¡Feliz viernes!
Capítulo recién salido del horno, espero que lo disfruten!
Gracias a mi superhumana beta Ren por betear la historia contra vientos y mareas! ¡Gambatte, Ren!
El título del capítulo es una canción de la banda IAMX, es preciosa! Escúchenla y dejaré que ustedes saquen sus conclusiones ;)
»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: KoutarouBokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka.
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita.
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata.
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai.
Choque Binario: Tobio Kageyama.
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi.
Rugido Helado: Lev Haiba.
Profesor T: Itettsu Takeda. «
Missile
¡Paren los motores, las guitarras y retiren su dedo del gatillo!
¡Gracias por sintonizar la 109.0, la estación de radio con las únicas noticias que no se esconden detrás de un muro de drogas!
Esta vez solo les diré que mi polvoso corazón se alegra al saber que los milagros siguen existiendo. Es un secreto aun pero un gatito negro me informó que estamos por escuchar campanas de boda muy pronto cuervos.
Espero que me inviten para ser su oficiante de boda.
¿Escuchaste eso, Revólver?
¡Felicidades, par de tórtolos! Un brindis por ustedes y por saber que el amor es lo último que morirá.
Kkkkkkkk….
—¿Te casarías conmigo?
La pregunta que solo constaba de tres palabras, pero significaban mucho más, Keiji estaba sin palabras y su mente solo era un ruidoso zumbido; como si hubiera injerido alguna droga su lengua se sentía como algodón y mariposas revoloteaban en todo su tórax.
Bokuto sonrió con pánico al ver que no recibía respuesta.
—Sé que no es oro —comenzó a justificarse por el metálico anillo—, ¡pero tiene platino!
—¿Uh?
—Lo hablé con Asahi antes de pedírtelo, necesitaba que fuera especial y Amanecer me dijo que el oro es más escaso que el chocolate; ¡pero el platino es un metal precioso también!, ¡está justo al lado del oro, Akaashi! —comenzó a gritar—. Le pedí de rodillas si podía hacerme un anillo de ese platino que tenía y lo hizo. Ése chico es un santo, lo juro.
—Kou…
—¡Prometo darte uno de oro, Keiji! Cuando marchemos a Ciudad Batería y ganemos, conseguiré todo el oro que tengan y Asahi me hará un anillo puro. Lo prometo por la Bruja, así que, conejito, ¿qué dices?
—¿Qué? No.
—¿No? —preguntó Bokuto, en su rostro se podía ver como su corazón se estaba quebrando.
En lugar de responder Akaashi haló el cuello de su camisa hasta ponerlo de pie con todas sus fuerzas; Histeria besó sus labios y se conmovió cuando el inseguro Ala Revólver respondió con timidez.
—Quiero decir que no quiero un anillo de oro, es perfecto como está; porque… ¿desde cuándo hemos seguido la norma? —preguntó mirando las extremidades metálicas de Bokuto.
—¿Eso es un sí? —dijo con una sonrisa torcida.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Un millón de veces sí!
—¡Ése es mi chico! —se rio estrepitosamente cuando Keiji saltó a sus brazos y Bokuto lo atrapó con facilidad.
Histeria lo llenó de pequeños besos en todo su rostro, hasta que Bokuto atrapó sus labios con los suyos. Keiji se sentía mareado y ebrio; parecía que su pecho explotaría en cualquier momento, y su felicidad se esparciría por todo el desierto.
—Pero no quiero cambiar mi apellido —dijo de un segundo a otro.
—¿Eh? —gimió Bokuto—. ¿Por qué?
—Porque quiero seguir escuchándote decirlo para toda la vida, y que siempre alargues esa segunda «A» cada vez que me lloriqueas de algo.
—¡Oye! —exclamó ofendido—. Yo no «lloriqueo» —haría las comillas si no fuera porque tenía ambas manos sosteniendo su trasero en el aire.
Keiji lo miró con escepticismo.
—¡Akaashi! —se quejó, alargando la «A» y probando el punto de Keiji.
—No sabes cuánto te amo —dejó escapar Histeria antes de pensarlo.
Pero Bokuto solo sonrió y dijo.
—Lo sé, créeme que lo sé.
Rodeó su cabeza y lo abrazó; ya no lloraba y el sentimiento pesado en su pecho se había convertido en un ligero zumbido de abejas que llegaban hasta su cabeza. Después de tantos años juntos, Bokuto jamás lo hizo sentir aburrido y jamás lo podría hacer.
—¡Ah! Debemos decirle a Kuroo, él quería ser el primero en enterarse.
—Kou, es pasada la media noche dudo que…
Pero él no lo dejó terminar comenzó a correr con Akaashi en sus brazos por todo el maldito pasillo de La Colmena.
—No te preocupes, él me estaba vigilando así que debe estar cruzando el pasillo y ¡Kuroo! —gritó.
Sin embargo, no había nadie.
—Oh… —murmuró con decepción.
—Dudo que alguien quisiera quedarse de mirón —sopesó Akaashi—, quizás pensó que era mejor dejarnos solos por un rato.
—Aww… diablos… ¡Quería que él fuera el primero en saberlo!
—Está bien, Koutarou, se lo podemos decir mañana juntos.
Después de todo, Kuroo también era su amigo, y él había estado ahí para Akaashi y para todos cuando perdió a Bokuto.
—¡O podemos avisarlo a todos!
—¿Qué di…?
Bokuto lo arrojó al aire y lo atrapó como si él no pesara más que un infante, cargándolo como si fuera una princesa; pasando rápidamente de una felicidad inmensurable a una vergüenza copiosa. Pensándolo mejor, Keiji se preocupó por las incontables veces que eso había pasado.
—¡Oigan todos! —vociferó corriendo en los pasillos— ¡Dijo que sí! ¡Akaashi dijo que sí! ¡Ding-dong nos vamos a casar!
Histeria sólo podía reírse a carcajadas, intentando parar y encapsular fútilmente su felicidad con su mano sobre sus labios. Todas las personas debían estar agotadas y dormidas, por la maldita Bruja, debían ser las primeras horas del día; debía parar a Bokuto si tan solo pudiera dejar de reír.
—¡Oooooigan! —gritó— ¡Es oficial! ¡Repito! ¡Es oficial, Keiji Akaashi está fuera del mercado!
—¡Idiota! —se rio—. Estuve «fuera del mercado» desde hace muchos años.
Sin embargo, el idiota de Revólver estaba demasiado extasiado para escucharlo.
—¡Muy pronto, Keiji Akaashi será oficialmente un hombre casado!
Akaashi bufó antes de estallar en más carcajadas, pero alguien debía ser el adulto en su relación así que tomó las mejillas de Koutarou y besó sus labios. Había descubierto en esos siete años que la mejor manera de tomar a Bokuto por sorpresa y callarlo era con un repentino beso. Perdía toda esa máscara bulliciosa de «chico genial», convirtiéndolo en un tímido pichón.
—Shh —calló—, Bokuto, dudo que alguien aquí esté despierto y quienes lo están te querrán matar porque no te callas —se rio.
—¡Solo quiero que sepan que tú estarás casado conmigo! —gritó.
—¡Cállate! —respondió alguien detrás de una pared.
Akaashi se hundió en risillas cuando Bokuto lo miró con facciones sorprendidas y dolidas al ser callado de esa manera.
—Vamos a nuestro cuarto, Kou —ofreció mientras bajaba un dedo por el pecho de Revólver de una manera sensual, hasta alcanzar sus pectorales y luego un poco más abajo.
Por alguna curiosa razón Bokuto no era tan denso cuando se trataban de esas cosas; sus ojos se abrieron como platos por el doble sentido de su promesa y afortunadamente se calló. Sin embargo, fue el turno de Keiji de sorprenderse cuando Koutarou lo lanzó otra vez, para colocarlo sobre su hombro, como si fuera un hombre de las cavernas.
