¡Tenga un muy feliz viernes!
Capítulo corregido por mi beta Ren.
The Kids from Yesterday
—Despierta…
…
—Shouyou, despierta…
El mismo sueño de siempre. Su dulce hermana llamándolo, el olor de la comida de su madre permeando su hogar. Tenía veinte años y se había vuelo adicto a escuchar las noticias del Doctor Desafiando a la Muerte.
—¡Shouyou, deja de ser un perezoso y ve! —lo llamó Natsu.
Su cuerpo se sentía como si pesara toneladas, además tenía un cansancio profundo que roía hasta sus huesos, como nunca había experimentado; pero su hermana lo llamaba y él debía atender a ella.
Abrió sus pesados parpados y se encontró con los gigantes ojos marrones escondidos detrás de una cascada de largas pestañas. Natsu sonrió al ver que por fin obtenía una respuesta de su flojo hermano.
Con holgazanería y cansancio, se apoyó en ambos brazos para levantarse; el crepúsculo en el horizonte fuera de su ventana parecía lejano, su cuarto estaba teñido de azafrán. Un resplandor de sosiego empapaba esas cuatro paredes, Hinata las conocía bien, él había crecido en ellas.
Su hogar era pequeño. Debía compartir su habitación con su hermana desde que ella había nacido –cosa que jamás había reprochado–, las comodidades siempre habían sido escasas, pero Shouyou lo comprendía.
Natsu daba pequeños saltos frente a él, guiando el camino, estaba satisfecha de haber logrado su cometido de despertar a su hermano.
Llegó al comedor –que también era la cocina y la habitación de su madre– y fue recibido por un plato caliente de frijoles enlatados. El aroma era tan delicioso que lo tomó por sorpresa; nunca había sentido tanta hambre como en ese momento.
Tomó una cucharada llena y lo llevó a su boca con entusiasmo. Podían ser frijoles enlatados, pero su madre tenía la curiosa facilidad de hacerlo delicioso.
—¡Mamá, Shouyou olvidó hacer su cama otra vez! —lo expuso Natsu con una sonrisa traviesa, propia de una niña quizás demasiado lista para su edad.
—¿Es cierto eso? —devolvió su madre, con picardía y calidez, como si ella ya supiera la respuesta, pero quería escucharlo venir de su boca.
—¡Lo haré después del desayuno! ¡Lo prometo! —aseguró.
Su madre se acercó y revolvió sus salvajes cabellos; Shouyou se inclinó de inmediato al toque, aunque una fracción de él se arrepintió al escuchar las risillas de su madre.
—¿Shouyou, que te ha pasado? —cuestionó su progenitora—. No es propio de ti ceder ante… ¿Cómo lo pusiste? «Las niñerías sentimentales que un killjoy no debería sufrir».
¿Él había dicho eso? Qué extraño… Sentir el cálido toque y el aroma propio de su madre se habían sentido tan irresistible, jamás soñaría con apartarse de ellos.
En lugar de molestarse o reprenderlo, le besó su frente. Shouyou estuvo cerca de derretirse.
Sin darse cuenta terminó su comida en segundos, pero su hambre no parecía haber menguado ni un poco. Aunque dejó de pensar en eso al encontrarse hipnotizado por unos minutos; el tintineo de platos chocando uno contra otros, el olor del crepúsculo, los minúsculos fragmentos de polvo reflejados por el resplandor correteando. Todas esas sensaciones…
Era como si nunca se hubiera movido de ese lugar.
—¿Quieres repetir?
—¿Eh?
—Porciones —sonrió su madre—. ¿Quieres repetir porciones, Shouyou?
La sonrisa contagió todo su rostro, de oreja a oreja. El repetir porciones se reservaba para ocasiones especiales, como su cumpleaños. Ese debía ser un día especial.
—¿Puedo? —preguntó, queriéndose asegurar.
—Por supuesto. Después de esa pelea, debes recobrar tus fuerzas.
—¿Uh?
¿Qué?
—Acabar con un sicario de la lista personal de Tooru Oikawa dejaría a cualquiera con un apetito voraz.
—¿Oi…?
Un golpe en la puerta lo interrumpió, tres golpes para ser exactos. Un invitado que esperaba entrar.
—¡Oh! Ahí está, pensé que no podría acompañarnos esta tarde.
Habían pasado varios minutos, pero el tiempo no parecía moverse; los rayos solares no aumentaban ni menguaban, y por primera vez se dio cuenta… todo parecía de ensueño.
¿Estaba durmiendo?
No lograba pensar en otra cosa que no fuera su familia. Había algo más, lo sabía; Shouyou conocía algo más pero su cerebro no lograba hacer coincidir ambas piezas del rompecabezas.
Su madre se acercó a la puerta dispuesta a abrirle a su invitado, mientras que Natsu se reía con alegría infantil. Aplaudía con emoción, pero en sus oídos se escuchaban como ecos; cada palmoteo igualando un latido nervioso de su corazón.
—¡Sí! —saltaba su pequeña hermana— ¡Nos acompañará para la cena otra vez! ¡Hace mucho que no nos visita!
Una silueta sin forma se erguía inescrutable cuando su madre abrió la puerta. Hinata no discernía de quién se trataba, sin embargo, la quietud surreal no se sentía perturbada; sus sentidos no se alertaron, sus defensas no saltaron.
Su nuevo invitado no presentaba amenaza para ellos.
El visitante era… peculiar, por decir lo menos.
Era más alto que Hinata, mucho más alto que…
Que…
No sabía a quién quería recordar, así que regresó sus pensamientos al nuevo acompañante.
Usaba una máscara tribal con agujeros negros en sus orbitas, aunque no se apreciaban ojos en la negrura detrás de la careta. Líneas verticales y pequeñas adornaban la hendidura donde su boca estaría; Shouyou las contó: cinco y de diferentes tamaños.
Estaba cubierto con un enorme abrigo negro; pero descubría sus brazos hasta los hombros y los muslos. Tenía extremidades humanas, envueltas completamente con vendas viejas y roídas; cada falange de la misma manera. Cuando la figura dio un paso, un par de fragmentos de su enorme abrigo negro se desprendieron de él, comenzando a balancearse de lado a lado, cayendo con suavidad; aunque estos se esfumaron a simple vista antes de tocar el suelo.
Caían como si fueran plumas.
Eran plumas notó Shouyou; era un abrigo de plumas negras.
—Natsu, hija, prepara una silla.
—¡Sí, mamá! —respondió contenta su hermana.
Hinata no sabía si él era el único desconcertado por el aspecto de esa figura, aunque eso era lo que parecía.
—Shouyou Hinata —carraspeó el nuevo invitado.
Su voz era tan insólita como su apariencia, pero no lo hacía sentir intranquilo.
—¿Quién eres tú? —fue lo único que se atrevió a decir.
—¡Shouyou! —exclamó su hermana—. ¡Muestra un poco más de respeto!
La criatura levantó una mano vendada con sosiego y Natsu guardó silencio.
—Acompáñame, Shouyou.
Sin esperar más, la figura salió por la puerta; Shouyou miró a su madre y a su hermana… sentía como si hacía siglos no se hubiera reunido con su familia; ¿y dejarlos tan pronto?... Dudó por un momento; no obstante, su instinto le gritaba que debía caminar con el extraño invitado.
Así que salió de su hogar, de esa pequeña choza destartalada y vieja, situada en medio del desierto.
Pero su estómago se revolvió.
Ese no era el desierto.
Estaba en Ciudad Batería.
¿Era… era eso Ciudad Batería? No podía ni siquiera hacerse pasar por una metrópolis de una zona lejana; tenía el aspecto de un vertedero.
Oh, Dioses.
Entonces lo recordó todo.
Better Living.
Los killjoys.
Destroya.
Oikawa arrancando su brazo.
Y Kageyama.
Bajó la mirada de inmediato, buscando con frenesí, su sangre corría, pero sus pies se sentían tan pesados como si dos bloques de concreto lo arrastraran al centro de la tierra. Aunque nada fue peor al darse cuenta de la realización que…
Su brazo estaba en su lugar.
—¿Quién eres? —repitió con su garganta tan seca como el desierto que lo vio crecer.
—Voy por muchos nombres, pero ustedes, chicos del ayer, me conocen como Bruja Fénix.
—¡La… la recolectora de las almas de los rebeldes! Nuestra… nuestra… cuidadora… eso… significa —un pensamiento sombrío, pero el más cuerdo que había tenido desde que llegó ahí se apoderó de su mente—: ¿estoy muerto?
Miró hacia atrás pensando en lo mucho que eso explicaría. Ver de nuevo a su madre y a su hermana había sido maravilloso. Su corazón se hundió cuando se dio cuenta que su hogar realmente había desaparecido, esfumado como el humo después de un incendio.
—Acompáñame, Shouyou Hinata, tal vez puedas aprender algo.
Mantenía sus ojos en donde antes había estado su hogar; sus huesos dolían con nostalgia y arrepentimiento, su corazón quería regresar con su familia; por años las había extrañado, soñaba con ellas, regresar a esa pequeña casucha con las dos mujeres que habían significado su mundo entero.
La Bruja Fénix no esperaba por nadie y había comenzado a alejarse, empujando una oxidada carreta de metal; dejando un camino de plumas negras que desaparecían tras unos segundos.
Mordiendo sus labios, cerró sus ojos; apuñándolos con fuerza y se obligó a girar. Su madre y su hermana eran su familia de sangre; pero ahora contaba con una familia en armas. Era un killjoy, y en ese momento sus hermanos estaban siendo exterminados con los segundos. Hinata caminó a paso rápido, alcanzando al extraño ser de piernas y manos vendadas.
Logró alcanzarla, cuidaba sus pasos de los escombros en el camino, los ladrillos y pedazos de chatarra. Hubo una explosión a un bloque de distancia a su derecha, pero el estallido sonó amortiguado. La Bruja Fénix surcaba como si levitara, no movía sus piernas, pero avanzaba con rapidez; mientras llevaba el carrito de metal.
Hinata tenía un millón de preguntas, pero antes que abriera la boca, la bruja se acercó a un cuerpo tendido boca abajo sobre el suelo; su corazón se detuvo al caer en cuenta que se trataba de Kinoshita.
