Irse no es una opción.
Habían llegado a lo que sería el palacio del Emperador.
Era un lugar de más de 10 hectáreas e impresionante arquitectura. El palacio había sido construido finalizando la edad media, y había sido preservado desde entonces.
Habían podido mantener su estructura medieval, sin embargo no se había salvado de las incontables modificaciones que a lo largo el castillo tuvo que ser sometido para poder mantenerlo. Dejando como resultado una confección de aspecto antiguo con partes de la actualidad. Sin duda ese palacio era una reliquia del país.
Ino y Sakura caminaron hacia el castillo confundidas, no fueron las únicas en tener la idea de venir a pedir información, y es que era algo de lo mas entendible. Pues había sido una noticia totalmente innovadora, y más de unas 500 doncellas cazaderas no faltaron, excitadas y viendo el palacio como si de su futuro hogar se tratase. Se acercaron casi a rastras a uno de los guardias que se encargaba de vigilar la entrada y salida del castillo, un tipo de cabello gris de igual manera, con semblante impasible, y rasgos finos, no debía de rondar más de 30 años, pensó Sakura.
—Disculpe señor, venimos por lo del anuncio. ¿Nos podrá facilitar los requisitos necesarios para poder inscribirse? Solicito Ino.
—Solo tienes que ser una señorita de posición respetable, ser acreedora de una abundante belleza y poseer numerosas cualidades. Dejar tu planilla al administrador, y él se encargara de llamarte en el transcurso de esta semana en caso de que hayas sido seleccionada. —Respondió con sequedad y algo de irritación, como si ya hubiese dicho esas mismas palabras unas 300 veces.
—G-gracias señor, es usted muy amable. Dijo en tono sarcástico la rubia.
—Si ya tienes todo, ¿nos vamos? —Pregunto la pelirosa, este lugar le producía ansiedad. Demasiadas personas chocando entre ellas, era un total desastre.
—No, ¡Espere! —Exclamo Ino como si se hubiese acordado de algo.
— ¿Algo más? —Pregunto en tono de fastidio el hombre.
—Sí señor, por casualidad, ¿No estarán buscando una empleada? ¿En lo que sea? Mi amiga está buscando un trabajo con urgencia, no importa de qué, ella lo hará con gusto. —Agrego la rubia señalando a la oji jade, haciendo que esta abriera los ojos de par en par, habían acordado que no buscarían un empleo allí.
—Mmm, me parece que si tenemos uno. —Responde llevando su mano derecha a su cabeza, como si se estuviera acordando de algo.
— ¡¿Así?! ¡Ella lo acepta! —Exclamo casi a gritos la oji azul.
—Es un puesto de mucama, la joven que lo tenía renuncio ayer y no hemos podido encontrar una. Si te interesa, solo dímelo. No perdamos tiempo en papeles, no podemos darnos el lujo del esperar mucho tiempo.
— ¿Cómo sería el horario? —Hablo finalmente Sakura, curiosa por el empleo.
—Bueno, trabajarías desde las nueve hasta las siete de la noche, no tienes que hacer mucho, solo mantener limpia unas partes del castillo, y obedecer sin rechistar las órdenes de tu jefe. La paga es muy buena, todos los días cobraras 30.000 Motyanes. Aun no entendemos porque siempre lo dejan. —Respondió intrigado el señor.
—Yo lo aceptare con gusto señor. —Dijo la pelirosa dejando escapar una pequeña sonrisa.
—Excelente, comienzas mañana. Espero lo mejor de ti, ¿señorita...?
— ¡Sakura, Sakura haruno señor!
—Bien señorita Haruno, nos vemos mañana entonces.
El dúo se retiro casi gritando de alegría del palacio, la rubia porque sabía perfectamente que iba a lograr entrar al concurso. Se había tomado la libertad de observar a todas las jovencitas que se encontraban en los alrededores, y llego a la conclusión de que ninguna estaba a su altura, si, eran lindas, pero ella tenía algo mas, y no era del todo mentira, o vanidad de su parte. Ino era una de las mujeres más hermosas de la capital, era casi perfecta. Era poseedora de una larga melena rubia increíblemente cuidada, tenía unos ojos azules tan hermosos, era como ver reflejado el cielo y el mar en ellos, su rostro y su piel eran como de porcelana, tan suave como ninguna otra. Y su figura, su figura era lo más fascinante, tenía la cintura tan pequeña como de una avispa, un abdomen firme y plano, unos senos considerables, de muslos grandes y glúteos firmes. Ella era casi irreal.
