Infiltrados.

— ¡Pero, Kakashi...! —Fue lo único que pudo responder el Uchiha mientras se dirigía con rapidez al tribunal.

—Cuando entres ahí, lo entenderás todo, Sasuke. —Afirmo el peliplata.

— ¿Pero es que no tengo siquiera derecho a saber de quién se trata? —Cuestiono el azabache intrigado.

— No puedo decirte mucho, si quieres respuestas será mejor que apresures el paso. —Sentencio el moreno.

Sasuke supo que era mejor no seguir insistiendo.

Realmente quería saber de quién se trataba, porque aunque no fuera cercano a sus empleados, le importaban. Después de todo eran su pueblo, y las personas que tenía que proteger, incluso con su vida si así la situación lo ameritase.

Por un momento pensó en la pelirosa malcriada, ¿Habrá sido ella? ¿Habrá sido la desafortunada persona en perder su vida en un desenlace tan trágico? Una punzada de dolor inundo su pecho al imaginar esa vil escena. Esperaba que no, porque nunca se lo perdonaría.

— Aquí es. —Agrego el peliplata sacando al azabache de sus pensamientos. —Sea lo que sea que veas ahí, trata de mantener la calma, ¿podrás? No podemos permitir que nos vean sangrar.

— Eso hare, gracias kakashi. —Menciono el pelinegro conmocionando por las palabras de su compañero. —Espera, ¿tú no vas a entrar? —Cuestiono mirando al peliplata.

— Sera mejor que no. —Respondió con un semblante triste, mientras se retiraba del lugar.

"¿Quién demonios habrá sido?" se carcomía la mente.

Se dirigió a la puerta, que estaba siendo protegida por dos guardias armados.

Abrió el picaporte y se dejo adentrar en la habitación.

Su vista se nublo por un instante, había demasiada luz en ese lugar.

Se llevo su mano izquierda a los ojos, tratando de recuperar la vista. Lo primero que noto, o más bien, escucho, fue a varios políticos discutiendo, luego cuando pudo observar el área con claridad, se tenso al ver que había una persona acostado en una mesa, se acerco cauteloso, en posición de alerta.

Fijo su oscura mirada a la mesa y sintió una gran conmoción al darse cuenta que era la persona que había fallecido. Crispo sus ojos ante la sorpresa, tratando de averiguar de quien se trataba, mientras algo se revolvía en su estomago, era la primera vez que presenciaba algo así.

Se sintió aliviado al darse cuenta de que no se trataba de su mucama, pero se sobresalto al ver que si conocía a la persona.

"Era el mejor amigo de Kakashi" pensó, afligido.

Daichi terume yacía inerte en la mesa. Había signos de que había tenido una pelea antes de morir, en su pecho pálido se podía notar claramente el corte de algo afilado, pero no parecía haber sido el motivo de su muerte, porque más arriba se podía divisar su cuello, que se encontraba menudamente ancho y amoratado. El pobre hombre había sido estrangulado.

Al llegar a esa conclusión Sasuke sintió como un escalofrió se apoderaba de él, que le recorría de la espalda hasta las piernas. Nadie merecía morir así.

Escucho que su hermano mayor, Itachi, lo llamaba desde los puestos de arriba, pero era incapaz de moverse, no había palabras para acto tan inhumano, y tampoco para la vergüenza de esa persona, que lo habían dejado tirado en una mesa como si no significase nada. Eso le molesto.

Estaba a punto de decirle algo a los altos mandos pero fue jalado por detrás. Itachi se había levantado de su puesto, dispuesto a llevarlo al suyo. Conocía perfectamente a su hermano menor, era muy prepotente, incluso a veces también irracional. No podía dejarlo un minuto más observar tan de cerca al cadáver pues sabía lo consternado que se debía de encontrar.

— ¿¡Que haces, Itachi!? ¡Suéltame! —Imploró el azabache.

