tadashi —dejó escapar, su tono de voz lleno de angustia y sus claras cejas se fruncían, una expresión que sabría que no haría si no estuviera en ese estado.
Kuroo hizo una mueca.
—Yo también perdí a…
—¡Es diferente! —cortó, subiendo el volumen de su voz.
—¿Por qué?
—Porque… —Tsukishima mordió sus labios con preocupación— Tadashi era… Yamaguchi, y tú todavía tienes a Kenma y a Akaashi, mientras que… yo ya no tengo a nadie.
Kuroo trajo sus rodillas debajo de su mentón, encogiéndose como lo hacía cuando era niño, como lo hizo la única vez que lloró libremente por Bokuto. Pensó en ese momento por unos largos segundos, dejando que el silencio entre ellos creciera más y más ruidoso.
—Tienes a Akiteru —intentó el pelinegro.
Kei resopló.
—Solo hasta que las cosas se tranquilicen —el de anteojos comenzó a frotar sus ojos con avidez, deslizando sus lentes a su cabeza, y limpiando su rostro, quizás antes que las lágrimas salieran—. Luego se irá a salvar el mundo —se burló, dejando salir otro bufido—… como si se pudiera salvar.
Tetsurou pasó una mano por las hebras de su propio cabello, decidiendo que quizás Tsukishima no era un «ebrio pesimista» sino un «ebrio digo-mis-más-profundos-pensamientos-y-soy-completamente-honesto». Sabía que Kei no era el chico más optimista de todos, pero nunca decía lo que realmente pensaba.
Kuroo lo había deducido como alguien que seguía al resto porque se lo ordenaban, no porque tuviera fe en su objetivo, el plan, sus compañeros o hasta en la victoria. Supuso que todo eso aumentó cuando perdió a Gota Fantasma; aunque el pelinegro tenía que aceptar que Tsukishima había cambiado cuando comenzó a entrenar, se veía más… apasionado por la resistencia.
Pero al tener algo como «alcohol» en su sistema, volvía al tren de pensamiento de antes, aunque fuera por unos instantes.
—Si ése es el caso —comenzó mirándolo de reojo y sonriendo con empatía—, podrías tenerme a mí.
Kei tenía sus anteojos en su cabello, dejando ver sus ojos avellana; Kuroo lo miraba, esperando. Tsukishima se rio y frotó un ojo.
—Estás tan lleno de ti mismo —señaló, acercándose hasta sentir sus hombros chocar.
—Culpable —sonrió el pelinegro.
Se sorprendió al sentir el rostro del rubio sobre su hombro, su respiración se ralentizaba con cada segundo; Kuroo quitó sus anteojos de su cabeza y dejó al otro caer en sueño.
—Gracias —murmuró medio dormido—... Kuroo.
—Y no te preocupes —continuó Pantera, ni siquiera sabía si Tsukishima estaba escuchando o no—, yo no me iré a ninguna parte.
La música se había comenzado a escuchar sorda, como si se había alejado en segundos; también las voces de sus camaradas. Había mantenido sus ojos en el suelo porque sabía que si los subía se caería sobre su trasero; miraba solo sus pies caminar, poniendo uno delante de otro, le ayudaba a concentrarse en no vomitar y en seguir enfocado en lo que había planeado.
Levantó sus ojos para ver que, efectivamente, se había alejado de la cafetería y ahora estaba completamente solo en medio de un largo pasillo; entrecerraba sus ojos para discernir en dónde se encontraba, pero era inútil. Se sentía tan mareado que no podía pensar con claridad, ya ni siquiera podía mantenerse erguido sin sostenerse por la pared.
Llegó a la pieza que quería —esperaba que esa fuera— y gritó.
—¡Kageyama!
Era la maldita biblioteca, y Hinata no había tenido idea qué tan lejos estaba la condenada habitación. Fue recibido por un suave «Aquí» proveniente de algún estante, Shouyou no tenía idea. Se tropezó con un libro y cayó de lleno sobre su rostro, el impacto fue recibido por su nariz.
Mierda.
No dolía, así que se levantó, con piernas desobedientes y sintiendo su cráneo pesar más que todo su cuerpo. Dolería mañana, lo sabía; también sentiría como si un maldito exterminador hubiera pateado su cabeza y lo hubiera alimentado con tierra.
Pero en ese momento, era invencible.
—¡Kageyama! —volvió a exclamar.
