Los detalles harán la diferencia.
Me gustaba esa sensación de algo vacío en mi interior.
Había pasado toda mi niñez sobre llevándola, así que de cierta manera tuve que acostumbrarme a su presencia. Y ella a mí.
No conformábamos el mejor dúo, para ser honestos, pero siempre era mejor tenerla a que no tener nada, mil veces. Así que ambos nos sorprendidos cuando nos dimos cuenta que ya no solo éramos nosotros dos, sino que había algo, algo nuevo, reciente e inquietante que se encontraba floreciendo dentro mi. Nunca había sentido nada igual, nunca, así que me fue difícil de descifrar, pero no tuve que pensarlo demasiado, porque todo siempre tenía un por que y yo siempre había sido muy astuto para los enigmas.
Creo que tenía algo que ver con ella. Sí, todo encajaba perfectamente, como si se tratase de un rompecabezas, del cual no poseía todas las piezas.
No había duda que la fémina era la responsable de esta hazaña, su presencia causaba algo nuevo en mí. Y eso me asustaba, porque no entendía su significado.
La solía ver todas las mañanas, sobre todo alrededor del las ocho en punto, por los jardines, con su flamante melena rubia y esos ojos tan parecidos al océano, no podría admitir jamás que me gustaba, porque ni yo mismo me encontraba seguro de eso, pero vaya que me atraía de manera inexplicable, tanto así que podría jurar que de cierta manera estábamos predestinados, joder... ¡Mírenme! Creyendo en patrañas y en cuentos de hadas, despierta Itachi, esas cosas no existen. Trata de mantener la mente en algo, ¿Pero en qué? Ese es otro problema, me costaba concentrarme.
Y aunque los más profundos y ambiguos deseos del corazón y el alma me llamasen, no hubiese sido nunca capaz de escucharlos, y proclamarlos como míos. Porque la timidez me consumía y continuaría haciéndolo incluso después de muerto. Usualmente eran las mujeres quienes me buscaban primero, así que nunca había tenido que esforzarme por algo realmente. Si quería compañía solo bastaba con pedirlo, y así mismo con el sexo y las mas placenteras atenciones. Esto era un terreno desconocido para mí. Por lo cual decidí no explorarlo, ya sé que estarán pensando, vaya cobarde.
Pero con el corazón en la mano les juro que era la mejor opción, ¿Por qué? Ya se los explico, en el primer momento en que me encontré con ese sol flamante, había estado más claro que el agua que en realidad a quien ella quería era a mi pequeño y repelente hermano, y no tenía intenciones de arruinarle eso, por más que el cuerpo se me llenase de algo que podría definir como "Celos" o tal vez "Envidia" pero muy en el fondo no deseaba arruinarle sus verdaderos planes.
Aunque eso no evito que de manera indirecta tratara de demostrarle mis deseos, y apreciaciones. No con la finalidad de que descubriera mi identidad, sino con hacerla sentir adorada, y podría jurar que siempre lograba mi cometido. Pues veras, desde la primera escena que compartimos a la suave luz de la luna llena, ganas no me faltaron para escribir de ella, se que para terceros esa imagen les habría durado solo minutos, pero ese no era mi caso, me encargaba de recrearlo, siempre, con frases y palabras envolventes, y no solo eso, también pasaba largas horas dibujándola, a veces al más puro estilo clasista, y otras con los mejores colores que tenía en la mano, la dibujaba con fervor, y con la innata paciencia y pasión del mismísimo Leonardo Da Vinci.
Cuando mi maravillosa obra se encontraba terminada (Ya se, soné muy narcisista, pero no os estoy mintiendo) solía mandársela con uno de los guardias del palacio, siempre me mantenía de lejos, apreciando. Y el corazón me retumbaba ardientemente cuando veía que en la comisura de sus labios se pronunciaba una sonrisa, y era tan dulce su manera de sonreír, y sus delicadas mejillas se llenaban de un rojo carmesí, donde se podían admirar sus pequeños y tiernos pómulos y facciones, que me llenaba de inspiración para seguir haciéndolo. En eso se basaron mis días, me entretenía tanto en reconstruir su imagen en mi memoria para plasmarla en mi papeles de seda y pinceles de caoba que no había tiempo para nada más, o al menos por el momento.
