¡Un nuevo viernes y los encuentro por estos lugares!
Los he extrañado por mucho tiempo ;-; pero he resurgido nuevamente.
Siendo honestos el capítulo no estaba listo aun, pero tomé la decisión (me ayudaron xD) de partir el capítulo en 2. De esa manera, ustedes tienen una actualización y yo tendré más tiempo para terminarlo.
Capítulo beteado por la genialosa Ren.
Para que no entren en confusiones, el capítulo trata del pasado de Oikawa e Iwaizumi. Cuando publiqué el capítulo 20 mencioné que faltaba una parte más y que la publicaría casi llegando al final de la historia; y ese momento ya llegó.
Espero que les guste.
El nombre del capítulo de hoy es por la canción de IAMX, POR FAVOR me harían muy feliz si la escucharan, es mi canción favorita del momento y me he inspirado a contar la historia de Oikawa e Iwa chan.
Sorrow
Acto III: Las Secuelas
Erguir un imperio de la noche a la mañana era virtualmente imposible; se debían de asegurar los fundamentos, levantar los pilares y reforzarlos para resistir vientos, sismos, inundaciones e incluso bombas. Pero lo más importante, el fenómeno natural más proclive a arruinar civilizaciones enteras eran los mismos humanos. Provenían de animales, pero sólo porque habían adquirido la habilidad de hablar y caminar erguidos no necesariamente significaba que ellos tenían lo necesario para guiarse.
Las ovejas no se gobernaban solas.
Y por eso estaban ellos tres.
Oikawa, Hanamaki y él lo eran. Estaban sobre un peldaño por encima de ellos; pero los humanos, bestias como eran, tampoco se dejarían guiar fácilmente. Así como los caballos no nacen domesticados, hay que mantenerlos en línea, mostrarles cuando saltar, cuando correr y cuando parar.
Después de haberse deshecho de la inmundicia de Aoba Johsai y Shiratorizawa, los países quedaron sin fondos para su guerra; y entonces comenzaron a utilizar el dinero con el que alimentaban a sus habitantes. Enfocaron su atención en los responsables de asesinar a las personas más poderosas del mundo; colgaron anuncios tachando a Oikawa de un terrorista; esos pobres diablos estaban convencidos que él había condenado al planeta a su destrucción.
Pero para ese entonces Tooru, ya había tomado el control de las dos corporaciones; despidió a todos los humanos sin derramar ni una gota de sangre más. Después de terminar su creación perfecta, a Destroya y Kageyama, fue pan comido crear androides; el número suficiente para sobrellevar las dos empresas.
Unió a Aoba Johsai y a Shiratorizawa en una sola; creando una nueva interface, borrando la existencia y esencia de las dos.
Lo que Oikawa quería crear era una industria, que contara con mejores productos, robóticos y médicos, con mejores ideales, con mejores ideas; que fuera simplemente mejor.
La llamó las industrias Better Living.
Proporcionaron alimento donde no había, gratis para todas las personas; Tooru no necesitaba los millones para él, lo único que quería era salvar a la hambrienta humanidad de su inminente muerte. El logo era familiar, un rostro sonriente con ojos abiertos, para asegurar que siempre estarían en vela, que siempre estarían atentos.
Las personas en América estaban acongojadas, entonces a Hanamaki se le ocurrió la brillante idea.
—Aún tenemos los bocetos de Matsukawa, si pudiéramos darles una razón por la qué sonreír a todos, al sanar sus dolencias; entonces avanzaríamos un paso más al bienestar, al menos en el país.
Tooru sonrió de oreja a oreja, esa misma que Iwaizumi recordaba desde antes que fueran capturados y Oikawa crucificado.
—¡Brillante, Makki! —celebró—. Una nación debe sanarse por dentro también.
Dejaron de prestarle atención al mundo, mientras el planeta se iba a la ruina, ellos al menos podían curar en el que se encontraban.
Y lo hicieron, las industrias Better Living salvaron a los pobres y ricos mientras todo el planeta seguía muriendo. Tooru aún tenía enemigos por haber acabado con Irihata y Washijo, pero poco podían hacer cuando la prominente presencia de Destroya amenazaba con poder acabar con cualquier armada o país en cuestión de horas.
Se sentía bien en ese tiempo.
Ser adorado por todos, recibir elogios, haber hecho la buena obra de limpiar al menos un poco del desastre causado por los humanos que se encontraban en el poder. Si Iwaizumi pudiera dormir, lo haría con paz en su interior.
El siguiente acto que Oikawa ordenó, fue el de asesinar al presidente.
—No creo que sea una buena manera de ganarse el cariño y respeto de sus habitantes —comentó Hanamaki cuando Tooru dio la orden.
Pero en ese momento destruir a como dé lugar los obstáculos que tenían en frente para llegar a su meta, era lo más evidente por hacer; según Hajime.
—Es el mismo monarca que los estuvo matando de hambre —explicó—, las personas solo tienen afecto por las personas que les conviene. Amas a tu madre porque cuidó de ti, amas a tu amigo porque te ayuda a no sentirte solo, amas a un amante porque te brinda placer; el amor siempre ha sido y siempre será un sentimiento proveniente del egoísmo.
—Solo esperamos unos meses más y sus mismos habitantes se habrán vuelto en contra de él —complementó Iwaizumi.
Esperaron y esperaron… y luego hicieron su movida.
Entraron a la casa blanca por la entrada, nadie sabía lo que eran ellos tres, así que nadie sabía cómo detenerlos. Con violencia y sangre y huesos rotos llegaron hasta el monarca de todo el país; y al final, cuando el mísero humano estuvo a los pies de Tooru, cuando todos sus soldados y guardaespaldas fueron asesinados y uno de los hombres más poderosos de todo el mundo remanente quedó solo, rogó por su vida; lloriqueando como si fuera un cerdo.
No era tan poderoso ahora.
Para Hajime, alguien apto para sentarse al tope del mundo y gobernar no debía depender de armadas, servicios secretos o soldados; debía ser alguien mejor, y ese era Oikawa.
Y al siguiente día, Better Living les brindó comida y medicinas a todos los habitantes otra vez.
