¡Feliz viernes, o sábado... o cualquier día de la semana en que leen esto!
Regrese con nueva actualización y espero que la disfruten.
Lamento la tardanza, pero todo lo que escribía no me gustaba como estaba quedando así que me detuve y di un respiro, ¡y deje que la inspiración viniera a mi! Estoy muy muy muuuuuy feliz con el resultado.
Gracias a mi noctámbula beta Ren por cumplir mis pedidos locos y siempre siempreeee hacer un excelente trabajo!
»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: KoutarouBokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka.
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita.
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata.
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai.
Choque Binario: Tobio Kageyama.
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi.
Rugido Helado: Lev Haiba. «
Anywhere
¡Estamos de regreso, bebés! Esa sinfonía colorida que hizo a sus oídos morir y despertarse en el paraíso anárquico fue «Light my fire» de «The Doors». Porque fue petición de un miembro muy querido de los killjoys; gracias por llamar a cabina, Terror Ruidoso, y por enseñarle a estos cachorros de las Zonas lo que es la buena música.
Y ahora, mis hijos de la guerra, tengo aquí conmigo un invitado sumamente especial. Después de la interrupción de mis queridas ondas de radio hace un par de meses, muchos de ustedes se preguntaron si había sido el final de nuestros ángeles de anarquía; mejor conocidos como los killjoys.
Aquí para despejar todas sus dudas, ¡tenemos al célebre Ceniza Radiante!
Ceniza, gracias por aceptar mi invitación.
«Gracias a ti por recibirme, Doctor».
Es mi placer, te lo aseguro. Ahora, desde que tuvimos la espontánea y desagradable presencia de la voz del dictador acariciando los oídos de nuestras ratas del desierto, muchas personas han tenido algunas ideas de lo que pasó con los killjoys.
«¿Eso es cierto?»
Tan cierto como que mis piernas sienten menos que el corazón de Oikawa.
«La interrupción duró un par de horas y luego lo volvimos a recuperar. Fue un error técnico, solamente. Que pudimos reparar de inmediato».
Entonces, ¿todo está bien con los killjoys?
«Claro que lo estamos, créeme, Doctor, bastará de mucho más que una simple 'interrupción' para pararnos; y si ése fue el mejor golpe de Oikawa, entonces, el dictador no es tan grande como parece ser.»
¡Uuhuu! De eso estoy hablando, Ceniza, es un alivio escucharlo de uno de los más respetados killjoys.
«Así que más le vale a Tooru Oikawa dormir con un ojo abierto, porque cuando terminemos con él, ni siquiera habrá sobras para alimentar a los cuervos.»
¡Y yo no lo pude haber dicho mejor, mis compatriotas malditos! Ahora, si desean hacerle alguna pregunta a este fantástico cuervo, pueden llamar a la cabina y cuestionar a Ceniza Radiante. Claro, a menos que su pregunta tenga que ver con la ropa interior de algunos killjoys.
«Espero, realmente, que no.»
Kei Tsukishima sabía que no había mejor oportunidad para hacerlo. Sugawara estaba lejos en la Zona 6 siendo entrevistado por el Doctor Desafiando a la Muerte; habían llegado a la conclusión que era importante informarles a todos que los killjoys no habían muerto y que BL/ind todavía no había ganado. Así que solo un centinela vigilante quedaba en La Colmena.
Kuroo.
Akaashi había pedido de su asistencia para volver a ver a Bokuto, Kei no veía el daño en hacerlo. Ambos eran amantes, por la Bruja, Kei no era el indicado para mantenerlos lejos. Además, podía entender la lógica en todo eso, si se podía decir que la mente de Revólver estaba «rota», entonces Keiji sería el yeso que lo mantuviera cuerdo por suficiente tiempo hasta que sanara.
—Tsukki —llamó una voz alegre y barítona; Kei se giró para ver a Kuroo caminando en su dirección.
El rubio respiró profundamente para intentar mantener su máscara mordaz y ocurrente a flote; pero esta era su oportunidad. Akaashi solo estaba esperando esto también.
«Todo estará bien, todo estará bien», se repetía.
Solo era Keiji viendo a Bokuto otra vez.
No podría pasar nada malo.
—¿Tsukki? —llamó otra vez, haciéndolo sobresaltar, estaba tan metido en las paredes de su cerebro que se había olvidado de contestar.
—Ah, Kuroo, ¿todo está bien?
—Sí… bueno, no. Sé que tú te estás encargando de la misión de Kenma y el renacuajo y —resopló, riéndose entre dientes con nerviosismo—… he sido buen chico, no me he preocupado, no he molestado como le prometí a Kenma antes que partiera; pero… —pasó sus dedos entre sus hebras despeinadas— puedes guardar ese secreto, ¿verdad Kei? ¿Por mí?
Aunque fácilmente podría haber aceptado, porque la sonrisa de Kuroo era verdaderamente apuesta, y Kei podía apostar que nadie podía decirle que no a Pantera. «Nadie debía tener ese poder», pensaba con molestia, la facilidad de manipular a cualquiera con un aleteo de pestañas y una sonrisa torcida.
—Solo escupe lo que has venido a decir, Kuroo —respondió en lugar de decir lo que pensaba.
—Debo saber cómo va la misión.
Kei solo abrió los ojos y miró a otro lado, pero Pantera se le acercó con una sonrisa.
—¡Vamos! No le digas a Kenma, pero debo saberlo. Tsukki… han pasado tres semanas desde que se fueron. Sé que es la primera misión de los cachorros por ellos solos, pero no necesitas tanto tiempo para llegar a la Zona 4 y regresar. ¡Demonios, Sugawara llegó a la Zona 6 con el Doctor en unos cuantos días!
—Estás siendo un preocupón —advirtió Kei, tal vez si le recordaba lo maternal que estaba siendo, entonces él perdería la atención en el tema—; no dejes que eso agujeree tu estilo genial.
—¿Crees que soy genial? —sonrió Kuroo ladeando la cabeza y acercándose, Kei comenzaba a cantar victoria por haberlo despistado—. ¿El genial Ácido Lunar piensa que el «chico bueno», Pantera Anfetamina es genial?
Además, Tsukishima podía seguirle la corriente, con miradas secretas que duraban un par de segundos más de lo debido y sonrisas que pasaban desapercibidas a los demás.
—Eres muchas cosas, Pantera. Genial es una de ellas, pero «chico bueno», no —sonrió Kei.
—¡Ouch! Oye, sé que mi cara parece de modelo, pero eso no significa que no tengo corazón.
—¿Está al lado de tu gran ego?
Kuroo se rio.
—Tsukki, me sigues distrayendo con tu rostro, pero debo regresar al tema —Kuroo sonrió de la misma manera, como si fuera una pantera haciéndose pasar por un minino de casa, o un lobo con disfraz de borrego.
Kei solo debía mantenerlo ocupado por unos cuantos minutos más, eso había dicho Akaashi, tal vez una hora y eso sería todo; pero Tsukishima estaba caminando sobre hielo fino con Kuroo, debía mentirle de alguna manera.
—En cuanto a Kenma y su grupo —dijo—, para ser completamente sincero su auto se descompuso hace algunos días, él no quiere preocuparte, y lo demostrará saliendo de este embrollo por él mismo.
—¿Hablas en serio? ¡Por los dioses, debo ir por él! —exclamó, dirigiéndose a la salida—. Ácido, dile a Yui que saldré por unos días.
—¡Espera, Pantera! —Kei alcanzó su muñeca.
Kuroo miró sus falanges con detenimiento y luego subió su mirada para encontrarse con sus ojos, y Tsukishima se sintió absolutamente cohibido.