Una nauseabunda laguna de sangre rodeaba su cabeza.
—No… —murmuró bajo su aliento, sus piernas se movieron por sí solas y caminó a ver a su hermano.
La Bruja Fénix se acercó a su cabeza y recogió su máscara con movimientos gráciles, sus finos dedos envueltos en vendas rotas desataron la careta; el cuervo había descubierto su rostro y había usado su máscara en la sien. La bruja la colocó en su carreta y fue hasta entonces que Hinata notó las otras máscaras que ella había recogido.
Reconoció la de Amanecer Tóxico.
Eso significaba que…
—¡No! ¡No! —gritó mientras corría hacia la máscara, intentando tomarla en sus manos—. ¡Asahi, no! ¿Cómo…?
—Tranquilo, hijo mío, su alma descansa ahora.
Dichas las palabras reanudó su camino sin ver atrás; a Hinata no le quedó más remedio que seguir.
Fue entonces que el S.C.A.R.E.C.R.O.W. que lanzaba espinas cayó de golpe al piso, tenía la mirada al frente, directo hacia Shouyou, sus instintos reaccionaron como relámpago y movió todo su cuerpo, intentando alejarse de dónde venía la amenaza. El ciborg marchaba con letal firmeza; la fuerza de ese monstruo era enfermizamente conocida, aun podía escuchar el disparo de miles de espinas siendo lanzadas a todas direcciones.
En menos de un segundo estaba frente a él; Shouyou no podía, era humanamente imposible huir, estaba acabado. Fútilmente, en un intento desesperado, Hinata cubrió su rostro con sus brazos, dispuesto —o mejor dicho resignado— a recibir lo que fuera que el ciborg le lanzara.
Pero las espinas lo atravesaron, creando un trayecto ininterrumpido y recto. Hinata estaba seguro de que su boca estaba tan abierta que su quijada debía estar en el piso.
Sí estaba muerto.
—¡Por la Bruja Fénix! —gritó con todas sus fuerzas.
Oikawa lo había matado.
—Tranquilízate —ordenó la Bruja, como si él no fuera más que un niñato arrojando una rabieta, por un dulce que se había caído al piso.
—¡¿Estoy muerto?! —volvió a vociferar, hasta que su garganta dolió.
La Bruja Fénix lo encaró, los huecos vacíos de su máscara taladraban su alma, ella se giró al siguiente instante y siguió en su labor de recoger más máscaras.
—No exactamente —dijo dándole la espalda—. No podía tomarte en este momento. Tu viaje no ha terminado todavía.
—¿Viaje? —repitió— Pero… pero ¿qué hay de Asahi?
—Aun tienes una misión que cumplir —regresó.
—¡Asahi! —Hinata era testarudo, no podía evitar pelear, aunque fuera con la bruja del desierto—. Él es más importante que yo… Él… él ha ayudado mucho en esta guerra.
—En eso tienes toda la razón, su misión para equilibrar esta guerra ha terminado.
Sus ojos ardieron y comenzaron a humedecerse, la impotencia sacudía sus huesos. ¿Su papel? Su papel siempre había sido ser un peso para alguien más.
La misión hacia Ciudad Batería…
Haber escapado de BL/ind…
La expedición hacia la Zona 43…
Alguien más siempre lo había terminado cargando.
Un golpe lo sacó de su ensimismamiento fue el suave impacto del pavimento en sus rodillas y una salada lágrima cayó en el dorso de su mano.
—¿Mi misión? —preguntó sin pensarlo.
La Bruja Fénix se paralizó, de una manera antinatural; como si se hubiera convertido en un maniquí sin vida. Dejó a Shouyou desconcertado y nervioso, tal vez había cruzado la línea. Nunca aprendió a guardar silencio y su boca lo había metido en tantos problemas que ya no tenía sentido contar.
—Hazlo o muere, cuervo; el mundo nunca tomará tu corazón. Muestra tu cicatriz y da un grito por todos los quebrantados.
—¡Solo soy un hombre, no un héroe! —gritó— ¡Solo un chico que terminó metido en todo esto!
¿Por qué cuervos más importantes que él habían acabado muerto? Yamaguchi, Daichi, Asahi…
—El mundo está podrido —dijo con voz ancestral; regresando al mismo semblante de antes—. ¿Crees que exista manera de salvarlo?
La pregunta era una prueba y él lo sabía; pero ahí, estando al borde, entre los vivos y los muertos era difícil pensar como lo hacía antes. Como cuando lo encontraron divagando en el desierto. La bruja se acercó, mirándolo hacia abajo; Inferno limpió las lágrimas de sus ojos.
—Espero tu respuesta, Shouyou Hinata.
Los recuerdos comenzaron a dispararse en sus ojos como rayos de metano en una tormenta de arena. Los sueños, su madre y hermana. Abrió sus ojos inmensurablemente y se encontró con la mirada de la Bruja, comprendiéndolo.
Ella había querido preguntárselo desde hace mucho.
«El mundo está podrido, ¿crees que exista manera de salvarlo?»
Sabía cuál era la respuesta ahora.
Pero no…
No podía ser…
La Bruja Fénix volvió a darle la espalda, caminando sobre el aire en medio del campo de batalla.
—Todos tenemos una misión en esta tierra, Shouyou Hinata.
Parpadeó y al siguiente momento Ciudad Batería había desaparecido; regresaron al desierto, su hogar.
No todos nuestros papeles son glamorosos —continuó—. Algunos se tratan de recorrer ruinas y recoger las almas de los caídos. Otros, de perderse en el camino, sufrir torturas inimaginables y cometer actos atroces sin humanidad. Morir por un amor tan consumidor como un agujero negro y perder su alma en el camino. Enseñar el camino de liderazgo a su sucesor aun cuando eso signifique ceder su lugar.
Todos tenemos un destino; y el tuyo, desde tu nacimiento, fue clave para este momento.
Shouyou miró frente a él, detrás de la bruja estaba una silueta de pie. Las lágrimas salían solas a medida que subía sus ojos.
Primero sus botas, luego sus rodillas.
Un sollozo murió fuera de sus labios cuando reconoció los brazos; uno de ellos era un esqueleto mecánico. Sus ojos subieron hasta ese rostro tan familiar que ya estaba tallado en su memoria.
Kageyama.
El chico susurró unas palabras, que no terminaron de hacer sentido en su mente; intentó acercarse en contra de sus instintos.
«Te encontraré cuando el sol se oscurezca.»
Ese era su destino.
Siempre lo había sido.
—Tu viaje no ha terminado —repitió la Bruja Fénix.
Debía salvarlo.
—Deprisa —susurró, apareciendo a su lado en una fracción de un segundo a otro.
La Bruja Fénix levantó una mano enrollada en vendas y empujó su pecho; todo su cuerpo fue recorrido por una insoportable corriente de electricidad, tan dolorosa que no pudo gritar. Shouyou dio un paso atrás, recobrando su equilibrio antes de caer al piso.
Antes que levantara sus ojos, ella hizo lo mismo, empujando su pecho. La electricidad quemaba sus arterias, sentía como si su tórax estuviera a punto de fracturarse.
—Oye… —musitó débilmente, ¿por qué ella lo estaba atacando? —… para…
—¡A un lado! —gritó ella sin escucharlo y volviéndolo a hacer. Esa vez fue tan fuerte que perdió su balance y cayó al piso acostado.
Fue recibido no por la tierra del desierto, sino por una cama.
—¡Ya tengo pulso! —gritó alguien; había dejado de ser la voz de la Bruja Fénix, era más barítona, como si le perteneciera a un hombre.
Abrió los ojos de golpe y levantó su espalda de la camilla.
—¡Hinata, espera! —urgió con premura Chikara—. Ya estás bien.
—Ennoshita… —musitó él con grava en su garganta— Ennoshita… la bruja… —susurró.
—Descuida ya te tenemos. Tuvimos suerte de encontrarte… pude detener el sangrado, pero entraste en paro…
¿Sangrado?
Miró a todas partes, Silencio Infeccioso tenía las dos palas del desfibrilador y él era rodeado por abejas encargados del área de heridos.
El dolor insoportable regresó como la mordida de un demonio en todo su cuerpo; cerró los ojos para intentar soportarlo y concentrarse en recordar qué era lo que había pasado. Buscó con desesperación y bajó su mirada: su brazo faltaba, pero ahora estaba cubierto por vendajes blancos; había una venda cubriendo todo su torso.
Parpadeó una, dos, tres veces y comenzó a bajarse de la camilla.
—¡Hinata! —exclamó Ennoshita con alarma—. ¡Necesitas quedarte acostado, debes descansar estás en muy mal estado!
Sol Inferno no escuchaba, intentando reagruparse. Tenía una misión… un destino. Todos los eventos en su vida, tanto los insignificantes como los grandes, lo habían llevado a ese lugar. Sabía que su cerebro no había procesado completamente el haber perdido un brazo y ser atravesado por quién diablos sabía qué; pero por primera vez, su habilidad para no pensar, le fue útil.
—Necesito algo para el dolor —miró al médico ignorando las protestas de éste.
La manzana de Adán de Silencio Infeccioso se movió de arriba abajo, y sus ojos se abrían con sorpresa. Hinata no tenía idea –y francamente no le importaba– como lucía en ese momento, pero Ennoshita retrocedió en sus intentos de hacerlo entrar en razón.
—¡Necesito algo para el dolor! —gritó, tan alto que su voz se quebró.
—No puedo hacer eso —detuvo, sin sonar completamente seguro—. Has… Has perdido mucha sangre, tu herida parece no haber afectado algún órgano importante, pero necesitas guardar reposo.
Shouyou movió su cuerpo, ignorando las protestas de cada músculo, aun así, se obligó hasta alcanzar al médico y halar del cuello de su camisa hasta acercarlo a su rostro y decir con voz cuidadosa y sin un atisbo de vacilación.
—Necesito llegar a Kageyama, necesito detener a Oikawa, ¡Perderemos la minúscula oportunidad de ganar esto si me quedo aquí por un segundo más! ¡Qué importa mi vida si puedo salvar a todos!
