TODO LO QUE REPRESENTA.

Las horas transcurrieron increíblemente rápidas después de lo ocurrido.

La mujer de cabellos rosados llego a su hogar, con un millón de sentimientos encontrados, por un lado, se sentía estúpida. No era capaz de comprender como había perdido el uso de la razón, al punto de llegar a cometer lo que seguramente le vendrá con represalias en el futuro. Y por el otro, aun era capaz de sentir con fuerza el olor y el calor embriagador que emanaba del joven, su cuerpo aun conservaba bastante de esa calidez, produciéndole sensaciones inexplicables. Pero trataba de ignorarlo lo mejor que podía. Sabía que no debía llenarse la cabeza de cosas que habían sido producto de un momento de total imprudencia.

Esa noche le costó bastante mostrarse tranquila frente a su madre, odiaba no poder desahogarse con ella, se sentía culpable de tener que fingir una aparente felicidad que obviamente no poseía, pero no podía evitarlo. Sabía que su madre no apoyaría la situación, ¿Y sinceramente, cómo podría?

Evitaba a toda costa hacer contacto visual con su esa mujer de ojos avellanas, porque de verla directamente a los ojos quedaría completamente en descubierto, sus mejillas no tardarían en fundirse de un rojo intenso que la dejaría en evidencia en el acto. No era buena para las mentiras. Y a pesar de las constantes preguntas de la susodicha, preguntándole por su día, la pelirosa hizo lo posible para no profundizarse mucho en el tema, solo se limita a contar lo sencillo de su mañana y varias situaciones banales esperando no despertar sospechas.

— Me alegra que te este yendo tan bien en el trabajo, te confieso que al principio tenía mis dudas, pero ahora estoy completamente convencida de que allí estas bien. Solo espero que no estés pensando en quedarte ahí para siempre. Tienes demasiado potencial como para desperdiciarlo. —Soltó de repente Tsunade, llamando de inmediato la atención de la pelirosa.

— Todavía no me he planteado mi futuro. —Confeso volteando a ver a su madre. — pero pienso seguir trabajando en el castillo todo el tiempo que necesite. Es mi responsabilidad.

— Ya ves que estoy mejorando, pronto podre volver a trabajar y tu tal vez puedas entrar a la facultad de medicina, como lo habías planeado. Ya has perdido bastante tiempo ¿No crees? —Menciono la oji miel, revolviendo el cabello de la oji jade con dulzura.

— Siempre hay tiempo para estudiar, madre. Pero ahora lo único que pienso es en ayudarla en todo lo que esté a mi alcance, si así sino fuera, ¿Qué clase de hija seria?

—No podría ni pensarlo.

El alba no tarda en asomarse en las antiguas y frívolas paredes del castillo, prometía ser un día pasajero como cualquier otro, otro día sin saber realmente porque se encontraba allí. La mujer de cabellos rubio platino terminaba de asistir a unas de sus numerosas reuniones, el tema principal había sido la temática de la siguiente prueba del concurso, sonaba comprometedor.

A las concursantes les aseguraron que la siguiente prueba no sería como la anterior, esta vez tendrían que trabajar bastante para obtener un puesto para las últimas pruebas, y nada mejor que un concurso de talentos. Esto descoloco un momento a las jóvenes mujeres, puesto que varias no habían contando con tales actividades, pero ya no había vuelta atrás, se tenía que hacer todo lo necesario para ganar. Para Ino, el descubrimiento de la siguiente actividad no la inmuto en lo absoluto, es más, incluso se vanaglorio en ese entonces de haber tomado clases de ballet durante 4 años. Solo tenía que pensar en su vestuario, y por supuesto, en que sonata danzaría por el enorme y estruendoso escenario del palacio.

Por un momento pensó en Tchaikovsky, mover su cuerpo al compas de las piezas del exquisito compositor resultaba una idea bastante ventajosa, sabía que desapercibido no pasaría, y quizás, hasta logaría llamar la atención del Uchiha menor. ¿Pero eso sería algo bueno en estas circunstancias? No estaba segura. Si de algo le había servido su estadía en el castillo, es que de compatibles nada tenían. El pálido azabache era bastante reservado, serio, y para nada simpático, lo único que podía resaltar de su persona era, lamentablemente, su magnífico y exquisito físico. ¿Pero era eso suficiente para ella? No estaba segura. Trabajar arduamente por la mano de un hombre al que nada le llamaba más que su majestuosa figura se convertía en una idea cada vez más lejana. Pero entonces, ¿Qué estaba haciendo aquí? Si no le llenaba la idea de ser la futura esposa del hombre más distante que había conocido, ¿De quién?

En su mente se dibujo el rostro de Itachi Uchiha, claramente podía distinguir con nitidez los elegantes y suaves rasgos del susodicho, curiosamente, resultaba todo lo contrario a su hermano menor, este poseía cierta distinción entre todos los varones que había conocido, o salido alguna vez. Y eso se sentía nuevo, refrescante, y hasta desconocido, aunque el azabache pasaba por momentos bastante difíciles, no podía dudar de que era la persona con el corazón más humano que había visto.

