Finalmente salí de ese bloqueo! ;-;

Espero no haberme tardado demasiado.

Agradezco a todas las personitas que me hacen el día más brillante con saludarme y regalarme preciosos dibujos!

Gracias a mi beta Ren por ayudarme con cada capitulo!

Espero disfruten el de hoy.

¡Así que adelante!

Advertencia: Temas sexuales, por favor se pide discreción.

»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: KoutarouBokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai
Choque Binario: Tobio Kageyama
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi
Rugido Helado: Lev Haiba
Profesor T: Itettsu Takeda«


Arsonist's Lullaby

Y cada transmisión los extraño más que antes, mis hijos malditos.

La rola que acaban de escuchar fue Arsonist's lullaby una hermosa balada que no puede faltar cuando estás por incendiar algunas máscaras de camaradas caídos.

He recibido algunas quejas de nuestros amigos de la Zona 1, diciendo que han escuchado algunos disturbios de lo que parece ser un par de sinvergüenzas destruyendo el lugar.

Si ustedes ven a cualquiera de estos dos buscapleitos, intenten no meterse en su camino, solo son unos conocidos con demasiado metal en su cerebro. ¡Y recuerden mis cuervos! El enemigo es ése detrás de esa muralla, el que se esconde tras esa sonrisa que solo trae pesadillas.

Y ahora, por petición de Espina de Canela, nuestro himno aquí en el desierto: «Uprising» de los anarquistas «Muse».

—Destroya —Hinata Shouyou llamó a la monstruosa criatura de metal—… saluda.

Sus ojos se encendieron, iluminándose con rayos blancos; al momento que chirridos de engranes viejos comenzaron volver al robot a la vida. Tsukishima se sintió pequeño cuando su rostro los enfocó a ellos; Destroya levantó sus titánicos dedos y la agitó con lentitud.

Kei giró su rostro para ver a Michimiya; la abeja reina era excepcional para manipular sus rasgos faciales, aunque sus ojos se abrieran el doble al ver la máquina no demostraba temor ni cambios de opiniones. Hinata había asegurado que tenía el completo control del «otro cuerpo de Kageyama», y, por segunda vez Kei decidió ir en contra de su sentido común y depositar toda su confianza en Inferno.

Después del episodio, también llamado «el primer entrenamiento de Kageyama» que se trató más que todo de Iwaizumi enseñando –golpeando– al androide por todo el lugar. Arrojándolo a la arena, estrellándolo contra las paredes y golpeándolo con la empuñadura de su espada; necesitarían esos cuatro meses que IEN les había conseguido, parecía que el pelinegro iba a necesitar todos los segundos para aprender a defenderse.

Vio, sin embargo, como Michimiya tragaba con dificultad mientras veía la enorme maquinaria. La chica de cabello castaño lo llamó; Kei pudo suponer que ella tendría muchas preguntas también.

—¿Dices que el primer oficial del dictador los está ayudando también?

—Sí.

—¿Confías en él?

Ah, la pregunta del millón, si Tskishima era verdaderamente honesto con él mismo, la respuesta era un rotundo «No»; pero intentaba no ser tan pesimista ahora, así que respondió.

—Confío lo suficiente.

—¿Lo suficiente para poner la vida de todos tus cuervos en sus manos, y mis abejas igual?

«No»

—Sí.

Yui frunció los labios, era evidente que no se tragaba su respuesta. Kei debía pensar tres veces cada palabra para no arruinar esto; sabía que estaba tratando con alguien del mismo calibre que Daichi.

—Lo más evidente es que Oikawa sepa que esto está en tu poder —comentó la chica, sin mirarlo a él.

—Existe esa probabilidad…

—Una estructura así de monstruosa no puede moverse en el desierto con libertad sin alertar a todos, ¿no es así? Hay cámaras allá afuera, razón por la que ustedes usan máscaras.

—Sí, eso tiene sentido.

—Sabes, Kei Tsukishima —comenzó como si antes de mostrarle a Destroya estaban manteniendo una conversación trivial del clima—, hay una habilidad que siempre he tenido el orgullo de poseer. Es mucho más útil que cualquier truco de pelea.

—¿Sí?

—Es la empatía —explicó—, es la capacidad de percibir o sentir lo que otra persona está experimentando o sintiendo; si lo intento, y pienso mucho acerca de él, siento que puedo ponerme en los zapatos del dictador e intentar sentir lo que piensa y siente.

Kei la miró con sorpresa, algo así jamás había cruzado su mente; un tren de pensamiento tan simple; sin embargo ni siquiera podía comenzar a imaginar intentarlo.

—¿Y sabes qué pensaría Oikawa?

Ácido Lunar tenía una cruda curiosidad de su respuesta, así que dejó a la abeja reina continuar.

—Que Destroya jamás pondría un pie dentro de Ciudad Batería.

—¿Qué quieres…?

—Tenías razón, necesitarán de mucho más para ir a la guerra —interrumpió—.Ven regresemos a La Colmena.

No tocó el tema de regreso a la base, no se sentía bien discutir su situación frente a los demás; era un poco tonta la razón, pero de alguna manera sentía que era su deber conseguirla. Kageyama y Hinata se tomaron la molestia de realizar su travesía, y si se suponía que Tsukishima era el líder, ¿no era su deber asegurar la victoria?

Entraron al refugio y de inmediato Michimiya le urgió que la acompañara.

—Entonces, ¿contamos con tu apoyo? —preguntó una vez la puerta fue cerrada.

—Tal vez ya sea hora de cambiar el mundo —dijo girando para encarar al de anteojos—; cuentan con mi apoyo, Tsukishima.

—¡Eso es…! —comenzó a celebrar, pero fue cortado cuando Yui levantó su dedo para tomar la palabra una vez más.

—Yo lucharé con ustedes, sin embargo, no puedo hablar por toda mi colmena —continuó—; no considero justo que algunas personas mueran por la ideología de alguien más. Yo estoy dispuesta a hacerlo porque tienes ese mismo brillo en tus ojos que tenía Daichi, y porque recuerdo muy bien sus palabras —sonrió con nostalgia, aunque sus ojos connotaban tristeza—. «Regresaré, Yui, no hoy y estoy seguro que mañana tampoco; pero un día vendré, y tendré la llave para vencerlos». Todo sonaba tan fantasioso, como si un niño dijera que él conseguiría la habilidad para surcar los cielos. ¿Sabes qué le dije?

Kei negó.

—«Suenas tan seguro que, cuando ocurra y vengas triunfante, prometo que me uniré a ti»

'Oh.'

—Se lo debo a él —aclaró—, aunque no haya sido Nicotina quien terminó viniendo a mí.

—Gracias.

