¡Viernes y nos vemos nuevamente!
Advertencia: Por temas sexuales dentro del capítulo.
El nombre de hoy es un tema de la banda muse, vayan a escucharla, me sirve mucho de inspiración para continuar la historia.
Mención especial para Phanie Andrade, espero que hayas pasado un lindo cumpleaños y que este capítulo pueda sanar tu corazón uwu. Felicidades linda.
Mil y dos gracias a mi bella beta Ren que siempre cumple, sin importar lluvia o tornados :') Siempre puedo contar contigo.
»Nombres de killjoys:
Cuervo Nicotina: Daichi Sawamura.
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka
Eclipse Impuro: Akiteru Tsukishima
Visaje Marfil: Kazuhito Narita
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita
Fuego Radioactivo: Sou Inuoka
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai «
Unnatural Selection
Busquen sus auriculares a prueba de sonido y súbanle a la explosión de música porque la programación para esta noche, mis queridos oyentes, se lee «Música alternativa del milenio». Así qué, háganme compañía con sus encantadoras voces y llamen a la cabina para sonar su canción favorita.
Porque, descansar, será lo último que hagamos.
Y a continuación, el reporte del tráfico…
Cuando guardó la última caja en el maletero de su Nova, cerró la compuerta, y con su brazo, limpió las gotas de sudor que se comenzaban a formar en su ceño. Kuroo suspiró, el sol ni siquiera había salido y él ya estaba comenzando a sentir ese pequeño cansancio en sus músculos; pero no era su culpa que a Futakuchi se le ocurriera llevar máquinas que pesaran más que Asahi y Daichi juntos.
Todavía tenía que ayudarle a Ennoshita a cargar todos sus instrumentos y el botiquín que siempre preparaba cada vez que salía del Nido; el médico había aprendido a usar lo que fuera que le rodeara para atender las emergencias; pero eso no significaba, para la mala fortuna de Kuroo, que dejaría atrás su maleta de pinzas, bandas, medicamentos y demás.
Miró a Fukunaga cargando unas cuantas latas de comida, Tetsurou le indicó que llevara los víveres al automóvil de Saeko, un Pontiac Firebird color negro y lleno de grafitis. El chico de ojos grandes lo vio por unos largos segundos sin decir nada, Kuroo se comenzó a preguntar si lo había escuchado; pero luego el cuervo con rasgos felinos asintió y comenzó a caminar.
«Qué chico más peculiar» pensó.
Ladeó su cabeza y siguió su camino a la enfermería, ahí saludó a Ennoshita quién empacaba las últimas cosas, agujas, suturas y gasas; lo esencial para primeros auxilios. Tetsurou todavía sentía recelo por la salida y esperaba, con lo más profundo de su ser que Silencio Infeccioso no fuera a necesitar nada para alguna emergencia.
Levantó la maleta del médico y regresó.
Al pasar cerca de algunas habitaciones se intentó contener la risa al ver la escena que se devolvía.
Akiteru salía, muy mareado y claramente de resaca de la habitación de Saeko; el rubio se colocaba su chaqueta en el camino y su camisa estaba arrugada en su abdomen. Tsukishima bostezaba mientras se escabullía.
—Buenos días —saludó Kuroo, perfilando su más brillante sonrisa.
—Eh… —fue su respuesta, entrecerraba los ojos con claro dolor y fruncía su ceño.
—¿Estuvo entretenido ayer por la noche? —se burló, pero no podía evitarlo.
—Como si hubiera sido mi cumpleaños —Akiteru se rio, dirigiéndose hacia su cuarto y despidiéndose de Pantera, con un perezoso saludo militar.
Tetsurou devolvió el gesto y lo miró retirarse.
Cuando llegó al taller nuevamente no pudo evitar la sonrisa que se coló en sus facciones cuando vio a Kenma, Akaashi y a un Kei Tsukishima que claramente tenía resaca.
«Esa sonrisa inocente no te queda» saludó con una sonrisa su mejor amigo.
—Parece que alguien no se excedió con la bebida ayer y se comportó como un buen chico —comentó Akaashi.
—¿Podrías dejar de gritar? —lo recibió Tsukishima; con ojos rojos y cabello más despeinado que Pantera.
—Buenos días, para ustedes también —Kuroo hizo un puchero, abriendo el maletero del automóvil de Saeko para guardar el botiquín de Ennoshita.
—Kenma y yo nos sorprendimos al ser interceptados por Tsukishima —dijo Histeria—, pero él quería despedirse.
—No fue así de patético —urgió Ácido, sus anteojos estaban desordenados en su rostro, el marco apuntaba a una dirección que no era.
—Con la cantidad que bebiste ayer, me sorprende que estés de pie —opinó el de cabello salvaje y negro.
—Créeme, me estoy concentrando mucho en ignorar que alguien está golpeándome la cabeza con un martillo.
«Kuroo me enseñó un extraño brebaje para quitar resacas» ofreció Sombra, Pantera se rio cuando terminó de "traducir". «Ven conmigo, te haré uno enseguida».
—Eso suena… genial.
«Tiene huevos crudos»
Kei hizo un rostro, contorsionando las comisuras de sus labios y entrecerrando sus parpados; se veía gracioso, pero Kuroo no lo diría, porque el rubio se molestaría.
—Retiro lo dicho…
—Cómo sea —interrumpió Akaashi, yendo como siempre al grano—, ten un buen viaje, Kuroo, y no te conviertas en fantasma.
Histeria le dio un apretón de manos y se marchó en dirección a Sugawara para compartir palabras. En la entrada del taller había llegado Saeko, frotando su único ojo con el dorso de su mano y abriendo sus fauces tanto como un león, bostezando.
—¡De acuerdo, cuervos, hora de pisar el acelerador y salir a la carretera!
Tsukishima se cruzó de brazos, sus ojos avellana miraban hacia un lado.
—¿Pasa algo? —cuestionó Pantera.
—No es nada, solo recordé una promesa que me hicieron de algunas fresas. Ten cuidado allá afuera Kuroo, es todo.
El pelinegro hizo una mueca, sabía lo que el de anteojos estaba recordando y lo único que Tetsurou hacía era hacerlo revivir el dolor; quiso acercarse para decirle que todo estaría bien cuando escuchó un:
—Kuroo, ya estamos listos —avisó Sugawara en un automóvil adelante—, debemos partir ahora.
—Estoy bien —comentó el rubio—, no te preocupes por mí, te lo aseguro. Ve o te dejarán.
