¡Lo hice! ¡Logré terminar el capítulo justo a tiempo para cumplir! -luce como loca y tiene un tic en su ojo-
Y lo único que pido es un pequeño review como paga (? Jajaja es broma x)
El nombre del capítulo de hoy hace alusión a la canción de Bastille que va por el mismo nombre porque… bueno, escúchenla y lo entenderán…
Capítulo beteado por la best of the best Ren! *aplausos*
Advertencia de gore.
»Nombres de killjoys:
Cuervo Nicotina: Daichi Sawamura.
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka
Eclipse Impuro: Akiteru Tsukishima
Visaje Marfil: Kazuhito Narita
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita
Fuego Radioactivo: Sou Inuoka
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai
Choque Binario: Tobio Kageyama.«
Pompeii pt.1
Paren sus pistas, bebés de los motores.
Interrumpo la transmisión de hoy para hacerles un comunicado de emergencia, lo sé, lo sé, parar una buena rola a medias, es como parar antes del orgasmo. Pero, mis queridas ratas del desierto, ha llegado la hora que extiendan una mano a nuestros amados rebeldes.
Hemos perdido la comunicación con el Nido desde hace quince minutos.
No desesperen, estamos intentando ponernos de nuevo en contacto, estoy seguro que… a Ácido se le olvidó conectar el enchufe. Aun así… isiera pedirles a todos ustedes que m…. gan…. rto…
Nicot… com… ica…
Kkkkkkk….
Cualquier momen….
Kkkkkkk…
Ayud….
Kkkkkkkkkkkkkkk…
¡Buenos días, mis amados y obedientes ciudadanos!
Les saluda su único y suficiente salvador. Estoy seguro que está demás decir mi nombre; pero que no les quede ni una duda: Tooru los vigila.
Este es un día importante en nuestra historia, el día que por fin acabaremos con esos criminales afuera en el desierto. Soldados valientes han sido enviados para acabar con ellos de una vez por todas; para brindarles a ustedes, el mejor futuro que merecen.
Siempre y cuando sepan cuál es su lugar.
Como conmemoración de este día son libres de escuchar la magnífica pieza de Schubert, «Die Forelle», una de las piezas permitidas en nuestra hermosa ciudad. Celebremos como, al final, el pescador pudo atrapar a esa elusiva y asquerosa trucha.
Recuerden tomar sus medicamentos a la hora debida y repitan conmigo: Los secretos son el postre del demonio, no hay nada más sucio que ideas en el pensamiento y el sentido común es la peor herejía.
Y unas últimas palabras para esas bestias del desierto: Sigan corriendo, porque tarde o temprano los atraparé.
Y para nuestros valientes soldados:
Elimínenlos a todos.
Kkkkkkkkkkk…
Kenma sintió las paredes comenzar a vibrar alarmantemente, sabía que algo venía por ellos, y venía rápido. Comenzó a correr hacia Inteligencia, era el turno de Tsukishima por el momento; llegó a la entrada cuando sintió el primer estallido hasta sus huesos. El de anteojos tenía una mueca de sorpresa y crudo miedo cuando apretó el botón de alarma.
Sombra miró sus labios moverse:
—¡Imposible! ¿Burlaron el radar? ¿Cómo diablos…?
Kozume ya estaba escribiendo el mensaje de voz que se propagaría por toda la base, según el reporte de Tsukishima, algo había hecho una brecha en el ala este del Nido; exactamente en la bodega. Escalofríos comenzaron a arrastrarse por toda su piel.
Había enemigos dentro de la base.
Llamó la atención de su compañero rubio y con rapidez comenzó a teclear para comunicarse con el otro:
«Debemos llegar antes que los enemigos a la armería». Sentía sus dedos entumecidos por el temor.
El de anteojos se mordió el labio y se decidió moviendo sus labios.
—No hay que perder tiempo.
Ambos chicos salieron con cautela, podían sentir las vibraciones producidas por los disparos en todas las direcciones de los pasillos, las luces todavía seguían encendidas, pero algunas parpadeaban con sus últimos alientos. En intervalos de aproximadamente diez minutos sentía las vibraciones de otras bombas caer, seguido por el seísmo del estallido. El techo se movía y polvo se desprendía en cada sacudida, no tenía idea cuánto tiempo más el Nido podría seguir en pie.
Kenma caminaba encogido de hombros, teniendo cuidado que sus pisadas no fueran tan evidentes, mientras se sostenía de la pared, podía notar vibraciones diferentes a las bombas.
Sintió unos pesados pasos, que no podían ser de humanos.
Antes que Tsukishima pudiera escuchar algo, Kenma lo tomó del brazo y se adentraron a una habitación oscura y vacía. Ambos estaban indefensos, Kozume antes había visto a los draculoides y esos pasos no habían pertenecido a ninguno. Eran demasiado pesados, demasiado lentos.
Con un dedo en sus labios le urgió a Kei que no hiciera ruido.
El rubio se tapó la boca para evitar que cualquier bocanada de aire saliera; Kenma sintió sus rodillas temblar por la figura que pasó caminando frente a ellos.
Alto, muy alto y con cabello rojo apuntando hacia arriba; su manera de caminar era… insólita. Daba pequeños saltos, seguidos por algunos pasos, como si fuera un niño tarareando una canción enfermiza. Su espalda se encorvaba y cada pisotón se escuchaba más fuerte que el anterior.
Sus labios estaban cosidos, pero se estiraban en una sonrisa.
Pero lo más inquietante era su cuerpo.
Sus brazos habían sido removidos hasta el codo por dos largas y mortíferas cuchillas y sus piernas eran metálicas. Kozume quería vomitar y atrás de él, sentía el cuerpo de Tsukishima temblar levemente.
El híbrido paró frente al cuarto en dónde se encontraban.
Kenma se cubrió su boca y nariz con las dos palmas. Los penetrantes ojos del S.C.A.R.E.C.R.O.W. se disparaban de lado a lado.
Hasta que alguien le disparó.
Su rostro se dirigió a la fuente del proyectil y dejó de hacerles caso.
