Inquietante noticia.
La joven de ojos verdosos se encontraba en el hospital central de la capital de Moyatsu, lugar que ya estaba acostumbrada a visitar, pues en él se encontraba su querida madre Tsunade, en una de las habitaciones, con un cáncer de mama sumamente avanzado, que la mantenía hospitalizada la mayor parte del día. Los médicos le proporcionaban a la pequeña pelirosa noticias de la condición de su madre cada vez que estos podían, por supuesto.
Le animaban, decían que su madre estaba mejorando, que los tratamientos estaban siendo efectivos, y no era del todo mentira, pues la mujer de cabello rubio y ojos avellana, casi tirando a amarillos, si estaba mejorándose, poco a poco, pero al final de cuentas lo hacía. Era una mujer fuerte, de eso estaban seguros todos sus doctores, nunca se había rendido ni cuento esta tuvo que someterse a la quimioterapia, que de efecto secundario le causo una considerable pérdida de cabello. Sakura, aun recordaba con suma lucidez ese fatídico día, su madre había permanecido en silencio toda la tarde. Incapaz de mirarse en el espejo, pues sabía lo que ahí encontraría; Una mujer que sería incapaz de reconocer. Flaca, de tés pálida, y sin su melena dorada de la que tanto se había sentido unida. No iba a poder hacerlo, no, porque se desplomaría en el intento. En su juventud se había vanagloriado de ser una de las mujeres más atractivas de la ciudad, y en su adultez, había conservado gran parte de esa belleza que ahora había heredado su hija, aunque fuesen tan distintas. Y ella prefería recordarse así, en los mejores momentos de su vida cuando no lidiaba con cosas mayores.
Esa tarde Sakura creyó que su madre finalmente había dejado de luchar, puesto que no quería ni levantar su mirada en ella, a verla, y decirle que todo iba a estar bien, como siempre le solía decir desde que cayeron en calamidad. No pudo evitar dejar caer una lágrima cristalina, por el incierto miedo de perder a su madre, que tanto amaba y adoraba, y que tan bien había cuidado de ella a pesar de que esta no contaba con el apoyo de su padre, donde quiera que estuviese, pues las había abandonado en el momento en que se entero de que Tsunade estaba encinta. Por un momento pareció que todo estaba perdido, pero abrió sus ojos como platos al escuchar la voz de su madre, casi en susurros pero la había oído, diciendo que no se preocupara, y eso basto para levantarle el ánimo otra vez.
—Vamos a superar esto —respondió, acercándose a su madre para abrazarla, con mucho cuidado, porque no quería causarle dolor, no más del que ya tenía que soportar tanto física como mentalmente.
Sakura subió a la habitación de su madre, era la 25, se encontraba en el segundo piso. Quería verla, los días anteriores no había podido establecer conversación con ella, porque le habían suministrado unos calmantes, para que no sufriera tanto, no más de lo que ya lo estaba. El corazón de la oji-jade se arrugo por instante, todos los días le rezaba a un Dios, si es que existía, que ayudara a su mamá a recuperarse rápido. Habían pasado más de un año y medio batallando y a pesar de que habían obtenidos considerables resultados el avance era demasiado lento, y eso inquietaba a Sakura, que hubiese dado lo que fuese por ser ella la que estuviese en esa situación y no su madre, aunque Tsunade un millón de veces le había lanzado una reprimenda por decir tal atrocidad, porque a pesar de que estaba sufriendo, si de algo estaba totalmente segura era que si fuese Sakura la que estuviese en su lugar, su corazón maternal se habría destruido en segundos, porque nada era peor que ver a un hijo padecer de tal forma.
Abrió el picaporte de la habitación y se adentro en ella, e inmediatamente logro identificar a su madre, que yacía acostada. Se le acerco con cautela, pudo darse cuenta de que seguía dormida, lastima. Había llegado tarde, o quizás muy temprano, no podía saberlo. Se lamento en silencio en la única silla que se encontraba en el pequeño cuarto, perdida en sus pensamientos, hasta que una persona rompió con el infernal silencio, era otra doctora su madre, Shyla, una mujer agradable de tés morena y ojos marrones, como miel.
Se le acerco a Sakura con cariño y la abrazo, le habían asignado como paciente a Tsunade hace mas de 5 meses y en ese tiempo forjo una cálida amistad con la pelirosa, a pesar de que no eran muy cercanas y no se hablaban demasiado, se podría decir que los que las mantenía unidad era el lazo que compartían: Tsunade, Shyla se encargaba de velar por ella, hacerle sus exámenes y comprobar los avances de la misma. Y Sakura no podía estar más agradecida por ello, era reconfortante saber su madre se encontraba en buenas manos. Se saludaron unos segundos más y Shyla apaciguo el rostro.
—Hay algo que tienes que saber, Sakura —confeso en un tono sereno.
— ¿¡Que pasa con mi madre!? —respondió asustada la joven, con el corazón a mil. Con tanto tiempo que había que pasado en los hospitales sabía de sobra que esto tal vez no significase buenas noticias.
—Ella está bien, no tienes por qué preocuparte. —recalco, Shyla, posando su mano derecha en el hombro de la asustada pelirosa, que parecía que estaba a solo un segundo más de echarse a llorar.
—Es bueno saber eso, ¿Qué es entonces? —pregunto curiosa, dejando alzar una de sus cejas.
—Solo quería venir a avisarte que el seguro de tu madre se venció ayer por la noche. Como sabrás, las medicinas que ella necesita son muy costosas, incluyendo su estadía en esta clínica. Así que supuse que debía informarte lo más rápido de esto, no podemos dejar de suministrarle el medicamento, así que deberás pagarlos tú a partir de la semana entrante, hasta que logres renovar su seguro.
—Gracias por habérmelo contando, no tenía idea. Respondió algo pálida la oji jade, la noticia le había caído como plomo, haciéndola tragar en seco. Ella no tenía dinero para pagar los medicamentos... ¡Y vaya que costaban!
—Los administradores del hospital saben de sobra la situación de tu madre, así que te han permitido mantenerla aquí una semana más, donde seguirá contando con el apoyo de las enfermeras y de mí, pero si te atrasas con el pago vamos a tener que desalojarla y llevarla a su casa. Confeso apenada la morena, eran reglas del hospital, ella no podía hacer nada.
—G-gracias Shyla, información que cura. Finalizo Sakura con una sonrisa falsa en sus labios, estaba temblando del miedo, no tenía idea de que iba a hacer ahora.
Le dio un beso en la frente a su madre y salió inmediato del hospital, tenía que buscar cómo solucionar aquello, no podía permitir que trajeran a su madre a su casa, no después de que estaba mostrando mejoría, no, sabía que si la sacaban de ahí su madre no tendría otra oportunidad de mejorar. Y quizás hasta... No pudo pensar en eso, no. Eso no iba a pasar, se juro. Buscaría la manera de pagar los medicamentos, era lo primero, no podía dejar a su madre ni dos días sin ellos, porque sufriría demasiado en esa cama fría y de metal, después se las arreglarías para pagar la estadía en el hospital.
—Después de todo aun me faltan siete días.
Pensó, corriendo a conseguir un empleo, y a llamar a sus familiares.
