¡Feliz viernes a todos los que nos sintonizan, me alegro encontrarlos para su dosis de Los Chicos del Ayer!

Ahora, para aclarar dudas, primeramente esta capítulo no estaba programado para publicarse hoy, ya que aun no había terminado de escribirlo, pero a medida iba avanzando me daba cuenta que iba a salir demasiado largo para poder englobar todo lo que tenía planeado para él. Así que después de haberlo meditado y discutido con algunas amigas, decidí partirlo en dos!

Así que publicaré ahora la primera parte e intentaré publicar el siguiente viernes la segunda (digo lo intentaré pero avisaré con seguridad en mi facebook, pueden agregarme estoy como Nolee Vel y además pueden chequear los maravillosos fanarts que recibe la historia).

Muchas gracias a mi beta Ren, por siempre ayudarme con cada capítulo u3u y gracias a ustedes que siempre me esperan por cada actu y gracias a los que me dejan sus opiniones en la cajita de abajo.

El nombre del capítulo de hoy es una canción que pertenece a Green Day, es quizás mi favorita de la banda y preciosamente romántica. Sin más avisos, disfruten el capítulo de hoy.

Pequeña advertencia de gore.

»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: KoutarouBokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai
Choque Binario: Tobio Kageyama
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi
Rugido Helado: Lev Haiba
Profesor T: Itettsu Takeda«


Last Night on Earth pt.1

Brillen como la bomba nuclear que acabó con los remanentes de la sociedad en Tokio, mis aves de rapiña. Les saluda su neurocirujano de turno, bebés, su Doctor con las rolas necesarias para realizarles una lobotomía de emergencia para rockear los días que nos quedan.

Les hablo en vivo desde las primeras filas de La Colmena para celebrar la unión de dos personas. El amor está en el aire, la felicidad se siente como esa brisa de arena que revuela directo a tus ojos.

Y en el espíritu de júbilo solo me queda decirles que aunque ustedes se conviertan en fantasmas, su memoria seguirá caminando con nosotros hasta el amanecer.

El Doctor Desafiando a la Muerte, se despide.

—Me tardé demasiado en venir —murmuró Tsukishima mirando a sus manos entrelazadas frente a él.

—Te tardaste lo necesario —regresó Saeko con una sonrisa.

Su vientre estaba más grande de lo que Tsukishima había esperado; era tan extraño cómo sólo en el transcurso de tres meses su abdomen bajo había aumentado de tamaño, parecía como si debajo de su ropa escondiera un objeto redondo en lugar de un ser humano.

—¿Todo está bien… con él… o ella? —preguntó con inquietud.

—Ennoshita hace chequeos semanales —explicó—, y no te preocupes, he estado tomando suplementos y me mantengo fuera de problemas ahora.

—Eso es… genial —miró a otro lado, aunque podía sentir la mirada de Tanaka sobre él.

—Sí, estoy segura que es de Akiteru —respondió a una pregunta que Kei jamás hizo.

—¡No, no desconfío de…!

—No desconfías pero necesitas que alguien te asegure que es de él, ¿no es así? Necesitas escuchar las palabras: Sí, pequeño Kei, tú hermano tendrá un hijo. Lo sé porque Akiteru era igual; Serás tío.

—Si es que logro sobrevivir después de esto —regresó, aunque inmediatamente se arrepintió de sus palabras; Saeko tenía sus propias preocupaciones, que no incluían las quejas y gemidos de Tsukishima—. Ah… lo siento… no quería…

—Puedes hablar conmigo, Kei —Saeko extendió su mano para que él se la tomara.

Era un simple gesto, era sólo una mano extendida; pero cuando Tsukishima la tomó, todos esos recuerdos lo bañaron por completo y, nuevamente, sólo era un pobre chiquillo que había perdido a su hermano. Sus ojos se tornaron vidriosos, pero rápidamente Kei los frotó con dureza, como si eso empujaría las lágrimas atrás, lo suficiente para borrar el peso que sentía en su pecho.

—Shh, shh —tranquilizó Tanaka—, está bien, Kei; yo también lo perdí —dijo mientras su voz se quebraba—, yo también lo extraño…

Había sido exactamente por eso que había atrasado el momento lo más que había podido; porque un fragmento de Akiteru aún quedaba en ese podrido mundo, y aun le faltaba mucho por crecer, pero era lo más hermoso que respiraba sobre la tierra.

Tsukishima terminó sentado en una silla al lado de la cama de Saeko, mientras mantenía su cabeza en las piernas de ella, al lado de su vientre, de su familia. Tanaka pasaba sus delicados dedos en su cabello; haciendo que Tsukishima tuviera difícil la tarea de mantenerse despierto. Ni siquiera tenía idea que Volumen tuviera un lado tan suave; siempre pensó que ella era la más dura de ambos hermanos.

Tal vez sí lo era, y por eso se daba la libertad de ser tan gentil como Sugawara.

—Lamento no poder ir con ustedes a la ciudad —murmuró cuando Kei estaba por quedarse dormido—. Fue irresponsable de mi parte.

—Está bien —respondió— muchas abejas están llegando todos los días para apoyarnos; y ahora que la noticia se ha difundido por todo el desierto, que una killjoy está… esperando, es como si ahora tenemos otra causa por qué luchar. Otra razón para asegurar un futuro seguro, no para nosotros, sino para los que vendrán después. Porque… al final, eso nos diferencia de Oikawa, ¿no es así? Los humanos seremos humanos porque no vivimos para siempre, pero nuestra descendencia sí lo hace.

—Mírate, pequeño Kei —se rio entre dientes—, ya hablas como todo un adulto.

—Solo son cosas que pienso y que creo —ajustó sus anteojos—. Yo también daré todo para regresar victoriosos y… para ver a esa pequeña persona nacer y crecer. Siempre quise ser el hermano mayor preocupón; una pequeña venganza por todos esos años de recibir consejos de Akiteru.

—Y que lo digas —Saeko se carcajeó—, nadie se preocupaba más que Akiteru. Recuerdo que él no quería que lo hiciéramos sin protección —sopesó—, ¡pero yo le dije que era súper regular y que no había problemas! ¡Y ahora mira el embrollo en que me he metido!

—Podría haber vivido una vida sin saber eso… —comentó seco.

