A los lejos, se divisó a las cinco personas que avanzaban hacia el palacio de Jotunheim. Mientras más se acercaban, Loki pudo distinguirlos: tres de ellos tenían los cabellos dorados, uno era una mujer que tenía un parecido a una de las nornas, y le pareció bonita. Y por último vio a los otros dos restantes que mostraban diferencias con el color de sus cabellos y piel. Siendo de un solo reino, ellos se veían diferentes entre sí.

Un jotun entró a la habitación en la que estaba Loki, informándole las órdenes de su rey de no mostrarse ante los recién llegados. Loki aceptó la orden poniéndose a lado de Hailstrum. Odiaba sentir miedo de todos ellos, y más cuando lo miraban con desdén. Cuando el guardia se fue, Loki volvió a espiar a los intrusos mientras pensaba que mostrarse ante los extraños sería humillarse a sí mismo. Pronto notó que ellos estaban padeciendo por el frío. Se sintió extrañamente aliviado.

—Hailstrum, ¿ese que empuña un martillo, es Thor? —preguntó Loki, al recordar los dibujos que había visto en sus libros.

Hailstrum gruñó como afirmación.

Loki volteó a ver a los asgardianos que estaban ahora más cerca, intentando descubrir si fue El Destructor o uno de ellos quien habría asesinado a Sentry. Intentó hacerle preguntas a Hailstrum sobre lo último que hubiera dicho o hecho Sentry pero se las reservó para más tarde, sabía que no era el único sufriendo la pérdida. Para Hailstrum, Sentry fue el único que, aparte de mangonearlo, lo amó. Pero Loki estaba seguro que jamás lo vería llorando, porque los jötnar no lloraban, no derramaban una sola lágrima, condenándose al pensar que sólo él tenía la capacidad de derramar lágrimas, de mostrar más debilidad.

—Cierto, es el Mjolnir… las nornas lo alababan tanto. —Pensó Loki con melancolía al recordarlas.

Su padre hizo un gesto a todos sus guerreros para que se mantuvieran en calma, mientras pedía que no se cometiera ningún agravio. Pues no quería armar ningún caos. Y entonces se escuchó la voz de Thor, que casi a gritos decía:

—Soy Thor, hijo de Odín…

—Sabemos quién eres. —respondió Laufey, interrumpiendo su presentación al mismísimo hijo de Odín.

Pero Thor siguió hablando, sin dejarse intimidar por los jötnar que poco a poco empezaron a rodearlos a cierta distancia.

—Quiero saber cómo es que tus monstruos entraron en Asgard.

—Aún eres un muchacho, no lo entenderías.

Thor pareció ofenderse antes esas palabras, sintiéndose por unos segundos avergonzado y furioso.

—Más te vale decirme por qué irrumpieron el salón de las reliquias de mi padre.

—A recuperar lo que nos pertenece —dijo Laufey poniéndose de pie —, algo que tu padre, como un ladrón con honores, robó.

—¡Mi padre no es un ladrón! —bramó Thor, ofendido ante tal acusación —Retráctate o vas a lamentarlo.

Loki, desde su escondite, podía escuchar todo con claridad, sintiéndose confundido al ver cómo Thor hablaba de manera informal a su padre. Se supone que a un rey se lo trata con respeto.

—No sabes lo que tus acciones pueden desencadenar. Yo sí. Váyanse mientras aún lo permito —dijo Laufey, recordando las pérdidas que tuvo en todas las batallas con Odín, en especial la última.

Pero no había nada que detuviera la arrogancia de Thor, no había nadie que pudiera detenerlo; lo que significa que se lanzó a pelear.

Hailstrum, sin ninguna otra opción, abandonó a Loki en aquel cuarto para unirse a la pelea con los intrusos que habían llegado sólo a causar alboroto. Mientras que Loki se congeló en su sitio sin comprender cómo habían terminado a pelear sin una buena causa. Pero quedaba claro que quien la inició fue Thor.

Miró por la ventana cómo los jötnar peleaban con aquellos extraños. Y presenció claramente cómo Hailstrum fue golpeado por el Mjolnir, y lanzado contra un muro de hielo. Loki intentó correr en su ayuda, pero se detuvo. Si su padre se enteraba que había puesto un solo pie fuera… sólo deseó que Hailstrum no se levantara para no salir herido ya que con ese golpe, él mismo sintió un estremecimiento.

En cuanto a Laufey, había liberado a tres de sus grotescas criaturas que eran carnívoras. No permitiría ser derrotado por segunda vez en su reino y menos por un muchacho inmaduro.