—Evitando que hagas una estupidez, como siempre. —Respondió el pelinegro, sentando a Sasuke en su puesto.

— ¿¡Que se creen estas personas!? ¿¡Creen que pueden tirar a alguien en una mesa como si no significase nada?! —Pregunto fastidiado.

— No fue nuestra idea, sino de la oposición. Quieren que veamos perfectamente el producto de nuestro mandato. —Menciono Itachi sereno pero un evidente tono de molestia. —Ellos nos oprimen, no pierden el tiempo para restregar nuestros errores, pero yo se que ellos solo quieren el poder, poco les importa el bienestar de nuestra gente y por eso no les permitiré jamás vernos caer.

— Quizás hasta sean ellos los que están detrás de todo esto. —Cuestiono el azabache.

— Ten cuidado con lo que dices, Sasuke. Afirmar algo así podría meternos a todos en problemas. No es algo que se pueda tomar a la ligera, no después de que mataron a alguien.

— ¿Crees que esto les haya pasado también a los desaparecidos? — Pregunto el Uchiha, fijando su mirada en su hermano.

Itachi no respondió.

Fue como si hubiese afirmado su pregunta.

Sasuke desvió su mirada hacia el tribunal, escuchando las palabras de un diputado de la oposición.

— Con esto podemos tener más que claro, que el gobierno de Madara Uchiha, no representa más que una amenaza hacia nuestro pueblo. Donde los más débiles, los que no pertenecen a este círculo real, son los que terminan pagando las consecuencias. —Exclamo fluidamente Kabuto Yakushi mientras caminaba por la habitación.

— ¡Permiso para hablar! —Dijo Minato Namikaze, primer ministro. —El linaje Uchiha ha gobernado por siglos la nación, garantizando siempre la mayor prosperidad a la misma. Acordémonos de dónde venimos, acordémonos de nuestras raíces, y de ahí sabremos todo lo que hemos avanzado. Antes de que el primer Uchiha tomara el poder de la región, esto no era más que un terreno perdido, hundido en la peor crisis económica que hemos atravesado a través de la historia, y condenado con el peor dictador que hemos tenido. —Menciono el primer ministro llamando la atención de todos. —Ahora me dijo directamente hacia el parlamento, señores, ustedes que saben más que todos en esta sala, ¿Qué es lo que realmente importa en este momento? ¿No es poder solucionar el problema que nos concierne a todos? ¿O pasar tediosas horas discutiendo con el gobierno que nos ha brindado su apoyo por siglos?

Las palabras de Minato, parecieron haber dejado pensando al parlamento, había algo de razón en sus palabras. Se creía que allí culminaría la reunión, pero alguien mas quiso expresar su opinión.

— Que un gobierno nos haya beneficiado en el pasado, no significa que siempre podrá hacerlo, todos sabemos que no todo siempre pasa como lo deseamos, quizás los antiguos emperadores estaban conscientes de su poder e influencia, usándola siempre en las necesidades de su pueblo, pero eso no hace que Uchiha Madara esté totalmente preparado para este puesto. Señores del parlamento, el cambio no siempre es para mal, en este caso podría resultarnos un movimiento satisfactorio, el linaje Uchiha nos ha hecho presos de sus decisiones por décadas, es hora de pasar la página y comenzar de cero ¿no creen? —Agrego Asuma Sarutobi, captando la atención de todos.

— ¿Usted propone terminar con el gobierno de los Uchiha? —Pregunto uno de los ancianos del parlamento, hablando por primera vez en toda la reunión.

— Así mismo mi señor.

Esta ultima repuesta hizo que la mayoría de las personas se levantaran de sus puestos, tratando de responder ante las indignantes palabras del Sarutobi, no podían creer lo que estaba proponiendo. ¡Era una locura! Hacer eso representaba violar una de los más grandes textos de la constitución del país, y era que solo una persona de sangre Uchiha, y nada más que uno, podía ejercer el puesto de emperador. La sala se convirtió en un rotundo caos, todos discutían con otros.

