De esto habrá represalias.
Seguía sin poder creer lo que tenia frente a mis ojos.
Acariciaba la suave y bien diseñada tela de seda mientras maldecía para mis adentros al señor Uchiha. ¿Habrá perdido la cabeza esta vez? No lo creo, sin duda alguna elaboro esta maquiavélica idea solo para verme retorcerme entre mis escombros.
¿Qué que ocurría? Bueno, no es muy difícil de explicar pero si de recordar. Terminaba de limpiar todas las habitaciones, exceptuando la del tirano Uchiha, como siempre era rutina en mí. Siempre la guardaba para el final, porque tengo la creencia de que primero se disfrutaba lo mejor, para luego terminar con lo peor y lo peor era él. Ese bastardo riquillo.
¿Qué si estoy exagerando? En absoluto, queridos lectores, ¿Cómo explicarles los amargos sentimientos que emanaban de mi cuerpo y mente en ese momento? Es imposible, porque no hay palabras para describir mi total desagrado e insatisfecho sentimiento. Como de costumbre me adentre en su cuarto real, y al ver que el área se encontraba despejada de su rigurosa presencia, cante victoria. Pero el triunfo en las mayorías de los casos suele ser pasajero, y así mismo me sucedió a mí. Si bien, no había indicio del Uchiha menor en la habitación, pero eso no evito que lo que pudiera haber sido mí tarde perfecta se echara por el rotundo caño.
En el mueble, en ese mueble oscuro y caro se encontraba lo que cambiaría mi noche totalmente el día de mañana. Grandes trozos de telas se hallaban ahí, uniéndose para dar forma a lo que sería un vestido, no rojo, ni morado, ni azul, o. Un vestido blanco a lo que le acompañaba una capa roja. Hay que recordar, que el pequeño insolente noches atrás había mencionado a la mujer del fantasma de la opera, ahora me traía un vestido igual al de Christine. Y no solo eso, sino que en él había dejado una nota exigiendo que lo llevase puesto en el baile de mascaras, que según era una orden. Y no podía incumplirla.
¿O quizás si...? Mi mirada se torno de deliciosa malicia por un momento, pero la cambie inmediatamente por una de total indignación, no podía faltarle. Después de todo era mi jefe, y no podía darme el lujo de perder el trabajo, no ahora, que todo marchaba tan bien. Agarra el vestido y me lo lleve, pero con mucho coraje.
En la planta baja del castillo me estaba esperando mi mejor amiga, quien ya se estaba impacientando debido a que dije que no me tardaría mucho, mentí. Mentí descaradamente, tarde bastante, era consciente de ello. Pero no había sido culpa mía, o al menos no de manera directa, era culpa del vestido y de mi jefe, por supuesto.
— ¿¡Que llevas ahí, Saku?! —Pregunto la oji azul interesada, cuanto le hubiese gustado a la pelirosa regalárselo y deshacerse de esa cosa. Ino sin duda le habría dado un uso mejor.
—Si te lo contara estoy segura que no me creerías, así que por el momento dejémoslo así. —Comento la oji jade restándole importancia. —Pero ahora hay un cambio de planes, resulta que al final si asistiré al baile.
— Me alegra tanto que tengas la oportunidad de divertirte Saku, estoy segura que la pasaras increíble. —Menciono dichosa. Como le gustaba ver a su pálida amiga salir de su zona de confort.
—Bueno, otra opción no tengo baka. Sera mejor que me vaya, esta anocheciendo, y le prometí a mi madre que la visitaría.
—Mándale mis saludos a Tsuna, sabes que la adoro.
—Por supuesto. Hasta pronto, Ino. —Finalizo la pelirosa, retirándose de la escena.
La rubia pronto tendría que irse a su habitación, era una orden ilícita de los guardias. Nadie podía permanecer más de las 9 afuera de sus aposentos, cuestiones de seguridad. Pero aun así decidió permanecer un segundo, tan solo un segundo más. Llevaba consigo una libreta rosa palo, donde guardaba celosamente sus dibujos. U obras de arte, porque realmente eran increíbles. Finos trazados, e increíbles coloreados, la persona que los había elaborado vaya que desbordaba talento. Le gustaba admirarlos siempre que podía, la llenaban de felicidad cada vez que los veía, Y siempre terminaba haciéndose la misma pregunta, ¿Quién los había hecho? Resultaba siempre un misterio, 3 ya llevaba y ninguna aparición de lo que podía ser la persona más dulce del mundo.
Su rosada amiga siempre había pensando que ella podría resultar en menudas ocasiones algo superficial, que era el físico o nada. Pero con esto era totalmente diferente, realmente le habría encantado poder conocer a esa persona. Y quien sabe, quizás hasta podría enamorarse.