Kei le indicó que los disparos continuaron, si ellos se metían, podían ser atrapados por el fuego cruzado, por lo que Kenma pudo ver, si la bala le había dado, el híbrido ni siquiera había vacilado. El más bajo y Tsukishima se miraron a los ojos en la oscuridad, intentando comunicarse, ambos sabían que no podían salir. Solo debían confiar en la Bruja Fénix que el cuervo con el que el S.C.A.R.E.C.R.O.W. se estaba enfrentando pudiera ganar.
Ácido extendió una palma, y Kenma supo que habían cesado.
Con otro intercambio de miradas, ambos chicos rubios se acercaron a la puerta. El S.C.A.R.E.C.R.O.W. no se encontraba por ninguna parte así que ellos salieron de su escondite; el engendro había seguido su camino.
Tsukishima tosió violentamente y cayó de rodillas al suelo; Kenma se cubrió la boca al ver el suelo y las paredes manchadas de sangre, la carnicera imagen solo era más espantosa por el cuerpo sin vida arrojado a un lado.
El cadáver tenía múltiples heridas profundas que iban desde sus brazos hasta su abdomen. Todo el pasillo olía a sangre.
—A… Akaizawa —reconoció Tsukishima—… él… vino con Akiteru.
Kozume llamó su atención para hablar con él.
«Estamos expuestos.»
No sabía si Ácido lo había entendido pero el rubio tomó de su muñeca y ambos comenzaron a caminar con cuidado. Cuando estaban por doblar una esquina, Tsukishima lo detuvo y le dijo que se acercaban algunos enemigos. Kenma no había sentido las leves vibraciones de pisadas, así que asumió que se tratarían de draculoides.
Ambos ya estaban listos cuando los enemigos vinieron.
El rubio de anteojos logró patear la mano del enemigo que estaba al frente, pateando su mano y arrojando hacia el aire la pistola que sostenía; Kenma se lanzó al aire y logró atraparla, disparando, antes de tocar el suelo, al pequeño grupo de dracs.
Por lo menos ahora ya contaban con un arma.
Pero Kenma sabía que si se encontraban nuevamente con ese S.C.A.R.E.C.R.O.W. estarían perdidos. Sombra se movía adherido a la pared, sabía que no era mucho pero de esa manera podía sentir las vibraciones de pisadas o bombas cercanas. Alertó a Tsukishima cuando sintió unos pasos venir a ellos con rapidez. Solo doblaría el pasillo y los encontraría…
Suspiró de alivio cuando notó que se trataba de Asahi.
—Por los dioses, están bien —se acercó a ellos con una sonrisa cansada y llena de desesperanza.
—¿Cómo se ve la situación desde dónde vienes? —preguntó Tsukishima.
La sonrisa se borró de los labios del mecánico.
—Están en todas partes —respondió—, nunca… nunca había visto algo así…
Los dos chicos se encogieron con manos en sus oídos cuando Kenma sintió otra bomba explotar muy cerca de ellos. El techo se sacudió y unas cuantas piedrecillas cayeron; como si podría ceder sobre ellos en cualquier momento.
—¿Han visto a Noya? —preguntó Amanecer.
Kenma y Tsukishima negaron.
—¿Daichi? —intentó el gigante.
Ambos le contestaron que «No».
Asahi parecía que estaba perdido, mordía su labio con preocupación; Kenma no lo podía culpar. Su situación era mala y no se veía que podía mejorar. Pero ellos eran killjoys, ¿no?
Estaban acostumbrados a las situaciones pésimas.
Esperaba que esta no fuera peor.
—De acuerdo —se decidió el mecánico, sus labios temblaban levemente al igual que las piernas de Kozume—; debemos movernos, si nos quedamos aquí seremos blanco fácil.
—Debemos mantenernos alerta —aconsejó Kei—, Kenma y yo vimos… un extraño híbrido que parece descompuesto, masacra todo lo que encuentra en el camino y en lugar de sus brazos tiene cuchillas largas.
El rostro de Asahi palideció, pero luego recobró el valor que intentaba sostener.
—Muy bien, movámonos. Kenma —Sombra lo miró—, tú mantente detrás de mí.
El killjoy de menor tamaño asintió y obedeció, agradeciendo en sus pensamientos que su mejor amigo pudo huir antes que ese desastre comenzara. Kuroo se merecía vivir.
—Ahí vienen —leyó los labios de Tsukishima.
Un drac corrió hacia ellos, Asahi levantó el largo y pesado mazo de cabeza negra que sostenía en sus manos. Kenma tuvo que ver a otro lado cuando Azumane destrozó su cráneo con su arma, parecía que se había tratado de una fruta vieja, la manera en que su cerebro salió disparado hacia todas las direcciones.
A veces se olvidaba de lo fuerte que era Asahi.
Desatascó su carnicera arma del cuerpo sin vida del draculoide y, sus músculos moviéndose con la energía cinética del impulso, atacó a otro enemigo a su lado; hundiendo su rostro en una sola intención. Podía abrir el paso para que ellos pasaran entre la multitud de enemigos sin cerebro y máscara monocromática.
Amanecer no vaciló, ni cuando su rostro se comenzó a llenar de la sangre de sus enemigos; no se encogió ni tampoco lloriqueó. Solo mantenía sus dientes perfilados en un gruñido silencioso mientras acababa con los invasores de su hogar.
Se sintió como una eternidad, lo único que Kenma podía oler era el hedor a sangre y muerte; caminaron por algunos pasillos para ver otros cuervos caídos, sus cuerpos estaban llenos de agujeros y su rostro se había dejado de identificar; parecía que había un enemigo que tenía metralletas.
Kozume le pidió a la Bruja Fénix que ellos no fueran los que se encontraran con él.
Shouyou…
Recordó a su amigo, debían ir por él, debían…
—Llegamos —Asahi estaba exhausto, respiraba dando grandes bocanadas de aire y se apoyaba sobre la pared—, es el lugar más seguro de toda la base… la armería…
Kenma corrió hasta ponerse frente a los dos cuervos.
«¡Shouyou!» urgió «¡Debemos ir por él!»
—¡Y yo debo ir por mi hermano! —demandó el de anteojos.