Por un momento se visualizo compitiendo por la mano del Uchiha mayor, y eso de inmediato lleno sus delicadas mejillas de un rojo intenso, no podía. No podía competir por él, porque su relación con aquel hombre era indescriptible, lo había conocido lo suficiente como saber que se merecía a alguien que lo amara intensamente, que sea capaz de hacer las mayores locuras por amor sin pensarlo y esa no era ella.

Con un suspiro culmino su pequeña disputa, termino resignándose a su plan original, que era desposar a Sasuke Uchiha, aunque no estaba segura si realmente amaría algo de el mas allá de su físico, pero otra opción parecía no haber. Vuelta atrás ya no había. Estaba aquí por una razón, eso era verídico.

Tarareaba por los pasillos la pieza del Cascanueces, de Tchaikovsky. La reconstruía en perfecta sintonía, y cada vez que la repetía se convencía cada vez mas de que era la sonata perfecta. Se imaginaba vestida con un body de encaje y una falda tutu, al más puro estilo romántico y elegante que alcanzaba su fugaz imaginación. Mientras más lo pensaba mas se convencía de que así realizaría su presentación, una actuación perfecta, con un vestuario perfecto bañado en blanco, agregándole la canción perfecta, sin duda alguna la haría ver como un ángel ante los espectadores.

La idea la emociono tanto que no tardo en dirigirse hacia el escenario a ensayar su presentación, esto ayudo a disipar sus tormentosos pensamientos por la tarde.

Mientras eso ocurría un par de azabaches malhumorados se hallaban desayunando en la sala de políticos.

Uno parecía dubitativo, de cierta manera confundido, meditando algo que el otro hermano no supo como comprender. Mientras que el otro, el mayor, se escorzaba cada vez por mejorar, y no permitir que los hechos vividos de hace días le afectasen más de lo necesario. Era un dúo con bastantes conflictos. Pero gracias a fuerzas mayores los senadores y gobernadores parecieron no darse cuenta de ello, solo Sasuke era capaz de notar los cambios de Itachi, y viceversa. Se conocían mejor que nadie, y era por esa misma razón que no hacían preguntas al respecto, preferían no compartir sus problemas, pero a veces era inevitable.

En esa sala se hablaba lo de siempre, incluso llegaba a hartar. Siempre se peleaba por lo mismo, y al final nada se lograba ejecutar, resultaba frustrante verse tan vulnerables.

Itachi no hablo en todo el desayuno, y Sasuke hizo igual. Solo cuando empezó a vaciarse el lugar fue que el Uchiha menor tomo la iniciativa, y se acerco a su moreno hermano, quien se veía bastante cansado, parecía que no estaba durmiendo bien, llevaba las ojeras bastante pronunciadas y marcadas, y su cabello daba la sensación de que no había sido peinado y arreglado desde hace días. No pudo evitar preguntar:

— Sea lo que sea que estés pasando hermano, sabes que tienes mi apoyo. —Consoló el azabache tratando de ayudar a Ita.

— No puedo evitar no pensar en eso, Sasuke. —Revelo Itachi, agachando su cabeza, como si el tema le diese vergüenza. Sasuke entendió de qué hablaba su hermano.

— Y es totalmente entendible, pero tú eres bastante fuerte. —Animo Sasuke, conteniendo sus ganas de abrazarlo.

— Eso mismo pensaba yo, pero ahora no estoy tan seguro. — Confeso con la voz entrecortada, como si estuviese a punto de romperse. —Algo no está bien mí. —Agrego, recordando las tragedias de su vida, su amigo, aquel hombre, todo era demasiado para él.

— Tu estas bien, es el mundo lo que cada vez está peor. Eres la persona más buena que conozco, Itachi. No lo olvides. —Menciono el menor retirándose de la sala. El Uchiha mayor no pudo evitar levantar su cabeza ante lo oído, no eran palabras usuales de su hermano, por lo que rápidamente llego a la conclusión de que habían salido de su corazón.

El ónix negro salió de la sala con más preguntas que respuestas, todo resultaba bastante enternecedor: asesinatos, concursos, la prensa, hasta una mujer de cabellos rosados era parte de sus constantes pensamientos. Se cuestionaba el por qué de sus acciones, y como había terminado saboreando los labios de aquella mujer, a quien un mes antes estaba totalmente convencido de querer botar del castillo. En definitivo esa jugada no había sido inteligente de su parte, tener algo con su personal mas allá de la simple amistad no estaba presente en sus planes.

Se sentía bastante estúpido.

Dirigió su mirada al reloj que llevaba en su muñeca, que marcaba las 9:00 en punto del día. Apenas comenzaba el día... Y según lo marcado en su itinerario, sus únicas obligaciones de hoy serian pasar tiempo con las concursantes, no le disgustaba del todo, porque ya se había acostumbrado, incluso a veces resultaba agradable ser el centro de atención.

Así que calmadamente llego al jardín central, que daba perfecta vista hacia los muros y puertas del castillo, de lejos diviso a Kakashi, quien se encontraba ejerciendo su labor, lo saludo a distancia, prometiéndose ir a conversar con él al culminar el atardecer. Rápidamente fue atrapado por varias mujeres, bastante arregladas como siempre, ninguna era igual que la otra, todas desprendían olores diferentes, usaban colores diferentes, hablaban diferente, actuaban diferente, en definitiva ninguna mujer era igual que otra, y objetizarlas resultaba imposible. Con calma se tomo la molestia de hablar con todas, así se entero de que habían dado inicio a la segunda fase del concurso, no se sorprendió en lo más mínimo.