—Quiero decir… lo único que Kenma quiere es que dejes de verlo como si fuera un bebé, es como tu hermano, pero él también ha crecido contigo, y dejó de ser un niño al igual que tú.
Eso no era enteramente incierto; Kozume sí le había dicho eso, esa fue de las primeras razones para que aceptara ir en la misión. Él podía cuidarse solo, no pedía que Kuroo arriesgara la vida por todos, y no quería ser egoísta.
—Él… ¿él dijo eso?
—¡Kuroo, Tsukishima! —llegó exclamando Ennoshita, exhausto y sin aliento.
—¿Ennoshita? ¿Ha sucedido algo? —cuestionó Tetsurou lleno de preocupación.
Kei sabía exactamente qué era lo siguiente que diría.
—¡Es Bokuto! ¡Se ha salido de control de nuevo!
De acuerdo, Kei no sabía exactamente lo que diría.
Tan pronto como Tsukishima atrapó la atención de Kuroo, —o realmente cuando Pantera lo interceptó— Akaashi comenzó a moverse. Las cartas habían sido jugadas a su favor. Sugawara había salido darle una entrevista exclusiva al Doctor, y Kuroo era una persona.
No fue justo meter a Kei en esto, el chico podía comenzar a actuar como un líder, pero aún le faltaba experiencia y Akaashi se aprovechó de sus buenas intenciones. Estaba actuando de manera repugnante y egoísta, y merecía ser echado de los rebeldes para morir solo en el desierto pero no podía seguir permitiendo eso.
Estaba siendo pesimista, pero eso pasaba cuando había perdido toda la esperanza y razones para seguir.
Guardó la glock en su espalda, y se dirigió al cuarto en donde tenían a Bokuto; aun debía decidir la razón por la que llevaba el arma, la voz más ruidosa de su mente era por si Revólver perdía la razón otra vez, y si eso pasaba, estaba otra voz más silenciosa que le repetía que una bala llevaba su nombre.
La razón era simple, él no podría vivir con la idea de haber acabado con su otra mitad; ¿habría alguien que podía vivir con eso? Con la carnicera imagen de haber asesinado a la persona dueña de su corazón.
Se preguntó si hasta el dictador podría vivir con eso, o si ya había sido drenado de sus sentimientos por completo.
—Akaashi —Konoha alertó su presencia, el rubio de ojos rasgados estaba haciendo guardia frente a la habitación de Bokuto; a su lado estaba el pequeño de Komi.
—Bokuto ha estado lucido todo el día —informó el castaño con una sonrisa en su rostro.
Ambos eran buenos chicos, amigos cercanos de Bokuto, Konoha lo había conocido antes que Akaashi llegara al Nido y Komi llegó un tiempo después, pero casi siempre acompañaba a Revólver en sus misiones.
Keiji esperaba que lo pudieran perdonar; paró en un latido frente a los dos cuervos y sin perder tiempo en otro aliento dijo.
—Debo pasar.
—Akaashi, no puedes —recordó Komi con tristeza—, es lo mejor para ambos por el momento.
Konoha, sin embargo, solo adoptó una posición de defensa, empuñando su lanza.
—No es una petición —informó Histeria.
Komi miró a Akinori, y lo imitó, poniéndose alerta y apuntándole con su arma, pero a diferencia del rubio cenizo, él tenía una pistola de mano.
—Tú sabes cuales son las órdenes —estableció Konoha.
—No me dispararás, Komi —razonó Akaashi sin detenerse, el chico se encogió pero Konoha se mantenía impasible, aun cuando sus nudillos se coloreaban de blanco al apretar su lanza.
Las manos de Haruki tiritaban, y sus labios se doblaban en una máscara de dolor.
—¡Alto ahí! —frenó Komi.
Pero Keiji había tenido suficiente, el vaso se había derramado y el mantel había sido manchado con tinta negra. Dolía, en el fondo de su cerebro y en su pecho, porque sabía que ellos habían ganado, tuvieron éxito todo el tiempo. Akaashi y los demás cuervos simplemente habían sido demasiado ingenuos para no darse cuenta antes.
BL/ind les había ganado.
Habían roto a Bokuto, habían roto a Akaashi.
Así que no escuchó las palabras de Komi, y dio otro paso más.
—No me dispararás, Komi.
—¡Akaashi! —exclamó Konoha—. Mírame a mí, no a él.
—¡Akaashi, hablo en serio! —gritó Komi su voz comenzaba a agrietarse, continuaba, apuntándole con su Beretta temblorosa.
—No me dispararás —murmuró.
Apenas y registró los pasos frenéticos de Konoha mientras corría hacia él y giraba la lanza en sus manos.
Bokuto no querría esto.
Pero Bokuto no estaba lo suficientemente equilibrado para hacer decisiones por él mismo.
Al menos eso se repetía Keiji para justificar su comportamiento egoísta; pero después de todo el servicio y su vida y su amor por la resistencia, se repetía que tenía derecho a serlo al menos por unos minutos.
Sí, esas mismas palabras se repetían mientras esquivaba el golpe de Konoha y sacaba su glock para golpear con fuerza en la cabeza a su compañero y amigo. Siempre fue el más rápido de los tres; el enfrentamiento se había decidido desde antes que comenzara.
Konoha cayó al piso inconsciente.
Podía sentir los ojos de Komi mirándolo con una mueca fea de traición; juzgándolo mientras se decidía si le disparaba con su pistola.
—No me dispararás —repitió; porque sabía que no lo haría, Komi aún guardaba aprecio por Bokuto y Akaashi.
—Por favor —rogó.
Y entonces Komi bajó sus ojos y notó la glock enfundada debajo de su camisa, asumiendo las acciones de Keiji con una efímera mirada. Akaashi dio otro paso, los asuntos de Koutarou y él eran suyos de arreglar, nadie tenía el derecho a ver, nadie podía opinar porque no tenían idea de las ensordecedoras pasiones entre dos amantes, ya fuera de amor, odio, tristeza y felicidad.
Así que Keiji no dijo nada, y dio otro paso.
—No tienes que hacer esto…
Keiji posó el cañón de la beretta en su pecho, era evidente que Komi no haría más, el chico de menor estatura solo cerró los ojos y se preparó para el golpe. Akaashi lo hizo y el cuerpo de su amigo cayó al piso, no quería hacerlo un cómplice, no quería meterlo en su dolor; bien era dicho que la miseria ama la compañía, pero él estaba satisfecho solo que fueran Bokuto y él.
Abrió la puerta y la cerró detrás de él, Revólver estaba sobre la cama y Keiji fue asaltado por una tornadiza discordancia de sentimientos en su pecho, escuchando como los fragmentos de su corazón se resquebrajaban, pero al mismo tiempo se sentía lleno de amor al ver los enormes ojos del chico con peinado de búho cornudo.
—'Kaashi… —suspiró.
—Kou…
Los ojos de Bokuto cayeron al piso y se llenaron de lágrimas; Akaashi quería sostener su rostro en sus manos.
—¿Qu…? ¿Qué haces a…? No deberías estar aquí, 'Kaashi…. No deberías.
—¿Cómo puedes creer que no?
—¿Después… después de lo te hice? Nadie debería acercarse a mí… No debería estar aquí… no debería estar vivo.
—¿Cómo puedes decirme esto? ¿Después de lo que pasamos? ¿De lo que somos? ¿No crees que esto merece ser rescatado?
—¡Ya no soy esa persona! —gritó—. ¡El Koutarou que conociste jamás salió de Ciudad Batería!
—No puedes ni verme a los ojos… Mírame, Kou, mírame a los ojos.
Para entonces Akaashi estaba luchando contra el peso que obstruía sus pulmones y las garras que herían su garganta; limpió las lágrimas antes que salieran de sus ojos. No dejaría que siguiera con esas palabras, porque podía ignorar a Kuroo cuando decía eso, podía ignorar a Suga y Kei.
