¡Feliz viernes!

La actu viene temprano porque su humilde escritora no tenía clases hoy :D

Finalmente terminé la segunda parte, espero que les guste. Para los que quieran escucharla, la tonada que Tanaka toca en la guitarra es esta: /watch?v=Fe7hTGdQNYY solo le agregan el youtube y el .com antes

Como pueden apreciar, la portada ha cambiado y esta vez será la última :( Muchísimas gracias a Keelita por el regalo, por todas las obras de arte que has hecho por la historia y por ser tan buena amiga. Pueden ver todos sus preciosos dibujos buscándola en twitter como onkeelita :D Si quieren ver la portada en toda su gloria y en mayor tamaño, la colgaré en mi facebook y Keelita en su página (esto último también aplica para los que leen en AO3, en esa página no se puede ver nada ;-; )

Muchas gracias a mi beta Ren! Santa Ren, madre de todas las betas, ruega por nosotros los autores de fanfics ahora y en hora de nuestra muerte, amén ;u;

Ok, ya paro xD

Ah, un aviso más, este capítulo va dedicado a TODAS las chicas del grupo, ellas sabrán por qué ;)

Disfruten del capi~

»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: KoutarouBokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane.
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka.
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita.
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata.
Doctor Desafiando a la Muerte: Keishin Ukai.
Choque Binario: Tobio Kageyama.
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi.
Rugido Helado: Lev Haiba.
Profesor T: Itettsu Takeda. «


Last Night on Earth pt.2

No, lo que escuchan sus orejas perforadas no es el sonido blanco de las almas que nos han dejado, sino el clamor y los sollozos de ansias de las balas que se están fabricando en este momento, cuervos añorando probar sangre, aceite y metales de nuestros enemigos.

El último consejo para mis hijos de la anarquía es que siempre vean a su alrededor y hagan espacio en su corazón para ayudar al prójimo; ¡seamos fuertes y brillantes!

Y para el gran dictador: Recuerda, Oikawa, cría cuervos y estos te sacarán los ojos.

¡El futuro es a prueba de balas, killjoys!

Y las secuelas son secundarias.

Es hora de hacerlo y ser lo más ruidosos que podamos.

Vamos, rebeldes, hagamos un poco de ruido.

Tsukishima finalmente tomaba su asiento en las primeras filas de todos los invitados; parecía que todos los miembros de La Colmena ya estaban ahí. Una parte de él se imaginaba como sería ser el centro de atención de tantas personas, pero el pensamiento sólo lo dejaba ansioso; no era bueno para estar en el ojo del huracán, y tampoco quería seguir el tren de pensamiento para ponerse en el lugar de los novios y terminarse….

Casando.

La enorme cafetería se veía completamente diferente para la ocasión, si bien las flores eran prácticamente inexistentes en el desierto, las abejas y los cuervos habían hecho lo suficiente y más con lo que tenían. Largas guirnaldas de pequeñas luces amarillas se balanceaban por todas las paredes en una guía negra, parecía que se trataban más de luciérnagas entrenadas para mantener su lugar que focos.

La «capilla» que habían designado estaba repleta de las pequeñas lumbreras y por un segundo, Kei se imaginó en un cuento de hadas; eso era lo que toda la boda parecía, una fantasía perfecta. Tsukishima se permitió pensar que verdaderamente lo era.

Y diablos, él tampoco podía evitar la felicidad floreciendo en su pecho.

Ryuunosuke estaba armonizando toda la pieza con una guitarra eléctrica y algunas tonadas aleatorias; Kei disfrutaba el sonido estridente, ése siempre había sido su estilo de música favorito. Kuroo no podría tomar su usual papel como el músico de los killjoys pues ese día tenía otro trabajo.

Hinata llegó a su lado y tomó el asiento vacío, en la silla que le seguía se sentó el androide. Tsukishima solo esperaba que Sol Inferno por primera vez en su vida pudiera mantenerse en silencio; Ácido tenía demasiado en su mente como para preocuparse de responder la charla banal del ruidoso killjoy.

—¡Quién iba a pensarlo! —exclamó, Tsukishima solo rechinó sus dientes—. ¡Una boda de killjoys! ¿A que no es lo más genial que ha pasado en la resistencia? Cuando yo quise unirme y viajé para ser parte nunca esperé que alguna vez estaría asistiendo a una boda.

Kei no respondió nada.

—¡Y más aún una boda de uno de mis dos más cercanos compañeros! —siguió ignorando la manera que el rubio intentaba ignorarlo a él—. ¿No te parece, Tsukishima? —Ácido no le respondía—. ¿No te parece, Kageyama? —se giró a su compañero, el androide.

—Ah… sí —respondió quedamente, como si su mente estuviera en otro lado.

Esperaba que eso fuera todo lo que Inferno tuviera para decir.

—Sabes, ahora estaba con Lev —continuó para el disgusto de Tsukishima—, ¿ya probaste las nuevas armas que está confeccionando? ¡Son una belleza! Aunque debo admitir que el golpe de la pistola es mucho menos ahora que solo dispara energía a cómo era con la bala de plomo.

—¿Ah, sí? —se encontró diciendo, y maldijo en su mente; maldita sea Hinata y su facilidad para hacer conversación, Ácido solo quería escuchar la música y hundirse en su mente.

—Sí, y ahora que lo recuerdo, Lev te estaba buscando para mostrarte algo que logró con tus katanas; dice que lo amarás.

—¿A él o a las armas? —preguntó con tono de sarcasmo, rindiéndose en la ley helada que trataba de imponerle a Shouyou.

—A las armas —devolvió sin prestarle atención al sarcasmo—. Pero eso es porque amas a Kuroo —se burló.

Eso causó a Tsukishima abrir sus ojos el doble y girar su rostro para descubrir la orgullosa y burlona sonrisa de Hinata.

—Más vale que te calles, renacuajo —regresó, Shouyou hizo un puchero—, además… si estamos hablando de eso, ¿ya planeaste tu boda con el robot?

Shouyou terminó igualando su rostro sorprendido y Tsukishima terminó orgulloso del color carmesí que tomaron las mejillas de Hinata y como el pequeño Sol Inferno miró con temor en dirección al androide que estaba a su lado; afortunadamente para él, Kageyama parecía perdido en las luces que decoraban la capilla.

—C… cállate, Amargashima —regresó tartamudeando.

Kei terminó pensando si debería tener más cautela al molestar a Shouyou, de todas formas, Sol Inferno ahora contaba con un inmenso guardaespaldas que escuchaba todas sus órdenes sin vacilar. Sin embargo, Tsukishima prefería correr el riesgo y no parar de hacerlo.

La vida era miserable, así que debía sujetarse a esas pequeñas alegrías cotidianas como podía.

Hinata abrió su boca para seguir con su pequeña discusión, pero fue cortado cuando del pasillo que había dejado en medio de las múltiples sillas que se acomodaban lado a lado para los invitados, llegó el Doctor Desafiando a la Muerte al lado de Ala Revólver. Todos mantuvieron silencio, dejando las tonadas melodiosas como brisa de Ryuunosuke brillar.

Bokuto lucía extraño, su cabello monocromático parado en puntas ahora estaba acostado hacia atrás; en un intento de lucir más sobrio para la ocasión. Lucía una simple camisa blanca y una americana negra; aunque lo que rompía la ilusión de un completo «caballero» era su brazo metálico derecho que rompía la manga de la chaqueta y la pierna que cortaba el pantalón del mismo color.

—Ah, eso es tan genial —murmuró Hinata a su lado, Tsukishima también notó que el metal de su pierna y brazo ahora estaba lleno de grafiti, con figuras diferentes, desde un búho a una calavera.

Debía admitir que era muy genial.

—¿No te gustaría hacer eso con tu brazo, Roboyama? —preguntó en susurro Inferno, sólo lo suficientemente fuerte para que Kei escuchara. Aunque no llegó a oír la respuesta de Choque.

Nunca había visto a Bokuto tan nervioso antes, jugaba con sus dedos sin parar y su mirada siempre volvía al largo corredor que partía a la audiencia. Ukai platicaba mudamente con él para distraerlo, sin embargo, sus ojos dorados siempre regresaban al mismo lugar.

Mientras que Kei se preguntaba cuanta cantidad de gel para el cabello debieron usar para aplacar el salvaje cabello de Ala Revólver hasta lograr que terminara así de domesticado; Tanaka comenzó a tocar otra tonada en la guitarra eléctrica, al segundo Tsukishima cayó en cuenta que se trataba de la «marcha nupcial».

La icónica y celestial melodía mezclada con las tonadas eléctricas y estridentes del instrumento hacía una hermosa yuxtaposición de rock n' roll y música clásica; y si Kei era honesto, lo hacía sentir como en casa.

Los ojos de Revólver se abrieron como platos y se tornaron vidriosos al ver la figura detrás de él; las comisuras de su perpetua y temeraria sonrisa temblaban sutilmente, como si la felicidad era demasiada para su cuerpo y algunas gotas rebalsaban de su alma.

Tsukishima, al igual que todos los invitados, giró su rostro para ver al chico del momento: Keiji Akaashi caminaba del brazo de Kuroo hacia la pequeña capilla con luciérnagas estáticas. Al igual que Koutarou, sus rebeldes rizos negros estaban peinados hacia atrás, descubriendo su rostro, pero a diferencia de Revólver, él estaba usando una camisa de vestir, chaqueta y pantalones blancos; dejando atrás sus glocks y botas negras, guantes sin dedos como pañoleta dorada.

Lucía un poco cohibido, Kei lo sabía por la manera que se aferraba al brazo de Tetsurou y no miraba a los invitados; sin embargo, cuando subió su rostro y notó a su prometido en el altar, sus ojos se suavizaron y esbozó una pequeña sonrisa.