Todas le prometían impresionarlo en el escenario, le hablaban del vestuario que usarían, y quien lo había diseñado, Sasuke no pudo más que decir lo agradecido que se encontraba de que todas se tomaran las molestias de ser tan atentas con sus actividades. Porque comenzaba a ver que en definitiva si odiaba el concurso, tener que casarse con una mujer a la cual no conoces, pero era imposible no sentirse halagado ante las mas placenteras atenciones de una docena de mujeres hermosas. Resultaba increíble verse tan deseado.

Se decepciono al no ver a Hinata con el grupo de mujeres, realmente esperaba conversar con ella. Pero ya tendría tiempo para hacerlo. Se levanto del lugar, se despidió con coquetería, y se fue. Iba camino hacia los portones del castillo, cuando algo llamo de inmediato su atención, una mujer.

En realidad, era una mujer, y un hombre, no pudo más que sorprenderse al ver de qué se trataba de su mejor amigo, aquel dobe que se encargaba de estar con él en todo momento, y era ese mismo amigo, casi hermano, quien estaba con la mujer de cabellos rosados, Sa-ku-ra. Detuvo el paso en el acto, curioso de la escena que presenciaba, los miro con detenimiento y comprobó que en definitiva parecían llevarse muy bien, observo a la pelirosa, que desprendía sonrisas por todos lados, se acordó de que nunca la había visto sonreír, tampoco reír a pulmón abierto, y por un momento pensó que se veía jodidamente hermosa así.

La sonrisa adornaba de maravilla su rostro, combinaba sublimemente con sus ojos jade, que brillaban más que nunca, ella estaba hecha para que la hicieran feliz. Tuvo la intención de acercarse, pero algo lo detuvo, mirando nuevamente la escena, noto que la mano de Naruto tocaba la de la pelirosa, parecía que le acariciaba sus nudillos, eso le molesto.

La escena que hace segundos presenciaba con total curiosidad, ahora le resultaba totalmente indiferente, disgustado se fue del lugar sin ser visto.

Finalmente se encontró con Kakashi, que mostraba mejorías desde lo que paso con su mejor amigo, parecía que finalmente lo había asimilado, sin embargo, no lo iba a olvidar, ahora más que nunca quería conocer a los responsables de esto, y le pidió a Sasuke que presionara a los altos mandos para que pudieran dar con ellos. El Uchiha le prometió que los encontrarían, y pagarían por sus cargos. Hablaron de cosas más triviales, el clima, del personal, del pueblo, del concurso, el maldito concurso...

Era una conversación bastante sencilla hasta que su amigo, el peliplata, menciono algo que de inmediato le llamo la atención:

— Hacen bonita pareja, no pensé que llegarías a encariñarte con una mujer del concurso, para serte sincero, Sasuke. —Menciono el peliplata, haciendo que el azabache se volteara rápidamente a verlo.

— ¿A qué te refieres? —Pregunto incrédulo.

— No seas modesto, tonto. —Dice con una sonrisa ladina. —Todos en el palacio solo hablan de eso, creen que tienes algo con la señorita Hyuga.

— ¿¡Que!? —Exclama sorprendido. Eso no se lo esperaba, no podía creer que la gente cuchicheaba de algo así, sin ni siquiera ser cierto. —N-no creas lo que dice la gente, Kakashi. Nada de eso es verdad. —Tartamudeo, aun no se recuperaba de lo revelado.

— Era de esperarse, ¿Quién carajos podría soportarte? —Se burlo el peliplata en carcajadas.

— No tenemos nada más que amistad, la señorita Hyuga es una mujer respetable y estoy seguro que no estoy en sus estándares de hombre. —Menciono mucho más tranquilo, acordándose de las palabras de la oji perla.

— No lo sé, Sasuke. Pero ella está en un concurso compitiendo por tu mano, o la de Itachi, así que estés, o no estés, en sus estándares, tienes muchas posibilidades de terminar casado con la señorita. Si quieres mi opinión, creo que se ven bien juntos.

— Ya veo, Kakashi. Gracias por mencionarlo. —Sentencio el azabache yéndose del lugar. Las palabras de su amigo lo habían dejado más confundido que nunca. No podía creer lo que se hablaba de él y la peliazul, ¡Que cosas se inventaba la gente! Pensaba, mientras sonreía socarronamente. Se alejo del parque no sin antes pasar por donde minutos antes se hallaba la pelirosa, como era de esperarse, ya no estaba.

Con Sakura, 30 minutos antes.

— ¡Oh, Naru! ¡No tenías por qué molestarte! —Exclamo la pelirosa con un girasol en su mano.

—Lo siento Saku, pero la vi y fue inevitable no pensar en ti. —Respondió con una enorme sonrisa.

— ¿Por qué? —Pregunto curiosa.

— Porque es radiante y llamativa, así como tú, Saku. —Confeso casi en murmuros.