El chico más alto le extendió una mano en una amable señal de despedida, Kuroo la quitó del camino y lo rodeó con sus brazos, apretujándolo como lo hacía con Kenma. Tsukishima boqueó en agonía y el pelinegro se rio.
—Nos vemos, Tsukki.
Ahora a la siguiente víctima: Kenma.
El pequeño de Sombra discernió sus planes y abrió los ojos inmensurablemente con crudo terror. Comenzó a retroceder pero Kuroo era más rápido y lo levantó del suelo, apretándolo con sus brazos.
Tetsurou todavía podía sentir la mirada de Kei en su espalda hasta que él alcanzó el automóvil y encendió el motor.
Abrió sus ojos y decidió que era mejor volver a cerrarlos.
—¡Shouyo, deja de ser perezoso y ve! —escuchó la voz de Natsu.
Frotó sus ojos, su cabeza pulsaba tanto que la podía sentir haciéndose más grande y grande. No le haría daño quedarse en su cama un poco más de tiempo, su hermana siempre era blanda con él y lo dejaba dormir, aunque su madre desaprobara a la menor por cubrir a su perezoso hijo.
—¡Shouyou! —la voz de Natsu se tornó más ronca.
—Ya voy, ya voy.
Su boca y su garganta estaban seca y mataría por una gota de agua. Además de eso estaba el maldito deseo de vaciar todos sus órganos por medio de su garganta.
—¡Shouyou! —exclamó otra vez, pero no era Natsu, sino Nishinoya; quién lo estaba obligando a despertar y no se cansaría.
Ah, recordó que toda su familia había dejado de existir y ahora estaba en una base subterránea, formando parte de una resistencia contra Better Living. Que estuvo atrapado en Ciudad Batería con un chico que lo tenía captivo y luego escapó con dicho chico, vagó por el desierto unos días hasta que encontró de nuevo su camino a la ya mencionada base subterránea.
¿Cómo lo había olvidado?
Ah, sí, por los litros y litros de alcohol de la noche anterior.
Se irguió sobre sus codos y luego se sentó, frotando sus ojos hasta ver constelaciones detrás de ellos; y como si fueran nébulas, imágenes de la noche anterior destellaron con rapidez en su cabeza.
Kageyama…
Quitó las manos de sus ojos para buscar al pelinegro en la cama con frenesí.
Tobio no estaba por ninguna parte, ni siquiera en la habitación; solo un descontento Nishinoya en la puerta, al que se le había acabado la paciencia.
—Nishinoya, tú bebiste más que yo, ¿cómo es que no estás queriendo prenderte en fuego en este momento?
—Soy inmune a la resaca —estableció.
No explicó más, lo que dejó a Hinata con más preguntas que respuestas.
—Ahora, ven, acompañaremos a Tsukishima al Jardín de la Electricidad, Daichi quiere que él haga unos ajustes ahí.
—Ah, claro, ya voy —aseguró el pelirrojo, saliendo de la cama.
Ahí notó que no tenía camisa y su pantalón estaba desabrochado.
Nishinoya bufó y estalló en carcajadas; Hinata olvidó su dolor de cabeza cuando toda la sangre se reunió de golpe en sus mejillas. Se ajustó sus pantalones, quería desaparecer en ese momento; recordó que le debía muchas explicaciones a Kageyama. El pobre pelinegro seguramente no tenía idea de lo que había pasado entre ellos.
—Veo que te divertiste anoche —sonrió Chispa con picardía.
—¿No debemos irnos? Tsukishima nos está esperando.
—Oh, diablos tienes razón —recordó.
Encontró otra camisa y se tambaleó hacia la puerta, prometiéndose que no volvería a tomar tanto como la noche anterior en todo lo que restaba de su vida.
.
—Así que, ¿lo hiciste? —preguntó Nishinoya mientras caminaban hacia la habitación de Inteligencia.
—¿Hacer qué?
—¿Besaste a Kageyama?
Hinata se atragantó con su saliva, parando en seco y comenzando a toser con violencia; sintió sus mejillas como si estuvieran en fuego, ¿cómo diablos sabía?
—¿Po… po… por qué dices eso? —tartamudeó Inferno.
—Ayer nos lo dijiste, estábamos hablando con Asahi, ¿recuerdas? —Probó, intentando hacer que recobrara sus memorias—… ¿acerca del proyecto de robótica? —Hinata no tenía idea—. Vamos, Asahi nos estaba explicando algunas cosas y tú solo lo interrumpiste, diciendo: «Tengo que ir a besar a Kageyama», ¡y te marchaste! —terminó riéndose libremente.
Hinata ahora quería prenderse en fuego.
—No sé de lo que hablas.
Lo mejor era fingir demencia.
—A juzgar de cómo estabas ahora, es seguro decir que sí lo hiciste, ¿uh?
—¿Podemos cambiar de tema? —pidió, sintiendo otra jaqueca comenzar con fuerza.
—Claro —aseguró, pero continuó— ¿pero cómo funciona eso? ¿Le explicaste qué era un beso? ¿Es parte de su aprendizaje de cómo actuar como un humano? ¿Puede meter su lengua? ¿Adentro de su boca es metal o tiene saliv…?
—Llegan tarde —condenó Tsukishima, interrumpiendo a Chispa y por primera vez Hinata estaba agradecido de tener que lidiar con el gigante amargo.
Kageyama miraba, ladeando su cabeza hacia abajo, mientras le daba unas últimas indicaciones a Asahi. El mecánico ajustaba unos cuantos tornillos, produciendo cosquillas en él; dando un último giro con su muñeca a la llave inglesa, se alejó de la pierna del pelinegro.
—Listo, ya debería funcionar —aseguró Azumane.
Tobio comenzó a rotar su pie, moviendo su talón de una manera natural. La pierna se sentía cómoda y estable. Los cables no estaban afuera del esqueleto mecánico como el pedazo de chatarra que él había fabricado.
El talón consistía en una bola de metal para aumentar la facilidad del movimiento; y el mecánico había colado la forma del pie para hacerla semejante a la de un humano. La pierna, de la misma manera, había sido tallada, colada y enfriada.
Era verdaderamente sorprendente.
—Pruébala —ofreció el chico con vello facial.
Obedeció y se lanzó al suelo, la diferencia era notable; ahora el miembro tenía amortiguación, le daba estabilidad al mantenerse erguido, podía saltar sin sentir dolor; probó correr, la aleación era lo suficientemente flexible para darle velocidad.
