Epílogo
Levántense como el sol de cada día, ajusten sus botas y sus pañoletas; ¡porque les traigo las mejores rolas tan candentes como la lluvia ácida del invierno!
Terror Ruidoso llegando a sus oídos perforados desde la 109.0, la mismísima WKL. Más fuerte que el revólver de dios y el doble de brillante. ¡Resurgiendo de las cenizas de la mano de la Bruja Fénix!
Espero que se queden conmigo, es un nuevo amanecer, cachorros. El día es largo y hay trabajo por hacer. ¡Edificar una ciudad es un trabajo para camaradas, bebés de las Zonas!
El esfuerzo solo comienza y en el horizonte se levantan algunas metrópolis descerebradas que aún es nuestro deber salvar. El trabajo de los killjoys empieza; mi hermana, Volumen Vibrante, estará a la entrada de la ciudad tomando reclutas para futuras expediciones. Pero no desesperen, mis rebeldes, que yo siempre los acompañaré en sus bocinas, rockeando desde la madrugada hasta que den su último respiro sobre esta maldita tierra.
Porque la fiesta no ha acabado, simplemente hemos llegado al medio tiempo.
Y cuando se sientan solos en un viaje particularmente largo por las Zonas, después de un día interminable, listos para derrumbarse; recuerden, que yo siempre estaré a un giro de su muñeca en su radio. Aquí, en el 109.0; haciendo su apocalipsis, un poco más soportable.
Hinata bajó el volumen de la radio y salió de su Célica del '78; el automóvil funcionaba a la perfección. Levantó un pulgar a Aone, el gigante se había encargado de darle los últimos toques; estaba listo para partir. Rodeó el auto y miró todas las latas de comida que tenía en el baúl, sábanas, goggles, dagas, glocks y muchas municiones.
Ciudad Batería había caído, pero los enemigos no estaban ni cerca de terminarse.
El enorme chico sin cejas le dio una palmada en su espalda, Hinata sintió como si todo el aire fue expulsado de su cuerpo, pero le sonrió. Agradeciéndole por todo lo que había hecho.
—¡Pero si no es el renacuajo más intrépido de todos los killjoys! —exclamó Saeko caminando hacia él, Ryuu caminaba a su lado mientras sostenía a su sobrino en sus brazos.
Ya se habían cumplido ocho meses desde que la resistencia le había dado la bienvenida a su integrante más pequeño; y todos los rebeldes se habían convertido en tíos. Era un niño sano, con fino cabello rubio y enormes ojos cobrizos. Hinata esperaba que al menos, no heredara la miopía o la personalidad ácida de Kei.
—¡Saeko, Ryuu! —exclamó.
—No esperabas marcharte sin despedirte de nosotros, Inferno —regañó Ryuunosuke, aunque su bravata era perdida con el pequeño aventurero queriendo escalar su rostro—. Sé que estoy ocupado con las transmisiones de radio, pero puedo escaparme por algunos minutos, las óperas de rock son interminables, ¿sabes?
—Lo siento, chicos —se arrepintió, pero no se sentía como una despedida, él siempre tenía planeado regresar—, pero estaba por ir a buscarlos. ¡No pensaban que iba a olvidar robarme al pequeño Tsukishima, ¿no?!
Volumen se rio y Hinata tomó al bebé en sus brazos.
El pequeño inmediatamente comenzó a curiosear con su mano, la prótesis metálica era extraña para él. Tomaba cada dedo y le daba pequeños y suaves apretones.
—Aún está muy joven para tener su primer enfrentamiento —se carcajeó la chica con el parche—; debe esperar hasta al menos cumplir un año.
Ryuu miró con genuino terror a su hermana, creyendo sus palabras; lo que lo hizo considerar que Saeko no estaba bromeando en lo absoluto.
