¡Feliz viernes!

Gracias por hacerme compañía de la buena ;)

Edit: Capítulo beteado por Ren, gracias por hacer de este fic, una historia mejor.

El nombre del capítulo de hoy va en honor a la canción "Destroya" de los mismísimos My Chemical Romance; proveniente del CD que inspiró todo esto. Así que pásenla a escucharla.

Me encanta escuchar de ustedes y sus opiniones así que me harían super feliz si me dejaran sus opiniones en un cortito review.

Y sin más, que disfruten el capi.

»Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: Koutarou Bokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Espina de Canela: Hitoka Yachi.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane.
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata
Choque Binario: Tobio Kageyama
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi
Rugido Helado: Lev Haiba«


Destroya

Hinata —escuchó su nombre ser llamado—, Hinata, despierta —ahí estaba de nuevo, la dulce voz de su pequeña hermana.

Shouyou aún se encontraba bajo las telarañas de seda tejidas por el sueño; al escuchar más la voz, comenzó a bajar en notas; tornándose más barítona. Finalmente cayó en cuenta que no era su hermana, sino el androide quién lo estaba moviendo para que despertase. Con pesar, se preguntó, cuando podría finalmente dejar ir el fantasma de su preciosa Natsu y de su madre.

Gruñó algunos ruidos que nunca fueron palabras para que Kageyama se apiadara de su ser y lo dejara dormir unos instantes más.

Sin embargo, a todo su alrededor, en la habitación, se escuchaba un crujir más fuerte de pisadas, voces enmudecidas a las que no podía entender claramente y un frío sentimiento de premura que no había sentido antes. Abrió los ojos para ver que su pieza era rápidamente evacuada por diligentes soldados; amarrando sus botas y colocándose chaquetas antibalas.

Hinata se irguió en su cama con urgencia; la noche anterior había estado seguro de que no podría pegar un párpado, pero al final terminó dormido encima de Kageyama. Perdió la noción del tiempo que pasaron bailando hasta que el cansancio le ganó y el androide siempre jugaba a su juego, siempre «dormía» cuando él lo hacía; aunque se quedara varias horas acostado mirándolo a él.

—¿Vamos tarde? —preguntó con voz ronca.

Kageyama negó, el flequillo negro moviéndose al compás, acariciando el fino puente de su nariz.

—Todos están terminando los preparativos, debemos partir al Jardín de Electricidad.

El sueño se esfumó tan pronto que lo dejó un poco mareado; Hinata bajó del cómodo colchón y se amarró las botas. Calculaba haber dormido al menos una hora, pero sabía que la adrenalina sería lo único que necesitaría para estar en su mejor forma. Kageyama a su lado se alistaba también.

Tomaron el Pontiac de Saeko y empacaron agua y armas de fuego; el sol aún no despertaba. Se encontraría con la caravana de Tsukishima a medio día frente a las puertas de la ciudad.

Había llegado la hora.

Pero antes de salir, notó el caos que era La Colmena; las personas se movían tan rápido como hormigas en un nido, todo el mundo corría ajetreado con las preparaciones de última hora.

En medio de la horda, reconoció a Tsukishima, Hinata se acercó para indicarle que su pequeño grupo con el androide estaban por partir; sin embargo, paró un momento al notar la mueca de desesperación y el cabello despeinado de Ácido; como si la guerra ya había comenzado para él.

—Hinata, tenemos pésimas noticias —lo recibió con temor.

Detrás de sus anteojos, vio cómo se resguardaban lágrimas en sus ojos; en ese momento Shouyou supo que algo muy malo había pasado.

—Es Ukai —dijo, aclarando su garganta—; hace algunas horas encontraron una camioneta de BL/ind a la orilla de la ruta Guano. Al lado, estaba el cadáver de Takeda, recibió un balazo en su cabeza…

Su tráquea se cerró con violencia y por un momento su cabeza se sintió ligera; eso… ¿no era cierto? ¿O sí? Tan solo el día anterior Takeda había auxiliado en las preparaciones y Ukai se había encargado de avivar el ambiente…

—¿Y el Doctor?

—Nadie sabe dónde está —informó—, pero su van no estaba; podemos asumir que fue raptado por oficiales de Better Living, pero —guardó silencio por unos momentos—… no podemos asegurarlo, si lo llevan directo hacia Oikawa.

—¡Iwaizumi! —exaltó Hinata—. Él está ahí y es nuestro infiltrado, estoy seguro de que lo podrá ayudar.

Tsukishima y Tobio intercambiaron miradas; Shouyou falló en entenderlas.

—¿Qué? ¿No crees que nos ayude?

—IEN sólo está en esto para derrocar a Oikawa —respondió Ácido—; a él no le importa lo que pase con la resistencia.

—Lo único que podemos hacer es meternos en la ciudad —urgió Inferno—, nosotros lo rescataremos de inmediato; no lo necesitamos para encontrar al Doctor.

Shouyou no era un idiota algunas veces y Kei era tan agrio como su alias, sin embargo, no lo acusó de tener sueños infantiles y solo asintió rápidamente. Tal vez, solo tal vez, Oikawa dejaría a Ukai vivir lo suficiente.

—Vayan al Jardín, nos encontraremos en las puertas de la ciudad —fue lo último que le dijo Tsukishima antes de partir hacia donde se encontraba Destroya.

Una vez en el automóvil, Kageyama pisaba el acelerador hasta el fondo; el motor se quejaba con voz resquebrajosa, pero no podían darse el lujo de detenerse por nada. Debían aprovechar cada segundo que tenían de día, una vez anocheciera ellos no serían más que un puñado de ratas ciegas en una ciudad desconocida.

Antes de salir ambos se despidieron de Saeko y Yaku, ellos serían dejados atrás; pudo notar con el rabillo de sus ojos cuando Lev se acercó a Cianuro; pero en ese entonces Kageyama haló de su mano y partieron de La Colmena. Un apretado sentimiento de tristeza y preocupación lo azotó al escuchar la radio, la 109.0 aun sonaba a todo volumen, pero solamente eran canciones tras canciones.

La voz de Ukai nunca vino.

Hinata no creía en los augurios, pero la tragedia a tan tempranas horas del día no pintaba bien para su victoria. No, no, debía creer eso; ellos encontrarían al Doctor Desafiando a la Muerte y lo traerían de regreso.

Ni él, ni Kageyama hicieron conversación en lo que restó del camino; sin embargo, sus manos estaban entrelazadas sobre la palanca de velocidades; de vez en cuando él delineaba las articulaciones de las falanges metálicas, cada resquicio y bultos de su esqueleto. Iba en una pequeña caravana detrás de ellos solo por seguridad; tenía poco tamaño, pues el verdadero ejército se iba dirigiendo exactamente al lado opuesto.

Kageyama frenó cuando llegaron al jardín, justo arriba de la colina; desde varios metros podía ver la inmensa máquina que era el otro cuerpo del pelinegro.

Hinata llenó sus pulmones de aire y salió del automóvil.

Las abejas que llegaron con ellos guardaban su distancia, y a Destroya sólo se acercaron ellos dos. No tenían más tiempo que perder, Shouyou cerró sus ojos, sintiendo como la brisa fría de la madrugada arrullaba su rostro.

—Destroya —susurró como lo hacía siempre al oído de su amante—, despierta.

La estática estridencia del núcleo de Kageyama volviendo a la vida ensordeció sus oídos; Hinata notó como pequeños tornillos desperdigados por el suelo temblaban levemente sobre la tierra; marcando más de cinco metros alrededor del salvador mecánico en donde la estática hacía disminuir la gravedad. Shouyou se sentía liviano y sus cabellos se movían, al igual que su ropa.

El androide a su lado mantenía sus ojos en blanco, y las venas refulgentes se movían por toda su piel.

—Levántame —volvió a murmurar.

