Muchas gracias a todos ustedes hermosas personas que mandaron plegarias para mi teclado!

¡Tengo uno nuevo y un cerebro rebosando de ideas!

Lamento la demora, pero aquí lo tienen, nuevo capítulo, recién salido del horno.

Espero que les guste.

No me canso de agradecerle a mi adorable beta Ren, Por siempre ayudarme con cada capítulo,
Eres la mejor, hermosa!

Bienvenidos a los nuevos lectores, gracias por leerme y espero que se queden hasta el final :D

Solo, por si les interesa, escribí el capítulo mientras escuchaba las canciones de Two Steps from hell, la primera "Strength of a thousand men" y la segunda "Star sky" son libres de escucharlas y les aseguro que les hará la lectura 1000000x veces mejor.

Advertencia de gore.

»Nombres de killjoys:
Cuervo Nicotina: Daichi Sawamura.
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka
Eclipse Impuro: Akiteru Tsukishima
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai
Choque Binario: Tobio Kageyama.«


Pompeii pt.2

Era fútil pero Akaashi intentaba no pisar la madera más roída bajo sus pies, trataba de hacer el menor ruido posible. No quería ser descortés y terminar despertando al otro. Aunque la luz del sol era cegadora, él se había acercado a la ventana para ver debajo de ellos.

Estaban en un motel en medio de la carretera, después de una misión en una zona lejana y luego de una semana regresaban al Nido. La estructura había visto mejores días, y las tuberías gritaban cuando algunas gotas de agua pasaban por ellas, el piso de madera crujía y el papel tapiz estaba apolillado en las esquinas.

Los ardientes rayos chocaron en su rostro, afuera en el desierto algunas personas ya estaban despiertos y comenzaban a hacer sus actividades diarias. A veces ellos pasaban tanto tiempo bajo tierra que Keiji se olvidaba que arriba en el desierto había un ecosistema completo. Escuchó el suave crujir de las sábanas en la cama detrás de él, seguido por el rechinar del piso de madera.

Así que no se sorprendió cuando dos brazos rodearon su estómago y sintió el calor de un torso desnudo en su espalda; Akaashi se relajó inconscientemente y agarró una mano para llevarla a sus labios y darle un beso de buenos días.

Sabes, Akaashi —comenzó.

¿Mmm?

He estado preguntándome, ¿cómo es que eres tan bueno disparando?

Keiji sintió el peso en su hombro y con la esquina de su ojo logró notar la montaña enmarañada de cabellos negro, blanco y uno que otro tono de gris.

No lo sé, la práctica y experiencia supongo, pero nunca lo consideré algo difícil. Solamente veo un blanco, siento la dirección del viento; me concentro y disparo.

El otro cuerpo se revolvió a su lado y el brazo en su abdomen casi se separa de él, Keiji sostenía la otra mano encarcelada en sus falanges para que no se fuera.

¿Eh? ¿Solo eso? ¡No es justo! ¡Tú habilidad es innata!

Akaashi resopló con diversión por el comentario.

¿Estás celoso? —le preguntó.

Sí —aceptó el otro, Keiji podía imaginar el puchero que hacía con sus suaves labios y se sintió tentado a besarlos—, pero ya verás, ¡te haré fallar un día! ¡No puedes ser perfecto, Akaashi!

El pelinegro siempre sentía su corazón flotar un poco más a la estratósfera cuando escuchaba su nombre ser pronunciado por él; y la manera como siempre alargaba la segunda «a» más de lo debido. Eso más la adición de sentir cosquilleos en su cuello producto de las hebras rebeldes de su cabello y la cálida respiración pegada a su mejilla, y el peso de su cabeza en su hombro.

Keiji no podía sentirse más amado.

¿Fallar? —Preguntó el de cabello azabache— ¿Cómo lo harás? ¿Moverás mi brazo cada vez que apunte?

No, eso es muy fácil —descartó sin preocupación.

¿Oh?

Haré otras cosas… ¡Te daré besos! —Cuando terminó, sintió sus labios en su mejilla, y el ruido de un beso rápido e inocente; como se esperaría de un chiquillo de cinco años—. Puedo desconcentrarte con mis encantos masculinos y de casanova.

Akaashi se rio; atrás de él podía sentir el barítono vibrar de su torso mientras dejaba salir risillas.

¿Tú? —Seguía riéndose—. ¿Tienes encantos?

Él dio una bocanada de aire llena de sorpresa, pero Akaashi miraba de soslayo la sonrisa pícara que tenía. Herido, el cuerpo atrás de él comenzó a quitar su brazo que lo rodeaba en un abrazo íntimo, pero Keiji no lo permitió y detuvo la mano en su lugar; no quería que el otro se alejara de él, así que el pelinegro le dio otro beso en el dorso de su callosa mano.

¡Cruel! —Exclamó, un poco ofendido—. ¡Ahora es personal! Te haré fallar, Akaashi, lo prometo.

El eco del disparo retumbó en las cuatro paredes y cuando Histeria volvió en si miró frente a él, al monstruo que se asemejaba a Koutarou… su rostro estaba intacto.

Había fallado.

Había visto su blanco, y no contaba con dirección del viento y aun así había fallado.

Y ahora era demasiado tarde porque el maniquí había terminado de cargar su metralleta, Akaashi escuchó el golpe del metal y su corazón se hundió. Fue débil y ahora le costaría la vida; su garganta se secó cuando el enorme cañón metálico le apuntó.

El ciborg lo acribillaría como a un alfiletero.

La enorme pistola se cargó.

Y entonces los ojos dorados cansados y llenos de ojeras lo miraron.

Uno.

Dos.

Tres segundos y el S.C.A.R.E.C.R.O.W. no disparó; solo lo veía a los ojos.

Fue lo suficiente para que Akaashi lo supiera.

Era él.

No se trataba de un maniquí, de un androide construido para asemejarlo y burlarse de los killjoys… era el verdadero Koutarou Bokuto.

Y lo habían roto.

Despojado de su propio sentido común e individualidad, habían experimentado con él hasta que se convirtiera en esta… cosa sin pensamiento. Ambos se veían, orbes color negro con irises dorados como oro que parecían muertos…

La mirada de Keiji se humedeció.

Una mano lo tiró de su muñeca con fuerza hacia abajo; todo el mundo de Akaashi se movió con violencia y cayó sentado en el suelo. Nicotina lo veía con alarma.

—¿Akaashi? ¿Qué fue eso? —Le urgió— ¡Casi te dispara!

Keiji solo negó, moviendo su rostro de un lado hacia otro.

—Es él —murmuró—, es Bokuto y me reconoció.

—No creo…

—¡Tú lo viste, cruzamos nuestras miradas y él no fue capaz de dispararme!

—Histeria, si ese fue Bokuto, ya no queda rastro de él —decidió con dureza el líder.

—¡No, no! ¡Todavía hay un atisbo de él! ¡Lo sé, lo vi!

—Hace un rato nos disparaba a Yachi y a mí con libertad — lo contradijo.

—Por favor, Daichi —rogó, luchando porque las lágrimas no se comenzaran a formar nuevamente.

—¿Qué me estás pidiendo?

Fueron interrumpidos por un chubasco de balas, el S.C.A.R.E.C.R.O.W. les estaba disparando, reanudando su ataque anterior.