Sakura por su parte era casi lo contrario, era muy delgada, y de pocos senos y glúteos. Sin embargo tenía el rostro más interesante de todos, era poseedora de unos ojos jades casi imposibles de tener, y tenía la piel incluso mas pálida que la de Ino, y su cabello, era lo más impresionante de todo, llevaba orgullosa su melena rosa palo, convirtiéndola en un espécimen menudamente interesante y no antes visto.
Caminaba pensativa por el centro, había conseguido un trabajo a tiempo, y el sueldo era más que satisfactorio. En poco tiempo podría renovar el seguro y conseguir las medicinas de su madre, no podía haber esperado mejor, y quizás hasta podría quedarse allí, pensó. Si iba a ser tan bien pagada no era de su parte muy inteligente abandonarlo, ya que si seguía en este podría seguir trayendo ingresos a su hogar y poder permitirse más cosas.
Quizás hasta podría continuar sus estudios, pensó. No había tenido tiempo de buscar universidad desde que su madre cayó en enfermedad, y había permanecido así porque era incapaz de irse y abandonarla, no podría jamás dejarla sola, nunca se lo perdonaría. Pero si esta se recuperaba cada vez mas pues no había razón para no intentarlo, le llamaba la atención la carrera de medicina, era su mayor anhelo, y también el de su madre, Tsunade había tenido el mismo sueño en su juventud, pero sin embargo un infortunio no la dejo ejercerla; era muy pobre. Su familia eran personas humildes y no podían permitirle a la rubia pagarle el semestre. Aun así ella lo intento todo, trabajo día y noche incansablemente, realizo un incontable de cursos de enfermería, primeros auxilios y medicina en general pero aun así nunca pudo costearse la universidad, era una lástima. Con el tiempo tuvo que aprender a aceptarlo y realizo sus estudios a los 24 años en una universidad pública en el sur de la ciudad, en la carrera de psicología, para entonces Sakura ya tenía dos años y vivían en el apartamento que antes había sido del prometido de Tsunade.
Si había algo que la pelirosa mas desease era poder llenar de orgullo a su madre. Y no descansaría hasta lograr su cometido, se imaginaba las innumerables cosas que podrían hacer juntas cuando ella se recuperase, podían ir a admirar el mar y saborear las salvajes olas de la costa, que tanto les gustaban a ambas. También podrían viajar por el continente, Sakura siempre le fascino varios países hermanos, quería ir a ellos y poder explorarlos, descubrir sus costumbres y tradiciones y mantenerlos siempre en su memoria, que si no era excelente pues estaba casi cerca de serlo, Sakura recordaba con gran lucidez recuerdos desde que ella tenía tan solo 3 años, siempre le hablaba a su madre de cosas que habían ocurrido años atrás y su madre solo se limitaba a decir que era imposible que se acordase de eso, pues la oji jade era solo una cría, pero ella solo se reía.
En una parte del camino el dúo tuvo que separarse, Ino iba de camino a su casa pero Sakura quiso pasar primero por el hospital, había pasados dos días sin ver a su madre y ya le estaba pesando la culpa, no podía dejar pasar otro día mas. La rubia no pudo acompañarla porque tenía recados que cumplir en su hogar, así que solo se despidieron como tantas veces lo hicieron en su niñez y juventud y tomaron caminos diferentes.
Los hospitales a la oji jade le producían una sensación de grima, porque cada paso que dabas podías encontrarte con una persona que estaba luchando por su vida, y a veces no lo lograba. Pero también podías encontrarte con el sollozo de un bebe, una nueva vida con un gran y duro camino por delante, en el momento más inocente del hombre. Era impresionante como en un solo lugar podían darse la vida y la muerte. Y que ambas siempre andaban de la mano, no podía existir vida sin muerte, y tampoco muerte sin vida, era un ciclo vicioso sin fin, temido por los grandes y anhelado por los más débiles.
Se adentro en los pasillos que tanto conocía y se dirigió a la habitación de su madre, giro el picaporte con mucha cautela, como siempre solía hacer, porque nunca estaba totalmente segura de lo que allí iba a encontrar.
Y ahí estaba, esa mujer que tanto adoraba. Despierta y aprovechando para comer algo, por un momento creyó que iba a llorar, no era posible sentir tanta felicidad, pensó y se dirigió con paso seguro a ella.
—Madre, me alegra tanto verte.
—Hija, que bella estas, ven, siéntate aquí conmigo. —Respondió Tsunade con lágrimas en los ojos, nada la motivaba más que ver a su hija, era su vida y también su mayor amor.
—Vine a verte el martes, pero estabas dormido y no quise molestarte. —Agrego tomando con delicadeza la no izquierda de su madre, dándole un suave apretón.
—Eso me dijo Shyla, no te preocupes, yo lo entiendo, debe de ser incomodo para ti estar todo el día por aquí.