Esta vez causó un tremor en toda la zona, las articulaciones ancestrales de Destroya rechinaban como uñas en un pizarrón para sus oídos; lentamente una inmensa mano fue posada en la arena, al lado de él. Kageyama se acercó a él y ofreció su mano llena de venas imparables a él; Hinata la tomó.

Lentamente sintió como se cerraban con delicadeza sobre sus falanges y lo llevó hacia la palma extendida de Destroya.

Nunca se acostumbraría a la sensación extraña de su corazón cayendo de golpe a sus pies cada vez que era elevado a esa altura. El gran robot se terminó poniendo de pie causando que Hinata cayera de rodillas; su estómago se revolvía y sentía que no recibía suficiente oxígeno para su cuerpo, mientras que Kageyama, quien estaba a su lado, no parecía molestado por encontrarse a más de ciento cincuenta metros de la tierra.

Ninguno de los robots se movía, expectante a su siguiente orden.

Hinata se acercó al borde de la mano metálica y levantó su pulgar a las abejas que se encontraban abajo; ni siquiera tenía idea si ellos podían verlo hasta ahí arriba; pero lo hizo de todas formas. Kageyama seguía su figura con su mirada, moviendo con lentitud su rostro, ojos brillantes como estrellas siguiéndolo en donde fuera para encarar a su amo.

—Eh… —aquí iba todo— Destroya, llévame a la Zona 0.

Sin reprochar, una larguísima pierna oxidada y roída de la rótula se elevó del suelo dejando una huella en la arena; Hinata cayó de bruces cuando sintió el golpe de la pisada y el siguiente pie se levantó. Kageyama, por su parte, no lo movía ni una roca. Lo único negativo de encontrarse en la palma de Destroya era lo poco que podía ver al frente, los dedos se entrometían a su campo de visión, así que se dispuso a moverse.

Con todo el sumo cuidado que podía, ahí a más de ciento cincuenta metros, miraba cada paso que daba y lo pensaba tres veces antes de mover su pie. Comenzó a caminar hacia el brazo extendido del monumental androide; el chirrido que hacía Destroya con cada paso, mezclado con el zumbar del aire era lo único que Hinata podía escuchar.

Se enfocaba en sus pies, mas no miraba el suelo; los múltiples metros que avanzaban cada segundo, con cada zancada de la máquina.

Llegó al hombro y para entonces sus dedos estaban entumecidos y fríos, se sentía al borde. Se lanzó, dejando sus miedos atrás, ese día debía deshacerse de él de todas maneras; con dificultad terminó aferrado a su clavícula, pero el metal era resbaladizo y sus manos comenzaron a sudar. Intentó subir su pie para seguir escalando, pero era difícil hacerlo con la manera que Destroya se estaba moviendo.

Sus manos se resbalaron y comenzó a caer.

Por segunda vez en toda su vida, Kageyama lo atrapó con su mano, como lo había hecho en su apartamento. Solo que esta vez; Destroya había extendido su palma para que regresara al mismo lugar que antes; no obstante, esta vez, la palma se acercó a su rostro cubierto por un yelmo dorado y depositó a Hinata en la cuenca de su ojo.

Sol Inferno se acomodó ahí mientras miraba todo el escenario desértico frente a él y al horizonte, la siniestra sombra de la Ciudad Batería esperándolos en la distancia.


Era un maldito y crudo caos.

Ni siquiera tuvo tiempo de cerrar sus ojos; Kuroo había caído a su lado en su cama y al siguiente segundo llegó Kyoko a tocar su puerta con urgencia; sobresaltándolo en el lugar.

—Hemos encontrado el cadáver de Takeda allá arriba, Ukai y su van no están por ningún lado.

Ésa era la señal que necesitaban todos; Better Living los había tomado desprevenidos y habían hecho la primera movida; pero ellos no soñarían con quedarse atrás. La guerra había comenzado y los killjoys debían ganar más terreno.

Así que ahora, él y Yui se encontraban formando las filas; quienes irían en la trinchera y quienes manejarían los pocos cañones que tenían para la defensa. Ennoshita y otras abejas tenían listo el campamento para los que cayeran en batalla, Kenma había empacado toda la maraña de cables que utilizaría.

Saeko se acercó a él, con una sonrisa amarga y ojos tristes; Ukai era como un padre para ella. No mencionó ninguna palabra de despedida, ni para desearle suerte; solamente lo cubrió en un fuerte abrazo; Kei no quería hacerla sufrir más si algo le pasaba a él.

La chica del parche se marchó a buscar a su hermano y detrás de él sintió a alguien darle pequeños toques en su hombro. Tsukishima descubrió que se trataba de Lev; el ingeniero robótico, por primera vez que él lo veía, no sonreía tontamente como siempre.

—Ten, Tsukishima —le ofreció sus dos katanas guardadas en sus fundas—; logré crear unos pequeños puertos —explicó, sacando una con cuidado.

Presionó un pequeño interruptor en el mango y al siguiente segundo el largo filo fue cubierto por rayos neones, del mismo color que el núcleo del androide.

—Con esto podrás cortar cualquier superficie —explicó—; es como una batería y a todas las baterías tarde o temprano se les terminará la carga, así que te daré dos cartuchos más con la energía dirigida. Así que úsalo cuando más lo necesites.

—Gracias, Lev —dijo con sinceridad—, no sé cómo agradecértelo; fuiste la primera abeja en unirte a nuestra causa, no tenías razón para ir con Hinata a la Zona 43 y tampoco tenías razón para fabricar estas armas…

Seguramente Haiba no estaba acostumbrado a escuchar y ser elogiado de una manera tan honesta, y Tsukishima tampoco estaba acostumbrado a hacerlo; así que pudo ver como la piel pálida en las mejillas de Rugido Helado comenzaba a tintarse de un leve tono rosa.

Antes que las cosas se tornaran más incómodas, le dio un golpecillo en su espalda y dijo:

—Ahora ve y prepárate, saldremos en unos minutos; debemos encontrarnos con el par de idiotas en las afueras de la ciudad.

—Solo debo entregar unas cuantas cosas… ¡ah! ¡Ahí estás! —rápidamente dejó de prestarle atención a Kei y corrió a encontrar al chico de mirada gélida y cabello como nube.

Aone lo miró sin decir nada y Haiba sacó de una bolsa de tela dos enormes guantes metálicos; eran armas, concluyó Tsukishima mirando desde la distancia. Tenían forma de manos, solo que eran del doble de tamaño que las de Aone, sin embargo, cada falange podía articularse como los de él.

Haiba dio unas cuantas instrucciones y al activarlos, los guantes comenzaron a brillar; Aone, sin embargo, no terminó de escuchar las indicaciones de Lev y golpeó sus dos puños entre ellos con fuerza.

Escuchó un golpe sordo; seguido de una fuerte ráfaga de viento que lo desestabilizó. Lev había sido arrojado hacia atrás y ahora se encontraba tendido en el suelo sobando su cabeza. Todos los reunidos se quedaron mirando después de haber sido lanzados por los aires, incluso un chico que llevaba cerca de una resma de papeles los había perdido por los aires.

—¡Te dije que aguardaras un segundo! —gritó Lev—. Ten más cuidado, músculos —llamó y luego susurró no tan bajo—; típico de los fortachones, nada de cerebro…

Aone lo escuchó y comenzó a acercarse con sus mortíferos guantes; pero Haiba huyó antes.

Tsukishima llegó a encontrarse con el demente creador de bombas y el mecánico de gran corazón. Asahi lo recibió asintiendo, sin embargo, sus ojos se miraban muertos de miedo; Noya, por su lado cargaba un enorme saco sobre su hombro.

—¿Está listo? —preguntó Kei.

—Oh, sí —Noya sonrió con una traviesa alegría—, este bebé se encargará de explotar el corazón del dictador.

—¿Es lo suficientemente fuerte?