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Odín y Frigga estaban en el balcón tomados de las manos, mientras miraban la ciudad de Asgard; desde las más grandes colinas hasta las más bajas tierras. Todo era perfecto porque todos vivían en paz y armonía. Si Odín estaba entre confundido y preocupado era por Jotunheim. Sabía que Laufey le tenía, y lo tendría siempre, rencor por el Cofre de los Viejos Inviernos. Pero por mil años, Laufey no se había atrevido a recuperarlo, ni siquiera había intentado molestarlo causando un alboroto. Y ahora que eso cambiaba, Odín se preguntaba el por qué. Si habían venido después de muchos años, sabiendo que Asgard era ahora mucho más fuerte que antes y sus vidas perecerían, no hacía más que causar una infinita curiosidad.

—Te preocupan los Gigantes de Hielo —dijo de pronto Frigga.

—Siempre hay un propósito, querida. Que Laufey entregue a la muerte así as sus súbditos…

—Tal vez deberías ir a hablar con él personalmente y poner en orden las cosas.

—Sí. Sí. —respondió no muy convencido—. Haber interrumpido la coronación de Thor es lo que más me molesta.

—Quizás aún no era el momento. Invitamos a muchos de los ocho mundos (sin mencionar a Jotunheim) a presenciar la coronación y muchos se ausentaron, siendo lo más alarmante el de las nornas de Nornheim. Ellas sabían lo que sucedería, por eso no llegaron.

Odín dejó salir un suspiro, resignado. Pensó en la ausencia de las tres nornas que desde hace trescientos años no supo nada de su paradero.

—Iré a hablar con Laufey. Si es necesario tendré que luchar.

Un guardia interrumpió los aposentos de los reyes informando sobre el viaje de Thor y sus amigos a Jotunheim.

Escuchar eso, sin duda no fue del agrado de Odín. Ni siquiera supo qué decir ni qué hacer hasta que Frigga le pidió que se diera prisa en detener lo que sea que Thor estuviera intentando hacer.

Odín salió con el Gungnir en manos y su armadura. Y con una orden, más de mil guerreros lo alcanzaron en el puente del Bifrost y todos viajaron hacia Jotunheim.

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Laufey intentaba controlar la pelea a su favor pero no resultó del todo porque Thor tenía el poderoso Mjolnir en sus manos. Cuatro de sus criaturas fueron derribadas y más jötnar morían. Como si la desgracia en Jotunheim no fuera suficiente, Loki empezó a sentirse mal.

Loki había estado observando todo, y sin saber qué hacer más que temer, sintió una especie de pánico que aumentaba mientras más jötnar caían muertos. Ante el pánico empezó a temblar, recordando las historias que tantas veces le habían contado sobre cómo la última batalla entre Jotunheim y Asgard había llevado a la tumba a su madre. Aunque el clima hubiera empeorado a una más gélida por la magia que los jötnar desataban para tener ventajas sobre Thor y sus amigos, Loki también la estaba pasando mal, mientras transpiraba y poco a poco sentía un dolor silencioso que recorría su cuerpo. Por el miedo llamó a su padre.

"Papá", Laufey odiaba que lo llamara así, y le fastidió más que Loki lo sabía muy bien y aun así se atrevió a llamarlo así. Quiso gritarle que para Loki estaba prohibido usar esa palabra pero su principal objetivo era derrotar a Thor. Pero el cielo volvió a abrirse dejando caer a su eterno enemigo: Odín que veía acompañado de un ejército. Laufey se molestó más al ver que los asgardianos eran demasiado propensos a la guerra, siempre listos para ella. Levanto la mano para detener a todos sus guerreros, provocando un silencio en todo el reino. Solo se podía oír la voz de Odín pidiendo una explicación a Thor pero este volvía a arrojarse sobre una de las criaturas que, herida corrió hacia Thor en un último intento de devorarlo.

Y eso fue suficiente para que todos empezaran a pelear otra vez. Odín podría haberlos detenido, pero prefería que Laufey lo hiciera y mientras apartaba a los jötnar que se interponían en su camino le dijo:

—Laufey, paremos con esto.

—Tu muchacho lo empezó.

—Es solo un muchacho, ya me haré cargo de él para que no vuelva a repetirse —dijo Odín, pensando en la vergüenza que Thor había dejado caer a todo Asgard con su arrogancia.

Antes de que Laufey pudiera contestar, otra de las criaturas de hielo interrumpió la conversación al lanzarse sobre Odín.

Laufey aún tenía ases bajo la manga para derrotar a Odín que, con tan pocos soldados, estaba en desventaja. Al menos eso pensó. Pero todo pensamiento fue interrumpido por otro llamado de Loki. Esta vez había sido un grito suplicante y sin tener otra opción fue a ver qué le sucedía. Además no podía permitir que lo llamara otra vez porque Odín y su gente podrían descubrir al hijo deforme que tenía.