Nadie movió un párpado al saber que su gobernante había muerto; porque él los había dejado para morir y porque Oikawa y ellos los habían rescatado. Las palabras habían tenido razón, el amor y cariño de los humanos siempre fue un sentimiento derivado del egoísmo.
Iwaizumi no sintió nada después de haber acabado con esos humanos que se habían puesto en su camino. «Eran obstáculos», se repetía, ni siquiera llegaban a ser cosas. Era solo una gota cayendo de más al cerrar el grifo, perdida en el suelo y evaporada en minutos.
Entonces Oikawa hizo sólo un movimiento para obtener la victoria: dejó de proveer para los humanos. Fue cuestión de tiempo para que se levantara una protesta clamorosa, pero para entonces las industrias Better Living alegaron que no tenían los fondos suficientes –lo cual era cierto–; meses más tarde, eligieron a Tooru como gobernante.
Aunque su mejor amigo se negó a vivir en la Casa Blanca, porque él no era como los gobernantes de todo el mundo de todos los países.
Proveyó nuevamente para todos, hizo lo que todos los gobernantes humanos se negaban a hacer, por su codicia, por su egoísmo y por su estupidez. Se ocupó de sus ovejas impensantes.
Siempre existieron los pocos que no lo aceptaban, que creían que Oikawa, Hanamaki y él eran demonios encarnados; porque no envejecían y porque saltaban decenas de metros al aire, y porque podían recibir balas en sus cuerpos sin vacilar. Eran sólo comentarios de los reporteros en los noticieros; periodistas que creían que su opinión tenía peso; predicadores que se basaban en creencias de cuentos de hadas, confiando que un ente invisible actuaba por medio de la fe y no tomaba cartas en el asunto como Tooru.
No valía la pena matarlos.
Así que utilizaron las anotaciones de su amigo difunto para ampliar el efecto de los medicamentos.
—Los sentimientos no son más que neurotransmisores producidos en tu cerebro, no necesitas a nadie más para sentirlos, qué habría si existiera un producto capaz de aumentar o reducir esos químicos —explicó Oikawa un día—. El amor estaría al alcance de una pastilla, la amistad también, nadie necesitaría de alguien más; no habría necesidad de cambiar cuchicheos e «ideas». Las ideas son peligrosas en seres subdesarrollados.
El nuevo lote de medicamentos fue cambiado sin notificarle a nadie que no fuera un I.A. Así que nadie notó cuando comenzaron a sentirse mejor, y cuando comenzaron a no necesitar a nadie más que las píldoras.
Los disturbios cesaron y también los susurros de periodistas «controversiales»; para ese entonces, cuando el dueño de todo su corazón palpitante estuvo al tope del país, comenzaron los problemas mundiales. Nadie se sentía seguro al saber que ellos en sí, no tenían sólo un soberano sino que las industrias Better Living dictaminaban las leyes y además de eso, que poseían un arma nuclear de ciento sesenta y dos metros.
De todas formas, Oikawa ya se había cansado, ahora estaba listo para expandir su dominio a todo el mundo.
—Tú serás el líder de todo el ejército —le dijo a Hajime—, nadie es mejor haciendo estrategias que tú, Iwaizumi —no usaba su sobrenombre cariñoso porque no estaban tras las cortinas de su privacidad.
—De acuerdo.
Cuando finalmente estuvieron solos, Oikawa pasó una mano en su nuca y lo besó.
—Quiero que me regales el mundo, Iwa-chan~.
Y Hajime lo hizo.
Cruzó centenares de miles de millas, acabando con cualquiera que intentaba declararles la guerra. Japón y Rusia habían desaparecido y América les pertenecía; los primeros en la lista fueron los países potencias. Creían que podían pararse ante las industrias con sus militares y cañones; pero la tecnología estaba de su parte. Iwaizumi encabezó el pelotón cada vez, blandiendo una espada gigantesca, capaz de partir a cualquier humano a la mitad; fue un regalo de Oikawa, la hoja podía cortar virtualmente cualquier superficie, pero solo si utilizaba su fuerza sobrehumana.
Millones de humanos cayeron a sus pies, más de miles fueron asesinados por él y su espada.
Porque quería cumplir la visión de Oikawa, quería que todo el mundo fuera parte del mismo futuro perfecto de ambos. Pasó una década, e Iwaizumi solo quería hacer feliz a ese mismo chico de ojos enormes como los de un ciervo, mejillas rojas y nariz de botón.
Porque Hajime lo amaba.
Y porque cada muerte sólo eran gotas aisladas debajo de sus suelas.
Aunque ganar el completo dominio de los países y reducirlos a cenizas hubiera sido más sencillo con Oikawa a su lado; Tooru no volvió a poner pie en las trincheras de la guerra, o en cualquier enfrentamiento después de su inicial asesinato del presidente. Su ejército contaba con nuevos I.A. especializados para combate, su puntería era precisa y una simple bala no acababa con ellos. Claro que, eran diferentes a los que trabajaban en las industrias, ellos recibían el nombre de «Exterminadores»; y algunas veces, cuando se trataban de milicias gigantescas, podían contar con la ayuda de Destroya.
No, Oikawa no luchó contra nadie, solo pasaba sus días encerrado en su laboratorio, ejecutando algunas pruebas y estudiando a su nuevo «bebé». El androide perfecto que había creado, después de destruir gran parte de la ciudad y el imperio de Washijo, Tooru le regaló un nombre: «Tobio Kageyama».
Hajime lo conoció poco a poco, porque él estaba demasiado ocupado acabando con las guerras de helio y destruyendo tanto a los países al grado de hacerlos rendirse; luego Better Living, aceptaba con una mano misericordiosa extendida, asegurándoles que sus intenciones eran buenas, proveyendo alimentos; con la única condición de consumir sus medicamentos para el bienestar.
