Y revivo después de todo este tiempo!
*inserte voz del Dr. Desafiando a la Muerte* Y LCDA sale del hiatus oficialmente, mis cuervos, ¡lo hicimos! Salimos del triangulo de las Bermudas de los fanfics, del casillero de Davy Jones, de la tierra de nadie!
Ok, ok, ya, es solo que estoy muy feliz, espero no haber perdido el toque después de todo este tiempo ;) Como lo había anunciado en facebook puse el fic en hiatus por situaciones involucrando mis estudios. Les pido que si quieren mantenerse más al tanto con LCDA y sus actualizaciones, son bienvenidos a agregarme en fb, ahí me encuentro con el nombre de Nolee Vel. También ahí publico a TODAS LAS MARAVILLOSOS REGALOS DE LAS ARTISTAS que dedican de su tiempo para ilustrar la historia, pueden pasarse por ahí, admirándolas. (Quisiera hacer un museo con ellas, créanme)
El nombre del capítulo va por una canción de los mismísimos My Chemical Romance, los invito a escucharla, es hermosa y me inspira para poder escribir las dos parejitas del fanfic.
Y como siempre, le agradezco mil a mi genialosa badass beta Ren que contra viento en popa, me ayuda a traerles un capítulo medio presentable.
Sin más, espero que disfruten el capítulo, si tienen opiniones o un mensajito bonito o feo(? para mí uwu la cajita de comentarios, está abierta.
»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: Koutarou Bokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane.
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka.
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita.
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata.
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai.
Choque Binario: Tobio Kageyama.
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi. «
The World is Ugly
Y aunque Oikawa quiera pisar nuestras mentes, nuestros corazones son libres, ¿no lo creen, mis cucarachas del desierto?
¡Quiero escuchar sus gritos de rebeldía y que empuñen sus manos mientras le mostramos éste dedo al dictador!
Pero no todo es furia y enojo, mis killjoys, también debemos darle espacio al amor, ¿no están conmigo? Cuando estuve fuera del aire, recibí una llamada telefónica de un cachorro enamorado. Solicitó una canción especial para su mitad, porque quiere decirle tantas cosas, pero las palabras no son su fuerte.
Así que júntense a esa persona especial, con una mano en su cintura, porque, además de rebeldes, somos caballeros, cuervos y pónganse a bailar; con esta balada clásica del mismísimo rey: Elvis Presley, «Can't help falling in love»
Sol, esta te va dedicada, Choque Binario no pudo evitar caer por ti.
La hermosa y melodiosa música comenzó a sonar en la radio e Inferno sintió sus entrañas enredarse en un nudo cuando las últimas palabras del Doctor Desafiando a la Muerte se procesaron finalmente en su cerebro. Buscó rápidamente a Kageyama con su mirada, afortunadamente el chico estaba en la misma habitación que él, porque Shouyou no quería dejar de escuchar la ronca voz y las dulces palabras de Presley.
Sin embargo, cuando Tobio escuchó que habían dicho su alias se tensó, hundiéndose de hombros. No lo miraba a los ojos, aun trabajaba en el aparato de Lev. Hinata miró fijamente la espalda del pelinegro hasta que estuvo certero que Kageyama sentía sus ojos pegados en su cuerpo.
Finalmente Choque se dignó a mirarlo.
Sus facciones se contorsionaban en una mueca de crudo terror.
—El… el Doctor me dijo que no revelaría mi nombre…
Hinata estaba seguro que Kageyama había perdido todos los colores de su rostro, si es que eso era posible para los androides; Shouyou se lanzó sobre él, su cuerpo era pequeño en comparación con Tobio, además sabía que él tenía mucha más fuerza que un humano.
—No dijo tu nombre —explicó Hinata con una sonrisa que llegaba hasta sus orejas—, sino tu alias, el Doctor es una mente maquiavélica.
Como lo suponía, Choque Binario terminó atrapándolo en brazos, un poco renuente y todavía parecía muerto de miedo.
—Tonto robot —insultó con cariño—, eres condenadamente cursi —alabó entre risillas, sintiendo una calidez como algodón en su estómago y en sus mejillas
—¡Es lo que todas esas películas hacían!
Tenía razón en eso; Shouyou sentía que estaba en los noventas, y Kageyama estaba fuera de su habitación con una radio tan grande como una motoneta. Noventa por ciento de su cerebro estaba derretido en una masa gelatinosa de amor, y vergüenza, e infantil felicidad. El otro diez por ciento estaba agradecido que su novio —si podía darle ese nombre— fuera tan despistado en el amor como él.
Las risillas pararon cuando Kageyama llevó sus brazos y rodeó toda su forma, envolviéndolo con facilidad. Shouyou cerró sus ojos sobre el pecho del pelinegro y respiró hasta que sintió sus pulmones cerca de explotar; podía estar de esa manera por horas. Sintiendo la música en todos sus músculos y los brazos y la calidez de Tobio rodeándolo; guardándolo de todo el exterior.
Hinata se sabía la letra de la canción, se imaginaba la barítona pero melodiosa voz del pelinegro recitándola para él. Ya que Elvis era el que hablaba por Kageyama, cantando sus sentimientos al ritmo suave y perezoso de una guitarra acústica.
La música estaba por terminar y Shouyou sabía que el día debía seguir y ellos tenían trabajo por hacer.
—¿Roboyama? —llamó aun enterrado en su pecho; su puño inconscientemente se cerró, tomando la chaqueta azul de Kageyama.
—¿Si?
—¿Pudiste probar esa arma especial que construyes con Lev?
La verdadera pregunta, escondida entre palabras temerosas había sido: «¿Lo hiciste? ¿Usaste tu núcleo como batería para darle carga a un prototipo de arma aunque eso constituye para ti darle de tu vida? ¿Aunque yo claramente me opuse porque me preocupas?»
—Sí, sí lo hice —respondió.
Hinata apretó su puño con más fuerza.
—¿Y? —quiso saber.
—No funcionó, aún tenemos que mejorar unas cosas y calibrar otras.
—Ah...
Shouyou se tranquilizó.
—¡Melosos! —escucharon a alguien llamarlos cuando la canción terminó.
—¡Lev! —saludó Hinata, mejillas espolvoreadas de rosa, era vergonzoso que alguien los señalara así.
—Aquí están, Kenma y yo hemos estado buscándolos por todas partes —reclamó.
Apenas y notaron que atrás de su largo cuerpo venía Sombra, su presencia concordaba con su alias pues fácilmente podía pasar desapercibido. Lev, por otro lado, era lo opuesto; se destacaba a kilómetros de distancia, por su largo, y desgarbado cuerpo y cabello como ceniza.