—Sin embargo… —era claro que Yui aún no había terminado— esa fue mí promesa con él. La Colmena ha vivido por muchos años con la misma ideología, vivir en paz, vivir en las afueras y vivir sin utilizar la violencia a menos que sea necesario, no puedo obligar a dar su vida a los que no quieran entregarla. Espero que me entiendas.

—Sí, digo… tienes razón, en eso. Esta no es su guerra.

—Todo lo contrario, Tsukishima —rebatió—, sí lo es. Es la guerra de todos nosotros porque estamos hablando de nuestro futuro; bueno o malo todos seremos parte de él, y debemos moldearlo como podamos. No obstante, no podemos obligarlos a adelantar su muerte sin darles alguna opción, ¿crees tú que Oikawa le pregunta a cada draculoide si quiere morir por él antes de ponerle esa máscara que lava su cerebro?

—No.

—Tampoco a sus policías, ni sus androides, mucho menos sus S.C.A.R.E.C.R.O.W.S. y aunque esa es principalmente la razón de porque esta misión es tan peligrosa; no somos como él; ése es el hecho que nos dará la victoria o la derrota.

—El momento que seamos como él es cuando nuestra misión deja de tener sentido.

—Eso es —concordó ella—; así que convocaré a cada una de mis abejas y me reuniré personalmente con ellos. Estoy segura que algunos cuervos han compartido palabras e historias con sus compañeros y lo he notado yo también; han contagiado a algunos el fuego que tienen en su pecho, ese deseo lleno de fervor por ser libres. Verdaderamente libres.

Tsukishima pensó en Lev; el excéntrico y distraído inventor podía ser infantil y algunas veces incluso más denso que Bokuto, pero no pensó dos veces en unirse a su misión. En el fondo, en la oscuridad de sus sentimientos, él quería triunfar sobre BL/ind y moldear el futuro en una versión mejor.

—Además de eso —dijo Yui—, ven, sígueme.

Salieron de su despacho, el chico de anteojos entrelazaba sus dedos frente a él; un hábito nervioso que había desarrollado inconscientemente. Yamaguchi se lo señaló algunas veces mientras se reía entre dientes; cuando estaba en una situación intranquila o tensa, Tsukishima siempre regresaba a esa posición. Consciente de su extraño tic, Rápidamente relajó sus brazos a sus costados.

Para su sorpresa –y vergüenza– descubrió a Hinata «escondido» doblando una esquina, intentando escuchar un poco más de cómo iba su reunión; cuando Inferno lo notó mirando, en lugar de huir, levantó ambos pulgares, preguntando si todo iba bien. Tsukishima quería golpearlo.

Casi explotó cuando se dio cuenta de la cabeza de Kageyama sobre la de Hinata, vigilándolo. Se negó a responder la «pregunta», y prefirió solo seguir a Yui; la abeja reina caminaba mirando al frente, dirigiéndose a un ala de La Colmena que él jamás había ido. El tour complementario no incluía esta zona de la base, esto lo dejó sintiéndose un poco intranquilo.

—Tsukishima —se dirigió Yui nuevamente a él cuando se detuvieron frente a una puerta—, no has sido tú el único que le ha guardado secretos al otro —confesó—. Lo que estoy a punto de revelarte se ha mantenido confidencial a todos los oídos del desierto.

En lugar de decir más, la castaña abrió la puerta; lo primero que notó fue la penumbra de la pieza, luego la diferente temperatura, era evidente que dentro de la habitación los grados bajaban. Michimiya entró sin decir más así que el de anteojos la siguió.

Las refulgentes pantallas lo dejaron ciego por un momento; aunque rápidamente cayó en cuenta a donde había sido llevado. Monitores de computadores estaban apilados uno encima de otros, el respirar quedo de las máquinas; ese lugar era idéntico a su habitación de Inteligencia en el Nido.

Cómo un golpe en su estómago, Kei sintió su aliento dejarlo de inmediato cuando fue inundado con un terrible sentimiento de nostalgia; tan frío que sentía garras clavarse en su pecho. Fue peor al recordar esos tranquilos días que podía esconderse detrás de un teclado cuando no quería hablar con nadie y todos le parecían molestos. Cuando no sabía qué era cargar con el peso de la resistencia sobre sus hombros, y tampoco sentía que sus días ya estaban contados.

—¿Tsukishima? —preguntó Michimiya al verlo congelado en el lugar.

—Sí, sí, aquí estoy.

—¿Paso algo?

—No, es solo que tuve una especie de Deja vú.

—Ven, quiero que conozcas a Yukie.

Aunque desde su punto de vista solo se tratara de una silueta iluminada por las luces neones, Tsukishima notó como la persona tomaba un puñado de comida de una bolsa plástica y los arrojaba sin aviso a su boca. El masticar ruidoso resonaba por encima del tecleo constante.

Michimiya aclaró su garganta.

—Yukie Shirofuku —llamó, la figura saltó al ser aludida.

—¡Yui! —exclamó, a Kei le recordó a un minino que había sido sobresaltado.

—Quiero que conozcas a Kei Tsukishima, líder de los killjoys —presentó.

Sus ojos se abrieron el doble detrás de sus anteojos, eso era llevarlo muy lejos.

—Eh… yo no…

—¡Mucho gusto! —saludó, bajo la luz azulada de las pantallas, él notó que se trataba de una chica con cabello largo y rojizo, cayendo sobre sus hombros; llevaba en sus labios una pequeña sonrisa taimada; detrás de escombros de migajas caídas en sus mejillas.

—Yukie, necesitamos que contactes a las células durmientes de La Colmena; mándales el siguiente mensaje y márcalo como urgente…

—¿Células durmientes? —interrumpió Tsukishima sin pensarlo, ¿estaba hablando en serio?

—Sí, son comunidades iguales o más pequeños que éste, dispersos por todas las Zonas; enjambres subterráneos que pasan debajo del radar de BL/ind.

—¿Otras colmenas?

—Sí. Cuando Ikkei Ukai fundó la resistencia, mi predecesor le ofreció unirse a nosotros; ser parte de nuestro enjambre; algo que él terminó rechazando luego debido a que no compartía nuestra ideología.

Si lo que Yui decía era verdad, eso significaba que había más sobrevivientes de lo que aparentaba en el desierto; sobrevivientes aptos en artes de pelea que podrían contar con experiencia en armas de fuego y blancas.

—Así como tú rechazaste luego la oferta de Daichi de unirte a nosotros.

—Exacto —se rio—, las pequeñas ironías son lo que le dan el retorcido humor a nuestras vidas.

—¿Colmenas dentro de cuantos kilómetros a la redonda? —preguntó Yukie.

—A todas —contestó Yui—, manda el siguiente mensaje: «A todas mis hermanas abejas: Éste es un llamado para todas las colmenas que busquen tomar y moldear el futuro en sus manos. Yo, Yui Michimiya, he decidido finalmente ser parte de la ideología de la resistencia, y luchar porque creo que el mundo aun puede ser cambiado. Sé que tenemos una oportunidad, aunque no puedo decirles de quién se trata, es menester que lo vean por ustedes mismos. Una abeja puede ser insignificante por sí sola, pero un enjambre es capaz de conquistar el mundo, por eso les pido, amigos míos, sin un ejército, tendremos la derrota asegurada».

