¡Feliz viernes!
Un placer tenerlos aquí nuevamente y tan pronto ;)
Debo recalcar lo FELIZ que estoy por el amor que el fic está recibiendo y por todas esas preciosas palabras que se toman el tiempo de escribirme y esos preciosos dibujos que me regalan, hacen que mi corazón se llene de tanta alegría que creo que no es legal!
Y sin más, disfruten del fic.
Pero antes: Miles y miles de gracias a mi perfecta beta Ren por siempre permanecer conmigo en la riqueza y en la pobreza y en la salud y enfermedad ;u;
»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: KoutarouBokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka.
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita.
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata.
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai.
Choque Binario: Tobio Kageyama.
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi.
Rugido Helado: Lev Haiba.
Profesor T: Itettsu Takeda. «
Cherry Wine
¡Bienvenidos de regreso mis anarquistas preferidos!
¿Me han extrañado? ¡Porque yo sí!
Aquí un brindis por todas esas familias que están por crecer, eso incluye a una de mis personas favoritas; y por eso, mis cuervos, estoy por ausentarme algunas horas. ¡Pero no desamparen, reinas de choque! Porque no pasarán más de veinticuatro horas sin escuchar mi melodiosa voz.
El Profesor T y yo viajaremos unos cuantos cientos de kilómetros para visitar el milagro del desierto, cuervos, pero en lugar de mirra, incienso y oro; regalaremos balas, alcohol y rock n' roll.
Nada como una fiesta para descansar el alma, ¿eh?
Y a continuación, dejaremos tocando la discografía de «My Chemical Romance»; un aplauso para nuestros padres anárquicos, roguemos que la Bruja Fénix los haya amparado para encontrar finalmente un lugar de descanso.
—Estás embarazada —fueron las palabras que dejaron la boca del médico a la killjoy que yacía en la cama de su consultorio.
Ennoshita ni siquiera pudo contar los milisegundos que siguieron antes que el chillido penetrante siguiera, tan agudo que podría incluso dañar los tímpanos de cualquiera.
—¡¿Qué?! —gritó Saeko.
Esa no había sido la respuesta que Chikara había estado esperando de la chica, demonios, él estaba emocionado por todo el asunto y lo que significaba.
—Sí —respondió el médico—, yo…
—¡Debes estar bromeando! —lo interrumpió, su rostro se veía pálido—. ¡No, no, eso es imposible! ¡Ni siquiera he tenido sexo en meses! —Ryuunosuke hizo una mueca, pero ella continuó—. Digo, sí, mí período se saltó algunos meses pero pensé que era por lo mal que nos estábamos nutriendo —razonó, parecía que comenzaba hablar con ella sola—. ¡También pensé que se me estaba quitando, ya sabes, las mujeres de mi edad dejan de poder embarazarse!
—Saeko, eso pasa cerca de los cincuenta años —respondió.
—¡Las mujeres envejecen rápido en mi familia! —chilló—. Y en los hombres es retardado —vio a su hermano menor.
—¡Oye!
—¿Estás completamente seguro? —lo cuestionó—. Había mucha sangre ahí…
—Sí, pero solamente se trataba de sangre líquida; no encontré restos de embrión o placenta.
Ella hizo una mueca de asco.
—Según las fechas que me has dado, llevas trece semanas. Por ahora, parece que el bebé está bien, pero necesitamos que esté más grande para escuchar su corazón.
—Oh. —murmuró mientras empuñaba con fuerza la fina sábana blanca.
Finalmente escucharon el resoplido de Ryuu, como si hubiera mantenido su respiración desde que había llegado al ala de emergencias. Apoyó su cuerpo en la pared y se deslizó hasta caer sentado en el suelo, llevó una mano hasta su cabeza mientras mantenía la mirada perdida en el suelo. Chikara estaba por ir a ofrecer alguna ayuda hasta que notó la sonrisa relajada en los labios de Terror.
—Estaba… estaba tan preocupado —se rio entre dientes y sonreía más a medida que las noticias finalmente tomaban forma en su mente—… ¿y ahora me dices que voy a ser tío?
Ennoshita terminó sonriendo al ver la tierna alegría de Ryuu y como halaba las esquinas de sus labios. Eran buenas noticias para todos, el médico no podía decir que tenía experticia tratando esos casos… desde que se había unido a la resistencia, después de aprender todo de su maestro, nunca antes había tenido ningún acontecimiento así.
Al examinarla, todo su cuerpo indicaba positivo a un embarazo, aunque le tomó de varios minutos llegar al diagnóstico. En todos los años que llevaba ahí, ninguna otra killjoy había resultado embarazada; sabía toda la teoría de qué hacer, pero hacía años no tenía a alguien con esos síntomas.
Él no tenía ningún parentesco con el pequeño regalo en el cuerpo de Saeko, pero, de alguna manera sentía la misma alegría de Ryuunosuke; por todo lo que significaba.
Sí, podían florecer lirios en el desierto.
Ryuu abrazó a su hermana con lágrimas en sus ojos y nariz enrojecida; Saeko todavía lucía sorprendida.
—Esto… —habló la chica— ¿Esto significa que no podré luchar en la guerra?
—Eso es exactamente lo que significa —respondió el médico—. Después del altercado necesitas guardar reposo completo por una semana, y después de eso no debes sobreesforzarte. Eso significa que no debes meterte en peleas con S.C.A.R.E.C.R.O.W. ¿me escuchaste Bokuto?
—Sí, señor —contestó Bokuto más mortificado que antes, Ennoshita supuso que casi ser la causa de que algo muy malo le pasara al bebé cargaría muy pesado en su conciencia.
—Tampoco puedes ayudarle a los chicos a entrenar y eso significa disparar armas. De ahora en adelante debes comer bien y tomar vitaminas. Hablaré con Yui por algunas —Chikara comenzó a enlistar más prohibiciones severas para Saeko y con cada palabra que salía de su boca, volvía más inquieta la expresión de la chica; como un niño que acababa de morder un regaliz agrio.
—Entiendo —dijo ella con decepción.
Él sabía que todas esas reglas serían más difíciles con Saeko mucho más que con alguien más. Ella vivía por el enfrentamiento, y los killjoys no contarían con el último miembro de los originales.
—Ahora —comenzó de nuevo—, ya lo sabe tu hermano y todas estas personas que se entrometieron —miró a Bokuto, Akaashi, Yaku, Kuroo y hasta Aone—; cómo médico mi deber es guardar el secreto, pero si existe alguien que tal vez quisiera una opinión profesional o pudiera tener preguntas sobre todo el proceso. Entonces yo les podría dar la noticia.