Lo que se encontró hizo que Laufey frunciera la nariz con evidente molestia: Loki estaba gimiendo de dolor mientras intentaba secar sus lágrimas. Débil, pensó. Le preguntó qué quería, Loki solo pudo decirle con un hilo de voz que le dolía su cuerpo. Laufey miró el campo de batalla y viendo que nadie reparaba en él, decidió acercarse a Loki.

—Muéstrame dónde te duele más —le pidió agachándose.

Loki no lo hizo esperar mucho porque dejó al descubierto rápidamente sus costillas. Antes de que le explicara cómo reaccionaba al dolor, Laufey le hizo un gesto para que guardara silencio.

En realidad, Laufey sí sabía lo que tenía Loki como también sabía el inútil trabajo que habían hecho las nornas para conservarlo con vida ya que de todos modos Loki sufriría hasta morir. Al haberlo obligado a vivir como un jotun por los últimos cincuenta años, debilitó completamente a Loki.

Podría salvarlo a verlo sufrir pero sólo estaría alargando su vida que naturalmente todos despreciaban. Así que Laufey vio una gran oportunidad para terminar con él. Entendía que atravesarle el corazón con una daga de hielo sería considerado un asesinato, así que usó una mejor táctica de empeorarle su salud. Una vez Loki cayera muerto, nadie sospecharía que Laufey lo había anticipado.

—Los jötnar no lloramos de dolor —le recriminó, mientras ponía su mano derecha sobre el pecho de Loki —, justo ahora hay una batalla que es a causa tuya, tú y tu debilidad provocaron esto. Además, siendo mi sangre, deberías estar peleando afuera.

Con algo de magia, apaciguó el dolor de Loki. Y sin tener otra alternativa también aprovechó ese momento para depositar una plaga de pequeñas agujas de hielo al corazón del pelinegro. Eso sería suficiente para que en un par de días muriera sino era antes.

Loki empezó a respirar más tranquilamente, notando el notable bienestar que le estaba causando lo que sea que su padre hubiera hecho pero no pudo evitar llorar por las palabras que le había dicho.

—Escapa sin que nadie te vea. Puedes regresar cuando todo termine.

Al decir eso, Laufey salió del cuarto a luchar con los asgardianos. Sabía que si la batalla no paraba en unos momentos más, duraría días. Y sonrió sabiendo que Loki no resistiría, ya que al escapar, el dolor que le causarían las agujas en el pecho lo matarían donde sea que se escondiera.

Sin importar nada, Loki estaba algo feliz de pensar que su padre le había ayudado. Se puso de pie lentamente, temiendo provocar que el dolor volviera. Y como se sentía mejor, salió corriendo del lugar, siempre cuidando de no ser descubierto por nadie. El único lugar al que podía escapar era al norte, a las profundidades de Jotunheim, donde solo habían criaturas salvajes y ningún asgardiano se atrevería a perseguirlo.

Mientras que Laufey desafió a Odín en una pelea como en los viejos tiempos. Una pelea en que uno estaba equipado con toda la fuerza del Gungnir y otro estaba sin poderes.

Thor se elevó hacia el cielo, creando un huracán con truenos donde muchos jötnar perecieron sin poder defenderse de ninguna forma. Y fue que desde esa altura, el rubio vio a lo lejos cómo un ser con cabellos negros corría. Para Thor no se trataba de un jotun por el cabello y pequeño que parecía. Así que salió volando en su dirección porque sentía una extraña curiosidad, además pensó que tal vez ese ser tenía algo que ver con que los Gigantes de Hielo fueran a Asgard.

—¡Hailstrum! —llamó Laufey al grandulón al ver que Thor había descubierto al inútil de Loki. Luego no comprendió por qué le importaba, además podría ser de su conveniencia que Thor lo matara pero luego entraba en una crisis de si Loki era descubierto como su hijo, tal vez Odín sentiría compasión de su mundo. Se culpó de no haberle advertido al pelinegro, que si lo atrapaban negara que era el príncipe.

Hailstrum atendió el llamado de Laufey, y esperó sus órdenes pero no llegaron ya que el rey parecía luchar con sus pensamientos y con Odín, así que el jotun supuso que tenía que ver con Loki. Corrió hacia la habitación encontrándola vacía, con un hueco en la pared que claramente había sido la magia de Loki. Hailstrum derribó esa pared y vio que por el cielo Thor estaba siguiendo a Loki. Sin pensarlo dos veces también corrió en esa dirección.

Sif advirtió el nuevo rumbo que Thor había tomado, sin saber si seguirlo o no, hasta que vio al gigante de hielo correr tras él. No tuvo opción que unirse a la carrera.

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NOTA:

En esta historia Sif será rubia.

Gracias por leer