¡Feliz viernes!
No quería hacerlos esperar mucho para el siguiente capítulo, porque para ser sincera el siguiente no prometo tenerlo dentro de poco. El año empezó y con él mis responsabilidades, siempre intentaré tardarme las usuales dos semanas, pero por las primeras semanas de enero no lo creo :(
Aun así! Espero que el capítulo les guste.
Mención especial a Laura, feliz cumpleaños, el capi va dedicado a ti, linda! Que lo hayas pasado hermoso.
El nombre del capítulo es de una canción que le pertenece a My Chemical Romance, una de mis favoritas de siempre, lo usé para inspirarme en el capi al igual que una fracción del dialogo de "alguien" (descubranlo ustedes), si la escuchan me harían feliz :D
Ren, gracias por betear el capi y espero aumentar tus crack ships culpables(?
»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: KoutarouBokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai
Choque Binario: Tobio Kageyama
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi.«
Sleep
Interrumpo sus ajetreadas agendas, para su dosis muy necesitada de anarquía.
Les habla, su servidor: ¡el Doctor Desafiando a la Muerte! El único cardiólogo que receta la mejor cura para una tensión baja: ¡Rolas capaces de despertar a los muertos!
Noticias de nuestros cuervos dicen que han encontrado un nuevo Nido, la bella pero dura Abeja Reina les abrió las puertas, diciéndoles: «Mi casa es su maldita casa, cuervos, festejen como si el apocalipsis fuera ayer».
No con esas exactas palabras, pero ustedes me entienden.
Y aquí un mensaje de una llamada anónima que recibimos esta mañana, dice así: «Mi amor, mi oasis en el desierto, aun te recuerdo después de estos años, cuando te arrebataron de mí, en donde quiera que estés, te volveré a encontrar».
Aww, ¿no les hace temblar su corazón?
Amor juvenil.
Espero que encuentres a tu oasis, amigo, en este plano de existencia o en el siguiente.
Hasta que nos volvamos a escuchar, cuervos; Doctor Desafiando a la Muerte, cambio y fuera.
Kkkkkkkkkkkkkk…
—Akaashi —lo escuchó decir, haciendo una pequeña pausa.
Keiji nunca había escuchado su nombre sonar tan hermoso como esa vez.
—Así es, Koutarou, yo soy Keiji Akaashi —El pelinegro se acercó más a él.
—Akaashi —repitió, esta vez más rápido—, Akaashi, Akaashi, Akaashi… —siguió.
—Así es, sí, sí —Keiji no podía parar las lágrimas.
—Akaashi, Akaashi —su voz comenzó a quebrarse, y sus ojos se enrojecieron, así como su nariz y sus mejillas. Era la primera vez que Bokuto mostraba emociones—, Akaashi, Akaashi, Akaashi, Akaashi —seguía repitiendo hasta que las sílabas se convirtieron en sollozos—… Akaashi, Akaashi, Akaashi…
Lágrimas empezaron a bajar por sus mejillas mientras respiraba forzosamente, como si la ilusión por fin se hubiera roto, y todas las imágenes de horrores que había visto, y el dolor que había sentido hasta lo más profundo de sus huesos, colisionaran en su cerebro. Bokuto hiperventilaba, boqueando como si se ahogará mientras intentaba decir algo, y pareciera que había olvidado las palabras.
Y lo único cuerdo que quedaba en su cerebro era la palabra «Akaashi».
Se desmoronó frente a él, llorando hasta que su camisa se comenzó a manchar.
Keiji movió su mano lentamente hacia el rostro de Koutarou, pero antes que llegara a tocarlo, Bokuto se alejó de él instintivamente. Como si tuviera miedo de que Histeria lo lastimara; su corazón se hundió un poco más. ¿Qué le habían hecho a su orgulloso Ala Revólver para reducirlo a eso?
—Respira, Bokuto, mírame a los ojos, enfócate y respira profundo, estás teniendo un ataque de pánico.
Koutarou lanzó su mano y atrapó la de Keiji, el primer instinto de Histeria fue alejarse del contacto, y odió esa parte de él. Pero Bokuto tenía mucha más fuerza de la que recordaba y no podía tener su mano de regreso, sabía que Revólver necesitaba esto, necesitaba tenerlo con él; su estado mental era tan frágil, Akaashi no quería quebrarlo en fragmentos más pequeños.
Parecía que su miedo era correspondido.
Así que luchó contra su instinto, contra los recuerdos de Bokuto intentando darle con su metralleta y con su cabeza. Ese no era Bokuto.
—Estoy aquí, Koutarou, estoy aquí.
Después de eso, volvió a levantar sus murallas.
Bokuto parecía ausente, como si estuviera viendo el mundo desarrollarse alrededor de él a través de una pantalla. Akaashi debía llamar bastantes veces su nombre para que lo mirara; y a veces quitaba su mano cuando él quería agarrarla, como si se fuera a quemar si tocaba la piel de Keiji.
—¿Recuerdas algo de cuando estuviste en el Nido? —preguntó Tsukishima.
Koutarou parecía que no sabía que le hablaban a él.
—¿Qué hay de cuando estuviste en Ciudad Batería?
—No deberías preguntarle eso —intervino Akaashi—, hacer que recuerde lo que sea que Oikawa le hizo…
—Necesitamos cualquier información que tenga, si queremos tener alguna probabilidad de enfrentarnos a Oikawa —luego se dirigió a Bokuto—. ¿Recuerdas a Iwaizumi? ¿El nombre «Destroya» se te hace familiar?
—Tsukishima —paró—, no está listo para hablar.
El de anteojos suspiró con pesar.
—Se nos acaba el tiempo, Akaashi —dijo—, Sugawara está de acuerdo con mantenernos inactivos pero cada segundo que le damos a Oikawa, él tiene la oportunidad de construir un ejército completo de S.C.A.R.E.C.R.O.W. Tenemos que hacer algo, ahora.
Tsukishima era el que había aceptado los términos para ser parte de La Colmena, sus palabras habían sido: «Su fortaleza, sus reglas». ¿Qué estaba intentando hacer? ¿Sugawara y Kuroo sabían de eso?
—Yo me quedaré con Bokuto, intentaré llegar a él, si me dice algo lo informaré de inmediato.