Sasuke e Itachi permanecieron sus asientos, atónicos, conmocionados antes las palabras del Sarutobi, ¿realmente algo así podía suceder? ¿Podían perder sus títulos de nobles? ¿Y eso sería algo malo o algo bueno? Decían para sus adentros.

La habitación parecía una sala de boxeo hasta que una autoritaria voz masculina rompió con el vergonzoso escándalo, petrificando a todos los que se encontraban en la sala.

— Nosotros los Uchihas, no solo hemos podido permanecer en el poder por garantizar paz y prosperidad a nuestro pueblo por años. Sino también por nuestras curiosas habilidades de defensa, que solo un Uchiha puede obtener. —Exclamo el emperador, dejando atónicos a todos. —Podrá existir otro gobierno, eso sí, pero no será capaz de defender hasta morir a nuestra nación como un Uchiha lo haría, acuérdense personas del parlamento, que solo nosotros poseemos los legendarios ojos rojos, que solo nosotros podemos sembrar respecto a las otras naciones. Destituirnos del poder, podría significar inminentes guerras con otras naciones, que evidentemente, perderíamos. —Sentencio el emperador, dejando a relucir su grandiosos ojos rojos, dejando a la vista su más temido poder; El sharingan.

Todos tragaron en seco, manteniendo la mirada agachada en el pavimento. Nadie se sentía capaz de mirar a los ojos al emperador, esos ojos, tan fríos y peligrosos, incomodaban incluso a los más fuertes.

Sasuke se sorprendió al ver el Sharingan de su tío, casi nunca lo sacaba a relucir, pero supongo que la situación lo ameritaba. Puso su mano izquierda en uno de sus ojos, tratando de recordar la primera y última vez que los había logrado a activar, y fue a los 4 años, cuando entendió que mas nunca vería a su madre, pues esta había muerto. Estaba tan furioso... Que no se dio cuenta que su mirada se había tornado de rojo con una pequeña asta negra, hasta que un guardia lo encontró, asustándose de inmediato.

Fue tanta la sorpresa del pequeño Uchiha que tuvo que buscar un espejo para poder verse, y en efecto, ahí estaban, incluso causaron miedo en el, que mas nunca trato de activarlos de nuevo.

— La reunión ha terminado caballeros, gracias por asistir. Diríjanse nuevamente a sus actividades, la seguridad en el palacio será reforzada, no quiero ver ninguna parte en el palacio sin al menos tres guardias, y con lo que respecta al fallecido, quiero que se le dé un entierro digno, fue uno de los mejores guardias que hemos tenido, no olviden mandar mi pésame hacia sus familiares y una pequeña compensación. —Sentencio el emperador abandonando la sala, junto con su más fiel compañero, su mano derecha, su compañero; Hikaru.

Sasuke e Itachi iban camino hacia la salida cuando se encontraron con los dos hombres que el azabache más despreciaba; Sasori y Neji. Quiso evitarlos pero estos se le posicionaron al frente, dejándolo sin escapatoria.

— ¡Que reunión tan agradable! —Bromeo el pelirojo.

— Supongo que hemos tenido mejores. —Respondió Itachi.

— Eso no se pone en duda, vengan, vamos a desayunar. —Propuso el oji gris.

Se dirigieron a la sala donde solían comer en privado, el comedor público no les gustaba, demasiada gente, y mucho desorden.

Todos comían en un rotundo silencio, nadie decía nada, solo se limitaban a ingerir sus alimentos.

Y hubiesen podido permanecer así si no hubiese hecho acto de presencia cierto rubio de ojos azules.

— ¡TEME! —Exclamo Naruto casi a gritos. — ¡¿Dónde te habías metido?! —Pregunto el moreno mientras se sentaba en la mesa, dispuesto a probar el exquisito almuerzo de las cocineras.

