Dos semanas y cumplí *u* Actualización, espero que les guste!
El nombre del capítulo de hoy es una canción que le pertenece a IAMX, "Look Outside" espero que puedan escucharla
Muuuuchas gracias a mi beta Ren, por ayudarme a corregir siempre y por ayudarme cuando tengo alguna duda y demás!
Espero que les guste.
»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: KoutarouBokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane.
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka.
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita.
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata.
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai.
Choque Binario: Tobio Kageyama.
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi.
Rugido Helado: Lev Haiba.«
Look Outside
Y esa melodía mis caóticas aves de rapiña, fue «Christian's Inferno» de los anarquistas Green Day, espero que encuentren su infierno personal al lado de esa persona que les trae el cielo a la tierra.
Pero antes de la siguiente canción, un anuncio:
Nuevamente se han detectado altas mediciones de estática en la Zon…
Tsukishima rápidamente apagó la radio, miró a su alrededor; algunos cuervos lo veían con extrañez pero nadie dijo nada. El Rubio solo podía imaginar de qué iba esa noticia, y solamente se preocupaba más; ¿mediciones altas de estática? Claramente se refería a Destroya.
Solo podía, para su infortunio, imaginar los estragos que el trio de idiotas estaba causando para llegar al grado de activar nuevamente el núcleo de la enorme maquinaria. ¿Quizás el androide, el infantil y el simplemente raro Lev habían sido demasiado para Kenma? ¿Tal vez Tsukishima debió ir con ellos?
No, él debía ocuparse de otras cosas también…
—No sabía que no eras fan de Green Day —comentó Akaashi seco. Estaba sentado a su lado, por obligación más que por elección.
—Ah… —Eso no era cierto, Kei amaba a Green Day, pero si dijera eso levantaría sospechas, ¿no?—. Prefiero su estilo de antes de las guerras de helio…
Sabía que estaba exagerando.
—Oh.
Akaashi, completamente desinteresado en el tema, solo se encogió de brazos y miró a otro lado; no sin antes levantar el cuello de su chaqueta, era obvio que intentaba cubrir las feas y violáceas marcas en su cuello. Por su seguridad había sido alejado de Bokuto; claro que Keiji se había puesto rotundamente en contra, diciendo que él sabía la gravedad del asunto, y podía sopesar la gravedad de las marcas; alegando que Koutarou estaba solo semiconsciente cuando pasó el episodio.
Aun así, eso no quitaba el hecho que Bokuto debía ser trasladado a una habitación con más seguridad y monitorizado todo el día; por killjoys, definitivamente. No le habían comentado la gravedad de los hechos a Yui, ya que si sabía que había alguien sumamente inestable en su base rompería el trato y los cuervos se quedarían sin techo.
Su intercomunicador comenzó a sonar.
Keiji lo miró, un poco extrañado.
—Debo… debo ver de qué trata esto —se excusó.
—Adelante —le dijo Akaashi desganado.
Tsukishima asintió quedamente y comenzó a dirigirse a la puerta, sentía su pecho constreñirse del nerviosismo; nunca antes le había ocultado un secreto a sus mismos compañeros, sus dedos se movían de manera torpe y terminó contestando antes de salir.
—¡Ácido! —se escuchó la exclamación llena de interferencia de Lev.
Tsukishima se encogió de hombros al ser sobresaltado por el volumen y miró atrás de él; Akaashi estaba mirando a otro lado, sin prestarle atención. El de anteojos se apresuró a salir de la habitación.
—¿Qué quieren, trío de imbéciles? Más les vale que sea importante, ¿ha muerto alguien?
—¿Qué? ¡No! Bueno, pero hemos estado a punto de hacerlo, ¿eso cuenta? —Tsukishima solo podía imaginar lo idiota que se miraría Lev ladeando la cabeza al hacer la pregunta—. ¡Oh! Eso me recuerda, ¡Ácido, a que no adivinas! Ya tengo mi legendario nombre de killjoy.
Esto no estaba pasando.
—¡Lev, concéntrate! —gruñó—. ¿Para qué me llamaron? ¿Paso algo? ¿Cuántos kilómetros han recorrido?
—Ah, sí, eso… la razón por la que te llamo es para decirte que ya estamos cerca de sobrepasar la Zona 15; que es, según lo que nos dijiste, el máximo rango para poder comunicarnos contigo.
—De acuerdo, de acuerdo, sí, supongo que es una buena razón para llamar. Ahora puedo hacer una idea de cuánto les hace falta, ¿pero no pueden darse un poco más de prisa? Con cada día que pasa las sospechas crecen y…
—Oh, ahora lo recuerdo, también te contactábamos para decirte que Kageyama no despierta.
Kei se quedó helado.
—¿Qué?
—Le disparamos para controlarlo, con uno de esos proyectiles que desactivan a los androides, ¡aunque yo lo modifique, así que estoy absolutamente seguro que funciona…!
—¡Por un demonio, Lev! —gritó Tsukishima, se encogió de hombros y miró a su alrededor, asegurándose que nadie lo estaba escuchando; luego bajo el tono de su voz— ¿Kageyama no despierta? ¿Lo desactivaron?
—No, no, no es eso…
—Rugido… —Tsukishima escuchó otra voz, seguido por más estática—… dame eso…
—Kkkk… pghhh…
Kei estaba por colapsar, si algo pasaba iba a ser su culpa; él era el adulto responsable aquí.
—¡Ácido! —Reconoció la voz de Hinata— ¡No te preocupes, estamos bien! ¡Lo prometo…!
—¿Qué le pasó a Kageyama?
—¿Kageyama? Oh, no, eso no es nada… ¡Podemos ocuparnos nosotros, no te preocupes!
—¡Hinata! —exclamó—. ¡Hinata, escúchame!
—Está bien, Ácido, sabemos que estás muy ocupado en La Colmena, y ya estamos por salir de la Zona 15; estaremos de regreso cuando menos lo esperes. ¡Adiós!
—¡Hinata! —le gritó al aparato— ¡Hinata, respóndeme!
El radio solo producía estática.
—¡Mierda! —vociferó, arrojando el artefacto a la pared, llenó de ira.
Trío de idiotas, ¿qué diablos habían hecho? Iban a terminar muertos, eso era seguro; se maldijo por haber confiado en ellos. Si pudiera comunicarse con Kenma todo habría salido completamente diferente.
¿Serían capaces de lograrlo?
Si no mataban a Kageyama en el camino…
—¿Tsukishima? —escuchó la voz de Akaashi, había asomado su rostro en el marco de la puerta.
'Por la maldita Bruja Fénix, lo que faltaba' pensó.
—¿Pasa algo? —contestó manteniendo su voz neutra, años y años que había pasado perfeccionando su cara de póker por fin había dado frutos.
—Eso debería preguntarte, ¿ése ha sido Shouyou?
—No es nada, los idiotas no encuentran dónde quedaba ubicada la base —inventó, pero Kageyama y Hinata eran tan imbéciles que la excusa sonaba cierta.
—¿En verdad?
—Sí —se encogió de hombros—. ¿Qué se le va a hacer? Estoy seguro que Kenma los podrá guiar.
—Estoy seguro que sí —concordó.
Éste era su mejor momento para escapar, inventaría alguna excusa de ir a entrenar y se alejaría de la mirada inquisitiva de Akaashi. Kei se inclinó con respeto para despedirse y se giró.
—Excepto que… —comenzó nuevamente Histeria.
'Maldita sea'.
—…no pude evitar escuchar a Hinata decir que estaba en la Zona 15.
—¿Eso… eso escuchaste? —Tsukishima maldijo para sus adentros el tartamudeo que hizo inconscientemente—. ¿Me estabas espiando, Akaashi? Eso no es educado.
—Tampoco lo es mentirle a tus compañeros, ¿no crees?
Kei chasqueó la lengua.
—Estaba poniendo atención porque pensé que hablabas con Kuroo o Sugawara o no lo sé… —se justificó Histeria—… pensé que estaban discutiendo a Koutarou y… tenía que hacer algo. No es que desconfíe de ti, Tsukishima.