—Recuerdo una vez que viajamos en medio de la Zona 130, solo Eclipse, el Pequeño Gigante y yo —comenzó—, al Pequeño Gigante se le olvidó empacar los víveres que habíamos conseguido en una tienda de conveniencia… ¡El idiota los dejó en el mostrador de la tienda! —se carcajeó—. Pasamos cerca de un día y medio sin beber ni tomar nada, Akiteru se la pasó regañando al Pequeño Gigante, y yo sólo quería broncearme por un rato, digo, había que aprovechar lo que teníamos en frente.

Tsukishima se rio entre dientes, Akiteru a veces le contaba acerca de las misiones que tenían los killjoys originales.

—El Pequeño Gigante se sentía tan culpable, que el pobre chico, testarudo como era, emprendió su propia misión personal en asegurarse que nosotros sobreviviéramos.

—¿En serio?

—Sí, ¡Akiteru y yo nos quedamos dentro del automóvil por horas! Porque ahora, no sólo podíamos largarnos de ahí, sino que también esperarlo a él. Finalmente ese chico que llaman «el mejor killjoy de todos» regresó, y escucha esto: Lleno de pequeñas heridas en sus manos y boca. El idiota encontró un cactus y quería que tomáramos el «agua» que tenía adentro. Para ese entonces, Eclipse ya estaba muerto de la preocupación, creía que estaba alucinando de la deshidratación —el recuerdo solo le causaba risa ahora—. Akiteru abrió el maletero para sacar el kit de primeros auxilios y adivina: ¡Las provisiones estuvieron ahí todo el tiempo! ¡Solo que el Pequeño Gigante lo había olvidado!

Kei se comenzó a unir a ella en las risas.

—No es necesario decir que Akiteru estaba furioso, casi morimos y fue culpa del Pequeño Gigante.

—Eso suena peligroso —comentó.

—Lo fue, pero jamás tuvimos miedo cuando estábamos los tres juntos —podía imaginar la sonrisa llena de nostalgia adornando el rostro de la chica.

Kei se dejó imaginar todas las situaciones emocionantes en la que su hermano se había terminado metiendo; sin embargo sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó un extraño sonido venir del vientre de Volumen seguido de un leve golpeteo.

—¿Sentiste eso? —preguntó con sorpresa—. ¿Es el bebé?

Saeko abrió sus ojos como platos.

—¿Quizás? —sonaba tan insegura como él—. O puede ser mi estómago, he tenido muchos antojos de zorro últimamente. Comer carne a tan tempranas horas de la mañana no le hace ningún favor a mi estómago…

—¡Yo creo que es él… o ella! —decidió.

Como señal entró Ennoshita a su consultorio, con una ficha con apuntes de sus pacientes y su estetoscopio.

—Lamento la tardanza, Saeko, pero me tardé un poco más de lo planeado examinando el progreso de Yaku. Oh, Tsukishima —saludó.

—Ennoshita.

—Muy bien, Saeko, es hora del examen clínico, ¿has sentido alguna molestia? ¿Dolor? ¿Sangrados?

—No realmente —contestó—, sólo antojos. Este chiquillo será un carnívoro completo, lo sé.

El doctor se rio y comenzó a hacerle más preguntas rutinarias; Kei dejó de escucharlas mientras se ponía de pie y le daba un poco más de espacio al médico para revisar a la chica. Se cruzó de brazos, la situación era incómoda, aunque para Kei Tsukishima era extraña la situación que no lo era.

—Por el momento todo se ve bien —concluyó el de cabello azabache—, aunque seguiremos con los controles semanales —se acercó hasta sentarse al lado de Saeko en su cama y se colocó las olivas en sus oídos—. Ahora que ya has cumplido cinco meses, podemos intentar escuchar sus latidos.

—¡Adelante!

Chikara descubrió el inflamado vientre de Saeko y colocó el diafragma del estetoscopio en la piel. Después de unos segundos de buscar, el médico terminó esbozando una sonrisa mientras murmuraba: «ahí está»

—¿Cómo se escucha, doc? —preguntó.

—Saludable —dijo Ennoshita—, un fuerte y saludable latido. ¿Quieres escucharlo, Tsukishima?

Retrocedió ante la propuesta, Saeko siempre le había parecido una killjoy confiable –tal vez solo un poco ruidosa, pero quién no tenía algún defecto–, ella siempre parecía amigable; pero algo así era tan íntimo, tan familiar. Y Tsukishima había perdido toda su familia en el Nido.

—Sí, Tsukki —dijo la rubia—, inténtalo.

No quería parecer un bastardo así que aceptó la oferta de Saeko, tomó de unos cuantos segundos, pero finalmente pudo identificar el incesante golpeteo que había escuchado antes, solo que ahora era más fuerte y muy rápido, como si se tratara del aleteo de un ruiseñor.

—Ahí está —sonrió, había encontrado al pequeño recordatorio de la vida de su hermano. Akiteru estaba ahí, y Kei se encargaría de mantenerlo vivo tanto como pudiera, aun si su misma vida estuviera en riesgo.

—Es hermoso, ¿no es así? —murmuró el médico.

Tsukishima asintió.

Así que así se sentía amar con toda su alma.

Fueron interrumpidos cuando dos ruidosos killjoys entraron sin aviso al consultorio, arrojando la puerta sin cuidado. Ryuunosuke y Nishinoya se metieron mientras gritaban como dementes; y traían paquetes de diferentes tamaños en sus manos, exaltando: «Te gané», y «¿De qué hablas? Yo soy el mejor.»

Ryuu al notar a Ácido pegó una bocanada de aire.

¡Tsukishima! —exaltó—. ¡Te adelantabas mientras Noya y yo estábamos en el desierto!

—¿Qué? —se preguntó el de anteojos, irritándose—. ¿De qué diablos estás hablando?

—¡Finges demencia! ¡Eres un genio villano, Tsukishima! ¡Quieres ser el mejor tío del mundo para Bandit!

—¿Quién demonios es «Bandit»?

—Es el nombre del hijo de Saeko, ¿a qué no es genial? No sabemos si es niño o niña, pero ése será su nombre de killjoy.

—¿Estás hablando de meter a un infante a la maldita resistencia?

—Ella o él debe elegir primero, Tsukishima —Ryuunosuke le sacó la lengua.

Era un caso perdido considerar ponerse al lado de la mentalidad de esos dos idiotas para discutir un tema que no valía la pena.

—Y no cambies el tema —siguió Nishinoya—. Sabemos que quieres convertirte en el mejor tío del mundo, por eso estás aquí.