—Por supuesto que no, madre. Si por mi fuera dormiría hasta en el piso todas las noches solo para estar contigo, pero ya sabes cómo son las reglas en este hospital, sumamente estrictas y ni porque grite y patalee me dejarían aquí.
—Tienes razón mi niña, pero lo compensan con su increíble trabajo y empeño. Solo mírame, si no fuera por ellos no estuviera cada día mejor.
—Supongo que por eso aun no les he lanzado una bronca. —Confeso en tono divertido la pelirosa, las reglas eran muy jodidas por aquí, pero al menos cuidaban bien de Tsunade, porque de lo contrario ya se habría peleado hasta con el mismísimo jefe del hospital si le era posible.
—Y dime mi princesa, ¿Qué me cuentas? —Insinuó, conocía bien a su hija, podía sentir que algo le ocurría.
—Nada importante madre, pero conseguí un empleo en el castillo. Solo tengo que limpiar, pero el sueldo es bastante bueno.
—Ten cuidado mi niña, esos hombres se creen dueños de todo, y creen que pueden hacer con quien sea lo que se les antoje, y mucho más si se trata de una joven tan hermosa como tú. —Confeso Tsunade preocupada, no se lo perdonaría si a su hija le pasase algo en ese horrible lugar.
—Madre, es el castillo, no hay lugar más seguro en toda la nación. —Respondió intrigada.
—Si eso es lo que crees entonces está bien. Pero mantén los ojos bien abiertos, siempre en grandes gobiernos se esconden grandes secretos, ¿Por qué si no como se mantendrían?
Hablaron por dos horas mas, Sakura no pudo evitar explotar en llanto al enterarse que el cáncer de su madre estaba cesando. Nada le produciría una inmensa paz como eso, nada. Después tuvo que retirarse, pues ya estaba oscureciendo y mañana comenzaba su primer día laborando en el castillo y no quería llegar tarde o no tener las fuerzas suficientes para trabajar. Se despidieron con un beso en las mejillas y se retiro de la escena.
Sakura no pudo conciliar el sueño esa noche, se despertó a las tres de la madrugada inquieta. Se levanto a tomar agua y luego regreso a su cama, que para entonces ya estaba fría. Se preguntaba como la señora que estaba antes que ella había abandonado aquel empleo, si la paga era tan buena y prácticamente solo tenias que limpiar. Quizás solo no tenía tiempo... Si, tal vez solo era eso.
También pensó en los hermanos Uchihas, y como se debían de estar sintiendo por tener que casarse con una persona a la cual no conoces, ¿habrían sido ellos los que eligieron esto? No lo creo, lo sabía porque estaba segura que a ella tampoco le hubiese gustado. ¿Casarme con una persona a la cual no conozco? No podría jamás, pensó, y se dejo caer en los brazos de Morfeo.
Eran las ocho y media cuando llego al castillo, que seguía inundado de jovencitas dejando sus planillas, los guardias parecían exhaustos, como si no hubiesen podido pegar un ojo a su almohada desde que el emperador proclamo ese revuelo. ¿Por qué les interesaba tanto casarse con esos hombres? Tal vez ni siquiera las llegarían a querer, al final de cuentas solo eran niños riquillos que posiblemente nada les debe de llenar a estas alturas que ya probablemente lo han de haber visto todo. Era estúpido. Quizás solo les interesaba el dinero, las joyas y la posición que obtendrían, pero aun así ni por eso se imaginaba haciendo una de esas filas, las joyas no le gustaban y de dinero tenia mas del que necesitaba, pero la vida era muy costosa y tenía que partirse la espalda para seguir, y de la posición ni hablar, tenía en su criterio que en el momento en que decidías unirte a algo así perderías de manera inmediata tu identidad, y que tendrías que fingir algo que no eres solo para que terceros te admiren.
Finalmente se encontró con el señor con quien había hablado ayer.
La saludo con cortesía y prosiguió a enseñarle sus labores.
—Ten, este será tu uniforme, todas las mucamas llevan uno. —Menciono entregándole el uniforme, era un pantalón oscuro con una camisa de color blanco y mangas negras, nada atractivo a su parecer.
— ¿Dónde me lo puedo poner? —Pregunto confundida.
—Por la derecha te encontraras con un baño, hay como diez en toda la mansión.
—Gracias, ¿Señor...?
—Hatake Kakashi señorita. —Respondió con semblante impasible. —Y no olvide que su parte correspondiente es la del norte, por allá se encontrara con un buen de habitaciones esperando de sus servicios, pero sobretodo no olvide de limpiar la habitación del príncipe Sasuke, el es su jefe.
