¡Feliz viernes! Me ha alegrado el día verlos por acá ;)

El capítulo esta vez es nombrado por una canción de Franz Schubert, una melodía que trata sobre una escurridiza trucha y un pescador que usando embustes y trampas consigue atraparla. La original tiene una melodía bastante encantada aunque también admito que me he enamorado de la versión de Hans Zimmer, son libres de escuchar la letra y sacar sus conclusiones con el capítulo ;)

Capítulo beteado por mi ángel guardián: Ren.

Un pequeño mensaje, pero no por eso menos especial a Ray A. Kirkland porque esta semana ha cumplido años, espero que lo hayas pasado genial.

Un aviso, muy pronto mostraré un dibujo que la talentosa Gerald le ha hecho a unos personajes, se mostrará en mi facebook así que dense una vuelta para chequearlo.

Otro aviso, no espero tener el siguiente capitulo pronto, como pueden notarlo, el fic ya está llegando a su fin (calcul capítulos más) así que con un poco de paciencia de su parte, daré lo mejor de mi en cada palabra que le siga.

» Nombres de killjoys:
Ceniza Radiante: Koushi Sugawara.
Histeria: Keiji Akaashi.
Ala Revólver: Koutarou Bokuto.
Sol Inferno: Shouyou Hinata.
Pantera Anfetamina: Tetsurou Kuroo.
Sombra Brillante: Kenma Kozume.
Chispa Neón: Yuu Nishinoya.
Terror Ruidoso: Ryuunosuke Tanaka.
Silencio Infeccioso: Ennoshita Chikara.
Ácido Lunar: Kei Tsukishima.
Amanecer Tóxico: Asahi Azumane
Dulce Voraz: Shimizu Kyoko.
Cianuro Carmesí: Morisuke Yaku.
Volumen Vibrante: Saeko Tanaka.
Sonido Detonador: Hisashi Kinoshita.
Tommy Chow Mein: Yasufumi Nekomata.
Choque Binario: Tobio Kageyama.
Fauces de Hierro: Kenji Futakuchi.
Rugido Helado: Lev Haiba.«


Die Forelle

La siguiente gota cayó en el puente de su nariz y algunas pizcas alcanzaron su ojo; el líquido no erosionaba su piel ni quemaba al toque. Era agua, Akaashi concluyó y eso definitivamente era lluvia.

Pero ¿por qué?

El grosor de las gotas comenzó a aumentar y la cantidad de agua era mayor cada segundo; hasta que se convirtió en un incesante zumbido, callando los disparos y explosiones. Su ropa se empapó en cuestión de minutos y su visión comenzaba a dificultarse, la temperatura bajaba estrepitosamente.

Sin embargo, el siguiente grito de Kyoko lo devolvió a la tierra.

Dulce rompió la formación y comenzó a disparar sin reservas directo al S.C.A.R.E.C.R.O.W. mitad bestia. Apuntó a su rostro, pero el ciborg se cubrió son su mano, era fútil; pero Shimizu parecía que no le importaba, las lágrimas por Canela se mezclaban con las gotas de agua, pero sus ojos estaban inyectados por sangre. La escena era devastadora; además, era peligroso acercarse tanto a su enemigo.

El mismo sonido gutural provino de él, preparándose para lanzar sus espinas.

—¡Shimizu, regresa aquí! —gritó Kuroo.

Sin embargo, Dulce no parecía estar escuchando; cerraba la distancia entre ella y el S.C.A.R.E.C.R.O.W. demasiado rápido. La chica de cabello azabache no tenía nada más en su mente, que no fuera ira, blanca y ardiente ira al ver el cuerpo de Espina de Canela tendido en el suelo.

No obstante, el S.C.A.R.E.C.R.O.W. no se movía, solo los miraba fijamente.

—¿Por qué no se mueve? —se preguntó en voz alta Tsukishima.

—Hay algo… —escuchó murmurar a Bokuto, pero Akaashi no discernió la oración completa por el sonido sordo de la tormenta que los azotaba y mojaba hasta sus huesos.

—¿Bokuto? —preguntó, pero Revólver solo mantenía su vista a un punto entre los edificios.

Movió sus labios para decir algo más, pero era fútil.

Kyoko se acercó un poco más, el ciborg la miraba.

—¡Mierda! —vociferó Bokuto sin perder ni un segundo más para arrojarse sobre Shimizu.

Exactamente al mismo momento lo que parecía ser una bola de concreto azotó al lado de ambos, centímetros adelante, con tanta fuerza que llegó a perforar la pared de un edificio; un poco más y Shimizu hubiera sido golpeada y a juzgar por la fuerza del impacto, también asesinada.

—¿Qué? —escupió Keiji—. ¿Ahora tenemos que estar atentos por trampas en la ciudad?

—No… —susurró Kuroo, su voz apenas audible por la incesante tormenta—. Mira… es uno más…

De la pared reducida a escombros salió un hombre; No… un S.C.A.R.E.C.R.O.W. de tez morena y cabello rapado a los lados; cejas negras y gruesas, pero sus ojos estaban vacíos; completamente blancos y muertos, como si no tuviera alma. Los miembros mejorados de su cuerpo eran sus dos brazos completos, grotescamente enormes, el triple de tamaño de cualquier humano normal; completamente ensamblado de metal, hombros más grandes que su cabeza, conectados a un collar metálico en su cuello. No tenía camisa, sólo una almohadilla lumbar.

—¿Otro? —preguntó Tsukishima, incrédulo.

—Estamos jodidos…

Sin más aviso el S.C.A.R.E.C.R.O.W. de piernas deformes lanzó otra lluvia de espinas; los killjoys que pudieron, volaron de nuevo a sus escondites.

Akaashi logró cubrirse detrás de otro automóvil cercano; pero, para su sorpresa había terminado por caer frente al ciborg como «Golem». Maldijo sobre su aliento cuando el enemigo lo enfocó con sus orbes blancos y vacíos; sus gigantes dedos se enrollaron en puños y cargó contra Histeria como si fuera un toro.

Era extraño moverse en un ambiente así de mojado, sus pasos eran inseguros sobre la calzada; podía sentir los golpes de cada paso del S.C.A.R.E.C.R.O.W. acercándose a él. Histeria cerró los ojos y se preparó para el impacto, juntando sus puños frente a su rostro; escuchó el choque destemplado de metales y abrió sus ojos.

Justo a tiempo Aone se había colocado frente a él para recibir la fuerza demoledora del golem metálico; apenas podía mantenerlo a raya, únicamente por los guantes metálicos. No obstante, la lluvia hacía los pies de él deslizarse hacia atrás.