Tsukishima también se encontró sonriendo por la pareja; Akaashi llegó hasta Bokuto caminando con la melodía de nupcias en sus oídos, Kuroo miró a los ojos a su mejor amigo y entregó al prometido a su altar, después murmuró unas cuantas palabras que el rubio no pudo escuchar.

Pantera luego tomó el asiento a su lado, su aura se encontraba visiblemente abrumada por la felicidad que los rodeaba. Ácido escuchó un pequeño murmullo y se sorprendió cuando terminó mirando a Kuroo.

—¿Estás… estás llorando? —preguntó incrédulo.

Tetsurou se veía adorable con su nariz enrojecida y ojos vidriosos, mientras no le quitaba la vista a dos de sus personas favoritas en el altar a punto de contraer matrimonio; y cómo finalmente Histeria y Ala Revólver alcanzaban la culminación de su unión; Kei terminó con ojos vidriosos también.

—Es… —intentó decir entre sollozos quebrados— es sólo que estoy muy feliz, ¿de acuerdo?

El día era para celebrar, así que Tsukishima se tragó sus comentarios mordaces y sarcásticos y se dedicó a mirar la unión de dos personas que habían superado todos los obstáculos y hasta la muerte para regresar a los brazos del otro.


Bokuto jamás había visto a Akaashi lucir tan hermoso como esa vez.

No era porque se hubiera hecho algo diferente, aunque gracias a su nuevo peinado podía ver claramente sus ojos como piedras preciosas y su respingada nariz, y sus finos, pero delineados labios. Pero algo debía de tener Keiji porque, demonios, con cada paso que daba él Koutarou sentía su corazón llenarse y llenarse hasta que parecía que iba a explotar.

Kuroo llevaba a Histeria de su brazo, dirigiéndolo a él; Koutarou se divirtió al ver los versos pintados en el rostro de Akaashi; primero el nerviosismo de ser el centro de atención, luego la felicidad al encontrar sus ojos y por último la sorpresa que se llevó al notar sus miembros pintados de grafiti.

—Cuida al grandote —le susurró Kuroo a Akaashi cuando llegó hasta el altar a entregarlo; le dedicó una última sonrisa a Bokuto y regresó a su asiento.

—Te ves diferente —susurró Akaashi sonriendo una vez quedaron juntos—, me gusta.

—Soy un rockero de corazón, conejito —regresó en voz baja.

—Todos los somos.

El Doctor Desafiando a la Muerte aclaró su garganta para llamar la atención de todos los invitados; Ryuunosuke paró sus melodías para darle inicio a la ceremonia.

—Mis queridos hijos del desierto —comenzó—, sean bienvenidos a esta ceremonia; hoy es una fecha histórica para sus libros de texto. Presenciemos, hermanos míos, a la unión eterna en vida de dos personas muy cercanas a mi corazón: El casamiento de Keiji «Histeria» Akaashi y Koutarou «Ala Revólver» Bokuto; quienes regocijaron mi viejo corazón al invitarme para ser su oficiante —el presentador de radio les sonrió con orgullo.

—Ahora, abejas, cuervos, bebés no nacidos, androides y mitad androides, nosotros hemos sido elegidos como testigos para presenciar esta unión bajo la vigilante, pero compasiva mirada de la Bruja Fénix; y así, en presencia de ella, les pediré a ustedes que digan sus intenciones —Ukai tomó la mano de Akaashi y con la otra la de Bokuto—: Keiji y Koutarou: ¿Han venido aquí sin reserva alguna, libres como hombres para darse uno al otro en matrimonio?

—Sí —dijeron ambos.

—¿Se amarán y se honrarán como esposos por el resto de sus vidas?

—Sí.

—De acuerdo, pichones, es hora de compartir sus votos —Keishin tomó sus manos y las entrelazó entre ellos.

Hitoka se apresuró de su asiento hacia el altar, caminando con una pequeña caja en sus delicadas manos. Al abrir el contenedor, le entregó sus anillos a cada uno.

Bokuto se agradecía mentalmente haberse recordado de escribirlos; Akaashi fue primero, porque él era así.

—Koutarou —Keiji lo vio como si se encontraran en su cuarto, fuera de ojos curiosos—, cuando estoy contigo mis demonios se vuelven más silenciosos, y cuando tomas mi mano es como si desaparecieran. Eres tú, siempre has sido tú quién me ha hecho mejor persona, eres la luz que siempre me muestra el camino y me da fuerzas; para luchar, para seguir, pero más importante, me das fuerza para amar.

Sintió como el chico de ojos con forma de almendras le daba un apretón a su mano.

—Y por eso, yo, Keiji Akaashi te tomo a ti como mi esposo; prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad; en la salud, en la enfermedad y en la muerte. Prometo amarte y respetarte todos los días de mi vida; y no quisiera más que compartirlos contigo. ¿Aceptarías este anillo como señal de nuestra unión desde el día de hoy hasta que nuestros pulmones dejen de respirar?

—Sí, acepto —respondió; Histeria le colocó un anillo en su dedo.

Revólver no pudo evitarlo y trajo el dorso de la mano de Akaashi a sus labios para darle un rápido beso.

—Keiji —fue su turno—, he visto la violencia y oscuridad que puede haber en una persona y la he experimentado también; he sido arrojado a sentir mis miedos más profundos y hasta perdí mi camino. Pero tú nunca te rendiste conmigo, siempre ofreciste una caricia o un beso. Lo primero que me atrajo a ti fue tu mortífera presencia y tu fría mente, pero lo que terminó enamorándome, fue tu cálida bondad y caliente pasión; el mundo puede ser un lugar horrible, pero tú eres hermoso para mí.

Le dio unas cuantas vueltas al anillo en sus manos y continuó.

—Así que, yo, Koutarou Bokuto te tomo a tu como mi esposo; prometo con cada aliento de mi vida serte fiel en la prosperidad y en la adversidad; en la salud, en la enfermedad y en la muerte. Prometo amarte y respetarte todos los días de mi vida; y no quisiera más que compartirlos contigo. Akaashi, ¿aceptarías este anillo como señal de nuestra unión desde el día de hoy hasta que nuestros pulmones dejen de respirar?

—Sí, acepto —consintió Keiji, ahora fue su turno de colocarle su anillo a su prometido.

—Con el poder que se me confiere los declaro esposos, que la Bruja Fénix cuide de sus almas hasta que encuentren su descanso en el más allá. Lo que ahora se ha unido hoy, no lo separe ninguna píldora ni organización. ¡Pueden besarse, pichones! —terminó soltando una estridente carcajada.

Esa fue toda la señal que necesitó para tomar a Keiji de su nuca y acercarlo hasta estamparlo con sus labios con premura. Akaashi se rio en su boca, pero luego cerró sus ojos y ladeó su rostro. El sonoro aplauso de todos los invitados, capaz de ensordecer, pasó a segundo plano; porque para él, lo más importante, era sentir la suave respiración del otro sobre su nariz.


La ceremonia terminó y el par de recién casados no podía mantenerse lejos del otro; Hinata estaba extático por ellos dos. Un cálido sentimiento de alegría florecía en su pecho al saber que el amor no era un callejón sin salida. Sus indisciplinados ojos se trasladaron al androide; Kageyama veía la pintura frente a él, habían quitado las sillas y dejaron la pista libre.

Ukai se apoderó de las bocinas y de la música; la primera canción de la noche comenzó a sonar en segundos. Hinata ya la había oído antes, «Last night on earth.» se llamaba, y sopesó que era una canción apropiada para la noche. Bokuto le susurró unas cuantas palabras al oído de Akaashi, Histeria terminó sonrojándose hasta las orejas, pero asintió.

Ambos se tomaron de las manos y frente a todos, se dirigieron al centro, comenzando a balancearse lentamente al ritmo de la melancólica tonada que prometía que, aunque perdieran todo, siempre se terminarían reencontrando.

Después de un par de minutos de darle la primera pieza a la pareja recién casada, otras personas comenzaron a llenar el lugar y bailar. Notó a Ryuunosuke sacar a bailar a Ennoshita con mejillas carmesí, y un médico igual de avergonzado aceptando. Nishinoya invitó a Sugawara y luego Asahi se les terminó uniendo.

Era una costumbre humana tonta, se convencía Sol Inferno, mirando al androide algunas veces de reojo. Kageyama no sabía bailar, a él no se le ocurriría invitarlo, así que lo dejó así. Estaba más que feliz de pasar tiempo con el androide; así que se inclinó hacia él, apoyando su peso en el más alto.

Lev estaba sentado a su lado.

—¡Hinata! —se quejaba—. Quiero bailar con él…

—¿Con Yaku?

—¡Shh! —calló—. No quiero que todos escuchen.

—Estás consciente que todos lo saben, ¿no? No es como si fueras sutil, Lev —señaló, escuchando el leve ronroneo del núcleo de Kageyama y acomodándose más cerca de su costado para recibir un poco más de calor.

Haiba boqueó con pánico.

—¿Crees que Yaku lo sepa?

Shouyou se encogió de hombros.

—Puedes preguntarle —señaló al momento que Cianuro caminaba al otro lado de la pieza.

Por un momento se debatió si Haiba lo pensaría dos veces en acercarse al «dueño de sus sentimientos» y pedirle que bailara con él; pero al ver al enorme chico mitad ruso salir corriendo hasta Morisuke se tuvo que recordar que Rugido no tenía idea de lo que era la timidez o vergüenza.

Shouyou pensaba que Lev regresaría con una malvada y furiosa huella de una palma en su mejilla y un Rugido deprimido, no obstante, se sorprendió al verlo dirigirse a la pista de baile mientras arrastraba a un rendido Yaku de la muñeca.

