Desde la infancia.
Habían pasados dos días desde que Shyla le había sorprendido con semejante noticia, que como consecuencia había vuelto su mundo un caos. "Es sorprendente como tu vida puede cambiar en tan solo segundos" dijo para sus adentros. Había mandado su planilla para trabajar a varios locales pero sin embargo todavía no la habían llamado, y era totalmente entendible, pues no había pasado tanto tiempo. Pero sin embargo no podía evitar llenarse la mente de que no conseguiría un trabajo a tiempo. Había logrado casi a ruego que sus familiares lejanos les prestaran un considerable préstamo, pero seguía sin ser suficientes, las medicinas que necesitaba su madre eran sumamente costosas, y a la vez tan necesarias. Pero estaba agradecida por su ayuda, no pensaba que le darían algo, siendo honestos, sus familiares eran más humildes que ella, y no estaba muy segura si podrían ayudarla, pero saltaba de alegría al saber que se había equivocado.
"Hay que ver que el que menos tiene es el que más da" pensó, y se dirigió a la sala de su casa, que se encontraba mas desordenada que nunca. No había tenido tiempo de limpiar, ni siquiera de poder dormir desde que fue al hospital a ver su madre, no había vuelto a ir desde entonces. Sabía que su madre cuando despertase se preguntaría porque no había venido pero no podía ir allá y decirle que su seguro había vencido, no se lo perdonaría, su madre se pondría demasiado nerviosa si se enterase y no quería provocarle más angustias. Se sentó en el sofá con sus manos puesta en sus muslos, manteniendo la cabeza agachada, tratando de elaborar soluciones pero todas fueron eran en vano.
Para despejar su mente decidió llamar a su amiga; Ino. Necesitaba que alguien escuchase sus penas y no había mejor persona que la extrovertida de su mejor amiga.
Ella no tardo mucho en llegar, pues no vivía muy lejos de allí, a solo tres cuadras de su casa.
Sakura conoció a Ino desde que estas eran muy pequeñas, tendrían aproximadamente 6 años cuando se saludaron por primera vez, fue en un atardecer, sentadas en la acera de la casa de Sakura. Las presento un amigo que en ese entonces mantenían en común, al principio no se cayeron bien del todo. Ino se burlaba de ella, en especial de su gran frente y eso incomodaba a la pelirosa. "Frente de marquesina" le solía decir, y Sakura solo agachaba su pequeña cabeza en señal de verguenza, esas palabras realmente le afectaban, pasaba grandes ratos en su cuarto con la mirada fija en su espejo de madera, viéndose la frente. Se incomodaba al verla, la rubia tenía razón, era demasiado grande, se acomplejaba ella. Y así pasaron unos meses, aguantando los malos comentarios de esa oji azul que parecía ser perfecta, hasta que un día Sakura no se aguanto más y estallo en llanto ante sus feos comentarios, dejando a una pequeña Ino perpleja y muy confundida, pero sobre todo con un vago sentimiento de culpa.
Nunca más volvió a burlarse de su frente y fue entonces que con el tiempo forjaron una gran amistad, eran inseparables. Estaban siempre juntas, en el colegio, en sus casas, en la secundaria y en la preparatoria. Eran amigas leales, se contaban todos sus secretos, no había nada que la otra no supiese de la otra, se resguardaban las espaldas entre ellas, y ante sus madres también, son incontables las veces que se escaparon a escondidas a otros lugares y sus madres creyeron que estas se encontraban en la casa de la otra, el peor castiga que podían darles era no poder ver a su amiga.
La madre de Ino solía pelearse con la madre de Sakura, Tsunade. Cuando una de ellas llegaba a la casa diciendo una palabrota, o actuando de manera diferente o simplemente haciendo cosas que antes no habían visto en sus hijas, inmediatamente se enfurecían y le echaban la culpa a la otra familia, para ellas sus hijas eran incapaces de hacer tales atrocidades sin la influencia de un tercero, que equivocadas estaban para ese entonces.
Ino no era una santa, pero Sakura tampoco. Ambas habían tenido incontables pretendientes a lo largo de su adolescencia pero sin embargo todos terminaron en un rotundo fracaso, para suerte de ambas.