Toda la fuerza que poseía Volumen desapareció por unos segundos cuando sus muros comenzaron a descender; y por unos momentos sus ojos reflejaron el luto y la tristeza que había guardado de todos. Ryuunosuke vio a su hermana y tomó fuerte de su mano.
Saeko solamente murmuró algunas palabras:
—El pequeño Kei.
Y aunque Lev quisiera gastar todo su día contemplando al killjoy de ojos moca y corta estatura, debía recordar que aún tenía obligaciones por cumplir en la guerra que se acercaba. Aunque él jamás había visto un S.C.A.R.E.C.R.O.W. enemigo –y tampoco era como si Ala Revólver fuera a atacarlo para ver de lo que un híbrido estaba hecho– Haiba había leído todos los informes y las historias de los sobrevivientes a sus ataques.
Aunque aún no se atrevía a preguntarle a Yaku acerca del ciborg que terminó atacándolo a él; temía terminar diciendo algo estúpido y el pequeño killjoy lo odiara para siempre.
Una parte de su cerebro se preguntaba si Cianuro se enamoraría de él si consiguiera la cabeza del S.C.A.R.E.C.R.O.W. que lo hirió de muerte.
Así que siguiendo esa línea de pensamiento, debía terminar esas armas de energía dirigida. Ya que, si bien no sabía si un disparo bastaría para acabar con los ciborgs, recordaba el incidente que habían tenido con Kageyama en la Zona 14; quitando el hecho que el androide había perdido su cordura por un momento y casi los terminó matando, esa clase de energía y armas era lo que necesitarían si querían tener cualquier clase de probabilidad en salir victoriosos.
Kageyama al tener ahora su núcleo completo, tenía más control de la energía, ya no necesitaba cargas de plus; fue idea de Lev, si podía depositar una fracción de energía en una clase de batería –confeccionada por el ingeniero robótico– para almacenar esa energía y así darle poder a las armas.
De esa manera, las pistolas tendrían una fracción de su poder y no correrían el riesgo de tener el mismo problema de perder el control como esa vez. Era simple sentido común, no necesitaba cien millones de voltios para hacer funcionar una lámpara de mesa.
Y hablando de lámparas, Yaku aún no había aceptado su regalo, pero solo necesitaba insistir más.
Terminó de ajustar la pistola de mano modificada, si esto funcionaba, las posibilidades podían ser infinitas. Si una glock podía disparar energía en lugar de balas, después podría probar su suerte con un revólver, una metralleta, demonios y ¿qué pasaría si lograba crear dos micropuertos que sostuvieran un paso de energía constante encima de una superficie?
Una espada sería más mortífera.
Aunque esos aun eran sueños, el tiempo pasaba sin detenerse; el arma en la que había estado trabajando tanto tiempo fue destruida esa vez por Kageyama, Lev empezó desde cero, lo que había atrasado todo el proceso. Pero estaba confiado; al poder experimentar un poco más con la energía que venía del núcleo del androide aprendió otras cosas más avanzadas, cosas que ni siquiera su antiguo maestro había sabido.
Oikawa había sido un genio, pero eso ya lo sabía.
Conectó la reserva de energía a la glock; pronto, cada pistola tendría una versión más pequeña de ese contenedor de energía, de esa manera cada arma contaría con su propia fuente de electricidad aunque fuera agotable.
No era el único trabajando en las armas que utilizarían, Yui tenía a todo el departamento de ingeniaría robótica siguiendo los planos de Lev. Mientras que él solo estaba satisfecho de no haber recibido un castigo por estar confeccionando armas. Aunque tampoco evitó un inmaduro sentimiento de: «No voy a repetirte que yo tenía razón… pero yo tenía razón.»
Pero al final se lo dijo a la abeja reina y eso le ganó tres semanas lavando los platos de todos en la colmena.
Entonces ahora debía confeccionar todas las armas que utilizarían, no fallarle a Yaku en sus prácticas de pelea –eran importantes para Lev– y ahora lavar los platos después del desayuno, almuerzo y cena.
Pero él era Rugido Helado, podía hacer todo eso y más.
Hizo los ajustes necesarios para controlar el flujo de energía, no necesitaba la potencia que Kageyama había usado en el desierto; no quería destruir su taller, solo necesitaba que el arma funcionara. Cargó la pistola y haló la corredera.
Repitió todas las indicaciones que Yaku había dicho y se preparó para disparar; cuando estuvo listo apretó el gatillo.
El arma se disparó al instante y un rayo neón atravesó el blanco que estaba utilizando. Un poco preocupado Lev fue a medir el daño hecho, pero afortunadamente solo había un pequeño agujero en la pared, parecía que no había atravesado el concreto.
¡Lo había conseguido!
Ahora solo era cuestión de programar cada arma con diferentes ajustes y calibrar la energía que cada uno tendría. Además de experimentar en qué otras situaciones podrían utilizar la energía dirigida.
Escuchó pequeños toques en la puerta de su taller; sin pensarlo Lev le indicó que podía entrar, aunque era extraño, nadie nunca tocaba antes de entrar; ¡todos preferían entrar como si el lugar les pertenecía! …aunque él hacía exactamente lo mismo.
—¿Lyovochka?
'Oh, por eso era que había tocado'
—Hola, Alisa.
La chica entró con un poco de inseguridad, al ver todas las armas –sin balas– desperdigadas por todo el lugar; Lev no era el más escrupuloso de todas las abejas, pero siempre intentaba tener todo más presentable para su hermana.
Alisa era su hermana mayor, aunque ella era más baja que él. Lev miró sus ojos heteróclitos abiertos y vidriosos, lo único que contenían sus lágrimas eran las largas pestañas blancas que guardaban sus ojos azul y el otro marrón. Lev comenzó a «ordenar» el desastre que tenía; Alisa nunca fue estricta, pero ella era todo lo contrario a él.
—¿Pasa algo?
—Acabo de hablar con Yui.
—¿Sí? —preguntó mientras recogía todos los escombros de metal que estaban en el suelo.
—Sí, dice que estamos por unirnos a una guerra, Lyovochka. ¿Sabías eso?
—Eh… —no importaba cuanto lo intentara no podía mentirle a su hermana—. Sí.
—Ella dice que está preguntando a cada persona si están dispuestos a pelear junto a los killjoys. Dice que… dice que marcharán hacia Ciudad Batería. ¡Directo a hacerle frente a la ciudad! ¡Al dictador, Lyovochka!
Cuando ella lo decía de esa manera se escuchaba como si ellos habían perdido la razón.
—¿Qué le respondiste?