—¿Escuchaste eso, pequeño Tenma Tsukishima? —Llamó Shouyou—. Apuesto que quieres descubrir qué es lo que hay después de las Zonas, eres un aventurero, ¡está en tu sangre de killjoy!
Los tres se rieron, él apostaba que ese pequeño tendría la valentía y fuerza de los Tanaka y la inteligencia y mesura de los Tsukishima. Una verdadera arma para la resistencia. Después de unos momentos, Volumen solo le sonrió comprensiva.
—Entonces, ¿realmente te irás, Shouyou?
Hinata se forzó por esbozar una sonrisa, todavía se sentía culpable.
—Sí, hermanito —intervino Terror—, la fiesta en la ciudad acaba de comenzar, aún hay mucho por hacer —dijo—. Y Saeko y otros grupos de rebeldes partirán a las metrópolis. Aún quedan muchos cerdos de BL/ind por acabar, si la vida cotidiana no es lo tuyo.
Y no lo era, él siempre había preferido moverse; pasó la mayor parte de su vida viajando hacia la base de la resistencia, y conoció muchos amigos en el camino. En ese tiempo aprendió que no podía quedarse en un solo lugar, sólo necesitaba un automóvil, un mapa, una radio, armas, un poco de cambio en el bolsillo y estaría bien.
No, no, también mentía; porque necesitaba a cierto pelinegro a su lado.
Pero esa era la razón por la que partía.
—Lo siento, chicos, pero debo hacer esto —explicó Hinata.
Estaba seguro de que estarían bien, los killjoys se las arreglaron perfectamente antes que él llegara y lo harían también cuando se marchara. Además, no sería para siempre, una vez encontrara lo que buscara regresaría al núcleo que dejaba en la ciudad. Ambos Tanaka sabían que no había manera de hacerlo cambiar de opinión, no planeaban hacerlo.
—Gracias por todo —Shouyou vio a un lado, sintiendo sus mejillas colorearse de carmín, Ryuu siempre le dio la bienvenida con brazos abiertos y lo hizo con Kageyama también; cuando llegó, fue el primero en hacerlo sentir como un hermano. Él y Nishinoya.
Saeko trajo a los dos chicos hacia su cuerpo, teniendo cuidado con su pequeño rebelde y luchó por no hacer notar sus lágrimas.
—Que la Bruja Fénix te acompañe cada paso, renacuajo —se despidió—, y no te conviertas en fantasma ahí afuera.
Asintió y se alejó del par de hermanos, despidiéndose con su mano y adentrándose a la ciudad. Aún tenía que despedirse adecuadamente si deseaba que todo saliera bien en el camino. Entró a la nueva ciudad y fue recibido por la brisa fresca, olía a primavera; las flores se miraban hermosas en el parque, el verde forraje se extendía por una manzana entera. El regulador de temperatura trabajaba perfectamente, callando los inclementes rayos del sol.
Inclinó su cabeza y se irguió en un saludo militar hacia el monumento erguido por los caídos; una mano metálica detrás de su espalda y una de carne y hueso sobre su frente.
—Aquí estás, pensé que no te encontraríamos a tiempo —escuchó una voz.
Se dirigió al par de esposos que lo saludaron.
—Bokuto, Akaashi —regresó—, jamás soñaría con irme sin verlos —sonrió, sacando su lengua.
—Hermanito —Koutarou pasó una pesada mano metálica por sus hombros—, recuerdo cuando te encontramos vagando por el desierto, ¡parece que fue ayer!
Shouyou se rio entre dientes, aun recordaba lo emocionante que había sido, conocer a los verdaderos killjoys. Aunque ahora el recuerdo le traía un pequeño sentimiento de vergüenza, por la forma como lo habían encontrado, con un grupo de draculoides pateándole el trasero y quebrando su brazo. Y sin pensarlo miró a su miembro de metal… quizás algunas cosas jamás cambiarían.