—Oh, no, no —los detuvo Asahi—; ambos se quedaran aquí —ordenó a su alrededor, las armas se habían caído por los seísmos que sacudían el Nido de vez en cuando pero no tenían compañía—. Tenemos suerte que este lugar no se haya llenado de dracs pero tarde o temprano vendrán, es nuestro deber protegerlo, si todas nuestras armas caen en manos de los enemigos… —no pudo continuar.
Kenma comenzó a mover sus manos, pero Azumane lo detuvo.
—No dejaré que corran el riesgo de encontrarse con algo peor que los draculoides, esperaremos aquí, resguardando la armería a que nuestros demás hermanos vengan y luego debemos marcharnos.
—¿Marcharnos? —retrocedió Kei, incrédulo.
Fueron interrumpidos por otro tremor, minúsculos escombros de tierra cayeron.
—Si esto sigue así, dudo que el Nido soporte más tiempo —condenó el mecánico—. Esperaremos a Daichi aquí.
¿Marcharse?
¿Cómo…?
Sus pensamientos fueron interrumpidos bruscamente cuando Tsukishima corrió, tomando tres katanas y luego se dirigió a la puerta. Asahi lo intentó detener.
—¡Debo ir por Akiteru, solo diez minutos y estaré de regreso!
—¡Tsukishima! —llamó el mecánico.
Kenma no quería quedarse de brazos cruzados y debía asegurarse que Shouyou estuviera bien, así que comenzó a correr pero en eso una multitud de dracs cubrió la puerta. Asahi tomó una metralleta de la armería y comenzó a dispararles. Kozume lo vio.
—Kenma, necesito tu ayuda —rogó.
Así que Sombra lo hizo, esperaría por su amigo y por todos los remanentes killjoys que estaban luchando por sus vidas.
Tanaka y Yamamoto tuvieron suerte de haberse encontrado en sus rotaciones de guardia y así contaron con pistolas, ahora se encontraban luchando cerca de la cocina, disparándole a los draculoides que estaban a través de la encimera y las estufas.
Los dracs eran lentos y estúpidos, a diferencia de los exterminadores, era fácil poder acabar con ellos, pero Ryu pensaba en lo que harían cuando sus balas se terminaran. Sabía que todo el ejército que los estaba invadiendo solo contaba con esos soldados sin cerebro; sin los androides ahí, tal vez podían ganar.
—¿Con cuántos contamos? —preguntó Tanaka.
Taketora asomó su rostro detrás del muro, antes que le dispararan y regresó a cubrirse al lado de Ryuunosuke.
—Cinco —informó—, tal vez seis dracs.
Tanaka sonrió.
—Acabaremos con ellos —aseguró— ¡No hay lugar para disculpa! —gritó con júbilo.
Revigorizado salió del su cubierta y comenzó a dispararle a los enemigos. Yamamoto había tenido razón, y en segundos su compañero ya estaba a su lado. Le dieron a uno, dos, tres, cuatro; los draculoides cayeron al piso y ellos retomaron su escondite, se dieron los cinco, ambos trabajaban muy bien juntos.
Y luego los disparos de los dracs dejaron de venir, ¿qué les había pasado a los remanentes?
—¿Eh? —se preguntó Tanaka.
Su pregunta fue respondida cuando un brazo metálico tomó a Taketora del cuello y lo hizo colgar del suelo. El ciborg de cabello café y corto… al que Yamamoto le había disparado en Ciudad Batería…
Taketora le apuntó con su arma pero el S.C.A.R.E.C.R.O.W. estrelló su cabeza sobre la encimera de la cocina.
Una.
Y otra.
Y otra vez.
Hasta que su rostro hizo una abolladura sobre la porcelana y él dejó de moverse.
El ciborg arrojó el cuerpo de Taketora a un lado sin cuidado y dirigió su atención a él. Ryuunosuke le disparó, pero parecían moscas para él. El S.C.A.R.E.C.R.O.W. se movía con lentitud, abrió su palma y lo señaló, sus dedos se doblaron hacia atrás dejando ver un agujero en su mano.
El lanzallamas.
Se lanzó al suelo cuando la pared de fuego fue derramada sobre él, pequeñas lágrimas salieron de las comisuras de sus ojos cuando el olor de su ropa y carne quemada llegó a su nariz. Mordiendo con intensidad su labio alcanzó la pistola abandonada por Taketora y apuntó hacia el rostro del S.C.A.R.E.C.R.O.W. El ciborg retrocedió y Tanaka aprovechó de patear con todas sus fuerzas su pierna para hacerlo caer.
El cuervo se arrastró lo más rápido que pudo y salió de la instancia sin ver atrás, cerrando sus ojos con fuerzas, maldiciendo su cobardía por haber abandonado de esa manera el cuerpo de Yamamoto. Pero él, completamente solo, no tenía ninguna oportunidad de ganarle a ese monstruo; nadie podía.
Necesitaba ir por todos los killjoys que quedaban y salir de ahí.
Akaashi estaba furioso.
Cuando los lloriqueos de la alarma se esparcieron por todo el Nido, corrió a su habitación para recuperar el par de glocks que guardaba al pie de su cama. Estiró su hombro y su cuello, sintiendo los huesos encajar en su lugar; estaba un poco oxidado, las últimas veces en las que había salido, prefería luchar con armas blancas o con solo una pistola.
Pero estaban bajo alerta roja y sabía que necesitaría de la fuerza de todos para poder sobrevivir.
Estaba furioso porque sabía quién era el causante de todo.
Todo el maldito asunto había sido predecible, dejaron entrar al caballo de Troya a su hogar y ahora todo se estaba yendo al infierno. El momento en que ellos perdieron fue exactamente cuando el droide entró por el taller.
Sacó dos cargadores con diecisiete balas y armó las glock; la noche anterior, cuando todos estaban ebrios y dormidos, Akaashi se había escabullido al cuarto de creación de bombas y había robado unos cuantos proyectiles especializados para acabar con el androide.
Guardó esos cargadores en las bolsas de su pantalón y disparó al primer draculoide que vio en el pasillo; el proyectil se hundió en medio de su máscara, donde el puente de su nariz estaría y cayó al suelo. Cuando el cadáver se desplomó vino otro detrás de él y jaló el gatillo nuevamente.