— Pero, Naruto... Yo no te pude traer nada. —Menciono, avergonzada, su amigo le había traído un presente, y ella había llegado con las manos vacías.

— Oh, Saku. No te preocupes, con tu presencia me sobra. Eres estupenda.

Eso animo a la pelirosa, quien se encargo de darle una buena impresión a Naruto, le confesó casi todo de su vida, incluso los últimos años de su vida, y la situación que había pasado con su madre. Naruto escucho atentamente, realmente impresionado por la confianza que Sakura le había otorgado, ella le estaba contando parte de su vida, incluso los momentos más difíciles, le estaba regalando pedazitos de ella, y eso le encantaba. Ella era tan honesta, tan real, tan viva, tan humana, lo más cercano al puro concepto de exquisitez. Era tan exótica con su melena rosada, y sus ojos jades, que en el mismísimo momento en la vio supo perfectamente que tenía que conocerla. Quería saber mas y mas de ella, hasta lo más redondito de su ser.

— Sakura, podría jurar, que desde el primer momento en que te vi, pensé que eras la mujer más hermosa de este mundo. No hay nadie igual que tú. —Revelo, quería hacerle saber lo que pensaba, y lo que pensaba era eso.

— N-naruto... Yo... —Se quedo muda, hipnotizada por lo que acababa de escuchar. Nunca nadie le había dicho directamente algo así. El rubio de ojos azules le creía la más hermosa del mundo.

— No hace falta que digas nada, Saku. —Respondió el rubio tomando sutilmente la pálida mano de la pelirosa. Al ver que esta no opuso resistencia, prosiguió, acariciando la pequeña mano de la oji jade con su pulgar.

— Mírame, Sakura. —Rogo a la oji jade, quien mantenía su mirada puesta en el pavimento.

Sakura elevo su rostro, encontrándose con los excitantes ojos del rubio, tan azules, tan zafiros y tan acogedores, era como observar el mismísimo cielo y el mar al mismo tiempo, una obra de arte plantada en el fino rostro de ese hombre.

— Ya es tarde, ¿No es así? Tienes que empezar tu jornada laboral. No te quito más tiempo, cerezo. —Le recordó a la oji jade, quien estaba inmersa en su mundo.

—T-tienes razón, Naruto. —Respondió levantándose del banquito de madera con la ayuda del oji azul.

Sakura tenía la intención de despedirse, se encontraba lista para agradecerle el placentero momento cuando alguien que hasta ahora no había visto tomo presencia en la conversación.

— ¡Naruto! ¿Dónde andabas? —Interrogo el gobernador Minato.

— ¡P-padre! Etto... —Dijo, dirigiendo su mirada a la pelirosa.

— Ah, ya veo. —Agrego con una sonrisa cómplice. —Pero te dije que esta mañana teníamos una reunión con el parlamento y los senadores del estado, como futuro gobernador necesito que estés presente. —Le recordó el moreno.

— ¿Futuro gobernador? —Pregunto la oji jade repitiendo las palabras de ese hombre.

—Sakura, yo... —Murmuro Naruto.

—Tú no trabajas aquí. —Confirmo la pelirosa con un semblante triste, su pequeña ilusión acababa de desmoronarse, ese hombre tan risueño... Estaba totalmente fuera de su alcance.

— No es lo que parece. —Contesto el rubio, avergonzado de la posición en la que se encontraba, ella no tenia porque enterarse de esa manera.

—Naruto, tenemos que irnos. —Informo Minato, mirando con lastima a su hijo. ¿Cuándo aprendería a sentirse orgulloso de su posición?

—Prometo hablar contigo después, hasta luego Saku. Gracias por todo. —Agradeció el rubio antes de irse, dejando a la pelirosa totalmente atónica. Se sentía como una tonta, todo este tiempo, ese hombre tan amigable y encantador, era más que un empleado de este palacio, era el hijo de un gobernador. La desgarradora verdad le dolió más de lo esperado. ¿Seguirían las cosas igual que antes? ¿O cambiara todo entre ellos?

Con un drástico cambio de ánimos recogió sus cosas y se propuso comenzar su jornada laboral.

Escenario

Su cuerpo se movía con distinguida elegancia y suavidad por el centro del lugar, era como si formara parte de la misma sonata. La elección de vestuario había sido la adecuada, la fina tela blanca parecía formar parte de ella, como una extensión más de su cuerpo.

Danzaba por los alrededores del magnífico escenario, tallado en caoba y plata. Magistral obra cubierta de fantasía y maravillas. Resultaba difícil no envolverse en el momento, todo tan de ensueño, tan lleno de esperanzas y talentos innatos. La mujer de melena color platino se movía como ninguna otra mujer podría. Sus pasos eran exactos, y sus movimientos, llenos de sensualidad y gracia. Sus brazos se elevaban por el aire, mientras sus piernas bailaban en sintonía. Brincaba por allá, y daba vueltas por aquí, tan ajena del mundo que la rodeaba. Justo como tenía que ser.