Me encontraba terminando mi tercera obra, difícil no es adivinar de que se trataba. En el lienzo se hallaba la figura blanquecina de mi musa, con sus mechones dorados esparcidos por un césped verdoso, e imponentes girasoles, cuando escuche abrir la puerta de mi habitación, me gire con aire de obstinación, había dejado claro que no quería que me molestasen, pero al centinela no parecía importarle mucho mi semblante.
— Mi señor, lo están solicitando en la sala central, ya asignaron la primera actividad del concurso...— Me informo el guardia, ahora todo estaba más lucido, tenía que ir allá lo más pronto posible. Había perdido el remoto interés por el concurso desde que supe que tal vez la persona que yo apreciaba terminaría con quien menos quería, y yo con alguien a quien tal vez nunca podría amar, pero aun así no podía abandonar mis responsabilidades como noble.
— Gracias, Tisumi. Ya mismo voy para allá. —Finalizo el azabache dejando su pintura intacta.
Con Sasuke...
Porque a pesar de que por la simple estética y apariencia quería dar la impresión de estar tranquilo y sereno como la mayoría de las veces solía estarlo, por dentro resultaba todo lo contrario. Estaba abatido, y muy confundido. Aun podía sentir con tanta fuerza el roce de los labios de la pelirosa, había estado tan cerca de ellos... Y para su sorpresa su contacto no le había resultado desagradable, o al menos no del todo. Pero eso no significaba que lo había disfrutado, se sentía raro. Y por la misma razón no lo volvería a permitir otra vez. Algo así no debería de ocurrir de nuevo, era simple lógica, ella no disfrutaba de él, era evidente. La había observado lo suficiente como para tener la certeza de que el la hacía sentir intimidada, y con respecto a él, pues, simplemente no la quería cerca.
A pesar de todos los intentos que hizo por hacerle perder los estribos a la oji jade, ella aun permanecía en el palacio, trabajando para él. No entendía porque simplemente no se buscaba otro trabajo en el que no tuviera de requisito husmear en su habitación.
Odiaba a las criadas, lo hacían sentir inútil y como si fuese de cristal, aunque de cierto modo eso sea verdad, después de todo había pasado toda su vida en unas cuatros paredes, y algunas cosas que resultaban básicas para otros para el eran imposibles... Pero aun así el se mantenía firme con la idea de que estaba predestinado para algo mucha más grande, solo que todavía necesitaba seguir esperando.
Tuvo que deshacerse de todos esos pensamientos banales en el momento en que se adentro en la sala, la cual siempre le había parecido demasiado espaciosa, pero en el momento en que entro parecía haberse convertido en un pequeño cuarto de depósitos. Había demasiado gente, demasiada. El simple hecho de encontrarse rodeado de tantas personas lo puso inmediato de mal humor, como le hubiese encantado poder salir de allí, y nunca volver. Pero el más fiel asistente de su tío se encontraba ahí, supervisando, no a las personas, sino a él, y a su hermano, Itachi. Asegurando que estuviesen presentes, estupendo
"Soy tu marioneta" pensó maliciosamente.
No muy lejos pudo divisar la larga cabellera de su hermano.
No tardo mucho en unirse a él. Porque a pesar de que no eran tan cercanos, y mucho menos iguales, el moreno era la única persona en esa sala que estaba sintiendo lo mismo que él en ese momento: Caos. Un desorden de emociones corriendo por tus venas y queriendo buscar cualquier pequeñito orificio para liberarse y causar un verdadero escándalo que haría que su tío los enterrase inmediatamente.
Pues ya te habrás dado cuenta, pero si aun no es así yo te explico: Encontrarse en una habitación con un puñado de las mujeres más hermosas de la nación compitiendo por tu mano en matrimonio, es más que una sensación agridulce, pero es que realmente no sabes que pensar. Por un lado te sientes halagado por la idea de que resultas importante para una persona, que en realidad es solo un concepto hipócrita y vacio porque en realidad las mujeres de este certamen no están directamente compitiendo por ti, sino por lo que ofreces. Vaya, así de mierda se encuentra el mundo, lo sé.
Cuando te miran sonríen pero porque saben que las harás una de las personas más ricas de la región, y con una excelente posición social que volverá inmediatamente a toda su familia como una de las más codiciadas, así que si compites en este concurso e hipotéticamente (y extrañamente) llegas a ganar, pues todas las mujeres de tu familia la empezarían a buscar hombres de la alta sociedad, y viceversa.