En cuestión de minutos ya se encontraban en su cuarto; Revólver lo arrojó con cuidado sobre el colchón y en segundos ya estaba como depredador encima de él. Se sobresaltó al sentir el gélido toque de sus dedos metálicos en su piel; pero no hizo más que acercarse a la mano de Bokuto.
Akaashi por un momento, pensó que podía hacerlo todo.
Y que el cielo ni siquiera era el límite.
Después de ver como la feliz pareja se comprometía, Kuroo optó por largarse de ahí. No era que no estuviera feliz por ellos, todo lo contrario, en realidad; no había nadie más feliz por Bokuto y Akaashi que él. Nadie más había vivido la muerte y el regreso de Revólver como Histeria y él; nadie la había sentido como ellos dos.
Así que sí, Kuroo sabía de la promesa que su hermano había hecho de hace años; la única razón por la que Tetsurou aun creía en el amor verdadero era porque tenía de claro ejemplo a Bokuto y a Akaashi. Así que él no tenía el corazón duro para decirle que no a Koutarou.
Porque muy dentro de él lo sabía.
No había mejor tiempo que el presente; si el plan de Ácido tenía éxito y de alguna manera lograban encontrar esa enorme arma y si de alguna manera Iwaizumi estaba diciendo la verdad y ellos tenían una lumbrera de esperanza para marchar a Ciudad Batería e intentar vencer a Oikawa… no había ninguna garantía que todos regresarían con vida.
Cada uno de los killjoys que se encaminara a las fauces de Bl/ind debía estar dispuesto a morir.
Si había tiempo de ser feliz, ese era ahora.
Con esas palabras en mente se alejó de la pareja de rebeldes hundidos en su burbuja de felicidad y se encaminó al cuarto de alguien más. Alguien con quién tenía asuntos inconclusos o, mejor dicho, alguien con quién él había actuado como un verdadero idiota.
Tocó la puerta tres veces.
—¿Akaashi, olvidaste algo? —abrió la puerta un Tsukishima medio dormido, sin anteojos y frotándose un ojo con el dorso de su mano.
—Uh… hola… —murmuró.
—¿Kuroo? —preguntó, tensándose de inmediato, Tetsurou se sentía culpable al ver cómo el sueño se drenaba de su rostro; debía haberlo pensado mejor, como hacer esto en la mañana.
—El único, Tsukki —sonrió con timidez y luego agregó—. Espera, tengo una pregunta: ¿cómo pudiste saber que era yo si no tienes anteojos?
—¿Bromeas? Con ese peinado, puedo necesitar lentes, pero no estoy ciego, Kuroo —se rio; Tetsurou fingió estar herido—. ¿Qué te trae por aquí? —preguntó, ajustando su desgastada camisa que tenía un logo gris de «The Ramones».
—Yo… —regreso al tema— apuesto que no lo has notado, pero he estado un poco distante estos últimos días.
—¿En serio? —preguntó con escepticismo fingido—. No, tienes razón, no lo había notado; ¿Lo has estado?
—Heh, de acuerdo, es claro que no te he hecho falta —Realmente, Kuroo no quería escucharse ni la mitad de quejumbroso de lo que había sonado; pero una parte de él no pudo evitar preguntarse si Tsukki no estaba bromeando y en realidad no había notado su distanciamiento y la otra parte seguía preguntándose porque le afectaba tanto.
Pero Tsukishima le sonrió asegurándole que se trataba de una broma y Kuroo no tenía palabras para el sentimiento que esa pequeña sonrisa pícara causó en su pecho e hizo que se lamiera los labios con nerviosismo.
—Es una broma, Kuroo —explicó demasiado tarde.
—¡Lo sabía! —Exclamó arrepintiéndose al siguiente segundo por elevar tanto la voz—. Casi me engañas.
—¿Entonces, has regresado a golpearme esta vez? —preguntó, medio bromeando, pero medio no.
—¿Golpearte? Tsukki, jamás podría levantar una mano para intentar lastimarte —Kuroo retrocedió, ¿Ácido realmente pensaba eso?
—Sigue siendo una broma, Kuroo, sé que no lo harías. Ahora, ve a dormir.
—No, no —detuvo la puerta como un idiota antes que Tsukishima la cerrara; el rubio lo miró con sus ojos como almendras, grandes y llenos. Sin anteojos, Tsukki se veía más joven aun; y por alguna razón esto hizo que su garganta se secara de un instante al otro—… uh… porque… necesito hablar contigo.
—De acuerdo, ¿quieres entrar? Aunque si yo fuera tú no lo haría —aceptó—, mis «compañeros de cuarto» son tan ruidosos como una banda de gatos.
—Oye, oye, no insultes a los felinos —reclamó Kuroo de manera juguetona—; pero no te preocupes, Tsukki, estoy bien aquí. No me quedaré mucho tiempo.
—Bien, ¿pasa algo?
—Sí, la verdad sí —dijo—; Tsukki, me vas a matar aquí, ¿cómo puedes actuar como si nada pasó? Como si no actué como el idiota más grande de todo el desierto y te herí con mis estúpidas palabras.
—Kuroo… —murmuró Tsukki, tomado de sorpresa; como si no creía que Tetsurou fuera alguna vez a disculparse—, está bien.
—No, Tsukki, no lo está —regresó—. Fui un imbécil y quiero pedirte disculpas por eso. Tenías toda la razón, no culpo a Kenma por sentirse sofocado y sé que soy sobreprotector, ¡pero vamos, si tú estuvieras allá afuera me sentiría igual!
—Kuroo… —volvió a decir; pero Tetsurou no lo aceptaba.
—Espera, déjame terminar. Tenías razón, lo sé ahora y espero que puedas perdonarme; no tienes la obligación de hacerlo, pero mi vida sería más brillante contigo ahí.
—Gato tonto —se rio, haciendo alusión a su sobrenombre—; claro que te perdono, pero solo si tú me perdonas por haberte guardado secretos.
—Lo hice hace mucho —sonrió.
—Pero… —siguió Kei— aún no lo comprendo, ¿por qué te importa tanto?
—¿No lo recuerdas? Yo te prometí que siempre podrías tenerme —sonrió, recordando esa noche y al ebrio Tsukishima que había trastabillado hasta el taller del Nido. Había sido su última buena noche en su antiguo hogar; apostaba que para Kei también.
—Oh, eso —hizo memoria el rubio, luego sus labios se enrizaron en una pequeña sonrisa; haciendo sentir a Kuroo ligero de cabeza—; claro que no lo he olvidado.
—Hablo en serio; ¡Tsukki, tú más que nadie en el mundo tiene derecho a ser feliz! No tienes idea, porque eres el chico más inteligente, y bueno y compasivo, y lindo de todos y…
'Ups'
—¿Lindo? —se rio Kei—. Primero, ¿qué tiene que ver eso? Y segundo, ¿crees que soy lindo, Kuroo?
Su mente maldecía, pero, demonios, si no podía evitar la tonta sonrisa en sus labios; porque la palabra había sido sorpresa para él también, pero no por eso significaba que no lo pensara, porque si Kuroo era honesto consigo; lo había pensado algunas —muchas— veces.
—No, no, lo que quería decir es que… eres… eres… —intentó repasar en su cerebro todas las palabras que podía usar para salvarse, pero ninguna tenía la oportunidad de salir de su boca y no sonar «estúpida». Así que lo aceptó—… No tengo escapatoria, ¿verdad?
—No —se rio Tsukkishima y Kuroo terminó uniéndose entre risillas también.
—Demándame, Tsukki, pienso que eres lindo —sacó su lengua, tal vez si aceptaba todo el asunto no sería tan vergonzoso como lo imaginaba.
Pero aparentemente sería todo lo contrario, Tsukishima no había esperado su respuesta directa; Kuroo pudo contar los segundos en los que sus mejillas comenzaron a tomar un color carmín. El chico más joven se cubrió su rostro con su mano, quitando la adorable vista de Pantera del camino; pero él se sentía suficientemente avergonzado por una noche como para seguir este extraño camino que comenzaba a marchar su relación.