Ellos no tendrían ninguna ventaja debido a la tormenta.

—¡¿Qué están esperando?! —gritó Bokuto—. ¡Ustedes deben marcharse y encontrar sus objetivos!

No le sentaba bien en su pecho dejar a Bokuto atrás con esos dos S.C.A.R.E.C.R.O.W. sin embargo, ése había sido el plan desde el principio.

—Kuroo, Tsukishima —Akaashi llamó su atención—, Bokuto tiene razón, tal vez si acabamos con el mecánico primero tendremos alguna oportunidad para desactivar los ciborgs.

—Asahi, Aone y yo nos encargaremos de estos chicos, ¡¿No es así, muchachos?! —cuestionó a sus compañeros con una sonrisa.

Por su parte, Amanecer asintió rápidamente con el mazo en sus manos, su cabello comúnmente atado con una liga caía en sus hombros, empapado; Aone rechinaba sus dientes mientras aún mantenía al ciborg, el híbrido terminó lanzando un puñetazo, Takanobu rápidamente guardó su rostro detrás de sus guantes y fue arrojado hacia un lado, el golpe volvió a reverberar en todo su cuerpo.

Giró unas cuantas veces sobre el asfalto, levantando una pequeña pared de agua con las gotas que caían; sin embargo, Aone asintió en respuesta con un gutural sonido proveniente de su garganta.

—¿Ven? —dijo Bokuto como cuestión de hecho—. ¡Lo tenemos controlado!

Akaashi ni siquiera le comenzaba a creer, el S.C.A.R.E.C.R.O.W. de boca suturada no había hecho su aparición y estaba seguro de que Oikawa debía tener más de dos híbridos; pero Koutarou tenía razón, debía encontrar al ajustador de pensamientos, pero no confiaba plenamente en hacerlo de inmediato; la imparable tormenta se lo haría mucho más difícil y ¿de dónde había salido? Para comenzar.

—De acuerdo, Bo, si tú lo dices —Kuroo fue el primero en aceptar; confiaba plenamente en su hermano—. Tsukki debemos apresurarnos.

Ácido dio una última mirada hacia atrás, antes de asentir y seguir a Pantera.

Su intercomunicador estalló en estática; era la abeja reina.

Necesito confirmación si alguien se ha encontrado con el dictador, debemos localizarlo.

Keiji creía que, si alguien realmente lo hubiera encontrado, no habría de seguir vivo para hacerlo saber.

¿Qué hay de Iwaizumi? —preguntó Kuroo.

Ninguno recibió respuesta, ¿dónde diablo se había metido su «aliado» en esos momentos?

Akaashi se tragó sus despedidas para su esposo y comenzó a correr en la dirección que debía estar el edificio en donde realizaban los ajustes de pensamientos; «El Tubo» se llamaba. No obstante, no había dado su tercer paso cuando se abrazó a sí mismo por instinto y jadeó, una nube blanca salió de su boca.

La temperatura había bajado mucho.

Y las gotas de lluvia parecían haberse congelado, pues ahora eran fragmentos de hielo descendiendo del cielo lentamente. Su nariz ardía y sus dientes tiritaban, ¿qué demonios pasaba con el clima?

No había manera que ellos pudieran luchar si el agua que había quedado en el pavimento se transformaba en hielo.

¡¿Alguien sabe qué demonios pasa con el clima?! —Suga le dio voz a sus pensamientos.

Su respuesta fue estática ahogada.

Y después de eso.

—… ficio «C» Es el edificio «C» —se escuchó claramente—. El edificio controla todo el clima en la ciudad.

¿Ese era…?

—¡Kageyama! —gritó Akaashi.

La detonación de Destroya debió haberlo estropeado.


Se despertó de golpe con un jadeo, por inercia toda la parte superior de su cuerpo se irguió tan rápido que Hinata sintió que su cabeza explotaría del dolor. Lo último que recordaba era el cañón enorme que habían apuntado hacia ellos; él había gritado, ordenándole a Destroya que se moviera del impacto. El gigante no pareció escucharlo y se quedó ahí para recibir la primera bola de energía blanca.

Todo su metálico cuerpo reverberó del impacto, Shouyou estuvo cerca de caer desde su ojo; ni siquiera estuvo consciente de sus alrededores cuando sintió la mano de Kageyama halarlo del cuello de su camisa hacia arriba. Escuchó una segunda detonación y comenzó a caer.

Terminó golpeándose la cabeza y perdió el conocimiento.

Llevó una mano a su cuero cabelludo y sintió un parche de piel protruir; frenéticamente revisó todo su cuerpo, pero con un jadeo de alivio no había mayor daño que unos cuantos moretones.

A unos cuantos metros notó a Kageyama inconsciente.

Corrió hasta él y se hincó para traer su cabeza sobre su regazo, Hinata con una punzada sobre su pecho notó que la piel del ojo izquierdo de Tobio se había rasgado, debajo de su ceja y arriba de su pómulo; también la rotura que se encontraba en su brazo derecho ahora llegaba hasta debajo de su clavícula.

Él había sido, comprendió, Kageyama se había lanzado al momento que les habían disparado, para protegerlo. Había recibido el impacto de la detonación y la caída de ciento sesenta metros. Le dio algunos pequeños golpes en su mejilla, para hacerlo reaccionar.

El vibrar del pecho de Tobio comenzó a tornarse más fuerte, Shouyou siguió intentando conseguir alguna respuesta de él. Fue entonces que notó que ellos se encontraban en medio de ruinas e incendios, era lo único que quedaba de Destroya. Con tristeza, acarició la mejilla del robot, una parte de Kageyama había muerto.

Sin gastar más de un latido, su androide abrió los ojos de golpe; Hinata intentó calmarlo, se encontraba con él y ambos estaban bien. Aunque… Tobio estaba en un peor estado del que había pensado: un ojo mantenía el profundo azul, pero el otro brillaba de la misma manera que lo hacía cuando era Destroya.

—Debemos movernos en seguida —Kageyama se puso sobre sus rodillas.

—Kageyama… tú ojo…

—¿Qué? —el robot retrocedió así que Inferno le alcanzó un pedazo de metal reluciente.

—Diablos… —maldijo y luego golpeó su sien izquierda, el ojo regresó a su color.

—Ese choque de verdad te afecto, ¿uh? —señaló con preocupación.

—¡Rápido! Debemos ir con los demás.

Shouyou sabía que estaba en lo cierto, así que no señaló más de lo sucedido; rápidamente dejaron las ruinas de Destroya y se encaminaron a adentrarse a la ciudad.

