Buckle up, honey, here we go B)
¡Ahora, sí regresamos a nuestra programación normal!
MUCHAS GRACIAS a todas las preciosas personas por dejarme esos reviews, no puedo expresar coherentemente lo feliz que me pongo al leerlos. Solo imaginen a una Nolee sonriendo más que Hinata cuando remata un balón (no, no exagero).
El nombre del capi es una canción que pertenece a la banda Muse, deben escucharla, es realmente perfecta para el fic.
Así que sin más, disfruten el capi de hoy.
¡Infinitas gracias a la mejor beta de todas! *la presenta detrás de una cortina que cae y ahí esta Ren* ¡La maravillosa Ren! *aplaude como foca*
»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: KoutarouBokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane.
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka.
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita.
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata.
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai.
Choque Binario: Tobio Kageyama.«
Uprising
Kkkkkkk...
Bzzztttttt...
¿Hola...?
¿Cu...vos? ¿Cuervos... me escuchan?
Kkkkkkk...
¡Mis rayos de luz, aquí su servidor, El Doctor D. nuevamente!
Recuperando lo que siempre fue nuestro, mis rebeldes: Nuestra libertad de pensamiento.
¿Me extrañaron? Porque yo a ustedes sí.
Y aunque lamento reportarles que esta vez ha sido la pausa más larga de mi parte, ¡estamos de vuelta! Porque jamás podrán acabar con nosotros.
¿Escuchaste eso, Oikawa?
Así que, mientras haya al menos un idiota que no tenga miedo de hacerle frente a BL/ind; la resistencia no morirá. Así que ven por nosotros, oh, gran dictador. Danos tu mejor golpe, pues jamás será el último.
Díganlo conmigo, mis cuervos desterrados, ¡todos juntos!
«No hay lugar para disculpa.
Es muerte o victoria».
Le tomó por sorpresa cuando el automóvil se detuvo de golpe, Akaashi ni siquiera se había dado cuenta que se quedó dormido. El cansancio mental y físico había terminado por drenar toda su energía; además de eso, la calidez de la mano que sostenía en la suya era tan familiar, Keiji sentía que era un arrullo para dormirlo.
Y por un momento olvidó los sucesos del último año.
Sin embargo, todo el espejismo se vino abajo cuando los pesados sentimientos de arrepentimiento, dolor y tristeza comprimieron tanto su pecho que, Akaashi tuvo que tomarse unos segundos para volver a respirar.
Bokuto seguía siendo un S.C.A.R.E.C.R.O.W. Daichi y Akiteru seguían muertos, y ellos seguían sin hogar ni protección.
Histeria notó a Kei con los ojos cerrados y bolsas bajo sus ojos; Nishinoya y Washio miraban por las ventanas. Akaashi tuvo que cubrir sus ojos cuando la puerta trasera de la van fue abierta; el mundo afuera era un caos, decenas de chicos corrían de un lado a otro, mientras que otros automóviles iban llegando con los segundos.
Notó que Kuroo fue quién abrió la puerta e inmediatamente su rostro se desmoronó.
—No...
Segundos después llegó Ennoshita corriendo con una camilla de hospital; pero, al igual que Pantera, se congeló.
El médico, sin embargo, recobró la compostura, se subió al automóvil y fue directo a los signos vitales de Daichi. Colocó su dedo medio e índice para sentir su pulso.
—No... —dijo Akaashi—... él no pudo lograrlo.
No se atrevía a decir más porque el nudo de su garganta nunca terminaba de desaparecer. Ennoshita se quedó estático por unos segundos, Kuroo solo veía el cuerpo del líder; Silencio Infeccioso fue el siguiente en hablar:
—Pantera, ayúdame a bajarlo.
—Boku... —intentó Histeria, nunca unas palabras fueron tan difíciles de decir—… Bokuto necesita ayuda también...
—¿Qué dijis...? —comenzó Kuroo y finalmente vio a Ala Revólver— Santa mierda... —se cubrió su boca y abrió sus ojos inmensurablemente— ¿Boku...? ¿Está vivo, Histeria?
Cayó de rodillas y se acercó a su rostro.
En el rostro de Pantera, aunque se encontraba a contraluz, Keiji pudo notar el brillo de las lágrimas en sus ojos; con la mano que no estaba en su rostro tocó con delicadeza el rostro de Bokuto, como si tenía miedo de quebrar la ilusión o como si no estuviera seguro que en cualquier momento se despertaría y comenzaría a atacar.
Histeria no era lo suficientemente fuerte como para decirle que él había sido responsable de la muerte de Daichi.
—Está vivo —respondió Keiji, su voz se quebraba menos ahora.
—Silencio Infeccioso y yo podemos ocuparnos de él —ofreció una voz.
Akaashi levantó su rostro para ver a Kageyama, se había bajado del automóvil y había conseguido otra camilla. El killjoy por fin notó que el androide había perdido toda la piel de su brazo derecho, ahora solo quedaba un esqueleto mecánico.
—Es mitad droide... así que... —murmuró con timidez.
Keiji no podía decir nada, después de todo lo que él le había hecho pasar al androide... ni siquiera lo podía mirar.
—Bien, ustedes ocúpense de eso —ordenó Kuroo—, Amanecer, tú ayúdame con... —Pantera se mordió los labios—… con Nicotina.
Sacaron el cuerpo del líder y lo colocaron en una camilla; la piel de Daichi se sentía helada, pero Histeria todavía podía apostar a que Nicotina solo abriría los ojos, daría una gran bocanada de aire y se comenzaría a reír por haber podido engañarlos.
—Debemos decirle a Ceniza —dejó caer Pantera—, ha estado preocupado desde que escuchamos la transmisión interrumpida del Doctor.
Keiji lo miró para que explicara.
—Nuestro convoy iba por la Zona 9 cuando escuchamos la emisión llenarse de estática y cuando acordamos, Oikawa tenía el control de las ondas de radio aquí afuera; no tengo idea cómo.
—Diablos —murmuró Keiji, entendiendo—… todo esto fue planeado desde hace días…
—Así es, en cuanto escuchamos la voz del dictador supimos que algo en el Nido no andaba bien y cuando nos acercamos a la Zona 5 pudimos recibir las señales de nuestros intercomunicadores y captamos el mensaje de Inteligencia diciendo que se había abierto una brecha en la base.
Akaashi veía de reojo como Ennoshita y Kageyama transportaban el cuerpo de Bokuto; debía ir con él.
—¿Recuperaron las ondas de radio? —preguntó Histeria.
—Sí, pero no fue fácil; interceptamos las ondas del intercomunicador del primer vehículo que salió del Nido con los primeros cuervos en escapar; Sombra, Terror y otros cuervos nos pusieron al día de lo que pasaba y así pudimos armar este campamento temporal para atender a los heridos. Hasta el momento, ustedes han sido los últimos, pero Kenma está revisando cada minuto por nuevas ondas de intercomunicadores.