Mantenía sus ojos cerrados, como un mar escondido, envuelta en el momento que vivía. Sin miedo a caer, ese era su lema, vivir al extremo, sin miedo, sin vueltas hacia atrás, siempre hacia adelante, siempre valiente, siempre fuerte, no lo olvides. Ella no lo olvidara. Por eso estaba aquí, para demostrar de lo que era capaz, para demostrar que lo que quería siempre lo obtendría, para que en el futuro, cuando hablase de su pasado, se sintiese orgullosa de todo lo realizado.

Ella quería vivir la vida, hasta no más poder. Quería amar, pero sobre todo ser amada, quería recorrer el mundo, pero con alguien, quería conocer lo que desconocía, y que ese alguien se lo mostrase. De eso se trataba, pensaba, de alguien que te complemente, que te llene y te enseñe lo que hasta ahora no sabias.

Un ruido hizo que abriera los ojos de golpe, deteniéndose en el acto. Abrió lentamente los parpados, confundida, su vista tarda en aclararse, pero lo vio, el ruido que anteriormente había escuchado pertenecía a un hombre, hasta ahora desconocido. El aplaudía, aplaudía de verdad, con sentimiento, maravillado de lo que presenciaba. Era moreno, y bastante alto, de cabellos dorados y largos, con ojos bastantes curiosos adornados de un azul agua muy sutil. Tenía la intención de decir algo, pero él le gano, diciendo la primera palabra.

— Eso estuvo realmente hermoso, años sin presenciar algo tan maravilloso. —La felicito sin dejar de aplaudir.

— ¿Q-quien...? —Quiso preguntar.

— ¿Quién soy? —Termino la pregunta de la rubia. — Es un secreto. —Respondió parándose de la silla y subiendo el escenario.

— Mi identidad no tiene importancia por los momentos, niña. Hablemos de lo que realmente importa, y eso eres tú, ¡Niña! Por el amor a dios, y todos los santos, esa recreación del Cascanueces, estuvo sublime, ¡Más que sublime! Lo amo con toda mi alma. Años sin ver algo tan digno.

— Gracias, tome 4 años de ballet, me alegra que hayan servido de algo.

— Tu coreografía está bastante completa, pero si fuera tú le añadiría algo más. Tienes las vueltas, los pasos, los movimientos, pero te hace falta solo un toque para que sea perfecta, hablamos de un complemento, algo que haga la coreografía más impresionante, otra persona.

— ¿Otra persona? —Repitió, intrigada ante las palabras del desconocido.

— ¡Exacto! Mira, no suelo hacer esto todo el tiempo. Pero podría ayudarte con esto, esto vale la pena, tú vales la pena, linda. Conmigo tu coreografía será más que perfecta. Yo también se mucho de esto, créeme. Tú y yo, juntos, bailando en sintonía el cascanueces, joder, ¡Quizás hasta ganes de una puta vez! —Exclamo el hombre.

— ¿Por qué me ayudarías?

— Porque soy fiel admirador del arte, y tu eres arte, puro y perfecto arte, nena.

Ino no supo que decir, estaba confundida, y a la vez, sorprendida de encontrarse con un hombre así, definitivamente no era usual.

— ¡No te quedes callada! Baila conmigo, después practicamos para el concurso. Pero por ahora, bailemos Waltz of the Flowers. Quiero comprobar qué tal te mueves a mi lado. —Pidió el moreno vivaracho. Este hombre no era normal.

— Por supuesto... —Hizo una pausa, sin saber cómo decirle a ese hombre.

— Deidara, llámame Deidara, princesa. –Comento, finalmente revelando su identidad.

— Es un placer, Dei. —Agradeció.

— El mayor placer eres tú. —Sonríe.

Sakura

¡Señorita...! —Chillo una señora regordeta de unos 40 años aproximadamente.

— ¿Si? —Pregunto.

— ¡Deje lo que esté haciendo ahora mismo y diríjase a la cocina! Necesitamos personal inmediatamente. —Comunico con el mismo entusiasmo que el de la pelirosa.

Ella entendió todo inmediatamente. Era como la ultima vez, cuando lo del baile, ¿Sera...? Termino la habitación en la que se encontraba y a paso veloz se dirigió a la cocina. Sabía lo que esto significaba, además de puro y simple estrés.

Exhausta y con falta de aire llego a la cocina, que se encontraba bastante atareada por la creciente muchedumbre que comenzaba a expandirse por todo el lugar. Era un caos, como la primera vez que estuvo allí, no había mucha razones del porque, la respuesta era bastante sencilla, la segunda fase del concurso estaba en camino. Era inevitable que no se te pusieran los vellos de punta. El baile no había sido lo que todos esperaban, pff, ¿Y cómo podría? No es que nadie deseara que la noche acabara con 3 políticos colgados en el jardín.

Como aquella vez, pregunto que platillo faltaba por elaborar para el gran día. Le dijeron que hiciera pasteles, sonaba sencillo, era algo que se le daba bastante bien.

Sasuke

— ¿A dónde me lleva, Uchiha? —Pregunto Hinata Hyuga con una sonrisa.

— Ya lo averiguaras. —Aseguro ladino, ni el sabia realmente que iba a hacer.