—¿Cómo te sientes? —preguntó al momento que sintió una gota caer en la punta de su nariz.

—Aún tengo el núcleo de Destroya si a eso te refieres, todavía tengo la fuerza para vencer a Oikawa.

No era eso a lo que Hinata se había referido, pero no lo corrigió.

A medida iban corriendo, comenzaron a ver todo el panorama desde abajo; un androide intentó pararlos, pero Shouyou le disparó con una bala de onda de choque, causando un cortocircuito y desactivándolo en el lugar.

Kageyama pasó sin pensarlo dos veces a su lado.

—Oye, ¡Kageyama!

—¡Debemos encontrar a Oikawa!

Siguieron a paso rápido entre killjoys, abejas y exterminadores; el viento se sentía como dagas en sus brazos y alfileres en su nariz; cada respiración ardía en sus pulmones, Hinata no tenía idea qué pasaba hasta que su pie se resbaló y su cuerpo se deslizó con facilidad por el pavimento congelado.

Terminó por chocar con las piernas de Kageyama, con fuerza, pero el androide no cayó con él, y Hinata podía haber jurado que se había estrellado contra un muro. Quizás Kageyama sí tenía todo el poder de Destroya todavía.

—¿Esto es agua congelada? —se preguntó Shouyou en voz alta, sus huesos comenzaban a tiritar del frío.

—Maldita sea… —murmuró Kageyama, sin esfuerzo alguno, levantó a Hinata del pavimento y lo puso en pie—. Eso es nieve —informó.

Con un movimiento rápido tomó el intercomunicador de Hinata, él estaba un poco distraído explorando esa «nieve».

—Es el edificio «C» —dijo en la radio—. Es el edificio «C» —repitió—, El edificio controla todo el clima en la ciudad.

¡Kageyama! —regresó Akaashi sorprendido.

—La detonación de Destroya debió haberlo estropeado.

¿Hay manera de repararlo? —preguntó la abeja reina.

—Los controles de contingencia se encuentran en el sótano del edificio, donde no llegó la explosión, es posible regularlo desde ahí.

¡Yo puedo ir a repararlo! —gritó Lev, antes que alguien pudiera decir algo más— ¡Yo puedo repararlo!

Shouyou supuso que nadie más que el ingeniero robótico era el indicado para meterse con cualquier intrínseca y confusa maquinaria que se encontraba en el lugar para poder manejar todo el clima.

Pensándolo bien, no sabía si al dejarle a Lev tanta responsabilidad no terminaría con el tiro por la culata… Pero Kageyama y él debían encontrar a Iwaizumi, y luego a Oikawa.

De acuerdo —Yui le concedió—, solo sé cauteloso y no te metas en problemas.

¡Jamás soñaría con hacerlo, abeja reina!

Pudo imaginar a Michimiya poniendo sus ojos en blanco.

Mientras dejaban a Lev con la responsabilidad de encargarse del clima ellos se encaminaron para encontrar al dictador; Kageyama no gastó ni la fracción de un segundo antes de emprender carrera hacia el edificio del que les habían disparado. ¿Ése había sido Oikawa?

Tooru había destruido a Destroya.

—¡Kageyama! —gritó Shouyou, Tobio corría más rápido de lo que sus humanas piernas tenían capacidad.

El androide no logró escucharlo; Hinata lo intentaría otra vez.

—¡Kage…!

Su garganta se cerró con tanta violencia que el nombre de su androide quedó enterrado en sus pulmones y al siguiente segundo el piso había dejado sus pies y ya no se encontraba corriendo. No, ahora que lo notaba, estaba suspendido en el aire. Sus manos volaron a su tráquea y se paralizó al sentir algo rodeando su cuello y aplastando su vía aérea.

No estaba suspendido.

Estaba siendo arrastrado por los aires por alguien, sujetándolo del cuello.

Al siguiente segundo cayó de golpe al pavimento helado, rodando unos cuantos metros. Tosió al recuperar su aliento, sin embargo, el ardor de su cuello por el abuso solamente comenzaba a florecer.

A cinco metros se encontraba el oponente que lo había sujetado.

—¿Adónde crees que vas, asqueroso cuervo? —preguntó con una sonrisa.

Hinata pudo divisar a Kageyama corriendo a unos cuantos bloques, ni siquiera había notado que él había sido atacado. Aun así, necesitaba estar con él y murmurar las órdenes necesarias para vencer a Oikawa.

—Púdrete —regresó Hinata.

Su enemigo tenía cabello negro y corto, le recordaba un poco a Kageyama, por la manera que las hebras oscuras caían en sus sienes; pero era también completamente diferente. El chico chasqueó la lengua con molestia y volvió a agitar la soga de metal que tenía en sus manos, antes de otro latido ya tenía a Hinata de su cuello otra vez, cortó el aire a sus pulmones y con el mismo movimiento Sol Inferno sintió sus pies volver a dejar el suelo.

El azabache parecía tener su edad, pero su fuerza era abismal, con sólo un movimiento pudo manejarlo como si fuera una muñeca de trapo. Shouyou terminó por caer sobre el flanco de un automóvil, causando una abolladura. Su costado punzó del dolor, pero lo colocó de segundo plano, volviéndose a parar sin pensar en si algo podría estar roto.

—¡Te ves suficientemente interesante! —celebró su contrincante—. Y por eso yo, Tsutomu Goshiki, el sucesor de Wakatoshi Ushijima y mejor sicario del mundo; acabaré contigo.

Ese molesto tipo no se iría hasta matarlo, ¿no era así?

No había otra manera, debía terminar con él y correr hacia Kageyama, Iwaizumi y Oikawa de inmediato.

No debía ser tan difícil, ¿verdad?

Escuchó el chispazo del látigo moverse y antes que su cuerpo pudiera registrarlo, sintió la insoportable presión sobre su tobillo y luego la fuerza sobrehumana barrerlo de sus pies; en segundos ya se encontraba en vuelo, esa vez golpeó de bruces la pared de un edificio.

—¿No me escuchaste decir que estoy por matarte?

De acuerdo, sí sería difícil…


Su paso y el de Kuroo eran bloqueados por el S.C.A.R.E.C.R.O.W. con piernas como bestia; era fútil intentar alejarse y encontrar el edificio donde se encontraba el Laboratorio 7; el macabro lugar donde fabricaban a los híbridos. Asahi cargó un lanzacohetes y lo disparó al ciborg, sin embargo, en cuestión de segundos lo logró esquivar. Tsukishima chasqueó la lengua.

—No hay manera de pasar y si seguimos así moriremos congelados a la entrada de Ciudad Batería.

Kuroo lo pensó un momento.