—Aquí estoy en el tercer estante, Hinata idiota —un momento de silencio pasó; Shouyou no pudo contar los segundos porque estaba demasiado ocupado poniéndose de pie mientras toda la habitación, el Nido, y el maldito universo giraba sin cansarse— ¿Estás bien? —Había preocupación en su voz—. Suenas… diferente.
Por alguna razón, pensó que no era necesario contestarle, así que no lo hizo, concentrándose más en el campo minado de libros antes que pudiera caer otra vez. Era difícil y sus ojos no se podían quedar quietos y enfocar un solo lugar, se tropezó otra vez, pero no cayó al suelo.
Haría hasta lo imposible para llegar al idiota de Roboyama.
El sabor de la cerveza y el whisky había permeado hasta su nariz, su lengua se sentía dormida y su rostro cálido, además, solo podía pensar en cierto pelinegro con ojos tan azules y oscuros como el maldito firmamento.
—Ahí estás —celebró cuando por fin alcanzó el estante en el que Kageyama estaba.
Tobio arqueó una ceja y abrió sus ojos en sorpresa, seguramente adivinando con facilidad que el estado en el que el otro se encontraba no era natural. Sabía que se había excedido, un trago se había convertido en dos, luego en cuatro hasta que perdió la habilidad de contar; Hinata no era un extraño con el sabor del alcohol así que con facilidad deglutió lo que sus manos podían tocar.
Eso y las bromas y risas de Nishinoya, Tanaka y él.
Y repentinamente, en medio de la reunión, pensó en ese «experimento» que había sido interrumpido y se separó de todos. No tenía idea qué había salido de su boca, pero Nishinoya se había comenzado a carcajear y Asahi lo veía con una expresión extraña de risa mezclada con compasión.
Shouyou no hizo hincapié en eso y había comenzado a caminar hacia la biblioteca.
Y ahora por fin alcanzaba el estante número tres.
Y el androide lo veía con sus labios entreabiertos.
Caminó a pisotones vacilantes hasta llegar a pararse frente a Tobio, el pelinegro subió su mirada para seguirlo y ladeó su cabeza; no entendiendo su estado.
—¿Estás bien?
Fue lo último que dijo antes de ser asaltado por Hinata y sus labios insistentes, lo único que pasaba por la mente del pelirrojo era la necesidad de poder besarlo otra vez, tenerlo de la misma manera, tocarlo hasta memorizarse cada curva y hendidura de su piel. Se sentó encima de sus piernas, una a cada lado del chico de ojos azules.
Esta vez el beso era insistente, Kageyama se quedó congelado por unos segundos; cuando procesó lo que había pasado, comenzó a responder de la misma manera. Ansiosos, nerviosos, pero emocionados; Hinata hundió sus dedos en las hebras negras y suaves del otro, moviendo su cabeza para encajar sus labios.
Se sintió impulsado al sentir las manos de Tobio en sus caderas, estaban tan calientes que irradiaban hasta su piel debajo. Shouyou llenándose de osadía introdujo su lengua en la húmeda boca del pelinegro y sintió escalofríos bajar por todo su cuerpo hasta sus piernas cuando Kageyama succionó alrededor. Gimió en los labios de él, y sintió las manos en sus lados apretarlo.
El pelinegro se separó, rompiendo el beso; Hinata, decepcionado intentó buscar su boca nuevamente, no importaba que su cerebro sufriera por la poca oxigenación; comenzó a irritarse, no era como si Kageyama necesitara respirar. Pero se tragó sus palabras cuando sintió los labios del pelinegro en su cuello, besando la pulsante arteria con glotonería.
—Ah… —respiró— Kageyama…
Los labios del otro siguieron explorando su sensible piel, encontraron un parche de piel detrás de su oreja que lo hizo saltar y gemir agudamente.
—¿Te gustó? —preguntó el pelinegro, su ronca voz se escuchaba rasposa, como si se acabara de despertar. Hinata pensó con excitación si Tobio estaba disfrutando ese intercambio tanto como él.
—Joder, Kageyama —gimió contento—… hazlo otra vez.
El pelinegro lo obedeció, pero esta vez mordió con curiosidad la piel, choques de corriente viajaron por todo su cuerpo y se estremeció violentamente; Tobio no preguntó otra vez y lo hizo, como si estuviera analizando y tomando nota de las respuestas del cuervo. Succionó la zona hasta reducir a Hinata a un revoltijo de gemidos y jadeos.
El pelirrojo tomó con fuerza los mechones de Kageyama y lo obligó a dirigirse a sus labios. Hinata, conducido por instinto, lamió los delgados labios de Tobio y luego metió su lengua en la boca del otro, él la aceptó y rápidamente tenía nuevamente el ritmo del beso. Sus alientos se mezclaban con codicia y compartían el sabor del otro, memorizándolo como suyo.
