A cualquier vista.

La pelirosa salió con pasos apresurados de la habitación del azabache.

Que hombre tan escalofriante, se llevo su mano izquierda hacia su cuello, aun podía sentir el calor de su aliento, seguía tibio, a pesar de que frio no faltaba en ese palacio.

Trato de recordar lo que había ocurrido hace unos minutos, antes de que le cerraran la puerta sin vacilaciones, pensó en los escasos centímetros que los separaban, si el Uchiha hubiese dado un paso más, solo uno, habrían podido rozar sus pieles, logrando sentir la piel pálida del pelinegro, porque por alguna razón, le llamaba la atención hacerlo.

También visualizo en su mente las delicadas facciones del señor Uchiha, enfocándose más en los ojos del mismo, eran tan impresionantes, tan electrizantes, y a la vez, tan vacios e inexpresivos que resultaba fácil perderse en ellos, intento descifrar sus pensamientos.

Siguió caminando pero esta vez más tranquila, pudo ver que eran las 6 de la tarde, es decir, todavía le faltaba una hora para poder retirarse del castillo, pero su trabajo ya estaba hecho, así que solo se limito a recorrer los finos pasillos de la enorme morada. Había tomado un camino diferente al que usualmente escogía, y eso la llevo a una enorme sala que a simple vista parecía ser un pequeño museo, al puro estilo del Vaticano, o al menos eso fue lo que ella pensó. Por que las paredes estaban hechas de mármol, y la decoración de las mismas llevaba lo que quizás era oro macizo, con diamantes incrustados, sin duda fascinante.

Camino ensimismada en sus pensamientos, ese lugar era como sacado de un cuento de hadas. Se dejo adentrar en la enorme sala y para su sorpresa lo que encontró no la decepciono en lo absoluto, al contrario. Lo primero que pudo notar fueron pinturas renacentistas que estaban ubicadas en la parte izquierda de la cámara, entre las que pudo reconocer se encontraban; La creación de Adán, de Miguel Ángel, La ultima cena, de Leonardo Da Vinci, El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli, Venus de Urbino de Tiziano y otras 5 mas.

Entre todas las nombradas para la pelirosa su favorita era La ultima cena, la había conocido muy bien en sus tiempos de preparatoria, porque para ella era un claro ejemplo de cómo los artistas del renacimiento buscaron atraer al espectador representando una escena vibrante llena de psicología y emociones reales, y claro está que en ella si lo lograban.

Termino con la sección del renacimiento y se encontró con las obras del romanticismo, estas no causaron el mismo efecto, puesto que no las había estudiado con plenitud y nunca había estado realmente interesada en las mismas, pero viéndolas frente a frente no podía quitarle el merito a las pinturas, esta vez solo pudo reconocer tres de tantas que habían allí; La libertad guiando al pueblo, de Eugene Delacroix, La balsa de Medusa, de Théodore Géricault y The soul of the rose, de John Williams Waterhouse.

Sentía la necesidad de tocarlas, pero tenía una corazonada de que si lo hacía podía meterse en serios problemas, porque a pesar de que la sala no estaba protegida con guardias del palacio como se debería, se encontraban varias cámaras alrededor de esta, así que llego a la conclusión de que probablemente la estarían vigilando, y era una lástima. Lo último que poseía la susodicha, eran las estatuas de mármol, que a simple vista parecían ser de los dioses de la mitología griega, nórdica y romana.

Esta vez fue mínimo lo que logro reconocer, porque poco sabia ella de cómo lucían los dioses en aquellos pedazos de mármol perfectamente esculpidos, a duras penas logro reconocer al dios de los mares, Poseidón, de la mitología griega, porque este llevaba de la mano su famoso tridente, y al famoso David, de Miguel Ángel.

Con un semblante triste abandono aquel lugar, realmente le había encantado, y le hubiese podido quedarse un momento más, pero perfectamente sabía que no era lo correcto, esta no era su casa, y si la veían a ella sola en esos lugares quizás podrían malpensarlo, y no estaba en su mente meterse en problemas.