Keiji estaba seguro que ellos eran los últimos que habían logrado salir del Nido.
—Gracias, Pantera, no sé qué habríamos hecho sin ti —agradeció, porque cuando salieron de la base, Akaashi había perdido todas las esperanzas.
—Ahora, dime, ¿ése es Bokuto? —La expresión de Tetsurou era ilegible, porque de nada servía tener ilusiones—. ¿Nuestro Bokuto?
—¡Histeria! —escuchó a Suga llamarlo antes que pudiera contestar; Ceniza venía corriendo y Keiji sentía sus pulmones comenzar a contraerse—. ¡Dioses, escuché que ustedes habían regresado! Debo preguntarte, ¿supiste algo de Cuervo Nicotina? Nadie de los que han vuelto lo vio ahí adentro.
Histeria fue regresado con un puñetazo a la realidad y solo pudo bajar su cabeza y mirar el suelo antes que sus ojos se humedecieran; no quería ver el rostro de Sugawara cuando notara el cuerpo detrás de él. Porque Ceniza tenía uno de los corazones más puros del desierto y no merecía el dolor de perder la persona más importante para él.
Keiji sabía cómo dolía.
—¿Nico…? —escuchó murmurar a Koushi y miró sus pies caminar hacia la camilla detrás de él— ¿Daichi?
Akaashi levantó su mirada para ver a Sugawara llevando sus temblorosos dedos al rostro del cadáver de Daichi Sawamura.
—¡¿Por qué nadie lo está atendiendo?! —exclamó, su voz se quebraba— ¿Silencio Infeccioso? ¡Ayúdenlo!
Histeria se apresuró a su lado haciendo todo lo posible para que sus lágrimas no se derramaran. Sugawara colocó con urgencia su oído frente a la nariz de Daichi para escuchar su respiración.
Fue recibido por mudez.
Keiji sujetó a Sugawara, pero ya era demasiado tarde; Ceniza había comprendido.
—Está… oh Dios… oh Dios… no… por favor… por favor —rogaba, su voz se comenzaba a mezclar con sollozos—. No, no, no… él no… por favor, él no…
—Lo siento —se disculpó Akaashi.
Fue lo último que dijo antes que Ceniza Radiante estallara en llanto, sujetándose del cuerpo de Keiji mientras perdía la fuerza en sus rodillas. Histeria lo sostenía con fuerza, el cuerpo de Koushi daba espasmos pero se sostenía de la camisa de Histeria.
Su nariz y mejillas estaban rojas cuando tomó la mano de Daichi entre las dos suyas y las llevó a su rostro.
Varios cuervos habían llegado al escuchar los gritos, pero se quedaron cuando notaron de quién se trataba. A quién le pertenecía el cuerpo; su líder había muerto. Akaashi derramó unas silentes lágrimas, al igual que la mayoría de rebeldes ahí: Hinata, Tanaka, Asahi, Kuroo y otros.
Pero todos guardaban silencio, escuchando como el cuervo blanco se quebraba frente a ellos y sollozaba por haber perdido a la persona que significaba más para él.
—Lo siento, lo siento, lo siento —repetía Keiji en su espalda como si fuera un mantra.
Sugawara solo gritaba su nombre una y otra vez.
Si se concentraba solo en su respiración podía calmarse, sus dedos temblaban y sus músculos se tensaban; sentía la ira recorrer cada vaso de su cuerpo como lava caliente. Oikawa no deseaba ver a nadie más porque sabía que destruiría a quién se colocara en frente.
Gruñó y levantó un escritorio de metal sin esfuerzo para arrojarlo a la pared. El traste hizo un chirrido al doblarse y quedar destruido; la pared de concreto tenía una abolladura. Todos los monitores de la habitación estaban destruidos, las lámparas rotas, producto de la concentración alta de electricidad por su cuerpo.
El único candil halógeno que quedaba estaba pendiendo solamente de un cable.
La pieza estaba hundida en penumbras, lo único que centelleaba eran los pulsos eléctricos y moribundos de cables; y los ojos de Oikawa.
Gritó de la ira y arrojó un monitor a la única pantalla que aún quedaba funcionando, estrellando el computador sobre el logo sonriente de sus industrias; primero deformándolo en sus manos como si fuera masilla.
Todo había salido mal.
Había perdido dos de sus tres juguetes y no había acabado con todos esos cuervos.
Ahora debía ir y alistar más S.C.A.R.E.C.R.O.W.
Y Tobio.
Tobio.
Explotó una pared imaginando el rostro del pequeño traidor. Quería tenerlo ahí para torturarlo y quebrar cada hueso metálico de su cuerpo; arrancarle hasta los dientes para hacerlo sentir el verdadero dolor.
Levantó una enorme roca como si no pesaba nada para arrojarla; cuando giró paró en seco porque a su espalda estaba Iwaizumi. Mirándolo con su ceño y boca fruncida; con su desaprobación de siempre; pero esta vez él no podía culparlo, Oikawa solo necesitaba desahogarse.
Las cosas nunca le salían mal.
Nunca. Nunca. Nunca. Nunca.
—Estás haciendo un desastre —reprendió su Hajime, cruzándose de brazos.
Oikawa rechinó sus dientes, sus labios se rizaban entre pequeñas pulsaciones hasta perfilar sus caninos. Su ira amenazaba con derramarse, arrojar esa enorme roca sobre el primer ser vivo que notara.
En lugar de eso lanzó el escombro sin cuidado hacia un lado.
—¿Cuál es el estado de Ushijima? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.
Iwaizumi hizo una mueca.
—Su cuerpo humano está muerto, y no importa cuanta tecnología tengamos, no podemos traer personas a la vida. Una vez su cerebro deja de funcionar, su cuerpo es inservible.
Oikawa chasqueó su lengua.
—Lo sé.
—Shirabu y Daishou acaban de recuperar las últimas memorias de su cuerpo. Creo que necesitas escuchar esto.
—¿Quién, Iwaizumi? —Cuestionó con voz barítona—. ¡¿Quién fue el responsable de acabar con mi S.C.A.R.E.C.R.O.W?!
Su segundo al mando sacó una pequeña pantalla portátil para reproducir el vídeo. El pequeño y refulgente monitor reproducía una imagen en movimiento, carecía de sonido y el videograbador no se quedaba quieto; pero la reproducción era clara.
El pequeño androide, Tobio Kageyama, golpeaba sin misericordia a Ushijima, el S.C.A.R.E.C.R.O.W. ni siquiera tenía tiempo de reaccionar antes que lo lanzara volando hacia una pared, destruyéndola con su imponente cuerpo; y en segundos, el exterminador ya estaba nuevamente con él, acabándolo pedazo por pedazo.
Oikawa podía sentir su cuerpo comenzar a hervir.
—Parece que ha despertado —comentó Iwaizumi.