—De acuerdo —el de anteojos se cruzó de brazos—, lo entiendo. —Esperaba que el tema terminara ahí.
—Entonces… ¿Me dirás qué están haciendo Hinata, Kageyama, Kenma y el otro chico de La Colmena en la Zona 15?
'Mierda.'
—Yo…
—Sea lo que sea, no quieres que ni Sugawara ni Kuroo lo sepan, ¿no es así?
—Habías pasado tanto tiempo con Bokuto que olvidé lo perspicaz que eras —comentó secamente.
—Mala suerte para ti; ahora, escúpelo o voy a llamar a uno de los «cuervos responsables» —comentó, refiriéndose a Pantera o Ceniza.
—Promete que no se lo dirás a nadie, Akaashi, necesito que no se lo digas a nadie —Kei sabía su lugar y también sabía cuándo se le acababan las opciones y no podía hacer otra cosa que rebajarse a rogar.
—Lo escucharé primero, además, yo también te quería pedir un pequeño favor.
Tsukishima se mordió la lengua y acomodó sus anteojos, no era como si podían detener a «los tres chiflados» —nombre que él les había dado porque le parecía perfecto— y Kenma ahora; y con cada segundo que pasaban, los kilómetros entre ellos se hacían más. No había manera de contactarlos porque la radiación arruinaría las ondas de radio.
—¿Recuerdas nuestra conversación de hace una semana? En el cuarto de Bokuto…
Akaashi abrió los ojos de par en par.
—Destroya —comprendió.
—Sí.
—Ellos… ¿ellos van por Destroya?
—Sí.
—¿Estás loco? ¿Envías a esos chicos a recobrar nuestra única esperanza?
—¡Shh! —regañó Tsukishima, apresurándose a cubrir la boca de Akaashi.
—Si las abejas te escuchan entonces creerán que todos los killjoys están enterados de todo esto y nos echarán de regreso al desierto.
—Pero esto es solo tu idea y de los que viajaron.
—¿Crees que Yui nos creerá? O, de acuerdo, supongamos que les creen y nosotros cinco somos expulsados de La Colmena, ¿te quedarás sentado mientras expulsan a Hinata al desierto?
—No seas idiota —remarcó—, no me quedaría de brazos cruzados y dejaría que te echaran a ti, tampoco a Kenma.
—Gracias… por eso…
—En cuanto a tu duda: No, no le diré a nadie. Sé que a Kuroo le dará un paro si sabe que Kenma está en la Zona 15.
—Umm —Kei no sabía si debía sincerarse por completo—… Destroya no está en la Zona 15…
Los ojos de Akaashi se abrieron el doble al recordar la conversación que habían tenido hace semanas.
—¡Destroya está en la Zona…! ¡Los enviaste a la Zona 43! —gritó. Tsukishima se apresuró a cubrir su boca otra vez.
—¡Shh! Akaashi, por favor, guarda silencio —susurró .
Histeria se quitó las manos de Tsukishima del rostro y lo miró de manera desaprobatoria; que lo dejó pensando que no importaba lo que ocurriera, siempre tendría un «padre» en los killjoys.
—¿Guardar silencio? Enviaste a estos chicos hasta la Zona 43 sin una clase de refuerzos o guardias por una máquina que ni siquiera estamos seguros donde está o de cómo reaccionará una vez que la encuentren —regañó.
—Dale un poco más de crédito, Akaashi —regresó—, Hinata ha recorrido mucho más por sí solo antes de unirse a los killjoys para encontrar la base, ¿recuerdas? Y Kageyama le hizo frente a Oikawa y salió vivo.
—Por un pelo —comentó con brusquedad—; Kuroo se volverá loco cuando se dé cuenta que Kenma está tan lejos…
—Si se da cuenta.
Akaashi lo miró con recelo.
—Kenma es un chico grande, él puede hacer sus propias decisiones; le pregunté si quería ser parte de la misión, especificándole la distancia que tenían que recorrer y él aceptó —explicó Tsukishima—. Él quería ser parte, en sus palabras: «Kuroo siempre se lleva toda la gloria, así que es mi turno de ayudar».
Histeria resopló, pasando una mano por su abusado cuello, Kei no pudo evitar quedarse viendo un rato; y por un momento se preguntó si Akaashi tendría un pensamiento diferente con Bokuto; ya que tres veces había atentado contra su vida. Si bien el S.C.A.R.E.C.R.O.W. no era consciente de lo que hacía… pero aun así, Kei no sabía que habría hecho si estuviera en su lugar.
Pero, de nuevo, Tsukishima no tenía idea de lo que era el «amor verdadero».
—De acuerdo —decidió Akaashi después de un par de minutos, Tsukishima ni siquiera quería comenzar a pensar en lo que había estado debatiendo Histeria con él mismo.
—¿Qué?
—No le diré nada a Pantera, tampoco a Ceniza; y seguiré tus palabras, confiaré en Hinata, Kageyama y Kenma. Los tres han vivido infiernos diferentes y similares, pueden cuidarse, así que confiaré en que ellos podrán tener éxito encontrando a Destroya —Histeria se cruzó de brazos y cerró sus ojos.
—Por los dioses, gracias, Akaashi… no sé… no sé qué decir. Si pudiera… no lo sé, hacer algo…
—Sí puedes.
—¿Eh?
'Mierda'.
—Necesito que me ayudes.
—De… ¿de acuerdo?
—Y necesito que Sugawara y Kuroo no lo sepan.
Kei tragó el nudo de su garganta, podía comenzar a imaginarse por dónde iba esto; al mirar las feas marcas del cuello del chico. Akaashi notó que miraba el enfermizo mosaico violáceo y verde en su piel y subió su chaqueta para cubrirlo.
—Akaashi… no lo sé.
—Solo necesito verlo, ¿de acuerdo? Es todo lo que pido; él… Koutarou muestra una enorme mejoría cuando está conmigo, me reconoce al instante; esta separación lo está empeorando todo, lo sé.
—Esto es algo completamente diferente —sopesó Tsukishima.
—Oh, ¿en serio? Dime, Ácido, ¿cómo es diferente?
—Yo…
—¿Hay vidas en riesgo? Sí. ¿No quieres que los demás se den cuenta porque sabes que te detendrán? Sí —comenzó a contar con sus dedos—. ¿Es para un fin mejor? Sí.
—¿Qué me estás pidiendo?
—Quiero que me ayudes a ver a Bokuto otra vez —aclaró.
—Histeria… ¿después de lo que te hizo?
Instintivamente Akaashi se volvió consciente de sus marcas y las cubrió con sus manos. Guardó silencio unos momentos y se cruzó de brazos, adoptando nuevamente su máscara reservada; como si no se estuviera quebrando en ese momento y como si los horrores que le habían pasado jamás hubieran ocurrido.
—Es por eso que lo necesito, lo que él necesita en este momento es que alguien tome de su mano, no que lo tengan vigilado veinticuatro siete en una jaula; tuvo suficiente de eso en Ciudad Batería.
—Pero se encuentra inestable por el momento, no sabemos de lo que es capaz… podrías correr el riesgo que…
—Lo sé; yo, más que nadie, lo sé. Yo fui al que él que estuvo ahorcando en la cama, yo fui al que golpeó en la cabeza y yo fui uno de los que él estuvo disparando dentro del Nido.
Kei se rascó la nuca, estaba en una situación demasiado incómoda, ¿debería hacerlo? ¿Qué había si Bokuto terminaba matando a Akaashi? La culpa caería en sus hombros, en el fondo de su mente sabía que si lograban estabilizar a Revólver, tendrían un S.C.A.R.E.C.R.O.W. ayudándoles; pero no valía la pena arriesgar la vida de uno de ellos de esa manera.
—Si no me ayudas, no le diré a nadie tu secreto con los chicos; pero debía pedirte ayuda a ti. Tú sabes lo que se siente que BL/ind te arrebate una de las personas que más amas frente a ti. ¿No harías todo en tu poder para tenerlos de nuevo contigo?
—No estás siendo justo, Akaashi… —recriminó. Histeria estaba jugando sucio, Tsukishima no podría decirle que no a eso.
—Lo siento.