—Bastante bien, ¿no es así? —Asahi se veía orgulloso de sí mismo.
—Sí —dijo Kageyama, dándole la razón.
Tobio intentó sonreírle, porque era lo que los humanos agradecidos hacían, ¿no? El rostro del chico con cabello largo cambió a uno de genuino terror e incomodidad. Así que Kageyama regresó a la misma expresión de siempre, decidiendo y anotando en su mente que él no era bueno sonriendo. Aun así estaba agradecido.
Azumane hizo otras pruebas y anotó los resultados en una libreta.
El trabajo terminado podría hasta considerarse mejor que algunos de los forjadores en Ciudad Batería. Con el conocimiento necesario, se podrían construir diferentes armas, de electroshocks, lanzallamas, hasta granadas capaces de ser lo suficientemente fuertes para derrotar enemigos más fuertes.
Como los S.C.A.R.E.C.R.O.W.
—Amanecer —le dijo con prisa, Azumane lo vio—; tengo una gran idea, debemos ir con Sawamura y antes pasar por Nishinoya.
Crear armas, ¿cómo no se le pudo ocurrir antes?
.
—¿Sabes lo que eso significa, verdad? —razonó Daichi.
Descubrieron que el creador de bombas había salido esa mañana en otra misión junto a Tsukishima y Hinata, pero Asahi urgió que podrían reunirse con el líder antes y luego explicarle todo a Nishinoya.
—Que debemos empezar de inmediato; conseguir plomo, si es posible construir por lo menos dos hornos más, buscar metales para crear una aleación de la misma estructura que mi pierna y…
—No —corrigió Daichi, con una sonrisa, parecía que la respuesta de Kageyama lo había divertido—. Esto, tu idea es magnífica, y a la larga nos ayudará mucho. Pero, si comenzamos este proyecto, debo tomarlo como tu participación activa en la resistencia. Sé que te estamos dando refugio aquí y, después de la ayuda que le brindaste a Hinata, ¿cómo podríamos habértelo negado?
Tobio esperó a que continuara.
—Ahora, si comienzas a trabajar con Asahi y Nishinoya manufacturando armas, estás ayudando a destruir tu propia especie. Es el punto de vista de los killjoys que ellos están equivocados, ¿esto significa que contaremos tu apoyo en esta guerra hasta el final?
El androide estaba seguro, lo había estado desde el momento que comenzó a descubrir más del mundo pasado y saber el porqué de Oikawa en tratar de ocultar todo. Manteniendo los cerebros de los ciudadanos ignorantes y dormidos, nadie pensaría que las cosas no eran lo que parecían, y la utopía de un paraíso no era más que un mural con pinturas descoloridas por el paso del tiempo.
Crear un habitable futuro para los humanos y liberar la barrera que había entre ellos y los androides. Ya que, esas dos especies no eran más que soldados controlados por un mismo demonio en común.
Pensó en Hinata y en el futuro que quería compartir con él, en el que fueran libres de… sentir lo que fuera que él estaba sintiendo y así todos sus hermanos androides.
—Sí —respondió—, yo quiero ser parte de la resistencia y dedicar toda mi vida a derrocar el imperio de BL/ind y Oikawa.
—¿Por qué quieres unirte? —cuestionó, su rostro era solemne. Asahi solo los observaba, Kageyama pensó que esa no era la primera vez que Nicotina hacía esa pregunta.
—Quiero terminar la tiranía impuesta por Oikawa, él solo busca sus propias metas y su doctrina está equivocada —cerró sus ojos y la sonrisa como el sol de Shouyou estaba detrás de sus párpados—. No tiene aprecio por la vida de los humanos o de los droides. Viví cegado desde que fui creado, pero ahora, que he abierto los ojos, es mi deber hacer el cambio.
Nicotina sonrió y se cruzó de brazos; Kageyama, sorprendido, retrocedió un poco. Esa expresión… como si Daichi había previsto la conversación ocurriendo de esa manera y las piezas del rompecabezas por fin cayendo en su lugar. Esa expresión era la de un hombre cuyo plan había salido a la perfección.
Entonces Tobio comprendió.
Y lo respetó más.
—Bienvenido a nuestras filas, hermano killjoy.
Una nube de calidez que comenzó en su pecho, rápidamente se esparció por su estómago y su rostro; miró a Amanecer, quién le sonreía, estirando sus comisuras con gentileza.
Entonces…
Así se sentía pertenecer.
—¡Eso es genial! —celebró Azumane—. Kageyama, ahora como ritual, debes elegir tu alias.
—Puedes elegir algo que te represente, o que signifique mucho para ti —explicó Daichi.
Kageyama se hundió en pensamiento, cruzándose de brazos y recordando todo lo que había pasado hasta ese momento. Cómo se había enfrentado al dictador, cómo escapó, cómo había sido el único que había pertenecido a los dos bandos existentes.
Toda la experiencia se había sentido como un…
—Choque —decidió Tobio—… mi nombre será Choque Binario.
La misión se realizó sin problemas; Hinata debía admitir que estaba un poco decepcionado, él había querido ver a Nishinoya usar sus explosivos para defenderse. Había escuchado historias de lo genial que era verlo, como podía maniobrar cualquier bomba y esperar hasta el último momento para su detonación.
Por otro lado, era evidente que no todos los días eran llenos de adrenalina y desesperación ahí en el Nido; y, para ser honestos, estaba feliz. Era como si podía llevar una vida tranquila ahí con la persona más importante para él.
Eso le recordaba…
Debía encontrar a Kageyama y hablar.
Aunque no tenía idea cómo había llegado a su cuarto después, lo último que recordaba eran las manos de Kageyama en su cuerpo y sus labios en su cuello. Una… placentera imagen, pero preocupante a la vez. ¿Qué había pasado después? Shouyou esperaba no haber dicho vergonzosos «Te amo» después de la monumental sesión de besos.
No había nada más vergonzoso que decir un patético «Te amo» solo porque alguien le había prestado atención. Aunque sabía que no era el caso, sus sentimientos por el pelinegro habían hecho raíces en lo profundo de su pecho. Pero Kageyama no sabía eso, ¿o sí? En lo que al pelinegro le respectaba, Hinata había llegado a la biblioteca, completamente ebrio, lo asaltó sin provocación y comenzó a escupir tonterías de sus sentimientos.
Ni siquiera sabía si su relación de amistad con Kageyama podía superar lo de anoche. Un beso estaba bien por el bien de la investigación, pero las cosas habían escalado y Hinata no sabía cuánta rienda suelta le había dado a su boca.
