Lacrimosa
Tres días después.
La oji jade había laborado por dos días con la suerte de no haberse tenido que encontrar con el azabache, que también era su jefe. No podía sentirse más afortunada por ello, ese hombre le causaba una sensación de intranquilidad inexplicable.
Eran las 8 de la mañana cuando se adentraba al palacio.
Aun continuaba la furia de jóvenes detrás de las grandes rejas del castillo, hoy más que nunca había más, pues al mediodía anunciarían a lo que serian las jóvenes que participarían en tal dichoso concurso, hasta a la pelirosa le causaba cierta curiosidad saber quiénes serian seleccionadas, y a la vez cierto pánico en caso de que su mejor amiga, Ino, no llegase a entrar, pues tendría que pasar horas y horas consolándola, y no le apetecía demasiado la idea.
Como había llegado temprano, y aun le faltaba una hora para laborar, se dirigió al comedor del castillo, donde solían ofrecer un desayuno gratis a todos los empleados del palacio, para que así no les faltara la fuerza necesaria para hacer un trabajo bien hecho.
Sakura todavía era muy nueva en ese enorme lugar y por ende todavía no conocía a nadie lo suficiente, así que se sentó en una de las mesas vacías que se encontraban en el rincón, dispuesta a devorarse el tentador plato de Hot Cakes con fresas y cerezas.
Si algo había que reconocerse al castillo, era de su increíble atención y hospitalidad, además de poseer las mejores cocineras de la región, pensó, mientras disgustaba su desayuno.
El día transcurría como los anteriores, tranquilo y sin inconvenientes.
Pues a la parte que a ella le tocaba limpiar no solía ser frecuentada por muchas personas, si a caso menos de 8, y eso era más que satisfactorio, su trabajo podía ser casi perfecto, casi, si tan solo su jefe no fuese un jodido tío tan extraño, que casi nunca lo veía. Pero ella era honesta consigo misma y aceptaba que a pesar de que ese hombre fuese tan escalofriante no podía negarle que era increíblemente apuesto. Tenía unos orbes tan oscuros, y una piel tan pálida, que era muy difícil no dejar de verlo.
"¡¿Pero que estas pensando, Sakura?!"
"¡Ese hombre te quiere fuera de aquí!"
Murmuro para sus adentros, y era cierto, el Uchiha no la quería, y se lo había dejado bastante claro la primera y hasta ahora última vez que lo había visto. Pero no podía dejar que eso la desanimara, tenía un motivo bastante sólido para estar ahí, y nada dejaría que lo abandonase, nada.
Se sobre salto al escuchar el gran estruendo de las campanas del palacio. Resonando como eco por los pasillos, al principio dudo, pues estas solo hacían acto de presencia a las 7 de la noche, pero luego entendió que quizás estaban dando a entender que nos encontrábamos al punto medio del día.
Y eso solo significaba una cosa; era la hora de la elección.
Guardo los productos de limpieza en el almacén más cercano y se dirigió con pasos rápidos hacia el jardín central.
Se encontraba en una de las ventanas que daban vista fija hacia el terreno, observando a los guardias abrir las puertas, dejando entrar a toda esa muchedumbre, a Sakura le dio ansiedad de solo ver el castillo llenándose más y más de personas.
"Ojala no se tarden tanto"
Desde aquí se veía con claridad como eso resultaba ser un verdadero desastre, el caos cundía por el jardín, los guardias estaban siendo casi pisoteados y las jovencitas estaban impacientes. Era una escena bochornosa, y a la vez cómica ¿Lo estarán viendo los prometidos? Murmuro para así, dejando escapar una pequeña sonrisa traviesa.
Parecía que todo terminaría en un rotundo fracaso hasta que el señor del pelo plata, Hatake Kakashi, logro calmar a la multitud con un fuerte y rontundo; ¡SILENCIO!
Dejando a todos con la boca cerrada del susto.
Le caía demasiado bien ese hombre.
Pudo notar cómo le pasaron una lista y se acerco en el medio de las jóvenes.
— ¡Atentos todos! Porque hoy daremos los resultados del concurso, en este mismo momento, serán nombradas las jóvenes que tendrán el placer de tener la oportunidad de desposar a un príncipe. —Anuncio con un notable tono de desinterés, supongo que quería terminar con eso lo más rápido posible.
—Mantener silencio, porque solo lo diré una vez. —Sorprendentemente todos hicieron silencio, no se escuchaba ruido alguno.