—Así que… ¡Buenas noches! —se despidió Kuroo como un idiota, inclinándose con tanto respeto como si se trataba de algún jefe y comenzó a marcharse.
Ni siquiera giró su rostro para ver la expresión de Tsukishima, porque sabía que no querría irse del lugar si lo hacía. Tampoco sabía qué acciones sería capaz de realizar, porque una idea había comenzado a bailar en su mente y era mejor ignorarla porque Kuroo sabía lo mucho que el chico de anteojos había perdido y no quería dañarlo más.
Kei Tsukishima era demasiado bueno como para las catástrofes que había vivido a su corta edad. Tetsurou sabía que un corazón roto no era lo que Ácido necesitaba y él se caracterizaba por no poder conservar las cosas buenas en su vida. Si permitía a Tsukishima acercarse de esa manera a él, estaba previsto que iban a fallar; pero no por los sentimientos de Kuroo.
Se encaminó a su cuarto mientras se rascaba su nuca, sintiéndose como un verdadero idiota porque había algo en él que sabía que Tsukishima pensaba de la misma manera y sus sentimientos no serían rechazados, pero Kuroo no podía físicamente aceptarlos. Kei era como una reliquia frágil en sus manos y Tetsurou era tan descuidado con su vida que sabía que terminaría quebrándolo.
No engañaba a nadie, él era el un verdadero idiota.
El viaje de regreso se acortó más de la mitad y en una semana Kageyama, Lev, Kenma y él ya estaban de regreso. ¿Quién iba a pensar que ir encima de un gigante robot los haría ir más rápido? Claro que las piernas de Destroya eran tan enormes que terminaban abarcando kilómetros en minutos.
Hinata estaba preparado para cualquier consecuencia que sus acciones conllevaran, hacía un mes que había estado fuera de cualquier contacto con la resistencia, apartando ese mensaje que Lev había mandado para que le informara a Ukai en código acerca de la gran noticia y la fortuna que esto les había costado. Así que él podía imaginarse todos los ceños fruncidos y las muecas de enojo con las que se encontrarían.
No fue sorpresa cuando el cuarteto entró por el taller de La Colmena, las abejas que hacían su guardia fueron rápidas y las noticias llegaron como fuego y pólvora hasta los oídos de Yui y ahora la mitad de toda la base estaba esperando su llegada y entre todas las abejas estaban los ya conocidos ceños fruncidos de los killjoys.
—Lev —llamó Kageyama tras el volante.
Habían llegado con Destroya hasta el Jardín de Electricidad que aun funcionaba a pesar de la destrucción del Nido —aparentemente Oikawa no sabía nada de él, o no lo consideraba lo suficiente importante por el momento—; Tobio había aconsejado que no llevaran al enorme androide de regreso a la Zona 1, porque primero, la abeja reina no tenía idea de la existencia del arma; y segundo, era mejor mantener la creación perfecta de Oikawa lejos de sus manos por el momento. Luego encontraron un automóvil abandonado.
Tener a Destroya tan cerca de su creador no pintaría buenas noticias, no importaba cuanto Kageyama alegaba que le había entregado su núcleo a él; Oikawa podía tener algún traste que desactivara todo su centro en segundos.
Iwaizumi aseguraba que el dictador no podía salir de Ciudad Batería, pero no había manera de confiar ciegamente en él.
Nadie lo podía hacer
Excepto Kageyama.
—Aja… —contestó Haiba escaneando la multitud que los rodeaba y la furtiva mirada de Yui Michimiya.
—No digas nada de Destroya, ¿de acuerdo? Debes mantener el secreto con las abejas.
—De a… —tragó con dificultad—… de acuerdo.
Abrieron las puertas del vehículo frente a las fauces de la bestia, los responsables de los dos grupos los miraban con desaprobación. Aunque Tsukishima estaba de su parte, era evidente que iba a negar su participación en esto con todas sus energías.
—Yo… —comenzó Hinata para apaciguar las aguas violentas que se avecinaban.
—Tú —señaló Yui a Lev, interrumpiendo a Shouyou.
Inferno sabía mejor que eso y guardo silencio; un gritito lastimoso salió de la garganta de Haiba.
—Ven conmigo tenemos muchas cosas qué discutir —dijo, encaminándose al siguiente segundo desde el lugar que había venido.
Todo el enjambre de ojos curiosos comenzó a abrirse para darle espacio a su reina, Michimiya estaba completamente segura que Lev iría detrás de ella; así que Rugido la siguió su piel tornándose incluso más pálida si eso era posible.
—Ustedes tres también —condenó Sugawara y Hinata supo que ellos tampoco se escaparían tan fácilmente.
Inferno sentía que se estaba dirigiendo al matadero, siguiendo a Sugawara en fila india, miró atrás para descubrir a Kenma y Kageyama muertos del miedo también. Hinata podía hablar por todos cuando pensaba que, en toda la misión, jamás había sentido tanto temor como en ese momento. Pensar en la expresión de cruda decepción de Ceniza o la gélida mirada de Histeria.
Se sintió como tres eternidades juntas hasta que llegaron a una habitación aislada de todos.
Ceniza Radiante cerró la puerta cuando ellos entraron de golpe.
—¡Lo sentimos! —gritó Hinata—. Solo íbamos a hacer una misión de reconocimiento en las ruinas del Nido, pero fue mi culpa, ¡los obligué a seguirme! Lo único que quería hacer era explorar más por nuestra cuenta. Kageyama y Kenma solo siguieron mi ejemplo.
Desde antes de llegar a la Colmena habían quedado en la excusa en las que todos se resguardarían. No importaba que llegara a sonar poco creíble, si no tenían agujeros en su historia y todos concordaban, no había manera que ellos supieran la verdad.
—¿De verdad? —preguntó Sugawara inalterable.
—Sí. ¡Sí! Quería saber más acerca de las comunidades aledañas.
—Ya basta —paró Ceniza—, deja de mentir Hinata. Tsukishima y Kuroo me dijeron todo. La verdadera razón por la que ustedes salieron hasta la Zona 43.
—¿Lo… lo hicieron?
Atrás de Koushi, la expresión de Pantera era severa, pero se enfocaba más en Kenma; a la par suya, Tsukishima veía hacia un lado.
—Sí, y también me dijo lo que lograron —agregó.
A eso Hinata sintió una luz de esperanza y sonrió.
—Ahora mi pregunta es —continuó—, ¿qué esperan hacer ahora? ¿Tomar a los killjoys que quedan y dirigirnos a Ciudad Batería? Porque unos cuantos cientos de rebeldes son lo necesario para vencer todo el ejército de miles de Oikawa.
Ceniza se cruzó de brazos, como si de verdad esperara una respuesta de ellos.
—Podemos hablar con la abeja reina —contestó Kageyama—. La Colmena está muy bien equipada con armas y municiones.
—¿Convencer a Yui? ¿Cambiar toda la ideología que La Colmena ha tenido por años y llevarlos a su muerte?
—Ya le había dicho todo eso —intentó Tsukishima, sonaba molesto pero derrotado.
—¡Pero tenemos a Destroya ahora! —ofreció Shouyou—. ¡E Iwaizumi nos ayudará también!
—No podemos estar completamente seguros de eso —esta vez fue Kuroo quien habló—, por todo lo que sabemos Iwaizumi quería que encontraras a Destroya y que marcháramos a Ciudad Batería, directo a una trampa para matarnos a todos y recuperar su arma.
Eso tenía mucho sentido.
Kageyama nunca había explicado la razón por la que el primer oficial quería matar al dictador; aun cuando él había estado junto a Oikawa desde antes que se apoderara del mundo. Shouyou ni siquiera estaba completamente seguro que Iwaizumi se lo había dicho.
—No, no —alegó Hinata—. Ustedes no lo entienden, Destroya me obedece a mí, Kageyama lo dijo y puedo probarlo; vengan conmigo al Jardín de Electricidad y traigamos a la abeja reina. ¡Cuando ella vea a Destroya moverse no le quedará ninguna duda!