El médico de cabello negro se sobresaltó y lo escuchó sin titubear, Hinata no se movió hasta que Ennoshita desvió sus ojos y se giró: comenzando a buscar frenéticamente un frasco en medio del anaquel provisional que habían instalado para el área de heridos. Encontró un pequeño bote de vidrio color ámbar y regresó con Inferno; con el pasar de los segundos, el dolor en todo su cuerpo incrementaba en intensidad, pero también los recuerdos de su vívido encuentro en el limbo con el ser que se hacía llamar Bruja Fénix.
Ennoshita terminó de extraer el fluido incoloro en una jeringa y se dirigió a él.
—Esto es morfina, pero debes tener cuidad…
Chikara no pudo dejar salir las últimas palabras, cuando Inferno tomó la inyección y sin pensarlo por un segundo, se ensartó la aguja en el muñón imprevisto que el médico había dejado. La minúscula cánula atravesó la gasa con pequeñas tinciones rosas con facilidad; Inferno lo sintió menos que la picadura de un mosquito, en ese momento era difícil sentir algo más que el desgarrador y atronador dolor de su brazo faltante.
Saltó de la camilla y perdió el equilibrio de inmediato, su mirada se oscureció y tuvo que parpadear algunas veces para enfocarse. Aun así, intentó no demostrarlo, tenía asuntos que arreglar de inmediato.
—¡Kenma! —gritó, sin mirar otra vez a Ennoshita—. ¡¿Dónde está Kenma?!
Al recorrer el área de heridos, notó que los lesionados en su lado eran incluso más de los que habían pensado. De una pared a otra, en la carpa que habían instalado, se llenaban de camillas y en cada una: una abeja o cuervo con ropa ensangrentada o en peor estado que él.
—Kenma está afuera, renacuajo —le respondió una frágil pero familiar voz—. Se me dificultó un poco alejarlo de mi lado… pero los killjoys lo necesitan más que yo.
Kuroo tenía vendajes blancos a lo largo de sus brazos y piernas, incluyendo también uno alrededor de sus ojos.
No lucía nada bien.
—Kuroo…
—Ve, renacuajo —urgió, con su siempre presente sonrisa socarrona—, sea lo que sea, te escuchas como si tuvieras prisa.
Asintió, decidido a escucharlo; Pantera tenía razón, él debía correr. Inferno emprendió carrera, pero antes de cruzar la entrada de la carpa, Tetsurou volvió a hablar con él.
—Hinata… —pausó— Si ves a Tsukki… Dile que tenga cuidado, que yo estoy bien.
Afirmó con toda la solemnidad que podía reunir y salió de la carpa; no sin antes recorrer sus adentros. Estaba colmado de heridos, pensó con corazón pesado; eso no lucía como si estuvieran ganando esta guerra. Hinata mordió su labio inferior hasta que dejó de sentirlo; apuñó sus ojos y se dispuso a buscar al cuervo que necesitaba.
Su boca dio un pequeño tirón al ver ese cabello rubio que se hacía oscuro en la raíz; añoraba ver a alguien tan familiar. Desde que había empezado el día, el único rostro familiar había sido el de Kageyama y después de todo por lo que había pasado, ver a Kenma era como beber un enorme vaso de agua fría.
Si tan solo pudiera quedarse ahí.
Le dio un pequeño toque en su hombro para llamar su atención, la felina mirada aguda de Sombra se enfocó en él y antes de registrar más fue empujado hacia atrás. Kozume lo abrazó tan fuerte, calor, familiaridad y alivio envuelto en sus brazos; Shouyou no podía evitar sentirse culpable.
Culpable porque mientras más tiempo tardaba encontrando lo que debía, más abejas y cuervos perecían a manos de Oikawa.
—Kenma —tomó al rebelde de sus hombros para verlo al rostro—, necesito que me ayudes a encontrar a Kageyama.
Visiblemente Kozume palideció.
Movió su rostro de lado a lado.
'No'
—Está con Oikawa —fue una afirmación más que una pregunta, no podía imaginar que había ocurrido después que él había perdido el conocimiento; cuando el dictador le hizo… eso.
Sombra asintió con premura y temor.
—Necesito que me guíes donde ellos. —Ahora tenía una misión, la visión que tuvo de la Bruja no podía haber sido un simple sueño. Él tenía un papel que jugar todavía, por eso no había muerto, por eso el dictador no había podido acabar con él—. ¡Es urgente!
Kozume negó nuevamente y señaló un monitor a su derecha; trabajando en él estaba Shibayama, un chico tímido, casi de su estatura con cabello azabache. En los monitores se desplegaban mapas de Ciudad Batería, del suelo y del subsuelo; al lado de estos, números que cambiaban con los segundos, era complicado de entender.
—Hay una concentración masiva de estática en esa zona —explicó Shibayama con premura—. Proviene de dos fuentes diferentes, justo encima de… —las palabras quedaron atoradas en su laringe, hasta que las forzó afuera—… encima del núcleo del dictador.
'Es una bomba de tiempo' Escribió Kenma en la computadora.
Shouyou memorizó donde estaban, sin escuchar las advertencias de ambos rebeldes, se dirigió a la salida rápidamente.
—¡Inferno! —gritó Shibayama, deteniéndolo en su paso, Hinata miró hacia atrás; no había manera que sus compañeros lo detuvieran; cuando algo se metía en su mente, Shouyou hacía lo imposible por conseguirlo y ellos lo sabían—. Noya ha activado la bomba, tienes quince minutos; la señal de advertencia sonará cuando queden cinco.
Asintió y comenzó a correr.
Ninguno pudo moverse.
Tanaka miraba con miedo paralizante a todos los cuervos y abejas que estaban alrededor; incluso los exterminadores y draculoides se habían congelado. Todos estaban atónitos, mirando con espanto al S.C.A.R.E.C.R.O.W. reducir al sicario de su mismo bando a una papilla de sangre y carne.
Después que él asesinara a Semi con su guadaña.
¿Pertenecía a su vida pasada?
Semi había mencionado buscar a alguien en Ciudad Batería.
Las preguntas y conjeturas debieron parar ahí, el S.C.A.R.E.C.R.O.W. de cabello rojo se ponía de pie; si conocía a Eita desde antes, podía ser que lo hubiera reconocido, pero si algo había aprendido Ryuunosuke en toda su vida en el desierto, era que todos eran sus enemigos hasta probar lo contrario.
El ciborg corrió hacia Sugawara, hacía unos minutos había alcanzado su antebrazo y quería terminar su trabajo. Tanaka cargó su escopeta y le apuntó a su cabeza. El impacto fue grave, la bala dio en su sien y voló una porción de su cráneo y cerebro. Su cuerpo fue arrojado por la fuerza a un lado, pero se volvió a poner de pie; seguía riendo cuando los pedazos volvieron a su lugar y la bala fue expulsada.
Ya sabían a lo que se enfrentaban, estaban listos para este S.C.A.R.E.C.R.O.W. pero demonios, Tanaka habría preferido a cualquier otro. Nishinoya y Tsukishima le habían narrado con vivo detalle lo terrorífico que era, lo mucho que esa risilla enervante se quedaba adherida a su cerebro; y cada vez que cerraban los ojos podían visualizarlo frente a él, pensando si al siguiente segundo sería rebanado por sus brazos o piernas.
Kiyoko volvió a dispararle a su rostro; el proyectil le dio en medio de los ojos, haciendo volar el hueso frontal, aún seguía riendo.
—Noya —llamó Ryuunosuke; el creador de bombas saltó de inmediato, encogiendo sus brazos. Terror notó que Chispa no dejaba de ver al S.C.A.R.E.C.R.O.W.—. ¿Te encuentras bien?
—¿Qué? —sus palabras tomaron un par de segundos en hacer sentido—. ¡Sí, definitivamente! Debemos acabar con ese ciborg y los draculoides, el tiempo corre, no sabemos cuánto tiempo Kageyama podrá detener a Oikawa.
—¿Estás seguro? Te ves un poco… inusual, Chispa.
—¿Inu…? —dejó salir aire por los labios—. ¿De qué hablas? ¡Estoy emocionado por probar esté bebé! —le dio unas cuantas palmadas a la maquinaria que tenía frente a él.
Terror sabía que había más verdad en esa oración de lo que Yuu decía, pero no presionó.
—Necesito que me cubras —le informó Chispa—, llegó la hora, Ryuu; Suga ya dio la orden.
Hacía mucho tiempo que no veía a Noya tan mesurado; asintió, los minutos que debían darle a los de la Vanguardia ya habían pasado. La ventaja que Kageyama y Hinata tenían que conseguir debía bastar hasta ese momento; la suerte de lo que pasara ahí arriba estaba echada.
Ahí abajo escuchaban explosiones, demasiado lejanas como para ser subterráneas, pero hacían vibrar demasiado la tierra como para tratarse de bombas a manzanas de distancia. Ryuunosuke solo podía imaginar cómo debía verse la ciudad; habían hecho caer a Destroya, pero el poder destructivo de Kageyama era similar o peor al de Oikawa.
—¡Rápido! —ordenó Sugawara, la herida de su brazo no paraba de sangrar, apelmazando la manga de su chaqueta a la piel—. ¡Todos a la vez! ¡Qué no quede nada de ese monstruo para regenerar!
Volvió a cargar y al lado de sus hermanos, desataron una lluvia de balas de la cual la mismísima Bruja estaría orgullosa.
No fue hasta que las luces de toda la enorme pieza se apagaron sin más aviso; lo único que mantenía su lumbrera, era el núcleo del dictador. Tanaka no veía nada más que el resplandor y siluetas de lo que estuviera más cerca del centro de la pieza. Todo tenía un tenue resplandor neón y sus miedos se incrementaron el doble.
No había manera de ver al S.C.A.R.E.C.R.O.W.
Algo lo tomó de sus hombros y se lanzó a cerrar su garganta con sus manos; era un draculoide, su oponente atacaba lo único que veía, Tanaka maldijo para sus adentros e intentó zafarse; empujó el cuerpo hacia uno de los barandales y logró arrojarlo hacia donde fuera que terminara ese abismo.
Su adrenalina estaba al límite, sin pensarlo vio a la negrura de abajo, no tenía fondo, eso lo aterraba más.