Kei frunció los labios, sabiendo muy bien que Keiji no haría nada para empujarlo a recordar; o para hacerlo hablar de los horrores que había visto y sentido. Sin embargo, dejó de presionarlo.
—Tsukishima —llamó Akaashi—, estás haciendo un buen trabajo.
—Al menos uno de nosotros dos lo cree —bufó.
—Lo digo en serio, fue tu idea venir aquí, ¿no? Kuroo me lo dijo.
Kei resopló y puso los ojos en blanco.
—Kuroo tiene una boca tan grande como su ego.
Akaashi terminó riéndose, acordando con él.
—Aun así —siguió con una sonrisa—, estoy seguro que a nadie más se le hubiera ocurrido hacer lo que hiciste.
Tsukishima no era bueno aceptando elogios, demasiado cínico para su bien, pero Akaashi no temía hacérselo saber. Era joven, pero sabía que haría cosas más grandes si los killjoys estaban a su disposición.
—Dices eso, pero no tengo ni la más mínima idea de dónde puede estar Destroya. ¿Cómo diablos puedes esconder a un robot que mide ciento sesenta y dos metros?
—Estamos rodeados de arena, no me extrañaría que lo hayan enterrado en alguna parte.
—No —Kei movió su cabeza de lado a lado—, por como Kageyama lo narra, parece que Oikawa solo… lo dejó ahí… Como si se tratara de un pedazo de basura.
—Con décadas y décadas de vientos y tormentas de arena, dudo que lo encontremos a plena vista.
—Lo sé —Tsukishima se dejó caer en una silla al lado de Akaashi, en frente estaba Bokuto—… pero debe haber algo que esté pasando por alto… Es imposible que no lo hayamos notado… ¿en todas las misiones de reconocimiento nunca encontramos nada?
—Vendrían bien en este momento todos los archivos de reporte que quedaron sepultados con el Nido, ¿eh? —comentó con ironía y una sonrisa ácida.
—Sí, vendrían muy bien —dijo el rubio, riéndose entre dientes.
—Sabes, a veces me pregunto qué hubiera pasado si Kuroo hubiera estado ahí cuando encontramos a Bokuto.
—¿Cómo?
—¿Él habría sido capaz de dispararle? ¿Se habría convencido que se trataba de un robot y hubiera acabado con él? ¿Si ese fuera el caso, Daichi seguiría vivo? —Akaashi resopló y se rio—. Ah, escúchame hablar, sueno como un viejo lleno de remordimientos, parece que mi lista solo crece y crece.
—Siempre creí que Kuroo era blando en comparación contigo.
—Mmm, quizás tengas razón. Fue una suerte que no estuviera ahí para la destrucción del Nido, la Bruja sabe que ése fue el único lugar al que Pantera consideró un hogar.
—Sí —aceptó el de anteojos—, sé cómo es eso. Para serte honesto no hay día que no me pregunte qué hubiera pasado si Akiteru hubiera ido en esa misión.
—Quién iba pensar que esa misión de reconocimiento a la Zona 43 iba a tener tanto impacto en algunas vidas.
Una misión que ni siquiera llegaron a completar; pero no era como si importara ahora. Era la primera vez que Akaashi la recordaba, después del caos con el que tuvieron que lidiar, unas cuantas mediciones altas de estática no parecían importar tanto; y más aún cuando Yaku ya antes había partido para ver de qué se trataba sin conseguir ninguna respuesta.
Kei se cruzó de brazos, hundiéndose en pensamientos. Akaashi se extrañó, ¿había dicho algo? El de anteojos miraba el suelo, como si intentara darle lugar a alguna idea. Hasta que su rostro se iluminó, como si finalmente había encontrado el lugar de una pieza en un rompecabezas.
—¿Tsukishima? —Preguntó Histeria—. ¿Estás bien?
—Akaashi, ¿recuerdas la misión a la que fue Yaku? Antes que Sugawara partiera, Yaku ya había visitado la Zona 43, ¿lo recuerdas? Debido a las altas mediciones de estática.
—Sí, lo recuerdo.
—¿Qué decían los informes?
—Yaku dijo que cuando llegaron los niveles de estática ya habían bajado, quizás solo se trataba de una lluvia ácida.
Tsukishima negó.
—Había algo más, lo recuerdo.
Akaashi intentó recordar el reporte que Cianuro había llenado, habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo que Keiji apenas, y recordaba algo que pasó hace varios meses.
—Decía… ah diablos, mi memoria es un asco… decía que había encontrado algo que parecía una…
—¿Pila de Chatarra? Una enorme pila de chatarra.
Keiji vio las piezas que Kei había formado.
—No puedes esconder a un robot de ciento sesenta y dos metros completo…
—Pero sí por partes —terminó el de anteojos.
—Destroya está en la Zona 43.
—Debemos hablar con Yaku.
—Ése es tu problema —corrigió Kageyama—, nunca vas a disparar nada con esa carga que tienes. Necesitas algo más potente.
—¿Qué? —preguntó Lev indignado— ¡De ninguna manera! Créeme he trabajado en esto toda mi vida, soy el mejor ingeniero robótico en toda La Colmena.
—Y yo soy un maldito robot, así que sé lo que te estoy diciendo. Lo admito, la idea de fabricar armas de energía dirigida es inteligente y nueva, y estoy seguro que tendremos el elemento sorpresa de nuestro lado; porque Oikawa no tendrá idea de la tecnología que tenemos a la mano, pero lo que tienes hasta el momento es solo teoría y anotaciones.
Las armas de energía dirigida consistían en pistolas que transportaban energía a través de ondas electromagnéticas para disparar láser y plasma. Una vez la energía entra en contacto con materia sólida, la energía sobrecalentada entraría en contacto sobre el objetivo, y causaría su evaporización.
Era tecnología avanzada, mucho más que cualquier cosa que habían tenido a la mano antes. Kageyama no podía negar que si contaban con ese tipo de armas, le daría el impulso para mantenerse al mismo nivel que BL/ind. Las notas de Lev tenían sentido, y los cálculos estaban correctos, pero, aun así, no contaban con la energía nuclear necesaria para darles energía.