—Apuesta lo que quieras a que sí —respondió—, instalaré la bomba y luego tendremos diez minutos para salir de ahí.

—¿Podrán hacerlo? —se preocupó Tsukishima—. ¿El golpe de la explosión no alcanzará todos los túneles de la ciudad?

—No, no te preocupes por eso, diseñé este bebé con un estallido vertical. Destruirá los edificios y las calles, dejando un agujero por encima de la ciudad; es por eso por lo que, cuando dé la señal, todos debemos alejarnos del sitió de detonación.

—Ya veo, debemos llevarle esta información a la abeja reina; todos los soldados deberán escuchar la señal; Kenma podrá reproducir un sonido de alarma una vez ya tenga en su poder la red de BL/ind.

—¡Eso se escucha muy peligroso, Noya! —chilló Asahi—. Es mejor que yo vaya contigo para ayudarte si te encuentras con algún problema.

—Ryuu irá conmigo —se carcajeó Chispa—, además, te necesitan a ti y a tu fuerza ahí arriba; Oikawa no tiene idea que nos infiltraremos por abajo, ya que no sabe que nosotros sabemos cuál es su punto débil.

—De acuerdo, pero ten mucho cuidado…

—¡Tú lo sabes, Asahi! Y tú también, a esos S.C.A.R.E.C.R.O.W. les encanta hacer mucho daño.

Azumane palideció más.

—¿La bomba está lista? —preguntó Kei.

—Está desactivada —informó Chispa—, me tomará de unos minutos arreglar los últimos detalles, pero lo haré cuando lleguemos al lugar.

—De acuerdo, todos contamos con ustedes dos.

—¡No te preocupes, líder! —sacó el pecho e hizo un saludo como militar.

Kei no corrigió el título porque aún tenía mucho que hacer, así que solamente se despidió del par y continuó con la supervisión de toda La Colmena. A unos cuantos pasos más, se encontró al par de celebrados la noche anterior, Akaashi lo saludó cortés y estoico; Bokuto le dio una palmada con su mano metálica en su espalda.

—¿Escuchaste lo de Ukai y Takeda? —murmuró Histeria.

—Sí, es… terrible; debemos apresurarnos y salvar al Doctor de la ciudad.

—Bien, dicho. Estamos listos aquí adelante.

—¡Sí! —Concordó Bokuto—, el chico de La Colmena; Rugido, vino y nos entregó algunas armas nuevas.

—Tres cargadores con energía dirigida a cada uno, nos serán de utilidad —terminó Akaashi.

Tsukishima asintió, Bokuto, Akaashi, Kuroo, Tanaka y Kyoko formaban parte de la vanguardia y su posición no había cambiado, aunque el calibre del pelotón sí lo había hecho. Ellos irían encabezando la formación, Kyoko y Akaashi se encargarían de eliminar con rifle de francotirador a los androides de las murallas mientras las demás abejas cargaban los cañones para aguantar la defensa que mostraría BL/ind; todo eso para intentar comprar algo de tiempo para Hinata y Kageyama.

—Nos vemos en la ciudad —se despidió del par y luego, un poco inseguro agregó—; sólo… no se conviertan en fantasmas.

Bokuto y Akaashi le sonrieron, antes que Tsukishima siguiera revisando los aspectos del batallón que faltaban.

Todo estaba en su lugar o cerca de estarlo y Yui terminó por llamarlo a que lo acompañara a pararse frete a todo el pelotón; Kei no desobedecería nunca a la abeja reina, así que terminó por hacerlo.

—Adelante —Michimiya le dio la palabra—, lleva a tus hombres a la victoria.

—Pero…

—Empezó como su guerra, los killjoys nos trajeron de todo el desierto hasta acá; es apropiado que tú des las últimas palabras.

—Ah… —demonios—… de acuerdo —se aclaró la garganta e intentó ver a cada uno de los hombres y mujeres que estaban esperando sus palabras—. Yo… sé que no soy el indicado para pararme frente a ustedes y decirles lo mucho que significa para todo el mundo lo que están por hacer. Conozco dos hombres que les podrían decir más acerca de la vida y misión de los killjoys; pero ambos hombres dieron su vida completa por cada uno de los afortunados que nos encontramos aquí. Ellos fueron los que cargaron con todos nosotros para dirigirnos aquí.

En medio del océano de personas, se encontró con los familiares ojos de sus hermanos killjoys; entre ellos a Kuroo. Pantera le sonrió con gentileza, asegurándole que estaba haciendo un buen trabajo, Tsukishima tragó saliva y continuó con más fuerza.

—Esta resistencia empezó como una idea; por un individuo que tuvo el coraje de ponerse de pie y caminar en contra del rebaño, aun si fue amenazado por cañones de pistolas o con puños. Esa idea se transformó en una misión y luego en una forma de vida; porque vimos algo malo en el mundo y nos decidimos a cambiarlo. ¡Porque era lo correcto por hacer! —exclamó, algunas abejas gritaron, acordando con él—. Así que ahora, después de haber visto y aprendido de los cuervos que fueron antes de mí y que descansan en el seno de la Bruja Fénix; les diré lo que he aprendido hasta ahora:

Oikawa no va a ganar —Kei había sido un cabeza dura al principio; era parte de los killjoys, pero no tenía el mismo fuego que su hermano y había tomado de duras lecciones para que él finalmente aprendiera—, aunque todos aquí muramos, muy pronto habrá otro levantamiento de una nueva resistencia. Soldados jóvenes que al igual que nosotros no estarán conformes y tendrán el coraje de pelear; porque no importa que él sea más poderoso que nosotros, eso que nos diferencia es lo que nos garantiza que la raza humana ganará. No es nuestra inteligencia o nuestra fuerza, sino la capacidad que tenemos de unirnos y velar por los otros; por el amor y cariño de hermanos, de familia y de amantes. ¡No importa cuántas veces nos lastimen siempre volveremos!

Recibió más aplausos, sus ojos se enfocaron en el techo, pero más allá; visualizó el cielo, más arriba de las pesadas nubes de metano, en donde la expansión era tan celestial como lo describían los libros. En donde todos los guerreros iban a descansar en donde Takeda podía dejar de preocuparse por ellos; su hermano reía sin tristezas; Yamaguchi comía todas las fresas que podía, y donde Daichi descansaba sin el peso en sus hombros.

—Pero este día… este día será diferente: Este día los zorros serán los que cacen a los perros. Los fugitivos serán los verdugos. Este día no usaremos nuestras máscaras, no nos llamaremos por nuestros alias; esto es todo, killjoys ¡Si hemos de conocer a la Bruja Fénix hoy, entonces más les vale hacer una escena memorable!

Gritó con todas sus fuerzas, hasta que su garganta ardió y hasta que las lágrimas se formaron en las esquinas de sus ojos. Desenfundó una de sus katanas y la apuntó hacia arriba; en honor a todos los que guiaron el camino para que ellos llegaran ahí. Todos levantaron sus pistolas al aire, en conmemoración a los killjoys, uniéndose por los siguientes días para luchar como hermanos.

Y luego, todas las voces se unieron como una; en un grito fuerte de libertad, sin miedo y con la ira de millones de almas que habían caminado sobre el desierto.

—¡Es muerte o victoria!

Kei podría haber jurado sobre el nombre de la Bruja que Akiteru estaba mirándolo con una gentil sonrisa en su rostro.


Se movilizaron en lo que tenían, automóviles, motocicletas y camiones de carga; Kuroo iba en la tercera fila en su Nova. Lo terminaron acompañando Histeria y Ala Revólver; pero Pantera no se quejaba, no había mejor sentimiento que el de marchar a la guerra con dos de sus personas más cercanas. Ellos iban al frente y cuando estuvieran a tres kilómetros por llegar a las compuertas de la ciudad, otro pelotón se separaría para erguir el campamento para los heridos y ahí estaría Kenma también.