—Tengo una idea.

Pantera Anfetamina corrió en dirección de Bokuto, así que Kei terminó por hacer lo mismo.

—Hermano —llamó—, necesito un aventón.

—¡Hombre, tú lo sabes! —rio.

Parecía que no era la primera vez que lo decía, porque de inmediato Kuroo escaló el cuerpo de Bokuto con naturalidad, dejándolo a él en la luna. Revólver tomó a Tetsurou con sus dos manos, reclinó su cuerpo unos cuantos centímetros y lanzó al killjoy de cabello negro varios metros en el aire.

Lo último que escuchó de Tetsurou fue su molesta y estridente risa.

—¿Qué demonios? —se quedó preguntando el de anteojos.

—Es tu turno, Tsukki —Revólver se acercó.

Maldita sea, eso era descerebrado, pero, por otro lado… habían pasado sobre el S.C.A.R.E.C.R.O.W. sin problemas…

Bueno, al diablo, de todas formas, podía morir ahí adentro.

Bokuto lo lanzó por los aires con tanta fuerza como un cañón; Tsukishima sólo podía murmurar una letanía con todas las maldiciones que vinieran a su mente. Había sido una pésima, idiota, descerebrada idea.

Terminó cayendo sobre un montículo de nieve.

Tosió por un momento, mientras recogía los rodamientos de su sanidad y conciencia; intentando descifrar dónde diablos se encontraba ahora. Arregló sus anteojos y notó una mano extendida frente a él; sobre ella la atractiva sonrisa torcida de Kuroo.

—¿El aterrizaje siempre es así de turbulento?

—No lo sé —se encogió de hombros—, es la primera vez que lo intentamos.

—Bromeas, ¿no? Pudimos morir…

Tetsurou se rio.

—Sí, pudimos; pero no lo hicimos.

—Ese no es el punto —suspiró—, pero no importa, debemos movernos.

Sacudió los remanentes de nieve y comenzaron a movilizarse con cautela; Kei leyó el nombre de la calle en que se encontraban y recordó el plano. Estaban cerca del Laboratorio 6, eso significaba que el 7 estaba un poco más adelante.

Kuroo iba delante de él por centímetros, sin embargo, Ácido notó su mirada inquieta y sus labios temblar levemente.

—¿Kuroo? —preguntó, Tsukishima consideraba que no había tiempo para quedarse callado, de todas formas, todos estaban bajo un peligro latente.

—No es nada —respondió, aunque segundos después agregó—, es sólo… Iwaizumi… No tenemos idea dónde está, no tenemos manera de contactarnos con él. Mi cerebro no para de pensar si todo lo que hemos hecho no ha sido seguir paso a paso el plan de Oikawa y de su sabueso obediente.

—Ya hemos pasado por esto, Kuroo, Iwaizumi buscará a Oikawa al igual que Kageyama.

—¿Y qué pasa si te equivocas? ¿Si IEN nos miente y todo esto es una trampa?

Kei lo consideró por unos momentos, antes de responder.

—Entonces todos nosotros morimos.

Pantera no dijo más y Tsukishima tampoco; pero para entonces avistaron el Laboratorio 7; a diferencia de otros rascacielos que habían sido afectados por los disparos de Destroya, ese parecía estar en perfectas condiciones.

Entraron y de inmediato las puertas se cerraron a sus espaldas.

Kei se había preguntado e ideado las maneras en las cuales podrían darle búsqueda al mecánico; pero para su fortuna, o falta de ella, parecía que él los estaba esperando. Según los informes de Iwaizumi, Shirabu tenía la misma edad que él, era un genio en la robótica, pero no se especializaba en luchar.

—Tooru tenía razón —dijo el chico de cabello castaño—, ustedes vendrían a buscarme.

—Entrégate y me encargaré que tengas un juicio; no somos unos bárbaros y no venimos a matarte.

—¿Qué tal está él? —Preguntó, ignorando sus palabras—. ¿Qué tal está el S.C.A.R.E.C.R.O.W. Koutarou Bokuto?

A su lado, Kuroo se tensó y los nudillos en la mano que sostenía su hacha se volvieron blancos.

—Ríndete pacíficamente y no te haremos daño.

—Es una lástima que lo tengamos que matar —continuó Shirabu—, tenía mucha promesa como soldado.

—¡Ahora verás, monstruo! —gritó Pantera, dejándose controlar por sus emociones.

—¡Kuroo!

Shirabu no se exaltó al verlo correr a él, y Kei de inmediato supo que se trataba de una trampa; el techo se derrumbó sin previo aviso sobre ellos; Tetsurou cayó al suelo ante el estruendo.

Sobre los escombros se paraba erguido una creatura mitad androide; sus muslos habían sido cortados hasta la mitad, sus rodillas eran metálicas al igual que sus piernas. Los miembros se arqueaban hacia atrás y sus pies asemejaban patas de un lobo, con garras gigantescas. Sus manos eran garras metálicas también, junto a su cuello, sobre su pecho se encontraba el logo sonriente de las industrias.

Parecía que su mandíbula había sido removida y reemplazada por dientes y quijada de metal; su oído derecho también.

Sus ojos estaban cosidos.

La mitad superior de su rostro era lo único que quedaba similar a un humano, su cabello era castaño claro y estaba partido hacia un lado.

De acuerdo, ése era uno, ahora ¿en dónde se encontraba el otro?

Tetsurou se puso de pie rápidamente, pero entonces, a su lado el techo volvió a romperse y de igual manera, cayó otro S.C.A.R.E.C.R.O.W.

Ese era…

Era exactamente igual; sus piernas fueron cortadas en el muslo, sus ojos cosidos y su mandíbula había sido removida también.

Lo único diferente era que el metal subía a su nariz, dándole un aspecto de un esqueleto de metal, su cabello era rubio y estaba partido al lado contrario.

Con pesar sobre su corazón, Tsukishima cayó en cuenta… eran hermanos. No, no solo eso, eran gemelos. Ambos habían sido atrapados, torturados y convertidos en máquinas inhumanas para asesinar.

Ni siquiera podían verse.

—Osamu —llamó el mecánico, el híbrido aludido se movió a él—, Atsumu —el otro S.C.A.R.E.C.R.O.W. hizo lo mismo—, prepárense para atacar.


'Edificio «C»' su mente gritaba 'Debo encontrar el edificio «C»'.

Haiba Lev corría como un lunático por las calles congeladas de Ciudad Batería. De los pocos lugares que el ingeniero robótico había pensado que la Bruja Fénix no lo llevaría, definitivamente «corriendo por el pavimento nevado de Ciudad Batería» debía encontrarse en las primeras 3 de la lista.