—¿Están seguros de que no quieren ir conmigo? —ofreció nuevamente—. Será divertido, quién sabe con qué me encontraré una vez las Zonas terminen.
Aunque a Shouyou no le importaba ir solo.
Keiji fue el primero en negar.
—Hay mucho trabajo qué hacer por aquí —explicó—. La misión de los killjoys está lejos de terminar, si bien Yui y Sugawara serán los líderes en la ciudad; los killjoys estarán bajo la dirección de Tsukishima y él necesita toda la ayuda que pueda tener.
—Entonces… ¿eso significa que no guardaran sus armas?
Pensaba que Akaashi había tenido suficiente y que pasarían el resto de sus días en una comunidad lejana con Bokuto.
—¡Ni en sueños! —se rio Ala Revólver—. ¡Sería aburridísimo! Además, estos bebés son parte de mí ahora —sonrió a sus extremidades de S.C.A.R.E.C.R.O.W.—. No los puedo guardar, aunque quisiera. ¡El enfrentamiento corre por mis venas!
Revólver se rio libremente, Keiji miró a su esposo y sonrió.
—Aunque aún falta nuestra luna de miel —recordó el de cabellos alborotados, Histeria abrió su boca para contradecirlo, pero Koutarou habló primero—… –y ya sé lo que dirás que la batalla fue suficiente, pero te prometí dulces. ¡Dicen que en la Zona 25 hay un vendedor de semillas confitadas, Akaashi! ¿Qué te parece?
—Eso suena bastante bien —aceptó con una sonrisa.
Abrazó al par de cuervos y siguió su camino, si se quedaba más tiempo con ellos seguramente no querría marcharse. Akaashi y Bokuto… suspiró, ellos siempre le proporcionaron un sentimiento de familiaridad con los rebeldes; antes de conocer a Kageyama, ellos lo hicieron sentir como su hogar.
Los extrañaría demasiado.
—Lo lograrás —fue lo último que le dijo Keiji antes de irse—. Lo tendrás de regreso, lo sé.
Hinata sonrió y se marchó, antes que las lágrimas se escabulleran.
No había avanzado mucho cuando divisó al pequeño chico de cabellera bicolor, estaba al lado de un grupo de cuervos mientras arreglaban el sistema operativo de una máquina en el suelo; según lo que él recordaba, se trataba de un gigante holograma que antes reproducía el mensaje del dictador.
Shouyou saltó cuando estuvo a un metro y aterrizó rodeando sus brazos alrededor de Kenma; el chico no había percibido amenaza en su presencia, pero se giró rápidamente para verlo.
«Es bueno verte.» Shouyou dijo con sus manos.
Había aprendido casi a la perfección el lenguaje en señas, Kozume pasó mucho de su tiempo al lado de él en el hospital, y si bien en un principio le había faltado un brazo, se esforzó el doble. Kenma sonrió al verlo utilizar el lenguaje.
«¿No creerías que me iría sin encontrarte para desearme un buen viaje?»
«Shouyou».
«Eres el mejor líder interino que he tenido».
«Y tú el que mejor se comportó.» se lamentó.
Hinata dejó salir una risotada ruidosa, era la primera vez que alguien lo señalaba como «mejor portado» en un grupo; pero tenía que reconocer que, entre Kageyama perdiendo la carga de su batería y su consciencia y Lev lanzándolo por los aires a una metrópolis de Ciudad Batería, él fue quien menos problemas le causó al pobre chico.
«¿Estarás a salvo aquí con Lev?» preguntó.
«Él corre peligro conmigo» devolvió, haciéndolo recordar que, de hecho, si de una riña física se tratara, Haiba podía medir casi dos metros, pero Kozume siempre lo traería al piso con facilidad.
Inferno se rio entre dientes.
«Escuché que eres el jefe del área de informática de la ciudad».
Kenma asintió.
«Gracias al núcleo de Kageyama, podemos alcanzar los satélites y comunicarnos con todas las Zonas».