Reservaba un proyectil para cada enemigo, los acababa antes que llegaran lo suficientemente cerca como para tocarlo. Caían como dominós y así se abría paso en medio del pandemonio que había poseído al Nido. Se acercó uno y Akaashi estrelló su rostro a la pared, tranquilizándose al escuchar el suave «crack» de su cuello.
No buscaba una salida, aunque sabía que el Nido no era más que un barco hundiéndose minuto a minuto, segundo a segundo. No quería salvarse y huir de esos enemigos.
Lo único que quería era matar al responsable.
Aunque se llevara horas buscando en la base y al final fuera acorralado por multitudes de draculoides y sus balas se acabaran; encontraría al androide y le dispararía dos veces; una en su boca que escupía mentiras y la otra en su núcleo.
Atravesó la cafetería y entrecerró los ojos cuando lo notó.
Todavía tenía el descaro de fingir que luchaba contra un draculoide.
Akaashi disparó, directo a su brazo; Kageyama se exaltó y retrocedió del dolor. Histeria aún no había usado los proyectiles que lo desactivaban, quería que sufriera primero.
—¡Akaashi! —exclamó el pelinegro—. ¡Debo encontrar a Hinata!
—Todo esto —gruñó Histeria—… es tu maldita culpa, engendro.
Le disparó a todos los draculoides que lo rodeaban y Kageyama se preparó para enfrentarlo, Keiji volvió a disparar, esta vez apuntando al androide, pero el robot era elusivo y se movía más rápido que un humano. Corrió hacia él, haciéndose a un lado y dejando un proyectil de plomo pasar a su lado.
—Esto no es mi culpa —se defendió.
—Mientes —Akaashi corrió para encontrarlo y antes que chocaran lo pateó en el pecho, sacó el aire artificial del androide—. ¡Todo lo que sale de tu boca son mentiras! —rugió, arrojando un puño a su rostro.
Kageyama retrocedía y quería huir de él.
—Lo prometo —aseguraba—, Hinata se aseguró de quitarme el rastreador cuando salimos de Ciudad Batería.
Histeria cargó su glock y disparó tres veces, Tobio pudo eludir dos; el tercero impactó contra su pierna y cayó sentado.
—Por favor —rogó—, debo ir por Hinata, antes que sea demasiado tarde…
—Yo mismo lo salvaré después de matarte —gruñó.
—No, no lo entiendes —Kageyama se ponía de pie lentamente, más dracs comenzaban a entrar en la enorme cafetería—, todos los S.C.A.R.E.C.R.O.W. vienen. Oikawa se cansó de jugar.
Una ola de escalofríos lo dejó temblando, el fresco recuerdo del monstruo que le había arrebatado lo que más amaba.
¿Todos?
—¿Qué? —apuntó Histeria, mirándolo desde arriba—. ¿De cuántos S.C.A.R.E.C.R.O.W. hablas?
—Según los informes que existían antes que huyera de Ciudad Batería, los sujetos eran dos: Ushijima y Tendou. Pero tal vez Oikawa haya confeccionado más… en ese caso todos aquí abajo estamos perdidos.
Los ojos del androide reflejaban miedo crudo.
—Tú piensas como ellos —escupió Akaashi con enojo—, ¿cuáles son los planes de Oikawa?
—Matarlos a todos —condenó—, pero lo más urgente en la lista sería matar a Cuervo Nicotina.
Keiji se paralizó; claramente irían por la cabeza del grupo, arrancarían el problema de raíz.
Debía ir por Daichi.
—Tú vendrás conmigo —amenazó—, y si algo le sucede a nuestro líder, tú cabeza es mía.
—No puedo.
¿Eh?
—Maldito andr…
Kageyama se puso de pie y comenzó a retroceder de él.
—Debo ir por Hinata, antes que algo malo le pase. Lo salvaré y luego iré contigo por el líder, lo prometo —decía mientras se alejaba; Akaashi rechinó sus dientes y le apuntó.
Pero fue muy tarde y una horda de dracs lo rodeó.
—Mierda…
Comenzó a dispararles para deshacerse de ellos e ir a ayudar a Daichi.
Yaku corría con preocupación, mientras el suelo bajo sus pies temblaba sin cesar, las bombas caían y cada vez debilitaban más la base. Todos los draculoides venían de una misma dirección: Del lugar al que había mandado a Inuoka.
Esperaba que el chico estuviera bien.
Pero la parte realista de su cerebro sabía que era fútil; que el chico debería estar en el seno de la Bruja Fénix ahora.
Cruzó un estrecho pasillo y descubrió a un cuervo rodeado por un grupo de dracs. Yaku les disparó a todos, ayudando a su compañero killjoy.
Era Narita.
—¡Yaku! —le gritó corriendo hacia él.
—¿Estás bien?
—Olvida eso —urgió—, debemos correr de aquí.
—Debo regresar por Inuoka.
Narita negó, moviendo su rostro de lado a otro; Morisuke retrocedió con sorpresa y temor; su corazón se hundía al pensar que él había mandado al joven chico a su muerte prematura.
—Tenemos que correr, Yaku; Bobata y yo fuimos a la bodega a medir el daño y solo vimos sangre y daños demasiados grandes como para poderse reparar.
—¿Qué…?
—Y peor aún —sus ojos estaban abiertos como platos—, un S.C.A.R.E.C.R.O.W. demoniaco. Mató a Bobata y ahora viene hacia nosotros; ¡debemos darnos prisa!
Como si fuera señal, Yaku notó una figura doblar el pasillo, era tan alto como Kuroo y todo su cuerpo estaba lleno de sangre. Morisuke apretó su puño al sentir su corazón comenzar a acelerarse y sus piernas y manos ponerse heladas.
El S.C.A.R.E.C.R.O.W. caminaba hacia ellos, parecía que cada paso que daba era un pequeño salto, se movía como si fuera un niño jugando. Yaku tragó con dificultad cuando notó que en lugar de manos tenía dos cuchillas largas llenas de sangre y sus piernas eran metálicas.