—Las jóvenes que fueron seleccionadas y tendrán el placer de vivir dos meses en el castillo son: Akeno Himejima, Miku Akashiya, Saeko Busujima, Hinata Hyuga, Asia Argento, Izumi Akazawa, Rías Gremory, Rei Miyamoto, Saya Otonashi e Ino Yamanaka
"Por un momento realmente sentí que Ino no iba a poder entrar. Ya me estaba preparando mentalmente para los siguientes días escuchándola lamentarse de no haber podido ser lo suficientemente hermosa como para ser seleccionada, gracias a los dioses que no fue así" —Murmuro para ella ahogando un suspiro, estaba realmente aliviada.
—Si fuiste seleccionada y no te encuentras aquí, no te preocupes, tienes dos días presentarse en el palacio, las demás, pueden venir conmigo. —Sentencio el peliplata reuniendo a las concursantes en la fuente del jardín.
La pelirosa se quedo observando detenidamente a las jóvenes, y llego a la conclusión de que cuando dijeron que solo las más hermosas entrarían estaban totalmente en lo cierto, todas las presentes irradiaban belleza y gracia, cada una resaltaba a su manera, de las que se encontraban allí solo a dos pudo reconocer, una era su amiga, que pareciese que estaba a punto de gritar de felicidad, y la otra, era Hinata Hyuga, hija de uno de los ex senadores de la capital, que según decían, había sido secuestrado hace mas de 3 meses. La joven tenía una melena azul oscuro, y unos impresionantes orbes grises, símbolo principal de su clan.
Todos los que la conocían afirmaban que era una jovencita de lo más dulce y tierna, y a pesar de que la pelirosa nunca había entablado conversación con la peliazul, podía notar que equivocados no se encontraban. Desde lo lejos se notaba su amabilidad y ternura hacia los demás. Era increíble.
La oji jade se mantenía perdida en sus pensamientos, que no fue capaz de darse cuenta que ya no se encontraba sola hasta que escucho una penetrante voz masculina, sacándola de su hipnosis de inmediato.
— ¿Qué te parecen las concursantes? —Pregunto un joven de cabellos negros, que para su sorpresa le recordaba mucho a alguien, pero no estaba segura de a quién.
—Todas son realmente lindas, señor. Si yo fuese alguno de los nobles, estaría realmente indecisa sobre a cual elegir. —Respondió, dedicándole una breve sonrisa al pelinegro.
—Pienso lo mismo. —Menciono divertido el pelinegro, ella no sabía quién era. —Y dime, ¿eres nueva aquí? Nunca te había visto.
—Solo llevo 4 días aquí señor, soy Sakura Haruno. —Agrego, formándosele una curva en la comisura de sus labios.
—Es un placer, Sakura Haruno. ¿Sabes? Eres muy bonita—Confeso el pelinegro, revelando en sus mejillas un leve rojo carmesí. —No comprendo cómo no acabaste de finalista.
—Es que no concurse. —Menciono entre ruborizada y algo avergonzada. —Tengo otras cosas en que pensar.
— ¿Así? Es una lástima, me habría gustado verte ahí. —Se podía sentir en su respuesta algo de decepción. —Bueno Sakura, ha sido todo un honor. —Sostuvo la mano derecha de la oji jade y le planto un dulce beso. —Hasta pronto.
Sentencio el pelinegro abandonado el lugar con una pequeña sonrisa en sus labios, dejando a la pelirosa totalmente confundida y con las mejillas encendidas, ¿Quién era ese sujeto? Luego tendría tiempo de buscarlo, pero por ahora, debía continuar con su trabajo, todavía le faltaban dos habitaciones más por terminar.
El azabache se encontraba en sus aposentos, envuelto en las numerosas sabanas de seda confeccionadas por las mejores costureras de la región. No había dormido bien, le dolía la cabeza y eso lo ponía de mal humor. Se levanto de su cama y busco en sus gavetas una aspirina, que seguidamente trago con un vaso de agua que había dejado la noche anterior.
Visualizo la hora en su celular y se dio cuenta de lo tarde que era. Se extraño de que nadie lo había venido a buscar para que cumpliera con sus deberes en el palacio. Mejor así, pensó. No estaba de ganas para hacer absolutamente nada, se volvió a envolver en sus sabanas y puso como fondo Lacrimosa, de Mozart, dejando caer sus pálidos parpados.