—¡Ayúdame a recuperarlo! —Gritó, en medio de las explosiones de pólvora— ¡Todavía queda algo en él! ¡Lo sé!

—Es endemoniadamente rápido, mucho más que antes, Yachi casi se acerca a él y la golpeó fuera de la habitación. Y tampoco podemos acercarnos a tocar sus manos sin ser acribillados por esa metralleta.

Keiji miró al suelo, intentando buscar la respuesta, sabía que podían hacer algo; necesitaba recuperarlo. Aunque nunca regresara a ser Bokuto, se quitaría la vida si dejaba regresar a su amado a Ciudad Batería, para cumplir los caprichos más sanguinarios y retorcidos que al dictador se le antojara.

Tenía que haber una manera.

Debía de…

—Podemos sedarlo —Yachi lo sacó de su tren de pensamiento.

Histeria la vio.

—Tengo unos cuantos venenos, pero también sedantes, lo suficientemente fuertes como para dormir a un caballo.

—Es imposible acercarnos —opinó Daichi—; y Akaashi sé que estás emocionalmente comprometido, pero alguien debe ser razonable aquí —exigió—. Lo que le hicieron a Bokuto… no creo que haya retorno.

Sus labios temblaron y sus ojos ardían, porque Nicotina hablaba con lógica. Porque lo más factible era acabar con Koutarou, no llevarlo adonde fuera que ellos irían ahora. Histeria no tenía el valor de ver atrás del escritorio y encontrarse con el rostro de Bokuto cubierto por una máscara de gas y mutilado.

Se tragó la bilis que sentía quemar por su esófago para no vomitar todos sus adentros.

—Por favor —rogó, no le importaba perder su dignidad, orgullo, porque nada de eso tenía sentido alguno si tenía a su difunto Koutarou con él otra vez—, sé que hay algo ahí, ¡lo puedo sentir! Tú lo viste, él no me pudo disparar; me reconoce, lo haré recordar.

Daichi rechinaba sus dientes, Yachi comenzó a cargar la jeringa metálica que siempre traía con ella; su arma característica era la de inyectar una pequeña dosis de potente veneno a sus enemigos, quienes caían muertos en menos de un segundo.

Además de eso, ella contaba con un cable confeccionado especialmente para ella; hecho con más de cinco metales fundidos en una aleación flexible y sumamente fuerte como para romperse. Hitoka era experta haciendo nudos, y podía atar cualquier cuerpo en movimiento; lo utilizaban para mantener a los heridos completamente inmóviles.

Eso les podría servir ahora; aunque ella sería la más expuesta a Koutarou.

Ambos miraron a Nicotina; ¿dejaría él a la más frágil de los killjoys enfrentarse con el S.C.A.R.E.C.R.O.W.? Akaashi no tenía ni la sombra de una duda para hacerlo.

—Tenemos que ser rápidos —decidió Nicotina.

Akaashi quiso ignorar el sentimiento de esperanza crecer en su pecho; así que solo asintió. Si Keiji podía llamar su atención por suficiente tiempo, entonces Yachi podría inyectarle el anestésico.

Así que Histeria salió de su escondite y ahí estaba…

Solamente que esta vez Bokuto apretó el gatillo, Daichi lo tiró de su mano nuevamente y él cayó al suelo antes que la pared de balas le diera. Sus oídos se ensordecieron por la avalancha de pólvora y balas.

Tal vez Koutarou no lo reconocía, después de todo.


Hinata cerró sus ojos por instinto cuando miró al S.C.A.R.E.C.R.O.W. del tamaño de una montaña correr hacia él con intención de reducirlo a puré. Se encogió cuando escuchó un estruendo y el piso tembló levemente, abrió los ojos para ver que Kageyama había alcanzado a ponerse entre él y el ciborg antes de que llegara hacia él.

Tobio mantenía su posición, deteniendo los enormes brazos del enemigo, pero su cuerpo temblaba; no podía contener al híbrido. El S.C.A.R.E.C.R.O.W. ganó en fuerza y el pelinegro recibió un golpe en su rostro, arrojándolo al suelo.

—¡Kageyama! —gritó Inferno.

Cuando el ciborg de mandíbula cuadrada giró su rostro para dedicarle la atención nuevamente, Hinata tragó con dificultad; pero antes que el híbrido hiciera algo más, Kageyama ya estaba de pie, intentando enfrentarse contra él.

Solo para ser derribado con una patada en su estómago.

Shouyou no podía quedarse de brazos cruzados mientras molían al androide a golpes.

—¡Hinata, no te atrevas! —vociferó antes que el pelirrojo moviera un músculo—. ¡Yo me encargaré de él!

«Testarudo androide irresponsable» Pensó Inferno, Kageyama no podía ganarle por sí solo.

Aunque…

Tobio podía no igualarle en la fuerza, pero su velocidad era casi similar, atrapó el siguiente puñetazo del S.C.A.R.E.C.R.O.W. y haló su cuerpo hacia el suyo, encestándole una patada directo al rostro del lado humano del ciborg. El enemigo retrocedió del golpe, el androide claramente era más fuerte que un humano. Aun así, por cada centímetro que el ciborg retrocedía, Kageyama lo hacía por medio metro.

Hinata apuntó con su pistola, pero fue tomado por sorpresa por la voz del androide.

—¡Hinata idiota, hablo en serio! —reprendió el de cabello negro; solo para perder la concentración por un milisegundo y ser arrojado hacia otra litera, quebrándola con su peso.

—¡¿Qué?! ¡¿Eres idiota?! ¡Si no hago algo el S.C.A.R.E.C.R.O.W. te matará! —gritó.

—¡No me-! —fue interrumpido cuando el ciborg lo levantó del suelo y golpeó su rostro, arrojando su cabeza de latigazo hacia atrás— ¡No me importa! —repitió, cerrando un ojo debido al dolor.

—¡Ridículo! —vociferó Inferno— ¡Estás siendo ridículo!

Hinata corrió para ayudarlo, pero antes que él llegara cerca del S.C.A.R.E.C.R.O.W. Kageyama ya estaba en frente, obstruyéndole el paso. Solamente para dejar que el híbrido lo capturara y lo golpeara, estrellándolo a la pared.

—Cállate —gritó el pelinegro antes que comenzara a toser sin control.

El ciborg de mirilla telescópica levantó al pelinegro del suelo, aun cuando Tobio seguía tosiendo y lo lanzó a través de la habitación; Kageyama golpeó la pared y cayó al suelo. Antes que Shouyou pudiera hacer algo, el S.C.A.R.E.C.R.O.W. comenzó a correr hasta alcanzar velocidad en el reducido cuarto, el androide intentó detenerlo, pero el ciborg se estrelló contra él, destruyendo la pared y cayendo al cuarto continuo.

La pieza se llenó de polvo y humo, y luego un estruendo volvió a sacudir la base.

Hinata sintió escalofríos arrastrarse por todo su cuerpo cuando el agujero que se había hecho por la fuerza bruta del híbrido seguía; atravesando tres habitaciones. Shouyou cruzó los huecos hasta escuchar una serie de golpes, uno, dos, tres, cuatro, cinco… Sonaba como metal contra metal.

Llegó para ver que el S.C.A.R.E.C.R.O.W. mantenía a Kageyama acorralado en la pared y lo golpeaba con tremenda fuerza, mientras, el pelinegro se intentaba defender cubriéndose con su antebrazo. La fuerza había sido tanta, que Tobio había perdido la piel de su brazo, ahora el ciborg golpeaba el esqueleto mecánico sin misericordia.