La oportunidad era demasiado preciada para dejarla pasar así que obligó a Kageyama a ponerse en sus metálicos pies y acercarse cautelosamente a la pareja dispareja y espiar qué tan casanova era Lev realmente.

—Eres un enano entrometido —comentó Kageyama dejándose llevar por sus artimañas cada vez.

—Gracias por acompañarme nuevamente en esta bella noche, Roboyama —comentó, aunque sin maldad, por la ausencia que Tobio había tenido con la realidad últimamente—; y sólo uno de esos dos adjetivos es verdadero.

—¿Cuál? —preguntó con el mismo tono de voz que utilizaba cada vez que quería molestarlo—. ¿El de enano o entrometido?

—Dejaré que elijas —se rio, dándole un pequeño empujón amistoso.

—Lindo —dijo—, elijo lindo.

Eso lo tomó desprevenido e Inferno prefería enterrar su rostro en el hombro del chico para ocultar sus mejillas sonrojadas. No era justo que Kageyama pudiera cambiar de ser un completo idiota, a un despistado idiota, a un coqueto idiota. Prefirió pensar que la pequeña sonrisa en los labios del otro era completamente accidental, y no había creado un monstruo capaz de jugar con su sanidad.

Lev y Yaku volvieron a llamar su atención, bailaban a su propio ritmo; pero el chico de cabello ceniza parecía cohibido por tener la oportunidad de pasar tanto tiempo muy cerca de su flechazo.

—No eres tan malo bailando como creí —escuchó a Yaku aceptar.

—Es mi lado ruso —justificó el poste de luz.

—No lo arruines…

Shouyou prefirió reírse entre dientes y regresó su atención a Kageyama.

—Has estado intermitente hoy, señor Roboyama.

—Ah, lo siento.

—No es como si alguna vez has sido el alma de la fiesta, eso es seguro.

—Es sólo… que estoy pensando; me gusta esto, estar aquí contigo —comentó mientras le daba un apretón a su mano—. También es interesante ver cómo actúan los humanos; como si su alegría fuera tanta que danzan al tenor de melodías al lado de una persona especial.

—¿Sigues estudiando a los humanos?

—Siempre es interesante mirar la felicidad verdadera.

Shouyou le dio un beso en sus labios fruncidos en concentración, porque se veían apetitosos y porque podía. Kageyama quedó confundido por un momento, él terminó riéndose; no había como tomar a Kageyama por sorpresa cada vez que podía.

La canción terminó y segundos más tarde los acordes de una guitarra comenzaron a sonar en las bocinas; Hinata sintió un nudo amarrarse en su pecho cuando cayó en cuenta que se trataba de la canción que Tobio le había dedicado en la radio del Doctor, era su canción.

—¿Quisieras bailar? —preguntó Shouyou con un poco de temor.

—No sé cómo hacerlo —dijo—; no tengo ningún programa instalado para «bailar».

—De acuerdo —aceptó Hinata, intentando que la decepción que sentía no llegara hasta su voz.

Era una pena, él quería tener una noche de humanos con el androide. Así que sólo le bastó con acercarse más al cuerpo del androide y mover sus labios al ritmo de la letra.

«For I can't help, falling in love with you. »

Sol Inferno fue sacado de su trance cuando escuchó un golpe rápido y estruendoso; seguido de un quejido de dolor, cuando levantó su mirada se sorprendió al ver a Lev cuidando de su mejilla y una marca roja y enfurecida en su blanca piel.

Mientras tanto Yaku estaba furioso.

—¿Estabas intentando besarme? —escucharon la voz de Yaku preguntar con tono amenazante.

—Yo… —Lev estaba sin palabras, y Shouyou no podía hacer más que ver la decepción, arrepentimiento y tristeza pintar el rostro del ingeniero robótico.

Haiba había actuado sin pensar como siempre y esta vez parecía que se había excedido.

—¿Y qué? ¿Crees que soy como una idea tardía de una noche? ¿Una pobre damisela desamparada que necesita darle al valiente soldado una despedida la noche antes?

—No… yo no…

—¿Ese era tu plan todo el tiempo? ¿Fingir tu bondad para conseguir algo de acción antes que mueras?

Parecía que Lev estaba a punto de llorar; Hinata lo conocía, esa idea ni siquiera había caído en la mente del chico alto; Haiba no tenía una pizca malintencionada en su cuerpo. La escena era como ver un accidente de trenes sin poder detenerlo.

—Lo siento, lo siento —murmuró Rugido cabizbajo antes de salir corriendo fuera de la habitación.

El enojo había desaparecido de los ojos de Yaku y ahora sólo quedaba confusión instalándose. Vaya manera de despedirse, pensó Shouyou, desenmarañándose del cuerpo de Kageyama para hablar con él.

Mientras se alejaba de toda la recepción y la bella obra de arte de todos los guerreros despidiéndose en una melancólica coreografía de despedida y el oculto sentimiento de temor a lo que traería el mañana; Hinata solo pudo ver a Tobio embelesado con la naturaleza humana, quizás recordando el por qué lo hacía, ni siquiera parecía notar que él se había marchado.

Sol Inferno maldijo por dejar sus pensamientos divagar al egoísta anhelo de, al menos por una noche, no tener al «Salvador Destroya» con él; sino al bondadoso y despistado Kageyama, su despistado y bondadoso Kageyama tomando su mano y moviéndose al compás de una despreocupada melodía.


Después del banquete de la cena, todos se habían movido para aclarar una pista de baile en medio de toda la pieza. Tsukishima sostenía en sus manos un plato con el postre: frutas con miel virgen. Estaba delicioso y él siempre prefería los dulces, pero el hambre lo había abandonado hacía unos días.

Mientras encontraba un lugar en las afueras de la pista para sentarse, notó como varias abejas estaban disfrutando de la tranquila noche de esa misma manera; sosegando su alma con las canciones del Doctor Desafiando a la Muerte. Sabía que Yui sería la encargada de liderar a todo el ejército, pero Tsukishima se sentía tan responsable como todas las personas ahí como la abeja reina.

En medio de todo el enjambre, tanto de hombres como de mujeres reunidos encontró un rostro un poco familiar. Kei no era el cuervo más social de todos, pero esa persona le había parecido un chico de pocas palabras, y eso era lo que necesitaba esa noche.

Llegó al lado de Semi, el misterioso chico que habían encontrado en el desierto; Ukai estaba convencido que era una buena persona así que él le daría una oportunidad. El solitario de cabello ceniza con puntas oscuras era estoico y a diferencia del ejército de abejas que amenizaban la pieza con conversaciones triviales.

—¿Puedo sentarme aquí? —le preguntó una vez llegó al espacio vacío a su lado.

—Claro —dijo escueto.

Tsukishima se llevó una fresa en almíbar a la boca y saboreó la fruta confitada mientras veía a todos los cuervos bailar, incluso las abejas que estaban a su alrededor comenzaron a caminar hasta la pista. Admitía que la imagen era, de alguna manera, esperanzadora; el hecho de ver cientos de los de miles personas que estaban ahí, unidos por los acordes de guitarras, compartiendo el tiempo y la alegría de los recién casados, era milagrosa.

Kei añoró ese tipo de libertad para todo el mundo.

—Tú eres él, ¿no? —preguntó Semi después de unos minutos.

—¿Disculpa?

—El líder de los killjoys.

—Uh…

Ese título nuevamente, Tsukishima aún lo sentía enorme para él.

—Tú estabas esa noche en el desierto, cuando el Doctor fue tan amable de traerme.

—Sí, así es. Kei Tsukishima —se presentó formalmente—, mi alias es Ácido Lunar.

—Gusto en conocerte —contestó.

—Según Kageyama eres extremadamente bueno para movilizarte en la ciudad.

—He aprendido a moverme en la jungla de concreto —esbozó una sonrisa torcida—, es fácil una vez lo haces de rutina.

—¿Rutina?

—Sí, todas las metrópolis tienen la misma estructura de las calles y los edificios; estoy seguro de que Ciudad Batería solo será más grande pero no diferente.

—Así que te has familiarizado con las metrópolis… de acuerdo, entonces tú te unirás al grupo de Aone y Bokuto para acabar con los S.C.A.R.E.C.R.O.W.

—De acuerdo —aceptó—; pero una vez acabe con todos esos monstruos empezará mi verdadera búsqueda.

—Claro, ¿buscas a una persona?

—Así es, encontraré mi camino a los laboratorios de BL/ind, a las prisiones que tienen debajo.

—Trato hecho —Tsukishima ofreció su mano y Eita la recibió para darle un apretón.

Kei no quería ser un bastardo entrometido y curiosear en la vida del reservado Semi, se debatía si debía preguntar más acerca de esa «persona especial»; ¿qué había si se trataba de un hermano? ¿O un amigo? ¿O un amante? Poniéndose en sus botas, pensó que, si se tratara de él, no querría fisgones metiéndose en asuntos que no le importaran.

Sin embargo, mandó al diablo la cortesía y abrió su boca para preguntar.

—Pequeño Kei, ¿por qué te ves inquietamente deprimido en una noche tan festiva como una boda? —interrumpió Saeko su campo de visión; parándolo en sus pistas.

—No estoy deprimido, solo estaba terminando de comer —respondió a la defensiva como siempre.

—Dejaste la mitad de tu postre sin tocar —reclamó la chica.

Tsukishima miró desganado su confitura de fresas y melocotones con miel; era el postre del festín, pero él ya no tenía hambre. No era su culpa padecer de poco apetito, y no tenía nada que ver que mañana les esperaba un día exhausto.

—Ya no tengo hambre —se justificó.

