INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI, SÓLO HAGO ESTO DE DIVERSIÓN
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LA REINA DEL NORTE
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CAPITULO 13
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Aun días después de la terrible masacre en el Norte, el cielo seguía denotando un profundo color rojo, como si estuviera en consonancia con toda la sangre derramada en aquella incursión de los barbaros.
A muchos aquel color podría parecerles siniestro, pero para otros, como Varra era un color placentero, porque al mirarlo por las ventanas eran un recordatorio de su victoria.
La mujer, vestida de negro y algunas joyas relucientes por el cuello, empujó la puerta de la habitación donde se encontraba su particular prisionera.
En realidad, una cautiva muy especial, porque todos sabían que estaba allí, pero por su particular situación, estaba recluida en esas habitaciones.
Creían que había enloquecido de dolor por haber perdido a su familia.
Sólo Varra, en su nuevo status podía visitarla a placer.
Cuando la lúgubre mujer entró a la habitación, lo primero que notó fue el cabello rojo de la reina viuda Margaret, quien estaba frente a la chimenea, de espaldas a la entrada. No había ninguna dama de compañía.
Varra sonrió.
Margaret apenas se movió cuando la vio acomodarse en otro sillón adjunto al de ella.
—Reina madre Margaret ¿Cómo amanecisteis hoy? —preguntó de modo irónico y al ver que la mujer no la miraba a ella, decidió arremeter —. Sé que no podéis hablar, gracias a las pócimas que os doy, pero sí que tenéis ojos y podéis verme, así que no me quitéis el placer, porque deseo ver tu mirada cuando os cuente unos detalles.
Margaret movió dificultosamente la cabeza hacia Varra. Que no podía hablar y moverse escasamente era cierto. Varra la tenía drogada en base a varias pócimas que le hicieron perder el habla, el movimiento y otras facultades. Pero la madre de Kikyo se aseguró que estuviera lucida para oír.
Era imposible reconocer en aquella mujer a la otrora orgullosa reina viuda Margaret.
Varra se sirvió una copa de hidromiel.
—Todo ha salido como se planeó. Vuestro hijo, vuestra nuera, vuestros nietos y hasta vuestros mejores soldados han muerto. No es necesario que te repita la lista, ya los sabéis.
Margaret derramaba lágrimas de impotencia ante aquel macabro relato, narrado con tanta sangre fría.
Varra siguió hablando.
—La conspiración fue un pacto entre mí, ese idiota de Sota y el rey del Sur, Naraku. Fue él quien tuvo la idea de hacer convenios con estos salvajes para que atacasen puntos estratégicos para que vuestro hijo marchara a detenerlos y dejara frágil a su mujer e hijos. No fue fácil ¿sabes?, pero el idiota de Sota, que es vuestro sobrino estaba tan enamorado de Kikyo y celoso de Inuyasha ¡que tonto! Y luego nuestros amigos del Sur hicieron una aparición triunfal barriendo a esos salvajes, quedando como los grandes salvadores y amigos del Norte. Si la gente supiera que toda la invasión fue idea del rey Naraku. Igual, su apoyo es importante y no podemos perderla.
Algunos dedos de Margaret se movieron denotando tal fuerza de voluntad en desear moverse y gritar.
—Sentí un gran placer en derramar venenos preparados con secreciones de enfermos de disentería y hacerlas arrojar al arroyo que proveía a vuestro hijo y su ejército. Vuestro hijo murió de forma bochornosa. Hasta esos pequeños bastardos que decíais vuestros nietos tuvieron una mejor muerte.
Margaret tragó saliva. Sus enormes ojos azules estaban cristalizados de dolor, de la sola mención de lo ocurrido con su familia.