No había manera cómo comunicarse con Hinata, porque, aunque estuvieran en las zonas vecinas; el renacuajo estaría rodeado de mediciones masivas de estática, ninguna señal de radio podría atravesar esa densa pared para llegar a él. Si ambos presentaban algunas dificultades y no podían llegar, ellos no podrían saberlo.

Y sin Destroya, los killjoys y las abejas no tenían oportunidad de entrar a la ciudad; terminarían siendo masacrados por los francotiradores de la muralla.

Se escuchó el silbido de uno de los pasajeros que iba atrás; una abeja se había subido al techo de un automóvil para soltar la señal; una caravana de vehículos se separó de ellos, Kuroo solo podía pensar en Kenma, las probabilidades de él enfrentándose a un enemigo eran bajas; pero, no obstante, nadie aseguraba que Oikawa no intentaría ir tras ellos si lograba acabar con el ejército que entraría a su ciudad.

El cielo estaba despejado y el horizonte se veía tan limpio como podía; no había señales de tormentas de arena para ese día, ni siquiera el viento soplaba. Tenían todas las herramientas necesarias para el primer golpe. La sombra de la ciudad comenzaba a proyectarse sobre ellos, aun cuando se encontraban dos kilómetros y medio entre ellos.

Ya sabían que ésa era su señal.

—Suerte, bebé —dijo Koutarou.

Keiji asintió y abrió la puerta trasera; Kuroo no bajaba la velocidad, aun así, Histeria logró llegar al techo del automóvil al escuchar el ajetreo y los golpes que producía mientras instalaba el rifle. Pantera veía como los automóviles que corrían a su lado comenzaban a hacer lo mismo; logró avistar a Kyoko, no muy lejos, acostada de bruces, viendo a través de la mirilla de su arma. A su otro lado Tanaka hacía lo mismo, también Kinoshita y Nishinoya.

Estaban expuestos de esa manera y por eso Bokuto no paraba de ver de reojo el techo; pero ya estaba decidido, todos arriesgarían su vida para obtener alguna oportunidad.

Akaashi disparó primero.

—¿Le diste, cariño? —preguntó Koutarou mordisqueando su labio.

—¿Aun tienes que preguntar? —respondió con voz apagada debido al techo del automóvil y las ráfagas de viento.

Kuroo se rio a carcajadas.

Debían acabar con todos los soldados que podían mientras se encontraban a esa distancia, una vez se acercaran más, sería casi imposible; todo dependía del ataque sorpresa. De reojo vio a Kyoko disparar tres veces seguidas; apenas y la detonación se escuchaba arriba de las llantas corriendo sobre el pavimento.

—¿Con cuántos guardias contamos? —preguntó Kuroo sobre el zumbido del motor.

—Tres en cada puesto avanzado, esta es nuestra oportunidad para cubrir el terreno.

—Perfecto —concordó; si ellos lograban rodearlos antes que BL/ind entrara en un estado de defensa, podrían tener la ventaja.

Los únicos lo suficientemente dementes para hacer esas acrobacias eran los killjoys, pero eso estaba bien; ellos estaban acostumbrados a sentir la adrenalina correr sus venas como rayos, prendiendo fuego a todo lo que tocaban.

¿Killjoys, están viendo eso? —vino la voz de Kyoko en el intercomunicador, entrecortada por la estática.

—No tengo buena visión de lo que es, pero parece una nueva arma… —agregó Akaashi.

—Keiji, ten cuidado —dijo Bokuto.

—Lo sé, es solo que… —murmuró.

¡Es un lanzacohetes! —gritó Dulce.

—Mierda, mierda —Bokuto entró en pánico—; ¡Akaashi, regresa aquí!

Keiji maldijo sobre su aliento mientras con toda la rapidez que lograba lanzaba el rifle dentro del automóvil; sin embargo, aún estaban demasiado lejos como para poder descifrar dónde estaban instalados los soldados vigilantes.

Hasta que Bokuto gritó.

—¡Lo lanzaron! ¡Viene hacia nosotros!

Fue toda la advertencia que Kuroo recibió para doblar con violencia hacia la derecha; justo antes que el cohete explotara en el pavimento; abriendo un agujero en su estela. El impacto causó que los automóviles de atrás perdieran la formación; el Nova terminó por deslizarse sobre la calzada, levantando una cortina de arena detrás de ellos; Tetsurou intentó estabilizarse con poco éxito.

Cuando finalmente tuvo el control de regreso; Bokuto sacó la mitad de su cuerpo para ver el techo del automóvil, para la tranquilidad de Kuroo escuchó la voz de Akaashi, un poco apagada.

—Estoy… estoy… bien, logre sujetarme; no te preocupes.

Tetsurou arrancó de nuevo, debían unirse a la caravana otra vez.

¿Kuroo, están todos bien? —llamó la voz de Tsukishima.

—Sí, sí —aseguró—; sólo un pequeño desvío. Retomaremos nuestra posición de inmediato.

Bokuto se había movido al asiento trasero para ayudar a Keiji a regresar de nuevo adentro del automóvil; aunque aseguraba que estaba más que bien, si Revólver no hubiera advertido nada, entonces ellos no serían más que papilla a medio camino.

—Pude escuchar cuando presionaron el gatillo del lanzacohetes y la presión de aire que salió después.

—Eso nos puede ayudar mucho ahora —comentó Pantera.

Piso el acelerador nuevamente, marcando la carretera con las huellas de las llantas; saliendo disparado como una bala hasta alcanzar el ejército adelante.

—¡Cuidado! —gritó Ala Revólver.

De inmediato sus sentidos fueron asaltados por otra explosión a su lado, esta vez el misil impactó al lado de un carro a unos metros.

—Aún es temprano para las explosiones, ¿no lo creen? —Kuroo rechinó sus dientes.

Las cosas están peor en la vanguardia —avisó Kyoko.

¡Necesitamos a Hinata y Kageyama! —exclamó Tanaka.

—Maldita sea… —murmuró Pantera aumentando su velocidad.

A medida recorrían, el panorama comenzaba a empeorar; el velocímetro comenzaba a marcar rojo, Kuroo sentía el vibrar del timón bajo sus manos; sin embargo, Histeria se aventuraba a sentarse sobre la ventana para apuntar con su rifle. Pasaron al lado de un automóvil que había sido el blanco de una bomba; una densa nube negra salía del capó y había un cadáver dentro, no obstante, parecía que las demás abejas habían escapado.

Si se detenían por más de tres segundos, se convertirían en alfileteros humanos, habían llegado a los pies de la muralla de la ciudad y esta vez no contaban con Tsukishima introduciéndose en la red de BL/ind.

Otro automóvil volcó a su lado, les habían disparado a los neumáticos.

Carguen las catapultas —ordenó Yui.

¡Catapultas cargadas a la orden, abeja reina! —gritó Lev por el intercomunicador, seguido por unas estridentes carcajadas.

Entonces intercambiaron los lugares y los francotiradores se movieron hacia atrás; cediéndole el lugar en la vanguardia a camiones hechos a la medida a los cuales se les había removido todo el vagón y en lugar de eso llevaban catapultas cargadas con bombas.

Era la fase dos del ataque.

La primera bomba fue catapultada seguida de una explosión que ensordeció sus oídos. Las esferas negras eran bombas confeccionadas por Chispa Neón, estaban llenas de un líquido naranja y cubiertas por aluminio arrugado; las bombas explotaban al contacto. Kuroo notó una abolladura en el muro.

¡Fuego! —volvió a exclamar Rugido.

Esta vez una nueva catapulta se colocó al frente de la formación y los killjoys que terminaban de preparar el nuevo proyectil soltaron el pestillo. La canasta metálica se movió violentamente hacia adelante, lanzando la nueva granada; cayó cerca de la abolladura y profundizó el golpe.