Escuchó el enervante sonido de dos cuchillas chocando, creando pequeños destellos al ser friccionadas. En ese instante la energía regresó y efectivamente, el ciborg corría hacia él; Tanaka disparó a su rostro y el S.C.A.R.E.C.R.O.W. saltó hacia adelante, aterrizando con sus manos e impulsando su cuerpo para cortar con sus pies.
Terror se movió a un lado, esperando –deseando– que el ciborg cayera a su muerte, no obstante, no fue así. En el último momento, las cuchillas cambiaron de forma a un par de pies y aterrizó en el pasamano, impulsándose hacia atrás.
—¿Un corte de energía? —quiso saber Suga, comunicándose con los miembros de Informática en el campamento.
—No lo entiendo muy bien —respondió Shibayama—, esto no tiene sentido… el núcleo de Oikawa se está comportando… extraño.
—¿Extraño? —demandó saber Terror—. ¡Necesitamos algo más exacto que la palabra «extraño»!
—Desde hace unos minutos el núcleo comenzó a desestabilizarse, tiene picos de lectura muy altos de estática, y me refiero a muy altos.
—Tiene turistas no invitados dentro de su ciudad —esta vez fue Kiyoko, daba su opinión mientras esquivaba las estocadas erráticas del S.C.A.R.E.C.R.O.W.—. No parece algo extraño.
—¡A eso me refiero! Pero los picos altos en la lectura no comenzaron cuando entramos a Ciudad Batería, ni siquiera se elevaron tanto cuando lanzó la bola de energía dirigida a Destroya.
Las luces no se apagaban, sin embargo, menguaban, perdiendo fuerza de vez en cuando.
—¿Entonces…? —preguntó Tanaka.
—Es Kageyama —concluyó Suga, sin necesitar del chico de Inteligencia—. Kageyama está enfrentándose a él.
Un zumbido que nadie había notado comenzó a hacerse más y más alto cada vez, hasta que dejaron de escuchar sus voces, los radiotransmisores solo reproducían estática sorda; el ruido impedía comunicación con los cuervos de arriba. El ciborg paró de inmediato, paralizado de un segundo a otro, clavó sus cuchillas en su cabeza como lo hizo cuando mataron a Semi.
Luego una ráfaga de aire caliente los azotó, la temperatura subió de golpe y su frente se perló de gotas de sudor, el oxígeno parecía acabarse. Como si esa gigante bola de energía absorbiera todo lo que tuviera alrededor.
Después, libero toda la energía.
Un rayo partió del núcleo hacia la superficie, tenía un ancho de cinco metros y atravesó el suelo; fragmentando la corteza completamente. No había dónde mirar, pero estaba seguro de que llegaba hasta el exterior e incluso hasta el cielo. El suelo se movía de lado a lado, como si en cualquier momento la plataforma en la que estaban fuera a ceder y ellos caerían al abismo.
Nadie se movió, tanto killjoys como abejas miraban el obelisco de energía pura; estaban seguros de que jamás volverían a ver algo así en toda su vida.
La centella cesó y con ella el zumbido y el calor.
Aun sentía que le faltaba el aliento y quizás su mente aún no procesaba lo que acababa de pasar.
El zumbido no había parado del todo y las luces seguían dando su lumbrera intermitente. Estallidos comenzaron a salir del núcleo, pequeñas llamas que no salían de su campo de gravedad, pero que se hacían grandes con cada minuto que pasaba. Ese lugar se tornaba más peligroso con los segundos.
El S.C.A.R.E.C.R.O.W. rompió de la niebla en la que se encontraba y comenzó a atacar otra vez, rebanando todo lo que estuviera a su paso. Los radiotransmisores volvieron a funcionar y pudieron comunicarse nuevamente con los cuervos de arriba. No obstante, el núcleo seguía sin estabilizarse, estaba siendo sometido a niveles titánicos de estrés.
—¡Está listo! —anunció Nishinoya y activó la cuenta regresiva.
La alarma sonó, la cuenta regresiva había comenzado a moverse y la bomba estallaría en quince minutos. Debían salir, pero el ciborg ni siquiera comenzaba a cansarse; no podían reagruparse e idear un plan, no podían ni pensar.
Siguieron atacándolo, Kiyoko contaba con el lazo de Yachi y parecía que la mortífera killjoy solo necesitaba un par de minutos para volverse experta con cualquier arma que blandiera. Debía haber nueve personas ahí abajo, cuatro killjoys y cinco abejas. Sin aviso nuevamente, las luces del subterráneo se apagaron, Tanaka solo escuchó el corte de las cuchillas y líquido ser derramado en el suelo.
Las luces se encendieron otra vez, esa vez hubo un cuerpo en el piso, rodeado de sangre fresca.
Era una abeja.
Tanaka creía que no debía ser el único aliviado al no ser elegido por el S.C.A.R.E.C.R.O.W. porque sabía que era virtualmente imposible eludir los ataques en la negrura del apagón.
Pero fue su turno de atacar y las balas no se regeneraban; y parecía que Nishinoya se había quedado sin bombas. Aun así, siguieron atacando, el S.C.A.R.E.C.R.O.W. se acercaba a uno, pero era atacado por los demás, mientras ellos contaran con luz, podían seguir.
El informe que Tsukishima había redactado de su lucha con ese ciborg al lado de Akiteru, y su sola recolección de los hechos, siempre detallaba lo exhausto que había sido. No solamente porque el enemigo siempre parecía saltar de lado a lado, sin inmutarse; sino también el cansancio mental por el que había sido sometido, la sola idea de estar frente a un enemigo que se regeneraba sin importar el daño que podría recibir, le hacía comenzar a hacer pensamientos que no quería escuchar.
'Solo es cuestión de tiempo para que acabe con nosotros uno por uno.'
'Un movimiento en falso y estamos muertos.'
Sentía como si hubieran pasado horas, estaba seguro de que no, que eso era imposible; pero el S.C.A.R.E.C.R.O.W. lucía igual que cuando había bajado, mientras que ellos parecían ser diezmados con los minutos.
El ciborg saltó sobre sus manos y arrojó una patada en dirección a Dulce, la rebelde sostuvo el lazo de acero centímetros sobre su rostro; el S.C.A.R.E.C.R.O.W. siguió haciendo presión sobre su pierna; Dulce Voraz solo pudo hacerse a un lado mientras el androide mitad humano ganaba poco a poco con su fuerza, la cuchilla llegó hasta su hombro y comenzó a introducirse.
—¡Shimizu! —gritó Sugawara y comenzó a disparar con su pistola.
El ciborg molesto se lanzó sobre el cuervo blanco, Tanaka disparó a su cabeza, pero logró alcanzar a Ceniza antes. El rebelde cayó sentado después del ataque, sosteniendo un lado de su rostro; sangre rojo brillante comenzó a caer de entre sus dedos.
Le había dado en su ojo.
Y al siguiente segundo el S.C.A.R.E.C.R.O.W. se volvió a regenerar.
—No hay manera —escuchó a Dulce, Kiyoko le estaba dando voz a todos sus pensamientos—. Nos matará uno a uno.
Ryuunosuke siempre lo pensó, pero tuvo miedo de decirlo; por lo real que lo volvería.
Tanaka corrió a ayudar a Sugawara, Ceniza mantenía su mano en su ojo; pero entre ellos pudo ver el globo ocular cortado a la mitad. Sabía que ellos necesitaban más minutos, pero en la superficie no podían guardar más tiempo. Lo único que podía matar al S.C.A.R.E.C.R.O.W. era la bomba; era la única manera.
Segunda alarma.
Tenían cinco minutos.
Así que Ryuunosuke dio un paso adelante.
Disparó al S.C.A.R.E.C.R.O.W. en su pie, hasta que se hizo trizas y cayó al suelo.
—¡Llévense a Sugawara! —gritó, un par de abejas tomó al cuervo blanco y lo llevaron a la salida. Cada segundo contaba, y debían salir.
—¡Tanaka! —gritó Ceniza, intentando quedarse y ayudarlos, pero por el momento él era peso muerto.
Como debía serlo, los últimos que quedaban eran Kiyoko, Nishinoya y él.
Dulce Voraz rompió el silencio con su lazo y alcanzó al ciborg; lo sujetó de brazos y tiró de él, inmovilizándolo.
Era su mejor opción, Shimizu miró en su dirección; sus ojos decían todo, esa era su última escapatoria. Tanaka lo comprendió y asintió, hizo lo mismo en dirección a Nishinoya, el fabricante de bombas se dispuso a correr hacia la salida. Dulce esperó a que ambos estuvieran cerca de la entrada.
Ryuunosuke corrió, sin embargo, a unos pasos de su libertad el lazo fue arrebatado con inmensurable fuerza de los dedos de Dulce. Fue evidente cuando las palmas de la chica quedaron escaldadas; Shimizu sostuvo sus manos cerca de su pecho.
El S.C.A.R.E.C.R.O.W. estaba por ponerse de pie, pero la soga se volvió a tensar, atrapándolo por unos segundos más.
Terror miró desde el suelo, siguiendo el lazo con sus ojos, para descubrir que…
Nishinoya sostenía la punta.
Rechinaba sus dientes, intentando contener al ciborg enloquecido.
Los ojos de Yuu reflejaban mesura.
Sacó su última bomba.
El nudo en la garganta de Tanaka creció el doble de tamaño; quiso gritar, correr en dirección, pero como siempre Yuu fue más rápido. Chispa arrojó la bomba hacia arriba, el proyectil impactó con el techo, sobre su cabeza y la de Kiyoko. El estruendo fue casi totalmente ahogado por la inestabilidad del núcleo; pero ambos killjoys retrocedieron antes de ser enterrados por la pared de escombros.
—¡Nishinoya! —gritó Ryuunosuke hasta que su voz se quebró.
No.
No.
Debía conocer a su sobrino.
Yuu aun debía ser el tío un poco más genial que Ryuu.
Comenzó a escarbar, debía sacar a Noya de ahí, no había manera que él se marchara sin su mejor amigo, no aun cuando ambos tenían un pequeño rebelde qué hacer feliz como tíos. Siguió gritando, hasta que las lágrimas mancharon su camisa.