Pero si su Bokuto lo decía.
Era casi imposible no escucharlo.
Así que Akaashi desenfundó la glock que llevaba y le quitó el seguro, cargando la bala en el cañón. Bokuto se sobresaltó ante la repentina acción pero no lo atacó, Keiji se tomó la libertad de caminar hasta el pie de su cama y gatear sobre el colchón manteniendo la pistola dirigida hacia él.
Sabía que debía ser rápido antes que alguien notara los cuerpos inconscientes de Komi y Konoha.
Le apuntó a Koutarou a la cabeza, justo en medio de sus hermosos y refulgentes ojos. Bokuto se inclinó hacia adelante, empujando el cañón suavemente con el puente de su nariz, esperando el golpe que lo terminaría todo. Keiji acarició el gatillo de la pistola, su mano temblaba y Revólver no mostraba miedo, ni arrepentimiento.
Giró la pistola y se apuntó al rostro.
—¿Qué…?
Tomó la mano de Bokuto bruscamente en la suya y la dirigió a la pistola, haciendo que la tomara con sus dedos y posara uno en el gatillo. Él no ponía resistencia, todavía su cerebro estaba procesando qué diablos quería Akaashi.
Keiji terminó apuntándose la glock a su frente.
—Adelante, hazlo, dispárame Kou —ordenó.
—¿Qué estás haciendo? ¿Akaashi?
—Es lo que me estás pidiendo —devolvió, su voz se escuchaba quebradiza y volvió a limpiar las lágrimas antes que fueran derramadas—. Me pides que te mate, entonces haz lo mismo por mí, adelante ¡Dispara! —gritó.
—No… no… no…
—¡Dispara, Koutarou! —exclamó, hundiendo el cañón en el puente de su nariz, sus manos temblaban y sus dedos estaban entumecidos—. ¡Hazlo, mátame! ¡Porque yo también morí cuando tú te soltaste del helicóptero!
—¡Akaashi, no!
Alguien podría venir en cualquier momento, si eso pasaba entonces se llevarían a Bokuto a un lugar al que a Akaashi se le dificultaría más llegar.
—¡Hazlo!
—¡No! ¡No, no, no, no!
Koutarou lanzó la pistola al otro lado de la habitación, con su nueva fuerza fácilmente se la quitó a Keiji de las manos. La glock cayó con un golpe al suelo, ensordeciendo sus oídos, seguido por el sonido de los gemidos y sollozos de Bokuto. Akaashi dejó de encontrarle el sentido a reprimir sus lágrimas y lloró frente a él, sentado en sus muslos.
—No me lo pidas —rogó Histeria—, soy incapaz de hacerlo.
Un brazo fuerte lo rodeó y se dejó llevar por los movimientos de Bokuto. No temía, sabía que Koutarou no lo lastimaría más, podría haberlo ahorcado antes pero aún seguía confiando ciegamente en él. Revólver lo trajo a su pecho y Akaashi se dio la libertad de llorar; rodeado por el otro.
Si existiera el cielo o el infierno en un solo lugar, ambos serían ahí, en el pecho de Koutarou rodeado por su calor.
—Perdóname… por lo que te hice.
—No fuiste tú.
—Aun así, perdóname.
—De acuerdo —aceptó Keiji—. Te perdono, Koutarou Bokuto, por todo el pasado, el presente y por lo que vendrá. ¿Me perdonas tú?
—Claro que lo hago, conejito.
Akaashi tomó un puñado de su camisa, y lo apretó con todas sus fuerzas. Si tan solo toda la vida que le restaba podría resumirse en esos soñados segundos, donde no había nadie más en su burbuja y ambos tenían cicatrices y heridas, pero sus corazones estaban en el lugar indicado.
—Huyamos —dijo Keiji sin aviso.
—¿Qué?
—Huyamos —repitió—, nada serio ni permanente, ¿no sería emocionante? ¡Salir de este deprimente lugar! —se alejó de su pecho para sentarse en la cama—. Olvidarnos de los killjoys por un rato.
Bokuto se encogió, como si temiera de algo, parecía inseguro de moverse. ¿Dónde estaba el chico valiente e idiota? Ése que se lanzaría de un puente solo por descubrir que había debajo.
—No creo que a Kuroo o a Sugawara les guste eso…
—¡No importa! —Regresó, tal vez podía contagiarlo de ese sentido de la aventura otra vez—. Quiero estar a solas contigo, sin que nos vigilen, creo que nos merecemos eso. Además, ¿Qué sería lo peor que podría pasar?
—'Kaashi, puede que mi mente sea un caos en este momento, pero creo que yo era el temerario de los dos…
Keiji lo besó y sintió una llama encenderse en la punta de sus dedos cuando Bokuto posó su mano en su cabello, profundizándolo. Era la primera vez que sentía ese deseo viniendo de Revólver desde que había regresado; Akaashi terminó mordisqueando su labio inferior al alejarse.
—Los tiempos cambian —aseguró con una sonrisa—. ¿Te unes?
Koutarou miraba con cautela la puerta, mordiendo su labio con nerviosismo; pero al siguiente segundo sus ojos se prendieron con ese fuego de rebeldía que había tenido desde siempre; y Keiji se quiso reír cuando sintió la pesada mano de Bokuto en su espalda baja, jugando con el dobladillo de su camisa.
—Vamos.
¿Bokuto se había vuelto loco otra vez?
La culpa cayó pesada en sus hombros como un bloque de cemento; Ennoshita les había dicho que él iba a su chequeo diario de Koutarou pero paró en seco cuando notó a Konoha y a Komi inconscientes en el suelo.
Akaashi no se encontraba en ninguna parte.
Lo único que su cerebro gritaba era que Revólver había terminado matando a Keiji, y luego había huido con el cuerpo. Todo, realmente, era su culpa. Había sido un niño pensando que Histeria podía hacer algo por Bokuto, Daichi jamás habría cometido ese error.
Kuroo iba caminando delante de él, sus hombros estaban tensos y podía ver como apretaba la mandíbula; Kei no sabía si estaba preocupado o furioso, porque de alguna manera sabía que todo esto había sido su culpa.
—Tsukishima —llamó Tetsurou, su tono era indescifrable—, si algo… si algo pasa; si Bokuto lastima a alguien y la voz corre en La Colmena, debemos pararlo a como dé lugar. Cueste lo que cueste.
El rubio tragó el nudo en su garganta.
Dio un salto cuando su radio sonó en su costado; Kuroo lo miró expectante que contestara, tal vez era otro cuervo con la localización de Bokuto.
—Habla Tsukishima —contestó.
—Ácido, tengo a Bokuto a la vista —Era Tanaka—, pero… creo que no fue él quien noqueó a Konoha y Komi.
—¿Qué? ¿A qué te refieres?
—Es Akaashi —respondió—, él está con Bokuto, y está… ¿escapando? Con él. Noya y yo los estamos siguiendo, están llamando la atención de algunas abejas…
Kuroo le arrebató el aparato.
—Dime dónde se encuentran; Tsukishima y yo vamos para allá —contestó bruscamente.
Despertó un sentimiento extraño en su pecho, ¿realmente planeaba hacer eso? ¿Cazar a Bokuto y a Akaashi? Kei no dijo nada y lo siguió. Para cuando se encontraron con Noya y Tanaka les dijeron que Keiji se había apresurado al taller para encontrar un automóvil.
—Tsukishima, necesito que vayas por la izquierda, yo me escabulliré por la derecha y lo detendremos, si es necesario, debemos usar la fuerza.
Esa fue la gota que derramo el vaso.
—No —dijo.
—¿Qué? —Kuroo lo miró con extrañeza.