Ácido aún estaba atónito y su cerebro frito no terminaba de procesar la letanía que había salido de los labios de Michimiya.

—¿Nos vamos a la guerra, jefa? —preguntó Yukie llevándose otro puñado de frituras a la boca.

—No podemos depender de un androide para nuestra liberación; necesitaremos un ejército.

—¿Qué…? ¿Cómo…? —parecía que un gato se había comido su lengua, y para ser franco, la mitad de su vocabulario también— ¡Por la Bruja, gracias! ¿Cómo podemos pagarte? ¿Hay algo que pueda hacer?

—Aun no me agradezcas, debemos escuchar sus respuestas antes y también las de mis abejas; como dije antes, nadie que no esté dispuesto a dar su vida por la rebelión irá a la guerra; y… sí hay algo que puedes hacer.

—Lo que sea.

—Enséñanos a pelear; sé que en tu equipo tienes guerreros excepcionales —Yui llegó a su lado y posó una fina y delicada mano sobre la suya—. No dejes que mis abejas fallezcan en esta guerra, Tsukishima, es todo lo que te pido a cambio.

Kei rechinó sus dientes, intentando sonreírle pero fallando en el intento; haría lo posible para cumplir esa ardua petición, pero sabía que no podía asegurar nada. No cuando no tenía idea quienes de sus cuervos sobreviviría todo el episodio también.

—Haré lo que pueda.


—Te ves como un desastre, Roboyama —se sinceró Sol Inferno después de dejar de espiar a Tsukishima y la abeja reina. Amargashima no había apreciado su apoyo, así que podía irse al infierno por ser así de… amargado.

Kageyama acababa de regresar a la base, habían pasado un par de días desde su acuerdo con el caballero blanco de BL/ind; Hinata notó de inmediato algunos golpes en su piel perfecta; tenía otros parches en sus hombros en donde la dermis había sido rota y mostraba su esqueleto metálico debajo.

Iwaizumi no estaba siendo nada suave con Roboyama.

Ese fue su pensamiento cuando acompañó al pelinegro a su cuarto; Tobio se cambió sin vergüenza alguna frente a él. Aunque había estado expuesto a los inclementes rayos del sol por mucho tiempo, el color de su piel no había cambiado y su cabello no había crecido.

—Me siento mil veces peor de cómo me veo —respondió.

Se acercó al androide sin camisa y llevó su mano a su torso, los poros de su sintética piel eran tan reales podría asegurar que eran de un humano; Tobio solo miró su mano tocarlo, hasta que él llevó sus dedos a más parches en donde relucía el metal. El androide tomó su muñeca son suavidad, parando su curiosidad y cuando lo miró a los ojos Kageyama por primera vez se veía inseguro.

—Aunque tengas apariencia de metal, sigues siendo igual para mí —aseguró para aplacar sus dudas.

El pelinegro tiró de su muñeca y atrapó sus labios con los suyos; Hinata gimió con sorpresa en su boca pero se derritió en ese sentimiento caliente que comenzaba a surgir en el fondo de su estómago; tomó entre sus dedos el rostro de Tobio y se deleitó en sentir su respirar en la nariz.

Él fue el primero en abrir su boca y Kageyama, al estar familiarizado cada vez más con el tono de los gestos posesivos; metió su lengua de inmediato sacando un gemido de Hinata en el proceso. Sin embargo no terminó ahí; su cuerpo tembló violentamente cuando sintió los fríos falanges del androide escabullirse debajo de su camisa y subir pausadamente desde su espalda baja hasta su nuca.

—Kageyama —gimió por la sorpresa, su voz tenía el mismo tono de una hoja siendo sacudida por el viento.

Impulsado por sus instintos –demasiado humanos– gruñó en su garganta como respuesta y mordió su labio inferior; Hinata tuvo que luchar con la embriaguez en que su cerebro caía cuando la otra mano de Kageyama buscó su camino hasta su pezón y lo apretó.

—¡Kageyama! —exclamó entre un sollozo y un gemido.

No era que no estaba disfrutando la atención y caricias que Tobio hacía –todo lo contrario–, pero la velocidad que todo estaba ocurriendo no terminaba por encajar en la situación. Pero, demonios, no podía pensar cuando largos y finos dedos comenzaban apretar en medio de sus piernas.

¿Quizás Kageyama necesitaba saber que aún seguía siendo igual para sus ojos?

Esos últimos meses, toda su existencia había sido delimitada hasta convertirlo en un arma. La manera en que los cuervos y las abejas hablaban de él… o incluso el mismo Iwaizumi cuando lo llamaba Destroya; claro, solo él podía ayudarlos a vencer a Oikawa y según historias de Tobio los androides de Ciudad Batería lo alababan como un dios mecánico, pero para Hinata era una persona, y además de eso, la que tenía su corazón.

Kageyama debía sentir lo que era amar crudamente y sin inhibiciones como un amante; descubrir su cuerpo y alma, quedar vulnerable con una persona y ser recibido con brazos abiertos.

'Que sentimiento más humano', ponderó.

Si esto era lo que su amante necesitaba, Hinata se aseguraría de no defraudar. Así que se sacó su camisa, para su sorpresa Kageyama se le quedó mirando; no era la primera vez que se desnudaba frente al androide, pero la atmósfera se sentía tan cargada que por unos instantes, se sintió inseguro y buscó cubrirse.

Pero el pelinegro fue más rápido y atrapó su muñeca con cuidado, Hinata se encontró perdido en sus profundos ojos de un océano indómito; besó su piel, encima de la vena, luego en el antebrazo, siguió el tracto lineal hasta llegar a la parte delantera de su codo. Para ese entonces Inferno estaba hipnotizado con sus suaves labios rosas y lo erótico que se veía tocando su piel.

Hinata enterró sus dedos en los suaves cabellos negros de Kageyama; esos ojos lo miraron, llegando a un entendimiento mutuo y silencioso. Sus labios se movieron a su pecho y comenzó a acariciarlo con su lengua; Shouyou terminó por acostarse en la cama y arquear su espalda, sintiendo corrientes eléctricas envolver todos sus vasos sanguíneos hasta llegar a su cerebro.

El pelinegro no había sido su primer beso, pero definitivamente no había hecho algo parecido a eso con alguien más. Pensar que Kageyama estaba pasando por lo mismo y ambos descubrían el cuerpo del otro con la misma curiosidad y placer, causaba que su garganta se cerrara.

Se sorprendió cuando Tobio pasó su lengua por la pequeña hendidura en medio de su clavícula al mismo momento que sus manos llegaron hasta su cinturón.