Pero no importaba qué pasara, no cambiaría el hecho.
Estaba enamorado de Kageyama.
De su voz, de su rostro, de su sonrisa, de su ceño fruncido, de sus ojos azules, de sus manos, de su cabello tan negro como la noche, de su pierna rota y de la forma en la que lo llamaba.
Y debía decírselo.
Era lo justo, porque no debía ser dicho bajo los efectos de alcohol. Tenía por seguro que Kageyama no sabría qué hacer cuando él lo dijera, no estaba en su naturaleza sentir esa clase de emociones, ¿verdad? Cuando Hinata le dijera lo que sentía, el pelinegro solo ladearía su cabeza y diría: «Gracias».
…
Por lo menos lo sacaría de su pecho.
—Ey, tú —escuchó que Tsukishima lo llamaba.
—¿Eh? —Hinata giró su rostro para ver hacia arriba, a la expresión aburrida del cuatrojos.
—Ven, necesito que me ayudes —ordenó.
Shouyou se rascó la cabeza pero acompañó al chico de cabellos como trigo.
—Uh… claro.
Ambos llegaron al cuarto de Inteligencia, Tsukishima le ganó porque sus piernas eran más largas que un poste de electricidad y Hinata se mataría antes de comenzar correr mientras que el rubio caminaba tranquilamente. La carrera había sido unilateral y él la había perdido.
—Lo único que tienes que hacer es mirar esa pantalla y decirme si se ilumina; yo la intentaré reparar.
—Oh, de acuerdo —sonaba como algo bastante sencillo.
Kei se acercó al sistema de las computadoras, en donde los monitores estaban apilados entre ellos y había tres teclados instalados. Quitó un panel en la parte inferior del escritorio, dejando ver una confusa telaraña de cables de colores rojo, azul, amarillo y negro. Parecían los cabellos enmarañados de un gigante, ¿cómo podía alguien diferenciar la función de cada cuerda?
Y sin embargo, Ácido gateó hasta las entrañas de la súper computadora y comenzó a hurgar.
Lo único que podía ver era la parte inferior del cuerpo de Tsukishima de espaldas; rápidamente se aburrió y prefirió ver los otros monitores, cada uno tenía una imagen diferente pero igualmente aburrida. Hinata no comprendía cómo Ácido podía pasar todo un día sin hacer más que ver esas pantallas, él sentía que se volvería loco si pasaba más de una hora ahí encerrado.
—Así que —comenzó el pelirrojo porque odiaba el silencio—, ¡desde que he regresado al Nido he visto lo cercano que te has vuelto con Kuroo!
Escuchó un golpe provenir desde donde Tsukishima estaba, seguido por un «Ow…» sordo.
—No sé de lo que hablas —respondió, la voz se escuchaba apagada.
Hinata se encogió de hombros, quizás sí era su imaginación.
—Sólo que he visto cómo practicas con él, es todo —se justificó.
—Es bueno en lo que hace —continuó Kei— y… ha demostrado su fuerza en el campo de batalla, es inteligente para las estrategias. Su sentido del humor es infantil pero cuando se lo propone, puede tener conversaciones profundas y… —guardó silencio por un rato.
—¿Y? —urgió Hinata.
—…y no sé porque estoy diciéndote esto, no somos tan amigos —comentó Ácido seco, saliendo de su agujero lleno de cables.
—¡¿Eh?! ¿Desde cuándo no? ¡Yo te consideraba mi amigo, Amargashima! —protestó herido.
—Por favor, no cambies mi nombre de esa forma —Kei se ajustó sus anteojos, frío como siempre.
Hinata le sacó su lengua.
—Yo creo que te gusta pasar tiempo con él —acusó—, ¡no debes sentirte mal! Es algo muy natural para alguien de tu edad —Shouyou se cruzó de brazos y asintió repetidas veces.
—Primero, tú y yo tenemos la misma edad —dijo Kei poniéndose de pie y escribiendo algunos códigos en el teclado y regresando a su nido de enredaderas—; segundo, ¿recibiré consejos de amor del chico que está enamorado de un robot?
Hinata iba a regresarlo pero fue sorprendido por la última frase, sintiendo todo su rostro como si estuviera en llamas.
—No sé de lo que hablas —dijo esta vez el pelirrojo, imitando a Tsukishima hacía algunos minutos.
—Hasta un idiota lo notaría —señaló el alto—, la manera como los dos actúan y cómo siempre te le quedas mirando. Es un secreto a voces aquí en el Nido, digo, eres un tipo al que parece que nada le importa y por eso eres demasiado amistoso; pero eres peor con él. Parece que siempre quieres llamar su atención y hacer que el robot te vea y, aparentemente, el robot te lo concede. Demasiado, diría yo.
—Espera —paró Hinata—, ¿crees que Kageyama actúa de la misma manera? —Era embarazoso seguir el tema, pero tenía que saber si Tobio respondía sus sentimientos—. ¿Crees que él siente lo mismo que yo siento?
Kei volvió a sacar su rostro del agujero, solo para dedicarle una mueca de cansancio.
—¿Te das cuenta que él es un I.A.? —Preguntó y continuó antes que Hinata pudiera decir algo—. Es decir Inteligencia Artificial, un sistema programado para resolver problemas como un humano; fue creado para simular el pensamiento de las personas, planifica como un humano y responde como un humano lo haría; pero es, como su nombre lo indica, artificial.
Hinata se rascó la cabeza y miró la pantalla estropeada frente a él, pensando en cómo debía estar formada. Llena de circuitos integrados, cables y uno que otro bombillo de pequeño tamaño.
—¿Qué es lo que te hace humano, Tsukishima? —Preguntó, ladeando su cabeza; Kei retrocedió, un poco sorprendido—. ¿Tu manera de pensar? ¿De ver las cosas? ¿O tu unicidad? ¿O los litros de sangre que recorren tu cuerpo? ¿Los huesos que te mantienen en pie? ¿Tus órganos?
—¿A qué estás llegando?
—Puedes hacerle cualquier pregunta a Kageyama y el responderá con su punto de vista, no con la definición que fue guardada en su memoria o tarjeta madre o lo que sea. Hazle una pregunta hoy y vuélvela a hacer dentro de un mes, y en ese mes la respuesta habrá cambiado, porque Kageyama está evolucionando cada vez, ¿y no sería nuestra capacidad de aprender, crecer y evolucionar lo que nos hace humanos?