—Adivino: ¿los únicos concursantes aquí son ustedes dos?

—Sí —respondió Ryuu con orgullo.

Kei estaba seguro que les daría la vía libre para que ellos se le adelantaran.

—Mira, Saeko —ofreció Chispa mientras desdoblaba lo que parecía una camisa negra—; ¡una camisa con el logo de Nirvana! ¿A qué no es la onda? ¡Y es especialmente para ti!

—Aw, Yuu —se conmovió—; ¡no debiste molestarte! —cuando inspeccionó el pedazo de ropa notó que se trataba de una talla pequeña—. Estoy segura que podré usarlo cuando este chico salga.

Sin embargo el rostro de Nishinoya se desmoronó.

—¡¿Cómo pude olvidarlo?! ¡Aun no lo puedes usar! ¡Soy un idiota!

—No, no, está bien —aseguró la rubia.

—¡Ja! —celebró su hermano—. Mira esto: ¡Aceite para bebé! Es para que tenga el aroma de un bebé.

Saeko y Tsukishima se echaron a reír, ¿no era ése como el olor por defecto de un bebé?

—Gracias, Ryuu… —murmuró su hermana conteniendo sus risas.

—¡Debo ir a conseguir algo mejor! —gritó Nishinoya y salió con la misma velocidad que había entrado.

—¡No si yo te gano antes! —lo siguió el chico rapado.

Y nuevamente quedaron Ennoshita, Saeko y él.

El médico suspiró larga y lentamente, y se excusó del lugar, mientras examinaba a otros chicos que habían llegado.

—Oye —comenzó Kei—, Saeko…

—¿Dime?

Se sentía como un crío, pero aun así se obligó a preguntar.

—¿Puedes contarme más historias de los killjoys originales?

Volumen le sonrió con tanta amabilidad que Tsukishima comenzó a sentir sus mejillas cálidas.

—Por supuesto, Kei.


Akaashi se miró por unos cuantos minutos en el manchado y nublado espejo frente a él; toda su atención estaba en un mechón de cabello que caía entre sus ojos, ¿qué diablos podía hacer con su cabello? ¿Cómo debería usarlo? ¿Qué tan importante era el cabello en una boda?

El fatídico día había llegado, sin importar cuanto Keiji había intentado posponerlo o cancelarlo. La población en La Colmena se había cuadruplicado desde que Yui había aceptado unirse a ellos; Akaashi ni siquiera conocía a más de la mitad de personas ahí y, sin embargo, estarían en su reunión –porque Akaashi estaba en contra de llamarlo una fiesta– personal.

Todo ese embrollo era una tontería.

Lo haría, se decidió, se dirigiría a la habitación de Bokuto y le diría lo que pensaba de toda la situación y lo tonto que era. ¿Una boda? ¿En las vísperas de una guerra? Sonaba hilarante. Y Keiji se negaba a tomar su relación con el otro killjoy como un chiste.

Mandó al diablo su cabello y salió por la puerta.

Sin embargo al abrirla, detrás estaba Bokuto.

Revólver parecía un ciervo sorprendido; pero rápidamente empujó a Keiji y volvió a cerrar la puerta.

Dolido –más emocionalmente que físicamente–, se puso de pie e intentó abrir la puerta, sin embargo, Revólver la mantenía cerrada. El empuje no lo había lastimado, aparentemente Bokuto podía regular mucho más su fuerza, no obstante lo tomó por sorpresa.

—¡¿Bokuto, qué diablos?! ¡Abre la puerta! —tocó con molestia la madera, intentando halarla, pero Koutarou triplicaba su fuerza.

—¡No, Keiji! —gritó de regreso, la respuesta negativa solo lo molestó más y Akaashi comenzó a golpear más fuerte.

—Por la maldita Bruja, ¿qué demonios te pasa?

—¡Es de mala suerte que los novios se vean antes de la boda! —razonó.

Eso causó que Akaashi dejara de intentar abrir la puerta y terminara resoplando; estaba indeciso si sentirse conmovido por lo adorable que Revólver era, o irritado porque de un segundo a otro había quedado atrapado en un cuarto.

—¿A qué has venido, entonces?

Fue Bokuto quien llegó a él primero; aunque Keiji estaba por hacer lo mismo, segundos antes.

—No lo sé —respondió con timidez, a Keiji se le dificultaba escucharlo detrás de la puerta; no obstante se deslizó sobre la madera para sentarse en el suelo—. Por si acaso te estás arrepintiendo. Las personas siempre se arrepienten en el día de su boda, es muy normal.

Akaashi bufó.

—Tú y Kuroo saben demasiada cultura popular —se rio recordando las películas que ambos lo obligaban a ver.

—¿Entonces porque salías con tanta prisa? —preguntó con temor.

Akaashi sintió su garganta cerrarse, no le sentaba bien inventarse una excusa; y, de acuerdo, Bokuto tenía un punto a su favor al percibir que algo andaba mal con él. Pero, en su defensa, si Keiji huiría, lo haría para casarse y eso siempre incluía a Koutarou.

Keiji no le contestó.

—Es solo que… —continuó Bokuto— sé que estoy jodido de la cabeza, y seguramente hay cosas que jamás podré superar… como las pesadillas; así que comprendería porque no quieres pasar el resto de tu vida con alguien roto como yo.

Akaashi quería abrir la puerta y abrazarlo, así que lo intentó una última vez para frustrarse con la maldita fuerza de Revólver; resopló y volvió a sentarse, apoyado en la puerta.

—Kou, no es de extrañar que todos aquí estemos jodidos de la cabeza —intentó bromear; demonios uno de ellos estaba en una relación romántica con un ser artificial, Akaashi había visto al 'padre' de todos morir, otro había visto cuando mutilaron a su hermano, otro fue atacado por un monstruo con ojos demoniacos y risa burlona. La lista era infinita—. Lo que importa es que nos hagamos bien al otro, yo sabía a lo que me estaba metiendo cuando decidí rescatarte del Nido, Yachi y Daichi también.

Pausó por un momento pero Bokuto sólo lo escuchaba.