—¡Imposible! —gritó—. ¡Esto no tiene ningún sentido!
Tooru apuñaba y abría sus manos, sintiendo sus rodillas temblar, estaba furioso. Todo eso carecía de sentido alguno, Kageyama no era más que un simple, débil y reemplazable exterminador. Rechinaba sus dientes y sus músculos se tensaban, necesitaba explotar.
Y sin embargo Iwaizumi seguía frente a él, sin tenerle miedo.
—No le sigas causando más estragos al edificio —ordenó.
Y Oikawa disparó sus ojos a los de él, oscuros como chocolate derretido, ceño fruncido en una expresión de severidad que Tooru había aprendido a verla y sentir solo cariño. Pero en ese momento, sólo quería tener el cuello de Kageyama sobre sus manos y apretarlo tanto hasta reducirlo a añicos.
Sin embargo, se echó a reír.
Hajime no cambió su expresión, Oikawa se carcajeó con júbilo.
—¡Oh! Iwaizumi —canturreó—, mi Iwaizumi —lo rodeó en sus brazos—. ¿Qué haría yo sin ti?
—Hace décadas estarías muerto —respondió, no obstante su mirada se suavizó—. Un guardaespaldas cumple su función «guardando espaldas», ¿no crees? —Iwaizumi sonaba tan gruñón como siempre.
Hajime calmaba su irritación con su sola presencia y voz; siempre habían sido así. Podía ser que Iwaizumi era el más cascarrabias de ambos, pero Oikawa era el explosivo; tenía la costumbre de sonreír y sonreír, guardando todos los sentimientos negativos hasta que llegaba al punto de ebullición y explotaba.
Y siempre, siempre había daños colaterales.
—¡Pero eres más que eso! —se rio, una carcajada ligera, subió su mano para acariciar los cortos cabellos de la nuca de Iwaizumi; como si no hubiera guardado la ira para después, como si sus manos no hubieran cometido cientos y cientos de actos innombrables para mantener su paz—. Eres «mi Iwaizumi» —repitió, subiendo sus largos dedos, acariciando el cabello negro de puntas—. Has estado a mi lado desde que construí mi imperio, desde el principio.
Hajime miró sus labios y Oikawa sonrió, llevando su mano para acariciar la comisura del moreno. Tooru nunca podía sentir tanta intimidad como cuando solo estaban ellos dos solos, encima de escombros y destrozos. No importaba cuantas guerras, destrucciones o aniquilaciones sacudieran el mundo; como si fuera una caja de arena en donde no se necesitaba nada más que un sismo para que todo regresara a cero.
Y él pudiera volver a formarlo a su antojo.
—Recuerdo cuando te conocí —murmuró su primer oficial, inmediatamente capturó la atención del castaño—, eras el chico con los ojos más grandes que había conocido.
—Y tú el chico con la expresión más amarga de todas.
—Idiota —murmuró el de cabellos cortos.
Iwaizumi siempre había sido bueno en calmarlo. Sin ninguna señal ni aviso, carcajadas irrumpieron de la garganta de Oikawa, un pensamiento se le había hecho hilarante, absurdo e ingenuo.
El moreno no hizo ningún comentario.
—Es tan extraño —comenzó Tooru, no era común que él comenzara a recordar el largo trecho que ambos habían recorrido para llegar a donde estaban; y cuando lo hacía, cuando Oikawa pensaba en el tiempo, a veces se sorprendía de sus recuerdos—, recuerdo casi todo, después de todos estos años.
Los monitores zumbaban haciendo cortocircuito en medio del caos irreparable en la habitación. El logo sonriente de las industrias BL parpadeaban.
Hajime siguió escuchando.
—Pero no importa cuánto me concentre, no logro recordar el rostro de mi madre.
Un comentario aleatorio, no tenía ni razón, ni sustancia; jamás lo había compartido con nadie, porque no veía necesidad en hacerlo.
—Lo siento —murmuró Hajime.
—¿Por qué? —regresó—. Los dioses son dioses porque no tienen progenitores; han existido desde siempre y seguirán para la eternidad. ¿Y no tuvieron algunas figuras religiosas un progenitor temporal? Sirvieron meramente como un recipiente para dar vida, una vez cumplieron su trabajo, su misión acabó.
Hace decenas de años que había olvidado su rostro, pero le era indiferente, pues había olvidado a miles de personas también; perdidas en el tiempo, como todos los humanos. No le importaba, pues él solo gobernaba, y sabía que mientras pasaran otras décadas, los rostros de los que lo rodeaban también pasarían a ser olvidados.
Solamente quedarían Iwaizumi y él.
Por sobre todos, por siempre.
—¿Cuál es el estado del S.C.A.R.E.C.R.O.W., Satori Tendou? —Oikawa se arregló algunos cabellos que se habían salido de lugar, pasó las hebras detrás de su oreja; regresando a su postura de siempre: manteniendo ambos brazos a su espalda e irguiéndose.
Notó el rostro de Hajime volverse más serio ante su cambio repentino, pero era una máscara que Oikawa se había vuelto experto en ponerse al paso de las incontables décadas. Así que ignoró el cambio en su mejor amigo y primer oficial.
—Está perfectamente bien, parece que su sistema de regeneración funciona tal y como esperábamos. Según sus memorias parece que no hubo ningún killjoy que pudiera igualarlo.
—¿Y se sabe algo acerca del paradero del S.C.A.R.E.C.R.O.W., Koutarou Bokuto?
Sabía muy bien que lo habían tomado, esas cucarachas; los humanos, predecibles en sus acciones, era claro que habían visto a uno de los suyos y lo habían raptado.
Pero ya era muy tarde.
El daño había sido hecho y las memorias de Koutarou no le servían para más.
¿Cómo reaccionarían si supieran que su mismo «hermano» los había traicionado en un principio?
—No, pero lo están intentando rastrear mientras hablamos, así que solo es cuestión de tiempo.
—¡Eso es lo que quería escuchar! —Exclamó con alegría—. Ahora, guíame, mi caballero de armadura blanca.
Iwaizumi rodó sus ojos pero había una ligera sonrisa en sus labios, se giró comenzando a caminar. Tooru, olvidando toda la ira, prefirió pensar que había sacado a las ratas de su madriguera bajo tierra y solo era cuestión de tiempo para que las aplastara, una por una.
Tarareaba una tonada mientras caminaba al son del ritmo, moviendo sus rizos de un lado al otro. Se sentía seguro, ya que, Kageyama no mostraba una verdadera amenaza para su imperio, siempre y cuando su secreto fuera guardado; y nadie tuviera conocimiento de su pasado.
—Oikawa —Iwaizumi llamó su atención—, me necesitan en el edificio J, hay nuevos disturbios y los agitadores necesitan mi presencia para saber que nadie puede enfrentar a Tooru Oikawa. Así que, estás solo por el resto del día.