Shouyou abrió más sus piernas, acercándose más al otro, juntando íntimamente sus formas. Las manos de Kageyama se deslizaron debajo de su camisa y acariciaron su piel, otro jadeo irrumpió de sus labios al sentir los largos y delgados dedos de él subiendo sobre el arco de su espalda, llevando la camisa con la caricia.
Hinata se sacó la camiseta y se estremeció, su piel se sentía tan cálida en comparación con el cargado ambiente de la biblioteca; pero al siguiente segundo las grandes manos de Kageyama ya estaban sobre él, explorando su pecho. Su garganta se secó al instante y arrojó su rostro hacia arriba, Tobio pasaba su pulgar desde su abdomen, acariciando sus músculos, cepillando cada hendidura de las costillas en su tórax, presionando un pezón.
El pelirrojo hundió sus cortas uñas en la espalda del otro, el placer lo estaba haciendo respirar con dificultad y el efecto de ebriedad solo le hacía dar más vueltas a su cabeza.
Sentía que se estaba volviendo loco.
Y ya estaba besándolo otra vez, Kageyama había tomado el mando y movía sus labios con dominio; aprendía rápido, dedujo Hinata, pues en unos cuantos minutos había aprendido a besar lenta y sensualmente, haciéndolo perder la cordura que le quedaba. Inferno arqueó su espalda al sentir sus manos hundirse en la piel de Tobio, gimió su nombre; el pelinegro respiraba contra su pecho, tenía su frente sobre la piel de Shouyou.
—Esto —murmuraba sin aliento—… es tan nuevo.
Al cuervo se le dificultaba escuchar, la sangre rugía en sus orejas.
—¿Por qué…? —Se preguntaba, su voz se escuchaba como terciopelo en la punta de sus dedos—. ¿Por qué siento la necesidad y el deseo de besar tu cuerpo en todas partes?
—Diablos... —se quejó, la palabra era una mezcla de un jadeo y gemido; porque, maldita sea, Roboyama no podía ir y decir esas cosas a alguien en el estado en el que Hinata se encontraba.
Hinata serpenteó sus manos y terminó sacando la camisa negra de Kageyama sobre su cabeza, finalmente recorrió sus dedos por esa perfecta piel, se sentía más tersa que la suya; el pelirrojo besó su clavícula, todo el camino hasta su hombro y luego a su cuello, la piel sabía salada, y el familiar aroma de Tobio solo intensificaba sus sentidos.
Todo se volvió borroso en el momento, su piel gritaba por más en donde sentía los labios del otro chico y se quedaba sin aliento cuando sentía su lengua. Su cuerpo temblaba sobre las piernas de Kageyama, pero Hinata quería sentir más y comenzó a moverse sobre él, acalorado y con mirada vidriosa, gimió el nombre del pelinegro al sentir una deliciosa presión en su ingle.
Escuchó a Tobio gemir y fue lo más erótico que había escuchado en toda su vida.
Sus manos se movían con frenesí, intentando memorizar cada centímetro del otro; el ruido del mundo desapareciendo en sus orejas, siendo reemplazado con el rápido latido de su corazón, la respiración agitada de Kageyama y sus gemidos.
Sintió la palma de Tobio en su espalda baja, presionándolo contra él; su cuerpo se estaba moviendo solo, buscando más del otro. Enterró su rostro en el arco del cuello del chico, mientras su cuerpo se movía con frenesí.
—Kage… —intentaba—… Kageyama.
Todos sus músculos se tensaron al mismo tiempo cuando llegó al límite, vio blanco y de sus labios salió un grito ahogado. El pelinegro gruñó también, sintió su cuerpo ponerse rígido y luego laxo.
Se quedó unos momentos ahí, junto al cuello del más alto, porque aun debía recuperar su aliento; y porque la realización de lo que habían hecho le cayó encima como un balde de agua fría sobre sus hombros. Las cosas escalaron fuera de control y esta vez no había dónde escapar.
Finalmente levantó su rostro y miró los ojos del pelinegro, estaban abiertos como platos y brillaban levemente.
—Uh…
—Hinata.
Shouyou tragó con dificultad.
—Dime...
—Tengo algunas preguntas.
Mierda.
( ͡° ͜ʖ ͡°)
El soneto que leyó Kageyama, como lo mencioné ahí, va por el nombre de Ozymandias.
Las invito a leerlos, es realmente impresionante.