Hasta que un par de brazos lo alzaron de sus axilas. Eran delgados pero fuertes como el acero, Kiyoko lo comenzó a arrastrar.
—¡La bomba! —urgió— Tanaka debemos irnos.
Otras abejas llegaron a levantarlo del suelo y lo llevaron con dificultad, el tiempo no se detenía por nada. Nishinoya se había sacrificado por él, le había regalado esos segundos y no… no podía dejar que fuera en vano.
Colocó un pie sobre el suelo, aun se sentía liviano, iba a vomitar en cualquier segundo, pero se obligó a correr.
Contó tres minutos.
Segundo a segundo, porque no podía pensar en nada más. Las pisadas se escucharon más ruidosos que cuando entraron; cada pisada mojada era otro golpe en su pecho, sus pulmones no se llenaban completamente de aire. Aun no procesaba lo que acaba de pasar; solo corría, corría sin pensar.
Tres minutos y la bomba detonó.
La luz que salió fue mucho más cegadora que el núcleo; la explosión fue a sus espaldas, pero el resplandor iluminó todo el camino del subterráneo.
Tanaka supo en ese instante.
Esa explosión iba a cambiar el destino del mundo para siempre.
Quince minutos antes de la inminente explosión.
Era evidente donde se encontraba Kageyama ahora; Hinata comenzó a correr hacia la parte más destruida de la ciudad. Mientras se acercaba más al epicentro, se encontraba con menos personas, hendiduras gigantes comenzaban en las calles; y cuando avanzaba, los resquicios comenzaban a ser más grandes, más profundos. El asfalto se levantaba como si fueran hojas de papel roto; si miraba abajo, podía comenzar a ver las tuberías gigantes que atravesaban las calles.
Cruzó otra manzana y se detuvo en seco, paralizado por la imponente escena frente a él: Una pared de energía pura erupcionaba desde las entrañas del subsuelo y llegaba hasta la punta de los edificios. La temperatura ahí bordeaba a lo insoportable, sentía su rostro comenzar a sudar, el aire era pesado; le era difícil mantener la velocidad que llevaba.
Pero esa era la señal que estaba en el camino correcto.
Las palabras que Kageyama le susurró en su sueño se escuchaban fuertes en sus oídos, tan claras como cada bomba que explotaba a su lado.
«Te encontraré cuando el sol se oscurezca.»
Escuchó una explosión provenir del epicentro, el pavimento temblaba, como si debajo volaran abejorros enfurecidos; la intensidad crecía con cada paso que daba. Un geiser de energía explotó desde la pared de luz; arrojando piedras en todas las direcciones; Hinata se cubrió detrás de un automóvil volcado, pero una esquirla dio contra su mejilla; el proyectil tenía la fuerza de una bala, causó una pequeña herida en su pómulo.
Salió de su escondite y notó dos figuras que habían sido lanzadas por los aires.
Debían ser ellos.
Así que Shouyou comenzó a correr, cruzando otra manzana. Sujetaba el remanente de su brazo cercenado contra su pecho, de esa manera se le hacía más fácil avanzar. El calor aumentaba cada vez más, hasta que fue insoportable. Nadie podía acercarse más al núcleo de Oikawa; pero Hinata no era de los que se daban por vencido.
Entró al edificio más próximo al cráter; sabía que Kageyama necesitaba verlo. La Bruja Fénix lo había dejado claro. Era lo último que él debía hacer, la razón por la que Tooru no logró matarlo, la razón por la que había sobrevivido miles de millas hasta llegar ahí.
Localizó las gradas y comenzó a subir.
Ahí escuchó la segunda alarma de Nishinoya.
Solo tenía cinco minutos más.
Estaba en el aire.
Un geiser de energía cruda había explotado desde el núcleo de Tooru, lanzándolos por los aires. La última detonación como precaución antes de estallar; la alarma de sus hermanos había sonado hacía algunos minutos; Kageyama no tenía idea cuanto tiempo había pasado y francamente no le importaba, había tomado su decisión; la ira seguía cegándolo, no podía continuar sin Hinata. Cumpliría la profecía, él era Destroya e incendiaria todo a su paso, nada podía pararlo. Mataría todo lo que se le pusiera enfrente.
Ciudad Batería no era más que una ilusión, era lo que Oikawa representaba; y sus ciudadanos estaban tan podridos como su dictador.
El mundo no tenía arreglo.
¿Qué harían los killjoys si el mundo les pertenecía?
Seguían siendo humanos, como Oikawa lo fue una vez.
¿Cómo podía estar seguro de que ellos no caerían en los mismos pasos que su creador? ¿Y pervertirían una idea que fue sagrada en su inicio? Sus ideas eran buenas, pero seguían siendo una raza involucionada.
Quizás ya no había salvación en el mundo, ya no había esperanza; ya no existía el sol que le había demostrado la calidez y la compasión de los humanos. Si Hinata había muerto, la esperanza murió con él.
Su cuerpo era lanzado libremente cincuenta pisos hasta el cielo; desde ahí arriba podía ver todo el panorama de la ciudad como lo detallaban los planos y cianotipos que tanto había visto. Las nubes tomaban una forma más lineal ahí, de dos dimensiones; estaba cerca de tocar el cielo falso que cubría toda la metrópolis.
Alcanzó el punto más alto y vio el sol.
Ahí arriba el mundo se veía diferente, una perspectiva macabra y de cabeza que nunca pensó, pero ahora parecía como la única salida. El mundo estaba demasiado enfermo para ser salvado. De nada servía luchar, sintió un golpeteo en su pecho, el tic tac de un reloj; la cuenta regresiva de una bomba.
Tal vez no valía la pena salvar el mundo, tal vez era demasiado cruel; ésa era la realidad.
Luego comenzó a caer.
Ahí abajo desde más de cien metros de altura, pudo ver la enorme brecha que el estallido del núcleo de Oikawa había abierto. Se podía ver la enorme bola, había crecido de tamaño y perdía su forma, asemejándose menos a una forma circular y más a la de una ameba inestable.
Estaba por colapsar.
Su núcleo también comenzó a desestabilizarse con rapidez; la luz en su pecho comenzó a salirse de control. Kageyama estaba perdido y no quería detenerlo. Si su núcleo y el de Oikawa terminaban detonándose; serían más fuertes que una bomba atómica. La onda expansiva llegaría hasta cincuenta kilómetros a la redonda, destruyendo todo a su paso.
Policías, droides y killjoys.
Volvería la tierra estéril, asesinando más al planeta; Ciudad Batería era un oasis, pero Tobio… a Tobio no podía importarle.
Recibió un golpe en su espalda, le tomó de medio segundo notar que no se trataba de escombros de ladrillos o rocas impulsados por la explosión; era Tooru, o lo que quedaba de él.
—Mírate —la otra figura se seguía riendo, aun después de todo—, al final de todo no lo entendiste, Tobio eras… eras el futuro e involucionaste…
Kageyama ya no podía hablar, pero no necesitaba de palabras para detener a Tooru, ambos estaban tan perdidos, no había retorno.
Su creador lo aprisionó entre sus largos brazos metálicos, aplastando con imparable fuerza su esqueleto mecánico, el metal crujía bajo, creando pequeñas abolladuras y resquicios.
—Recuerda, Tobio —le susurró en su oído, las palabras tomaban forma aún por encima de la estática en su voz—. Los baterías no sangran…
«… y los robots no lloran.» completó su mente.
Los robots siempre obedecían la razón para la que fueron creados.
Involuntariamente su cabeza se movió de lado a lado, negando el adagio; todas las acciones que lo habían llevado a ese momento iban en contra del lema de Ciudad Batería. No entendía porque el dictador estaba rezando esas palabras, pero su error fue creer que había terminado.
—Y sé que piensas que no es cierto —continuó leyendo sus pensamientos—, que no me obedeces, Tobio —se rio entre dientes.
Se alejó de él; apartándolo de su oreja, el agarre seguía imperdonable, produciendo microfracturas a todo su cuerpo. Ambos seguían en caída libre, ahí arriba, el sonido de las explosiones sonaba sordo.
Oikawa lo veía, su rostro desfigurado aun perfilaba una sonrisa; como si todavía tuviera alguna clase de ventaja.
—Pero no fuiste creado para obedecerme —admitió, dejando a Tobio helado—. Fuiste creado para destruir.
Una supernova.
Dejó de luchar contra la fuerza del otro; Tooru quebró sus costillas. Escuchó un retumbar en su pecho, su núcleo comenzaba a salirse de control, cumpliendo su propósito. Al final de todo, la bomba de Nishinoya nunca fue necesaria; lo único que bastaba era su núcleo, esa era la verdadera arma de destrucción masiva. Siempre fue una bomba con cuenta regresiva, desde el momento que le dieron vida, simplemente el contador había sido invisible.
Y al final, los killjoys habían traído su propia destrucción.
Su creador siempre había tenido la razón.
No había vuelta atrás, ya lo sabía; se había convencido de eso desde que entraron a Ciudad Batería. El destino del mundo caía sobre sus hombros y los de Kageyama. Llegó al último piso, rezándole a la Bruja que todavía no fuera muy tarde. El dolor de su brazo faltante era casi imperceptible ahora; porque lo único que importaba era salvar al androide.
Abrió la puerta del último piso que comunicaba con el techo de una patada.
Fue asaltado por el vapor de la energía dirigida, estar ahí arriba parecía estar bajo veinte metros del suelo. Pequeñas piedras caían de las esquinas de los edificios y el calor comenzaba a tornar su piel roja; el aire caliente le pegaba en el rostro, su cabello ondeaba para todas partes. Miró a las dos figuras cayendo y cuando golpearon con la esquina del edificio contiguo, destruyendo parte de él.
Hinata notó dos brazos metálicos que se aferraban, hundiendo sus dedos en el cemento. Los conocía muy bien, su cabello negro estaba tan intacto como la primera vez que lo vio. Shouyou se acercó a la orilla del edificio.
Tooru seguía sonriendo, pero Tobio ya no podía soportarlo. Golpeó a su creador en el rostro, quebrando sus dientes y tomando su mandíbula la arrancó de su rostro, acabando, finalmente, con su socarrona sonrisa. Oikawa ya no lo golpeó, había usado toda su fuerza.