Alisa pasaba sus dedos con nerviosismo por las largas cascadas de cabello ceniza que descendían por sus hombros.
—Que no —respondió con tristeza—, todos esos killjoys… han entrenado por años para pelear, nosotros no tenemos ninguna oportunidad a su lado.
—Pero ellos están ayudando a las abejas a entrenar.
—Lyovochka, no puedes comparar unos meses de entrenamiento a una vida ahí afuera.
Sabía que su hermana tenía razón, los demás chicos habían sentido y visto cosas que nadie podría imaginar. Lev había escuchado algunas anécdotas de lo que había sido los últimos minutos en el Nido… ser atacados de esa manera, acorralados como ratas en su mismo hogar… era escalofriante.
—Después le pregunté a Yui si ya te había preguntado a ti antes, Lyovochka.
'Demonios.'
—¿Sí?
Alisa asintió.
—¿Qué… qué te dijo?
—Que ya te había cuestionado, pero debería hablar contigo si quería saber tu respuesta.
—Oh.
—Dime Lyovochka —rogó, su voz se quebraba; Alisa no era tan densa como él, ella ya sabía cuál había sido su respuesta—, ¿dijiste que sí?
Su hermana había estado preocupada cuando él había partido a la misión a la Zona 43 con Kageyama, Hinata y Kenma; pero cuando regresó en lugar de regañarlo –como Yui lo había hecho– sólo se alegró que hubiera regresado con bien. Lev siempre había sido diferente a las demás abejas, demasiado extrovertido y demasiado arriesgado.
Así que Alisa no debía de tener ninguna duda con su respuesta.
—Dije que sí, sestra —aceptó—, le dije a Yui que sí quería unirme a la guerra.
Alisa abrazó su propia figura y sollozó en silencio, Lev odiaba verla así porque sabía exactamente en quien pensaba, se acercó a ella y la rodeó con sus brazos.
—Ya lloré por mamá y papá, Lyovochka, por favor no me hagas llorar por ti también. No puedo soportar perderte.
Lev la abrazó más fuerte, Alisa fácilmente cabía dentro de sus brazos, era mucho más pequeña que él; pero todavía seguía siendo más grande; sólo recordaba esos días cuando sus padres jamás regresaron y su hermana fue fuerte por los dos. Él aún era pequeño y no entendía muchas cosas, pero Alisa siempre estuvo para guiarlo hasta que llegaron a La Colmena.
—No lo hagas —pidió ella—, no pelees una guerra que no es nuestra.
—Quiero hacerlo —le respondió—, no porque Hinata o Kenma son mis amigos, sino porque yo creo que ellos tienen razón. No quiero quedarme sentado cuando otros estén arriesgando su vida por una ideología en la que creo. Además, estamos hablando de nuestro futuro, esta guerra es de todos.
—Lyovochka…
—No me perderás, Alisa, regresaré. Te lo aseguro.
Lev no sabía si su hermana creía alguna de sus palabras, pues la chica de cabellos como nieve solo negaba con su rostro mientras silentes lágrimas caían de sus ojos. Pero él no podía quedarse, simplemente no podía hacerlo si el fin del mundo se estaba acercando, Haiba no se podía dar el lujo de quedarse con brazos cruzados.
—Atrás de ti —escuchó una voz susurrarle en su oído.
Kageyama ni siquiera terminó de girar su rostro con alarma cuando una pesada bota negra golpeó su cabeza; lo siguiente que sintió fue la áspera pared de ladrillos gastados en su mejilla. La desventaja de la capa dérmica artificial que lo rodeaba era que podía sentir cada roce, podía sentir la cabeza de un alfiler, el pétalo de una flor y el rocío de la madrugada.
Eso también significaba que podía sentir la irregular superficie tosca de las baldosas y cómo se introducía en su piel, rompiendo la dermis. La pared se hundió mientras se resquebrajaba en las esquinas, el ladrillo estaba por ceder, sólo era cuestión de tiempo –y otros golpes–.
El androide no tenía las fuerzas para sostenerse en pie y cayó sobre la arena de espaldas; no movió ni un músculo aun cuando sintió un paso a cada lado de su cabeza e Iwaizumi mirándolo hacia abajo.
—Sigues siendo demasiado lento —regañó girándose mientras dejaba a Kageyama que se recuperara.
—Si pudiera usar todo mi poder como Destroya y activar su energía sería mucho más rápido y entonces te igualaría.
—No solo me igualarías, me sobrepasarías por mucho —corrigió—, pero no puedes hacerlo.
—¿Por qué no?
—Cuando recibes toda esa carga entonces te conviertes en una máquina para matar, destruyes todo a tu paso y pierdes la consciencia así que no puedes controlarte. Lo que necesitas es combinar el uso de esa energía pero al mismo tiempo pensar cada movida que hagas; de lo contrario Oikawa usará tu misma energía y arranque para matarte. —Terminó de caminar hasta alcanzar el lado contrario de la «pieza» que ahora se había reducido a tres paredes que todavía seguían en pie—. Así que levántate.
Tres semanas habían pasado desde que habían comenzado a entrenar y Kageyama sentía que ahora se movía más rápido que antes, solamente que no era lo suficientemente veloz; e Iwaizumi no era la clase de mentor que felicitaba a sus alumnos por mejoras, en ese aspecto, recordaba que incluso Oikawa era más gentil. Su creador muchas veces exaltaba sus éxitos, como la primera vez que resolvió un rompecabezas y la primera vez que nombró cada hueso del cuerpo humano –eso último le consiguió una pequeña pegatina de una estrella–.
Sus sistemas aún estaban en rojo pero se puso de pie para continuar.
—Sé que quieres dejarlo ganar —dijo Iwaizumi—, sientes toda esa energía desbordante e ilimitada a tu disposición, pero no es sabio, Kageyama.
—Entonces, ¿qué debo hacer?
—Imagina una presa construida con cientos de piedras; concéntrate y piensa en quitar solo una pequeña roca. Entonces un riachuelo comenzará a salir mientras que la presa continuará fuerte.
—Suena fácil cuando lo dices… —murmuró entre dientes, ¿cómo se suponía que haría eso?
—Ya lo has comenzado a hacer, ¿no es así? Te has vuelto más veloz.
—Sí.
—Lo descubrirás, sólo es cuestión de tiempo…
Eso lo tranquilizaba, al menos no se encontraba en un callejón sin salida; si había manera de progresar aún no había sido derrotado.
—… pero tiempo es exactamente lo que nos hace falta —terminó Iwaizumi.