—Enséñame —susurró el pelinegro entre suspiros en su piel mojada—… enséñame.

—Diablos, Roboyama —respiró con dificultad, sus pulmones parecían que habían corrido un par de millas—… no puedo creer que no hayas visto ninguna porno en toda tu vida…

Sentir la queda respiración de la risa barítona de Kageyama en su pecho solo lo endurecía más.

—El sexo por diversión está prohibido en la ciudad —comentó, introduciendo las puntas de sus dedos debajo del cinturón.

—¿Qué hay de los pornodroides?

—Esos son ilegales.

—Y tú siempre estabas luchando por la ley —Hinata alargaría toda la sensatez que aún le quedaba con la charla banal—. ¿Nunca sentiste curiosidad?

Shouyou sí la había sentido, pero se había limitado a sus propias manos.

—No, hasta que te conocí.

Su respiración se quedó atorada en sus pulmones y su sangre en sus partes bajas. Tobio, siempre tan directo y malditamente sensual.

—¿En serio?

Kageyama asintió y preguntó.

—¿Puedo?

Esta vez fue su turno de asentir y respiró por su nariz para no terminar de inmediato cuando sintió a Tobio desabrochar su cinturón y bajar la cremallera. Cubrió su rostro al sentir al otro deslizar su ropa interior y quedar expuesto al apuesto pelinegro.

—¿Por qué cubres tú rostro? —preguntó sin ningún tono de burla, ladeando su cabeza con infantil curiosidad.

—Es embarazoso.

—¿El qué lo es? Parece que eres un espécimen de homo sapiens sano; sin ninguna malformación congénita o defectuosa.

Hinata se rio seco.

—Es embarazoso porque me estás mirando como si fuera un sujeto de estudio… y porque tú sigues vestido.

—Todo lo contrario, yo… —por primera vez en todo el episodio parecía que Kageyama finalmente comprendía todo y se enmudecía con timidez— yo… quiero tocarte.

—Quítate la ropa primero.

No era justo que él fuera el único desnudo.

Tobio parecía sorprendido y al siguiente segundo cohibido.

—¿Pasa algo? —preguntó Hinata.

—Soy diferente al androide que conociste en Ciudad Batería.

—¿A qué te refieres?

—Puede que… ahora la ilusión sea menos creíble que antes.

—¿Qué?

En lugar de ahondar más sus palabras Tobio se deshizo de sus pantalones negros, y luego de su ropa interior. Hinata se alejó un poco más para tomar toda la visión completa; los hombros anchos de Kageyama en disparidad con su esbelta cintura, su pecho era adornado por marcados músculos y pezones que hacían un bonito contraste con su morena piel.

No tenía ningún vello en su cuerpo, solamente un pequeño y tentador camino desde su ombligo hasta su pelvis.

Kageyama tenía todo para hacerse pasar por un humano… un bien dotado humano.

Sin embargo, su atención la robó la mano de Kageyama que se aferraba a su hombro con inseguridad, exactamente donde su piel desaparecía y comenzaba la expansión de metal; cuando bajó su mirada se encontró con la pierna metálica que Asahi y él habían construido desde cero.

Ah, a eso se refería con la «ilusión».

Debido a todas las veces que el pelinegro siempre presumía ser «el futuro de la humanidad» y «la creación perfecta de Oikawa» jamás pensó que podía mostrarse inseguro debido a algo, y menos a un tema tan insignificante como los sentimientos de Shouyou Hinata.

—Tonto robot —llamó levantándose de la cama y acercándose a Tobio—, ¿crees que me enamoré de ti a pesar que eras un androide?

—Yo…

—Porque te equivocas —tomó su mano metálica y besó cada dedo, luego su antebrazo hasta llegar a su hombro—; me enamoré de Kageyama, ¿no lo recuerdas? Desde que tenías esa pierna rota, desde que ese Ushijima arrancó la piel de tu brazo. Nunca necesité una ilusión, y nunca lo haré.

Shouyou se estiró en las puntas de sus pies hasta alcanzar su boca y lanzó ambos brazos en el cuello del pelinegro, colgándose de su figura más alta; chocando sus cuerpos desnudos y deslizándolos con avidez. Tobio acarició toda su espalda hasta llegar arriba de su trasero y Hinata se estremeció.

Llevó sus largos brazos hasta sus piernas y lo levantó con facilidad; abriéndolo para tener su trasero en el aire; la nueva y vulnerable posición reducía a Inferno a un enredo de suspiros y gemidos. Comenzaba a ponerse duro nuevamente pero se sorprendió cuando sintió que no era el único.

—¡¿Crece?! —preguntó sin aliento al sentir a Tobio ponerse duro.

—Mis pulmones se llenan de oxígeno, puedo llenar mi estómago de comida, tengo todas las funciones que un humano tiene; pero no las necesito. Oikawa quería construir una criatura perfecta, y parece que lo creó.

—Ugh —Hinata hizo una mueca—, no menciones a Oikawa en este momento, no quiero perder mi erección ni la tuya; pero lo que dices tiene sentido. ¿Eso significa que puedes tener sexo?

—Pensé que lo descubriríamos juntos.

Shouyou se rio.

—Me gusta esa idea.

Las palabras eran demasiadas y ya era hora de dejar sus cuerpos hablar; Kageyama volvió a reclamar sus labios y él terminó gimiendo su nombre en su boca hasta que el androide lo depositó en la cama y se puso encima él. Volviéndose audaz, Hinata tomó la mano de Kageyama que conservaba su piel y la dirigió hasta su miembro.

Los largos y suaves dedos del pelinegro se mostraban obedientes, moviéndose solamente cuando Hinata los conducía; pero él sabía mejor que eso, Kageyama aprendía cada segundo. Estudiaba las atenciones que aceleraban la respiración de Shouyou, lo que lo hacía estremecerse; la velocidad a la que debía ir y cuanta presión debía tener en su agarre para reducir a su humano a un revoltijo de gemidos, nombres y maldiciones.

Sol Inferno solo podía aferrarse a los musculosos brazos de Kageyama cuando sintió su clímax comenzar en los dedos de sus pies, recorriendo sus piernas como lava ardiendo cada espacio hasta llegar a su pecho y luego su estómago. Sus ojos vieron blanco y de su garganta fue arrancado un grito imprevisto.

Hinata cubrió sus ojos con su brazo, hundido en el rítmico sonido de su respiración volviendo a ralentizarse. Cuando descubrió su mirada sintió su rostro arder con timidez y vergüenza al notar a Kageyama mirarlo intensamente.

—¿Te sentiste bien? —preguntó.

—Me sentí como en las nubes —admitió con una sonrisa pícara—. Ahora es tu turno.

Tobio ladeó su rostro con confusión y un poco de temor.

—No sé si esto funcionará —admitió.