—… es él… —urgió Narita, su voz se quebraba del terror.
Sintió otro seísmo sacudir el Nido y el ciborg corrió hacia ellos.
Yaku iba por su pistola pero el híbrido era demasiado rápido, dio tres saltos y ya estaba sobre ellos, pero al último brinco dio una vuelta y en cuestión de segundos su pierna retrajo los paneles metálicos y reveló otra cuchilla, tan larga como la longitud de su pierna y pie.
Horrorizado vio como rebanaba a Narita desde su rostro hasta abajo por la mitad.
¡¿Qué diablos era eso?!
¡¿Ese monstruo?!
La sangre salió disparada como una fuente y llenó más al S.C.A.R.E.C.R.O.W. y a Yaku.
El híbrido notó a Morisuke ladeó su cabeza, enfocándolo con sus ojos, sus labios estaban cosidos, pero sus comisuras se estiraban intentando perfilar una sonrisa. Cianuro se levantó del suelo e intentó correr, pero sus pies se deslizaban en la sangre regada de Narita.
Las piernas del ciborg ahora habían cambiado de forma y ya no tenía ningún miembro remanente; ahora eran dos cuchillas con una plataforma metálica que servía como resorte. Morisuke quiso gritar por la grotesca escena, sus oídos se sentían entumecidos y su garganta ardía por sus alaridos.
El S.C.A.R.E.C.R.O.W. dirigió su atención hacia él, lo miró con divertida atención.
Yaku movió un músculo y sintió la cuchilla entrar en su pecho, el ciborg se acercó y miró con retorcida curiosidad como la hoja de metal entraba y la sangre salía a borbotones. El killjoy respiraba con dificultad, el dolor era insoportable, lágrimas salían de sus ojos, lo último que vería sería la mirada demoníaca del S.C.A.R.E.C.R.O.W.
Escuchó las pisadas de otra persona corriendo en un pasillo de al lado, estaba lejos pero el sonido fue lo suficiente para llamar toda la atención del ciborg. Sin cuidado sacó la larga cuchilla, dejando libre la sangre que se derramaba de su cuerpo.
El S.C.A.R.E.C.R.O.W. comenzó a seguir el sonido de los pasos, comenzando a acechar a su próxima víctima. Yaku solo podía sentir su cuerpo ponerse frío, dejando de sentir primero sus piernas, seguido por sus brazos y luego su pecho. Hasta que se sintió cansado, como si no había dormido en siglos.
Dejó de oponerse y cerró sus ojos.
Hinata escuchó el estallido desde la habitación compartida de los rebeldes, la alarma les había informado a todos en la base que el ala este había sido violada y un gran grupo de draculoides se había infiltrado en el Nido. Recordó con retorcida ironía cómo él en su segundo día como killjoy le había preguntado a Sugawara si había enemigos dentro de la base al escuchar una pequeña explosión de Nishinoya.
Cayó otra bomba, sacudiendo la tierra lo suficiente para hacerlo caer de rodillas. Se cubrió la boca al escuchar pequeñas rocas caer del techo, como si un movimiento más de él haría que todo el maldito Nido cayera sobre su cabeza.
—Chico, ¿estás bien? —preguntó un cuervo, Shouyou giró su cabeza para encontrarse con Takeharu Futamata. El killjoy que tanto intentaba dormir cuando Kageyama y él estaban conversando.
—Sí, estoy bien —respondió.
—Parece que estamos en problemas…—opinó.
Hinata estuvo de acuerdo con él, Takeharu silbó en su dirección para llamar su atención, cuando Shouyou lo miró fue recibido por una pistola Ruger 9mm lanzada en su dirección. El cuervo de cabello naranja la atrapó y en la misma intención quitó el seguro que tenía. El chico llegó a su lado y con ayuda del menor arrojaron una de las literas para preparar una pequeña barricada.
—¿No deberíamos salir y buscar a los otros? —Quiso saber Shouyou.
—Lo más seguro de suponer es que primero vendrán olas de draculoides, ¿no escuchaste la transmisión? Tenemos infiltrados dentro del Nido, acabamos con esos inútiles y luego salimos para reunirnos.
—Oh —se asombró.
—De todas formas, son sólo lentos y retrasados draculoides, ¿no?
Cuando las explosiones guardaron silencio y el suelo dejó de sacudirse, se comenzaron a escuchar pisadas metálicas y lentas. Lo que miraron por la entrada, no fueron draculoides, sino una figura mucho más alta que Hinata y más grande que cualquiera de ellos.
Su boca se secó cuando el S.C.A.R.E.C.R.O.W. giró su rostro para ver dentro de la habitación y sus ojos se encontraron.
Parecía que no, no solo contaban con draculoides…
Futamata tragó sonoramente a su lado. El híbrido no se movía ni un milímetro; solo se les quedaba mirando, la oscuridad del pasillo envolvía su rostro y hacía que su ojo robótico brillara con luz carmesí.
—Eso es un S.C.A.R.E.C.R.O.W. —murmuró el killjoy oculto a su lado, no era una pregunta y no parecía que iba dirigida hacia Hinata. Inferno creyó que solo era él intentando convencerse que la situación que estaba en frente en realidad estaba pasando.
—Sí… —susurró Shouyou como agregado.
Los paneles metálicos de la mano del híbrido se iluminaron mientras se movían, produciendo un chirrido; Hinata sintió que todos los vellos de su cuerpo se pararon en punta.
Y fue la última advertencia que recibieron antes que el híbrido cargara hacia ellos.
Tuvieron poco tiempo para reaccionar pero ambos cuervos lograron quitarse del camino, el S.C.A.R.E.C.R.O.W. rompió la litera como si se hubiera tratado de cartón. Fragmentos desperdigados de madera y astillas volaron; Hinata se cubrió el rostro.
Él y Futamata estaban en diferentes extremos de la pieza.
Y el S.C.A.R.E.C.R.O.W. lo miró a él.
Hinata pensó rápido y antes que el ciborg comenzará a arremeter nuevamente, saltó sobre Futamata. El híbrido de cabello corto y café comenzó a cargar nuevamente hacia los dos; debían aprovechar el momento en que su enemigo no estaba usando armas.