Tooru se rio, aunque iba a extrañarlo; disfrutaba en gran manera la presencia del otro. Pero tenía otras cosas de qué ocuparse, como reunirse con Shirabu para comenzar la construcción de los nuevos S.C.A.R.E.C.R.O.W.
—Eres malo, Iwa-chan —canturreó, tomando la mano del otro para girarlo y hacer que Hajime lo encarara.
—Sobrevivirás un día sin mí —dijo, con su ceño fruncido.
—Solo prométeme que estarás de regreso en la noche.
Iwaizumi lo rodeó por sus costados y ató sus manos en la espalda baja de Oikawa.
—Lo prometo —dijo simplemente.
Pero Oikawa tomó su mentón y lo trajo a sus labios, Iwaizumi se dejó guiar y sus músculos se relajaron cuando abrió su boca para profundizarlo, moviéndose en tándem.
Hajime, dejándose llevar aún por sus deseos humanos llevó su mano a la parte trasera de su cabeza, los rizos como chocolate enredándose entre sus dedos. Tooru dejó que el otro liderara, la intensidad de Iwaizumi siempre le parecía adictiva. Había sido el mismo cuando eran tontuelos adolescentes y lo seguía siendo después de tantos años.
Se separó de su primer oficial, detrás de los ojos esmeraldas de Hajime se encendían llamas inextinguibles; Oikawa se lamió los labios. Y por una fracción de segundo la dura expresión de Iwaizumi se volvió una de nostalgia y tristeza. El castaño se rio con ternura, eso le pasaba a su mejor amigo por mantener un corazón humano.
Aun podía dejarse dominar por las emociones.
—Más vale que regreses en una pieza —anunció el líder, no dejando que la amenaza pasara desapercibida—… y no me hagas esperar.
—Idiota —devolvió Iwa-chan—. ¿Alguna vez lo he hecho?
Kuroo se aclaró la garganta y recorrió nuevamente toda la expansión de desierto. Los cuervos habían tomado sus lugares haciendo un semicírculo, dándole todo espacio a él y la camilla a su lado. Pantera sentía su garganta seca y obstruida; como si alguien lo tuviera acorralado y lo asfixiara lentamente.
Sus ojos buscaron a Tsukishima, el rubio veía el suelo, y a su lado Kenma ponía suavemente su mano sobre su espalda; un gesto para reconfortarlo.
Casi frente a él, Asahi sostenía a Suga cerca de él, el cuervo blanco lloraba desconsoladamente; Amanecer dejaba caer las lágrimas libremente aunque no hacía ningún ruido.
El cielo se veía tan negro como la melaza, todos tenían una vela en sus manos y entre ellos encendían la pequeña llama, pasándola de hermano a hermano; Chispa se limpiaba los ojos y la nariz cada cinco minutos, las lágrimas le hacían más difícil el trabajo.
Tetsurou aún sentía como si lo que había pasado era un muy mal sueño; al siguiente segundo Kenma iría a despertarlo porque se había perdido el desayuno después de una misión cansada y larga. Él se levantaría de su litera e iría a la cafetería del Nido para comer algo y ahí se encontraría a Nicotina, Kuroo le diría algunas cosas para molestarlo, porque a él se le facilitaba meterse debajo de la piel de Daichi.
Bokuto seguiría muerto, porque había pasado demasiado tiempo convenciéndose para olvidar a su hermano.
Todo era más fácil así.
Porque eso significaba que Koutarou había muerto inmediatamente al caer del helicóptero como había insistido Akaashi. Pero ahora… sólo podía imaginar las horribles cosas que le habían hecho al despreocupado y feliz Ala Revólver, Kuroo hubiera preferido que muriera.
Cuando pensaba que el cuerpo bajo la manta que estaba en la camilla a la par suya era de Sawamura, la roca de todos los rebeldes; y que el Nido había sido encontrado y destruido…
Se limpió sus ojos con los talones de sus manos.
Si tan solo él se hubiera quedado en la base, si tan solo él no hubiera ido en la misión… Tetsurou podría haber hecho algo. Salvar a Daichi, salvar a Akiteru; demonios hasta habría podido salvar a Yaku.
Recordó el frágil cuerpo del chico pelirrojo; Morisuke apenas y había llegado con vida al campamento. Los daños habían sido graves y ahora Ennoshita lo tenía en cuidados intensivos. El médico había insistido que aún se encontraba en un estado delicado y su recuperación aún estaba lejana.
—Hermanos cuervos —empezó—, estamos aquí reunidos para darle eterno descanso a, quizás el killjoy más inteligente y valiente de todos nosotros. Sawamura Daichi fue más que solo mi líder, fue mi modelo a seguir; diablos, teníamos la misma edad pero de alguna manera él podía darme sermones cada vez que hacía algo osado —se rio.
Algunos se unieron a él entre risas, Hinata tenía los ojos inyectados de sangre pero sonrió levemente; a su lado estaba el androide sosteniendo su mano. Kageyama no derramaba lágrimas, pero de alguna manera su mirada lucía dolida. Kuroo nunca lo había visto parecer tan joven.
Sugawara no se rio, se cubría la mitad del rostro con la mano que no se aferraba a Asahi; estaba destruido. Ceniza era la persona más gentil entre todos ellos, nadie con un corazón así de puro merecía sufrir tanto dolor. Tetsurou no estaba seguro que él podría recuperarse.
Por eso había aceptado hablar de parte de él, porque sabía que Suga no sería capaz de hablar sin romper en llantos y Amanecer no era lo suficientemente fuerte. Así que por eso lo hacía, porque él debía ser la roca en donde los killjoys se debían apoyar por el momento. Porque nadie parecía dar un paso y tomar las riendas. Porque si nadie se ofrecía en ser el más fuerte, siempre debían confiar en el inmovible Tetsurou Kuroo y su máscara para aparentar que él podía sostenerlos.
Sabía qué era lo que todos pensaban, cuál sería su papel en todo eso.
¿Cómo podía decirles que Pantera Anfetamina no era el indicado para guiarlos a la victoria? Él sentía que no era el indicado.
Tragó la bilis en su esófago.
—Creo que todos aquí alguna vez recibimos algún sermón de Nicotina —se rio entre dientes—, apuesto que es capaz de darle un sermón a la Bruja Fénix si se tarda mucho tiempo en recoger su alma —mordió su labio y sintió una lágrima bajar por su mejilla, rápidamente la hizo desaparecer con su mano—. Pero en el fondo, lo hacía porque él creía en todos nosotros, aun cuando no nos sentíamos capaces, ahí estaba la voz de Nicotina, empujándote para hacerte entender que podías dar lo mejor de ti.
Hinata asintió ávidamente a eso, Akaashi ladeó la cabeza y sonrió con tristeza.
—Así que —continuó Tetsurou, realmente necesitaba un cigarrillo—…iluminemos los cielos negros una vez más en honor al verdadero corazón de los killjoys, ¡el único, el feroz, el genio: Cuervo Nicotina! —gritó.