—Excelente, porque quiero bailar contigo, ¿te molesta si me lo llevo, chico? —terminó preguntándole a Semi.

—Adelante —dijo con una sonrisa.

Apenas y procesó las palabras cuando sintió sus delgadas falanges cerrarse en su muñeca y tirar de él con mucha más fuerza de la que esperaba. Suficiente para ponerlo en sus pies inmediatamente e incluso detenerlo para evitar que cayera de bruces.

Sin embargo, se vería como un verdadero idiota si no aceptaba la propuesta de la única embarazada en toda la resistencia, así que lo hizo. Era un poco extraño, porque no podía acercarse más a Saeko, su vientre parecía que estaba a punto de reventar; siete meses habían pasado desde la que el bebé había sido concebido y desde que ambos habían perdido personas importantes también.

Así que, por esa noche lo haría, dejaría todos los demonios que amenazaban con devorar sus pensamientos y bailaría esa noche con la madre de su sobrino. Olvidaría el día de mañana, oscurecería los rostros de los monstruos que con los que tendría que luchar y no pensaría en la decisión que había hecho más temprano ese día: usaría las dos katanas de su hermano como él lo hacía; Kei había practicado lo suficiente con las dos armas al mismo tiempo, y aunque no tenía la experticia de su hermano, era bastante bueno.

Posó su mano un poco más arriba de la cadera de Saeko y ella la colocó en su hombro. Él comenzó a guiar el paso al de la melodía, seguía siendo otra balada, aparentemente el Doctor se sentía simpatizante de todo el ambiente romántico; era una boda, después de todo.

Para su sorpresa, Saeko era muy buena bailando; no era que él creía menos de ella, pero la conocía lo suficiente como para saber que no se trataba de una chica maleable o incluso… grácil, no obstante, ella le demostró lo contrario.

La canción terminó e inmediatamente comenzó otra, la nueva tonada era llevada solamente por un triste pero precioso piano; Kei se encontró disfrutando bailar. Y Saeko no hacía comentarios por su falta de habilidad para hacerlo, ya que Ácido no era, por mucho, el mejor bailarín del desierto.

—Disculpen mi interrupción —escucharon a alguien detrás de ellos, Tsukishima siguió la voz con sus ojos y se encontró con los perspicaces y relucientes de Kuroo.

—El minino negro de la resistencia —saludó Saeko sonriendo hasta las orejas.

—La madre más hermosa de la resistencia —regresó—; vaya, Saeko, te ves positivamente reluciente esta noche.

La chica rubia con un parche en su ojo se rio entre dientes, y la sonrisa coqueta de Kuroo solo creció más; mientras, Kei se preguntaba si Tetsurou era real.

—La adulación te llevará a todas partes, minino —comentó entre risas.

—Eso espero, porque, quería preguntarte si puedo tomar a tu pareja de baile para mí esta noche.

Las palabras de inmediato robaron toda su atención y cuando buscó la mirada de Pantera, lo encontró mirándolo fijamente. Algo había cambiado en Kuroo esta noche y Tsukishima no sabía si le quedaba ansiedad para gastar en él.

—¿Al pequeño Kei? —preguntó Saeko mirándolo—. De acuerdo, de todas formas, ya me cansé de estar de pie —se rio—, maldigo a todos los dioses, mis tobillos se inflaman como dos toronjas; no veo la hora para que este cuervo vuele. Kei, más te vale que te despidas cuando partan. Si no veo tu rostro, el de Noya y el de Ryuu yo misma iré a la ciudad a patearles el trasero.

Tsukishima no dudaba de sus palabras, así que se aseguraría de despedirse.

—Cuida tus manos, minino —le advirtió a Kuroo— o te las corto yo.

Kei cubrió su rostro con vergüenza, ¿acaso nunca se acabaría la humillación de ser cuidado por un hermano mayor? Pero Tetsurou solo sonrió con socarronería y levantó sus manos como si fuera un criminal en las luces.

—Puedo encargarme desde aquí, Saeko, por favor —renegó, salvando las pizcas remanentes de su dignidad.

La killjoy original los dejó; mientras que él ignorando el aleteo apresurado de su corazón dirigió su atención a Pantera. Tal vez quería hablar acerca de la formación de mañana; Kei pensaba que todas las dudas habían sido aclaradas, pero podía estar equivocado.

—¿Pasó algo? —preguntó caminando hacia las afueras de la pista, sin embargo, Kuroo lo detuvo cerrando sus falanges alrededor de su muñeca.

—¿Quieres bailar conmigo?

Debió verlo venir, y no obstante sus ojos avellana se abrieron el doble y Kuroo se rio un poco entre dientes.

—Vamos, líder, dejemos la guerra por esta noche —ofreció.

La propuesta sonaba atractiva, además, Kei nunca reprochaba los momentos que pasaba con Kuroo. Había llegado a la conclusión que Tetsurou simplemente era irresistible para todos, un carisma igual de encantadora que la que tuvo el dictador para cegar al mundo.

Maldito Pantera y sus súper poderes.

—De acuerdo —aceptó y comenzaron a bailar.

Las líricas se permeaban en el aire y Kei solo podía distinguir la melodía; seguía el paso de Kuroo y miraba sus pies, cualquier cosa era mejor que reconocer que sus manos estaban entrelazadas; y como los dedos de Tetsurou cabían perfectamente entre sus gigantes manos. No era como si lo hubiera meditado mucho, pero Tsukishima siempre pensó que sus manos eran enormes, pero las de Kuroo también lo eran y encajaban a la perfección como un rompecabezas.

—¿Hay algo que hagas mal? —preguntó sin pensarlo después de unos minutos.

—¿Disculpa? —regresó Kuroo riéndose entre dientes.

—Eres imparable con tu hacha, puedes conducir mejor que todos aquí, eres de los mejores en combate cuerpo a cuerpo, tocas la guitarra y ahora: ¿puedes bailar? ¿Eres real, Kuroo?

Y luego Kei notó algo que había pensado era imposible para él causar en el genial Pantera Anfetamina.

Kuroo estaba sonrojado.

—Oh, vamos, Tsukki, hay muchas cosas en las que soy malo, créeme; por ejemplo… —lo pensó unos momentos, Ácido solo arqueó una ceja— ¡las computadoras! Soy pésimo para la tecnología —aceptó—, también para el ajedrez.

—Tomaré tu palabra —se conformó mirando la brillante sonrisa torcida de Pantera.

—Soy un hombre honesto, Tsukki.

—No —pidió—, llámame por mi nombre, Kuroo.

Su corazón dio un vuelco; lo había hecho, lo había dicho, su mente repetía; pero por cualquier razón, fuera la atmósfera cálida o el horrible sentimiento del siguiente día, pero quería escuchar a Pantera decir su nombre. Kuroo por su lado, lucía sorprendido por su audacia, el color rosa se profundizó a un carmesí en sus mejillas bronceadas; lo intentó disimular con otra sonrisa curva.

—De acuerdo, Kei —dijo con un lento movimiento de su lengua—. Tú también hazlo, llámame…

—Tetsurou —terminó.

—Quieres… —comenzó Kuroo con nerviosismo—, ¿quieres salir de aquí un rato?

Tsukishima asintió.

Nadie notó cuando ambos desaparecieron de la fiesta, pasando como sombras detrás de las parejas que quedaban entrelazándose entre brazos y manos. Kei dejó de escuchar la música, la sangre rugía en sus oídos, y sus pasos, y los de Kuroo callaban todo el sonido blanco.

Ni siquiera tenía idea hacia dónde se dirigían, pero no se sentía bien preguntar; confiaba en el otro kiljoy y muy en el fondo, sentía emoción.

Lo que no esperó fue ser llevado de nuevo a la superficie, salieron de La Colmena y el gélido aire de la medianoche lo golpeó en su nariz; las puntas de sus dedos comenzaron a entumecerse y podía sentir la brisa llenar sus pulmones. Había pocas cosas más hermosas que el desierto en el anochecer.

Kuroo extendió una sábana color café sobre la arena y lo invitó a sentarse, Kei lo hizo; pronto, Pantera tomó su asiento a su lado. Sus rodillas chocaban entre ellas, pero a él no le molestó.

El cielo era tan negro como la brea; Tsukishima agrupó un ramillete de delgadas ramas secas y comenzó una fogata. Podía sentir los perspicaces ojos de Kuroo pegados en su espalda; intentó luchar contra el nerviosismo y finalmente encendió la pequeña llama.

La madera crepitaba silenciosamente entre ellos mientras las llamas las devoraban.

—Es realmente hermoso, ¿no, Kei? —dijo Kuroo leyendo su mente—. El desierto por la noche; te hace pensar en lo diferente que pueden ser las secuelas de una catástrofe si simplemente lo ves de otra perspectiva.

—Sí, tienes… tienes razón.

El cuerpo de Tetsurou irradiaba tanto calor como si fuera un horno, y la noche estaba condenadamente fría así que lo utilizaría para entibiar su delgaducho cuerpo; no era su culpa tener nula grasa corporal. Al menos esa era la excusa que razonablemente repetía al acercarse al fuerte cuerpo del otro chico. Kuroo por su lado no lo alejó, todo lo contrario, estiró levemente su brazo para dejarlo entrar en su costado.

Cuando lo vio, no obstante, solo mordisqueaba sus cortas uñas y no veía a Kei a los ojos.

Ácido decidió que le gustaba mucho ese pequeño y cálido lugar.

Le gustaba, quizás, mucho.

—Tetsurou —llamó, desasociando sus pensamientos con las palabras que dejaban su boca; hacía mucho que había decidido hacer eso hoy—, hay algo que ronda mi mente desde hace mucho.

Sintió los músculos de Kuroo tensarse; sin embargo, él continuó.