La última opción en su mente era la de buscar a Iwaizumi otra vez, pedirle algunos libros de Ciudad Batería, pero no podía arriesgar su posición. Y aun debían encontrar a Destroya…
Tobio se rascó la cabeza, había demasiado por hacer todavía.
—De acuerdo, «señor Robot» —se burló Lev—, ¿qué planeas que hagamos?
Podrían…
—Usemos mi núcleo —decidió.
—¿Eh?
—¡¿Qué?! —gritó Hinata al otro lado de la habitación.
Kageyama había esperado que Inferno no escuchara; y como el pelirrojo se aburría cuando ellos estaban construyendo el arma, él prefería vigilar la puerta. Michimiya les había ordenado a todos los cuervos que no habría prácticas de tiro o lucha, así que Hinata no preferiría hacer nada más.
—Sí, ya me escucharon, mi núcleo y el de Destroya funcionan con energía nuclear; el ingrediente clave para las armas de energía dirigida. Es evidente que eso debemos hacer.
—No, no, estás hablando de «prestar» tu energía a esa arma, energía que necesitas para vivir. ¿Qué pasa si se termina acabando? ¿Qué tan idiota me crees para dejarte hacer algo así de peligroso? —preguntó Inferno.
—Muy idiota —respondió el pelinegro.
Hinata puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos, Kageyama no recordaba haberlo visto así de molesto nunca.
—Vete al diablo, Kageyama.
—Vamos, Hinata, era una broma, ¿no te alegra que ahora pueda hacer bromas?
—Es una broma de mierda y lo sabes, deberías dejar de hacerlas eres pésimo para ellas.
—Estás molesto —detectó.
—Mierda, sí, estoy enojado —maldijo—. ¿No aprecias nada tu vida que estás dispuesto a sacrificarte por un prototipo de arma?
Era extraño que Hinata fuera el maduro de ambos, deteniéndolo a él de hacer una colosal estupidez.
—Estamos hablando de armas que nos ayudarían a equilibrar la balanza con BL/ind.
—Sí ya lo sé, ¿pero no te importa dar tu vida con un experimento? ¡Ni siquiera hemos encontrado a Destroya!
—¡Oh! ¿Qué es Destroya? —interrumpió Lev.
Ambos chicos lo miraron y luego reanudaron su discusión.
—No es como si no fuera a tener cuidado —Kageyama puso los ojos en blanco—, además, tenemos plus si baja la carga de mi batería.
—Aprecia un poco más tu vida —regañó Hinata, Tobio debía considerar su actitud si hasta el rey de los temerarios y tontos peligrosos, Hinata, se estaba preocupando por su bienestar.
—Lo hago, sé cuáles riesgos puedo correr sin ponerme en peligro.
—No, no lo haces, Kageyama, ¿crees que no lo noto? Cuando estábamos en Ciudad Batería, tú quisiste probar tu suerte luchando contra Oikawa, cuando yo te rescate me preguntaste porque no había huido.
—¡¿Estuvieron en Ciudad Batería?! —gritó Lev.
Hinata y Kageyama lo miraron por un segundo y siguieron.
—Cuando luchaste contra Ushijima, en lugar de huir conmigo preferiste encararlo hasta que te moliera a golpes y arruinara tu brazo.
—¿Quién es Ushijima? —preguntó Lev, Hinata apenas y lo escuchaba—. Puede ser mi imaginación, pero creo que ambos me están ignorando…
—¡Así que puedes creer que eres del tipo genial que escapará ileso siempre! Pero no, lo único que haces es arriesgarte por mí, como si tu vida no valiera nada.
—Hablando objetivamente, ni siquiera puedo considerarme un organismo. Soy una máquina, y por consiguiente, no tengo vida.
—Eres un idiota, ¡eso es lo que eres! —gritó—. Estás vivo para mí, siempre lo estarás, tu vida me importa a mí y no tengo idea qué haría si te perdiera. Piensa un poco más en las personas que te rodean y… ¡deja de ser tan egoísta!
Kageyama se quedó callado, Hinata respiraba por su boca luego del arranque de emociones y Lev solo movía sus ojos de un killjoy a otro.
—Tienes razón —aceptó Kageyama.
—¿La tengo? —preguntó Hinata.
—¿La tiene? —dijo Haiba.
—Sí, a veces olvido lo frágiles que son los seres humanos física y mentalmente. El aprecio que le tienes a la vida es derivado de la debilidad corporal de las personas a… casi todo lo que nos rodea; por lo tanto temes que yo tenga el mismo fin.
Hinata hizo una mueca de asco.
—Estás hablando como esos de Better Living.
—Lo siento, está integrado en mi sistema. Pero soy más resistente que los humanos, Hinata, pensé que lo habías notado hasta ahora.
—Lo sé y lo hice, Roboyama, pero los humanos vivimos de oxígeno, no de plus. El aire todavía no se acaba, pero sí hay un número de plus en los estantes de Nekomata.
—Tendré cuidado —prometió—, Lev estará aquí para ayudarme.
—Ese no es el punto; el punto es que tú te crees invencible porque eres un androide, y funcionas en el desierto, y eres Destroya.
—¿Tú eres Destroya? —preguntó Lev, sin leer todavía el ambiente—. Pensé que no lo habían encontrado…
—Tal vez lo soy —respondió Kageyama ignorando a Lev.
—¡Estás tan lleno de ti mismo! —gritó abalanzándose contra él para golpearlo.
Kageyama fue derribado al suelo sin poner resistencia, no era como si se mantuviera alerta cuando estaba solo con Hinata. Su espalda chocó contra el piso y Shouyou se sentó en su pecho y le propinó un puñetazo en su mejilla; el pelirrojo tenía más fuerza de lo que se esperaría de su tamaño, y Tobio sintió el dolor esparciéndose por su rostro.
Pero no hizo nada por defenderse o quitarlo de encima.
—¡Oye, oye, oye! —Llegó Lev a levantarlo, atrapando ambas manos de Hinata mientras el pequeño cuervo se revolvía.
Haiba parecía querer contenerlo, pero se le estaba dificultando y Hinata terminó subido en su espalda mientras que el chico alto de cabello blanco maldecía por no poder atrapar al escurridizo chico.
—Haz lo que quieras, robot —terminó Hinata, revolviéndose para que Lev lo soltara.