Se hundieron en silencio por unos minutos, Tsukishima porque debía recuperar la compostura; podrían haber pasado meses desde lo de Yamaguchi y su hermano, pero siempre se sentía como una herida fresca y descubierta en su pecho, para todo aquel que la quería ver.
—¿Qué es lo que necesitas que haga?
Una de las cualidades de las que Lev Haiba se enorgullecía de tener —además de su llamativa y asombrosa apariencia física— era su habilidad de poner en mudo a todo lo que le rodeaba y concentrarse en trabajar. La voz de Hinata era chillona y alta, era lo único que podía discernir de sus reclamos, gritos y preocupaciones mientras veía el intrincado, confuso y moderno mecanismo en el pecho de Kageyama.
Veía la esfera luminosa en medio y hasta un bobo podía saber que era su núcleo, solamente que desde que Lev le había disparado; los potentes rayos cegadores habían menguado hasta asemejarse a la intensidad de una lámpara de lava.
Debía conseguirse una de esas, eran geniales.
—¡Lev! —vociferó Hinata.
Ah, sí, debía concentrarse.
Siguiendo los diferentes cables que se conectaban al núcleo podía adivinar hacia donde iban las terminales de cada una; suponiendo, claro. Podía suponer dónde estaba la tarjeta madre del androide, podía suponer dónde estaba el microcontrolador, podía suponer dónde estaban los sensores.
Sin embargo, él nunca había visto algo similar.
Dudaba que alguien fuera de Ciudad Batería lo había hecho. El androide debía estar en la cumbre de la robótica moderna; si pensaba como pensaba, si hablaba como hablaba, y aprendía como aprendía. Además se trataba del «hijo robótico» del dictador o algo similar —si Lev había captado todo el problema a meras palabras de los killjoys, porque nadie aclaraba las esquinas más borrosas de la pintura que se había formado—.
No obstante, si Lev pensaba solamente en robótica básica, y juntaba los puntos de lo que había pasado, hasta un idiota podría saber que el problema del androide, después del disparo, era que sus niveles de energía habían bajado drásticamente. Sin embargo, no se había apagado, lo que indicaba que Kageyama seguía recibiendo energía, lo suficiente para mantenerlo encendido, pero no para hacer funcionar sus sistemas y hacerlo moverse.
—¿Por qué no está funcionando? —preguntó Hinata.
Después del incidente con la nueva arma, Kageyama perdiendo la razón y luego sin obtener respuesta de él; Kenma les aconsejó —ahora se le dificultaba un poco más comunicarse, Inferno sabía algunas palabras en lenguaje de señas, más que nada el alfabeto manual (o dactilología, como lo había llamado); pero era muy difícil comunicar conversaciones largas— que se alejaran del cobertizo, ya habían pasado demasiado tiempo ahí, y en el desierto no era seguro quedarse en un solo lugar por mucho.
Pero a medida que iban avanzando, a Haiba se le había ocurrido llamar a Tsukishima, ¿no era él el líder de los killjoys? Eso había parecido desde que habían llegado, al menos, definitivamente, era el líder de ese grupo dispar.
Así que llamó a Ácido, pero cuando el amargo rubio había contestado, Inferno había saltado, arrebatándole el radio de sus manos y diciéndole a Tsukishima que todo estaba bien.
Después de eso pasaron la Zona 15.
Lev y Kenma habían quedado atónitos ante las acciones de Hinata, quién había urgido que solo siguieran adelante. Haiba obedeció y siguió conduciendo, sin hacer más preguntas.
Así que ahora habían avanzado hasta la Zona 20, Shouyou había usado dos cargas de plus, pero ninguna reanimaba a Kageyama. Lev se encontraba mirando el mecanismo de funcionamiento del androide y solo podía hacer conjeturas de cómo arreglarlo.
—Mi conclusión es que debemos pedirle ayuda al gran dictador —afirmó, con una mano en su mentón, luego de estar hundido en sus pensamientos.
Algo duro golpeó su sien y lo dejó viendo estrellas por un rato; llevó su mano al parche de piel que dolía y sobó el lugar, quejándose miró el suelo; era una llave inglesa que Kenma le había arrojado.
¡¿Pero qué querían de él?! Esa era la manera más fácil para tener éxito, Kageyama era creación de Oikawa, por ende, él conocería su mecanismo como la palma de su mano.
—¡Sombra! —se quejó— ¡¿Por qué fue eso?! Hinata sabe que tengo razón.
—Sí la tienes, pero eso es imposible —ofreció Inferno rascándose la nuca—; es como decir que la manera de ganar esta guerra es que la Bruja Fénix venga, y se lleve el alma de Oikawa de inmediato… es como si… ¿en teoría funcionaría? Pero es muy estúpido el solo mencionarlo…
—Sí, pero eso no quita que es una manera de solucionarlo.
Sombra levantó otra llave inglesa.
—¡De acuerdo! ¡De acuerdo! Ya entendí, buscar otras maneras… diablos, ustedes no usan su imaginación —terminó murmurando.
Haiba miró la llave inglesa en su mano y recordó las sabias palabras de su maestro en La Colmena, el que le había enseñado todo lo que sabía de robótica. Apretó la barra de metal respirando profundamente, pidiéndole a la Bruja Fénix que fuera lo necesario para ayudar al androide.
Con todas sus fuerzas lo golpeó en el rostro.
Kageyama a quién lo habían manipulado para que se sentara, con el golpe fue arrojado al suelo.
—¡¿Qué diabl…?! —gritó Hinata.
Pero para entonces Lev le dio otro golpazo en el pecho; Kageyama no respondía.
Inferno se apresuró a quitarle la llave inglesa de la mano.
—¡¿Qué demonios?! —vociferó Shouyou otra vez— ¡¿Lev, qué diablos fue eso?!
—Robótica básica, Inferno, mi maestro me enseñó que si todo lo demás falla, todo funciona con unos golpes —informó con una sonrisa.
Kenma se le acercaba con una barra de hierro.
—¡Espera! —pidió, estos pequeños chicos lo iban a terminar matando—. No veo que a ustedes se les ocurran más soluciones.
—¡Tú eres el ingeniero robótico!
Lev lo pensó por un rato, luego tomó otra llave inglesa para golpear al androide.
—¡Sin golpes a Kageyama! —ordenó Shouyou, poniéndose de barrera entre Rugido y Tobio.
—De acuerdo —aceptó de mala gana.
Y entonces una idea floreció en su mente.
—Hinata —llamó Lev—, pásame el mapa, creo que sé qué es lo que haremos. El único problema es… que debemos llegar a la Zona 25.
.
Condujeron todo el trayecto hasta llegar al destino que Lev había ordenado; de todas formas les quedaba en el camino, y siendo honestos, llevar a un muerto —desactivado— Kageyama, no serviría de nada encontrar a Destroya.
Haiba indicó que se mantuvieran escondidos hasta que el sol se ocultara y luego condujeron hasta las afueras de una de las metrópolis de Ciudad Batería. Pequeños engendros frutos de la enorme capital, que si bien no eran tan peligrosas como el reino céntrico de Oikawa, estaban armados y contaban con exterminadores.
Lev solo esperaba que no contaran con S.C.A.R.E.C.R.O.W.
—Lo único que necesitamos es un buen golpe para Kageyama —aclaró Rugido.
—¡Ya probamos con golpes y lo único que lograste fue dejarle una abolladura en su brazo!
—Estás exagerando, no veo nada —repitió Lev, por centésima vez; Hinata solo estaba siendo un preocupón, el metal que construía a Kageyama era reforzado con acero, así que un simple golpe no iba a dejar marca—. Y no me refería a golpes físicos —informó como si fuera evidente—; necesito un golpe de electricidad para cargarlo. Un voltaje más alto que el plus.
—¡Oh! —exclamó con estrellas en los ojos—. ¿Crees que funcionará?
—¡Definitivamente! En un androide normal la carga sería demasiada y lo mataría —sopesó—, pero Kageyama no es normal.
—Tienes razón…
Kenma chasqueó los dedos frente a ellos muchas veces, para hacerlos regresar al tema presente.
