INUYASHA NO ME PERTENECE, SÓLO LA TRAMA Y LO HAGO DE DIVERSIÓN

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LA REINA DEL NORTE

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Capítulo 3

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El alto jinete que cabalgaba el enorme corcel negro, con armadura oscura quedó mirando las enormes estepas de las grandes puertas del Norte, sitio de ingreso a aquel poderoso reino.

Las banderas y estandartes de caballos ondeaban orgullosos en casi todas partes.

El hombre encapuchado entró procurando no llamar la atención, pero era imposible, por su tamaño y su altura, así como el enorme bulto de su espalda, que a leguas se notaba que era una enorme espada.

Finalmente, tres caballeros con las recias armaduras que los identificaban como parte de la guardia norteña, lo detuvieron haciéndole una seña.

No tuvo más remedio que parar.

─Para entrar a este reino, es preciso que se identifique. Bajad vuestra capucha y el arma que lleváis en la espalda. Nadie entra armado en esta zona.

El jinete sonrió de lado.

Aquello era como música para sus oídos. Le gustaba pelear, aunque fuera sin motivo. Aunque posiblemente esto le valiera ganarse un arresto, él sabía que siempre podría salir airoso.

Iba a desenfundar el arma y divertirse un poco, cuando el casco de unos caballos y una voz, muy conocida para él, detuvo sus intentos.

─Dejadlo pasar ─ordenó el recién llegado ─. Volved a vuestros puestos.

Los caballeros que habían acorralado al jinete oscuro, se apresuraron en obedecer.

El hombre encapuchado sonrió y bajó su capa al reconocer la potente voz que había dado la orden.

─Tanto tiempo…hermanito

─El hecho que seas mi hermano no te exime de los controles migratorios, Bankotsu.

─ ¿Es que acaso no puedo hacer algo de alarde de mis conexiones?,¿Qué mi hermano es nada menos que la Justicia del Rey, principal regidor de este reino? ─rió con sorna el sujeto de la enorme espada.

─No te esperaba hasta dentro de varios días, Bankotsu. Mejor acompáñame ─pidió Hiten, bajando del caballo.

Bankotsu asintió y lo siguió. Pero estaba seguro que Hiten hacia esto para alejarlo de los problemas que tanto atraían a Bankotsu.

Los dos hermanos tenían mucho parecido físico, porque eran mellizos, aunque tenían diferencias físicas como la textura de piel más clara en Hiten y las facciones en sus rostros también eran diferentes.

Pero si tenían en común la altura poco común y los ojos muy azules. También en el porte, porque Hiten, en su calidad de alto oficial, siempre vestía con las capas verdes luciendo muy elegante con ellas. Bankotsu, en cambio usaba prendas oscuras, sin ningún tipo de emblema, ya que no representaba a ninguna casa.

Era un mercenario, cazador de recompensas y peligroso espadachín. Aunque su arma favorita era una enorme alabarda, que pesaba bastante, pero que, sin embargo, él usaba con una mano con mortal eficacia.

Ambos hermanos pasaron por el mercado local, sorteando gente que deseaban venderles cosas, para llegar hacia uno de los pasillos desiertos que eran parte del cuartel de la guardia de palacio.

Hiten, siempre procuraba mostrarse recio y serio, a diferencia de Bankotsu.

Hiten adoptaba esa actitud, en parte para desechar habladurías acerca de su origen. Ya que no era norteño de nacimiento. Nació en el Este, donde vivió hasta los ocho años, cuando migró con un pariente al Norte. Su hermano se quedó con su padre en el Este.

Hiten y Bankotsu eran hijos de Suikotsu Norfolk, esa era otra de sus particularidades, ya que Labrea fue un ex miembro del Concilio de Gobierno que fue expulsado del mismo. Adujeron otras razones, pero el motivo principal era la sangre, ya que los Norfolk eran descendientes de los últimos reyes que tuvo el Este, antes de adoptar el sistema de gobierno que tenían.

Un concilio de gobierno conformado por representantes de las diez familias más importantes del Este.

A Suikotsu no le interesó aquella expulsión y se recluyó en su hogar, donde se dedicaba a practicar su vieja pasión como médico.

Pese a tener poco más de veintitrés años y una carrera forjada como mercenario, Bankotsu vivía con su padre, cuando no estaba cazando malhechores o ladrones.

El Este y el Norte eran países vecinos, con un amplio caudal fronterizo. El Concilio de Gobierno del Este estaba compuesto por incapaces y corruptos, y gran parte de su población debía arrimarse a viajar y comerciar a lugares más prósperos como el Norte, que siempre le tendió la mano a esa patria hermana.