—Kuroo, ¿qué estamos haciendo?
—Akaashi está abordando al vehículo —anunció Tanaka.
—Diablos, debemos…
Kei cortó a Kuroo, halando su mano y deteniéndolo en el lugar. Él le pondría fin a todo esto, como pensaba lo haría Nicotina; detendría ese comportamiento antes que llegara a más, antes que terminaran convirtiéndose en algo que no eran.
—No, Pantera, detente y piensa lo que estás por hacer: Irás a detener a Akaashi porque se está llevando a Bokuto. Si Revólver quisiera quedarse, él le ganaría a Akaashi con fuerza bruta. ¿Realmente piensas retener a Bokuto y a Akaashi en contra de su voluntad aquí?
—¡Bokuto es peligroso! —contestó—. ¡No podemos confiar en lo que puede ser capaz!
—¡Y Akaashi no es un idiota! —contraatacó—. Kuroo, si un killjoy quiere dejar esta vida atrás, no somos nadie para cambiarlo o hacer algo al respecto. ¡Perdemos toda nuestra identidad como libertadores el momento en que detenemos a Akaashi y a Bokuto de salir!
Tetsurou fue tomado por sorpresa.
—Somos del mismo equipo —continuó Tsukishima—; no importa qué haya pasado, seguimos siendo hermanos, y pueden irse y regresar cuantas veces ellos quieran. ¡Toda la ideología de la resistencia se basa en la libertad! ¡Física o de pensamiento! ¡Sin barreras y sin secretos!
Fue ahí que vio todo el panorama; y como sin pensarlo toda la resistencia se estaba desmoronando silenciosamente frente a ellos, sin Daichi.
—Nos —murmuró Tsukishima bajo su aliento—… nos estamos convirtiendo en nuestros mismos enemigos y no nos estamos dando cuenta…
—Ácido, ¿qué estás diciendo?
—Kuroo, debo decirte la verdad.
—¿Ah?
—Acerca de la misión de Kenma y los demás.
Los músculos de Pantera se tensaron; después de tantas veces de escucharlo, Tsukishima estaba comenzando a aceptar el hecho que él se convertiría en el siguiente líder; pero no podía engañar a nadie, solo era un niño jugando a ser adulto. Algo tan enorme como la responsabilidad entera de toda la resistencia no podía caer sobre sus hombros, no lo podía soportar.
—Kenma no está en la Zona 4.
Él no era Daichi, no era Akiteru.
¿A quién iba a engañar?
Kuroo tenía la boca abierta, pero no se movía ni un milímetro; como si su cerebro estaba reproduciendo los peores escenarios antes que Tsukishima hablara. Detrás de ellos, el Nova de Kuroo arrancaba con velocidad, dejando el taller de La Colmena. Akaashi tenía un retorcido sentido del humor, al haber seleccionado el auto de Tetsurou para ser su vehículo de escape.
—Mientras hablamos Kenma, Kageyama y Hinata están dirigiéndose a la Zona 43 a encontrar a Destroya.
Los ojos de Pantera se abrieron el doble.
—Antes que digas algo, lo consulté con Kenma y le expliqué de qué trataría la misión, él dijo que te lo mantuviéramos en secreto, ¡porque sabía que te opondrías rotundamente! ¡A que él fuera, y a encontrar a Destroya también! —se justificó.
—¡Y por una buena razón! —vociferó, haciéndolo saltar.
Nunca lo había escuchado sonar tan furioso, Pantera rechinaba sus dientes mientras hacía puños de sus manos. Era la primera vez que Tsukishima le tenía miedo.
—¡No tenía otra opción! ¡Necesitábamos su mente ahí afuera! Tú lo sabes, puede cuidarse solo y es un genio informático; y necesitamos a Destroya. Con cada día que pasa le damos la oportunidad a Oikawa de reforzar su ejército de S.C.A.R.E.C.R.O.W. ¡Debía hacer algo más!
—¡Necesitamos tener paciencia! Maldita sea Tsukishima, de todas las personas jamás pensé que tú fueras así de imprudente, ¿cómo te atreviste? —debajo del enojo, Tetsurou se veía herido —. Kenma es mi familia, ¡y lo mandaste a esta misión!
—¿Y crees que esto fue una manera de hacerte daño? No me hagas reír, Tetsurou, esto no se trata de ti.
—¡Esto se trata del hecho que tú no tienes nada más que perder!
Tsukishima retrocedió, había sentido sus palabras como alfileres en su pecho. Quiso creer que era el dolor hablando por Kuroo.
—Todos los killjoys son mi familia —dijo, guardando un poco más la voz, pues estaban comenzando a llamar la atención de las abejas—. No conozco más, desde pequeño he convivido con todos y Akiteru se marchó cuando el Pequeño Gigante murió, así que no te atrevas a decir eso, el Nido fue mi hogar, y todos los que murieron ahí, mi familia —se acercó a Pantera, perdiendo el temor que antes sentía—. Así que no te atrevas a decir que no tengo nada más que perder.
Tsukishima pudo ver como la máscara de ira de Kuroo comenzaba a agujerearse; siendo reemplazada por una de preocupación y angustia.
—¡No tienes derecho! ¡Ácido, no puedes mover a las personas como tus marionetas para misiones peligrosas que atenten contra su vida! No estás jugando ajedrez con el dictador, no puedes sacrificar piezas para seguir estrategias peligrosas.
—¡No lo sé, ¿de acuerdo?! —esta vez fue el turno de Tsukishima de gritar—. ¡No lo sé! ¡Estoy haciendo lo que puedo para mantenernos a todos a flote! Este puesto no venía con un manual, ¡Daichi nunca me dijo cómo era ser líder!
—Dioses, pero eres como él —contratacó Tetsurou—, Daichi jugaba las movidas más peligrosas; por eso permitió a Kageyama quedarse en la base, y por eso quiso salvar a Bokuto…
Esa era otra manera de verlo.
—Voy por los cachorros, puede que me necesiten en la misión —avisó antes de dar media vuelta y dirigirse a la salida.
—¡Kuroo, no lo entiendes! —Tsukishima ya estaba cansado, tiró de la camisa de Tetsurou y lo chocó contra el muro; Pantera estaba demasiado sorprendido como para reaccionar—. ¡Te dije esto porque quería terminar con los secretos entre los killjoys, solo al mantenernos unidos y confiando en nosotros triunfaremos! Confía en Kenma, Kuroo —Kei lo miró fijamente a los ojos—. Confía en Kenma y confía en mí. Por favor.
Kuroo lo pensó por unos momentos, tan largos que Tsukishima apenas y podía pensar en otra cosa que no fuera el ruidoso bombeo de su corazón. Había puesto todas sus cartas sobre la mesa, lo había jugado todo, y esperaba no perderlo.
—¿Puedes prometerme que ellos están bien? Sin mentiras, ni secretos, Ácido.
—Creo que ellos pueden salir ilesos de cualquier problema —confesó—. Hablé con ellos cuando llegaron a la Zona 15, pero la señal no me permite interceptarlos.
El chico de cabello negro se dejó caer al suelo, deslizándose sobre la pared, hasta que sus rodillas quedaron dobladas frente a él. Tsukishima lo acompañó, podía imaginar cómo se sentía, Pantera estaba dispuesto a confiar en él, aun si eso significara preocuparse hasta que regresaran.
Kenma era como su hermano después de todo.
Kei tomó su mano, cuando Kuroo lo hizo con él, en su momento le trajo paz; él quería hacer lo mismo por Pantera. No esperó que el otro hiciera lo mismo, así que se sorprendió cuando Tetsurou devolvió el gesto.
—¿Me prometes que ellos regresaran con bien? —preguntó, con sus ojos cerrados.
—Lo prometo.