Pero tan pronto como lo pensó lo borro de manera fugaz de su mente. No era eso a lo que había venido, aun cuando las posibilidades de ganar se redujeran al mínimo cada día que pasaba, ella y el azabache poco tenían en común, el en la mayoría del tiempo solía ser muy distante, y ella muy cálida, sin duda polos opuestos sin ninguna posibilidad de algo más. Estaba claro como el agua, pero ella era muy necia y ganas de rendirse no tenia. Lucharía hasta el final.
Tenía la intención de retirarse de la sala, pero tan pronto como se lo dispuso tuvo que cambiar de idea. A lo lejos se acercaba el Uchiha mayor, ese hombre de largos cabellos y ojos increíblemente oscuros, que a diferencia de su hermano menor, el si poseía cierta calidez embriagadora, podía llenar una sala solo con su presencia, humildad desbordaba y ni hablar de simpatía. Estaba más que claro quién sería el sucesor del emperador, mejor opción no había.
Por un instante pensó en saludarlo, creía que era lo correcto, lo había visto en solo dos ocasiones, y para este punto ya deberían de tener cierta confianza. Y así fue, lo saludo con la mano, manteniendo el respecto siempre, no había que olvidar que era un noble. El azabache miro la escena divertido, por más que intentara que lo trataran como alguien normal casi nunca lo conseguía. Solo su tonto hermano era capaz de tratarlo como se merecía. Como alguien insignificante. Había prometido no acercársele a la joven, porque aun no entendía lo que realmente sentía, era un principiante en estas cosas. Pero las ganas de estar cerca de ella pudieron con su razón. Con que así se sentía ser dominado por las emociones. Esto era ser humano, y por ende débil.
—Creo que por más que intente pasar desapercibido nunca podre. —Comento el Uchiha tratando de trabar una conversación.
—Si se refiere a como lo salude, perdóneme. —Respondió la oji azul extrañada.
—Te equivocas, lo hiciste muy bien. Ese es el problema. Todos me tratan como si fuese una especie de Dios. Y al contrario, soy humano, y de perfecto nada tengo. —Se a sinceró, una acción que tomo totalmente de sorpresa a la rubia, no esperaba que el azabache le hablara con tanta cercanía.
—Tal vez ese sea el problema, que desde afuera si luce perfecto. Pero todos olvidan que en el fondo es igual que los demás. Incluso yo, y lo lamento.
—Es interesante tu teoría, si me conocieran realmente, ¿Qué sentido tendrían? Tal vez ni me quisieran. —Confeso el pelinegro intrigado. Las palabras de esa mujer de cabellos increíblemente largos realmente le interesaban, y afectaban.
—Yo si te querría, Itachi. No lo conozco demasiado, pero desde lejos se puede apreciar su buen corazón, y humildad y eso se aprecia. Es una persona con quien se puede confiar. No hace falta conocerlo perfectamente para ver eso. —Respondió la joven, tomando por sorpresa al azabache, quien la miraba casi con la boca abierta, "Yo si te querría" pero que dulce sonaba eso, le había pedido que lo tratara con informalidad y eso había hecho, y que bien se sentía.
—Me alegra que pienses eso. Yo tampoco te conozco demasiado, pero tampoco hace falta conocerte muy a fondo para saber que eres una increíble persona. —Menciono, casi a susurros, le costaba elaborar halagos, le pesaban como cemento.
—Gracias, Itachi. —Y eso fue todo, permanecieron unos segundos más en total silencio. El azabache parecía complacido, la plática le había parecido más que satisfactoria. Porque había podido verificar más a fondo la personalidad de la fémina. Y se lleno de felicidad al saber que era tan linda física como mentalmente, sus sentimientos no eran solo visuales.
Le habría llenado de placer permanecer un momento más con esa mujer. Pero hace tiempo que la suerte lo había dejado por su cuenta, y ya era demasiado tarde y ella tenía que retirarse, o sino los guardias le armarían una bronca. Que por supuesto el no toleraría y la defendería a punta y espadas. Pero eso solo lo habría delatado. Y eso no era lo que quería. La joven se despidió de el azabache con mucha sencillez, ni como amigos, ni como noble a plebeya, ni como algo más, tal vez como conocidos. Y eso no le desagrado tanto, a pesar que en el fondo le hubiese gustado presenciar otro momento como en el de la fuente. Pero al menos era un buen indicio de lo que ella quería. Y no era él. No buscaba enamorarse de él. Y eso solo lo hizo perder más la cabeza.
Uchiha Sasuke
"Porque la venganza es un plato que a menudo frio se sirve" se decía.