—La casa Taisho ha muerto —refrendó Varra, bebiendo un poco de hidromiel —. Los únicos que quedaban eran Sota y vos misma, mi querida Margaret. Vos no podéis heredar nada, tenéis problemas mentales. Sota era el heredero, pero no podíamos permitir que un hombre como ése subiera al trono que dejamos libre con tanto esfuerzo. Así que lo hicimos emboscar cuando cabalgaban al Norte, trayendo el cuerpo de Inuyasha. El muy confiado ni siquiera supo que su familia fue masacrada. Tanto que el cuerpo de su hermana fue hecho cenizas. Ni siquiera tuvimos un cuerpo para su funeral ¿sabes?, pero es lo que merecía esa desgraciada luego de tantos años de vilipendiar a mi hija. Ahora, poneos cómoda, me gustaría contaros detalles de eso, ya que por vuestro estado de salud no pudisteis estar presente.
Margaret oía aquel macabro relato que Varra rememoraba. Pero ella no lo imaginaba con el tinte de su narradora.
Todos los que compartían vínculos con la Antigua Sangre, tenían en algunas ocasiones vividas imágenes mentales de situaciones que ocurrieron alguna vez.
La reina viuda dejó de oír la voz de su captora, para recrear con el más horrible dolor, la despedida a su familia.
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El mundo oriental tenía muchas diferencias políticas en manejos de territorios y reinos, pero sí que todos tenían las mismas rituales y tradiciones.
Los dioses en los cuales ellos creían Vivian en Asgard, uno de los mitológicos nueve mundos. Justamente en un gran salón de ese mundo celestial estaba el anhelado Valhalla, donde iban los grandes guerreros del Oriente caídos en combate, así como otros escogidos por los mismos dioses.
Las almas normales iban al Hellheim y las almas que pagaban un purgatorio iban al Niflheim.
Los funerales norteños seguían el tradicional corte de las despedidas en las aguas del Ypacarai, el gran rio con desembocadura en una gran caída de agua. Allí se despedían las naves que contenían los cuerpos y desde los muelles se arrojaban las flechas con fuego mortuorio.
Fue una de las peores noches que recordara el Norte en cientos de años.
Centenares de barcazas listas. En las cinco barcas principales estaban los últimos miembros legítimos de la Antigua Sangre: el rey Inuyasha, los príncipes Narvel y Valiant. Las cenizas de la reina nunca pudieron ser reconocidas, así que en la barcaza mortuoria que le correspondía se colocó su corona de reina consorte. En la última fue depositado el cadáver de Sota, quien hubiera sido rey de no haber sido emboscado cuando cabalgaba con su comitiva a traer el cuerpo de su primo.
Toda una generación destruida. Dos ancestrales casas marchaban al ocaso luego de su extinción.
El funeral era multitudinario y el dolor en los rostros de los presentes que se congregaron en el Puerto de Ypacarai para dejar ir las naves, era patente y desgarrador.
Sólo norteños y del Bosque Negro.
Los mentados sureños que habían venido a "ayudar "en la invasión tuvieron que marcharse, porque éste no era su asunto.
Con estas muertes, perecía la flor y la nata que rigieron el Norte por siglos.
Kikyo, vestida de negro de pies a cabeza, como ultima representante conocida de la Antigua Sangre, a pesar de su bastardía, tenía sangre real, así que era la encargada de presidir esta emotiva ceremonia de despido.
La mujer no decía ninguna palabra. Estaba aún en estado de shock y conmoción. Cientos de naves fúnebres frente a sus ojos, pero el único que le importaba a ella era el que estaba a la cabeza: la de su rey, la de Inuyasha, el hombre que ella había amado toda su vida.
Y que seguiría amando hasta el fin de los tiempos. Nadie nunca podría reemplazarlo jamás.
Kikyo tenía los ojos cristalizados en lágrimas. Habia querido a Inuyasha casi desde el primer momento en que lo vio y lo quiso más que cualquier cosa que haya querido nunca.
Él se sintió conmovido ante su devoción y la convirtió en lo único que podía: su amante.
Por eso odiaba tanto a Kagome, por convertirse en su esposa y la madre de sus hijos.
Como le hubiera gustado poder tener sus hijos. Sería el lamento de su vida.