Inferno no lo pensó dos veces y le disparó al híbrido, la bala impactó en su espalda. Suspiró de alivio cuando los golpes se detuvieron y los ojos del híbrido se dirigieron a él.

—Hina… —intentó articular el androide, demasiado débil.

El S.C.A.R.E.C.R.O.W. lo abandonó y Kageyama ni siquiera podía mantenerse de pie; el de cabello azabache cayó al suelo. Shouyou disparó intentando detener al ciborg, pero era inútil, se congeló cuando escuchó que su pistola se había quedado sin balas.

Cuando acordó tenía un arma en frente de su rostro, el híbrido lo miraba hacia abajo.


El primer ataque tomó a Tsukishima desprevenido, el enemigo de la boca cosida, dio un salto y al siguiente segundo ya estaba frente a él; miró esos ojos demoniacos y luego fue empujado hacia atrás.

La espalda de Akiteru estaba frente a él ahora, su hermano había contenido el ataque con su espada, las dos cuchillas chocaban y rechinaban. Eclipse logró alejar al S.C.A.R.E.C.R.O.W. y volvió a la misma posición. El ciborg se estremecía como si se estaba riendo.

—¿Estás bien? —preguntó su hermano, sin quitar la vista de enfrente.

—Lo siento… sí —murmuró poniéndose de pie.

Y ahí la realización de lo que pasaba lo golpeó, éste era un S.C.A.R.E.C.R.O.W. un temido y fuerte S.C.A.R.E.C.R.O.W. No solo eso, había algo en ese ciborg que no se apegaba al modus operandi que se describían en los informes.

¿Cuánto podían haber experimentado con él como para cortarle todos los miembros, coserle la boca y que aun así se estuviera riendo?

—¡Kei! —gritó su hermano.

El de anteojos sostuvo su katana cuando el S.C.A.R.E.C.R.O.W. saltó y lo intentó atacar con su brazo; el ciborg no tomó de más tiempo y giró de espaldas para atacar con el otro brazo. Tsukishima recibía cada golpe lo mejor que podía, pero el híbrido se movía con demasiada rapidez y con cada impacto, el rubio sentía que su aliento era sacado de sus pulmones con fuerza.

No vio cuando el S.C.A.R.E.C.R.O.W. convirtió sus cuchillas en manos y atacó con una pierna, parándose sobre sus manos metálicas. Kei fue empujado hacia atrás y luego sintió el ardor como picadura en su brazo, la ropa estaba rota y la piel también. Una herida limpia, que comenzó a sangrar al instante.

El ciborg tenía nuevamente las cuatro cuchillas.

Tsukishima no pudo hacer más que ignorar la herida.

Akiteru atacó al S.C.A.R.E.C.R.O.W. por la espalda, pero el monstruo de boca cosida se defendió; Kei comenzó atacarlo al mismo tiempo. El ciborg podía mantener el ritmo de los dos Tsukishimas, intercambiando de brazos entre ellos, dando vueltas como si estuviera jugando con ellos.

Hasta que saltó de espaldas parándose sobre sus manos y pateó a Kei con una pierna metálica en su rostro.

Cuando el rubio cayó nuevamente escuchó las risillas del S.C.A.R.E.C.R.O.W. El de anteojos rechinó sus dientes, se sentía impotente al ver a su hermano defendiéndose; Kei se preocupó cuando el ciborg comenzó a hacer retroceder a Akiteru y terminó al igual que con él, dándole una patada en el pecho.

Su hermano pudo cubrirse cruzando sus dos katanas frente a su pecho, Akiteru solo se deslizó unos cuantos centímetros, levantando un camino de polvo.

Eclipse cargó contra él, dejando la defensa y concentrándose en la ofensiva; con sus dos armas, reducía los movimientos del S.C.A.R.E.C.R.O.W. Akiteru logró cortar su cuello y golpeó su estómago, haciendo que el híbrido retrocediera.

La escena era perturbadora, el killjoy original había rebanado con un corte limpio el cuello del enemigo. El S.C.A.R.E.C.R.O.W. había quedado con su cabeza colgando de un hilo de piel, todo su rostro estaba doblado y de cabeza. Riachuelos de sangre bajaban por el muñón del cuello.

Sin embargo, el cuerpo no caía al suelo.

—Aki… —llamó Kei, comenzando a preocuparse.

El otro rubio le hizo una señal que no se moviera.

El cuerpo del S.C.A.R.E.C.R.O.W. se estremeció y de golpe se inclinó hacia adelante, la cabeza cayó en su lugar y, poco a poco, la sangre se detuvo, haciéndose coágulos grandes; luego el líquido viscoso carmesí comenzaba a regresar, la herida se cerraba y la piel se regeneró.

—¿…estás de broma? —preguntó Akiteru sin aire en sus pulmones.

El S.C.A.R.E.C.R.O.W. corrió y se lanzó sobre sus manos, empujándose con sus muñecas para tomar rapidez con las cuchillas en sus pies. Su hermano se lanzó al suelo para evitar el ataque; rodó y rápidamente se incorporó al lado de Kei.

—¡Akiteru, estás sangrando! —avisó el de anteojos al ver una mancha roja en el brazo del otro.

—Sí, me alcanzó por unos instantes, estoy bien.

—¿Cómo venceremos a esa cosa? —El de anteojos ni siquiera podía pensar claramente; pero Akiteru tenía las respuestas para todo.

¿No?

—No tengo idea —respondió su hermano.

No…

El S.C.A.R.E.C.R.O.W. ladeó su cabeza a un lado y luego al otro, estirando su cuello, como si estaba rectificando sus vértebras. El enemigo volvió a correr en su dirección, dando grandes zancos hasta caer sobre ellos; Kei sintió cuando Akiteru lo empujó a un lado, haciéndolo evadir el ataque frontal del ciborg.

El híbrido saltó hacia Ácido otra vez y Kei utilizó su katana para resguardarse, intentando seguir el paso de las cuatro cuchillas del híbrido; Akiteru lo atacó por la espalda, hiriéndolo; pero al paso de unos segundos ya estaba sano nuevamente.

Sabía que, si su hermano no estuviera ahí con él, no duraría ni un minuto con el S.C.A.R.E.C.R.O.W. Mientras, su contrincante parecía enfervorizado de toda la pelea, si no fuera por el hilo de sutura que cosía sus labios, se reiría a carcajadas.

En lugar de eso, solo se estremecía de la felicidad y atacaba sin reservarse de nada. Akiteru daba saltos hacia atrás para no ser atravesado por las extremidades del ciborg; Kei hacía lo mismo.


Escuchó el click del gatillo siendo apretado y luego fue empujado hacia una pared. El golpe de su espalda contra la superficie dura resonó en sus pulmones y se deslizó al suelo. Abrió los ojos y revisó todo su cuerpo, aparte del golpe; no tenía otra lesión, ni alguna herida de bala.

Miró adelante y notó que Kageyama lo había empujado lejos, y ahora estaba frente al S.C.A.R.E.C.R.O.W. el disparo le había dado a él, en un brazo.

Pero Tobio no se movía.