—Sí, claro —dijo Lev—, lo único que debemos hacer es lanzar a alguien encima de la muralla, que dicho alguien escale un poste de electricidad, conectar un cable positivo y negativo en las terminales de energía al mismo tiempo que en el núcleo de Kageyama para… ¡Boom! —gritó, haciendo a Hinata exaltarse— Darle más energía y hacer que despierte.
—¡Oh! —saltó Shouyou—, eso tiene sentido, ¿estás seguro que funcionará?
—Cincuenta y cincuenta —admitió.
—Bueno —aceptó Inferno—, las probabilidades nunca han estado de nuestro lado y hemos salido casi parados de todas las situaciones…
—¡Ése es el espíritu!
.
Claro que antes de llegar a su puesto, pasaron por una chatarrería consiguiendo restos de metal y otros cachivaches.
Hinata estaba oculto detrás de una duna de arena mientras vigilaba con un par de binoculares las afueras de la pequeña ciudad. No contaban con tantos androides en los puestos arriba de las paredes, y éstas eran mucho más bajas que la muralla que rodeaba Ciudad Batería; tal y como Lev lo había dicho, alguien podría —si era impulsado— saltar al otro lado, y entrar a la metrópolis.
Claro, que el problema sería salir de ahí.
—¡Y estamos listos, bebé! —gritó Lev—. ¡Oye, Inferno, Sombra, vengan aquí!
Ambos killjoys escucharon al gigante despistado y llegaron para descubrir el extraño artefacto que Haiba había conseguido construir. Lev se paró frente al par de pequeños chicos, con brazos cruzados y mentón levantado, orgulloso de su invención.
—¿Qué es eso? —preguntó Hinata con algo de asco.
Kenma solo arqueaba una ceja.
—¡¿Cómo que no saben?! ¿Qué no es evidente?
Haiba pensaba que sí lo era; pero Kenma movió su rostro de lado a lado. Lev hizo una mueca y resopló, él creía que era uno de sus mejores inventos; tomando en cuenta su poco tiempo y limitados recursos.
Rugido se acercó a la máquina, había conseguido el asiento roñoso de un automóvil y había soldado listones de metal con distintos tamaños para construir una versión bastante primitiva de una catapulta. En donde el asiento había sido instalado en la honda en el brazo más largo de la máquina; mientras que en el corto, el que sostenía el contrapeso, Lev se había encargado de hacerlo más pesado que Hinata, el que saldría volando por los aires.
Kenma había perdido el poco color que tenía su piel.
—Eso es una… —comenzó Hinata.
—¡Catapulta! ¡Sí! ¿No te parece genial? Nunca había construido una pero una vez miré unos planos para construir una.
—¿Miraste?
—Oh, sí, mi maestro dice que tengo memoria fotográfica, por eso soy tan inteligente.
Sombra resopló con burla.
—¿En serio crees que nos subiremos a eso para salir volando por los aires?
—¡Claro que no, Inferno! —exclamó, como si fuera una cuestión de hecho—. Solo tú lo harás, lo construí con tu peso en mente.
—Eso suena genial —aceptó Hinata.
Pero Kozume se apresuró a poner una mano en su pecho, deteniéndolo y mirando con urgencia a Lev.
«Peligroso» dijo, usando letra por letra del alfabeto «Mucho».
—Por eso Sol Inferno lo hará, es su novio.
—Tiene razón en eso, Sombra —aceptó Shouyou—, además se escucha genial, quiero probarlo.
Kenma se golpeó su rostro tan fuerte, que si no hubiera sido porque el sol los había dejado en penumbras, Lev podría haber visto las marcas rojas en su rostro.
Lev lo llevó hasta el asiento con resortes arruinados y le explicó el plan; Kenma estaba atrás de él, mortificándose en el desastre que todo esto era.
—Es fácil, te sientas ahí, yo bajaré a soltar el pestillo lo que liberará el contrapeso y luego serás lanzado a causa de la fuerza centrífuga que producirá el peso y volarás hasta caer al otro lado de la pared. No te preocupes, de acuerdo, hice los cálculos y solo hay un treinta y cinco por ciento de probabilidades que te estrelles sobre la pared.
Lev miró el rostro de Hinata palidecerse.
—¡Pero estoy seguro que te irá bien! —aseguró.
—¡Espera! —paró Shouyou—. Y ahí en la ciudad, ¿Dónde caeré?
Haiba se encogió de hombros.
—Esperemos que lejos de un exterminador.
—Ah… de acuerdo —murmuró, tragando el nudo de su garganta.
—¡Y listos! —avisó Haiba, girándose para activar la máquina—. Sombra, vigila que Inferno se encuentre en el asiento cuando hale el pestillo. Tres…
—¡Espera! —volvió a gritar Hinata.
—Dos…
Lev debatió que esto necesitaba ser como halar una bandita, rápido para evitar cambiar de opinión. Shouyou solo tenía miedo, eso era todo, pero debía confiar en las matemáticas de Haiba, ¡era su amigo, después de todo!
—¡Lev, no!
Haiba soltó el seguro, haciendo un chirrido de metal frotándose contra metal, la catapulta se movió con velocidad, dibujando un arco en el cielo, el proyectil —es decir Hinata— se vio solamente como una sombra negra volando por los aires; desapareciendo dentro del torbellino de luces neones, después de la muralla.
—¡Funcionó! —exclamó Lev—. Digo, pero no es como si dude de mis invenciones alguna vez.
—Sí… funcionó —dijo una voz detrás de él.
Kenma no hablaba.
Haiba, alarmado, giró para encarar al chico de la voz.
—¿Hinata?
Sol Inferno estaba parado frente a él…
Pero…
Entonces…
—Lev, lanzaste a Kenma.
—¿Estás bromeando?
—No…
—¡Dime que estás bromeando!
—… no…
—¡Por favor! ¡Debes estar bromeando! —para este punto, Lev había agarrado un puñado de la camisa de Hinata, mientras lo levantaba del suelo— ¡Oh, dioses! ¡Oh, dioses, oh, dioses, oh, dioses!
Soltó a Shouyou y comenzó a caminar en círculos.
—¡¿Qué pasó?! ¿Cómo fue que lancé a Kenma y no a ti?
—Estaba sentado en la silla, ¿no? Cuando iniciaste la cuenta regresiva, debía pararte para preguntarte algo y entonces dijiste dos, y Sombra intentó mantenerme en la silla así que estiró su brazo y cuando me alejé un poco más él se tropezó, y apoyó su rodilla en el sillón y ahí en lugar de decir uno, halaste el seguro…
Lev gritó.
Una cosa era halarle los cables a Kenma y otra era esto, cuando él regresara seguramente lo mataría a golpes; o quebraría su cuello con sus piernas. No sabía cuál era peor. Aunque nunca se imaginó qué morir con dos piernas alrededor de su cuello estaba en la lista de posibles resultados de su muerte, pero tampoco era como si pasaba mucho tiempo pensando en maneras de morir.
—¿Qué hacemos? ¡¿Qué hacemos?! —Haiba se comenzó a halar los cabellos de color nieve—. ¡Acabamos de lanzar a nuestro líder interino sobre una muralla hacia una metrópolis de Ciudad Batería!
—Diablos, no tengo idea —aceptó Hinata.
El vibrato de su radio los sacó de sus pensamientos; y Lev recordó los intercomunicadores que Tsukishima les había dado. La estática sonó otra vez, Rugido se apresuró a sacarlo de su bolsa, pero sus dedos se movían más rápido que su mente y lo terminó botando; Hinata lo atrapó en el aire y miró la pequeña pantalla verde.
No era un mensaje, sino un punto; no había manera de escribir un texto completo, porque el aparato era bastante antiguo, solo contaban con un teclado numérico, y algunos signos matemáticos.
—¿Sombra, eres tú? —preguntó Hinata en voz alta.
Ambos veían la pantalla, ¿cómo diablos podían comunicarse con Kenma ahora?
—Sol Inferno, creo que debo arrojarte a ti ahora —concluyó.
Fue ahí cuando escucharon otro pitido; ambos vieron la pantalla y miraron tres puntos seguidos, después un guion, y después tres guiones seguidos.
Haiba chasqueó sus dedos.
