Feliz Navidad otra vez!

Recuerdo que subí este fic en la navidad del 2015, así que esto haría al fic cumplir un año hoy :D ¡Y qué año ha sido!
Un abrazo a las que estuvieron conmigo desde el inicio, gracias por seguir pendiente de la historia hasta hoy.

Lamento haberme tardado tanto, pero espero volver a tomar el ritmo que antes tenía, aunque no especificaré cuando será la siguiente actualización porque no tengo idea, pero ya comencé a escribirlo, de eso no se preocupen.

Tengo planeado hacer un capítulo aparte pero siguiendo la historia, un especial de aniversario, hacer las cosas más ligeras por una vez jaja, esperaba tenerla lista ahora, pero no he podido, así que esperen atentos a eso. ;)

Gracias a Ren por editar el capítulo y mantener los spoilers bajo llave, un beso y abrazo aunque no quieras, ven acá!

El título del capítulo es una canción perteneciente a la banda Mumford and Sons, si tienen la oportunidad escúchenla y tengan a Akaashi y Bokuto en mente, estoy segura que les gustará.

»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: KoutarouBokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai
Choque Binario: Tobio Kageyama
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi «


I Will Wait

Brillen con el sol renaciente de cada flameante salida del sol, aquí su confidente con las mejores rolas: Doctor Desafiando a la Muerte, sonriéndoles a través de las bocinas como si fuéramos amantes del verano del '70. ¿Me han extrañado? Yo no he logrado pegar los parpados pensando en mis queridos cuervos rebeldes.

Es como si fuerzas malignas y monocromáticas están intentando separarnos, pero no se inquieten, a este viejo aún le queda un poco de pelea en sus huesos y seré condenado si permito que me alejen de mis ondas de radio.

Así que a estar tranquilos, mis gatitos anarquistas, que aún no somos fantasmas.

Y mientras tanto, nuestros queridos killjoys esperan con ansias y dedos helados el regreso de Choque Binario. ¿Será que el cuervo bebé traerá buenas nuevas? ¿O quizás en el fondo no era tan cuervo cómo creíamos?

Solo podemos ver al horizonte y esperar.

Y mientras lo hacemos, ahora suena «Light» de los anarquistas «Disturbed».

Hinata se encontraba sentado dentro de una de las tiendas, le subió el volumen a la transmisión de radio de la WKL, haciendo estallar la melodía. Su pie comenzó a moverse siguiendo la tonada de la canción, pero luego el zapateo se convirtió en un tic derivado del nerviosismo que mordisqueaba sus esquinas sin cesar.

¿Y si algo malo le había pasado a Kageyama y todo había sido una trampa?

No, no, si eso fuera cierto entonces todos en ese campamento ya estarían más que muertos.

¿O solo estaban haciendo tiempo?

Podía pensar cientos y cientos de razones en las cuales todas, o la mayoría de ellas, finalizaban con todos los killjoys muriendo. Sin embargo, jamás se le cruzó por la mente que Kageyama podría traicionarlos, simplemente porque no tenía sentido. El androide era un cuervo como Hinata y quizás de todos ahí, él tenía la razón más sólida para acabar con Oikawa.

—Renacuajo, empaca tus cosas personales, nos vamos en una hora —avisó Pantera.

—Choque no ha regresado.

—Lo sé, pero su tiempo se le está acabando y debemos movilizarnos, estamos demasiado expuestos aquí en la superficie.

—Va a regresar, lo sé, solo debemos darle un poco más de tiempo.

Kuroo se rio entre dientes y negó con su rostro, curiosamente sus ojos no se miraban felices.

—No dudo que Choque regrese, renacuajo; lo que me preocupa es que no regrese solo.

Pantera salió de la tienda de campaña y lo dejó con sus pensamientos. Hinata pudo ver que afuera, en el campamento, todos los cuervos se movían con prisa, atando grandes máquinas arriba de los automóviles, guardando armas, municiones y pantallas de computador.

—Gracias por hacer esto, Canela —dijo Akaashi a la pequeña rubia que alistaba un pequeño estuche.

—No es problema, Histeria, me alegra poder ayudarte un poco.

El pelinegro notó una horrenda mancha verdosa y enfermiza en su antebrazo, seguramente producto de su lucha contra Koutarou. Keiji todavía hacía una pequeña mueca involuntaria cuando recordaba esos momentos; cuando él llegó al despacho de Nicotina y Bokuto tenía acorralados a los dos cuervos.

Torcía su rostro involuntariamente también cada vez que veía al roto Revólver y cómo sus apuestas facciones que siempre sonreían y le alegraban el día; ahora se enrollaban en una máscara llena de ira y odio, dos sentimientos que jamás habían llenado el corazón de Koutarou

—Aun así, gracias.

—¿Ya estamos listos? —entró Asahi a la tienda de campaña y detrás de él, Onaga.

—Sí —aseguró Akaashi.

Los dos enormes chicos se acercaron a la camilla de hospital en la que Bokuto estaba atado. Los dorados ojos del chico, inyectados de sangre se movían a todos los presentes; mirándolos con suma concentración, retándolos que se acercaran para poder exterminarlos. «Esta es la única manera» se repetía Akaashi. Se estaban mudando y era la única manera de hacer que él los acompañara.

Asahi usó todo su cuerpo y sostuvo el único brazo de Koutarou, cuando el chico vio la amenaza comenzó a forcejear con las sogas que lo sostenían; nunca haciendo más sonidos que unos cuantos gruñidos. Wataru lo tomó como señal y sostuvo sus muslos.

Bokuto apaleaba con una fuerza monstruosa, Keiji tuvo que colocar un pañuelo en su boca y cubrirla como si fuera un bozal y Koutarou no fuera más que una bestia rabiosa. Miró como Yachi se acercaba al cuello del chico y sacaba una jeringa llena de un líquido viscoso y cristalino. Sus lágrimas lo sorprendieron a él mismo cuando comenzaron a bajar por sus mejillas.

Cerró los ojos y los abrió hasta que el cuerpo de Koutarou se dejó de mover y su pulso bajara hasta parecer un arrullo.

—No te preocupes, Histeria —aseguró Onaga, él siempre había sido compañero de Bokuto cada vez que salían en misiones—, déjanos esto a nosotros, nos encargaremos de llevarlo seguro. Mientras tanto, deberías dormir antes de irnos, sé que no has descansado nada.

Keiji se preguntó qué tan miserable debía verse para que asumieran correctamente que no había podido siquiera cerrar los ojos. Sólo cuando se llevaron a Bokuto y Akaashi se quedó en las sábanas en las que había estado, pudo relajarse. Debajo de todo, Koutarou olía igual, olía a casa.

Histeria pudo dormir envuelto en ellas.


Kuroo revisaba la última lista de inventario de todo con lo que contaban; algo que había aprendido de ver al líder es que el orden lo era todo; no había nadie más formal que Daichi. Ya estaban listos para partir, y había algunos lugares en el mapa como posible destino, pero nada estaba escrito en piedra todavía.

Se habían reagrupado, ahora debían ganar fuerzas y atacar.

Tetsurou llevó la lista a una de las pocas tiendas que quedaban; Tsukishima veía el mapa con detenimiento, sus cejas se arrugaban y llevó una mano para acomodar sus nuevos lentes en el puente de su nariz.