—Tsukishima nos está esperando cerca de la entrada, dice que debemos partir cuanto antes —luego se cruzó de brazos—, y lo dijo en palabras ofensivas y pesadas, yo pensé que solo tenía un rostro amargado, pero también una actitud así...
Kenma puso los ojos en blanco al leer los labios de Lev. Se veía cansado y apenas eran las primeras horas del día.
—Eso suena como Tsukishima —comentó Hinata, despegándose de Kageyama y encaminándose a la salida.
En la radio, Ukai daba inicio a otro reporte del tráfico.
.
—Llegan tarde —siseó la última palabra con ira hirviente.
Shouyou por su parte tuvo un pequeño deja vú y nuevamente estaba en el Nido, iba acompañado de Nishinoya y él tenía una resaca de los dioses. Pero se enfocó en el presente; Kei movía su zapato al compás del corazón bombeante en su pecho.
—Jefazo —saludó Lev.
—No me digas así —amenazó el de anteojos—, realmente... no sé quién de ustedes tres es el más idiota.
—Disculpa —interrumpió Kageyama, claramente ofendido—, le estás hablando a la inteligencia superior aquí, yo, literalmente, soy el futuro de la humanidad.
Esta vez el rubio rodó sus ojos color miel.
—Primero: no utilizamos esa doctrina aquí afuera; y segundo: ¿Realmente el chico que dejó su usuario abierto en la red de BL/ind a la que gracias a ella yo pude crear un usuario falso, meterme a su red y atravesar su firewall tiene derecho a ser llamado «inteligencia superior»?
Hinata estalló en carcajadas al recordar el incidente, en ese momento el nombre «Tobio Kageyama» no había significado nada, tampoco que esa misión fue la que desencadenó todos los hechos que los habían llevado hasta ahí. Kei había compartido la anécdota un tiempo después que el pelinegro había llegado a la base.
—Te atrapó ahí, Roboyama —presionó Shouyou—, al menos yo sé que soy idiota, eso le resta puntos a mi idiotez.
—¡Pequeño bastardo! —vociferó, apresurándose a alcanzar a Inferno, pero Hinata pudo esquivarlo por unos momentos hasta que atrapó su rostro y comenzó a halar sus mejillas.
—¡Esto es inaudito! —Lloriqueó Lev—. Necesito escuchar esa «anécdota», ¡Kenma, Kenma! —Jaloneó su chaqueta roja—. ¡Cuéntame la historia, apuesto que tú la sabes! ¡Ah! Pero con las manos —recalcó.
Si las miradas pudieran asesinar, Sombra sería el culpable del homicidio de Haiba.
Entre los dimes y diretes de Hinata y Kageyama; los lloriqueos de Lev y los suspiros de Kenma. Kei sonrió con una simpatía que reservaba solo para algunos especiales, como Kozume y murmuró:
—Te los encargo, buena suerte.
Lograron conseguir prestado el Buick Skylark del 68, convenciendo a Yui que ellos solo irían a una simple misión de reconocimiento cerca de la Zona 4 donde había perecido el Nido. Lev fue el responsable de conseguir el visto bueno de la abeja reina, Tsukishima se encargó de convencer a Kuroo y a Sugawara para dejar a los cuatro polluelos por ellos mismos.
Pantera se mostró un poco renuente, Kenma no solía salir sin él y menos a un lugar tan alejado como la Zona 4 —para entonces Ácido y Sombra se miraron con complicidad, si hubiera sabido que irían a la Zona 43 se negaría rotundamente—, pero lograron convencer al cabeza de peine al final.
—Deben ser veloces —urgió el rubio una vez los cuatro chicos estuvieron dentro del automóvil—, llevan pocos víveres para no levantar sospechas así que deben parar por la tienda de Tommy Chow-Mein para reabastecerse el resto del camino. Tengan.
Les dio un pequeño radio, Kageyama iba conduciendo, Hinata iba a su lado; Lev y Kenma —para desfortunio de Sombra— iban en el asiento trasero.
—Modifiqué y maximicé su longitud de onda, podrán comunicarse conmigo hasta la Zona 15, si tienen algún imprevisto o emergencia, avísenme, pero más lejos que eso... están por ustedes mismos.
La realización caía pesada en sus hombros, esto no era como las pequeñas misiones en las que salía con Akaashi a práctica de tiros, o a Zonas aledañas como el Jardín de Electricidad, tampoco como el viaje a Ciudad Batería; en cada una de ellas siempre los había acompañado un miembro de la Vanguardia u otro killjoy con experiencia en el desierto.
Pero no había otra opción, el futuro dependía de ellos, también cualquier probabilidad que tuvieran para hacerle frente a Oikawa.
—Recuerden usar sus alias, y no se preocupen solo yo tendré acceso a esta radio, ¿de acuerdo? Nadie más se enterará.
—¡¿Alias?! —Exclamó Lev— ¡Quiero uno! ¡Quiero uno! Siempre ha sido mi sueño tener un legendario nombre de killjoy.
—¿Legendario? —preguntó Kageyama.
—¡Sí! ¿Estás loco? ¡Es el sueño de todos en el desierto!
—Supongo que necesita uno... —razonó el de anteojos desganado—… mientras piensas en uno, es hora que se vayan.
Los cuatro miraron seriamente a Ácido lunar, ya había llegado la hora.
—Gracias por confiar en nosotros, Tsukishima —dijo Hinata.
—No se conviertan en fantasmas allá afuera —se despidió Kei.
.
—¿Cuál debería ser mi alias? —preguntó Lev después de un rato.
Se había mantenido en silencio todo el camino desde que salieron de La Colmena hasta alcanzar la ruta Guano en la Zona 2.
Hinata se había sentado sobre sus rodillas mientras encaraba al asiento trasero, queriendo ser parte de la conversación con Lev y no era como si Kenma participara mucho en ella; Kageyama veía a la carretera. Inferno rápidamente se cansó del arrullo del caucho contra las piedras del desierto y las canciones que Ukai explotaba en la radio; prefería hablar con los demás chicos.
—Puede ser algo que signifique mucho para ti o algo que sientas se identifique como tu papel en todo esto, eso fue lo que me dijo Akaashi cuando elegí el mío.
—¿Algo con lo que me identifique? —Ponderó el de cabello ceniza—… bueno siempre ha habido algo...
—¡Oh! —Exaltó con curiosidad Hinata— ¡Dinos, dinos!
—¿Ya les había dicho que soy mitad ruso?
—Aquí va otra vez —comentó Kageyama seco. Shouyou arqueó una ceja y Kenma puso sus ojos en blanco por la trigésima vez en la mañana.