Cayeron en el borde de un edificio, el impacto destrozó el techo y ambos iban a caer sobre el núcleo de Oikawa; el incesante rayo amenazaba con desintegrarlos vivos. Kageyama logró sujetarse con su mano, enterrando sus dedos sobre el cemento, Tooru se deslizó, sin fuerzas; no obstante, un fragmento de su brazo cortado se había incrustado en su ropa. Evitando que el dictador cayera.
Aun no sabía porque seguía peleando, el contador de la bomba se acercaba a cero; y si eso no acababa con él, lo haría su propio núcleo. Sin embargo, su brazo no cedía, aferrándose un poco más.
Ahí lo vio.
Shouyou Hinata.
Shouyou Hinata estaba vivo y parado en el techo del edificio al lado.
—Kageyama —llamó Inferno, su voz se escuchaba muda en sus propios oídos, las encolerizadas ráfagas candentes del viento apagaban cualquier sonido—. Tobio no te sueltes —rogó.
Se miraron a los ojos, Kageyama se sorprendió de verlo ahí. Hinata dio otro paso hacia adelante. Su garganta no tenía aire, sus pulmones estaban vacíos. Shouyou no sentía su cuerpo. Por inercia sacó el comunicador que obtuvo del campamento de los killjoys; esperando que Tobio pudiera escucharlo.
—Vamos, Roboyama. Vamos, robot, sujétate. Regresa a mí es una orden.
Si Tobio no iba a él, Hinata iría hacia Kageyama. Retrocedió lo necesario, no estaba seguro si lograría el salto, pero debía intentarlo.
Arrojó el intercomunicador y comenzó a correr.
Tobio se paralizó, eso… eso no podía ser cierto. Hinata… ¡Hinata estaba vivo! Pero… ¿Qué había si era una ilusión? ¿Si estaba viendo cosas?
Sus ojos se deslizaron hasta el muñón, y el espacio en donde su brazo estaría; su ropa estaba ensangrentada donde Oikawa lo había atravesado… No… no… este era el verdadero Hinata.
Y estaba vivo.
Shouyou comenzó a mover su boca, pero era difícil de saber qué decía, sus preciosos ojos se llenaron de lágrimas y comenzó a acercarse hacia él. Tobio, siempre el realista, sabía que era imposible que llegara hasta él. El pequeño humano no podía saltar el espacio que había entre los dos rascacielos, además de eso… Su rostro miró hacia abajo, en donde la luz neón de energía dirigida amenazaba.
Kageyama ocultaba la parte inferior de su rostro en la pared del edificio, no quería que Hinata lo mirara en su verdadera forma.
—Vamos, Roboyama —Hinata tenía un intercomunicador en sus manos; Tobio se estremeció al escuchar esa voz una vez más acariciando sus oídos—. Vamos, robot, sujétate —las palabras salían quebradas, estaba desesperado—. Regresa a mí es una orden.
Debía obedecerlo, y Tobio trató, por la Bruja que lo hizo. Pero Oikawa seguía colgando de él, y no tenía las fuerzas para sostener el peso de ambos. Estiró su brazo, pero no podía levantar más su torso, sus dedos se deslizaron unos centímetros hacia atrás y sus piernas no encontraban soporte, lo hizo nuevamente; pero no lograba sujetarse como debía.
Además… necesitaba su último esfuerzo para estabilizarse, para detener su núcleo.
Hinata estaba vivo y era la única prueba que necesitaba para comprender.
El mundo sí estaba evolucionando, la era de Oikawa realmente estaba por terminar. Contuvo sus fuerzas y una última idea floreció en sus pensamientos: el último regalo para Shouyou Hinata. Por darle otro propósito, por enseñarle como vivir aun después de tantos años. Por abrir sus ojos y por enseñarle a amar.
Porque lo hacía.
Amaba a Shouyou Hinata.
Y el sufrimiento, la desolación, el dolor, todo había valido la pena.
Su pequeño humano había regresado para enseñarle esa última lección.
Si hubiera podido sonreír lo habría hecho.
Lo miró por última vez, sus ojos seguían siendo los orbes azul naval que a Shouyou tanto le gustaban.
Esperaba que el humano lo entendiera.
'Te amo.'
'Te amo'.
Y se soltó.
Uno, dos, tres pasos.
Y Kageyama se soltó.
Pero…
¿Qué?
¿No se suponía que debía salvarlo?
El sonido de las fuertes ráfagas desapareció, todo pasó a ser ruido de fondo. Eso… nada tenía sentido, no lo entendía. Su rostro se movió de lado a lado, negando el claro hecho frente a él. Sus piernas se movían solas, retrocediendo; escuchaba solamente su respiración.
Luego vio la enorme estela de luz. El tiempo se había agotado y la bomba de Chispa explotó, pero no pudo escucharla; solamente sus ojos dolieron por el brillo. La onda expansiva fue lo último que sintió antes de ser empujado hasta fuera de la orilla del edificio.
Y comenzó a caer.
La nube de humo no se disipó hasta la madrugada.
Akaashi recorrió todas las carpas de emergencia que el equipo de Ennoshita había erguido. Tres veces cada una y no pudo encontrar la tan familiar maraña de cabellos blancos y negros con la que había contraído matrimonio. No les dio voz a sus preocupaciones, eso lo haría más real; en lugar de eso volvió a recorrerlas por cuarta vez.
Eran veteranos experimentados, ambos sabían a lo que se estaban metiendo cuando aceptaron ser parte del último levantamiento; ellos estarían expuestos. Pero nunca se detuvo a pensar que un enemigo podría igualar en fuerza a él.
Keiji ya había sido atendido por los médicos, sus heridas fueron vendadas y le habían colocado una férula en su talón, donde la serpiente gigante lo había aprisionado con su cola. Pero no podía quedarse quieto, no cuando un equipo de rescate compuesto por killjoys y abejas en una pieza salían cada diez minutos y regresaban siempre con más y más heridos.
La bomba había explotado con éxito, acabó con el núcleo de Oikawa; y, aun así, nadie celebraba. En una guerra no existía un lado ganador, sino dos bandos en una miserable competencia de quien sacrificaba más; y los killjoys sacrificaron todo lo que podían. Los heridos y moribundos seguían llegando, algunos fueron afectados por las esquirlas que la bomba había arrojado a metros de distancia.
Pero Keiji estaba demasiado agitado, la nube se estaba disipando y era momento de buscar más heridos entre los escombros. Estaba parado en la entrada de la enfermería provisional, su corazón pesaba, había demasiados cuervos que no habían regresado. Él también quería ir y recorrer la ciudad; si… si él no regresaba con vida, Akaashi solamente quería tener su cuerpo de regreso.
Apretó sus puños, pero fue sacado de sus pensamientos cuando notó que alguien llegó a su lado. Eran dos personas; el joven rubio de anteojos llevaba a Kuroo en una silla de ruedas.
—Así que… —Tetsurou dejó las palabras unos momentos en el aire, caían pesadas—. ¿Ganamos?
—Así parece —contestó Keiji, era lo más evidente; el núcleo de Oikawa estaba destruido; la ciudad había perdido toda energía, los robots habían caído sin vida al suelo.
—¿Y qué perdimos? —preguntó Pantera.
—Aún no tenemos el reporte completo —aceptó Tsukishima, su voz era un poco más fuerte que un murmullo.
—No escucho a Bokuto —agregó, su voz un poco más apagada.
—No, él… —Akaashi se apresuró a contestar, pero pausó, no sabía que más podía decir—. No ha regresado aún.
Habían perdido demasiados killjoys; Tsukishima había traído un mensaje para él, cuando regresó con Aone; pero Akaashi buscaría por toda la Ciudad Batería antes de aceptar sus palabras.
—¿Kageyama y el renacuajo? —cuestionó el pelinegro, después de unos momentos—. Hinata dijo que tenía una misión muy importante y salió corriendo del ala de heridos.
—No, no sabemos nada de ellos —dijo Kei.
—Iré con el siguiente grupo a la ciudad —avisó rápidamente.
—¿Estás seguro, Akaashi? Tienes muchas lesiones, deberías des-
—Me volveré loco si me quedo aquí por más tiempo —regresó Histeria—. Prefiero ser útil en estos momentos —comenzó a caminar, el dolor en su talón era más soportable después de los analgésicos.
Pasó por algunos killjoys que esperaban su turno para ser atendidos por el grupo de médicos, ya que ellos debían atender a los graves con prioridad. Sin embargo, pasó al lado de Lev, el gigante con cabello blanco estaba sentado cerca de un campamento, Keiji recordaba que Rugido no había tenido tanta mala suerte como él; aunque eso no quería decir que había salido ileso; tenía hematomas y heridas, producto del seísmo cuando el edificio se partió en dos.
Estaba al lado de Yaku.
El pequeño killjoy estaba de pie, tenía una gasa y la pasaba por la frente de Haiba, donde tenía una cortada en su sien.
—Auch —se quejó el grandote—. Me estás lastimando mis heridas de guerra.
Keiji no pudo evitar sonreír; había pasado suficiente tiempo con Lev temiendo por su vida como para creer que estaba hablando en serio; y sabía muy bien la debilidad que sentía por Cianuro.
—Entonces no te muevas tanto —regañó el killjoy.
Histeria alcanzó la entrada de la ciudad, habían abierto las compuertas cuando se lograron infiltrar en la red de BL/ind. Era virtualmente imposible moverse con automóvil, las calles estaban destruidas o llenas de escombros; así que comenzó a caminar, aun se extendía un manto fino de humo por todas las manzanas.
Era la primera vez que digería el grado de daño causado en todas partes; él estuvo la mayor parte de la pelea dentro de un edificio y cuando logró vencer al ajustador de pensamientos solo podía concentrarse en correr lejos de la bomba. Pero esto… esto era escalofriante. No pudo evitar pensar en todas las personas inocentes, atrapadas en el enfrentamiento cuyo único error había sido nacer dentro de Ciudad Batería.
¿Cuántos muertos realmente había?
¿Alguna vez lo sabrían?
Él lo dudaba.
Sus pies lo llevaron al epicentro, donde la destrucción era peor; no había quedado ningún edificio en esa manzana de pie. El agujero debía llegar hasta el subsuelo, donde yacían más hermanos; su corazón dolió.