Esos habían sido un obsequio de Kuroo el día anterior; Pantera había salido unos momentos para conseguir víveres y se encontró con una cabaña abandonada, adentro habían tres cuerpos, algunas latas y dos pistolas sin balas. El pelinegro no reparó en los cadáveres hasta que notó que uno llevaba unos anteojos.

El tipo se había disparado en su boca, pero al menos no había dañado los lentes.

Y por un momento pensó que Tsukishima tendría algo qué decir acerca de usar los anteojos de un cadáver, pero en su lugar, solo les pasó un pañuelo húmedo y se los colocó en su rostro. Arrugó su respingada nariz y murmuró algo como: «Tienen más aumento, pero me acostumbraré». Kuroo le sonrió y Kei susurró un suave: «Gracias» sin verlo a los ojos.

Entonces ahí estaban, el rubio veía el mapa con tanta intensidad, como si fuera una pintura con todas las respuestas a todas sus preguntas y estas se desenvolverían si la miraba con detenimiento.

—¿Se te ha ocurrido algo? —preguntó, intentó no sonreír al pequeño sobresalto que dio Tsukishima al escucharlo, había estado metido en sus pensamientos quién sabe por cuánto tiempo—. Ya casi es hora que nos movamos.

Los anteojos eran de marcos gruesos y más grandes que los anteriores, pero Kuroo opinaba que le quedaban bien.

—Podríamos movilizarnos de la Zona 45 hacia el sur… ver que encontramos… Podemos manejar a los draculoides y todo se hará más fácil una vez que nos alejemos de Ciudad Batería.

—¿Cómo sabemos que Oikawa no vendrá por nosotros?

—Quería destruir el Nido, lo hizo. Quería matar a nuestro líder, lo hizo también. Seguramente está disfrutando su victoria.

—Aun así…

—Lo sé, lo sé. No podemos pasar huyendo el resto de nuestra vida, Ceniza opina lo mismo; él está listo para marchar hacia las puertas de Ciudad Batería y luchar con lo que tenemos. En mi opinión, es una misión suicida y las probabilidades que podamos hacer algo son nulas.

—Tenemos muchas bocas que alimentar y ya perdimos la mayoría de las provisiones cuando se hundió el Nido.

—Se me ocurrió una idea, pero tenemos más probabilidades de sobrevivir si divagamos en el desierto sin rumbo —Kei se cruzó de brazos.

Ácido era inteligente y no se dejaba guiar por sus emociones, algo que ni siquiera Tetsurou había aprendido a dominar completamente. Tsukishima tenía la habilidad de mantener una cabeza fría, y aunque no lo parecía, le preocupaba el bienestar de todos los cuervos.

—¿Tan malo?

—Sí.

—Dispara.

El rubio resopló y señaló un lugar en el mapa: La Zona 1.

—¿Hablas en serio? —preguntó Kuroo.

—Es la única comunidad organizada que vale la pena, Pantera; es lo suficiente grande para todos nosotros; saben quiénes somos y quién fue Nicotina. Tienen más que suficiente alimento para un país, tecnología avanzada y BL no sabe que existen.

Hablaba de La Colmena.

Una comunidad oculta en los alrededores de la Zona 1, de ahí provenía Futakuchi, se especializaban en las lecturas de radiación y estática. Y aunque eran rebeldes se mantenían inactivos en la resistencia. Pero Kuroo sabía que eso no podía terminar bien, no era como si El Nido y La Colmena estaban en malos términos, pero no podían aceptar un gran número de refugiados.

—Trabajamos para ganarnos nuestro lugar, jugamos a sus reglas, les ayudaremos y ganaremos nuestra estancia —agregó, seguramente al ver el rostro escéptico de Pantera—. Además, estoy seguro que cuando su líder escuche las noticias de Nicotina, querrá ayudarnos.

No tenían otro lugar mejor.

—Hablaré con Hierro en el camino —dijo Kuroo—, con su ayuda nos abrirán las puertas. Por el momento, es todo lo que necesitamos.

Tsukishima asintió levemente y el pelinegro se dirigió a la salida.

—Pantera —llamó, Kuroo se giró para mirarlo, el de anteojos dio unos cuantos pasos para acercarse—… gracias, por… todo.

El pelinegro sonrió y notó que Tsukishima tenía las dos katanas de Akiteru en sus costados.

—De nada…

—Y —lo interrumpió—, debo admitir que tenías razón, yo… tenías razón.

El pelinegro se acercó y tomó su mano, enrollándola entre sus largos dedos y dándole un apretón.

—¿Quieres darme un infarto? Que Ácido Lunar te dé la razón… eso… guau…

Kei puso los ojos en blanco, pero Kuroo pudo notar una pequeña sonrisa en la esquina de sus labios. La primera del rubio en quién sabía cuánto tiempo. Tetsurou sonrió ampliamente, ver a Tsukishima feliz le levantaba el ánimo en gran manera, si por Pantera dependiera, el rubio jamás dejaría de sonreír.

Kuroo acercó sin pensarlo la mano de Ácido y le dio un beso en el dorso.

Los ojos dorados de Kei se abrieron con sorpresa y Tetsurou quedó estático, su mente todavía debía procesar lo que su cuerpo había hecho. ¿Qué diablos había hecho?

—Yo… —comenzó el pelinegro.

—Sí…

—Debo ir a… ir a…

—Aja… exacto y yo debo… uh… sí.

Salió de la tienda y se rascó el cuero cabello en un intento fútil para aclarar su mente. Debía pensar todavía en qué le diría Futakuchi cuando partieran. Se encaminarían a la Zona 1, demasiado cerca de Ciudad Batería y de Oikawa. Además de eso, debían hablar acerca del elefante en la habitación —¿o debería decir del desierto?—, Bokuto era un S.C.A.R.E.C.R.O.W. ahora, no importaba cuánto él o Keiji lo negaran en sus adentros.

Como señal de la Bruja Fénix, a su lado pasó Onaga empujando una camilla con el cuerpo dormido de Ala Revólver. Koutarou mejoraba mínimamente con los días, había dejado de querer lastimar, pero no hablaba y si se le acercaban, atacaba a matar.

Lo habían convertido en una máquina asesina.

Pantera resopló con pesadez al ver al pequeño cuervo sentado en la arena, al lado de una enorme van, refugiándose en la sombra del automóvil. Hinata miraba hacia el horizonte, en la misma dirección que el androide había desaparecido. Pantera Anfetamina no podía olvidar esas iniciales: IEN. ¿Qué significaba? ¿Era amigo o enemigo?

Claro que el pensamiento insistente que tal vez Kageyama había sido el caballo de Troya desde que llegó a la base y que ese fue el detonante de la destrucción del Nido y que tal vez todo el tiempo Akaashi tuvo razón, rondaba en su mente desde que Ukai había recibido ese mensaje codificado para Choque. Pero no era su deber sacar conclusiones apresuradas, no ahora que tenía el papel de ser el líder interino de los killjoys así que no le dio voz a sus pensamientos.

—Renacuajo —llamó al ver la lastimosa figura de Hinata, como si fuera un cachorro pelirrojo esperando por su amo mecánico.

—¡Uh! Pantera, ya empaqué mis cosas, estoy listo, sólo…

—¿Sólo esperas al androide?

—Sí —el chico se encorvó, hundiéndose en sus hombros.

—Supongo que tengo tiempo libre —resopló—, puedo hacerte compañía, Inferno.