No es que realmente le cállese mal la mujer de cabellos rosados. Pero vamos, a él le gustaba divertirse, y esa mujer era una mina de diversión. De cierta manera le estaba comenzando encantar verla, solo para hacerla perder los estribos y verla enojarse. Esos momentos servían de base para olvidar las desgracias que ya tenía. Como lo del concurso, ese estúpido concurso.
Otros días habían pasado y nada que se había podido conectar con ninguna de ellas, todas parecían de cierta manera avariciosas y fastidiosas para su gusto. Excepto Hinata, esa mujer le caía muy bien. Era tan buena, realmente no existía nada de maldad en ella. Era la personificación de la bondad y eso la distinguía de todas las participantes. Había tenido el placer de pasar tiempo con ella esta tarde, Kakashi le había pedido el favor de buscar algo en la biblioteca, y el acepto. Después de todo no estaba acostumbrado a que le pidieran algo. Típico del peliplata tratarlo así. La cuestión es que en esa sala con olor a caoba y libros nuevos se encontraba la peliazul, quien leía con mucha devoción a la divina comedia. No pudo evitar que se le escapara una sonrisa inocente, le encantaba ese libro. Lo habían releído miles de veces que incluso se sabía varios versos de memoria.
"No hay mayor dolor que recordar la felicidad en tiempos de miseria."
Se le acerco como un niño pequeño hipnotizado por el objeto que tenían en común, no tardo en entablar una conversación bastante decente. Muy raro en el. De hablar de los libros de Dante terminaron hablando de todo un poco, convirtiendo la tarde de Sasuke en un día significativo. No acostumbraba pasarla tan bien. Tanto así que maldijo el momento en el que tuvo que retirarse, no quería irse de ahí, pero los deberes lo llamaban, y el tenia que escucharlos. Le prometió a la oji perla que la buscaría en otro momento para continuar con su estimulante conversación. Palabras que parecieron causar un interesante sentimiento en la mujer, quien en un momento de su vida había dicho que no quería estar en el concurso. Pero quizás todo eso podría cambiar, porque podía ver lo que se escondía detrás ese frió caparazón, ella podía ver con mucha claridad los sentimientos del azabache, el era una buena persona.
Al caminar por los espaciosos y solitarios pasillos de su castillo no pudo evitar pensar en el rostro de la pelirosa cuando viera el vestido. Ni él sabía exactamente porque había hecho eso, fácilmente trataba de convencerse de que solo había sido parte de una pequeña estrategia para hacerle pasar por un mal momento a la oji jade. Pero esa tarde cuando le menciono a la pelirosa que el disfraz de Christine le quedaría bien, no lo pudo dejar hasta ahí. Sino que continúo pensándolo hasta muy tarde, y le gusto tanto la idea de poder ver a su molesta mucama convertida en una diosa de la música, que a la mañana siguiente ordeno que le trajeran el vestido. Muy en el fondo le costaba admitir que estaba ansioso por verla con ese traje mañana en la noche, no era algo digno de el.
En un abrir y pestañar de ojos ya se encontraban en el día del baile, era muy fácil darse cuenta porque se podía sentir fácilmente en el aire. Había desastre por todas partes, la gente corría por aquí y por allá, desesperada. Tratando que todo resultara perfecto, pues saldría en televisión y había millones de espectadores esperando que comenzara, para apreciar a todas las concursantes con sus ingeniosos disfraces y poder admirar el palacio, haciéndolos desear poder vivir ahí y tener la misma vida que los príncipes y del mismísimo emperador, que equivocados estaban.
La rubia no era la excepción a la regla, se encontraba tratando de perfeccionar su maquillaje mientras la pelirosa solo se limitaba a observarla, asustada de que la oji azul la obligase a pasar por el mismo procedimiento, el cual se veía doloroso, Ino se pintaba y se despintaba una y otra vez, haciendo que ya varias partes de su rostro dejaran a la vista pequeños toques rojizos, parecía una pequeña tortura a simple vista.
— ¿Sabes, Ino? Creo que te verías mucho mejor si no te echaras tantos cosméticos. Eres muy hermosa al natural, no entiendo porque casi nunca lo sacas a relucir. —Confeso la oji jade angustiada por su amiga.
— ¿Estás segura de eso, Saku? ¿No crees que pueda verme algo pálida o rara? —Respondió preocupada, ella realmente quería lucir visualmente hermosa.
—Por supuesto, baka. No te digo que vayas totalmente al natural, pero con qué resaltes una que otra parte de tu rostro créeme que te veras estupenda.
—Gracias Saku, tomare en cuenta tu consejo.
—Es curioso, ¿Sabes? Porque desde lejos pareces una mujer bastante segura. Pero en el fondo también tienes tus complejos, y eso es lo que más adoro de ti. —Menciono con cariño, los complejos de Ino le resultaban adorables.