Próximo a los restos metálicos de un automóvil volcado vio un segmento de una máscara de gas, sus sentidos se alertaron; cerca notó una garra arrancada. Partes separadas de lo que parecía un caído ciborg, sujetó una mano a su pecho, intentando averiguar que no se tratara de su ciborg. Suspiró profundamente cuando encontró la cabeza arrancada del S.C.A.R.E.C.R.O.W. con lunares en su frente. Había sido atrapado en el estallido.
Cerca de ahí notó unos dedos metálicos que salían de la tierra, Keiji sintió su respiración atorarse en su tráquea cuando, más cerca, notó que eran dedos pintados de grafiti. Respiró hondo y comenzó a correr, ignorando su talón y todos los golpes y heridas que se distribuían por todo su cuerpo.
Conocía muy bien a quién pertenecían.
—¡Ayuda! —gritó a los demás— ¡Necesito ayuda aquí! —llegó y se arrojó sobre sus rodillas—. ¡Encontré a Bokuto!
Levantó una tabla gruesa de metal pesada que había caído encima con la ayuda de cinco socorristas y metió sus dedos sobre la tierra y grava; pidiendo, rogando a la Bruja que no fuera solamente un antebrazo. Comenzó a escarbar, susurrando súplicas, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y caían sobre sus manos temblorosas.
Otros llegaron a ayudarle, escarbando con él. 'Dioses, gracias' susurró cuando el antebrazo llegó al brazo y parecía que había más. Sacó su cabeza y lo tomó de sus brazos para sacarlo. Estaba con su rostro hacia abajo así que lo sostuvo de espalda, fue ahí que notaron que debajo de él estaba un cuerpo más pequeño.
—¡Dioses, Hinata! —Akaashi exclamó reconociendo al pequeño cuervo, las lágrimas no dejaban de caer.
Escuchó a Bokuto toser y estremecerse, recobrando la consciencia.
—E... —intentó, su voz se escuchaba polvosa—, ¿el chico… está… bien?
Keiji sujetó con todas sus fuerzas a Koutarou, aunque se arrepintió al siguiente segundo, pensando en sus heridas.
—Hay que llevarlos a ambos al ala de heridos —Akaashi tenía dificultades para formular palabras, su pecho aún se constreñía de felicidad.
Levantaron a Revólver entre dos, y lo movilizaban hasta llegar al automóvil; Keiji llevaba a Shouyou en brazos.
—Lo… —tosió nuevamente, aun cuando Keiji le aconsejaba que guardara sus fuerzas—… lo atrapé cuando… caía de un edificio.
Histeria notó que había perdido un brazo, pero ese fue el estado en que lo habían llevado al ala de heridos por primera vez, antes que se despertara y regresara por Kageyama. Preocupado, posicionó dos dedos en su cuello, sintiendo su pulso, se tranquilizó cuando percibió un leve movimiento; estaba vivo.
—Espera —detuvo Bokuto con voz rasposa e intentó pararse por sí mismo—… hay algo… algo…
—Kou, debes ser atendido por los médicos.
—Hay… hay algo.
Ala Revólver comenzó a caminar por sí solo –con dificultad– hacia el epicentro del estallido. Keiji le indicó a Komi que sostuviera a Hinata por unos momentos; él iría a auxiliar al otro cuervo. Para cuando llegó a su lado Koutarou estaba escarbando la grava del suelo.
—¿Qué es? —preguntó, hincándose a su lado.
—Siento… energía —carraspeó.
Movió una enorme roca, sacándola del suelo con dificultad la arrojó hacia un lado y siguió; cuando iba más cerca, incluso Keiji comenzó a sentir un leve ronroneo proveniente del suelo y su sangre corrió helada. Era la misma vibración que había aprendido a temer.
Entonces sacó un artefacto redondo y brillante como el sol, más grande que ambas manos. Bokuto miró a Akaashi.
Eso parecía un núcleo.
.
—Es Kageyama —aceptó Hinata una vez trataron sus heridas más urgentes, el muñón de su brazo había sido suturado y vendado. No había musitado otra palabra desde que fue recuperado de Ciudad Batería.
Tenía múltiples suturas por todo su cuerpo, incluyendo una de considerable tamaño arriba de su sien; encima de ellas había sido colocadas vendas, una rodeaba su cabeza, apelmazando sus cabellos, de otra manera, rebeldes. Recubrían sus manos y piernas también. Estaba rodeado por Tsukishima, Sugawara, Kuroo, Bokuto, Lev, Michimiya y él.
Ceniza, Pantera y la abeja reina eran los más graves, así que cada uno era acompañado por un enfermero de turno. Aun así, debían ser parte, las primeras horas posterior al enfrentamiento eran las más críticas.
—Es el núcleo completo de Kageyama —especificó Lev, explicando las palabras de Inferno, parecía que ya lo había visto antes—. Le pertenece a Hinata.
Todos lo miraron confundido; Haiba continuó.
—Él se lo entregó cuando estábamos en la Zona 43.
Los ojos de Shouyou se llenaron de lágrimas, frunció su ceño, intentando mantener la máscara fuerte; pero sus labios temblaban al momento que las alas de su nariz resoplaban con fuerza. Un pequeño y caprichoso sollozo salió.
Akaashi apretó sus labios, no quería hablar de eso frente al pequeño cuervo. Esa herida era más dolorosa que cualquier otra, él conocía muy bien ese dolor; y sabía muy bien que no existía analgésico para calmarlo o hacerlo mejor. Pero no podía hacer otra cosa, no sería justo hablarlo sin Shouyou presente.
—¿Es posible que la explosión lo haya expulsado de su cuerpo? —inquirió Sugawara, la parte izquierda de su rostro había sido vendada.
—Es muy poco probable —regresó el ingeniero robótico—. Habría tenido más sentido que, debido a la estática del núcleo de Oikawa, se desestabilizara y al caer en… —tragó grueso y miró a Hinata, el pequeño cuervo mantenía su vista enfocada en el núcleo que mantenía en sus manos, cerca de su pecho—… al caer se detonara en combinación y duplicara el daño.
—Y sin embargo esta… —ofreció Bokuto.
—Intacto —terminó Akaashi.
Todos se quedaron en silencio por unos minutos, intentando descifrar el mensaje oculto que claramente tenían en frente. No habían encontrado nada más perteneciente a Choque, pero tampoco del dictador –además de la enorme estructura de su núcleo derretido por partes, más allá de la reparación. Keiji supuso que habían sido desintegrados, como la mitad de toda la ciudad.
—No lo logro comprender —Lev fue el primero en hablar—. Es como si antes de caer Kageyama…
—Kageyama lo sacó de su pecho —dijo Hinata, tomando a todos por sorpresa—. Antes de caer… —se mordió sus labios y tragó—. Él… nos miramos y —su voz se comenzó a quebrar, Akaashi sabía mejor no debía tocarlo, si tocaba su hombro, Hinata se terminaría de romper—… y Kageyama se soltó. —Frotó un ojo—. Kageyama lo sacó de su pecho cuando cayó y lo lanzó para que no fuera afectado por la explosión.
Esa sonaba como la explicación de los hechos más coherente que tendrían, Hinata era quien había visto los últimos minutos de Tobio.
—De acuerdo —habló Tsukishima—. ¿Qué quieres hacer con él?
Hinata lo miró, sus ojos estaban llenos de lágrimas silenciosas que solo caían en su camisa. Instintivamente apretó su brazo alrededor del núcleo.
—¿Eh? —preguntó tímidamente.
—Kageyama te lo entregó a ti —explicó—. Eres el dueño.
Los demás killjoys se habían retirado, dejándolo solo con sus pensamientos; hacía mucho que Shouyou no se encontraba solo, ponderó el chico, la familiaridad que tuvo cuando llegó a la resistencia se había convertido en parte de él. Hacía más de un año que se había unido, pero se sentía como si ahí hubiera pasado toda su vida; como si el corto tiempo que estuvo en Ciudad Batería como prisionero se tratara de una vida pasada.
Y en ese tiempo, cierto androide se convirtió en parte de su vida.
Ahora se sentía perdido.
Sollozó en silencio y se acostó en la camilla, trayendo la última porción de Tobio hacia su pecho. El leve ronroneo del núcleo lo hizo dormirse rápidamente, de esa manera podía sentir e imaginar a Kageyama durmiendo a su lado, sosteniéndolo en sus brazos.
No logró soñar nada, ni con su familia, ni con el chico que amaba.
Abrió los ojos no tenía idea cuanto tiempo después, el dolor en todo su cuerpo era lo que lograba despertarlo; solo encontraban los heridos más graves en la enfermería, ninguno de los killjoys líderes, no tenía idea qué estaban haciendo, pero supuso que algo complicado. La guerra acababa de terminar, pero ahora debían lidiar con las secuelas.
Ennoshita llegó al pie de su cama, tomando sus signos preguntó algunas cosas, pero no podía prestarle atención, su cuerpo dolía, pero su pecho pesaba.
—Puedo administrarte algo para el dolor, es hora de tu siguiente dosis.
Hinata asintió y le dio la bienvenida al sentimiento de bienestar que viajaba por todas sus venas cada vez que colocaban el fuerte analgésico en su intravenosa. Abrazó el núcleo y volvió a cerrar sus ojos, no tenía energías para nada.
Había estado seguro de entender el mensaje de la bruja, pero de verdad era un idiota, ¿realmente creyó haber entendido?
«El mundo está podrido
¿Crees que exista manera de salvarlo?»
Siempre creyó que la respuesta era un sí; pero… eso sería lo que un tonto soñador creería, ¿no?Y él había vivido demasiadas cosas para pensar así. Por un segundo creyó que el mundo no era tan cruel como realmente lo era, en el fondo de su mente quizás siempre supo la respuesta y simplemente la negaba.
«No. Hay que crear uno nuevo»
Y eso significaba empezar desde cero.
Se rio con pesar, después que creyó haber crecido y convertirse en un veterano killjoy en el tiempo que estuvo con ellos; aun cuando logró acabar con un sicario de Oikawa, aun cuando corrió directo al epicentro de la bomba; él nunca fue más que un chiquillo. ¿Qué diría Kageyama si lo viera ahí acostado, lamiendo sus heridas? Seguramente daba lástima.