—¡Hablo en serio! —Se quejó Lev—. Toda la familia de mi mamochka es descendiente de un país que quedaba situado al otro lado del mundo; ella siempre me contaba historias que sus padres le contaban. De una selva blanca y helada en donde el desierto era cubierto por toneladas, y toneladas de nieve y las plantas no estaban marchitas, y muertas. Y el sol... el sol se escondía y su calor no era capaz de matar a las personas.
Shouyou recordaba solo algunas cosas de las que Kageyama le había relatado de lo que los libros decían del mundo de antes, zonas tan frías que el agua en la atmósfera se congelaba, y pequeños cristales de hielo caían sobre el suelo y terminaban cubriendo países —así se llamaban antes de ser «Zonas»— completos.
—Alisa y yo siempre nos negábamos a dormir cuando mamochka nos contaba más de nuestra Rusia y la nieve. Pero siempre parecía triste cuando lo hacía.
—¿Alisa? —preguntó Shouyou.
—Es mi hermana mayor, vive en La Colmena también. Antes de vivir en la base, ella, mis padres y yo vivíamos en las Zonas. Aunque no recuerdo el número porque yo era un niño y porque a Alisa no le gusta hablar de eso. Tengo pocas memorias que se mezclan con sueños, pero la última vez que vi a mis padres fue cuando la comida se estaba acabando y ellos salieron a la tienda de Chow Mein.
Era la primera vez que veía a Lev sin una sonrisa en su rostro.
—Pero nunca regresaron —siguió—. Alisa y yo los esperamos por semanas, incluso después que nuestra comida se terminó y lo único con lo que sobrevivíamos era con agua hervida con huesos.
—Lo siento mucho —murmuró Hinata, no esperaba que la idea de Lev fuera así de profunda.
—No importa, casi no recuerdo el rostro de mamochka —dijo con disimulada tristeza—, solo su voz cuando me narraba las historias. Alisa fue la que tomó la dura decisión de marcharnos luego, debió haber pasado algo de tiempo, hasta que ella estuvo segura que ellos no iban a volver.
Los ojos felinos y como esmeralda del chico alto se enfocaron en un punto afuera en el desierto, perdido entre el duro pasado, y el vacío presente.
—Nunca supe qué les pasó, aun me sigo preguntando si regresaron al final. Eso es peor, ¿no? —Miró a Shouyou—. Todo el mundo habla de lo horrible que es ver a una persona especial morir frente a ti; no lo sé, nunca lo he experimentado. Pero al menos sabes cómo pasó y lo… definitivo que es.
Esa era una manera de verlo.
—Una parte de mi cree que aún podrían estar vivos.
Kageyama miró a Shouyou y el cuervo le devolvió la mirada; antes que el pelinegro pudiera decir algo, Hinata podía deletrear lo que estaba por decir. Qué probablemente sí estaban muertos, que si de probabilidades se trataba, se podía asumir que sus padres habían sido interceptados por draculoides o exterminadores; se habían enfrentado a ellos y habían muerto, o habían sido convertidos en draculoides.
De ninguna de las dos probabilidades iban a seguir vivos.
Inferno abrió la boca para decir algo pero fue cortado por Lev.
—Rugido Helado —decidió—, ése es mi alias. Que BL/ind tenga miedo cuando sepan de la ira fría de mi país.
Kenma comenzó a hablar con sus manos, y Kageyama lo miró por el espejo.
—«Es un buen nombre».
Haiba sonrió.
—Gracias, Kenma.
A veces Bokuto no reconocía donde se encontraba.
Pero Akaashi hacía todo en su poder para recordárselo, todas las mañanas lo sacaba a dar una vuelta en La Colmena; recibía algunas miradas cautelosas, pero otros sabían mejor; BL/ind era un horrible y despiadado adversario. Si alguien luchaba contra una bestia enfurecida y llena de odio, no saldría sin un par de rasguños.
Era lo que Bokuto tenía, rasguños.
Keiji lo llamaba muchas veces, y por segundos Revólver no sabía que su nombre era Koutarou. En esos momentos, en esos segundos el killjoy parecía vacío hasta que recobraba el brillo de sus ojos y Akaashi se alegraba de tenerlo junto a él.
«Pequeños pasos» se repetía, «pequeños pasos, siempre».
—Bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí? —canturreó la barítona voz de Pantera Anfetamina; Akaashi levantó su mirada del suelo para verlo acercarse a ellos.
—Kou —llamó Keiji—, mira quién es.
Bokuto recobró su lucidez y miró con sus brillantes ojos al pelinegro de sonrisa torcida, las ojeras se iban aclarando con los días; y sus escleróticas se volvían a tornar blancas al estar libres de los tóxicos.
—Grandulón —Pantera se agachó a la altura de la silla de ruedas.
Kuroo se abstenía de preguntarle si lo recordaba o si sabía quién era. Dolía más escuchar la voz de Bokuto negándolo que solamente darse cuenta de ello.
—¿Tetsu…? —murmuró mirando el piso, lleno de duda.
Sin embargo el rostro de Tetsurou se iluminó completamente, sonreía de oreja a oreja y sus mejillas tenían un leve tinte de rosa. La felicidad alcanzaba sus ojos rasgados y parecía un chico adolescente de nuevo; sin la socarronería ni la picardía que lo caracterizaba.
—¡Sí, Bo! —aseguró, usando su término de cariño, empujando las hebras de su cabello hacia atrás con nerviosismo—. ¿Cómo has estado, hermano?
Ala Revólver miró el espacio donde su pierna estaría y con toda seriedad contestó.
—He visto mejores días.
Una risilla salió de los labios de Tetsurou que no pudo evitar; Akaashi lo miró con irritación, pero el pelinegro de ojos astutos se encogió de hombros. Ambos quedaron conmocionados cuando escucharon un extraño sonido provenir de Bokuto.
¿Se había reído?
Se había reído.
—Al menos —dijo Ala Revólver con un poco más de confianza—, al menos ya no tengo calambres en los músculos.
Kuroo se quedó mudo, al igual que Akaashi; hasta que Koutarou se rio más fuerte. Tetsurou le siguió un latido después. Mientras que Histeria… no, no, no podía reírse de algo tan devastador. No podía reírse de Bokuto.
Se rindió al ver las esquinas de sus dorados ojos arrugadas y su labio partido estirado en una sonrisa que podía derretir glaciares y corazones. Keiji podía sentir sus ojos comenzar a arder, pero prefirió comenzar a reírse antes de llorar.
«Pequeños pasos».