Esa información era noticia incluso para Tsukishima quien abrió los ojos el doble por la sorpresa.
—¡Lo prometo, lo prometo! —comenzó a saltar—. ¿Verdad, Kageyama? ¡Ey! ¡Ey! ¡Te lo aseguro, Sugawara!
—Independientemente —cortó Ceniza—; necesitamos más personas que eso, ¿de dónde sacaremos tantas personas? Estamos hablando de una ciudad completa, con policías, draculoides y androides. El Nido y La Colmena no son lo suficiente. Eso que hicieron fue irresponsable —ahora se dirigía a Tsukishima también—, egoísta, descerebrado y…
Escucharon un toque en la puerta y después la voz de Michimiya.
—Sugawara, Tsukishima —llamó—. Necesito hablar con ustedes ahora.
Así que ahora venía el regaño para los killjoys, Hinata estaba feliz con saltarse eso. Debía averiguar qué era lo que Lev les había dicho, no era que desconfiara del gigante despistado, pero Haiba no le parecía la clase de chico que podía guardar secretos.
Sugawara lo fulminó con la mirada, mientras que Tsukishima le urgió que salieran de ahí, después tendrían tiempo de hablar de lo que debían hacer ahora.
Hinata y Kenma comenzaron a escabullirse, la abeja reina se veía furiosa; y era por esas razones que él estaba feliz de no ser el líder de algo. Quería hacer destrozos y luchar, pero liderar se escuchaba como mucho trabajo, responsabilidades y nada de diversión.
Sin embargo, Kuroo tomó con rapidez el codo de Kenma y comenzó a mover sus manos, diciéndole algo que parecía urgente; tampoco parecían buenas noticias porque Kozume palideció en el lugar. Sombra tendría su regaño personal.
De acuerdo, habían perdido un mosquetero, pero aún quedaba Kageyama.
Lo extraño era que el androide no se movía.
—Roboyama, ven, vamos. Debemos reunirnos con Lev.
—Creo que debo quedarme aquí —dijo mirando a Michimiya entrar al cuarto—; si surge el tema de Destroya yo debo ayudarle a Tsukishima.
Supuso que toda esta loca misión había servido para acercarse a Ácido y volverse lo más cercano a «amigos» que podían.
Todavía miraba atrás cuando sintió un par de brazos rodearlo con una calidez familiar; aun así, se sorprendió en gran manera cuando notó que se trataba de Akaashi. Histeria lo envolvía en un abrazo tan abrumante que no pudo evitar responder; comenzaba a entender porque a Bokuto le gustaban tanto.
—¡Akaashi! —exclamó.
No importaba que hubiera pasado un mes, Histeria nunca había sido el tipo de chico «abrazador» y si le preguntaban toda la escena era un poco incómoda; además, ¿debía ser este el tratamiento que le debían de dar después de irse de esa manera?
—Yo —comenzó Inferno detrás de los brazos de Akaashi—… yo lo si…
—Hinata, lo siento tanto —interrumpió Keiji—; cuando estabas ahí afuera, en el desierto arriesgando tu vida por todos nosotros. Me comporté con mucha inmadurez y no fui justo ni contigo ni con Kageyama y Kenma.
—¿Qué…? ¿Qué pasó?
—Muchas cosas —Akaashi se separó de él, y Hinata se quedó en blanco.
La expresión de Keiji, era completamente diferente ahora, sus fríos ojos ahora tenían una llama que él creía que se habían extinguido. Miraba a Shouyou con cariño, como si él fuera su familia; Akaashi lucía feliz.
—Hay tanto que quiero contarte —dijo—. Debemos ir a una práctica de tiros, me contarás toda tu experiencia en el desierto y yo te diré de lo que te perdiste aquí en La Colmena.
—Sí, suena… suena genial —sonrió Shouyou.
—Pero por el momento, parece que a alguien le urge hablar contigo.
Akaashi mantenía sus ojos almendrados detrás de él y cuando Inferno giró su rostro se encontró con la familiar expresión infantil de Lev, estirando su largo cuello doblando una esquina. Sus enormes ojos felinos brillaban con urgencia, y Shouyou supo que debía atender eso; así que la charla con Histeria debía esperar.
Pero mientras tanto, le alegraba saber lo diferente que Keiji lucía ahora.
—¿Lev?
—¡Hinata! —recibió el científico despistado—. ¿Cómo te fue?
—Suga está furioso —admitió— y nos descubrieron.
—¿De verdad? Yui no tiene idea y yo tuve que usar mis encantos de una serpiente engañosa para hacer que me creyera.
Shouyou no tenía idea si Lev podía tener tales «encantos»; Haiba era como un libro abierto; pero, de nuevo, también él ¿no? Aun así, decidió creerle a Lev, si Michimiya no tenía idea el plan o los pequeños rayos que tenían de uno, todavía podían seguir con todo. Sin embargo, sus pensamientos regresaban a esa conversación con Ceniza, ¿no sería suficiente para ganar, aunque los killjoys y las abejas lucharan lado a lado?
—Bueno, Sugawara y Kuroo lo saben y están hablando en este momento con la abeja reina.
—¿Quienes? —preguntó Lev.
¿Cómo no podía recordar al menos a los killjoys más famosos?
—Uh… ¿Ceniza Radiante y Pantera Anfetamina?
—¿Estás hablando del cuervo con lunar y el señor cabeza de peine?
—¡Yo también pensé que parecía un peine! —saltó Hinata; él y Lev tenían más en común de lo que se daba crédito.
Sus risillas fueron interrumpidas por los sonidos siniestros y guturales proviniendo de su estómago; Shouyou recordó que la última vez que había comido había sido el día anterior, una lata de carne de dudosa procedencia. El envase de metal parecía que había perdido la etiqueta hace años y el de ojos avellanas estaba seguro que había terminado comiendo alimento para perros.
Lev fue lo suficientemente amable para acompañarlo a comer algo, aunque Hinata estaba seguro que lo hacía porque él también se moría del hambre.
—¿Y cómo está Kageyama? —preguntó Lev después de caminar un rato en silencio; que rápidamente fue callado cuando entraron a la cafetería de La Colmena, era media tarde y el zumbido de conversaciones paliativas sonaban como si realmente fuera un panal de abejas.
—Ya sabes, siendo Kageyama.
—¿Y ambos? Las cosas se pusieron un poco pesadas en la Zona 43.
—Estamos bien —admitió—, es solo que… ya sabía que las relaciones amorosas eran complicadas, pero no sabía que tanto lo serían con un androide. No me malinterpretes —agregó con rapidez—, nunca dudé de él. Kageyama es tan real para mí como tú o yo.
Mientras hacían una fila india para tomar su comida, Hinata estaba listo para la respuesta de Lev; como la de todos los demás. Esos que no entendían lo real que era el pelinegro, como si tener sangre los hacía sentir más que él. Shouyou ya estaba más que acostumbrado a que los miraran en los pasillos cuando los descubrían tomados de las manos o cuando Kageyama lo acercaba a él con un brazo en sus hombros.
Pero en lugar de eso Haiba dijo.
—Los problemas románticos siempre serán «problemas», Hinata. ¿Por qué deberían ser diferentes a todos los demás?
Fue su turno de recibir el caldo de carne enlatada y frijoles que había sobrado del almuerzo, Shouyou le sonrió a Haiba y le dio la razón. Ellos no tenían por qué ser diferentes a los demás. El amor tenía diferentes facetas y por unos segundos se permitió pensar en los otros ejemplos que él había podido ver.
Akaashi y Bokuto eran la prueba viviente que el amor podía sobrevivir; el ejemplo de esa flor del desierto que Histeria le había contado antes parecía adaptarse a ellos. Que, a pesar de las tormentas ácidas, las sequías y los abrasadores rayos del sol, seguían creciendo y floreciendo. Sugawara y Daichi, que, aunque Hinata nunca supo realmente la verdadera naturaleza del difunto líder y Ceniza; sabía que Koushi había sido la persona más especial para Cuervo Nicotina.