«Levántate, Hinata idiota» Podía incluso ver su eterna expresión de molestia. «El mundo está avanzando ahí afuera»
Y sabía que estaba en lo correcto, Kageyama rara vez no lo estaba.
A la semana llegaron por los heridos, mientras tanto, habían arreglado un pequeño hospital con pocos estragos de la batalla. Podía ser pequeño, pero estaba mejor equipado que el que tenían en las afueras del desierto. Su brazo siempre dolía, pero ahora era soportable; era un recordatorio de lo que había sucedido, un recordatorio que Kageyama había existido y luchado a su lado en el enfrentamiento.
Cuando pensaba así, sus lágrimas no dolían tanto.
Hicieron un funeral cuando supieron el número exacto de pérdidas.
Hinata fue acompañado por Akaashi y Bokuto; Revólver empujaba su silla de ruedas e Histeria nunca dejaba su lado. Fue una sorpresa para él la enorme pared tan negra como la obsidiana que fue erguida en medio de un páramo de tierra; el parque que una vez estuvo al centro de la ciudad era poco a poco llenado con semillas y plantines dispuestos a florecer.
Tsukishima estaba frente a todos ellos, encima de una pequeña tarima construida para la ocasión. Decía unas cuantas palabras, pero era difícil prestarle atención; desde esa distancia era imposible verlo, pero podía discernir que la enorme estructura estaba revestida de nombres.
—Estamos aquí gracias a todos ellos —continuaba Ácido Lunar—. Sin sus fuerzas, sin sus almas, nadie de nosotros estaríamos vivos. No podríamos ver el amanecer, no podrían abrazar a sus familias. Así que serán recordados, este día será marcado en los calendarios y guardaremos luto, mis compatriotas, guardaremos luto por cada uno de ellos. ¡Y luego celebraremos en su nombre! Porque ellos se nos adelantaron y encontraron descanso, en el seno de la Bruja Fénix.
Todos vitorearon, Hinata sintió un tirón en su pecho.
—¡Ahora, demos un grito! Por los perdidos, por los encontrados, por nuestros hermanos. ¡Por los que nos cuidan desde el más allá!
Se unió a ellos; gritando hasta que su corazón se cansara.
La lista leía: 'Por los guerreros, que lucharon por un futuro a prueba de balas.'
Tobio Kageyama.
Yuu Nishinoya.
Asahi Azumane.
Hisashi Kinoshita.
Eita Semi.
Hitoka Yachi.
Keishin Ukai.
Ittetsu Takeda.
Daichi Sawamura.
Akiteru Tsukishima.
Taketora Yamamoto.
Kazuhito Narita.
Sou Inuoka.
Tadashi Yamaguchi.
El Pequeño Gigante.
Ikkei Ukai.
La lista seguía y con cada uno de los nombres, una muesca en los peldaños que los habían llevado hasta ahí, sin importar el papel que desempeñaron, cada uno de ellos los hizo libres; y sabía muy bien que su nombre estaría ahí sino fuera por Bokuto, el killjoy mitad S.C.A.R.E.C.R.O.W. le había narrado en vivo detalles cuando él fue expulsado por la propulsión de la detonación fuera del edificio.
Hinata había perdido el conocimiento, y Revólver lo había visto caer; su cuerpo estaba inerte y el killjoy fácilmente pudo haber pensado que se trataba de un cadáver, pero Koutarou nunca fue así. Saltó con todas sus fuerzas y lo atrapó en el aire, ni siquiera se aseguró que Shouyou estuviera vivo y se ocultó tras una gigante plancha de metal, rogándole a la Bruja una última oportunidad para regresar con sus hermanos en armas.
Akaashi apretó su hombro y ambos lo llevaron de regreso al hospital.
Tuvo tiempo en el cual pensar y cuando cumplió un mes fue dado de alta.
Cuando caminó por primera vez por las calles, la ciudad se veía completamente diferente. El pavimento seguía destruido pero los escombros habían sido limpiados. Había mucha gente, la mayoría no eran killjoys ni abejas, sino ciudadanos. Todos tenían una misión: recoger fragmentos producto de la destrucción, levantar postes de luces, repartir comida e incluso ropa.
Ninguno estaba bajo los efectos de medicamentos, por eso se movían inseguros; acostumbrándose nuevamente a usar sus cerebros. Ninguna pantalla estaba encendida, ni el regulador del clima funcionaba; aun así, las personas estaban unidas. No había policías, ni draculoides.
Realmente parecía una nueva era.
Y entonces se decidió.
Se decidió por encontrar a Tsukishima y le urgió que debía hablar con Sugawara y la abeja reina también.
Antes de reunirse con los tres, sin embargo, fue interceptado por los verdes ojos de Lev. El chico alto se alegró por verlo fuera del hospital por primera vez; le dio unas cuantas palmadas en su espalda y Shouyou luchó por no contraer su rostro en señal de dolor. Hacía mucho que había dejado de pedir medicamentos al doctor.
—¡Hinata, hace mucho que necesitaba hablar contigo!
—¿Sí? Dime.
Haiba pausó, inseguro de como proseguir.
—Es acerca del núcleo que encontraron.
Inferno lo apretó a su costado por inercia, sintiendo el calor y el ronroneo al que se había acostumbrado.
—¿Sí?
—Es solo que… es una pieza de tecnología única en su especie —Como siempre, la mente de Lev iba más rápido que su boca y las ideas siempre terminaban atropelladas entre sí—. ¡No existe nada igual! Digo… teniendo en cuenta que… ya sabes Oikawa ya no está presente.
—¿Tú punto?
—¡De acuerdo! Quiero decir… ¡recuerdas que Kageyama era perfecto! Digo… su sola existencia era la expresión de la robótica en su forma más perfecta —Haiba colocó una mano en su barbilla—. Pero se debe recordar que tuvo prototipos. ¡Mi punto es que podría ser construido nuevamente! Porque… ya sabes… ya tenemos su pieza principal: su núcleo.
Su respiración se quedó atorada en su garganta; nunca lo había considerado de esa manera, para él Tobio siempre fue único; irreemplazable e irrepetible.
Pero lo que decía tenía sentido.
—¿Puedes hacerlo? —preguntó, manteniendo su voz neutra.
—Eh… no…
Shouyou siguió caminando, pasándolo de largo.
—¡Pero conozco a alguien que puede! —gritó.
Hinata pausó, esperando que Lev lo alcanzara y explicara más; el grandote se colocó frente a él.
—Es mi maestro —continuó—, él es la persona que me enseñó todo lo que sé. ¡Es el hombre más inteligente que conozco! Apuesto que ese ingeniero robótico de BL/ind, Shirabu ni siquiera les llegaría a los talones. ¡Y que igualaría a Oikawa!
—Crees mucho de él —sospechó Shouyou, Lev podía ser muchas cosas, incluso un idiota, pero cuando se trataba de ingeniería robótica rara vez bromeaba o exageraba.
—Definitivamente. Oikawa tenía artefactos vistosos, pero también la disposición y el dinero del mundo entero; mi maestro fue capaz de construir un ayudante robot conducido por electricidad. ¡Haría maravillas con los recursos en la ciudad!
Shouyou no quería creer, se escuchaba demasiado bueno para ser cierto; y eso, a la larga, solo lo lastimaría más.
—De acuerdo, entonces ¿por qué no le pediste ayuda a tu maestro para luchar esta guerra?
Haiba se mordió los labios, 'Exacto' pensó Shouyou.
—Ese es el problema, Hinata —aceptó—. Mi maestro se mudó de La Colmena hace cuatro años, cuando yo tenía diecinueve. Verás… él sabía que contábamos virtualmente solo con cables y baterías; La abeja reina se negaba a saquear metrópolis o contrabandear bienes de Ciudad Batería, entonces no había manera de conseguir los materiales necesarios para seguir con sus investigaciones.
'Hasta que se toparon con Kageyama y les brindó la energía dirigida' Completó en su mente.
—Así que se fue, habíamos tenido noticias de una fortaleza de rebeldes, en donde las fuerzas de Oikawa eran menores y los recursos eran similares a una pequeña metrópolis.
—¿En dónde? —quiso saber.
—Al otro lado del mundo.
El chico abrió sus ojos, era en donde las Zonas terminaban y lo desconocido se extendía. Nadie que él conocía había llegado tan lejos. Miró el núcleo en su brazo, y se rio entre dientes.
Ya no importaba; él ya había tomado una decisión, y estaba bien con eso. Era la solución menos egoísta, y al final, eso era lo que lo diferenciaría del dictador. Si querían un resultado diferente, debían ser diferentes; hasta un idiota como Shouyou entendía eso.
—Hinata —Tsukishima y Sugawara llegaron hasta él—. ¿Necesitabas hablar con nosotros?
—Sí —explicó—, verán… ya sé qué hacer con… —tragó un horrible nudo— con Kageyama.
Los chicos no dijeron nada, expectantes.
—Quiero entregárselo a la ciudad —musitó con voz ronca—. El poder de Kageyama es tan fuerte como el de Oikawa, podrá proveer energía.
—¿Estás seguro? —quiso saber Sugawara—. Hinata puedes pensarlo por más tiempo, no tenemos prisa.
—Es lo que Tobio querría —se decidió—. Él siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás, ser parte de la solución. Quiero decir… por eso se unió a la resistencia.
Y era cierto, Kageyama siempre tuvo más peso sobre sus hombros que los demás, porque Oikawa era como su padre. Siempre intentó deshacer los horrores que cometió cuando fue un jefe exterminador, cuando fue Destroya. Shouyou siempre estuvo seguro de que Tobio era un salvador; lo salvó a él cuando quedó atrapado en la ciudad. Lo salvó tantas veces que ya no tenía sentido contar.
Y de esa manera, él estaría en todas partes.
Lo había pensado, demasiado y esa fue su decisión; y estaba más que seguro que Roboyama pensaría lo mismo. Ambos eran cabeza huecas así.
«Te encontraré cuando el sol se oscurezca.»
Sí, Tobio Kageyama viviría para siempre.
Y él estaba bien con eso.
FIN