Tsukishima esperaba estar en lo correcto.
Akaashi podía sentir más que escuchar el chirrido que producía su corazón con cada latido; como si era una máquina que había pasado tanto tiempo en desuso y que apenas y volvía a la vida. Finalmente se sentía como antes, el palpitar era diferente, el mundo brillaba con otra luz, el desierto era una obra de arte plasmada en el horizonte.
Keiji estaba vivo.
Miró el asiento del pasajero en dónde Bokuto estaba, su chico miraba con ojos abiertos como platos el interminable plano de arena, cactus y ruinas. Parecía que había olvidado todo y era esta la primera vez que salía al desierto. Akaashi podía darse el lujo de ser temerario, porque prefería ver su rostro iluminándose como el de un niño que mirar la carretera.
Con el rugir del motor, el aire en su cabello y Koutarou a su lado, Akaashi por fin estaba completo.
Huir de La Colmena había sido sorprendentemente fácil, o quizás Tsukishima había tenido éxito en distraer a Kuroo. Tanaka y Noya comenzaron a seguirlos pero no los detuvieron, moverse con Kou no era sencillo; así que le agradeció a la Bruja Fénix cuando cruzaron la salida sin inconvenientes.
—Estoy en casa, 'Kaashi —murmuró Bokuto.
Estaba tan enfocado en las hermosas facciones varoniles de Koutarou que le tomó por sorpresa la mano pesada que se posó sobre la suya encima de la palanca de velocidades.
Akaashi también lo estaba.
—¿Hacia dónde quieres ir? —preguntó Keiji; Bokuto cerró los ojos y exhaló.
—Llévame al paraíso.
No estaba pensando en cómo estaban reaccionando Kuroo o Tsukishima, se había aprovechado de Ácido y lo sentía, pero la pequeña sombra de culpa era eclipsada por la abrumadora felicidad que lo invadía.
Contaba con algunos carbonos, pero eso era lo de menos. Tenía experiencia como un vagabundo en el desierto, y ahora, con Kou a su lado, era invencible. Ambos rebeldes guardaron silencio después de eso, Keiji lo veía de reojo, parecía que Bokuto estaba dormido, sabía que acoplarse a La Colmena no era fácil, y tanto él como Histeria, no habían logrado dormir bien.
Akaashi enmudeció la radio, porque no quería saber nada de la resistencia, ni de BL/ind, ni del Doctor Desafiando a la Muerte por unas horas. El silencio, la vacía Ruta Guano, la cancioncilla del caucho contra la carretera y el rítmico respirar de Bokuto sonaban tan relajantes; no notó cuando comenzó a quedarse dormido frente al volante.
Levantaron una nube de arena cuando se salieron de la calzada y unos cuantos cactus fueron cortados antes que florecieran. Akaashi levantó su rostro, la turbulencia lo despertó de manera violenta; Bokuto había tomado el timón y los había dirigido de regreso al camino.
—Ah —murmuró, frotándose los ojos—… lo siento.
—Akaashi necesitas dormir, no has cerrado los ojos, ¿verdad? —señaló.
—No, no, estoy bie… —pero un bostezo interrumpió su frase y no pudo hacer más para aceptar la mirada desaprobatoria del chico.
—Paremos en un motel, descansemos por la noche —ofreció, la preocupación era pesada en su voz.
Tan pesada que Keiji lo escucharía.
—Solo por unas horas —decidió Keiji—, pero estamos en medio de la Zona 2 —frunció el entrecejo—. No hay comunidades tan cerca de la Zona 0, podemos pasar horas buscando donde quedarnos…
—¡Ahí! —señaló Revólver—. ¡Hay un cobertizo!
Akaashi había pasado las últimas semanas «durmiendo» sobre una silla, así que no era como si buscara comodidades. Podría descansar por unas horas sobre escombros y polvo. Así que lo escuchó y terminó deteniendo el automóvil frente a una cabaña abandonada; construida por láminas oxidadas y roídas por el tiempo.
Pedazos de madera rodeaban el lugar y parecía que había sido abandonada por años, en las paredes tenía una inscripción con pintura blanca: «No hay salvación.»
Al menos la compañía sería buena.
Ayudó a Bokuto dentro del viejo cobertizo, llevándolo en la silla de ruedas. Para entonces Akaashi ya sentía que sus parpados pesaban varias toneladas, y que sus músculos se rendirían en cualquier momento. Así que solo estiró una vieja sábana que Kuroo mantenía en su nova, y se dejó caer al suelo.
Parecía que el cansancio lo estaba dominando, así que cerró los ojos; estaba por dormirse cuando escuchó la voz de Bokuto.
—¿Akaashi?
—¿Mmm? —murmuró medio consciente.
—¿Puedo dormir a tu lado? —preguntó con timidez—. Está bien si dices que no, lo entendería; debo trabajar para ganar tu per…
—Sí —lo interrumpió—, ¿no lo hablamos antes? Yo te perdone, y tú me perdonaste también.
—Ah… lo olvidé —dijo con una infantil sonrisa.
Sintió un extraño revuelo en su pecho cuando escuchó el crujir de la sábana bajo el peso del otro; ese mismo zumbido que sintió cuando por fin descubrió que tenía un enamoramiento tontuelo en Ala Revólver. Habían pasado años, pero Akaashi se sintió igual de joven por unos segundos.
Koutarou se acostó a su espalda, y él no tenía miedo.
Cuando estaba por dormirse por tercera vez en la noche, se sobresaltó cuando sintió un peso en su costado. Era el brazo de Bokuto acercándolo a su cuerpo; Keiji dejó ser conducido. El calor era irresistible, él solo quería quedarse ahí por siempre, ¿quién necesitaba comer? ¿Quién necesitaba luchar?
Histeria no lo soportó y giró su cuerpo, eliminando todo centímetro que se interponía entre sus formas. Bokuto lo aceptó, y Akaashi terminó rodeándolo con sus brazos, escuchando su rítmico corazón.
Pero necesitaba sentirlo más.
Akaashi se sentía un hombre famélico, y así buscó la boca de Koutarou como maná. Lo besó con tanta lentitud como pudo, probando esos labios agrietados que tanto había extrañado. Bokuto se quedó estático, ahí supo que había cruzados sus límites.
No estaba listo; así que se alejó.
Su sorpresa fue cuando sintió la pesada mano en su cabello, comenzando a acercarlo más a él.
Keiji lo volvió a besar.
Revólver sabía igual que antes, no importaba cuantos fármacos había ingerido, ya estaba libre de ellos. Inseguro, Revólver lamió su labio, Akaashi no tuvo duda de dejarlo entrar. Su cuerpo comenzaba a moverse en el mismo baile que tanto se había memorizado, siguiendo el compás de su mitad.
Gimió en la boca de Bokuto mientras era devorado por sus labios hambrientos; su cabeza comenzaba a subir hasta las nubes de metano y más arriba aun. La mano de Revólver se metió debajo de su camisa y su caliente piel era como fuego; Keiji quería consumirse por su llama.
Histeria terminó subiendo en él, colocando una pierna a cada lado de sus costados, sentándose sobre su entrepierna. La nueva posición lo hacía ver estrellas, los músculos dóciles de Bokuto debajo de su cuerpo siempre habían tenido esa reacción en Akaashi.
Desde que lo había encontrado nuevamente, volver a tener ese tipo de intimidad con Bokuto era lo último que se cruzaba por su mente. Sabía que el chico tenía muchas cosas más importantes en su mente para pensar en besos y caricias; pero ahora, podía saborear la sed en sus besos, el apuro de tocarlo y el fuego ardiendo en sus entrañas.