El pelirrojo no le contestó y trajo sus rodillas debajo de su mentón; Kuroo notó con la esquina de sus ojos que Hinata dibujaba figuras en la arena, iniciales, estrellas, un cuervo y luego los borraba.

—¿Cómo está Cianuro? —preguntó después de un rato.

—Mal —informó el pelinegro, Ennoshita apenas había conseguido mantener a Yaku con vida, había sido apuñalado en el pecho y un pulmón había colapsado—, pero se pondrá mejor.

El médico logró estabilizarlo, aun así, si se recuperaba, no volvería a ser igual. Kuroo dudaba que Cianuro volvería a salir en misiones nuevamente. Hinata murmuró un suave «Oh», antes de guardar silencio otra vez; hasta que habló después de un rato.

—¿Cómo está Revólver?

Eso golpeaba más cerca.

—Aguantando.

Parecía que eso podía aplicarse a todos en ese momento.

—¿Es ése…? —Kuroo notó un pequeño punto negro en la distancia.

—¡Choque! —gritó Hinata saltando a sus pies.

—Justo a tiempo —escucharon detrás de ellos; era Nishinoya—; Pantera ya estamos listos para marcharnos.


—Me estás jodiendo, ¿verdad? ¡Definitivamente me estas tomando del pelo! —Kuroo caminaba dando vueltas alrededor de los reunidos.

Tsukishima se cruzaba de brazos y Sugawara mantenía una mano en su mentón.

—Ácido, Ceniza —llamó Pantera—; no pueden tomar esto en serio. Es más evidente ahora que esto es una trampa. Digo —resopló y luego dejó salir una carcajada forzosa—… ¡Iwaizumi! —Aun no lo podía creer— ¡Hajime «Hijo de Puta» Iwaizumi!

—Pantera, guarda silencio —siseó Suga—, esto se debe quedar entre nosotros.

—¿De todas las personas que pudieron resultar nuestro aliado, creeremos que el maldito caballero de Oikawa nos estuvo ayudando todo este tiempo? —susurró ferozmente.

Kageyama les había compartido todo lo que había pasado; aunque el tiempo era corto y no había ahondado en algunos sucesos que Iwaizumi había narrado de su historia.

—Debemos enfocarnos en lo más importante por ahora —intervino el de anteojos—: número 1, por el momento Oikawa no tiene planes de volvernos a atacar, digo está reforzando sus tropas, fabricando nuevos S.C.A.R.E.C.R.O.W. pero mientras tanto, no vendrá por nosotros. Número 2, y creo que es el más importante: Oikawa no puede salir de Ciudad Batería.

—Eso significa que estaremos seguros mientras nos alejamos más de la Zona 0 —dijo Kuroo.

—Con nuestro número, no podemos darnos el lujo de vivir de migajas o desechos que encontremos en el desierto —razonó Ceniza—; sigo opinando que la mejor opción que tenemos ahora es ir a La Colmena, tenemos amigos ahí. Recobraremos nuestras fuerzas y luego decidiremos qué hacer.

Nadie más objetó ante la decisión, Kuroo parecía que quería seguir discutiendo pero si Sugawara y Tsukishima confiaban que esa era la decisión más sabia por hacer; entonces nadie más se atrevía a refutarla. El androide sabía que los cuervos no creían plenamente que Hajime estaba de su lado; Tobio sabía que no lo estaba, aunque no les diría eso a los humanos, pues sabía que no entenderían completamente.

El «caballero» del dictador no los ayudaba porque creía que el individualismo y la diplomacia eran lo correcto. Las razones de Iwaizumi iban un poco más profundas. Hajime no quería hacer trato con los killjoys, no se molestaría ni siquiera en conocerlos y como él había dicho, sin Kageyama, todo esto sería una pérdida de tiempo.

Aunque Choque Binario sabía que si querían acabar con BL/ind, Hajime debía reunirse con los estrategas de la resistencia tarde o temprano. Subió a uno de los automóviles, al Pontiac de Saeko, a su lado se sentó Hinata y por la ventana, pudo ver a Ennoshita subiéndose a una vieja ambulancia que había dejado de ser blanca por los grafitis de colores, ahí iban algunos de los heridos más graves. El viaje sería largo y peligroso, la Zona 1 se encontraba aledaña a la Ciudad Batería, lo que indicaba que Oikawa estaría demasiado cerca.

La idea de encontrarse otra vez con el dictador… sus rodillas comenzaba a temblar de solo pensarlo. El ataque al Nido había sido devastador, pero Tobio no tuvo miedo, solo rabia; en gran manera sabía que era porque en su creador no estaba en los alrededores. Pensar en ver otra vez la sonrisa torcida y los ojos maníacos de Oikawa… Kageyama podía sobrevivir sin enfrentarse a él otra vez.

El androide todavía repetía algunas palabras de Hajime en sus pensamientos, su creación… Tobio había existido desde antes que se fundara BL/ind y Ciudad Batería fuera construida; o bueno… una versión de él. Su mitad. El núcleo que descansaba en su pecho solo tenía la mitad de la energía que se suponía debía llenarlo y según Iwaizumi, solo así él podría presentar una amenaza para Oikawa.

Sintió un peso caer en sus piernas y ese sentimiento extraño en el que parecía como si una garra apretujaba su pecho y lanzara su núcleo al aire; Hinata había posado su cabeza en sus piernas. En el asiento del conductor, Saeko pisaba el acelerador y Ryuunosuke iba en el lado del pasajero.

Mientras, Tobio podía visualizar lo que pasaría al llegar a esa «Colmena», lo recibirían como lo habían hecho en el Nido; no se extrañaría que alguien le intentara disparar también. Él era y siempre sería un androide, y más que eso, el responsable de terminar la Guerra de Helio y la mascota preferida de Oikawa. Aunque eso último no lo podrían saber… esperaba.

—Piensas tanto que me duele la cabeza de solo verte —le dijeron con una sonrisa llena de simpatía.

—Eso es porque tú nunca piensas en nada —regresó, como lo hizo cuando ambos estaban perdidos en el desierto; cuando se quedaron en esa comunidad de mala muerte y Kageyama aún no sabía lo que era amar.

—Roboyama, ¿entonces tú eres como el robot más especial de todos? —rompió el silencio, Tobio había compartido un poco más de su historia con Shouyou, porque ellos siempre se la pasaban juntos.

—No sé si el más especial… —. Estaba seguro que ese era Destroya, ¿significaba que sí era él? Si lo pensaba más, se confundiría en el laberinto de sus pensamientos—… pero al menos el más importante para Oikawa.

—Roboyama, a nadie le agradan los robots engreídos.

—¡¿Por qué soy engreído?! Solo estoy diciendo los hechos.

—Guau, ¿debería sentirme celoso del gran dictador? ¿Él es mi competencia para ganar tu corazón? Quiero decir, tu núcleo…

Kageyama terminó resoplando y riéndose entre dientes; Hinata decía las cosas más estúpidas en los momentos más inesperados.

—¿Qué eres idiota? Pero si quieres comparar la «conexión» que tengo con Oikawa a alguna relación humana típica; debería ser el arquetipo de la relación de un padre con su hijo. O, de otra manera, un Dios con su creación.