Caminaron hasta un comedor comunal, similar al Nido, pero totalmente diferente. No se sentía como un hogar; y él sabía que los demás killjoys pensaban igual. Kuroo se había sentado frente a Bokuto; el par de idiotas se reía sin restricciones, Koutarou se carcajeaba bulliciosamente, Pantera se quedaba mirando la alegre expresión de Revólver antes de hundirse en risillas.
Y Akaashi era feliz.
—¡Bo, te lo digo! —Decía con una sonrisa—. ¡Tanaka polluelo le pidió un beso a Ennoshita!
Koutarou se reía.
—¿Frente a todos en la cafetería?
—¡Sí! —Exclamó el pelinegro— ¡Por la Bruja, fue lo más gracioso que ha pasado en el Nido!
—¿Desde que tú y Kuroo se incendiaron los pantalones del otro? —Intervino Akaashi, callando a los miembros del dúo «Pantera Revólver», nuevamente reunidos—. Recuerdo a todos riéndose de ese incidente por meses.
—¡Akaashi! —lloriqueó en esa voz quejumbrosa que ahora solo le traía mariposas en el estómago.
—Sigues igual de cruel que siempre —decidió Kuroo.
—¡Fue ahí cuando quemamos la camisa de Daichi! —exaltó Bokuto.
Tetsurou recordó el incidente y nuevas carcajadas irrumpieron, haciendo temblar con regocijo sus hombros.
—Estaba tan furioso —comentó Pantera limpiando una lágrima de la esquina de su ojo—, pero no era como si todos los días conseguíamos un lanzallamas, ¡debíamos usarlo!
Akaashi lo recordaba, el castigo había sido severo, pero justo; Nicotina se especializaba en eso. Aunque probara lo que pudiera, nunca logró hacer madurar a esos dos idiotas. A veces Daichi y Sugawara parecían los padres de todos los rebeldes, sin importar que ellos fueran menores que algunos.
—Bo, Bo… ¿estás bien? —escuchó la voz preocupada de Pantera. Fue sacado de repente de sus pensamientos y miró a Ala Revólver.
Estaba llorando.
—¿Fue algo que dije? —Kuroo se acercó a su rostro para quitarle las lágrimas—. Mierda, pensé que todo iba bien… yo… soy un idiota, lo siento Bo…
Revólver negó con la cabeza, entre sollozos e hipidos intentó hablar; pero se ahogó entre gemidos. Keiji envolvió su mano entre la suya, Kuroo lo miró a él con urgencia, queriendo saber qué había dicho mal. Akaashi le aseguró que no se preocupara, Bokuto era inestable. Como si su cerebro no supiera qué emoción reproducir.
Las medicinas habían hecho un desastre en su cerebro.
Su atención y consciencia eran intermitentes, y con ellas su felicidad, tristeza y enojo.
El pelinegro resopló y le dio un apretón en su muslo.
Keiji le diría después que Koutarou creía que él había sido el responsable de asesinar a Daichi. Se quedaron ahí hasta que los hipidos de Revólver menguaron y su mirada quedó perdida en algún lugar del suelo.
—Kuroo, ahí estás —interrumpió una voz, cuando Akaashi levantó su rostro vio a Kei Tsukishima caminando hacia ellos.
—Oh, ¡Tsukki! —Saludó el pelinegro de sonrisa torcida; intentando disimular el ambiente que se había formado entre los tres—. ¿Me estabas buscando? Qué afortunado soy.
—Ah, Akaashi, Bokuto —saludó inclinándose con educación—; es bueno verlos aquí afuera.
—¡Kei «Ácido» Tsukishima! —Exclamó Koutarou sorprendiendo a todos; su sonrisa era tan luminosa como el sol—. Ahora entiendo el porqué de tu alias, ¿haz probado los limones?
—¿Bo…ku? —preguntó el de anteojos sin saber qué hacer.
—¿Me pregunto si después de besarte uno termina haciendo una mueca por el mordiente sabor?
—Déjalo, Tsukishima —insistió Akaashi—. Koutarou, basta, eso no es educado.
—Kuroo, averígualo por mí, ¿sí, hermano?
Tetsurou se atragantó con su saliva y abrió los ojos como platos; miró al rubio y sus mejillas se colorearon de carmesí. Intentando recuperar algún fragmento de su máscara de chico genial pero fallando miserablemente.
—Veo que ya estás mucho mejor —comentó Ácido con mejillas sonrojadas, arqueando una ceja y acomodando sus anteojos.
—Y que lo digas, Tsukki —concordó—, oh, eso me recuerda, ¿has sabido algo de tu hermano? ¡Hace años no nos visita aquí en el Nido!
El rubio retrocedió un poco, tomado desprevenido por las palabras insólitas, buscó la mirada de Akaashi por alguna explicación; pero Keiji solo veía a Bokuto con tristeza. Parecía que sus memorias volvían de vez en cuando, llenando espacios vacíos; pero regresaban en desorden.
—Tsukishima, ¿estabas buscando a Kuroo? —preguntó el de ojos almendrados.
—Claro... sí —concordó el de anteojos—; los estaba buscando a todos, tengo buenas noticias para los killjoys.
—Roboyama, ¿en qué Zona estamos? —preguntó Hinata subiendo sus goggles una vez la tormenta de arena había menguado.
Shouyou estaba arriba del capó del automóvil para ver a sus vacíos y desolados alrededores; Kageyama estaba llenando el tanque de gasolina, y Lev y Kenma estaban dentro de un cobertizo oxidado en el cual se habían refugiado para soportar los torbellinos de arena.
—En la Zona 14, aún tenemos mucho trecho que recorrer.
Había pasado una semana desde que habían salido y no se habían despegado de la carretera. Rara vez paraban, Tobio conducía en las noches y los otros cuervos se turnaban en el día. Hinata se preguntaba si alguien había descubierto la verdadera misión por la que ellos habían salido, o si Tsukishima era un mejor mentiroso de lo que él se había imaginado.
Esta había sido la vez que más tiempo pasaba en la carretera desde que se había convertido en un killjoy; una parte de él lo había extrañado, la libertad de ver el horizonte desplegado frente a él como si fuera un océano interminable de arena; alejado de los cadáveres podridos de las comunidades y de los horrores de la ciudad.
Cuando Hinata estuvo en Ciudad Batería, y Kageyama salía todos los días a su trabajo, Shouyou siempre se acercaba al enorme ventanal y miraba hacia abajo. Todas las personas se movían igual, sin mirar a sus lados y con audífonos sobre sus oídos; él le había preguntado al androide para qué eran esos, el pelinegro le dijo que era para repetir la doctrina de BL/ind una y otra vez; mantenía a los humanos sedados todo el tiempo.