—Yo no he ido a ningún lado, Naruto. Tal vez si no anduvieras de aquí y de allá te resultara más fácil encontrarme. —Respondió el azabache mientras se llevaba un bocado a su boca.

— Si, tal vez. Y díganme, ¿Qué tal estuvo la reunión? No he podido encontrarme con mi padre, para me informe de lo ocurrido.

— Un desorden, la persona fallecida era Daichi Terume. La oposición se levanta cada vez más ante nosotros. —Agrego el oji gris.

— ¿Daichi? ¿Ese no era el mejor amigo de Kakashi? —Respondió el rubio a punto de echarse a llorar.

— Si, ese mismo Naruto. —Respondió el pelirojo viendo como el oji azul lloraba cada vez más.

— ¡¿P-pero cómo?! Si no hay lugar más seguro que el castillo... ¡Es imposible!

—Ahora que Naruto lo dice, tiene razón. No hay lugar más seguro que aquí, siempre hay guardias y también tenemos cámaras de vigilancias por todos lados, es imposible cometer un homicidio así y que no haya ninguna pista del culpable. —Menciono intrigado el azabache.

— Es cierto que tú llegaste tarde, Sasuke. —Recordó el hermano mayor. —Antes de que llegaras se estaba discutiendo ese punto, el homicidio de Daichi parece haber sido planeado, porque justamente donde lo mataron las cámaras no captaron nada.

— ¿En donde lo mataron? —Pregunto Sasuke.

— En los baños de la tercera planta, como a las 7 fue encontrado por una de las mucamas. Los guardias salieron en su ayuda inmediatamente al saber la noticia, Kakashi fue el primero, pero cuando llegaron este ya había muerto. —Menciono el oji negro.

—Y no es lo más curioso del todo. —Intervino el pelirojo. —Sino que había un punto ciego justamente en el baño, por eso creemos que fue planeado. Porque la cámara que se encargaba de grabar la entrada al baño fue movida, quedando a grabar solo la pared de al frente.

— ¿Están diciendo que puede que haya infiltrados en el castillo? —Pregunto sorprendido el rubio, dejando de llorar.

—Exactamente, creemos que hay personas que ayudan a estos terroristas a cometer sus crímenes. No sabemos que tanto pueden estar infiltrados entre nosotros, así que tenemos que ser cautelosos, no podemos confiar en nadie. —Respondió el oji gris, haciendo énfasis a sus últimas palabras.

— ¿Así que en nadie, dices...? —Cuestiono el rubio mirando con sospecha a su mejor amigo, este le correspondió con un golpe en el pecho.

— ¡Baka, como vas a pensar eso! ¡Si yo soy el príncipe de este puto castillo! —Exclamo indignado el Uchiha.

— ¡Cierto, se me había olvidado! —Menciono divertido el rubio.

El almuerzo transcurrió con total normalidad, Naruto era el único que hablaba y hablaba sin parar, sin darse cuenta que nadie le estaba prestando la mas mínima atención.

El azabache termino de comer y se dirigió hacia sus aposentos, que para su sorpresa también estaba siendo custodiada por guardias. Chasqueo la lengua en señal de disgusto y se dejo adentrar en la habitación.

Y ahí la vio.

A esa mujer a la que hace unas horas había tenido miedo de perder, aunque no entendía realmente porque, si realmente ni la conocía.

Se encontraban de rodillas limpiando la suciedad del porcelanato. Ella no le dirigió la mirada. Sasuke se sentó en el sofá, donde la podía observar de frente, no dijo nada, permanecieron callados un instante.

Hasta que el pelinegro quiso romper con el silencio, aligerando el ambiente.

—Sabionda, ¿Qué se supone que estás haciendo? —Pregunto, posando su mirada en el suelo, dejando alzar una de sus cejas.

— ¿Qué no lo ve? ¡Lo limpio! —Respondió indignada la pelirosa.