Kageyama levantó el rostro para ver la enorme espada de hierro ser lanzada directo a su rostro, con tanta fuerza que parecía tratarse de una locomotora a toda velocidad. Logró, sin embargo, quitarse del camino; no sabía si Iwaizumi estaba usando menos impulso ahora pero podía ver la trayectoria del gigante proyectil. Así que el androide intentó tomarla de su empuñadura, movió su mano para tomarla sin embargo todo su cuerpo fue absorbido por el impulso de la espada y terminó cayendo al piso con ella.
Hajime caminó hacia él nuevamente.
—Estás mejorando —observó—. Ahora, levántate.
Si seguía así estaría por morir ahí mismo.
—No hagas esa cara —reprendió el caballero de Oikawa—, no estoy ni cerca de matarte.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque he visto qué tanto puedes soportar y créeme cuando te digo, se necesita mucho más que unos golpes para eso. ¿No lo recuerdas?
—¿Qué?
—Cuando te rebelaste contra Oikawa.
—Recuerdo que me dio una paliza frente a todos en Ciudad Batería… antes que Sol Inferno lo embistiera con un camión.
—No. Hablo de la primera vez que te rebelaste contra él, cuando tu núcleo era uno y la guerra estaba por terminar.
Kageyama lo pensó un rato, aunque sus ojos solían buscar a Iwaizumi por si se le ocurría atacarlo nuevamente cuando estaba distraído. Afortunadamente no hizo nada.
—Es… es extraño, tengo vagos recuerdos de eso… sólo llego a ver el rostro del dictador, luce furioso y… luego atraviesa mi núcleo con una espiga de metal; después solo veo negro. Es como si los datos de mi memoria fueron afectados… como si lo que sucedió, dañó en gran manera mi disco duro, al igual que eso parece que varios recuerdos se estropearon y terminé con lagunas en mis recuerdos.
—No me extrañaría. Fue una suerte que no terminaron destruyendo toda la ciudad.
—¿Hubo bajas?
—Muchas. El número fue de cinco cifras.
Kageyama se quedó inmóvil; tantas almas cargadas a su conciencia… se sentían más como dos bloques de concreto atados a sus pies. Tal vez todo era más sencillo antes, cuando podía vivir absorto en su propio mundo, cuando no había traicionado a su creador ni a su familia. Tobio tenía tanta culpa como Iwaizumi.
—Aunque nadie lo recuerda —explicó Hajime—; la memoria de esa catástrofe fue borrada. Con un poco más de medicamento en la dieta de todos y ser dueño de todas las imprentas y emisoras puedes ocultar un elefante de la vista de hormigas.
—Ya... ya veo.
—Nadie debería tener ese poder, el de reducir naciones enteras a escombros en cuestión de horas; nadie debería ser capaz de poder asesinar a alguien en menor tiempo de lo que toma un parpadeo o un latido —recogió su pesada espada y enterró el extremo de la hoja en el suelo—. Nadie debería ser Dios.
¿Hablaba de ellos tres?
—¿Es por eso que luchas contra Oikawa? —preguntó.
No tenía idea en qué creía Iwaizumi. Tobio había visto la fe que todos los rebeldes depositaban en la Bruja Fénix, un ente que se encargaba de recoger la máscara de los compatriotas caídos y los llevaba al más allá; en donde encontrarían su último lugar de descanso. Si le preguntaban a él, su respuesta era que no creía en nada; no creía en Destroya, pero tampoco en Oikawa como dios.
Hajime no le contestaba.
—Entonces, cuando acabemos con él, con Oikawa; ¿te enfrentarás a mí? —después de Tooru, era Kageyama a quién creían como «deidad»; quien era capaz de destruir todo a su paso sin reservas—. ¿Yo seré al siguiente a quién mates, Iwaizumi?
El caballero blanco de BL/ind le daba la espalda cuando nuevamente sacó su espada del suelo y acarició la mortífera hoja.
—Quién sabe —respondió—. Levántate, reanudaremos el entrenamiento ahora.
No había terminado sus palabras cuando lanzó nuevamente su arma, pero para ese entonces Kageyama ya estaba listo; giró sobre el suelo antes que la punta atravesara su rostro. Iwaizumi no le daría ni un respiro esta vez, pues alcanzó a ponerse de pie y el caballero blanco ya estaba frente a él, lanzando su rodilla para golpear su estómago.
Tobio logró esquivarlo también.
—Muy bien —comentó Iwaizumi—. Sigue así.
'Remover una pequeña piedra de la presa; remover una pequeña piedra de la presa' repetía.
—No tienes que estar aquí todo el tiempo, ¿lo sabes? —preguntó Chikara Ennoshita a un soñoliento Ryuunosuke.
Después de la noticia el chico no había querido dejar el lado de su hermana ni un segundo, como si Saeko tendría alguna emergencia si él salía aunque fuera por unos minutos al baño.
—¡Quiero estar seguro de que ella está bien! —exaltó.
—Shh, estará bien si la dejas dormir por un par de horas —reprendió, Saeko se había terminado quedando dormida hace unos minutos, después de pasar quejándose por una hora antes; la chica no era buena para estar cruzada de brazos—. Créeme, el bebé no irá a ninguna parte y tampoco crecerá frente a tus ojos.
—Quisiera hacer algo por Saeko —murmuró—, esta espera me está volviendo loco.
—¿No estás ayudando al entrenamiento de las abejas?
—Sí, es sólo… diablos, esta noticia aun no me parece real, ¿sabes? Un ser humano vendrá y comenzará a existir, ¡qué loco suena eso! Y… no quiero que crezca así, digo, viviendo debajo de la tierra, cuidándose las espaldas todo el tiempo.
—Te entiendo.
—Y no quiero salir de esta habitación para luego regresar y descubrir que nada de esto es verdad.
Ennoshita resopló cuando una sonrisa se escabulló hasta sus labios, posó la ficha del expediente que tenía en sus manos y se sentó en la silla al lado de Ryuu. El chico rapado solo esbozó una pequeña y tímida sonrisa, mientras se acomodaba en su asiento. 'Adorable' terminó pensando el médico.
—Esto es la realidad, Ryuu —lo llamó por su primer nombre, lo que causó sus mejillas profundizar el color rosa—. Y tú serás el mejor tío que ese pequeño podría tener.
—Ah, hombre, que esto no es justo —se rio mientras cubría su rostro intentando ocultar sus mejillas sonrojadas. Ennoshita nunca lo hubiera tomado por alguien tímido, no por la manera que el chico bullicioso solía no tener inhibiciones—. No puedes decirme esas cosas.
—¿Oh? —Sonrió Chikara—. Y eso me recuerda, ¿alguna vez te curaste de tu enfermedad?
—¿Enfermedad? —preguntó Ryuu frunciendo sus cejas.