—¿Por qué no? —se preguntó sentándose en la cama para acercarse al androide. Afortunadamente era medio día y no había nadie en el cuarto—. Sí eres capaz de sentir dolor, ¿no tendría sentido que pudieras sentir placer también?

—Aunque el dolor es medido por los nociceptores que se encuentran en la piel, mientras que el placer es producido por la dopamina, endorfina, oxitocina y…

Inferno se colgó de su cuello y lo trajo con todo su peso a la cama, encima de su cuerpo; soportó el peso de Kageyama porque sentir su piel encima de la suya era tan celestial como lo había imaginado. Un suave «Mmm…» salió de sus labios.

—¿Qué sientes cuando nos besamos? —preguntó Shouyou.

—Siento como si mi cabeza no pesara nada y… mis labios cosquillean y siento una extraña calidez en mi estómago.

—¡Yo siento lo mismo!

—Entonces… ¿soy como un humano? ¿Oikawa logró crear una vida semejante a lo que los dioses crearon?

—Seguramente por eso se considera uno, ¿y podemos dejar de hablar de él? ¡Es como hablar de tu padre!

Hinata urgió el cambio de tema con un movimiento ondulante de caderas; si Kageyama tenía razón y él había sido creado con la misma estructura de un humano, pero sin sus imperfecciones; podía reír, podía pensar y podía sentir como Shouyou. Sol Inferno volvió a repetir el movimiento de sus costados y el otro se tensó de inmediato; pudo escuchar como su respiración se atoró en su garganta.

—¿Estás bien? —preguntó solamente en un susurro al lado de su oreja.

—Ah… sí —Kageyama respondió sin aliento en sus pulmones.

Un poco más aventurero, Hinata preguntó.

—¿Te gusta lo que sientes?

De los labios de Kageyama salió un sonido que jamás había escuchado, entre un sollozo y un quejido; hizo que Hinata se mordiera los labios y volvió a repetir el movimiento, sin esperar que el otro contestara.

—Es… —intentó hablar Kageyama— es un sentimiento extraño…

Shouyou bajó su mano hasta sentirlo, tomándolo en su palma se dio cuenta que no era tan diferente al suyo –tal vez un poco más grande–, con piel tersa pero caliente; Hinata lo sentía pesado y ansioso entre sus falanges, cuando cerró sus dedos Tobio dio una respiración aguda.

Hipnotizado por el otro, el de ojos cafés comenzó a mover su mano.

Ver a Kageyama de esa manera, haciendo expresiones y sonidos que nadie había visto ni escuchado; le daba un extraño sentimiento embriagador de posesión. Una droga a la que rápidamente se estaba haciendo adicto; Tobio Kageyama le pertenecía, y ahora no podía quitar sus ojos de cada expresión que el pelinegro hacía. La forma en que su respiración se había convertido en pequeños suspiros y cerraba sus ojos con fuerza cuando él movía su muñeca.

Un par de minutos más, y Tobio había cerrado su mano en la cabecera de la cama, buscando alguna superficie para aferrarse; Hinata solo escuchó el crujido de la madera al reducirse a añicos en el momento que el pelinegro soltó su nombre en un gemido tan erótico que tendría hasta a la misma Afrodita caliente.

El cuerpo del androide comenzó a relajarse al bajar de su clímax, Hinata podía sentir que su entrepierna regresaba a su flacidez. Hizo una nota mental que, cómo lo había señalado antes, Kageyama no producía ninguna clase de fluidos corporales.

—Sentí… —comenzó el pelinegro lamiendo sus labios— como si todos mis sistemas estaban al límite… mucho más intenso que una dosis de plus… ¿Es esto lo que los humanos sienten?

—Cerca —probó Hinata.

—Necesito descansar unos momentos —estableció Kageyama, recostándose sobre la cama, encima de Inferno.

—¡Roboyama! —gritó, aunque su voz se escuchaba apagada por el enorme cuerpo del pelinegro.

Tobio se rio entre dientes pero se compadeció del pequeño Sol y se acostó a su lado, podía ser que el androide careciera de vergüenza por su cuerpo desnudo pero Hinata no, así que cubrió sus cuerpos con la gastada sábana de su cama.

—¿Lo disfrutaste? —preguntó Sol Inferno.

—¿Bromeas? Creo que quiero hacerlo todo el tiempo.

Hinata se terminó riendo a carcajadas, porque él pensaba lo mismo.

—¡Aun podemos ir más lejos!

—¿En serio?

—¡Sí! No sabía si tu erección iba a ser metálica y me terminaría doliendo, pero es igual a uno real, así que podemos arreglárnoslas.

—… cinco minutos y ya me estoy arrepintiendo.

—¡Vamos, Roboyama! ¿No te parece emocionante? Aunque aún no tengo idea como se sentirían tus dedos metálicos ahí atrás…

—Eres un pequeño pervertido, ¿lo sabías?

—¡Tú sacas lo peor de mí! —sacó su lengua, recriminándole. Como si era su culpa que Kageyama fuera condenadamente atractivo.

Pero, por lo menos se tomaría unos minutos de estar a solas con Kageyama, acostados lado a lado como muchas veces antes. Sentir la piel y el metal de Kageyama en la suya sin ropa, una vez el fuego de la pasión y lujuria había desaparecido, solo terminaba sintiendo una nueva clase de acercamiento e intimidad.

Pensó en todo lo que habían recorrido y, como siempre, terminaban en esa misma posición; acostados uno al lado del otro. Desde Ciudad Batería, el Nido y ahora La Colmena; y también, como cada vez cambiaban más. Si no fuera porque Tobio era incapaz de dormir, hubiera jurado por la Bruja que el pelinegro estaba hundido en sueño. Su respiración era solo un arrullo y estaba plácidamente inmóvil.

Comenzaba a sentir el sueño halar las esquinas de su menguante conciencia cuando la voz del androide lo trajo a la realidad nuevamente.

—Hinata, ¿estás despierto?

Maldita sea el androide y el sueño que no le hacía falta.

—Sí, sí —contestó con el sueño pesado en su voz, esperaba que Kageyama se apiadara de él y lo dejara dormir—, ¿pasó algo?

—Yo… Quizás encontraste extraño que fuera yo quien comenzara nuestras actividades íntimas.

—Te escuchas tan sexy cuando lo dices así —estableció con sarcasmo, ¿Tobio podía señalarlo ahora?

—Eso es sarcasmo.

Ahí iba su respuesta.

—Cuando lo dices de esa manera me haces parecer un enano libidinoso que solo busca meterse en tus metálicos pantalones —señaló aun con sus ojos cerrados.

—No digo que no lo disfrute es solo que… hay algo que he sentido últimamente. Como un peso en mi pecho que hace como si tiritara aunque la temperatura se lea óptima en mi estabilizador de temperatura… y mis pantalones no son metálicos.