Cuando el chico estuvo en tierra se dio media vuelta sin dedicarle una última mirada y salió del taller. Kageyama lo miró hasta que se perdió de vista.
—Problemas amorosos —dijo Lev encogiéndose de hombros—, por eso siempre he dicho que es mejor evitar el romance a toda costa. ¡Y vaya que se me ha dificultado! ¿Te he dicho que soy mitad ruso?
Tobio ni siquiera le prestaba atención, hubo algo en la expresión de Hinata… en sus palabras… que le parecieron nauseabundamente familiares. La imagen de Iwaizumi vino a su mente; la semejanza entre Hinata y Kageyama con Hajime y Tooru se hizo más clara.
El complejo de dios que había infectado a Oikawa lo hizo crearlo a su imagen y semejanza. Lleno de su mismo impulso, deseos que se convertían en obsesiones; un empuje que terminaba en una fuerza imparable, lleno de la necesidad de lograr lo que se proponía, sin medir las consecuencias hasta lograr su meta.
Aun si eso significaba caos y destrucción.
No, no, definitivamente no era eso.
Kageyama no era como Oikawa, era más sabio que él. Porque Tobio nunca dejaría que dañaran a Hinata o a ninguno de los killjoys; eran sus hermanos y los protegía con su vida.
No era como su creador.
—Lev —llamó, interrumpiendo al de ojos verdes de su eterno parloteo absurdo.
—¿Mmm?
Pero debía hacer esto si querían tener una mínima lumbrera de esperanza.
—Ayúdame a conectar mi núcleo al arma, debemos terminar esto.
—Tooru, debes ver esto, tengo en mi laboratorio a alguien que se muere por hablar contigo —fue el mensaje que le había dejado Daishou, su ajustador de pensamientos preferido.
Así que solicitó de su presencia en su despacho, la enorme instancia en el último piso de su edificio de color blanco. En una enorme pared de vidrio donde se perfilaban las figuras siniestras de los edificios, Oikawa miraba su ciudad, y a todos los que vivían en él. Caminando a sus trabajos u hogares sin parar a saludarse entre ellos.
«Los humanos son menos problemáticos cuando no están agrupados.» pensaba y ahora el grupo de humanos que le causaba más problemas se había disuelto; pero sabía que por algo eran llamados las «cucarachas del desierto».
Tooru no descansaría hasta matar a todos y cada uno de los que, alguna vez, quiso ser llamado killjoy.
Escuchó el timbrar de la puerta; Iwaizumi introducía el código de la puerta y entraba, detrás de él iban caminando dos hombres. Reconoció de inmediato al de ojos almendrados y sonrisa torcida, Suguru le hizo una reverencia y también la otra persona que iba detrás.
—Siempre es uno de mis más grandes placeres saludarlo, líder —canturreó—, le debo dar las gracias por hacer un espacio en su atareada agenda para mí.
—Oh, Daishou, tu siempre sabes qué quiero oír.
—Es mi don, líder —hizo una reverencia.
Su verdadero don era el de conocer lo que podía fortalecer a una persona, y destruirlas al siguiente segundo.
—Claro, claro. ¿A qué se debe tu visita?
—Sí, quiero presentarle a alguien excepcional. Kiyoomi, ven aquí.
Un chico se paró frente a él, era más alto que Tooru. El dictador lo miró, y ojos negros y hundidos le devolvieron la mirada; usaba una mascarilla blanca sobre su boca, atada con dos cordones blancos atrás de su cabeza. Tenía cabello negro y rizado que caía sobre sus pómulos, y dos lunares en su frente.
—Inclínate, chico, estás en presencia de nuestro salvador.
El pelinegro parecía más que nada enfocado en Oikawa, al escuchar las palabras de Suguro lo hizo; pero Tooru sabía que no se había tardado por faltarle el respecto. No era común que sus ciudadanos tuvieran tanto contacto con él y mucho menos verlo en persona de esta manera. Ni siquiera las personas que trabajaban en el edificio en el que vivía, porque habían sido cegadas.
Y sus exterminadores de más alto rango consistían solo de androides, Suguru y Shirabu eran de los únicos humanos con los que trataba cara a cara; solo porque ellos compartían su visión del mundo, y si Oikawa era sincero con él, admitía que ambos le recordaban a él mismo en sus días de juventud, después de acabar con Shiratorizawa y Aoba Johsai de un solo golpe.
Aunque a estas alturas ni siquiera sabía o le interesaba qué era Suguru, el científico estaba obsesionado con las modificaciones corporales y le gustaba probar con cualquier conejillo de india que tuviera a la mano, incluyéndose él mismo.
Así que ahí estaba el chico, anonadado con su presencia; Oikawa pudo detectar como su pulso comenzó a elevarse, y su temperatura bajó solo un poco; sin embargo se inclinó sin mostrar emoción alguna.
—Soy Kiyoomi Sakusa, Líder —su voz era apenas audible y se encogía de hombros, cohibido.
—Oh, por favor, llámame Tooru —prefirió, porque se atrapaban más moscas con miel que con vinagre.
—Tooru —comenzó Suguru—, Sakusa es un chico estrella —miró al chico con rizos negros expectante—. Trabaja como policía —siguió—, fue el mejor de la academia cuando se graduó, tiene veinticinco años pero es el más hábil de todo el departamento. Domina ocho tipos de artes marciales, y tiene una puntería letal con casi todas las armas.
—Eso sí suena excepcional, como un guerrero perfecto —halagó—, estoy seguro que haces un magnífico trabajo para mantener mi ciudad a salvo, te agradezco por eso.
—Sí —aceptó Daishou, hablando por el chico otra vez—, pero hay algo más. La verdadera razón por la que Sakusa me buscó en primer lugar.
Oikawa dirigió sus ojos al pelinegro, la mascarilla en su boca le comenzaba a molestar, el castaño quería verlo cara a cara.
—¿Y cuál fue esa razón?
—Fue… —sin embargo Oikawa levantó su mano, ordenándole a Suguru que guardara silencio.
—Que me lo diga Sakusa, quiero oírlo de él. Si tanto deseaba esta reunión conmigo, estoy seguro que puede buscar las palabras por sí mismo. ¿No es así, «guerrero perfecto»?