Ennoshita se acercó a él, luchando con la ola de calor que inundaba sus propias mejillas; afortunadamente Ryuunosuke estaba tan petrificado que ni siquiera sintió su respirar cuando se acercó a su rostro y depositó un pequeño beso en sus labios abiertos y agrietados. Sintió la temperatura aumentar en toda la pieza, eso había sido lo más arriesgado que había hecho quizás en toda su vida y entonces la realización lo golpeó fuerte.
—Ahí está tu cura —murmuró.
Tanaka sólo estaba boquiabierto mientras miraba estrellas.
—Dime por favor que esto es la realidad…
Ennoshita solo se rio entre dientes.
—Lo es.
El médico se aventuró a conseguir otro beso –no había esperado que se sintiera tan bien–. Siempre había pensado que Ryuunosuke era muy bien parecido, pero el chico era tan salvaje que nunca se le ocurrió tomarlo en serio en el Nido. Tal vez era un idiota por hacerlo ahora, por haber gastado todo su tiempo preguntándose si valía la pena intentarlo; y ahora, cuando sólo les quedaban unos días más, se decidía por obedecer esos latidos insistentes de su corazón.
Supuso que los humanos eran humanos por hacer estupideces como esa.
Pero antes que pudiera volver a sentir los labios de Ryuunosuke en los suyos escuchó dos golpes en la puerta.
—¡Puedes pasar! —gritó el pelinegro saltando de su silla al instante; dándose cuenta del volumen de su voz cubrió su boca con sus manos, lleno de arrepentimiento.
Nishinoya abrió la puerta levemente y miró a todos lados; su sonrisa creció cuando notó a Saeko en la cama y entró con premura.
—¡Noya! —saludó Ryuu con una sonrisa, parándose de su silla para darle los cinco a Chispa, el leve rosa de sus mejillas se comenzaba a desvanecer; el único recuerdo de Chikara que lo que había pasado antes no había sido un sueño.
—Vine tan rápido como pude, hermano —saltó Yuu—. ¿Cómo está ella?
—«Ella» está perfectamente bien, gracias —respondió Saeko irguiéndose para saludar a su visitante—. Hola, pequeño Yuu.
—¡Hermana Saeko! —exaltó Chispa corriendo hacia ella.
—Con cuidado, con cuidado —advirtió el médico, él sabía muy bien lo descuidado que podía ser Noya cuando se emocionaba.
—Está bien, doctor —aseguró la chica—. De todas formas me estaba cansando de fingir estar dormida —miró con picardía hacia Chikara.
Ennoshita casi se terminaba ahogando con su saliva, la vergüenza comenzaba a llenarlo hasta sus mejillas.
—¿Hace… hace cuanto que «fingías»?
Volumen se rio a carcajadas, una tonada estridente pero siempre bien intencionada.
—Solo me alegro de que Chispa terminó viniendo antes que esto terminara clasificándose como «sólo para adultos».
—¡Saeko! —exaltó Ryuu, igual de mortificado que él.
No era como si algo así iría a pasar en ese momento, demonios si apenas y terminaba de permitirse sentir por alguien.
—Vine tan pronto como pude —dijo Noya, ajeno a la clase de conversación que tenían—. ¡¿Es cierto, Saeko?! ¿Tienes un bollo en el horno?
—Solo tú podrías decir esas cursilerías y te quedarían bien, Yuu —la rubia revolvió sus salvajes cabellos—. Así es, hay un pequeño ser creciendo dentro.
—¡Esa es la mejor noticia que alguna vez he oído! —Noya se lanzó a abrazarla.
—No tan fuerte —regañó Chikara cuidando de la salud de la chica, siempre.
—Espero que cuente contigo para ser iluminado por los caminos de cómo ser genial.
—¡Seré el mejor tío de todos! —gritó Chispa Neón.
—Oh, no, no, no —interrumpió Ryuunosuke—. Yo seré el mejor tío de todos, Noya, pero puedes ser el segundo mejor tío.
—No puedo decepcionar a Saeko, Ryuu, así que debo ganarte como mejor tío.
—¡Ni hablar! Yo seré el mejor tío de todos los tiempos.
—Solo hay una manera de solucionar esto… —amenazó Nishinoya introduciendo su mano en el bolsillo trasero de su pantalón.
—Sé a lo que te refieres…
Nishinoya sacó un pequeño dulce y se lo entregó a Saeko con orgullo.
—Es sabor de limón —anunció con autosuficiencia—, los mejores dulces para mi sobrino preferido.
Tanaka estaba boquiabierto por la ventaja que Noya había cobrado, ¡un dulce! ¿De dónde diablos lo había sacado?
—Qué adorable, gracias, Yuu —la chica tomó la pequeña esfera de color amarillo y la metió a su boca—. ¡Delicioso!
—¡Espera aquí, Saeko! —fue lo último que gritó Tanaka antes de salir de la habitación disparado.
—¡Tengo más armas secretas, Ryuu! —exaltó Noya con una sonrisa, mientras él también salía del ala de emergencia más rápido que un rayo.
—Ese par de idiotas… —murmuró Ennoshita.
—Déjalos —Saeko se rio entre dientes—, de esta manera estarán lo suficientemente ocupados y entretenidos.
—Sí… cada día que pasamos aquí es enloquecedor.
—Amén a eso. Así que… ¿Tú y Ryuu?
—Uh… ¿Q-qué? —intentó disimular de manera estoica pero falló en el intento. Ni siquiera él sabía qué acababa de pasar y ahora debía explicarle todo a la hermana de Ryuunosuke; una parte de su cerebro deseaba que alguien tuviera una emergencia para salir corriendo de ese lugar—. Yo… yo… y él… también… ¿sabes? Los dos dijimos que… y eso… entonces… Eso acordamos, ¿sí?
Agradeció a la Bruja que Saeko fue lo suficientemente gentil como para no burlarse de él inmediatamente por su descerebrada respuesta.
—Ah, ¿sí? Eso está bien —sonrió.
—Sí.
Chikara todavía sentía todo su rostro en llamas por la vergüenza del asunto; pero agradeció que Saeko volvió a hablar.
—¿Le dijiste a él, Ennoshita?
Sabía muy bien de quién hablaba. El médico había sabido que no se trataría de una noticia fácil, al menos para él. Según Nishinoya, fue él quien había estado a su lado cuando el S.C.A.R.E.C.R.O.W. terminó con la vida de su hermano; Chispa había relatado que la escena había quedado grabada en su mente y en sus huesos para toda su vida, aun tenía pesadillas con el rostro de ese ciborg. Ni siquiera podía comenzar a preguntarse lo que el menor de los Tsukishima había sentido en ese momento.