La rubia había desistido de los hombres, no le importaba nadie en particular, solo uno. Sakura no se acordaba con exactitud de quien se trataba y su amiga no era muy precisa con ella cuando se lo mencionaba, solo se limitaba a decir que era el joven más guapo que había visto y tenía una enorme fortuna. Y la pelirosa quedaba toda extrañada, porque a sus alrededores nadie correspondía ante tales características, su urbanización era bastante humilde, allí todos se conocían y ninguno tenía más que el otro, excepto los padres de Ino que tuvieron un golpe de suerte en los negocios de su padre posicionándolos como personas con "abundante dinero" subiendo de categoría, eran personas acomodadas, pero eso no le incomodaba para nada a Sakura, es más, se sentía hasta contenta por ellos. Nunca es bueno desearle el mal a nadie, eso creía ella.
Ino no tardo en llegar, se saludaron, abrazaron, y hasta se besaron las mejillas consecutivamente, tenían un tiempo sin verse, para ser exactos, tres días, y eso era como un siglo para ellas. Se acomodaron el sofá y seguidamente empezaron a contarse todo lo que habían vivido estos días, la rubia hablaba de lo que ella consideraba lo peor que le había pasado en toda su vida, había salido a una fiesta la noche anterior con un vestido amoratado que tenía un pequeño pero considerable escote que lucía sus firmes y redondos senos pero todo se fue al carajo cuando vio que otra mujer llevaba el mismo vestido que ella, no lo soporto. No podía andar por ahí compartiendo ropa con otra mujer ¿Qué pensarían de ella? No tuvo más opción que retirarse de ahí, hecha una furia.
Sakura escuchaba atentamente las palabras de su amiga, tenía razón, era una de las peores cosas que le habían pasado, esa rubia parecía tener una vida sumamente perfecta o algo cercano a lo perfecto, casi nunca le había faltado nada y sus preocupaciones eran en su mayoría insignificantes. La oji azul termino de hablar, y permanecieron un segundo en silencio, solo un segundo, porque Ino se giro rápidamente a Sakura, como acordándose de algo importantísimo, y dijo:
—¡Joder, Sakura! ¿Cómo está tu madre? ¡Se me había olvidado! Agrego la rubia con suma preocupación.
—Ella está bien, Ino. Los médicos dicen que está mostrando impresionantes mejorías. Pero...—Desvió la mirada, con semblante melancólico.
— ¡¿Pero qué?! Pregunto casi a gritos, agarrando de hombros a la pelirosa, incitándola a responder.
—P-pero su seguro venció hace 4 días, y si no consigo un trabajo lo más rápido posible la echaran del hospital. Respondió, con lágrimas en sus ojos. Sin duda el miedo la estaba consumiendo.
— ¡Y como no se te ocurrió decirme antes! ¡Puedo ayudarte, lo sabes! Agrego indignada la rubia.
—No quería molestarte, además pensaba pedirle ayuda a mis familiares. Pero solo me dieron una cuarta parte de todo lo que me hace falta.
—Yo te ayudare, Tsunade es como otra madre para mí, y lo sabes.
—No tienes porque hacerlo, no es tu obligación. Agrego, avergonzada, no quería que los demás se hicieran cargo de sus responsabilidades.
—Pero si quiero, si realmente te incomoda que lo pague, podemos hacer esto, te daré la mitad de lo que necesitas ¿vale? Así tú te encargaras de conseguir la mitad, y estarás mas tranquila.
—G-gracias Ino, eres realmente un cielo. Prometo que en cuanto pueda te pagare.
—No hace falta que lo hagas. Sentencio la rubia dándole un abrazo a su amiga, realmente le dolía verla a así.
Permanecieron en perfecto silencio, abrazadas viendo la televisión. Les encantaba ver películas juntas, se encontraban viendo una adaptación de una nivela de Charlotte Bronte cuando la película fue quitada por el canal del gobierno, al parecer el emperador haría un anuncio. Se miraron intrigadas, ese hombre no solía aparecer al menos que fuese algo realmente importante. Esperaron unos cuantos minutos hasta que al fin salió, haciendo una gran entrada, se encontraba en el pagoda, sentando en su trono, aquí en la capital. Y lo que dijo dejó a las dos en un estado de confusión.
—"Os tengo una noticia que estoy seguro que a más de uno, os parecerá del mas sumo interés. —Hablo finalmente el Emperador, formándosele una sonrisa traviesa en sus labios. ¿Qué estaba ocurriendo?