—Cuando estoy contigo mis demonios se vuelven más silenciosos y cuando tomas mi mano es como si desaparecieran —sabía que no lo hacían, cada arrepentimiento y miedo siempre lo seguirían toda su vida, pero Koutarou era como la fuerte pared que los detenía. Para Akaashi, Revólver seguía siendo el killjoy más fuerte de todos. Su voz comenzó a quebrarse, maldijo a su prometido por siempre ser capaz de reducirlo a llantos de esa manera—. Soy una versión mejor cuando estás a mi lado y no dudaría ni un segundo en pasar toda mi vida contigo… ¡Demonios, Bokuto! —interrumpió, riéndose entre dientes—. No me hagas usar todos mis votos en este momento, se supone que son sorpresa, ¿no?

—Son hermosos —opinó Koutarou en una voz queda—. No puedo esperar para escucharlos completos.

—¿Me crees ahora? No me arrepentiría de esto ni en un millón de años —decidió, no importaba si tuviera que atravesar un ejército de S.C.A.R.E.C.R.O.W. o una horda de invitados en su boda para llegar a Bokuto, lo haría.

—Sí te creo.

—Entonces regresa a tu cuarto y nos veremos al final de la tarde para la… ceremonia.

—Lo haré, lo ha… ¡Kuroo! —exclamó.

Pudo escuchar la voz barítona de Pantera, aun a través de la puerta.

—¡Ahí estás! Te he estado buscando por todo el maldito…. ¿Ése es el cuarto de Akaashi?

—¡No! —respondió con culpabilidad—. Quiero decir sí, pero ¡esto no es lo que parece!

—¡Es de mala suerte que los novios se vean antes! —exclamó, Akaashi se cubrió su boca para no estallar en carcajadas—. Es mi deber como tu padrino de boda evitar que hagas una tontería como arruinar tu matrimonio antes que empiece.

—Pero Akaashi y yo no estábamos haciendo nada malo —se justificó, y por unos segundos Keiji se sintió lleno de una alegría infantil; como si fuera un chico que se escabullía para ver a su novio prohibido o alguna tontería así.

—Sí lo estábamos haciendo —se rio, quería hacer la situación más emocionante—. Estaba por abrir la puerta y verlo.

—¡Akaashi, eres el demonio! —exclamó Kuroo.

—Generalmente te defendería de eso, Akaashi, pero esta vez Kuroo tiene razón, eres un demonio seductor —opinó Koutarou.

—Y me alimentaré de tu alma al final del día —respondió.

—Eso se escucha sensual, no es justo —lloriqueó Revólver.

—Guárdenselo para su luna de miel —cortó Pantera—, por el momento me llevo al grandote, Histeria; él y yo tenemos una cita con unas cuantas botellas de cerveza —su voz se escuchaba más apagada mientras se alejaban más.

—Pórtense bien —recordó.

—Tú me conoces —exaltó Kuroo desde la lejanía.

Akaashi se puso de pie y se sentó en un viejo sillón olvidado en la esquina; se sentía intranquilo, aunque Keiji no sabía a qué se debía. A toda esta fantasiosa situación de una boda o porque al día siguiente a esa misma hora se encontrarían a las gigantes puertas de esa gran ciudad. Sería la primera vez que regresaría después de ese suceso, cuando perdió a Bokuto por primera vez.

Pero, al final del día, era lo mismo que antes, ¿no?

La noche antes que partieran esa vez, recordaba la pequeña fiesta que habían tenido; con Kuroo tocando la guitarra y él, y Koutarou bailando como si tuvieran todo el tiempo del mundo.

Y por esa noche, Akaashi se prometió que lo tendrían.

Bailaría en los brazos de Bokuto sin pensar en el mañana, sin inhibiciones, sin una duda en su mente; como si él y su amado fueran a vivir para siempre. Iría, caminaría hasta el altar y tomaría la mano de Koutarou hasta el final.

Estaba a punto de hacerlo cuando empujaron la puerta con fuerza, Keiji retrocedió y descubrió a Sugawara de la mano con un encorvado Kei Tsukishima y Kozume Kenma.

—¿Sugawara? —saludó con duda.

—Akaashi, llegué tarde, pero a tiempo para cumplir con mis deberes de padrino de bodas.

—No tienes porque…

—¡Tonterías! Necesitas a alguien por si te acobardas a último minuto.

—¿Cómo es que...? —resopló—. ¿Qué hay de Tsukishima?

—Necesitaba cambiar de aires; ha estado trabajando duro para la guerra.

—¿Y Kenma?

—Lo mismo, Sombra ha estado metido con esa chica, Yukie, de las computadoras en esa habitación rodeado de pantallas; a ese ritmo terminará ciego.

Kozume hizo una mueca de disgusto.

—Hola, Akaashi —musitó monótonamente mientras se sentaba frente a él, Kenma solo levantó su mano para saludarlo e imitó al rubio.

—¿Ya has visto cómo ha quedado el gran comedor en La Colmena? Yui se ha encargado de decorarlo de manera memorable.

¿Decorado?

Keiji se puso de pie con urgencia, él no había pedido nada de eso; aunque debía agradecer la dadivosidad de la abeja reina de intentar hacer ese día como si fuera una boda real.

—Tranquilízate, Akaashi —instó Suga, sus ojos no podían ocultar las ojeras a su alrededor; que a veces quería ocultar con una felicidad no del todo verdadera—. ¿Por qué no disfrutamos todos de esta última noche?

'Ah, eso era.'

—De acuerdo —Keiji aceptó sonriéndole a Ceniza.


—No… es… ¡suficiente! —gruñía Iwaizumi entre jadeos cada vez que golpeaba al androide.

Kageyama retrocedía mientras se resguardaba, sin embargo, Hajime había dejado de noquearlo todo el tiempo. El androide tomó de la fracción de un segundo cuando el de cabello corto dejó una abertura en su postura y comenzó a atacar sin saltar un golpe; esos momentos se hacían cada vez más seguidos. Los microsegundos que Tobio terminaba viendo cada vez se hacían más y más comunes entre los ataques de Iwaizumi, entonces él tomaba la oportunidad y contraatacaba.

Y sin embargo, no le parecía lo suficiente.

¿Pero qué más quería de él?

Su brazo se tardó un microsegundo en cubrir su costado derecho y Hajime golpeó sus costillas, presionando su caja torácica lo lanzó hacia un lado. Salió disparado y terminó golpeando su cabeza en los escombros de una pared; sin embargo, no escuchó el crujir de su tórax, lo que significaba que sus costillas no se habían roto.