La noticia le causaría un shock, Ennoshita no esperaba que el pequeño Kei saltara de alegría al saber que al menos una pequeña parte de su hermano estaba con vida. Que quizás podría volver a ver sus ojos, su nariz, su cabello o su boca otra vez; era mucho qué procesar. Así que no lo tomó con sorpresa cuando el rubio de anteojos con marco negro se quedó sin palabras ante la noticia y solo murmuró un: «Gracias… por avisarme.» y continuó con sus deberes.
—Sí, le dije —respondió—. Estoy seguro que no tardará mucho en venir.
—No me preocupo —dijo Saeko, acostándose con ambos brazos entrelazados detrás de su cabeza—. Los Tsukishima son pésimos tratando con sus sentimientos; pero son chicos listos también, así que falta poco para que el pequeño Kei termine de encontrar esa salida en el laberinto de su mente y venga.
—Los conoces bien.
—Kei puede creer que él es «el estoico y genial» de los dos hermanos, pero ambos son iguales… quiero decir… eran iguales —se corrigió.
—Lo siento —Ennoshita cubrió su mano con la suya.
Volumen solo apretó su mano de regreso en señal de gratitud.
—¡Regresé! —gritó Ryuunosuke jadeante, esta vez sin preocuparse por tocar la puerta—. Saeko, prepárate para ser sorprendida.
Terror abrió la puerta de una patada –lo que le ganó un regaño del médico por lo descuidado que era– y se acercó al pie de la cama hospitalaria. Acto seguido arrojó un extraño paquete amorfo envuelto en una manta roja; Ennoshita se alejó un poco, si era algo explosivo él quería estar lejos.
Pero luego Ryuu lo desenvolvió para mostrar un zorro muerto.
—¡Lo acabo de intercambiar con los de la cocina, todo esto es para ti, Saeko!
—¡Ryuu, no debiste! —insistió—. Aunque admito que tengo mucha hambre.
—¡Ja! —exaltó triunfante.
Otro golpe y luego la puerta siendo abierta con fuerza. Chikara se preocupó por las bisagras, pero sabía que si esos idiotas arruinaban algo, ellos serían los responsables en repararlo.
—Saeko —gritó con júbilo—, esta es mi ofrenda como mejor tío.
¿Ofrenda?
Chispa sacó las manos detrás de su espalda para revelar una porción de chocolate.
—¿Chocolate? —Chilló Terror—. ¿Dónde demonios conseguiste chocolate?
—Es increíble lo que puedes conseguir con unas cuantas luces explosivas y mucho ahínco.
—Yuu, Ryuunosuke… ¡esto es sorprendente! Pero no es para tanto, sé que ambos serán los mejores tíos para este pequeño.
—¡Debes elegir al mejor! —dijo Tanaka.
Saeko se cruzó de brazos y fingió pensarlo un poco.
—Ah, Kuroo —saludó Ennoshita antes que Pantera pudiera tocar la puerta; Chikara sólo estaba feliz de poder ponerle fin a esa competencia—, hola. ¿Pasa algo?
—Hola, Ennoshita, Nishinoya, hermanos Tanaka —saludó—. A propósito, Saeko, supe de las buenas noticias —Kuroo esbozó una sonrisa torcida y se acercó a la killjoy—. Aquí un regalo de buena fe, lo comencé el día que supe.
Chikara notó la pequeña figura de madera que Tetsurou le dio a Saeko, cuando lo miró mejor se dio cuenta que se trataba de un gato tallado en madera, suave al tacto y con algunos detalles; el minino era rodeado por su cola.
—Kuroo… —se enterneció Saeko.
—No es mucho —sonrió Pantera—, pero un pequeño necesita algunos juguetes.
—Es perfecto, gracias.
Volumen abrazó al de cabello azabache y sacudió sus hebras. Chikara terminó mirando a Ryuunosuke, el chico solo sonreía con felicidad con la escena; aparentemente la competencia del «mejor tío» solo se hacía presente con Chispa, pero seguramente con Kei también.
—Lamento interrumpir la reunión familiar —dijo Kuroo momentos después—, pero he venido por estos dos chicos también —terminó, señalando a Nishinoya y Tanaka.
—¿Yo? —se preguntó Chispa.
—Sí, nos reuniremos con nuestro infiltrado de BL/ind, y Ácido y Ceniza tienen unas tareas para ustedes.
Terror y Chispa se tensaron de inmediato, dejando toda la broma atrás; Ennoshita sabía de lo que se trataba. Cada minuto que pasaba era un segundo más cerca del último enfrentamiento; pero antes de todo, necesitarían un plan.
—Claro, partiremos de inmediato.
—Espero, por la Bruja que te comportes esta vez, Kuroo —regañó Tsukishima aun cuando no habían llegado a su destino.
—Soy un caballero, Tsukki —regresó Pantera.
—Guárdatelo, gato callejero.
Akaashi no podía hacer más que escuchar a los dos killjoys discutiendo –aunque el «discutiendo» era solamente de parte de Tsukishima– sentados en los asientos delanteros del automóvil. Miró de soslayo a Bokuto que iba al lado suyo, Revólver solamente se encogió de hombros; aun recordaba que antes de salir de La Colmena Kuroo le había mencionado cómo Kei estaba más irritable que de costumbre.
No solo más irritable, pensaba Keiji, también más preocupón y sarcástico.
Esta vez llevaban dos automóviles y dos motocicletas a su reunión con IEN, aunque el androide ya estaba con él «entrenando», Ácido se había negado en llevar a Hinata nuevamente. El pequeño Sol se deprimió más cuando supo que con ellos irían Chispa y Terror también; sin embargo, Kei no confiaba lo suficiente en IEN como para revelarle que era Hinata quién controlaba a Destroya.
Keiji había hecho exactamente lo que Tsukishima había propuesto, la misión de estudiar todo el plano de la ciudad y guardarla en su memoria. Aun no sabía lo que el chico de anteojos estaba planeando para cada uno de ellos, ya que esta vez el grupo había crecido; en el automóvil de atrás venían Sugawara, Yui, Aone y Nishinoya, en una motocicleta iba Tanaka.
—Ácido —llamó Bokuto y en el fondo Akaashi estaba alegre que Revólver interrumpiera a Pantera y Ácido—, el chico de La Colmena… Lev, ¿ése es su nombre? —le preguntó a Keiji, Histeria asintió—. Sí, Lev; el chico está haciendo armas nuevas, ¿no le mencionarás eso a Iwaizumi?