«Nieve» se llamaba, y solo eran pequeños cristales de hielo debido al vapor de agua que experimentaba una alta degradación en la atmósfera por una temperatura menor de cero grados y caía en formas geométricas a la Tierra.

Realmente interesante, y si no fuera porque en ese momento se encontraban en medio de una guerra y porque el número de caídos entre abejas y cuervos aumentaba por los minutos, y también, porque por primera vez había visto dos malditos S.C.A.R.E.C.R.O.W. y demonios, eran más chocantes de lo que había pensado; no podía darse el lujo de apreciar algo tan pasadero como el clima.

Todavía pensaba en lo aterrador que era el híbrido de piernas como bestia y ojos bicolores. Había una diferencia entre la bella heterocromía de su hermana y dos orbes completamente diferentes –uno humano y uno metálico– coexistiendo en la misma faz.

Así que se preparó mentalmente, aceptaría lo que fuera a pararse frente a él, no importaba lo deforme que fuera el siguiente S.C.A.R.E.C.R.O.W. que liberaran.

Sacó el enorme mapa que él había terminado haciendo con los planos que Iwaizumi les entregó. ¿Pero cómo luciría el edificio «C»? ¿Tendría una enorme «C» plasmada en la fachada? Exasperado, Lev miró los edificios que estaba pasando; todo lucían condenadamente igual. ¡Todo en la maldita ciudad lucía condenadamente igual!

Así que decidió concentrarse solamente en el mapa.

Abrió el enorme pliego y lo colocó sobre su rostro sin disminuir el paso, debía verlo detenidamente pero no podía darse el lujo de perder tiempo quedándose estático. A sus lados, terminó notando como el panorama había comenzado a cambiar, si bien eran pocos los killjoys que se encontraban tan céntricos en la ciudad, algunas personas estaban huyendo lejos del caos.

Pero había algo extraño…

Todos los ciudadanos no corrían apuntando sin sentido, tampoco abarrotaban las calles, no lloraban y no hacían desastres como las personas lo harían. No… ellos corrían sin chocar entre ellos, tan ordenados como hormigas en su nido.

Esas personas no eran libres.

Haiba tragó todo el coraje y la empatía que pudiera sentir y se obligó a seguir corriendo, nunca había comprobado todo lo que Kageyama y los demás killjoys contaban sobre la Ciudad Batería y cómo Oikawa había esclavizado los cerebros y las almas de toda la población.

Respiró hondo y golpeó sus mejillas para despabilarse, el camino todavía era largo.

Avanzó diez cuadras más y entonces vio el humo grisáceo salir de una estructura carcomida por la mitad. Ése debía ser el edificio «C». Sus pies trastabillaron hasta llegar al otro lado de la calle, en donde un policía lo avistó y comenzó a seguirlo; pero Haiba no huiría de una pelea así que sacó su pistola y le disparó al agente del mal.

Falló y ahora el policía lucía más furioso.

Era ahora o nunca, se mentalizó Haiba. Así que encaró al hombre, claramente más bajo que él –porque alguien rara vez no lo era–; detrás de su cerebro pudo recordar las lecciones de Yaku. Lo más importante de todo era respirar profundamente y concentrarse, algo que se le dificultó cuando notó al policía sacar una pistola y apuntarle; Lev terminó por cerrar los ojos y halar el gatillo.

El hombre cayó al suelo, dejándose de mover.

Haiba exhaló todo el aire atrapado en sus pulmones.

Sin embargo, el descanso poco duró, porque un exterminador lo notó y disparó a su lado; Lev se arrojó al lado, refugiándose detrás de un automóvil. Se trataba de un androide, así que una simple bala de plomo poco haría, con manos inquietas, por el frío sumado al nerviosismo, cambió el cartucho con dificultad.

Sacó su rostro y disparó, el haz de luz viajó más rápido que su mirada y le alcanzó a dar al androide en la cabeza; que explotó como si se hubiera tratado de una fruta vieja.

Como lo suponía, la energía de Destroya era mortífera.

Con más confianza en sí, Lev entró al edificio, sacó una pistola con balas de plomo y se dispuso a hacer su camino hasta llegar al piso subterráneo. Uno de los científicos de BL/ind se interpuso en su camino, Lev le disparó a su pierna para inmovilizarlo y continuó su camino, solo parando en una esquina donde estaba enmarcado el croquis del edificio; tomó nota de los planos, memorizando cada ascensor, escaleras, salidas de emergencia y oficinas en unos cuantos segundos.

Bajó por las escaleras hasta llegar al piso subterráneo, pero paró cuando escuchó un profundo crujido de cemento y metal.

El edificio colapsaría, pero él debía regular el clima primero, para darles alguna oportunidad a los killjoys de vencer.

Tragó sus dudas y comenzó a descender más, de todas formas, él era Rugido Helado y definitivamente regresaría de nuevo a La Colmena y Yaku lo abrazaría con alivio y él como todo héroe diría algo tan cliché como: «Auch, me estás lastimando mis heridas de guerra».

Tal vez no de esa manera, pero había oportunidad, porque ese día, antes que saliera el sol y ellos de La Colmena, Yaku se había acercado a él para desearle suerte y luego lo miró directo a los ojos y dijo: «Eres un idiota, pero un chico amable, inteligente y sobre todo bueno; esas no son cualidades comunes hoy en día, así que escúchame por una vez: "No hagas nada estúpido y regresa, idiota, sólo regresa."»

Y lo haría, una vez le pateara el trasero a todo BL/ind.

Ya había derrotado a cinco oficiales –los había contado desde el primer policía en la ciudad–, Yaku le había enseñado bien, también ese de cabello genial, Pantera le había dado algunas lecciones de pelea de cuerpo a cuerpo, junto a otras abejas más. Tenía lo necesario para dar pelea ahora.

Llegó a donde debía ser el centro de control de contingencia; las luces aun funcionaban, aunque todo el lugar estuviera en penumbras, lo único que Lev podía ver eran las pequeñas lumbreras de comando de los teclados como estrellas azules; ahí abajo, el frío le calaba los huesos.

No había nadie más en ese nivel, seguramente todos estaban más ocupados saliendo del maldito edificio a punto de colapsar, porque ¿qué clase de idiota se quedaría en un rascacielos que había recibido una descarga mortal de energía dirigida y en cuestión de minutos terminaría cayendo?

Ah, sí, él.

Intentó activar algunos comandos para poder tomar el control de esa fina capa imperceptible que se encontraba rodeando los cielos de la ciudad, la que formaba las nubes y dejaba caer la lluvia.