En los cortos momentos cuando conoció a Kageyama, Iwaizumi siempre terminaba anonadado; los I.A. eran sorprendentes, pero… había algo en Kageyama, algo extraordinario que lo separaba de todos. Cada aspecto de su físico era asombroso, su piel tenía pequeñas manchas, sus ojos brillaban como estrellas que escondían un alma; y a diferencia de los demás androides que ya estaban programados para realizar sus funciones, Kageyama actuaba como un niño, él aprendía. Tooru le había dicho que su algoritmo era tan vasto, que necesitaba estudiar todas sus respuestas a cualquier estímulo.
—¿Qué tan real lo has hecho? —preguntó Hajime.
—No posee fluidos corporales, no necesita comer y no necesita dormir; pero todo lo demás, es igual. Puede sonreír si le da la gana y puede reírse también.
—¿Puede amar?
Oikawa se tensó.
—Me ama como su creador —se rio—, ¿estás celoso, Iwa-chan?
—Depende, ¿me amas?
Tooru pasó sus manos por el cabello corto y negro de Iwaizumi, bajó por su nuca y finalmente se posó en su pecho; sintiendo el latido del corazón humano que le quedaba.
—Puede que el mío haya dejado de bombear —comentó, apoyando su frente con la de Iwaizumi—, pero mi amor hacia ti, es lo único que no ha cambiado desde que nos conocimos.
Recordó las palabras de Oikawa, cuando explicó que los sentimientos no eran más que químicos en el cerebro; aun así confió en él. Iwaizumi sí lo amaba, lo amaba más que a su vida, lo amaba tanto que se enfrentaría a cualquiera sólo para cumplir sus caprichos.
Su corazón podía seguir palpitando, pero el calor de un cuerpo se producía por la sangre al correr por el cuerpo de un humano; su cuerpo, sin embargo, estaba frío. Cada vez encontraba menos razones por las que sonreír, Tooru sonreía, pero rara vez era de felicidad.
Seguían teniendo sexo y algunas veces, Tooru le decía las palabras:
—Te amo, ¿me amas tú, Iwa-chan?
—Sí, lo hago —respondía, con la misma nube fría devorando su corazón.
Finalmente su ejército ganó las guerras de helio, y todos los presidentes, reyes, y cabecillas de todos los países que quedaban cedieron su puesto y sirvieron al único gobernante que prometía sobrellevar la existencia de los humanos, aunque él mismo no era uno.
La mayoría de países dejaron de existir y con ellos todos sus habitantes; los océanos se secaron y la estática era tan elevada que era casi imposible sobrevivir afuera. Los árboles murieron; solo crecía la flora más fuerte la que era capaz de soportar la sequía de un desierto.
Todo el mundo murió.
—¿¡Esto es todo lo que ha quedado!? —Oikawa se exaltó al ver el estado del planeta desde una fotografía satelital; parecía más un orbe amarillento y seco,
—Los daños causados por Shiratorizawa y Aoba Johsai fueron irreparables, y los demás países drenaron lo que quedaba de helio —informó Hanamaki—. Lo siento, Oikawa, al final no pudimos hacer un cambio.
Tooru cayó de rodillas, llevándose sus manos al rostro para ocultarlo de todos; gritó de dolor, un sonido que hizo que su pecho se constriñera. Al final, todo había sido para nada, porque, ¿de qué había servido salvar los pocos humanos que quedaban? ¿De qué servía salvar a seres egoístas que habían sido responsables de su misma destrucción?
Si de Iwaizumi hubiera dependido, él le prendería fuego a todo el planeta.
—He fallado, he fallado —se repetía Tooru, sollozando en su rostro, hincado en el suelo—, he fallado.
—Vamos, eso no es cierto —intentó ayudar Hanamaki, hincándose a su lado; le mostró una nueva imagen, en donde pequeñas zonas del planeta aun conservaban su color—. Tenemos América, Australia y algunas áreas de África; también más, podemos… podemos conservar esos pequeños oasis, bajo nuestro dominio, para evitar que los humanos los dañen.
—Siempre y cuando nosotros estemos al mando, esas zonas seguirán vivas —ofreció Hajime.
—Eso es… tienen, tienen razón, ambos —dijo Oikawa, él se acercó para ofrecerle una mano—, esa es la única solución; es lo único que tiene sentido…
—¿Qué lo tiene? —Iwaizumi preguntó.
—Debemos borrar los países.
Esa fue su siguiente orden, en ese momento Hajime estuvo de acuerdo con él, pues sonaba como si fuera la solución de todo. Nacionalidades, razas, idiomas; todo eso era imprescindible; tez morena, cabello rubio u ojos rasgados, esas serían características genéticas, pero no tendrían razón, ni pasado.
—Estás hablando de borrar toda la identidad del ser humano —Hanamaki fue el primero en contradecirlo—; no solamente pedazos de tierra sino toda la identidad e historia de la humanidad.
—¿Qué es lo único constante de la historia? —cuestionó Oikawa.
Hajime prefería no opinar, desde que vio la verdadera naturaleza cruel de los humanos y su codicia, dejó de importarle su futuro. Todo su patrimonio fue borrado cuando aniquilaron su país y con él todos sus conocidos, familia, amigos, compañeros; todas las personas a las que una vez conoció, desaparecidas en un abrir y cerrar de ojos.
—No podemos borrar milenios de información —rebatió su amigo.
—¿Qué es lo único constante de la historia, Hanamaki? —volvió a preguntar, su voz bajó octavas y dio un paso en dirección de Takahiro; el centello de amistad en sus ojos reemplazados por una oscuridad de la que ninguno de los tres hablaba—. ¿Uh? Sin importar lo evolucionado o involucionado que sea el homo sapiens; un solo detalle tienen en común; desde que se inventó la rueda hasta cuando iniciaron las guerras de helio.
Hanamaki se mordió su lengua, Hajime arqueó una ceja.
—Cometen los mismos errores cada vez —contestó Oikawa—. Los humanos caen en los mismos pasos siempre, la historia está condenada a repetirse. Makki, Iwa-chan, ¿no lo ven? Podemos iniciar desde cero.
—¿Y cómo supones que haremos eso?
—Borraremos la información. Bases de datos, librerías, tú lo mencionas. Controlaremos toda la información que entra y sale de nuestras ciudades.
—¿Y qué hay de los recuerdos?