— ¡Pero eso puede limpiarse con un trapeador! ¿Qué hace de rodillas? —Cuestiono el azabache algo irritado, ya se estaba lamentando de haberle hablado.

— ¡Se equivoca! Lo que estoy limpiando son los mínimos espacios que hay entre cada porcelanato, están algo sucios y yo los dejare brillando.

— ¡Quiero ver! —Agrego, parándose del mueble y arrodillándose en el suelo.

— ¿Lo ve? ¡Está sucio! —Exclamo la oji jade apuntando con su dedo a la cerámica.

— Diablos sabionda, estas más loca de lo que pensaba... —Murmuro el Uchiha, pero que la pelirosa logro oír.

— ¡Oiga! ¡Tenga algo de respecto! —Pidió, pegándole al azabache con el paño mojado.

— ¡Es curioso que me pidas respecto mientras me pegas con un paño! —Menciono el azabache dirigiendo su mano a la zona que la pelirosa había pinchado, como si le doliese demasiado.

— Que dramático es usted señor Uchiha... —Agrego la oji jade continuando con su trabajo.

— Ah no, ya verás. —Fue lo último que dijo antes de arrebatarle el pañuelo a la pelirosa.

— ¡Devuelva eso! —Ordeno la pelirosa.

— ¿Usted dándome ordenes a mi? —Pregunto con una sonrisa ladina. — ¡Yo soy tu jefe, no lo olvides!

— ¿Puede dejarme continuar con mi trabajo? —Menciono con los brazos cruzados, en señal de reproche.

— Ten sabionda, ya no chilles. Me aturdes. —Respondió el Uchiha entregándole el trapo.

Ya no se dijeron nada mas, el azabache se sentó en el sofá nuevamente, observando a la pelirosa. A pesar de que no le agradaba del todo, su compañía era algo reconfortante. Era mejor que estar solo, pensó.

Busco su celular, dispuesto a escuchar música.

Selecciono I don't want to miss a thing de Aerosmith, y dejo que la música fluyera por su cuerpo.

Mantuvo su mirada fija en la pelirosa, tratando de descifrar si le gustaba la canción, pero esta no pareció mostrar el más mínimo interés en ella, se decepciono por un instante. Hasta que se dispuso a preguntar directamente.

— ¿No te gusta? —Cuestiono con el ceño fruncido.

— ¿El que, señor Uchiha? —Respondió, sorprendida que el azabache estuviese tan hablador.

— Pues la música, ¿Qué mas podría ser sino? —Menciono, sereno.

—Ah, eso... Bueno no la entiendo del todo, no domino mucho el ingles, entiendo algunas palabras, pero otras no. —Confeso con la mirada puesta en el suelo, como si hablar con el azabache la incomodara, Sasuke lo noto.

— No creo que sea necesario no amar una música solo porque no la entiendes, yo domino 5 idiomas; japonés, chino, ingles, español y francés. Y me gustan muchas canciones en idiomas que no es el mío. —Dijo mostrándose sincero, no sabía cómo había podido decir aquello, el no solía contarle de su vida a nadie.

—Me alegro que haya tenido una excelente educación, señor. —Fue lo único que respondió la pelirosa, continuando con su trabajo. No parecía estar abierta a hablar con él y eso confundió más al azabache.

Dispuesto a sacarse las dudas se levanto del sofá, yendo directo hacia la pelirosa.

Como la última vez que se vieron, estaban frente a frente, a pocos centímetros uno del otro, el Uchiha pudo darse cuenta que la oji jade estaba nerviosa, porque logro percibir un leve temblor en su labio inferior. Eso lo desconcertó, haciendo que con más razón se anticipara a preguntarle...

— ¿Me tienes miedo? —Cuestiono, mirándola fijamente. En su voz se podía sentir algo de frialdad.

— N-no señor Uchiha. —Respondió, mordiéndose su labio inferior y manteniendo la mirada en el pavimento.