Fue recibido por el vitoreo de todos los cuervos, mezclados entre sollozos y gritos.
Pero todos se callaron al ver que Sugawara había levantado la mano.
¿Quería dar unas palabras después de todo?
Ceniza llegó a su lado, con nariz roja y ojos hinchados; sus ojos ya no brillaban. Se aclaró la garganta, su voz sonaba ronca y carrasposa después de los gritos.
—Yo… —Sugawara dijo, pausando para mirar a su alrededor, ningún cuervo se atrevía a hablar—… Nicotina y yo llegamos al Nido juntos cuando él era solo un pichón y… bueno, yo también era un pequeño adolescente; tenía grandes esperanzas de salvar el mundo. Desde que era un niño, siempre me encontraba con personas que decían que el mundo ya estaba en ruinas, que no había más que hacer y luego conocí a Cuervo Nicotina. Una persona tan fuerte que a pesar que el mundo le había dado la espalda, él quería hacer algo, él quería salvarnos.
Kuroo se tuvo que morder su mejilla para no soltar lágrimas. Suga hablaba con una sonrisa, como si sabía que Daichi estaba ahí viéndolo y la última imagen que vería antes de acompañar a la Bruja Fénix debía ser la radiante sonrisa de Ceniza.
—Nicotina nació para ser el líder de los killjoys, para ser nuestra roca y nuestro hogar. Y lo era… —su voz comenzó a quebrarse y se mordió los labios; pero se obligaba a seguir sonriendo, aun cuando sus comisuras temblaban—… era mí roca.
Asahi corrió a su lado para pasar un brazo por sus hombros, trayéndolo en un abrazo tranquilizador.
—Cuervo Nicotina —llamó, mirando al cielo—, mí Nicotina; espero que por fin descanses y que la Bruja Fénix pueda llevarte a casa —abrió sus brazos ante la enorme expansión de vacío en el negro espacio—. La guerra ya terminó para ti, mi querido soldado, nosotros tomaremos tu antorcha.
Kuroo y Asahi llevaron el cuerpo de Daichi envuelto en una manta hacia su lugar de descanso; debían enterrarlo ahora. Amanecer tomó la pala y comenzó a enterrarlo, llorando cada vez que tomaba más tierra para sepultarlo.
Sugawara tenía la máscara de Daichi en sus manos, era negra y cubría hasta su nariz. Ceniza Radiante le dio un último beso antes de dejarla caer al lado del líder.
—Hasta que nos veamos nuevamente —murmuró entre susurros rotos que solo Kuroo pudo escuchar—; y que la Bruja Fénix junte nuestras almas en el más allá —frotó sus ojos con las mangas de su chaqueta y pequeños sollozos salieron de sus labios.
Kuroo no tenía idea si se podían recuperar de eso.
La siguiente en hablar fue Saeko, su cabello estaba desordenado y su único ojo estaba rojo. La muerte de Akiteru le había pegado muy fuerte, pues ella era la única que quedaba del trío de amigos. No importaba cuantos nuevos hermanos podrían haber ganado, Kuroo podía entender lo especial que habían sido los killjoys originales; mucho más que hermanos.
Para ella, la única familia que le quedaba ahora era Ryuunosuke.
Tsukishima no dijo nada, Kuroo podía entenderlo. Su luto era privado y nadie más podía entender cómo se sentía; a sus cortos veintidós años había perdido no en una sino en dos ocasiones a las personas más cercanas a él. Sin embargo el de anteojos se acercó a la tumba de Daichi y dejó caer la máscara de Akiteru, susurrándole unas últimas palabras que Kuroo no pudo escuchar.
Tanaka se acercó para decir unas palabras de Taketora y Kuroo dijo una despedida para Inuoka; él chico pelirrojo había sido apenas un niño. Tetsurou se preguntaba si tal vez él hubiera podido convencerlo de acompañarlo, pero no podía divagar más en el pensamiento, la culpa era una carga pesada que llevar.
Después de unas horas, cuando ya estaba entrada la penumbra y no se distinguía entre la noche y el alba; todos regresaron al campamento temporal, excepto por Tsukishima, Sugawara y Saeko. Kuroo sentía su corazón pesar, se acercó al chico rubio y se detuvo antes de decir algo; sabía que Kei necesitaba su espacio, pero Pantera necesitaba hacerle saber que no estaba solo.
Así que solo tomó su mano y la apretó suavemente.
Kuroo estaba preparado para que Tsukishima arrebatara su mano, pero no lo hizo. Sus cejas levemente se levantaron y sus labios comenzaron a tiritar. Su respiración se tornó forzada y comenzó a aspirar con urgencia por su boca.
La arena comenzó a mancharse con sus lágrimas; pero Tetsurou no lo soltó, porque sabía por lo que pasaba y a veces lo único que se necesitaba para sobrevivir toda esa locura, era la mano de alguien más cubriendo la suya.
Cuando Kei se encaminó hacia el campamento, Kuroo lo siguió; solo quería asegurarse que el chico durmiera un poco. Dejó al rubio en su cama sin decir una palabra, Ácido no abrió la boca en todo el funeral, tampoco lo hizo después. Tetsurou ni siquiera estaba seguro que él podría dormir, pero al menos Tsukishima estaría en la calidez del camping.
Pantera Anfetamina sentía su cuerpo comenzar a cansarse y sus músculos pesaban cada vez más; sabría que debía dormir dentro de poco, él no había parado de correr de un lado a otro desde que escuchó la transmisión del Doctor interrumpirse. Pero no podía hacerlo, no todavía, al menos.
Pasó caminando por las tiendas en las que los heridos descansaban y escuchó una letanía de susurros, mezclados con sollozos. Kuroo se acercó y su corazón se hundió al caer en cuenta que se trataba de Akaashi y Bokuto.
Tetsurou no era lo suficientemente fuerte para encarar a Koutarou, porque solo bastaba ver la imagen frente a él para traerlo de rodillas y llorar como un niño.
A Bokuto le habían removido su máscara de gas y los tubos que salían de su cráneo habían sido reemplazados con tornillos que Kageyama y Ennoshita ajustaron para dejar que sanara. Por presentar una amenaza latente, su brazo metálico y su pierna habían sido removidas; el androide aseguraba que podían ser «instaladas» nuevamente —Kuroo hizo una mueca de disgusto ante la palabra, como si estaban tratando de una cosa y no de su mejor amigo—.
Así que ahora Koutarou solo tenía un brazo, una pierna derecha y su muslo izquierdo hasta la rodilla, su boca tenía una cicatriz en la comisura derecha, que atravesaba el labio superior e inferior. Aún no había despertado de la sedación; así que nadie tenía idea a lo que se enfrentarían todavía. Ennoshita llegaba cada ciertas horas solo para revisarlo.