—Vamos, Kageyama, ¿eso es todo lo que tienes? —Contrariando sus palabras, Hajime lucía exhausto; se tomaba cada vez más tiempo para recuperar su aliento, aunque lo intentaba disimular.

—¡He mejorado mucho! —protestó, ahora igualaba a Iwaizumi, ¿no era suficiente?

—Oh, sí, ahora no te doy una paliza tan grave como antes —se burló—, sólo termino arrojándote al suelo pero tienes razón; mereces un premio por no apestar tanto —escupió y se acercó al androide, poniéndose de cuclillas sobre sus botas negras hasta la rodilla y pantalones blancos—. ¿Sabes cuál será tu premio?

Tobio rechinaba sus dientes.

—No, hablo en serio, ¿sabes cuál será tu premio cuando Oikawa vuelva a capturarte a ti y a todos los rebeldes que no asesine antes?

—Estoy intentándolo —murmuró como gruñido; pero Iwaizumi no lo escuchaba.

—Lo primero que hará Oikawa, antes de destruirte, será encontrar a ese cuervo tuyo… ¿cómo era su nombre?

—Ya… ya entendí.

—Ah, sí; Shouyou Hinata, ¿ves cómo sé su nombre? No hay nadie realmente anónimo en el desierto y Oikawa lo sabe también —comenzó a pasear a su alrededor—. Te llevará a una recámara recluida, a prueba de sonido y completamente blanca; porque ese es su estilo. Tú estarás atado de pies y manos, pero tu boca estará libre, lo hará porque querrá escuchar tus gritos.

—Ya entendí, detente —ordenó; pero Hajime lo ignoró.

—Shouyou Hinata estará atado frente a ti, al igual que tú, colgado de sus manos. Entonces Oikawa se encargará de hacerlo gritar de dolor; dirigir una sinfónica personal para ti con sus quejidos y lloriqueos.

—Detente —repitió poniéndose de pie.

—Seguramente empezará con lo menos doloroso —Iwaizumi le dio la espalda y comenzó a atravesar la arena—. Arrancando pedazos de piel, primero hasta la dermis y luego la hipodermis de todo su cuerpo; claro, primero le dará un adrenérgico para mantenerlo despierto, ya sabes, para evitar que se desmaye del dolor.

Kageyama no podía evitar la manera que sus pensamientos se retorcían con cada palabra del caballero blanco; comenzando a imaginar el rostro de Hinata, lleno de lágrimas y sangre; mientras escuchaba sus gritos y él luchaba impotente para ayudarlo.

—¡Detente, Iwaizumi!

—Entonces, Oikawa se moverá a los lugares verdaderamente dolorosos. Apuntará a lugares para causar daño, pero no la muerte instantánea; quizás quitará un ojo, seguirá con su nariz o tal vez su lengua…

La imagen era bordeando lo macabra, era… inconcebible. Si algo así fuera a pasarle a Hinata… ¡No! No lo podía permitir, él moriría antes, en el intento por rescatarlo.

Nadie tocaría a Shouyou Hinata mientras él estuviera vivo.

Mataría a quién fuera necesario, a Oikawa… y a Iwaizumi.

Debía pararlo, debía parar esas hórridas palabras que salían de sus engañosos labios; Kageyama quería arrancárselos. Así que se lanzó hacia él, Hajime bloqueó a tiempo, pero la fuerza de Tobio era mayor, no perdió el impulsó y lanzó su rodilla, pero él logró bloquearla. Choque terminó tomando el cuello de la chaqueta blanca de Iwaizumi y lo lanzó a la pared.

Escuchó el golpe de su cuerpo reverberando en el ladrillo mientras lo atravesaba.

Sin embargo, seguía viendo la misma imagen; Hinata gritaba y lloraba, de sus brazos bajaban gruesos riachuelos de sangre, las cuencas de sus ojos estaban vacías y su boca solo se abría para mostrar la porción de lengua que le quedaba.

Su vista se hizo lineal; no podía pensar en nada más que en evitar ese futuro; en rescatar a Hinata de las garras imaginarias de Oikawa. Pudo escuchar los músculos de Iwaizumi cuando lanzó la enorme espada en su dirección; Kageyama se movió en un latido para eludirla y lo atrapó apretando su cuello.

Arrojó un brazo hacia atrás y le dio un puñetazo de lleno en el rostro. Iwaizumi se movía más lento ahora y no podía cubrirse; así que Tobio lo volvió a golpear otra vez y otra, hasta intentar que esa imagen de Hinata mutilado desapareciera de sus ojos. Sin embargo, en cada intervalo de golpe; Iwaizumi se reía entre dientes.

Si se hubiera tratado de un humano, sangraría de su nariz, pero él solamente se reía.

Kageyama sintió una mano rodear su cuello y tomar su mejilla; al siguiente segundo Iwaizumi estrelló su cabeza contra una pared; deteniéndolo de inmediato.

Hajime cayó al suelo de golpe, al igual que Tobio.

—Eso es lo que necesitas —dijo entre risas mientras estaba tendido en la arena—… para ganarle.

—Uh… —fue todo lo que pudo murmurar, su cabeza aun daba vueltas por ese último golpe.

—Sabía que tenías lo necesario.

—Pero perdí el control…

—No lo perdiste, no realmente, sólo tenías un objetivo ahora.

—Pero siempre lo he tenido.

—La diferencia es que perdiste ese temor que le tienes a Oikawa.

—No le temo —aseguró mientras se erguía hasta sentarse, Iwaizumi seguía acostado.

—Es tu creador, es natural que le temas —explicó—. Además, sé cómo puede lucir furioso, Oikawa es hermoso pero recuerda que él no es humano.

Odiaba cuando él hablaba en acertijos, ¿Qué se suponía que eso significaba? ¿Era Hajime más humano que Tooru?

—¿Tú le temes?

Iwaizumi se sentó.

—No —respondió, Kageyama no sabía si la tristeza que había escuchado en su voz había sido su imaginación—. No le puedo tener miedo, lo conozco desde… desde antes de todo —Hajime se rio entre dientes y subió su mano a su nuca—. No puedo temerle a alguien con quién compartí mi...

Jamás había imaginado ver al severo y formal primer oficial de Oikawa tan… vulnerable; sus ojos vislumbraron algo que jamás había visto en él, la misma lumbrera que había notado en los ojos de Hinata, o de Revólver.

Amor.

Iwaizumi resopló y se puso de pie.