Sasuke se había encontrado con la señorita Hyuga por los pasillos, no pudo evitar notar que no se encontraba del todo bien, la peliazul parecía no estar en sus mejores momentos, y era totalmente entendible. Se sabía de sobra lo que estaba sufriendo, y el Uchiha quiso levantarle el ánimo. Al principio le costó buscar algo que ayudara a la señorita, pero finalmente algo se le ocurrió.

A rastras llevaba a la oji perla a lo que él conocía muy bien. El lugar donde su hermano se escabullía secretamente a robarse los dulces, donde su madre ayudaba constantemente a sus empleadas, donde tenía un buen de tiempo sin entrar.

Se adentraron en la cocina traviesos, el azabache tenía la intención de ayudar a la peliazul preparándole un majestuoso postre, prometía ser una escena bastante interesante. Puesto que el pelinegro años tenía sin preparar absolutamente nada, ¿Pero qué sentido tenía simplemente pedirlo y ya? Quería que la peliazul lo viera, viera que era un desastre en todo en los sentidos, pero que al menos hacia lo posible por ayudarla.

La cocina era un rotundo caos, pero eso no les impidió encontrar un lugar para preparar el postre, iban a elaborar un pastel de chocolate, el favorito de Hinata.

Torpe, pero con seguridad en sí mismo el azabache empezó a preparar el pastel, mezclaba ingredientes sin pensárselo dos veces, mientras la Hyuga lo miraba sumamente asustada.

— No deberías echarle tanto polvo para hornear, Sasuke... —Sugirió la peliazul, mirando el desastre de Sasuke.

—Shh, Hina. Se perfectamente lo que estoy haciendo. Ya verás. —Aseguro ladino.

La imagen del pelinegro desde lejos resultaba bastante sorprendente, la oji jade, quien tenía ya varios minutos observándolo disimuladamente, no pudo evitar fijarse en lo ridículo que se veía el Uchiha tratando de preparar algo que no pudo reconocer.

Pero lo que más le llamo la atención no fue aquel hombre, sino la fémina a quien lo acompañaba, resultaba menudamente extraño verlo con otra mujer, en especial que se le viera tan vivaracho y lleno de pequeñas sonrisas. Tenía que admitirlo, se veía jodida e increíblemente sexy cuando su rostro dibujaba esas curvas en sus labios, sentía que en cualquier momento se la comerían viva.

Le costaba admitirlo, pero no le gustaba verlo con aquella mujer, tan lleno de sonrisas y aptitudes que hasta ahora no le había regalado. Siempre se había mostrado con ella taciturno y desinteresado, pero con ella era todo lo contrario.

La miro y entendió más de lo necesario, ella era hermosa, una mujer de piel de porcelana y ojos perlados, casi blancos, bastantes inusuales. Poseía extravagantes curvas en su cuerpo, piernas anchas, cintura pequeña y un busto más que generoso. Cualquiera quisiera ser ella y cualquier hombre quisiera estar con una mujer así. "Hinata Hyuga" ¿Así era que se llamaba, no?

Desvió la mirada y continúo silenciosamente con su trabajo.

— Tengo que salir un momento. —Comunico la oji perla.

— Esta bien, pero vuelve por mí. —Respondió el pelinegro.

— Siempre, Uchiha.

La vio alejarse con esa elegancia que la caracterizaba, Hinata era bastante tierna, pensaba. Se acordó de las palabras de su amigo, Kakashi, que la gente los formalizaba como una pareja. Que ridículo, eran tan diferentes, la describiría como un rio, con corrientes tranquilas adornadas con la suave luz de la tarde, naranja y rosa... Y él, como un mar enfurecido. Ella era la personificación de la calma, de la bondad y de la serenidad, mientras que el, todo lo contrario, era un torbellino capaz de destruir todo a su paso.

Algo llamo su atención.

Cerca de ahí diviso una cabellera rosa que conocía bastante bien: Sa-ku-ra.

Inevitablemente se tenso, no sabía el porqué, ¿Cuánto tiempo habrá estado allí? ¿Lo habrá visto con Hinata? Se cuestionaba, sin entender porque se comportaba de esa manera.

¿Debería acercarse?

— Mocosa, ¿Qué haces aquí? — Pregunto estúpidamente el azabache, vencido por sus deseos.

— Trabajo aquí, ¿Se acuerda? Extraño es verlo a usted por estos lados, juraría que ni un huevo ha de saber hacer. —Respondió ladina. ¿Desde cuándo era capaz de responderle a ese hombre?

—Te equivocas, mocosa. Ahora mismo preparo un pastel de chocolate. —Comento orgulloso, mirando hacia el horno.

— ¿Te refieres a esa cosa de allá? Tiene mas forma de lodo que de pastel.

— Nunca dije que era un experto. —Menciono encogiéndose de hombros. —Pero puedo aprender. —Agrego con cierta inocencia.

— Me parece que la linda chica que estaba a tu lado, puede. Algo me dice se la da bien. —Expreso, tratando de terminar la conversación.

— No me digas que estas celosa... —Acuso ladino.

— Por supuesto que estoy celosa, ¿Quién no quisiera estar con alguien como la señorita Hyuga? —Respondió traviesa, mordiéndose su labio inferior.

— No sabía que tenías esos gustos, mocosa. —Comento tratando de visualizar a aquella mujer con Hinata... Demonios, no era un pervertido, pero...