—A partir de hoy mis sobrinos, a quien ya conocéis muy bien, estarán en busca de una mujer de posición respetable, y para eso hemos programado una serie de actividades que todo nuestro pueblo podrá presenciar. —Agrego haciendo una leve pausa, haciendo que los presentes quedaran asombrados ante tal revelación, era una oportunidad de oro, o al menos eso pensaban, pues solo de imaginar los incontables beneficios que obtendrían logrando casar a cualquiera de sus hijas con uno de esos malcriados, se les nublaba la mente ante tantas posibilidades; Dinero, joyas, y hasta el mismísimo puesto de Emperador.
Uno de esos Uchihas en cualquier momento tendrán que heredar el puesto del Emperador, eso lo sabían todos. Madara Uchiha ya estaba demasiado viejo para continuar gobernando la nación, y en cualquier momento tendría que retirarse de su labor para pasar los años que le quedaban de su existencia en otras tierras, además estaba el hecho de que nunca pudo tener hijos, pero eso nunca logro deprimirlo, porque había sido bendecido con dos sobrinos a los que algún día podría cederle su puesto. Pensaba en Itachi, que de los dos hermanos era el más noble, más sensato y más puro, alguna vez había considerado a Sasuke un buen partido, pero con el tiempo su querido sobrino había demostrado poco talento para ser un príncipe, era retraído, y hasta en ocasiones algo odioso y no muy amigable como para lograr que el pueblo lo quisiese, no duraría ni un mes, juraban los altos mandos.
La muchedumbre parecía excitada, o al menos eso mostraba la televisión. Sakura e Ino quedaron perplejas mirándose una a la otra, sin decir nada, hasta que la rubia finalmente decidió romper con el silencio.
— ¡Esta es mi oportunidad! —menciono agitada, llena de euforia.
— ¿De qué? Pregunto incrédula la pelirosa, a veces le costaba entender las cosas a la primera.
— ¡De desposar a Sasuke Uchiha, obvio! ¿Qué mas podría ser sino? —relevo parándose del sofá, estaba que saltaba de la emoción.
—A ese niño riquillo ¿dices? Respondió mirando a la televisión, se encontraban los dos Uchihas, rodeado de cámaras y paparazzis.
. —Shu, calla. ¡Es mi niño riquillo! Prepárate Sakura, porque seré la próxima señora Uchiha.
—Te deseo la mejor suerte de todas entonces. —agrego, realmente no le interesaba la noticia, ¿Qué se suponía que iban a hacer? ¿Iban a poner a todas las mujeres del país a pelearse por dos tipos que probablemente ni las lleguen a querer? Tenía mejores cosas en que pensar, en su madre, un claro ejemplo. A quien no había visto hace dos días, y ya se sentía tremendamente culpable por ello.
—No seas aguafiestas Sakura ¡No lo veas de ese modo! Sera un gran evento, estoy segura. Y quizás necesiten un centenal de personas para elaborarlo, es muy probable que estés viendo tu futuro empleo.
—Hay mejores, no quiero trabajar ahí. —respondió, ¿Y cómo podría? ¿Cómo iba a poder siquiera tolerar estar ahí viendo esa gran cantidad de personas riendo y disfrutando ajenos a cualquier problema, cuando su madre estaba sola en una habitación? Se pondría furiosa, estaba segura. En especial porque todos serian de altos mandos del país, y le molestaba la idea de que esas personas tenían para gastar en un patético evento como ese, quien sabe para qué. Y tenían varios hospitales donde había personas luchando por sus vidas y el gobierno no era capaz de ayudarlos. Incompetentes, pensó.
—Está bien, pero al menos podrías acompañarme a ver cuáles son los requisitos para competir por los hermanos, por favor —suplico Ino, haciendo un puchero.
—Por supuesto que sí, vamos para allá —finalizo parándose del sofá, no le apetecía ir, pero sabía que se lo debía a la oji azul, acababa de ofrecerle la mitad del dinero que necesitaba, no podía negarse.
El dúo salió, no sin antes que Ino se retocara como unas 20 veces el maquillaje, porque quería estar perfecta cuando llegara, es tan... Ino. Penso Sakura mientras se le dibujaba una sonrisa en sus labios.