—Él no dudará ni un segundo en hacernos daño, tampoco en hacer de los últimos minutos de tu cuervo el peor infierno imaginado. Oikawa no es el mismo «padre» que conociste antes, el que te visitaba todos los días para estudiar cómo funcionabas —explicó levantando su espada y colocándola a un lado de su cadera—. Ya lo viste antes, su visión y corazón han sido nublados con odio y enojo. Si no lo logramos esta vez, tú y yo estamos muertos.

Tobio se puso de pie también.

—No lo olvides —dijo Iwaizumi—, mantén tus ojos al frente y presta atención a tus oídos. Él es más rápido que tú y yo, y más sádico también; Oikawa sabe lo que es el dolor, lo comprende; sabe lo que le puede hacer a una persona y sabe cómo destruir su mente. Sé que le tienes miedo.

—No le tengo…

—Y está bien, porque el temor te hará cuidadoso; escucha, Kageyama, esta es la última vez que nos vemos antes del golpe.

—¿Qué? —Tobio comenzaba a sentir la ansiedad subir por sus huesos—. ¡Pero aún no estoy listo! Sé que ya pasaron los cuatro meses, pero…

—Tienes a toda la resistencia detrás de ti.

Aun así, pensaba Tobio, no habría nadie más a su lado cuando se enfrentara al gran dictador.

—Iwaizumi… —su voz no salía; siempre había pensado en el enfrentamiento; pero desde que escapó de Ciudad Batería, toda la situación se sentía tan lejana. Aun cuando obtuvo todo su poder de regreso, siempre se imaginó que tarde o temprano regresaría a su lugar de origen con la misión de detener a Oikawa y derrocar su imperio—. Iwaizumi, no…

—Tienes que tener la meta final en tu mente, ¿me oíste? De lo contrario, ya hemos perdido.

Pero había tanto de por medio: los killjoys, las abejas, todos esos androides atrapados en Ciudad Batería, los ciudadanos, Hinata, Oikawa… cada alma caía como un peso más sobre sus hombros y si se ponía a pensar en ellos, lo terminarían asfixiando.

No estaba listo, no estaba listo.

Iwaizumi se dirigía a su motocicleta para marcharse, su tiempo se había terminado, las abejas de las otras colmenas llegaban cada minuto para alistarse para el enfrentamiento. Grupos grandes de chicos se reunían para rendirle unos segundos silencio a la Bruja Fénix, la radio estallaba con tonadas de canciones anarquistas; todo estaba llegando a su fin.

Sin importar lo que pasara ese día, nada volvería a ser igual.

Tobio dejó de sentir sus piernas, así que lo tomó por sorpresa cuando, sin haberlo pensado caminó hacia el primer oficial y haló su camisa como si él no fuera más que un niño; pero Hajime siempre le había parecido una brújula, el indicado para conocer el camino. Él había vivido más que Kageyama, él estuvo ahí para su creación; nadie comprendía la relación de Tobio y Oikawa como Iwaizumi.

Él estuvo ahí para verlo todo.

—Iwaizumi… —no tenía idea qué era lo que quería decirle.

Todo era más simple cuando sus horas del día estaban contadas y él seguía un horario estricto y tedioso en Ciudad Batería. Cuando cada día tomaba una dosis de plus mientras veía las noticias artificiales de la ciudad y patrullaba sus zonas en busca de revoltosos indigentes y criminales de los barrios bajos. ¿Qué habría pasado si se quedaba como un exterminador más?

Si jamás hubiera encontrado a Hinata.

¿Se volvería a rebelar o seguiría las reglas de Oikawa al pie de la letra?

¿O quizás eso siempre estaba destinado a suceder?

Quizás Tobio y Oikawa siempre terminarían envueltos en una tragedia perfecta y shakespearana porque el androide perfecto llegaría a la conclusión que su creador estaba equivocado y él debía corregirlo. ¿Quizás, todo el tiempo Kageyama estuvo destinado a superar a su dios al encontrar otro?

Hajime lo miró y suspiró, ajeno a los tormentosos pensamientos del androide, sin embargo, sabía que Tobio estaba muerto de miedo.

—Escucha, Kageyama, no importa lo que pase mañana, necesito que tú sepas cuál es tu misión; ¿de acuerdo? No importa lo que pase ahí en Ciudad Batería, tú tienes que saber cuál es tu posición en la guerra y hacer lo imposible para ganar.

Kageyama no sabía si podía hacer lo imposible.

—Necesito que me contestes, ¿lo podrás hacer?

Toda su vida lo había conducido hasta ese momento.

—Sí.

Mientras veía la silueta de Iwaizumi alejarse hasta salir de su vista en su motocicleta, Kageyama no podía evitar sentirse frío; aun cuando, la temperatura en el desierto, sobrepasaba los cuarenta grados.


Kuroo lanzó el pequeño proyectil manteniendo su vista en el objetivo, el dardo cayó en la diana, ganándole quince puntos; ahora él iba arriba de Revólver.

—Ah, hombre no es justo —se quejó Bokuto dándole otro sorbo a su cerveza—, pero sólo me ganas de cinco puntos.

—Estás acostumbrado a una victoria aplastante —se carcajeó Kuroo.

—Hermano, no tienes idea. Akaashi tiene una puntería perfecta y es despiadadamente competitivo; siempre que jugamos a los dardos alguien termina llorando.

—Y por «alguien»,te refieres a ti —acusó el de cabello azabache.

—¡No es justo que él siempre gane! —chilló con voz agrietada.

Tetsurou terminó riéndose a carcajadas, él no era un idiota; jamás le pediría un juego de dardos a Histeria, Kuroo prefería salvar su dignidad como un buen jugador; sin embargo había visto a Bokuto jugar con Akaashi algunas veces, al principio era extraordinario ver cómo le pegaba al blanco una y otra vez. Era más extraordinario ver a Kyoko jugar contra Akaashi, la chica era capaz de darle al blanco cada vez y al final el único que ganaba era quién iba primero.

Retrocedió para darle espacio a Revólver, era su turno de lanzar.

—Así que —comenzó Pantera—, lo lograste, ¿uh? No puedo creer que te vayas a casar hermano, estás demente.

—¡Soy un hombre de palabra, hermano! —exaltó mientras lanzó el dardo, Kuroo no notó donde cayó—. Lo que no puedo creer es que Akaashi dijo que sí —se rio.