Sus ojos estaban completamente blancos, brillaban como si cada orbe fuera una linterna blanca y sus brazos eran delineados por venas sinuosas que iluminaban la oscura pieza. Hinata se estremeció, Kageyama solo lucía así cuando recibía una carga inmediata de plus, pero la última dosis había sido ayer.

¿Qué le estaba pasando?

Y sin embargo, no hubo tiempo de responder pues el S.C.A.R.E.C.R.O.W. cargó contra el androide como si fuera un rinoceronte; empujándolo con fuerza bruta hasta que Kageyama atravesó la pared como si se hubiera tratado de papel. Estruendo seguido por otro, lo único que quedaba detrás del par era una densa pared de polvo.

Shouyou no tuvo otra opción que seguirlos.

Se congeló cuando notó que Tobio había parado al S.C.A.R.E.C.R.O.W. Sus piernas se enterraban en el suelo, retrocediendo solamente unos centímetros por la fuerza bruta del ciborg, pero Kageyama estaba inmovible. Lo perturbador para Shouyou era que su androide mantenía el mismo rostro en blanco, con orbes luminosos y venas fluorescentes.

Logró alejar al enorme híbrido con una mano, lo suficiente para propinarle un puñetazo en el rostro.

Con un sonoro golpe, lo mando volando a otra habitación.

El androide nunca había demostrado tanta fuerza.

¿Qué diablos le estaba pasando a Kageyama?

Tobio siguió al S.C.A.R.E.C.R.O.W. hasta la habitación en la que había aterrizado; Hinata tenía miedo, pero estaría loco si abandonara al androide. Los tremores en el Nido habían pasado a segundo plano, el pelinegro de ojos azules y el híbrido de mandíbula cuadrada estaban destruyendo la base por ellos mismos.

El S.C.A.R.E.C.R.O.W. estaba arrojado en las duchas, en el golpe, había roto una caseta y las losetas estaban desperdigadas por doquier. Kageyama esperó que el híbrido se pusiera de pie antes de volver a atacar, Hinata no sabía si debía llamar por él. Lo… que fuera que estaba pasando, era la primera vez que Tobio lucía así.

Una parte de él se preguntaba si seguía siendo su androide.

El ciborg corrió hacia él intentando volverlo a apisonar contra el muro; pero cuando Tobio lo detuvo, el S.C.A.R.E.C.R.O.W. golpeó su estómago con su rodilla, Kageyama solamente saltó hacia atrás; muy diferente a lo que había pasado antes.

Tobio era tan rápido que el ciborg no tenía suficiente tiempo para convertir su brazo en cualquier otra arma. El androide hacía retroceder a su oponente, arrojándolo de un lado a otro, con cada puñetazo que propinaba; el pelinegro luego lo pateó en el estómago, pero ahí el S.C.A.R.E.C.R.O.W. tomó su pierna para aventarlo al piso.

Kageyama hizo un agujero del impacto, pero parecía que no sentía dolor, sus ojos seguían refulgentes y sus venas también. Como si estuviera recibiendo una carga inagotable de plus.

En fracciones de segundo ya estaba de pie otra vez, su piel no se rompía con los golpes, parecía que podía soportarlo todo. Golpeó al S.C.A.R.E.C.R.O.W. pero se defendió, cubriéndose con su brazo metálico; se escuchó un estruendo y el ciborg fue empujado hacia atrás.

Cuando la pared de polvo se disipó, Hinata notó que el brazo del híbrido estaba roto.

Su androide no reparó en eso y al siguiente segundo volvió a atacar. Arrojándolo hacia una pared, atravesaba los ladrillos; a Shouyou se le estaba dificultando seguirlos, Kageyama se movía demasiado rápido. El S.C.A.R.E.C.R.O.W. ni siquiera atacaba más.

La diferencia entre las dos fuerzas era abismal; Tobio era superior en todo sentido, fuerza, rapidez, estrategia, habilidad. Nada de esto tenía sentido, la manera como se movía, a Hinata solo le venía un recuerdo a su mente. Esos movimientos, esa violencia, los deseos de hacerle daño a su enemigo.

Se parecía mucho a Oikawa.

La estridencia que producía cada golpe, de metal contra hierro era insoportable, Hinata sentía como si alguien estaba metiendo alfileres en sus oídos. Ahora Tobio lo golpeaba con sus dos puños, el enemigo mitad humano no se movía, mientras el pelinegro lo acababa a puñetazos.

El androide terminó elevando el enorme cuerpo del ciborg sobre su cabeza como si no pesara más que una muñeca y lo estrelló al suelo de golpe.

Su gigante enemigo no siguió moviéndose.

Shouyou corrió hacia el chico de ojos azules; Kageyama se mantenía de pie sobre el S.C.A.R.E.C.R.O.W. miraba a la nada y sus ojos seguían blancos; él podía ver como el líquido en sus venas corría sin detenerse. El híbrido había perdido su brazo metálico, y a juzgar por los remanentes afilados en su antebrazo, el miembro había sido arrancado a la fuerza.

El S.C.A.R.E.C.R.O.W. de mandíbula cuadrada no se movía, tenía heridas y moretones en su torso, como si tuviera hemorragias internas. Su mentón, labios y nariz estaban llenos de sangre; lo único que quedaba era su ojo robótico y rojo que parpadeaba intermitentemente.

Su torso con paneles metálicos se levantaba lenta y débilmente, dando los últimos respiros. La luz roja de su ojo se terminó apagando, mientras que su otro ojo humano se había quedado cerrado.

Había muerto.

Shouyou se hincó al lado del cráter que Kageyama había hecho con su oponente. Inferno tenía un poco de temor de acercarse al androide, no tenía idea si podría diferenciar a un amigo de un enemigo.

El pelinegro movió su rostro para que sus cuencas blancas se posaran en el chico más bajo; Hinata tembló. Se exaltó cuando Tobio se estremeció pegando una bocanada de aire, como si tuviera un alma que se escapaba de él y cayó sentado a su lado.

Los vasos sanguíneos se apagaron y cuando parpadeó, sus pupilas e irises regresaron.

—¿Ka… Kageyama? —llamó Shouyou con temor.

—… Hinata —respondió, su voz se escuchaba ronca y forzada.

—¿Estás…? ¿Estás bien?

—Eso creo, yo… —no continuó.

Algo le decía que Tobio tampoco tenía idea de lo que acababa de pasar, así que no le preguntó más. Además, Inferno también tenía un mal presentimiento de la respuesta, y le rezaba a la Bruja Fénix que no tuviera que ver con Oikawa.

—¿Está muerto? —preguntó el pelirrojo.

—Sí.

No se sentía como una victoria, aunque el S.C.A.R.E.C.R.O.W. había sido el responsable de la muerte de Bokuto. Sabía que al final de todo, él no había sido más que una pieza en el juego de ajedrez al que Oikawa jugaba. Era un poco triste, morir de esa manera, sin su identidad. Se le ocurrió una pregunta tonta, ni siquiera estaba seguro que Kageyama tendría la respuesta; pero Shouyou era conocido por hacer preguntas ingenuas.

—¿Sabías cómo se llamaba? —Miró al androide—. ¿Antes de ser convertido en… eso?

—Wakatoshi —respondió el pelinegro, mirando al cuerpo sin vida del S.C.A.R.E.C.R.O.W. —, Wakatoshi Ushijima.

Hinata recordó su nombre, cuando salieran del Nido, él le haría un entierro apropiado.