«Imagino que Tanaka está emocionado, el Doctor Desafiando a la Muerte no tuvo tanta audiencia».
«Está muerto de miedo.» terminó Sombra, ganándose otra carcajada de Hinata. «Eso me recuerda».
Kenma se alejó hacia una mochila roja que había olvidado cerca de sus otras herramientas, tabletas y computadoras. Buscó en sus interiores y regresó con un aparato negro en sus manos y lo entregó a Sol Inferno.
«Comunicador.» Le hizo saber lo que era. «Puedes hablar con nosotros en cualquier parte que vayas.» Lo pensó por unos segundos y agregó: «Al menos hasta que terminen las Zonas.»
«¡Es impresionante!» celebró. «¿Cómo podré hablar contigo?»
En lugar de decirle Kenma apretó una tecla y salieron algunos pitidos, Hinata entendió el mensaje.
«¡Clave morse!»
«Sí».
«Prepárate entonces, Kenma» advirtió «Te estaré hablando todas las noches antes de dormir. ¡Hasta aburrirte!»
«¿Es muy tarde para arrepentirme?» preguntó el chico, pero el miedo no llegó a sus facciones, en lugar de eso se rio entre dientes, bajando su rostro un poco. Hinata pasó un brazo por sus hombros y haló su mejilla en retribución.
Guardó el comunicador en su bolsillo y levantó al pequeño Kenma con todas sus fuerzas, aunque ambos eran casi del mismo tamaño, levantó sus pies del suelo. Kozume se revolvió en el abrazo, como lo hacía cuando Tetsurou lo atosigaba de afecto.
Afortunadamente para Sombra, una mano en su hombro lo salvó, Shouyou devolvió el chico al suelo y miró hacia atrás para encontrarse con la encantadora expresión de Sugawara, que ahora usaba un parche encima del ojo que había perdido. Cuando lo vio, Hinata estuvo cerca de echarse a llorar, no sabía qué tenía el cuervo blanco, pero siempre se sentiría como un niño en su presencia.
—¿Encontraste tiempo en tu atareado día para mí? Que afortunado soy —aceptó el de cabello naranja, Koushi ahora tenía mayores responsabilidades, él y Michimiya lideraban la ciudad.
—Aunque mañana fuera el fin del mundo, siempre haría tiempo para ti, Hinata —aceptó.
Shouyou se limpió su ojo, culpando a una pequeña basura que había caído en sus pestañas.
—Espero que esta vez tengas cuidado —advirtió, recordando los momentos –casi toda su vida– en donde se abalanzó al peligro sin importarle su vida o su bienestar.
Pero ahora era diferente, un androide estaba contando con su regreso.
—¡Lo prometo, Ceniza! Estoy seguro de que la Bruja Fénix no me dará otra oportunidad.
Había sobrevivido todo el camino a la base de los killjoys, la ira de Daichi por entrometerse en una misión que le había sido prohibida, escapó de Ciudad Batería solo en pantuflas, regresó de la Zona 43 con el grupo más peligroso de todos –peligroso para ellos mismos, claro– y sobrevivió la ira cruda del dictador. Sabía que se le habían acabado los strikes.
—Espero que te comportes —regresó el cuervo mayor que él, sin embargo, la amenaza de regaño iba disfrazada de una sonrisa.
Hinata rascó sus cabellos igualando su expresión, esperaba poder cumplir esa promesa; luego, con una tímida voz dijo:
—Sabes, Ceniza, a veces me pregunto, ¿Qué habría hecho Daichi si supiera que lo logramos? Que ganamos la guerra.
Sugawara lo pensó por unos momentos.
—Seguramente, primero se habría regocijado de haber tenido la razón por haber aceptado a Kageyama —se rio, recordando que nadie había aceptado al pelinegro de buenas a primeras—, en especial se lo restregaría a Kuroo —agregó—. Luego, seguramente diría algo como que lo más difícil acaba de comenzar.