—No mientas, ¿Qué piensas? ¿Crees que te voy a hacer daño? —Le lanzo otra dura pregunta a la pelirosa, dejándola más vulnerable.

Pero ella no respondió, solo mantenía la mirada en el suelo, como ensimismada.

—Responde, te lo ordeno. —Agrego, con una gélida mirada.

Sin embargo ella no dijo nada. En sus mejillas se podía ver como comenzaba asomarse un leve rojo carmesí, que por alguna razón al azabache le gusto.

—Sakura, ¿así es que te llamas no? —Menciono, alzando el mentón de la joven con sus dedos. —No sé qué es lo que piensas, pero yo no te haría daño. No me veas como una especie Mister Darcy o un Rochester, veme como soy realmente. Pero, si así fuera el caso, no te olvides de la evolución de esos personajes. —Confeso, dejando aun mas sorprendida a la pelirosa, que solo se limito a asentir.

Se levanto del piso dispuesto a irse a su habitación. Se encontraba de espaldas cuando escucho la voz de la oji jade.

—Es curioso que diga eso, cuando de lejos se ve lo frio que es usted. —Dijo, dejando escapar todo lo que pensaba, el Uchiha se volteo a verla, y para su sorpresa, esta ya no estaba miedosa, sino que le plantaba en cara que él era de cierta manera era un insensible sin ningún escrúpulo.

—Es malo hacer pre-juicios sin antes conocer a la persona. –Sentencio fríamente y se metió en su habitación, irritado ante las palabras de la pelirosa.

En otra parte del castillo se encontraba el Uchiha mayor.

Parado frente a una ventana que daba directamente con el jardín central, y con la silueta de la mujer que le gustaba. Era incapaz de acercársele y hablarle, y si lo hacía podía sentir como le temblaban las piernas, así que solo se limitaba a observarla, y era más que suficiente para saciar su sed de amor.

La joven de cabellos rubios y labios rojos se hallaba sentada en una de las sillas del terreno, ajena a todo que la rodease, hablaba con una de las concursantes del castillo, que Itachi no pudo acordarse del nombre, pues ahora todo en su mente era un verdadero caos, no había más espacio que para esa mujer. Que le era totalmente indiferente ante sus atenciones, aunque mejor así, pensó. Porque no sabría que hacer si el caso fuese distinto. Era muy nuevo en todo eso que el amor trae.

"La miré y miré, y supe con tanta certeza como que me he de morir, que la amaba más que a nada imaginado o visto en la tierra". —Recito para sus adentros. Ahora todas las frases de sus libros cobraban sentido.

Pero supongo que algunos podrán pensar que lo que sentía no era verdadero, porque gente envidiosa siempre hay. Pero es que no tenia palabras para explicar el amor incondicional que sentía, simplemente la vio... Y todo encajo en su lugar. Así tan sencillo como sonaba. Su cuerpo entero ardía completamente de solo verla, sabía que en ella podría encontrar su camino, poder descubrir el amor que no creía que existía, llenarse de ella, podría saciar la sed de su deseo... Tantas cosas en una sola persona, no podía ser más perfecto.

La miro por última vez y se retiro de ahí, tenia obligaciones que cumplir.

Podía sentir como su corazón se arrugaba de solo separarse de la ventana, pero no podía estar ahí todo el día, porque si lo llegase a ver... Realmente no sabría ni que decir. Con una sonrisa llena de amargura se marcho, su mayor anhelo era que llegara la noche para poder acostarse, e imaginarla con su mente, poder tocarla, poder besarla, poder hacerle sentir una y mil cosas más, no se cansaría de quererla.

"Bajo el sol de medianoche los sueños tienden a ser de vivos colores".

Al día siguiente.

La pelirosa se encontraba con la última habitación que siempre le tocaba limpiar, la del azabache, no habían vuelto a hablar desde que el Uchiha le había preguntando si le tenía miedo. Que en parte era algo cierto, algo en él la hacía incomodarse y tensarse al escuchar su masculina voz que a veces podía resultar totalmente embriagadora y electrizante. Pero no podía dejar de sentirse así, y ahora el pelinegro lo había notado. Y no lo había tomado para nada bien.