—¿Qué es lo que sientes?

—Miedo.

La respuesta de Kageyama hizo que terminara por abrir los ojos y se apoyara en ambos codos para verlo.

—¿Sientes miedo? —. El pelinegro asintió—. ¿Por qué?

—Es un frío peso que parece que recorre todo mi cuerpo, una soledad que no puedo zafarme; las únicas veces que sentí esto fue cuando vi a Destroya por primera vez y luego cuando Oikawa supo que tú estabas en la ciudad.

—Pero tú estás aquí y yo estoy aquí, no tienes por qué temer.

—Es solo que… tengo miedo de no poder lograrlo —explicó—; Iwaizumi está convencido que sólo yo podré hacerlo, pero si ni siquiera puedo tocarlo cuando entrenamos, no creo que pueda hacerle frente a Oikawa. Es mi creador, ¿cómo puedes vencer al ser que hizo que vivieras?

—No estás solo Kageyama y no estarás solo allá afuera —Hinata tomó su mano—; no importa lo que nos deparé en Ciudad Batería yo nunca me separaré de ti, ¿de acuerdo? Yo estaré ahí para ordenarle a Destroya que le patee el trasero.

Eso le ganó unas cuantas risas del pelinegro.

—¿Qué hay si no le gano a Iwaizumi?

—Roboyama, yo estuve ahí cuando le ganaste a Ushijima. ¡El S.C.A.R.E.C.R.O.W. no tuvo ninguna oportunidad contigo! Puedo apostar mi vida que puedes ganarle a Iwaizumi y a Oikawa también.

—No apuestes tu vida, no sé qué haría sin ti.

Shouyou sonrió.

—Esa es una respuesta muy humana.

—Tú me haces sentir como uno.


Akaashi volvía a cargar su glock con un nuevo cartucho, escuchó el distintivo «click» y quitó el seguro de la pistola; separó ambas piernas y apuntó con facilidad a la silueta negra del blanco y disparó sin gastar otro latido. El proyectil viajó sobrepasando cualquier velocidad de sus ojos y dio en el objetivo. Detrás de él pudo escuchar el murmullo de jadeos proveniente de los miembros de La Colmena.

—Tienen que visualizar su blanco —les aconsejó—, sus piernas separadas y por último, respiren profundo.

Una línea de chicos estaba a su lado, todos tenían una pistola en sus manos y frente a ellos una lata de soda pop vacía. A la señal de Akaashi, levantaron sus armas y sostuvieron. Sus posturas podían ser mejoradas en varias maneras, pero la mayoría comprendía lo básico.

—Tú —señaló—, abre un poco más tus piernas; tú —se dirigió a otro—, así está bien solo endereza más tu columna.

Además de realizar los preparativos para la guerra debían también entrenar a las abejas que irían con ellos. No era como si el pacífico grupo jamás había tomado una pistola en sus manos, pero tenían pequeños desperfectos que tenían consecuencias en sus desempeños en el campo de batalla. Akaashi, Kyoko, Yaku y Tanaka se encargaban de las armas de fuego; mientras que otros de armas blancas y luchas de cuerpo a cuerpo.

—¿Regresamos a ser mentores o algo? —comentó Yaku con una sonrisa mientras terminaba de cargar un revólver.

—Es lo que parece —sonrió de regreso—. Es extraño, pero, este tipo de cosas me da un raro sentimiento de cotidianidad, ¿a ti no?

—Solo agradezco salir del ala de emergencias por una vez, estoy feliz de ayudar en algo; mantener mi cabeza y cuerpo ocupados.

—Sé a lo que te refieres.

—Además —continuó mientras levantaba los brazos de un chico un poco más—, haré lo imposible aquí para que todo salga bien.

—¿Tú no…?

—No —terminó—, no podré ir a la guerra, órdenes del doctor —Morisuke intentó sonreír pero sus labios rápidamente se encresparon en una mueca de tristeza—. Está convencido que me matarán los primeros cinco minutos, además… desde que se perforó un pulmón no consigo tener la misma resistencia de antes; una vejez prematura, supongo —se rio.

—Lo siento.

—Está bien —aseguró—, Oikawa nos ha quitado algo a todos, a mí me quitó un pulmón.

Apretó su hombro para darle un poco de consuelo, Akaashi sabía que él terminaría volviéndose loco si fuera obligado a quedarse en el banquillo una vez el enfrentamiento explotara.

—¡Listos! —llamó Histeria, todos sus «alumnos» se tensaron—. ¡Disparen!

Como si se encontrara en una caballería, sus oídos ensordecieron por todos los disparos. El olor a pólvora se impregnaba en el aire, respiró profundo, debatiendo que al menos, en ese momento, el olor a muerte aun no se hacía presente; ¿pero cuánto tiempo más duraría? Ese artificial momento de paz. ¿Quiénes terminarían victoriosos? ¿Quiénes sobrevivirían?

—Ah, por la maldita Bruja —gruñó Yaku a su lado, interrumpiendo la letanía de pensamientos fatalistas de Akaashi.

—¿Todo bien?

—Sí, es sólo ese chico.

Keiji siguió sus ojos moca, y terminó encontrándose con un joven que resaltaba dolorosamente. Era mucho más alto que todos los chicos, tenía ojos como esmeraldas y cabello ceniza; lo había visto algunas veces pasando el rato con Hinata y Kageyama.

—¿Te molesta?

—Sí, bueno… no, es sólo que lo encuentro en cualquier dirección que me dirija. Se queda mirando fijamente y cuando se acerca solo es para regalarme cachivaches, el otro día me dio una radio que se activa con aplausos.

Histeria se rio entre dientes, pero paró al ver a un Yaku enfurecido mirándolo.

—Se enamoró de ti —comprendió, luchando para no reírse a carcajadas. Aunque el chico era enorme, parecía tener la misma edad de Hinata, y Morisuke era mayor que Akaashi; el par era tan diferente que la sola idea de verlos lado a lado era peculiar.

—No digas eso —regañó Yaku, como si al decirlo lo haría más real—; sólo es un chiquillo al que le gustan las bromas.

—Pero míralo, parece que tiene un arma —El alto notó que ambos killjoys lo miraban de reojo y solo se volvió más consciente de sí mismo—. ¡Oye, chico! —llamó—. Sí, tú, el de camisa roja.

—¡¿Qué haces?! —Siseó Yaku con alarma—. El chico es una peste, no me lo podré quitar de encima después.

El aludido notó que fue llamado por él y se acercó en su dirección con una sonrisa.

—No te preocupes, yo tengo experiencia con los idiotas con buen corazón.

—¡Lev Haiba reportándome! La líder Michimiya me ha dado el visto bueno para luchar con ustedes, ¡quiero ayudar a los killjoys! —informaba, mientras solo veía a Yaku.

—¿Lo hizo? —Preguntó Akaashi—. ¿Estás dispuesto a luchar con nosotros?