—Es muy seguro que todos muramos mañana —guardó silencio unos segundos, esperando las completas negaciones del pelinegro, sin embargo, no vino ni una palabra, así que continuó—. Y, si esta es nuestra última noche sobre la tierra, entonces deberíamos darnos la libertad de ser tan temerarios como podamos.

—Pensé que no hablaríamos de la guerra —fue lo que dijo Kuroo.

—Pero escucha —continuó—, entonces si mañana todos moriremos, podemos ser temerarios esta noche y todo estará bien —respiró profundamente y dejó caer la bomba—: Tú me gustas, Tetsurou, me gustas mucho —confesó sin darle oportunidad a Pantera de contestar.

Había hecho las paces con esa realización y si nadie, o casi nadie regresarían con vida de esa ciudad, entonces, no le servía de nada guardar secretos. Tsukishima sabía muy bien lo que era perder a sus personas favoritas y no gozar de ellas cuando aún tenía el tiempo. No quería volver a cometer ese error; hablaría y hablaría con todo su corazón.

—Sé que es idiota —se apresuró, no quería ver el rostro de Kuroo—, y yo estoy siendo idiota, porque mañana todos nosotros moriremos y porque la última vez que acepté amar a alguien me lo arrebataron sin misericordia; así que no tengo idea cuál será tu respuesta, pero no importa porque sólo necesitaba decir…

No pudo terminar su confesión; Tsukishima, quién había cerrado sus ojos para sincerar su corazón, sintió un toque suave y cálido en sus labios. Abrió sus ojos de golpe y su mundo se tornó de cabeza cuando cayó en cuenta que se trataba de los labios de Tetsurou.

Jamás había pensado que ésa sería la respuesta de Kuroo, pero no estaba nada desilusionado.

A diferencia de la apariencia salvaje y descuidada de Pantera, su boca era tan suave, como algodón de azúcar. Sus mejillas ardían y su cabeza daba volteretas hasta las nubes de metano; mientras que Kuroo parecía implacable, devorándolo sin necesitar llenar sus pulmones de aire.

—Así que… —intentaba preguntar entre besos, pero Tetsurou lo besaba como si sus labios fueran maná—… ¿Tú… también? —recibió otro beso, Tsukishima se maldecía por perder el tiempo de ambos haciendo bobas preguntas; pero, realista como era él, debía hacerlas—. ¿Te…? —Beso— ¿Te gusto?

Pantera finalmente paró y Tsukishima maldijo toda su existencia por haber hecho que se detuviera. Kuroo se separó lo suficiente para ver sus ojos y se rio entre dientes; cohibido, Kei solo quería ocultarse detrás de sus manos, pero el brillo del chico era adictivo, no podía dejar de verlo.

—Decir que me gustas no abarcaría ni la mitad de lo que siento —admitió—, me vuelves loco, Kei —Tetsurou le dio otro beso—; y aceptaré con todo mi corazón tu oferta de ser temerarios, y lamentaré lastimarte si algo me pasa. Pero, te pido que me dejes ser egoísta esta noche.

Se volvieron a besar, descubriendo lo mucho que necesitaban los labios del otro; preguntándose cómo habían podido vivir sin ese respirar, cómo habían podido dormir sin sentir los brazos del otro sostenerlos contra su cuerpo.

—Quiero ser egoísta, y besarte, y enamorarnos esta noche, y no pensar en lo mucho que podríamos dañarnos mañana, Kei.

Kuroo sabía exactamente que botones presionar en él, murmuraba sus dulces palabras mientras besaba sus mejillas y su sien; arrastraba su voz en su oído, una dulce sinfonía sólo para Tsukishima.

—Entonces… seámoslo —dijo entre bocanadas de aire, tomó su cuadrada y fina mandíbula en sus manos y lo besó otra vez.

Pantera subió sus dedos hasta sus cabellos como trigo, sujetando su nuca y fundiendo sus bocas; fue tomado desprevenido cuando el chico de ojos perspicaces se inclinó reposando su cuerpo en él, Tsukishima terminó de espaldas sobre la sábana vieja y mirando de frente a la negra expansión como melaza que era el cielo.

Kuroo lamió sus labios con delicadeza, él los abrió para sentir su lengua adentro; su cabeza terminó dando vueltas mientras dejaba fragmentos de su raciocinio en el desordenado beso de dientes y lenguas. El cuerpo del chico con cabello azabache era amplio, pero no lo sentía pesado encima de él; todo lo contrario, Kei se deleitaba en el calor que su cuerpo emitía tan cerca del suyo.

Dejó salir un pequeño gemido cuando él tomó su mano en la suya, la acción era íntima y llena de promesa; y por alguna razón su patético sonido solo encendió más la llama en Kuroo, subiendo una rodilla en medio de sus piernas.

Escuchó un murmullo, pero la sangre aullaba en todo su cuerpo, lo único en lo que Tsukishima podía poner atención era en los dulces y amargos labios de Tetsurou; sin embargo, lo escuchó otra vez.

—Kei —susurró por tercera vez Pantera—, ¿me dejarías amarte por esta noche?

Su corazón se contrajo con dolor y emoción, y el sentimiento que había estado intentando hacer desaparecer.

Quizás esta vez no le romperían el corazón.

—De acuerdo —aceptó, era la decisión más dura que había tomado, abrir sus sentimientos y dejarlos expuestos para Kuroo—. Llévame a tu cuarto.

Se adentraron nuevamente a La Colmena, pero esta vez Pantera lo sostenía de su costado, rodeándolo con su ancho brazo y calentando sus huesos.

Kei se sentía tan dichoso que tenía miedo de que se tratase de un sueño, pero una vez que llegaron, los labios ardientes de Kuroo en su largo cuello lo convencieron de que no lo era; por esa noche, derribaría sus muros, y sería más feliz que nunca.


Bokuto giró a su esposo al ritmo de la canción y bailaron de esa manera; con sus manos en la esbelta cintura de Keiji, bamboleándose sin ninguna preocupación por el mañana. La calidez de La Colmena, la música explotando en los parlantes, el olor a miel por el confite, pero lo único que él podía pensar era en lo afortunado que había sido.

Sí, había sido atrapado por Better Living, experimentaron con su cuerpo hasta que se saciaron, perdió extremidades completamente sanas, lo atiborraron de pastillas hasta que terminó olvidando su nombre, había cometido acciones de las que siempre se arrepentiría, conoció de cerca al malévolo dictador de todo el mundo y la crueldad de la que era capaz…

Pero había conocido a Akaashi.

Y Akaashi se había enamorado de él.

Tenía una razón para levantarse y luchar, amigos con quienes reír, protegidos que resguardar e incluso un pequeño niño que pronto saldría del vientre de su madre; eso era mucho más de lo que había tenido antes.

Así que Bokuto prefería incinerar su pasado, y enfocarse en su futuro a prueba de balas.

—¿Te puedo llamar mi marido de ahora en adelante en lugar de Koutarou? —preguntó Akaashi de espaldas, Ala Revólver se deleitaba al sentir el cuerpo de Histeria encajar fácilmente en su torso de mayor tamaño.

—Sólo si yo te puedo llamarte «Mejillas de Miel»

—No quiero saber por qué —admitió.

—Porque tienes el trasero más dulce de todo el mundo, conejito.

Y por una fracción de segundo Bokuto creía que Keiji presentaría de inmediato la petición de divorcio por su bromilla; pero su adorado chico de ojos rasgados como almendras dejó salir una carcajada fuerte e inesperada; cómo para probar un punto Koutarou aprovechó la posición en la que se encontraban y apretó un glúteo.

—Si realmente lo haces mi bala es la que te dará primero, justo en tu cráneo de metal —amenazó con frío cálculo.

—Lo tomaré como un no —sonrió.

—Buen chico —halagó—; ahora, bésame.

Esa era una petición que Bokuto jamás soñaría en rechazar, así que rápidamente lo obedeció; girándolo otra vez hasta que estuvieron frente a frente y robó sus labios para él. Sintió los brazos de Keiji rodearlo hasta que sus cuerpos se entrelazaron.

Ése había sido su día favorito sobre la tierra.

Disfrutó de la atención y alegría de todos los que celebraban su unión con el chico de nariz respingada, pero admitía que le agradaba más estar de esa manera; solo ser otra pareja de las muchas que compartían una última noche en esa base. La Colmena era espaciosa, cálida y las personas eran acogedoras; pero Bokuto nunca se sintió como si estuviera en su hogar, quizás por las circunstancias en las que había llegado: dopado más allá de su entendimiento y solamente con deseos de destrucción; quizás porque él jamás tuvo un cierre con el Nido, y los recuerdos que embrujaban su mente eran demasiado retorcidos como para querer pensar en ellos.

Fuera como fuera, él ya estaba listo para marcharse de ese lugar con toda su familia y hacer su nuevo hogar.

—Ya es hora, cariño —interrumpió Koutarou su beso; sabía que el día de mañana les esperaría uno de los días más largos de toda su vida.

—Quisiera quedarme en este lugar, contigo, con nuestros amigos y nuestros desconocidos para siempre. Es tonto, ¿verdad?

—Eres todo, menos tonto, conejito; pero podemos venir de visita después, La Colmena siempre permanecerá de pie.

Eso habían pensado del Nido, pero ninguno comentó sobre eso.

—Entonces marchémonos por la noche, Kou —las comisuras de sus labios se estiraron con calidez.

Bokuto no necesitaba escuchar más, esbozó una sonrisa depredadora y lamió sus labios, Keiji sería sólo suyo por el resto de la madrugada y esta vez sin ojos entrometidos. Antes de esperar otro latido, el killjoy mitad androide levantó a Akaashi del suelo y lo sostuvo en sus manos; Histeria abrió los ojos el doble por la sorpresa y se sujetó fuerte de su chaqueta negra, pero él jamás se atrevería a dejarlo caer.