—Tienes razón, Lev.
Pero él y Kageyama no eran tan diferentes a ellos, ¿verdad? Había tenido su parte justa de experiencias cercanas a la muerte, pero también de inmensa felicidad.
—Claro que la tengo —contestó Haiba sin modestia—. Tú y Kageyama siguen siendo tan iguales como todos esos tórtolos descerebrados. Ah, sin ofender, Hinata.
—Está bien —contestó, escogiendo una mesa para comer.
—Es solo que no veo porque necesitarían volver su vida más complicada de lo que ya es, ¡estamos en el apocalipsis! Además, el amor no es más que una conducta social acuñada popularmente por las personas que tienen miedo a permanecer solas y también por las ocasiones en donde su libido es demasiado importante que no pueden pensar en otra cosa. ¡Mis invenciones son más importantes que…!
Lev dejó la cuchara que sostenía caer precipitadamente a la sopa, haciendo salpicar el líquido a toda la mesa y un poco a la mano de Hinata. Cuando Sol Inferno miró con urgencia el rostro de Haiba, el inventor parecía haber sido poseído por algo; sus ojos como esmeraldas estaban clavados en un punto y tenía la boca tan abierta que parecía llegar a la mesa.
—¿Lev? ¿Hola? —movió su mano frente a su cara; pero parecía que un zorro del desierto había comido su lengua.
Se comenzó a preocupar cuando el chico alto no contestaba, el cerebro de Haiba solía trabajar tan rápido que las ideas se mezclaban y no se traducían tan entendibles en su boca; además, a veces parecía que su memoria funcionaba solo con datos específicos y seleccionados y el hecho que Kenma no podía hablar ni oír nunca quedaba escrito en piedra.
Hinata miró detrás de su hombro para averiguar qué había robado su completa atención, ¿había algún disturbio dentro de la base?
Pero para su sorpresa no había nada fuera de lo común.
—Hinata —dijo Lev siempre mirando detrás de Shouyou—… ¡¿Quién es él?! —gritó.
—¿Eh?
—Espera, yo sé quién es —se respondió—, es el chico más lindo que he visto en toda mi vida ¡¿Y por qué no lo había conocido antes?! ¡Él! ¡El chico con vendas en su torso y poca estatura!
—¡¿Ehh?! —giró tan rápido su cuello que podría haberse torcido y luego vio a quien Lev estaba señalando— ¡¿Yaku?! —vociferó.
—Hinata, creo que me he enamorado.
—¡¿Ehhhh?!
No estaba hablando en serio, definitivamente no estaba hablando en serio.
—Quiero acercarme a él y tomar su mano —decidió.
—¡¿Estás mal de la cabeza?! —Shouyou se paró sobre el asiento—. ¡¿Qué hay de las habladurías de hace unos segundos?! ¿Acerca de que el amor no es más que una conducta social para las personas que sienten miedo de estar solas? ¡¿Cómo puedes enamorarte de una persona con sólo haberla visto una vez?!
—Shh, calla, Hinata; el amor actúa de maneras misteriosas.
Sol Inferno sabía mejor que intentarlo hacer entrar en razón, ¿así se sentía Tsukishima con él? ¿En verdad era así de estúpido? No, no, definitivamente no.
—¿Lo conoces? Es un cuervo, ¿no?
—Uh, sí, se llama Morisuke Yaku y su alias es Cianuro Carmesí.
—¡Preséntamelo! ¡Debe conocer a su futuro novio!
—¿Ah? No creo que quiera ser molestado ahora, Lev; quedó muy mal herido en la destrucción del Nido y no creo que esté completamente recuperado…
—¡Eso es terrible! —dijo sumido en la angustia—. Debo… debo regalarle algo para hacerlo sentir mejor, ¡Hinata, quédate aquí, regresaré de inmediato!
—Lev, espera… —pero antes que pudiera terminar, el chico alto ya había salido de la cafetería.
Shouyou solo arqueó una ceja y resopló, Haiba podía ser muchas cosas, pero jamás predecible. Bueno, eso significaba más caldo para él, terminó su tazón y alcanzó la comida abandonada de Lev para tomársela.
Estaba seguro que el amor le quitaría el hambre también.
En un abrir y cerrar de ojos el chico mitad ruso ya estaba de regreso y frente a él; Hinata sorbió ruidosamente los remanentes de la sopa justo al tiempo que Lev lo tomó de la muñeca y lo obligó que le presentara a Cianuro. Shouyou no quería oponerse, porque: Primero, desde que había regresado no había saludado a Yaku y parecía que estaba mejorando mucho desde la herida casi mortal que el S.C.A.R.E.C.R.O.W. le había hecho; segundo, tener mucha comida en su estómago le levantaba los ánimos hasta las nubes y tercero, ¿quién era él para interponerse entre un chico enamorado y su destino?
—¡Yaku! —saludó con energía; el aludido se sorprendió al verlo, sin embargo, sonrió.
—¿Hinata? Parece que no te he visto en años —se rio entre dientes—, ¿cómo has estado? Espero que evitando los problemas.
—Cianuro, he comprobado que eso es imposible para mí… —lloriqueó.
—Oh, vamos, sé que eres un buen chico, Inferno.
Lev interrumpió a ambos aclarándose la garganta ruidosamente; Morisuke lo miró desconcertado por su falta de educación. Pero antes que Haiba hiciera algo para arruinar su primera impresión Hinata al menos terminaría de presentarlo.
—Ah, sí, Yaku, él es mi amigo Haiba Lev; es parte de La Colmena…
—Ingeniero robótico de cabecera —interrumpió bruscamente—, e inventor en mi tiempo libre —tomó la mano de Yaku y en lugar de sacudirla besó su dorso.
Hinata quería reírse a carcajadas al ver el rostro claramente incómodo de Cianuro.
—Uh… sí —murmuró Shouyou—, y él es Morisuke Yaku, parte del escuadrón de exploradores killjoys y chef por excelencia.
—Me das demasiado crédito, Hinata —sonrió, intentando librar su mano del agarre de Lev hasta lograrlo.
—¡Ni hablar! Tú carne de zorros es la más deliciosa que he probado, pero no le digas a Suga.
—Tu secreto está a salvo conmigo —luego se dirigió al poste de electricidad con el nombre de Haiba—. Gusto en conocerte, ¿Lev, era?
—¡Te traje este regalo! —exclamó con mejillas más rojas que un «cabeza de onda». Era la costosa lámpara de lava que habían comprado en su viaje, Hinata recordaba que Lev estaba demasiado apegado a esa cosa, ¿la regalaría tan fácilmente? —. Brilla si la enciendes, mira —movió el interruptor del aparato y comenzó a moverse lentamente.
—Ya veo —dijo Yaku confundido—, pero ¿por qué me regalarías eso? Nos acabamos de conocer.
El rojo de su rostro se profundizó y escupió las palabras demasiado rápido.
—¡Es que eres realmente pequeño y las luces que están en el techo seguramente no te ayudan mucho por tu estatura! Eres muy, muy pequeño y me pregunto, ¿cómo alcanzabas las ollas al cocinar? ¿Tenías un banquito?
Hinata todavía estaba descifrando las estúpidas palabras de Lev cuando la lámpara de lava voló directo al rostro de Rugido. El proyectil iba impulsado con tanta fuerza que el chico de un metro con noventa y cuatro centímetros cayó sentado sin gracia alguna en el suelo.
—¡Yaku! —se acercó Ennoshita quien había sentado a su lado, Fukunaga ayudó a Cianuro a mantenerse en pie— Aun no debes hacer cosas tan precipitadas, te falta mucho tiempo para sanar completamente —aconsejó el médico.