Incluso estaba el juramento de los reyes del Norte de responder ante los pedidos de ayuda del Este, cuyas fuerzas militares eran muy débiles, por causa de la mala dirección.

Una fuerza militar que necesitaban ante la más temible de las amenazas que enfrentaban los países en la actualidad: la invasión por parte de las peligrosas hordas bárbaras.

El Este tenia fronteras abiertas y era especialmente proclive a las incursiones y saqueos de estas peligrosas tribus, que vivían más allá de las fronteras del Este.

Justamente cazar barbaros rezagados, era la actividad que más retribuía a Bankotsu, ya que en los últimos tiempos había logrado atrapar a diez peligrosos miembros de este grupo, acusados y buscados por crueles crímenes.

─ ¿A qué has venido? ─preguntó Hiten, sacándose los guantes

Bankotsu bajó su inmensa alabarda y relajó su cuello.

─Calma, hermanito. No he venido a enturbiar tu perfecta vida norteña. Vine a ver qué tan certera es una información de que tu rey paga una alta recompensa por unos sujetos de la Horda Bárbara.

─El rey estableció una recompensa por las cabezas de unos barbaros que atacaron uno de los fuertes del Norte en nuestra frontera con el Sur. Pudieron colarse de algún modo, y mi señor espera poder interrogarlos, porque si han logrado cruzar allí, es que descubrieron el modo de hacerlo.

─O que alguien les dio pase libre para cruzar ─agregó Bankotsu, con una sonrisita.

─No haremos conjeturas sin tener certeza. Ahora ya sabes lo alto de la recompensa ¿no me dirás que sólo has venido a por ello? ¿todo un viaje por algo que podías preguntarme por carta'

─Es que también me gusta incordiarte ─rió Bankotsu. No mentía en sus razones, porque le divertía profundamente el saber la incomodidad de su hermano, en su calidad de alto oficial, tener un pariente mercenario, rondando por la ciudad.

Hiten pareció suspirar algo más tranquilo.

Temía que Bankotsu, pidiera alguna audiencia con el rey Inuyasha. Bankotsu era demasiado grosero y poco dispuesto a mostrar pleitesía ante un rey. Y Bankotsu tenía un carácter que rivalizaba con el de Inuyasha. Pero como sea, su hermano solo era un caza recompensas frente a la regia presencia del rey del Norte.

─Igual pienso que hasta tu particular presencia pueda dar algo de color a la corte.

─ ¿Por qué? ─preguntó Bankotsu, sentándose en uno de los sillones de la estancia.

─Tenemos una reina nueva.

─Algo oí de eso ¿y que con ello?

─Me da lástima el modo que el rey la trata. Ha puesto por encima a su querida, poniendo en aprietos a la nueva reina. He oído, incluso que ni siquiera utiliza las cámaras de la reina, porque las ha destinado a la amante. Luego de años de sufrir bajo el yugo de una arpía como la reina madre, todos estábamos expectantes ante esta dama que llegó del Bosque Negro. Pero resulta que es otra bruja la que rige ─se explayó Hiten, ciertamente malhumorado.

Siempre había admirado a Inuyasha, pero su desacierto con las mujeres era patente. A Hiten no le gustaba Kikyo, sentía que además de inadecuada, era igual de pérfida que la reina madre.

El Norte ya había sufrido una vez bajo el yugo de una mujer insidiosa que influía en el rey. La historia no podía volver a repetirse.

─ ¿Pero al menos es bonita? ─acotó Bankotsu, tratando de aguantarse la risa de imaginarse a Inuyasha como un tonto por causa de alguna mujer.

Hiten bufó indignado. Le parecía una falta de respeto para su reina.

─Es que contigo, nunca puede hablarse en serio.

─Si me hablas de mujeres, debes de decirme si son bonitas o no. De lo contrario el asunto no me interesa. Me importa bien poco, que tu rey se deje llevar por unas faldas bonitas, pero no puedes negar que el asunto es gracioso ─rió Bankotsu.

Hiten meneó la cabeza.

Su hermano no tenía remedio.

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Kagome llevaba dos semanas siendo reina consorte, más en el nombre que en la práctica. Casi nunca veía a su esposo, salvo algún almuerzo o cena.

Nunca la llamaban a no ser de presenciar audiencias formales. Tampoco el rey había venido a reclamarla como mujer, y eso que Kagome se preparaba todas las noches, pero su esposo jamás venía por ella.

Su situación era humillante, porque Kikyo era quien mandaba, en medio de contraataques de la reina madre Margaret.

