Distracción.

Bajaba las escaleras que tan bien el conocía, con un paso menudamente suave y elegante, como siempre se había caracterizado.

Eran las 7 de la noche, lo sabía porque sonaban las campanas del castillo, indicando la hora de cenar. Probablemente ya se habría ido la pelirosa, pensó. Tan había sido el disgusto que no había podido lograr sacársela de la cabeza; Sa-ku-ra, no sabes lo que te espera. Se decía para sus adentros.

Se dirigió tranquilamente al salón donde solían comer él y su "perfecto" hermano mayor, Itachi. Algunas veces también eran acompañados por dirigentes políticos, senadores, y gobernadores. Por dentro Sasuke deseaba que esta noche no fuera así, esas personabas solían sacarlo de sus casillas ¿Por qué? Ni el estaba totalmente seguro de la respuesta. Pero si en algo se afirmaba era que buena espina no le causaban, iban por el castillo creyéndose superior a todo el mundo, y eso le resultaba ridículo, pues en el residía un vago ideal de que nadie era mejor que nadie, a pesar de que estaba al tanto de su posición, y de su nobleza y en algunas ocasiones, solo algunas, solía sacarle provecho, como lo iba a hacer con esa oji jade. Llegaba al salón cuando en rostro se dibujo una pequeña sonrisa ladina.

Maldijo para sus adentros al ver que Itachi no se encontraba solo, esfumando cualquier indicio de felicidad en el. Se encontraban los senadores, Hyuga Neji y Sasori Akasuna. Cuanto los despreciaba. Eran tan superficiales, sin embargo ante la gente solían comportarse de una manera tan humilde, que el azabache estaba seguro que de poder hacerlo, les habría dado un certificado de perfecta actuación a cada uno.

El estaba al tanto de que no era la persona más sociable del mundo. Era una mierda, si. Pero una mierda honesta. No como esos dos, que emanaban pura hipocresía.

Se sentó al lado de su hermano y le dirigió una mirada de irritación.

Itachi comprendió al instante lo que pasaba, pues conocía de sobra a su hermano menor, pero solo se limito a ignorarlo. No estaba de humor para los berrinches de él azabache.

Hablaban de tantas cosas, del país, de los problemas económicos que presentaba, de la inseguridad, de la creciente oposición que amenazaba con destituirlos. Se formulaban varias teorías sobre como erradicar los numerosos problemas pero ninguno era demasiado convincente, cenaron en silencio hasta que alguien menciono un tema que llamo al instante la atención del pelinegro.

— ¿Y al final que es lo que van a hacer con ese concurso? —Pregunto intrigado el pelirojo. —No hemos parado de recibir mujeres excitadas con papeles en sus manos, ¿acaso de verdad creen que una de ellas será elegida? —Menciono divertido, era cierto lo que decía. De tantas concursantes pocas serian las elegidas, haciendo que la oportunidad de ganar se reduzcan al mínimo.

— Háblale de eso a mi tío. —Respondió finalmente el Uchiha, hablando por primera vez en la conversación. —Aun no entiendo de donde se le ocurrió tal cosa, hacer algo así sin siquiera preguntarnos... ¡¿Qué cree el que somos?!

Pregunto cada vez mas furico el azabache, tenía razón. Su tío no se había tomado la molestia de siquiera preguntarle si estaban de acuerdo con algo tan abominable como eso, simplemente los lanzo como si no significasen nada a la cacería de miles de mujeres. No se lo perdonaría nunca. Tener que casarse con una total desconocida le parecía una idea imposible. Había jurado que nunca contraería matrimonio, pues consideraba que ninguna mujer estaba realmente a su altura, no económicamente, pues el dinero a él poco le interesaba, sino mentalmente, creía que nunca encontraría a alguien que lo comprendiera tan bien. Pero ya eso no era importante, había sido demasiado tarde para pensar cuando ya había sido sometido a tan descabellado castigo.

—No vuelvas a hablar así de nuestro tío, Sasuke. —Agrego con tono de autoridad el hermano mayor. —Solo él sabe realmente los motivos, y nuestro deber como príncipes es aceptarlo si esto le traerá alegría a nuestro pueblo.

"Itachi, siempre de lame botas" Pensó el azabache.

—En eso tienes razón alteza. —Menciono el pelinegro de ojos grises, integrándose a la conversación. —Últimamente hemos estado pasando por calamidades, siguen desapareciendo personas, incluso aquí en el castillo, y si alguien no está a salvo dentro del castillo ¿Quién realmente lo está?

En eso tenía razón el Hyuga, este ultimo año habían estado presenciándose misteriosas desapariciones, que aun no tenían idea de cómo explicar. Se había incrementando la seguridad tanto como en la nación y hasta en el mismo palacio, pero... Parecía que todo resultaba en vano porque no dejaban de cesar los infortunados incidentes. No tenían ni la mínima idea de que pasaba una vez que los secuestraban, ¿seguirían vivos? ¿O ya se encontrarían bajo tierra? Estas eran las preguntas que taladraban en la mente de todo político de la región.

—Es una astuta jugada de nuestro emperador, les da algo de entretenimiento a nuestra gente para que olviden los verdaderos problemas, una táctica vieja en la política pero siempre muy eficaz. —Dijo el pelirojo con una sonrisa maliciosa en sus labios.