—Aquí afuera es Rugido Helado, Revólver; y hay cosas que IEN no necesita saber —contestó—. Es nuestro aliado, pero debemos mantener algunos trucos bajo la manga.
Salieron del automóvil una vez llegaron a la ubicación; Akaashi se sorprendió al ver un cobertizo al borde del colapso. La mitad del techo había desaparecido y los últimos muros se mecían levemente de lado a lado; en medio estaban ambos: Iwaizumi y Kageyama.
Parecía que Choque podía seguir el paso de Iwaizumi ahora, al menos podía bloquear todos sus letales golpes y algunas veces contraatacar otros. Los ojos de Kageyama refulgían en la tardía lumbrera del día, las venas en su piel se movían en una constante corriente por todo su cuerpo; aunque se veían más evidentes en las partes donde sobresalía el metal.
Aun así, Choque estaba jadeando y bufaba cada vez que sentía un sólido golpe en sus brazos.
—Guau, parece que Iwaizumi ya está cansado —comentó Bokuto.
—Creo que te refieres a Choque —ofreció Akaashi.
—No, Histeria —respondió con seriedad—. Puedo escuchar el corazón de Iwaizumi, está latiendo con frenesí; también lo está dando todo para mantenerse un paso arriba de Choque.
—¿Ése es el pequeño Androide de nuestra base? —se maravilló Kuroo llegando al lado de Bokuto—. Recuérdame no molestarlo tanto —se rio a carcajadas.
—¡Ey! ¿De qué hablas? —rezongó Revólver—. ¿Cómo es que a mí sí me molestas? —Tetsurou se rio más fuerte—. ¡Yo también soy una amenaza para todos!
—Hermano, podría raparte todo el cabello y aun así no serías capaz de golpearme.
—Aw, tienes razón…
Keiji vio con la esquina de su ojo como Kuroo pasaba un brazo en los hombros de Koutarou y cómo él le devolvía su «abrazo fraternal».
—Si desean, yo podría pasar la noche en tu cama, Pantera; así tendrían toda la noche para sus «arrumacos completamente y cien por ciento platónicos» —terminó haciendo comillas.
Para su sorpresa, Kuroo fue el primero en contestar.
—Nah, Histeria, estoy intentando portarme bien por el momento.
—¿Y esto? —preguntó Akaashi.
—¿Y esto? ¿Y esto? —se acercó Bokuto con una sonrisa pícara.
—¿Hay algún cuervo en especial al que quieras demostrarle cómo te portas bien? —cuestionó Keiji—. ¿Quizás un tal cuervo con anteojos? ¿Alto, tal vez?
—¡Ácido Lunar! —gritó Bokuto—. ¿Es ese? ¿Gané?
Keiji se rio entre dientes.
—¡Shh! —siseó Kuroo, sus mejillas rojas lucían como si había pasado toda una tarde bajo los inclementes rayos del sol—. Estamos frente a un enemigo, compórtense —intentó ser el «maduro» de los tres—. Y allá está Ácido, no quiero que escuche.
Ácido Lunar estaba al lado de la abeja reina mientras lanzaba dagas con sus ojos en su dirección.
El cuerpo de Kageyama golpeando la arena del desierto irrumpió el silencio; sobre él estaba Iwaizumi, victorioso y de pie.
—Suficiente —condenó Iwaizumi—, la noche se avecina y ya es tiempo que regrese.
Pero antes que se marchara Kei se acercó para hablar con él, Keiji los siguió al igual que el adolorido androide que se ponía de pie con dificultad; Histeria se acercó para ayudarlo; intentando ignorar la conversación detrás de él y a Koutarou diciendo: «Yo te apoyo a quién decidas amar, hermano, el amor es de lo más genial.» Seguido de un: «Maldita sea, Revólver, cierra la boca.»
—Iwaizumi —habló Tsukishima antes que Keiji escuchara la respuesta de Bokuto—. Quiero que conozcas a otros miembros de la resistencia.
Yui, tan diplomática como siempre, fue la única que le ofreció su mano a Hajime para saludarlo; sin embargo, el ciborg tenía modales y la tomó para sacudirla ligeramente.
—Yui Michimiya —se presentó con su verdadero nombre.
—Y ellos son: Takanobu Aone, Chispa Neón y Terror Ruidoso —terminó Ácido—. Los he traído aquí porque Chispa, es el mejor creador de bombas del desierto y quiero que tú escuches mi plan.
—Adelante.
Bokuto y Kuroo fueron los elegidos para sostener el gigante mapa de la ciudad, parados lado a lado.
—Debo recordarles —comenzó Ácido—, que no importa cuánto ataquemos a Oikawa e intentemos perforar su cuerpo, no podremos hacer nada, porque su núcleo, el que lo mantiene vivo, está en otro lado completamente; ¿no es así?
Iwaizumi asintió como respuesta.
—Así que haremos esto: Chispa —llamó el rubio—, necesito que hagas una bomba, la más grande que hayas hecho hasta ahora; que sea tan fuerte como para acabar con más de cuatro manzanas y reducir cualquier metal a cenizas.
—Claro —concordó Noya un poco inseguro—, solo necesitaré algunos ingredientes; perdí la mayoría de mis componentes en el Nido.
—Me encargaré de proporcionarte lo que necesites —aseguró Yui.
—La entrada ahí no será fácil —advirtió Iwaizumi—; Oikawa batallará con todo lo que tiene para evitarlo.
—Así es —concordó el rubio—, por eso cada uno aquí presente se encargará de los altos mandos y S.C.A.R.E.C.R.O.W.
—Yo lideraré el ejército —dijo Yui—, con una barricada de abejas arrasaremos con los exterminadores y draculoides.
Tsukishima asintió.
—Daishou es mío —anunció Histeria, él quería ser el encargado de enviar a ese monstruo al infierno; lo había decidido desde que había visto su fotografía, desde que supo lo que hacía en la ciudad, desde que Koutarou le había confesado los horrores que ese hombre le había hecho.
—Histeria, no —intentó detener Bokuto—, por favor no.
—Ya lo decidí —estableció, haciéndole saber que nada ni nadie le haría cambiar de opinión—. Yo me encargaré del ajustador de pensamientos.
—De acuerdo —aceptó Tsukishima—. Luego, el informe dice que Shirabu cuenta con dos S.C.A.R.E.C.R.O.W. como guardias personales: Pantera y yo nos encargaremos de ellos y seguiremos con el mecánico.
Keiji sabía que Kei quería ser el encargado de acabar con el ciborg que le arrebató a su hermano, pero a diferencia de Akaashi, seguramente él pensaba en el mejor abordaje del plan.