—Entendido, señor Hatake. —Agrego con un leve asombro en sus ojos, no esperaba que su jefe iba a ser uno de los príncipes.
Sakura se puso el uniforme y se dirigió a la parte norte del castillo, con paso inseguro. El lugar era demasiado grande para su gusto, sus pasos se escuchaban como eco, pareciera que por aquí no había nadie. Se adentro en una de las habitaciones y empezó a laborar, las tres primeras habitaciones eran enormes, incluso podría jurar que eran más grandes que su casa, tenían de todo allá adentro; baño, dos cuartos y una pequeña terraza donde sentarse. Era impresionante, se preguntaba si alguien realmente vivía allí, porque pareciese que no estaban habitadas esas habitaciones, no había ropa ni algún indicio de que alguien durmiese allí, quizás eran solo para visitantes, pensó y se dirigió a la última habitación, una que se encontraba en el fondo. Desde que toco el cerrojo, de caoba y pequeñas incrustaciones de oro puro, noto que esta tenía algo diferente a las otras.
Entro y para su sorpresa esta se encontraba considerablemente ordenada, solo se podían deslumbrar alguna que otra prenda u objeto por el suelo o mal acomodado. Pero aquí alguien si dormía, de eso estaba muy segura. Repitió el mismo procedimiento que las anteriores, primero recogió todos los objetos que se hallaban en el piso y los acomodo, luego se dispuso a barrer el lugar, no había mucha suciedad, a diferencia de las otras habitación esta era totalmente diferente, al entrar no parecía una habitación sino más bien una sala, pero a medida que te adentrabas podías encontrarte con tres puertas, una era un baño, otra una habitación para invitados (lo sabía porque no había nada más que una cama y una mesita de noche) y finalmente la habitación principal, que poseía una cama de madera perfectamente tallada, un gran escaparate lleno de miles y miles de ropas (todas de colores oscuros, extrañamente) otro baño, y una terraza, esta era muy interesante porque desde ahí se podía observar las puertas del castillo, podías saber quien entraba y salía desde este allí.
Se encontraba terminando de barrer cuando escucho el sonido de la puerta, haciendo que como resultado se tensara.
Se dirigió con paso cauteloso hacia la sala, al principio no pudo notar nada extraño. Hasta que lo vio.
Un hombre sentado en el sofá de cuero, lo distinguió por su particular piel, demasiado blanca. Estaba vestido completamente de negro y eso lo hacía confundirse con el inmobiliario. Puso sus ojos en Sakura, haciendo que esta se tensara nuevamente. Esos ojos, eran los ojos más oscuros había visto, la miraron de arriba abajo produciendo que temblara levemente.
Parecía que por un momento el tiempo se había detenido, hasta que finalmente el azabache se dispuso a hablar.
— ¿Quién eres tú? — Dijo en un tono tan frio, que Sakura pensó que había congelado la sala con sus palabras.
—S-soy Sakura Haruno señor. —Logro decir a duras penas, ese hombre realmente la incomodaba.
—Ah, así que sa-ku-ra. —Agrego con un impresionante desinterés.
—S-Si señor, soy una mucama, me encargo de esta parte del castillo.
—Eso quiere decir que la otra señora renuncio. —Respondió, dejando visualizar una sonrisa ladina en sus finos labios.
—E-eso parece señor. —Dice, totalmente espeluznada ante su sonrisa, que detonaba malicia a miles de kilómetros.
—Bueno Sa-ku-ra, déjame decirte que por ese camino iras tu también. —Respondió mirándola con desprecio, odiaba que le siguieran asignando sirvientas.
—Lo lamento señor, pero no me voy. —Agrego en tono firme, no sabía cómo había logrado responder, ese hombre la congelaba con la mirada.
—Entonces me encargare de que lo hagas, y para ti soy Uchiha Sasuke, tu jefe. Menciono aun sorprendido y a la vez irritado por la respuesta de esa niña de cabellos rosados.
—Ya termine mi labor por hoy, volveré mañana señor Uchiha. —sentencio la pelirosa muerta de miedo, el tipo era de lo más raro, no había nada de calidez en el.
La oji jade se retiro de la espeluznante escena y se dirigió a la parte oeste del castillo, dejando a un Uchiha Sasuke totalmente irritado.
Seguía sentado en su sofá, pensando en la escena que acaba de presenciar, esa malcriada lo había retado. "No me voy" pero como se atreve a hablarle así, ¿Qué no sabe con quién está hablando? en su rostro se dibujo una sonrisa traviesa y se acostó.
Pues sa-ku-ra, yo haré que te largues.
Murmuro para así mismo cruzandoce de brazos. Le encantaban los desafíos.
Porque siempre solía ganar, o al menos, casi siempre.