—Me quedo con la de padre e hijo —decidió Shouyou; pero Kageyama sabía que la tontuela conversación aun no terminaba—; pero, guau, Roboyama, eso significa que eres como un hijo rebelde y los killjoys estamos metidos en una disputa familiar. Aunque entiendo por lo que pasas, mi madre y yo a veces nos peleábamos por algún tonto desacuerdo.

—Ni siquiera sé qué puedo contestar a eso, solo me queda decirte que eres un idiota.

—No se siente igual si lo dices con una sonrisa —señaló el pequeño, imitándolo—. Por lo menos hice que dejaras de pensar.

Tenía razón en eso.

Hinata se levantó de sus piernas para darle un beso, Kageyama sentía como si había pasado una eternidad sin recibir uno. Hundió sus dedos en el rebelde cabello de Shouyou, aunque sentía extraño, sin la piel sintética rodeando su brazo derecho; sus dedos metálicos pasaban por las hebras rojizas del chico. Y quizás Inferno se había vuelto experto en leer sus pensamientos pues rodeó su mano metálica con sus dedos y los llevó a su pecho; dándole un pequeño apretón.

—Nada de cosas raras allá atrás, ¿eh? —advirtió Saeko, mirándolos por el espejo retrovisor—. Manténganlo en sus pantalones, chicos.

Ryuunosuke dejó salir una ruidosa carcajada.

—Ya escucharon a la jefa; Kageyama, Hinata, mantengan las cosas allá atrás para todo público.

Shouyou se cubrió su rostro con las manos y se quejó; Tobio solo arqueó una ceja, la vergüenza de los humanos siempre era curioso de ver.

Kageyama se conformó con tener la cabeza de Hinata en su regazo; miró por la ventana, en donde el paisaje desértico corría sin detenerse. A su lado pasaban algunos automóviles de los demás killjoys; reconoció la ambulancia de antes y la van de Asahi en la que habían huido del Nido.

Todo el convoy era enorme; habían logrado sacar cerca de dos docenas de automóviles cuando huyeron de la base. Al frente de todos iba Kuroo en su nova con Kenma y otros cuervos. Tuvieron que separarse de Ukai y Takeda, el Doctor debía seguir con sus transmisiones desde la Zona 6, los estaría apoyando pero sabía que en la guerra no había lugar para él.

Tobio concordaba con su lógica, pero lo extrañaría; era una buena persona.

Hinata se había dormido después de un rato. Toda la resistencia debía apresurarse y no se podían quedar estáticos mucho tiempo, eran demasiados como para pasar desapercibidos así que conducirían toda la noche. Afuera, por la ventana, el manto de la arena se había coloreado de tonos de azul y la temperatura había bajado considerablemente.

Terror dormía también, Saeko mantenía la WKL en las bocinas, escuchando la música variada del Doctor. A la mañana siguiente, Kageyama tomaría el asiento del conductor y dejaría a Volumen descansar.

El androide miró su mano, recordando lo que sintió esa vez, golpear de esa manera a Ushijima… sin misericordia y con una fuerza inmensurable. Todos sus sistemas se habían sobrecargado; como un vaso lleno hasta el borde, que en cualquier momento se derramaría.

Se preocupaba más al pensar que esa había sido solo una fracción de la energía de Destroya mezclada con la suya. Quién sabía en dónde estaba la monstruosa creación de Oikawa, bien podía haber estado a miles y miles de kilómetros lejos de ahí y aun así las mitades de su núcleo se pudieron interceptar e intentar encontrar.

Tobio había tenido miedo, jamás había sentido tanta energía recorriéndolo; una carga de plus no era nada en comparación a ese constante torrente de fuerza que había experimentado. Sintió que en cualquier momento se partiría en dos y que su núcleo explotaría si pasaba más minutos en esa forma.

Pensar que sólo con Destroya tendría una oportunidad frente a Oikawa y recordar la cantidad de fuerza que él tendría con su núcleo completo… Lo dejaba más helado imaginar la cantidad de fuerza que debía tener Tooru. Recordó la paliza que le propinó en Ciudad Batería cuando intentó escapar… aparentemente el dictador sólo estaba jugando esa vez.

—Chico.

Incluso Iwaizumi le había narrado cómo Oikawa le había ganado a Destroya una vez, para luego desecharlo en el desierto.

—¡Chico!

La mano que estaba mirando comenzó a tiritar.

—¡Kageyama! —exclamó Saeko, llamándolo por tercera vez, para luego arrepentirse de levantar su voz con los cuervos dormidos—… lo siento…

—Ah, disculpa, Volumen, estaba…

—Pensando, exactamente lo que Shouyou te dijo que no hicieras —regañó mientras lo miraba por el espejo retrovisor.

—Yo…

—¡Se te nota en la cara! Créeme, tienes suerte de ser un androide y no preocuparte por arrugas, sino, tu entrecejo parecería de sesenta años —se comenzó a reír estrepitosamente; la chica le recordaba mucho a Pantera Anfetamina.

—Lo siento…

—No, no, no te disculpes. Es solo que por tu expresión parece que llevas el mundo a cuestas en tus hombros. —Dejó de mirar al frente para desenvolver un dulce.

Quizás sí lo llevaba.

—Recuerda esto, Kageyama, eres un cuervo ahora. Así que jamás volverás a estar solo; todos estamos juntos en esta guerra, ¿de acuerdo? Sea lo que sea que nos depare cuando lleguemos a La Colmena o en Ciudad Batería, estaremos a tu lado, protegiéndote, chico —sonrió y metió el dulce en forma de paleta a su boca—. Recuerda esto: ya no es «yo contra Oikawa» si no: «nosotros contra Oikawa», ¿sí?

Kageyama dejó salir una pequeña sonrisa, ese era un confortante pensamiento.


Pasaron días en la carretera, pero rara vez se detenían. Algunas veces para descansar y estirar sus brazos y piernas acalambradas y otra para comprar algunos víveres en la tienda de Nekomata en la Zona 3, también más dosis de plus para el androide y una que otra fritura.

Cuando finalmente se acercaron al límite de la Zona 2, Kenma alistó el intercomunicador para mandar señales de radio; esperando que Futakuchi pudiera llegar a las radiotransmisiones de La Colmena. Sombra miró a Tsukishima y el rubio le indicó a Kenji que intentara ponerse en contacto.

Se tardaron unos minutos pero por fin consiguieron interceptarlos.

Parecía que la Bruja Fénix les estaba sonriendo, pues, Futakuchi pudo localizar rápidamente a un viejo amigo de su antigua base. Logró convencerlo de conseguirles una reunión corta con su líder. Kei sabía muy bien que, aunque estaban en un canal clandestino, tenían la probabilidad que BL/in pudiera interceptarlos y espiar su conversación.

Debían reunirse en persona.

Armaron el campamento para pasar en los alrededores de la Zona 1 por la noche. Tsukishima se sentía fuera de lugar, a diferencia de la mayoría de killjoys que habían llegado hace un par de años o solo hace algunos meses habían vivido como nómadas; él había pasado casi toda su vida en el Nido, Akiteru y él llegaron de corta edad. Kei tenía algunos recuerdos —que parecían ser sueños— de haber conocido a Ikkei Ukai, el fundador.

Odiaba pasar mucho tiempo en sus pensamientos, porque estos solían irse a lugares oscuros. Recordar que todo le había sido arrebatado, su mejor amigo, su hermano, su líder, hasta su hogar. A veces, cuando la noche se ponía negra, tan negra que Tsukishima pensaba que podía gritar hasta arruinar su garganta y nadie lo escucharía, la tristeza era tan pesada que terminaba sintiendo como si moriría asfixiado.