—Terror, tú y Chispa irán debajo de la ciudad; plantarán la bomba y la harán volar después —los señaló—. Ahora: con Aone y Revólver, ustedes se encargarán de los S.C.A.R.E.C.R.O.W.
—Y Destroya y yo nos ocuparemos de Oikawa —terminó Iwaizumi.
La frase quedó colgando fría en el aire, todos tenían un lugar y algo que hacer. Nadie podría tener éxito si alguien no completaba con su propia tarea asignada; como un efecto dominó, cada paso era importante para obtener la victoria y salir vivos en el intento.
El caballero blanco se marchó del pequeño cobertizo; levantando ondas de arena con su motocicleta blanca mientras se alejaba por el horizonte, el sol no se había terminado de esconder todavía y ellos también debían regresar cuanto antes a su escondite.
—Maldita sea, enemigos llegando —avisó Kuroo mirando al noroeste.
Cuando Keiji levantó el rostro fue golpeado por un par de luces cegadores de una van a toda velocidad. Se confundió cuando las lumbreras comenzaron a apagarse y encenderse en segundos.
—¿Quién diablos…?
Su nuevo visitante comenzó a sonar el claxon muchas veces, esos definitivamente no eran BL/ind, decidió Akaashi.
—¡Doctor D.! —exaltó Bokuto.
—¿Bromeas? —preguntó Noya con una sonrisa.
—Definitivamente es él —concordó Tanaka.
—¡Vaya, vaya, vaya! —se escuchó una muy familiar voz cuando la camioneta se detuvo al lado de ellos—. ¿O es que ya estoy demasiado viejo o es que me acabo de encontrar una parvada de cuervos y abejas fuera de su colmena? —se echó a reír Ukai.
—Es bueno verte aquí afuera, Doctor —saludó Yui—. ¿Qué hace nuestro presentador de radio favorito tan cerca de la Zona 0?
—El desierto grita, mis bebés de los motores; debo ver a ese pequeño killjoy que se encuentra en el vientre de una mis queridas anarquistas. La Bruja sabe que ese diablillo estará pateando y revolviéndose apenas tenga sus piernas —se regocijó—. ¿Y Cómo podría faltar a la boda del siglo veintidós? —El Doctor se carcajeaba mientras veía en la dirección de Keiji y Bokuto.
Akaashi cubrió su rostro por la vergüenza; él hubiera estado conforme solo con hacer una pequeña reunión de diez personas; pero a Bokuto le encantaba ser el centro de atención, que todos los ojos cayeran sobre él; ser el tema de cuchicheo de todos. Y si Keiji quería pasar toda su vida con él… entonces debía cumplir sus demandas de vez en cuando.
Aun si eso significaba caminar hacia un «altar» y ser el anfitrión de una fiesta en La Colmena.
—Oh, sí —aceptó la abeja reina entre risillas—, estoy seguro que será inolvidable.
—Claro que lo será, su alteza —contestó Ukai—, conmigo como oficiante y encargado de la música; será un Woodstock del nuevo milenio, te lo aseguro.
—¡¿Escuchaste, Histeria?! —Bokuto lo haló de su chaqueta—. Ponte tus zapatos para bailar, bebé, porque danzaremos hasta el amanecer.
—Puedes contar con eso, Revólver —regresó el Doctor Desafiando a la Muerte—. ¿Y qué me dicen pichones? ¿Necesitan transporte de regreso? Hay mucho espacio aquí, el Profesor T. va aquí a mi lado pero atrás solo llevamos a un invitado más.
—No gracias, Doctor D. —respondió Kuroo—, contamos con algunos automóviles aquí afuera.
—¿Invitado? —preguntó Yui.
—Sí, cuando veníamos en la carretera vimos a una rata de las zonas pidiendo por un aventón; y ya sabes cómo soy, debo darle una mano a mis hermanos del desierto. Les daría una pierna también, pero… ya saben.
—Te lo digo, Doctor —regañó Takeda quién iba a su lado—, confías demasiado en los autoestopistas.
—Pero es nuestro amigo —renegó el Doctor—, lo reconocí al instante, este chico llama a la cabina al menos una vez a la semana. ¡Además, puedo encargarme de esos rufianes buenos para nada del desierto!
—Eso lo sé, Doctor D. —el hombre de anteojos y cabello despeinado puso los ojos en blanco.
—¡Ah, ¿cómo lo olvidé?! Se los aseguro, las ondas de radio finalmente me están llegando al cerebro —se rio Ukai—. Este chico asegura que los conoce, dice que quiere unirse a esta «guerra».
La puerta del automóvil se abrió y al siguiente segundo los saludó un chico que Keiji no recordaba haber visto. Con ojos rasgados y cabello como ceniza.
—Tú —reconoció Kageyama—. Semi Eita.
—Choque Binario —saludó el chico, esbozaba una sonrisa torcida.
—Es un amigo —aseguró Tobio—; lo conocí con Inferno y Sombra en la Zona 25. Él… le salvó la vida a Sombra.
Kuroo arqueó una ceja.
—De acuerdo —decidió Pantera—, entonces es amigo mío también —se acercó para darle la mano.
—Vine porque he escuchado las voces que dicen que ustedes están reuniendo un ejército para marchar hacia Ciudad Batería. Quiero ser parte también.
Tsukishima y Akaashi miraron a la abeja reina.
—Es muy bueno para movilizarse en la ciudad —intercedió Kageyama—; y él también tiene sus motivos para acabar con Oikawa.
—Se trata más bien de una persona —aseguró Semi—. Pero haré lo que sea para darles su victoria.
—Primero, veremos de qué estás hecho, luego decidiremos dónde colocarte —decidió la abeja reina.
—Suena bien para mí.
—Pensé que estabas entrando a cada metrópolis para buscar —comentó Kageyama una vez se estaban preparando para irse a La Colmena.
—Lo hice —respondió Semi—; y la última que queda es la Ciudad Batería.
—¿Estás seguro de que estará ahí?
El chico de cabello ceniza lo ponderó unos momentos.
—Agradecería que no lo estuviera; así al menos me aseguraría que se ha encontrado con la Bruja Fénix en el más allá —contestó con tristeza—. Pero, sólo existe una manera de averiguarlo.
—Si sirve de algo —murmuró el androide—, espero que no lo encuentres.
—Sí, yo también lo espero.
¡Espero que les haya gustado!
Y salió un nuevo personaje! No podía escribir de Lev sin Alisa!
El título de hoy es una canción que le pertenece a Hozier, es PRECIOSA.
Siempre leo cada comentario con una sonrisota! Así que les agradacería si compartieran sus opiniones ;)
Nos leemos luego~