—Controlaremos eso también.
—¿Alguna idea de cómo haremos eso? —preguntó Hajime finalmente.
—Controlaremos lo que están sintiendo cada momento de su vida —respondió Tooru.
En ese momento la palabra «control» se escuchaba inofensiva, hasta que ya no lo fue. Los medicamentos eran regulados con más severidad y se volvieron obligatorios; comenzaron a colocar pósters gigantescos en los edificios remanentes y en las calles, todos con el logo de las industrias y abajo el rezo: «Los secretos son el postre del demonio», «No hay nada más sucio que ideas en el pensamiento» «El sentido común es la peor herejía».
Declararon como ley el uso de audífonos para todos los habitantes; debían escuchar el nuevo mensaje de salvación de Better Living, tres veces al día: La primera, cuando despertaran; la segunda, en el descanso dado por su trabajo; y la tercera, junto antes de dormir. La repetición del principio que regía el nuevo mundo, la propaganda de los medicamentos y de la obligación de «sonreír» a toda hora, más la manipulación de los sentimientos por medio de las pastillas obligatorias, todo se sumó al control total de las ideas, sentimientos, y actos de todos los humanos.
Pero mantener el equilibrio de la civilización de ensueño de Oikawa era difícil ahora, la temperatura del ambiente era imperdonable, el desierto se extendía por todo el mundo, y aunque ellos estaban en un parche con flora y fauna, rápidamente comenzaron a perderlo todo. No quedaban rastros de la capa de ozono y la estática permeaba el aire; causando un cortocircuito en la electricidad, las plantas de energía no producían la electricidad necesaria para darle poder a toda la ciudad. Pero solo ocurría en la capital donde se encontraban, los otros oasis desperdigados por el mundo muerto funcionaban con normalidad, debido a la disparidad de sus tamaños.
Iwaizumi fue quien le llevó las malas noticias a Oikawa; entró a su despacho, justo en el piso más alto de un edificio con paredes blancas. Descubrió a Tooru trabajando en él mismo nuevamente, usaba anteojos con microscopio incorporado mientras con pinzas y pequeños choques eléctricos arreglaba cosas en su torso abierto, revelando el núcleo que tenía en lugar de corazón.
—Iwa-chan, no puedes mostrar tu apuesto rostro aquí y esperar que yo pueda seguir trabajando con normalidad —saludó en el tono de una melodía juguetona.
En lugar de responder, Hajime dejó caer de golpe los informes de la energía sobre el escritorio de Oikawa y esperó que se acercara a darles una leída. Mientras los ojos con largas pestañas se deslizaban de izquierda a derecha en el papel y el rostro de Tooru iba lentamente tomando forma de una mueca de molestia.
—¿Quién iba a saber que reconstruir una civilización de una pila de cenizas iba a ser tan difícil? —comentó Iwaizumi—. ¿Qué estabas haciendo, ahora?
—Algunas mejoras para mi núcleo, cambiaré la fuente de energía; de eléctrica a nuclear. Como el núcleo de Tobio.
—¿La energía inagotable?
—Exacto.
—Tal vez eso sea lo que necesitamos para esto —comentó sin pensarlo.
Pero los ojos de Oikawa brillaron.
Después de ese momento, Tooru comenzó a trabajar días enteros en su núcleo; Iwaizumi no lo veía por semanas completas, raras veces salía a saludar a su androide. Lo único que Hajime podía recordar eran esos largos meses en dónde Oikawa construyó a Destroya mientras se terminaba matando a sí mismo –o mejor dicho, cuando poco a poco, comenzó su evolución–.
Un año más tarde, Tooru seguía realizando los experimentos con su núcleo; y fue ahí cuando Iwaizumi volvió a verlo… a él.
Comenzó como si se tratara de unos simples vándalos; de la noche a la mañana aparecían callejones con el logo de las industrias tachados con una equis roja. Era una clara muestra de rebeldía, pero Hajime pensó que era inofensivo. No obstante, el vandalismo comenzó a propagarse, desde diferentes callejones hasta que llegaron a pintar un afiche de Oikawa.
«Asesino del mundo». Se leía en su frente, seguido de una equis roja destilando gotas de pintura sobre su rostro.
Tooru tenía suficiente con su núcleo y Hajime con los tratados con las metrópolis lejanas; así que prefirieron mandar a algunos exterminadores.
Pero todos terminaron con múltiples balazos en su cuerpo y su núcleo arrancado de su torso.
No estaban tratando con algún ciudadano normal que consumía los medicamentos. Siguiendo con esa línea de pensamiento, Hajime personalmente comenzó su búsqueda.
Encontrar al rebelde escurridizo no fue fácil, la vigilancia sobre las calles se dobló y fueron instaladas más cámaras de video en cada bloque. Pero, finalmente, el vándalo era un simple humano contra todo el imperio de BL/ind.
Sus exterminadores lo persiguieron hasta un callejón sin salida y Hajime finalmente logró ver detenidamente su rostro. Había algo en sus ojos, era familiar, pero inquietante; le hacía recordar momentos antiguos, antiguos y devastadores.
—Tú… —Hajime no necesitaba preguntar su nombre, sabía exactamente quién era.
Era imposible borrar el rostro de un niño en medio del exterminio total de toda su familia.
—¿Me recuerdas? —preguntó manteniendo su barítona voz inteligible.
—Wakatoshi.
—Sigues luciendo igual a todos esos monstruos de mis pesadillas.
¿Tanto tiempo había pasado?
—Veinte años y contando —respondió, Hajime no tenía idea que lo había dicho en voz alta.
¿Dos décadas?
Dos décadas habían pasado en un abrir y cerrar de ojos, dos décadas sin celebrar navidades, ni cumpleaños ni todas esas fiestas banales. Veinte años completos no más duraderos que un puñado de arena deslizándose desde su palma extendida, entre sus dedos, sólo para perderse en medio de un desierto sin nombre.
Veinte años desde que Wakatoshi era apenas un crío con mejillas regordetas y rojas por tanto sollozar; desde que lo dejó en un orfanato y se olvidó de él. El tiempo había pasado en un abrir y cerrar de ojos, Hajime no podía creer ni recordar dónde había estado su mente en todo ese tiempo.