—¿De qué hablas? —Kuroo se unió en sus risillas—. Akaashi jamás te podría decir que no a ti; el tipo está tan encantado contigo… —pausó por unos dramáticos segundos y luego fingió que su voz se quebraba, lleno de desolación—… creo que te ama más que yolloriqueó.

—Hermano… —fingió estar herido también y corrió a abrazarlo con fuerza, dejando a Kuroo boqueando, buscando oxígeno.

Pero después de un par de segundos Tetsurou devolvió el abrazo, rodeándolo con sus brazos mientras se reía entre dientes. Dioses, había extrañado a ese idiota.

—Estoy feliz por ti, Bo —sonrió Pantera—, se necesita de agallas para enamorarse hoy en día, sin hablar de casarse.

Se separaron de su masculino abrazo de mejores amigos y notó una pequeña sonrisa traviesa en Ala Revólver. Estaba tramando algo y a Tetsurou no le agradaba nada.

—¿Qué?

—¿Por eso no lo haces tú? ¿Enamorarte?

—¡Espera, espera, espera! ¿Qué? —su amigo no estaba siendo justo con él.

—¡Es obvio, Tetsu, no puedes ocultarlo!

Kuroo no necesitaba escuchar eso, así que se comenzó a marchar de ahí; hasta que Bokuto le terminó gritando: «Eres mi padrino, hombre, no me puedes dejar aquí». Tetsurou regresó y se sentó al lado del idiota de Revólver con brazos cruzados.

—Solo quiero verte feliz, hermano.

—Lo voy a arruinar, Bo —confesó—, solo lo sé.

—No puedes saber eso.

—Si algo me pasara mañana…

—No sigas —lo paró, pero Kuroo continuó.

—Si algo me pasara mañana y Tsukki terminara más herido de lo que ya está… no me lo perdonaría nunca. La Bruja sabe que ese chico ya sufrió suficiente, no necesita preocuparse por alguien más en ese campo de batalla.

—Él estará preocupado por todos, Tetsu, demonios, todo lo estaremos. Kenma lo estará también.

Pero Kuroo no podía evitar eso, por su parte, él estaba aliviado que Sombra no estaría en las trincheras de guerra; sino que su amigo se quedaría afuera de la ciudad, junto al campamento que erguirían para los heridos. Una vez el androide entrara se aseguraría de llegar hasta el edificio de Información para darles una entrada libre a la red de BL/ind. Kenma infectaría sus servidores para apoderarse de ellos con un virus; él lucharía desde afuera.

—Solo piénsalo un poco, ¿sí? No te quedes con algún arrepentimiento esta noche, por todo lo que sabemos esta es nuestra última noche sobre la tierra.

Tetsurou mordió sus labios y le dio un último sorbo al brebaje maltoso y arrojó la botella de vidrio sin cuidado, el traste chocó ruidosamente al caer y se quebró en pedazos; Bokuto sólo miró con diversión a la pila de cristal roto en el suelo. Lo que siempre caía de perlas luego de un par de cervezas era un cigarrillo.

—Ven conmigo, Bo —dijo poniéndose de pie y cambiando el tema completamente—, tengo una sorpresa para ti.

Y diablos si no necesitaba uno.

Sin embargo, él quería mostrarle la sorpresa antes a su mejor amigo así que guio a Revólver hasta que entraron a otro cuarto en donde más chicos estaban puliendo las últimas asperezas en sus movimientos de combate; jóvenes soldados demasiado ansiosos para descansar.

Cubrió los ojos de Bokuto con una pañoleta roja que colgaba de la bolsa de sus pantalones y se dispuso a buscar su regalo personal para él. Cuando lo encontró se preparó frente al killjoy, quería ver su rostro; así que terminó de quitar la bandana.

—Abre los ojos.

Bokuto lo escuchó y miró con alegría las latas de pinturas de diversos colores y las plantillas de búhos, gatos, arañas y de más.

—¡Tetsu! —gritó con emoción, se veía tan alegre que Kuroo terminó igualando su sonrisa.

—Estaba pensando que deberíamos ponerle estilo a ese brazo y pierna tuya: ya sabes, convertir esos miembros metálicos como si hubieran sido diseñados por un verdadero killjoy.

Kuroo había notado el logo sonriente de BL/ind en la pierna de Koutarou, así que quería hacer algo para cubrirla. Su mejor amigo saltó de alegría y gritó que era el mejor regalo de todo el mundo; Tetsurou sólo estaba conforme que no había sido tan ñoño como se lo había imaginado.

Se aseguraría de ayudar a Revólver de lucir la parte del perfecto novio cuando terminara con él –no le gustaba presumir pero nadie era mejor que él cuando se trataba de arte callejero–; claro, lucir la parte del perfecto novio killjoy.

Y aunque quería quedar borracho al lado de Bokuto porque él era el ebrio más divertido que conocía, sabía que el novio debía llegar sobrio a su boda; que daría inicio dentro de unas horas más.


Los dedos acariciando su cuero cabelludo causaban chispas de placer a lo largo de su columna; una mano tosca subiendo por sus omóplatos hasta su nuca; para luego tomar su mandíbula y finalmente culminar con un choque de labios calientes que lo dejaba viendo estrellas.

Jamás podría crear una droga que se volviera más adictiva que el cuerpo de Iwaizumi y su toque.

—Recuérdame dedicarte menos tiempo ahora —comentó Tooru mordaz.

Hajime tomó con fuerza un puñado de mechones de rizos caoba y haló sin misericordia; el ardor le ganó un siseo de dolor y placer.

—¿Y por qué deberías hacer eso?

—Te vuelves más demandante cuando te pones cascarrabias —se rio, Iwaizumi terminó buscando sus labios para callarlo, él hacía mucho eso—. Me coges como antes —sonrió alejándose del otro, sintiendo como salía de su cuerpo—; como si fuéramos humanos otra vez.

—Aun lo soy.

—Tienes un corazón que funciona con pulsos eléctricos, pero no tienes humanidad; hay una diferencia.

—Tenemos millones de humanos a nuestro cargo, claro que tengo humanidad aún —protestó Iwaizumi.

—Tranquilízate, Iwa-chan, no tiene nada de malo no tenerla. En mi opinión, te hace más débil.

—¿Es posible amar y no tener humanidad?

—¿A qué viene esa pregunta?

—No importa.