Akaashi se había escabullido a la camilla hospitalaria de Bokuto; como Koutarou lo hacía incontables veces en la cama de Keiji. El ruidoso killjoy tenía su cabello acostado, muy diferente a su característico peinado; Histeria acariciaba los cabellos negros y blancos, mantenía la cabeza de Bokuto en su pecho.
Histeria tenía sus ojos cerrados y sus labios se movían con rapidez, murmurando una y otra vez:
—Por favor vuelve a mí, por favor vuelve a mí, por favor vuelve a mí —sus largos dedos se deslizaban por los mechones de Bokuto—; Por favor vuelve a mí, por favor vuelve a mí.
Ala Revólver no se movía, pero su pecho subía y bajaba.
Kuroo odiaría interrumpir, así que solamente entró a la tienda de al lado. Todas las carpas del campamento estaban instaladas con cuatro pilares de madera; así que eran resistentes, pero temporales. Grupos de tres killjoys hacían guardia en la periferia, ellos sonarían la alarma si veían problemas.
Dentro de la carpa, notó a Fukunaga dormido, Kyoko estaba al lado de Yachi; la pequeña chica había recibido atención médica y sus heridas fueron vendadas. Yaku estaba en la misma tienda de Tsukishima, en donde se encontraban los más graves.
Bokuto estaba en una aparte, porque nadie sabía cómo reaccionaría.
Pantera se sentó en una silla y finalmente el cansancio clamó todas sus energías y cayó en un sueño sin sueños.
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Se despertó cuando sintió que lo estaban zarandeando; abrió lentamente sus ojos y lo primero que vio fue la cabeza como pudín de Kenma. Su amigo lo miraba con urgencia, enormes ojos abiertos como platos; muy diferente al estado natural del chico, así que de inmediato Kuroo se puso alerta.
—¿Kenma? ¿Qué pasa? —preguntó, su voz áspera y seca.
«Bokuto despierta ahora»
Maldiciendo bajo su aliento se puso de pie de golpe, corrió hacia la carpa de al lado para ver a Akaashi congelado frente a la cama de Bokuto, el cuerpo de Koutarou se removía, como si estuviera lentamente despertando de un mal sueño. Kuroo se mordió los labios y zafó el hacha de su costado; al igual que él, Kageyama tenía una pistola lista; por cualquier movimiento extraño del chico.
Los enormes ojos dorados se abrieron y comenzaron a moverse por toda la habitación, escaneándola. Seguía teniendo ojeras y su esclerótica estaba rojiza; pero su mirada era enfocada.
—Boku… —dijo Akaashi sin aliento, comenzando a acercarse con los brazos abiertos—… Koutarou… —su voz se comenzaba a hundir.
Ala Revólver lo miró de lleno; pero su expresión no cambiaba. Keiji no lo notó pues siguió acercándose, estaba perdido en la imagen que veía frente a él. El amor de su vida vivo y respirando a menos de un metro, así que Akaashi llegó a su lado para alcanzar su mano.
—¡Akaashi, espera! —exclamó Kuroo.
Sin embargo fue muy tarde y Bokuto tomó un puñado de su camisa y lo haló con demasiada fuerza hacia él; Tetsurou pudo apenas distinguir cómo Koutarou estrellaba su cabeza con la de Keiji. Cuando lo alejó el que antes era un killjoy tenía sangre en su frente pero no pertenecía a él.
Kuroo se apresuró para capturar su brazo y Kageyama sus muslos, pero Bokuto se movía como una bestia con rabia. Su fuerza era demasiada, Pantera tuvo que usar todo su peso para encarcelarlo y atar su brazo con una soga; cuando Kageyama y él estuvieron listos se alejaron de él.
Pero Koutarou se movía sin pensar, aparentemente la droga de la felicidad y el sinfín de medicamentos en los que estaba no se habían acabado.
Mientras, Akaashi había caído sentado en el suelo, con riachuelos de sangre deslizándose desde una cortada en su frente, hasta el puente de su nariz y luego a sus labios.
—Qué extraño —señaló Kageyama luego que Ennoshita terminara de suturar la cortada de Akaashi justo debajo de la línea de su cabello—, después de todo este tiempo, una dosis normal de los medicamentos de la felicidad se habría acabado.
—Lo atiborraron de medicamentos… —comentó Histeria, como si todavía no podía creer lo que acababa de pasar.
—Es lo más probable —concordó el androide—, aumentaron las dosis; además que se lo administraban por la vía nasal, en forma de gas y de líquido, directo a su cerebro.
Keiji negó y miró al suelo.
Bokuto luchaba contra sus ataduras como un animal, aunque no tuviera todas sus extremidades, su fuerza era descomunal. No hablaba, pero miraba como si no conociera a nadie en la habitación.
Ni siquiera a Histeria.
—¿Cuánto tiempo hasta que el efecto de las drogas desaparezca? —cuestionó Kuroo.
Tobio se cruzó de brazos, no era un farmaceuta, además no era de pastillas que hablaban, sino gas. Ni siquiera sabía si había un retorno después de eso.
—No estoy seguro, debemos mantenerlo en observación. Esperar que la niebla se disperse para saber con qué estamos tratando.
Pantera chasqueó su lengua con molestia.
—¡Kageyama! ¡Kageyama! —entró un killjoy a la tienda de campaña.
Choque Binario reconoció a Yuuki Shibayama, un pequeño chico de cabello negro y rasgos felinos. Detrás de él venía Hinata y Kageyama se relajó instantáneamente; Shouyou había recibido algunos golpes serios, pero el pequeño cuervo odiaba quedarse sentado, así que ayudaba en lo que podía.
—¡Kageyama, el Doctor Desafiando a la Muerte debehablar contigo —anunció—… ahora!
Tobió salió con los dos chicos y llegaron a otra sección del campamento, lleno de cables y pantallas. Se asemejaba al cuarto de Inteligencia que habían tenido en el Nido, pero este era más obsoleto, parecía que había sido construido en poco tiempo. Ahí estaba Kozume Kenma escribiendo en un computador.
Ukai estaba en medio de una transmisión de radio.
—Y la canción que acaban de escuchar, reinas de choques, ha sido nada más y nada menos que «Bottle Rocket» de los anarquistas «House of Heroes». Una melodía que se mete en su piel y hace que sus poros griten. Así que no sean tímidos mis desertores, su Doctor ha llegado para quedarse, demostrémosle a BL/ind los movimientos de baile que usaremos para zapatear en su tumba.
Kageyama levantó su brazo para capturar la atención del Doctor, Keishin lo reconoció y le pidió un momento.
—Así que llamen, pidan la canción que los pone dementes y bailemos hasta que la Bruja Fénix venga por nosotros —comenzó a tocar una nueva canción—. Y ahora para deleitar sus orejas con perforaciones «Bulletproof Heart» de nuestros queridos y difuntos «My Chemical Romance»; es su turno de hacerme compañía con sus voces y pedir una rola para sobrevivir el amanecer, aquí, en la WKL viniendo más caliente que la piel de un cabeza de onda.