—¿Más difícil de derrotar al gran dictador? —quiso saber.
—Mucho más difícil, Hinata —explicó—, ahora está en nuestros hombros que la historia no se repita.
—¿Cómo haremos eso?
—Porque siempre la compasión ha sido más fuerte que el poder. Es lo que nos diferencia de Oikawa y es lo que hizo que ganáramos la batalla.
—Oh.
Y por lo que Shouyou sabía, Daichi opinaría exactamente lo mismo; porque lo demostró cuando lo abrazó al verlo otra vez en la tienda de Chow Mein en lugar de echarlo de la resistencia, lo demostró al aceptar a un androide enemigo a su base y lo demostró cuando dio su vida para recuperar a Bokuto.
Esta vez fue el turno de Ceniza de halar su mejilla y revolver sus cabellos.
—No tienes de qué preocuparte —aseguró con un guiño—; yo cuidaré de Kageyama mientras regresas.
Aceptó la promesa del cuervo blanco, confiando plenamente en él y con un abrazo, se despidió del dulce chico.
Siguió su camino y llegó a la calle que buscaba y se paró en la acera, viendo hacia arriba el edificio, no era ni la mitad de lo que Shouyou lo recordaba, esa vez que huía de Ciudad Batería en nada más que pantuflas, pantalones holgados y una camisa de hospital. El pent-house de Oikawa había sido destruido, pero para ese entonces se había restaurado la mitad de la estructura. Como se había previsto, era donde los descubrimientos más innovadores estaban guardados, si querían restaurar la ciudad, las anotaciones de su antiguo gobernante serían útiles.
Entró y saludó a los guardias en la puerta; ellos ya estaban acostumbrados a verlo ahí; si era honesto consigo mismo, pasaba más tiempo en aquel lugar que en su propia habitación. Se le había dado un «apartamento» cuando todo terminó, pero Shouyou siempre se sentía inquieto ahí; todo era demasiado limpio, demasiado grande para él solo.
Así que pasaba noches enteras ahí.
Bajó dos niveles en el piso subterráneo, lo mantenían ahí porque la temperatura era más fría. Saludó a Sarukui en la puerta, era su turno de hacer guardia; nadie lo detenía nunca, porque era sabido por todos que lo que guardaban ahí era suyo. Siempre le perteneció.
Fue asaltado por la luz neón, fluorescente y blanca, le recordó a la solitaria luna de las noches. El núcleo estaba al centro, conectado a una máquina que le proporcionaba energía a toda la ciudad, incansable como Tobio. Se mordió su labio inferior, extrañaba mucho el ronroneo que hacía.
Detrás del núcleo, al otro lado de la instancia reconoció la maraña de cabellos blancas, perteneciente al único científico loco que había llamado amigo.
—Hola, Lev —saludó.
Haiba se paralizó de inmediato, tomado por sorpresa, el chico quizás nunca se recuperaría de lo que sea tuvo que ver ese día en el enfrentamiento contra BL/ind, pero Hinata no lo había asustado a propósito.
¿O quizás sí?
—¡Hinata! —saludó con una sonrisa, Shouyou casi se sintió mal.
El ingeniero robótico se acercó a su lado con premura.
—¡Debes decirme cómo te sientes! —Tomó su brazo antes que pudiera decir algo y comenzó a inspeccionar cada falange metálico, cada resquicio, cada fusión y soldadura.
Lev había sido el diseñador de su prótesis, pero Hinata no tuvo problemas en ofrecerse como voluntario y conejillo de indias. Haiba le había demostrado desde el día uno que cuando se trataba de robótica, no era tan denso de mente.
—Se siente bien —informó un poco cansado, desde que se le había instalado, no pasaba un día sin el gigante de ojos verdes haciendo preguntas y anotaciones—. Cada vez menos rígida, me estoy acostumbrando rápido.