—¡Clave morse!
«Estoy bien» Fue lo que les dijo al par de idiotas que se encontraban al otro lado de la línea, esperaba por la Bruja que alguno de ellos supiera clave morse, y pudieran entenderlo.
Repitió el mismo mensaje dos veces, con la esperanza que comprendieran qué era lo que estaba diciendo. Esperó un rato y estiró la articulación de su hombro; afortunadamente había caído en una pila de basura, hizo una mueca cuando removió una bolsa de comida para perro de su cabeza; el olor no era nada grato pero sabía que los daños podrían haber sido peores. El impacto lo había absorbido su hombro derecho y mostraba dificultad para moverlo.
Lev pagaría por eso, sí, pero por el momento, debía saber cómo escapar.
Pero antes, ayudar a Kageyama… y antes de eso, debía saber si tendría alguna respuesta de Hinata y Lev.
Probó nuevamente.
«Soy Kenma»
Esperó por unos momentos y recibió un mensaje.
«Sombra» decía «Lo siento, lo siento, lo siento. No fue apropósito.»
Ese definitivamente era Lev, y ahora el gigante despistado estaba malgastando tiempo valioso. Después tendría tiempo de disculparse apropiadamente.
«¿Estás bien? ¿No te lastimaste?»
«Caí en basura, estoy bien»
«Te sacaremos rápido» respondieron «. Ten paciencia y confía; se nos ocurrirá algo».
Eso no sonaba nada reconfortante.
«No.»
«¿No? ¿Dijiste que no?»
Podía imaginar el rostro de Hinata y Lev, completamente estupefactos.
«Sí.»
«¿Sí? ¿Dijiste sí? Ok, te sacaremos de inmediato.»
Kenma puso los ojos en blanco pero antes de contestar, recibió otro mensaje del par disparejo de chicos.
«¿O solo respondiste la pregunta?»
Esta iba a ser una larga noche.
«No saldré hasta ayudar a Kageyama. Dime qué hacer.»
Mientras dejaba a Hinata y Lev realizar la estrategia, bajó de la pila de basura; tocando en el camino lo que tenían que ser comida arruinada y unas botellas de vidrio. Era asqueroso, por decir lo menos; notó una mancha negra en su chaqueta roja pero no se atrevía a querer saber qué era lo que había manchado.
Sin embargo al llegar al suelo y finalmente ponerse de pie, notó las luces intermitentes de la policía cruzando la cuadra y se puso alerta. Si lo veían, y descubrían que no tenía identificación de la ciudad, lo meterían en el Tubo para realizarle un ajuste de pensamientos, o lo purificarían con llamas.
Pero no servía de nada pensar en eso, así que prefirió concentrarse en esconderse del ojo que todo veía de Oikawa. Entró a un callejón oscuro y esperó hasta que los automóviles policiales pasaran; y justo a tiempo Lev y Hinata mandaron un nuevo mensaje; esta vez de mayor tamaño:
«Tienes regresar en la dirección te arrojé, Sol y yo estaremos al otro lado; la pared mide tres metros y medio. Te lanzaré los cables y escala un poste de energía para conectarlos y no toques las puntas activas o sufrirás descarga de setecientos sesenta y cinco mil voltios.»
Eso no era para nada preocupante.
«Puedo hacerlo.»
«De acuerdo. Sol y yo te esperaremos»
Cortó la comunicación para evitar seguir llamando atención a su ubicación y comenzó a dirigirse en la dirección que había sido arrojado, aunque aún se sentía un poco ligero de la cabeza después de volar por los aires a media noche a quién sabía a qué velocidad.
Pero recordaba de dónde había venido, reconocía un ladrillo quebrado justo encima de la construcción; debajo del cerco de púas de gran tamaño del cual era imposible atravesar sin ser visto.
«Estamos en posición» recibió un nuevo mensaje.
Kenma revisó el perímetro y encontró el poste de electricidad más cercano, debía medir como cinco metros; pero Kozume había escalado cosas más altas en su vida. El problema radicaba en ser descubierto.
Podía hacerlo.
Debía hacerlo.
«Estoy aquí.» informó.
La seguridad era mucho más flexible que en Ciudad Batería, según los informes que había leído. No había androides custodiando la muralla y en las partes más oscuras de la ciudad había pilas de basura —como en la que él había caído— y partes de robots que parecían haber sido arrancadas en el piso.
«Ahí va»
Miró hacia arriba al mismo tiempo que un par de cables fueron arrojados encima de la muralla de concreto. En sus extremos había dos pinzas electroestáticas con puntas de cobre; Lev había tenido que hacerle modificaciones a los cables para hacerlos suficientemente largos para alcanzar más de los cinco metros del poste y la distancia entre ellos y la pared.
«La tengo»
Sabía que podían lanzar a Hinata ahí, pero eso les aumentaría las probabilidades de ser atrapados. Shouyou, como su alias lo indicaba, brillaba como un sol; podía encontrarse en una multitud y fácilmente hacerse notar. Aun no sabía si era por su cabello, sus manierismos o simplemente el aura que emanaba lo que lo hacía sobresalir; como si siempre hubiera estado destinado a grandes cosas.
Pero así era de ruidoso y en ese momento, era de cuestión de vida o muerte si eran notados; ahí era cuando, por decirlo de una manera, Kozume sobresalía. Sus pisadas eran mudas y su cuerpo podía torcerse con facilidad. Algo que le facilitaba robar comida para él y para Kuroo cuando eran niños.
Era una sombra.
Así que podía hacer esto, definitivamente.
Con esas palabras en la mente tomó el par de cables y los ató a su muñeca, de esa manera podía escalar libremente lo que fuera. Pero antes de hacer más, agarró el intercomunicador y mandó un último mensaje antes de comenzar su misión.
«Tengan a Kageyama listo, lo haré rápido».
«De acuerdo».
Bueno, aquí iban todas sus oportunidades.
Escalar nunca se le dificultó, la mayoría de killjoys al conocerlo y saber el papel que él desempeñaba para la resistencia; terminaban creyendo que él había sobrevivido el desierto gracias a la protección de Kuroo; a Kenma no le molestaba eso, en primer lugar, nunca le había preocupado la idea que los demás pudieran tener de él, por eso jamás movió un músculo para probar que se equivocaban.
Pero la verdad era que Pantera estaba vivo gracias a él y viceversa. Ambos estuvieron juntos desde que eran pequeños. Niños de la guerra, les llamaban, mocosos cuyos padres pelearon en las guerras de helio y nunca regresaron a casa. Eran vecinos así que prácticamente crecieron como hermanos; ni él ni Pantera tuvieron la suerte de ser arrojados a un orfanato y terminaron viviendo en las calles, alimentándose de las sobras de los mercantes, y robando lo que podían.
Nunca formaron parte de grupos de sobrevivientes en alguna comunidad, principalmente porque todas las personas que consideraban a Kuroo como una gran ayuda para pertenecer a su grupo, creían que Kozume terminaría siendo una carga debido a su condición. Para ese entonces el pelinegro explotaba de la rabia y terminaba golpeando a más de una persona; luego se daba la vuelta y le decía a él:
«No los necesitamos».
Kuroo hacía unos cuantos carbonos tocando su guitarra en algunos comedores y comunidades; mientras que Kenma arreglaba cualquier cachivache que le llevaran.
A veces, cuando se topaban con draculoides, ambos actuaban como si Kozume era el chico indefenso, solo para que bajaran la guardia y rodearan a Tetsurou; entonces Sombra los hacía caer uno a uno cuando le daban la espalda.
Había sido una buena estrategia vivir de ese modo. No tenían comodidades, ni causa, pero se tenían al otro.
Hasta que conocieron a Daichi, y les dio otra razón para seguir luchando.
Kozume se podía cuidar solo, tenía algunas limitaciones pero nunca dejó que lo detuvieran. Siempre había un camino, le solía decir Kuroo todo el tiempo; cuando apenas eran niños y Kenma estaba seguro que no tendría muchos años en la tierra, pero Tetsurou, el cursi, lo dijo tantas veces que terminó creyéndolo.