Se sentía como cuando lo conoció por primera vez, totalmente indiferente y distante.

Pero no podía dejar que eso la desmotivara, tenía que hacer todo lo posible para sentirse cómoda en su trabajo, mañana tenía que ir a la empresa que le proporcionaba el seguro a su madre y pagarlo, y así se encontraría más tranquila. Los médicos no dejaban de decirle que Tsunade estaba mostrando una excelente mejoría, y que si así continuaba, tal vez podría llevarla a casa.

Esto último mantenía contenta a la pelirosa, tener la posibilidad de llevar a su madre a su hogar, haría de esa fría casa mucha más calidad y reconfortante. Tenían tanto de que hablar... Que no sabía ni por dónde empezar.

Terminaba de limpiar las últimas partes de la habitación cuando escucho el crujido de la puerta del azabache. Había salido de su habitación.

La oji jade se quedo petrificada en el medio de la habitación, haciendo que al Uchiha no se le resultara nada difícil verla. Se quedaron mudos por un instante, pero fue Sakura esta vez quien hablo primero.

—Señor Uchiha, justamente estoy terminando de limpiar, en un momento me retiro. —Dijo mientras trataba de no hacer contacto visual con el azabache, que no llevaba camisa, dejando visualizar su pecho blanquecino y esbelto.

—Hmp. —Fue lo único que pudo decir, mientras se acostaba en el mueble.

—Realmente lamento lo de ayer, señor Uchiha. —Recalco la pelirosa, verdaderamente apenada. Pero el azabache no la miro, tampoco respondió.

—Lo siento de verdad. —Volvió a decir, poniéndose de rodillas frente al mueble, quedando bastante cerca del rostro del pelinegro.

Pero Sasuke tampoco dijo nada. Solo la miraba, desde esa posición podía ver con nitidez los ojos de la pelirosa, eran tan bonitos... Pensó

Al ver que el pelinegro no hacía nada la oji jade se le acerco mas, haciendo que el Uchiha se tensara ante el repentino contacto, pues nuevamente podía sentir el aliento de esa mujer. Sus narices chocaban de lo cerca que estaban, pero no se opuso, ni mostro intención de quitarse. Sakura bajo su rostro haciendo que sus labios llegaran a la comisura de los del pelinegro, y no supo realmente el porqué, ni como, pero le planto un rápido beso en ellas.

El pelinegro se enrojeció al instante y la oji jade se levanto de inmediato, asustada por lo que podía a hacer el azabache. Pero para su sorpresa, no hizo nada, solo se quedo acostado mirándola fijamente con las mejillas encendidas como si el contacto le hubiese quemado.

El Uchiha tenía la intención de decir algo, o de simplemente retirarse a su aposento antes de que esa mujer le hiciera algo mas, ya lo había avergonzado lo suficiente haciéndolo sonrojarse. Pero un guardia del palacio los interrumpió, haciendo que desviaran sus miradas hacia el centinela.

— Alteza, diríjase inmediatamente hacia la sala central, parece que van a nombrar la primera actividad del concurso. —Menciono un joven de cabellos marrones y ojos claros, apenando por lo haber interrumpido lo que parecía ser un momento importante.

El oji negro se levanto rápidamente del mueble y busco entre su armario una camiseta, se arreglo todo lo que estaba a su alcance dispuesto a salir.

Pero antes le dirigió una última mirada a la pelirosa, que seguía parada, observándolo.

—Si ya terminaste, puedes retirarte. —Dijo en un tono de voz tranquila, no quería incomodarla.

H-hai señor Uchiha. —Agarro sus cosas y salió de la habitación.

Dejando al pelinegro aun con un leve sonrojo y el corazón a mil.