—¡Ahh! —Lev se puso de pie—. ¡No, no! ¡No tiene nada de malo ser así de pequeño! Solo preguntaba porque tenía curiosidad —intentó enmendar.
—Ven, Yaku, te hará bien descansar —Chikara comenzó a llevárselo de la cafetería.
Aunque Hinata notó que Cianuro giró su rostro antes de salir por el marco de la puerta, no sabía si lo había hecho por la ira o por algo más.
—¡Hinata! —lloriqueó Lev—. Lo arruiné, ¿verdad? Estaba a punto de decirle que su estatura me parecía adorable, pero me congelé. ¡Ni siquiera querrá hablar más conmigo! ¡Necesito que hable conmigo! —exclamó con la lámpara de lava en sus manos.
Tal vez Haiba no fingía y se había enamorado tan rápido y tan despreocupadamente como solo él podía. Shouyou sintió pena por él, así que le prometió que le ayudaría a enamorar a Yaku a como dé lugar.
—¿Lo harás en serio? —El gigante cerró sus largas manos en la suya, rogándole—. ¡Prometo dar lo mejor de mí!
—¡Hinata! —llamó Tsukishima sorprendiéndolo desde el otro lado de la cafetería—. Ahí estás, te he estado buscando por toda La Colmena —dijo sin aliento al correr en su dirección.
—Jefazo —saludó nuevamente Lev.
—No me digas así —respondió y luego volvió a dirigirse a Hinata—. Ven conmigo, es urgente.
—¿Pasó algo?
Que el usualmente genial Tsukishima sonara preocupado ponía su sangre helada.
—Es Takeda —dijo—, tiene un mensaje para nosotros.
Tsukishima se apresuró con un poco de agua para Itettsu Takeda, el pequeño hombre de anteojos siempre parecía que le faltaba un poco el aliento, pero ahora parecía que se desmayaría en cualquier momento. Había llegado en automóvil a La Colmena, pero parecía que había corrido hasta alcanzarlos a todos.
Solicitó reunirse con Kuroo, Sugawara, el androide y Hinata.
Takeda había interrumpido la reunión con Yui, la abeja reina aceptó renuente dejar la discusión para después; pero Kei sabía que ella no era despistada y la tolerancia que les demostraba solamente era producto del respeto que tenía ella por Daichi. Aun así, Tsukishima lo podía escuchar en su fina voz cuando hablaba con la abeja reina, si seguían así, el trato que tenían con La Colmena explotaría en cualquier segundo.
El hombre de cabellos enmarañados y anteojos grandes rechazó el agua y les urgió a todos que lo escucharan de inmediato.
—Vine lo más rápido que pude desde la Zona 6, pero al final me tardé un día y medio. Espero que no sea demasiado tarde.
—¿Le pasó algo al Doctor? —Kuroo fue directo al grano—. Te ves terriblemente pálido, sin ofender.
—No, no, está bien; mi piel no se broncea solo se quema, así que evito los rayos lo más que puedo; ¡pero debo regresar el tema! Uh… Ukai está bien, pero recibió un mensaje para ustedes, muy urgente.
Takeda sacó un pedazo de papel de la bolsa de su pantalón, sus manos temblaban levemente; la nota estaba arrugada y sucia pero el pelinegro de anteojos la trataba como una bomba nuclear que podría detonarse con un movimiento brusco.
—«E… esta nota lle…llegará a los oídos de Tobio Kageyama o pu… pueden irse despidiendo de nuestro trato» —Comenzó a leer con su voz llena de incertidumbre y miedo, pero en segundos Kei supo de quién se trataba—. «Ya saben… saben mis términos, no haré tratos con ninguno de los killjoys.»
—Iwaizumi —siseó Kuroo con enojo, los demás cuervos guardaban un silencio sepulcral.
Takeda continuó.
—«Kageyama, es tiempo que nos volvamos a reunir. Espero que hayas tenido éxito en tu misión. Nos servirá de mucho en el futuro; y debes aceptar que el futuro es ahora.»
—¿Qué…? —murmuró Sugawara.
—«Encuéntrame con las coordenadas que te diré a continuación.» —Takeda los miró—. Ukai las buscó, es un lugar cerca de la Zona 1.
—¿Está cerca de La Colmena? —preguntó Kuroo.
Itettsu asintió y continuó con leyendo la carta.
—«Cuatro días después desde que mandé este mensaje, estaré esperando por una hora cuando el sol esté por ocultarse. Mis demandas siguen siendo las mismas, si veo a un killjoy o a un humano me negaré a hablar. Encuéntrame, androide K-078662; es momento de tomar las cartas del destino en nuestras manos» Y abajo están las siglas «IEN» —terminó el Profesor T.
—¿Cuándo recibiste la carta, Profesor? —preguntó Suga.
—Ayer.
—Entonces tenemos tres días más para la reunión.
—¿Recibiste la carta ayer? —preguntó Tsukishima—. Pero Kageyama regresó apenas hoy después de estar ausente cerca de un mes. Esa es una bonita coincidencia.
—Eso, o este tipo nos está vigilando —escupió Kuroo.
—Quizás —Kei admitía que Tetsurou tenía un buen punto—, pero sea como sea creo que es evidente lo que debemos hacer.
—¿Qué? —respondió Pantera confundido—. ¿Hablas en serio? ¿Seguiremos trabajando con este tipo?
—Sí, eso es exactamente lo que haremos. No ha cambiado nada desde entonces.
—Antes no teníamos idea que se trataba del primer oficial de Oikawa, para comenzar; ¿pero ahora dejaremos que Kageyama vaya por sí solo y con su núcleo «completo» a encontrarlo? Espero que no estés hablando en serio.
—Estoy hablando muy en serio, Pantera —respondió el de anteojos intentando –y fallando– ocultar la molestia en su voz porque Kuroo tratando con sus sentimientos era tan absurdo de ver como un niño aprendiendo a usar una bicicleta demasiado grande para él.
—Me niego, me niego a cumplir las demandas del primer oficial del dictador. Iwaizumi tiene tanta sangre en sus manos de nuestros hermanos como Oikawa.
'¿Por qué Kuroo siempre era el que se la ponía difícil?' Kei se preguntaba apretando sus sienes. Sabía muy bien que Pantera no dejaría el tema, además, él también llevaba pensando hace días qué hacer cuando Hajime Iwaizumi los contactara nuevamente.
Sí, Tetsurou tenía razón, Iwaizumi había asesinado a incontables rebeldes, pero Kageyama también.
—«El enemigo de mi enemigo es mi amigo», Kuroo —recitó—. Si Iwaizumi quiere acabar con el dictador nosotros lo usaremos y él a nosotros. Solo por esta ocasión nos morderemos la lengua y trabajaremos con él. Ya lo decidí, si pondrá a tu mente en paz, lo haremos a tu manera; iremos a encontrarlo y te asegurarás por tu cuenta que «IEN» está de nuestro lado.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Sugawara.
—Kuroo, Bokuto, Sugawara y yo acompañaremos a Kageyama.
Tetsurou parecía satisfecho con eso; Hinata, sin embargo, no.
—¡¿Qué?! —gritó Inferno— ¡Yo quiero ir!
—No —calló el de anteojos—, no sabemos de lo que Iwaizumi es capaz, o al menos que esté cien por ciento detrás de nuestra causa, ¿crees que somos tan estúpidos de entregar la llave para controlar a Destroya en bandeja de plata?
—¡No es justo! Arriesgué mi trasero allá afuera, yo también quiero conocer a IEN, ¡Amargashima!
—No, esa es mi respuesta definitiva —Tsukishima se acercó y lo tiró de su camisa, obligándolo a pararse de puntitas mientras se acercaba peligrosamente a su rostro—; y esta vez no te intentes escabullir en el maletero porque juro por la Bruja que te obligaré a caminar hasta la Zona 43 y luego de regreso.
Hinata levantó sus manos en señal de rendimiento y Kei lo aceptó, aunque antes de partir se aseguraría de revisar cualquier resquicio en donde el renacuajo podría caber en el automóvil.