—Lo mismo pienso de ti Saku, ven, déjame que te arregle un poco. Sé que me lo agradecerás. —Insinuó la oji azul invitando a la pelirosa asentarse.
—Ni hablar, ya hablamos de esto. Y sabes mi respuesta. —Agrego cruzándose de brazos, no pensaba ceder ante esa rubia.
—Si no dejas que te maquille entonces no seguiré tu consejo. —Dijo firme, saliendo rápidamente victoriosa. Que fácil le resultaba persuadir a las personas.
Ya todo estaba listo, o casi todo. Porque aun le faltaban ponerse los disfraces, la oji azul se metió a su cuarto dispuesta a ponérselo, estaba muy contenta, pues se había esforzado muchísimo en el. Se tardo un buen rato pero se diría que había valido completamente la pena, completamente dichosa de felicidad, salió de su cuarto, emanando luz a su caminar. El traje le quedaba como un guante, como casi todo lo que solía usar, pero este era diferente, era un traje de gitana amoratado con detalles dorado. Se había lucido bastante.
— ¡Que hermosa te ves! —Exclamo casi a gritos la pelirosa, realmente se veía divina.
— ¡No tanto como te veras tu con el tuyo! Anda, póntelo ya, quiero verte. Serás una diosa.
Tuvo que ir a ponérselo sin rechistar, ya pronto se iba a hacer la hora del baile, los nervios no faltaron, no sabía cómo realmente se iba desenvolver estando allí. Pero esperaba firmemente poder disfrutar un rato. Quizás tendría la oportunidad de volver a encontrarse con Naruto, ese joven rubio de fascinantes ojos azules e increíble personalidad. En el fondo esperaba verlo ahí, buscándola.
Al salir inmediatamente noto la mirada fascinada de Ino, se encontraba casi boquiabierta, eso era una buena señal ¿No?
Llevaba su cabello en delicados rizos, tratando de imitar lo más exacto posible a Christine, y un maquillaje liviano, que solo resaltaba lo más básico. Sus labios estaban bañados de un rojo quemado, llevaba algo de rubor en sus mejillas, que le otorgaba color en su rostro, haciéndola lucir más cálida a simple vista. Y finalmente tenía algo de iluminador y rímel, dándole un toque de lo más inocente y puro a la mirada de la oji jade.
Ino corrió hacia ella lo más rápido posible, complacida era poco para lo que realmente sentía, su amiga se veía verdaderamente estupenda, y estaba segura que opacaría a más de una mujer allí. Se sentía orgullosa.
— ¡Te dije que estarías estupenda! Ven —Dijo tomando el hombro de la pelirosa. —Vamos a divertirnos.
En el baile
El gran salón de baile estaba cubierto de grandes decoraciones bañadas en oro, que combinaba perfectamente a juego con el tachado, donde colgaban lujosos candelabros con velas encendidas. El lugar era increíblemente espacioso, apenas pisabas su cerámica y ya sentías como te envolvía el ambiente. Era la primera vez de la pelirosa en su sitio así, había ido a fiestas, ciertamente, pero nada se comparaba como a este lugar. Te daba la sensación de ser alguien importante con tan solo estar ahí.
La oji jade miraba a su alrededor ensimismada, era casi como estar en un cuento de hadas.
Las personas terminaron por llamar su atención, estaban todos muy vestidos, y con increíbles disfraces, no lograba reconocer a nadie. ¿Habrá venido su rubio amigo? Pensaba mientras se dedicaba a observar las decoraciones de mesa, donde se encontraban varios de los picadillos que había elaborado con tanto esmero.
No muy lejos de ahí se encontraba un hombre con un traje bastante elegante, mirando complacido a la pelirosa, el vestido le quedaba mucho mejor de lo que había pensado. El corsé le quedaba estupendo, acentuaba su pequeña cintura a la perfección. No había disfraz mejor para ella. El la había reconocido en cuanto piso el salón, no era muy fácil pasar desapercibido a esos mechones rosados, ¿Acaso será teñido? Se cuestionaba mientras bebía un sorbo de vino.
El azabache hubiese permanecido sentado toda la noche si no fuese sido por la peliazul. A quien diviso no muy lejos de él, llevaba un prestigioso vestido azul marino con la espalda descubierta, sacando a relucir su delicada piel blanquecina. ¿Qué como sabía que era ella? Instinto, era muy bueno en eso. Agregando el hecho de que se había aprendido de memoria el comportamiento de la oji perla, conocía su porte, su manera de caminar, su forma de saludar, el perfume que solía llevar. No preguntes como lo sabía, simplemente lo hacía. Para pasar el momento la invito a bailar, gesto que acepto encantada. Eran tan dulce, y tan genuina. Bailaban al compás de The second Waltz, era muy buena en eso.