El Nido fue sacudido por otro seísmo, trajo a Shouyou de nuevo a la realidad y le recordó que debían salir de ahí. Brincó para ponerse de pie y esperó que el androide hiciera lo mismo; pero Kageyama se tropezó y volvió a caer, como si ya no le quedaran fuerzas en sus piernas.

—¿Kageyama? —llamó, su voz empapada en preocupación.

—Es la carga de mi batería, solamente me quedan un par de horas más…

—¿Tan rápido? Ayer recibiste tu última dosis.

—Sí, ese… —parecía que Tobio no encontraba qué palabras usar—. Lo que sea que eso haya sido, drenó casi toda mi batería.

—¡Rayos! —Exclamó—, debemos apresurarnos para salir de aquí.

—Espera —detuvo—, aun no podemos; le hice una promesa a Akaashi, debemos ir por Daichi.

Hinata asintió y ayudó al androide a ponerse de pie; Kageyama logró hacerlo por sí solo, parecía que se había recuperado de su bajón de energía y ambos comenzaron a correr.


Kei solo quería caer al suelo.

Todos sus músculos ardían, sus piernas quemaban y sus pulmones estaban incendiándose.

Además, no tenía idea cuanta sangre había perdido, tenía cortadas en todo su cuerpo; unas superficiales y otras que no paraban de sangrar. Tsukishima sabía que no podría morir desangrado, no por el pequeño calibre de las heridas; pero se sentía débil.

Y el S.C.A.R.E.C.R.O.W. saltaba sin cansarse.

No tenía ninguna herida en él, todas las que Kei y su hermano habían conseguido infligir se habían sanado al instante. El híbrido siempre hacía lo mismo, atacaba como un demente, lanzando estocadas para masacrarlos, Akiteru y él usaban sus katanas para cubrirse; aunque la mayoría de las veces, era el otro Tsukishima quién se aseguraba de estar al frente.

Dejando a Kei atrás.

Lo tomó por sorpresa cuando el S.C.A.R.E.C.R.O.W. saltó hacia a él, estirando sus piernas para atravesarlo. Akiteru fue más rápido y empujó a Kei, su hermano se arrojó al suelo con él y el ciborg enterró sus cuchillas en la pared.

El híbrido arqueó su cuerpo hacia atrás, como si no existiera su columna vertebral. Gateó hasta desatascar sus piernas de la pared y regresó a su posición de pie; se movía de lado a lado, como si le aburriera el hecho de no conseguir matarlos.

No podían huir, si le daban la espalda o bajaban su guardia serían rebanados en segundos.

—¡Kei! —gritó su hermano.

Había perdido la concentración y el S.C.A.R.E.C.R.O.W. lo pateó a la pared, puso su katana enfrente y vio como chispas saltaron al choque violento entre la cuchilla del híbrido con la suya; pero era fútil, su oponente tenía más fuerza que él. Su sangre corrió helada cuando el enorme filo se iba acercando a su estómago, vio con terror el rostro del demonio que tenía como oponente.

El S.C.A.R.E.C.R.O.W. miraba su brazo acercarse a su cuerpo y se comenzaba a reír; Kei vio con temor como los puntos de la sutura en sus labios comenzaban a sangrar por la fuerza que hacía para abrir sus labios y carcajearse.

Logró patear el rostro del híbrido con sus largas piernas y lo hizo retroceder lo suficiente para herir su rostro; Kei cortó su mejilla hasta su oreja, sangre roja y brillante comenzó a bajar cuando el S.C.A.R.E.C.R.O.W. se alejó. Pero solo tres segundos después, el líquido rojo se tornó viscoso mientras se coagulaba y retrocedía otra vez a su cuerpo; curando la herida recién hecha.

Ácido Lunar estaba exhausto.

Akiteru corrió hacia el híbrido y saltó sobre él, empuñando su katana sobre el hombro del ciborg, el demonio S.C.A.R.E.C.R.O.W. chilló inhumanamente al mismo tiempo que su hermano hacía una parábola en el aire y caía a su lado.

Pero, de nuevo, el ciborg no tenía rastros de las heridas.

—Kei, tienes que huir —su hermano lo tomó desprevenido.

—De acuerdo —aceptó—, ¿pero cómo lo haremos? Ese monstruo no nos quita la vista de encima.

—No, los dos no —negó, sus ojos seguían cada pequeño movimiento del demoniaco enemigo—. tienes que huir, yo lo mantendré ocupado.

—¿Estás de broma? No hay manera que te deje enfrentándote solo con esa cosa.

—Kei, no hay otra opción.

No, no lo podía aceptar, así que comenzó a contratacar al híbrido de ojos enormes. Él lo haría, él derrotaría al S.C.A.R.E.C.R.O.W. y le demostraría a su hermano que estaba hablando tonterías. Colisionaba su katana con ambos brazos de su oponente, el hedor a sangre que provenía del otro lo hacía sentirse al borde; no pensaba bien, se movía sin calcular. Ni siquiera sabía si todo se detendría al atravesar el núcleo del enemigo.

Pero lo único que logró fue ser arrastrado al ciborg, Kei se cubrió con su brazo derecho y sintió los desgarradores segundos cuando la hoja de S.C.A.R.E.C.R.O.W. atravesó la ropa y su piel; el ciborg lo pateó en el estómago y lo lanzó lejos.

El rubio se acomodó con urgencia y pequeñas lágrimas que se comenzaban a formar en sus ojos debido al dolor; hizo presión con su mano contraria para intentar contener el sangrado, pero el nauseoso líquido carmesí se deslizaba de entre sus dedos. La herida había sido profunda y era tan larga como todo su antebrazo.

Se mordió los labios y con la mano en la que tenía arrancó la manga de su camisa; agradeció que su hermano cubriera su espalda. Terminó de «vendarse» el brazo derecho y tomó la katana, pero se le dificultaba levantarla; el dolor lo dejaba paralizado.

Estaba fuera de combate.

Pasó su arma a su mano izquierda e intentó defender; pero Akiteru lo empujó hacia atrás mientras él se mantenía lidiando con el S.C.A.R.E.C.R.O.W.

—Te hará… papilla si peleas con él —exclamaba mientras evadía con éxito los ataques del ciborg, a diferencia de Kei—… no dejaré que luches así.

Fue en una fracción de segundo en la que la sangre de Ácido Lunar se convirtió en hielo y todas sus venas se congelaron, helando y entumeciendo todo su cuerpo; fue cuando miró como la mano izquierda de su hermano era cortada limpiamente.

El S.C.A.R.E.C.R.O.W. estalló en risas descontroladas, Akiteru se encogió del dolor y se llevó su muñeca a su pecho. La sangre salía a borbotones, imparable, manchando toda su ropa.

Y sin embargo su hermano se volvió a poner de pie levantando la otra katana; Kei gritó su nombre con todas sus fuerzas y corrió hacia él, pero Akiteru alzó su voz hasta volverse ronca.

—¡Kei! ¡Suficiente! —Ácido se detuvo, petrificado— ¡Escucha a tu hermano mayor y huye de aquí! ¡Es una maldita orden!

No lo podía hacer, él no podía irse y abandonar a su hermano así.

Con lágrimas en sus ojos, olvidó el dolor de todas las cortadas en su cuerpo y el entumecimiento de su brazo derecho; corrió hasta situarse al lado de Akiteru. Mordió sus labios cuando vio el muñón sangriento en dónde su mano había sido cortada. Sangre salía como riachuelos caudalosos, color rojo vivo y nauseabundo.