— ¡Es usted un zángano señor Uchiha! —Exclamo cruzándose de hombros al ver que el pelinegro realmente lo había pensado.

— Sera mejor que moderes tu vocabulario, después de todo, soy tu jefe. —Le recordó el pelinegro.

— ¡Oh! ¿Y qué me piensa hacer? ¿Despedirme? —Se burlo la oji jade.

— No, mejor. A las malas empleadas se les suele castigar. —Comento.

— ¿Así? ¿Y con que me piensa torturar? —Pregunto con interés. — No me diga que me pondrá a escuchar su música clásica... Porque de ser así, prefiero la muerte.

— No. —Respondió ofendido. —Así. —Agrego en tono firme tomando un puñado de harina en polvo y soplándolo directamente en la cara de la oji jade.

— ¿¡Qué demonios?! —Trato de expresar la pelirosa, pero el azabache se le había adelantado con mas harina.

— Sera mejor que empieces a comportarte mejor delante de mí, sino... —Frase interrumpida, ahora era el azabache quien había sido atacado con harina. Busco con la mirada a su atacante, quien se encontraba victoriosa.

— Joder Uchiha, podrás ser mi jefe, pero algo me dice... Que te puedo dominar. —Revelo ladina la pelirosa, jalando la corbata del azabache atrayéndola hacia ella. —Mírame.

Sasuke la mira.

— Te odio. —Confeso el cerezo rozando su nariz con la del pelinegro.

— Lo sé. —Respondió el, excitado.

Y esa mujer lo beso.

Era un beso brusco, de deseo, recargado de furia y pasión. Sakura enredo su mano en la corbata del azabache, atrayéndolo hacia ella.

A Sasuke parecía no incomodarle la osadía de aquella mujer, poseía "algo" que inevitablemente lo atraía hacia él. Se sentía refrescante su contacto, su boca tenía un leve sabor a menta, joder, ¿Qué estaba haciendo? Se separo de ella y se tomo unos segundos para obsérvala.

Esta la miraba con los ojos un poco entrecerrados, esperando las palabras del azabache. No se veía asustada, ni disgustada, y mucho menos arrepentida, ¿Qué pasa por la mente por aquella mujer? Era un misterio.

El pelinegro salió del trance en el que se encontraba, dándose cuenta que no se encontraban en un lugar privado, ¿Alguien los habría visto? Esperaba que no. ¿Y si Hinata estaba por llegar? La duda lo invadió, y se alejo inmediatamente de la fémina sin decir nada.

La tarde paso demasiado lenta. La pelirosa termino sus obligaciones en la cocina alrededor de las seis de la tarde, pronto anochecería, habían pasado 3 horas desde que se encontró al señor Uchiha en la cocina del palacio, aun le costaba entender el porqué de su aptitud, estaba segura que no gustaba del joven azabache, y que de esa misma manera el no gustaba de ella, ¿Pero entonces porque cuando lo tenía cerca solo se dejaba llevar por sus instintos? Quizás solo era atracción sexual... Después de todo el era bastante guapo y sensual, muy atrayente y benevolente, resultaba inevitable no ceder ante él.

Se sentía estúpida por esos pensamientos, sabía perfectamente que eso era un maldito juego, su relación trataría de besos, sexos, hasta arañazos, pero nunca tendrían nada de verdad, después de todo ella solo lo veía como uno más, y estaba segura que era lo mismo para el pelinegro. Un simple juego, una simple distracción, destinada a morir tan pronto como ella dejara de prestar sus servicios en el palacio, o cuando fuera desposado por una de las numerosas mujeres que rondaban el castillo. Nunca serian amigos, novios o siquiera conocidos, son solo dos desconocidos que se atraen, que se besan, y que llegaran a hacer el amor tan salvajemente como viejos amantes. Pero hasta ahí.

Disipo sus pensamientos, quizás estaba exagerando. Resultaba increíble hasta donde podía llevar sus ideas, y como afectaban su compostura. Lo mejor era olvidar el tema por un tiempo, si, tenía otras cosas en las cuales pensar, no era momento para enfocarse en algo tan innecesario como el Uchiha.

Visualizo la hora en el reloj que se encontraba en la sala central, ya no le faltaba nada para salir. Agarro sus escasas pertenecías y las guardo, dubitativa se dirigió con pasos lentos hacia la salida del castillo. Aun quería quedarse un rato más, no había visto a su amiga rubia en todo el día y eso le angustiaba, sabia lo riesgos que corría el personal a las altas horas de la noche, no se encontraban seguros en ningún sitio. Era increíble la magnitud de preocupación que generaba este tipo de temas.

Se encontraba en la puerta del palacio que comunicaba al castillo con el mundo exterior, se despidió de sus compañeros de trabajo, y estaba a punto de cruzar aquella entrada de metal cuando escucho la voz de alguien que venía a lo lejos.

— ¡Sakuraaaa! —Gritaba una voz.

— Etto... —Sorprendida, descubrió a el propietario de aquella gruesa voz que cada vez se acercaba a ella. — N-naruto... ¿Qué hacéis...? —Quiso preguntar, pero este se le adelanto primero.