—¿Dos décadas? —repitió Iwaizumi intentando poner sus pensamientos en orden.
—Así es, veinte años desde que todo lo que me importaba fue arrancado de mi pecho por monstruos como tú y Oikawa.
Habían sido tiempos de guerra.
Así que se había preparado para ese momento, lo supo al momento que sacó una pistola de su funda y le apuntó. Los exterminadores detrás de él se tensaron y esperaron sus órdenes, sin embargo Hajime no podía hablar.
El fuego en los ojos de Wakatoshi había sido el mismo que él había visto cuando miraba un espejo. Ese que desapareció al pasar los años. Ushijima era un niño de la guerra, como él y Oikawa. Las decisiones de Washijo no se reflejaban en él, era apenas un niño ¿cómo diablos iba a saber lo que estaba pasando? ¿Cómo diablos iba a ser responsable de la muerte de Matsukawa o de haber crucificado a Tooru?
Pero sabía qué había rondado por los pensamientos de Wakatoshi, cada día que se entrenó para matar, cada día que veía a Oikawa y a él apoderándose del mundo.
Su mano no se movió a su espada.
—Iwaizumi, esperamos tus órdenes —informó uno de los exterminadores detrás de él.
Pero no pudo hacerlo, no pudo decir nada más al ver el fantasma de su pasado aparecer frente a él veinte años después.
Escuchó claramente cuando Ushijima haló el gatillo y el distintivo sonido de la detonación y la pólvora encendiéndose, empujando la bala a cientos de kilómetros por segundo, impactando en su mejilla; Hajime retrocedió. Lo que no esperó fue que el proyectil de plomo detonara al haber impactado con su rostro, escuchó el retumbar de la explosión dentro de su cráneo.
Y cayó al suelo, viendo negro.
Despertó con Oikawa encima de él, insertando varillas metálicas en su rostro. Usaba una mascarilla y un gorro de tela en su cabello; cuando se removió de su lugar una luz cegadora hizo que se estremeciera, parecía que se encontraba en un quirófano.
Sin embargo él no era un humano, así que se levantó de la mesa; se paralizó al sentir lo liviano que se sentía su lado derecho, dónde la bala había impactado. Con inseguridad llevó sus dedos a su rostro y maldijo cuando lo único que sintió fue el frío metal de las hendiduras de su esqueleto.
—Iwa-chan —llamó Oikawa.
—Maldita sea —murmuró, empezando a buscar con frenesí alguna superficie para poder verse.
—Iwa-chan, dime cómo pasó esto —dijo Tooru, dejando el tono juguetón de su voz atrás.
—¿Qué? ¿Los exterminadores no hicieron su trabajo en sus informes?
—Todos fueron asesinados, sólo quedaste tú, tendido en el suelo. El criminal escapó —Oikawa se acercó más a él, con la misma oscuridad que devoraba sus ojos moca, engullendo el brillo falso que perdió desde ese día en Shiratorizawa. En sus manos tenía un espejo, sabía exactamente lo que el otro había estado buscando—. Iwaizumi, dime quién hizo esto.
No era una petición.
Pero Hajime se estremeció al ver el espejo; la mitad de su rostro había sido removida, su tez morena estaba quemada de las esquinas que había desaparecido, revelando su maxilar y mandíbula metálica, mientras que su ojo sólo era un orbe color blanco que se movía al igual que el otro.
—No te asustes —aconsejó su amante—, estoy por repararte; la bala que te dispararon detonó; desgarró tu piel y quebró algunos huesos que ya reparé —terminó informando, dejando el espejo a Hajime para que él mismo asesorara los daños, dándose la vuelta para trabajar en un injerto de la capa dérmica.
—Fue ese chico, el que encontré en el edificio de Washijo.
Al escuchar el apellido, Oikawa visiblemente tensó sus hombros; hacía años que ninguno lo mencionaba.
—¡¿El niño perdido que dejaste en un orfanato?!
—Era el nieto de Washijo.
Tooru arrojó la bandeja metálica con pinzas y tijeras al suelo, produciendo un estruendo como uñas en un pizarrón.
—¡¿Y tú lo rescataste?!
—¡Tú mataste a toda su familia frente a sus ojos cuando apenas era un niño!
—¿Acaso olvidaste todo de lo que esa familia es responsable? Washijo y toda su descendencia tienen sus manos manchadas.
—¡Era un niño! —gritó Iwaizumi.
—La culpa corre en sus venas —Oikawa escupió de regreso—. Y mira ahora lo que tu cobardía te ha causado —señaló su rostro destruido.
Hajime rodeó el cuello de Tooru con su mano, pero no se atrevía a apretar, no por miedo, pero porque no podía dañar a la única persona del mundo que podía amar; porque aunque estaba roto, se sentía completo cuando escuchaba latir su corazón por Oikawa.
—No me acuses de cobardía —gruñó, sus dedos se hundían en la artificial y suave piel del otro.
—¿No fueron niños todos los que murieron en Miyagi? ¿No fueron niños los que murieron cuando murió el mundo? Los niños mueren y los niños pasan hambre, Iwaizumi, son precios de la guerra. Pero, ahora… ¡¿me estás diciendo que el nieto del hombre que nos hizo esto, sigue vivo?!
—No es nada, me ocuparé de él en cuanto salga de aquí.
—No —dijo Oikawa, como si Hajime le hubiera pedido permiso—. Yo me encargaré de atraparlo, ya me encargué de su abuelo, padre y madre; no es nada.
—¿Y qué haremos acerca de los apagones de energía?
—Me encargaré de eso después.
Tooru optó ocuparse de Ushijima por sí mismo, sin exterminadores y sin policías, acabar con ese problema en silencio era lo mejor; y una vez el nieto de Washijo fuera asesinado, todo volvería a la normalidad. O… lo más parecido a «normalidad» que ellos pudieran tener.
Pero Oikawa no lo asesinó y ellos no regresaron a tenerla.