Akaashi sentía la necesidad de entregarse a sus deseos carnales una vez más y tener a Bokuto con él tan cerca; hasta que sus almas se combinaran, creando un matiz perfecto, y único. Que sus esquinas rotas, arrancadas e irregulares encajaran perfectamente con las del otro.
Arqueó su espalda cuando los dedos de Revólver escalaron por su pecho, y acariciaron su costado; despertando escalofríos en su piel. Keiji terminó sacándose la camisa, la noche era fría, pero la temperatura y el cuerpo de Bokuto lo mantenían caliente.
—Ah… Akaashi…—gimió Bokuto con voz erótica y sofocante cuando Keiji sacó su camisa.
El cobertizo estaba hundido en penumbras y apenas podía ver la nívea piel de Koutarou, pero sus dedos podían delinear las hendiduras de heridas y cicatrices lejanas. Su corazón se agrietó, habían convertido el cuerpo de Kou en un mapa de su abuso y violencia.
Bokuto miró cómo su mano exploraba, buscó sus ojos y Akaashi quiso asegurarle que seguía siendo igual de perfecto que antes. Se acercó a sus labios, y lamió la cicatriz que los atravesaba, Revólver era perfecto para él, con sus partes faltantes y magulladas; Keiji se encargaría de demostrarlo, se deshizo de su ropa y la de él; dejando que su cuerpo hablara por los dos.
Si con violencia lo habían roto, Keiji lo repararía con amor.
Revólver recobró ese carácter tan salvaje que lo había enamorado; impulsado por el placer bruto, enrizaba sus labios en un gruñido, y apretaba su cadera lo suficientemente fuerte como para dejar marcas. Akaashi solo revoloteaba sus pestañas e intentaba mantener el ritmo que el otro llevaba.
El amor era más fuerte, Keiji era prueba viviente de eso; porque Bokuto tuvo la oportunidad de dispararle en la cabeza en el Nido y algo en él lo detuvo. El minúsculo fuego de una candela se encendió y fue Histeria el encargado de nutrirlo y cuidarlo hasta que se convirtiera en una llamarada.
Siguieron hasta que las palabras y nombres se transformaron en suspiros y gemidos. Ambos buscando la liberación tomados de la mano del otro, sus cuerpos bailando el vaivén, cayendo en ritmos familiares y adictivos. Hasta que Akaashi dejó de sentir frío y su espalda se arqueaba de placer.
Keiji llegó a su clímax exclamando el nombre de su amado y Bokuto lo hizo segundos después con un grito silente mientras le robaba un beso.
Akaashi, completamente agotado se dejó estar encima del cuerpo de su amante por unos minutos; Kou no parecía molesto ni incómodo, aun cuando ambos estaban hechos un desastre. Keiji no quería moverse, el desastre era bienvenido cuando se trataba de él.
Pasaron unos minutos, no tenía idea cuantos; ni siquiera sabía si era el final de la noche o el principio del día. Sin embargo sabía que Bokuto no se había dormido, su respiración aun buscaba ralentizarse; un metrónomo que hacía asentar su corazón.
—¡Eso fue celestial! —gritó Bokuto, ensordeciendo su oído derecho.
Histeria se rio entre dientes, no había nada más «Bokuto» que exclamar lo genial que había sido un encuentro sexual, como si fuera un adolescente que acababa de perder la virginidad; aunque ellos dos lo habían hecho tantas veces que no valía la pena contar.
—Lo fue —aceptó Akaashi, aun sintiendo su cuerpo pegajoso por la combinación de fluidos corporales que los cubrían. Se recostó sobre el duro pecho de Bokuto, sintió sus dedos comenzar a acariciar su torso, Keiji se estremeció porque él siempre había padecido de cosquillas.
—Cada… —comenzó Revólver— cada día que pasa, siento que vuelvo a ser yo, ¿sabes? Como si con cada segundo que pasa, recobro más control que antes.
—Eso me alegra —murmuró quedamente, aunque no lo demostrara, no había cosa que lo hiciera más feliz que recuperar poco a poco a su Revólver.
—Pero, a veces… solo a veces… aunque sea por unos segundos, si dejo de prestar atención… dejo de estar en control y me vuelvo esa máquina asesina. Y no lo quiero, Akaashi, la verdad es que… tengo miedo.
Keiji enrolló sus muslos alrededor de la pierna de Bokuto.
—Yo siempre estaré aquí —reconfortó—, Kou, yo siempre estaré ahí para tomar tu mano y regresarte a mí. Lo he hecho todo este tiempo, ¿no? Sólo lo seguiré haciendo.
—Te amo, Akaashi.
Keiji solo mordió su labio, no importaba cuantos años pasaran juntos, esas palabras siempre terminaban comiendo todos sus pensamientos; dejaban su cerebro frito y le era difícil responder, no porque no lo sintiera, pero porque Bokuto siempre mencionaba cada palabra con tanta sinceridad, que jamás dejaba espacio a ninguna duda cuando las decía.
—Te amo y te seguiré amando siempre —siguió—, aunque BL/ind me arranque la pierna y el brazo que me quedan, aunque me quiten los ojos y me cosan la boca, y aunque ellos arranquen mi palpitante corazón y la Bruja Fénix me diga que mi tiempo en la tierra se ha terminado, siempre te amaré.
—No es necesario, ¿lo sabes? —Contestó Akaashi—. Que muramos.
—¿Qué?
—Si nos marchamos, podemos dejarlo todo atrás; con el auto de Kuroo podemos alejarnos lo más humanamente posible de la Zona 0.
Akaashi hablaba en serio, lo había pensado desde hace algunas semanas, se sentía como un traidor y al final lo había dicho. Solo esperaba que Koutarou no pensara eso de él, nada dolería tanto como Bokuto perdiendo la fe en él.
Revólver no dijo nada, solo lo miraba con sus grandes ojos como oro fundido.
—Lo he… lo he estado pensando un poco y tú nunca te pondrás mejor si sigues rodeado de la guerra, y la resistencia, y de BL/ind; tarde o temprano nos volveremos a enfrentar a Oikawa, y no puedo perderte otra vez, no lo sobreviviría.
—'Kaashi.
—Lo que nos pasó —explicó—, lo que te hicieron… ya tuvimos suficiente, ya peleamos contra BL/ind y perdimos. La guerra no está perdida, pero los killjoys cuentan con chicos como Hinata, Tsukishima y Kageyama. Tal vez es momento de dejarles a ellos la guerra; nosotros… ya sufrimos suficiente para una vida —Akaashi estaba derramando todas las palabras que había tenido que ocultar, pero podía decírselo a Bokuto, el jamás pensaría menos de él—. Te haría bien alejarte de todo eso, vivir en una comunidad lejana, guardar nuestras armas y dejar de asesinar. Nos merecemos eso… nadie te culparía.
—¿Qué pasó con nuestra causa? —fue lo único que preguntó; subiendo sus dedos para acariciar la clavícula de Keiji.
—A ti te hicieron algo peor que matarte, a mí también; no hay nada más que nosotros podamos hacer. Imagínalo, Kou, podríamos vivir para siempre… juntos.
—Eso suena muy atractivo —se rio Bokuto, el sonido se sentía como terciopelo en toda su piel—, pero no, aun no podemos hacerlo.
Akaashi ya lo sabía, y aun así las lágrimas se comenzaron a formar en sus ojos, no quería levantar su rostro del pecho de Kou y ver los ojos llenos de decepción; solo por unos segundos, no quería regresar a la realidad.
—¿Sabes por qué no, 'Kaashi?
En lugar de darle voz a su respuesta, movió su rostro, mojando el torso de Bokuto con sus lágrimas; los dígitos de Koutarou se quedaron en su clavícula, exactamente en el parche de piel cicatrizada en dónde el S.C.A.R.E.C.R.O.W. le había disparado cuando estuvieron a punto de salir de Ciudad Batería. Cuando sus caminos fueron cortados por la filosa y cruel espada del destino.