Shouyou saltó sobre las piernas dobladas del cuervo para ganar altura y sacó su Ruger 9mm para dispararle al ciborg a la cabeza, en donde esperaba tuviera su núcleo.
Como si los segundos se alargaran como minutos, Hinata escuchó cada ruidoso latido de su corazón, sintió sus pies y la suela de sus zapatos dejar las piernas de Futamata, mientras el S.C.A.R.E.C.R.O.W. hacía vibrar el suelo con cada paso que daba.
Y cuando estuvo suspendido en el aire, moviendo la pistola en su mano para apuntarle al híbrido supo que: definitivamente él no le ganaría.
Antes de apretar el gatillo sintió el sólido cuerpo del ciborg arrojarlo a la pared.
Sintió el impacto en sus pulmones y por una mísera fracción de un segundo no pudo respirar. Cayó de golpe al piso, su cabeza palpitaba y por unos momentos sus jadeos solo eran chillidos.
Entonces ése había sido el gran S.C.A.R.E.C.R.O.W. que había vencido a Ala Revólver y a Histeria…
Shouyou apretó el mango de la pistola cuando el enemigo se dirigía hacia él, de repente, la atención del monstruo fue arrebatada por dos balas que le dieron en la espalda. El S.C.A.R.E.C.R.O.W. miró hacia atrás para ver que Futamata había logrado dispararle.
Aunque el híbrido ni siquiera le había prestado atención a la injuria, seguramente si conseguían darle múltiples balazos podrían acabar con él. Sin decir una palabra, aceptó el plan del otro killjoy y cuando el ciborg de cejas prominentes estaba por llegar a Futamata, Hinata logró darle en sus piernas.
Solamente que esta vez no logró llamar su atención.
Futamata le apuntó con la pistola y el S.C.A.R.E.C.R.O.W. atrapó su mano con su puño; el killjoy dejó salir un alarido cuando se escuchó el crujir de sus falanges. El rostro del ciborg no cambiaba, como si no estuviera consciente de lo que le rodeaba, pero aun así tenía reflejos más rápidos que los de un androide.
El S.C.A.R.E.C.R.O.W. movió con fuerza bruta la mano rota del killjoy lentamente y lo hizo apuntarse con la pistola que él tenía. Shouyou vio con crudo terror cuando Futamata se dirigió el cañón a su rostro. Inferno cerró sus ojos cuando escuchó el disparo.
Lo siguiente que resonó en sus oídos fue el sonido sordo del cuerpo de Futamata cayendo al piso.
Antes que el S.C.A.R.E.C.R.O.W. girara para encararlo, Hinata corrió y se lanzó al suelo, deslizándose sobre el piso hasta refugiarse debajo de la litera contigua. Era estúpido, era inútil, pero solo necesitaba salir de la habitación antes que el híbrido lo llegara a tocar, porque sabía que si eso pasaba, Shouyou no saldría vivo.
Pasaron tres segundos y se levantó una pared de fuego.
Logró salir ileso, pero el S.C.A.R.E.C.R.O.W. no le daba ningún respiro; y lo golpeó con puño cerrado en sus costillas cuando lo notó, Hinata se sostuvo su costado al sentir el dolor masivo comenzar a irradiarse por todo su cuerpo. El ciborg de mandíbula cuadrada corrió hacia él y volvió a propinar un puñetazo.
Hinata se dejó caer al suelo y el ciborg le dio a la pared, destruyendo las baldosas y haciendo un agujero.
Entonces lo escuchó:
—¡Hinata!
Era Kageyama.
El ciborg pareció alertarse, y si Shouyou no hacía algo, tomaría a Tobio desprevenido; así que corrió a la salida para alertarlo, gritó: ¡«Kageya…»! Y sintió el doloroso impacto de la pierna del androide lanzarlo hacia un lado. Se enroscó sobre su propio cuerpo, sus músculos se negaban a escucharlo.
Levantó su rostro para ver a Kageyama mirándolo con alarma, luego los ojos del pelinegro se dispararon hacia la dirección del S.C.A.R.E.C.R.O.W. y su rostro se contorsionó en una expresión de frío terror.
Y entonces el ciborg cargó hacia él.
Kei Tsukishima no tenía un plan.
El Nido estaba siendo destruido frente a sus propios ojos, su hogar se desmoronaba aun cuando los cuervos estaban dentro y no había absolutamente nada que él pudiera hacer. Las bombas sacudían el desierto y en algunos sectores de la base, el techo comenzaba a llenarse de grietas y agujeros.
Solo faltaban pocos minutos para que toda la maldita estructura los sepultara vivos. Así que Tsukishima no tenía un plan y ahora se encontraba corriendo por los pasillos como laberintos del Nido con tres katanas, lo único que pasaba por su mente era encontrar a Akiteru; una vez que hallara a su hermano, todo saldría bien.
No se detuvo a pensar si lo venían siguiendo.
Intentaba evitar los pasillos concurridos por los draculoides, aunque veía a sus compañeros de la resistencia ingeniárselas para acabar con los soldados sin cerebro, él solo necesitaba encontrar a Akiteru.
Paró en seco cuando se encontró en un callejón sin salida, rápidamente fue rodeado por un grupo de cuatro dracs. Kei respiró con pesadez y molestia, dejó caer las dos katanas de su hermano y sacó su arma del estuche haciéndola pivotar.
Logró alcanzar a dos dracs, rebanándole sus intestinos.
Se congeló por una fracción de segundo, todavía era chocante hacer tanto daño a su enemigo en una sola intención. Pero no podía perder tiempo, así que atacó al siguiente; aunque el peso entre la madera y el acero era ligeramente diferente, Kei podía manejarla como había practicado, como si su cuerpo supiera exactamente qué era lo que debía hacer.
Cuando cayó en cuenta, estaba acabando con el último drac.
Un tremor en el suelo lo trajo al presente y se enfocó nuevamente. Pequeñas rocas no dejaban de caer de las paredes y el techo, el tiempo se acababa y lo hacía rápido. Así que resumió su búsqueda, alcanzando las katanas y comenzó a trotar; pasando por los corredores, algunos habían sido bloqueados por paredes de tierra que en donde el techo se había caído.