En lugar de eso, Iwaizumi lo descubrió llevándolo de regreso al edificio en el que vivían, los exterminadores lo llevaban con sus manos atadas detrás de su espalda y un bozal en su boca, como si se tratara de una bestia. Era enorme, más alto que Oikawa aún, si una palabra podía definir a Ushijima esa era «tanque», pero ni siquiera uno podía detener al dictador.
Tooru lucía despeinado y sus mejillas estaban llenas de hollín, su levita blanca estaba desabotonada, mostrando la camisa debajo.
—Pensé que lo matarías —señaló Iwaizumi frente a él.
—Dije que me encargaría de él —escupió las palabras mientras le dedicó una mirada de aversión a su prisionero.
—Te causó problemas, veo.
—Nada que no pudiera controlar —comentó—; pero gracias a él, sé cuáles son las mejoras que debo hacer. —Abrió la levita y mostró todo su costado destruido; el metal estaba corroído y algo hacía cortocircuito en su estómago; chispas saltaban entre los cables cortados.
—¿Y aun así no lo asesinaste?
Oikawa resopló.
—Llévenselo a una celda y no remuevan sus esposas —urgió a los exterminadores—, yo me ocuparé de lo que le siga.
Los androides asintieron y se llevaron a Ushijima.
—¿Así que…? —Quiso saber Iwaizumi, sin los oídos de sus subordinados—. ¿Alguna razón para mantenerlo vivo?
—Pelea mejor de lo que pensé —admitió—, los exterminadores no son amenaza para él; Ushijima ha vivido todos estos años para asesinarnos, Iwa-chan. Pude sentir su odio en cada respiración que tomaba y en cada bomba que explotaba —sonrió con enfermiza curiosidad—. Fue… un deleite. No pude matarlo.
—¿Deleite?
—Quiero que sepa lo que se siente estar expuesto, con manos clavadas como un maldito insecto frente a un monstruo que te odia tanto como tú a él. Quiero hacerlo gritar y llorar y quebrarlo hasta que termine traicionando la misión para la que tanto entrenó. Quiero tenerlo en mis filas.
—¿Por qué querrías tener a un traidor en tu ejercito?
—Es un perfecto espécimen humano.
—¿Lo harás uno de nosotros?
—No, no —aseguró—. Pero estoy seguro que puede soportar cualquier cosa; lo golpee unas cuantas veces y ni siquiera logré arrancar un quejido de sus labios. Un grupo de científicos elegidos por mí están ahondando en una nueva rama científica. La ingeniería genética es el terreno innovador en el que estaremos conduciendo experimentos y he encontrado el conejillo de indias perfecto.
¿Experimentos en humanos? Hasta ese momento solo se deshacían de aquellos que no tenían ningún interés en servir a su régimen o acatar órdenes.
Meses después del incidente con Ushijima, Iwaizumi no lo volvió a ver; y era para lo mejor. Se repetía que él no tenía nada que ver con el pequeño huérfano que encontró hace decenas de años. No tenía idea hacia dónde lo había llevado Oikawa y francamente no le importaba.
Porque era más fácil mantenerse ciego.
Oikawa a veces salía de la ciudad para manejar las nuevas leyes de las metrópolis alrededor del mundo. Castigar a los rebeldes y demostrar que BL/ind mandaba con puño de hierro y no aceptaba segundas oportunidades. Tooru, Hanamaki y él viajaban a menudo, sin embargo, tenían un lugar para reunirse cada vez.
—A veces me dejo creer que su cuerpo está ahí, ¿sabes? —comentó Takahiro frente a esa estela de porcelana.
Debajo de su nombre se leía un pequeño epitafio que Hanamaki y él habían elegido: «Por un futuro a prueba de balas, eras el mejor de los cuatro, siempre te recordaremos».
Jamás lograron encontrar su cuerpo, aunque despedazaron la corporación de Shiratorizawa y buscaron en todos los pedazos, aunque buscaron los depósitos y almacenes de Washijo; nunca supieron que fue de su mejor amigo. Al final, los dos llegaron al acuerdo de construir su propio lugar en el cementerio de la Ciudad Batería. Rezaba su nombre: Issei Matsukawa.
Ellos tres iban todos los días que se encontraban en la ciudad; dejaban flores y charlaban acerca cosas triviales.
Después de unos años, Oikawa dejó de ir.
Y en el presente, cuando Hanamaki ya estaba muerto, Iwaizumi solo iba cuando sus demonios eran demasiado ruidosos.
Tooru razonaba, cuando Takahiro y él lo confrontaban, que no había necesidad de revivir el pasado. El futuro era ahora, y ellos eran diferente a los humanos, no tenían por qué seguir sintiendo apego por una piedra tallada en la tierra. Matsukawa estaba muerto, pero ellos no.
Aun así, Hanamaki siguió yendo hasta el fin de sus días.
—Sí, yo también lo hago —respondió Iwaizumi.
—También me dejo creer que hay un cielo y que Matsukawa está ahí.
Hajime se rio entre dientes.
—Eso te hace pensar en dónde estaríamos nosotros.
—Tal vez, nuestro infierno es aquí —comentó Takahiro, manteniendo su vista pegada a la fría lápida.
Iwaizumi lo miró inquisitivo, pero no dijo nada, tampoco le mencionó a Oikawa de sus palabras.
Después de eso, Tooru terminó las mejoras para su núcleo; llevó a Iwaizumi y a Hanamaki debajo de la ciudad, a través del laberinto de canales, oscuros y húmedos, y silenciosos. Llegaron hasta una cámara enorme, en medio, una máquina que ocupaba todo el espacio yacía apagada; Oikawa llegó hasta quedar frente al aparato y se dirigió a ambos.
—Éste será mi nuevo núcleo —explicó—, se lo cederé a la ciudad.
—¿Estás demente? —preguntó Hanamaki bufando, Oikawa se rio.
—Es lo suficientemente fuerte para darle energía a toda la metrópolis y a mí.
—Sólo no te sobre esfuerces demasiado —aconsejó Hajime con firme voz—. Los humanos son reemplazables, tú no.