Kei se sentó a su lado, dándole un momento para que continuara.
—El Kageyama que conocí en Ciudad Batería es completamente diferente al que está aquí en el Nido, sus ojos… son más suaves y su voz es más melodiosa. Ahora se ríe de las bromas y de los accidentes que me pasan —recordó con una sonrisa—. Ya sé lo que piensas —comentó—, lo que todo el Nido piensa, pero ustedes no saben lo que se siente, hablar con él y ver más allá de los cables y el esqueleto mecánico que lo forman. Ustedes no ven a Kageyama como yo.
—Ya sé que él no envejecerá —continuó Shouyou— y su físico jamás cambiará, y seguramente de los dos, yo seré el primero en morir. Y sé que, tal vez no sienta lo mismo que yo y jamás escucharé esas palabras venir de su boca; pero seré el chico más feliz del mundo si él siente la mitad de lo que yo siento por él. Y me abrace de la manera que quiero abrazarlo, porque para mí, Kageyama es igual de humano como tú o yo, solamente que nuestra manera de pensar y orígenes son diferentes.
Como si hubiera sido una señal de la misma bruja fénix, el monitor estropeado se encendió.
Hinata sonrió.
—Supongo que tu peculiar tren de pensamiento es diferente a lo que creí —señaló el rubio—, creo que puedo entenderlo.
—¿Y tú y Kuroo? —preguntó ladeando la cabeza.
—Esta conversación acabó y no me ayudaste, realmente. Puedes irte, Hinata —terminó, dando media vuelta para volver a colocar el panel metálico y ocultar el nido de cables más enredados que los pensamientos del pelirrojo.
—¡Amargashima! —exclamó—. ¡Por eso todos te llaman así!
—Nadie me llama así —refutó—, solo tú como hace diez minutos.
—¡Kuroo te llamará así! —gritó.
Segundos después fue echado a patadas de Inteligencia, Hinata se sobaba su trasero, ya que fue el que absorbió todo el impacto cuando Tsukishima lo empujó lejos y cayó sentado.
—Amargo Tsukishima —murmuró—, es la última vez que dejo que me engañe para hablarle de mis sentimientos…
No veía donde iba y golpeó una pared con su nariz. Lo primero que pensó fue en lo extraño que había sido, la pared había aparecido de la nada y en medio del pasillo.
Su nariz dolía y cayó en cuenta que no era una pared, sino alguien.
—¿Hinata? —La voz hizo que sintiera como si mariposas salían de los resquicios de su tórax.
—¡Roboyama!
No sabía si podría acostumbrarse alguna vez a todo el embrollo de estar enamorado. Como si alguna vez podría hablar otra vez con el pelinegro sin querer tomar su mano o sin sentir la necesidad de besar sus labios. Esperaba que eso nunca pasara.
—Mira —Tobio miró hacia abajo, hacia su pierna.
—¡Se ve increíble! —celebró Hinata y sonrió, Kageyama solo se le quedó viendo.
Tobio raras veces sonreía, pero Shouyou podía hacerlo por los dos.
—Se siente increíble —comentó—, Azumane tiene gran habilidad con la robótica.
Hinata se puso en cuclillas e inspeccionó la pierna robótica, los dedos y el talón. Pasó una yema de su dedo, Kageyama no hizo ninguna indicación de reconocer el toque, así que llevó cuatro falanges al lugar donde la piel comenzaba. Tobio se estremeció.
—¿Qué haces? —preguntó, manteniendo su voz neutra, Hinata no tenía una respuesta.
—Quería saber si… ya sabes, tenías sensibilidad y eso.
—Ah —se tragó la excusa el pelinegro—, no, no tengo terminaciones nerviosas ahí. Puedo mover la articulación, pero no siento nada en la prótesis —se cruzó de brazos—. Mi hipótesis es que lo que da la sensibilidad en todas las partes de mi cuerpo es mi piel. Seguramente la manta sintética tiene pequeños receptores, asemejándose a la verdadera de los humanos.
Shouyou no tenía vergüenza.
—¿Cómo estuvo la misión? —cuestionó el pelinegro.
—Uh, nada que no pudiéramos manejar —comentó Hinata poniéndose de pie.
—Te ves mejor que anoche —señaló.
—¡¿Eh?! Bueno, Kenma me preparó un extraño elixir milagroso de los dioses, la resaca pasó por completo en los primeros minutos.
—¿Eso era una resaca?
—Sí, ya sabes, cuando bebes demasiado alcohol y al siguiente día te quieres morir.
—No sé lo que se siente, y siendo honestos, no quiero saber. No por cómo te veías ayer.
Inferno se atragantó con su saliva.
—¿Ayer? —Preguntó incrédulo y un poco ofendido—. ¿No te gustó lo que ocurrió ayer?
—¿Qué suceso en específico? ¿Cuándo nos besamos en la biblioteca?
El de menor tamaño tosió violentamente.
—¡No! Cuando volvimos a ver Novia Fugitiva por tercera vez, ¡obviamente hablo de cuando nos besamos! —la última palabra la dijo entre, lo que él podía clasificar, susurros.
—Eso es sarcasmo —señaló Tobio, resentido—; ahora lo puedo distinguir.
—¡¿Y?! ¿Te gustó?
Estaban en medio de un pasillo y cualquiera podía verlos; Hinata agradeció que Daichi había revocado los «guardias» de Kageyama, justo antes de su «encuentro» en la biblioteca.
—Espera, no me digas aquí —urgió.
Tomó al pelinegro de su mano y lo comenzó a dirigir a la habitación compartida de Kageyama. Si Hinata había hecho algo tan vergonzoso como escupir sus sentimientos en su estado de ebriedad solo porque Tobio lo hizo venirse, como si fuera un patético adolescente; no querría que el pelinegro lo dejara escapar como si nada en medio de la base para que cualquiera —Tsukishima— lo escuchara.
Así que buscó un lugar más privado para avergonzarse.
Llegó la habitación del chico más alto, Tobio y él habían tenido diferentes habitaciones, ambas estaban varios metros de distancia y para llegar debían atravesar la arena de entrenamiento. Debido a que ambos habían llegado en diferentes períodos; sus cuartos estaban separados; pero a Shouyou no le molestaba. Es más, todas las mañanas, cuando despertaba, sentía emoción por encontrarse con el pelinegro en las duchas, o en la cafetería o doblando cualquier esquina.
Era excitante.