Miró por última vez en la dirección que la patrulla se había ido; los candiles de la calle parecían haberse quemado hace años, dejando el callejón a oscuras. Las únicas luces que apenas y llegaban pertenecían a una enorme pantalla que reproducía un video del rostro de Oikawa, Kenma estaba demasiado lejos para leer sus labios y discernir lo que decía; pero no era como si le importara. También había algunas vallas publicitarias que iluminaban algunos pósters en la pared contigua.
Reconoció el rostro de Kuroo, tachado con una equis roja y las palabras «exterminar» escrita sobre sus ojos. Pero ahora había algo más preocupante, debajo de su rostro estaba en letras grandes y negras su nombre completo: Tetsurou Kuroo.
Eso no era todo, al lado de él estaba Histeria, con su nombre escrito también: Keiji Akaashi; y a su lado estaban los demás: Koushi Sugawara, Kei Tsukishima, Shimizu Kyoko; incluyendo el suyo también. Better Living ya tenía toda su información, tenían sus rostros, edades, sus nombres. Desde que tuvieron la mente de Bokuto a su disposición, los killjoys quedaron expuestos.
Esto era malo, debía apresurarse y regresar a La Colmena para informar a todos.
Pero primero lo primero. Se apoyó de sus piernas y comenzó a escalar el mástil de madera; cuidando cada paso para no resbalarse, y tampoco enredarse con el cable. Llegó al tope en un abrir y cerrar de ojos, tal vez si había sido la mejor idea de todas que él fuera arrojado a esta misión imprevista.
Se sostuvo de sus piernas y sacó el intercomunicador de su bolsa.
«En posición».
Lev le indicó qué conector iba dónde, después de dejar muy en claro que debería alejarse lo más que pudiera de los fusibles. Kageyama recibiría setecientos mil voltios en su cuerpo y sería su última oportunidad para arreglarlo. Kenma lo hizo y comenzó a descender; según Rugido al momento de conectarlo al núcleo del androide, se desencadenaría la descarga.
—¿Estás seguro que esto funcionará? —preguntó Hinata mirando con preocupación el inconsciente cuerpo de Kageyama. Su núcleo brillaba pero la energía no era la suficiente para darle poder. Sentía que era la décima vez que preguntaba eso a Haiba, y él siempre contestaba lo mismo:
—¡Definitivamente!
Y Shouyou no tenía otra opción más que creer.
Haiba se colocaba los guantes aislantes hasta el codo, reproduciendo un golpe ruidoso cuando soltaba el látex en su brazo. Alcanzó las terminales de los cables y se puso en cuclillas encima del cuerpo de Kageyama. Hinata ignoró lo graciosa que se debía ver la escena, con Lev siendo mucho más alto que el androide.
—Retrocede un poco, Inferno, esto puede tornarse extremo.
Era imposible mantener la preocupación por mucho tiempo al estar con Haiba, pero el chico despistado sabía exactamente lo que estaba haciendo, ¿No? Shouyou lo obedeció y se alejó unos cuantos pasos; mientras que Rugido Helado bajó sus goggles, sonriendo como un maníaco.
Conectó ambos cables en el núcleo desnudo de Kageyama y rayos azules salieron del androide, iluminando por un momento hasta el cielo; un crujido lleno de estática irrumpió en sus oídos, seguido de las carcajadas estridentes de Lev. Atrás de ellos el generador de electricidad explotó; dejando una manzana completa de la ciudad en penumbras.
El cuerpo del androide comenzó a convulsionar y al siguiente segundo Haiba salió disparado hacia atrás; dando vueltas en la arena hasta que paró a unos cinco metros. Shouyou corrió hacia su androide, Kageyama se movía dando pequeños tics, pequeños rayos eléctricos reverberaban en su piel.
Tobio abrió los ojos, y Shouyou pudo respirar con tranquilidad al ver nuevamente esos ojos tan profundos como el océano y tan interminables como el espacio. Hinata cayó hincado a su lado y metió su rostro en sus manos, todos sus huesos dejaron de tiritar con frío y el oxígeno no se sentía como cuchillas en sus pulmones.
Kageyama miró en su pecho las puntas de cobre y las quitó de su núcleo, su tórax se cerró con un movimiento suave y silencioso. Para entonces Sol ya estaba llorando sobre sus manos; pero sintió al pelinegro levantar su mentón para mirarlo.
—¿Estás triste? —preguntó.
Hinata no lo soportó más y se lanzó para abrazarlo.
—¡Estaba tan preocupado por ti! No… no respondías y yo no sabía que hacer —sollozaba—, tenía tanto miedo que no despertaras nunca más; ni siquiera me importa Destroya, no me importaba que perdiéramos nuestra oportunidad de encontrarlo… no tenía sentido si no te tenía a mi lado…
El pelinegro lo abrazó con fuerza.
—Perdóname, Hinata, no quería preocuparte así. Prometo compensártelo.
—Estúpido Roboyama, eso no es necesario, solo no vuelvas a marcharte de esa manera.
—¡Melosos! —escucharon la misma voz de siempre gritar.
—Danos un minuto más, Rugido, solo uno —rogó Shouyou, aun enterrado en el pecho de Kageyama, escuchando el leve ronroneo de su núcleo.
—¿Qué le pasó a tu cabello? —pregunto Tobio.
Hinata miró en dirección y comenzó a carcajearse cuando notó que el cabello lacio y gris de Lev ahora estaba en puntas, lleno de estática, se asemejaba al de Bokuto ahora.
—Oye, recibe algunos voltios en tu cuerpo, Choque, y dime si el cabello te queda igual de suave que antes —sacó la lengua—. ¿Creen que esto se quite con agua?
—Seguramente —contestó Kageyama mirando a su alrededor—, ¿en dónde estamos?
—Rescatando a Sombra ahora —informó Lev, sacando el intercomunicador—, se metió ahí para rescatarte.
—¿En la ciudad?
—Necesitábamos energía, ahora solo necesitamos sacarlo de ahí y ¡oh! Está escribiendo algo —se alegró.
Pero de inmediato su sonrisa se esfumó.
—¿Rugido? —preguntó Hinata—. ¿Pasó algo?
—Es Sombra… su mensaje dice: «S.O.S. me tienen rodeado».
Al parecer había algo que Lev no había tomado en cuenta en sus cálculos; la carga eléctrica que golpeó el cuerpo de Kageyama al sumarse a la energía del androide había provocado una sobrecarga y había explotado el generador de energía. Apagando así una cuadra de la metrópolis; como era de esperarse, la policía estuvo ahí de inmediato, investigando si la causa de la explosión había sido acto de rebeldía o del malfuncionamiento de un androide.
Kenma no podía alejarse del lugar porque debía esperar a los dos idiotas e idear una vía de escape; así que tampoco era como si podía huir lejos. Estaba pegado a la pared del callejón, vigilando por la esquina mientras más y más policías comenzaban a llegar. Su cuerpo comenzaba a sentirse gélido, y se obligó a cerrar los ojos por unos segundos y calmar su respiración.
Su cerebro comenzaba a repetir escenas de la destrucción del Nido, ver ese S.C.A.R.E.C.R.O.W. con la boca cosida y ojos demoniacos. Aun podía oler la sangre derramada en las paredes de esa imagen que él había dejado, despedazando a uno de los suyos sin humanidad alguna.
Esperaba, por la Bruja Fénix, no tener que verlo nunca más.
«Kageyama irá a ayudar». Rezaba el mensaje que le habían enviado.
Kenma se lamió los labios por la anticipación al ver la sombra de un policía que se acercaba; debía hacerlo, preferiría morir luchando que dejarse capturar para que jugaran con su cerebro. Además, cuando descubrieran que se trataba de uno de los killjoys que habían escapado del Nido, y además de eso era el encargado de mantener la red a flote, y también las radiotransmisiones del doctor; abrirían su mente y dejaría a toda La Colmena expuesta y con ellos el secreto de Destroya con su ubicación exacta.
Miró de nuevo la sombra doblando la esquina y antes de ser visto saltó hacia él, utilizando el momento para traer el cuerpo del policía al suelo. Tenía un casco así que las balas no servirían de mucho, antes que hiciera algo más tomó el rostro del policía y quebró su cuello silenciosamente para luego regresar a las sombras.