El chico alto de ojos hundidos asintió, quitándose la mascarilla de su boca; Oikawa sonrió, complacido.
—Recuerdo —dijo—… cuando el traidor Tobio Kageyama reveló su verdadera identidad, y huyó de Ciudad Batería solo para ser apagado cuando pasó más allá del perímetro de la ciudad.
Tooru sonrió y ladeó la cabeza, sin embargo sus dedos se movieron levemente en un molesto tic al recordar el fatídico día en que Tobio se había atrevido a desobedecerlo. Claro que, en lo que a toda la ciudad le respectaba, el pequeño traidor nunca había podido salir de Ciudad Batería, su núcleo se había apagado cuando salió del campo electromagnético y el cuervo que iba con él fue acribillado en el lugar.
Porque lo que menos necesitaba era que cundiera el pánico, y que todos los androides comenzaran a preguntarse si ellos funcionarían afuera en el desierto también. Tooru Oikawa nunca perdía, y esa era la realidad.
También se habían tomado medidas para ocultar la traición de Hanamaki. Todos sus datos y credenciales y existencia habían sido borrados del sistema y en cuestión de días, todos lo habían olvidado. Iwaizumi no hablaba de él, pero Tooru sabía que la traición de uno de sus más allegados amigos había causado una enorme sorpresa para él; los humanos y sus sentimientos de apego.
Era risible y lastimoso.
—Así es —aseguró Oikawa—, continúa.
—Yo estuve ahí cuando esos soldados salieron para atrapar al traidor. Vi como lucharon y protegieron la ciudad de la putrefacción del exterior. Los soldados mejorados llamados S.C.A.R.E.C.R.O.W. ellos son el epítome de la fuerza de BL/ind. Ellos son el epítome de la limpieza dentro de Ciudad Batería.
—Lo son, ¿y?
—Quiero convertirme en uno, sin importar lo que cueste.
—¿Por qué? —Oikawa se cruzó de brazos.
—Creo en la santidad del monocromátismo —se hincó a los pies del dictador, Tooru solo arqueó una ceja— y quiero servirle, eliminar toda la suciedad del desierto. Crear un mundo libre de esa putrefacción de las calles, de esos robots obsoletos y eliminar a cada uno de esos anarquistas que manchan la superficie del mundo con su sola presencia. Darle a usted, Líder, el mundo limpio que siempre imaginó.
—Le hice algunas pruebas —intervino Suguru—, tiene unos extraordinarios reflejos y su puntería es casi perfecta, es ágil y mortal en una pelea de cuerpo a cuerpo. Es un malgasto que siga como un policía. Con una dosis específica de la medicina de la felicidad y la droga de incremento será imparable. Además, su lealtad es inquebrantable.
—¿Sin importar lo que cueste, dices? —preguntó el dictador.
—Sí.
—¿Sabes que estarás bajo los efectos de las drogas todo el tiempo? No pensarás, no hablarás, mis palabras serán tu realidad y mis órdenes tu razón de vivir. ¿De acuerdo?
—Lo que usted diga, Tooru.
—Tú cuerpo me pertenece, ¿sí?
—Le pertenecía desde antes, como los de toda la ciudad, de metal o carne; todo adentro de Ciudad Batería es, por derecho, suyo.
Oikawa sonrió con malicia y orgullo, le agradaba el chico.
—Buena respuesta —aceptó—. Entonces, si tu cuerpo me pertenece, haré con él lo que yo quiera. ¿Estás consciente que para «convertirte» en un S.C.A.R.E.C.R.O.W. tu cuerpo debe ser modificado casi por completo?
—Sí.
—Realmente tiene una fuerte resolución —elogió—. Aunque eso signifique cortar tus brazos, piernas y hacer pasar tu cuerpo por una tortura inimaginable.
—Todo sea para servirle y para acabar con esas cucarachas del desierto.
—No lo habría podido decir mejor —Tooru le guiñó un ojo—, de acuerdo, Kiyoomi Sakusa, bienvenido a mi ejército personal. Daishou y Shirabu se encargarán de ti ahora.
El de cabello negro se despidió con una última reverencia y salió.
—Daishou —llamó Oikawa antes que el ajustador de pensamientos se marchara—, ¿cómo sigue la evolución del otro S.C.A.R.E.C.R.O.W.?
—Excelente, Tooru —sonrió—, Reon Ohira tiene una fuerza demoledora, capaz de derribar edificios.
—Bien.
Oikawa se giró, dándole la espalda a Suguru y Sakusa. Enfocándose en la pared de vidrio y el paisaje de su ciudad. Escuchó la puerta abriéndose y unos pesados pasos que se acercaban, Iwaizumi había regresado.
El castaño cruzó sus manos detrás de su espalda.
—Tu turno, Tobio.
—Solo será unos momentos, Ennoshita, lo aseguro —prometió Tsukishima entrando al ala en donde se encontraba la enfermería.
El de anteojos necesitaba escucharlo de él, exactamente qué había visto en la Zona 43; aun no lo podía creer, todo el tiempo estuvo frente a ellos, ¿cómo se lo habían perdido?
—¿Yaku está despierto? —preguntó Hinata.
Tsukishima se había encontrado al ruidoso Inferno en el camino, estaba deprimido y furioso; a Kei no le podía importar menos sus problemas amorosos con el androide, pero Hinata se le había acercado con curiosidad. El rubio le dijo su idea por si acaso él tenía alguna, o Kageyama le había dicho algo similar acerca de la localización de Destroya.
Como era de esperarse Shouyou no tenía idea, y ahora se había pegado a él.
—Se despierta en algunas ocasiones, pero necesita mucho descanso aun —informó Ennoshita con preocupación.
—Es urgente que hable con él —presionó el rubio.
Chikara frunció sus labios, indeciso.
—Ah, de acuerdo, tienen suerte; Kenma y Kuroo acaban de estar aquí, así que Yaku sigue despierto.
Siguieron al pelinegro a una habitación grande en donde camillas de hospital eran alineadas a cada lado. Estaba cerca a vacía, solo Yaku y otros dos chicos que no conocía. Habían movido a Bokuto a una habitación separada y era para lo mejor; estaba al cuidado de Akaashi a tiempo completo.
—Yaku… hola —saludó Kei un poco tímido.