Es probable que al igual que él, hubiera tenido que aprender desde niña. Ya sabes, para los eventos sociales, que parecían no tener fin. Para las personas como el azabache y la oji perla, que estaba expuestos todo el tiempo a cosas como este, era casi obligatoria saber bailar. De lo contrario esas veladas habrían parecido eternas.
El baile termino por resultar tremendamente placentero, como en la tarde anterior, habían hablado de innumerables cosas, parecían tener muchas opiniones y gustos en común, quien lo diría. Quizás podrían ser buenos amigos. En vista que esa mujer nunca había deseado estar aquí. Y le había prometido que no quedaría entre las finalistas.
Al terminar la canción rápidamente cada quien se dirigió a sus intereses, la peliazul con sus amigas y el pelinegro al bart. No sin antes acordar bailar otras piezas. Porque después de todo la pasaban bien juntos, y no había que desaprovechar aquello.
Al otro lado de la sala se encontraba un apuesto pirata, siendo el centro de atención de casi la mitad de las mujeres en la sala, la escena le parecía sumamente irónica, porque ya había estado en una situación así, en el momento que tuvo que conocer a las concursantes, y podría jurar que casi nadie volteo a verlo. Y ahora era persona de interés. Supongo que era la magia de llevar mascaras, y de ser un pirata, por supuesto.
Por muy machista que llegase a sonar no pudo sentirse algo decepcionado cuando no vio a ese sol flamante entre la filas de mujeres, sabía muy bien que ya se encontraba aquí, su largo cabello rubio la delataba completamente. Pero no entendía como no había volteado a verlo siquiera una vez, ¿Lo estaría buscando? Después de todo, su última conversación no había resultado tan mala, o eso creía. ¿Sabría que era él quien se escondía detrás de un disfraz de pirata? Habría que averiguarlo. Saliendo a duras penas del círculo de mujeres se adentro en la sala buscándola, dispuesto a comprobar su retorcida teoría.
No tardo mucho en encontrarla, es que, vamos, era evidente distinguirla desde muy lejos. Por varios motivos, por su cabello, por su rostro, por su cuerpo, era casi inigualable. Estaba bailando una pieza con una mujer, que le resultaba vagamente familiar, creo que era la joven que había visto en la cocina hace unos días, la de los cabellos rosados. Tenia entendido que eran muy buenas amigas. Siempre resultaba interesante como dos cosas hermosas se unen para opacar al mundo.
Las miro fascinado por un momento, no quería interrumpirlas, parecía que la estaban pasando muy bien, pero nuevamente sus sentimientos fueron más fuertes que su razón, así que con mucha dulzura pidió la mano de la oji azul, quien acepto encantada, no sin antes dirigirle una mirada socarrona a su amiga, ¿Sakura, no? Quien la veía descaradamente con una mirada llena de picardía. ¡Qué hermosas!
Inmediatamente al sentir el tacto de su cálida mano su cuerpo se estremeció, era impresionante como abrasaba su alma con tan poco, era la segunda vez que la tocaba y podría jurar que siempre querría hacerlo. Era una sensación sin igual. Totalmente nueva para él, como muchas cosas en ese momento. Para disolver el silencio que lentamente los estaba envolviendo, fijo su rostro en ella, quien lo miraba con suma curiosidad. Era tan linda, tan exquisita. Tenía los rasgos más dulces que había visto. Realmente estaba perdiendo la cabeza, se decía. Esto no era muy propio de él, pero no podía evitarlo. El amor le salía hasta por las ojeras y era evidente que no se detendría. Estaba experimentado el sabor del primer amor a sus 26 años. Y más delicioso no podría haber sido. El no era muy creyente, pero a alguien haya arriba le había pedido que nunca le quitara lo que estaba sintiendo. Porque sino no sabría exactamente cómo proceder con su vida. Pues se había enamorado, y nada pararía ese sentimiento que era tan dulce como amargo, un amor agridulce.
Dedico una buena parte de la pieza a admirar sin ningún tipo de disimulo algunos los orbes azules de la rubia, que desprendían un brillo increíble. Hasta podía reflejarse en ellos, que dichoso. Para este punto nadie había comentado nada, ¿Y es que acaso era verdaderamente necesario? Las palabras estorban cuando el corazón es el que habla. Las miradas lo decían todo, se decía. Y eso estaba sucediendo ahí mismo, podría sentir como él con solo mirarla le confesaba su amor, y como ella de cierta manera le correspondía, con cierta timidez, ella sabía lo que significaba su mirada, estaba totalmente seguro. La conexión era demasiado evidente como para no notarla. "Cuanto más perfecto es algo, más dolor y placer siente"
Quería decir algo, lo tenía en la punta de su lengua. Pero si decía tan solo una sola palabra estaba acabado, sentenciado para siempre en la desgracia y en la se habría dado cuenta de quién era y todo habría cambiado para siempre. Y él no quería eso, no quería que terminara ahora, no cuando apenas estaba comenzando. Aun no sabía qué hacer, sinceramente, no tenía intenciones de revelarle quien era, ni de decirle cuantas horas había pasado elaborándole una y mil retratos en su habitación aislado del mundo. Porque eso habría cambiado todo y no estaba seguro de poder soportarlo, quería seguir admirando de lejos,eso se le daba muy bien, hasta tener el verdadero coraje para enfrentar la situación,y quizás, solo quizás, conseguir su amor. Aunque lo veía poco probable. Los buenos finales no existían, o al menos para el.