—Si te quedas algunas semanas más podemos colocarte la piel sintética, estoy terminando de hacer los estudios y estaré listo para las pruebas. Así… ya sabes… será como que nunca pasó nada.
Shouyou le sonrió.
—Me lo quedaré así —decidió, nunca habría querido disimular que ahora una parte de él fuera mecánica. Además, muy en sus adentros, cada vez que lo veía, recordaba a Kageyama.
—Como quieras entonces —aceptó—. ¡Deberías ver lo que tengo en el laboratorio! —Haiba comenzó a saltar—. Aún es muy temprano para saber los resultados, pero estoy trabajando en un artefacto para mejorar la audición de Kenma, irá debajo de su piel, pero hará el trabajo, ¡lo sé!
—¡Eso suena sorprendente! —alabó Shouyou.
—¡Lo sé! Y encontré algunos planos de suplentes de órganos, ¡Hinata, la tecnología que tenía Oikawa es increíble! ¡Incluso hay planos de órganos oculares! ¡Mi maestro estaría más que feliz!
—Lo estará —regresó—. Cuando lo traiga podrás mostrarle todo alrededor.
Lev parecía vibrar de la felicidad.
—¡Lo haré! Mantendré todo limpio para cuando venga Romero.
Nicollas Romero, ese era su nombre. Haiba le había entregado una vieja fotografía para poder identificarlo, parecía bastante alto, tenía piel morena y una barba incipiente y negra. Él sería el indicado para volver a construir a Kageyama. Ahora tenían los planos de Oikawa y el núcleo perfecto; pero parecía un proyecto demasiado complicado para el chico medio ruso –Hinata lo creía porque el mismísimo Lev lo había aceptado–, pero su mentor siempre fue un maestro de la robótica.
—Sabes que me encantaría ir contigo —aceptó—. ¡Apuesto que él se sorprendería de verme vivo!
Shouyou se rio, por lo que fuera que eso significaba.
—Te necesitan aquí, Lev, eres el ingeniero robótico de cabecera —guiñó su ojo—. Además, cuando regrese y recupere el núcleo de Kageyama, necesitaremos un reemplazo para iluminar la ciudad.
—¡Y ahí entraré yo! ¿No?
—Exacto.
Tenía enormes zapatos que llenar, igualar una bola de energía nuclear contenida similar al núcleo de Kageyama u Oikawa, capaz de darle energía a toda la ciudad; no era tarea sencilla de lograr, y si bien las notas del dictador tenían sentido, todavía debían realizar la mitad de la tarea de hacerlo bien. El ingeniero robótico tenía tiempo límite, pues cuando Shouyou retornara, necesitaría a Tobio de regreso.
—Trato hecho —el chico de cabello blanco estiró su mano para que él la tomara, pero Inferno no pudo evitar, con su nueva mano mecánica, apretar más sus dedos de lo que era necesario. Porque no molestar a Haiba era casi tan difícil de evitar como meterse en problemas. Lev chilló y quitó su mano con rapidez.
—Buen viaje, Shouyou Hinata —se despidió—. Te estaremos esperando de regreso.
Hinata asintió en su dirección, esbozando una pequeña sonrisa. Se acercó un poco más al centro de la pieza, pero rápidamente sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó las palabras.
—Sabía que estarías aquí.
Shouyou giró su rostro para ver al líder de los killjoys y a su lado el gato negro de la resistencia. Con una pícara sonrisa supo que Kei no era tan agrio como su alias, el rubio se había tomado su tiempo para buscarlo antes que se marchara en su misión.
—¿Me estabas buscando, Amargashima?
Kuroo se echó a reír, aún bajo las luces neones, pudo distinguir el carmín en las mejillas bajo esos anteojos. Tsukishima se aclaró la garganta en un fútil intento de recobrar su compostura y arregló sus lentes.