¿En dónde estaba?
—¡Aki…! —comenzó a gritar y paró en seco en medio de un pasillo.
—¡Kei! —gritó su hermano al terminar de quebrarle el cuello a un draculoide.
Corrió hasta cerrar la distancia entre él y su hermano; paró a unos centímetros, suspiró aliviado. No tenía idea porqué se había preocupado, Akiteru podía defenderse solo, aunque sabía que tener su katana no le haría daño. El otro Tsukishima no se quedó conforme y lo recibió en sus brazos, dándole un beso en su sien.
—¡Kei, estaba tan preocupado! ¡Estás bien!
—Akiteru… tenemos que irnos —urgió y sin embargo apretó sus puños en su camisa.
—De acuerdo, de acuerdo —el mayor se alejó—; salgamos de aquí.
Le entregó sus armas y el más bajo las ató a sus lados, Kei lo imitó; al siguiente segundo la atención de ambos fue arrebatada por una serie de risillas calladas y enervantes. Era el S.C.A.R.E.C.R.O.W. que había visto con Kenma, solamente que ahora sus piernas se habían transformado en otro par de mortíferas cuchillas.
El par de rubios levantó su mirada para ver al contrincante con el que estaban a punto de pelear. Era alto, aunque Kei le ganaba; el de anteojos sacó su katana y separó sus piernas, tomando la posición inicial para atacar.
—Espera, Kei —advirtió antes que el menor emprendiera su ataque, esto lo tomó desprevenido—; no debemos precipitarnos.
Era cierto que el extraño híbrido contaba con cuatro espadas, pero ellos tenían tres. Sus risas eran inquietantes y los miraba con enfermiza atención como sus próximas presas.
El dulce sonido del filo deslizándose le avisó a Kei que Akiteru sacaba sus dos sables del estuche al mismo tiempo; el de anteojos miró de soslayo a su hermano, hacía años que no veía esa clase de expresión en él. El otro Tsukishima parecía que se estaba tomando muy en serio el inminente enfrentamiento.
Kei tragó con dificultad y lo imitó.
Maldito ese androide.
Maldito él y todo el imperio de dónde venía.
Él sabía que había sido una pésima idea dejarlo entrar en su guarida, ¿pero lo habían escuchado? No, y ahora lo único que hacían era sostener las cenizas que habían quedado de su hogar.
Akaashi sabía la misión que tenía frente a él, saldría del Nido y luego le clavaría una bala en medio de los ojos al androide. Estaba preparado para recibir la ira de Hinata, podría soportarlo si eso significaba matar al androide; debía haberlo hecho hace semanas, pero había sido demasiado débil con Shouyou.
Había creído que lo más importante era su felicidad.
Y ahora la debilidad de Keiji les había costado todo esto.
El plan del enemigo era obvio: «Acabar con toda la resistencia». ¿Y quién significaba más para toda la resistencia que el líder de los killjoys? El responsable de organizarlos, ordenarlos y crear estrategias. Nadie le causaba tanto dolor de cabeza al pomposo dictador como Cuervo Nicotina.
No tenía razones para dudar de la capacidad de Daichi en defenderse, pero pensaba que un poco más de ayuda no le vendría mal. Además, si las cosas no pintaban bien, Akaashi estaba dispuesto a no lograrlo, Sawamura era más importante que él.
Por otra parte, no le molestaría morir por una causa más grande.
Aun si eso significara no poner esa bala en medio de los ojos del androide.
Terminó el cuarto cargador y repitió el proceso de cargarla; ni siquiera se molestaba en mantener el número de muertos que llevaba. Se había encontrado con otros killjoys en el camino, Tanaka y Konoha; ambos le habían dicho que se dirigían a la salida, Akaashi les mintió, diciéndole que en un segundo iría tras ellos.
La realidad era que estaban en un edificio que se demolía y él solo bajaba de nivel en nivel.
Salir, si era que salía, se le dificultaría.
Cuando lo pensaba un poco más, ni siquiera estaba seguro que Daichi siguiera en su despacho, por lo que él sabía, Nicotina podía haberse encontrado cerca del taller y ahora estaba subiéndose al siguiente automóvil para salir de ahí.
No, no, eso no se escuchaba como Nicotina para nada.
Después de acabarse todas las balas del nuevo cargador, tocó la bolsa de su pantalón y chasqueó la lengua cuando notó que solamente le quedaban los proyectiles diseñados por Nishinoya; como no había ningún androide ahí afuera, solo las malgastaría; aun así, eran suficientes para cumplir la misión de asesinar a lo que fuera que Keiji apuntara.
Cuando llegó afuera del despacho de Daichi, Akaashi estaba preparado para todo, hasta para la pequeña posibilidad que Nicotina hubiera sido vencido. Para lo que no llegó listo fue para ver a Yachi siendo lanzada desde la pieza hasta el pasillo.
La cuervo voló por el aire y se estrelló de espaldas en la pared.
Akaashi se apresuró a su lado para ver si se encontraba bien, algunos rasguños y unos moretones comenzaban a formarse, pero ningún hueso roto o heridas profundas.
Sin embargo lo que desconcertó a Keiji era la manera en la que Canela lo miraba a él.
—Hi… Histeria… —murmuró con incredulidad, como si Akaashi era una aparición que había resucitado de los muertos.
—¿Te encuentras bien? —urgió el de cabello negro.
Hitoka solo asintió con la boca abierta y ojos llenos de terror.
—¿Qué hay de Nicotina? —Keiji comenzaba a preocuparse por el líder.
—Ni… Nicotina —tartamudeó.
La paciencia se le agotó e Histeria y se dirigió adentro del despacho, retrocedió pero al mismo tiempo se tranquilizó a la vez que notó a Daichi cubriéndose bajo el escritorio que servía como mesa cuando se reunían para realizar estrategias. La superficie de madera estaba llena de múltiples agujeros, de la misma manera que la pared detrás de Sawamura.
El líder de la resistencia había recibido un disparo en su brazo.
¡Un enemigo se encontraba ahí adentro!