Luego venía la mañana y el idiota, encantador y demasiado-bueno-para-su-bien Kuroo se acercaba a él para preguntarle si había dormido bien. Kei siempre le preguntaba por qué perdía el tiempo con él, cuando había cuervos que lo necesitaban mucho más; Pantera siempre respondía lo mismo:

«Solo quiero ayudar al líder a hacer su trabajo más fácil».

Y Kei ponía los ojos en blanco porque Kuroo era un verdadero tonto; si había alguien capacitado para llenar el enorme espacio que Daichi había dejado era Tetsurou o Sugawara. No un pichón que jamás había conocido la vida de un nómada.

Algunos de los cuervos con mejor puntería guardaban el perímetro del campamento; él fue llamado cuando notaron a unos kilómetros un convoy acercándose a ellos con velocidad. Kei pasó sus dedos por el mango de la katana, preparándose para cualquier ataque.

—No son BL/ind —escuchó que alguien dijo a su lado, el rubio giró su rostro para ver al androide.

—¿Los puedes ver?

—Sí —sus ojos azules veían con detenimiento las minúsculas figuras—, dos jeeps y una camioneta, parece que vienen muy bien armados.

—Deben ser ellos —concluyó y luego vio de reojo a Kageyama—, parece que sí eres más útil que una vieja tostadora.

—Tú también para tener miopía —regresó.

—Ácido, Choque —paró Sugawara antes que la pequeña discusión llegara a más—; tenemos visitas, ahora compórtense.

Ambos chicos guardaron silencio y se unieron al grupo de escolta. Kageyama, Futakuchi, Suga, y Tsukishima en medio; a sus lados, como protección: Akaashi, Kuroo y Kyoko.

El primero del grupo que llamó su atención fue un enorme chico, era unos cuantos centímetros más alto que Tsukishima pero tenía mucha más masa corporal. El rubio debía admitir que era intimidante, parecía que dos de él podían formarlo. Su mirada era gélida, realmente parecía un asesino en serie; el cabello blanco le hacía parecer un oso polar.

Él debía ser el líder.

Kei se aclaró la garganta pero antes que pudiera decir algo más, el intimidante y frío chico extendió una enorme mano… en la dirección de Futakuchi.

—Vamos, grandote, han pasado un par de años; creo que merezco un abrazo.

Acto seguido, el gigante albino camino de forma robótica al castaño y lo rodeó con sus brazos; luego lo levantó del suelo, hasta que sus pies colgaran y Kenji comenzara a boquear como si estuviera asfixiándose. Murmurando entre quejidos: «De acuerdo, de acuerdo… suficiente… ¡Suficiente, Aone!» hasta que fue bajado al piso.

Si él era el «amigo» de Futakuchi que había facilitado esta reunión; claramente significaba que no era el líder.

—Hola, mi nombre es Koushi Sugawara y tú debes ser la líder de La Colmena.

Kei bajó sus ojos para encontrarse con la persona a la que Ceniza le hablaba; una chica de, seguramente unos treinta centímetros más baja que él. Tenía grandes ojos moca y cabello del mismo color. Su rostro se veía tan amistoso y Tsukishima debía aceptar que ni siquiera la había notado antes.

—Exacto —respondió la líder con una sonrisa amable—, mi nombre es Yui Michimiya.


—Lamento escuchar las noticias de Cuervo Nicotina —dijo Yui, limpiando algunas lágrimas derramadas de sus mejillas—; era un buen hombre y un gran amigo. Y también lamento la tragedia por la que pasaron todos y a todos los hermanos perdidos; me aseguraré de rezarle todos los días a la Bruja Fénix por el viaje seguro de sus almas. Espero ser de alguna ayuda para ustedes.

Suga asintió y murmuró un suave «gracias».

—Nosotros lamentamos hacerles pasar todos los problemas de venir hasta acá —dijo Kei—; pero solo ustedes pueden auxiliarnos.

—Veo que están pasando dificultades —mencionó Michimiya mirando alrededor, los cuervos se apresuraban a levantar las tiendas para pasar la noche—; haré lo que esté en mi poder para ayudarles.

—Necesitamos albergue temporal —solicitó Suga—, somos muchos y el desierto es imperdonable. Puedo asegurarte que cada killjoy va a hacer valer su estadía, saldremos en misiones de exploración, haremos crecer la armería; también contamos con excelentes mecánicos.

Yui se miraba pensativa; Tsukishima podía entender que la líder sopesaba las opciones, era una cosa proveer alimento para ellos y otra darles refugio en su base. Además que no tenía idea qué tan grande era La Colmena. ¿Podría albergarlos a todos?

—Yui —llamó Ceniza, tomando las manos de la castaña, sus ojos se habían humedecido ante la mención de Daichi—, créeme no te lo pediría si no fuera absolutamente necesario. Pero los killjoys… estamos más cerca de la muerte con cada día que pasamos expuestos.

A esto había reducido Oikawa a los cuervos, a rogar por un poco de simpatía y comida. Kei quería vomitar.

—Pero —intervino el de anteojos—… antes que nos des tu respuesta, debemos ser completamente honestos; para evitar malentendidos —luego se dirigió al pelinegro— Kageyama.

Tobio llegó a su lado, estaba usando una chaqueta de mangas largas y mantenía su mano metálica detrás de él. Sus ojos azules lo miraron de reojo, un poco confundido, el androide se preguntaba si estaba haciendo lo correcto. El rubio creía que sí.

—Esto se ha mantenido como secreto para todo el desierto, pero existe un robot activo aquí afuera; él es Choque Binario.

El pelinegro, inseguro, se quitó la chaqueta, revelando el esqueleto mecánico.

Yui, sorprendida, se cubrió la boca con sus dos manos. Miró a Kei como si quería una confirmación que lo que estaba pasando era real; el de anteojos asintió y la líder de La Colmena se acercó al androide para mirarlo de cerca. Kageyama se miraba un poco incómodo con la situación y Tsukishima no podía culparlo, se preguntaba si alguna vez el androide se acostumbraría a ser el fenómeno de circo del desierto.

—Se ve tan real —murmuró Machimiya anonadada; pasó un dedo por la mejilla de Tobio, el pelinegro miró el suelo—. ¿Están seguros que pueden confiar en él?

—Sí —respondió Sugawara—, es nuestro hermano y se ha ganado su lugar. Todos aquí podríamos poner nuestra vida en sus manos.

—¿Cómo te llamas? —le preguntó, aun sorprendida de la presencia del robot; parecía que nunca había visto uno.

—Tobio… Kageyama.

—Tenemos otros heridos y enfermos que no pueden mantenerse huyendo; Yui, necesitamos tu ayuda.

—Sugawara, tú y Daichi han sido amigos desde antes que la responsabilidad de La Colmena cayera en mis hombros. Si tengo en mi poder la oportunidad de ayudarlos, lo haré; no importa el costo; tú y tus cuervos son bienvenidos a mi hogar.

Ceniza se lanzó a abrazarla; Tsukishima se encontró suspirando de alivio para su sorpresa; y todos los demás killjoys se relajaron ante la maravillosa noticia. «No hemos muerto todavía» se repetía el rubio «No hemos muerto».