"Trepadoras sociales"
Y por el otro sientes ganas de abandonarlo todo e irte lo más lejos posibles.
Antes creía que de los dos yo era el único con esos ideales suicidas, pero viendo mejor a Itachi, podría casi afirmar que algo ha cambiado, y que ahora su mentalidad no está muy lejos de la mía. Me pregunto que le habrá pasado.
—Los hemos reunidos esta tarde para informarles de algo de suma interés... —Comenzó a decir uno de los organizadores, llamando la atención de todos. —Estamos al tanto de que las señoritas se encuentran preparadas para cruzar hasta el océano si fuese necesario, pero le tengo el placer de decir que por el momento eso no será necesario, porque lo que en realidad vamos a querer para este fin de semana, es una placentera velada. —Exclamo el moreno sorprendiendo a todos. ¿¡Un baile?! ¡Guao!
—Con esta revelación podemos entender completamente su emoción, nos alegra tenerlas tan contentas, pero, no va a ser tan fácil... No, claro que no. Porque si así fuera, ¿Qué sentido tendría esto? —Continúo el organizador. —Para que puedan asistir al baile, será mejor que inmediatamente salgan ahora a buscar una buena mascara, o disfraz, porque queremos que esto sea lo más misterioso posible, ¿Entienden? Solo véanlo de este modo, podrías pasar toda la noche bailando con uno de los nobles sin saberlo. Por supuesto, los detalles harán la diferencia. Un traje perfectamente elaborado, o un buen disfraz pueden hacer la diferencia entre que seas tú la afortunada o otra.
—Bien, esto sí que da miedo. Lo único bueno de esto es que si todos usan mascaras, no podrán notar que no estoy —Menciono el Uchiha menor con aire divertido, pero su hermano no le prestó atención.
—Creo que deberíamos comenzar a buscar nuestros disfraces. —Menciono distraído el azabache.
—Venga Itachi, no estarás pensando en serio en ponerte algo así, eso es tan... Cursi. Con una máscara bastara.
—Tú no sabes el significado de esa palabra, Sasu. —Finalizo el Uchiha, con un poke en la frente de Sasuke.
Dos días después...
El personal se encontraba dando vueltas por todos lados, arreglando aquello y lo otro, asegurándose de que todo se viera totalmente perfecto para la noche de la velada, incluso me habían dado más horas extras y me asignaron a la cocina junto con otras tres criadas mas, había muchos platillos y dulces que elaborar, no había tiempo para descansos, apenas para almorzar, y muy apresurado. A veces cuando me encontraba en la cocina tratando de hacer mis mejores postres, Ino bajaba y me hacia un poco de compañía, algo muy breve, porque se encontraba inmersa planeando su vestido para la fiesta. Del cual no me quería revelar mucho los detalles, porque a pesar de que la fiesta era para las concursantes, en realidad todo el personal se encontraba invitado, para hacer más variedad, porque habría sido demasiado obvio que solo se encontraran dos caballeros en el gran salón. Así que eso justificaba las horas extras las cuales no me pagaban, porque ya el simple hecho de permitirme estar ahí era bastante, y lo entendía.
Así que Ino era lo más cuidadosa posible cuando se trataba de hablarsobre su vestido, de algún modo creía que podría ser capaz de quitarle su idea,lo cual me resultaba curioso porque aun no estaba segura siquiera de contrario de ella que estaba muy emocionada, era muy evidente porque susojos parecían zafiros, muy brillosos, y extravagantes, como su personalidad.
—Creo que deberías asistir, Saku. Te vendría bien divertirte un rato. —Menciono de repente como si leyese mi mente.
—Baka, sabes que tengo que trabajar. Ayer fui al banco y pude renovar el seguro de mi mama, todo está yendo muy bien. Pero todavía necesito el dinero, para las medicinas, para la casa... ¿¡Sabes cuánto cuesta mantener una casa?! Tener que ser el adulto no es algo fácil. —Respondí, haciéndole un puchero, el cual solo la hizo reír.
—Creo que solo estas exagerando para no ir, ¿Siquiera le has contado a Tsunade sobre eso? Yo creo que ella estaría de acuerdo conmigo, necesitas relajarte, y quien sabe, quizás hasta conozcas a alguien ahí. —Menciono con aire de coquetería.