Empujó a Kageyama a la cama, sentándolo mientras él estaba de pie y de brazos cruzados. Sabía que el más alto tenía dudas y Hinata no recordaba qué había pasado después.
—Así que, dime qué pasó luego de… luego de…
—¿Que nos besáramos?
—¡Debes dejar de ser tan directo! —exaltó.
—Ustedes los humanos sólo causan embrollos por eso, las películas lo dicen.
—¡Hollywood no es una fuente fidedigna para tus investigaciones de los sentimientos!
—Son entretenidas —murmuró el más alto.
—Estás cambiando el tema —señaló, volviéndolos a dirigir—; ¿qué pasó luego de eso? ¿Qué preguntas hiciste y qué diablos contesté?
—Nada.
—¿Nada?
—Nada.
—¡¿Cómo que nada?!
—Lo último que te dije fue: «Hinata, tengo algunas preguntas». Luego tú murmuraste «Mierda» y te dormiste.
—¿Eso dije?
—Sí, te moví unas cuantas veces pero no respondías. Si no hubiera sido por tus signos vitales podría haber creído que estabas muerto.
Esto se estaba volviendo vergonzoso.
Pero, al menos, no había dicho nada de sus sentimientos.
—Bien —suspiró, necesitaba cambiar el tema—… podría ahora responder tus preguntas… acerca de lo que pasó.
Los ojos profundos de Tobio brillaron y se irguió en la cama.
—Oh, de acuerdo.
—Uh… bien —repitió—, cuando un hombre… un chico… un humano de sexo masculino se siente bien y digo muy bien, pues… en medio de sus piernas se pone duro y…
—¿Qué? ¿De qué hablas? Sé muy bien cómo funciona el sistema reproductor masculino: Cuando un hombre es expuesto a estímulos sexuales, señales nerviosas parasimpáticas hacen que los músculos del pene se relajen, lo que permite que la sangre fluya por los cuerpos cavernosos y…
—¡Por la Bruja Fénix, cállate! —gritó, sentía sus mejillas arder de vergüenza.
—¡Shh! —lo cayó otro chico que dormía en otra litera a través de la habitación.
—No tengo dudas de lo que pasó, sé más de la biología humana que tú —reprochó con orgullo—. Ahora, cuando los impulsos eléctricos llegan a un límite es cuando el cuerpo de los humanos llega al clímax y en el caso de los humanos masculinos…
Ahora solo lo hacía para molestarlo.
Hinata se lanzó sobre él para cubrir su boca y hacer que dejara de decir cosas así de vergonzosas. Cubrió sus labios pero Kageyama seguía hablando sin parar, se rio cuando escuchó la palabra «semen», y no quiso oír más. Tobio seguía enlistando sus propiedades cuando Shouyou irrumpió en carcajadas, intentando callarlo; no notó cuando se subió encima de sus piernas. Se sintió ligero de cabeza cuando escuchó a Tobio reírse, saliéndose con la suya al avergonzarlo.
—¿Terminaste? —preguntó Shouyou con una sonrisa.
—Espera, ahora debo explicar lo que le pasa al humano femenino. Ése es más complejo…
El pelirrojo no soportaría más, así que se lanzó hasta acostar a Kageyama en la cama; ambos chicos cayeron hundidos en un ataque de risillas y por fin el pelinegro se calló.
—¡Shh! —los volvió a callar el mismo cuervo.
—De acuerdo, de acuerdo —susurró Hinata, mirando a Kageyama, ambos estaban de espaldas en la superficie del colchón—; ya te entendí, no te tienes que pasar de listo, tonto robot —insultó con cariño.
—Bien —estableció el pelinegro; ojeándolo, satisfecho con su broma.
—¿Entonces, cuales son las preguntas?
—Bueno, para comenzar, sé qué es lo que pasa cuando… situaciones así ocurren; pero fue tan nuevo para mí, poder sentir ese anhelo por… tocarte… tenerte y probarte.
Hinata dejó salir un quejido, tan suave que a le tomó de un momento saber que había venido de él. Eso no se escuchaba como una pregunta, pero un caliente sentimiento en su estómago no quería que Kageyama dejara de hablar de esa manera.
—No quería detenerme, fue una pena —sintió los dedos del chico más alto sobre sus cabellos, pasando los falanges entre sus hebras.
Roboyama elegía los peores momentos para tentarlo, ahora no se podía atrever a hacer algo más. No cuando otro rebelde estaba dormido… o medio dormido. Se aclaró la garganta y urgió que no se desviara del tema, tal vez así su mente también se aclaraba.
—¿Y cuáles eran tus…? —Se aclaró la garganta otra vez— ¿… tus preguntas?
—¿Por qué lo hicimos? ¿Por qué lo hiciste tú?
Roboyama se empeñaba en no ponérsela fácil, ¿verdad?
Supuso que ya era tiempo de decirlo.
—Lo hice porque desde el primer beso que nos dimos no dejo de pensar en eso, porque me gustó demasiado tenerte de esa manera y quería volver a repetirlo, porque no puedo pasar más de cinco minutos sin pensar en tu rostro o en tu voz o en ti. Porque, demonios, Roboyama, no sé qué magia negra me has lanzado, que me has hecho enamorarme.
—No practico la magia y no creo en ella y… —Kageyama por fin había digerido sus palabras— ¿Enamorar? —Su voz era suave, como si tenía miedo de haber escuchado bien o haberlo escuchado mal.
Hinata no encontraba que más decir así que bajó su mirada.
—¿Te has enamorado de mí?
Shouyou podía escuchar cada latido en su errático pecho y sentía los ojos de Kageyama sobre él, pero no podía verlo, se sentía demasiado vulnerable. Tobio tenía su corazón sobre sus manos en esos momentos, podía elegir si quebrarlo o… o…
—Yo también —respondió y Hinata disparó sus ojos hacia arriba.
Se miraron fijamente.
—Yo también —repitió— me he enamorado de ti. No sé cómo, no tengo idea cómo pero tengo estos… extraños sentimientos; siento como si desde que te conocí, cada día brilla más que antes.
Hinata llevó sus manos y enrolló sus dedos con los de Kageyama, su pecho dio un vuelco cuando el pelinegro apretó de regreso. Acostados lado a lado y sintiéndose más confiado, Shouyou enredó sus piernas con las largas de Tobio, y él se acercó más al chico de menor tamaño.
—Entonces… —dejó el pelirrojo en el aire.
—Entonces… —respondió— te amo.