Se mantuvo caminando con la mirada agachada, fijada en el pavimento, y perdida en sus pensamientos, que se sobresalto al sentir que había chocado con alguien, haciendo que los papeles del joven se cayesen.

— ¡D-disculpe! No fue mi intención, soy tan torpe...—Se lamento, poniéndose en cuclillas para recoger los papeles.

— ¡No te preocupes! Yo tampoco veía por donde iba. —Respondió el rubio con una enorme sonrisa.

— ¡Aquí tiene, señor! —Agrego la pelirosa devolviéndole sus cosas.

— ¿Señor? —Respondió sorprendido el joven, pero luego cambio su expresión por una mucho más amigable. —Me haces sentir viejo, y es curioso porque estoy seguro de que no nos llevamos demasiada edad, ¿Cómo te llamas? —Preguntado divertido el oji azul.

— Sakura Haruno, ¿y usted? —Respondió algo avergonzada.

— ¡Naruto Uzumaki! Encantado de conocerte, Sakura. —Dijo con una asombrosa alegría que no pudo pasar por desapercibido ante la pelirosa.

— Igualmente, Naruto

— ¿Trabajas aquí? —Menciono curioso, dirigiendo su mirada al uniforme de la oji jade.

— Si, hace 4 días. Todavía me estoy acostumbrando. —Respondió encogiéndose de hombres, dejando a relucir una pequeña curva en sus labios.

— ¡Pues te deseo lo mejor! Espero que no lo abandones tan pronto, me gustaría volver a verte. —Agrego e inmediatamente sus mejillas de tiñeron de rojo, no sabía porque había dicho eso.

— Y así será, Naruto. —Fue lo único que pudo decir la pelirosa, que aun se encontraba sorprendida por las palabras de su nuevo amigo. —Bueno, ya me tengo que ir, nos vemos pronto.

— Fue un placer, Sakura. —Sentencio el rubio viéndola marcharse, mientras algo en su corazón se encendía, un sentimiento que hasta ahora desconocía. Desde esa tarde solo pensaría en el momento en que se la encontraría de nuevo.

La oji jade salió del castillo, y tomo el bus que la dejaba en el frente del hospital. Aun quedaba una hora para las visitas y quiso aprovecharla, porque nada la reconfortaba más que ver a su madre.

Al día después.

Un Uchiha se encontraba siendo retirado de su habitación.

Los guardias del palacio lo llevaban a rastras a lo que era la gran sala del castillo, donde se encontraban 10 jovencitas impacientes esperándolo, listas para tratar de conquistarlo y hacerlo de ellas, proclamarlo ante las demás y gozarlo a la más alta plenitud.

El rostro del pelinegro era todo un poema, porque furioso era poco para lo que realmente estaba, odiaba lo que estaban haciendo con su vida. Que lo obligaran a tener que casarse con una de esas molestas mujeres lo repugnaba, le daba nauseas de solo pensarlo. Pero no tenía escapatoria, no había salida para alguien como él. Cuando su tío se entero de que no había ido a recibir a las concursantes las tarde anterior la tomo contra él azabache, y ordeno con firmeza, y con su elegancia característica que lo sacaran inmediatamente de su habitación, no podía permitir que su sobrino arruinara las cosas, no era momento para tolerar sus berrinches.

Los guardias lo soltaron en el momento en que llegaron a la sala central, cerrando las puertas de las mismas y dejándolo con un grupo de mujeres, por un segundo crispo sus ojos, este no sabía exactamente qué hacer, recorrió con la mirada el área y logro divisar a su hermano mayor que se encontraba con una muy convincente sonrisa dialogando con una mujer de cabellos rojos el cual no pudo reconocer.

Pocos segundos bastaron para que las jovencitas notaran su presencia, y cuando finalmente lo hicieron se dirigieron en masa hacia él, como una estampida, pensó. Su primera reacción fue huir, quiso abrir las puertas sin embargo se dio cuenta de que estas habían sido cerradas desde afuera.

"¡Maldita sea!" —Gruño para sus adentros, mientras se ahogaba en ese huracán de mujeres que lo proclamaban como suyo, dejando un Itachi completamente solo sentado en el sofá, con semblante impasible, pero a la vez disgustado por la escena, no entendía que podían ver de un arrogante hombre como lo era su hermano menor.