Al terminar la canción la oji azul dijo que saldría del baile, que iría un momento al tocador, y que la esperase. El acepto complacido, no había esperado tener el placer de pasar más tiempo a su lado, todo marchaba bien. Después de todo.
La pelirosa miraba el salón con aires de satisfacción, hace unos días jamás habría pensado encontrarse en un lugar así, y ahora solo bastaba mirarse para darse cuenta de lo equivocada que había estado. Estos lugares poseían una especie de magia, así creía. Porque no era posible que todo fuese tan perfecto. La estaba pasando muy bien, aunque seguro le costaría admitirlo si se lo preguntasen. Pero es que darse el tiempo de relajarse un poco era increíble, sentaba muy bien. Esto realmente le hacía falta. Terminaba de beberse lo que podría haber sido su quinta copa de champaña cuando sintió el calor de una persona detrás de ella.
— Chante mon ange. —Dijo su peculiar compañero, casi en susurros, y muy cerca de su oído.
— ¿Qué dices? —.Pregunto confundida, ¿Eso era francés?
—Que si quieres bailar, conmigo. —Ofreció el misterio hombre extendiéndole una mano, gesto que la oji jade no pudo evitar aceptar. El sujeto le resultaba familiar.
En el momento en que comenzaron a moverse en perfecta sincronía pudo notar que había algo en ese hombre, en ellos, parecían tener cierta conexión inexplicable. Los pasos resultaban increíblemente fáciles a su lado, era como estar flotando en un campo de nubes, se sentía en el mismísimo paraíso. Y podía sentir como su compañero compartía el mismo pensamiento, porque había dejado a relucir un leve asombro que la oji jade no paso desapercibido. Ninguno apartaba la mirada del otro, no lo admitirían nunca pero se estaban admirando, estudiándose el rostro como si fuesen a perder la memoria el día siguiente. Ellos no hablaban, pero con sus miradas decían todo. Bailaban al compás de la canción sin fijarse que los observaban, era como si se encontrasen solamente ellos dos en esa gran sala. Y eso volvió todo mucho más excitante. Se dejaban guiar por la música e indirectamente por sus sentimientos, en sus pasos reflejaban la pasión que cada uno tenía para dar, pero ninguno podría dar el primer paso.
Podían jurar como el tiempo se había detenido, eran solo ellos dos, juntos con el mundo. Bailando a la suave luz de la luna como viejos amantes, como si se conociesen de toda la vida. Había algo mucho más profundo entre ellos. Estaban predestinados. Pero no lo sabían. Sin saber realmente el porqué, la oji jade poso sus manos en las mejillas del azabache. Deteniéndose un instante para estudiarlo, le era tan familiar ese rostro. Pero no lograba adivinar quién era, que fue casi imposible no resistir el impulso de quitarle la máscara, y cuando lo hizo, quedo sorprendida. Era el Uchiha, quien se encontraba mirándola sin ningún rasgo que delatara sus emociones. Lo primero que pensó fue en alejarse, pero el pelinegro la retuvo. Y a pesar de que la música los había encandilado, pudo escuchar suavemente como decía que no se fuera. Y esto fue suficiente para quedársele mirando, tan increíblemente cerca que podía rozar su nariz, estaba tan fría, todo en el resultaba tan gélido.
Pero había algo que no pudo predecir en sus planes: Un sonrojo. Un leve sonrojo se había dibujado en el rostro del azabache. Dejándola totalmente vulnerable, esto resultaba nuevo para ella, nunca lo había visto de esa manera y de cierta forma eso ayudo a relajarla un poco. ¿Lo odiaba? Eso creía. Pero no pudo resistirse a la simpatía de su esculpido rostro. Que la miraban confundido, esperando lo peor.
Sin saber muy bien porque le puso nuevamente su máscara, y continuaron bailando por todo el gran salón, perdidos en sus pensamientos, en un lugar donde solo existían ellos dos.