.
Ácido Lunar mentiría si dijera que no sentía su corazón bombear tan fuerte como para explotar, o sus dedos entumecidos y hormigueantes como si los hubiera movido en semanas. El día de encontrarse con Iwaizumi llegó y ellos empacaban algunas utilidades para la reunión.
Si IEN se negaba a cooperar al verlos, ése sería el menor de sus problemas; por lo que el de anteojos sabía Hajime no era un humano y su humor era tan volátil como el de Oikawa. Razón por la que llevaban a Bokuto, porque si bien aún no habían hecho pruebas con Revólver usando sus armas, también servía para crear la ilusión de parecer más peligrosos.
Mirándolos mientras arreglaban las últimas cosas estaba Yui, sus ojos no vacilaban y su siempre presente sonrisa estaba apretada en una delgada línea. Tsukishima estaba temiendo de su próxima reunión y la promesa que eso conllevaba; su insistente cerebro seguía reproduciendo la última conversación que había sido llevaba a cabo después que habían recibido la carta.
«Respeto la privacidad de los killjoys y sé que la lucha que pelean no es asunto nuestro, pero cuando te llevaste a uno de nuestros ingenieros a esa misión lo convertiste en mi asunto también.» había dicho con tanta paciencia que Kei estaba teniendo problemas al creer que Yui no era una santa.
«Lo sé, tienes todo el derecho de saberlo, pero sólo por esta salida, te pido que no hagas preguntas. Sé también que no tienes obligación y no nos debes nada; pero prometo contarte todo cuando regresemos.»
Esa había sido su promesa y Kei estaba listo para cumplirla, fuera como fuera que resultara la reunión con IEN, los killjoys necesitarían construir su propio ejército; y lo harían con la ayuda de las abejas. Tsukishima se despidió con cortesía de Yui, al igual que Suga y encendieron los motores para marcharse.
De reojo vio como los comprometidos, Ala Revólver e Histeria se despedían cálidamente.
—Espero que no estés escondiendo a tu escurridizo novio, androide —Kuroo preguntó medio bromeando, pero medio en serio.
—No, no está en mis intereses que conozca a Iwaizumi, él siempre fue… amable conmigo, pero su presencia puede ser muy intimidante.
—Como alguien que ha soportado tantas décadas a Oikawa debe de serlo —agregó con sarcasmo Kei desde el asiento de pasajero.
—¿Te relacionaste mucho con Iwaizumi en Ciudad Batería, Kageyama? —preguntó Pantera desde el lado del conductor.
—En todo el período de tiempo que fui un exterminador no recuerdo ni siquiera que él haya puesto su atención en mí por más de un minuto. Jamás se me ocurrió que yo fuera algo más que un simple trabajador de la industria; pero, no sé cuántas veces Oikawa me reinició, es probable que IEN me hubiera contactado antes, pero no recuerdo —Narraba Tobio desde el asiento trasero, a su lado iba Sugawara y Bokuto—. Cuando Oikawa me estaba estudiando y haciendo pruebas en su laboratorio; Iwaizumi algunas veces pasaba a visitarnos, a veces me saludaba, pero siempre mantenía su ceño fruncido. No recuerdo haberlo visto sonriendo ninguna vez.
—¿Qué hay de ti, Bo? ¿Recuerdas a Iwaizumi cuando estuviste ahí adentro?
—No, amigo; lo único que recuerdo es a Oikawa y el amor, y necesidad de complacerlo que tenía. A él y a este tipo con ojos demoniacos y lengua bifurcada.
—A él lo recuerdo —intervino Kageyama—, su nombre es Daishou, es el ajustador de pensamientos con mayor rango de todos.
—Era terrorífico —agregó.
Llegaron al lugar finalmente, parecía una fábrica abandonada y solo algunas paredes se mantenían de pie; era un buen refugio de los rayos del sol, pero el lugar era demasiado espacioso para generar calor y no había nada adentro, más que metal oxidado y roído, y también basura.
No había nadie, no obstante, eso Tsukishima lo vio venir.
Esa fue la señal de Kageyama quién caminó hasta el centro de las ruinas.
—IEN —comenzó—, antes que te marches; sí, he incumplido nuestro trato, pero es porque necesitamos la ayuda de todas las personas y estos humanos que están a mi lado han probado ser de confianza y buscar lo mismo que nosotros dos. Por favor, confía en ellos.
—¿Por qué debería hacerlo? —vino una profunda y gélida voz del fondo de la habitación, y desde la oscuridad del cobertizo, oculto entre grandes espigas de madera y neblina de polvo apareció el caballero de BL/ind.
Tsukishima nunca lo había visto en persona antes, su sola presencia lo ponía nervioso; era todo lo contrario al dictador de Ciudad Batería; su rostro nunca salía en ningún poster o pantalla, su voz nunca había sido escuchada; pero él era el jefe de todo el ejército de BL/ind, quién ganó las guerras de Helio y quién castigaba con puño de hierro a quienes se levantaban contra Oikawa.
Su uniforme blanco lucía tan pulcro y sus botas tan relucientes que se veía fuera de lugar; sus ojos parecían iridiscentes y brillantes; aunque mantenía sus facciones severas e inescrutables, su piel no tenía arruga alguna. A su costado mantenía una enorme espada que llegaba a sus pies.
—Esta es su guerra también —explicó Kageyama; ningún killjoy se atrevía a hablar, sin embargo, Tsukishima mantenía una mano en su katana izquierda—. En mi tiempo aquí en el desierto, he conocido humanos con habilidades excepcionales, he visto la vida desde su perspectiva y he sentido como ellos. Iwaizumi, estoy completamente seguro que si ellos no nos ayudan, no tenemos manera de ganarle a todo BL/ind. La tierra por derecho les pertenece a los humanos.
—Sí y cuando estuvo en sus manos secaron los océanos, destruyeron su atmósfera y mataron sus plantas; dame una buena razón para confiar en criaturas tan egoístas y llenas de codicia que fueron capaces de matar su propio planeta por más dinero.
—Oye, oye, tampoco podemos decir que tu líder sea un humanista, ¿o sí? —se metió Kuroo; su voz tensó a Tsukishima, enfrentarse a Iwaizumi era lo último que debían hacer—. Oikawa es igual de responsable que todos ellos por la situación de mierda en la que todos estamos.
Iwaizumi se rio entre dientes.
—¿Qué? ¿Te parece algo gracioso? —Tetsurou se acercó más, con el pecho afuera y tensando todo su cuerpo, dando la impresión que era más alto de lo que aparentaba. Le recordó a Tsukishima a un gato erizando su pelaje. Si la tensión en el aire se sentía cargada antes, Kei no sabía si podía respirar ahora.
—¿Es eso lo que dicen en el desierto? ¿Que Oikawa tuvo la culpa de arruinar el mundo? Era de esperarse —dijo con una sonrisa amarga—. Pero ustedes no estuvieron ahí, ninguno de ustedes luchó esas guerras, ninguno de ustedes vivió antes de ella. ¿Creen que es tan simple? ¿Que Oikawa comenzó sin misericordia alguna? ¿Con cuernos como demonio y sin una pizca de remordimiento? ¿Creen que él no tenía esa misma mirada que todos ustedes? ¿Lleno de esperanza y una ideología para salvar la tierra? Rebelándose contra el poder con fuego en su corazón.
Kuroo no retrocedía.
—Este es el problema con ustedes, los humanos, creen saberlo todo y creen que lo que sea que ustedes «piensen y consideren aceptable» es la verdad certera de todos los tiempos; son criaturas tan efímeras y sin embargo piensan que son los seres más sabios de la tierra. Se equivocan si creen que hago lo que hago porque pienso que la ideología de Oikawa es errónea.
—¿Entonces por qué lo haces? ¿Eh? —Kuroo dio otros pasos para acercarse más al ciborg—. Porque Kageyama se niega a decirlo y me parece muy sospechoso que tú inesperadamente quieras salvar la tierra.