—Como ordenes, esposo mío —informó llevándolo entre sus brazos.

Sin embargo, los invitados que todavía tenían energías para gastar y seguir bailando comenzaron a aplaudir y vitorear; todos tenían una idea clara de lo que pasaría con la pareja recién casada en su noche –o en su caso «madrugada»– de bodas. Keiji buscaba con frenesí ocultar su adorable y enrojecido rostro en el pecho de Koutarou, cubría su rostro mientras intentaba ignorar como todos los animaban.

Atravesaron el océano de personas y cuando salieron de la enorme cafetería Akaashi intentó bajarse de sus brazos, pero Bokuto no lo permitía; él quería darse la libertad de ser tan cliché como podía, y aunque ese no fuera su hogar, atravesaría ese marco de la puerta con su esposo en sus brazos para comenzar una nueva vida.

Le habían otorgado una habitación para ellos dos solos, para que tuvieran toda la privacidad posible como regalo de Yui. Eran recién casados, después de todo. En su camino a su pieza reservada pasaron cerca de la compuerta del taller y para su sorpresa Ukai y Takeda estaban empacando cajas en su van.

—¿Hacia dónde se dirigen tan tarde? —preguntó, acercándose a ellos. Hacía horas que había pasado la medianoche, ¿no se quedaría para verlos partir?

—¡Los señores Bokuto y Akaashi del momento! —los saludó jovialmente—. ¿Qué hacen aquí? Pensé que no podrían mantener sus manos lejos del otro; aunque según veo eso parece imposible, ¿no? —se carcajeó al ver a Keiji en sus brazos.

—Surgió una emergencia en la Zona 6 —explicó un Takeda poco convencido—. Bueno, una «emergencia» según Keishin.

—¿Qué pasó? —preguntó Akaashi liberándose de los brazos de su esposo y poniéndose de pie.

—Nada de qué preocuparse —aseguró Keishin—, es solo que dejamos la radio bajo la tutela de Show Pony y debo asegurarme de que no se le ocurra poner al aire alguna canción pop descerebrada —se rio entre dientes—. Será solo por unas cuantas horas, por eso Takeda y yo saldremos de inmediato y estaremos de regreso antes que partan a la ciudad.

—Oh, de acuerdo —aceptó Koutarou.

—No se conviertan en fantasmas —se despidió Keiji.

—Sí, sí, ustedes disfruten de su noche —se rio Ukai.

Eso le recordó a Revólver su cometido y arremetió contra el cuerpo de Keiji levantándolo del suelo otra vez y sosteniéndolo en sus brazos. Escuchó la melodiosa voz del pelinegro susurrar un: «Maldita sea, Kou» sin embargo, no hacía mayor movimiento para escaparse.

—Nos vemos, Doc.

Dejaron a Takeda y Ukai; siguió cargando a Keiji hasta que llegaron a las afueras de su cuarto.

—Éste es el momento, conejito, cuando crucemos seremos oficialmente una pareja casada. ¿Unas últimas palabras?

Akaashi lo pensó por unos momentos.

—No importa que estemos casados, nunca te dejaré ganar a los dardos.

Bokuto jadeó como un demente; su esposo era una malévola mente maestra y jamás se corregiría «¡Akaashi!» exclamó, mientras algunas lágrimas se agrupaban en sus ojos. Tal vez, en otras circunstancias, Keiji podría jugar al papel de dictador demasiado bien, pero por el momento, él estaba contento de que el diabólico cerebro de Akaashi jugara para los chicos buenos.

—De acuerdo, bebé —aceptó sintiendo como una lágrima de cocodrilo bajaba por su mejilla y entró al cuarto.

La pieza era pequeña, a diferencia de las demás habitaciones compartidas; pero de alguna manera era acogedora. La cama era solamente un poco más grande a la que estaban acostumbrados, no obstante, no era lo suficientemente ancha para abarcarlos a los dos, ahora que él tenía nuevos miembros metálicos.

Pero eso no los detenía, ellos ya habían encontrado maneras de dormir en lugares mucho más pequeños; a él no le molestaba dormir con todo el peso de Akaashi sobre su cuerpo y Keiji disfrutaba de su calor envolverlo.

—Akaashi —comenzó con diplomacia, sentando al chico en la cama con cuidado, los oxidados resortes se quejaron debajo de su cuerpo—, eres condenadamente sensual y todo el día, desde que desperté en la mañana he querido comerte a besos —admitió—; pero entenderé si necesitas dormir ahora, ¡es pasada la media noche y debemos de partir a Ciudad Batería dentro de unas horas! Así que…

Tenía todo un discurso preparado, había anotado las palabras desde antes que la boda comenzara, justo después de terminar sus votos; Bokuto admitía que incluso los ensayó frente a un espejo; pero ahora, ni siquiera terminó de decirlos porque Akaashi ya se encontraba de pie nuevamente mordiendo y besando sus labios.

—La respuesta es «no» —avisó cuando se separó para buscar aire—. No necesito descansar, te necesito a ti.

Bokuto lamió la comisura de su boca, como un hombre hambriento al que le esperaba un festín; la sonrisa de Akaashi traducía lo mismo. Sin perder más tiempo él se removió su ropa y con, quizás, más placer del que debía metió sus dedos debajo de la tela en la camisa de Histeria y la pasó por su cabeza. Acariciando la fina piel de porcelana, esparciéndose suavemente sobre sus falanges.

Keiji siempre sería la viva imagen del erotismo para él, cada centímetro cuadrado que construía su figura era perfecta para Bokuto y encajaba en sus dedos, manos y boca.

Besó las clavículas, una por una y luego subió por los músculos de su cuello hasta cubrir su mandíbula. Su mano era más traviesa, explorando los lugares que él sabía causaban más de un gemido de su amante; supo que estaba haciendo un buen trabajo cuando Akaashi tiritó y exhaló una respiración temblorosa.

El tacto de su mano metálica había disminuido en gran manera, los roces debían ser ásperos para hacerlo sentir algo. El sentimiento de dolor había desaparecido, siendo reemplazado solamente por «presión»; pero así mismo, el placer y los cosquilleos de sus extremidades.

Aun así, parecía que Akaashi disfrutaba el nuevo toque diferente a la piel y él haría todo por complacerlo. Con avidez, Koutarou tomó al chico de su cadera y le dio la vuelta; el pelinegro subió sus brazos y en esa posición tomó su rostro para besarlo. Cubría todo el cuerpo de Keiji fácilmente con el suyo; los gemidos de él se tornaron más fuertes al sentir cómo su cuerpo reaccionaba con tener las caderas de Histeria frotándose contra su ingle.

Desesperados, terminaron de desvestirse; sintiéndose consumir por la llama que tocaba esas partes de sus almas que jamás podrían mostrarle a nadie más; porque solamente se trataba de un fragmento del otro que habitaba en ellos. Un deseo que jamás se extinguiría, un fuego que los terminaba ahogando.

Keiji terminó hincado sobre la cama sin ropa, separando sus piernas para él; ahora, era su turno de tomarse algunos dulces minutos para preparar y acariciar a su esposo completamente. Antes de devorar su cuerpo con el suyo y hacerlo gemir su nombre para los dioses.

Bokuto había aprendido a no temerle a nada, ni siquiera al dictador, ni siquiera a la muerte y sabía que Akaashi pensaba igual; y aunque sabía que aún le faltaban lágrimas por llorar, maldiciones por exclamar y gritos por vociferar; al menos tendrían esa última noche.


Le tomó de unos minutos encontrar a la enorme pero encorvada montaña de depresión que era Lev; sin embargo, no fue difícil, no había nadie más en los cuartos a esa hora, todos estaban disfrutando de la fiesta, la bebida, la comida y la buena música.

—¿Lev? —preguntó con cautela cuando entró al cuarto.

—Vete de aquí, Hinata —lloriqueó—. Solo quiero seguir sintiendo lástima por mí por el resto de la noche.

—Tonterías —regresó Sol Inferno sentándose a su lado en la cama—. Independientemente lo que pase mañana esta es la última noche que los killjoys estaremos en La Colmena. ¿Te la vas a pasar encerrado en tu cuarto lo que queda de la noche?

—No lo sé —comentó, seguido de un—. ¿Soy realmente tan estúpido?

Hinata lo meditó un momento, mientras acariciaba su mentón con su mano.

—Sí lo eres, pero yo también; así que no tengo idea si mi criterio te hará cambiar de opinión.

—Lo arruiné otra vez.

—Lo hiciste —aceptó.

—¡Pero...! —se detuvo—... se veía tan bien, me acerqué a besarlo sin querer...

—Apuesto que no te odia.

—¿Quieres apostar una tableta de chocolate?

—¿Estás bromeando? No quiero perder...

Lev gimió con desesperación; tal vez Hinata no era el mejor consejero con temas del amor. Shouyou se dejó caer al lado de Rugido.

—Vamos, Lev, ¿y qué si Yaku lo entendió todo mal? No es el fin del mundo; ése ya pasó.

—Pero mañana vamos a la Ciudad y yo quería que todo fuera perfecto hoy —se quejó.

—Pregúntale a cualquier killjoy, no existe tal cosa como perfección; sólo podemos hacer lo mejor que podamos con lo que tenemos. Tal vez lo único que puedes hacer ahora es pasar las mejores horas con tus amigos y familia y dejar el amor para después; de esa manera tendrás una razón para regresar vivo de la ciudad.

—Eso tiene sentido —dijo mientras sorbía su nariz—, no he bailado con Alisa aún.