Ahora todos estaban muertos. Kikyo sabía que el plan incluía matar a todos, sólo dejando a Inuyasha con vida. Por eso cuando su madre le informó que su amante murió de forma accidental bebiendo agua que no era dirigido a él, se desmayó de dolor.
No debió pasar eso. Inuyasha hubiera debido ser su marido, y lo que ahora debían estar celebrando era sólo el funeral de los otros. No la él también.
Cuando vio su cadáver, gritó tan fuerte, que los ecos se oyeron más allá de las fronteras.
La mujer miró el rostro de las personas que se congregaron en esta noche que prometía lluvia.
Consternación, tristeza, desdicha, abatimiento y con la sensación de haber perdido el corazón.
Como si se hubiera extraído el alma al tan orgulloso Norte. La sensación de fragilidad y de exposición era descomunal.
No habían estrellas en el cielo, como preludio de que aquí se desarrolló una desgracia.
Como si los dioses hubieran abandonado al Norte.
Kikyo, quien tenía a un lado a Onigumo y del otro a su madre hizo una seña desde su sitio al arquero que arrojara la primera flecha.
Que debía impactar a la gabarra que contenía el cuerpo de Inuyasha. La flecha voló de manera certera para percutir en el navío. Comenzó a arder.
Ante otra señal de Kikyo, otras tantas flechas fueron arrojadas a las naves del resto de la familia real, incluido Sota, así como los cuerpos del Regimiento Dorado que pereció en los caminos del Este.
Y también los guerreros muertos en la invasión bárbara, como Hiten.
La mayoría de estas almas caídas en combate o asesinadas irían al tan anhelado Valhalla, se esperaba que así fuera. O al Helheim a descansar sus espíritus en un sueño eterno y grácil.
Kikyo vio arder el navío de Inuyasha arder hasta que hubo desaparecido por completo.
Kikyo empezó a derramar lágrimas, que parecían acido volcándose por sus mejillas.
—Adiós, amor mío.
Como consonancia al dolor, miles de luciérnagas brillantes se desplegaron hacia el cielo, como si volaran junto a las almas de los muertos.
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No estaba en condiciones aun, pero no hubo nadie que pudiera detenerlo.
Miroku, aún tenía sus heridas abiertas, cuando se enteró de la invasión y la masacre. Le daba vergüenza, que como guerrero no pudo estar allí para morir por la familia real.
Por eso, nadie pudo detener que viniera al funeral. Miroku era un joven valeroso, leal y honorable. Soldado amaestrado por el mismo Hiten, aquel gran guerrero.
Durante el acto, Miroku se arrodilló mientras pasaban las barcazas y fue el encargado de arrojar la flecha que impactó contra el navío que contenía el cuerpo de Hiten.
Fue su maestro y el hombre que le enseñó todo lo que sabía. Pidió el honor de ser el encargado de hacerlo y se lo dieron, porque le muchacho se había ganado sus espuelas, y además La Justicia del rey lo trataba con el cariño de un padre, un tutor y maestro.
Como se presumía que el hermano de Hiten también pereció y se hizo ceniza en el incendio del Palacio de los Delfines, le otorgaron al joven Miroku aquella tarea.
La de asegurarse de enviar a su maestro al Valhalla. Honorable caballero muerto en combate.
Miroku era un muchacho fuerte, pero aun así no pudo evitar que de sus ojos claros cayeran un par de lágrimas.
Allí mismo volvió a arrodillarse y juró por Odín, que ahora daría su vida por proteger a quien se sentare en el Trono del Norte.
Al hacerlo miró hacia la mujer, vestida de negro que estaba en el centro del Puerto de Ypacarai.
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Varra terminó su lúgubre y macabro relato.
Margaret, quien estaba en sus cabales, aunque no podía moverse ni hablar, lo único que quería era tomar un cuchillo y decidir ella misma su destino, para reunirse con su familia.
Evidentemente por castigo a sus crímenes, ahora viviría con esta horrible desgracia.