Si ya era momento de morir, Kei lo aceptaba; que los Tsukishima conocieran sus finales al mismo tiempo.

—¡¿Ni siquiera en esto escucharás a tu hermano mayor?! —reprendió Eclipse.

—Déjame ayudarte —Kei no tenía opción así que irguió su katana con su mano dominante, el dolor de la herida profunda había casi desaparecido. El S.C.A.R.E.C.R.O.W. golpeó con su cuchilla la débil defensa que él mantenía y su arma salió volando lejos.

Así que por fin el aburrido y conformista Kei Tsukishima moriría por la causa de los killjoys… esperaba que su hermano y su madre se sintieran orgullosos por eso.

Algo lo pateó en su costado, Ácido Lunar rodó hasta que su espalda impacto con la pared. Se incorporó para ver que su hermano lo miraba, Akiteru lo había empujado con su pierna para alejarlo. Sus ojos avellana lo miraban llenos de lágrimas, su rostro estaba manchado de sangre seca y polvo. Ya había aceptado su destino.

—Huye, Kei y vive.

Solo pudo ver y gritar cuando el S.C.A.R.E.C.R.O.W. le quitó su katana de un golpe e introdujo su cuchilla en su cuello; la hoja de hierro atravesó su garganta y una fuente de sangre bañó al ciborg. Parecía que Akiteru quería dejar salir alaridos del dolor pero se ahogaba con su sangre. Las cuchillas comenzaron a bajar sobre su pecho, atravesando todos sus órganos.

Esto no estaba pasando, no podía estar pasando.

Hace menos de veinticuatro horas estaba tomando cerveza con su hermano y los demás killjoys.

Ahora todo lo que le rodeaba era destruido sin oportunidad de reparación.

Y la única familia que le quedaba estaba siendo descuartizada frente a él.

No sentía su cuerpo, el tiempo se había detenido, las lágrimas nunca bajaban, tampoco sentía los tremores que sacudían el Nido. Veía el charco de sangre fresca en la que el cuerpo se había quedado, y por un momento había olvidado quién era, qué hacía ahí y porqué parecía que su pecho había sido abierto con fuerza bruta; que algo había quebrado todas sus costillas para arrancar su palpitante corazón.

El tiempo se había detenido pero el S.C.A.R.E.C.R.O.W. no; y ahora la creatura con cuchillas en lugar de miembros se acercaba hacia él con la misma perturbadora sonrisa. Pero Kei no lo veía, solo se concentraba en el cuerpo sin vida de Akiteru Tsukishima, intentando buscar el perdón de su hermano.

El perdón porque él no podría cumplir con su última petición, porque no había tomado la oportunidad del tiempo y no había huido como Akiteru lo había pedido. Ya no había manera que él escapara del ciborg y viviera.

No había donde huir así que miró a su asesino directo a los ojos, sus anteojos se habían manchado de sangre, no sabía si era suya o de Akiteru; pero eso no importaba.

Le confundió cuando una gruesa pared de humo se formó frente al S.C.A.R.E.C.R.O.W. haciéndolo retroceder.

No, no había sido solamente una pared de humo, sino una explosión.

El híbrido se recuperó de la bomba y ya se dirigía nuevamente donde Kei, pero otra explosión lo arrojó lejos con una fuerza que un humano jamás habría sido capaz de utilizar.

Nishinoya saltó a su campo de visión, arrojando pequeñas esferas negras que explotaban cuando tocaban al S.C.A.R.E.C.R.O.W. alejándolo más y más cada vez. Chispa tenía unas cuantas cortadas y estaba lleno de tierra, como si también había luchado para sobrevivir.

Pero las explosiones no eran lo suficiente para acabar con el monstruo sin brazos ni piernas; así que Nishinoya encendió cuatro esferas en su mano, las pequeñas llamas devoraban la mecha rápidamente y era cuando estaban por terminar que las lanzó al techo; una después de la otra.

Consiguió así que una manta de arena cayera entre el S.C.A.R.E.C.R.O.W. y ellos, separándolos.

Kei seguía mirando el cuerpo de su hermano.

—¡Washio! —Exclamó Chispa— ¡Tsukishima no está respondiendo, debemos llevárnoslo!

Luego sintió cómo alguien lo tomaba de los costados y lo levantaba del suelo; ahora estaba sobre el hombro de alguien, pero él no podía decir nada, no podía pensar en nada. Ni siquiera notó cuando sus anteojos se cayeron de su rostro y toda su vista se tornó borrosa; sus brazos colgaban con la parte superior de su cuerpo y lo único que veía eran las lágrimas que caían al suelo; mezcladas con la sangre que salía de sus heridas.

Ahora, Akiteru solo era una mancha borrosa roja y negra.


No podía detenerse a pensar si él lo recordaba o no, sabía que el momento que Akaashi comenzara a tener dudas, entonces Daichi les diría que era una misión inútil. En ese punto, a Histeria poco le importaba pensar en los detalles, lo único que quería era sostener a su roto Ala Revólver en sus brazos y decirle que todo estaría bien.

Saltó a un lado cuando Bokuto comenzó a disparar con su metralleta.

Había guardado su glock porque sabía que él no era capaz de dispararle, en lugar de eso confiaría en sus instintos y agilidad; el hecho era que eran tres cuervos contra Koutarou.

Yachi había sacado sus listones flexibles de cobre para sostenerlo, ahora solo necesitaba amarrarlo; la pequeña chica rubia le lanzó un extremo a Akaashi quién corrió, rodeando a Bokuto y se lo devolvió a Canela. Hitoka lo atrapó y se arrojó a la pared, la minúscula chica aprovechó el momento y dio un par de pasos sobre el muro, luego se impulsó y saltó sobre Ala Revólver; cayendo al otro lado de él.

Hitoka haló la cuerda de metal y se cerró sobre el cuello de Bokuto.

Koutarou se llevó su mano humana al lazo para intentar luchar contra él, pero era imposible. Ahora era el turno de Keiji, Ala Revólver ya lo tenía en la mira y comenzó a dispararle, Histeria corrió directo en su dirección y se deslizó a su lado, atravesando la habitación para amarrar sus brazos. Akaashi intentaba hacer lo que fuera para no pensar en su corazón partiéndose ante la escena.

Él estaba encadenando a su otra mitad como si fuera una bestia enfurecida y con rabia. Era inhumano, y Akaashi se estaba odiando más cada segundo, pero sabía que no había otra opción. Su Bokuto se veía enfermo y sus ojos estaban muertos, sin ese brillo característico, ese que lo había hecho enamorarse.

Solo era un cascarón del valiente y ruidoso Ala Revólver.

Pero, aun así, Keiji no podía dejarlo ir.

Histeria lanzó el otro extremo de la soga a Daichi; Nicotina la atrapó y corrió para lanzarse al suelo y deslizarse al otro lado para seguirlo amarrando. Bokuto solo se quedaba de pie, sin reaccionar de ninguna manera; solamente se movía dando pasos entrecortados, siendo arrastrado por la soga.

Era sospechoso, ¿no había mostrado antes tener una fuerza descomunal? Una llama agonizante se negaba a apagarse en el pecho de Keiji, ni siquiera quería darle forma al pensamiento; ¿pero qué pasaría? ¿Qué pasaría si Bokuto lo estaba recordando?