—¡Eso es! Debes dar gracias que tienes a tu hermana —exaltó—; la Bruja sabe qué extraño a mi Natsu cada vez que respiro.

—Hinata, ¿alguna vez te has preguntado si existe alguna manera de evitarles el dolor a las personas que se preocupan por ti si algo muy malo te pasara? —preguntó sin aviso en una nota diferente.

Esta vez lo pensó seriamente, sin tratarlo sus pensamientos recordaron un lejano día cuando el Nido aún estaba de pie. Cuando Bokuto aún estaba muerto y él y Kageyama apenas descubrían los sentimientos por el otro. Akaashi y él mantenían una conversación acerca del amor y el sentimiento que iba de su mano: «la pérdida».

—Creo que no —opinó, recordando las palabras de Histeria—; no hay manera de hacerlo. Solo debes... tener esperanza que ellos sean fuertes para superarlo y recordar los momentos brillantes.

—Debería bailar con ella —decidió, dejando su desamor atrás y poniéndose de pie.

—Tú puedes, Lev —apoyó Shouyou.

Él no era experto en esos temas, era difícil encontrar las palabras adecuadas cuando se hablaba acerca de la voluble mortalidad de una persona, en especial si esa persona era un rebelde. Hinata suponía que Haiba jamás tuvo que pensar en las atrocidades que podrían esperarle al siguiente día; los clavos fríos y largos se terminaban hundiendo en todo su cuerpo llenando de miedo y ansiedad su alma por la incertidumbre de lo que pasaría.

Hinata recordaba haberlo sentido en su tiempo solo en el desierto y los primeros días que pasó en el apartamento de Kageyama.

—Intenta no pensarlo demasiado —probó Sol Inferno.

—Soy bueno para eso —recordó Haiba, con esa misma sonrisa que siempre hacía que Hinata se preguntara cómo él podía ser uno de los chicos más inteligentes y a la vez más tontos que él había conocido.

Rugido Helado salió de la habitación, lo que le dio la oportunidad de tranquilizarse un poco en sus pensamientos. Era difícil, pero intentaba parar el pequeño temblor que sentía en sus rodillas; debía ser fuerte. Todos ahí abajo contaban con él para pararse sobre el hombro Destroya y murmurar todas las órdenes para asegurarles la victoria. Ya lo había hecho antes, pero la idea de sobrellevar los miles de abejas y cuervos detrás de él hacía más precaria la situación.

También temía por Kageyama; él mejor que nadie, sabía que el androide que había salido de Ciudad Batería no era el mismo Choque Binario; y, sin embargo, recordaba los gritos que Tobio había dejado salir cuando su creador lo había mutilado sin pensarlo dos veces. Así que Hinata se convencía de que siempre que él estuviera en el hombro de Destroya todo estaría bien.

Todo estaría bien.

—¿Hinata? —vino la barítona voz de Tobio—. ¿Estás aquí?

Ignoró el temblar que ahora llegaba a sus nudillos y prefirió recibir a su androide con la sonrisa que parecía cegarlo cada vez que se encontraban.

—¡Kageyama! Sí, justo al lado de la segunda cama.

Sonrió cuando Tobio alcanzó su lado, topando su rodilla a la cama.

—Debemos dejar de encontrarnos así —dijo con toda la intención de sonar tan cliché como podía, incluso agregó un «seductivo» guiño.

—¿A qué te refieres? Yo vine hasta aquí buscándote, no nos encontramos.

Suspiró contento ante la cotidianidad en la falta de conocimiento de cultura moderna. Esperaba que Kageyama nunca perdiera la graciosa curiosidad peculiar que tenía de androide.

—¿Me extrañaste, robot?

—No, nos vimos hace menos de cuatro minutos —dijo con simpleza—, quiero decir, sí. Eso es lo que se debe decir, ¿verdad? —ladeó su cabeza de lado a lado rindiéndose en entender la «cortesía» de los humanos.

Hinata dejó salir una burbujeante carcajada.

—¡Hinata, idiota! —se quejó y si Kageyama tuviera sangre en su sistema, Shouyou podía imaginar el bonito carmesí de sus tersas mejillas.

—Me lo dejas muy fácil, Yamayama —cambió su nombre por milésima vez—. ¿Quieres regresar a la fiesta? —preguntó, aunque estaba disfrutando tener la atención de Kageyama sólo para él; y siguiendo esa línea de pensamiento se le ocurrió una idea divertida—. ¿O quieres hacer lo que hicimos ese día en la cama?

—Bueno... —Tobio lo pensó un poco y Hinata tuvo que reírse— podríamos hacerlo... pero antes, quiero mostrarte algo.

—Claro —aceptó Inferno subiendo sus piernas a la cama y cruzándolas entre sí.

—Aunque no lo notaste, pude ver tu rostro en esa fiesta. Todos lucían felices, pero tú, parecías melancólico.

—Ah, ¿en serio? —Hinata pensaba que había pasado desapercibido.

—Sí, entonces quise hacer algo contigo, para... parecernos a esas parejas normales, como Bokuto y Akaashi.

—Roboyama, pensé que ya habíamos hablado de esto, ¡me gusta ser diferente a esas parejas normales!

—Lo sé, pero debo preguntártelo de todas formas; para sentir que lo somos por esta noche.

El chico de ojos profundos como un océano sacó un intercomunicador de su bolsa y comenzó a trastearlo unas cuantas veces; sin embargo, Hinata guardó silencio. Si esto significaba más para el androide entonces Shouyou lo esperaría lo que tuviera que esperar.

—¿Dime? —preguntó Shouyou cuando Kageyama activó el pequeño aparato.

—¿Quieres bailar conmigo?

La misma tonada que había tocado el Doctor comenzaba a sonar, su canción. Shouyou sonrió hasta que sintió que sus comisuras se irían a romper. Cómo si Kageyama necesitaba preguntar aún...

Tomó sin pensarlo dos veces las manos extendidas de Tobio; su corazón parecía tamborilear estrepitosamente al sentir su palma cerrarse en su cadera, Hinata terminó apretando su hombro para estabilizarse al momento que ambas manos se entrelazaron.

—Cuando estuvimos en la cafetería —comentó Tobio—, estudié como bailaban todos. No quería decepcionarte.

—Eso... no tenía idea —dijo mientras intentaba no demostrar como sentía la temperatura subir hasta sus mejillas como una llamarada interna.

Hinata dejó a Kageyama guiarlo, marcando el paso al ritmo de la deífica tonada y la barítona voz de «El Rey». Las notas hipnóticas sosegaron todas sus dudas y preocupaciones; terminó apoyando su cabeza sobre el cálido pecho del androide, dejándose llevar por ese ronroneo que se había convertido en su lugar íntimo; un lugar al que podía llamar hogar.

Tobio lo sorprendió cuando tomó de su mano con suavidad y lo hizo girar hasta llegar a ese mismo lugar otra vez. Shouyou se rio entre dientes, nunca había sido un sueño bailar con alguien hasta sentir las esquinas de su alma combinándose con las de alguien más; pero, demonios, sino era una de las mejores cosas que había hecho.

—«Some things are meant to be» —Cantó Kageyama tomándolo por sorpresa, Hinata siempre había sabido que el androide tenía una voz hermosa, pero mientras cantaba, Sol estaba seguro de que le hacía más que justicia al fallecido Rey.

—Cántame más —pidió con un murmullo.

—«Take my hand» —Hinata obedeció su voz y apretó su mano con suavidad— «... take my whole life too...»

Al escuchar las palabras pensó que, de alguna manera él lo había hecho; había tomado todo lo que Kageyama consideraba su vida completa. Su trabajo como exterminador bajo la tutela de su creador y dios, su destino a ser usado como un arma de destrucción masiva y Hinata había terminado dándole otro sentido; convertirlo en lo más cercano a un humano posible y le había enseñado cómo reír, cómo bromear, cómo enfurecerse y cómo amar.

—«For I can't help» —continuó el androide y Shouyou terminó uniendo su voz a la última línea del coro—«... falling in love with you

Siguieron bailando hasta que la canción terminó y luego hasta que sus pies comenzaron a doler; y aun así Hinata no quería parar. Si pudiera elegir un «para siempre» elegiría ese lugar, en la oscuridad de la habitación, escuchando el murmullo enmudecido de la boda en las afueras, y él y Kageyama bailando mientras tarareaba la canción que mejor definía sus sentimientos.

Porque, por más que él había intentado ser solamente un captor con un exterminador y luego dos fugitivos corriendo en la ciudad y luego deambuladores en el desierto, no pudo dejar de enamorarse como un tonto de Tobio Kageyama.


—¿Por qué elegiste a media noche para regresar, Ukai? —cuestionó Takeda por milésima vez las decisiones que Keishin elegía para ambos.

El Doctor Desafiando a la Muerte le dio una bocanada a su nuevo cigarrillo que había encendido hace unos minutos; sus pulmones se llenaron de la nicotina y se terminó riendo entre dientes. Takeda se preocupaba demasiado, él había descansado todo el día mientras Ukai se había encargado de las transmisiones todo el día antes de la boda; pero no se sentía cansado.

Expulsó el humo afuera de la camioneta, disfrutaba el frío aire de la noche haciendo contraste con el caliente sentimiento de su pecho producto del cigarrillo.

—Porque —respondió Ukai—, no puedo confiarle mis discos de vinilos a Show Pony por mucho tiempo o él terminará pegándolos a la pared como decoración. ¡Son ediciones limitadas, Profesor! —le dio otra calada a su cigarrillo—. No te preocupes, regresaremos cuanto antes; créeme, mañana será el peor día de todos esos chicos y necesitarán que nosotros estemos apoyándolos.

Takeda suspiró.

—Tienes razón.