El Doctor Muerte presionó un botón y la melodía se apoderó de la radio.
—¿Doctor, quería verme?
—Sí —respondió Ukai—, tengo algo urgente que mostrarte.
El hombre movió su silla de ruedas y llegó al lado de Kenma, Sombra seguía escribiendo con velocidad, sin ver sus dedos ni el teclado.
—Como ya habrás sabido, perdimos la señal de la radio cuando comenzó el ataque al Nido. No sé cómo, Oikawa fue capaz de interceptarnos; afortunadamente, uno de los primeros en escapar fue Sombra —explicó—. Con su ayuda, pudimos recobrar la señal y la red. Creó otro canal diferente, un poco más complicado para evitar ser hackeado luego. Pero el proceso fue lento; solo teníamos una persona. Tsukishima —su voz se apagó—… Tsukishima está indispuesto.
—Pero mira —Ukai se rio entre dientes—, ya estoy divagando; tendrás que darme un descanso, a mi edad es difícil comandar y el sol está más caliente que un sauna en el medio oriente. Mi cuerpo se siente como una jungla hoy; hace muchos años no hago mis transmisiones al aire libre.
Takeda también estaba ahí y terminó alcanzándole una soda pop.
—Volviendo al tema, Sombra creó una red segura, pero notó algo extraño en el servidor. Un mensaje, la dirección del remitente estaba codificada de una manera que Kenma no pudo descifrar, tampoco rastrear. Y no creemos que provenga de cualquier otra base aquí afuera en el desierto.
La noticia era insólita, Kageyama comenzaba a sentir un escalofrío en el fondo de su estómago.
—¿Por qué lo dices? —preguntó el pelinegro, su boca se había secado en segundos.
—Porque pedía específicamente por ti —Ukai le hacía agujeros con su mirada—. Nadie en las afueras del Nido sabe de la existencia de un androide fuera de Ciudad Batería; y sin embargo, esta persona pidió específicamente por ti. Mira, léelo por ti mismo.
Todos sus miembros se sentían entumecidos y su estómago se revolvía intranquilo; sin embargo se acercó al lado de Kenma. El Doctor le hizo una señal al tímido chico y él abrió una ventana de dialogo.
Tal y como Keishin lo había dicho, el remitente estaba marcado como «Desconocido» y el mensaje se leía:
«Tobio Kageyama, exterminador con número de serie: K-078662. Si este mensaje no llega a sus ojos, me niego a hacer tratos con ustedes killjoys.
Kageyama, si lees esto, es porque todavía hay esperanza. Si aún te interesa saber toda la verdad, debemos conocernos en persona. Pero solo podemos reunirnos hoy, ve a las coordenadas que adjuntaré abajo y encuéntrame ciento ochenta minutos antes del anochecer.
Acude solo; si veo a un cuervo cerca me negaré a encontrarte.
Ya es hora que cambiemos el mundo.
IEN»
Las iniciales.
¿IEN no había muerto?
¿No había sido Hanamaki?
—¿IEN? —Leyó el Doctor Desafiando a la muerte en voz alta—. ¿Se te hacen familiares esas iniciales?
—Sí —contestó sin pensarlo, sentía sus oídos timbrar, su mundo le daba vueltas al ver un nombre tan familiar desde que había salido de la ciudad—. Él nos ayudó a Hinata y a mí a escapar.
—¿Es un aliado? —preguntó Ukai.
—Creo que sí…
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—¿No tienes idea de quién se trata? —preguntó Pantera Anfetamina de brazos cruzados.
Kageyama les había contado toda la historia —sin omitir ningún detalle—, desde que Hinata había llegado a su vida. IEN había sabido todo y nunca lo delató con Oikawa; es más le daba pistas para poder despertar y así querer escapar de la Ciudad Batería en primer lugar. IEN sabía quién era Destroya y el secreto de BL/ind.
Quizás sabía cómo detener a Oikawa.
—No —contestó Choque Binario—, pero está de nuestro lado, eso lo sé.
Kuroo se cruzó de brazos e hizo una mueca, no parecía para nada convencido. Sugawara se veía años más viejo y cansado; Ukai se sostenía su barbilla en pensamiento y Hinata solamente miraba toda la escena.
—Déjenlo ir —escuchó una voz abogar por él.
Se tuvo que sorprender cuando el killjoy que jamás habría esperado apoyarlo entraba a la tienda de campaña. Kei Tsukishima tenía ojeras oscuras pintando los alrededores de sus ojos y sin embargo su mirada era serena; había escuchado toda la discusión.
—¿Hablas en serio? —preguntó el killjoy de ojos entornados.
—Piénsalo un poco —ladró el rubio, sin los anteojos se parecía mucho más a su hermano—; perdimos todo lo que tenemos: el sistema informático, los alimentos, la mayoría de nuestro armamento, la mayoría de nuestros vehículos, ¡nuestras malditas habitaciones! No tenemos nada —recalcó—. Así que por eso no tenemos qué perder tampoco, por lo que Kageyama nos dice, este sujeto los ayudó a escapar de Oikawa y si él viene de Ciudad Batería, no nos vendría mal tener un aliado ahí adentro. Al menos eso creo que diría Daichi.
Tetsurou se había quedado sin habla, Tsukishima no hablaba demás si no había necesidad; tampoco había demostrado interés cuando se trataba de la toma de decisiones en la base. Pero en ese momento, Kuroo no podía refutar sus palabras porque su lógica era sólida.
—No podemos dejarlo ir por él solo —razonó Pantera.
Ceniza era el único que no decía nada.
—¡Puedo ir con él! —ofreció Hinata.
—No —intervino el androide—, IEN no se presentará si alguien me acompaña.
—Entonces olvídalo —cortó Kuroo.
—Esperen —rebatió Kageyama—, esperen, por favor; yo quiero hacer esto. Puedo… puedo entender a IEN porque yo pensaba igual que él antes de conocer a los killjoys, antes de salir de Ciudad Batería. Si bien no apoyaba las doctrinas de las industrias BL, tampoco confiaba en los rebeldes, porque según Better Living, no eran más que bestias; primates sin lógica o pensamiento. Pero luego descubrí lo diferentes que son y que ahora puedo confiar plenamente en todos. Entonces, por favor —pidió—, déjenme hacer esto a mí por ustedes; por el cobijo que me han dado. Quiero compensarlos ayudándoles a encontrar una salida a todo esto.
—De acuerdo —Sugawara habló—, ve. Eso… es lo que decidiría Daichi.
Kageyama sintió su pecho brillar con esperanza.