Y tuvieron que cruzar contra la ira de los dioses para unirlos nuevamente.
—¿Por qué no? —preguntó, besando su piel.
—Por esto —señaló mientras acariciaba la cicatriz—, no puedo rendirme después de lo que te hicieron ese día; aún recuerdo como ése ciborg te maltrató y te disparó. Olvídate de lo que me pasó, Akaashi, debo hacer pagar a esos cerdos por lo que te hicieron.
—No estás siendo razonable.
—No, y no lo quiero ser, nadie tiene el derecho de tratarte así y no se saldrán con la suya mientras mis pulmones conserven aire y mis venas sangre.
—Kou —rogó Akaashi—… no soportaría perderte otra vez, no lo… no lo sobreviviría. Admiro a Tsukishima y a Sugawara, ellos aún tienen energía para luchar, pero yo no; soy débil.
Los dedos que delineaban su cicatriz se deslizaron a sus ojos, limpiando las lágrimas con tanta delicadeza, tocando su piel como si fueran pétalos. Bokuto siempre lo había tratado de esa manera, como si Akaashi fuera a romperse; Revólver sabía mejor que nadie que él no era débil, pero aun así siempre insistía en tratarlo como una reliquia invaluable.
—No lo harás —aseguró, pero Keiji no podía creerle.
Bokuto era tan frágil ahora, no solo su mente; BL/ind le había arrebatado sus extremidades y lo había roto en cientos de pedazos.
—No puedo… no puedo… —repetía.
Los callosos dedos de Bokuto se posaron en su mentón y levantó su rostro; Keiji miró sus preciosos ojos, llenos de vida, de estrellas y de determinación. «Por la Bruja Fénix», pensó, «Iría hasta el infierno, solo por recuperarlos».
—No lo harás solo —murmuró Revólver—, porque ha llegado mi turno de pelear también. Yo me encargaré de vengarnos, ya no es tu carga, porque estaré a tu lado, soportándola toda. Puedo hacerlo; estoy listo, cuando regresemos a La Colmena haremos que me regresen mi brazo y pierna y BL/ind sabrá de lo que un killjoy transformado en S.C.A.R.E.C.R.O.W., puede hacer.
Kageyama pudo sentir el cambio de estática en la atmósfera al entrar a la Zona 43; antes que Lev encendiera cualquier aparato para medirla, él logró sentirla en su piel, metiéndose bajo la capa dérmica artificial, y elevando la energía en su núcleo. Afortunadamente, el episodio que pasó en la metrópolis de Ciudad Batería en la Zona 25 no se repitió, tampoco situaciones similares.
Incluso Kenma parecía más amistoso con Lev, al menos los golpes habían disminuido; y Lev intentaba no enojar al pequeño Sombra. Sin embargo, Hinata parecía haber cambiado desde que visitaron la metrópolis y conocieron a Semi, no era nada preocupante, pero a veces notaba sus ojos en él.
Aun así, siempre dormían al lado del otro; Kageyama había desarrollado la extraña manía de «dormir» con sus brazos alrededor de Hinata. No era como si perdiera el conocimiento, él no podía hacerlo, pero encontraba la manera de poner su mente en blanco por unas cuantas horas, y solo concentrarse en la respiración letárgica de Shouyou, y en el olor de su piel, y en la suavidad de su cabello.
Hinata, descubrió Kageyama, se dormía más rápido en sus brazos y hacía pequeños sonidos divertidos cuando el androide le daba pequeños besos mientras estaba inconsciente. Una noche Lev lo descubrió mientras realizaba esos pequeños «experimentos» y lo miró con una sonrisa graciosa, y extraña que no terminó de identificar y entre risillas murmuró:
«Estás tan enamorado…»
Tobio no sabía si había un significado oculto tras esas palabras, ¿se estaba burlando? ¿Estaba feliz por él? ¿Había algo que Kageyama estaba pasando por alto? Pero Lev no explicó más y se durmió.
Los humanos eran extraños.
Pero eso ya lo sabía.
Desde el incidente con la pistola de energía dirigida, no volvieron a probar el prototipo; Hinata lo prohibió rotundamente, pero además de eso, su batería nunca volvió a ser la misma, aun con la enorme descarga de energía. No estaba emocionado por hacérselo saber a Shouyou o a Lev o a Kenma; si se lo decía a Sombra, no tardaría en contárselo a Inferno; y si se lo confiaba a Lev —por más confidente que él quería creerse— seguramente el secreto se escaparía de su boca por equivocación, y entonces Hinata se enfurecería con él.
Pero la verdad era que su batería nunca se cargaba por completo, como si necesitara de más energía cada vez.
Para evitar cualquier percance, Kageyama se había rehusado a conducir, fue difícil idear excusas, pero lo logró. Así que ahora Hinata conducía y Lev viajaba en el asiento del pasajero, dejando a Kenma y a él atrás.
Haiba, tan peculiar como era, había sacado la mitad de su cuerpo por la ventana; porque según él, «entre más cerca se encontraba de la fuente, más fehaciente sería la medición». Entonces, ahora parecía un demente con un artefacto como radio en su mano intentando alcanzar el cielo.
—¡Más a la derecha! —gritó desde afuera del vehículo; Hinata lo obedeció.
Si alguna vez Kageyama había sentido lo que era la vergüenza era exactamente en ese momento.
Afortunadamente no había señal de vida en cientos de metros a la redonda. El androide podía sentir la estática aumentando, pero le era imposible poder señalar de dónde venía la fuente. Su mecánico corazón bombeaba con fuerza, y su piel se levantaba con escalofríos y cosquilleos al sentir esa presencia.
Era extraño, como si un peso estaba descendiendo cada vez más sobre su coronilla, amenazándolo con aplastarlo; pero al mismo tiempo, parecía que siempre debía haber estado ahí. Imágenes, como si fueran de vidas pasadas, comenzaban a pasar detrás de sus ojos. Guerras en las que había luchado que jamás recordaría; edificios, monumentos y potestades cayendo a sus pies.
Y él… él era enorme.
Pero arriba, colgando como si fuera su espada de Damocles, estaba Oikawa. Vigilando cada paso y movimiento; listo para destruirlo si desobedecía sus órdenes.
Hasta que lo hizo, y él se encargó de destrozarlo en pedazos.
—Estamos cerca —estableció.
Hinata solo lo miró por el espejo retrovisor y Lev le dijo que se desviara de la carretera a la derecha. Mientras, a su lado, Kenma haló la manga de su chaqueta y lo miró con seriedad; moviendo sus manos con preocupación.
«¿Cómo estás? Te fuiste un rato.»
Se había perdido en sus recuerdos y aparentemente había atraído la atención de Sombra. Kageyama le aseguró que no había nada porqué preocuparse, solamente era la estática llegándole al cerebro; pero antes que pudiera terminar sus palabras, sus oídos comenzaron a zumbar, todo se volvió más intenso, el olor seco de la tierra, los sonidos del viejo automóvil, y la voz alegre de Lev pasó a ser solamente un murmullo de palabras pegadas entre sí.
—¿Kage… yama? —susurró la voz de Hinata, como si estuviera diciéndole todo al oído, pero al mismo tiempo, a veinte metros de distancia.
Sus brazos y piernas dejaron de ser suyos, y al siguiente segundo, se encontraba caminando sobre la arena del desierto. Atrás de él, podía escuchar el suave pisar de seis piernas y una amalgama de voces preocupadas preguntándole si todo estaba bien. Sus venas ardían, llevando fuego a todo su cuerpo; podía ver una luz blanca frente a él; una fuente de luces ascendiendo a las nubes oxidadas.
Lo había hecho.