—Vine a verte, se que sales a esta hora y pensé en hablar contigo. Me alegra haber llegado a tiempo. —Comento exhausto, trataba de tomar aire mientras hablaba.

— No tenías porque preocuparte. —Menciono forjando una falsa sonrisa. No sabía que decir, Naruto le quitaba las palabras de la mente, era misión complicada elaborar comentarios decentes frente a esos ojos oceánicos, que daban la sensación de brillar aun mas a la suave luz del firmamento.

— No, si tenía. Te debo una explicación, y una disculpa. —Respondió recuperando el aliento. —Se que te mentí, y que hice que te hicieras una idea de algo que no soy, pero escúchame... Por favor Saku. —Rogo haciendo un puchero.

— Te escucho. —Acepto la explicación de su amigo, mientras trataba de no embelesarse por el angelical rostro del rubio. Era difícil negarse ante aquellos zafiros.

— Si, no soy un empleado. En realidad, este castillo es como mi segundo hogar, tengo años caminando dentro del él, como si fuese mío. Mi padre es el líder del parlamento, gobernador del país y yo su sucesor. Me estoy quedando permanentemente en el palacio porque aprendo su oficio, a veces me resulta jodidamente difícil, y me pregunto: ¿Realmente vale pena? He llegado a pensar que no. Pero luego pienso en la gente que existe allá afuera, esas personas que no tienen quien velen por ellos, quien les dé una voz, y me miro, y veo que tengo una oportunidad, tengo el poder de cambiar las cosas, y eso me gusta, quiero ayudar, quiero ayudar a la gente, Saku. —Expreso con los ojos cristalizados. La oji jade lo escuchaba mientras eludía los ojos de aquel hombre. Se fijo que llevaba la chaqueta característica del parlamento, seguramente venia de una importante reunión...

—Hay cosas buenas respecto a quién soy, pero así como hay cosas buenas, también hay malas. Y pena me da contarte una de millones de veces que he sido objeto de interés para muchas personas, gente que me ve, y piensa directamente en una forma de lucrarse conmigo. No quiero ser eso para nadie, Saku. No quiero ser tratado como un objeto. Porque soy un ser humano y tengo sentimientos. Por eso te vi, y pensé: «Que mujer tan jodida e increíblemente hermosa. » Fue inevitable, me quise acercar a ti, creerás que soy débil, y tienes razón. Pero te veo y me es difícil comportarme, no sé cómo actuar en frente de ti, Saku.

— Y-yo... —Tenía la intención de decir algo, pero fue interrumpida por aquel moreno que se encontraba cada vez más nervioso, como si temiese ser rechazado en cualquier momento.

— ¡Ah, ah, ah! —Exclamaba, como si hubiese cometido una idiotez. —No quiero decir... ¡Qué idiota soy! No quise decir, no me malinterpretes... —Negaba moviendo su cabeza. —No estoy diciendo que pienso, o siquiera que he llegado a pensar que tú me harías algo así, jamás se me ocurría semejante blasfemia. Pero, si te mentí saku, fue porque quería que me vieras por quien soy, no por lo que tengo. Y que si llegaras, aunque sé que es ridículo, a pensar en mí, sea por una tontería que dije que te haya hecho reír, o porque simplemente doy pena como hombre. —Termino, llevando su mano izquierda directo a su corazón, como un juramento de que estaba siendo honesto.

— Cuando esta mañana me di cuenta, que no eras como yo... Me sentí como una estúpida. Que no eras ordinario, ni tenías una vida ordinaria, justo como la mía. Debo admitir que me sentí mal, porque realmente creí que congeniábamos bien. Siempre me ha resultado difícil desahogarme ante alguien, pero esta mañana, me demostraste lo contrario. Creo que eres una excelente persona, Naruto. —Expreso poniendo sus manos en los hombros del joven. — ¿Nos vemos pronto? —Pregunto, tratando de calmar al moreno.

— Estaré esperando. —Afirmo con una radiante sonrisa. Es un sol.

Todo indicaba que la noche terminaría, sino como un cuento de hadas, al menos se asemejaría bastante. Pero era mucho pedir, porque en los cuentos siempre existe el mal, y el mal era Sasuke Uchiha en esta historia. Quien inconscientemente se había convertido en el villano de este capítulo, el representante de todo lo mal visto en el mundo. Lucifer caminaba a pasos seguros hacia la salida del castillo, llevaba traje elegante, y seguramente muy caro. Sonreía socarronamente... Ese maldito, sabía lo que causaba en la pelirosa, y no desperdiciaba momento para sacarlo a relucir, ladino salía de las puertas de su palacio, donde lo esperaba una lujosa limosina negra, de donde se veía salir una mujer de piernas generosas. Hinata Hyuga lo recibió con evidente alegría, ¿A dónde irían? Imposible saberlo. El azabache le hizo un gesto a su amigo, Naruto Uzumaki, este se le acerco.

¡Oh, no... Esto no terminaría nada bien!

« ¿Qué pasaba por la mente del rey de los pecados? »

« ¿Sería lo bastante bueno ese ángel de ojos zafiros como para evitar que ella sucumbiera en el lado oscuro? »