La maldita estructura era resistente, pero ellos no se podían dar por vencidos, necesitaban entrar primero.

Un grito nuevamente vino del intercomunicador e hicieron lo mismo, siempre apuntando al lugar en donde la muralla comenzaba a debilitarse. Pero de esa misma manera, la defensa de BL/ind comenzaba a fortalecerse, disparándoles desde arriba con metralletas y lanzacohetes.

Oikawa ni siquiera se molestaba en aparecer personalmente.

Y entonces Kuroo logró divisar a un individuo sobre la muralla, el mismo exterminador que le había disparado en la cabeza hace más de un año. Con ojeras siniestras y profundas, cabello rubio y dos líneas rapadas horizontales que salían de sus sienes; sostenía sobre su hombro un lanzacohetes y disparó.

El misil impactó contra una de las catapultas; produciendo un estallido monstruoso, haciendo explotar todas las granadas que llevaba. Toda la tierra que rodaba a unos metros se sacudió, Kuroo sintió sus rodillas tiritar cuando una nube negra perlado con matices naranjas fue todo lo que quedó de los rebeldes que iban.

Así seguirían con todos.

Pero sólo necesitaban derribar esa muralla para poder entrar.

—¡Uno más! —aseguró Tetsurou en el transmisor, necesitaban un golpe más y harían el agujero.

Ya habían cargado la siguiente catapulta, sin embargo, antes que alguien pudiera dar la orden de disparar un rayo brillante como cegador fulminó el camino; como fuego lloviendo del cielo, Kuroo pudo sentir en su rostro el abrasador vapor de las secuelas. El estruendo sacudió todo el desierto y por unos segundos sus oídos quedaron sordos debido al estallido.

Los refuerzos acaban de llegar —vino la voz de Hinata.

Notaron que cinco metros de la muralla habían sido reducidos a cenizas y ahora el camino hacia adentro de Ciudad Batería estaba abierto. Pantera, Revólver e Histeria sacaron sus rostros del automóvil de la misma manera que todos los cuervos y abejas para ver la siniestra sombra de pie detrás de todo el ejército. Destroya era más gigante de lo que esperaba.

Se rio entre dientes.

—¿Qué? —Comentó— ¿Las estrellas esperan el momento adecuado para hacer su entrada? —sonrió—. Qué molesto…

—Ahora comienza lo divertido —dijo Bokuto con una sonrisa depredadora a su lado.


Hinata debía agradecer a Sugawara y su octavo sentido –porque estaba convencido que ya tenía un sexto en saber lo que él estaba pensando y un séptimo sentido en saber en qué chozas abandonadas podían encontrar provisiones– en saber qué era lo que él necesitaría mucho antes que él tuviera una idea de necesitarlo. Ceniza Radiante le entregó unos prismáticos para poder divisar todo el panorama desde ahí arriba.

Así que pudo ver la caballería de rebeldes entrando sin refrenamientos, invadiendo Ciudad Batería como los conquistadores que debieron ser. Con el espíritu de Ikkei Ukai, el Pequeño Gigante y Cuervo Nicotina.

—¡Carga! —ordenó desde su posición en la cuenca del ojo de Destroya.

Kageyama asintió y el robot levantó su brazo otra vez; escuchó nuevamente el zumbido iniciando en el núcleo de Destroya que luego avanzó hasta su brazo derecho; se podía ver claramente, debajo de los resquicios de su esqueleto metálico el brillo celestial neón que se producía en sus venas, cargando la potente energía inmensurable.

—¡Dispara! —vociferó a su centinela mecánico.

Descargó la misma energía imparable, tan cegadora como la primera vez; seguido del estruendo que se podía escuchar a varios kilómetros. La explosión esta vez llegó a uno de los edificios de adentro; pasando los dos kilómetros de tierra estéril que separaba la capital con la muralla.

—Vamos.

Destroya comenzó a movilizarse, uniéndose a los demás en la batalla. Hinata se colocó nuevamente los binoculares para divisar lo que fuera en la distancia. A Oikawa o aeroplanos. La pared no era obstáculo para el robot, y fácilmente derribó el concreto a su paso; ahora solamente caminaba en el claro baldío ahí afuera.

—Dispara.

Levantó su palma nuevamente, Sol Inferno de inmediato se tapó los oídos; la explosión siempre sacudía su cerebro sin importar qué hiciera. Destroya lo obedeció, el proyectil compuesto enteramente de energía dirigida tan caliente como la lava dio en el blanco en otro edificio a lo lejos.

El rascacielos comenzó a desplomarse al suelo.

Le hubiera ayudado mucho tener manera de comunicarse con alguien ahí arriba, pero la estática del robot no lo permitía; aunque Destroya fácilmente estaba acabando con todo a su paso, necesitaba saber cómo estaban todos los demás. ¿Lev? ¿Akaashi? ¿Bokuto? ¿Tsukishima?

Aun así, ése era su papel y debía adherirse al plan para así poder asegurar la victoria después de todo esto. Oikawa no tendría oportunidad alguna al enfrentarse a Destroya. Ya habían recorrido un kilómetro de la distancia, podía escuchar las alarmas de los automóviles y disparos.

Cuarto estallido; la bola caliente de energía dirigida le dio a otro rascacielos. Las cuatro localizaciones en donde había impactado los proyectiles salían columnas de humo negro, llegaban hasta las nubes celestes; si lo veía de otra manera, parecía que los enfermos vapores comenzaban a infectar el artificial cielo, volviéndolo gris.

Él y el gigante androide llegaron a las afueras de la ciudad, en dónde la zona metropolitana de Ciudad Batería comenzaba

—Dispara —ordenó otra vez.

Destroya levantó su brazo.

Y se paralizó.

—¿Destroya? —Probó un poco preocupado, era la primera vez que el robot titubeaba—. Destroya, dispara.

No obstante, no obtuvo respuesta del androide.

¿Qué estaba pasando?

—Destroya —llamó por tercera vez—… ¿Kageyama? —sus ojos caoba buscaron al androide de cabello negro y arterias refulgentes; Tobio miraba fijamente un punto en la ciudad, Hinata tuvo un mal presentimiento.

Pero antes que levantara su rostro en la dirección que Choque Binario estaba mirando; su intercomunicador hizo un ruido estático, como si se ahogara en disonancia. Le pareció escuchar una voz, pero era sumamente difícil saber a quién le pertenecía o lo que estaba diciendo.

…nata…. Inata… —no sabía si era su cerebro dándole forma a sonidos sin pies ni cabeza.

Sacó el intercomunicador de la bolsa trasera de su pantalón y se le quedó mirando; como si al verlo fijamente haría sentido de los sonidos estrangulados que salían. Su sangre corrió helada, ni Destroya ni Kageyama parecían responder; finalmente siguió la mirada de ambos a ese punto fijo en la distancia, se colocó los binoculares y entonces lo vio.

Ellos no estaban preparados para eso.

—Eso… —murmuró solamente para él mismo—… ¿es eso un…?

Que la Bruja Fénix los amparara ahora.


Tooru caminaba con precisión, dejando que los líderes de sus respectivas áreas lo trajeran al corriente de toda la información; ellos intentaban no correr, pero se les dificultaba caminar con rapidez para mantener su ritmo. Escuchaba las noticias de un enorme grupo de rebeldes, tan grande hasta donde llegaba la mirada humana se habían agrupado a sus puertas y ahora bombardeaban la pared de concreto, intentando entrar.

Había llegado la hora, así que finalmente las cucarachas harían su levantamiento; Oikawa incluso pensaba que se habían tardado un poco, pero al escuchar las noticias, parecía que las ratas habían estado ocupadas criando más aliados para acompañarlos. Terminó pensando con asco, que la putrefacción era fácil de propagar.

Se lo habían hecho fácil a él, ahora tendría a toda la inmundicia reunida en un solo lugar y finalmente era hora de erradicarla.