—Sólo para darte unas cuantas indicaciones antes que te vayas.
—Dale un respiro al chico —siguió Tetsurou—. A diferencia de Kei, yo sí estoy en contacto con mis emociones —aun con los lentes negros, podía sonreír con socarronería—. Tú presencia se hará notar, renacuajo.
—Gracias, Kuroo —incluso sintió sus mejillas acalorarse un poco—. ¿Cómo has estado?
—Bueno… —el pelinegro lo pensó un poco—. ¡Cada día se ve mejor!
Tetsurou se rio a carcajadas, su estridente voz llenaba todas las paredes de la pieza, incluso él se encontró uniendo en risas. Dáselo al pelinegro tener el humor más negro que Shouyou había conocido.
—No me parece gracioso —intervino Tsukishima.
—Vamos, Kei, ¿ni un poco?
—No. Y creo que deberías pensar un poco en la propuesta de Haiba, sé que solo serán las pruebas, pero es posible que puedas recobrar la vista.
De un segundo a otro la sonrisa socarrona desapareció, Kuroo se mordió los labios y suspiró profundamente.
—Ya lo hemos hablado, no se siente bien tener algo de BL/ind en mí. Después de escuchar la historia por Kageyama, ¿no fue así como inició el dictador? Ah, sin ofender, renacuajo —terminó, recordando que Hinata había aceptado reemplazar su antebrazo.
—Está bien —sonrió el de cabello naranja—. Es una manera de pensarlo.
—Eres un cabeza dura —opinó Tsukishima—. Y no puedes comparar tu manera de pensar con la de Oikawa, somos producto de nuestro entorno. Además… yo nunca lo permitiría y si comienzas a tener ideas de grandeza, seré el primero de darte con una bala en medio de los ojos.
—Kei, eres tan cruel como lindo —se lamentó, seguramente confiando plenamente en las palabras del rubio—. La única razón por la que aceptaría esos ojos sería para ver ese lindo trasero una vez más, es lo único que más extraño.
—¿Y ha…?
—Hablar con Kenma y tu trasero —aceptó.
Tsukishima le dio un codazo y maldijo bajo su aliento.
—¿Hay espacio para uno más en tu auto, Hinata? —quiso saber el de anteojos—. La idea de escapar es más atractiva con cada segundo que pasa.
Shouyou le sacó la lengua en respuesta, si compartía un automóvil con Tsukishima por más de un día ambos terminarían matándose –y estaba seguro de que el rubio se quejaría todo el camino de cómo extrañaba a Kuroo–.
—Lindo y cruel —repitió—. Además, estoy seguro de que ni siquiera habrás pasado la Zona 2 y estarás preguntándote que ha pasado con el pequeño Tenma.
Kei se ruborizó de inmediato y con molestia vio a su lado.
—Es sólo que estoy rodeado de idiotas —se defendió, sin embargo, su rostro traicionaba sus palabras sarcásticas, de todos los que lo rodeaban, él se había convertido en el segundo padre del bebé—. Cada momento que me encuentro despierto estoy seguro de que alguno de ustedes lo puede matar, rebeldes sin cerebro con deseos de muerte.
—Apuesto que te ves adorable cuando lo tienes en tus brazos —se rio el pelinegro, ganándose otro quejido del chico de anteojos.
—Más te vale encontrar a ese genio ingeniero robótico —Kei lo señaló con un dedo acusatorio, ignorando a Pantera y cambiando el tema con urgencia—. La Bruja sabe que a Lev no le quedan muchos años de vida.
—¡¿Eh?! —Lev se exaltó al ser aludido, lucía genuinamente preocupado—. ¡¿Hablas en serio?! ¡¿Cómo puedes saber eso?! ¡¿Quién dice?! —lloriqueó.
—Seamos honestos —contraatacó el rubio—, tienes como siete vidas y ya las usaste casi todas —se encogió de hombros—; a la velocidad a la que vives, no durarás mucho más.