Y a juzgar por los agujeros de balas, Daichi no era el único con un arma. Nicotina necesitaba refuerzos de inmediato. Le ayudó a Yachi a ponerse de pie para entrar al despacho nuevamente; la chica se miraba pálida, aunque no había recibido alguna lesión alarmante, como si su estado emocional hubiera sido comprometido.
Sin aviso alguno, comenzó una lluvia de disparos, Akaashi miró horrorizado como Daichi se cubría de los furiosos proyectiles que salían de la metralleta del enemigo. Teniendo refugio bajo el pesado escritorio.
Los disparos terminaron y Sawamura notó a Akaashi afuera.
—¡No! —gritó— ¡Histeria, márchate!
Eso lo tomó por sorpresa, ¿no quería Nicotina recibir ayuda? Claramente Hitoka le había estado ayudando antes. El líder no estaba siendo razonable, ninguno de los tres saldría de ahí sin su ayuda. Lo desobedeció y comenzó a entrar.
—Histeria —llamó la frágil voz de Espina de Canela—, tal vez deberías pasarte esta.
Ahora solo estaban siendo ridículos.
Lo último que vio fueron las facciones horrorizadas de Daichi cuando se lanzó al despacho y aterrizó al lado de Nicotina detrás del enorme escritorio. Las balas seguían sin reanudarse, el enemigo estaba recargando, solo tenían esta oportunidad, así que Keiji sacó su cabeza por encima de la mesa y lo vio…
«Oh…»
—Oh, no, no, no, no… por favor… por favor no…
No reconocía su voz, no podía escuchar nada, ni la voz de Nicotina, ni la de Hitoka, ni el ruido de la ametralladora siendo cargada una vez más.
Él…
Eso…
Eso no podía ser…
¿Qué le habían hecho?
—…kaashi —escuchó su voz— ¡Akaashi!
No, no era él, era Daichi quien lo llamaba. Keiji no quería quitar la mirada de eso porque tenía miedo que desapareciera, que se tratara de un espejismo. Eso terminó de cargar su enorme arma de fuego… no… no era su arma, era su brazo; o… por lo menos donde su brazo estaría.
Sus ojos dorados no lo miraban.
Pero tenía que ser un espejismo, ¿verdad?
—¡Akaashi! —Gritó su líder, sacudiéndolo de hombros, lo sentó al suelo con fuerza para que se refugiara en el escritorio— ¡Akaashi, escúchame!
¿Pero qué era eso?
Hitoka le intentaba disparar fútilmente.
—¡No es real! —Seguía exclamando Daichi, Histeria estaba más enfocado en las preguntas que su mente hacía—. ¡Están utilizando su imagen para confundirnos! ¡Él no es Bokuto!
Bokuto.
Ahí el nombre que había tenido miedo de mencionar hasta en sus pensamientos; porque si lo mencionaba lo haría real y él estaba muerto, ¿No?
Sí, sí lo estaba; Keiji lo vio caer del helicóptero.
—Esta… muerto —se escuchó decir, porque necesitaba saber que lo estaba y eso definitivamente no era él.
—¡Sí! —Daichi intentaba traerlo de regreso a su cordura—. Eso es un maniquí, ¿me entiendes, Histeria? Necesito que asientas si me entiendes.
Histeria giró su rostro para ver a Hitoka, la pequeña chica lo veía como si en cualquier momento se volvería loco. Keiji buscó su voz para decirle que tomaba de algo más que los juegos sucios de BL/ind para tomarlo desprevenido, pero falló.
Sentía como si alguien estaba halando las esquinas de su pecho y las prendía en fuego. Como si había luchado por mantener todo pensamiento de Kou… él en una presa dentro de su cerebro y haber visto ese maniquí había hecho un pequeño agujero.
Y este a su vez otro.
Y otro más.
—Akaashi —llamó Daichi.
«Confío en ti» Fueron las palabras que no dijo.
Eso no era él.
Esa máquina no era él.
BL/ind había escupido en su memoria utilizando un maniquí que lo imitara y ahora había invadido su hogar. ¡El hogar en donde habían creado los recuerdos más felices de toda su vida! El hogar en donde ambos habían reído como adolescentes y amado con toda su alma.
Ellos no podían tomar eso.
Akaashi no dejaría que lo tomaran.
Haló la corredera de su glock y cargó una bala en la recámara, esos S.C.A.R.E.C.R.O.W. eran mitad robots, ¿verdad? Solo necesitaba una bala y la onda de choque desactivaría todo su sistema.
Se mordió los labios hasta sentir el sabor de la sangre, recuerdos… dolorosos recuerdos venían a su mente; el intercambio en una conversación hace mucho, como si hubiera pasado en un sueño:
Ellos conduciendo el Nova de Kuroo, Shouyou en el asiento trasero, Akaashi conduciendo y Koutarou en el asiento del pasajero; vitoreando y riéndose, tan fuerte como solo él podía.
«De esto es de lo que hablo» Su voz se escuchaba tan clara, como si él estuviera a su lado «Esta… ¡Libertad! De esto se trata vivir. Sin paredes, sin ojos que te miran, sin esos malditos lavados de cerebro».
No podía darse el lujo de llorar, no cuando esa repulsiva copia aun estuviera de pie.
«No lo sé, hombre, ser controlado por drogas; perderte de esa manera… es lo peor».
Lo hacía por él, por sus palabras, por lo que hubiera querido si estuviera ahí. Akaashi ya sabía qué hacer para honrar su memoria y eso era seguir sus deseos.
«Preferiría una bala en mi cabeza cualquier día».
Eso era lo que él querría.
Así que apuntó la glock en medio de los ojos dorados del maniquí y apretó el gatillo. El estallido de una bala, nunca se había escuchado tan fuerte en sus oídos.
Cómo pueden haber sabido… o no, tengo unos problemas con mi teclado entonces no prometo poder escribir el siguiente capítulo pronto porque no sé hasta cuándo será arreglado ;_; -llora por la eternidad-
Me encanta escuchar de ustedes, así que son libres de gritarme, llorarme, quejarse xD de todo en un comentario.
Nos leemos luego~