—¡Ken- quiero decir Sombra! ¡Espera!... ¡No, no, por favor no!... ¡Ack!
Un golpe vino desde el cobertizo, seguido por Lev gritando, Kageyama resopló y Hinata sacó una pequeña libreta de la bolsa de su pantalón. Había escrito en una página «Sin incidentes de Kenma asfixiando y arrojando a Lev al suelo por 5 horas». Tachó el número 5 —el más alto hasta ahora— y dibujó otro 0 debajo de todos los tachones hasta el momento. Lev había comenzado a tener moretones.
—Aun no entiendo porque haces esa lista —comentó Kageyama, aburrido como siempre.
—¡Es divertido ver como progresamos cada vez! —exaltó, sentándose en el techo del automóvil, moviendo sus piernas.
—Eres un cuervo vil —comentó.
Hinata intentó dar la sonrisa más retorcida que pudo, pero por el rostro inexpresivo de Kageyama supo que no lo había logrado.
—¡Androide! —Gritó Lev desde el cobertizo—. ¡Choque!
El pelinegro resopló con más cansancio, Hinata solo se rio entre dientes.
—¿Crees que Sombra ya lo mató? —preguntó Inferno entre risillas.
—¿Sería tan malo? —devolvió Choque Binario.
Shouyou saltó al suelo y se sacudió sus pantalones de mezclilla, limpiando la arena, llamó a Kageyama para que entre ambos evitaran que Kozume cometiera un asesinato. Sería malo que Lev muriera, ya que sin sus cachivaches para medir la radiación, no tenían manera de encontrar a Destroya.
Así que tomó la mano del chico más alto y lo guió hacía el cobertizo; Kageyama resopló otra vez pero lo siguió sin poner excusa. Hinata apretó su mano y sintió al pelinegro hacer lo mismo; sin embargo cuando buscó los ojos azul marino del androide no los encontraba. Con lo que sí se encontró fue con una sonrisa tímida del pelinegro, Inferno sonrió hasta las orejas.
Hasta que entraron al cobertizo.
—¡Choque Binario, al fin! —gritó Rugido Helado.
Sostenía el arma en sus manos.
Hinata quitó su mano de Kageyama.
—¡La terminé! Ahora este bebé debe funcionar, ¿quieres probarlo?
'No'.
—Claro —contestó Kageyama.
.
Lev y Kageyama se habían abierto espacio en medio del desierto, lejos del automóvil y del cobertizo en donde pasarían la noche. Era un terreno baldío, mientras Haiba le daba los últimos ajustes a la pesada arma; Kageyama había conseguido un automóvil sin ruedas, con una carrocería apolillada y descolorado con oxido.
Colocó la chatarra a unos diez metros.
Kenma y Hinata se habían quedado atrás de los chicos altos, Kozume mantenía su cara de póker de siempre; pero Hinata no dejaba de morderse los labios. Tenía un pésimo presentimiento y no podía evitar sentirse herido, a Kageyama no le importaba nada más que el éxito de la misión.
Se preguntó si la sed de sangre de Kageyama por ver a Oikawa muerto era igual de grande a la del dictador por verlo destruido a él.
—¿Todo listo? —preguntó Kageyama.
Lev levantó un pulgar para darle luz verde.
Hinata se colocó sus goggles al igual que Lev; mientras que Kenma subió el pañuelo que se amarraba en su cuello a su boca.
Se escuchó el sonido de la metálica caja torácica del androide abriéndose; revelando la refulgente bola de energía que era su núcleo. Hinata recordó lo cálido que se había sentido entre sus dedos, y lo íntimo que había sido cuando él tuvo su mano dentro del pecho de Kageyama.
Tobio conectó un cable de la enorme pistola metálica —que parecía más un cañón de mano por lo grande que era— a su núcleo; y de inmediato las hendiduras brillaron; trayendo a la vida la inerte arma. Un sonido como zumbido comenzó a hacerse más fuerte y la mano de Kageyama en la que sostenía el arma tiritaba levemente.
—¿Esta vibrando? —preguntó Lev con una sonrisa enorme y torpe—. ¿Puedo sostenerla?
—Adelante.
—Por fin… —dijo con regocijo al ver que el arma parecía estar funcionando—, pruébala.
Kageyama asintió y apuntó hacia el pedazo de chatarra.
Vio un rayo color neón, cegador y rápido pasar frente a él y dar con el automóvil, Hinata sintió como si había recibido un golpe en su pecho, y todo el aire había sido sacado directamente de sus pulmones. El sonido que hizo el arma reverberó en todos sus huesos y se sintieron como golpes en su cabeza.
Al siguiente segundo retumbó una explosión que lo hizo sentir débil de rodillas, y se cubrió los oídos. El automóvil había dejado de tener forma. El rayo atravesó el metal como si fuera agua y redujo la chatarra a añicos, más pequeños que piedrecillas.
La pared de polvo se disipó y frente a los escombros Kageyama miraba la destrucción que había provocado, sin moverse ni un centímetro.
—¿Choque? —preguntó Hinata.
No recibía respuesta.
—Choque, respóndeme —intentó otra vez.
Nada.
Más preocupado que antes caminó a su lado, para ver su rostro, esperaba que todo estuviera bien.
Lo miró de frente y sus ojos estaban brillando, al igual que todo su cuerpo, las venas refulgentes recorrían todo su cuerpo. Como lo hizo cuando destrozó a Ushijima. Hinata lo llamó otra vez, pero Kageyama parecía una estatua; Shouyou tenía miedo de tocarlo.
Tobio volvió a apuntar el cañón como lo había hecho antes, esta vez a la nada, sin mirar ni escuchar a Shouyou.
—¡Choque Binario, para! —gritó.
Pero fue demasiado tarde, y Kageyama jaló el gatillo.
La explosión fue más intensa al estar al lado del arma y Shouyou cayó al piso sentado; el rayo atravesó toda la expansión de arena y se perdió en el horizonte. Los ojos de Tobio seguían brillando como dos lunas perdidas en el día; no escuchaba razón.
Volvió a poner su dedo en el gatillo.
—¡Rugido! —gritó Shouyou.
—Debe ser el núcleo de Destroya —razonó Lev cuando llegó a su lado a inspeccionar con premura—; la actividad repentina de su núcleo desencadenó alguna lectura alta de energía nuclear, y consiguió llamar la atención de Destroya… pero es sólo una hipótesis…
Kageyama disparó otra vez, Lev y Hinata volvieron a caer al suelo, se arrastraron, alejándose un poco de él.
—¡Al diablo las hipótesis! ¿Cómo lo detenemos?