Introdujo otras instrucciones y finalmente parecía que estaba yendo a alguna parte; el resonar de las teclas era lo único que se escuchaba en el centro de control, Lev estaba tan enfocado en lograr la tarea que tenía en frente que perdió su visión periférica y dejó de prestar atención a sus alrededores.

Finalmente, una pantalla verde reemplazó a la azul de antes y le indicó que los controles de las condiciones atmosféricas de toda la Ciudad Batería habían sido recuperados. Celebró arrojando su puño al aire y vitoreando su victoria personal, pero para entonces se percató de lo inevitable.

Debía ir al baño.

¡Los héroes eran humanos también!

Afortunadamente no tuvo que dejar el piso en el que se encontraba y terminó entrando mientras esperaba a que la temperatura comenzara a subir.

—¿Lev lo lograste? —preguntó la abeja reina.

Haiba se lavó las manos antes de tomar el intercomunicador.

—¡No fue tan fácil como creí! —admitió, seguramente para Ácido Lunar y sus dones de hacker debía haber sido pan comido.

La nieve cesó de caer, hiciste un buen trabajo, Lev.

—¡Gracias, abeja reina!

Definitivamente pediría una nueva lámpara de lava.

Haiba se dio una palmada imaginaria en la espalda; dejándose pensar por unos segundos que definitivamente era un killjoy, había logrado acabar con los obstáculos que la Bruja le había puesto en frente.

Podía hacerlo todo.

Ahí notó que otro policía lo había seguido hasta el piso subterráneo; con una sonrisa Lev se dispuso a acabar con él también.

—¡Oye! —llamó Lev, sacando una daga—. ¡Te has encontrado con el enemigo equivocado, amigo!

El policía lo encaró y se tomó de un par de segundos antes de moverse, como si analizara la situación; su contrincante comenzó a caminar hacia él.

—Quieto, amigo —bufó—; o no voy a tener misericordia contigo —probó, ni siquiera tenía idea de dónde había salido esa clase de bravata, pero se dejó llevar unos segundos más, además, todavía tenía la pistola con la energía dirigida; un paso del sujeto ese y lo volaría en pedazos.

—Oh —canturreó—, ¿hablas en serio?

Algo en su voz le puso la piel de gallina y una vez estuvo más cerca Haiba notó que no estaba usando el usual uniforme de policía; en lugar de eso solo tenía una camiseta blanca sin mangas, pantalones y zapatos del mismo color. Lev tomó su posición de defensa, al menos parecía que el policía –si lo era– tampoco contaba con un arma de fuego.

—¿Cuál es tu nombre? ¿Mmm? —preguntó con voz juguetona.

—¿Eh? —¡Oh! Era una trampa, ahora debía usar su alias.

El «policía» se acercó más y Lev sintió su garganta secarse y su cuerpo comenzar a sudar gotas de hielo al notar ese cabello castaño, ojos moca y dientes con una sonrisa perfecta.

'Por la maldita Bruja' pensó al caer en cuenta que había sido él quien se había encontrado con el enemigo equivocado.

—M…mí no…nombre es Ru-Ru-Rugido Helado —tartamudeó; sin embargo, no huiría, ¡él era un killjoy! Le mostraría que él podía pelear lado a lado del dictador. Él tenía una pistola con energía dirigida, eso al menos debía aturdirlo—, y… ha llegado la hora de que BL/ind sepa de la ira fría de mi país.

Intentó sacar la pistola del estuche, pero la condenada arma se quedó atorada al momento que él terminó su frase genial. Sus dedos temblaban más de lo que lo hicieron cuando estaba nevando, intentó halarlo con más fuerza, pero escuchó tela rasgarse, le pidió a la Bruja que no se tratara de sus pantalones; ¿qué clase de mensaje le enviaría al dictador si un killjoy quedaba semidesnudo en medio de una pelea?

—¿Ira? —preguntó antes de reírse—. ¿Qué sabes tú de ira, Rugido Helado?

Diablos, su alias se escuchaba genial.

—Yo… yo… yo… —su cerebro no estaba funcionando.

—¿Dónde está Sol Inferno? —cuestionó—. Dime y te mataré sin dolor.

Eso sonaba como el mejor intercambio de toda su vida, pero no tenía idea dónde se encontraba Hinata.

—Jamás traicionaré a mis hermanos —dijo.

—Entonces te haré gritar hasta que olvides todas tus memorias —terminó con frialdad.

Todo su cuerpo se estremeció debido al temor, porque algo en su tono y en sus palabras le aseguraba que Oikawa iría a cumplir su promesa con creces.

'Al diablo' Fueron sus últimos pensamientos antes de dar media vuelta y correr lo más rápido que sus largas piernas pudieran llevarlo. No se atrevió a dar una última mirada cuando salió de la pieza subterránea, lo único que su mente gritaba era que debía salir a la superficie; porque si alguien era capaz de soportar la caída de un edificio sobre él, ese era Oikawa y definitivamente no Lev.

Un gemido no muy masculino se escabulló de sus labios cuando escuchó el primer golpe, sonoro y fuerte de una pared siendo destrozada, pero ni aun así vio atrás; sabía que Oikawa seguía detrás de él, aferrándose de pared a pared –a juzgar por el sonido– y la manera que cada estruendo y escombros caían al suelo a cada paso que él daba.

Todo se resumía a eso, los golpes capaces de atravesar el concreto, sus pasos y su respiración.

Si hacía otra cosa, como alcanzar su intercomunicador y hacerles saber que había encontrado al dictador –o que Tooru lo había encontrado a él– seguramente sería atrapado en sus garras, ni siquiera sabía si las tenía, pero no dudaba que si Oikawa llegaba a alcanzarlo lo mataría de inmediato.

Cada centímetro que avanzaba, cada paso que corría, cada respiración que daba, le ponía los pelos de punta pensar que el cruel dictador estaba por atraparlo y él terminaría teniendo el final de Bokuto.

Ni siquiera notó que había pasado la salida del edificio «C» y ahora escalaba hasta el fragmento del rascacielos que estaba inclinado hacia un lado, pendiente de un hilo para colapsar.

Lo siguiente que sintió fue el frío toque en su nuca, por un milímetro iba delante del agarre de Oikawa; fue lo suficiente para hacerlo querer vomitar. Se lanzó al suelo al último segundo fuera del alcance de su cazador hacia dentro de una habitación; rodó y terminó sentado ante la intimidante figura del líder de todo el mundo. Como lo había sospechado, las paredes estaban destruidas.

Patéticamente retrocedió de esa manera, moviéndose solo unas pulgadas lejos de él sin quitarle la vista de encima.