Oikawa se puso de pie y comenzó a vestirse, la noche apenas iniciaba y él tenía mucho trabajo por hacer. La cuenta regresiva había comenzado y nadie, ni siquiera un dios, podía detenerla. El no necesitar dormir le daba una ventaja que ningún humano tenía.

—Iwa-chan —llamó mientras se ajustaba su corbata blanca frente a un espejo tan largo como la pared de su penthouse.

—Dime.

—Te amo —dijo de la misma manera de siempre; Oikawa lo decía en algunas ocasiones sin razón ni causa, de la misma manera que se lo había dicho por décadas; desde esa vez que él comenzó su metamorfosis a lo que era ahora.

Claramente escuchó cómo los latidos de su corazón comenzaron a tornarse más rápidos que antes.

—¿Me amas tú? —preguntó, como siempre.

—Como a nada más en el mundo.

Oh Iwaizumi, su Iwaizumi. Tooru se acercó a la figura de su primer oficial en la cama, aun sin ropa y se sentó en sus piernas. Tomó su masculino rostro entre sus manos y besó sus labios con posesión; Hajime no se oponía y aunque acababan de intimar, podía sentir el fuerte cuerpo del moreno comenzar a responder a sus toques.

—¿Qué tanto? —preguntó mordiendo su labio inferior, sin separarse del beso. Oikawa quería oírlo, quería oír su devoción.

—Mucho más que a mi vida —respondió.

—Excelente —sonrió y se puso de pie nuevamente.

—¿A dónde te diriges? —preguntó una vez Tooru estaba saliendo por el marco de la puerta; Iwaizumi seguía metido en la cama.

—Shirabu y yo estamos trabajando en algo, muy… grande e importante; no hay tiempo que perder y él necesita que supervise los planos.

—¿Qué es?

—Una sorpresa —se limitó a decir—. Sé que te encantará cuando la veas.

—Si sonríes de esa manera, solo harás que me preocupe más.

—Tú te preocupas hasta por lo que comerás más tarde —se burló.

—Idiota —gruñó—. ¿Por qué no me contaste acerca de esto?

—Pasas tanto tiempo lejos, que cada vez que te veo solo necesito tenerte entre mis piernas de inmediato y olvido mi trabajo —se rio.

Iwaizumi murmuró algo inteligible, entre un insulto y una risa entre dientes. Oikawa se encontró acompañándolo. Tooru admitía que en toda su vida, jamás había fingido su risa con Hajime; seguía siendo, después de todo, su mejor amigo. Nunca había habido necesidad, el chico de cabello negro y corto siempre había podido atravesar ese muro artificial que él construía a su alrededor y que solo aumentó su grosor cuando abandonó su humanidad.

Sin embargo el sonido del latido de Iwaizumi había cambiado su ritmo desde hace unos meses; y por más que él intentara actuar como si todo seguía igual entre ellos, no podía controlar el bombear de su corazón.

—Oh, casi lo olvido —dijo Oikawa.

—¿Mmm?

—Tenemos visitas llegando a Ciudad Batería ahora; sé bueno conmigo y ve a recibirlos a la entrada.

—¿Visitas? —preguntó incrédulo.

—¡No hagas esa cara! —lloriqueó—. ¿Se te hace tan inconcebible que tenga amigos?

—En realidad, sí—aceptó.

—Seguramente es por esa cara de ogro que tú tienes, ¡los ahuyentas a todos!

Tooru sí podía hacer amigos, dos rostros tallaron la pared de su mente pero no les dio nombre; uno había sido antes de las guerras de helio y el otro lo había traicionado después.

Hajime no los mencionó, eso era una primera vez. Iwaizumi siempre los decía, Oikawa no veía la necesidad de ir y visitar su tumba después de todas esas décadas; no era como si su cuerpo estuviera ahí; pero su primer oficial y su ex segundo oficial siempre quisieron un lugar para recordarlo. Tooru no entendía por qué querían tener retazos que les hacía recordar su vida antigua; o por qué necesitaban recordar ese acontecimiento.

Él había seguido adelante.

—Como sea… ¿Quiénes son nuestros invitados?

—Dos —Tooru levantó sus dedos—: Taichi Kawanishi y Tsutomu Goshiki; un par de sicarios genéticamente modificados.

—¡¿Qué?! —se exaltó el de cabello azabache—. ¿Por qué no me lo habías dicho? —Iwaizumi sonaba dolido—. ¿Sicarios? ¿Por qué necesitas sicarios?

—No viene en mal algunos soldados de contingencia —señaló con burla en sus ojos—; confío en cada uno de nuestros leales soldados, pero he oído tantas cosas de estos dos que quería conocerlos.

Iwaizumi no creía sus palabras; pero Tooru no le estaba mintiendo. Susurros habían llegado a sus oídos de esos dos chicos; mejores que los humanos y más mortales. Seguían sus órdenes; trabajaban para su imperio. Ambos vivían en una metrópolis ubicada en la Zona 150, se solían movilizar a las ciudades de las Zonas vecinas; manteniendo a los rebeldes a raya.

Eran sus sabuesos y ahora los necesitaría otra vez.

Goshiki y Taichi pertenecían a una raza creada en Better Living, humanos que habían sido genéticamente modificados. Ingeniería genética era otra rama de investigación que experimentaba en humanos; algunas veces podía alargar su vida. Oikawa recordaba al primer sujeto de experimento, Wakatoshi Ushijima.

Tooru usó al par de sabuesos para encabezar el grupo que le dio caza a uno de los rebeldes más problemáticos que existió; era conocido como el Pequeño Gigante, sin embargo una vez se enfrentó con el par, no estuvo a la altura de ellos. Era, después de todo, debajo de su fama, de sus fantasiosas anécdotas, un humano más; mientras que Goshiki y Taichi, seguían luciendo igual que esa vez.

—¿Iwa-chan? —llamó, el moreno estaba absorto en sus pensamientos otra vez; a veces no parecía consciente que se estaban acercando a una guerra con cada minuto que pasaba—. ¿Puedes hacerlo? ¿Puedes ir a recibir a mis soldados por mí? —sonrió con coquetería.

—Pensé que eran tus amigos.

—Amigos, soldados; son lo mismo para mí.

Iwaizumi se rio entre dientes, seco y amargo.

—Pero tú y yo —murmuró, solo lo suficiente para que Hajime escuchara—, tú y yo somos para siempre.


Nos leemos luego~