—La forma más fácil sería esperar que la batería se termine…
Hinata lo fulminó con la mirada, esto era exactamente a lo que él temía; Kageyama reaccionando de una manera descontrolada y peligrosa. La diferencia entre un humano y un robot era que el estado de «inconsciencia» era considerado diferente, una persona no representaba una amenaza estando así.
Mientras que un androide era más peligroso de esa manera.
Una pistola le cayó a Lev en la sien; el chico alto la recogió y miró con extrañez a Kenma; él le había arrojado la pistola. Sombra posó su dedo índice y medio sobre su sien y como si su mano fuera un arma se disparó a su cabeza; luego señaló al Androide fuera de control.
—¡Es una pistola con los proyectiles de Chispa! Usa una pequeña bomba para desactivar a los androides, estropea su sistema con una onda de choque.
—¡De acuerdo! —sonrió y apuntó a Kageyama.
Hinata se lanzó encima de él, trayendo a Lev al suelo, ninguno llamó la atención del androide; Kageyama seguía disparando a la nada, y otras veces al suelo, creando enormes cráteres. Sin embargo, si alguien se metía en su camino sería pulverizado por los rayos láser.
—¡Si le disparas a Kageyama lo apagarás, no dejaré que lo hagas!
—Si no le disparo su batería se terminará agotando, al menos así evitamos que siga dañando los alrededores.
Hinata miró a todos lados, esto no estaba pasando, definitivamente no. Maldito sea el momento que cayó enamorado de Kageyama, y maldito sea el androide por negarse a escucharlo.
—Sin él no tenemos a Destroya, y ahí van todas nuestras oportunidades de derrotar a Oikawa —razonó, fue lo primero que se le ocurrió, pero al menos así empujaría a Lev a pensar en algo.
Haiba se rascó la cabeza.
—Supongo que podemos intentar modificar el grado de la onda… ¡pero solo es suposición!
—¡Lo lograrás!
'Debes lograrlo' pensó.
Lev se puso a trabajar inmediatamente, abriendo el cañón de la pistola; Hinata intentaría su propia manera para detenerlo. Estaba por levantarse pero sintió una mano halar su camisa; Inferno miró hacia atrás y notó a Kenma reteniéndolo en el lugar; mirándolo con alarma.
—Debo tratar, Sombra —dijo, sin tener otra opción—. ¡Kageyama! —gritó. Al diablo los aliases, sabía que en ese momento el pelinegro no tenía idea quién era Choque Binario.
Como era de esperarse, Tobio no reaccionó ante su voz; cada detonación lo hacía perder más el equilibrio. Hinata llegó atrás de él y alargó su mano enfrente, sus dedos tiritaban de temor y del estallido de cada disparo.
Sentía las yemas de sus dedos prendidas en fuego y veía a Kageyama como una bestia enardecida; con cada palpitación de su corazón abarcaba otro centímetro más, esperando que en cualquier momento Tobio pararía y lo encararía con su mismo puchero de siempre.
Hundió sus falanges finalmente en la suave tela de la chaqueta negra; hasta que su palma estuvo de lleno en su espalda. Ralentizó su respiración agitada intentando, de alguna manera, calmar a Tobio con su pulso.
—Kageyama —pidió.
El androide paró.
Y sin embargo Hinata podía ver la piel de su antebrazo debajo de la tela arremangada de la chaqueta, las venas del androide seguían como estrellas fugaces en la expansión de piel. Seguía siendo Destroya.
Y Destroya giró su rostro lleno de venas refulgentes y lo miró.
Hinata tragó con dificultad.
Antes que Kageyama pudiera hacer algo más, se escuchó otro estallido mucho más suave. El proyectil impactó en la escápula derecha del androide; todo su cuerpo se estremeció como si un torrente de electricidad recorriera su sistema y cayó al suelo.
Inferno miró en la dirección que había venido la bala para descubrir a Lev con el arma en la mano.
—Logré recalibrarla —explicó.
—Él… no lo sé… ¿crees que me haya reconocido? —Shouyou sabía que era una ilusión infantil, pero siempre hablaba antes de pensar.
Se acercó al cuerpo inconsciente de Kageyama y lo giró para que estuviera mirando el cielo; su núcleo había perdido la intensidad de antes, aunque siempre brillaba ya no era cegadora como antes.
—Para reanimarlo solo es necesario darle otra dosis de plus —ofreció Lev.
Si Shouyou lo pensaba, nunca antes había visto a Kageyama de esa manera, el androide no dormía; Hinata no recordaba alguna vez haber apreciado la belleza del pelinegro de esta forma. Sin ninguna arruga de expresión.
'Así se vería Kageyama durmiendo.' Pensó con amargura.
Pasó un brazo por sus hombros para levantarlo pero pesaba más que una persona adulta; Lev tomó su otro brazo para ayudarle a cargarlo devuelta al cobertizo. Los tres chicos restantes cayeron en silencio, Hinata solo quería concentrarse en el ruido de sus pisadas en la maleable arena. No obstante, con la esquina de su ojo podía ver como el inquieto de Haiba lo miraba incesantemente.
—Siento que esto es mi culpa —comentó.
—No es tu culpa, Rugido —intentó convencer Hinata, pero él nunca había sido bueno ocultando sus sentimientos, y en ese momento su voz sonaba tan vacía y tan derrotada; pero no podía importarle mucho los sentimientos de Lev por el momento.
—Sombra, ¿esto es mi culpa? —le preguntó al otro chico.
Shouyou estaba demasiado ocupado mirando al piso así que no supo que le había contestado Kenma.
La verdad era: No, no había sido culpa de Lev, el chico con cabello blanco había estado ocupándose de sus cosas en su taller; y Hinata y Kageyama llegaron a interrumpirlo, y descubrir su secreto. Kageyama fue el que quiso ser parte del proyecto y fue idea de él usar su núcleo.
Así que no, nada de esto había sido culpa de Lev.
Todavía no habían llegado a la Zona 15, así que seguramente Tsukishima se comunicaría con ellos y les preguntaría cuál era su estatus; y seguramente tendrían que decirle la verdad, de lo contrario Kenma tomaría como misión personal reducir a cada uno de ellos a añicos. Así que también recibirían los regaños de Amargashima aun estando a cientos, y cientos de kilómetros de La Colmena.
Ni siquiera habían llegado a la mitad de su recorrido y ya se las habían arreglado para arruinarlo todo.
Este iba a ser un largo viaje.
El estridente sonido de hierro colisionando con hierro, una discordancia de voces de aleaciones enfrentándose a otros. Seguido por los gruñidos armónicos de los contrincantes al tratar de sobrepasar la perspicacia del otro, y así vencerlos. La tarde era avanzada, cerca de las horas entre el mediodía y el atardecer.