—Pero escucha bien, Kageyama —Kuroo se acercó a él de manera amenazante—, después que te encuentres con este «IEN» tienes cuatro horas para regresar al campamento, para entonces ya tendremos todo listo para volvernos mudar. Así que si acaso esto significa malas noticias y BL/ind te captura, no tendrás idea de dónde nos encontramos. ¿De acuerdo?
—Sí.
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Estaba nervioso cuando apagó el automóvil; las coordenadas que IEN había digitado guiaban todo el camino a una vieja choza de ladrillos desgastados, el polvo y los rayos del sol se habían comido la pintura y plantas secas estaban rodeando la estructura. Había escombros en todas las afueras de la abandonada casa.
Pero no parecía que alguien estuviera cerca, ni en metros a la redonda. Kageyama, se adentró al cobertizo con cautela, una sensación persistente zumbaba en su pecho mecánico; como si se estuviera acercando a su propia perdición. Hinata lo había visto con ojos suplicantes, pidiéndole silenciosamente que lo llevara, como si tenía miedo que esa vez sería la última que se verían.
Pero Shouyou sabía muy bien que él no podía hacerlo, así que solamente apretó su mano y susurro un quedo: «Ten mucho cuidado.»
Kageyama quería haber oído un «Te amo».
Cuando entró a la abandonada y destartalada casa, sus ojos rápidamente se adecuaron a la negrura de adentro; cuando notó la figura negra sus dedos se comenzaron a poner helados.
Había alguien ahí adentro.
—¿I-IEN? —se maldijo por haber tartamudeado, eso era señal de miedo.
—Dime la contraseña de Suguro Daishou, la que te di en Ciudad Batería que utilizaste en el edificio de Información —pidió, su voz era neutra. Kageyama no podía identificar su sexo o edad.
Así que no tuvo más opción que contestar:
—AWNVGH13.
Y luego la figura oscura caminó hacia el lado de una ventana, en donde algunos rayos de sol entraban con debilidad.
Todo el mundo de Kageyama se cayó.
—I… Iwaizumi… —murmuró anonadado.
Hajime Iwaizumi, el segundo al mando de toda la corporación, confidente del dictador y mejor amigo de Oikawa; creído un dios por algunos. Su guardaespaldas y caballero, responsable de la muerte de incontables rebeldes.
Kageyama estaba jodido.
¿Todo había sido una trampa?
¿IEN y su escape habían sido planeados por Oikawa?
Todo en su sistema le estaba gritando que debía correr de inmediato de ahí, quién sabe de qué era capaz el dictador de BL/ind si le ponía las garras encima a Tobio otra vez. No había manera que él regresara a Ciudad Batería otra vez.
El pelinegro encaró la salida y comenzó a apresurarse para salir huyendo, pero con un chirrido y el levantamiento de una cortina de polvo, e Iwaizumi ya estaba bloqueando la salida.
—¡No! —gritó Kageyama con desesperación, lo único que podía pensar era en la retorcida sonrisa del dictador.
—Kageyama, cálmate —ordenó Iwaizumi con simpleza, pero observaba todos sus movimientos, no estaba planeando dejarlo escapar.
—Todo fue… todo fue… —jadeaba sin control, rápidamente perdiendo sus esperanzas—.Él lo planeó… él lo planeó.
¿Qué pensaría Hinata cuando él no regresara? No podía pensar en nadie más que no fuera el pequeño pelirrojo.
—¡Kageyama! —Exclamó Iwaizumi, su barítona voz reverberando en el techo de aluminio—. Escúchame, Oikawa no tiene idea de que yo estoy aquí. Contrólate, sé que soy la última persona que esperas ver, pero tus ojos no te engañan; yo te ayudé a escapar, yo te abrí los ojos, yo vi cuando tomaste el cuerpo de ese killjoy y no lo llevaste como prisionero a Tooru; y borré el vídeo que te incriminaba.
—Pero tú… —murmuró con temor.
—Yo soy IEN.
—¿Hanamaki? —apenas pudo articular.
—Hanamaki y yo teníamos nuestras propias razones para detener a Oikawa; él decidió que mi lugar era más importante de mantener así que se sacrificó por ambos. Maki estaba seguro que él no iba a salir vivo desde el momento que llamó tu atención.
—Pero pensé… ¿No eres su guardaespaldas…? ¿Entonces… por qué?
—Es una larga historia, y la compartiré contigo, pero antes hay unas cosas que debes saber.
—¿Oikawa? —Cuestionó en segundos, Tobio todavía tenía dificultad para poner sus ideas en orden; sentía que en cualquier momento la sonrisa burlona de Tooru saltaría y lo atacaría por la espalda—. ¿No puede él encontrarte aquí?
—No, no te preocupes por eso, el no podrá saber nada y tampoco podrá venir. Oikawa no puede salir de Ciudad Batería, ese es el secreto más resguardado por BL/ind. Ni siquiera lo saben los exterminadores de alto rango, ni los ajustadores de pensamiento. Su núcleo es el que le da el poder a toda Ciudad Batería.
—Pero yo… yo pude salir… ¿por qué?
—Destroya —respondió—, la creación perfecta de Oikawa. Esperando que nadie lo encontrara, él lo dejó en el desierto para que se oxidara con el paso de las décadas, pero su núcleo lo fragmentó en dos. Tú fuiste creado de una mitad, es por eso que funcionas aquí afuera.
—¿Yo… fui creado a partir de Destroya?
—Sí, Oikawa pensó que su núcleo había muerto hace años, pero ahora busca su otra mitad. En las grabaciones de Ushijima lo comprobé, ¿no sentiste un torrente de energía recorrer todo tu cuerpo? ¿Dándote más rapidez, fuerza y sobrecarga?
Eso había sido…
—Sí —respondió.
—Oikawa logró descubrir el Nido, pero no tiene manera de cómo encontrar a Destroya antes que tú.
—Pero… entonces… ¿cómo nos logró descubrir? ¿Cómo supo la localización de la base subterránea? —Según Kageyama, Tooru tenía ojos en todo el desierto.
—De la misma manera que descubrió a Tadashi Yamaguchi —explicó—; él pudo ver todas las memorias de Koutarou Bokuto cuando se le realizó el ajuste de pensamiento.
¿Ala Revólver había sido el responsable después de todo? Gracias a él todos los secretos de la resistencia habían sido expuestos con facilidad; los rostros de los cuervos… sus nombres… sus números…
Pero ellos tenían a Iwaizumi ahora.
—¿Por qué estás haciendo esto? —preguntó con nerviosismo.
Hajime sostenía su enorme espada en sus manos, se miraba austero, como si no estaba cometiendo el crimen más grave de toda la historia.
—Para contestar eso, debo comenzar desde el inicio; diciéndote quién exactamente es Tooru Oikawa.
¿Intrigados?
Espero que les haya gustado.
Como siempre sus comentarios, opiniones, reclamos(? Son siempre bienvenidos con una sonrisa, una galleta y un abrazo de oso.
Nos leemos luego.