Tooru le sonrió con calidez, pero Iwaizumi era tan amargo que no se la devolvió. Si Oikawa le daba su corazón a toda su ciudad y los humanos que vivían ahí; se terminó preguntando si había cabida ahí para él también.
Ahí todavía pensaba que su mejor amigo podía amar.
—Eso me recuerda —Oikawa llamó nuevamente su atención—: pronto inauguraremos un edificio nuevo, será una clínica especializada en ajustar los pensamientos de las personas.
—De acuerdo —aceptó Iwaizumi, ni siquiera sabía que eso era posible, pero si Tooru alegaba que era verdad, entonces debía serlo.
El ajuste de pensamiento consistía en jugar con el psique de una persona. Comenzaba con aprisionar a los ciudadanos por un tiempo indefinido, dentro de instalaciones sin ventanas, ni ranuras, encerrándolos como insectos; sin posibilidad de tener alguna conexión con el exterior, ni siquiera con luz solar. Cuando terminaban perdiendo su noción del tiempo entonces reproducían a toda hora la doctrina de Better Living, forzándolos a abrir sus ojos con pinzas, torturándolos si respondían equivocadamente preguntas sobre su lealtad.
En algunas ocasiones debían causar amputaciones de sus dedos.
Si algunos de los sujetos volvían a recaer una vez se les había llevado al Tubo –nombre del edificio en dónde ajustaban los pensamientos–, entonces debía ser purificados.
La purificación consistía en quemarlos vivos o algunas veces acribillarlos a quemarropa.
Iwaizumi se encargaba de los castigos, matando a las personas como si fueran menos que animales; atravesándolos con su espada, decapitándolos, disparándoles en sus cabezas frente a sus familiares; con la melodía de sus gritos y llantos detrás de sus oídos. Los días comenzaron a deslizarse sobre sus ojos de manera borrosa, se convirtieron en años y estos en décadas.
Hasta que dejó de ser libre, solo aparentaba serlo.
Como si cuatro paredes de cristal lo encerraran en una pequeña caja.
El siguiente acontecimiento que tornó los engranes del destino para encaminar todo en su lugar; fue cuando Kageyama escapó de su habitación.
Escapar, debía ser una palabra extremista, el pequeño androide de Oikawa había abierto la puerta, muerto de curiosidad, su mente estaba hambrienta por conocer más que esas paredes que lo enjaulaban. Como un ruiseñor aburrido en su jaula, Kageyama quería estirar sus alas por primera vez e intentar volar.
Tooru ante la idea de haber perdido a su querido bebé, estalló de preocupación.
—¡¿Dónde demonios se ha metido?! —Vociferó, ordenándole a todas las unidades de exterminadores que patrullaran las calles—. No pongan ningún dedo sobre él, solo tráiganlo de regreso.
Hanamaki y él salieron con su amigo para ayudar en la búsqueda; sin embargo lo encontraron casi de inmediato. Caminando sin rumbo cerca de la calle principal de la ciudad; a tres bloques del edificio de Oikawa.
—Oye, Kageyama —llamó Iwaizumi sonando amigable, acercándose con cautela; el androide era tan inocente como un ratón pero tan peligroso como Tooru.
Kageyama se veía fuera de lugar; estaba descalzo, vestido únicamente con una camisa blanca de botones y un pantalón del mismo color hasta los tobillos. Parecía que recién se había escapado de un hospital, pero las personas estaban tan sedadas que no le prestaron atención, siguiendo su camino sin chocar con el androide fuera de lugar.
El chico de cabello azabache giró para verlo, asustado hasta sus huesos; muy diferente al robot de ciento sesenta y dos metros con garras doradas. Hajime no esperó ni un latido para ir hacia él y atrapar su muñeca en su mano.
—I… Iwaizumi… yo… esto…
—¿Sabes lo preocupado que está Oikawa por ti? ¿Por qué escapaste?
—Yo…
—¿Podría haber sido porque Oikawa dejó la puerta abierta?
Kageyama negó.
Mentir tampoco estaba inscrito en su programación.
—Yo lo hice, Iwaizumi.
—¿Pero por qué?
—Quería ver el mundo con mis propios ojos.
—¿No es lo que Oikawa te enseña en la comodidad de tu habitación? —su tono se tornó más severo, Kageyama abría sus ojos como un ciervo asustado—. ¿Sabes lo importante que eres para él?
—Lo sé…
—Esto ha sido muy egoísta, él no ha parado de buscarte, ¿lo sabes?
—Sí.
—¿Entonces, por qué? —Hajime apretó su muñeca, pero Kageyama no se encogió.
—Porque creo que Tooru no está siendo honesto conmigo.
—¿Ah?
—Creo que tuerce los hechos a su beneficio y oculta cosas que no quiere que aprenda.
Iwaizumi lo haló hacia él, si alguien oía las palabras que estaba diciendo Tobio terminaría mal; demonios él debía hacérselo saber a Oikawa, pero quería saber qué había encendido esa chispa en el androide perfecto. Hajime eligió sus próximas palabras con sumo cuidado:
—¿Qué te hace pensar eso?
Tobio miró al suelo, a los lados, a todas partes excepto a él; como si debatiera si debía confiar en él o no, pero Kageyama no tenía idea de lo que eran las decepciones, la desconfianza y el recelo; así que cometió el error de decírselo.
—Cuando salí de mi habitación —no utilizó la palabra «escapar» porque según la perspectiva de Tobio, no había hecho nada malo—… caminé por todo el edificio porque quería encontrar a Tooru y decirle que había podido cambiar el código de la puerta, pensé… pensé que me felicitaría. Busqué y busqué por él pero no estaba por ninguna parte, aun así no me di por vencido porque Tooru me ha dicho que los cobardes y fracasados terminan tapizando el piso por el que caminamos.
Iwaizumi arqueó una ceja.
—Entonces bajé hasta el sótano, ahí encontré… un laboratorio y lo conocí a él. No… no había nadie ahí, pero él estaba tras las rejas.
Ahí se hizo un recordatorio de asesinar a los guardias que habían dejado a Kageyama vagar afuera; podía ser el edificio de Oikawa, pero no sólo por eso debían darse las libertades de ver a Destroya y no intentar pararlo.