Estaban reunidos en la enorme estancia comunal dedicada para comidas, todas las mesas habían sido apiladas en las paredes y la cafetería había sido convertida en una arena de batallas.
Esa había sido la buena noticia que Tsukishima les había compartido hace algunos días. El chico de anteojos se había reunido con Sugawara y Yui, la líder de La Colmena había llegado a un acuerdo con Ácido Lunar; al ver que los killjoys ayudaban en todas las tareas que podían, la abeja reina quería mostrar su gratitud, y como recompensa de su arduo trabajo los dejaría entrenar en su tiempo libre.
Tetsurou había saltado a sus pies por las buenas noticias.
—Tsukishima se ha vuelto muy bueno con las katanas —comentó Bokuto a su lado.
Akaashi lo miró de reojo, con el tiempo había descubierto que estar mirando a los demás practicar mantenía la mente de Revólver ocupada. Lo hacía concentrarse en algo, mantener su atención en los movimientos de otros, pensar qué haría para esquivarse o defenderse, planear sus estrategias en la mente.
—Ha practicado mucho —comentó Histeria, recordando todas las horas que el rubio había pasado en la arena en el Nido; sin embargo, dejó de hacerlo por un tiempo desde la caída de la base.
Era bueno ver que podían regresar a sus pasatiempos de antes, o lo más similar que podían conseguir.
—Me recuerda mucho a su hermano —dijo Bokuto, luego mordió sus labios—. Me hubiera gustado verlo una última vez… yo lo admiraba, digo, ¿quién no? Era un killjoy original. Eso es verdaderamente genial.
—Akiteru fue una de las personas más geniales, tienes razón —opinó con una sonrisa triste.
—Kuroo sigue siendo igual de genial que siempre —comentó sin aviso, mirando a Pantera Anfetamina luchando contra Ryuunosuke Tanaka.
—¿No crees que ha cambiado? —preguntó Akaashi divertido.
Bokuto le sonrió y negó con su cabeza.
—No, hombre, él sigue igual que siempre.
Keiji estaba seguro, si Kuroo lo hubiera escuchado entonces sería feliz, en cierta manera Histeria también lo estaba. La tristeza negra de Pantera se había esfumado en cuanto había tenido su mejor amigo de regreso.
—Me alegro.
—¿Y tú, Akaashi? —preguntó ladeando su cabeza como un búho cornudo.
—¿Yo?
—Sí, ¿no irás a practicar? No es como que te haga falta, nadie es mejor que tú con las glock.
—Me tomaré el día libre —aseguró, pero la verdad era que no había cogido un arma desde que había llegado a La Colmena.
—Akaashi —dijo Bokuto, mirando a los demás cuervos entrenando.
—¿Sí?
—Gracias por no matarme antes.
—Deja de decir tonterías —resopló, como si hubiera alguna vez una opción de Keiji haciéndole algún tipo de daño a Bokuto. Ni en un millón de años, ni aunque su vida estuviera de por medio.
—Te amo —dijo, viéndolo a los ojos esta vez.
Akaashi volvió a resoplar y no soportó su mirada, sin embargo su mano encontró la de Bokuto; y por primera vez en mucho tiempo, él respondió con un pequeño apretón.
—Tú tampoco puedes escaparte, Koutarou —comentó y se ganó una mirada confundida de Bokuto—. Debes comenzar a entrenar tú también.
Como si hubiera sido una mala broma, Ala Revólver miró el espacio en donde su brazo derecho estaría.
—No creo que esté en condiciones para luchar, Akaashi —se rio—, creo que se me dificultará mucho moverme con un brazo y una pierna...
—Claramente —concordó—; por eso necesitarás tus miembros metálicos.
El rostro de Bokuto se encrespó en una mueca de crudo terror.
—Escúchame un momento, Koutarou, hace varias semanas estás fuera de los medicamentos y cada día muestras más progreso.
—Pero… esas cosas… solo traen destrucción —sujetó con fuerza sobrehumana el brazo de la silla de ruedas, deformándolo un poco—… y muerte.
—Eres fuerte, Koutarou, podrás controlarte.
—No creo que pueda, Akaashi; no lo soy, ya no.
Keiji pensaba que no había opción, hace semanas había aceptado que Bokuto era un S.C.A.R.E.C.R.O.W. pero eso no era todo lo que él era. Histeria no diría nada, pero sabía que esas piezas metálicas eran parte de Koutarou y él estaba bien con eso. Podría vivir y amar a Revólver como era ahora.
¿Cuándo un monstruo deja de serlo?
Cuando es amado.
Histeria tomó la mano izquierda de Bokuto y besó cada dígito, tomándose su tiempo y notando de reojo como los ojos dorados y puros lo veían con detenimiento. Keiji se preguntó si podía decirlo con el gesto: «Te aceptaría como sea, aunque te arranquen los dos brazos, las dos piernas y tus ojos, lo único que pido es tener tu corazón».
Revólver le sonrió y Akaashi estaba seguro que podía leer sus pensamientos.
«Lo tienes, claro que lo tienes».
—… de acuerdo —murmuró con voz queda—… lo haré.
—Solo si sientes que estás listo, Kou, tenemos todo el tiempo que queramos.
No, no lo tenían, pero Bokuto no necesitaba saberlo.
—Sí, sólo… sólo necesito que tú estés ahí, a mi lado.
—No hace falta que lo pidas —aseguró sonriendo.
.
Bokuto preguntó si el siguiente día podría probar moverse con los miembros metálicos, pues todo el tiempo que estuvo acostumbrado a ellos fue debajo de una neblina de narcóticos y voces en su cabeza. Así que ni siquiera sabía si podría mantenerse en pie.
Akaashi lo discutiría el día siguiente con los demás cuervos y con la abeja reina, de todas maneras, solo bastaba con Asahi para volver a colocar las piezas metálicas. Estaba convencido que funcionaría.
Ya había pasado la hora de la cena, y tanto los cuervos como las abejas se habían retirado a su respectivo cuarto; a excepción de los encargados de montar guardia toda la noche. Histeria había llevado a Bokuto al cuarto en el que se quedaba, mientras que Akaashi se quedaba en una silla a los pies de la cama en donde él descansaba.
Sí, a veces su cuello dolía, pero había sufrido cosas peores.
Keiji ya se marchaba a su silla pero Koutarou lo llamó.
—Dime, Kou.
—Quédate conmigo, Akaashi —pidió haciéndole espacio para que pudiera entrar en su cama—. Por favor.