—Vamos Ino, es un baile donde todos llevaran mascaras. ¿No te da miedo bailar toda la noche con alguien que no sea tan agraciado? —Cuestiono la pelirosa.
—Supongo que esa pregunta va para mí, pero ya no tengo 15 años, Saku. He madurado bastante y sé que la belleza no lo es todo. Aunque de todos modos mi meta es bailar con el Uchiha menor. —Respondió victoriosa, preparándose para retirarse.
— ¿Qué eso que tienes ahí, Baka? —Señalo la oji jade.
— Ah, ¿Esto? Es un dibujo. —Menciono con una sonrisa traviesa.
— ¿Eres tú? —Pregunto, y lo pudo verificar cuando lo tuvo en sus manos. —Oh vaya, esto está realmente muy hermoso, ¿Quién lo hizo?
—Para ser honesta no tengo idea, pero no es el primero que recibo. ¿Ves todos esos detalles? Se nota todo el trabajo y dedicación que ha llevado, todos los que tengo están así. No sé cómo alguien pude dibujar tan hermoso. —Dijo la rubia admirando su pintura.
—Pues entonces en vez de ir por el asocial de Sasuke Uchiha, yo mejor te recomendaría que fueras por la persona que te regala estas obras de artes, debe de estar muy interesado en ti.
—N-no hables tonterías, por supuesto que no. —Sentencio la oji azul antes de irse, Sakura la vio marchar con una sonrisa ladina, ¿Por qué nunca aprende?
Esa misma tarde tuvo una conversación muy similar con cierto pelinegro, quien ya estaba acostumbrado a verla en su habitación. No sabía realmente ni como había surgido el tema, solo paso.
— ¿Tienes pensando asistir al baile de mascaras? —Pregunto curioso el azabache.
— ¿A qué viene tan extraña pregunta? —Respondió dirigiendo su mirada hacia el Uchiha.
—Porque soy tu jefe, y quiero saber. Además todas las mujeres jóvenes del palacio van a ir.
—No estoy segura.
—¿Por qué no? –Pregunto alzando una de sus cejas.
—Ya tengo planes. —Mintió, no tenía ningún plan. Al menosque por "Plan" contase quedarse toda la noche limpiando su casa.
—Era de esperarse de alguien como tú, pero si decides ir, yo creo que el disfraz perfecto para ti sería el de Christine, del fantasma de la opera. —Menciono con un evidente tono de desinterés.
— ¿Por qué Christine?
—Tienes cierto aire a ella, solo un poco, que no se te suba a la cabeza. —Respondió encerrándose en su cuarto.
"¿Alguien como yo?" ¿Quién se creía ese? Pensó enfurecida.
Esa noche Sakura no pudo dormir, debatiéndose entre los comentarios de su amiga, y de su extraño y distante jefe. Se movía de su cama inquieta, sin saber realmente que hacer. Ganas no tenia exactamente como para asistir, pero tampoco podía afirmar que los últimos años de su existencia habían sido los mejores, si bien la habían convertido en una persona mucho más fuerte, también la habían aislado de esos pequeños placeres e inocentes diversiones tales como una fiesta.
Su amiga tenía razón en algo, su madre habría estado de acuerdo. La había visitado la tarde anterior y no pudo evitar mostrar su preocupación por su única hija. La amaba. Y lo que Tsunade más deseaba era verla cumplir todas sus aspiraciones. Pero la oji jade la terquedad le sobraba, se privaba de disfrutar de la vida por respeto por su madre, y hay cosas que son difíciles de cambiar, o en este caso a personas.
Al día siguiente su mañana transcurrió de la misma manera desde que se encontraba trabajando para el palacio: Abrumadora. Si, pues la pelirosa solía amanecer la mayor parte de las veces demasiado cansada, nunca había mantenido un trabajo por tanto tiempo. Siempre se dedico mas a los estudios, que de momento de mucho no le habían servido porque no había podido entrar a ninguna universidad. Pero eso no era de importancia ahora, ella solo tenía una prioridad, un deseo, un anhelo, y era ver a su madre totalmente recuperada, y cuando eso pasase podría ver por ella misma. Mientras tanto solo se mantenía centrada en las cosas más primordiales.
Se baño, se vistió y a las 8 de la mañana ya se encontraba adentrándose en el palacio.