—Y no te preocupes por el androide —agregó—, si ustedes confían en él, entonces nosotros también.

—¡Yui, no sé cómo podemos agradecértelo! Todos los killjoys haremos que nuestra estadía valga la pena, lo prometo.

—Sólo —la chica se veía un poco tímida al agregar eso—… debo recordarte… nosotros no apoyamos los actos de violencia o guerra. Intentamos siempre vivir en un estado de paz, por consiguiente… mientras vivan bajo nuestro techo no se permitirá confabulaciones o planes para causar conflictos con BL/ind o guerras. Eso solo terminará atrayendo la mirada furtiva de Oikawa y nos pondrá en su punto de mira.

A eso Kageyama se tensó y miró con nerviosismo a Sugawara; pero Tsukishima fue el siguiente en hablar.

—De acuerdo —aceptó—, su fortaleza, sus reglas. No tenemos derecho a quebrar ninguna y, nuevamente, muchas gracias por tu amabilidad y la de toda La Colmena.


—¿Y tú no estás en contra de esto? —preguntó el androide a Histeria.

Akaashi se percató de la distancia a la que Kageyama solía estar cuando le hablaba, al menos dos metros y medio siempre estaban entre ellos. Él no podía evitar sentirse un poco divertido ante el comportamiento del robot, Choque Binario aún no se sentía lo suficientemente confiado para acercarse más a él; y Keiji siempre notaba lo tenso que se ponía, como si siempre estaba listo para contraatacar cualquier treta, disparo, o golpe.

Keiji había atentado tantas veces contra él que lo podía entender y no culpar.

Ante las noticias que trajo el androide después de reunirse con Hajime Iwaizumi y que la verdad detrás de la fuga de información de los killjoys había sido revelada; todo cobró más sentido. Akaashi no culpaba de nada a Bokuto. Si alguien abría su cerebro, era imposible mantener cosas escondidas.

Histeria ayudaba a desarmar nuevamente el campamento, esperaba que permanentemente esta vez.

—¿En contra de qué? ¿De recibir albergue? Claro que no, ¿de qué serviría ser orgulloso en estos momentos?

Kageyama negó con la cabeza.

—No me refiero a eso. Tú los escuchaste, quieren que renunciemos a la resistencia, que dejemos de intentar derrotar a Oikawa, ¿tú estás de acuerdo con esto?

—Tsukishima lo dijo, su casa, sus reglas.

—Sí, ¿pero qué pasará con nuestra causa? ¿Dejaremos que Tooru se salga con la suya y viviremos escondiéndonos por el resto de nuestras vidas?

—Andro… Kageyama, no hay nadie que quiera dispararle a Oikawa en medio de sus ojos más que yo, créeme; pero mira como estamos, aun si tenemos la ayuda de Iwaizumi y encontramos a Destroya, ¿qué haremos? ¿Marchar hacia Ciudad Batería sólo nosotros? Nos matarán antes que lleguemos a las puertas, echaremos a perder la fachada de Iwaizumi; Oikawa lo descubrirá todo, lo matará a él y sólo quedarás tú con la otra mitad de tu núcleo que ni siquiera sabemos si seguirá funcionando.

Tenía un punto.

—Aun no estamos listos —concluyó Histeria y se acercó a una silla de ruedas.

—¿Y qué debemos hacer por el momento?

—No lo sé, volvernos más fuertes, encontrar a Destroya y asegurarnos que funcione; yo necesito llegar con urgencia a la Zona 1.

Akaashi comenzó a mover la silla de ruedas, sentado se encontraba Bokuto; lúcido, esta vez. Su único brazo había sido atado al brazo de la silla, pero por el momento no presentaba actitud violenta. Con el paso de los días las drogas por fin dejaron de hacer efecto; pero Koutarou no había regresado a ser el mismo, miraba a Keiji sin reconocerlo.

No hablaba y lo único que hacía era mirar todo a su alrededor. Parecía que estaba en un estado catatónico; y lo único que Keiji podía hacer era imaginar los horrores por los que había pasado. Las torturas, el lavado de cerebro, las amputaciones…

—Nos mantendremos inactivos, pero será por poco tiempo —siguió, no sabía desde cuando él era el indicado para darle una charla al androide—. Luego crearemos nuestra oportunidad para acabar con Oikawa y su imperio.

Eso fue suficiente para Kageyama, pues asintió y salió del lugar para ayudar a empacar todo. Akaashi, por su lado, se colocó frente a Bokuto.

—Koutarou —llamó, Revólver lo miraba pero no parecía que sabía qué ese era su nombre—, ¿Koutarou sabes quién eres?

No tuvo respuesta.

Akaashi no se atrevía a tocarlo aún, no después del golpe que le había propinado en su cabeza; Ennoshita ya había retirado los puntos.

—Tú eres Koutarou Bokuto, el killjoy más valiente de todos —le hizo saber—, siempre sonríes e intentas ayudar a cualquiera que lo necesite. Yo soy Keiji Akaashi y guardo tu corazón —con suavidad Akaashi llevó su mano al pecho—, y tú guardas el mío.

Histeria se lamió sus labios agrietados y siguió:

—Nos conocimos en la tienda de Chow Mein, Kuroo no te quiso prestar dinero y tuviste que gastar el tuyo para comprar dulces —frotó el dorso de su mano en su ojo para secar las lágrimas que no salían—; me has dicho que te enamoraste de mi desde el momento en que me viste y que luchaste para que bajara mis muros y pudieras entrar aquí en mi corazón.

Bokuto solo movía sus ojos de lado a lado.

—Así que yo no me rendiré hasta que tú también lo hagas y regreses a ser mi Ala Revólver.

—Akaashi —escuchó la voz de Hinata—… ya es hora de irnos.

—Ah, claro —se limpió el rostro—, ya voy.

.

Keiji viajó el resto del camino en la misma ambulancia en la que iban Yaku y Bokuto, Revólver seguía sin hacer más que mirar a su alrededor. Había fracciones de segundo que parecía que lo miraba largo rato; veía su rostro y sus ojos. Como si Akaashi era un rompecabezas que resolvería con sus ojos y su premio sería tener su memoria de regreso.

Como si fuera un animal intentando comunicarse con los humanos; y por unas fracciones de segundos Akaashi veía ese pequeño brillo en sus ojos como oro fundido; ese brillo familiar que hacía a Bokuto su Bokuto, pero luego lo perdía.

Miró fuera de la ventana y notó que estaban al fondo de un desfiladero, abrió una ventana y sacó su cabeza. Inmensos paredones de piedra azafranes se erguían a los cielos; parecían que tenían siglos de mantenerse erguidos. Keiji nunca había ido a La Colmena, pero sí a la Zona 1.

—Demonios, mira eso —comentó Konoha, quién iba conduciendo, Akaashi movió al lado del conductor.

Iban formando una fila india; delante de la caravana iba Yui Michimiya, luego Sugawara, Kuroo y así sucesivamente. Keiji quedó sorprendido cuando todos los automóviles iban entrando hacia una pared y desaparecían. Cuando llegó su turno, notó que se trataba de una gigante compuerta en forma de arco de herradura.

Cuando entraron fueron recibidos por algunos candiles halógenos colocados estratégicamente en línea recta en medio del techo. Mientras el auto recorría, las luces se deslizaban sobre sus rostros, pero era imposible discernir más adelante; Akaashi solo podía ver las paredes estrechas del túnel y el carro que tenían en frente.