—Sí.

—¿Sabes usar un arma? —esta vez fue el turno de Yaku en cuestionar.

—Sé algunos principios de la postura del disparador y la empuñadura, ¡además maté un tipo en la Zona 43!

—Guau, espera, un poco más despacio —urgió Cianuro.

—Empecemos con tu postura, chico —dijo Akaashi mientras continuaban con la lección.

.

Lev no terminó siendo el caso perdido que esperaba, para su sorpresa podía parecer denso e infantil, pero Akaashi descubrió que era peculiarmente inteligente. Captaba sus consejos de inmediato y no volvía a cometer un error dos veces, incluso notó que Yaku estaba disfrutando un poco más al enseñarle, aunque siempre era el primero en regañarlo cuando se equivocaba. Los demás aprendices mostraban una leve mejoría pero aún tenían mucho camino que recorrer, estos serían unos largos cuatro meses.

Pudo escuchar un par de pasos desde unos cuantos metros de distancia así que no le extrañó cuando sintió una pesada mano enrollarse en su costado.

—Hola, conejito, ¿te sorprendí?

—Tus pasos son más pesados ahora —respondió sin suavizarlo—, te pude escuchar desde que entraste a la pieza.

—Diablos.

—¿Qué haces aquí?

—Extrañaba tu rostro, bebé.

—Muy gracioso —comentó—, ¿y hay una razón especial por la que Asahi te acompaña?

—¡Eres muy inteligente! —Exaltó Bokuto, sacándole una pequeña sonrisa en el camino—. Estamos por probar cómo funciona esta nena. —Flexionó su brazo metálico.

—Ten cuidado, Kou —advirtió, intentando ocultar su preocupación.

—¡Por supuesto, bebé!

Kyoko caminó en su dirección e instaló un blanco a algunos cuantos metros de distancia; mientras Asahi colocaba una hilera larga de municiones alrededor del tórax de Bokuto. El killjoy infantil cerró sus ojos y sus labios se estiraron en una fina línea; hasta que los paneles de su brazo se levantaron liberando una pequeña corriente de aire y comenzaron a tergiversarse.

Revólver terminó con una ametralladora en su antebrazo.

Cargó la enorme arma; Akaashi intentó distraerse con algunos de sus estudiantes para zafarse esa intranquila sensación gélida que le dejaba al recordar la última vez que vio a Bokuto en esa forma. No le haría bien a nadie si él tenía un ataque de pánico en medio del campo de batalla, así que se obligó a calmarse.

—¿Cómo te sientes, Revólver? —preguntó Kyoko, voz ilegible.

—Bien, bien —aseguró, riéndose entre dientes—, no recordaba lo pesado que se volvía mi brazo.

—¿Estás listo?

—No, pero aun así puedo hacerlo.

Escalofríos recorrieron toda su columna cuando la lluvia incesante de proyectiles despedazó sin misericordia el blanco que había sido puesto frente a él.

Después de acabarse la ronda de municiones, Kyoko levantó su brazo con un pañuelo rojo en sus manos para señalarle que se detuviera; Bokuto paró, del cañón de la metralleta salían hilillos de humo.

—¡Woo! —exclamó—. ¡Eso fue una locura!

—Paraste al instante que te señalé —estableció Kyoko complacida—, intentémoslo nuevamente.

Akaashi se ocupó de sus propios asuntos, y continuó con sus lecciones de tiro; hablando un poco más fuerte para escucharse por encima de la estruendosa tormenta de balas. Al ver cómo muchas de las abejas rápidamente tomaban lo que se les había enseñado y cada vez necesitaban menos instrucción, Keiji comenzó a sentirse más confiado cada vez.

Al otro lado de la enorme instancia Kuroo y un tipo con mirada gélida y sin cejas enseñaban algunas técnicas de pelea de cuerpo a cuerpo.

—Bien hecho, Revólver —felicitó Shimizu—; ahora, Tsukishima dice que debemos probar tus habilidades de combate.

—¿Mis movimientos de pelea? ¡Pero siempre fui lento para esas!

—Debemos comprobar si tu velocidad ha cambiado.

—¡De acuerdo! —saltó—. ¿Quién será mi oponente?

—Yo —dijo Kyoko, tomando su estancia de pelea.

—No voy a ser suave contigo —sonrió, la metralleta regresó a su forma de mano.

—No espero que lo seas.

—Aquí vo…

Shimizu no dejó que terminara sus palabras y se apresuró hacia él, en tres saltos ya estaba en su rostro; usando el último paso para impulsarse y patear la cabeza de Revólver son su otra pierna, Bokuto fue más rápido y se agachó; tomó la pierna de Kyoko en sus manos para arrojarla lejos, sin embargo Dulce arqueó su espalda hasta que sus brazos estuvieron a la altura de su tórax y arrojó un puño para golpear su tráquea.

Akaashi notó la diferencia en los movimientos de Bokuto ahora, eran más fluidos y veloces que antes; siempre terminaba por parar los golpes de Kyoko antes que los encestara, y si no fuera por los ágiles reflejos de la pelinegra, hubiera recibido algunos golpes.

—Eres más rápido —admitió Dulce Voraz.

—Es como si pudiera ver claramente cada movimiento —estableció Bokuto.

—Probemos qué tan bueno eres con fuerza bruta —decidió, la chica pelinegra llamó al tipo enorme con mirada gélida que estaba con Kuroo.

Tenía cabello blanco; Akaashi siempre pensó que Asahi era grande, pero ese chico parecía que doblaba a Keiji en altura. No estaba usando camisa, solamente un par de pantalones beige y un cinturón negro, tenía hombros masivos y una mirada amenazante.

—Aone —llamó Shimizu—, ¿Por qué no te enfrentas a Bokuto?

El aludido, solo asintió, retrocedió un paso y se inclinó, con ambos puños al lado de su rostro; Akaashi comenzó a preocuparse por Bokuto y se sorprendió un poco cuando más y más chicos comenzaban a acercarse a la escena para ver la pelea entre «el-chico-mitad-robot» y «el-edificio-andante».

Bokuto solo sonrió y gritó: «¡Vamos!»

Ambos buscaron placar al otro y terminaron chocando de frente; Aone respiraba con dificultad por su nariz, Bokuto rechinaba sus dientes, intentando superarse. Hasta que Revólver levantó al enorme chico de cabello blanco con facilidad, como si se hubiera tratado de Akaashi, y lo trajo al suelo con un golpe.

—Así que a eso se refería Iwaizumi cuando dijo que sólo Bokuto era el único que podía hacerle un rasguño —dijo Kuroo a su lado sorprendiéndolo, no lo había escuchado acercarse.

Koutarou volvió a vitorear de la emoción, antes de ayudar a Aone a ponerse de nuevo en pie.