Finalmente había encontrado sus piezas faltantes.
Eran miles, escombros, tornillos, cables desperdigados en más de trescientos metros a la redonda. Algo con fuerza descomunal lo había hecho trizas, y luego vino a botarlo aquí; podía sentir todas sus partes, podía escucharlas clamar por él. Los alaridos de su cuerpo despedazado que había pasado años perdido; su fuerza reducida a nada.
Extendió su mano frente a él y estiró sus dedos.
No pudo diferenciar si los tremores que sentía provenían de su mismo cuerpo o de toda la tierra; la realidad y sus recuerdos se mezclaban dejándolo perdido. La misma energía que lo había agobiado en el Nido lo envolvía, pero esta vez era más intensa. Sus sistemas gritaban y las alarmas sonaban en su cabeza, su visión se tornó roja mientras la palabra «¡Advertencia! ¡Advertencia! ¡Advertencia!» se repetía.
Y de la tierra pudo ver cómo un brazo salía; una creatura inmensa surgía de las dunas, partiendo el desierto por la mitad. Al otro lado, como si los polos se voltearan, fragmentos metálicos comenzaron a saltar del desierto; le pareció escuchar los gritos de alguien, pero todo era tan lejano, y la electricidad no lo dejaba pensar.
El pasado saltó a sus ojos nuevamente, esta vez estaba en la ciudad; miraba a todos lados, buscando algo o a alguien.
Descubrió de quién se trataba cuando Oikawa saltó a su campo de visión; lucía despeinado, su ropa estaba rota y sucia. El dictador se limpió la boca con su manga e intentó regresar algunos cabellos detrás de su oreja, pero sin éxito; respiraba con dificultad y se veía furioso.
Kageyama cayó en cuenta que era contra él que luchaba.
Una larga espiga de metal le atravesó el estómago y Kageyama cayó al piso, perdiendo el conocimiento.
Todo se volvió negro.
—…No despi….ta —escuchó.
—…bueno, no… Hinata —cada vez las palabras se escuchaban más claras—, ya… probamos con plus pero parece que perdió todo el efecto.
Era Lev.
—Ah… —se quejó.
—¡Kageyama! —gritó Hinata y se acercó, poniéndose de cuclillas—. ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien?
—¿Qué… pasó?
Los recuerdos se habían sentido tan vívidos, incluso el dolor había sido insoportable; ¿ése había sido él? ¿Su pelea contra Oikawa como Destroya? ¿Oikawa aun así había podido derrotarlo?
—¡Hombre! —llegó Lev agitando sus brazos—. ¡Fue tan genial! Tú estabas ahí, ni siquiera habíamos parado el carro y tú te bajaste como si nada; ¡te veías como un demente! Tus ojos brillaban y tu piel también, caminaste y te paraste en medio de todo el desierto y solo le hiciste así —Haiba frunció sus blancas cejas y estiró sus dos brazos a la nada—. ¡Entonces la tierra comenzó a temblar como si fuera el fin del mundo! Todos los radios murieron y el auto también, ¡nunca, en toda mi vida, había visto las mediciones de estática así! ¡Peor que el epicentro de una bomba nuclear, te lo digo!
Kageyama no sabía qué hacer; Haiba parecía extático, mientras que Hinata solo lo miraba a él, asegurándose que estuviera bien.
—¡Y luego un brazo! —gritó Lev—. ¡Un brazo salió de la tierra! ¡Es lo más loco que he visto en mi vida!
Detrás de él, Kenma inspeccionaba un trozo de metal.
—Y luego se puso peligroso —continuó Rugido—. Pequeños pedazos de metal comenzaron a emerger de la tierra, y lo hacían con tanta velocidad que podrían habernos atravesado; afortunadamente Kenma estaba lejos y Hinata también. ¡Pero casi me matas a mí, Kageyama! ¡No. Es. Genial!
No fue hasta ese momento que notó su alrededor, todo el panorama vacío ahora estaba repleto de restos de metal; amontonados en pirámides por todas partes, creando paredes. Reconoció el brazo gigante que había sacado.
—¡Pero ven conmigo! —Haiba lo tomó del brazo, y lo forzó a ponerse de pie.
Kageyama aun sentía su cabeza dar vueltas por todo lo que había pasado, sin embargo siguió a Lev. Detrás de ellos, Hinata los seguía sin decir nada, solo miraba sus pasos para no tropezarse.
—¡Debo mostrarte los más genial de todo! —corría Lev, forzándolo a que mantuviera su paso; recorriendo las montañas de metal, girando esquinas y esquivando unos cuantos obstáculos de sus partes desarmadas—. Además de ese brazo, de la tierra salió otra pieza intacta. ¡Mira!
Kageyama quedó boquiabierto cuando vio la inmensurable cabeza de centinela con yelmo.
Era Destroya.
Lo habían encontrado.
—Kage… Kageyama —dijo Hinata finalmente.
Cuando Tobio miró sus enormes ojos como almendros, él no lo estaba viendo, demasiado enfocado en sus pies. Era la primera vez que se comportaba tan tímido con él. Ahí supo que algo andaba mal.
—Um… ¿Lev? —murmuró Shouyou—. Antes que sigas hablándole de todas esas cosas técnicas que yo no entiendo. Quisiera… quisiera hablar con Kageyama.
—¡Oh, claro, claro! —asintió enérgicamente—. «Cosas de pareja» —señaló, agregándole comillas con sus falanges—. Entiendo —se cruzó de brazos y se quedó parado frente a ellos.
Hinata y Kageyama se miraron con incomodidad, hasta que el androide habló.
—En privado.
—¡Ya veo! —Lev se encogió de hombros y se dirigió seguramente a buscar a Kenma.
Tobio no podía seguir soportando el puchero que Shouyou hacía, se veía adorable, sí; pero sabía que ése no era Inferno. Sabía también de qué se trataba todo eso. Volvió a preocupar a Hinata, y puso en peligro la vida de Kenma y Lev; seguramente estaba preocupado por Kageyama también.
Pero para eso estaba el pelinegro, para quitarle las preocupaciones a su humano. Las personas de carne y hueso eran curiosas de ver, pero una vez que lograba conocerlas, se volvían un poco previsibles.
—Kageyama… —comenzó.
—Antes que digas algo, sí, lo volví a hacer, volví a ponernos a todos en peligro y volví a preocuparte pero mira —señaló a su alrededor—, finalmenteencontramos a Destroya. Tú, y yo… y Kenma —aceptó—, y un poco Lev —agregó—. Aunque Lev nos causó más problemas que otra cosa y nos pudimos ahorrar esos ciento veinte carbonos que gastó en una lámpara de lava… Mi punto es, que ahora podemos regresar a La Colmena, y finalmente hacerle frente a Oikawa.
Sol Inferno se rio con desgano y Kageyama sintió una punzada en su pecho, no le podía dar nombre al dolor. Tampoco tenía un buen sentimiento de todo.
—Eso está bien, Kageyama, pero debo… desde hace algún tiempo… he pensado y no sé cómo decirlo… es solo que…
—Solo escúpelo —contestó con impaciencia, no era bueno con la inquietud.
Hinata aún tenía el descaro de verse completamente arrepentido, aun si sus palabras lastimaran más que cualquier golpiza de Oikawa; Kageyama apenas escuchó su voz.
—Deberíamos… deberíamos terminarlo todo entre nosotros.
—¿Eh?
¿Qué les pareció? ¿Qué creen que les depare a nuestros cuervos bebés?
Sus palabras son más que bienvenidas en cortitos reviews o comentarios.
El nombre del capítulo de hoy pertenece a una canción de Evanescence, es preciosa y me inspiré mucho en ella para este capítulo, en especial con lo que Akaashi estaba pasando.