El monstruo lo había atrapado.

—No, tú no eres «Sol Inferno» —se rio, subiendo una mano, las falanges se alargaron hasta convertirse en espinas metálicas negras—, prepárate para gritar.

Lev cerró los ojos, preparándose para el impacto.

—¡Oikawa! —escuchó a alguien gritar.

De golpe, Haiba miró nuevamente al dictador, quién quiera que fuera, era lo suficientemente importante para Tooru como para pararlo en sus pistas; sin embargo, el dictador solo abrió los ojos y miró hacia atrás.

—Es a mí a quién quieres, déjalo ir.

—¡Tobio! —saludó, su voz era indescifrable—. Ya-hoo~

—Es a mí a quién quieres, déjalo ir.


Kageyama había llegado justo a tiempo para salvar a Lev. Finalmente había llegado, finalmente había encontrado a su creador, el que le dio vida y sensibilidad, el que le dio pensamientos y voz.

Y ahora debía matarlo.

¿Por qué tenía que terminar así?

¿Por qué no podían existir dos seres indestructibles y eternos para crear un mejor futuro para los humanos?

¡Tobio! Ya-hoo~

Kageyama se tensó de inmediato, era increíble de pensar que sólo el sonido producido por las artificiales cuerdas vocales de Oikawa era capaz para causar en él miedo e inquietud.

—Deja ir al cuervo.

—¿Por qué? —Devolvió, dando un paso más en dirección de Lev; el chico de cabello ceniza gimió, petrificado del miedo—. ¿Tienes miedo de que me diga dónde está Sol Inferno? —probó con una sonrisa.

—¿Qué?

¿Quería a Hinata?

—¿Te sorprende que sepa su alias? —Oikawa dejó de prestarle atención a Haiba para acercarse un paso hacia Tobio.

Kageyama esperaba que esa fuera suficiente señal para Lev para largarse de ahí; el edificio estaba por colapsar, podía sentir cada estructura metálica de acero crujir cada segundo, a punto de ceder.

—No, tú lo sabes todo, Oikawa —dijo como una burla, pero también subrayando el hecho de la realidad.

Tooru se rio entre dientes.

—Siempre tan adorable; pero lo que quiero hacer en este momento es encontrar ese cuervo que se atrevió a subirse a Destroya y concibió la estúpida idea que podía controlarlo sobre mis órdenes.

—¿Qué deseas con él? —preguntó Tobio con temor.

—Tengo unos cuantos planes, pero mientras tanto…

Tomó el cuerpo de Lev en la fracción de un segundo y lo arrojó por la ventana.

Tobio se apresuró a saltar e ir por él, pero Oikawa atrapó su tobillo, sus garras negras lo arrojaron hacia otra habitación, destruyendo la pared.

—¿Estás herido porque le hice daño a uno de tus amados humanos?

Kageyama no tenía idea si Tooru se estaba burlando de él o si seguía estudiando sus respuestas, aprendizaje y emociones; él se negaba a seguirlo haciendo, ya no era el pequeño «proyecto» de Oikawa, respondiendo sin pensar como un títere controlado por alguien más.

No, él podía pensar ahora y jamás volvería a ser reiniciado.

—Nunca tendrás a Hinata —dijo en lugar de responderle.

Kageyama pensaba que Shouyou había preferido quedarse atrás para ayudarles a los demás en la batalla; él solo necesitaba a Iwaizumi –donde quiera que estuviera—. Eso había resultado mejor, ya que no tenía idea qué podría pasar si Tooru terminaba teniendo a Hinata en sus manos.

—Eres débil —escupió—, una completa pérdida de tiempo. Lo único de lo que me arrepiento es de haber pasado todos esos años construyéndote; dándote un cerebro maravilloso para que tú vayas y te enamores de la primera puta del desierto que veas.

Se mordió la lengua, no le seguiría el juego. Oikawa comenzó a pasearse por la inclinada habitación, Kageyama lo imitó, manteniendo la misma distancia siempre; la estructura interna de soporte del edificio volvió a producir otro quejido.

—Ahora estoy seguro, crearte tan similar a los humanos fue tu destrucción; no eres perfecto porque eres igual a esas creaturas imperfectas. Tienes —escupió las palabras—… tienes estos sentimientos que te hacen débil.

—No, no lo soy y lo demostraré venciéndote aquí mismo.

—Mi error, sin embargo, fue reiniciarte en lugar de destruirte la primera vez. ¿De qué servía resetear tus memorias si había algo roto en ti desde el principio?

—Prepárate, Oikawa.

—¿Realmente quieres hacerlo, mocoso? Entonces te mostraré lo verdaderamente fuerte que soy.

—No te temo.

Deberías.

Kageyama flexionó sus rodillas y se impulsó sobre el suelo para tomar velocidad, el piso se hundió como mantequilla ante su fuerza y peso; Tobio se lanzó sobre Oikawa para golpear su rostro, pero antes que su cerebro pudiera registrar algo más, ya no era Tooru su blanco, sino que Hinata.

Su cuerpo vaciló en su fuerza, desconcertado por la insólita imagen de su cuervo parado frente a él, pero fue entonces que Hinata frunció su ceño y esbozo esa sonrisa ladina tan característica de Oikawa que cayó en cuenta. Para entonces «Hinata» lo tomó del cuello de su camisa y lo golpeó hacia el suelo, presionando todo su peso y fuerza en Tobio, comenzó a atravesar los pisos hasta llegar al primero.

Fue Oikawa quien tomó la forma de su cuervo.

—Admito, que ese truco que tiraste con Destroya antes tuvo un enorme peaje en mi energía —incluso la voz era la del chico con cabello como fuego; estiraba sus articulaciones, preparándose para el enfrentamiento—; pero mientras estabas recuperándote del golpe de mi cañón, tuve la oportunidad de sobrecargarme como nuevo.

—Quita… ¡Quita esa máscara que tienes!

Esa expresión de odio e ira no le quedaba a su sol.

—Debo enseñarte una última lección antes de matarte —condenó—. Quiero que veas este rostro antes que lo desfigure más allá de reconocimiento porque esto es lo que obtienes, Tobio, esto es lo que obtienes por desobedecerme.

Lo volvió a arrojar, esta vez hacia arriba, debilitando más el rascacielos; Kageyama golpeó el techo de todos los pisos, ni siquiera tenía tiempo de activar el poder de su núcleo. Había olvidado lo rápido que era Oikawa. Por un momento pensó que Iwaizumi era igual que él, pero el caballero blanco siempre tuvo razón, Tooru era más rápido que ellos y más sádico también; porque él no podía hacerlo, no podía levantar un puño para golpear a Shouyou.