Al final, a través del dialogo forzado que logro implorar el pelinegro, llegaron al acuerdo de que cada señorita pasaría una hora a su lado, donde tendrían la oportunidad de conocerse y descubrir sus pasatiempos favoritos, era una idea bastante simple, pero eficiente. Ninguna mujer mostro estar en desacuerdo, mas bien, creo que la idea las excitaba de cierta manera, porque se veían algo eufóricas y con un extraño brillo en los ojos que el azabache no logro entender, ¿Qué creían? ¿Qué podrían obtener algo de el?

"Ni lo sueñen, brujas" pensó el pelinegro, mientras se formaba una pequeña sonrisa de lado en su rostro.

Pero la idea no habría sido totalmente descabellada, pues las mujeres eran todas muy bonitas. Supongo que era el único punto bueno de toda esta locura, todas resaltaban a su manera. Aunque ninguna habría sido lo suficientemente buena como para tentarlo.

Para su sorpresa las puertas habían sido abiertas, después de que ya no le hacían falta. Comenzó inmediatamente a atender a las mujeres, porque creía que mientras más pronto comenzara más rápido terminaría, hoy tomaría parte de su tiempo para hablar con 7, y mañana terminaría con el resto. Salió de la habitación, dejando nada más que al hermano mayor y a las otras tres chicas que quedaron, dos de ellas se encontraban rotundamente decepcionadas de tener que esperar hasta mañana, mientras la otra solo se limitaba a permanecer callada, de cierta forma aliviada, y esa era Hinata Hyuga.

En la noche todo parecía estar más calmado.

Itachi Uchiha se encontraba sentado en uno de los balcones del jardín central, a la luz del firmamento, solo se podían escuchar los ruidos de los grillos, y de uno que otro sapo, que no sabía cómo aun no los habían quitado de ahí, pero realmente no le molestaba en lo más mínimo. A su derecha se encontraba la gran fuente, donde de niño creía firmemente que si le lanzabas una moneda, esta te cumpliría un deseo. Poco después se entero que era solo una mentira mas, realmente era su madre quien lograba que sus deseos se hiciesen realidad, pues este siempre cometía el error de contárselos.

En su semblante se dibujo una expresión de melancolía, su madre, cuanto la extrañaba. Se lamentaba no poder haber tenido más tiempo de disfrutar de su compañía. Pero ya no había vuelta atrás, así que solo le quedarían para siempre esos momentos vividos con ella en su niñez dorada, que guardaba celosamente en su diario, donde solía escribir solo si era algo sumamente necesario, algo que nunca quisiese olvidar, algo realmente valioso.

Estaba leyendo placenteramente una novela que le encantaba; Lolita. De Vladimir Nabokov, despertaba en él un sentimiento que hasta ahora no había podido reconocer, simplemente le fascinaba la manera en que estaba escrita, la prosa era excelente, y sin duda alguna envolvente, podía perderse horas y horas leyendo aquel libro sin aburrirse. Tenía otros libros que le encantaban, como los de Charles Bukowski y Shakespeare, aun cuando estos eran realmente diferentes. Pero, nada era comparable como Lolita, "light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta"

No lo mal entiendan, eso no significaba que se sentía familiarizado con el protagonista, porque realmente lo despreciaba, ni tampoco causaba en él una necesidad de hacer lo mismo, solo gozaba del gran trabajo poético que se escondía tras grandiosa obra tan controversial, disfrutando del gran viaje que recorrían los personajes desde el principio a fin y memorizando perfectamente las increíbles frases que más de una vez le había tocado su sensible alma.

"Pienso que todo es una cuestión de amor; cuanto más amas a un recuerdo, más fuerte y extraño es".

Estaba tan ensimismado que poco fue capaz de darse cuenta que ya no se encontraba solo, porque sentada en la fuente se encontraba una silueta que le resulto vagamente familiar, era la rubia de esta mañana, con la que había tenido la desdicha de no poder dialogar, porque esta se encontraba esperando a Sasuke, y nada mas a Sasuke. Era una mujer muy bonita, pensó. Dudo si podía acercársele, después de todo eran solo extraños uno frente del otro, y eso solo haría del momento algo verdaderamente incomodo. Pero no pudo pensarlo demasiado, porque la oji azul se percato de la presencia del pelinegro, haciéndola crispar sus ojos por un momento, estaba algo sorprendida.