Que de un tiempo para otro ya no le transmitían la misma seguridad y calidez que antes, algo había de diferente, sin embargo le costaba entender el porqué. Estaba al tanto de los pequeños inconvenientes de seguridad que habían tenido los guardias, sin saber muy a fondo de que se trataba, todo era un verdadero misterio en ese lugar.
Rumores no faltaron, en los pasillos se cuchicheaba sobre un supuesto homicidio ocurrido en el mismísimo castillo, y que el emperador le había pedido a la familia de la victima la mayor discreción posible por el bien común hacia su pueblo. Pero le costaba demasiado tragarse aquello, porque después de todo se suponía que este era el lugar más seguro de toda la nación, si algo así podría ocurrir en el palacio, ¿De verdad alguien se encontraba a salvo de una amenaza como esa? Era un tema complicado, y delicado, que mientras más lo pensabas más confundido salías, así que la pelirosa hizo todo lo posible por mantenerse ajena hacia esos problemas mayores. Ganas no tenia de comentarlo con nadie, incluso a su madre, a quien siempre le contaba hasta el último detalle de su día. Porque si lo hacía, daba por hecho que quizás Tsunade no volvería a dormir tranquila.
Como de costumbre se dirigió hacia el comedor, donde la esperaban sus compañeras de trabajo, preparadas para una larga y agotadora jornada laboral. No tardo mucho en saludar y sentarse junto a ellas, quienes le habían guardado el desayuno a la oji jade. No podía estar más agradecida por ello, les dio las gracias y comenzó a devorar sus panqueques con miel y café.
Al terminar inmediatamente se fue a la cocina, no tenía mucho tiempo que perder, mientras más rápido terminase sus obligaciones más pronto podría irse, y vaya que tenía bastantes. Pero eso no la molestaba del todo. Hoy tenía que preparar Dangos, resultaba una tarea sencilla a comparación de los días anteriores, donde se las había tenido que ingeniar para preparar un centenal de platillos exóticos de los cuales ni siquiera había oído, o visto alguna vez. Y hubiese podido terminar en un rotundo desastre si no fuera por la generosidad de sus compañeras, realmente eran buenas personas.
Con delicadeza llevaba la bandeja de plata cubierta de Dangos recién hechos hacia la gran mesa cuando se encontró con un joven moreno bastante familiar.
El la reconoció de inmediato. Inmediatamente en su rostro se dibujaron vivos colores. Había estado esperando este momento desde que se encontró con la pelirosa.
— ¡Mira, pero si es la pequeña pelirosa...! —Exclamo esbozando una radiante sonrisa, haciéndole que se le marcasen las finas rayas de su rostro.
— Que bueno verle de nuevo, Naruto. —Menciono la oji jade extendiéndole su mano al moreno, este la miro divertido, quien nunca había esperado tanta formalidad de parte de la joven. La jalo hacia él y la cubrió con sus brazos, acción que hizo que el cerezo se tensara por un instante, no estaba acostumbrada a este tipo de cercanías, desde hace mucho... Con torpeza le correspondió, haciendo que el rubio dejara escapar una pequeña carcajada.
— ¿Q-que pasa? —Pregunto avergonzada, la risa de su nuevo amigo la había incomodado. Pensaba que se estaba burlando de ella.
— No pasa nada, en serio. No te preocupes, es solo que... Eres muy adorable. —Confeso sonrojado el oji azul llevando su mano derecha hacia su nuca. Ahora el que se encontraba incomodo era él, quizás no debió soltar eso.
— Umm...— Pensó por un momento la mujer de cabellos rosados, haciendo que el moreno bajara su mirada, avergonzado. —Tú también eres adorable, Naruto. —Respondió finalmente Haruno, alzando el mentón de su amigo, que tenía las mejillas con un leve rosa suave, y se tornaron inmediato de rojo al escuchar lo que la joven le había dicho.
Naruto Uzumaki no dijo nada, permaneció en silencio, observándola... Esa mujer, tenía algo especial, no había duda. Era la segunda vez que la veía y era imposible evitar que le transmitiera tanta calidez, ella era tan frágil, y tan pequeña, que daba la sensación de querer cuidarla y protegerla. Era un lindo cerezo.
— ¿Trabajas aquí...? —Pregunto la mujer, tratando de romper el silencio que los envolvía.
— ¿Qué si trabajo aquí? —Dijo repitiendo las divertidas palabras de su amiga. —Si, así es. ¡Trabajo aquí! —Mintió.