Más sombras comenzaron a aglutinarse, dirigiéndose hacia él.
'Apresúrate, Kageyama, apresúrate' repetía su mente, era algo completamente diferente enfrentarse a una persona que a un grupo, y menos cuando tenían armas de fuego.
Vio con el rabillo de su ojos que le gritaban por medio de un megáfono, ordenándole que debía salir y enfrentarse a la misericordia del dictador.
Sacó de sus bolsillos un par de dagas y respiró profundamente, veía con detenimiento las sombras que provenían del centro de la ciudad y la manera que las sombras comenzaban a acercarse cada vez más. 'Tres' contó, podía hacerlo.
El trío de policías llegó a su campo de visión; atacó al primero directo al cuello, metiendo la cuchilla y deslizándola; la sangre salió disparada, manchando el uniforme blanco de los demás, el shock les hizo bajar su guardia; pero Kenma mantenía sus otros tres sentidos a su máxima capacidad. Sin tocar el suelo saltó al otro y sepultó la daga debajo de su mandíbula, atravesando su lengua y boca.
Antes que derribara al último policía, sin embargo, había sacado su radio.
Comenzó a gritar sordamente por refuerzos, pero antes que dejara de presionar el botón Kenma ya había acabado con é así el daño ya estaba hecho. Su posición y presencia habían sido reveladas y los policías solo seguirían viniendo.
Estaba atrapado en el lado equivocado de la muralla.
'Por favor, que no cuenten con algún S.C.A.R.E.C.R.O.W' Era lo único que su mente repetía. Recordando como terminaron Bokuto y Akaashi en la ciudad, mezclado con ese monstruo en el Nido y sus largas cuchillas capaz de rebanar todo a su paso.
Al siguiente segundo, más luces de patrullas comenzaron a aparecer, y motocicletas con exterminadores. Kenma respiraba por su nariz, ideando algún plan, alguna salida… Miró hacia arriba, podría escalar la pared de un edificio y de esa manera huir de ser capturado.
Ahora, si le disparaban hasta matarlo… esa era una mejor opción.
Nuevos policías comenzaron a venir por él, Kenma se arrojó, escondiéndose al lado de un enorme contenedor de basura, cuando dispararon.
Aparentemente habían desistido en capturarlo vivo.
El intercomunicador vibró y Kozume miró la pantalla.
«Kenma, Kageyama está en posición».
Estaba a punto de responder cuando una soga se ató a su cuello y lo halaron hacia arriba.
Su cerebro no terminó de registrar lo que estaba pasando cuando fue jalado desde el edificio, sus piernas frenéticamente buscaron el suelo, pero rápidamente se alejaba del piso. Como si su cuerpo hubiera dejado de tener gravedad; su tráquea fue cerrada por la soga y comenzó a ahogarse.
En vano, sus dedos intentaron desatar la cuerda, pero estaba hecha de metal. Estaba colgando en lo alto, y su visión comenzaba a hacerse negra.
Una persona que estaba sobre la escalera de incendios, que lo estaba tirando del suelo atrapó sus manos y aflojó la soga; Kenma tosió con violencia cuando el oxígeno entró de golpe a sus pulmones. Su cabeza estaba dando vueltas aun cuando el extraño le arrebató el intercomunicador, y habló con los otros cuervos.
—¿Quiénes son ustedes y qué están haciendo aquí?
Los tres se quedaron estáticos, ese definitivamente no había sido Kenma; y para empeorar las cosas, parecía que lo habían capturado. Kageyama fue el primero en moverse y tomar el intercomunicador, interrumpiendo el silencio.
—Intrusos en Ciudad Batería, ahora dinos quién eres tú.
—¡Kageyama! —exclamó Lev, cuando Choque había dejado de presionar el botón de la radio y no podían oírlo de la otra línea— ¡¿Por qué hiciste eso?!
—Esta persona, quien quiera que sea, no es peón de BL/ind; podemos lograr que nos ayude.
—¡¿Cómo puedes estar tan seguro?! —Lev debía pensarlo dos veces en unirse ahora a la causa de los killjoys, las emociones que había experimentado en el viaje habían sido demasiado intensas, y todavía faltaba una distancia bastante grande para llegar a su destino.
—No está siguiendo el modus operandi de los exterminadores o policías, no les preguntamos a los intrusos o rebeldes quienes son, porque Better Living no acepta segundas oportunidades. Si hubiera sido alguien de BL/ind, Kenma ya estaría muerto o en camino al Tubo.
—Eres tan frío a veces, Roboyama —comentó Hinata.
—Un intruso también —respondió la voz en el intercomunicador—. ¿Quieres ver a tu amigo vivo? Dame tus coordenadas.
—¿Deberíamos hacerlo? —preguntó Lev—. ¡Quiero decir! Yo también quiero rescatar a Sombra, pero no podemos confiar en él, ¿o sí?
—Tenemos a Choque aquí, él puede encargarse de cualquier situación… excepto del gran dictador.
—Hinata idiota —murmuró con veneno el androide, el tema todavía era delicado para él.
—Parece que sí les importas a tus amigos después de todo —dijo el extraño que lo había atrapado; Kenma pudo leer sus labios enrollados en una sonrisa poco amigable.
Lo siguiente que sintió fue ser arrojado sobre el hombro del su captor; apenas pudo distinguir que el extraño le había disparado al techo y comenzó a correr en la pared. Mientras todo su mundo, literalmente, se había puesto de cabeza por segunda vez en la noche.
El otro chico se movía por los edificios como si hubiera nacido para hacerlo, aun con Kenma en sus hombros, se lanzaba de techo en techo con facilidad. Lo único que podía ver era la suela de sus zapatos mientras corría con la ligereza de un felino. Se sujetó con fuerza de la larga chaqueta de cuero cuando, por unos segundos, voló en el aire, y cayó en el edificio contiguo.
Agarró la escalera de incendios y se deslizó unos cuantos pisos antes de lanzarse al suelo. Su captor miraba afuera del callejón y una escritura en la pared vandalizada llamó la atención de Kenma; decía:
«Al final, a través de fuego y ceniza un salvador se levantará de la tierra. El caminará a través de la furia del infierno, y le pondrá fin a la noche.
El sol verá la ciudad una vez más, y caminaremos por todo el mundo.
Seremos libres.
Su nombre es Destroya, y reducirá Ciudad Batería a cenizas.»
Su captor lo levantó del suelo nuevamente sin esperar por un latido, volvió a escalar el edificio, lanzándose de escaleras a escaleras a ladrillos con hendiduras; para luego disparar, y correr en las paredes. Llegaron al techo de un edificio y para entonces Kenma comenzaba a marearse.
Notó que estaban en una de los callejones más externos de la ciudad, donde se podía ver claramente la muralla que separaba el mundo exterior de la metrópolis. La figura detrás de él apuntó con una pistola y disparó al suelo; Kozume notó que se trataba de un gancho seguido de un cable tenso que se enterró en el piso, afuera de la muralla. El extraño chico se quitó el pañuelo morado de su cuello; levantó a Kenma a sus pies y lo miró.
—¿Quieres escapar? Sujétate a mí y no me sueltes.
Cualquier cosa era mejor que acabar en las garras de BL/ind, así que cerró los ojos, y se sujetó de su captor.
Se arrojaron del edificio; deslizándose sobre el cable por el pañuelo y burlaron la seguridad de la metrópolis. Antes que Kozume abriera nuevamente sus ojos sintió como alguien se le arrojaba, y lo traía al piso.
Sombra estaba por sacar sus dagas cuando abrió los ojos y fue sorprendido por los ojos llorosos de Lev.
—¡Kenma! —podía leer que estaba diciendo—. ¡Estoy tan feliz que estés bien!
Después de recibir sus golpes de bienvenida de parte de Sombra, Lev se acercó a Hinata y Kageyama, quienes estaban charlando con el nuevo chico que los había ayudado. Era más bajo que Haiba, pero parecía mayor. Era difícil ver sus ojos y cabello, usaba una capucha negra que lo volvía más misterioso.