—¿De quién estás hablando?
—Él comenzó a hablar conmigo y preguntarme cosas… cosas de Tooru y de ti y de mí.
Y como Tobio no sabía mentir le dijo todo.
—Se llamaba Ushijima —dijo Kageyama, Iwaizumi se tensó—, y él… comenzó a decir estas cosas muy tenebrosas de Tooru. Cosas como que él estaba equivocado y que sedaba a las personas para que lo escucharan y que el mundo era más verde antes y el agua caía de las nubes.
—Oh…
—Todo lo que sabemos es mentira, Iwaizumi —Kageyama apretó su camisa, acercándose a él para susurrar en su oído y como si él no hubiera vivido todas esas verdades cuando era un humano.
—Kageyama —comenzó Hajime—, según entiendo ¿confías en un extraño prisionero que ha cometido crímenes contra Oikawa más que en tu creador?
Eso hizo a Tobio pensar, mordiendo su labio con nerviosismo y ansiedad.
—Solo quería verlo por mí mismo…
Hajime se acercó con más confianza, Tobio no parecía demostrar ninguna amenaza hacia él; revolvió sus cabellos negros y acarició su cuero cabelludo, sonriéndole de la manera más cálida que podía.
—¿Por qué no lo discutimos con Oikawa? ¿Tú y yo, eh? Estoy seguro que él estará de acuerdo.
Estaba seguro que Tooru jamás aceptaría a eso, Ushijima sabía del mundo de afuera porque lo había experimentado y no acepto a consumir los medicamentos. Sin embargo, no había manera que aceptara que Tobio supiera la verdad, de nada servía ahora saberlo, pues era como llorar por leche derramada. Aun así, las palabras salieron de su boca, porque quería controlar a Kageyama lo más pronto posible, y luego… si su sistema se había corrompido, debían deshacerse de él.
Tobio mordisqueó su labio inferir y asintió, creyéndole, como un inocente tonto.
—¡Tobio, no vuelvas a hacerme eso! —exclamó Tooru cuando le vio, abrazó al androide y le dio un apretón en el hombro—. ¿Sabes qué tan preocupado estaba por ti?
—Lo siento, Tooru —Kageyama hizo un puchero—, es solo que tenía curiosidad por conocer la ciudad.
—Ah, pequeño androide, tu curiosidad es más voraz de lo que pensé —debatió, sonriendo artificialmente, sus ojos moca chocaron con los de Iwaizumi—. Ve a tu habitación, Iwaizumi y yo debemos hablar.
Por un momento Hajime pensó que Tobio haría una rabieta, sin embargo, obedeció a su creador y se retiró, escoltado por androides.
—Su curiosidad es lo que lo terminará matando —escupió Iwaizumi caminando hasta una pequeña sala de estar en su oficina, sentándose en un sillón y subiendo sus botas negras en una pequeña mesa en el centro—. Tu pequeño mesías quiere descubrir la verdad del mundo.
Oikawa se tensó.
—¿Qué «verdad»? La única verdad que existe es la que nosotros creamos.
—Díselo a él para callarlo —regresó—, ¿le programaste una conciencia?
—No es conciencia lo que lo mueve, es simple y cruda curiosidad; quiere experimentar todo en, con toda ironía, «carne propia».
—Un perro es divertido hasta que se infecta de rabia, Oikawa —dijo ásperamente—, ¿qué harás entonces?
—No es contaminación, Iwa-chan, es una pequeña rosa que está buscando florecer. La idea ha rondado mi mente desde algún tiempo, ¿cómo actuaría Tobio en un ambiente libre como la ciudad? Cumpliendo las mismas funciones que un exterminador.
—¿Quieres dejarlo libre?
—Sí. Solo haremos que olvide que vio a Ushijima.
Fue la primera vez que Oikawa «tocó» las memorias de Kageyama.
Los días siguieron iguales, sin pensar más allá de lo permitido; vistieron a Tobio con el mismo uniforme de los exterminadores y casi se hacía pasar por un androide corriente. Nadie sabía que él era realmente Destroya. Se le fue dado un apartamento no tan lejos de Tooru.
Iwaizumi perdía la noción del tiempo con cada minuto que pasaba, cuando los segundos eran más largos que los años y las décadas. Levantarse cada mañana y ver su imagen en el espejo, completamente igual, sin líneas de expresión marcadas, sin manchas dejadas por el sol. ¿Cuánto tiempo había pasado? Hajime se sentía cada día más como un robot y no como un ser humano.
Aunque… de todas formas no lo era, ¿verdad?
Pero entonces, todas las noches Oikawa venía a él y ambos retomaban esa llama que compartieron cuando tenían sangre en sus venas.
No fue hasta que volvió a cruzar caminos con él que sus pensamientos comenzaron a cambiar.
Hajime iba a entregar unos cuantos informes al edificio de investigaciones genéticas cuando el kilómetro a la redonda del edificio se sacudió desde sus cimientos, todos los trabajadores a su alrededor perdiendo el equilibrio. Iwaizumi pensó que sólo se trataba de un sismo cualquiera, sin embargo, cuando comenzó a ayudar con la evacuación, sintió otro terremoto.
Y luego una alarma.
Cuando salió del rascacielos pudo ver el cuerpo de Destroya por sobre los edificios.
Ése era Kageyama, destruyendo todo a su paso, se sobresaltó al escuchar cuando su intercomunicador sonó.
—¡Oikawa! —exclamó.
—Supongo que ya lo viste… —comentó con molestia.
—¡¿Cómo diablos…?!
—Te lo explicaré cuando lo destruya —dijo.
Iwaizumi siguió llamando su nombre sin recibir más respuesta. Se encaminó hasta el tope de un edificio para traer abajo al gigante, sin embargo, Destroya lanzó una bola de energía, reduciendo un edificio a cenizas. Iwaizumi rechinó sus dientes.
Eso sería complicado, pero todavía no tenía idea qué tanto.
Me hace feliz poder leer sus opiniones, así que siempre son más que bienvenidas en dejarme un review!
Intentaré tener el siguiente pronto.
Nos leemos luego~