Sabía que ninguno de los killjoys o abejas dormiría esa noche, pensando y preguntándose qué les depararía el día siguiente. ¿Qué estaría planeando el dictador para contraatacarlos? ¿IEN realmente era de confianza? Ukai sentía sus manos entumecerse al ponerse en los zapatos de todos sus anarquistas.

¿Qué habría de Saeko? ¿Cómo soportaría ver a su hermano partir a una guerra en la que ella no participaría? Sacó el cigarrillo de sus labios y exhaló el humo afuera de su ventana, sus dedos temblaban, pero no por el frío.

La boda había sido una buena manera de transportar la mente de todos los chicos a otro lado, sin importar que pasara el día siguiente; era claro que nada volvería a ser igual que antes. Ganaran o perdieran; vivieran o murieran, mañana darían un paso hacia adelante del que jamás podrían retroceder.

Ukai solo podía rezarle a la Bruja que aún no se llevara a sus chicos al más allá.

Maldijo a las guerras de helio por haberle quitado las piernas; sabía que su tiempo como anarquista ya había pasado y estaba demasiado viejo para salir y luchar con ellos. ¿Qué hubiera dicho su abuelo si estuviera vivo para ver que la resistencia que fundó estaba por hacer el último levantamiento? ¿Qué todos sus cuervos se dirigirían directo a las fauces del lobo, pero esta vez, los killjoys tenían sus colmillos igual de afilados que su enemigo?

Keishin creía firmemente que la resistencia podría triunfar con Destroya y con el ejército de las abejas. Hubiera pagado lo que fuera para poder decirle a su abuelo: «Ves… tenías razón, todos te habían marcado de demente por levantarte hacia el gobierno; pero míralos ahora. Tus cuervos han dejado el nido para marchar a su última batalla.»

—¿Quieres uno? —ofreció Keishin a Takeda.

—Estoy bien —negó—, aunque podría tomar un poco de whisky para calmar mis nervios.

—Sí —aceptó—, a mí también me vendría bien.

—¿Tu, preocupado? ¿No, es ese mí papel? —se rio Itettsu.

—No es nada, solo pienso en mi abuelo. En lo que habría dicho si él supiera todo lo que ha pasado.

—Creo que estaría orgulloso de ti; tú has sido como un padre para todos los killjoys.

—Más bien como su abuelo.

—Estás siendo extremista —se rio el profesor—. No estás viejo.

—Si cincuenta años no es estar viejo para ti, no sé qué lo sea.

—Nekomata es mucho mayor —señaló.

—Nekomata es inmortal —se rio—; ese anciano conoció a mi abuelo desde que eran unos adolescentes. Yo crecí justo para servir en el final de la guerra de helio, aún recuerdo cuando perdimos —señaló—. Malditos cerdos.

—Recuerdo que Daichi te preguntaba cada vez que tenía una duda. Los killjoys no serían iguales sin tus transmisiones y recordatorios que siempre hay algo por qué luchar.

El Doctor Desafiando a la muerte le dio otra calada al pequeño taco de nicotina.

—Quizás.

—Y seguirás siendo el mentor de Tsukishima también; después de la guerra.

—Mmm… —murmuró—. Oye, ¿Profesor, estás viendo eso?

Ukai notó dos personas caminando en la calzada de la carretera; seguramente era pasada de la media noche, ¿qué les había pasado a esos cuervos? ¿Se les había descompuesto su automóvil? Sus dudas rápidamente fueron aclaradas cuando miró un automóvil parqueado más adelante.

—Sí —respondió Takeda—, tuvieron problemas con su automóvil, seguramente; es una pena.

—Vamos, detente un momento debemos saber si podemos ayudarlos.

—¡Ukai! ¿Qué te he dicho acerca de confiar en los autoestopistas?

—Y sin haber parado por Semi, entonces los killjoys se hubieran quedado cortos de un soldado —razonó el Doctor—. Te preocupas demasiado.

Finalmente, Takeda lo escuchó y bajó la velocidad del automóvil, una vez más cerca Keishin notó que solamente se trataba de un par de chicos, bordeando en las mismas edades que la mayoría de cuervos. Ambos quedaron frente a su ventana en el asiento del pasajero así que Ukai terminó bajando la ventana.

—¿Problemas con su motor? —preguntó mientras halaba de su cigarrillo.

—¡Olvidé llenar el tanque de gasolina! —dijo el chico más bajo de ambos, él se veía incluso más joven todavía; el otro sólo se encogió de hombros—. Sí, sí, fue mi culpa —aceptó.

—¿Y planean seguir caminando hasta llegar a dónde van?

—Es muy cerca —contestó el chico.

—¿En serio? Si es muy cerca, creo que podemos llevarlos ahí, ¿no crees profesor? —giró su rostro para ver a Takeda, el hombre de anteojos asintió.

—¿Lo harían? —se maravilló el chico—. ¡Qué gentiles! ¿Escuchaste eso? —le dijo al otro chico.

Ukai no podía ver su rostro completamente, la oscuridad no lo permitía.

—Claro, a estas horas de la noche no es aconsejable que dos jóvenes como ustedes deambulen por la carretera; quién sabe qué podrían encontrarse aquí afuera. Algún cabeza de onda perdido, o uno que otro draculoide.

—Eso no nos preocupa —aseguró el chico con inocencia—. Oye, tú me pareces familiar —señaló—, ¿te he visto de alguna parte?

—¡Ja! Quizás te refieres a mi voz, tengo un programa de radio; con las mejores rolas de estos tiempos apocalípticos.

—¿No bromeas? —sonrió el chico—. ¡Ah, ya lo recuerdo! Como es… como es su nombre… Mmm… El Doctor…

—¿Desafiando a la Muerte? —terminó el otro.

—En vivo y directo —aseguró Ukai.

—¡Eso es genial! ¿Escuchaste eso, Taichi? ¡Nos hemos encontrado al Doctor Desafiando a la Muerte!

—Esa es una bonita coincidencia —murmuró el otro sin preocuparse.

¿Eran admiradores? El chico más bajo de los dos se acercó y Ukai finalmente notó su cabello negro cayendo hasta el puente de su nariz; lo que no notó fue la pistola que sacó en milisegundos y disparó con un silenciador a su lado.

El rostro de Takeda fue arrojado hacia atrás cuando la bala atravesó su cabeza.

Keishin rápidamente buscó su pistola en su costado, pero una fuerte mano tomó de su camisa y lo sacó por la ventana del automóvil. Cayó de lleno a la fría arena, antes que pudiera pensar en nada más el par de chicos tomaron su pistola y ahora caminaban rodeándolo.

—¡Ja! ¡No lo vio venir! —se regocijó el chico, celebrando con la pistola en su mano—. Ése de anteojos no supo lo que lo golpeó. ¿Lo viste, Taichi?

—No hagas tanto ruido, Goshiki.

Ukai comenzó a arrastrarse con sus manos, tal vez había alguien ahí afuera, alguna abeja montando guardia por la entrada de La Colmena. Por primera vez Keishin notó el logo sonriente que estaba plasmado en el lado de la camioneta en la que el par había venido. Rechinando sus dientes se maldecía por haber sido tan idiota. Takeda siempre había sido el sabio, debió escucharlo antes.

El Doctor Desafiando a la Muerte recordó la pistola que escondía en su talón; rápidamente la alcanzó y haló su corredera. Cualquier destino era mejor que el que ese par de demonios tenía pensado para él, eso decidió cuando posó el cañón del arma debajo de su mentón.

Sin embargo, una patada en su mano hizo que la soltara lejos; había escuchado el crujir de los huesos.

El de cabello negro la alcanzó con facilidad y se posó de cuclillas a su lado, Keishin podía sentir el dolor caliente en sus falanges rotos; no soportaba moverlos.

—No, no —dijo Goshiki—; aun no puedes morir. ¡Verás! Oikawa nos ha invitado a su Ciudad Batería, dice que quisiera de nuestra ayuda para una clase de guerra —anunció con orgullo—. ¿A que no es la onda? ¡Personalmente pidió por mí, Tsutomu Goshiki! ¡El más peligroso sicario de toda la tierra!

—Deja de hablar con el cuervo —escupió con asco Taichi.

—Espera —urgió al otro, luego regresó su atención a Ukai—. Verás, rumores se habían propagado por todo el planeta de la creación perfecta del dictador; ¡un ciborg! —exclamó con una sonrisa infantil—. Su nombre era Wakatoshi Ushijima, un verdadero gladiador… pero luego tú y los demás asquerosos rebeldes lo mataron —terminó quebrando otro dedo.

Keishin gritó de dolor.

—Yo quiero ser su sucesor —dijo con la misma sonrisa infantil de antes—. Pero para eso necesitamos eliminar a todos los que se oponen al régimen de Tooru primero; es por eso por lo que mi amigo Taichi y yo nos dirigimos a la ciudad. ¿No es así, Taichi? —El otro chico no le siguió el juego—. Pero no podemos llegar a la morada de Oikawa sin ningún regalo, ¡ahí es donde entras tú!

Taichi bufó con cansancio y comenzó a caminar hacia ellos.

—¡Tooru se entusiasmará cuando llevemos a ese molesto presentador de radio que habla mentiras y difama su nombre! ¡Él decidirá qué hacer contigo!

—Te tardas demasiado —murmuró el otro acercándose a él.

Keishin sintió un golpe en su cuello y perdió la conciencia; su último pensamiento en la Bruja Fénix, en el rostro de todos los chicos que llegó a querer como sus propios hijos, en su abuelo y su rostro decepcionado por ver el final que había tenido, en el hombre de anteojos que lo había acompañado siempre y el final injusto que tuvieron ambos.

El enfrentamiento sólo acababa de empezar.


Nos leemos luego~