Pero al acercarse un poco más, notó que sonreía.
—¿Entonces me dirán que hacen un grupo de críos adentro de la ciudad?
—Oye, somos más que críos —se apresuró Lev un poco ofendido, ¡él venía desde la Zona 1, quería más reconocimiento que eso!—. ¡Mira, ese chico de cara de pocos amigos es un an…!
Kenma lo trajo al suelo otra vez.
—Lo lamento por eso —se disculpó Kageyama, escondiendo su mano metálica en la bolsa de su pantalón—. Él quiso decir «anarquista», no pertenecemos a la orden de BL/ind, y no estamos de acuerdo con su doctrina.
El extraño arqueó una ceja, pero continuó.
—Sí, eso lo noté. Cuando vi que tres patrullas de policías y dos exterminadores habían rodeado a su amigo aquí; sabía que estaba a punto de ser demasiado para él. Así que los ayudé; creo que merezco saber, ¿qué hacían ustedes aquí? ¿Cómo pudieron entrar antes?
—Construí una catapulta con pedazos de metal —contestó Lev, encogiéndose de hombros—. No fue la gran cosa.
—Necesitábamos algunos víveres, y no teníamos carbonos para comprarlos —mintió Hinata rápidamente—, pero la misión terminó arruinándose cuando los policías lo descubrieron porque sin querer mi amigo aquí —señaló a Kenma—, por error le disparó a un transformador de energía…
El chico los vio con detenimiento, primero a Kageyama, luego a Hinata, a Kenma y a Lev.
—Vi que el pequeño de ahí pudo arreglárselas con tres policías como si se tratara de bandidos del desierto; ustedes no son simples bandidos, ¿verdad?
—Somos killjoys —respondió Hinata—, y estamos en una misión.
El extraño volvió a sonreír y se cruzó de brazos, orgulloso de su descubrimiento.
—Así está mejor, ahora yo seré honesto con ustedes. Yo también estoy en una misión.
.
Su invitado ofreció que compartieran una fogata por la noche, el cielo estaba demasiado negro como para seguir en la carretera, y ninguno de ambos grupos era enemigo. Compartirían alimentos, tal vez anécdotas y eso sería todo. Su amabilidad no parecía falsa, opinaba Lev, y Kageyama también terminó aceptando; no había nada malo con hacer nuevos amigos.
Claro, que, algunos datos permanecerían en secreto, como Kageyama siendo un androide activo en el desierto y la gigantesca máquina enterrada en la arena que tenían que encontrar.
Hinata terminó de encender la fogata y todos se acercaron para sentarse alrededor de las llamas danzantes. Haiba calentó sus dedos, los sentía como si estuvieran incrustados en hielo y el nerviosismo, y miedo que había sentido por Kozume en la metrópolis, no habían hecho nada para aumentar la temperatura de sus huesos.
El chico se sentó frente a Lev y se removió la capucha del rostro. Sus ojos eran rasgados y cafés, con cabello como ceniza, y puntas oscuras.
—Mi nombre es Eita Semi, un gusto en conocerlos —se presentó.
—Yo soy Sol Inferno, éste es Choque Binario, Sombra Brillante y Rugido Helado.
—Oh, claro, los «aliases» de los killjoys. Entiendo.
—¿A qué no son legendarios? —preguntó Lev, a él siempre le había parecido geniales.
—Supongo —opinó Semi—, si es lo que planeas hacer con tu vida, me parece bien.
—¿Nunca quisiste ser un killjoy? —Dijo Lev—. ¿No es como el sueño de todos en el desierto? Era el mío —aceptó.
Eita se rio entre dientes.
—No es el mío realmente —contestó—. Hace unos años me encontré con otro grupo de ustedes, en otra Zona. Vieron mi habilidad al movilizarme en las ciudades y me preguntaron si quería unirme a los killjoys.
Hinata y Lev estaban boquiabiertos.
«Te movías sin dificultad ahí adentro» Aceptó Kenma. «¿Dijiste que no?»
—¡¿Dijiste que no?! —repitieron Shouyou y Haiba.
—Así es.
—¿Pero estás en contra de BL/ind? —preguntó Kageyama.
—Claro que sí, preferiría morir que pertenecer a sus rangos —hizo una mueca—. Pero, por el momento, no puedo unirme a los killjoys.
—¿Por qué no? —dijo Hinata.
—Como ustedes, yo también estoy en una misión. Lo he estado por años, pero no puedo darme por vencido.
—¿Qué misión? —quiso saber Haiba.
—¡Lev! —calló Kageyama.
—No, no importa, no es «confidencial» ni nada parecido. Además, entre más personas lo saben, es mejor: Estoy buscando a alguien, una persona muy especial para mí —Semi abrió una lata de carne y comenzó a calentarla, como si necesitara hacer algo con sus manos; sus ojos se veían llenos de nostalgia—. BL/ind me lo arrebató de mis brazos hace años, así que desde entonces entro a todas las metrópolis de Ciudad Batería que encuentro, pensando que tal vez esta es la indicada y él está ahí.
—Lo siento —murmuró Hinata, mirando al suelo, parecía completamente derrotado.
—Está bien, algo me dice que él sigue vivo así que no descansaré hasta que lo encuentre otra vez. Estoy seguro.
Haiba podía comprenderlo.
A la mañana siguiente, antes que terminara de levantarse el sol, volvieron a empacar para regresar a la carretera; Kageyama estaba llenando el tanque con gasolina, mientras que Kozume y Hinata estaban apagando las últimas llamas que habían sobrevivido de la fogata. Lev se acercó a Semi, quien se alistaba nuevamente para el día.
—¿Hacia dónde irás ahora? —le preguntó.
—Hay otra metrópolis a unos cuantos kilómetros de aquí, probaré mi suerte ahí.
—Poco a poco te acercas a Ciudad Batería —comentó Lev.
—Ése es el gran final, amigo, quiero asegurarme que busqué bien en todas las Zonas, porque una vez entras a Ciudad Batería, no hay regreso.
Frunció su entrecejo, al leer lo que había querido decir. Pero no sentaba bien en su estómago, Semi era una buena persona, había ayudado a Kenma sin conocerlo y había compartido de su comida en la fogata. Habló con ellos y habló de su vida sin recelo alguno, o esperando información a cambio.
—Puedo entenderlo —comenzó Haiba mirando al suelo—, porque… lo mismo le pasó a mis padres, ellos… Better Living los arrebató y nunca volví a saber de ellos y ahora también siento que siguen vivos así que puedo entenderlo… Así que… espero, espero que esta persona valga la pena, si… si arriesgas tu vida como lo haces ahora.
Era malo con las palabras y debía pensar cada frase dos veces o si no terminaría ofendiéndolo de alguna manera, porque esa era la historia de su vida.
Pero Eita solo sonrió.
—Sí, lo vale —aseguró—. No haría esto por cualquiera, pero él… era tan dulce y cariñoso, no puedo morir sin verlo una última vez y decirle lo que siento.
—Espero que lo encuentres —sonrió—, si cambias de opinión, deberías unirte a los killjoys —invitó, aun sabiendo que él no era uno, pero sí sabía que los cuervos necesitaban más personas como Semi, expertos en lo que hacían—. Te recibirán con los brazos abiertos.
—Gracias.
Lev estaba por irse, los chicos ya estaban dentro del automóvil pero se le ocurrió que debía hacer una última pregunta antes de partir.
—¡Oh! Antes de irme, deberías decirme su nombre, de esa manera, si lo encontramos nosotros, lo rescataremos primero.
—Satori Tendou —respondió—. Suele resaltar mucho, así que sabrás si es él.
—¡Lev, solo faltas tú! —exclamó Hinata—. Apresúrate, tenemos mucho terreno que recorrer ahora.
—¡Ya voy! —respondió—. No te conviertas en fantasma, Semi Eita —se despidió, dándose la vuelta para correr de regreso al vehículo.
Sonaba como una buena persona, Lev esperaba que Eita pudiera reunirse con él alguna vez.
Espero que lo hayan disfrutado.
Son más que bienvenidos a dejarme sus opiniones en un review, siempre me inspiran a escribir y mandan mi imaginación a volar!