—Te dejé viva por un solo motivo —adujo Varra, levantándose —. Necesito alguien a quien contarle estas cosas. Como sabes, fue traición y no es cosa de andar contándoselo a cualquiera. Cierto que tenemos cómplices, pero me es más divertido hablar contigo. Podría cortarte la lengua, pero prefiero que te crean loca.
La reina viuda quería tener fuerzas para poder gritar y desahogarse, para luego matarse ella misma.
Esto era un infierno.
Masacraron a su familia.
Mataron a su hijo, sus nietos. Su sobrina e incluso Sota que fue un maldito traidor, que era su sobrino, tenía su sangre.
—Vuestros nombres desaparecerán con el viento —alegó la mujer —. Kikyo, mi amada hija, quien no tiene una gota de Antigua Sangre será la nueva reina del Norte. Ella no es hija de vuestro hermano, ni siquiera estoy segura de quien lo sea.
Ante esta última revelación, los ojos de Margaret se abrieron como pudieron.
—Ahora que el circo funerario acabó, ella será coronada Reina del Norte, por ser para todos, la última representante de la Antigua Sangre. Mi única desgracia es que deberá llamarse ahora Kikyo Higurashi, para representar la casa de su supuesto padre. ¿No te resulta hilarante? Vosotros perecéis y nosotros perduramos.
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Su propia madre supervisó mientras la vestían.
Pero Kikyo tuvo voz en la elección de su ropa. Debía ser negra, por su luto. Le colocaron las joyas de la Reina y lucia sencillamente deslumbrante con aquel vestido del color del dolor.
Con su pelo oscuro y esa piel blanca resplandeciente. No la tradicional pelirroja.
Llegada la hora, vino la comitiva del Consejo Real a arrodillarse ante ella para acompañarla en su procesión al trono.
Kikyo juntó sus manos, se secó el rostro de lágrimas inoportunas y caminó ceremoniosamente hacia el Trono, ante la expectación de los presentes.
Por lejos, está era una coronación extraña, porque no se harían las demostraciones de quitar las viejas espadas. Se adujo luto por los parientes fallecidos, pero la verdad es que no podía cogerlos.
Onigumo y Varra caminaron tras Kikyo.
Kikyo se arrodilló por última vez ante el Trono, que ahora sería suyo.
—¡Queda coronada Kikyo de la casa de los Higurashi!, Reina del Norte y señora del Bosque Negro.
Porque además del trono del Norte, se convertía en la señora del ancestral hogar de los Higurashi.
El viejo Maestro de Ceremonias colocó la corona que fuera de Inuyasha en su cabeza.
Cuando Kikyo se levantó, el gritó fue al unísono ante las indicaciones del maestro.
—¡Larga vida a la Reina!
Tomó su lugar en aquel majestuoso trono, al cual no tenía derecho.
Kikyo, reina del Norte.
CONTINUARÁ
Hola mis dulces amigos.
Aquí un capitulo corto, aburrido para muchos, pero necesario. En el sigte ya veremos a Kagome y Bankotsu, veremos para donde fueron y que pasará con ellos.
En el Capítulo 14 se inicia un nuevo arco de la historia, y aparecerá un personaje nuevo, que a mi particularmente me gusta mucho.
Pero la historia aún está de luto por tantas muertes.
Inuyasha, pese a estar muerto parece que todavía tiene peso en el fic y sabrán pronto porqué.
Aquí les dejo músicas de inspiración. Para buscarlas tal cual en Youtube.
Como verán el funeral fue nórdico y me gusta este para eso:
Into Eternity - Isolated Score from Thor: The Dark World
La coronación de Kikyo, me gustó este tema de Got, ocurre que me gusta copiar como dice mi detractora.
Igual creo que es perfecta, porque una mujer malvada y desquiciada sube al trono.
Busquen en Youtube:
Coronación de Cersei Lannister como Reina de Poniente
Saludos y besos a mis bellas comentaristas: KARLA YUMAIKA, FRAN GARRIDO, JOH CHAN, AR TENDO.
Las quiero y ya se viene el cap 14
Paola, con cariño.