La pelirosa se encontraba terminando de limpiar la sala del señor Uchiha, como la vez anterior, esta no estaba ni tan desordena ni tan arreglada, sino en un punto medio, que le ponía los pelos de punta a la oji jade. Recorrió con la mirada todo el lugar buscando algo que le confirmase que el azabache se encontraba en su habitación, pero no encontró ningún rastro. Recogió con cuidado las pertenencias de su jefe; uno que otro calcetín, zapatos, y camisetas y los acomodos en una mesa de cristal ubicada en la parte izquierda de la sala.
Casi había terminado, casi, porque seguía faltando el aposento del pelinegro, no estaba segura de entrar ahí, no sabía lo que encontraría, pero su trabajo no estaría hecho del todo si no entraba a limpiar ese cuarto. Trago saliva y saco fuerzas, quien sabe de dónde, y se dirigió en pasos lentos hacia la habitación.
Se encontraba frente a la puerta, con su mano derecha en el picaporte, lo giro con cautela haciendo que la puerta se abriese.
Hizo un recorrido por el área y por un momento creyó que no había nadie.
Pero se equivoco, fijo su mirada en la cama de caoba y logro visualizar una familiar silueta blanquecina, no se veía completamente debido a que este estaba siendo tapado por las sabanas, que eran tan oscuras como el mismo azabache, parecía encontrarse en un profundo sueño mientras la sonata de Mozart, lo envolvía completamente, dándole a la escena un toque sobrio y algo espeluznaste.
Sakura quedo petrificada ante aquel panorama que estaba vislumbrado. Grabándose para siempre aquella imagen de ese pelinegro, descansando en su cama de caoba envuelto en las sabanas más oscuras, dejando a la vista nada más que las finas facciones de su rostro.
Se había dispuesto a salir de ahí, cuando el teléfono del azabache resonó por la habitación, despertándolo de inmediato.
Abrió los ojos bruscamente, confundido y algo soñoliento, dirigiendo la mirada hacia su celular, buscando la manera de silenciarlo, de manera exitosa logro callarlo, era su mejor amigo; Naruto. Quien lo llamaba, chasqueo la lengua como respuesta y lo apago. No quería hablar con nadie.
Iba a volver a conciliar su sueño cuando se sorprendió al ver a aquella joven de cabellos rosados, totalmente paralizada ante él, abrió los ojos de par en par, esperando que eso solo fuese una mala jugada que le hacia su mente, pero ella seguía ahí, incluso podía observar un leve temblor en sus labios, tenía miedo.
¿De mi? Pensó, aun mas confundido.
Finalmente decidido a romper el silencio pregunto:
— ¿Qué haces aquí? —Fue lo primero que se le ocurrió, no muy listo de su parte pues sabia que ella trabaja aquí.
—C-creía que no se encontraba en su habitación, señor Uchiha. Solo venia a limpiarla. Pero ya me retiro de inmediato. —Propuso la pelirosa, yendo hacia la puerta.
—No, quédate. —Dijo en un tono serio, en su semblante se podía ver como una sonrisa empezaba a dibujarse, una que detonaba malicia ¿Qué estaba pensando el azabache?
— ¿Viniste a limpiar, no? —Pregunto en un tono divertido, era su momento de molestarla, había prometido que lo haría desde que esta le desobedeció. —Pues quiero que lo hagas, ¿ves mi habitación? Está hecha un fiasco, y quiero que la limpies, es una orden. —Agrego con tono autoritario dejando deslumbrar una sonrisa picara.
— S-sí, señor Uchiha. —Fue lo único que pudo articular la oji jade, dispuesta a cumplir con la primera orden de su jefe.
Y así fue, Sakura fue arreglando la habitación del azabache poco a poco, mientras que este solo se limitaba a mirarla sin ninguna pizca de emoción, recogía la ropa tirada de su jefe y la llevaba a la cesta de ropa sucia que se hallaba en el baño, seguidamente se propuso a barrer el cuarto.
—Ese uniforme te queda horrible, sa-ku-ra. —Fue la única observación que realizo el azabache.
—No tengo la culpa que los nobles posean tan mal gusto. —Respondió desafiante la pelirosa.
—Hmp, tal vez si no estuvieras tan plana te quedara mejor. —Agrego en tono altanero el pelinegro, haciendo que la oji jade se sonrojase de inmediato, le había dado en un punto fuerte.
Ella no respondió ante eso, sin embargo poso su mirada en los orbes oscuros del Uchiha. Que sonreía complacido por su victoria.