Toda la caravana paró finalmente y los cuervos se dispusieron a bajar; Keiji rápidamente buscó a Tetsurou.

—Kuroo —llamó cuando finalmente lo encontró, el lugar donde guardaban los automóviles era bastante grande.

—Akaashi, encantado de encontrarte aquí —sonrió—, ¿disfrutaste el viaje?

—Lo hubiera disfrutado más, pero mis piernas se adormecieron hace dos horas —confesó sin expresar mucho con su rostro.

Kuroo se rio.

—Necesito un favor, Kuroo.

—Claro, puede que me necesiten para enseñarme las instalaciones, pero creo que tengo tiempo.

—¿Puedo encargarte a Bokuto por unas horas?

—Ni siquiera me lo debes preguntar —aseguró—, hace días que quiero pasar un rato con mi mejor amigo —guiñó el ojo con una sonrisa que escondía su tristeza—; necesito acapararlo por unas horas, ¿sabes?

—Gracias.

—No hay de qué —devolvió pero justo cuando Keiji se iba, Kuroo lo llamó otra vez—; solo, Akaashi, no le digas a Kenma que dije eso, él también es mi mejor amigo. Hay suficiente amor en Kuroo, ¡pero los dos se ponen celosos por pasar unos minutos conmigo!

Histeria sabía que eso no era cierto; apostaba que a Kozume le daría igual, pero no reventó los sueños de su amigo.


—¡Kageyama! ¡Tienes que ver esto! —gritó Hinata, depositando todo su peso sobre una baranda de metal y acercándose demasiado a la orilla.

—No te caigas, idiota —se preocupó.

—¡Pero mira, Roboyama! —se maravilló— ¡Esto es lo más genial que he visto! ¡Es una verdadera colmena!

Mientras, Shouyou ensordecía los reclamos y regaños de Kageyama; demasiado abrumado por la estructura de la base. El barandal al que se sostenía seguía por varios metros; doblándose a la distancia, de tal manera hasta dar una vuelta completa, formando una circunferencia. Debajo había otro de la misma manera, rodeando la base, parecían anillos del mismo tamaño que llegaban varios pisos hacia abajo.

En el centro no había nada hasta llegar al último piso, el suelo era redondo; si alguien caía desde ese barandal se estrellaría contra el suelo desde seis pisos y aun así había más arriba de ellos. Sin embargo, los niveles superiores iban disminuyendo de tamaño, hasta llegar al techo en forma de cúpula.

Y comprendió el porqué de su nombre.

—¡Es genial, ¿no?!

—Sí —aceptó Roboyama—, es sorprendente.

—Inferno, Choque —llamó Asahi desde unos cuantos metros adelante—, no se queden atrás o se perderán el tour.

—Ahora vamos, Amanecer —avisó Kageyama, pero Hinata en lugar de prestarle atención corrió hacia el otro lado— ¡Hinata idiota!

—Mira, Roboyama, tienen muchas armas también, ¡como el hangar que teníamos en el Nido!

Podía escuchar el pelinegro detrás de él, disculpándose con algunas personas a las que se entrometía en su camino. Shouyou sabía que Tobio lo seguiría siempre, así que no se preocupaba por perderse, pero todo era maravilloso; había algunas habitaciones con pantallas y computadoras, como la habitación de Inteligencia. Cuando subió a otro piso notó una arena de entrenamiento.

Era un poco más dificultoso moverse por la base, debido a la estructura de panal; aunque eso no lo detenía para explorar por ellos solos. Kageyama resopló a su lado.

—Nos perdimos el tour, ¿verdad?

—Sí —contestó con picardía y felicidad—, siempre he dicho que es más educativo aprender las cosas por ti solo, si alguien me las dice me aburro y dejo de prestar atención.

—Eso es bastante peligroso y tonto —señaló el pelinegro, aún ocultaba su brazo metálico debajo de una chaqueta, así evitaría miradas curiosas.

—Yo creo que es inteligente.

—Y entre nosotros dos, ¿quién crees que es la creatura más evolucionada?

—Eres un bastardo.

—Creo que lo soy, Oikawa es mi padre, después de todo.

Hinata se terminó riendo, aunque no tenía idea si Kageyama lo hacía para ser gracioso o porque de verdad creía esas cosas; de igual manera, Tobio era hilarante.

—Además —continuó Shouyou—, no fuimos los únicos en perdernos el tour.

—Ah, ¿no?

—No, yo vi a Akaashi escabulléndose fuera de La Colmena antes que nos trajeran al Gran Salón.

—¿Qué crees que planea?

—No lo sé, pero ya dejó de intentar matarte, ¿verdad?

—Sí.

—Entonces, no creo que nada peligroso.

Subieron más y más, hasta alcanzar el último piso; ese era el más pequeño de todos y solo había espacio para una habitación. La curiosidad era demasiada así que Hinata no dudó en entrar, Tobio comenzó a susurrarle que debían salir de ahí, pero su voz fue ahogada cuando Shouyou pateó un cachivache de metal, causando un enorme estruendo. Se congeló en el lugar, en la misma incómoda posición, donde casi daba un paso, pero no llegaba completamente a poner el pie en el suelo.

No escuchó nada más así que Hinata reanudó su camino, esta vez teniendo cuidado en dónde poner su pie.

El lugar estaba en penumbras, pero tenía más aspecto de chiquero que de otra cosa; había tornillos, llaves inglesas, pedazos de metal desperdigados por todo el piso. Hasta que una pequeña luz salto, como si se tratara de una luciérnaga, segundos después se esfumó.

Detrás de ellas, empezaron a salir más, una después de otra, como si se tratara de un enjambre de abejas relucientes que morían en segundos.

Eran chispas de alguien soldando. Se acercó más, ignorando los reproches del pelinegro; divisó una figura encorvada sobre una mesa de metal, usaba una enorme máscara y guantes negros y gruesos. Estaba trabajando sobre un artefacto metálico y grande.

—Oye —llamó Shouyou; y notó que la persona estaba usando audífonos.

Diablos, pero el pelirrojo quería saber qué estaba creando; tomó un pequeño tornillo del suelo y apuntó al soldador. Cerró un ojo y sacó su lengua en concentración, Tobio siseó un «¡No!» pero fue demasiado tarde y Hinata ya había arrojado el proyectil.

Cayó suavemente en la espalda de la persona y se sobresaltó.

Las chispas cesaron y la pieza se engulló en sombras; Inferno apenas pudo distinguir a la persona removiendo su máscara y poniéndose de pie.

—¡Diablos! —murmuró; Hinata pudo discernir que se trataba de un chico—. ¡Espera un segundo! ¿Quién es?

Las luces se encendieron, y para sorpresa de Shouyou el chico que había estado trabajando era muy alto; no lo había parecido mientras estaba encorvando trabajando sobre la mesa, pero sus brazos y piernas parecía que medían metros. Tenía cabello tan banco como el de Ceniza y penetrantes ojos verdes.

Hinata miró la mesa y la estructura en la que trabajaba había desaparecido.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó, sorprendido.

—Yo soy Hinata y éste de aquí es Kageyama.

—Hola…

—Nunca los había visto por acá…

—Ah, sí, somos killjoys, nos quedaremos algunos días.