Pero él no se encontraba atribulado, oh no, definitivamente no era preocupación lo que tintaba el ronroneo en su pecho. Lo supo al llevar su mano a sus labios y descubrir que sus comisuras se enrollaban formando una amplia sonrisa. Su felicidad era bordeando a lo maniática pero ahora sólo necesitaba un elemento más.

Un elemento proporcionado por los mismos rebeldes para su destrucción.

—¿Dónde está Iwaizumi? —preguntó interrumpiendo al hombre que iba detrás de él.

El silencio reinó por tantos segundos que Tooru terminó girando su rostro para ver al hombre, estaba enmudecido, y él sólo abría su boca como si fuera un maldito pez ahogándose.

—No… yo… no lo hemos visto, líder…

Un sonido entre un gruñido y una bufa salieron de su garganta; no había visto a su caballero blanco desde que llevó a sus sabuesos. Kawanishi y Goshiki había más que llenado sus expectativas con el regalo que le habían entregado, todavía se reía por el presente y ¡qué presente había sido! Nada más que la viva imagen de la «libertad» de los rebeldes.

Ese par de sicarios lo seguían sorprendiendo.

Oikawa estaba tan extasiado con el regalo y el plan que tenía para él que no notó cuando Iwaizumi le susurró a su oído ni tampoco cuando se marchó.

—¿Y Shirabu? —le preguntó al mismo endeble hombre detrás de él.

—Él lo está esperando al tope del edificio, como usted lo indicó, lí...

No dejó que terminara, Tooru ya había encarado el camino frente a él; el reloj ya había comenzado a correr y debía seguir todo al pie de la letra. Si Hajime se había movilizado para evacuar a los ciudadanos, entonces lo encontraría después; sabía que, según sus cálculos, no habría pérdidas, pero las cucarachas seguían vivas por ser impredecibles.

Era una pena, él quería que Hajime estuviera a su lado cuando pasara; pero los hechos eran los hechos; se adentró al ascensor y cerró la puerta detrás de él.

Llegó hasta el techo del edificio, las brisas eran duras y podía oler a la lejanía el humo dejado por la pólvora mezclado con el leve pero característico olor de sangre. Un aroma que se había vuelto corriente; no tocaba nada dentro de él, ni felicidad, ni tristeza, ni ira.

—¡Shirabu! —saludó con jovialidad, sus rizos se movían, ondulando hacia un lado; como el cabello del chico frente a él también—. ¡Mi mecánico estrella!

Kenjirou miraba petrificado más allá de él, en dirección a la entrada de Ciudad Batería; no, más allá de eso, a la sombra caminando lentamente, pero con seguridad hacia ellos. Oikawa tenía décadas de no verlo de pie.

Su sonrisa se volvió más grande.

—Tenías razón, Tooru —dijo el castaño con sus ojos fijos en el monumental androide—. Ellos… lo trajeron.

Aun no sabía si la anonadada expresión del joven mecánico y el rápido tamborileo de su corazón era producto de la conmoción por ser testigo por primera vez de la robótica perfecta como se conocía o temor al ver el tamaño de la máquina. Debajo del cerebro brillante de Shirabu, él era apenas un niño; Oikawa a veces lo olvidaba.

—Los humanos son predecibles en sus acciones —dijo, él ya lo había visto venir; había visto las medidas de estática en diferentes Zonas. Vio en la grabación del S.C.A.R.E.C.R.O.W. Ushijima los ojos luminiscentes de Tobio y las venas caminando por todo su rostro.

Destroya había despertado y nadie más que él conocía su verdadera fuerza, ni siquiera Tobio.

—Prepara todo, Shirabu —ordenó y el chico rápidamente comenzó a poner manos a la obra, llamando a todos sus subordinados; dándoles instrucciones sobre los botones para activar.

Mientras, Oikawa se sacaba su levita blanca y desabotonaba su camisa del mismo color; se quitó las prendas y las arrojó a un lado, quedándose con su camiseta sin mangas. Cerró sus ojos y estiró su cuello a los lados concentrándose; en la zona donde estaría su columna vertebral se articulaba una artificial enlazada entre ella con segmentos metálicos, emulando la de humanos, solamente que se encontraba arriba de su piel.

Dentro, corría energía, su energía pura y sin reservas.

Sabía lo que estaba haciendo, el riesgo que estaba por correr; Iwaizumi jamás le dijo nada, porque simplemente no tenía idea de lo que iría a ocurrir.

Fue entonces que Destroya disparó, destruyendo la muralla que rodeaba la ciudad; Oikawa enfocó sus ojos y miró cómo los rebeldes, las inmundas cucarachas, las basuras humanas comenzaban a meterse a su metrópolis. Amenazando con destruir el orden que él había logrado mantener por años; sus dedos se doblaron uniéndose en un puño.

Había killjoys corriendo en sus calles.

—Shirabu —llamó al mecánico, el chico se acercó a él—, libera a todos los S.C.A.R.E.C.R.O.W., manda a los sicarios y avisa a Iwaizumi también. Ataca con todas mis fuerzas, no dejes ningún killjoy vivo. Yo me ocuparé de Tobio después de esto.

—Como ordene.

El techo del edificio se comenzó a partir por la mitad; el joven mecánico gritaba unas cuantas órdenes sobre las alarmas que habían comenzado. Oikawa había tomado las medidas necesarias, si su vieja creación estaba por regresar a casa, él estaría preparado para darle la bienvenida; y a diferencia de lo que pensaba su caballero blanco, Tooru no estaba emocionado por morir. Todo el rascacielos había sido modificado para construir la estructura entre sus paredes; él sabía que Destroya no sería derrotado fácilmente, y si Tobio era tan idiota de tener la idea de retarlo, entonces Oikawa se encargaría de enseñarle una última lección a su tontuelo hijo pródigo.

Tobio disparó nuevamente, esta vez impactó contra su edificio «C»; maldijo a los barbáricos rebeldes, ese proyectil les cobraría caro a ellos.

Finalmente, su nueva arma estaba completa, los planos habían sido rápidos y burdos por el poco tiempo con el que habían trabajado; pero lo que verdaderamente importaba era la fuerza del golpe. El cañón era tan grande como había diseñado, la garganta era del mismo tamaño que un edificio de dos pisos. Tooru estiró sus labios en una torcida y amplia sonrisa, quería reírse, pero aún era temprano; se repetía, para acabar con un gigante, lo único que necesitaba era una hondilla.

Shirabu se acercó a él con un cable en sus manos; pero Oikawa levantó su mano, parándolo en el lugar, por el momento él tenía otros planes.

Tobio disparó otra vez.

—Destroya —dijo.

Sin embargo, el androide volvió a disparar.

—Destroya —probó y fue entonces que vio ese brillo familiar en los ojos de su creación. Después de todos los años, después que Tobio había creído conseguir otro «Dios»; en el fondo, él siempre había sabido dónde estaba su lealtad. Tal vez Kageyama tenía libre albedrío, pero Destroya siempre le perteneció a Oikawa—, para.

El enorme centinela paró en sus pistas, mientras, la sonrisa de Tooru crecía el doble. Maldecía no poder ver a esa distancia el rostro del «nuevo Dios» de Kageyama, ¿qué expresión estaba haciendo? ¿Era de traición? ¿O quizás tenía miedo por su frágil vida de humano? Pero no importaba, Destroya lo había traicionado hacía décadas y las traiciones no era algo que Oikawa podía perdonar; no importaba si ahora seguía escuchando sus órdenes.

El enorme robot mantenía su posición.

—Jaque mate —murmuró.

Porque al final de todo, las baterías no sangraban y lo robots no lloraban; y debajo de toda la programación de Tobio, sus embustes, su adorable ignorancia y su lealtad cambiante, él seguía siendo un androide y los androides siempre obedecen la razón para la que fueron creados.