¿A eso se había referido Iwaizumi?

«No importa lo que pase ahí en Ciudad Batería, tú tienes que saber cuál es tu posición en la guerra y hacer lo imposible para ganar».

Pero su temor siempre estuvo presente.

La imagen de Hinata convirtió sus manos en garras negras, revelando el metal del que estaba construido. ¿Eso podría significar que la apariencia de Oikawa no era verdadera? Y su rostro era una máscara que mantenía todo el tiempo.

—Quiero que veas a todos los cuervos que condenaste a muerte por dejarlos acercarse a ti.

Escamas negras y metálicas comenzaron a cambiar en el rostro de Hinata tomando la apariencia de Bokuto antes que fuera atrapado, sin los tornillos en su sien derecha, donde habían taladrado para introducirle los tubos; Kageyama retrocedió, el rostro de Oikawa comenzó a cambiar otra vez, transformándose en la viva imagen de Daichi; esto le hizo dar otro paso atrás.

—Depender de seres tan débiles —el rostro demoníaco de Oikawa regresó—, me das lástima.

Si Kageyama no podía golpearlo, entonces trabajaría con sus alrededores; reunió toda la fuerza que podía gastar para moverse más rápido y tomar a Oikawa por sorpresa. Emprendió carrera saliendo de la rota habitación del edificio para llegar al sitio exacto dónde se encontraba los cimientos que estaban por romperse. Antes que los golpes sordos de Tooru siguiéndolo llegaran hacia él, Tobio terminó por terminar de fracturarlo.

Su creador entró por la puerta, pero todo se volvió negro cuando el edificio comenzó a colapsar y se estrelló al suelo. Los ladrillos y escombros cayeron sobre su cuerpo y su rostro terminó enterrado en varios metros de cemento y roca.

Se obligó a pararse nuevamente, sacudiéndose las ruinas; miró atrás de él, aún quedaban pedazos de la primera planta y el nivel subterráneo; sin embargo, volvieron a caer gotas de lluvia, aunque había disminuido a una llovizna.

A unas cuantas calles notó al S.C.A.R.E.C.R.O.W. que arrojaba espinas enfrentándose a Bokuto; Revólver estaba atrapado, el híbrido lo mantenía inmovilizado y se preparaba para arrojar más espinas metálicas. Tobio iba dirigiéndose a ayudarlo cuando una patada lo hizo volar diez metros; la fuerza fue tanta que rodó hasta ponerse en cuclillas.

Quien iba caminando hacia él era el cuerpo de Hinata, pero su mirada ladina lo delataba. Kageyama debía golpearlo, debía hacerlo; no por él, sino por todos los killjoys que lo habían seguido hasta Ciudad Batería para acabar con eso.

Pero siempre terminaba por vacilar.

Puso sus dos puños frente a su rostro y llamó todo el poder de su núcleo para correr en sus arterias. Sintió la energía dispararse y su piel comenzó a brillar.

—Impresionante —concedió Tooru—, es bueno verte otra vez, viejo conocido.

Estiró un largo brazo con cable negro y arrancó un poste de luz desde sus cimientos; sin pensarlo dos veces lo lanzó a Kageyama. Tobio lo terminó atrapando en sus manos sin mucha dificultad; aunque sus pies retrocedieron unos cuantos centímetros, arrastrándolo atrás.

Lo que no notó fue que Oikawa ya estaba frente a él y el puñetazo que lo siguió.

Su visión se ennegreció cuando su cuerpo fue lanzado con un sonoro golpe profundo que reverberó hasta su núcleo. Tooru lo lanzó con tanta fuerza, Kageyama terminó golpeando un árbol, quebrándolo en dos; cayó de espaldas sobre césped, cortándolo en su caída y creando agujeros de tierra.

Se tomó diez segundos para ponerse en pie, porque su cuerpo no lo escuchó hasta entonces, y porque el dolor lo mantenía paralizado; solo podía mirar el cielo gris y muerto; sentir las gotas de lluvia en sus mejillas manteniéndolo lúcido. Se encontraban en el parque central de la ciudad, rodeados por múltiples árboles, césped y tierra. Irguió su cuerpo y se obligó a ponerse de pie; había más zonas en las que había dejado de sentir la lluvia, lo que indicaba que había perdido su dermis ahí.

Con su brazo, limpió la tierra de sus mejillas.

El dolor, sin embargo, fue pasajero y en treinta segundos estaba como nuevo.

—¿Qué pasa, pequeño androide? —preguntó Oikawa alcanzándolo hasta ahí, ignoraba a los demás rebeldes corriendo o a sus policías y S.C.A.R.E.C.R.O.W. —. ¿Por qué no me golpeas? ¿Aún tienes cierto cariño por tu padre?

Kageyama rechinó sus dientes, porque sabía que, si bien eso era cierto, no era lo mismo con Tooru, porque su «padre» podía torturarlo y golpearlo como se le daba la gana sin remordimiento alguno. «La historia se repetía» pensó amargamente. Nada había cambiado desde ese día que Oikawa le dio una paliza y le arrancó su pierna.

Solamente que esa vez, Oikawa arrancaría de él algo más doloroso.

Su creador había destruido la parte de él que había desterrado y arrojado en el desierto.

Derribó a Tobio y se colocó encima de él, aprisionándolo con sus piernas, con tanta fuerza que Kageyama no podía moverse; Oikawa miraba con malicia y crueldad su núcleo.

—No te temo —volvió a decir, saboreando las piedrecillas en sus dientes y derrota temprana en su lengua.

—Y ése, mi adorable Tobio, es tu primer error —Oikawa levantó su mano detrás de su cabeza para tomar más impulso en encestar su último golpe—; y la razón por la que ahora te mataré.

El crudo sonido de metal siendo despedazado repicó en todo su cuerpo, provocando escalofríos; Oikawa había apuntado a su núcleo. Un segundo pasó y escuchó un sonido sordo como si una vara había sido enterrada en la tierra; sin embargo, no sintió dolor. Kageyama abrió los ojos, llenándose de valor para examinar el estado de su cuerpo.

No obstante, su pecho estaba intacto.

Levantó su mirada para encontrarse con la de Tooru, pero el dictador no le prestaba atención, en lugar de eso sus ojos moca estaban anclados sobre un punto arriba de él.

Su mano había sido cortada.

Y al lado estaba enterrada la enorme espada de acero de Iwaizumi.

Escuchó los pasos pesados del caballero blanco atrás de él y entonces:

—Oikawa —llamó Hajime—, yo seré tu oponente.


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Nos leemos luego~