"¿¡Qué demonios se cree ese tipo?!
"¡Es tan insoportable!"
Pensó, mientras continuaba arreglando el dormitorio.
El azabache no dijo nada mas, busco su teléfono y puso una canción que conocía muy bien, Lacrimosa, otra vez. Esta vez fue Sakura quien hablo.
— Es curioso, que este aquí escuchando tan deprimente melodía, mientras en el centro del palacio hay 10 mujeres esperando por usted. —Recalco la pelirosa, no sabía ni como había podido decir aquello, simplemente se le escapo.
—No te atrevas a meterte con mis gustos, sa-bi-on-da. —Dijo mirándola con fastidio, que charlatana era esa mujer.
—¿¡Disculpe!? —Lo miro intrigada, acababa de insultar, de cierta manera.
—Lo que oíste, sabionda. Pero gracias por acordarme de eso, ya sé que no debo salir de aquí. —Respondió mostrando una falsa gratitud. Que inaguantable hombre.
Se fulminaron con la mirada por un instante, que diferentes eran, pensaban. Ninguno soportaba al otro.
La oji jade término de arreglar la habitación, se dirigía hacia la puerta, pero se sorprendió al ver que el Uchiha se había levantado de su cama, y no solo eso, sino que se encontraba prácticamente desnudo, pues solo llevaba puesto un bóxer azul marino.
Sus mejillas quemaron al instante de un rojo carmesí, nunca había visto un hombre de esa manera, le producía demasiada vergüenza, y el azabache lo noto, divertido y quiso aprovecharse de eso, le gustaba jugar con la pelirosa, camino hacia ella acorralándola frente a la puerta. Quedando a pocos centímetros de la misma, el corazón de Sakura latía con fuerza, estaba muerta del miedo, ¿Qué le iba a hacer ese hombre?
Cerró sus ojos de golpe, no quería verlo, sabía que la mirada vacía del pelinegro la inquietaba.
Podía sentir el aliento caliente del azabache, que le producía escalofríos por todo el cuerpo, haciendo que su pequeños vellos se erizaran, por un momento pensó que permanecerían así, pero se sorprendió aun mas cuando sintió que el Uchiha le había levantado el mentón con su índice y pulgar derecho, haciéndola que abriera los ojos inmediatamente.
Sus ojos se encontraron, podía ver con claridad los profundos orbes negros de su jefe, que no mostraban sentimiento alguno, y él podía ver los de ella, unos impresionantes ojos de un color muy inusual, que resultaban agradables a simple vista, era la primera vez que se tomaba la molestia de verla con lucidez.
"¿¡Pero qué estupidez estoy pensando?!"
Chasqueo la lengua y rompió con el sombrío silencio que los envolvía a ambos.
—Sa-ku-ra, eres demasiado necia. ¿No lo crees? Todavía estoy esperando tu renuncia, realmente me molestas. —Menciono con semblante impasible, haciendo que la pelirosa se incomodara, de nuevo.
—Te repetiré lo mismo que aquella vez: "No me iré señor" —Respondió frunciendo el ceño. El azabache mostró disgusto al escuchar esa respuesta, esa malcriada.
Bien, como quieras. —Dijo rompiendo con la poca distancia que tenia. —Lárgate. —Gruño abriéndole la puerta a la pelirosa y cerrándola de un portazo.
Sakura obedeció sin rechistar, salió lo más rápido que pudo de ese lugar.
Dejando al pelinegro con una variedad de emociones, se encontraba molesto por la terquedad de la oji jade, ¡Lo sacaban de quicio! Pero a la vez se sentía complacido por haber logrado su cometido: Incomodarla, quería que lo dejara en paz, que todos lo dejaran en paz y a la vez sentía un vago sentimiento que no fue capaz de reconocer, no podía borrarse su mente la mirada de la pelirosa, que detonaba miedo, y era por él, y eso lo hacía sentirse extraño, incluso culpable, quizás solo era lastima, pensó, al final de cuentas ella tampoco tenía la culpa de estar aquí.
Volvio a acostarse en su cama, mirando fijamente el techo como si fuese algo realmente interesante. Busco su celular, dispuesto a relajarse un poco.
Entre su variedad de música diviso la que más le gustaba, Lacrimosa. Pero recordó las palabras de la pelirosa:
"Deprimente melodía"
Chasqueo la lengua en señal de fastidio, terminando por escoger Oltremare, de Ludovico Einaudi.