Finalmente tomó los cables que Shirabu mantenía en sus manos y las conectó a los puertos de su atlas y axis en su columna vertebral; de inmediato la estructura metálica del cañón vino a la vida, su motor rugía, devorando la energía que su cuerpo proporcionaba. Pero el arma era grande y alimentarla tomaba de trabajo.

—El objetivo está en posición —avisó su mecánico.

—Dispara —ordenó.

Kenjirou haló la palanca del panel de control y rápidamente cubrió sus oídos; Oikawa sintió que todos sus huesos eran triturados al mismo tiempo. Dentro de su cuerpo, todo ardía, como si una mano hirviente había sido introducida en su boca, destruyendo su garganta hasta sus pulmones y estómago. El cañón rebasó de energía y disparó la primera bola de energía ardiente.

Le dio a Destroya en el pecho, haciendo explotar el metal; el enorme gigante retrocedió con lentitud.

Las esquinas de su visión se habían ennegrecido y tenía dificultad mantenerse parado, la energía desmedida que había sido utilizada era más de lo que había creído y, sin embargo, Destroya seguía de pie.

—Otra vez —le dijo a Shirabu.

El chico volvió a accionar el cañón; Oikawa se sujetó para prepararse al peaje que vendría otra vez.

Sintió el dolor insoportable y por unos segundos perdió su vista, mientras, el cañón volvió a disparar. Escuchó el impacto sobre las explosiones que venían desde la muralla, sus ojos volvieron a enfocarse justo a tiempo para apreciar el momento que el proyectil destruía el rostro de su robot; donde se encontraba su controlador.

Esta vez Destroya estaba por caer, sus memorias estaban fritas y no había manera de volverlas a reparar.

Era una lástima, pero no había más que hacer.

—¡Otra vez! —gritó con voz ronca, estaba por caer al suelo; la energía que se había drenado era demasiada en comparación con la que entraba desde su núcleo, debía volver a cargarse.

—Tooru, no estoy seguro si podrás resistir una descarga más —ofreció Shirabu—; si Iwaizumi estuviera aquí no te permitiría hacerlo.

Y era cierto, Hajime siempre desaprobaba de sus experimentos extremistas que terminaban por afectar su funcionamiento y salud; pero él no era líder y tampoco estaba acá. Oikawa rechinó sus dientes y no le contestó al chico, pero comenzó a caminar con piernas débiles hasta alcanzar el mando de control. Sintió decepción, su ingeniero mecánico no estaba listo, no tenía lo que se necesitaba para subir de rango.

Tiró de la palanca él mismo, intentó gritar del dolor, pero su voz no parecía tener fuerzas. Sus alarmas dentro de su cráneo se encendieron, anunciando los bajos niveles de energía que su cuerpo estaba manteniendo. Cayó de rodillas y tosió violentamente, sus ojos se mantenían enfocados en sus manos, siguió tosiendo hasta que cada arcada que daba cada vez se convertía en carcajadas.

Limpió el riachuelo de saliva de su mentón para ver frente a él, su visión borrosa se aclarecía lentamente, pero alcanzó a notar el gigante cuerpo, ahora desfigurado y arruinado, de Destroya cayendo al desierto. Toda su porción superior engullida en humo y sus manos se extendían como si buscaba aferrarse a algo.

Su creación perfecta, su bebé, su Destroya… lo había destruido. Su garganta se sentía estrecha con un sentimiento al que no le podía dar nombre, ¿era arrepentimiento? ¿Tristeza? ¿Luto?

En lugar de seguir enumerando más palabras se dejó caer al suelo de espaldas, completamente gastado; aun debía encargarse de los killjoys, del «Dios» y de Tobio, debía levantarse, no obstante, lo único que podía hacer era carcajearse con desenfreno hasta que ya no pudiera reconocer la voz que salía de su garganta.


El mundo se detuvo por unos largos segundos; el ruido desapareció de la faz de la tierra y por unos fragmentos, Akaashi podía haber jurado que el sol ardiente había bajado de los cielos para transformarse en un ardiente proyectil; viajando a miles de metros por segundo para impactar con el pecho de Destroya.

El sonido que se escuchó fue desgarrador.

Ahí supo que fuera lo que hubiera sido, no se recuperaría. Las oxidadas articulaciones de Destroya chillaron ante el movimiento súbito de intentar mantener su equilibrio, pero la máquina ni siquiera tenía tiempo de terminar de moverse cuando un segundo orbe de energía le dio en su rostro, derritiendo el metal. De su torso caían meteoritos, restos de metal incendiándose.

¿En dónde estaba Hinata?

Destroya dio otro paso hacia atrás; el rostro del centinela perdía su forma y comenzaba cada vez más a parecer un esqueleto mecánico. Su pecho, en donde se encontraba el núcleo recibió un tercer impacto, y la luz que lo mantenía vivo se apagó; los orbes luminosos que habían perdido las cuencas comenzaron a parpadear, perdiendo la energía que les quedaba.

Hasta que se terminaron apagando.

Nada sostenía al colosal centinela de ciento sesenta metros; la máquina sin vida comenzó a caer sin reservas sobre ellos.

¡Quítense del camino! —gritó alguien en la radio.

Keiji ya estaba fuera del alcance del impacto ya que se encontraba a unos cuantos metros de la ciudad; aun así, ver a su prominente luchador de más de cien metros caer tan temprano en la pelea… La palabra «desalentador» ni siquiera comenzaba a definirlo. El enorme centinela cayó de rodillas, rodeado por vapores negros, aceite y metal fundiéndose hasta no quedar nada.

Se encontró preocupado, al preguntarse si Kageyama sentía el dolor de ser corroído vivo por el fuego.

—Si alguien ve a Hinata o a Kageyama, repórtenlo de inmediato —ordenó en su intercomunicador, necesitaba saber cómo estaban los chicos al recibir esas explosiones.

¡La ofensiva sigue de pie! —exclamó Yui—. Vanguardia, mantengan su posición, ya logramos la entrada a Ciudad Batería, repito, la brecha a la ciudad está abierta; necesitamos ganar territorio.

¿Con cuántas bajas estamos contando? —preguntó Tsukishima.

Akaashi ya sabía que no podían depender de Destroya para ganar la guerra, por eso confeccionaron las nuevas armas y por eso entrenaron hasta el cansancio, hasta que se formaron ampollas en sus manos y en sus pies. Así que la guerra no estaba perdida, todavía, no hasta que al menos uno de ellos siguiera respirando.

La forma del androide cayó al suelo causando un tremor que escaló hasta su pecho, deformó la arena causando una huella.

El gigante había caído.

Oikawa lo había matado antes que pusiera un pie dentro de su ciudad. El dictador no estaba jugando ahora, era claro que apuntaba a matarlos. Así que ellos debían ser el doble de astutos y severos.

Entraron con el automóvil de Kuroo al territorio de Ciudad Batería y recorrieron la distancia hasta llegar a los pies de los verdaderos rascacielos. El plan dictaba que, para ese entonces, ellos debían separarse; Tetsurou, Bokuto y él tenían diferentes objetivos. Akaashi miró a su alrededor y un brillo de esperanza irrumpió en su pecho al ver a los miles de rebeldes que comenzaban a disiparse entre las calles de los bloques, vandalizando automóviles y deteniendo los androides exterminadores.

No dañaban a los ciudadanos porque su pelea no era contra ellos.

S.C.A.R.E.C.R.O.W. fuera de vista, no logro ver a ninguno en ningún lado —dijo Noya. Keiji lo vio correr a su lado, detrás de él iba Tanaka y otras abejas—. Comenzaré mi camino en el subterráneo.