—¡Yaku! —gritó Hinata—. ¡Te ves mucho mejor ahora! ¿Te duele algo?
Morisuke se rio entre dientes y sonrió levemente, divertido seguramente por la disparidad de ambos chicos. Tsukishima y Hinata eran los dos lados de una moneda, ambos habían perdido toda su familia, eran similares pero al mismo tiempo diferentes.
—Hola, Hinata, Tsukishima —devolvió, asintiendo.
—Lamento molestarte pero…
—¡Tú sabes dónde está Destroya! —interrumpió ruidosamente el pelirrojo.
—Hinata —regañó el rubio poniendo sus ojos en blanco.
—… lo siento…
—¿Destroya? —Preguntó Morisuke— ¿Qué es Destroya?
Kei prosiguió a explicarle algunos de los descubrimientos que hicieron desde que cayó el Nido. Evitó mencionar algunos puntos clave, como que tenían a Iwaizumi de aliado; no era que no confiara en sus cuervos, pero un hecho así de grande e importante, podría ser compartido como un susurro o una proeza, llegando a demasiados oídos.
Y nadie tenía más oídos que Oikawa, aunque fuera en el desierto.
—Ya veo —dijo Yaku cuando Tsukishima le había compartido su teoría—, tiene sentido, si dices que el núcleo funciona con energía nuclear, eso explicaría las mediciones altas de estática.
—Sí, entonces necesito que me digas qué recuerdas de la Zona 43, cualquier comentario ayudará.
Yaku lo pensó por un momento, Kei y Shouyou compartieron miradas de esperanza.
—Y este «Destroya», ¿qué aspecto tiene?
Tsukishima le urgió a Hinata que lo dijera.
—Según lo que Kageyama me dijo, es una figura humanoide de ciento sesenta y dos metros. Es completamente de metal, y en su cabeza tiene puesto un yelmo como los guardias de la antigua Grecia.
—Lo siento, Tsukishima, Hinata. No… no recuerdo ver algo así por ningún lado. Lo único que vi eran escombros metálicos oxidados…
—¿Suficientes escombros para formar un robot? —preguntó Shouyou.
—Yo… no lo sé… ¿tal vez…? Pero se necesitarían decenas de personas solo para desenterrarlos y más mecánicos para ensamblarlo… ¿Ciento sesenta y dos metros? ¿En serio?
—Es lo que nuestro aliado nos dice —dijo Tsukishima.
—Cuando llegamos allá, las mediciones de estática habían bajado, llegando a casi nulas; pensamos que se trataba solo de una chatarrería abandonada.
—Pero las mediciones subieron nuevamente, ¿no es así? —inquirió Hinata—. Es por eso que Sugawara y Kuroo partieron, antes que… —se encogió de brazos.
—Sí, ni siquiera funcionaban las ondas de radio. La estática era demasiada, como si alguien hubiera vuelto a mover el interruptor.
—¿O por la presencia de la mitad de su núcleo? —intentó Shouyou.
Los ojos de Kei brillaron, al mismo tiempo que los de Hinata. Ambos chicos disparejos se miraron al mismo tiempo, comprendiendo toda la pintura frente a ellos. Luego se voltearon a ver a Morisuke y dijeron:
—¡Gracias, Yaku! —al unísono.
Inferno y Ácido se despidieron de Morisuke y salieron de la enfermería, caminando rápido. Adrenalina comenzaba a correr por todo su cuerpo, la emoción de estar en lo correcto y saber exactamente cuál era su siguiente paso.
—Las mediciones de estática subieron el triple porque el núcleo de Destroya captó la señal del núcleo de Kageyama —comentó el rubio.
—¡Eso significa que el núcleo de Destroya sigue funcionando! —exclamó.
—Debemos planear una misión de exploración de inmediato.
—¡Definitivamente! —Hinata prácticamente estaba saltando—. Iré a avisarle a Kageyama —aparentemente su conflicto con el robot había sido olvidado.
—No, espera —paró Kei, recordando repentinamente algo muy importante—. No podemos salir.
—¿Por qué?
—Porque estamos en La Colmena —siseó—, todas las confabulaciones o planes contra BL/ind deben parar. Somos pacíficos ahora.
—Pero si no encontramos a Destroya, no tenemos ninguna oportunidad contra Oikawa…
—Podríamos… mentir…
—¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo? —cuestionó Hinata.
—Nada realmente grave, una simple misión de reconocimiento cercana, un pequeño grupo que investigará, digamos, los alrededores de la Zona 3 y 4, tal vez alrededor de las ruinas del Nido para saber si algo que queda es rescatable.
—¡De acuerdo!
—Aunque hablamos de la Zona 43, deberán llevar suficientes víveres… si le digo a Kuroo inmediatamente me hará decirle a Sugawara y nos despediríamos del plan; no puedo decirle a Akaashi, él tiene sus manos llenas con Bokuto, además que terminará diciéndole a Kuroo y Kuroo a Sugawara… diablos… —se cruzó de brazos y comenzó a murmurar para sí mismo—…yo no podría ir sin despertar sospechas. Sin embargo, podríamos excusarnos con que Kageyama quiere salir y conocer el desierto ya que nunca ha salido en una misión exploratoria y tiene sentidos mucho más potentes que un humano… diablos, pero necesitamos a alguien que pueda medir la estática para encontrar a Destroya…
—¡Sé exactamente quién puede ayudarnos! —exclamó Shouyou.
.
—¡Mi nombre es Lev Haiba! Creo que nunca nos presentamos formalmente, pero te reconozco, eres el chico de anteojos con cara de pocos amigos.
—Me llamo Kei Tsukishima —se presentó.
—Tsukishima, Lev es un inventor e ingeniero robótico, él puede manejar muchos cachivaches para medir la estática, y nos puede ayudar.
—Es un gusto conocerte —El rubio asintió con cortesía y luego se volvió a Inferno—. Hinata, debo recordarte que los miembros de esta misión de exploración solo deben ser killjoys.
—Oh, no, no te preocupes, Lev es genial. Él crea armas.
—¿Tu qué…? —cuestionó el de anteojos.
—¡Hinata! —gritó Lev.
—¡¿Qué?! Traje a Tsukishima porque él quiere hacer algo secreto, y prohibido también.