Keiji sonrió asintiendo, se removió las pistoleras de sus flancos, y se metió entre las sábanas.
Bokuto le daba la espalda y Akaashi pasó sus brazos sobre su costado para tenerlo entre ellos; enredaron sus piernas y brazos. Podía escuchar la respiración superficial de Koutarou lentamente cambiando el tempo hasta parecer un arrullo que finalmente lo durmió a él también.
Claro, y el familiar calor entre sus brazos y el olor de la presencia de Bokuto no hacía más por mantenerlo despierto. Sus últimos pensamientos se deslizaron a la Bruja Fénix, agradeciéndole por haber dejado el alma de Koutarou unos momentos más con él.
Y de un momento a otro se encontraba en medio del desierto, sin ningún automóvil a la redonda. La brillante bola de radiación en el cielo parecía moribunda y sus colores azafranados eran tornados lila, el suelo estaba helado y leves vientos movían sus cabellos pero sin desordenar la arena.
Miró a su derecha y notó que Bokuto estaba a su lado, con todos sus miembros y ninguna cicatriz; Akaashi se apresuró a alcanzarlo pero cuando iba a tomar de su mano, él retrocedió. Escuchó unas risas entrecortadas y al levantar su rostro vio la sonrisa torcida de Oikawa.
Su sangre se volvió como hielo ante la imponente presencia del dictador, Tooru Oikawa estaba a unos metros de distancia; sin embargo Bokuto lo miró y comenzó a dirigirse hacia él. Keiji corrió para detenerlo pero Koutarou solamente se giró para sonreírle con dolor, luego reanudó su paso para seguir al líder de BL/ind.
Akaashi seguía corriendo pero se tropezó antes que lo pudiera alcanzar, cayó en la arena y fue engullido por dunas asfixiantes. Atravesó metros y metros de arena y cayó sobre una silla.
Miró a todos lados y cayó en cuenta que se encontraba en la enorme cafetería del Nido. Todos estaban reunidos, los cuervos: Daichi, Sugawara, Hinata y los demás. Cuervo Nicotina lo recibió con una sonrisa, levantando la botella de cerveza que tenía en su mano. Keiji necesitaba hablar con ellos, saber qué estaba pasando así que se acercó a la mesa y extendió su mano.
Antes que pudiera tocar la piel del líder, Daichi se transformó en una figura de arena y se destruyó en un segundo.
Lleno de terror, intentó llamar a Kuroo por ayuda, pero ocurrió lo mismo; tocó el brazo de Pantera y se esfumó luego de convertirse en arena. Como un efecto dominó, todos en la estancia comenzaron a caer como si fueran pilares.
Y Keiji terminó solo.
Un sismo estremeció el suelo y las paredes del Nido.
La arena del techo comenzó a desintegrarse, dejando un agujero hacia la superficie; pero al siguiente segundo cayó una pared de agua haciendo un estruendo que lo dejó helado, en menos de un latido ya había inundado la base subterránea hasta el tope; sin darle oportunidad a Akaashi de respirar una última vez.
Todo el Nido estaba bajo agua, y Keiji se estaba ahogando.
Instintivamente se llevó una mano a su garganta y sintió dedos.
Abrió los ojos de golpe y su tráquea seguía cerrada, no podía gritar ni pedir ayuda. Su mente aún se sentía entumecida por los remanentes de la pesadilla, y sus movimientos seguían torpes. En la realidad llevó su mano a su cuello y volvió a sentir los dedos; fue ahí que pudo discernir un peso sobre su cuerpo.
Lo estaban ahorcando.
Pateó al cuerpo que estaba encima pero no se movía, rápidamente se comenzaba a sentir ligero de cabeza por la falta de aire; ahí notó que sólo una mano lo estaba asfixiando, con una fuerza sobre humana.
Era Bokuto.
En sus movimientos desesperados comenzó a atacar el rostro de su agresor; sus ojos comenzaban a acostumbrarse a la oscuridad y vio las facciones de Bokuto encrespadas en odio e ira hacia él, sin embargo sus ojos estaban entrecerrados y directos.
Keiji intentó gritar pero era imposible, su garganta solo reproducía chillidos, Bokuto lo estaba matando, y ni siquiera estaba consciente que lo hacía.
Su visión comenzó a oscurecerse.
Recordó que había dejado algo debajo de la almohada que lo podría ayudar, aunque en ese momento no podía recordar qué era. Metió su mano y palpó su glock, se había hecho un hábito mantenerla debajo del cojín siempre que se iba a la cama. Sacó el arma con los últimos fragmentos de consciencia que le quedaban.
Con toda su voluntad y fuerzas golpeó a Koutarou en la sien con la empuñadura de la pistola.
Bokuto seguía ahorcándolo.
Lo golpeó otra, otra y otra vez.
Lágrimas bajaban de sus ojos por la falta de aire, pero Akaashi seguía golpeándolo.
Hasta que Koutarou liberó su agarre y Keiji lo empujó con sus pies fuera de la cama. Revólver cayó con un golpe sordo e Histeria no perdió tiempo en levantarse y ponerse en guardia.
Bokuto seguía bajo la neblina e intentaba ponerse de pie, Akaashi debía despertarlo, pero no tenía idea de qué peligro podía correr si se acercaba a él. Levantó su mano y disparó tres veces al techo sin aviso.
El primero en llegar por la puerta fue Kuroo, despeinado y alarmado, con su hacha en sus manos.
—¡Akaashi! —gritó— ¡¿Qué pasó?!
La segunda fue Kyoko, y el tercero Sugawara.
El trío de cuervos guardó silencio cuando vieron a Bokuto sosteniéndose la cabeza en el suelo, sangre emanaba de su sien, en donde lo había golpeado con la culata; Akaashi con su mano alrededor de su cuello, con marcas rojas que con los segundos comenzaban a profundizarse de color, mientras apuntaba con su glock al techo.
Comenzaron a escuchar murmullos inteligibles; todos se habían quedado estáticos en el lugar, incluyendo a Akaashi. Su cerebro aun debía alcanzar todo lo que había sucedido, su cuello dolía y no confiaba en su voz para hablar. No sabía si sonaría ronco por el abuso que había recibido, o si su voz se quebraría porque la comprensión de la situación era pesada en su corazón.
Comprendió que los murmullos se trataban de la rota voz de Bokuto repitiendo una y otra y otra vez las mismas palabras que rompía algo en su pecho y en su cerebro. Las mismas palabras que evitaban que los tres cuervos en la puerta se movieran para ayudarlos o separarlos.
Porque simplemente dolía demasiado.
—Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento.
Gracias a ShikaZuka por ayudarme a darle un nombre a Lev