Él también debía moverse y encontrar a la serpiente encargada de lavar los cerebros; pero antes de pensar en más, un policía corrió en su dirección; su mano se movió por inercia y sacó su glock, quitándole en un movimiento rápido y fluido el seguro de la pistola para disparar en su pierna. El hombre cayó al suelo e Histeria alejó su pistola de él.

Escuchó un golpe detrás de él, pero para su sorpresa, se trataba de Bokuto arrojando a un policía de espaldas al pavimento. Ni un segundo después, su brazo se transformó en una metralleta y disparó a la barricada de hombres con máscara que se acercaba. Keiji se unió a él con su arma, derribando a los que se acercaban en motocicletas.

Hacía mucho tiempo que ellos no luchaban lado a lado.

Así que no pudo evitar la sonrisa que salió cuando vio a Bokuto disparar como si había nacido para ello.

Un exterminador vino corriendo desde su flanco derecho; pero Koutarou estaba ocupado con la barricada.

—Enemigos a tu derecha —musitó.

—Son tuyos —dijo con una sonrisa.

Revólver se inclinó hacia adelante y Akaashi rodó en la parte superior de su espalda con rapidez, llegando al lado derecho de Revólver para acabar con los policías, gastando una bala en cada uno.

—Somos un buen equipo —aceptó Revólver sonriendo con frescura.

—Eso no lo puedo negar —devolvió.

Antes de poder decir más, Bokuto utilizó su brazo para resguardarlos de las balas de un exterminador con una Beretta; Revólver corrió hacia él y lo golpeó con su mano humana, lo suficientemente fuerte para noquearlo.

—Prometo darte una luna de miel perfecta después de esto, Akaashi —comentó Koutarou, parando unos segundos para dispararle a algunos androides—. Con muchos, muchos dulces.

A Histeria le gustaban mucho los dulces.

—Somos killjoys —le recordó—, ésta es nuestra perfecta luna de miel.

—Bueno, no puedo argumentar eso.

A su lado voló Espina de Canela, había ensartado las agujas de sus listones metálicos sobre un enemigo el doble de su tamaño y utilizó la disparidad en el peso de su cuerpo para impulsarse hacia adelante y terminar clavando una aguja en su nuca; el enemigo paró de moverse y ella se dejó caer de cabeza ensartando otras agujas sobre otro exterminador que se encontraba cerca.

A otros metros más, Asahi intercambiaba sus armas entre una escopeta y su martillo de cabeza negra, quebrando huesos a diestra y siniestra. Kyoko por otra parte disparaba con su escopeta clásica y manual antes que se acercaran a ella.

—¡Nada como el olor a sangre por la mañana! —exclamó Kuroo con una sonrisa y un hacha goteando el hediondo líquido carmesí.

—¿Qué haces aquí todavía? —preguntó Akaashi mientras le disparaba a quienes podía—. ¿No deberías ir detrás del mecánico?

—Podría decir lo mismo de ti —se rio—, debo encontrar a Tsukki primero o… él debe encontrarme a mí.

Notaron a ese gigante de mirada gélida, ahora usaba un chaleco antibalas sobre su piel y unos guantes metálicos. Keiji terminó sorprendido y un poco temeroso por la manera que Aone fácilmente destruyó el cráneo de un androide exterminador con un solo puñetazo.

—Vamos, vamos —gruñó Kuroo a su lado.

—¿Pasa algo? —cuestionó Akaashi.

—Esto es sólo un tentempié, ¡vamos, Oikawa, saca tus armas de una vez!

—La espera sólo lo hace peor —agregó Bokuto.

—Después de lo que le hizo a Destroya, este «ejército» no es todo lo que el dictador tiene —analizó Pantera, mientras hundía su hacha en la cabeza de un policía.

—¿Alguna noticia de Hinata o Kageyama? —Histeria le preguntó a Pantera.

—Nadie los ha visto.

—¿Qué hay de Iwaizumi?

Tetsurou solo negó con la cabeza, Keiji chasqueó su lengua.

—¡Kuroo! —gritó Kei avistando a su grupo, tenía una katana en cada mano; de las mortíferas hojas caían gruesas gotas de sangre. Pero antes que pudiera llegar a ellos, Bokuto interrumpió diciendo.

—Algo viene.

De inmediato los androides se retiraron del conflicto, dejando una brecha grande entre los killjoys y ellos. Los policías recibieron órdenes y dejaron de atacarlos; era el mismo modus operandi que habían utilizado con el primer S.C.A.R.E.C.R.O.W.

—Algo viene rápido —avisó Bokuto, escuchando lo que ellos no podían.

Sin embargo, su lado comenzó a disparar a quienes podían, haciendo caer a los policías.

Y entonces llegó.

Una silueta cayó desde más de diez metros de altura, hundiendo el asfalto bajo sus deformadas piernas. Las retorcidas ideas de Oikawa siempre terminaban poniéndolo helado, eso debía ser un S.C.A.R.E.C.R.O.W. pero no se parecía a otro que habían visto antes, ni a Ushijima, ni al demonio de boca suturada.

Sus piernas ni siquiera tenían forma humana.

En lugar de eso parecían las de una bestia, eran metálicas; pero el fémur lucía arqueado en lugar de recto; el peroné y la tibia estaban casi horizontales y los huesos de sus pies eran gigantes. A Keiji le recordó a las piernas de un canino. Sus manos también habían sido reemplazadas por miembros metálicos con formas de garras largas.

Su cuello era completamente de metal y poseía una máscara de gas que cubría la mitad de su rostro; de su cuello hasta sus hombros tenía pequeñas espinas que salían de su cuerpo. Un orbe de su cara parecía de metal, el iris y pupila eran rojos como la sangre; lo único humano que quedaba de su cuerpo era su orbe derecho, su cabello rizado y dos pequeñas marcas de nacimiento en su frente.

Eso era demente, los experimentos de BL/ind no tenían límite alguno.

Cautelosos, los killjoys no podían mover ni un músculo, porque no tenían idea a qué clase de enemigo se estaban enfrentando; no obstante, el enemigo hizo su primera movida. Sus garras se convirtieron en puño y el ciborg se encogió sobre su cuerpo, como si estuviera reuniendo energías; un bisbiseo comenzó a escucharse, hasta que el sonido lentamente se hizo ensordecedor.

—¡Quítense del camino! —gritó Bokuto.

La advertencia había venido tarde y Akaashi solo pudo arrojarse detrás de un automóvil antes que el ruido llegara a su límite y el extraño ser explotara frente a sus ojos. Ni siquiera pudo ver el daño que el S.C.A.R.E.C.R.O.W. había hecho, sólo el sonido de miles de proyectiles siendo disparados.

Koutarou había saltado al mismo lugar que él resguardándose detrás del auto abandonado. Keiji finalmente abrió sus ojos para notar cerca de su pie; los proyectiles eran espinas metálicas; no escucharon nada más, parecía que el ciborg se había quedado estático.

Lentamente Akaashi salió para ver al enemigo; su sangre corrió helada al ver todas las espinas que habían quedado ensartadas en el pavimento, en el metal de los automóviles, eran miles y todas habían sido lanzadas con tanta fuerza que lograron atravesar lo que se les puso enfrente.

El grito desgarrador de Kyoko hizo constreñir su pecho.

Sintió su cabeza volverse ligera y su garganta se revolvió con bilis; quería vomitar al ver la figura sentada a los pies de un edificio.

La pequeña Hitoka Yachi había sido la primera pérdida de los killjoys, las delgadas espinas atravesaron todo su cuerpo hasta llegar al hueso. Mientras, el S.C.A.R.E.C.R.O.W. no parecía moverse, pero nuevas espinas ocuparon el lugar en todo su cuello, hombros y miembros metálicos.

—¡Canela! —vociferó Kyoko corriendo al cuerpo de Hitoka, sin embargo, no parecía que siguiera respirando.

—Mierda —comentó Kuroo al tener su petición respondida.

Oikawa había abierto su arsenal.


Nos leemos luego~