Sintió su garganta cerrarse al escuchar las palabras del otro, sus pulmones iban a explotar y su corazón se saldría por su tráquea pero jamás se había sentido tan bien como en ese momento. Al siguiente segundo podría morir y lo haría feliz porque él amaba y era amado.
—Te amo —respondió, pequeñas lágrimas amenazaban con salir de las esquinas de sus ojos.
—¿Por qué lloras? —Preguntó su Roboyama—. Pensé que todo esto iba saliendo bien, ¿no se suponía que debía salir así?
—No estoy llorando —rebatió—, solo que estoy tan feliz que mi cuerpo no sabe cómo reaccionar.
—Oh —murmuró—, ¿si te beso, dejarás de llorar?
Frotó con un puño sus ojos, su otra mano seguía entrelazada con la de Kageyama. Asintió, porque no sabía qué más hacer, y en segundos, el rostro de Tobio estaba en la proximidad y él solo debía levantar su rostro para recibir los labios del otro.
Todavía sentía un nudo en su garganta, pero los labios de Kageyama eran dulces y lo hacían disminuir. El beso fue casto, como si no querían nada más que sentir al otro, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Tal vez lo hacían, tal vez lo tenían, en su pequeña burbuja; acostados en su cama como lo hicieron en Ciudad Batería, con las luces nauseabundas y neones que hacían la piel del pelinegro verse azulada. Cuando solo existían ellos dos en el departamento de Tobio y no eran más que un exterminador y su prisionero.
Que importaba si eran de diferentes especies.
Si Kageyama sentía el amor a su manera, ¿quién tenía derecho a decir cuál era la manera correcta de amar?
Las cosas podrían haber pasado de diferente manera, pero Hinata sabía que tarde o temprano se terminaría encontrando con Kageyama y caerían en los mismos pasos; enamorándose hasta que la línea entre lo orgánico y mecánico comenzara a hacerse borrosa.
Se besaron hasta que Shouyou sintió sus labios comenzar a hincharse, juntaron sus frentes y las puntas de sus narices chocaban juguetonamente. Si veía directo a los ojos de Kageyama, los suyos dolían pues se iluminaban levemente.
Y luego su estómago gruñó con enojo, tan fuerte que se podría haber confundido con un zorro bebé del desierto.
—Deberíamos ir a comer —ofreció Hinata, no había notado que no desayunó antes de marcharse a la misión. Solamente el brebaje extraño preparado por Kenma.
—Espera —lo detuvo—, ¿puedes amarme aunque sea diferente a ti? ¿Aunque no sea un humano?
—¿Qué dirías si yo te hago la misma pregunta? ¿No te das cuenta del valor que tienes? Jamás quisiera que fueras algo diferente a lo que eres.
Hinata miró a Kageyama sonreír, era una buena expresión en él.
—Tengo una última pregunta —cuestionó.
—Dispara.
—¿Somos novios, ahora?
—Dioses, Kageyama eres tan vergonzoso —se rio, sentándose sobre el colchón y alejándose del pelinegro.
Pero Tobio lo haló hacia él y le dio otro beso.
—Ven, deberíamos irnos a la cafetería, seguiremos con nuestro experimento después que yo coma. Recuerdo que tú recibiste tu siguiente dosis de plus ayer, robot egoísta.
Tobio hizo un puchero pero se puso de pie.
—Ve, adelántate; yo me disculparé con aquel cuervo por molestarlo —Inferno dejó salir una risilla, y señaló la figura que se movía en su cama.
—De acuerdo, te esperaré en la cafetería —aseguró.
Y con eso salió del cuarto.
Realmente, Hinata debía pasar algunos minutos a solas, para repetir todo lo que acababa de pasar y convencerse que no, no era un sueño o una ilusión y él de verdad era feliz. Dejó salir una risilla tonta y tocó sus labios, todavía cosquilleaban.
—¡Shh! —calló el otro cuervo.
—Ups —se encogió de hombros y murmuró—, lo siento.
Todavía sentía mariposas en su estómago y el mundo daba vueltas; se sentía como si estuviera ebrio de felicidad pero esta vez jamás quería dejar de estarlo.
Sou Inuoka había pasado toda la mañana escondiéndose en las duchas, esquivando a Yaku; si el pequeño pero temible chico lo encontraba, lo obligaría a ayudarlo a cocinar. Era el turno de Cianuro de preparar el almuerzo, pero dentro del Nido era cientos de bocas que debía alimentar, así que cada encargado asignaba a otros para cumplir y así terminar a tiempo.
—Ahí estás —notó Yaku con ceño fruncido e Inuoka sintió su mundo destruirse—, sabía que estarías acá. ¿Crees que no te conozco? Eres el mismo chico que llegó hace tres años; las mismas tretas y todo.
—¡Yaku! —Se quejó, haciendo un puchero—. Por favor, odio que mis dedos terminen oliendo a cebolla…
—De acuerdo, quédate aquí escondido —decidió.
Inuoka sonrió, brillando como un niño.
—Pero —continuó Yaku—, te quedarás sin comer.
Fuego se encorvó con decepción, aceptando su destino y que él nunca tuvo oportunidad para ganarle a la perspicacia de Morisuke Yaku.
—Ya voy, ya voy —aceptó, derrotado.
—Pero antes, necesito que pases por unas cuantas cosas en la bodega, aquí está la lista —le alcanzó una pequeña hoja de papel con su escritura—. Ya llamé a Shibayama y a Yamamoto; y no se te ocurra ocultarte de mí, otra vez Inuoka —reprendió—, porque entonces sí me enojaré.
Ahí iba su plan B.
—De acuerdo, Yaku —aceptó la lista, doblemente derrotado, y la leyó.
Eran algunos ingredientes para el almuerzo de ese día; Yaku dio media vuelta y se marchó, dejando a Inuoka solo otra vez. Resopló y se puso de pie, lo mejor era comenzar a moverse hacia la bodega. Un cuarto oscuro, lleno con todos los víveres del Nido; era espacioso y estaba compuesto por anaqueles de madera.
Fuego llevó una mochila para acarrear todo lo que se le había pedido, ¡pero era condenadamente difícil diferenciar las etiquetas de las latas en la oscuridad! Alcanzó una pequeña lata desde la parte más alta del estante y lo acercó a sus ojos, eran arvejas… hizo una mueca y las devolvió en su lugar.
Había otra lata más atrás, así que tuvo que pararse en la punta de sus pies para alcanzarlo.
Ahí sintió un tremor.