Hitoka se había situado detrás de él, ya que una vez estuviera inmovible, entonces Espina de Canela apuntaría a su cuello e introduciría la aguja con el anestésico.

Y entonces se comenzó a mover.

Su cuerpo convulsionaba antinaturalmente, movimientos cortos, rápidos y robóticos. Keiji quería gritar así que se mordió los labios. La metralleta se había convertido en una mano metálica; cerró sus dos palmas alrededor de la soga metálica y comenzó a halarla. Akaashi fue tirado hacia el frente, Daichi también.

Tenía más fuerza de la que habían pensado, Histeria y Nicotina soltaron la soga; Bokuto comenzó a deshacerse de sus ataduras, pasó la soga metálica y la enrolló en su mano. Akaashi pudo discernir sus movimientos antes y cuando Ala Revólver lanzó la soga como si fuera látigo, él se lanzó al suelo.

Aun así, sintió un ardor en su mejilla, pasó su mano por su rostro y notó sangre; Koutarou lo había cortado.

Daichi se cubrió con sus antebrazos, el látigo atravesó la ropa.

Bokuto volvió a atacar a Nicotina con la correa y enrolló la soga metálica en su tobillo; Akaashi maldijo sobre su aliento, el ciborg haló y Daichi perdió su balance. El líder de la resistencia fue tirado con tanta fuerza que sus pies dejaron el suelo y lo trajo hacia su oponente.

Ese siempre había sido su plan.

Bokuto tenía órdenes de acabar con Daichi.

¿Qué tan sádico debía ser el dictador de Better Living para hacer que un killjoy fuera el responsable de acabar con su líder?

Ala Revólver comenzó a transformar su brazo metálico en una metralleta y apuntó al cuerpo en el aire. Keiji debía pensar rápido, así que disparó dos veces, directo al cuello de Kotarou.

Como lo había previsto, llevado por sus instintos, Bokuto se había cubierto con su brazo de metal. La bala había rebotado y no logró atravesarlo. Volvió a tirar de Nicotina, pero Hitoka lo alcanzó por la espalda; Canela apuntaba por su cuello, en donde inyectaría la jeringa con el sedante. La pequeña chica rubia, prácticamente escaló a Ala Revólver y cuando llegó a su cabeza, él la agarró con una mano.

—¡Hitoka! —gritó Daichi.

Cuervo Nicotina se arrojó sobre él y Akaashi se deslizó por el piso para hacer que Bokuto perdiera el equilibrio. Ala Revólver cayó al suelo y Daichi lo intentó detener con su cuerpo, pero no soportaría por mucho tiempo, Keiji no perdió tiempo y entre ellos dos comenzaron a atarlo con la soga de cobre.

Nadie notó cuando Koutarou había transformado su mano en una metralleta.

Escucharon dos disparos.

—¡Deténganlo! —gritó Yachi.

Daichi haló un extremo de la soga y urgió a Keiji que hiciera lo mismo; ambos tiraron al mismo tiempo y paralizaron a Bokuto. Hitoka no perdió tiempo y hundió la jeringa en su cuello, depositando el líquido cristalino. El émbolo rápidamente se movía hasta vaciar sus contenidos en la vía intravenosa del killjoy.

Su cuerpo se movió violentamente por unos segundos, Akaashi y Sawamura aun mantenían su agarre en las sogas; hasta que Bokuto dejó de moverse del todo y su cuerpo se entumeciera.

Keiji se dejó caer sentado al suelo y soltó una bocanada de aire, liberando todo el oxígeno de sus pulmones; se cubrió sus ojos con el dorso de sus manos y maldijo cuando algunas lágrimas estaban por salir. La realización de lo que había pasado por fin se hundía en su cerebro, ver a Bokuto inconsciente, el brazo que le habían amputado… la pierna… De su cabeza salían unos tubos de plástico.

¿Qué le habían hecho a su Bokuto?

Se cubrió la boca para callar los gritos, pero antes que algún gemido saliera, lo sobresaltó el grito de Yachi.

—¡Daichi!

Akaashi levantó su mirada, Daichi respiraba con dificultad, y detrás de su chaqueta negra, su camisa blanca se había manchado de sangre.

—¿Te dio? —Quiso saber Keiji, recordando como Koutarou había disparado dos veces esa última vez.

—Estoy… bien —se sobre esforzaba el líder, su frente se comenzaba a perlar de sudor; la mancha de sangre se hacía más grande con los segundos. Daichi se intentó poner de pie, pero se tropezó, parecía que no tenía energías para erguirse.

Akaashi levantó su camisa para ver la herida, había sido disparado en el estómago.

—Mierda —maldijo Histeria; intentando hacer presión para parar la sangre.

—Tan mal… se ve, ¿Eh? —intentó bromear su líder.

—Mierda, Nicotina, esto es mi culpa —Akaashi intentaba que su voz no se quebrara, pero estaba fallando.

—No… lo es —aseguró, sonriendo; Keiji cubrió su boca—. Tú notaste que ése era el verdadero Bokuto… y, yo decidí hacer esto, yo también quería salvarlo. Esto es consecuencia de mi decisión, así que no te culpes por esto…

—Lo siento, Nicotina, lo siento, tanto —repetía, limpiando sus ojos con los guantes sin dedos.

—Sálvalo… Akaashi, por todos nosotros, salva a Bokuto.

—Podemos llevarte con nosotros, encontraremos ayuda; estarás bien, Daichi —aseguraba Histeria.

Sawamura negó lentamente con su cabeza, él sabía mejor que eso. Hitoka se frotaba los ojos, la chica rubia tenía la nariz y las mejillas rojas. La respiración de Nicotina se comenzaba a ralentizar y su piel estaba pálida, Bokuto había cumplido con su orden.

Y ahora los killjoys estaban perdiendo a su líder.

Con los ojos cerrados, Daichi se rio entre dientes, irrumpiendo en un débil ataque de tos.

—Suga… —mencionó—. Suga siempre me decía que tuviera cuidado, si algo me pasaba… él iría directo al más allá a patearme el trasero —sonrió afectuosamente—. Díganle… que no lo haga, no lo quiero ver tan pronto ahora; la Bruja lo hará por él.

Daichi dio su último aliento de vida y se quedó rígido, su rostro se veía tranquilo.

Keiji quería gritar hasta lacerar su garganta, apretó su puño en su ropa, no lo podía soportar por más tiempo. Las lágrimas ahora caían imparables, no solo habían perdido su hogar, también a la persona que los mantenía como unidad.

¿Qué harían ahora?

¿Hacia dónde irían?

—¿Daichi? —Preguntó entre sollozos—. Daichi, por favor…

Histeria dio un puñetazo al piso para intentar calmarse, pero no lo podía hacer, ya no podía continuar. Con lo que quedaba de Bokuto sedado a un lado, como si se tratara de una bestia, un androide libre en el desierto y ahora su líder muerto.

—Akaashi —llamó Hitoka entre sollozos, devolviéndolo a la realidad—; Akaashi debemos irnos.

—No puedo —Histeria se negaba a abrir los ojos—, ya no puedo… no soy lo suficientemente fuerte… ya no…

Hitoka dejó salir un pequeño grito cuando dracs comenzaron a entrar a la habitación; Akaashi los vio, pero no podía hacer nada, no era capaz de levantar su pistola.