—Es mucho más rápido y fuerte ahora —comentó Akaashi sólo para el pelinegro.

—Oikawa se comerá sus perfectas y manicuradas uñas cuando sepa que el tiro le saldrá por la culata; se arrepentirá de haber convertido a un killjoy en un S.C.A.R.E.C.R.O.W.

Keiji se rio entre dientes.

—Veamos qué tan bueno eres uniendo fuerza y rapidez, chico —llamó una voz detrás.

Todos giraron su rostro para descubrir a Saeko Tanaka, la chica rubia con el parche en su ojo ladeó su rostro para estirar su cuello y, de la misma manera, sus extremidades. Volumen Vibrante fue la más fuerte del trio original de los killjoys, su altura podía no impresionar a cualquiera, pero Akaashi ya había sido testigo de su fuerza en el desierto.

—¡Esto se está volviendo interesante! —exclamó Bokuto con una sonrisa que iba de oreja a oreja.

Saeko igualó la misma sonrisa sin inhibiciones y cargó contra él.

Bokuto lanzó un gancho con su brazo metálico, pero Saeko fácilmente lo esquivó inclinando su porción superior más abajo; sin embargo la rubia aprovechó el impulso, saltando y pateando a Revólver en su cabeza con su pierna.

Koutarou perdió su equilibrio por unos segundos y fue lanzado hacia adelante.

—No te hagas el suave conmigo, muchachote —se rio Saeko.

—No lo soy —sonrió Kou.

Esta vez fue el turno de Bokuto, arremetió con otro gancho con su brazo; Tanaka se movió al último segundo para evitarlo, atrapó su brazo y lo haló hacia ella para recibirlo con su puño. Revólver recibió el golpe, pero en lugar de retroceder, parecía que lo estaba esperando; tomó el momento, y arrojó su rodilla humana para golpearla en el estómago.

Saeko se congeló de inmediato y cayó al suelo, quejándose del dolor y jadeando.

Koutarou fue el primero en acercarse a ella, ¿tal vez la había golpeado muy fuerte? Pero Saeko le urgió que todo estaba bien.

—No, no, no se preocupen, estoy bien —aseguró, deteniendo a Revólver con su palma—. Debí prestar más atención.

—Hombre, intenté no ir tan fuerte —se irguió levantando a la chica con un brazo—. Pero debo admitir, ¡puedo escuchar mucho más ahora si me concentro! ¡Las respiraciones y latidos y esas cosas!

—Deberíamos hacer más pruebas para ver qué tanta fuerza tienes —se acercó Kyoko—. Sabemos que puedes doblar metales, ¿pero qué hay de romper paredes de concreto?

—Y debemos probar también su pierna metálica —opinó Kuroo.

—Debemos tomar el tiempo que lleva transformarse en su mano y luego en el arma —dijo Kyoko.

—Sí, sí —Kou se cruzó de brazos—, pero ahora en adelante debemos practicar sin oponentes humanos y… ¡Saeko! —gritó.

Akaashi buscó a la chica detrás de Bokuto y su pecho se constriñó al ver la sangre.

La chica del parche miró su pantalón atónita, como si se tratara de una ilusión o un sueño necesitó pruebas para saber qué la sangre era real, posó la yema de sus dedos y llenó sus falanges del enfermizo líquido carmesí. Un silencio sepulcral y enervante se apoderó de todos, Akaashi estaba estático; nadie respiraba, nadie podía hacerlo.

Hasta que Saeko habló.

—Uh… —su voz temblaba—… parece que no estoy bien después de todo…

Koutarou la levantó sin esperar otro latido y comenzó a hacerse camino en medio de todos; corriendo con ella en sus brazos hasta el ala de emergencias para que Ennoshita pudiera ayudarla; su velocidad no podía ser comparada con los demás así que cuando llegaron Silencio Infeccioso la estaba examinando en la pieza adyacente y ellos se limitaron a esperar en el ala de visitas.

Ryuunosuke corrió de inmediato cuando las noticias de su hermana llegaron a sus oídos y ahora se encontraba caminando de lado a lado, sudando helado; mantenía una mano sobre su boca y la mirada en el suelo.

—¡Lo siento tanto! —Exclamaba Bokuto con lágrimas en sus ojos—. Me estaba conteniendo a pesar de lo que le dije a ella, ¡yo… soy lo peor! ¡Perdóname! ¡Perdóname!

—Kou, cálmate —Akaashi llegó a su lado y tomó sus manos; aun no sabían qué tan grave era el problema—. Ennoshita está haciendo todo lo que puede en este momento, debemos confiar en él.

—Eh… sí, hombre —Tanaka se rascó la nuca, su piel estaba pálida—. Ella, ella es fuerte, apuesto que sólo es un rasguño.

Parecía que intentaba convencerse a él más que a Bokuto.

Después de una hora Ennoshita finalmente salió.

—Ryuunosuke —llamó a Terror.

—¡¿Cómo está ella?!

—Es… —Chikara se veía un poco inseguro—, ven conmigo, supuse que estarías más preocupado que ella así que debía decírselo a ambos.

Silencio Infeccioso se adentró a su clínica y detrás de él un apresurado Tanaka. Bokuto los siguió, aunque Akaashi intentó detenerlo.

—Koutarou, esto no nos corresponde.

—¿De qué hablas? Es mi culpa, debo asegurarme que ella esté bien.

Bokuto era un cabezadura, y él sabía mejor que detenerlo; estaba muerto de la preocupación y no descansaría hasta saber cómo estaba Saeko. Akaashi también estaba intranquilo con todo el episodio. ¿Qué había sido eso? La sangre había sido demasiada, aun cuando Revólver la había golpeado con su rodilla humana.

Keiji terminó entrando con ellos, pero Kuroo y Yaku también los habían seguido; detrás de ellos pudo ver a ese chico gigante Aone; lucía tan preocupado que parecía que se enfermaría de un segundo a otro.

—Guau, parece que tenemos público… —señaló Ennoshita.

—Chikara —pidió Ryuunosuke—, está bien así, sólo necesito saber cómo está Saeko.

—¡Ey! Yo también quiero saber —exclamó la chica, seguía acostada en su cama, su ropa ensangrentada yacía en el suelo.

Ennoshita se aclaró su garganta.

—Claro, Saeko lo que sufriste no fue ninguna lesión o contusión, fue una amenaza de aborto.

'¿Qué?'

—¿Uh?

—Sí —dijo el médico—. Estás embarazada.


Si sienten que es necesario cambiar el rating de "T" a "M" sean libres de decírmelo! No consideré que fuera tan explícito, pero una segunda opinión me ayudaría.

El título de hoy le pertenece a Hozier, es una canción preciosa!

¿Qué les pareció?

Ustedes saben que los aprecio por dejarme un pequeño comentario, me ayudan mucho para inspirarme y me hacen muy muy feliz.

Nos leemos luego~