—Kuroo, ya es suficiente —intentó detener Kei sin perder de vista a Hajime; podía ser su aliado, pero seguía siendo volátil y peligroso.
—No es por salvar la tierra —respondió mirando de lleno a Kuroo, sus facciones se llenaban con más ira—. He vivido lo suficiente para saber que el mundo siempre está destinado a la ruina sin importar quién lo conduzca.
—Sabes, no me lo creo; lo que sí tiene sentido es que tú haces esto para ganarte nuestra confianza y sacarle información a Kageyama de nuestros puntos débiles; hacernos marchar a Ciudad Batería con ese enorme robot solo para ser aplastados a sus puertas. ¿A qué no suena atrayente? Reunir a todos los rebeldes en un sitio y acabar con todos de una vez, suena como una buena manera de ahorrar recursos, ¿no te parece?
—Se creen los salvadores del planeta, pero son capaces de tener ideas tan retorcidas como esa; los humanos en el fondo son todos iguales. Lo único que quiero es derrocarlo, no me interesa nada más. Tampoco informarle a un montón de humanos mis razones.
—Eso suena terriblemente conveniente para ti, ¿eh? —siseó Kuroo llevando su mano a la pistola en su costado.
—¿Qué? ¿Planeas hacer algo con eso? Por favor —bufó—, el único aquí que podría hacerme un rasguño es ese S.C.A.R.E.C.R.O.W. de ahí —asintió en dirección a Bokuto—. Sería una pérdida de tiempo que intentes algo, puedes terminar lastimado —Iwaizumi se acercó un poco más a Tetsurou; ninguno de los dos se rendía, llenos de orgullo y machismo, Tsukishima quería golpear a Pantera, pero sabía que cualquier movimiento súbito haría actuar al ciborg.
—¿Quieres comprobarlo, engendro?
—Kuroo, ¡suficiente! —gritó Kei, Tetsurou miró en su dirección y obedeció—. Estamos dispuestos a trabajar juntos, tú no nos dirás tus razones y nosotros no te diremos lo que planeamos hacer una vez el mundo nos pertenezca. No es necesario recurrir a la violencia entre aliados.
Ambos se quedaron en silencio; no era que Ácido confiara ciegamente en Iwaizumi, primero necesitaría escuchar la razón de la reunión. Esperaba que Hajime no se negara a ayudarlos.
Afortunadamente, en lugar de marcharse sacó unos cuantos papeles que estaba ocultando en un bolso con la fría sonrisa del logo de BL/ind.
—Recibirán solo una copia de cada perfil —avisó, aceptando la presencia de los humanos de manera renuente—. Ellos son los altos mandos de BL/ind y los cerebros detrás de los experimentos que se llevan a cabo; cerebros que Oikawa ha considerado aceptable mantenerlos en su círculo íntimo de información.
Tsukishima recibió el primero –notó que Iwaizumi evitó a propósito entregárselo a Kuroo por la riña de hace unos segundos– y lo abrió. Cómo él lo había dicho, era un perfil de un hombre, sus estudios y su trabajo con detalles; algunas fotos de credenciales. El primero era de uno bastante joven, parecía que tenía su misma edad; con ojos marrones y penetrantes; cabello cobrizo partido a la mitad, según su información, era un genio.
—Ése es Shirabu —explicó—, mecánico personal de Oikawa y pupilo también. Él crea todos los artefactos robóticos de vanguardia y trabaja como el cabecilla del equipo de ingeniería robótica; el brazo y la pierna que el S.C.A.R.E.C.R.O.W. tiene —señaló a Bokuto—, fue obra de él. Tiene un par de guardaespaldas que mantiene cerca todo el tiempo, S.C.A.R.E.C.R.O.W. también.
Tsukishima lo pasó a Sugawara, y recibió el siguiente.
La siguiente fotografía lo dejó intranquilo; era un hombre que, a diferencia del anterior, se veía tangiblemente lo peligroso que era; tenía ojos rasgados y sonreía ladinamente lamiendo la comisura de sus labios. En su cabeza solamente escuchaba las palabras de Bokuto.
«Este tipo con ojos demoniacos y lengua bifurcada.»
—Él es Daishou, jefe de los ajustadores de pensamiento; infame por su falta de ética y empatía. También posee un guardaespaldas muy peligroso.
De reojo, Tsukishima vio como Bokuto palidecía al ver la fotografía del ajustador de pensamiento.
—Y, por último —sacó otro pedazo de papel, éste era de mayor tamaño, debía medir casi un metro cuadrado—… éste es un plano de todo el sistema subterráneo de Ciudad Batería.
Kei sabía que le había parecido familiar, había visto muchas veces ese plano; Yamaguchi siempre cargaba una copia de menor tamaño con él. Por unos momentos Tsukishima se dejó recordar a su mejor amigo y lo valiente que había sido; seguramente el más valiente de todos los killjoys.
—Si quieren derrotarlo, tendrán que ir por sus empleados más confiables primero y memorizarse como la palma de su mano cada pasadizo y resquicio debajo de la ciudad y arriba por igual. También deberán traer su artillería más pesada. —Luego regresó al plano de la ciudad— Y este —siguió Hajime, dibujando un círculo sobre un espacio en blanco—… es el lugar donde se encuentra el núcleo de Oikawa.
—El… —murmuró Kageyama, era lo primero que decía en varios minutos—… el núcleo —tragó saliva; él más que nadie sabía lo que eso significaba.
—Su deber ahora es memorizar toda esta información; lo repetirán hasta el cansancio y lo sabrán mejor que su nombre; porque solo así tendremos alguna oportunidad en esto, ¿me oyeron?
—Sí, sí —repitió Kuroo con molestia, mirando el plano.
—Tienen cuatro meses —condenó—, en cuatro meses, a esta misma hora, regresaré a este lugar y entonces planearemos el golpe.
—De acuerdo —aceptó Tsukishima.
—De acuerdo —repitió Iwaizumi y respiró profundo—, ahora, a la otra razón por la que venía.
Antes que el de anteojos pudiera levantar su mirada, escuchó un latigazo que hacía el desliz de hierro, seguido por un golpe sordo. Su sangre heló al ver que Iwaizumi ya no tenía su enorme espada en sus manos; atrás de ellos escucharon gemidos de dolor de Kageyama.
Fue hasta entonces que todos sacaron sus armas y le apuntaron a Hajime.
Había pasado en menos de un abrir y cerrar de ojos, Tsukishima miró atrás para ver que la espada había atravesado con facilidad la pared vetusta de concreto; pudo respirar cuando se dio cuenta que Kageyama no fue atravesado, pero el arma de hierro había sido arrojada con tanta fuerza que la guarda había atrapado el brazo del androide contraminándolo con la pared.
—¡Quédate ahí! —gritó Kuroo apuntándole con su pistola, al igual que todos los demás.
¿No era su aliado, después de todo?
—Tranquilícense —dijo Iwaizumi ignorando todos los cañones que miraban en su dirección, comenzó a caminar hacia Kageyama—. Esto es por su bien, Kageyama, mírame.
El pelinegro estaba bien, pues encontró la mirada del caballero de Oikawa.
—Comenzaremos tu entrenamiento de inmediato, esto solo fue una prueba y la fallaste. Eres demasiado lento, tus reflejos están por todo el lugar y tienes el equilibrio de un infante.
Sujetó la empuñadura y liberó a Kageyama.
—Si no puedes ganarme entonces no durarás ni siquiera cinco minutos contra Oikawa —Sujetó su espada y le apuntó al androide—. Ahora, empecemos.
¿Qué les pareció?
Hace días quería agregar el Lev/Yaku xD amo a ese par, ¿podrá Lev conseguir el corazón duro del pequeño pero severo Yaku?
También hace mucho quería volver a escribir a Iwaizumi, por alguna razón amo escribir de él.
¡Abrazos, besos y galletas a las preciosas personas que dejen su review!