¿Cuál era el punto?

¿Podría él cargar sólo a Bokuto?

Nunca se había sentido tan derrotado, ya no valía la pena, su egoísmo le había costado la vida de Daichi. Había sido testarudo al grado de no pensar en nada más que en tener a Bokuto de regreso.

Ni siquiera sabía si él tenía salvación.

Lo más probable era que habían licuado su cerebro cuando le cortaron los miembros.

Hitoka tomó una pistola y comenzó a dispararles, Akaashi ya no le veía el sentido de seguir. Escuchó que los disparos comenzaron a multiplicarse, como si había alguien más ayudando a Canela; Histeria no supo cómo reaccionar cuando escuchó la voz.

—¡Yachi, Akaashi! —Era la voz de Hinata—. ¡Aquí están!

¿Estaba vivo?

—Dai… ¿Daichi? —Shouyou preguntó.

Keiji no quería que lo mirara de esa forma; él en el suelo, completamente derrotado, lleno de la sangre de Daichi.

—¿Ése… ése es? ¿…Bokuto?

«Mierda» pensó con amargura.

—Debemos salir de aquí, ahora —apresuró otra voz, Akaashi podía asumir que se trataba del androide, pero ya no tenía las energías para quejarse, gritar o golpear.

Sintió una mano en su hombro, seguido por la voz de Hinata.

—¿Akaashi? Sé que no tengo idea qué es lo que sientes, pero tú puedes vivir, debemos salir de aquí; ya encontraremos la manera de vengarnos de Oi…

—No lo menciones, no a él —cortó Histeria.

—¿Está vivo? —Preguntó— ¿Boku…?

Keiji asintió con dolor.

—Entonces, vive —Hinata se hincó frente a él—; vive para reunirte con Bokuto cuando despierte. Él te necesitará, siempre lo ha hecho, ¿recuerdas? Es un bebé grandote que necesita tomar tu mano —intentó sonreír.

—Vive por Daichi —vino la voz de Hitoka, quién tenía los ojos inyectados de sangre y las mejillas llenas de lágrimas y tierra—, y porque la guerra no ha terminado.

Se frotó los ojos y la nariz, recibió la mano de Hinata para ponerse de pie, aun no era la hora de quebrarse; no cuando debían salir del Nido primero. Cuando se irguió, notó que el androide tenía el cuerpo de Daichi en sus brazos.

—No creo que sea correcto dejarlo aquí —se justificó.

Tenía razón.

—Hinata —su voz se escuchaba ronca—, ayúdame a cargar a Koutarou.

Él sólo no podría hacerlo, pero contaba con la ayuda de sus hermanos killjoys.

Levantaron el cuerpo de Bokuto, era más pesado que antes, Akaashi intentó no pensar en que tal vez sus huesos habían sido convertidos en metal también. Debajo de la máscara de gas, casi se veía como si dormía una siesta, si no fuera por los círculos rojos que rodeaban sus ojos; su respiración era forzada.

—Debemos ir a la armería —ordenó—, todos se están reuniendo allá, tal vez alcanzamos a un convoy de otros killjoys. Hitoka, debes cubrirnos al frente. Androide tú debes hacerlo en la retaguardia.

El ser artificial no dijo nada, ni siquiera del enfrentamiento de antes; Akaashi estaba consciente que el androide había mantenido su promesa de regresar por su líder, aunque había sido muy tarde.

El camino se sintió eterno, con ellos cuatro cargando los dos cuerpos sobre sus espaldas; mientras sus alrededores se hacían ruinas. Él y Hinata llevaban a Koutarou a rastras; haciendo lo más que podían para llevarlo encima. No se encontraron con ningún otro S.C.A.R.E.C.R.O.W. y lo dracs eran fáciles de manejar.

Pasaron por la cafetería, en dónde Kuroo tocaba para todos y tenían «festines» cada vez que en alguna misión les iba bien; recordó las veces que Koutarou y él bailaron como si tuvieran una vida sin acontecimientos como en las películas. Las habitaciones estaban destruidas, todo… todo lo que una vez llamó hogar, estaba en ruinas.

Cuando llegaron a la armería y luego al taller, notaron que una van estaba por irse. Asahi se bajó del asiento del conductor cuando los miró, se apresuró donde ellos y visiblemente su corazón se hundió al ver a Daichi en los brazos de Kageyama.

—Debemos realizar un entierro apropiado para Nicotina —dijo Keiji, tragando con dificultad.

Azumane asintió y lo ayudó a cargar a Bokuto a la camioneta, no sin antes verlo de pies a cabeza.

—¿Es un S.C.A.R.E.C.R.O.W.? —preguntó el mecánico.

—Es Bokuto —corrigió.

Asahi necesitaría más explicaciones que eso, pero ahora se les había acabado el tiempo. Abrió la puerta trasera de la camioneta para llevar a Nicotina y Bokuto; le sorprendió ver que ya ahí adentro estaban Tsukishima, Noya, Washio y Tanaka.

—Los otros ya escaparon —explicó Asahi—, ellos fueron los últimos en venir, yo no podía irme sin saber de Daichi.

Colocaron a Bokuto y a Cuervo Nicotina en el compartimento trasero de la van; Hinata y Kageyama se subieron al asiento del pasajero y Asahi tomó su lugar como el conductor y arrancó el vehículo.

Akaashi notó que el rubio tenía sangre seca en su rostro y cuerpo, ropa rasgada y sus lentes faltaban. Su expresión estaba ausente, veía a la nada y sus mejillas estaban rojas y llenas de lágrimas.

Se aferraba de tres katanas como si su vida dependiera de ello.

Keiji no necesitó de más para comprender; Akiteru no lo había logrado.

Escuchó el motor siendo forzado para aumentar la velocidad y el automóvil comenzó a correr. Akaashi se sentó al lado de la cabeza de Bokuto y abrazó sus piernas, pero enrolló una mano en la de él. Koutarou no respondía el agarre, Keiji solo quería llorar al sentir la pequeña familiaridad de esa gran palma, y esos dedos entre los espacios de los suyos.

El túnel se transformó en el colosal cielo de metano y ellos alcanzaron la Ruta Guano. Nishinoya se había acercado a una ventana para ver el Nido cayendo en ruinas, el creador de explosivos hizo un puño y golpeó la puerta de la camioneta lleno de ira, dejando salir un sollozo. Akaashi alcanzó a ver que todo el techo se colapsaba y todo ahí abajo quedaba sepultado.

Y con el Nido, cuervos que nunca lograron salir.

¿Adónde irían ahora?

Akaashi no tenía las energías para preguntar, así que se recostó al lado de Ala Revólver mirando su rostro cansado con algunas cortadas, no sabía si esa máscara le permitía respirar así que no quiso meterse con ella. Solo le bastaba saber que ése era Bokuto, su Bokuto y lo había recuperado.

La camioneta se zarandeaba mientras ellos huían, pero todo se había hundido en un derrotado y desesperanzador silencio. Con el cuerpo de Daichi Sawamura y el de Koutarou Bokuto; Washio y Nishinoya exhaustos; y un Kei Tsukishima hundido en lágrimas aferrándose a las armas de su hermano asesinado.


¿Qué les pareció?

Siéntanse libres de dejarme un review con sus opiniones, siempre me sacan una sonrisa °u°

Nos leemos luego~