—¡Ya lo recuerdo, la líder nos lo dijo! —exclamó, sobresaltándolo, una sonrisa torpe se formó en sus labios—. ¡Bienvenidos, mi nombre es Lev Haiba y… guau eres muy pequeño!

—¡¿Qué dijiste?! —gritó Hinata con enojo.

—Espera, ¿qué estabas creando? —interrumpió Kageyama.

—¿Creando? —preguntó Lev.

—Sí, en esa mesa.

—No estaba creando nada.

—¿De qué hablas? Te acabamos de ver, ¿qué era eso?

—No tenía nada.

¿Qué le pasaba a ese tipo?

—¡Claro que sí! —exclamó Kageyama, comenzando a enfadarse; Hinata pensó que tal vez debería llamarse: «Cascarrabiyama»—. ¡Estaba sobre la mesa! ¡Yo lo vi, Hinata tú también, ¿no?!

Shouyou asintió.

—No recuerdo nada —Haiba se cruzó de brazos.

El pelinegro estaba por explotar y Shouyou por decirle que debería calmarse pues eran invitados en el lugar. Pero ambos fueron interrumpidos por una voz en los parlantes que estaban colocados en el techo. Se les solicitaba que se reunieran en el Gran Salón para presentar formalmente a los killjoys y relalizar otras formalidades con su llegada.

—Bien, bien, ya escucharon a la señora líder —urgió Lev sacándolos de la pieza—, además ustedes no deberían estar aquí. Vamos, vamos, los acompañaré.

—Era un arma, ¿verdad? —inquirió el pelinegro, Lev se quedó congelado—. Éste lugar es pacífico pero tú estás construyendo armas, por eso no quieres que nadie se dé cuenta, ¿no es así?

Hinata solo miró al alto chico.

—Es un pequeño proyecto, ¿sí? Aún no he logrado que funcione, pero a Yui no le gusta que trabaje en eso, por eso lo mantengo oculto. ¿Satisfecho?

—Sí —respondió el robot con una sonrisa malévola de autosuficiencia.

—Agradecería que no se lo dijeran a nadie… ¡ambos! La última vez que la líder se dio cuenta tuve que hacer trabajo de lavandería por un mes.

—No le diremos a nadie —respondió Kageyama—, con una condición: me dejarás ayudarte.

Lev lo meditó un momento, con brazos cruzados y sus dedos sobre su sien, hasta que por fin contestó, de mala gana:

—Trato.


Akaashi sentía las pequeñas piedrillas de la arena carcomiendo su garganta, y si tosía solo dolía más. El sol se estaba durmiendo en su puesto y le cedía espacio a la noche; haciendo que la temperatura comenzara a bajar, sus dedos encontraron la cicatriz que estaba debajo de su clavícula, cuando el S.C.A.R.E.C.R.O.W. le disparó, justo antes que su otra mitad fuera arrebatada.

A veces ardía, pero no se comparaba con el dolor en su pecho.

Se sujetó y acomodó su chaqueta, colocando la capucha sobre su cabeza; los vientos del desierto se sentían como dagas oxidadas en su piel, demasiado viejas para cortar, pero demasiado puntiagudas para ser ignoradas. Pero lo hacía, las ignoraba porque su pequeña salida había sido un éxito y había encontrado lo que buscaba.

Se le dificultó un poco encontrar su entrada de regreso a La Colmena, la compuerta era casi imposible de encontrar y si no hubiera sido porque había hecho una pequeña marca en la pared, la pasaría de largo. Se identificó en la entrada y lo dejaron pasar; ignoró las miradas desconfiadas de los que cuidaban. Keiji no los culpaba, su comportamiento había sido extraño, pero él necesitaba salir de inmediato.

Como era de esperarse, no lo dejaron divagar por sí solo por La Colmena y rápidamente lo llevaron donde estaban los demás cuervos. Aparentemente se había perdido una reunión en donde la líder les daba la bienvenida. No era nada importante, solo formalidades; pero Akaashi no quería ser descortés, así que se hizo una nota mental de luego ir y agradecerle a Yui en persona.

Su humor despegó del suelo rápidamente cuando notó a Kuroo y Bokuto, era increíble que después de todo lo que había pasado, aún se encontraba igual de enamorado de Koutarou como el primer día.

—¿Cómo te fue? —preguntó Kuroo.

—La salida fue productiva. ¿Cómo se ha comportado?

—Sigue sin hablar —sonrió con tristeza—, pero al menos ahora me deja acariciarle el cabello.

Para demostrarlo, Pantera llevó sus dedos y los metió entre las hebras grisáceas, blancas y negras de Bokuto.

—Eso es muy bueno —aceptó, había progresado.

Akaashi se hincó frente a la silla de Koutarou y llamó su nombre; sus preciosos ojos como topacio se enfocaron en Keiji. Histeria podía morir así, si los irises de Bokuto fueran lo último que él mirara y lo vieran a él; sería una hermosa última vista.

Pero aún no era tiempo para eso.

Zafó su bolso bandolero y revisó sus contenidos. Notó la mirada de Revólver clavada en él, sus músculos se tensaron y sus manos se convirtieron en puño; preparándose para algún mínimo indicio de amenaza. Akaashi estaba más preocupado por el delicado contenido del bolso; se le había dificultado encontrarlo y debió retroceder en sus pasos de hace años, pero afortunadamente seguían creciendo ahí.

Con sumo cuidado, sacó una flor roja.

Idéntica a la que Bokuto le había entregado hace años en la Zona 1.

—Koutarou —le llamó Akaashi—, «la tenía que cortar para ti, se parecen, ¿sabes Revólver? —recitó las mismas palabras que Bokuto había usado—. Eres la prueba que algo hermoso puede salir del árido desierto.»

La Bruja Fénix le había dado esta oportunidad, de llegar a la Zona 1 y poder conseguir la hermosa flor que Koutarou le había regalado. Haría lo que fuera por recuperarlo, caminaría cualquier distancia, mataría a cualquiera, entregaría lo que le pidieran si eso significaba recuperar una fracción de la mente de Bokuto.

No importaba cuanto tiempo tomara, Akaashi no moriría hasta tenerlo con él.

Keiji finalmente tuvo el coraje de levantar su mirada de la flor hacia los ojos color miel arriba de él. Bokuto miraba la flor, como si quisiera saber qué era el objeto. Movió su mano hacia los pétalos, pero se abstuvo de tocarlos, sus callosos dedos hacían una fascinante paradoja con los frágiles pétalos carmesí.

El pelinegro sostuvo su aliento al ver los dedos del chico, temblando ligeramente, llegar hasta la superficie aterciopelada de la flor.

—C… —escuchó por primera vez la voz de Bokuto.

—Dime —rogó, intentando no asustarlo, luchando contra el nudo con espinas de su garganta—, dime, por favor, Koutarou.

—Cone… —murmuró, su voz estaba ronca y rota; cada sílaba parecía que dolía.

—Por favor… —dijo cubriendo su boca.

Bokuto cerró su mano con fuerza en el brazo de la silla de ruedas, doblando el metal entre sus falanges, en señal de frustración.

—A… Akaa… shi.


Ya era hora de introducir a algunos de los personajes, algunos de ustedes me preguntaron por Lev, ¿les gustó su aparición? ¿Era lo que esperaban?

Siempre es un placer leer sus opiniones, son libres de dejarme un pequeño review.

Felices fiestas a todos, tengan un hermoso fin de semana~

Nos leemos luego~