—¡Hinata! —exclamó Kei.
—Ahora todos estamos metidos en esto —sonrió Inferno, con tanta inocencia que dejó preguntándose a Kei si alguien más podía ver la maldad que habitaba en el pequeño—. ¡Y podemos trabajar en equipo!
—¿Estás haciendo armas? —le preguntó el de anteojos al chico de cabello blanco—. ¿A pesar de las reglas de Yui?
—¿Tú quieres salir en una expedición secreta, a pesar de las condiciones con las que los killjoys se quedan aquí?
—Touché.
El androide estaba al fondo de la habitación, trabajando en un artefacto que seguramente era el arma de la que hablaban. Kei notó que el siempre alegre Hinata no había ido directo a los brazos metálicos de su novio. El rubio observó detenidamente a Lev, era un poco más alto que él y parecía demasiado feliz para su bien, casi como Shouyou.
—¿Qué tan bien te desenvuelves allá afuera? —cuestionó sospechosamente el de anteojos; Hinata tenía buena puntería, y Kageyama era Destroya, así que podía no preocuparse por ellos dos.
—Soy lo suficientemente bueno para cuidarme solo si esa es tu pregunta.
—Androide —llamó Kei; Kageyama lo miró—, ¿confías en este tipo?
—¡Ey! ¿Por qué no me preguntas eso a mí? —quiso saber Hinata.
—Tú confías en todos.
—¡No es cierto!
—Te terminaste enamorando de tu captor exterminador y robot —señaló al pelinegro.
Inferno se cruzó de brazos.
—Touché.
—¿Androide?
—Es más listo de lo que aparenta —elogió el pelinegro—, no parece que tenga intenciones secretas, además de construir armas.
—¡Estoy aquí! —lloriqueó.
—Deberá bastar —concluyó Ácido Lunar—, ustedes saldrán hasta la Zona 43 para encontrar a Destroya.
—¿Y luego? —cuestionó Hinata.
—No lo sé.
Akaashi se despertó de un salto cuando alguien se removía insistentemente a su lado. Se había quedado dormido a los pies de Koutarou, sentado en su silla había apoyado su rostro en el colchón con brazos cruzados, convencido que solo cerraría los ojos. Pero le fue imposible, Keiji se sentía tan exhausto, el tipo de cansancio que tiraba de sus huesos y le daba noches sin sueños.
Levantó su rostro y descubrió a Koutarou mirándolo.
—Bokuto —lo saludó, decidiendo no tocarlo—, ¿cómo te sientes? ¿Necesitas algo?
—Oí… te oí —la voz de Bokuto sonaba como él cada vez más y parecía que recordaba palabras también—… con Tsukishima.
—Ah, no te preocupes por eso, tu salud es lo primero, no debes pensar en cosas, debes mejorarte primero.
Koutarou movió su rostro de un lado a otro en señal de negación.
—Yo… yo… —intentaba decir pero se ahogaba, Keiji podía sentir el nudo que ataba su cuello.
—Shh —calló—, está bien, Bokuto, está bien, tómate tu tiempo.
Movió su rostro más rápido, Keiji tocó su pierna con suavidad.
—No, 'Kaashi, no… no l-lo hagas, no…
—¿Hacer qué?
—No, no, no, no, no, no, no… —repetía.
—Koutarou, todo está bien, estás con nosotros ahora, cálmate.
—No, no, no, no, no, no, no, no, no, no… —seguía diciendo sin escucharlo.
—Kou…
—¡No lo hagas! —gritó, sorprendiendo a Akaashi— ¡No hagas esto… yo… yo... no merezco esto! —algunas palabras sonaban ahogadas y entrecortadas.
Keiji se alejó un poco y lo dejó continuar.
—¡Yo maté a Daichi! —exclamó entre sollozos—. ¡Yo lo hice, y recuerdo cada momento! Recuerdo cada cosa que hice para… para… él. Ellos… ellos, yo estaba despierto cada minuto… para todo, mi brazo, mi pierna arrancada —las lágrimas ahogaron su voz—… recuerdo… recuerdo el sonido de la sierra y… y… el sonido que hizo cuando llegó al hueso…
Keiji se apresuró para tenerlo en sus brazos, rodeándolo con fuerza aun si Bokuto intentaba separarse. Akaashi cerró sus ojos y lo intentó callar, salvar su mente de los dolorosos recuerdos que Histeria ni siquiera podía comenzar a imaginar, menos intentar sentirlos en carne propia.
Se quedaron así hasta que el pelinegro sintió un parche mojado en su camisa, en donde Koutarou ocultaba su rostro.
—Me alimentaban con pastillas, mezclaban… y yo no terminaba distinguiendo qué era para qué.
—Koutarou, no tienes que seguir.
El rostro en su pecho se movió de lado a lado.
—Se tomaron su tiempo —continuó—, metiéndome en tanques de agua para ahogarme y luego me sacaban antes que me desmayara. Llegué… —hizo una pausa, respirando forzosamente—… Deseé que se tardaran solo un segundo más… un segundo para que pudiera pararlo todo, pero no. Ése… científico, siempre entraba a mi habitación y me sonreía como si yo fuera su maldita creación, lo veo cada vez que cierro los ojos, su sonrisa demoniaca y su lengua bifurcada.
Akaashi pensó que tal vez esta era la manera de Koutarou para soportarlo, así que solo comenzó a acariciar su cabello, manteniendo las lágrimas y los sollozos en silencio, porque este era el momento de Bokuto de desmoronarse, no el suyo. Porque si Keiji había pasado por el infierno todo este tiempo, no quería comenzar a imaginar por lo qué había pasado el otro.
—Perdí la noción de los días, pero escuchar sus mentiras y sufrir las torturas que se les ocurriera jamás se hizo fácil.
El pelinegro limpió una lágrima de la mejilla de Koutarou.
—Pero eso no importaba, podía soportar lo que me arrojaran, porque siempre pensaba en ti, Akaashi. Pensaba en tu rostro, en tus caricias, en tu voz diciéndome que me amabas.
—Aun lo hago —murmuró, apretando su agarre—, Koutarou, aun lo hago como el primer día.