No le quedo más remedio que acercársele, y sentarse en la fuente, ya no había vuelta atrás.

— ¿Te gusta estar al aire libre? —Fue lo único que se le ocurrió, se arrepintió de inmediato de tal bochornosa pregunta ¡Tonto, tonto!

— B-bueno...—Fue lo único que logro responder la oji azul, que parecía sentirse avergonzada, haciendo que Itachi se tensara aun mas, ¡Idiota!

—E-está bien, si no quieres hablar yo lo entenderé. —Respondió derrotado el azabache mayor, dispuesto a retirarse de lo que podría ser uno de los momentos más estúpidos de su existencia.

—No, no es eso señor Uchiha, solo que me sorprende que usted quisiese hablar conmigo. —Agrego la rubia con la mirada agachada.

— ¿Y por qué crees eso? —Cuestiono el pelinegro, realmente él no se consideraba una mala persona, siempre estaba dispuesta a conversar con quien lo necesitase, esa respuesta lo había desconcertado.

— ¿Intuición, tal vez? Considerando que su hermano menor, es bastante gélido. —Menciono entre murmullos, pero que Itachi había logrado escuchar.

— ¿Mi hermano? —Respondió poniéndose de cuclillas ante la oji azul. —No me mal entiendas, pero él es un niño bastante caprichoso todavía, el es así con casi todo el mundo, así que no te sientas mal por si algo hizo que te haya podido causar alguna incomodidad.

—Es un buen consejo, señor Uchiha, eso realmente no lo sabía. —Respondió la rubia formándosele una pequeña sonrisa en sus labios rojos.

—Y si él no sabe corresponder a tus atenciones, no te preocupes realmente por eso. Aun tienes dos meses para hacer que funcione. Pero en caso de que suceda lo contrario, no te vayas a desanimar, porque seguro que encontraras a alguien más que si lo hará, como si se tratase de lo más importante del mundo. —Agrego el pelinegro verdaderamente sorprendido por sus palabras, no sabía ni como había podido ser capaz de decir algo así, se desconcertó por un momento.

— ¡Eso es justo lo que necesitaba oír! ¡Gracias señor Uchiha! —Exclamo contenta la oji azul, recuperando su personalidad extrovertida otra vez.

—Puedes decirme Itachi, no tengo problema con eso. —Respondió el pelinegro levantándose, aunque trataba de sonar sereno no pudo dejar escapar un leve tono de alegría.

—¡Gracias otra vez, Itachi-kun! —Sentencio entre risillas, y sin vacilo alguno se acerco a él y le dio un fuerte abrazo y un rápido beso en las mejillas del azabache, haciéndolo tensarse de inmediato.

Tiempo no hubo para discutir el repentino contacto, porque esta inmediatamente se había marchado, dejando al Uchiha totalmente confundido y con sentimientos encontrados.

Se sentó nuevamente en la fuente, extrañado. Tratando de comprender lo que había ocurrido, porque aunque esa joven lo había tocado, estaba más que claro que había sido inocentemente, ella no pretendió nada más, y eso de cierta manera le agrado. Había pasado tiempo que no se sentía tan a gusto con la cercanía de una persona.

Puso su mano derecha a la mejilla que hace un momento había sido besada, noto que aun seguía húmeda, seguidamente llevo la misma mano hacia su pecho, que se encontraba latiendo descabelladamente, y lo entendió todo.

"Era amor a primera vista, a última vista, a cualquier vista" Murmuro, recitando una de las frases que tanto le encantaban de Lolita.

Se paro rápidamente del lugar y se dirigió con pasos apresurado hacia su habitación, no podía perder más tiempo, tenía que buscar su diario.

Esto era algo que tenía que escribir.