Algo estaba ocurriendo. Podía sentirlo en el aire. Su sangre Uchiha le decía que algo no iba bien del todo, busco la hora y se percato de que ya habían transcurrido más de 30 minutos y la fémina no habia hecho acto de presencia, sabía que no había vuelto, porque la llevaba esperando desde la única entrada de la gran sala, y estaba comenzando a preocuparse. No lo pensó dos veces para lanzarse en su búsqueda, porque algo se sentía en el aire, que buena espina no le causaban. Todas estas sensaciones se debían a su linaje, y las extrañas habilidades que se heredaban de Uchiha tras Uchiha.
Recorrió arduamente los pasillos, pero no logro encontrar ningún rastro de la oji azul. Por una extraña razón su corazón empezaba a acelerarse, sentía que debía hallarla lo antes posible. Busco en el baño más cercano, el de mujeres, no quiso entrar de inmediato, porque en el hipotético caso que estuviese allí, eso resultaría ser una escena bastante bochornosa. Así que se dedico a tocar la puerta tantas veces como pudo, y al no obtener respuesta simplemente entro. Preocupado.
Pero no había nadie ahí. Iba a irse cuando decidió echarle una última mirada al lugar, solo para comprobar que alguien había dejado un estuche de maquillaje medio abierto. ¿Por qué no se lo habían llevado? Sabía que no era correcto, pero los nervios se apoderaron de él y lo registro. Solo para comprobar que estaba en lo cierto, el estuche era de la oji azul. Eso solo lo altero más. Corriendo salió de allí, ahora sabía perfectamente que algo malo estaba ocurriendo, no hace mucho habían matado al mejor amigo de Kakashi, y quizás Ino podría ser la siguiente. No podía perder tiempo.
Llevaba corriendo por los estrechos pasillos de su odioso palacio, y no conseguía ningún rastro del paradero de la rubia. Estaba perdiendo la razón, ¿Sera posible que solo lo esté imaginando, y esto sea producto de su ingeniosa imaginación? Una teoría bastante solida, pero en caso de que así no fuera no podía darse el lujo de esperar. Sabia que cada segundo podría ser importante.
Corría tan rápido que no pudo percatarse de que había algo tirado en el suelo, que inmediato lo hizo tropezarse, cayendo directo de culo en el suelo. Gruño para sus adentros, ¿Cómo era posible que fuese tan torpe? Se dispuso a examinar el objeto de su desdicha cuando comprobó que era un zapato, más bien una especie de sandalia, con destellos dorados, un calzado de mujer.
No lo pensó demasiado para llegar a la conclusión de que este pertenecía a la oji azul, pero lo que realmente le llamo la atención era el paradero del mismo, estaba justo delante de una de las puertas que conectaban con el jardín central.
Era una pista, que ingeniosa.
Ya sabía qué camino tomar. Rápidamente se levanto y salió del castillo, era de noche y estaba lloviendo ferozmente, y el sonido de los truenos hacia que la misión de conseguir un rastro se volviese casi imperceptible. Poco podía ver porque la lluvia lo golpeaba, como si se encontrase molesta con él. A punto de perder el camino de milagro escucho una voz, que se perdía con el sonido del viento, trato de seguirla lo más rápido posible,alcanzando el objetivo.
Un hombre corpulento y completamente tapado tenía amarrada de brazos a la mujer, quien se encontraba tratando de zafarse del amarre del imbécil, sin embargo por ser débil no podía conseguirlo. Se encontraba totalmente empapada y con varias de sus prendas destrozadas... ¿No le habrá...? Esperaba que no, porque de ser así estaba seguro que no habría podido controlarse.
— ¿¡Quien eres?! ¡Suéltala ahora mismo...! —Ordeno, tratando de mantener la calma, para poder manejar la situación.
—Más bien, ¿Quién eres tú? ¿Quién te crees para darme órdenes? —Pregunto el hombre, enfureciéndose más. Haciendo que agarrara de golpe a la mujer y la pusiera frente de suyo. Apretándole con tanta fuerza que sabía que le estaba ocasionando dolor.
—Si no la sueltas ahora, no me hago responsable de lo que puedo hacer. —Respondió el azabache, dispuesto a pelear.
—Yo tampoco. —Agrego el hombre, sacando un cuchillo que se encontraba amarrado en una de sus piernas.
—Eso no será suficiente para vencerme.
—Nunca dije que lo usaría en ti. —Dijo, posadoel filoso metal en el cuello de la oji azul.
—Como tu príncipe te ordeno que la sueltes. —Menciono, pero no estaba dando el efecto que él deseaba. La situación se le escapaba de las manos. Un movimiento en falso y la vida de la rubia podían acabarse para siempre.