—Luego empecé a tener estos sueños, en los que sentía… sentía como si alguien estaba apretando mi garganta hasta que moría. A veces… veía el mundo en llamas y a veces te veía a ti o a Kuroo muriendo de maneras horribles, y no podía despertar…
Pausó para lamer sus secos labios, pasando por la cicatriz
—Pero un día… no sé cuándo comenzó, ellos… ellos comenzaron a diseccionarme, quitándome todo. Se metieron en mi cerebro, Akaashi, quizás nunca les fue difícil pasar la muralla que intenté poner y… todo dejó de tener sentido. Separaron mi alma en pequeñas partes, poco a poco para hacer con ellas lo que les antojara hasta que no quedó nada…
Bokuto dejó salir más sollozos.
—Excepto tú, Keiji. Hasta que… hasta que… —parecía que en cualquier momento tendría otro ataque de pánico—…hasta que un día te olvidé… ¿cómo pude hacer eso? ¿Cómo pude…? —Tragó con dificultad— ¿Cómo pude olvidar a la persona que significa todo para mí?
—Está bien, Koutarou, todo está bien.
—Debiste matarme en el Nido, debiste matarme cuando te ataqué.
El pelinegro no pudo contestar.
—¡Esto es emocionante! —exclamó Lev, saltando en su lugar—. ¡Es mi primera misión en mucho tiempo! Y la última vez que fui no pude matar nada —se lamentó—. ¡Pero ahora, me encargaré de acabar con todos esos cerdos de BL/ind!
—Aun así —señaló Tsukishima—, no me convence, yo no podré ir con ustedes y no confío lo suficiente en su madurez o inteligencia para dejarlos solos… y sí eso te incluye a ti, androide.
Kageyama cerró la boca antes de producir cualquier sonido e hizo un puchero, Hinata quería reírse de él pero recordó que aún estaba molesto con el temerario pelinegro. Así que solo sonrió y se cruzó de brazos.
—Bien —aceptó Tobio—, ¿quién más saldrá con nosotros?
—Tengo una idea —murmuró Tsukishima antes de salir de la habitación.
Así que volvieron a quedar los tres: Lev, Kageyama y él.
Haiba miró en sus dos direcciones y una mueca se formó en su cara.
—De acuerdo —comenzó, visiblemente incómodo, se puso de pie y alcanzó el prototipo de arma en la mesa—, ustedes… —los señaló a ambos—… siéntanse de libres de… Ya saben, besarse o lo que sea.
No dijo más y comenzó a trabajar en el artefacto, Hinata sintió sus mejillas sonrojarse y Kageyama lo miró, poniéndose de pie y sentándose en el suelo a su lado. Era increíble lo fuerte que su corazón latía todavía ante la presencia de Tobio, sin importar todas las cosas que pasaron, o las cosas que se habían dicho, Shouyou anhelaba su toque y su mirada en él.
Pero eso era lo que hacía más irritante todo.
Porque Hinata sabía que sus sentimientos eran humanos, él amaba a Kageyama y lo quería tener siempre a su lado por años y décadas; y no era como si dudaba de los sentimientos del androide, ya que en múltiples ocasiones Tobio le había demostrado cuanto amor sentía por él.
Pero siempre existiría esa duda, ¿no? El amor de un humano y una máquina jamás serían iguales. Podía ser que el pelinegro lo amara, pero su misión e impulso de vencer a Oikawa eran simplemente más grandes.
—Hinata —comenzó Roboyama—. Yo… lo siento.
—¿Por qué lo sientes?
Ya era suficientemente difícil luchar contra la naturaleza humana, ¿pero con algo que literalmente había sido escrito en su código de programación?
—Entiendo cómo te sientes…
—¿Lo haces?
—Eso intento —respondió.
Fue lo suficiente para que Hinata le diera un descanso.
—De acuerdo —aceptó—, nunca dijimos que «esto» —se señaló a ellos dos—… sería fácil.
—Lo sé. Pero quiero aprender a… pensar más como tú y menos como…
—¿Oikawa?
—Sí…
—Quiero decir, sé que debemos volvernos más fuertes y armarnos para al menos tener una oportunidad para ganar esto, pero…
—¿Pero?
—Pero no quiero perderte en el camino.
—No lo…
—Ya conseguí al último miembro de su grupo de exploración —interrumpió Tsukishima, Lev levantó su mirada y Hinata se puso de pie de un salto—. Sé que ustedes, trío de idiotas, no serán capaces de mantener su cabeza fría así que necesito a alguien que pueda tomar las decisiones.
—¡Hola, creo que no nos hemos presentado! —se apresuró el de cabello blanco, ofreciendo su mano al pequeño chico—. ¡Mi nombre es Lev Haiba! ¿Y el tuyo?
—Umm… Lev… él no…
—Shh, calla, Hinata, es de mala educación interrumpir a las personas —dijo el de ojos verdes.
Tsukishima se golpeó su rostro con su palma.
—Kenma, no…
Sombra Brillante movió sus dedos y Kageyama se apresuró a traducir.
«No puedo usar mi voz, idiota»
Tobio se terminó riendo. Lev exclamó un «¡Oh!» silente.
—Kenma se ocupará de mantenerlos todos a raya —aseguró el de anteojos—, él será el líder y deberán obedecerlo.
Haiba se acercó al de anteojos, sus facciones felinas llenas de preocupación.
—¿Estará bien dejarlo a él como líder? Digo no debería alguien cuidarlo porque… ya sabes… —se señaló su boca.
Antes que alguien pudiera hablar, Sombra había alcanzado la cabeza de Lev de espaldas, rodeó la cabeza del chico de cabello blanco con sus piernas, y lo atrajo al suelo. Haiba cayó, y Kenma ya estaba parado al lado de su rostro cruzado de brazos.
«Puedo cuidarme solo».
—Ok… ok… ya entendí —murmuró en el suelo.
—Solo debo arreglar algunos asuntos con Kuroo y Sugawara, y mañana podrán partir —dijo Kei—. Perderemos contacto cerca de la Zona 3, después de eso, están por su cuenta para encontrar a Destroya.
«Confía en nosotros y no te preocupes, no le diré a Kuroo»
Espero que les haya gustado.
Debo admitir que me divierto escribiendo a Lev, lo amo mucho! xD
Espero que se haya notado!
Nos leemos luego~