A su lado Kuroo asintió con solemnidad, murmurando un suave: «Sí, sí, tiene sentido.»
—¡¿Eh?! —siguió llorando—- ¡No hay manera, no hasta que tenga hijos con Yaku!
—¿Se te olvida cómo funciona lo que tienes ahí abajo? —intervino el pelinegro con una sonrisa ladina.
—¡Puedo decirte! —exclamó Hinata con una sonrisa de autosuficiencia—. Kageyama me lo enseñó.
—El amor todo lo puede —contrarrestó el chico de ojos esmeraldas.
—No sigas, Hinata, Lev es demasiado idiota para comprender —Kei lo interrumpió cuando Inferno iba a seguir con la jugarreta—. Mi punto es que te queremos de regreso, a ti y al androide. En una pieza, ¿de acuerdo?
—¡Sí, mi capitán! —respondió, para ganarse otro exasperado resoplido de Ácido.
Lev siguió con su perorata de un amor milagroso, pero Shouyou no podía enfocarse solamente en sus palabras. Estaba demasiado enfocado en todo lo demás, en la sonrisa ladina de Kuroo y el ceño fruncido de Kei; en la expresión acongojada de Lev. Porque finalmente caía en cuenta que, jamás volvería a estar solo, aun cuando viajara a lo desconocido, siempre contaría con su familia en armas.
Tenía amigos… hermanos. Que sin pensarlo dos veces, darían su vida por él.
Miró por última vez a Kageyama, acercándose al núcleo levantó una mano para sentir el leve ronroneo y la calidez que emanaba. Solo debía esperarlo un poco más, cuando menos lo supiera, ya estaría de regreso llamándolo «Hinata idiota» corrigiéndolo cada vez que se equivocase o llenándolo de datos curiosos. Qué, demonios… aceptaba, los había dado por sentado antes; pero en ese momento, daría su otra mano para oírlos nuevamente y oír esa voz llamándolo, aunque fuera solo para regañarlo.
Su pecho dolía todavía, como un demonio; cada vez que respiraba y cada vez que parpadeaba su mente iba hacia él. Pero si le preguntaran, lo volvería hacer todo otra vez.
Se escabulliría en la misión con los killjoys hacia Ciudad Batería la primera vez, huiría por su vida en la motocicleta con Kageyama detrás de él. Marcharía y desafiaría a Tooru Oikawa cuantas veces fueran necesarias y perdería su brazo; porque eso significaría conocer a ese androide que cambió su vida y punto de vista entero, y se enamoraría perdidamente de él. Sentiría con toda su alma, cada toque, cada caricia y cada beso.
Escucharía su nombre ser llamado por esa voz barítona que le hacía perder el equilibrio.
No cambiaría absolutamente nada, ni el atronador dolor físico, ni el bienestar que derretía su corazón.
Porque todo valía la pena, por esos momentos de genuina felicidad.
'Te volveré a ver' prometió.
'Cuando el sol se oscurezca te volveré a ver.'
FIN.
Muchas gracias por acompañarme en este viaje.
Es difícil poner en palabras lo mucho que significó este fic para mí, en su tiempo me ayudó muchísimo a escapar cuando me sentía estresada, atrapada o simplemente quería no pensar en la realidad un rato, me ayudó enormemente a crecer como escritora; también a descubrir cosas de mí. Es agridulce, el sentimiento de decirle adiós a algo que consideras tu bebé, pero debía terminarse, ustedes y la historia merecían un final.
El siguiente capítulo solamente es dedicado a curiosidades y trivia del fic; datos que recolecté al pasar de los años que quería compartir con ustedes, también agradecimientos a las personitas que cambiaron mi vida y la historia. Sí eso les llama la atención pueden seguir a continuación, si no, entonces aquí me despido de ustedes.
Espero que la historia les haya gustado.
Nos leemos luego~