Kagome, había decidido no ponerse en el medio y ser víctima de los tiroteos envenenados de ambas mujeres. Pese a toda su calma y aparente sumisión, la nueva reina consorte del Norte era una muchacha orgullosa.

Era cierto que temía a su esposo, pero la sucesión de humillaciones hizo que Kagome fuera relajando el miedo reverencial que le tenía al rey.

Por eso, en el siguiente almuerzo que compartió con su marido, su suegra y Kikyo, tuvo una explosión incipiente de su auténtico carácter, típico de una dama del Bosque Negro.

Venía sufriendo numerosos desplantes. Y algo tenía claro. No iba a meterse en la lucha de poder entre su suegra y la amante de su esposo, pero tampoco se dejaría pisotear tanto.

Habia pensado que su marido no podía repudiarla, por ejemplo. Ella era la única infanta del Bosque Negro, apta para el rey. El pueblo norteño la aprobaba, así que Kagome decidió que al menos oirían algo de su voz.

El almuerzo era venado, y formaba parte de la caza que el rey hizo acompañado de Kikyo. Kagome odiaba ese plato, y no tenía más remedio que comerlo, sino quería morirse de hambre.

La situación era incomoda, pero ya Kagome estaba acostumbrada.

Kikyo había pasado la primera parte relatando lo bien que manejaba el arco, gracias a las enseñanzas del propio rey.

Kagome entornó los ojos.

Sabía que la reina madre contraatacaría en cualquier momento contra Kikyo, y que no lo hacía por amor a ella, sino por causar algún desplante a la querida del rey, con el único fin de sembrar discordia y cizaña.

─Hijo, he tenido una idea maravillosa ─anunció Margaret.

Inuyasha, quien daba cuenta del hidromiel, la autorizó a hablar.

La reina madre sonrió de lado, mirando de reojo a Kikyo, quien echaba chispas.

─Tenéis una nueva reina. El pueblo necesita conocerla, saber de ella, ya que nunca ha salido de las fronteras del Bosque negro. Propongo una gira por las ciudades del Norte, para que el pueblo pueda aclamarla y reconocerla como reina consorte de este país.

Inuyasha siguió comiendo, sin dar gesto de importancia ante aquella idea, pero no pudo disimular que le divertía aquel cruce entre su madre y Kikyo.

Ambas se ponían en vereda constante, y el rey se distraía con aquel jueguito tonto. Su nueva reina, no se incluía dentro de aquel empalme, esa mujer era solo un compromiso que se vio obligado a tomar.

Así que levantó la cabeza, cuando oyó claramente la voz de su nueva reina.

Sonaba segura y resoluta.

─Agradezco vuestra idea, tía. Pero no veo la necesidad de hacer una gira para que nadie me reconozca. Al solo verme una vez, sabrán que soy la reina, la única reina. Los orígenes regios no pueden disimularse y ese es mi caso. Soy la hija de un gran señor y representante de una antigua casa, así que estoy segura de portar los distintivos suficientes para no precisar ser exhibida en todo el país.

La mesa quedó en silencio, ante el inesperado arranque de Kagome. Kikyo frunció la boca, disgustada ante aquel discurso, que tenía un evidente doble fondo, porque realzaba la legitimidad de Kagome, y era un ataque directo a su bastardía.

La reina madre Margaret también quedó boquiabierta ante la intervención de Kagome.

También era un reproche para ella, porque no tomaba en cuenta su idea. Y además le resultó molesto que recalcara que ella, era la única reina. Ella y nadie más.

Kagome estaba exacerbada. Pero Kikyo y la reina madre quedaron mosqueadas.

Pero quien quedó impresionado ante aquella demostración de carácter fue Inuyasha, quien dejó su copa, para reparar en la dueña de la voz enérgica, desconocida para él hasta ahora.

Su tono de pelo, el color de su piel y lo aguerrido del fuego de sus ojos eran patentes.

¿Cómo es que no lo había notado?

Por primera vez, el rey notó que Kagome, su nueva reina, además de bella, no era la mujer aburrida que pensaba que era.

CONTINUARÁ


MUCHAS GRACIAS POR SU APOYO, LA REINA DEL NORTE PARECE ESTAR GUSTANDO, Y AGRADEZCO A AR TENDO POR LA PROMO EN SU PAGE Y A JO CHAN, QUE COMENTA PESE A ESTAR EN ESPAÑOL.

INUYASHA SUFRIRÁ SE LOS JURO.

PERO EL FIC ES BANKOTSU Y KAGOME, PERO eso tardará bastante, les contaba que el fic tendrá 30 capis y querrán matarme en algún momento. Ustedes saben que actualizo pronto, porque la idea es acabar el fic rápido.

les mando un beso.

Paola.