Adentro del castillo se encontraba una pelirosa terminando con su trabajo, estaba exhausta, las habitaciones que solían estar vacías fueron asignadas para las concursantes, y ahora tenía que esforzarse muchísimo en limpiarlas, ya que estas eran bastantes desordenadas. También limpio la habitación del azabache, que para su sorpresa esta vez no se encontraba allí, se pregunto dónde podría estar, pues ayer le había dejado bastante claro que no tenía deseo alguno de bajar, "no con esas mujeres ahí". Sonrió traviesa la oji jade.

Se encontraba bajando a la planta baja del castillo cuando pudo visualizar a su amiga Ino, que venía con una gran sonrisa en el rostro, no había tenido tiempo de hablar con ella, ni siquiera para felicitarla, pero ahora quizás si podía dedicarle aunque sea unos segundos.

—¡Ino! —Exclamó la pelirosa mientras se disponía a abrazar a su amiga, que esta correspondió felizmente.

—¡Sakuraaaa! Me alegra tanto verte, ¿vistes que al final si quede? ¡Aun estoy sorprendida!

—Hubiesen sido unos tontos si no te hubieran puesto. —Respondió con cariño la pelirosa.

—Ni me lo digas, pero ahora es que tengo que esforzarme Sakura, casi todas van tras el Uchiha menor, esta tarde tuvimos la oportunidad de hablar con él, pero es un tío demasiado frio ¡Si tan solo lo vieras! Realmente hace que uno reconsidere la idea, pero lo compensa enormemente con lo guapo que es.

—No sabes cuánto te entiendo, amiga. —Fue lo único que pudo decir, mientras se acordaba de los fríos y extraños momentos que había pasado con ese hombre. No entendía porque a Ino le gustaba tanto.

—Por ahora solo podemos limitarnos a hablar con ellos por el transcurso del día, nos dan la oportunidad de que nos conozcamos más a fondo, pero estoy segura que pronto organizaran un evento, no estoy segura de que exactamente, pero hay algo moviéndose por ahí.

— ¿Y tienes una idea de lo que podría ser? —Pregunto curiosa la oji jade.

—Por ahora nada, ¡Pero ya quiero que llegue! ¡Te prometo que daré todo de mí en este concurso! —Exclamo casi a gritos mientras levantaba su brazo derecho.

—No podría esperar menos de ti. —Respondió orgullosa la pelirosa.

—Bueno, te tengo que dejar Sakura, no puedo permanecer mucho tiempo afuera de la habitación, órdenes de los guardias.

—Está bien, igual ya yo me tengo que ir yendo.

— ¡Hasta pronto, Sakura! ¡Te quiero tanto! —Fue lo último que se dijeron antes de que la pelirosa se marchara.

Se hallaba saliendo de las puertas del castillo cuando se percato de que había algo extraño en el lugar, sobre todo con los guardias, que se decían cosas y salían dispersos por todo el área. Parecía que estuviese pasando algo, pero no podía imaginar realmente qué, pero tenía que ser algo muy importante si a las personas que se encargaban de vigilar y proteger el palacio se encontraban en tal estado de alboroto.

Pero no lo quiso pensar demasiado, después tendría tiempo para preguntar, por ahora solo quería regresar a su casa a descansar, ya estaba terminando de completar para pagar las medicinas y el seguro de su madre, pronto su vida volvería a agarrar calma otra vez, solo tenía que ser paciente.

Al día siguiente

Por la mañana un Uchiha se encontraba sentado en la sala principal, con una tímida joven de cabellos azules muy oscuros y ojos muy peculiares, pues estos eran de un gris, casi blancos, que inmediatamente le recordaron a los de un senador que conocía muy bien.

Era la última mujer con la que tenía que hablar, por ahora, porque cuando nombraran la primera actividad tendría que volver a empezar de cero. Respiro hondo, todavía era muy temprano para no ponerse de mal humor. No se dijeron mucho, y eso al Uchiha le desconcertó, había hablado con 9 jóvenes anteriormente y ninguna mantuvo cerrada la boca ni por un minuto, dispuestas a persuadirlo, y a seducirlo también, pero él no se inmuto en absoluto.