—Ah, así que un príncipe ¿Eh? ¿Por qué no lo mencionaste antes? —Pregunto, interesado, mientras mantenía el frió metal perfectamente colocado en el cuello de la joven, quien miraba sorprendida al pelinegro, era Itachi Uchiha quien se encontraba frente de ella. —Te propongo un trato, príncipe. Yo la suelto, pero tu vienes conmigo.
— ¡No! ¡No lo hagas Itachi...! —Exclamo casi a gritos la oji azul. Acción que hizo que el hombre se disgustara, quitándole el cuchillo del cuello para posarlo en su hombro derecho y rasgarlo sin contemplaciones. Causando que la mujer ahogara un grito de dolor. Esta mierda iba en serio.
El corte había resultado ser profundo, dejando caer considerables cantidades de sangre que rápidamente alertaron al azabache. La furia se había desbordado en el, que sin pensarlo demasiado se abalanzo hacia ese hombre, a quien tenía ganas de matar. El tipo soltó inmediatamente a la rubia, y se sometió a un forcejeo con el pelinegro. Itachi llevaba todas las de perder, el hombre era muchísimo más fuerte que él, y estaba armado. Pero tanto fue su odio que sin pedirlo había activado aquello que juro nunca volver a usar. El sharingan. Inmediatamente sus ojos se tornaron de un rojo carmesí. Proporcionándole rápidamente una mejor visión, y control de la situación. A diferencia del Sharingan de su hermano, el de Itachi era diferente, era mejor en muchos sentidos, porque esos extraños ojos rojos que su clan poseía se alimentaban de miseria y del dolor. Y vaya que había tenido bastante.
Sin saber realmente que hacer con sus habilidades, utilizo el primer jutsu que se le vino a la mente: Amaterasu. Inmediatamente al usarlo se arrepintió, de el habían aparecidos llamas negras que se encargaron de envolver al hombre, abrasándolo por completo. Los gritos del hombre se tatuarían para siempre en la memoria del moreno, y de la oji azul.
Cuando las llaman terminaron de extinguirse el Uchiha poso su mirada en la mujer, quien lo miraba completamente horrorizada. Seguro pensaba que era un monstruo. Y pues, razón si tenía. Trato de acercársele pero en su mirada se veía que le tenía miedo, no hacía falta llevar el Sharingan para ver como temblaba por su culpa.
—Ve de inmediato a la enfermería, tienes que tratar esa herida. —Respondió fríamente.
No tuvo que repetírselo dos veces, como pudo se levanto del pavimento y se fue lo más rápido que pudo. Dejando al Uchiha completamente destrozado.
Había matado a alguien.
De esto habría represalias, estaba totalmente seguro.
En el gran salón se encontraba el Uchiha menor bailando por quinta vez con la pelirosa, cuando de pronto se detuvo, parando en seco. Algo había sucedido. Podía sentirlo. Sakura al ver el comportamiento evasivo del pelinegro inmediatamente quiso preguntar. Pero en el momento en que decidió abrir los labios fue interrumpida por un grito. Captando inmediatamente su atención,
Los gritos se expandían por todo el lugar, concentrándose afuera del palacio, donde se encontraba lloviendo fuertemente. Sakura & Sasuke se acercaron cautelosos, no tenían ni la mas mínima idea de que estaba pasando. Cuando se adentraron entre la muchedumbre el azabache rápidamente logro reconocerla, se trataba de la peliazul.
Se encontraba tirada en el suelo de rodillas, rompiendo en llanto. Y a su lado estaba su hermano mayor, Neji. Quien tampoco podía dejar de llorar.
— ¡Hinata! ¿Qué ocurre? —Pregunto preocupado.
— Es nuestro padre. —Respondió a duras penas Neji.
— ¿R-regreso? —Pregunta estúpida. Que inteligente Uchiha.
—No. —Fue lo único que pudo decir, señalando hacia el jardín.
La pelirosa y el pelinegro se dirigieron confundidos hacia el terreno, y lo que vieron allá de inmediato hizo que les faltara el aire.
Tragaron en seco cuando vieron colgado el cuerpo inerte de Hiashi Hyuga. Junto con otros 2 grandes señores más.
Mierda.
— ¿Qué crees que esté pasando? —Le cuestiono Naruto Uzumaki, al cisne negro.
— ¿Nos conocemos? —Respondió con otra pregunta.
— Sí, soy Naruto, estuvimos juntos el otro día, Sakura.
— Lo siento, pero me estas confundiendo con otra persona. Me llamo Narumi. —Agrego quitándose la máscara para luego retirarse de la escena. En efecto. No se trataba de la oji jade. De hecho ni siquiera tenía los ojos jades en primer lugar, sino azules. El moreno la vio alejarse totalmente boquiabierto.
Esa mujer era idéntica a Sakura.