Miró a todos lados, dejando la lata olvidada; nada fuera de lo normal se veía alrededor. ¿Había sido él? Quizás estaba débil y su cuerpo temblaba porque tenía hambre.
Percibió otro estremecimiento; esta vez cayó sentado.
Eso definitivamente no había sido él.
Con sus piernas frente a él, notó una pequeña roca que se movía, tiritando como si tuviera frío. Su mano estaba extendida sobre el suelo, el piso estaba zumbando, como si miles de abejorros volaran bajo el Nido.
—¿Qué…? —se preguntó, pero fue interrumpido por un fuerte sonido.
El suelo tembló como si fuera de gelatina, algo explotó al fondo de la bodega, levantando una gruesa nube de polvo y humo. Dejó a Inuoka tosiendo; el chico entrecerraba los ojos para ver qué había ahí. Rápidamente, saltó a sus pies y se acercó, solo para ser arrojado lejos por otra retumbante explosión. Debajo de sus zapatos, el piso se estremecía con cada estallido.
Se incorporó de rodillas y comenzó a gatear otra vez, algo malo, algo muy malo estaba pasando, estaba seguro de eso; pero no sabía qué.
Hasta que…
En el dorso de su mano notó un pequeño círculo dorado.
Eso era...
¡¿Luz solar?!
¡¿Adentro del Nido?!
Temiendo pero armándose de valor, subió el rostro.
Sintió nauseas al ver la cegadora luz del sol.
Se había abierto una brecha en el Nido y como si fuera señal, una fuerte alarma se comenzó a escuchar. Inuoka se puso de pie, lo que sea que estaba sucediendo, había comenzado ahí en la bodega.
Otro seísmo sacudió la tierra seguido de otra explosión.
¡Estaban atacándolos! ¿Pero… cómo?
Miró frente a él y notó que tenía compañía.
El «porqué» debía esperar, los enemigos se estaban infiltrando por la brecha. No podía gritar por ayuda porque el ruido de la alarma ensordecía todo. Tragó con fuerza y tomó la posición de defensa que le había enseñado Kuroo; podía ingeniárselas con los draculoides. Él estaba en la trinchera y no permitiría que los enemigos pasaran desde ahí.
Sus piernas temblaban, pero Inuoka podía convencerse que se trataba de los temblores que azotaban el Nido y no del miedo. Se escuchaban estallidos a lo lejos, seguramente los enemigos querían crear otra brecha.
Los anaqueles estaban quebrados y ahora la bodega había sido engullida por luz solar, la nube de polvo por fin se dispersaba y notó a un draculoide corriendo hacia él.
Pero el enemigo lo ignoro, saliendo por la puerta.
¡Maldita sea, su plan era infectar el Nido, acorralarlos a todos como si fueran ratas!
Inuoka iba a correr tras él hasta que otro sonido llamó su atención otra vez. Arriba, en donde el techo había sido roto… decenas y decenas de draculoides comenzaban a bajar, eran demasiados.
Luego cayó otra bomba frente a él.
Y otra.
Y otra.
Mientras tosía y miraba sin poder hacer nada, mientras sus enemigos entraban a su hogar notó que las últimas tres no habían sido, en realidad, bombas sino…
¿Personas?
¿Androides?
Una figura prominente se paró frente a él, tenía una mirilla telescópica, cabello corto y café; la mitad de su torso desnudo y su brazo estaban cubiertos con paneles metálicos. Tenía pantalones de un patrón militar y gruesas botas negras, ¿ése era el híbrido del que hablaban los informes?
Atrás de ese híbrido notó otra silueta y sintió una fría ola recorrerlo al ver la figura tan familiar.
Ése ciborg tenía el aspecto del fallecido Ala Revólver, con su cabello blanco y negro y grandes ojos amarillos. Pero no… no podía ser él, ¿verdad? No, Bokuto no tenía una pierna y un brazo metálico. El híbrido parecía enfermo y la mitad de su rostro estaba escondido bajo una máscara.
Estos eran los S.C.A.R.E.C.R.O.W. y estaban adentro del Nido.
Los reportes habían hablado de uno, pero dos… Oikawa se había estado preparando para esto y por fin había hecho su jugada. No tenía idea cómo pero los había encontrado. Los dos aterradores híbridos lo miraron; Inuoka solamente podía escuchar el rápido golpeteo de sus dientes al tiritar del miedo.
Tenía que huir y avisarle al primero que encontrara, antes que… antes que…
Sintió una calidez en su estómago, seguido por una oleada de dolor, por instinto, llevó su mano al lugar. Quiso vomitar cuando notó sus falanges llenos de sangre brillante.
Había sido atravesado por una cuchilla.
Escupió sangre y subió su mirada para encontrarse con la creatura que lo había herido de muerte.
Cabello tan rojo como su sangre, ojos abiertos anormalmente y pupilas pequeñas que le daban un aspecto como si fuera un demonio. Por su aspecto, tenía que ser un tercer S.C.A.R.E.C.R.O.W. Lo veía fijamente y su cuerpo se estremecía como si se reía; pero lo más perturbador era sus labios cerrados y cosidos.
Sus piernas se deslizaban en un charco de su sangre.
El demonio de boca suturada y cabello rojo arrojó su brazo metálico hacia atrás, Inuoka cerró los ojos antes que diera su último golpe y se aferró a su último aliento; se sentía impotente y culpable, al final sí había defraudado a Kuroo, tal vez en otra vida podría hacerlo orgulloso con sus movimientos de pelea.
Cuando cayó al suelo sintió la calidez húmeda en su mejilla, su cuerpo se había dejado de mover y comprendió lo que se sentía estarse muriendo. Con sus últimos destellos de consciencia, le pidió a la Bruja Fénix por sus hermanos killjoys que aún seguían en su infectado hogar. Recitó en su mente el grito de batalla inculcado en la resistencia, porque:
No había, jamás, un lugar para disculpa.
Y siempre sería muerte o victoria.
ᕕ(ᐛ)ᕗ
Soy feliz leyendo sus opiniones y me ayudan a seguir escribiendo, espero siempre ansiosa sus lindas palabras en la cajita de abajo.
Solo un pequeño aviso, la universidad está haciendo de las suyas nuevamente así que no prometo tenerles un nuevo capítulo dentro de 15 días, y me siento mal dejándolos con este final xD pero bueno.
Here we go again.
Aun así intentaré tenerlo listo lo más rápido que me sea posible.
Nos leemos luego.