Con el caso de esta chica era diferente, ¿Cómo se llamaba? ¿Hinata, tal vez...? Si, así se llamaba.

Ella no decía nada y poco era el contacto visual que hacían, así que Sasuke para tratar de aligerar las cosas busco algo que decirle, no quería que esta se sintiese incomoda.

—Oye, no tengas pena conmigo. Yo no te hare nada malo. —Fue lo único que se le ocurrió, no estaba seguro si era eso lo que pasaba por la mente de la peliazul, pero no podía pensar en nada más.

—No es eso lo que ocurre realmente, Señor Uchiha. —Respondió, sorprendiendo al azabache, pues era lo primero que decía desde que se encontraban a solas.

— ¿Y qué es? —Respondió tratando de ser amigable, aunque por dentro no era así.

—Es que no se cómo podría tomarse usted esto, señor. —Menciono, llenando más de curiosidad al pelinegro.

—Sea lo que sea tratare de entenderlo. —Agrego, con un tono sereno pero comprensivo.

—Es que... Sé que las mujeres que están aquí, entraron porque realmente querían ganar esto, pero ese no es mi caso, señor Uchiha. Y espero que lo comprenda.

—Espera, no entiendo a lo que te estás refiriendo, ¿dices que no quieres estar aquí? —Pregunto esta vez sin poder evitar sonar sorprendido ¿¡No quiere estar conmigo?!

—No señor, realmente no tengo deseos de ganar este concurso y de tampoco casarme con usted, ni con su hermano. —Respondió con las mejillas encendidas por la vergüenza, pero no podía mentirse a sí misma, ella no quería estar aquí.

— ¡¿Entonces qué haces aquí?! —Fue lo único que pudo articular el Uchiha, estaba sin habla, casi atónico.

— Mi familia me obligo...—Dijo en murmullo casi imperceptible pero alcanzando a llegar a los oídos del pelinegro.

Sasuke no pudo decir nada mas, estaba completamente sorprendido, porque el mas que nadie podía entender su situación, el tampoco había elegido eso, nunca pensó que iba a tener algo en común con una de las concursantes realmente, y por otro lado, sentía lastima por ella, estaba totalmente cabizbaja y con las manos en sus muslos.

Inconscientemente le había ablandado el corazón.

—Qué bueno que me lo dijiste, no te preocupes por el concurso. Me asegurare de que no termines conmigo ni con mi hermano, es una promesa. —Menciono mostrando una de sus pocas sonrisas sinceras, no permitiría que otra persona pague por la decisión de su tío, el ya estaba condenado, lo sabía perfectamente, pero si podía evitar que otra persona se condenara, con gusto lo ayudaría a librarse de sus obligaciones.

—G-gracias por su comprensión, es usted muy amable señor Uchiha. —Agrego sin duda aliviada.

—Dime Sasuke. —Fue lo único que dijo seguido de una pequeña sonrisa de lado, ahora que sabía que ella no estaba tras de él, inmediatamente le cayó mejor.

—Sasuke...—Murmuro.

Permanecieron callados uno al lado del otro, manteniendo la mirada en la nada, ahora que estaba todo claro no había necesidad de esforzarse en nada.

Habían podido seguir un rato mas pero fueron interrumpidos por un guardia del palacio, Sasuke supo de quien se trataba inmediatamente, uno de sus más fieles trabajadores, y también un gran amigo; Hatake Kakashi. Se acerco a ellos con paso apresurado, ¿Qué le ocurría?

—¡Kakashi! —Exclamo levantándose, dispuesto a saludar, pero el peliplata no había venido a conversar.

—Se requiere inmediatamente tu presencia en el tribunal de la parte norte del castillo. El parlamento ha convocado una reunión de emergencia. —Dijo sin duda preocupado, haciendo que Sasuke se preguntara si este se encontraba bien.

—¿Qué paso, Kakashi? ¿Qué ocurre? —Pregunto intrigado el pelinegro.

El peliplata no respondió.

Y Sasuke entendió que no se trataba de algo bueno.

— ¡Dime! —Exclamo a gritos, estaba preocupado.

Mataron a un empleado del palacio. Aquí adentro.

El pelinegro palideció.