— Y déjame adivinar, te asignaron a la cocina ¿No es así? No te preocupes, al principio también se me hizo difícil llevarle el ritmo, pero luego empecé a entender este mundo, estoy segura que tú harás lo mismo. —Respondió con una sonrisa, era tan inocente.
— ¡Ah, sí...! Eso espero. —Menciono tratando de aguantaruna pequeña risa, porque a pesar de que se sentía culpable por haberle mentido,no quería que lo viera diferente a ella. Ya le había pasado muchas veces, y eraalgo que realmente lo había alejado de muchas personas a lo largo de su vida.
El energético rubio y la pálida pelirosa pasaron toda la tarde llenándose de carcajadas, resulta que Naruto nada sabía de las tareas culinarias, ni siquiera las cosas más comunes y triviales como hacer un arroz, haciendo que verlo en escena tratando de averiguar cómo se usaban los condimentos o de tratar de amasar una mezcla para hacer un postre de moras se volviera todo un momento digno de recordar.
La pelirosa hizo todo lo que estuvo a su alcance para enseñarle a su nuevo aprendiz lo que ella sabía, pero para su desgracia fracaso en el intento, el oji azul realmente no tenia habilidades para la gastronomía, se preguntaba como era que los altos mandos mandaban a cualquiera a la cocina sin tener ni una dosis de conocimiento básico sobre este arte, entre esas personas se encontraba ella. Pero no le daba mucha importancia a eso, porque después de todo, si hubiesen estado mucho más atentos, no hubiera conocido a Naruto.
Al final ambos terminaron cubiertos de harina por doquier, al rubio no le molestaba en lo absoluto, habían pasado un momento que estaba seguro que lo recordaría para siempre. Ya no se acordaba cuando fue la última vez que había vivido sin tener que preocuparse por algo. Se encontraban quitándose los uniformes cuando un hombre alto y moreno de largos cabellos los interrumpió.
— ¿Naruto, eres tu? ¿Qué estás haciendo...? —Intento formular el azabache, pero fue contestado rápidamente por el rubio.
—Trabajo aquí, su alteza. ¿No ve? —Respondió inmediatamente. Suplicándole mentalmente a Itachi para que no arruinara el mejor momento de su vida.
—Ya veo. —Menciono con una sonrisa ladina el pelinegro, los líos en que se metía ese dobe... —Bueno si me disculpan, solo vine por unos Dangos, ¿Puedo? —Pregunto dirigiéndose hacia la mujer de cabellos rosados, quien se encontraba sorprendida por la presencia de Itachi, ya lo había visto antes... Y no lo había reconocido la primera vez, era un noble. Ahora lo entendía todo mejor. Este día estaba lleno de causalidades.
—Por supuesto, alteza. —Dijo la oji jade con una reverencia.
—No hace falta tanta formalidad, pequeña. Con un sí, era más que suficiente. Sigues siendo muy nueva por aquí. —Menciono el oji negro revolviéndole el cabello. —Si supieras que las cocineras ya incluso están hartas de mi presencia, siempre vengo por aquí a robarme los Dangos, es que... Me encantan. —Confeso con un brillo en sus ojos ¡Que tío tan simpático!
—No tenía idea, ¿Itachi? —Qué raro sonaba eso. Pensaba la pelirosa.
—Mucho mejor. —Dijo el hombre dispuesto a irse. Cuando una rubia ocurrente se acerco casi corriendo hacia la cocina, chocando con el azabache.
— ¡Disculpe, alteza! No sabía que era usted. —Se disculpo, sin duda avergonzada.
—No tienes nada porque disculparte, lo entiendo. —Respondió el moreno, efectivamente, nada tenía que disculparse, en realidad, por dentro el pelinegro se encontraba más contento que nunca. Tanto así que se le estaba dificultando disimularlo. Es que... Tenia tiempo sin tenerla tan cerca.
—Bueno, ¿Querías decirme algo Ino? —Pregunto Haruno tratando de disolver la tensión, había algo raro en el ambiente, los hombres se veían... ¿Asustados? Como saberlo.
—Si, así es. Ven conmigo. —Indico la oji azul, llevándose a su amiga casi a rastras. Dejando a los caballeros en total silencio.
— ¿Cómo terminaste cubierto de harina? —Interrogo con picardía.
—Solo cállate.