—Pues me alegra decir que funciona perfectamente, no solo ha hecho olvidar los problemas al pueblo sino también a la oposición. No podemos permitir que esa minoría siga creciendo y alzando su voz contra nosotros, siempre nos hemos vanagloriado de ser líderes ejemplares y no nos mancharemos por esa gente que no acepta nuestra manera de gobernar. —Agrego el oji gris haciendo énfasis a sus últimas palabras, su padre, el líder del clan Hyuga había sido raptado por esos terroristas (como él le gustaba llamarles) hace aproximadamente tres meses y a pesar de los miles de intento que se realizaron para encontrarlo aun no tenían ni las mínima idea de paradero. Era desesperante.

La cena había finalizado y los senadores se habían retirado a proseguir con sus actividades. Dejando al hermano mayor y al hermano menor todavía en la mesa, en un penetrante silencio. Se miraron por un instante hasta que fue Sasuke quien rompió el silencio.

— ¡No entiendo cómo puedes estar de acuerdo con tener que casarte con una mujer a la cual no conoces! —Gruño el Uchiha, realmente molesto, su hermano casi nunca estaba de su parte.

—Nunca he dicho que estoy de acuerdo. Como tú, lo considero algo ridículo que me obliguen a desposar a alguien a quien no conozco. Pero tengo fe en los ideales de nuestro tío, y en que quizás esto realmente nos traiga algo bueno a los dos. —Respondió secamente Itachi. —Solo míralo de este modo Sasuke, tal vez por fin conozcas a alguien que te interese.

—Por favor, Itachi, siempre de ingenuo. Esa larga fila que viste esta mañana en las rejas de este encierro son solo miles de mujeres interesadas, que solo quieren estar con nosotros por el dinero y el poder. —Exclamo casi a gritos. —No te confundas hermano.

Sentencio el azabache retirándose del lugar.

Quedando solamente el hermano mayor en la mesa.

Tomo un sorbo de lo que quedaba de su vino de Château Latour y ahogo un suspiro.

El no lo veía de esa forma, pues en lo más profundo de su ser realmente esperaba encontrar a alguien que lo quisiese realmente como era.

El azabache se encontrada acostado en su gran cama de caoba e incrustaciones de oro. Por un momento se imagino lo grandiosa que pudo ser su vida si no hubiese nacido en cuna de plata. Se imaginaba teniendo una vida normal en alguna parte del mundo, pensó en las tierras de América del norte, que tanto le atraían, en especial en Canadad, ese curioso territorio con tan distinta cultura a la de su país, que años antes estudio con tanta devoción en la plenitud de su niñez. También se le ocurrió la idea de vivir en Reino Unido, y poder explorar cada parte de ella como un pájaro libre, que vuela por el mundo sin la más mínima preocupación.

Alemania, Francia, Polonia, Noruega, solo eran uno de tantos países que había querido visitar pero siempre se le fue negado por su tío, "El emperador" dejándolo encarcelado en las 4 paredes del castillo siendo títere de los planes de otras personas por más de 22 años y así tendría que permanecer ¿para siempre? No estaba seguro del todo, pues en algún momento su tío tendría que abandonar el poder y ahí entonces Itachi heredaría el trono, convirtiéndose en la persona más poderosa de la nación, estaba convencido que no había nadie mejor que él, era la personificación de la bondad y la nobleza, a diferencia de el que no veía más allá de sus propios intereses. Y quizás, solo quizás, cuando eso pase podría empezar a volar, como las aves, y alejarse de ese castillo para siempre, no pensaba volver nunca, solo se limitaría a vivir su vida con tanta plenitud que nadie ni nada lo podría detener.

Se giro hacia el lado izquierdo de su cama, tratando de dormir, pero no lo logro. Los pensamientos no le permitían conciliar el sueño, era una de esas tantas noches donde solía desvelarse llenándose de preguntas y rompecabezas que nunca sería capaz de descifrar.

Fijo su mirada en la mesa de noche que tenía al frente, visualizando un cuadro de plata donde se encontraba la foto de su madre, en ella esta sonreía y se veía tan llena de alegría que por un momento Sasuke pensó que solo esa sonrisa bastaría para llenar una habitación de luz y alegría.

A pesar de que había fallecido junto con su padre en un accidente automovilístico cuando el tenia solo 4 años todavía podía recordarla con bastante lucidez en sus días de gloria. Pensaba en la vez que andaban caminando por el palacio, bueno, Mikoto era la que caminaba realmente porque el pequeñín y flojo de Sasuke iba colgado en la espalda de su madre, dándole tiernos besos en sus mejillas.

La mujer de cabello negro iba por los pasillos de su castillo saludando a cualquiera que se apareciera, era tan dulce, y tan humilde, no le importa pasarse horas en la cocina ayudando a las criadas elaborar los deliciosos platos que tanto les fascinaban a sus hijos. Era la clara imagen de una persona que lo tenía todo en su vida y sin embargo seguía siendo alguien igual que todos, que no despreciaba a nadie por ser menos que ella, al contrario, solía ayudar a cualquiera si así lo pidiese, tenía un corazón de oro y eso era algo que a Sasuke le había marcado, quería ser como ella, sin embargo no podía, el era muy diferente.

Sin darse cuenta se le escapo una lágrima de esos oscuros y profundos orbes negros.

Pero no se molesto en limpiar su rostro, al contrario quiso permanecer con ella porque era una prueba de lo mucho que había amado a su madre.

Tomo su celular y busco en su lista de música algo con lo que pudiera relajarse.

Y ahí estaba, selecciono Silencio de Beethoven.

Le gustaba la música clásica. Creía que lo ayudaban con sus frías noches y en parte era cierto.

Puso el teléfono en su mesita de noche y cerró los ojos, entregándose a los brazos de Morfeo.

"Mañana es otro día"

Solía decirse todas las noches.